RESUMEN:

Se destapan los primeros fraudes “oriundos” al mostrar cómo, en un fútbol español sin registros fiables (hasta 1948) y con normas cambiantes ya hubo casos ambiguos o tramposos.

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El escándalo de los falsos oriundos: se destapan los primeros fraudes 

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El escándalo de los falsos oriundos: se destapan los primeros fraudes 

Resulta imposible determinar cuándo llegó el primer “oriundo” a nuestro fútbol. Y no sólo por razones puramente estadísticas, sino también conceptuales.

Para empezar, hasta octubre de 1948 la R.F.E.F. no abrió un registro específico de foráneos, lo que equivale al arrinconamiento en el limbo de cuantos, imperando los requisitos de 1911, vulnerasen la norma sirviéndose de los cuestionables censos decimonónicos y las escasas medidas de control. Constan, en cambio, algunas trapisondas fechadas entre 1916 y 1933, al oficializarse por primera vez el fichaje de futbolistas extranjeros con el límite de dos por club. Hasta ese momento, desde 1911, cuando el “foot-ball” era estatutariamente amateur, a cualquier extranjero se le exigían como mínimo dos años de asentamiento previo en nuestro suelo, y por ende ininterrumpidos. Hubo incumplidores, claro, puesto que sin registros, la tentación para el toreo normativo era grande. Por citar algún caso, pocos con tanta repercusión como el de Juan Garchitorena.

Juan Garchitorena posando como galán de los años 20 cuando trataba de abrirse camino en Hollywood.

  Hijo de españoles, había nacido en Filipinas mientras aún ondeaba allí la bandera española, pero cualesquiera que fuesen las razones, lo inscribieron como súbdito estadounidense en la embajada de Manila. Gozaba, por tanto, de pasaporte o cédula identitaria con las barras y estrellas. Al trasladarse a España, tiempo después de que se perdieran los últimos vestigios del antiguo imperio, su primo, gran estrella barcelonista del momento, lo introdujo en el club azulgrana la temporada 1915-16. No era ningún portento con el balón en los pies, y sí, en cambio, medroso en pleno imperio de la furia o el patadón, aparte de presumido hasta el punto de no marcar un gol de cabeza, a puerta vacía y con el campo hecho un lodazal, por no embarrar su cuidadísimo peinado. Hoy sería un futbolista efímero y olvidado, si alguien, conocedor de su biografía, no hubiese interpuesto una denuncia contra el F. C. Barcelona por alineación indebida en el Campeonato Regional de Cataluña, ya que los extranjeros tenían vedada su intervención en el mismo. Resumiendo, pérdida del partido, sanción al club y carpetazo a la andadura amateur de Garchitorena.

Hasta hace unos años, cuando Fernando Arrechea destapara la verdadera identidad y genealogía del infractor, la historiografía “culé”, sin que se sepa muy bien por qué, atribuyó erróneamente al futbolista de pocas tardes la nacionalidad argentina. Sí reflejaba, en cambio, otros pasajes de su posterior andadura: La toma de un buque con rumbo a la costa Este norteamericana; sus días como galán de salones, o más prosaicamente gigoló, mientras se esforzaba por tomar al abordaje su propio futuro en Hollywood; la relación sentimental que mantuviera con una popularísima estrella femenina del momento, merced a la cual conseguiría llevar a cabo aquellos sueños como actor segundón en celuloide… Aunque eso sí, nadie pudo leer en las marquesinas su apellido completo, excesivamente largo y complicado para los estadounidenses. Tanto en los títulos de crédito como en la publicidad hollywoodense, y hasta en la lápida que identifica su tumba, el antiguo infractor deportivo se convirtió en Juan Torena.

Hasta ahí, un ejemplo estadístico que además nos introduce en el sendero de lo conceptual. Porque con una visión posterior, no ya la sujeta a normas vigentes, sino incluso a las de hace setenta años, Garchitorena hubiera sido un oriundo. Y no el único.

Otro futbolista azulgrana, éste de enorme valía, pues fue internacional y para muchos críticos poco tuvo que envidiar a los mejores defensas europeos entre 1933 y 1935, reunía igualmente requisitos de oriundo, si tal figura hubiese tenido entonces carta de naturaleza. Se llamaba Ramón Zabalo Zubiaurre y nació en South Shields, Inglaterra (27-VII-1910), donde la familia se había traslado por las obligaciones profesionales del progenitor. Era muy niño cuando regresaron a Cataluña, estableciéndose en la localidad de Fuerte Pío, donde se hizo futbolista en el club local -Fortpiense-, hasta llamar la atención de los ojeadores azulgrana durante el campeonato 1929-30.

Debido a su nacimiento en la por entonces metrópoli imperial, resultó que cuando los “culés” decidieron ficharlo, no poseía la nacionalidad española, y tal circunstancia le impedía competir profesionalmente. Ambas partes pactaron entonces su nacionalización, a cambio de una cantidad económica y la promesa de que tan pronto lo llamasen a filas, el club abonaría la cuota militar, entonces cifrada en 1.000 ptas., más el costo de un uniforme. Porque la cuota equivalía a la libranza del servicio militar, si algún pobre diablo se reenganchaba en su nombre, al no tener donde caerse muerto. Sin adoptar la nacionalidad española quedaba libre de pasar por los cuarteles, a coste cero, por lo menos mientras permaneciese fuera de Inglaterra, ya que los británicos muy bien pudieran declararlo prófugo. Pero ello hubiera implicado seguir en el Fortpiense.

En enero de 1932, ante la evidencia de que no le incrementaban el sueldo, conforme a lo prometido, sino que se lo habían rebajado, como a toda la plantilla, por mor de las tardías consecuencias que tuvo por nuestros pagos el crac bursátil de 1929, montó en cólera. Las 700 ptas. mensuales que liquidara hasta entonces, se convirtieron en 600, y para remate existía un agravio comparativo respecto a los brasileños Jaguaré y Fausto Dos Santos, a quienes abonaban 1.000 mensuales alineándolos tan sólo en choques amistosos, puesto que nuestro fútbol seguía cerrado al fichaje de extranjeros. Se le dio a entender que no podía compararse con dos internacionales de tanta fama, y aquello ya fue el remate: “¡Ah!, ¿no? -se comentó habría dicho-. ¿Acaso yo soy menos internacional que ellos? Es más, en el campo ni siquiera igualan mi rendimiento”.

Ramón Zabalo hubiera sido un “oriundo” de haber nacido 30 años después. En la Europa que le tocara vivir, quiso solucionar sus problemas cambiando reiteradamente de nacionalidad.

Subyacía, como trasfondo, que el F. C. Barcelona tampoco había cumplido del todo su compromiso liberatorio de la mili. Alguna publicación trató de exculpar a la entidad, lucubrando sobre una hipotética declaración de excedente de cupo, algo que chocaba frontalmente con la realidad. Zabalo tuvo que cumplir unos meses de mili como enchufado, en el Regimiento de Badajoz, porque la directiva barcelonista decidió ahorrarse las 1.000 ptas. O sea, dos semanas del salario correspondiente a los “turistas” brasileños. Puestas las cartas sobre la mesa, el correoso defensor se declaró en rebeldía, amenazando con una de estas dos opciones: Primera, permanecer un año sin jugar, fichando a continuación por cualquier otro club español o extranjero. Y segunda, diligenciar la nacionalidad británica, aduciendo haber abrazado la española por sugerencia paterna, cuando aún era menor de edad, de modo que cumplida esa mayoría, entonces cifrada en los 21 años, deseaba recuperar el estatus que siempre tuvo: el de ciudadano británico.

Bravatas de esta índole solían resolverse entonces, más o menos como hoy cuando al futbolista se le considera importante activo societario. Con un incremento de ficha, abrazos públicos y reincorporación a los entrenamientos, aunque como en su caso el periodo de rebeldía durase cinco meses. Ello explica que a lo largo del ejercicio 1932-33 disputase tan sólo 7 partidos de Liga. Pero los dimes y diretes no habían concluido aún. Tan pronto el alzamiento militar de julio del 36 derivase en Guerra Civil, pidió y obtuvo la nacionalidad inglesa, considerándola garante de mayor inmunidad. Así se lo comunicó al Barcelona, donde por cierto seguía sin renovar contrato, emplazándoles a tomar las medidas legales de cara a su futuro deportivo, considerando la nueva condición. Prueba evidente de que Zabalo no perdía el tiempo, es que su segunda nacionalización interesada tuvo lugar el 30 de julio de 1936; tan sólo doce días después de la sublevación. Para entonces ya había defendido internacionalmente a España en 11 ocasiones, y con pasaporte británico abandonó Cataluña, enrolándose en el fútbol francés.

Competía con el Racing de París cuando se proyectó una especie de bolo, conformando una selección europea para medirse al equipo nacional inglés. Puesto que él contaba entre los mejores en su puesto, y además lo tenían muy a mano, fue incluido entre los componentes del combinado europeo. Hasta que un periodista pulcro puso las cosas en su sitio. Ramón Zabalo, por mucho que hubiera representado a España hasta hacía poco, era británico. Y obviamente, ningún súbdito de su graciosa majestad podía enfrentarse a Inglaterra, Gales o Escocia, sin incurrir en grave afrenta. Dicho de otro modo, el advenedizo y buen defensa quedó retratado.

Concluida la Guerra Civil, su britanidad se convirtió en problema. Las componendas de Arthur Neville Chamberlain ante las bravatas de Hitler, que hicieran exclamar a Winston Churchill aquello de “Pudisteis optar entre la guerra y el honor, y habéis elegido la indignidad; pues tendréis guerra, y os tocará afrontarla sin honor”, se convirtieron en hecho cierto. Gran Bretaña declaró la guerra a Alemania y, temiendo su movilización, Zabalo optó por cruzar nuevamente los Pirineos.

Aunque las referencias resultan imprecisas, y parte de ellas dignas de poco crédito, parece que le fueron recetados un par de años de servicio militar al otro lado del estrecho. Tal vez porque revisada la documentación castrense, alguien pensara que su mili anterior tuvo mucho de tomadura de pelo. Una cosa está clara: No lo incluyeron en ninguna lista de futbolistas represaliados, o a depurar mediante una suspensión federativa temporal. Consta, en cambio, que mientras se hallaba al otro lado del estrecho jugó algunos partidos con la U. D. Melilla, e incluso estuvo entrenando al elenco la temporada correspondiente a 1942-43. Cuesta explicar, sin embargo, en condición de qué logró reingresar en nuestro fútbol, puesto que volvió a ser alineado con el Barcelona durante el campeonato 1944-45, cuando sus días de corto ya estaban acabados. No pudo influir su nacionalidad inglesa -nadie se acordó de abolir la incorporación de jugadores foráneos-, toda vez que sus dos añitos como militar de tropa en suelo africano, lo reconvertían de facto en español. Posteriormente estuvo regentando una fábrica de lejías y productos químicos, hasta fallecer en Viladecans, Barcelona, el 2 de enero de 1967, víctima de un infarto a los 56 años.

Y todavía hubo otro caso mucho menos conocido, de futbolista empeñado en competir con un estatus que nunca tuvo. Respondía al nombre de Francisco Reboredo Mosquera. A grandes rasgos, esta fue su historia.            

Nació en Buenos Aires, el 3 de setiembre de 1914, antes de que sus padres, emigrantes gallegos a la búsqueda de un porvenir más halagüeño, emprendieran el retorno. Registrado como súbdito argentino, tanto al otro lado del océano como en Galicia, nadie, ni él mismo, se preocupó de modificar su situación a medida que fueran cayendo las hojas del calendario. Tras forjarse como futbolista en el Hércules de la capital coruñesa, antes de que echase a rodar la pelota el ejercicio 1933-34 se incorporó al Deportivo de La Coruña, como medio y supuestamente español. En 1936, luego de tres campañas con la camiseta deportivista y comprendiendo que la Guerra Civil llevaba visos de prolongarse, cruzó sin ningún problema la frontera de Tuy, rumbo a Oporto, gracias a su pasaporte argentino. Entonces el fútbol de nuestros vecinos era menos competitivo que el español, razón suficiente para que la directiva lusa lo recibiera con los brazos abiertos.  Alineado como ariete, para extraer provecho a su poderoso remate aéreo, estuvo siguiendo la guerra a través de la prensa y un receptor de radio, sin que nadie le molestase ni a la ida ni en el retorno. Cuando leyera el último parte bélico, también como ciudadano argentino, volvió a cruzar el Miño y sin rendir cuentas ni someterse a depuración por tomar otrora las de Villadiego, reapareció por el Deportivo. Allí desarrolló los campeonatos comprendidos entre 1939 y 1947, sin sobresaltos y como auténtico comodín entre la zona ancha del campo y los puestos de ataque.

Nunca fue un ídolo; ni siquiera un jugador de relumbrón. Pero el fútbol, al menos, le permitió vivir más que dignamente mientras la ciudadanía común pasaba las de Caín. Todo, porque si tanto antes como después de la guerra pasase por español, durante la misma supo arreglárselas para ejercer de extranjero, esquivando los “campos de clasificación”, eufemismo edulcorante de una realidad tristísima: recintos carcelarios donde los súbditos extranjeros aguardaban un rescate o la repatriación promovida desde sus embajadas. Centros de hacinamiento, a menudo con un solo caño de agua para mil desdichados, a quienes ni siquiera la Cruz Roja libraba del hambre, la disentería o la caquexia.  Sus dos años largos compitiendo con el Oporto se dieron por inexistentes, a este lado del Miño. No se le exigió ningún transfer internacional, ningún informe militar, puesto que como súbdito extranjero, la guerra no iba con él, y así pudo seguir como argentino encubierto. ¿Por qué la R.F.E.F. iba a denegar una ficha a quien ya militara en el Deportivo, antes del conflicto?

Francisco Reboredo, argentino de quita y pon en tiempos convulsos, aunque todos lo considerasen gallego por los cuatro costados.

Francisco Reboredo, argentino de quita y pon en tiempos convulsos, aunque todos lo considerasen gallego por los cuatro costados. 

Una vez desligado del club deportivista, aún estuvo exprimiendo las últimas pesetas al balón, en el Club Santiago y el Juvenil de la Coruña, mientras a España llegaban desde Argentina los buques de Perón cargados con trigo, carne o patatas. Luego, convencido de que al otro lado del charco ataban a los perros con longanizas, tomó un buque en Vigo, rumbo a Buenos Aires, para acabar ejerciendo como entrenador sobre todo entre Venezuela y Portugal. Todo ello mientras las federaciones españolas pre y posbélicas parecieron no enterarse de sus idas y venidas. La muerte se lo llevó relativamente joven, el 19 de enero de 1973, con 58 años.

Tan sólo una curiosidad. Su hermano Manuel, coruñés desde la cuna, llegó a alinearse con el Celta de Vigo a lo largo del campeonato 1942-43. Y lo hizo como español de pura cepa.

Tras la II Guerra Mundial hubo que retocar no pocos códigos civiles, en materia de nacionalidades. Algunos estados vieron modificada su extensión física. Núcleos poblacionales que un día pertenecieran a un país, transmutaron a otro. Y no sólo eso. Varios incluso cambiaron de bloque, con su traducción en espantadas migratorias y el incremento exponencial de apátridas. Surgió entonces la idea de otorgar dobles nacionalidades, e imponer una mayor laxitud a la elección de nuevas patrias. Fue en medio de ese panorama cuando comenzó a tener sentido el concepto internacional de oriundo, que por cierto ya aplicara en su día Benito Mussolini, beneficiando, de paso, al fútbol transalpino.         

Expuestos ya algunos modelos de vulneración normativa arcaica, recordemos que tras la Guerra Civil continuó abierto el portillo importador de futbolistas, hasta el límite de 2 por club. Un completo disparate, cuando el Sr. Troncoso, militar de rango y primer presidente federativo franquista, airease su intención de tender hacia un fútbol menos profesionalizado, proponiendo, incluso, la denegación de fichas a cuantos no acreditasen una ocupación laboral, o ser estudiantes de verdad, aparte de futbolistas. Palabras que rápidamente arrastró el viento, no en vano se ha dicho que la primera derrota del régimen victorioso se produjo cuando tratara de embridar al deporte rey. Resulta obvio que ante la catastrófica situación de España, con sus infraestructuras deshechas, el campo semiabandonado, millares de presos hacinados en cárceles y penales infectos, moradas destruidas, hambre, frío, racionamiento, pertinaz sequía y un tenebroso porvenir, se dio por sentado que a nadie podría ocurrírsele fichar jugadores foráneos. Y eso que ya durante la primera Copa del Generalísimo, disputada en 1939, antes que el primer campeonato liguero de reanudación, defendiera al marco del Racing de Ferrol el húngaro Gyula Alberty, suplente de Ricardo Zamora en el Madrid C. F. republicano. Este espigado y buen guardameta, casado con una madrileña, decidió seguir viviendo en España hasta que unas fiebres tifoideas lo llevaran al cementerio de Granada, cuyo club defendía, el 9 de abril de 1942, con sólo 30 años.

El primer fichaje de un futbolista extranjero sin paso previo por nuestros estadios, corrió a cargo Santiago Bernabéu para su Real Madrid. Era mexicano, natural del D. F., contaba 24 años cuando estampara su firma a pie de contrato, y respondía a la filiación de José Luis Borbolla Chavira. Causó una auténtica revolución popular, mientras los medios de difusión se preguntaban si al “manito” podría permitírsele competir, o lo devolverían a México. Tanto el propio Bernabéu, como la R.F.E.F. salieron al paso en seguida, afirmado que manteniéndose vigentes los acuerdos de 1933, el ingreso de Borbolla era completamente legal. Desgraciadamente resultó un fiasco. Su lentitud y escaso vigor físico, los campos embarrados y la brutalidad consentida por los árbitros, hicieron que su depurada técnica luciese con cuentagotas. Cedido primero al Deportivo de la Coruña, en 1944-45, y al Real Club Celta en 1946-47, tan sólo llegó a disputar 22 partidos de Liga en dos años y medio, con 7 goles marcados. Por cierto, uno de esos partidos, nada más, luciendo la camiseta blanca.

No hubo que esperar mucho para que otros jugadores procedentes del extranjero le siguieran los pasos. Sobre todo cuando en 1949, al firmarse un convenio entre Argentina y nuestro país, se admitiera durante tres años la incorporación de dos futbolistas argentinos por club, sin que ocuparan plaza de foráneos. Y estos, unidos a los otros dos ya vigentes, arrojaban un saldo máximo de 4 por entidad. Un país depauperado, todavía con cartilla de racionamiento y cupos de gasolina, al quedar en desuso el gasógeno, invertía en futbolistas cuando el eslogan de “Ni un hogar sin lumbre, ni una mesa sin pan”, para muchas familias continuaba siendo una simple declaración de intenciones.

Sin irnos por las ramas, vaya el siguiente cuadro de incorporaciones entre 1948 y 1956, indicando origen del foráneo, su nacionalidad, Federación de procedencia y club importador. Los “oriundos” aparecen obviamente como españoles, incluso en los casos que dicha condición se obtuviera mediante atajos, chapuzas documentales o acreditación de padres postizos. A pie de tabla se incluyen algunas aclaraciones imprescindibles.

FUTBOLISTANATURAL.NACIONALID.PROCED.FECHACLUB
Arquímedes Herrero ErrobidarArgentinaArgentinaMéxico30-VIII-47Valencia
José A. Valdivielso TetamandiArgentinaEspañolaVenezuela9-IX-47At. Madrid
Antonio Navarro CánovasArgentinaArgentinaMéxico27-IX-47R. Madrid
Rubén Aveiro InsfránParaguayaParaguayaVenezuela30-IX-47At. Madrid
Juan Laureano MartínArgentinaArgentinaPortugal31-I-48Granada
Manuel Rocha BastosArgentinaArgentinaPortugal4-II-48R. Madrid
José M.ª Gomes BravoPortuguesaPortuguesaPortugal17-II-48R. Sociedad
Juan Gómez PadulaArgentinaArgentinaVenezuela17-IV-48C.D. Español
Oscar Garro GuzmánArgentinaArgentinaMéxico12-VI-48R.C. Celta
José Gómez SánchezArgentinaArgentinaMéxico12-VI-48R.C. Celta
Miguel Goodman VargasInglesaInglesaGibraltar30-VI-48B. Linense
Alfredo Duarte BorgeInglesaInglesaGibraltar30-VI-48B. Linense
Rafael Franco ReyesArgentinaEspañolaMéxico21-VI-48D. Coruña
Rafael Ponce de LeónArgentinaEspañolaArgentina16-VIII-48D. Coruña
Enzo Parissi GiomettiItalianaItalianaItalia3-IX-1948Esp. Indust.
Larbi Ben BarekMarroquíMarroquíFrancia11-IX-48At. Madrid
Marcel Domingo AlgaraFrancesaFrancesaFrancia11-IX-48At. Madrid
Joaquín Valle BenítezEspañolaEspañolaFrancia16-IX-48C.D. Español
Olegario Garín CarrilEspañolaEspañolaFrancia25-IX-48Logroñés
Georges Dard FontaineFrancesaFrancesaFrancia2-X-48Sevilla
Mateo Nicolau GaríArgentinaArgentinaMéxico10-X-48Barcelona
José M.ª Martín RodríguezEspañolaEspañolaFrancia27-X-48D. Coruña
József Lakatos PasztorHúngaraEspañolaFrancia30-X-48R. Unión Irún
John Fox WatsonEscocesaInglesaInglaterra3-XI-48R. Madrid
Florencio Caffaratti ChisalvoArgentinaArgentinaMéxico5-XII-48Barcelona
Michel A. Cherigny MontalvoFrancesaFrancesa10-XII-48C. Valldemia
Samuel Cherigny MontalvoFrancesaFrancesa10-XII-48C. Valldemia
Lucidio Baptista da SilvaBrasileñaBrasileñaUruguay24-XII-48Barcelona
Antonio Vucetich AlderArgentinaArgentinaMéxico12-I-49C.D. Español
Marcos Aurelio di PauloArgentinaArgentinaMéxico21-I-49Barcelona
Roger Dard FontaineFrancesaFrancesaFrancia30-III-49Sevilla
Ernesto Candía de SantisArgentinaArgentinaArgentina25-IV-49At. Madrid
Juan Saurí PujolCubanaCubana30-V-49U.D. Figueras
Borge C. Mathiensen AndersenDanesaDanesaFrancia18-VIII-49R. Santander
Jyörgy Nemes NeufeldHúngaraHúngaraFrancia6-IX-49R. Santander
Mauricio Froger YersayFrancesaFrancesaFrancia6-IX-49R. Valladolid
Dagoberto Moll LequeiraUruguayaEspañolaUruguay8-IX-49D. Coruña
José Lujambio RuibalUruguayaUruguayaUruguay8-IX-49D. Coruña
Bertil BackvallSuecaSuecaSuecia9-IX-49R. Valladolid
Aridex Calligaris CarnelitiItalianaItalianaFrancia10-IX-49R. Sociedad
Jorge Cos VilaVenezolanaEspañola20-IX-49Barcelona
Luis Prais BernardoUruguayaUruguayaUruguay28-IX-49Barcelona
Lashen Ben Mohamed ChichaMarroquíMarroquíFrancia3-X-49At. Tetuán
Hippolyte BrunFrancesaFrancesaFrancia3-X-49Baracaldo
Humberto Giménez MartínezArgentinaArgentinaUruguay24-X-49Barcelona
Omar NekkacheMarroquíMarroquíFrancia9-XI-49C.D. Español
Ricardo Salaverry GarcíaUruguayaEspañolaUruguay25-X-49R. Oviedo
Kadmiri B. Mohamed AbdeluhabMarroquíMarroquíFrancia4-XI-49S.D. Mahgreb
Pedro Pablo Sará GiordanoArgentinaEspañolaArgentina25-XI-49R. Oviedo
Manuel Araujo PérezPortuguesaPortuguesa7-XII-49C.F. Luarca
Claudio VergonzatFrancesaFrancesa30-XII-49Vasconia
Miguel Pedro Mantino PiraneArgentinaArgentinaArgentina31-I-50R. Oviedo
Stefan Pozdech KunvskyChecoslovaq.Checoslovaq.10-II-50D. Zamorana
Emilio Sierra TorrentCubanaCubana22-II-50Rosaleda
Lázsló GarambolguyHúngaroHúngaro22-II-50
Juan Vaccaro SuárezEspañolaItaliana25-II-50San Gervasio
José Lima RosaInglesaEspañolaInglaterra24-III-50Sevillana
Pietro Miquele Vinci GualariniItalianaItalianaItalia10-IV-50Sevillana
Julio Corcuera RabadánArgentinaEspañolaArgentina22-VIII-50D. Coruña
Osvaldo García NardiArgentinaEspañolaArgentina22-VIII-50D. Coruña
Nicolae Szegedi SimatocRumanaRumanaItalia23-VIII-50Barcelona
Louis Hon AntonínFrancesaFrancesaFrancia4-IX-50R. Madrid
Jean Antoine Luciano DurandoFrancesaFrancesaFrancia4-IX-50R. Madrid
Sandor LickerHúngaraHúngaraAustria6-IX-50Granada
Carlos Javier Gutiérrez CorinaUruguayaEspañolaFrancia11-IX-50C. D. Málaga
Sergio del Pinto MasettiItalianaItalianaItalia19-IX-50G. Tarragona
Rodolpfe Walther FriedaSuizaSuizaSuiza31-X-50Chamartín
Enrique Pazos AntínArgentinaArgentina2-XI-50Argüelles
Werner Uwe Burger NissenEspañolaEspañola2-XI-50Constantina
Sergio Rodríguez VieraUruguayaEspañolaFrancia3-XI-50C. D. Málaga
Mohamed Ben MahjoubMarroquíMarroquíFrancia3-XI-50R. Santander
Vicenzo D. di Paola CammarotaArgentinaArgentinaItalia16-XI-50U.D. Lérida
Ángelo Bollano BisioItalianaItalianaFrancia28-XI-50R. Murcia
René Raphy AdolpheFrancesaFrancesaFrancia28-XI-50R. Murcia
Janos Hortkó SzabaiHúngaraHúngaraItalia30-XI-50R. Zaragoza
José Valle RománArgentinaArgentinaItalia4-XII-50U.D. Lérida
Hans Leif LarsenDanesaDanesaDinamarca13-XII-50Sevillana
Fernando Straatsman LegleiterEspañolaEspañola13-XII-50Mestalla
Abderrazak Ben MohmedMarroquíMarroquíFrancia28-XII-50R. Murcia
György Mogoy SenizaHúngaraHúngaraItalia2-I-51Mallorca
Andrey OttoHúngaraHúngaraItalia3-I-51Granada
Antonio Mario Imbelloni de LeoArgentinaArgentinaChile24-I-51R. Madrid
Roque Olsen FontanaArgentinaArgentinaArgentina15-III-51R. Madrid
Andrej Prean NagyHúngaraHúngaraFrancia19-I-52Las Palmas
Joseph Samu PancsicsHungríaHungríaFrancia17-IX-52R. Zaragoza
Bela Sárosi BusHungríaHungríaPortugal8-X-52R. Zaragoza
Charles Ducasse DuperouFrancesaFrancesaFrancia15-X-52R. Sociedad
Jiri Hanke HironChecoslovacaChecoslovacaFrancia30-X-52Barcelona
Guillermo Díaz ZambranoChilenaChilenaChile22-I-53R. Zaragoza
Alexandar ArangelovichYugoslavaYugoslavaFrancia27-I-53At. Madrid
Jaime Ramírez BandaChilenaChilenaChile10-II-53C.D. Español
Julio César Britos VázquezUruguayaUruguayaUruguay25-III-53R. Madrid
Heriberto Herrera UdrízarParaguayaEspañolaParaguay4-IV-53At. Madrid
Francisco Molina SimónEspañolaEspañolaChile28-V-53At. Madrid
Servaas Wilkes LaartsHolandesaHolandesaItalia15-IX-53Valencia
Andrés Prieto UrréjolaChilenaChilenaChile3-X-53C.D. Español
Alfredo S. Di Stefano LaulheArgentinaEspañolaColombia16-XI-53R. Madrid
Atilio López RiveroParaguayaParaguayaParaguay20-IV-54At. Madrid
Adolfo Riquelme MirandaParaguayaParaguayaParaguay20-IV-54At. Madrid
José Héctor Rial LeguíaArgentinaEspañolaUruguay14-VI-54R. Madrid
Ramón Alb. Villaverde VázquezUruguayaEspañolaUruguay12-VII-54Barcelona
Juan Carlos Lorenzo PereiraArgentinaEspañolaFrancia18-IX-54At. Madrid
Julio Outerelo RodríguezUruguayaEspañolaUruguay26-X-54R.C. Celta
Rafael Souto CastroUruguayaEspañolaUruguay4-III-55At Madrid
Florentino López LópezEspañolaEspañolaMéxico5-IV-55Valencia
Eulogio Martínez RamiroParaguayaEspañolaParaguay1-IX-55Barcelona
Augusto Melanio Olmedo BretónParaguayaEspañolaParaguay5-IX-55Barcelona
Mario Villaverde VázquezUruguayaEspañolaUruguay10-XII-55Esp. Indust.
Gilberto Navarro PeidróEspañolaEspañolaFrancia26-I-56Esp. Tánger
Juan Arm. Benavídez RodríguezArgentinaEspañolaArgentina27-II-56C.D. Español
Oscar Coll MarengoArgentinaEspañolaArgentina11-III-56D.D. Español
Benjamín César Santos Ferndz.ArgentinaEspañolaItalia6-X-56D. Coruña
Raymond “Kopa” WlodarczyckFrancesaFrancesaFrancia8-X-56R. Madrid
Ernesto Gutiérrez BonomoArgentinaEspañolaArgentina8-X-56R.C. Celta
Carlos Nogueras RocaEspañolaEspañolaVenezuela26-XI-56C.D. Español
Agustín Gómez PagolaEspañolEspañolaU.R.S.S.26-XI-56At. Madrid

Ahora las aclaraciones.

Cuando el espacio de procedencia no incluye el país de cuya Federación llegara el transfer, es porque éste no existió. Dicho de otro modo, esos jugadores nunca habían competido, bien por razones de edad, o porque se hubieran formado desde muy niños en nuestro suelo. Fueron los casos del cubano Juan Saurí Pujol, en Cataluña desde que tuviera 2 años; de los hermanos Michel y Samuel Cherigny, con larga residencia española, o el venezolano Jorge Cos Vila, que contradiciendo a la Federación resultó ser español con carta de naturaleza.

Agustín Gómez Pagola, a quien la Federación Española otorgó el número registral 111, respondiendo a la solicitud cursada por el At. Madrid, era un “Niño de la Guerra” vasco, componente de las expediciones organizadas por el Socorro Rojo Internacional y el gobierno del Lehendakari Aguirre, a través de su consejero de Acción Social, Sr. Gracia, cuyo destino era la Unión Soviética. En la U.R.S.S. se hizo hombre y futbolista meritorio, hasta que regresara con la primera expedición de repatriados. Pasó sin dificultad el interrogatorio llevado a cabo por miembros de la brigada político-social, bajo supervisión del oficial puertorriqueño que la C.I.A. delegase, puesto que la tensión entre bloques vivía sus momentos más álgidos. Sometido a prueba por los “colchoneros” en un partido amistoso, donde se mostrara pasado de peso, fuera de forma y harto vulnerable, dos directivos le aseguraron podía darse por contratado. Es muy posible que vieran en su fichaje más una oportunidad propagandística que un refuerzo real, soñando, quizás, con posibles titulares de esta índole: “El Atlético ficha a un internacional ruso”. “La víctima soviética que el Atlético repatrió”. Pero finalmente, desde la cúpula rojiblanca esa incorporación fue vetada, según testimonio del propio futbolista, “porque aunque los aviadores ya no fueran amos del equipo, tampoco podían consentir en sus filas a quien se llevó la mano al pecho cuando atronaba la Internacional”.

Sorprendentemente, tanto la C.I.A. como los funcionarios de la brigada social, no detectaron a un comunista convencido que bien pronto se dedicó a organizar células del P.C. Votó favorablemente la moción de Santiago Carrillo, durante los días previos a la entrada de tanques rusos en Praga (verano de 1968), consistente en condenar al comunismo soviético si la invasión tuviera efecto. Pero esa devoción carrillista no constituyó obstáculo para que más delante participara en un proyecto de escisión prosoviética, junto a Eduardo García, cuya meta final pasaba por poner en un brete el liderazgo del propio Carrillo. Tanto en su faceta política, como personal, lo cierto es que dejó traslucir infinidad de aristas. También junto a Eduardo García organizó una manifestación ante la sede del P. C. en Moscú, con el propósito de dinamitar la reunión que Dolores Ibárruri, “Pasionaria”, iba a tener con los fieles a Carrillo. Para remate, como responsable jerárquico del ya legalizado Partido Comunista de Euskadi, organizó una escisión contra la corriente “eurocomunista” que el propio Santiago Carrillo lideraba. Hechos que contrastan con el papel de Carmen, su esposa, hija del asesinado Sánchez Biezma en 1948, encargada de preparar, como guardesa, el domicilio madrileño en que Carrillo viviera desde finales de 1976.

Huelga indicar que el At. Madrid nunca le extendió ficha, conforme una mano anónima escribiera en el renglón de observaciones: “No llegó a inscribirse”. Expulsado de España por sus actividades, aunque desarrollara en Moscú gran parte de su vida, falleció en la antigua Checoslovaquia. Sus restos mortales, no obstante, fueron trasladados a la otrora capital soviética.          

A casi todos los futbolistas húngaros se les inscribió españolizando sus nombres reales, bien porque estuvieran nacionalizados, se diera por descontado ese proceso a la mayor brevedad, o ellos mismos lo hubiesen traducido al santoral castellano cuando los bautizasen. Esto último, habida cuenta de que en la España nacional-católica, los evadidos del bloque comunista debían tomar las aguas baptismales por la mañana, antes de obtener la nacionalización esa misma tarde. Así, Jószef Lakatos se convirtió en José, György Nemes en Jorge, los Lászsló, como Garambolgyi, en Ladislao, Béla Sárosi en Alberto, quién sabe en base a que extraña mutación, o Sandor Licker en Alexander. Y ya puestos, también se pasó revista al rumano Nicolae Simatoc, para el fútbol, “Szegedi”, convertido en Nicolás, o a los checos Jirí Hanke, en adelante Jorge, o Stefan Pozdech, Esteban. Por cierto, en lo tocante a Kubala, otro Ladislao, gran estrella de nuestra Liga durante el decenio de los 50, junto con Alfredo Di Stéfano, no fue recogido en el registro federativo de extranjeros. Como surgieran infinitos problemas para otorgarle ficha, sin duda dejarían para más adelante su reflejo, una vez resueltas las dificultades. Y la mala memoria hizo el resto. Lo llamativo es que no enmendaran el error cuando en 1967 gestionasen su transfer internacional a la estadounidense N.A.S.L., donde la troupe Kubala-Daucik, casi al completo, invadió el efímero Toronto Falcons.

Llama poderosamente la atención que en un registro de teóricos extranjeros, o si se prefiere de futbolistas nacidos fuera del país, se incluyera a españoles perfectamente identificados como tales. Son los casos de Joaquín Valle, Olegario Garín, José M.ª Martín, Fernando Straatsman, Werner Uwe Burger, Gilberto Navarro, Francisco Molina, Florentino López, Carlos Nogueras o Agustín Gómez Pagola. Tan anómala inclusión exige breves apuntes biográficos.

Francisco Molina, catalán trasplantado a Chile, internacional con el país andino, se dejó ver por nuestros estadios sin ocupar plaza de extranjero. En la imagen, honores de poster en la revista “Estadio”, aunque fuese mediante un rústico fotomontaje y con la coloración artificial de hace tres cuartos de siglo.

Werner Uwe Burger, con indudable ascendencia germana, había nacido en Sevilla y siempre habitó en sus inmediaciones. Fernando Straatsman Legleiter nació en Foyos (Valencia), y jamás compitió en clubes extranjeros. Aunque Olegario Garín sí lo hiciera en Francia, antes de enrolarse en el ya extinto C. F. Logroñés, mantuvo la nacionalidad española cuando los avatares bélicos llevaran a su familia hasta el otro lado de los Pirineos. A Francisco Molina Simón, nacido en Súria (Barcelona) el 29 de marzo de 1930, esas mismas circunstancias lo trasplantaron junto a la cordillera andina, convirtiéndose en futbolista bajo pabellón del Santiago Wanderers y la Universidad Católica. En Chile, igualmente, inició estudios de Ingeniería Civil y Químicas, que acabaría abandonando al asentarse como profesional del balón. Más adelante, sin embargo, mientras dirigía el juego desde el centro del campo, volvió a matricularse, esta vez en Historia y Filosofía. Cuando fichara por el At. Madrid había sido 8 veces internacional con Chile, lo que obviamente acredita su doble nacionalidad, contradiciendo lo reflejado en la plica federativa. Íntimamente se sentía más chileno que español, y así quedó de manifiesto cuando el 23 de marzo de 1957 regresara a aquella tierra, en la que dejó de existir el 14 de noviembre de 2018.

Otra prueba del tratamiento otorgado en Chile a Molina. Reportaje y entrevista de dos páginas en huecograbado.

El alcoyano Gilberto Navarro Peidró, nacido el 27 de noviembre de 1935, no sólo residió en Marruecos desde la infancia, sino que se formó como juvenil en la Unión Atlética Deportiva Casablanca, hasta debutar con su primer equipo. Marruecos era entonces un territorio bajo doble administración: española, al Norte, y francesa en la franja meridional, tres veces y media más extensa que la controlada por nuestro país. Según él mismo asegurara, tuvo ofertas para trasladarse a Francia, proponiéndosele, incluso, su nacionalización. Pero sintiéndose a gusto donde estaba, prefirió desoírlas. Cuando el cúmulo de atentados, algaradas y la inseguridad general se adueñara del área Sur, bajo administración gala, desde París se ordenó suspender aquella Liga, lo que se tradujo en una tentadora oferta del España de Tánger, mientras la vertiente Norte, mucho más pacífica, vivía sus últimas fechas como Protectorado. Tuvieron que expedirle un transfer internacional desde la Federación Francesa, aunque ese cambio de equipo no se tradujera en salida del país naciente. Con la independencia del hasta entonces Protectorado alauita fichó por el Granada, contribuyendo con sus 21 goles al ascenso de los nazaríes a 1ª División. En 1958 fichaba por el Sevilla, donde las lesiones nunca le respetaron, tal y como iba a ocurrir después, en el R. C. D. Mallorca. Había sido internacional con la selección española “B” ante Portugal, pero tantos y tan sucesivos pasos por el dique seco le tenían amargado. Su desánimo, en fin, le aconsejó el adiós a los estadios, cuando a los 28 años y en otras circunstancias, aún hubiese tenido cuerda para varios más.         

 Joaquín Valle Benítez, y su hermano Luis, gran futbolista igualmente, era hijos de un diputado del Frente Popular por Las Palmas de Gran Canaria. Razón suficiente para que, sorprendidos en la capital republicana ante el estallido bélico, acabaran huyendo a Francia sabiéndose objetivo de las brigadas del amanecer. Luis ya había sido internacional ante Yugoslavia, en Belgrado, pero Joaquín, por razón de su edad, no pasaba de meritorio en el amateur del Madrid C. F. Afincados en la Costa Azul, ambos se enrolaron en el Olypique de Niza, donde el pequeño acabaría anotando 372 goles en 395 partidos, cifra que aún lo mantiene como máximo anotador de la entidad en toda su historia. Sumaba ya 32 abriles cuando por fin hizo el viaje de vuelta, para ingresar en el Real Club Deportivo Español, de Barcelona, mermado por tanto trote y en baja forma. Si la afición “perica” contaba con sus virtudes de bombardero, le sobraron razones para la decepción, pues únicamente se alineó en un partido de Liga, sin apenas brillo.

No menos curiosa fue la historia de Florentino, inscrito en el Registro Civil como Floreal -uno de los meses del calendario revolucionario francés-, cuyo padre, sindicalista de la CNT, huyera a Francia en 1939 con sus dos hijos y la esposa embarazada del tercero, consciente de las represalias esperables tras la victoria franquista. Desde Francia partieron hacia México, en el “Mexique”, naciendo durante la travesía el último hijo. Reinscrito en el país azteca como Florentino, la familia fue prosperando al tiempo que él se convertía en seguidor acérrimo del Club España, y especialmente de Gregorio Blasco, su cancerbero y antiguo componente del Euzkadi. El páter familia, empero, no veía con buenos ojos tanto empeño del vástago por convertirse en jugador profesional. Los negocios emprendidos iban viento en popa y soñaba con ceder el relevo algún día a los herederos. Pero un adolescente puede ser terco hasta la exageración, y el aprendiz de portero hubiese ganado a cualquiera en ese aspecto.

Cedió el padre, cuando al chaval le extendiera un contrato el Irapuato, a sus 16 años, y poco después celebrara el ascenso a 1ª División. Según los mentideros futbolísticos mexicanos, incluso el León, club grande en aquel momento, llegó a tenerlo en su órbita pese a contar nada menos que con la “Tota” Carbajal, primer futbolista en disputar cinco fases finales del Campeonato Mundial. Entonces el cántabro Nando García, antiguo jugador del Racing de Santander prebélico y F. C. Barcelona, así como entrenador del Irapuato, informó sobre él favorablemente a la directiva del Valencia, algo que no gustó en demasía al progenitor, ya resignado a lo inevitable. El hombre veía con mejores ojos una aproximación al Real Madrid. Maleta en mano, Florentino se presentó en Chamartín pidiendo una oportunidad como español emigrado a México, y portero de buen nivel en la liga azteca. Los 40.000 pesos con que se descolgara el Irapuato en concepto de traspaso, frustraron su fichaje en beneficio del Valencia, que acabó cerrando un contrato de cesión. Claro que por el momento, hasta hacer méritos, pagara la novatada en el C. D. Mestalla.

Florentino, un desconocido para los aficionados al fútbol españoles, triunfó a lo grande en México. En la imagen durante sus últimos días de corto, con el escudo del Toluca en el pecho.

Florentino tenía pendiente el cumplimiento del servicio militar obligatorio, y sobre dicha cuestión no anduvo muy avispada la entidad “ché”. Para cuando se decidieron a mover influencias, al chico ya lo habían destinado a Mallorca. O sea que el despiste se resolvió con una nueva cesión al primer equipo balear, antes de convertirse la temporada 1957-58 en miembro de la primera plantilla valenciana, como suplente de Goyo.

Aquel verano se dejó caer su padre por España, de visita. Transcurridos 18 años desde el parte triunfal, la férrea dictadura de los primeros lustros se había atemperado mucho y los tecnócratas empezaban a desembarcar en altas instancias del régimen, propugnando una progresiva desideologización. El país parecía reconstruirse desde sus cimientos, mientras los primeros turistas se dejaban ver al volante de coches extraídos de las películas. Y como el antiguo sindicalista no había regresado tan sólo para reconciliarse con su pasado, sino también, o sobre todo, con el propósito de negociar la libertad del muchacho, se puso a ello manoseando el argumento de que estaban en deuda con él, por no arreglarle lo de la mili. Aun a costa de dar la tabarra, acabó saliéndose con la suya.

Parece que la intención familiar consistía en un retorno a México, pero en Madrid les salió al encuentro Ángel Rodríguez “El Feo”, uno de los más activos intermediarios de esa época, si bien ya un tanto en horas bajas. Éste se lo llevó al Real Madrid, para acabar fichando para el Plus Ultra, entonces equipo filial “merengue”. A sus 24 años no parecía una mala opción, puesto que desde ahí podría acumular méritos con vistas a abordar el primer elenco. El argentino Domínguez continuaba sin convencer a los técnicos, al tiempo que en Alonso asomaban los primeros efectos del calendario. Si la plantilla de Santiago Bernabéu precisaba un portero de garantías para el siguiente decenio, ¿por qué no pudiera se él? Lástima que una cosa sean los sueños, y otra la realidad. Si bien sus actuaciones con el Plus Ultra poco tuvieron de reprochables, en la casa blanca prefirieron decantarse con Vicente, ya muy cuajado en el barcelonés R. C. D. Español, y para colmo fue creciendo el interés por Araquistain, de quien la prensa donostiarra contaba maravillas. En resumen, nunca contó con oportunidades reales en la entidad merengue.

Rendido a la evidencia tomó un vuelo hacia México, con la carta de libertad en el bolsillo y un anillo en el dedo corazón, al haberse casado con la novia que conociera en Valencia. Y una vez en el Distrito Federal, a fajarse bajo el marco del Toluca, convirtiéndose en portero de tronío con el respeto de la afición. Los forofos toluqueños lo apodaron “El Lince”, al tiempo de atribuirle gran parte del mérito en la consecución de la Liga y el Campeonato de Campeones en 1966-67 y 1967-68, así como el título de la CONCACAF correspondiente a 1968. Justo en julio de ese año fue homenajeado por la peña constituida con su nombre, al cumplirse su centésima alineación consecutiva con el subcampeón de la Liga mexicana. Se retiró durante la temporada 1970-71, por desavenencias con su entrenador y el presidente del club, contando ya 36 años y luego de 11 campañas con los Diablos Rojos, durante las que disputó más de 400 partidos, de ellos nada menos que 363 consecutivos. Todavía 50 años después seguía siendo para lo opinión pública mexicana el segundo mejor portero de aquel fútbol, por detrás del mítico Antonio Carbajal. Sea leyenda o realidad, nadie discute que llegó a jugar con un dedo índice roto, con el hombro dislocado, infiltraciones en los tobillos, una máscara protectora mientras tenía un pómulo roto, e inyecciones en la zona del cuello para aliviar sus problemas de tortícolis. Sorprendentemente, 10 días después de haberse operado de menisco ya estaba ejercitándose en el estadio.

Su estampa espigada, envuelta en un jersey azul, con esa toalla en el fondo de la red y varias naranjas que exprimía durante los partidos no sólo para refrescarse, sino con el propósito de impregnar las manos en su jugo y otorgarles mayor adherencia al balón, se hizo emblemática. Hubo, incluso, algún movimiento para convertirlo en internacional mexicano durante la época de Ignacio Trelles como seleccionador, pero parte de los aficionados se mostraron reacios ante la posibilidad de verse representados por un extranjero, puesto que siempre tuvo a gala sentirse tan español como mexicano. En 1965, hallándose aún en activo, montó un restaurante de cocina española en Toluca, con un “chef” español al frente. El caso es que cuando su padre falleciera, se replanteó muchas cosas, como si creyera llegado el momento de resetear su propia existencia. Y entre los reajustes, uno consistió en traspasar aquel restaurante. Corría el año 1971. Luego fue accionista en líneas de autobuses y regentó una empresa de transportes internacionales, con sus hermanos. En 1984 regresó a España, a La Moraleja, en Madrid, acompañado de su esposa, madre e hijos, con vistas a instalarse definitivamente. “Estaba bien allá -confesó entonces-, pero la inseguridad es tan grande… Tengo pistola con derecho a utilizarla en mi domicilio, y según a qué sitios ya no puedes ir. Así que me las arreglé para ir poniendo aquí una pata del negocio, pensando en volver a las raíces”.

Se convirtió en socio del Real Madrid, celebrando con júbilo cada triunfo de la “Quinta del Buitre”, y disfrutaba de su vida patriarcal, pues tenía tres hijas, un varón y numerosos nietos. En 2000 se retiró definitivamente de la compañía de transportes que a menor escala había organizado en Madrid. Por esa época acabó trasladándose al municipio de Alcobendas, y si bien sentía que el fútbol español tal vez no le hiciera justicia, reconocía que la vida quiso compensarle, tratándole muy bien. Ese era uno de los españoles a quien la R.F.E.F. colara de rondón en su libro de extranjeros, poniendo de manifiesto que en ese órgano nadie tuvo muy claro el resbaladizo terreno por donde se movían. Porque, si pensaron en registrar a cuantos llegasen de federaciones extranjeras, con un transfer internacional, ¿por qué anotaron a Juan Saurí, a los hermanos Michel y Samuel Cherigny, al venezolano Jorge Cos y a otros 150 largos, añadidos durante los cuatro lustros siguientes?

Lo que mal empieza, rara vez termina bien. Y aquel deficiente registro de incorporaciones foráneas iba a acabar abochornando a muchos, aunque a fuer de sinceros, la infracción de los dos primeros falsarios ni remotamente tuvo que ver con el método, modo y manera en que se tramitaban documentaciones. Los culpables iniciaron sus manejos al otro lado del Atlántico. Sus instigadores o cómplices aguardaban tensos al sur de los Pirineos. El embajador de Asunción se hacía cruces ante la porquería que empezaba a destapar. Y la Federación Española de Fútbol presidida por Juan Touzón Jurjo, abogado, subdirector del Banco de Vizcaya, presidente del At. Madrid y miembro de honor de la Asociación de Prensa madrileña, además de hombre cultivado, fue la última en enterarse. El protagonismo estelar lo detentaban dos futbolistas paraguayos y un armenio afrancesado, con tentáculos esparcidos por la América del Sur hispanohablante. Los secundarios lucían en las solapas insignias del Barcelona. Y al Delegado Nacional de Deportes, pillado a contrapié, le tocó dar la cara sin haberse equivocado en nada.

Vayamos con los hechos, presentando al cabeza de reparto, Eulogio Martínez Ramiro.        

Natural de Asunción (11-III-1935), se había formado en la cantera del Atlántida desde donde pasó al Libertad, por esa época club más importante del país y muy próximo al poder político, hasta el punto que el general Alfredo Stroessner, presidente paraguayo desde que encabezase un golpe de estado en mayo de 1954, detentaba igualmente la presidencia honoraria de dicho club. El descaro, una técnica muy depurada y sus goles, tardaron poco en convertir al muchacho en pieza codiciada por los intermediarios de turno, algunos muy activos durante los años de permisividad en nuestro suelo. Fue Arturo Bogossian quien finalmente se hizo con poderes de representación, aceptando el Libertad, de muy buen grado, su idea de subastarlo por Europa. Y mediando aquel personaje capaz de hacer trampas ante el más bragado tahúr del Mississippi, poca limpieza cabía esperar.

La prensa paraguaya se hizo eco en junio de 1955, del falso interés que desde Madrid habrían manifestado por la joven perla sus dos entidades más señeras. Y fiel a su cometido, el embajador de España en Asunción, José González de Gregorio, trasladó al ministerio de Asuntos Exteriores en nuestra capital aquellos recortes, como anexo a un primer informe donde se daba cuenta de la onerosa inversión en divisas (45.000 dólares, 2.700.000 pts. al cambio del momento) que su fichaje iba representar. En posteriores escritos el embajador constataba que el club interesado no sólo por Eulogio Martínez, sino por el también paraguayo Augusto Melanio Olmedo Bretón, era el Barcelona, y que el representante de ambos trató de obtener para ellos la nacionalidad española en la propia embajada, como hijos de españoles, mediante unas falsificaciones lo bastante burdas para ser detectadas de inmediato por los funcionarios.

“Ninguno de ambos jugadores son hijos de españoles -rezaba otro escrito fechado en Asunción el 7 de octubre de 1955-, y por tanto no pueden optar a la nacionalidad española. (…) En vista del resultado negativo de esas gestiones han intentado lograrlo por otros medios, habiéndose dirigido al Viceconsulado honorario de la Nación en Encarnación, llegando incluso a ofrecer dinero al titular. Como según noticias recibidas, los representantes de referencia no parecen cejar en su empeño, considero oportuno ponerlo en conocimiento de V.E. para el caso de que por algún medio pudieran sorprender la buena fe de las autoridades españolas, presentando a Martínez y Olmedo como españoles”.

La profusa documentación ministerial del caso nos permite reconstruir, paso a paso, aquella sucesión de injerencias, “recomendaciones”, tratos de favor, sobornos y amenazas ni siquiera disimuladas, para vergüenza del fútbol y de quienes entonces lo emponzoñaran.

Cayetano Re, Eulogio Martínez y Juan Ángel Romero, tres de los muchos futbolistas paraguayos cuyo desembarco en España tuvo lugar por mediación de Bogossian.

Diez días después, un nuevo mensaje diplomático empeoraba las cosas para Arturo Bogossian y su representado. Luego de trasladar el abandono del representante a Melanio Olmedo para ocuparse solo de Eulogio Martínez, ante la mayor cotización de éste, narraba que “Finalmente convencieron al Agente Consular de la Nación en Quindy, Don Ernesto Mendaro Núñez, no sé todavía por qué medios, para que extendiera acta de presentación de un documento de reconocimiento como hijo natural de Eulogio Martínez por un español, Estanislao Martínez, no “Ángel Martínez”, que en la partida primitiva presentada en esta Embajada aparecía como padre natural. El Agente Consular les otorgó después de bastantes vacilaciones, el testimonio que trataron de legalizar sin éxito en este Ministerio, y en vista de ello lo enviaron a Buenos Aires con el fin de hacerlo llegar a España. Al tener noticia de lo anterior, hice presente al Agente Consular, Sr. Mendaro, que sin perjuicio de que pudiera llevarse a cabo investigación en el asunto, le suspendía temporalmente en sus funciones de acuerdo con el artículo 40 del Reglamento de Vicecónsules y Agentes Consulares Honorarios, pues en la expedición del citado documento había incurrido en graves infracciones de fondo y forma, además de arrogase facultades que no poseía, por no corresponder a su jurisdicción dichas actuaciones”.

El tocomocho además de seguir vivito y coleando, iba a alcanzar cotas insospechadas cuando directivos del Club Libertad se hicieron recibir en la Embajada de Asunción, donde expresaron su deseo de hallar una respuesta al problema tan rápida como satisfactoria. Las presiones sobre el embajador no habían hecho sino empezar. Poco después, durante la Asamblea General del club se afirmaba que el asunto de las documentaciones seguía su curso normal, por lo que el transfer pudiera darse por hecho en cuestión de días. Paralelamente, la prensa paraguaya publicó varios artículos responsabilizando al embajador de obstruccionismo, ante unos papeles por demás veraces. Y a manera de refuerzo, varios ministros paraguayos, incluido el Dr. Sánchez Quell, responsable de Relaciones Exteriores, contactaron personalmente con José González de Gregorio advirtiéndole que la cuestión de Eulogio Martínez se había tratado en el mismísimo Consejo de Ministros, y atendiendo a la buena relación entre ambos países estaban seguros de ver disipada tanta intransigencia. Ya fue el colmo que aprovechando una comida, el presidente de la República, Alfredo Stroessner, le manifestase ante varios ministros su interés en “solucionar el fichaje del chico por el Barcelona”, rogándole intercediese en tal sentido ante quien fuera preciso.

Pese a ello, el 29 de diciembre de 1955 el corajudo y honesto embajador remitió al ministerio español de Exteriores un recordatorio de las distintas irregularidades cometidas, ante el viaje que proyectaba a España el presidente del Club Libertad, Sr. Villalonga, con el propósito de resolver cualquier traba. La contundencia de algunos párrafos era muy clara, al plantear que incluso desde un punto de vista político, plegar velas “aunque tuviera simplemente carácter gracioso, podría ser interpretado aquí como reconocimiento de lo justificadas que son las peticiones del Club Libertad, e incluso como falta de seriedad por parte de las autoridades españolas”.

Pero el cerco a que hubo de enfrentarse aquel hombre debió ser tremendo, tanto en Asunción como desde París, donde se hallaban Eulogio Martínez y el inefable Bogossian, empeñados en colar a través de aquella embajada las falsificaciones documentales. Sólo así se explica que el 21 de enero de 1956 dirigiese a Madrid otro escrito, inquiriendo sobre si procedería hallar una solución que armonizase los interese paraguayos con alguna medida del Ministerio de Gobernación, concediéndose al futbolista la nacionalidad española por Carta de Naturaleza. Para entendernos, nacionalizándolo a toda prisa aprovechando una ley urdida en favor de intelectuales prestigiosos, artistas de renombre, empresarios de éxito y en general cuantos pudieran rendir elevados servicios al país de acogida. Eulogio Martínez, aunque hubiera sido internacional en 14 ocasiones, era tan sólo un futbolista primerizo, con todo por demostrar a este lado del océano.

Eulogio Martínez, excelente futbolista con muy mal fario, pudo jugar con el Barcelona gracias a la Carta de Naturaleza que para él firmase expresamente Francisco Franco.

Eulogio Martínez, excelente futbolista con muy mal fario, pudo jugar con el Barcelona gracias a la Carta de Naturaleza que para él firmase expresamente Francisco Franco.

La respuesta del 2 de febrero de 1956, firmada en Madrid por el Director General de Asuntos Consulares, Félix Iturriaga, ya prometía desde su encabezamiento: “Querido José: Me están mareando los futbolistas del Barcelona y el embajador Díaz de Vivar con el famoso asunto de la nacionalidad de Eulogio Martínez”. A continuación, tras exponer la contumacia de los aludidos, aferrándose a unos papeles como mínimo muy dudosos, se sinceraba: “A mí me hace el efecto, a la vista de esos documentos, que el segundo es más falso que Judas, pues aun no sabiendo cómo se verifica el reconocimiento en esa República, me parece rarísimo que no haya ido por el procedimiento directo y natural, es decir que el padre que reconoce y es español, haya acudido al Consulado otorgando la oportuna escritura y obtenido la aprobación judicial para el reconocimiento”.

Otro párrafo recogía: “Te escribo esta carta porque el asunto está muy envenenado; los catalanes creen que aquí no les damos la nacionalidad para que no figuren en el equipo del Barcelona, y que en cambio nos volcamos cuando se trata del Madrid. Y según me dice el Embajador Paraguayo también por ahí parecen estar los ánimos muy revueltos”.

La españolidad de Olmedo y Eulogio Martínez parecía cifrarse como única posibilidad en esa Carta de Naturaleza con firma de Francisco Franco, “en prueba de amistad y afecto al Presidente de la República del Paraguay, que ha mostrado gran interés en el asunto”. Porque para desconsuelo de ambos futbolistas (Melanio Olmedo reaparecía como parte del paquete), de Bogossian y el embajador paraguayo en Madrid, escritos cruzados entre el Director General de Asuntos Consulares, el Director General de Seguridad, el Presidente de la Delegación Nacional de Deportes y el Subsecretario del Ministerio de Justicia, concluían taxativamente y del peor modo, tras poner en solfa la catarata de irregularidades cometidas: “Lo que de orden del Sr. Ministro de Asuntos Exteriores traslado a V.E. para su conocimiento y a fin de que se evite el que pueda obtenerse por dichos futbolistas pasaporte español u otro documento análogo. Dios guarde a V.E. muchos años”.

La Carta de Naturaleza, o como entonces se decía, “la gracia del Caudillo”, constituía único salvavidas. Aunque nadie pareció tener en cuenta que esa excepcionalidad estaba vetada a menores de edad, y si Olmedo contaba ya 23 años, Eulogio Martínez, epicentro de la polémica, aún no había cumplido los 21. Tuvo que ser el embajador en Asunción, González de Gregorio, quien entreviese la salida, pues recuérdese que al permanecer cerrado nuestro fútbol a los extranjeros, la codiciada pieza “culé” sólo podía vestir la camiseta azulgrana si fuera reconocido como español. Y conste que para entonces el monto total del fichaje -puede que en conjunto los de Martínez y Olmedo-, ya había ascendido hasta los 60.000 dólares (3.600.000 ptas.)

Ésta fue la alternativa ofrecida desde la embajada española en Asunción, y finalmente aceptada en Madrid por los estamentos concernidos: “Eulogio Martínez nació, según los datos que yo tengo, el 11 de marzo de 1935, así que el 11 de marzo próximo tendrá 21, edad requerida para solicitar la nacionalidad española en las condiciones antes mencionadas. Estimo que otorgarle la nacionalidad por un acto meramente administrativo sería poco aconsejable, redundaría en perjuicio del prestigio de esta Representación y pudiera suponer el reconocimiento de la razón que no asistiera a los intervinientes en la cuestión, valiéndose de procedimientos torcidos e ilegales”.

El Barcelona se salió con la suya, puesto que Eulogio Martínez y Melanio Olmedo Bretón se incorporaron a su plantilla. El primero brilló sobremanera durante cuatro de sus seis campañas en la ciudad condal. Cuando comenzase a acumular peso, sin dejar por ello de anotar goles, fue facturado al Elche (2 temporadas) y At Madrid, donde ya con un aspecto en extremo adiposo, apenas pudo lucir. Una última intentona en el barcelonés C. D. Europa, evidenciando en 2ª División su para entonces prominente barriga de Buda, le sirvió de despedida con 31 años. De él se recuerdan filigranas imposibles al borde del área, con las que dejaba sentados a un par de adversarios, “sombreros” perfectos y alardes de valentía ante aquellos centrales de mirada amedrentadora y serrucho en cada bota. Quien mejor glosara lo que Eulogio Martínez fue sobre el césped hasta que sus kilos de más lo ahogasen, fue el brasileño Evaristo Macedo Filho, fichado por el Barcelona en junio de 1957. Como invitado de honor en el palco de Las Corts, presenció la exhibición de puntería y facultades que el nacionalizado por gracia del general Franco luciera ante el At. Madrid en una eliminatoria de Copa. Eulogio marcó 7 goles, y puesto que el recién llegado debía competir por un puesto en la delantera “culé” ante el triunfador de la tarde, los periodistas buscaron sus impresiones. Evaristo, más adelante también jugador del Real Madrid, les regaló el titular con su respuesta: “No sé por qué me han traído. A lo mejor para barrer el vestuario…”

Al margen del fútbol, donde tuvo ocasión de celebrar dos títulos de Liga, otros dos de Copa, e igual número de trofeos en la recién constituida Copa de Ferias, precursora de la Copa de la UEFA, tuvo una existencia cuajada de sobresaltos económicos. Siempre aseveró que le engañaron al fichar, aceptando un contrato muy bajo para lo que entonces se abonaba. Que su primera ficha frisó las 250.000 ptas. por temporada, y las renovaciones no representaron una mejora real. Pero es que 250.000 ptas., mensualidades aparte, más lo que podía acumular en primas compitiendo en un club como el Barça, eran un dineral en 1956 ó 1957, cuando el salario mensual de muchos españoles frisaba las 3.000. El negocio hostelero a que se dedicara tras colgar las botas casi lo llevó a la ruina, y cuando merced a distintas ayudas parecía remontar el repecho, fatídicamente perdió la vida 23 días después se ser arrollado por un vehículo cerca de Calella, sin cumplir la cincuentena, mientras cambiaba una rueda pinchada de su coche, a pie de arcén.

Melanio Olmedo pudo haberse ahorrado el viaje, vistos los resultados, evitando de paso muchos dolores de cabeza a los funcionarios de la embajada española en Asunción. De España pasó al fútbol portugués, incluido un paseíto por Madeira. Y de vuelta a su país ejerció con éxito el cooperativismo, antes de hacer carrera política arrimado a un dictador golpista.

El defensa central Melanio Olmedo, a quien se otorgara la nacionalidad española sin ningún merecimiento, puesto que no llegaba ni a medianía, se fue por donde vino luego de disputar sólo 7 partidos como azulgrana durante dos temporadas, y recetársele una infructuosa cesión al Lérida, cuya camiseta únicamente defendió en 6 ocasiones. Igualmente, mientras preparaba su salida en busca de mejor suerte, estuvo reforzando al barcelonés C. D. Europa, sin lograr el ascenso a 2ª División, su gran objetivo. Pero la vida te da sorpresas, como cantara “El Gato” Pérez, y supo hacerse un hueco en la política, empezando desde abajo.

A finales de los años 50, el gobierno paraguayo decidió abrirse hacia áreas sin apenas explotar. Una de ellas, denominada Ciudad del Este, concentró a gran número de agricultores y ganaderos, cuya elección para salir adelante pese al escaso apoyo gubernamental, fue el cooperativismo. Y allí estuvo él, doblando el lomo, dirigiendo y coordinando labores, hasta dar cuerpo real a la Colonia Presidente Stroessner, rebautizada como Minga Guazú, expresión que traducida del guaraní sería algo así como “gran colaboración de todos”. Afiliado al Partido Colorado, constituido en derredor de Alfredo Stroessner, sería designado alcalde del núcleo que contribuyese a consolidar. Falleció con 80 años el 4 de febrero de 2012, como consecuencia de distintos problemas derivados de la diabetes que padeciera, sin acordarse siquiera que un día le regalaran la ciudadanía española, cuando debería haber ido a la cárcel por falsificación documental.

Arturo Bogossian, villano mayor en el reparto, continuó haciendo negocios con los clubes españoles, sin que sus antecedentes le pasaran factura en demasía. Y sobre todo continuó engañando a parte de los jugadores cuyos intereses decía representar. A Juan Ángel Romero Isasi, la segunda mejor zurda de nuestra Liga, después de la de Puskas, le hizo creer que su destino sería el Real Madrid, cuando lo tenía apalabrado con el Elche. Y otro tanto al recientemente desaparecido Jun Carlos Lezcano, asegurándole ingresar en el Valencia, por más que también lo facturara a Elche. A éste, además, consciente de su temperamento y propensión a llamar a cada cosa por su nombre, lo dejó tirado en el aeropuerto de Barajas, para no dar la cara. Cuando el muchacho llamó a la oficina del mercachifle, su secretaria le dijo que iba a jugar en una ciudad llena de palmeras, muy cerca de Benidorm, y hasta le dio instrucciones sobre dónde tomar el autobús de línea. Bogossian tan sólo hizo acto de presencia cuando, días después, el enojo del magnífico interior se diluyera un tanto.

En el ministerio de Exteriores aquel bochorno, con el Barcelona, Melanio Olmedo, Eulogio Martínez y el inefable Bogossian imponiéndose a la legalidad, sentó muy mal, y peor todavía entre el funcionariado de rango adscrito a la Oficina Consular, desde donde partieron quejas y advertencias a la Delegación Nacional de Deportes. Este órgano político, en manos de Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S., el partido único desde que concluyese la barbarie incivil, curándose en salud comenzó a barajar los posibles beneficios de reabrir el portillo importador. De ese modo no volverían a ser pillados en falso. El Barcelona, como saliera del trance sin magulladuras, iba a tardar poco en reincidir. Una cohorte de chamarileros seguía ofreciendo desde América productos “garantizados” y a muy buen precio, aunque al más significado entre todos, el armenio Bogossian, la directiva “culé” lo tuviese vetado durante el mandato de Agustín Montal junior, quizás temiendo que en adelante pudieran mirarle con lupa todos los papeles en los ministerios de Exteriores y Gobernación.

El gran tocomocho de los falsos oriundos calentaba motores, puesto que Melanio Olmedo y Eulogio Martínez apenas acababan de escribir las primeras líneas de un prólogo.         

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Publicado en: fútbol, Jugadores