Mingorance, leyenda cordobesista
De Fernando Cuesta Fernández
En Granada, en cuyo equipo representativo se dio a conocer, falleció el pasado día 5 de enero José Mingorance Chimeno, conocido futbolísticamente por su primer apellido. Había nacido en Castro de Sanabría (Zamora), el 10 de abril de 1938, siendo -junto a Joseíto- uno de los dos únicos futbolistas zamoranos que han vestido hasta la fecha los colores de la Selección Absoluta. Defensa central alto y corpulento, duro y expeditivo, de los de antes, vamos, fue uno de los más destacados de la decada de 1960, brillando en las filas de un recién ascendido Córdoba CF, lo que le llevó a debutar con el combinado nacional ante Escocia en Madrid -aunque en una tarde muy desafortunada, tanto a nivel individual como colectivo-, lo cual no es óbice para que se le recuerde como uno de los mejores zagueros que se han visto en El Arcángel. Luego pasaría al Español, formando parte del equipo de Los Cinco Delfines, para volver al Cordoba, ascender con el cuadro andaluz a Primera División, y retirarse en las filas del modesto Calella catalán.

Estreno en primera con el Granada
Mingorance se asomó al fútbol de élite en un Granada que había sido sorprendente finalista en la Copa del Generalísimo de 1959, aunque esa tarde el intratable Barça de Helenio Herrera le paso por encima (4 a 1). Se había forjado en la Agrupación Deportiva Ferroviaria, la entrañable “Ferro”, un histórico del fútbol modesto madrileño fundado por trabajadores del ferrocarril, y que en la inmediata Posguerra había llegado a disputar incluso algunas temporadas en Segunda División. Antes de que el defensor zamorano vistiera sus colores, por sus filas había pasado uno de los grandes ases de los años 50 y 60, Joaquin Peiró.
Entre 1957 y 1959 Mingorance va a formar parte del filial nazarí, el Recreativo de Granada, y ya iniciada la campaña 59-60 el técnico húngaro Janos Kalmar, a la sazón ocupante del banquillo rojiblanco, va a darle la alternativa, en el propio Los Carmenes y nada menos que frente todo un Barcelona, vigente campeón de Liga y Copa y reciente verdugo de los andaluces en la última final copera. Era el 8 de noviembre de 1959, novena jornada de Liga, y esa tarde el conjunto granadinista presentó la siguiente alineación: Piris; Mingorance -entonces actuaba como lateral derecho-, Méndez, Larrabeiti; Forneris, Pellejero; Martínez, Carranza, Mauri, Ramírez y Arsenio. Los azulgranas no pudieron marcar, y el resultado fue de empate a cero, de modo que el debutante no debió hacerlo mal del todo, máxime teniendo en cuenta lo que había delante…

De la Alhambra a la Mezquita
Ese curso Mingorance intervendría en 11 partidos, 18 en el siguiente, y hasta un total de 29 en la temporada 61-62, con el cuadro nazarí de vuelta a Segunda. Pero al concluir esa campaña cambiará de aires, aunque no se iría muy lejos…El Córdoba acababa de ascender a Primera División, y para que su debut en la élite no fuera un visto y no visto su directiva se dispuso a reforzar la plantilla verdiblanca, y una de esas novedades fue el fichaje de Mingorance, que para entonces ocupaba ya el eje de la zaga.
Su rendimiento en el conjunto cordobesista -titular indiscutible con 30 partidos en su haber y el club de la Ciudad de los Califas manteniendo la categoría- no va a pasar desapercibido para el nuevo seleccionador nacional, precisamente cordobés, el militar José Villalonga (1919-1973), que había dirigido con anterioridad a Real Madrid y Atlético de Madrid, conquistando con ambos clubes títulos domésticos y europeos (2 Ligas y 2 Copas de Europa con los merengues, y 2 Copas del Generalísimo y una Recopa con los colchoneros). El combinado español, tras su fracaso en el Mundial chileno del 62 -fracaso relativo, pues en la fase de grupos había perdido por la mínima ante quienes serían los dos finalistas del torneo, Brasil y Checoeslovaquia- se encontraba en un proceso de renovación generacional ante la Eurocopa de 1964, cuya fase final se disputaría en España.
La debacle del Corpus
Mingorance va a debutar con la Selección en un partido amistoso ante su homóloga de Escocia, que se disputaría en el estadio Santiago Bernabéu el jueves 13 de junio de 1963, festividad del Corpus Christi, uno de los tres jueves que “relucían más que el sol”. En aquellos momentos, en el Vaticano se estaba celebrando el Cónclave, pues la sede estaba vacante desde el 3 de junio, fecha del fallecimiento del Papa Juan XXIII, y Pablo VI no sería elegido por los cardenales hasta el día 21. El encuentro comenzó a las 6 y media de la tarde, y no había levantado demasiada expectación, pues en el coliseo madridista van a congregarse únicamente unas 40.000 personas, lo cual constituía poco más de la tercera parte de su aforo. Villalonga presentaría la siguiente alineación, cuajada de jóvenes valores: Vicente; Rivilla, Mingorance, Reija; Aguirre, Glaría; Amancio, Adelardo, Veloso, Guillot y Carlos Lapetra. Muchos jugadores por debajo de los 25 años, y con escasa o nula experiencia internacional.


El choque va a comenzar, no obstante, de manera favorable, con Adelardo abriendo el marcador en el minuto 8, pero los escoceses no tardarán en imponer su ritmo y su juego, más físico y mejor trenzado, con la presencia de un Denis Law que tras su breve etapa italiana había recalado en el Manchester United y conquistaría al año siguiente el “Balón de Oro”, y en tan sólo cuatro minutos le marcaron tres goles a un Vicente que no estuvo muy afortunado, aunque su defensa le dejó literalmente vendido. Tampoco fue muy brillante el desempeño del propio Mingorance, y en el minuto 35, con 1 a 3 favorable a los británicos, el zamorano va a dejar su puesto a Zoco, aunque su posición la ocuparía Glaría, pasando el navarro al centro del campo. Inmediatamente llegará el cuarto gol escocés, descontado luego por Veloso, y con ese 2 a 4 se fueron ambos equipos al descanso, quedándose fuera en la reanudación Vicente -cuatro goles encajados de cuatro tiros-, a quien reemplazaría un Carmelo que tendría que sacar dos nuevos balones de su portería. 2 a 6 finalmente, en la que todavía sigue siendo la más severa derrota de la Selección Española en suelo patrio. En el vestuario, al concluir el encuentro y según informó “Marca”, Mingorance repartió vasos de limonada a sus contritos compañeros, y encogiéndose de hombros, balbuceante, se limitó a declarar que “había salido con toda la ilusión del mundo, pero parece ser que en la Selección es muy difícil jugar”. Añadió que sencillamente no habían salido las cosas cómo él quería, que era el único responsable de sus actos, y que no tenía nada más que decir.
Un magnífico quinto puesto
Pero en su equipo le va a ir mucho mejor que esa aciaga tarde. Afianzado como indiscutible en el centro de la zaga, contribuirá a la excelente clasificación del conjunto cordobesista en la temporada 64-65. En el banquillo se sentaba Ignacio Eizaguirre, el que fuera gran portero internacional, y los verdiblancos van a despachar una estupenda campaña, clasificándose en quinta posición, su mejor registro histórico, por delante de clubes como Barcelona, Athletic de Bilbao, Sevilla o Español, sumando 35 puntos y 5 positivos, con un balance de 16 victorias, 3 empates y 11 derrotas, habiendo marcado 36 goles y encajado solamente 34. Convirtieron su feudo de El Arcángel en un auténtico fortín, puesto que de allí tan solo se llevaron puntos, gracias a tres igualadas, Atlético de Madrid, Murcia y Unión Deportiva Las Palmas, saliendo derrotados todos los demás visitantes, muchos de ellos por un exiguo pero suficiente 1 a 0 (Valencia, Betis, Athletic de Bilbao, Sevilla, Real Madrid, Oviedo y Barça). Solamente Español y Zaragoza consiguieron mojar en El Arcángel. Y un sistema defensivo formado habitualmente por el jovencísimo cancerbero Miguel Reina y los zagueros Simonet, Navarro, López, Ricardo Costa y el propio Mingorance -que disputó los 30 partidos de Liga- tuvieron mucha culpa de ello, en un conjunto donde también destacaban futbolistas como Ramón Tejada, Luís Costa, Juanín o Miralles.
Fichaje por el Español
Por consiguiente no fue nada extraño que tras concluir tan brillante campaña Mingorance cambiase de aires. Su destino va a ser la Ciudad Condal, y más concretamente el R.C.D. Español. Con el joven y dinámico empresario del sector de la maquinaria textil Juan Vilá Reyes al frente como verdadero hombre fuerte de la entidad, aun sin ostentar todavía la presidencia, el club perico estaba empeñado en tratar de evitar los apuros que le habían llevado al descenso a Segunda en 1962 y, una vez reintegrado a la élite en 1963-64, a tener que defender su permanencia en la promoción. Tras salvar ese siempre incierto trance ante el entonces oficialmente denominado ”Real Gijón” (el Sporting de toda la vida), en Sarriá van a tirar la casa por la ventana contratando prácticamente a un equipo entero, siendo el fichaje más impactante el de un tal Alfredo Di Stefano, al que tanto Santiago Bernabéu como Miguel Muñoz ya consideraban demasiado viejo como para seguir pilotando la nave blanca en el terreno de juego. Carmelo, Osorio, Kuszmann, Juan Manuel, Bergara, Ramírez, Vall, Riahi, Kaszas o Rodilla fueron otros de los refuerzos para ese curso 64-65, que sin embargo tampoco será tranquilo clasificatoriamente hablando.

Comparado con eso, el 65-66 contemplará menos novedades, aunque tampoco el conjunto blanquiazul se verá libre de problemas, salvando la categoría por los pelos. Con Mingorance había llegado también su compañero de equipo Miralles, así como Amas, de la Real Sociedad, y José María, procedente del Oviedo. Y ya avanzada la campaña se incorporaría un marginado en Can Barça, Cayetano Re, y al finalizar esta, una de las grandes promesas de fútbol español, Marcial Pina, del Elche, pretendido nada menos que por Barça, Real Madrid e Inter de Milán. A golpe de talonario se estaba formando un gran equipo, que por fin va a deparar a sus aficionados una temporada para disfrutar.
Guardando las espaldas a los Cinco Delfines
1966-67 es el gran momento de los que un periodista barcelonés bautizaría como “Los Cinco Delfines” -Amas, Marcial, Re, Rodilla y José Maria-. Y cubriéndoles las espaldas, como central contundente debido a su privilegiado físico, estará Mingorance, flanqueado por un puñado de eficaces elementos (Osorio, Riera, Juan Manuel, Ramoní, Bergara…). Si en su primera campaña como españolista -que a la postre sería la mejor en lo individual, con 38 partidos jugados entre todas las competiciones, incluyendo la Copa de Ferias- se pasaron apuros, ahora el equipo logrará un magnífico tercer lugar, tras Real Madrid y Barça, igualando su mejor clasificación histórica. Y el zamorano va a reencontrarse con Kalmar, el técnico que le había hecho debutar a finales de la década anterior en las filas del Granada.
Sin embargo la temporada siguiente no podrán reeditar el mismo rendimiento, en un curso caracterizado por la irregularidad. Pero no saltan la alarmas, y Vilá Reyes, ya en el cargo de presidente, vuelve a realizar un fuerte desembolso contratando al internacional navarro del Atlético de Madrid Jesús Glaría y al centrocampista del Elche Lico, uno de los futbolistas más cotizados del panorama nacional. De ese modo el Español reúne una defensa en la que están los internacionales Osorio y Mingorance y el rocoso y contundente Riera, una medular millonaria, y una de las mejores delanteras de nuestro fútbol. Soñar con el título, por lo tanto, no parecía una quimera, en un club que no había ganado para sustos en los últimos tiempos.
Pero todo va a salir mal desde el primer momento. El arranque de la Liga 68-69 es desastroso, y el equipo se mete muy pronto en negativos -Kalmar es sustituido en el banquillo por el legendario Argilés-, y ya no abandonará los últimos lugares de la tabla, sorprendiendo a todos. Y para colmo problemas físicos dejarán en el dique seco a Mingorance durante buena parte de esa nefasta temporada, que se cierra con el segundo descenso españolista. En el verano del 69, para mayor inri, estalla el llamado “Caso MATESA”, la empresa del mandatario blanquiazul, que dimitirá de su cargo y poco después será incluso encarcelado. El club, atravesando por una grave situación económica, se verá incluso obligado a desprenderse de su gran estrella, el centrocampista Marcial Pina, que cruza la Diagonal, traspasado al Barça.
Retorno a El Arcángel y retirada
Los pericos van a recuperar la categoría al finalizar la campaña siguiente, en compañía de Sporting y Málaga, pero Mingorance ya se pierde la mayoría de partidos, y tras cinco años en Sarriá abandona la entidad, regresando al Córdoba. Allí vuelve a ser titular indiscutible, y acompañando a los Verdugo, López Prieto, Torres, Escalante, Rivera, Rojas, Diego, Crispi, Manolín Cuesta o Cruz Carrasposa, colabora en el ascenso del cuadro andaluz, pero ya no estará presente en su reingreso en la Primera División, sino que regresa a Cataluña. Enrolado en el Calella, de Tercera, apurará sus dos últimas temporadas como futbolista, retirándose del deporte activo en 1973, aunque con posterioridad seguirá en algún momento vinculado al fútbol en la faceta de entrenador, dirigiendo al Granada en la temporada 81-82, en Segunda B, aunque un solo partido. Un hijo suyo, José Miguel Mingorance Pérez, fue también futbolista, pero moviéndose preferentemente por el centro del campo, en equipos como Granada, Antequerano o Atlético Marbella, en la década de los años 80.








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