Florencio Amarilla, un extremo de película

Internacional paraguayo en 31 ocasiones, mundialista en 1958, formando parte de una delantera que recaló completa en nuestro fútbol, Florencio Amarilla (Bogado 30-I-1935), podría ser definido como personaje de cuerpo entero, irrepetible y sin aristas.

Llegó al Oviedo junto a su compatriota Jorge Lino Romero en el verano de 1958. Por esa época el armenio Arturo Bogosian, todoterreno del fútbol sudamericano, comenzó a introducir en Europa a su buena cincuentena de pupilos, en su mayoría paraguayos. Algunos clubes, como el Elche, nunca podrán agradecerle lo suficiente tan buenos oficios. Porque de su mano llegaron junto al palmeral, Romero, Lezcano, Cayetano Ré, González o Casco, por no hacer interminable la cita. Unos venían con pasaporte extranjero, otros en condición más o menos dudosa de oriundos, la mayoría dispuestos a comerse el mundo y alguno, como Romero, el más contrastado de todos gracias a su envidiable currículum, absolutamente engañado, puesto que creyó hacer el viaje para suscribir la cartulina del Real Madrid.

En la capital asturiana, si bien no pudo convertirse indiscutible titular, Amarilla acreditó buenas maneras. Tampoco era malo aquel equipo carbayón. Con el guardameta portugués Carlos Gomes -dueño, por cierto, de una biografía digna del celuloide-, Marigil, Laurín o Delfín Álvarez taponando el área, Paquito y Sánchez Lage sentando cátedra en la zona ancha, y Hermes González, Sande, Luis Aragonés, Agustín, Iceta o Braga ejerciendo de estiletes, dio muchos sustos por casi todos los campos de nuestra geografía. Pero si al equipo le pintó bien, Amarilla tuvo manos suerte.

Lesionado en el tendón de Aquiles, debió sufragar de su propio bolsillo la intervención quirúrgica en Barcelona, puesto que la Mutualidad de Futbolistas dejaba bastante por desear en aquel entonces. Con la carta de libertad en el bolsillo hizo escala en Elche y Mallorca, rumbo a una sucesión de equipos menores hasta colgar las botas en 1972. Luego, como tantos otros, se hizo entrenador, pasando por el fútbol base del Almería, al tiempo que ejercía como ayudante del máximo responsable en el primer equipo. Roquetas, Almería, Mojácar, Vera, Garrucha y Polideportivo Ejido durante el tramo final de la campaña 1982-83 y el ejercicio 1984-85, todos ellos clubes almerienses, lo tuvieron posteriormente en sus banquillos. Y es que aunque su vida era y dependería siempre del fútbol, en el desierto almeriense había dado con otra actividad que, sin robarle demasiado tiempo, le llenaba la faltriquera: el cine. O mejor aún, los «Spaghetti Westerns».  

Durante aquel «boom» cuyas primeras gestas llevaron las firmas de Clint Eastwood y Sergio Leone, hizo de extra en un centenar de filmes y hasta alcanzó el rango de actor de reparto en 6 ocasiones, junto a Yul Brinner, Leonard Nimoy, Alain Delon, Toshiro Mifune, Richard Crenna, Charles Bronson o Ursula Andress. Su papel siempre era el mismo: jefe indio, porque su atezado rostro guaraní apenas si necesitaba maquillaje. Hablar no es que hablara mucho. Los indios del cine, ya se sabe, no suelen extenderse en discursos. Pero es que, además, cuando debía decir algo, parecía un apache, sioux o comanche auténtico, gracias su lengua guaraní, a la que siempre sacaba jugo.

Agazapado en el cine, embebido en el fútbol comarcal y contando a favor con su austera forma de entender la vida, se las arregló bien mientras Almería fue un Hollywood de serie B, C y hasta Z. Cuando la televisión, el vídeo y los nuevos hábitos derivados del progreso económico mordieron con saña a las salas de exhibición, todo aquel tinglado de cartón piedra y mecanotubo comenzó a oxidarse. Entonces fue una víctima más. Como los especialistas, ayudantes de rodaje, domadores, transferistas, maquilladores, sastres y técnicos de atrezzo, tuvo que buscarse la vida. Los especialistas, al menos, al igual que los expertos en doma, podían seguir arañando el duro exhibiéndose ante puñados de turistas. Un indio no. Cualquiera podía hacer de piel roja para las cámaras de cuantos se hospedaran en Aguadulce, Cerrillos, o el Cabo de Gata. Bastaba un especialista recién incorporado de su caída, el carpintero, o el más torpe pinche de cocina. Entonces Amarilla estuvo vendiendo zapatos y libros para salir adelante.

En 2006, a sus 71 años, ejercía de utillero en el Club Comarca de Níjar. Vivía, incluso, en las dependencias del viejo campo de San Isidro, pese a que la directiva le había propuesto montar una casa prefabricada. «Es de agradecer -dijo-, pero me gusta vivir libre, en pleno campo. Me levanto a las 07,30, ando, corro, hago unos toques, me tomo un matecito. Soy feliz así. Luego cuido el material del club y estoy a disposición del equipo para lo que sea».

Su bonhomía tuvo premio. Al presidente del Níjar, Francisco Montoya, se le llenaba la boca al asegurar: «Nunca vi a nadie que recibiera más cestas de Navidad». Y el propio Amarilla apuntalaba: «Dirigentes del Oviedo de aquella época siguen invitándome a acercarme por la ciudad. Me pagan el avión y una semana de hotel a cuerpo de rey. Allí me adoran».

Florencio Amarilla, a diferencia de su compañero de ala en la selección paraguaya Jorge Lino Romero, no quiso buscar los dólares del por entonces rico fútbol profesional colombiano. Prefirió quedarse para siempre entre nosotros, como extremo de película. Si no en el más laudatorio sentido figurado, con letra de medio cuerpo en varios títulos de crédito.

Filmografía de Florencio Amarilla

AÑO TÍTULO DIRECTOR REPARTO
1970 «El Cóndor» J. Guillermin J. Brown y Lee Van Cleef
1971 «El oro de nadie» S. Wanamaker Yul Brynner, R. Crenna y Leonard Nimoy
1972 «Chato el apache» Michael Winner Charles Bronson y Jack Palance
1972 «Sol rojo» T. Young Ursula Andress, Alain Delon, Toshiro Mifune y Charles Bronson
1973 «Caballos salvajes» J. Sturges Charles Bronson, Jill Ireland y V. Van Patten
1984 «Yellow Hair & Pekos Kid» Matt Cimber Laurence Landon y Ken Roberson

 

Trayectoria deportiva en España de Amarilla

Florencio Amarilla Lacasa
Bogado 3-I-1935
Paraguay A
Oviedo 58-59 17 3
Oviedo 59-60 5
Oviedo 60-61 11 1
Elche 61-62 2 1
Mallorca 62-63
Constancia 63-64    
Hospitalet 64-65 12 3
Abarán 65-66    
Manchego 66-67    
Almería 67-68    
Almería 68-69    
Adra 69-70    
Adra 70-71 R    
Almería 71-72 R    

 




El futbolista que iluminó Nueva York

La vida de Pedro Patricio Escobal (24-VIII-1903), durísimo defensa del Real Madrid en los años heroicos, daría de sobra para una gran producción de Hollywood.

Logroñés de nacimiento, cuando sus estudios universitarios en la capital de España se lo permitían, reforzaba la defensa del Club Deportivo Logroño (antecedente del ya extinto Club Deportivo Logroñés), alineándose junto a su cuñado, el más tarde célebre galeno Ramón Castroviejo Briones. Ambos, por ejemplo, formaron en el equipo que inauguraría el viejo campo de Las Gaunas.

Pero su verdadero equipo era el Real Madrid, cuya defensa apuntalaba a partir de 1919 sin perder comba en la Escuela Central de Ingenieros. Amigo personal de Santiago Bernabeu y capitán sobre el campo en varias ocasiones, su juego práctico, poco dado a las exquisiteces, le permitió engrosar la selección nacional presente en los VIII Juegos Olímpicos celebrados en París, durante mayo de 1924. Pese a componer con Quesada una buena línea, no llegó a debutar en aquella Olimpiada, puesto que Vallana y Pasarín constituían un serio obstáculo.

Ya entonces, su hiperactividad no quedaba satisfecha con la doble función de estudiante y jugador. Afiliado a Izquierda Socialista, partido de Azaña, se empeñó en crear el primer sindicato de futbolistas españoles. Aunque el intento resultara vano en 1928, convulsa época de pistolerismo, represalias, ruido de sables y dolorosa inseguridad, aún volvería a la carga entre 1935 y 1936, proclamada la República, cuando ya ni siquiera vestía de corto. Había abandonado la entidad merengue en 1927, para ingresar en el Racing madrileño, con cuyo elenco pudo disfrutar en 2ª División del advenimiento del Campeonato Nacional de Liga. Nuevamente en el Madrid, disputó 4 partidos de Liga le edición 1930-31 y colgó las botas en el Nacional.

Concluida la carrera universitaria, obtuvo plaza de ingeniero en el ayuntamiento logroñés. Poco pudo deleitarse con su nuevo estatus, porque en 1934, tras la revuelta socialista de Asturias, fue destituido sin formársele expediente. De regreso a Madrid, sus numerosos contactos le sirvieron para ingresar en una compañía privada hasta que en 1936, tras la victoria electoral del Frente Popular, pocos días antes de estallar el Movimiento, decidiera volver a la capital riojana con el propósito de recuperar su puesto en el Ayuntamiento. Estaba marcado por su militancia izquierdista y, consecuentemente, fue detenido el 22 de julio, para ser interrogado. El Cine Avenida y el frontón Beti-Jai, convertidos en improvisadas prisiones, fueron sus siguientes escalas junto al Ebro.

Desde 1935 arrastraba las consecuencias de una seria infección, traducidas en intermitentes molestias de espalda. Las pésimas condiciones de su cautiverio no hicieron sino agravar el problema y con su posterior traslado a la Escuela Industrial, aún empeoraron las cosas. Por fin, a mediados de julio de 1937, fue enviado al Hospital Provincial, diagnosticándosele un avanzado proceso de mal de Pott, especie de tuberculosis ósea, gracias a la cual acabaron conduciéndolo a Pedernales, Vizcaya, junto a la Ría de Guernica, actual reserva de la biosfera. Apenas pudo disfrutar de tan idílico paraje, puesto que permaneció año y medio inmovilizado en el lecho y algo más de un año en larguísimo proceso de recuperación. Tiempo de sobra para que su familia removiese influencias, no en vano había sido condenado a 30 años de cárcel y esquivado el fusilamiento hasta en 4 ocasiones.

Unos tíos de su esposa, Teresa Castroviejo, residentes en Buenos Aires, poseían en Logroño la casa que sirviera de alojamiento al alto mando italiano. Gracias a ello mantenían buenas relaciones con el ejército victorioso, especialmente con el general Gámbara, por cuya mediación lograron el sobreseimiento de la causa, condición imprescindible para una posterior salida de España. Así pudo partir, el 15 de junio de 1940, rumbo a Cuba y los Estados Unidos. Como tantos otros compatriotas, se fue prácticamente sin nada; con dos maletas, mucho miedo y el peso de los recuerdos. Costaba reconocer en aquel hombre acodado sobre la cubierta del «Magallanes», en el joven aprisionado bajó el corsé de celuloide que para moverse precisaba de un grueso bastón, el rostro demacrado del guapo madrileño a quien todos apodaban «Fakir». Ya no era el chuleta de los bailes elegantes, las francachelas y la aventura ruin, tirando a golfa. Poco tenía que ver con quien acabase en comisaría aquella noche, tras abofetear a una mujer casada con la que mantenía relaciones sentimentales, luego de oírla que únicamente se acostaba con él para averiguar a qué sabía un futbolista. La amargura suele volver humanos a los mejor plantados dioses del Olimpo, y a él le sobraban hiel y dolor.

En los Estados Unidos le esperaba su cuñado Ramón. Establecido inicialmente en Cleveland, Ohio, más tarde habría de reunirse con su hermano en Nueva York, donde durante 15 años trataría de sacar adelante sin mucho éxito un negocio propio. Cansado de tanta lucha estéril, se colocó en el bureau del Gas y Electricidad de New York, llegando a ingeniero jefe. Ostentaba ese cargo cuando se abordaron las obras para el alumbrado de Queens, el más extenso barrio de la emblemática ciudad, por lo que no resulta exagerado asegurar que llenó de luz la margen del East River, entre los límites de Brooklin, el Astoria Park, Little Neck y los cayos de Jamaica Bay. También, porque la vida tiene esas cosas, seguía siendo ingeniero jefe durante el célebre y nunca bien explicado apagón de los años 60.

Muchas de sus vicisitudes durante la Guerra Civil, que él vivió encerrado, quiso reflejarlas en un libro de memorias titulado «Las Sacas», publicado en Nueva York durante 1974, una vez fallecida su madre, que al no aclimatarse a la vida neoyorquina debió regresar a  Logroño. El miedo a las represalias, ese mal enemigo que tanto cuesta expulsar de las entrañas, le aconsejó no tentar a la suerte.

Patricio Escobal regresó a Logroño, de visita, en 1978, y aún volvió en 1982, con ocasión del Mundial de Fútbol disputado en nuestro suelo. Apenas si pudo reconocerse en la antigua capital, que ya había desbordado la calle Portales, el Espolón y la Gran Vía, extendiéndose hacia el vetusto Las Gaunas, escenario de sus primeras patadas. El viejo futbolista falleció en Nueva York, a los 99 años, hace ahora 7 inviernos, muy satisfecho de sí mismo. Su hijo Pedro Ramón, logroñés nacido en la calle Bretón de los Herreros, fue destacado ingeniero en la NASA, inventor de un sistema para calcular el amerizaje de las cápsulas espaciales con un margen de error próximo a los 500 metros. No jugó al fútbol, pero de casta le venía aportar luz a la ciencia.




El canario que aguó la presentación de Di Stéfano

Aunque fueron numerosos los futbolistas canarios que desde los años 20 engrosaron clubes peninsulares, no es menos cierto que el deporte isleño vivía una especie de independencia con relación al resto del país. La lejanía geográfica, los paupérrimos medios de transporte y el elevado coste económico que representaban los traslados entre la metrópoli y Las Palmas o Santa Cruz de Tenerife, aconsejaron la creación de una liga regional. Habría de esperarse hasta 1950 para que la recién nacida Unión Deportiva Las Palmas -por fusión de cuatro sociedades históricas-, ganase el derecho a participar en 2ª División. Consecuentemente, esa ausencia de clubes canarios en nuestras dos categorías profesionales, acabó pasando factura en forma de agudo desconocimiento mutuo. Un desconocimiento, por cierto, extensible a casi todos los ámbitos de la vida.

Dan fe de ello las descripciones que la popular novelista Anita Serrano Rodríguez hacía   sobre Gran Canaria en su novela «Herencia de amor», aparecida en agosto de 1954. Una muestra de su página 39 resultará suficiente:

«La hermosa finca de Las Morenas no sólo era una mansión de lujo y recreo, sino una propiedad productiva, donde, además de las cosechas de cereales y plátanos que, aprovechando el paso de un riachuelo que permitía con gran facilidad verificar los riegos, había mandado plantar don Alfonso, poseía extenso olivar, algo de monte y una bien poblada ganadería de vacas suizas, con modernísima instalación de maquinaria para la esterilización de la leche, que, después, era vendida en los mercados mundiales en botellas especiales».

Pasando de largo sobre tan pedestre construcción literaria, resulta obvio que la autora, con varios títulos más a su espalda, no había visto las Canarias ni en foto, y que para documentarse pudo haber manejado folletos turísticos de la Suiza grisona. Poco importaba, puesto que el español de la época apenas podía viajar. Bastante hacía sobreviviendo a una posguerra tan dura como interminable. Por todo ello, el archipiélago canario podía ser como la mente de cada cual quisiera proponerlo. Para Anita Serrano Rodríguez no sólo era una especie de Suiza cerealera y con olivos, sino tierra poblada de nigromantes, según relataba en la página 78 del mismo ejemplar.

 La realidad canaria a principios de los 50 del pasado siglo, empero, estaba harto alejada de la leche pasterizada. Por las dos capitales, conglomerado de coloristas construcciones bajas denominadas terreras, no resultaba raro ver la ronda del cabrero, ordeñando a sus animales ante la clientela,  en los mismísimos porches.

Bajo ese prisma ha de entenderse el testimonio del goleador amarillo Sinforiano Padrón. Corría el 28 de mayo de 1950 y la Unión Deportiva acudió a Murcia para disputar un decisivo choque de promoción a 2ª. Tan pronto se detuvo el autocar que los conducía desde el hotel a las inmediaciones del estadio, la muchedumbre arremolinada en derredor de las taquillas comenzó a gritar «¡Los canarios!. ¡Llegan los canarios!». Dubitativos, comenzaron a descender, sin descartar alguna posible agresión. Pero el comportamiento de los murcianos no podía ser más pacífico. En lugar de enojo, sus rostros reflejaban asombro e incredulidad. Por fin alguien tradujo en palabras la decepción general. «Pero, ¿cómo es posible?. Vienen de las Islas Canarias y son blancos. ¡Todos blancos!».

Entre los componentes de aquel equipo se hallaban Cástor Elzo, durante mucho tiempo el más viajero de la 1ª División, al haber militado en 7 clubes diferentes, y Tacoronte, cuyas andanzas requieren atención.

 Juan González Tacoronte (Las Palmas, 2 de junio de 1927), no sólo fue un delantero corpulento, luchador, bien dotado para el remate de cabeza y con aceptable dominio del balón, sino protagonista de algunas excelentes anécdotas.

Formado en un equipo playero llamado Ribalta, pasó a los clubes Gran Canaria y Victoria, con cuyo presidente, hombre convencido de poder traspasarlo al Barcelona no tardando mucho, pactó la ficha más alta satisfecha hasta entonces en la entidad. Gracias a esa ficha compraría una casa en el barrio de las Alcaravaneras, donde residió algún tiempo. La constitución de la Unión Deportiva Las Palmas le sorprendió probando en varios clubes peninsulares, sin que su fuerza y brega llegasen a convencer. Ya amarillo, rompió defensas contrarias hasta aupar a los recién nacidos a la máxima categoría. El 13 de octubre de 1952 era traspasado al Zaragoza, donde sin embargo no permanecería mucho tiempo. Su siguiente club fue el Nancy francés. No cabe decir que triunfara, puesto que en el campeonato galo redujo su habitual registro goleador hasta 3 tantos en 18 encuentros. Y sin embargo con aquella camiseta tocó el cielo, siquiera por una vez.

Fue cuando acudió con el Nancy al estadio Santiago Bernabeu, para disputar contra los merengues el partido donde presentaban al gran Alfredo Di Stéfano. Si todavía necesitaba consagrarse por nuestros pagos, aprovechó bien la oportunidad, puesto que los blancos salieron humillados con un contundente 1-4. Tacoronte firmó tres goles y anonadó de tal modo al graderío, que la crónica de «Marca» no se anduvo con rodeos: «Hemos venido a ver el debut de Alfredo Di Stéfano y lo que en realidad hemos visto es a un genial delantero centro canario llamado Tacoronte».

Tras aguar la fiesta blanca y sembrar dudas en torno el astro argentino, los cazatalentos comenzaron a merodear, para beneficio del club francés. Fue el Marqués de la Florida quien finalmente, con algo de anticipación y bastante dinero, pudo llevárselo al Atlético de Madrid. Ya no volvió a repetir tardes tan gloriosas. Iba bien de cabeza, se fajaba con los defensas, pero de ahí a brillar nuevamente con luz propia… Di Stéfano acaudillaba al mejor Real Madrid de la historia, cuajando como el mejor futbolista de la época, en tanto él menguaba, a medida que disminuían sus prestaciones físicas. Aún habría de cambiar la camiseta colchonera por el listado blanquinegro del Badajoz, en cuya ciudad contrajo matrimonio y puso fin a su andadura deportiva. Era aquel un equipo bautizado como «Los diez mantas y un brasero», aludiendo a la cortedad de su plantilla, en consonancia con la precariedad de medios económicos, la justita calidad media y el brillo de sus goles. Un equipo que mientras fue respetado por las lesiones ocupó puestos cabeceros de 2ª División, para sorpresa general.

De las anécdotas anteriormente aludidas, probablemente no haya otra como la fechada en Cartagena, durante y después del partido que supusiera el debut canario en 2ª División.

Fajador tenaz, conforme se ha dicho, padeció aquella tarde numerosas entradas de la defensa departamental sin que el árbitro, caserísimo, se diera por aludido. A medida que avanzaban las agujas del reloj y se endurecía el lance, iba agotándosele la paciencia. Tacoronte, al fin, hincado de rodillas y mirando al cielo con las manos unidas, lanzó todo tipo de maldiciones, juramentos e improperios. Concluido el encuentro con tanteo favorable a los debutantes por 2-4, se presentaron en la estación ferroviaria varios sacerdotes que preguntaban por su paradero. Ante la extrañeza de entrenador y directivos expedicionarios, fue persuadido a salir del tren. Entonces los sacerdotes corrieron para abrazarle efusivamente, alborozados. «¡Usted es un santo!», clamaban. «¡Un auténtico santo!». Futbolistas, directivos y demás viajeros, no salían de su perplejidad. Cuando Tacoronte pudo encontrar palabras entre tanta turbación, los curas se explicaron: «Creemos que a usted se le debe proclamar santo porque a pesar del castigo infligido por los contrarios, se puso de rodillas y rogó a Dios por esos jugadores que no sabían lo que hacían». Al arrancar el tren y con el grupo de sacerdotes despidiéndoles bajo la marquesina, el sorpresón se tradujo en chirigota, multiplicada aún en el hotel cuando el propio Tacoronte se hizo con la sotana del capellán canario Juan Nuez y, vistiéndola, inició un solemne paseo por el comedor, trazando la señal de la cruz.

Patético reflejo de aquellos años empapados en moralina, fervor amachimbrado y milagrería, sólo comprensible desde la perspectiva nacional-católica cuyo máximo exponente habría ser el Congreso Eucarístico barcelonés. Un Congreso, por cierto, que si el No-Do calificó ampulosamente como magno acontecimiento cristiano, para el vulgo habría de ser, no sin cierta carga irreverente, la «Olimpiada de la Hostia».

Tacoronte, el canario que aguara la presentación de «La Saeta Rubia», olorosa flor de un día, se establecido en la capital de España como topógrafo, tras colgar las botas. Falleció el 6 de agosto de 1994, sin olvidar nunca la primera plana del «Marca» y su inmensa sorpresa en la estación ferroviaria de Cartagena.




El récord de Torregrosa

José Torregrosa protagonizó una carrera deportiva plagada de éxitos. En su palmarés figuran un Campeonato de Liga, un Subcampeonato de la Copa de España, y siete Campeonatos Regionales (cinco de ellos con otros tantos clubes diferentes).

José Torregrosa Torregrosa nació en Alicante el 21 de diciembre de 1904. A los 15 años comenzó a jugar como extremo derecho en el Sporting, un equipo formado por los alumnos del Colegio Salesianos. En 1920 pasó a formar parte del Hércules, que en aquel momento era uno de los muchos clubes que existían en Alicante a la sombra del Natación, el gran equipo de la ciudad. En una ocasión se vio obligado a sustituir en la defensa a su compañero Vinata por indisposición de éste. Desde entonces Torregrosa ocuparía esta demarcación.

El Hércules derrotó por 6-0 al Bellas Artes en un partido amistoso disputado en los primeros meses del año 1921. Unos días después, Emilio Costa, presidente del Bellas Artes, convenció a seis jugadores herculanos, entre ellos Torregrosa, para que se incorporaran a su equipo. Costa tenía en mente un proyecto ambicioso para que el Bellas Artes se disputara con el Natación la supremacía del fútbol alicantino. De este modo en el verano de 1921 el Círculo de Bellas Artes inauguró un nuevo campo de fútbol «El Parque de Deportes». El 14 de septiembre el Bellas Artes, con Torregrosa en su alineación, demostró su potencial derrotando por 4-1 al Valencia.

elogios_de_ricardo_zamora_a_torregrosaEn la primavera de 1923 Ricardo Zamora fue contratado por el Natación para disputar dos partidos contra el Racing de Madrid los días 8 y 9 de abril. A su llegada a Alicante fue invitado a ver un partido del Bellas Artes. El portero catalán quedó gratamente sorprendido por la actuación de Torregrosa, hasta el punto de que al final del encuentro le propuso que se alineara en las filas del Natación. El 9 de abril de 1923, atendiendo a una petición expresa de Zamora, Torregrosa jugó por primera vez con el Natación. A partir de entonces se convirtió en titular indiscutible en la zaga de este equipo.

Ricardo Zamora, impresionado por las cualidades de Torregrosa, logró convencerle para que marchara a Barcelona a disputar dos partidos de prueba con el Español. La junta directiva del Natación se opuso. Finalmente Torregrosa viajó a Barcelona, pero no jugó por temor a sufrir una importante sanción. Pese a que no se alineó con el Español fue inhabilitado durante un mes.

A la edad de 18 años, José Torregrosa ya estaba considerado como uno de los mejores defensas levantinos. De este modo en el otoño de 1923 fue convocado por los técnicos de la Selección Levantina (que estaba formada por los mejores jugadores de los equipos de las provincias de Castellón, Valencia, Alicante, Murcia y Albacete) para participar en las eliminatorias del Campeonato de España. El 11 de noviembre de 1923 formó parte de la alineación que se enfrentó a la Selección Sur. La eliminatoria, que se disputó a partido único en Sevilla, se decantó del lado de los locales que vencieron por 3-2.

torregrosa_vestido_de_calleEl 10 de febrero de 1924 Torregrosa logró su primer título oficial al proclamarse campeón de Levante con el Natación tras derrotar en el partido decisivo al Gimnástico de Valencia por 2-1. La crónica publicada el 11 de febrero en El Mundo Deportivo indica que «Torregrosa y Samper fueron los héroes de su bando y a ellos debe en gran parte el Alicante el título de campeón levantino.» Gracias a esta victoria el Natación se clasificó para disputar el Campeonato de España, en el que fue eliminado en cuartos de final por el Real Madrid. En el partido de ida los madridistas se impusieron por 4-0. La crónica que aparece en El Mundo Deportivo refleja que los dos mejores jugadores del equipo alicantino fueron sus dos defensas, en especial, Torregrosa.

José Torregrosa militó en el Natación durante tres temporadas. En septiembre de 1926 la Federación Valenciana excluyó de la competición al equipo alicantino tras un asunto turbulento. A consecuencia de ello los jugadores del Natación se vieron obligados a fichar por otros clubes. Torregrosa se decantó por la oferta del Levante de Valencia, equipo en el que militaría durante dos campañas. En la temporada 1927/28 el Levante se proclamó campeón regional tras derrotar por 2-1 al Valencia en la final disputada el 22 de enero en el Campo de la Cruz El gran rendimiento del trío defensivo levantinista fue decisivo para que su guardameta, José María Cabo, fuera contratado por el Real Madrid al término de la temporada.

En septiembre de 1928 Torregrosa fichó por el Castellón. El defensa alicantino también logró el campeonato regional con este equipo. En el partido decisivo disputado el 11 de noviembre el Castellón derrotó por 3-0 al Levante (uno de los goles fue conseguido por el propio Torregrosa). En el Campeonato de España de ese año el Castellón completó una de las mejores participaciones de toda su historia, siendo eliminado en cuartos de final por el Athlétic de Bilbao por un resultado global de 4-3.

Curiosamente, por segundo año consecutivo, el Real Madrid fichó al portero del campeón regional de la Federación Valenciana (en este caso el guardameta del Castellón, José Ramón Nebot). Asimismo, el equipo madridista también contrató a Torregrosa. El futbolista alicantino permaneció en las filas del Real Madrid durante tres temporadas (1929/30, 1930/1931 y 1931/1932). Durante estas campañas logró varios éxitos:

  • El Campeonato de Liga en la temporada 1931/1932.
  • El subcampeonato de la Copa de España en la temporada 1929/30 tras perder en la final disputada el 1 de junio de 1930 en Montjuic ante el Athlétic de Bilbao por 3-2.
  • Tres Campeonatos Regionales.

En 1930 Torregrosa recibió una oferta del Español. El equipo catalán ofreció 25.000 pesetas al Real Madrid por el traspaso del jugador y 8.000 pesetas al propio futbolista por su firma. La operación no se materializó por el interés del Real Madrid en seguir contando con los servicios del defensa alicantino.torregrosa_con_la_camiseta_del_hercules

En el verano de 1932 Torregrosa dio por concluida su etapa en el Real Madrid. Tras estudiar varias ofertas decidió regresar a su ciudad natal para fichar por el Hércules. En la temporada 1932/1933 el equipo alicantino logró el primer éxito importante de su historia al proclamarse campeón de la Federación Murciana. De este modo, José Torregrosa logró su sexto campeonato regional consecutivo, el cuarto con un club diferente.

A partir de 1934 comenzó a ausentarse de los terrenos de juego por distintas lesiones. Estos contratiempos determinaron que abandonara la disciplina del Hércules. En 1935 fichó por el Elche, equipo en el que permaneció durante un breve periodo de tiempo. En noviembre de este año el equipo ilicitano, afectado por graves problemas económicos, concedió la baja a todos los profesionales del equipo. No han trascendido más datos del historial deportivo de Torregrosa. Se desconoce si tomó la decisión de abandonar la práctica del fútbol por voluntad propia, o si lo hizo por el estallido de la Guerra Civil.

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El 11 de abril de 1943 se organizó un partido de homenaje a Torregrosa que enfrentó al Hércules y al Real Madrid. La crónica que aparece en El Mundo Deportivo demuestra que, al margen de su calidad como futbolista, Torregrosa se ganó una gran simpatía por su extraordinario carisma. Según recoge la citada crónica el campo de Bardín registró una de las mejores entradas de su historia “para corresponder con su presencia cotizante al veteranísimo defensa que supo llevar en triunfo al fútbol alicantino por esas tierras de España, a lo largo de su dilatada vida de profesional en activo”. José Torregrosa, a sus 38 años, defendió por última vez la camiseta del Hércules durante 30 minutos.

José Torregrosa fue uno de los jugadores levantinos más emblemáticos de las décadas de 1920 y 1930. A mediados de los años 20 la prensa alicantina pidió insistentemente su presencia en la Selección Española. Sus defensores argumentaban que tenía calidad para defender la camiseta nacional, pero que los seleccionadores no le tenían en cuenta porque militaba en clubes adscritos a la Federación Levantina (Federación Valenciana a partir de 1924). A nivel personal, tuvo el mérito de engrandecer el palmarés de muchos equipos. Su record de ganar el campeonato regional con cinco equipos diferentes, es admirable, teniendo en cuenta que varios de los clubes en los que militó no partían como favoritos para ganar esta competición.

Historial Deportivo

Temporada Club
1919/1920 Sporting (Colegio Salesianos de Alicante)
1920/1921 Hércules de Alicante
1921/1922 Bellas Artes de Alicante
1922/1923 Bellas Artes de Alicante
1923/1924 Natación de Alicante
1924/1925 Natación de Alicante
1925/1926 Natación de Alicante
1926/1927 Levante de Valencia
1927/1928 Levante de Valencia
1928/1929 Club Deportivo Castellón
1929/1930 Real Madrid
1930/1931 Real Madrid
1931/1932 Real Madrid
1932/1933 Hércules de Alicante
1933/1934 Hércules de Alicante
1934/1935 Hércules de Alicante
1935 Elche

José Torregrosa fue jugador de la Selección Levantina en el año 1923

Palmarés

Un Campeonato Nacional de Liga con el Real Madrid en la temporada 1931/1932
Un Subcampeonato de Copa de España con el Real Madrid en la temporada 1929/1930
Siete Campeonatos Regionales (Natación de Alicante 1924, Levante 1928, Castellón 1929, Real Madrid 1930-1931-1932 y Hércules 1933)



Cocineros antes que frailes

De un tiempo a esta parte resulta habitual escuchar durante las retransmisiones futbolísticas comentarios muy duros dirigidos al árbitro de turno. Del «No sabe, no tiene ni idea», se llega incluso al: «Eso sólo puede pitarlo quien no ha jugado nunca al fútbol», o: «Si es que no entienden de qué va esto». Sirvan las siguientes líneas para bucear en el pasado, repasando una época en la que no pocos futbolistas llevaban el silbato a sus labios tras colgar los borceguíes.

Bien mirada, poco tiene de ilógica semejante transformación. Si un ex futbolista puede seguir conectado al mundo del cuero ejerciendo funciones de entrenador o directivo, ¿por qué no iba a ser árbitro?. Así pensaron unos cuantos antaño.

Por ejemplo Ezequiel Montero (Madrid 1893), campeón de Castilla como corredor pedestre y recordman durante 3 años. Jugó en el Cardenal Cisneros y Real Sociedad Gimnástica Española, antes de ser fundador del Racing madrileño, hace casi cien años. A partir de 1912 se dedicó al arbitraje, alcanzando la categoría internacional. Como por esos tiempos arcaicos las gentes del fútbol solían ser hombres orquesta, la temporada 1926-27 se convirtió en seleccionador nacional. Presidente del Colegio Madrileño de Árbitros a partir de 1934, aún compaginó tanta actividad con su trabajo de maestro escolar, la representación comercial de «Casa Espuñes», conocida peletería, y hasta el puesto de jefe de personal en sus talleres.

Más conocido resulta el defensa derecho Pedro Vallana (Algorta, Vizcaya 1897), campeón de Copa con el Arenas guechotarra en 1919 e internacional en 12 ocasiones. Un gol suyo en propia puerta eliminó a España de la VII Olimpiada, sin que el hecho tuviese la repercusión de otros fallos históricos de nuestro fútbol, como el de Cardeñosa ante Brasil, sin ir más lejos. El advenimiento del Campeonato Nacional de Liga se produjo cuando sumaba 31 años, edad casi provecta para los usos deportivos de la época, por lo que sólo disputó la 1ª edición. Tan pronto se hubo retirado ejerció el arbitraje, a la par que entregaba excelentes artículos al diario bilbaíno Excelsior, titulados «Desde la salsa». En ellos daba su particular visión desde dentro del terreno, como hace hoy Pedro Horrillo sobre las carreras ciclistas en las páginas de El País. Medalla al Mérito Deportivo y nacionalista vasco a ultranza, pese a ser hijo de italiano y suiza, fue firme impulsor de la gira propagandístico-deportiva del Euskadi, combinado de jugadores vascos durante la Guerra Civil española. Su protagonismo en aquella azarosa aventura fue acentuándose a medida que aumentaban las dificultades de toda índole, llegando a usurpar las funciones encomendadas al acaudalado naviero Manuel de la Sota. Como muchos de sus componentes, se exilió en América, aprovechando el paraguas tendido por su hermano, afincado para entonces en Venezuela.  

Rafael Mª Moreno Aranzadi, «Pichichi» (Bilbao 1892), mito no sólo del Athletic sino de todo el fútbol nacional, prototipo de goleador, también tenía previsto dedicarse al arbitraje cuando la muerte le sorprendió, emboscada en unas fiebres tifoideas. Hijo de Joaquín Moreno, alcalde de Bilbao en los primeros años del siglo XX y sobrino de Miguel de Unamuno, padre literario de la «Generación del 98», fue internacional en los 5 primeros partidos de nuestra selección durante la Olimpiada de Amberes, en 1920, a la que, por cierto, a punto estuvo de no ir.

Mal estudiante en los Escolapios, cuando inició la carrera de Derecho en la Universidad de Deusto no aprobó ni una asignatura. Su padre, entonces, tiró de influencias para colocarlo en el Ayuntamiento, desde donde pasó al despacho de la por entonces poderosa chatarrería Merodio. Ya en tiempos de amateurismo puro y profesionalismo encubierto, ser futbolista tenía sus ventajas, y «Pichichi» las aprovechó en 1919 para casarse con la sobrina de su patrón. Como entre boda y viaje de novios llevaba un mes sin entrenar, pensó no debía formar parte de la expedición olímpica. Con 27 años cumplidos parecía haber pasado el mejor momento, pero aún así su concurso se estimó tan imprescindible que el señor Argüello acabó introducirlo en el tren, rumbo a Amberes. El resto es bien sabido. Allí nacería «la furia», nombre con que aún se conoce a nuestra selección por casi toda América, Sabino pasó el balón a Belause para que arrollase a los suizos, «Pichichi» anotó un gol frente a Holanda y todos regresaron con la medalla de plata. Sin  embargo a partir de 1920 el público de San Mamés se revolvió contra su mito. Bastaba cualquier fallo para que estallasen los gritos de «¡Fuera, fuera!» y el menor síntoma de flaqueza dispara cánticos de «¡Viejo, estás acabado!». La injusticia siempre ha vivido enquistada en el fútbol. Sin embargo cuando expiró el 1 de marzo de 1922, tras cinco días de enfermedad, su sepelio constituyó una imponente manifestación de duelo, paralizando todo Bilbao.

Un busto de Quintín de la Torre honra su memoria en San Mamés desde diciembre de 1926 y aún hoy, cuando los equipos visitan por primera vez «La catedral», mantienen viva una tradición de 80 años, depositando su ofrenda floral. A partir de 1953, un trofeo con su nombre instituido por los diarios Arriba y Marca, premia al máximo goleador del Campeonato Nacional de Liga.

Quien sí pudo ser árbitro a partir de 1935 fue el medio centro Manuel Ocaña (Sevilla 1901). Formado en el club hispalense, saltó al Betis para la temporada 1919-20, tras un enfrentamiento con el directivo blanco Francisco Alba. Cuando las aguas volvieron a su cauce regresó a la entidad sevillista, para colgar las botas recién iniciado el Campeonato Nacional de Liga, en el que por razones de edad no llegó a debutar, siquiera. Como el gusanillo parecía tirarle aún, se dejó convencer para vestir de corto otra vez la temporada 1932-33, en el Racing Cordobés. Luego ejercería de árbitro hasta 1942, mientras trabajaba en la fábrica cervecera Cruz Campo, y andado el tiempo llegaría a presidente del Colegio Andaluz de Árbitros.

Se le anticipó un poco en tareas arbitrales el guardameta Joaquín Pascual (Madrid 1900), con militancia en el Cardenal Cisneros, Racing de Madrid entre 1915 y 1921, Barcelona hasta 1924 y Tenerife la temporada 1924-25. A partir esa campaña ejerció no sólo como entrenador, sino también de árbitro. Por si algo le faltaba, acabó presidiendo la Federación Canaria de Fútbol.

El primer «Pichichi» de nuestra Liga, Paco Bienzobas (San Sebastián 1909), también quiso saber qué se sentía arbitrando. Internacional en 2 ocasiones y autor del primer gol de la Real Sociedad en el Campeonato liguero, tuvo igualmente el honor de inscribir su apellido con letras de oro en la historia de Osasuna, al marcar el primer tanto rojillo en la máxima categoría (temporada 1935-36). Extremo con mucha facilidad rematadora, afirmaba haber fallado un solo penalti durante toda su carrera, entre 75 lanzamientos. En diciembre de 1935, con 26 años largos, aprobó unas posiciones para guardia municipal de San Sebastián, pese a lo cual continuó jugando en Osasuna. Al concluir esa temporada, la Guerra Civil echó a pique su puesto de trabajo, por lo que en 1940, mientras seguía corriendo la banda de Atocha, rescatada del armario la camiseta donostiarra, ejercía como empleado en la fábrica de tabacos de esa capital. Retirado en 1942, para el año siguiente actuaba ya como juez de línea y árbitro, alcanzando como tal la 1ª División en 1947-48.

Francisco Clemente González, para el fútbol «Telete» (Deusto, Vizcaya, 1905), llenó toda una época en la Gimnástica de Torrelavega (1924 a 1930) y Racing de Santander (1930 hasta 1941, con breve paso por Murcia la temporada 1934-35), fue pretendido por el At Madrid y el Athletic bilbaíno y no llegó a debutar como internacional en 1927 frente a Suiza, en Santander, porque el guardameta Ricardo Zamora, que era quien confeccionaba las alineaciones, según su propio testimonio, prefirió aquella tarde a Galatas. Conocido por su pequeña estatura como «El Ardilla», tras colgar las botas estuvo entrenando a infantiles, al tiempo que actuaba como árbitro y juez de línea en 1ª División, sin descuidar su trabajo en la Sociedad Española de Oxígeno, radicada en Santander.

Menos renombre futbolístico alcanzó el sevillano Manuel Ruiz, a quien en su barrio de Macarena conocían por «El Calentero», al trabajar en un puesto de «calentitos», denominación otorgada a los churros en la ciudad de La Giralda. En su caso, tras buscar el gol con las camisetas del Calavera, Betis y Olímpica Jiennense, descolgó el silbato.

El defensa José González Echeverría, más conocido por «Terrible» durante su militancia en el Vasconia de San Sebastián y Osasuna (1939-41), por su particular modo de concebir la tarea destructora, llegó a conquistar la escarapela internacional como árbitro. Ello no le impidió protagonizar algún hecho por demás pintoresco, mientras hacía méritos camino de la 1ª División, según recuerdan todavía por Rentería algunos viejos aficionados. Y es que terrible resultó su arbitraje, saldado con 5 expulsiones del Touring, 2 del C.E.S. y un tanteo favorable a los visitantes por 0-2. Tanto escoció su arbitraje que por Rentería se repartieron pasquines con los siguientes ripios:

El Colegio de Árbitros Guipuzcoano

tiene en su seno a una calamidad

dicen que Terrible tiene de apodo y claro que es terrible de verdad.

¡Qué vergüenza y qué rabia nos da

que mantenga la Federación

colegiados tunantes como ése, por eso el Touring tuvo su sanción!.

Lo que no pudo el Beasáin en Sempere

y menos el Añorga en Michelín

lo pudo el señor Terrible en Larzábal

Pero sin duda el más pintoresco de los futbolistas árbitros habrá sido el también defensa a la antigua usanza, de patadón sin contemplaciones, Antonio Navarro Cardoso (Cádiz 1924). Tras pasar por el club de su localidad natal, San Fernando, Xerez, Mallorca y Gimnástico de Tarragona, se afincó en la capital mediterránea con su retirada en 1955, convertido en árbitro de categoría Regional y guitarrista en cuadros flamencos.

El más famoso, sin duda, fue José Plaza (Salamanca 1919). Y no por sus actuaciones en el Pardiñas, Imperio de Madrid (1943 hasta 1946) o Plus Ultra (1946-47), sino porque tras iniciarse como hombre de negro la temporada 1948-49 alcanzó la 1ª División en 1958, el internacionalato en 1964, dos años antes de su retirada, y la presidencia del Comité de Árbitros en 1968, ocupando la FEF el también antiguo futbolista José Luis Costa. En 1970 presentó su dimisión como protesta por el linchamiento moral de que fuese objeto el guipuzcoano Guruceta, luego de su famoso penalti contra el Barcelona en el Camp Nou, y al llegar a la poltrona federativa Pablo Porta volvió a presidir el Comité. En él se mantuvo, con el apoyo arbitral y contra viento y marea, pese a los furibundos ataques lanzados por quienes veían en sus modos un estilo muy alejado de la ortodoxia democrática, hasta dimitir el 6 de mayo de 1990. Por cierto que era hermano del editor Germán Plaza, creador de Clíper, sello mítico de la literatura popular española, y artífice indiscutible de las ediciones de bolsillo en España, bajo el anagrama Plaza-Janés

El extremeño Antonio Camacho, guardameta del Cacereño y Xerez, en 2ª División, tuvo luces al convertirse en árbitro, puesto que llegó a internacional, y sombras muy densas, al ser descalificado de mala manera. Entre medias, el Xerez le hizo entrega de su insignia de oro, luego de conocer que bajo la camiseta arbitral acostumbraba a llevar una del Xerez Deportivo, en recuerdo de su paso por el club.

El escándalo de su inhabilitación tuvo lugar en 1976, tras destaparse un sonoro alboroto con la supuesta compra de varios partidos. Se dijo entonces que nunca hubo pruebas concluyentes, pero basándose en indicios, sospechas más o menos fundadas y testimonios relativamente fiables, purgaron Antonio Camacho y Antonio Rigo, ambos de 1ª División, y los colegiados de 2ª Pérez Quintas, Pascual Tejerina y Olasagasti. Los sobornos a que pudieron haberse avenido nada tenían que ver con mafias pronosticadoras, como ocurriría tiempo después en Italia o Alemania, sino con las necesidades perentorias de varios clubes. Sus secuelas, además, se hicieron sentir durante algún tiempo. En el pleno federativo de aquel año no faltaron presidentes dispuestos a seguir destapando inmundicia, cayera quien cayese. Sólo el señor Eguidazu, mandatario del Athletic, acertó a entonar una nota de cordura entre la cacofonía del hotel Meliá Madrid, afirmando sin tapujos: «Señores, cuando hay alguien que se vende siempre hay alguien que compra». Los propios árbitros, muy divididos, pues no en vano el principal acusador de Camacho había sido su compañero Medina Iglesias, acabaron formando una piña en torno a su presidente Plaza, como caravana de colonos ante el ataque sioux. Y por supuesto, nadie tiró de ninguna manta.

El último árbitro de elite con antecedentes de corto, excepción hecha del salmantino Ramos Marcos, quien no superó como futbolista la categoría Regional, fue el gijonés José Antonio Balsa Ron, guardameta en su tierra y en el Palencia desde 1959 hasta 1962 y nuevamente la temporada 1963-64. Y si bajo el marco no pudo dar el salto a 2ª División, como árbitro habría de llegar a la cúspide.

Hoy, habida cuenta de la enorme competencia existente en todos los ámbitos, incluido el mundo arbitral, y ante el hecho de que no puedan solaparse las licencias de futbolista y árbitro, es prácticamente imposible que un jugador, tras colgar las botas, pueda llegar muy lejos en su carrera de colegiado. Juega muy en su contra el establecimiento de una edad reglamentaria para la retirada y son demasiados los peldaños a escalar en tan breve tiempo. Pero llegados a este punto cabe preguntarse en qué benefició a los reseñados haber sido cocineros, antes que frailes. Pedro Escartín, Juan Gardeazábal, Ortiz de Mendíbil o Urízar Azpitarte, por reseñar algunos grandes de distintas épocas, jamás pasaron por la cocina. Y ello no fue óbice para convertirse en reputados árbitros. 




Estadísticas con historia: Pedro Bazán

Pedro Bazán Romero (La Algaba, Sevilla, 26-03-1925) llegó al CD Málaga en la temporada 1946-47 procedente de la Olímpica Jiennense de Tercera División. Aquella temporada el CD Málaga estaba marcado por una total irregularidad que le alejaba de los puestos de ascenso. Precisamente, al comenzar la segunda vuelta se introdujeron varias incorporaciones en el equipo. Entre ellas figuraba un joven interior derecha que estaba destacando en Jaén.

De estatura más bien pequeña, Bazán se caracterizó por ser un interior rápido, con un potente disparo desde fuera del área, así como una llegada muy efectiva en las jugadas de ataque. La mayoría de sus goles se marcaron desde media distancia. La mayoría de las veces era el encargado de lanzar los penaltys, aunque dejó de hacerlo tras fallar en una ocasión. Como buen goleador, también fue un buen oportunista dentro del área e incluso llegó a obtener algunos buenos remates con la cabeza.

Pedro Bazán debutó con el CD Málaga el 29 de diciembre de 1946 en La Rosaleda ante  el Real Zaragoza con un 0-0 que no alteraba la discreta marcha del equipo. Los malagueños clasificaban en décima posición, mientras que el Real Zaragoza estaba a tres puestos por detrás, es decir, penúltimos, pues aquel año la Segunda División constaba de un grupo único de 14 equipos.

En su primer partido ya destacó por su constante búsqueda de gol. Desplazó de la titularidad a Teo, en una tarde en la que el conjunto malagueño había cambiado a cuatro de sus cinco hombres de  ataque. Jugaron: Comas; Jimeno, Rafa; Paquirrini, Tellado, Lezama; Clemente, Bazán, Roldán, Ubis y Emilio.

Una jornada más tarde Bazán marcó su primer gol oficial con el CD Málaga. Un gol importante porque supuso la victoria 1-2, la primera a domicilio en la temporada, el 5 de enero de 1947 en El Collao, terreno del CD Alcoyano. Y, a su vez, a la semana siguiente, se estrenó ante su público, marcando un buen gol ante la Real Sociedad. El CD Málaga, al finalizar el campeonato se clasificó en novena posición.

La temporada 1947/48 era afrontada por el CD Málaga con ilusión y aspiraciones a las plazas de ascenso. Se mantenía el grupo único con 14 participantes, lo que daba buena idea de lo fuerte y duro que iba a ser el campeonato.

Y así fue. Al término de la primera vuelta cinco equipos pugnaban por las dos plazas de ascenso, los cuatro primeros separados por tan sólo dos puntos, mientras que el Club Ferrol, a cuatro del líder, el Real Valladolid, estaba un poco más descolgado. El CD Málaga iba el segundo con un punto por debajo del primero y uno por delante de RC Deportivo y del Hércules CF empatados en tercera posición.

Precisamente la segunda vuelta se abría con dos enfrentamiento entre rivales directos: Real Valladolid-Club Ferrol y CD Málaga-Hércules CF. Mientras que en el primer partido el favorito era el Real Valladolid, en el segundo no estaba tan claro, si bien, el CD Málaga tenía mayor necesidad de victoria. El choque entre ambos conjuntos en la primera vuelta se había saldado con un rotundo 3-0 a favor de los alicantinos, lo que les permitía tener el empate como un resultado aceptable.

Nadie podía suponer que esa tarde iba a ser histórica para el fútbol español. El CD Málaga derrotó al Hércules CF por 9-2 y hubo un protagonista destacado.

BAZÁN

BAZÁN

 

El 4 de enero de 1948, con La Rosaleda llena totalmente y a las órdenes de Mazagatos formaron los dos equipos:

CD Málaga: Comas; Jimeno, Maciá; Laborda, Sagrado, Lezama; Azcúe, Bazán, Roldán, Teo y Emilio.

Hércules CF: Cosme; Soto, Llorca; Ernesto, Robles, Carreño; Mena, Pina, Calsita, Montagut y Ruiz.

Los goles:

1-0 (9′) Un pase de Roldán a Emilio, con cento de éste, permite a Bazán rapidísimo inaugurar el marcador.

2-0 (13′) Centro de Azcúe y remate de Bazán.

3-0 (48′) Corner. El balón llega a Roldán y éste, templado, pasa a Bazán, quien a placer aumenta la diferencia en el marcador.

4-0 (51′) Sagrado pasa a Azcúe, éste corre bien la línea, centra y Bazán, de otro gran chut, marca el cuarto tanto.

4-1 (54′) Barullo ante la meta malagueña y Pina aprovecha para marcar el primer gol de los alicantinos.

5-1 (64′) Tras una falta contra el Hércules, Teo recoge el balón, pasa a Bazán y éste de un gran tiro consigue el quinto gol.

6-1 (69′) Emilio se interna, cruza a Roldán quien a su vez pasa a Bazán y éste, de nuevo clava el balón en la red visitante.

7-1 (75′) Bazán lanza un penalty de forma potentísima y aunque el portero roza la pelota, ésta llega hasta la red.

8-1 (79′) Tras una gran jugada malagueña, centra Emilio y Bazán se hace con la pelota, avanza muy veloz y y marca el octavo tanto.

8-2 (81′) Un ataque de la delantera herculana trae el peligro sobre la puerta local en la que Lezama, por querer enviar el balón a corner lo mete en su puerta.

9-2 (83′) Avance del Málaga, Bazán recibe la pelota, avanza y de tiro cruzado bate por novena vez la portería herculana.

Cuentan las crónicas que el Hércules se resintió por la lesión de su delantero centro, Calsita, en un encontronazo con el defensa Jimeno a los dos mintuos. Aunque regresó al terreno a los diez minutos ya no participó en el juego de su equipo. Con todo, también se resalta la capacidad de lucha de los alicantinos que dieron la cara a lo largo de los 90 minutos. Como suele ser usual en estos casos, el mejor hombre del equipo visitante fue el guardameta, que pese a los goles recibidos, hizo meritorias paradas.

Del CD Málaga se destaca el juego arrollador que elevó el marcador a un tanteo escandaloso. De Bazán, al que el público ovacionó tras su octavo gol con un flamear de pañuelos que coloreó toda La Rosaleda, la crónica de Marca dice que tuvo en sus pies una verdadera ametralladora frente a la puerta visitante.

El propio diario Marca en su número del 8 de enero de 1948 insertó este comentario

titulo1titulo2Ha bastado un solo encuentro para que un jugador, hasta ahora poco menos que desconocido del gran público futbolístico, adquiera una enorme popularidad en toda España. Bazán, el interior derecho del Málaga, es ese jugador, al que ahora elogiarán algunos, acaso con exceso, en tanto que otros negarán la extraordinaria valía del pequeño delantero andaluz. Se le discutirá, en una palabra, lo que supone que le serán abiertas las puertas de la fama.Ciertamente, hay que reconocer que la hazaña del interior del Málaga no es cosa corriente. Tanto, que creemos no ha habido, en toda la historia del fútbol español, un caso semejante. No recordamos a jugador alguno que en un solo partido de torneo nacional se haya apuntado éxito igual.Hace uns meses, en partido de cuartos de final de la Copa, el Atlético de Bilbao conseguía nada menos que doce goles frente al Celta1. Y Gaínza, el extremo izquierdo de nuestra selección marcaba ocho de los doce. Se comentó elogiosamente lo que suponía un récord nacional, y se aseguró que pasaría mucho tiempo hasta que pudiera ser mejorada la marca.Bazán ha conseguido lo que parecía poco menos que imposible. Nueve goles ya supone mucho en el haber de un solo jugador; pero es más importante el número si se tiene en cuenta que Bazán marcó todos los goles de su equipo en el partido, lo que da mayor importancia al hecho.

Ya había clubs de Primera División que a principios de la temporada ofrecieron al sevillano -Bazán es paisano del Algabeño, y fue al Málaga hace poco más de un año procedente de la Olímpica Jiennense, adonde había ido después de actuar en el Cádiz-.

Ahora serán muchos más los que busquen la ficha del jugador, que naturalmente, se hará rogar antes de decidirse a firmar un nuevo contrato.

Mientras tanto el Málaga, que es en la actualidad el equipo que ha marcado más goles en la temporada, seguirá su marcha en el torneo de Liga, confiando en que tiene en su línea de ataque al máximo goleador de España. Al que, por otra parte, no le será fácil repetir tardes semejantes a la que comentamos, pues es de suponer que los defensas contrarios procurarán impedir que el interior de La Rosaleda encuentre ocasión de tirar a la puerta. Claro está que esto dará, en cambio, mayores oportunidades a sus compañeros de línea. Y, al fin y al cabo, el equipo no perderá nada con ello. Ni Bazán tampoco, pues ya ha logrado con esa monumental goleada la máxima popularidad y la seguridad de un excelente contrato.

1Se refiere al Atlético Bilbao-RC Celta 12-1 ida de cuartos de final del Campeonato de España – Copa del Generalísimo, disputado en San Mamés el 18 de mayo de 1947. Según la prensa nacional y la agencia de noticias Agustín Gaínza anotó ocho goles, pero la prensa regional le adjudica siete.

bazan2

Finalmente, el CD Málaga acabó clasificado en cuarta posición, puesto que no satisfizo a las aspiraciones del equipo.

Aunque sus nueve goles en un partido supuso su récord, no fue la única vez que Bazán marcaba una serie importante de goles en un partido. Esa misma temporada 1947/48 le había hecho 5 goles al CF Badalona, cifra que repitió años más tarde ante el CD Cartagena. También logró cuatro goles en un mismo partido dos veces más.

En Primera División, sin embargo, su cifra más alta no pasó de tres goles. La primera vez también fue una tarde memorable para su equipo, el CD Málaga, que venció por 6-0 al Real Madrid el 15 de marzo de 1953. Bazán consiguió sus tres goles en 11 minutos, los que van del 11′ al 22′ de la primera parte. La segunda, ya con el RC Deportivo, supuso su contribución al 4-0 que los coruñeses alcanzaron ante la Real Sociedad el 14 de cotubre de 1956.

Precisamente en Atocha, en la segunda vuelta de esa temporada, Bazán disputó su último partido de Liga, el 3 de febrero de 1957.

Pese a desarrollar su vida profesional sin entrar en las plantillas de los grandes, su capacidad goleadora le convirtió en una especie de mito. De hecho, Bazán disputó un partido con la selección española B -el primero de la historia que la Federación Española concertaba de dicha categoría-, pese a estar jugando en Segunda División, compartiendo delantera con los impresionantes Basora, Pahíño, Igoa y Escudero.

La Coruña, Riazor, 20 de marzo de 1949España B, 5; Portugal B, 2España B (camiseta blanca, pantalón negro): Velasco; Casas, Curta (capitán), Gabriel Alonso; Ontoria, Mújica; Basora, Bazán, Pahíño, Igoa, Escudero (Muñoz 46′) <Seleccionador: Ricardo Zamora>.Portugal B (camiseta roja, pantalón azul): Capela (Sebastiao 70′); Figueiredo, Marques (capitán), Alberto; Rebelo (Serafim 46′), Nunes (Alfredo 46′); Lourenço, Vieira, Patalino, Calado, Bentes <Seleccionador: Augusto Silva>.Árbitro: L. Boes (Francia).Goles: 1-0 (7′) Ontoria. 1-1 (11′) Caiado. 2-1 (15′) Igoa. 3-1 (35′) Bazán. 4-1 (43′) Escudero. 5-1 (60′) Igoa de penalty. 5-2 (84′) Bentes.

Aquel día Bazán marcó un gol y pudo conseguir otro, pues fue el encargado de intentar transformar un penalty. Sobre el cuarto de hora de la segunda parte el árbitro sancionó con penalty una acción de la defensa portuguesa. Tras las protestas lusitanas, Bazán lanzó el balón alto, pero el árbitro ordenó la repetición pues el portero visitante se había adelantado antes del disparo. Se organizó un tumulto de protestas de nuevo y tras cinco minutos de interrupción se pudo repetir el lanzamiento. Esta vez fue Igoa el encargado de hacerlo y de transformarlo.

Sus números en la Liga española.

Club temp. Cat J G
Sevilla CF   am    
Sparta Sevilla   am    
Hércules de Cádiz 43-44    
SO Olímpica Jiennense 44-45    
SO Olímpica Jiennense 45-46    
SO Olímpica Jiennense 46-47    
CD Málaga 46-47 12 6
CD Málaga 47-48 26 29
CD Málaga 48-49 25 26
CD Málaga 49-50 16 6
CD Málaga 50-51 28 14
CD Málaga 51-52 27 26
CD Málaga 52-53 26 11
CD Málaga 53-54 27 16
RC Deportivo de La Coruña 54-55 27 13
RC Deportivo de La Coruña 55-56 15 10
RC Deportivo de La Coruña 56-57 8 5



Baremación de jugadores

quiniCon la finalidad de que aún sea más atractiva la Competición del Campeonato Nacional de Liga de Fútbol en 1ª y 2ª Divisiones, he conseguido elaborar una baremación de todos los jugadores que han intervenido en la Liga en ambas Divisiones, otorgando unas puntuaciones, teniendo en cuenta las jornadas que han sido titulares y los goles que han anotado de penalti o de jugada o bien encajado en propia puerta, en cada temporada. Actualmente dispongo de todas las puntuaciones de los jugadores de 1ª División, desde el inicio de la competición liguera, la temporada 28-29, y en avanzado estado de recopilación, las puntuaciones de los jugadores de 2ª División desde la temporada 68-69, que había un solo Grupo. Constituyen datos de mas de  10000 jugadores, en los que reflejo en su mayoría, además de su nombre y apellidos, lugar y fecha de nacimientos, trayectoria, temporadas que han sido titulares en el equipo (los 11 incluido el portero que más jornadas han disputado en la temporada), relaciones familiares de hermanos y de padres e hijos, así como los goles anotados y encajados.

Las puntuaciones que otorgo se basan en las siguientes consideraciones:

198 puntos por Equipo y Temporada en 1ª División, situándonos en la temporada 2008-09 se disputaron 38 jornadas que multiplicado por los 11 jugadores titulares suman 418 titulares por equipo, los 198 puntos divididos por 418 hacen un cociente de 0’47368 punto  que por exceso serían 0.474 punto, que son los que corresponde a cada jornada de titular. Así, si un jugador ha disputado 18 jornadas de titular su puntuación sería el resultado de multiplicar 0’47368 por 18 que constituirían 8’526 puntos en la temporada.

132 puntos por Equipo y Temporada en 2ª División, situándonos en la temporada 1995-96 en la que había 20 equipos, se disputaron 38 jornadas que multiplicado por los 11 jugadores titulares suman 418, los 132 puntos divididos por 418 hacen un cociente de 0’31578 punto que por exceso serían 0’316 punto, que son los que corresponden a cada jornada de titular. Así, si un jugador ha disputado 23 jornadas de titular su puntuación sería el resultado de multiplicar 0’31578 por 23 que constituirían 7’263 puntos en la temporada.

En las puntuaciones descritas anteriomente estriba la equiparidad que pretendo conceder a las puntuaciones de los jugadores, pues en las primeras temporadas había 10 equipos para ir aumentando a 12, 14, 16, 18 hasta los actuales 20 equipos que comprendió el Campeonato Nacional de Liga en 1ª División a partir de la temporada 1987-88, con el inciso de los 22 equipos de las temporadas 1995-96 y 1996-97.

1 punto y 0.65 punto por gol anotado en 1ª  y 2ª Divisiones respectivamente, que no sea de penalti, concedo más valor a los goles elaborados de jugada o de falta, es obvio que no existe equidad con la anotación de los goles en los jugadores, pues la mayoría de las veces los jugadores especialistas o los goleadores de los equipos son los encargados de materializar en gol los penaltis de los equipos, significando un gol más para el jugador y que a mi entender supone menos mérito con respecto al gol anotado en jugada o falta.

0.60 punto y 0.40 punto por gol anotado en 1ª y 2ª Divisiones de penalti. Le otorgo el 60% del gol anotado en jugada o falta, valoro la frialdad, la concentración, el toque y en la mayoría de las veces el acierto del que anota un gol de penalti. Hugo Sánchez, Penev y Koeman han sido unos consumados especialistas en los lanzamientos de penalti.

Y por último deduzco 0.40 punto y 0.25 punto por gol encajado en propia puerta en 1ª y 2ª Divisiones respectivamente. La mala fortuna del jugador penaliza a su propio equipo con un gol, por fallo en el despeje, rebote o cualquier infortunio imprevisto. A título significativo expreso como ejemplo al líder de la clasificación, Enrique Castro González «Quini» que en la jornada del día 25 de noviembre de 1979 correspondiente a la temporada 1979-80, en partido disputado en el Molinón frente al Real Madrid, encajó un gol al intentar despejar un balón que provenía de un lanzamiento de esquina y que anteriormente el jugador del Real Madrid García Hernández cabeceó en el primer palo en el minuto 31, significando el empate a 1 entre el Sporting de Gijón y el Real Madrid. La anécdota curiosa es que hubiese supuesto el título de Liga de la temporada 1979-80 para la Real Sociedad , si no hubiese encajado este gol fatídico el Sporting de Gijón, habrían quedado empatados a 52 puntos el Real Madrid y la Real Sociedad, pero por el cómputo particular de goles favorable a los donostierras, éstos hubiesen sido campeones de Liga en esta temporada.

Aparecen en los primeros puestos jugadores contrastados que han sido figuras indiscutibles en sus equipos y en la Selección Nacional, goleadores que en el Fútbol constituyen  «la salsa», el ingrediente que nos anima e incita a seguir disfrutando o sufriendo. Los jugadores que juegan en demarcaciones de porteros y defensas, generalmente tienen una vida deportiva más larga, es más fácil la contención que la creación y algunos jugadores con el devenir de las temporadas suelen modificar sus posiciones para jugar en puestos más retrasados, si no aparecen las temidas lesiones.

Teniendo en cuenta estas puntuaciones los jugadores que figuran en las treinta primeras posiciones incluida la temporada 2008-09, son los siguientes:

1.- Quini 11.- Gorostiza 21.- Mundo
2.- Raúl 12.- Gainza Ag. 22.- Butragueño
3.- César Rodríguez 13.- Pirri 23.- Herrerita
4.- Di Stéfano 14.- Hugo Sánchez 24.- Ansola Fdo.
5.- Zarra 15.- Epi 25.- Escudero
6.- Arza 16.- Bakero 26.- Adelardo
7.- Gento 17.- Hierro Fdo. 27.- Buyo
8.- Santillana 18.- Luis Aragonés 28.- Joaquín Alonso
9.- Pahiño 19.- Panizo 29.- Iriondo
10.- Roberto Fernández 20.- Amancio 30.- Loren Juarros

De los jugadores en activo de la temporada 2008-09 destacar a los siguientes con el número de posición que ocupan en la clasificación general.

2.- Raúl, 34.- Víctor Fernández, 51 Tamudo, 53 Eto’o, 67 Joseba Etxeberria, 97 David Villa, 156.- Moisés García, 187 Sergio González, 194 Salva Ballesta, 199 Rubén Baraja, 216 Gerardo García, 218 Quique Martín, 222 Morientes, 258 Munitis, 259 Casquero.

Si en el Baloncesto, Tenis y otros deportes aparecen estadísticas de los jugadores, en cuanto a canastas anotadas, rebotes, asistencias, personales,  tiros libres, etc., bien definidos, confiemos también en el Fútbol que acapara más espectadores,  resulte interesante incluir otros aspectos estadísticos que pretendan hacerlo más apasionante, para el aficionado y sobre todo para el propio jugador como elemento de estímulo y competencia.