¿Seguro que ningún español ha sido campeón del mundo de fútbol?

En plena disputa del Mundial de Fútbol en Sudáfrica, las noticias del mismo colapsan la red y se repasa la historia de dicha competición y el papel español en la misma.

Sin embargo, pocas alusiones estoy encontrando a los futbolistas españoles que fueron campeones ó subcampeones en 1930: los gallegos (y paisanos) José Pedro Cea (1 de septiembre de 1900, Redondela, Pontevedra- 18 de septiembre de 1970, Montevideo, Uruguay) y Lorenzo Fernández (20 de mayo de 1900, Redondela, Pontevedra- 16 de noviembre de 1973, Montevideo, Uruguay), campeones del mundo jugando con Uruguay (además Cea fue campeón olímpico en 1924 y 1928 y Fernández en 1928), y el canario Pedro Bonifacio «Arico» Suárez Pérez (5 de junio de 1908, Santa Brígida, Gran Canaria-18 de abril de 1979, Buenos Aires, Argentina), subcampeón mundial con Argentina.

El lugar de nacimiento de Cea y Fernández es motivo de discusión y polémica, desde Uruguay se afirma que el primero nació en Arroyo Seco (Uruguay) y el segundo en Montevideo, aunque el origen gallego de ambos es aceptado (Lorenzo Fernández era conocido como «el gallego», Cea, paradójicamente, como «el vasco» ó «el vasquito»…). Nunca se han publicado certificados de nacimiento, mi solicitud de los mismos al Registro Civil de Redondela recibió el silencio administrativo como respuesta (suele pasar).

Hace años que se comenta en la prensa gallega y en numerosos foros y blogs de la red que ambos eran nacidos en España, aunque en escasas ocasiones se afirma de manera conjunta. Parece ser que el descubridor de que Cea había nacido en Galicia fue el exjugador del Celta y el Deportivo y técnico del área de Deportes de la Universidad de Vigo Gustavo Loureiro.

Sobre Fernández se ha escrito mucho menos y, de hecho, no figura (Cea sí) en la relación de gallegos olímpicos de «Galiza Olímpica»: http://www.galizaolimpica.com/olimpismo/gzgloria/anos.php?lang=gal

El nacimiento de «Arico» Suárez en Gran Canaria no es discutido por nadie y su figura goza de un gran reconocimiento en las Islas Afortunadas. Sus peripecias vitales no son excepcionales, hemos comentado en pasados artículos el caso de varios gimnastas españoles que compitieron para Francia en 1908, 1912 y 1920 (Louis Segura, Antoine Costa, Marcos Torres): http://www.cihefe.es/cuadernosdefutbol/2010/05/serie-misterios-olimpicos-iv-deportistas-espanoles-en-londres-1908-y-estocolmo-1912/

y Ámsterdam 1928 contempló a dos atletas nacidos en España compitiendo para Argentina: el zaragozano Juan Bautista Pina y el granadino Serafín Dengra:

http://historiatletismo.blogspot.com/2010/05/dos-espanoles-semifinalistas-en.html

Estoy convencido de que, un análisis en profundidad sobre los primeros olímpicos de países como Argentina ó Uruguay descubriría a muchos españoles más (y en algunos casos españoles de ciudadanía, no sólo de origen). Algún día.

 

 

Fernando Arrechea Rivas

http://olimpismo2007.blogspot.com

 




Fútbol y memoria histórica

«Siempre un triunfo de este nivel supone una afirmación, un orgullo de país. Y es que España, en todo el periodo democrático, el mejor de nuestra historia, no consiguió nada así. Había como una especie de drama por no haber conseguido esto, teniendo una gran Liga de fútbol y grandes jugadores. Y, por fin, ya lo hemos conseguido, se ha cerrado la transición en el fútbol español con esta gran victoria».

 Con estas palabras se expresaba un eufórico José Luis Rodríguez Zapatero, Presidente del Gobierno de España, tras el triunfo de la selección española de fútbol en la Eurocopa 2008 celebrada en Austria y Suiza, merced al triunfo sobre la selección alemana por un gol -obra de El Niño Torres- a cero en la final disputada en el Estadio Prater de Viena.

 España ganaba de este modo su segundo Campeonato de Europa, pues en el año 1964, en plena dictadura del general Francisco Franco, la selección se alzaría como campeona de Europa en otra final, la que enfrentó a España y la U.R.S.S. en el estadio Santiago Bernabéu, por 2-1 gracias al gol de Marcelino que batía al portero soviético Lev Yashin, la mítica Araña Negra. El diario ABC, el día 23 de junio de 1964, decía textualmente, en relación con la final disputada:

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 «Ante el equipo de la U.R.S.S., cuya roja bandera estaba izada en lo alto del estadio, ante seiscientos periodistas de todo el mundo y ante los millones de televidentes de la Eurovisión y de la Intervisión, una masa heterogénea de 120.000 españoles de todas las edades y clases tributó el domingo al Jefe del Estado una de las más sostenidas, fervientes y clamorosas ovaciones que registra su larga vida política. Fue testimonio espontáneo y cordial que el pueblo español brindó al mundo y muy singularmente a la Unión Soviética. Al cabo de veinticinco años de paz, detrás de cada aplauso sonaba un auténtico y elocuente respaldo al espíritu del 18 de julio. En este cuarto de siglo, diríase que nunca había rayado más alto la intencionada y entusiasta adhesión popular al Estado nacido de la victoria sobre el comunismo y sus compañeros de viaje, dentro y fuera.»[1]

 En ese mismo periódico se habla de la recepción del Franco a los integrantes de la selección. No conocemos el contenido de los discursos pronunciados por Franco en el Palacio de El Pardo, si bien la información recogida por la prensa es la siguiente:

 «El Caudillo agradeció a los seleccionados su entrega total y que hayan tenido ocasión de demostrar a muchos millones de aficionados la pujanza de la juventud española. Terminó felicitándoles efusivamente. A continuación, el Generalísimo departió con los jugadores, de los que se despidió con el mayor afecto, deseándoles muchos triunfos en su vida y agradeciéndoles que le brindasen la victoria.»

 Cuarenta y cuatro años más tarde, Zapatero, cuidándose mucho de citarlo, se refería a este lejano triunfo, mientras establecía unas diferencias sustanciales entre ambos éxitos. El primero, logrado en el contexto de una dictadura, no podía ponerse en el mismo plano que la reciente victoria, inscrita dentro de la democracia coronada por él presidida. De este modo, y de forma harto sutil, los engranajes de la llamada «memoria histórica», comenzaban a actuar en el campo futbolístico, que mediante la consecución de este campeonato, se habría puesto al día, desprendiéndose de las adherencias franquistas que perpetuaban, en palabras del krausista castellano, «una especie de drama», entre las filas de la democrática afición española.

 Estas y otras cuestiones relacionadas con el fútbol, invitan a tratar sobre un deporte de enorme implantación en las sociedades democráticas de mercado pletórico que operan en el presente, pues el llamado «deporte rey», no supone una cantidad despreciable, una realidad ante la que quepa mantenerse de espaldas. Por todo ello, en este escrito nos proponemos ahondar en cuestiones relativas al fútbol, situando nuestro interés en sus relaciones con la citada  «memoria histórica», sin limitarnos a este autoimpuesto margen, con el fin de abrir vías a ulteriores estudios en torno al deporte nacido en el siglo XIX en Inglaterra.

 Antes de entrar en materia, parece oportuno dar unas breves pinceladas de carácter histórico en torno a los orígenes del balompié. El surgimiento e implantación del fútbol, como es bien sabido, viene ligado a ciudades industrializadas. Es en las urbes donde el fútbol irá adquiriendo una escala cada vez más amplia que le permitirá pasar de ser un deporte practicado por un conjunto de individuos, a convertirse en un espectáculo de masas que atraerá a un número creciente de público cuya acumulación propiciará, en sus efectos arquitectónicos, el levantamiento de gradas que permitan la visibilidad del juego por parte de un gran cantidad de espectadores que de este modo pasarán de la isocefalia del conjunto de individuos que contemplan una escena, a una estratificación de los puntos de vista que condicionarán la construcción de estadios cada vez de mayor aforo, levantados en la periferia de las ciudades. La profesionalización de los jugadores y el tratamiento específico de estas actividades por parte de la prensa, serían los siguientes pasos.

 Pronto el fútbol desbordaría las fronteras de Gran Bretaña, e incluso de su área de influencia económica y política. Así, el fútbol llegaría a España por medio de los colectivos británicos asentados, por motivos comerciales principalmente, dentro de nuestras fronteras. El primer club de fútbol en fundarse sería el Huelva Recreation Club, que lo haría en 1889, para posteriormente rebautizarse bajo la fórmula hispanizada de Recreativo de Huelva que aún mantiene.

 Rebasados los límites británicos, el fútbol comenzará a adquirir una inequívoca dimensión cortical ya sea por los enfrentamientos entre equipos de diferentes países o, sobre todo, a partir de la constitución de las selecciones nacionales. Antes de proseguir por este camino, hemos de advertir que los propios clubes se dotarán de una simbología deudora de la heráldica cuando no reproductora de la misma. En efecto, un simple repaso por los escudos, colores y banderas que representan a los equipos, nos remitirá a regiones, reinos, e incluso, aspiraciones políticas que se canalizarían por medio de estas así llamadas, y no por casualidad, sociedades.

 Aún más, la complejidad y desarrollo adquiridos por el fútbol, propiciarán la fundación de diversas estructuras e instituciones que reproducen algunas propias de las sociedades políticas. Sirvan como ejemplo los remedos de órganos judicial y ejecutivo que rigen las competiciones, equiparables a la capa conjuntiva de una sociedad política. Por otro lado, del vigor cortical adquirido por el fútbol, dan cuenta organizaciones supranacionales tales como la FIFA, o la UEFA, organismo éste último que recoge el europeismo reinante en la época de su fundación. En efecto, la UEFA fue fundada el 15 de junio de 1954 en Basilea, Suiza, en plena etapa de reconstrucción europea, con la «aislada» España integrada en ella desde su mismo comienzo. Por abundar en los argumentos expuestos, basta decir que la fundación de la UEFA se produce tan solo tres años más tarde de que en 1951, Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos, firmen el Tratado de París por el que se crea la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), embrión de la actual Unión Europea.

 Continuando con las analogías corticales, hemos de referirnos a la manida comparación de los partidos de fútbol con episodios bélicos. Hasta tal punto los equipos operarán a modo de pacíficos ejércitos, que el fútbol no sólo ha incorporado a su jerga vocablos marciales, sino que incluso ha servido para dar nombre a un conflicto armado, la denominada Guerra del fútbol o la Guerra de las 100 horas, así llamada por la coincidencia de este hecho con los derivados de un partido de fútbol que enfrentó a las selecciones nacionales de Honduras y El Salvador, con motivo de la disputa de las eliminatorias a la Copa Mundial de Fútbol de 1970.

 Por si quedara alguna duda de la instrumentalización política de que es objeto el fútbol,  basta citar un par de ejemplos españoles. Por un lado, la anhelada aspiración que diversas comunidades autónomas españolas, principalmente aquellas caracterizadas por sus veleidades independentistas, han mostrado por la posibilidad de contar con selecciones nacionales propias que en un futuro no lejano podrían enfrentarse a la propia selección española[2]. Con esta aspiración, se han confeccionado plataformas que impulsan tales iniciativas, subvencionadas asociaciones que se hicieron particularmente visibles en la final de la Copa de S. M. el Rey celebrada en 2009 en Valencia, la que enfrentaría a F. C. Barcelona y Athletic de Bilbao, célebre por la sonora pitada al himno nacional, convenientemente censurada por TVE, que el público, a instancias de las consignas lanzadas por Esait y Catalunya Acció, realizaría.

La alusión al F. C. Barcelona, invita a tratar en torno al papel político que éste ha jugado. Caracterizado por su lema según el cual esta institución es més que un club, el F. C. Barcelona se arroga a menudo el papel de embajador de una muy particular Cataluña. En su página web, esta cuestión queda explícita:

 «El FC Barcelona es més que un club (más que un club) en Catalunya, porque es la institución deportiva más representativa del país y uno de sus mejores embajadores. También, por razones diferentes, el FC Barcelona es más que un club para muchas personas del resto del Estado español que vieron en el Barça un firme defensor de los derechos y las libertades democráticas.»[3]

Enfangado en constantes peticiones de principio -la aspiración de soberanía propia se reclama y a la vez se da por hecha al omitir a la nación española y todos su símbolos-, el club culé no se resiste a incorporar en su historia todos los lugares comunes de la «memoria histórica», en este caso, la particular versión nacionalista catalana según la cual, la Guerra Civil y el franquismo no habrían sido otra cosa que una guerra entre España y Cataluña seguida de una cruel represión de similar planteamiento. El club catalán, que ya habría servido como vehículo a la facción catalanista durante la dictadura de Primo de Rivera[4], describe de esta particular forma algunos de sus episodios que toman como punto de partida el lema arriba citado:

 «Esta circunstancia fue especialmente notoria tras el acceso a la presidencia en 1968 de Narcís de Carreras, que utilizó por primera vez una divisa que se haría muy famosa: el Barça es «más que un club». La identificación de la entidad con las corrientes más catalanistas y antifranquistas de la sociedad catalana dotó al club de una fuerza social importantísima, que se vehiculó también a través de unas relaciones cada vez más fluidas con el mundo cultural. El fichaje del crack Johan Cruyff, seguido de la conquista del campeonato de Liga 1973-1974, y la coincidencia de este triunfo con la celebración del 75 aniversario del club, propiciaron una etapa de máxima eclosión barcelonista, a pesar de las limitaciones que todavía imponía el franquismo.»[5]

 Dejando a un lado el caso barcelonista, regresemos ahora a algunos aspectos relacionados con la selección española. Desde las Olimpiadas de Amberes de 1920, en las que lograría la medalla de plata, la selección fue conocida con el sobrenombre de «la Furia Roja». El apodo, al parecer, fue creado por los periodistas italianos, quienes comenzarían a llamarla la «Furia Rossa», apelativo que, de manera consciente o no, relacionaría el carácter del equipo español con asuntos bélicos, dado que sería precisamente «La Furia Española» quien protagonizaría el célebre Saqueo de Amberes, episodio de la historia militar española acaecido en 1576. A pesar de todo, ambas furias cohabitarían en el mundo de la palabra escrita, pues en 1924 vería la luz, con gran éxito y gracias a la editorial Renacimiento, el libro La Furia española, obra de «Juan Deportista» pseudónimo tras el que se ocultaba el periodista madrileño Alberto Martín Fernández, quien también trabajaría como reportero de guerra bajo el nombre de «Spectator». Más tarde, el historiador del fútbol español, Félix Martialay Martín-Sánchez, también emplearía el rótulo «furia española» en numerosos trabajos editados en la década de los cincuenta.

El partido más emblemático de aquella «Furia Roja» es el tercero que disputó la selección en los citados Juegos ante Suecia, donde Belauste pronunciaría su famosa frase: «¡Sabino, a mí el pelotón que los arrollo!». Sería décadas más tarde cuando la «Furia Roja», o «Furia Española», daría paso a otro sobrenombre: «la Roja», un apelativo que habría de adquirir sentidos probablemente muy alejados del que le diera el que parece ser su formulador: el seleccionador español Luis Aragonés. Sea como fuere, bien por mimetismo con el sobrenombre recibido en Italia bien tratando de incorporar connotaciones políticas, la prensa española de los años treinta ya incorporó la fórmula «Furia roja» para referirse a la selección. De este modo, el 23 de marzo de 1933, en el periódico El Imparcial, podemos leer dentro del artículo «Un simulacro de partido en el Stádium para entrenamiento del equipo nacional» lo que sigue:

 «Ya tenemos la furia roja en el verde del Stadium. Claro que esta vez se dejaron la clásica bravura hispana en la caseta».

La expresión continuaría empleándose en prensa hasta el año 1935, poco antes de la Guerra Civil, a partir de la cual era más complicado sostenerla debido a las asociaciones ideológicas que llevaba consigo.

 «La Roja», entendida en el contexto actual, en principio, -y a ello seguramente se referiría el «sabio de Hortaleza»- haría alusión al color de la camiseta de la selección. Se trataría, en este caso, de quedarse con el adjetivo, que acaso mantendría, por las conocidas connotaciones de este color, la apelación a la sangre, incluso a la lucha, haciendo referencia de forma indirecta a la célebre furia hispana; mas también, y a ello se sumaría buena parte de la prensa afín a la socialdemocracia gobernante autoproclamada «progresista», haría referencia a uno de los bandos de la Guerra Civil: el bando republicano o «rojo» -colorado o encarnado si nos atenemos a la terminología franquista refractaria al uso de la palabra rojo-. En definitiva, «la Roja», al margen del más que posible guiño político, evitaría la pronunciación del verdadero nombre del equipo, bien sea éste la selección española de fútbol, la selección nacional o, simplemente, España. Con la fórmula colorista, se eludiría la alusión a España, algo muy útil en un tiempo en que el fan que reside en la Moncloa, habría afirmado que «España es una nación discutida y discutible». Para terminar con este asunto, hemos de subrayar hasta qué punto se ha institucionalizado el colorista sobrenombre, sirva de muestra la reciente publicación del libro Las confesiones de la roja (Libros La Cúpula, Madrid, 2010), escrito por el periodista Miguel Ángel Díaz.

 Las relaciones entre fútbol y política, nos invitan a introducir otros aspectos que refuerzan estos vínculos. De entre éstos, y siempre teniendo como escenario España,   escogeremos las conexiones entre el auge futbolístico y el desarrollo de la sociedad de mercado pletórico en que habría desembocado el franquismo, de cuya transformación -transición frente a ruptura- , resultaría la actual democracia coronada que incluso habría sustituido la Copa del Generalísimo por la Copa del Rey.

 Terminada la Guerra Civil, y a pesar de la dura represión existente, la dictadura de Franco, quien en algunos aspectos se miraría en el espejo de Primo de Rivera pero también en el de la Unión Soviética, comenzaría a practicar lo que Gustavo Bueno ha denominado socialismo de derechas[6], apoyado, entre otras, en instituciones tales como el Servicio Nacional de Regiones Devastadas y Reparaciones (SNRDR), organismo creado por la autoridad instaurada por el bando franquista en las zonas bajo su poder en una fecha tan temprana como enero de 1938. En 1957, este organismo fue disuelto, pasando algunas de sus competencias al Ministerio de la Vivienda de España. Pero sobre todo y al margen de la puesta en marcha de estos y otros proyectos de ámbito nacional -cabe citar en este punto los célebres «pantanos de Franco»-, la institución emblemática del franquismo, la que abriría el camino hacia la llamada «sociedad del bienestar», caracterizada, entre otros atributos, por proporcionar a los españoles una sanidad universal, es la Seguridad Social, que, pese a contar con precedentes de aplicación parcial por lo que al total de la población se refiere, cristalizaría a partir de la creación, el 9 de marzo de 1938, del Fuero del Trabajo, que serviría como base para el posterior Fuero de los Españoles, aprobado en 1945, que a su vez daría paso, en 1963, a la Ley de Bases.

 En el texto del Fuero del Trabajo, hallamos las claves que avalan la adscripción del franquismo al socialismo de derechas citado[7]. Es allí donde, además, comienza a tratarse en profundidad el ocio como un derecho, como puede comprobarse en su II Capítulo.

 «Se crearán las instituciones necesarias para que en las horas libres y en los recreos de los trabajadores, tengan éstos acceso al disfrute de todos los bienes de la cultura, la alegría, la milicia, la salud y el deporte.»

 En dicho Fuero, se encomienda la tarea de la regulación del tiempo libre a los sindicatos. En efecto, la Organización Sindical crea, en diciembre de 1939, la Obra Nacional «Alegría y Descanso», que más tarde, en 1940, pasaría a llamarse Obra Sindical «Educación y Descanso». A la Obra Sindical, se debe la construcción de importantes instalaciones deportivas públicas como los Parques Sindicales, entre los que destaca el de Madrid, inaugurado en 1955, debido al arquitecto Manuel Muñoz Monasterio -autor junto a Luis Alemany Soler del que acabaría llamándose Estadio Santiago Bernabéu, inaugurado en 1947-, o la puesta en marcha de los Juegos Deportivos Sindicales que estimulaban la rivalidad entre empresas.

 El tiempo libre, como queda dicho, comienza a tener un peso importante, siendo objeto de control por parte de la capa conjuntiva de la nación española, de la que forman parte los «sindicatos verticales». Cuando aludimos a una capa de la sociedad, lo hacemos para distanciarnos de esa corriente, verdaderamente simplista, según la cual el franquismo giraría casi en exclusiva en torno a la limitada y cruel figura de un general gallego, y ello, sin perjuicio de que éste, según reza la numismática de la época, fuera caudillo de España «por la Gracia de Dios». De este modo, ya en 1946, todavía o acaso por el peso que tenían las corrientes falangistas, que por cierto emplean una terminología propia del marxismo -nótese el uso del concepto de clase arriba citado- el Estatuto de la Función Asistencial, refuerza la actuación de Educación y Descanso con el establecimiento de Consejos Asesores y Patronatos. Las áreas a las que iba destinada la acción de la misma, eran: Deportes, Extensión Cultural, Turismo Social, Promoción y Orientación y Programación e Inversiones, en unas actuaciones que a menudo recogían las peculiaridades provinciales y regionales cuyo escaparate eran las exhibiciones del 1 de mayo, de fuerte tonalidad folclórica, y que tendrían su primer escenario en el estadio Santiago Bernabéu, donde se celebrarían los I Juegos Deportivos Sindicales para conmemorar la fiesta de San José Artesano, en 1958.

 Pero si los sindicatos canalizaban estas actividades lúdicas, el sector empresarial no le andaría a la zaga, pues una vez constituidos los llamados Grupos de Empresa, éstos impulsarían diversas  actividades artísticas, dando lugar a los Hogares del Productor, centro de reuniones laborales y culturales.

 De las instituciones citadas, hemos de pasar a un artefacto fuertemente «socializador», la televisión, también introducida masivamente en España por cauces estatales, la RTVE. La primera emisión televisiva en España, en realidad una suerte de exhibición puntual, se remonta al 10 de junio de 1948, durante una exposición de tecnología en la Feria Internacional de Muestras celebrada en el Palacio de Montjuïc de Barcelona. Sin embargo, no será hasta 1952, cuando se celebre la primera retransmisión deportiva, con Matías Prats como locutor. Desde el Estadio de Chamartín, se televisó un partido de fútbol entre el Real Madrid y el Racing de Santander, tan sólo accesible por este medio, para un grupo de altos cargos franquistas madrileños. Será éste el punto de arranque de las fructíferas relaciones entre fútbol y televisión formal[8].

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 La programación televisiva diariay con ella la cada vez más mayoritaria presencia de receptores de televisión en los hogares, daría comienzo el 28 de octubre de 1956, fecha en la que se sitúa el comienzo oficial de la televisión en España. A partir de entonces, televisión y fútbol irán de la mano, realimentándose mutuamente, como puede comprobarse por las grandes audiencias que este deporte mantiene en la actualidad.

 Será en esta tercera década del franquismo (1956-1965), acertadamente analizada en la obra Telebasura y democracia de Gustavo Bueno, cuando se fortalezca la relación fútbol-televisión, por medio de las televisiones domésticas, pero también a través de los teleclubs creados por Fraga en 1964, germen de lo que posteriormente serían las Casas de Cultura. La cita de ABC que reproducíamos más arriba, evidencia la conexión entre fútbol y televisión, hasta el punto de que el Telón de Acero serviría de plano de simetría para dos plataformas mediáticas: Eurovisión en la Europa Occidental, e Intervisión del lado de la llamada Europa del Este.

 Hechas estas consideraciones, es momento de tratar en torno al modo que, desde los presupuestos de la «memoria histórica», podrá ser visto el fútbol. Según las particulares coordenadas «memoriohistoricistas», la dictadura de Franco habría constituido un largo paréntesis histórico, un tiempo de silencio que desde la flamante democracia imperante en la actualidad, deberá no sólo ser reinterpretado, sino también juzgado hasta el punto de poner en práctica una verdadera damnatio memoriae que permite el borrado de todo aquello que entraría en conflicto con la ideología dominante en el tiempo actual.

 De este modo, auspiciada por un gobierno que exhibe constantemente su condición de socialista -un socialismo que acaso solo podría ser caracterizado como nominal- comenzará un particular desmontaje de estatuas, placas y títulos, proceso que podríamos caracterizar como «descendente», es decir, dirigido desde instituciones gubernamentales y al que el fútbol no será ajeno, como puede comprobarse por la percepción que de la victoria europea de 1964 tiene el propio Presidente del Gobierno.

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 Asumida por grandes áreas de la población española, la citada damnatio memoriae, no sólo operará en un sentido «descendente», es decir, impulsada desde las más altas instancias del Estado por medio de la aprobación y aplicación de leyes, sino que este borrado también se producirá en un modo «ascendente», lo que da cuenta de hasta qué punto el «pueblo español» ha interiorizado esta visión proyectada sobre cuatro oscuras décadas que se perciben de un modo monolítico. De entre las iniciativas que trazan un sentido ascendente, sirva como ejemplo el modesto club madrileño Puerta Bonita, fundado en 1942, cuyo campo, el llamado desde su fundación Hogar del Generalísimo Franco, pasará a perder su oneroso apellido, para ser conocido en la actualidad como El Hogar.

 Finalicemos. Ante la gran cantidad de ideas que, de un modo u otro, tienen que ver con el fútbol plenamente implantado en sociedades diversas, parece necesaria, si no inevitable, la adopción de una actitud crítica, filosófica en suma, que permita referirse a él más allá de los consabidos tópicos que lo envuelven. Ese y no otro, ha sido el propósito al que este breve trabajo ha intentado contribuir.

 Iván Vélez

 

  ABC, 23 de junio de 1964. Núm. 18.180, Pág 55

 [2] En este sentido son reseñables las declaraciones hechas por Rafael Niubó, secretario general de Deporte de la Generalidad de Cataluña tras la victoria de la selección catalana en el Mundial B de hockey sobre patines. Durante la recepción hecha por Pascual Maragall en el Palacio de la Generalidad, Niubó propuso que España se «busque un nombre o se lo invente» para participar en las competiciones deportivas internacionales. En este sentido, conocido es el mantra que las facciones secesionistas que operan en España, repiten sin cesar: «una nación, una selección». Como ejemplo del uso del fútbol como medio para canalizar el odio a España, podemos citar las declaraciones del presidente del PNV, Iñigo Urkullu, vertidas con ocasión del partido disputado en la Eurocopa 2008, afirmado en la televisión pública vasca (ETB) que apoyaría a Rusia en la semifinal de la Eurocopa contra España. El líder de los nacionalistas vascos, en una exhibición de falsa conciencia, declaró: «No puedo apoyar a Euskadi, así que entre las cuatro selecciones que quedan, yo me quedo con Rusia». El motivo, según él, era bien simple: «apoyo a Rusia sólo porque juegan bien», manifestó.

 [3] http://www.fcbarcelona.cat/web/castellano/club/club_avui/mes_que_un_club/mesqueunclub.html

 [4] El lector puede leer el artículo de José Manuel Rodríguez Pardo, «Historia de dos abucheos», publicado en Cuadernos de Fútbol (nº 5, diciembre de 2009) en el cual se describen las pitadas que el himno nacional español ha recibido por parte de la afición culé, el primero de ellos a raíz de un encuentro disputado entre el F. C. Barcelona y una selección de la Royal Navy británica, el 14 de junio de 1925, en cuyos prolegómenos se silbó la Marcha Real y aplaudió el God Save the Queen británico, hechos que acarrearían la clausura del campo y la dimisión y expulsión de España de Gamper, y el segundo el 14 de mayo de 2009, con motivo de la final de Copa celebrada en Valencia. El artículo puede visitarse en: http://www.cihefe.es/cuadernosdefutbol/2009/12/historia-de-dos-abucheos/

 [5] http://www.fcbarcelona.cat/web/castellano/club/historia/etapes_historia/etapa_3.html

 [6] Véase El mito de la derecha. (Temas de Hoy, Madrid 2008), obra en la que Bueno distingue tres fases en la derecha española del siglo XX: La primera la de Antonio Maura, de corte liberal, la segunda, la dictadura de Primo de Rivera, apoyada por Largo Caballero y los socialistas, y la tercera, la dictadura de Franco.

 [7] En el citado Fuero podemos leer, por ejemplo, afirmaciones teístas tales como la siguiente: «El derecho de trabajar es consecuencia del deber impuesto al hombre por Dios, para el cumplimiento de sus fines individuales y la prosperidad y grandeza de la Patria.» (Fuero del Trabajo, I, 3)

[8] Ver Gustavo Bueno, Televisión: Apariencia y Verdad, Gedisa, Barcelona 2000.




La clasificación final de la temporada 1979/1980

El partido CD Málaga-UD Salamanca altera la clasificación final según se interprete el fallo del Comité Superior de Disciplina Deportiva.

     En nuestro número 4 de Cuadernos de Fútbol, José Ignacio Corcuera hacía un somero repaso a la compra-venta de partidos, arreglos y acuerdos antideportivos de algunas personas del mundo del fútbol. También señalaba lo difícil que resultaba poder probar el delito ya que las únicas pistas que dirigían las pesquisas eran conversaciones, coincidencias profesionales entre los acusados y, sobre todo, un resultado anómalo. Nunca había justificantes de pago ni acuses de recibo, lógicamente.

    En dicho artículo se mencionaba el caso del CD Málaga-UD Salamanca de la temporada 1979/80, donde finalmente el Comité Superior de Disciplina Deportiva acabó emitiendo un fallo salomónico que expliacaremos detenidamente, porque dejó flecos interpretables.

 La trayectoria del CD Málaga en el Campeonato de Liga no era nada satisfactoria. El 16 de marzo en su encuentro con el Rayo Vallecano, rival directo, el público perdió totalmente la compostura y protagonizó una serie de muy graves incidentes. Primero ante un gol anulado al equipo local cuando el marcador señalaba 0-2, el lanzamiento de objetos hizo detener momentáneamente el partido. En la segunda parte el público siguió con las protestas, reclamó dos penaltis y continuó arrojando de manera intermitente pequeños objetos, hasta que a falta de cuatro minutos los incidentes se agravaron, con intento de derribo de una valla (entonces el césped estaba protegido por unas vallas para evitar el acceso de los espectadores). El árbitro huyó literalmente del terreno de juego y dio por suspendido el partido. El Rayo Vallecano, gracias a esta victoria se distanciaba tres puntos del CD Málaga.

    La sanción que el Comité de Competición acordó fue clausurar el campo de La Rosaleda por un encuentro, que debía cumplirse en Algeciras ante la AD Almería. Ante esta medida el CD Málaga apuró el plazo para presentar el recurso, que llegó a D. Jaime Pedro y Vara de Rey, presidente del Comité de Apelación, a las 20:40 horas del 29 de marzo. El Comité desestimó el recurso por atenderse más a la forma que a los hechos (sic).

    Así, el 30 de marzo, el CD Málaga cumplió con sus amenazas y no se presentó en El Mirador algecireño por lo que perdió el partido por incomparecencia y se le descontaron tres puntos a efectos de clasificación. La AD Almería fue beneficiada pues sumó los dos puntos sin jugar. Con esta sanción el equipo malaguista quedaba prácticamente sentenciado a Segunda División.

    Precisamente la postura intransigente del CD Málaga levantó alguna sospecha, que más tarde sería tenida en cuenta en el caso de compra del partido ante la UD Salamanca. Con esta actuación el CD Málaga quedaba tan descolgado de su objetivo de la permanencia que los partidos que le quedaban para cubrir su calendario sí se prestaban al juego de los maletines. Y parece ser que así sucedió, y no por incentivar a los jugadores para que ganasen, sino para perder.

  En el partido CD Málaga-UD Salamanca, jugado el 27 de abril, jornada 31ª, los locales cayeron por 0-3. Los goles visitantes llegaron tras un autogol el primero, cierta inoperancia defensiva el segundo y mala colocación del portero el tercero. Así los narró Marca en su crónica:

  •  0-1. Quince minutos. Un balón largo llegado de campo salmantino se lo lleva Tomé por la izquierda, acosado por Juan Carlos, quien en el intento de alejar el balón le da un punterazo batiendo a su portero, que se hallaba a media salida.
  • 0-2. Cuarenta y cinco minutos. Falta sacada desde medio campo por Bustillo. Llega el balón a Brizzola, quien estorbado por Muñoz, se mete en el área y envía el esférico por encima del titubeante Corral.
  • 0-3. Cuarenta y seis minutos. En la primera jugada del segundo tiempo, una falta de Heredia a Diarte es sacada muy bien por Corominas por encima de la barrera, entrando el balón por el ángulo contrario al que se encontraba Corral.

  Los comentarios de los dos entrenadores no tuvieron desperdicio, mientras el malaguista Viberti manifestó su decepción reconociendo que había sido el peor partido de la temporada, el responsable salmantino, Mesones, resaltando el mérito de la victoria de su equipo apuntó que en cuanto a lo de «tongo», es inadmisible desde el momento en que el equipo local ha luchado mucho. La frase no tendría mayor importancia si no llega a ser por la sanción que la propia directiva malaguista impuso a cinco de sus jugadores por bajo rendimiento.

 La prensa no tardó en unir cabos lo que obligó al Comité de Competición a iniciar sus propias investigaciones.

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 El posible amaño salió publicado en la prensa: el malaguista Orozco reconoció que le llamaron por teléfono para arreglar el resultado y señaló a Raúl Castronovo como el intermediario. El jugador argentino había militado en el CD Málaga de 1974 a 1977 y también en la UD Salamanca en la temporada 1978/79 donde estuvo a las órdenes de Felipe Mesones. Además, Raúl Castronovo en la temporada 1979/80 fichó por el Algeciras CF, lo que facilitaba ubicarlo en la escena del crimen.

 Durante las investigaciones prestaron declaración por parte del CD Málaga los jugadores Orozco, Migueli, Corral, Macías, Megido y Aráez, y el entrenador, Viberti; por la AD Almería el presidente Sr. García Sánchez; por el Algeciras CF el jugador Castronovo; y por la UD Salamanca los jugadores D’Alessandro y Bustillo, su entrenador Mesones, el presidente Sr. Paniagua López, y el gerente Sr. Sánchez Esteban; además de los señores Minguella y Pareja, empresarios de organizaciones deportivas. También hubo un careo entre Mesones y Castronvo, el Comité se entrevistó con el presidente y vicepresindente del CD Málaga, señores Brinkman Gil y Pérez Gascón respectivamente, y se citó en dos ocasiones al ex-jugador del CD Málaga, Búa que no compareció.

 El Comité consideró que con estos testimonios los hechos quedaban así probados: el viernes 25 de abril de 1980, sobre las 14:15 Castronovo recibió una llamada de Mesones para preguntarle si tenía contacto con alguien del CD Málaga para arreglar el resultado del partido que iban a jugar próximamente con el pago de 4.400.000 pesetas. Seguidamente Castronovo se puso en contacto con Orozco y le transmitió la oferta.

    El sábado 26 de abril mantuvieron una nueva conversación telefónica Castronovo y Orozco donde concretaron que el jugador del Algeciras llevaría el dinero a Málaga y allí hablarían.

    El domingo 27 de abril sobre las 14:00 Corral, después de hablar de su renovación con la directiva, le comunicó al entrenador que ya había decidido lo que tenía que hacer.

    Por otro lado, Castronovo se personó en el bar del hotel Alay de Benalmádena, donde se hospedaba la UD Salamanca, y conversó con Mesones, el gerente Sr. Sánchez Esteban y otros directivos, después vio en sus respectivas habitaciones a otros jugadores salmantinos. Ya por la tarde el propio Castronovo acudió al estadio de La Rosaleda y estuvo en los vestuarios de los dos equipos contendientes.

    El partido tuvo un desarrollo anómalo desde el inicio. El público mostró su disconformidad con la actuación del equipo considerándola irregular. Al final venció la UD Salamanca por 0-3.

    Al finalizar el partido la directiva malaguista y su entrenador decidieron adoptar medidas disciplinarias por el anómalo comportamiento y bajo rendimiento de sus jugadores.

    El Comité llegó a la conclusión de que el dinero de la compra del partido fue llevado a Málaga por conducto privado.

    También se aclararon los antecedentes del CD Málaga-AD Almería ya comentado: el 24 de marzo el presidente de la AD Almería recibió una llamada de un intermediario con una oferta de arreglo del partido, pues contaba con la colaboración de los jugadores Corral, Macías, Aráez, Migueli y Orozco. El ex-jugador malaguista Búa, que residía en Almería, se encargaría de llevar a cabo la operación económica. Como el partido no se jugó, no hubo arreglo alguno.

    Así el Comité consideró que los hechos estaban probados, y que Orozco, Corral, Macías, Aráez, Migueli, Castronovo y Mesones eran responsables. A la hora de fijar la sanción tuvo en cuenta la mayor o menor actuación de unos y otros en el asunto, así como las circunstancias del intento de compra del CD Málaga-AD Almería, y la implicación de la entidad UD Salamanca, beneficiada directamente.

    Finalmente éste fue el acuerdo definitivo del Comité, hecho público el 20 de junio de 1980:

        Primero. Decretar la nulidad del encuentro que disputaron el día 27 de abril del año en curso los clubs Málaga y Salamanca y descontar a este útlimo dos puntos en su clasificación.

        Segundo. Suspender por dos años al entrenador del Salamanca, don Felipe Mesones Temperán; al jugador del Málaga don Julio Orozco Martín y al jugador del Algeciras don Raúl Castronovo Zanón, siéndole de abono a este último el tiempo desde la fecha en que se acordó por este Comité su suspensión provisional.

      Tercero. Suspender por un año a los jugadores del Málaga don Miguel Ramos Vargas, don Pedro Corral Revuelta, don Nicolás Aráez López y don José Díaz Macías.

      Cuarto. Elevar a la Junta directiva de la Real Federación Española de Fútbol la propuesta de inhabilitación a perpetuidad al presidente del Salamanca.

 El fallo del Comité no tiene desperdicio pues sanciona a las personas pero no a los clubs propiamente. El Campeonato de Liga finalizó el 18 de mayo de 1980 confirmándose los descensos del Rayo Vallecano, el Burgos CF y el CD Málaga, que ya tenía tres puntos de sanción por su incomparecencia ante la AD Almería. Al aplicar el acuerdo del Comité de Competición, observamos que la variación en la clasificación no infiere en los descensos, por lo que de haber recurso, éste no tendría consecuencias en el calendario de la temporada siguiente. Sólo afectaría a las sanciones personales.

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 Nótese que desde el primer momento la prensa publicó erróneamente la aplicación de la sanción, ya que todos, absolutamente todos los medios descontaron los dos puntos a la UD Salamanca sobre los 34 que sumaba, cuando realmente contaba con 32, puesto que el partido con el CD Málaga había sido anulado. Otro error transmitido de unos a otros implica la contabilización del partido CD Málaga-AD Almería. Físicamente no se disputó, pero a efectos de clasificación sí se contabiliza como victoria de la AD Almería que suma los correspondientes dos puntos y derrota del CD Málaga, que recibe una sanción de tres puntos menos. El Comité de Competición no otorgó ningún resultado en cuanto al cómputo de goles.

 Las partes implicadas recurrieron al Comité de Apelación, que confirmó todas las sanciones el 23 de julio de 1980.

 Pero el CD Málaga-UD Salamanca no se había terminado todavía. El abogado D. José Cabrera Bazán en representación de los cinco jugadores malaguistas sancionados elevó un recurso al Consejo Superior de Deportes. De igual manera actuó con su representado Felipe Mesones, D. José María Gil Robles y Gil Delgado. El recurso llegó al Comité Superior de Justicia Deportiva de una manera un tanto atípica. Este organismo se creó en octubre de 1980 y se constituyó a principios de 1981. Los plazos de tiempo para presentarlos estaban más que vencidos, sin embargo siguieron su curso y finalmente el 28 de mayo de 1981, con la Liga 1980/81 ya terminada y consumado el descenso de la UD Salamanca, el Comité Superior de Disciplina Deportiva, entendiendo que había falta de pruebas, revocó las sanciones de todos los recurrentes.

 Para entonces, el único que se mantenía en activo era Felipe Mesones, que tras la sanción estuvo trabajando en la UD Salamanca. Aunque el entrenador era Neme, la sombra de Mesones era ineludible. La mala marcha del equipo hizo que primero se marchase el propio Mesones y luego acabase destituido Neme. Los jugadores del CD Málaga se habían retirado de la actividad futbolística todos, por lo que la sanción no les afectó, al menos profesionalmente. Sólo Macías se animó a regresar fichando por el CD Antequerano, para terror de los delanteros de los demás equipos de su grupo de 2ªB.

 Pero quedaron dos flecos por cerrar. La intervención del Comité Superior de Justicia Deportiva sólo tenía competencia en los recursos presentados, por lo que su fallo absolutorio fue para todos aquellos que lo solicitaron. Raúl Castronovo, ya retirado, no se vio beneficiado… ni la UD Salamanca, que como club tampoco recurrió pues su permanencia en la Primera División no fue puesta en peligro.

Aquí radica el problema histórico. Pues pese a  que queda jurídicamente definida la inocencia de todos los implicados, Raúl Castronovo, al no recurrir la sanción confirmada por Apelación, acepta su culpabilidad y, por lo tanto, la existencia de un delito. El amaño del partido CD Málaga-UD Salamanca no se pudo probar en las personas acusadas, de ahí su absolución, pero el perdón de la anulación del partido y la pérdida de dos puntos para la UD Salamanca sólo es recogido de forma implícita y no explícita en el fallo. De ahí que quede en manos de la interpretación histórica su aplicación. Si aceptamos la decisión del Comité Superior de Disciplina Deportiva, la UD Salamanca sumó 34 puntos y quedó novena y si optamos por el criterio de la RFEF sumó 30 puntos y fue decimocuarta ¿Qué clasificación tomamos, con o sin sanción?

 




Quíntuple empate para ascender a primera

En la temporada 1980-1981, cinco equipos acabaron empatados a 45 puntos en las primeras posiciones de la clasificación de Segunda A. Veamos cómo se resolvió este quíntuple empate para decidir qué tres equipos lograban el ascenso.

Cuando comenzó la competición de Segunda División en Septiembre de 1980 pocos podían imaginar la igualdad que iba a dominar la clasificación a lo largo de toda la temporada. La primera vuelta acabó con el Rayo Vallecano liderando la tabla con 23 puntos, los mismos que tenían Levante, Castellón y Racing de Santander. Pero es que a continuación había un auténtico goteo de equipos, cada uno de ellos a una distancia máxima de un punto del que le precedía, hasta llegar al décimo octavo clasificado, el Getafe, con 15 puntos. Por detrás sólo quedaban el Linares con 13 y el Ceuta con 12.

Faltando sólo cinco jornadas para el final, ocupaban las primeras posiciones Castellón y Racing de Santander, con 39 puntos, seguidos por Elche y Rayo Vallecano con 38, Málaga y Cádiz con 37, Alavés y Sabadell con 36 y Levante, Oviedo y Atlético Madrileño con 34. Dos semanas después, sólo los dos últimos parecían haberse descolgado un tanto, pero para el resto la clasificación se había comprimido aún más, con hasta cuatro equipos empatados en la primera posición. En la jornada 36 se descolgaron también Levante y Alavés, y en la penúltima se cayó también el Málaga, quedando seis equipos en una diferencia de tres puntos, aunque uno de ellos, el Castellón, ya había asegurado el ascenso.

La clasificación a falta de un único partido estaba encabezada por el Elche, con 45 puntos, los mismos que el Castellón. A dos puntos de distancia se situaban Racing de Santander, Rayo Vallecano y Cádiz y por detrás, a la espera de que pinchasen estos tres, estaba el Sabadell con 42 puntos. Las calculadoras echaron humo y facilitaron el dato paradójico de que el Castellón estaba ascendido matemáticamente y el Elche, que estaba por delante en la tabla, no lo estaba. ¿Cómo pudo ser esto?

Aclaremos en primer lugar que entonces las victorias valían sólo dos puntos (y así fue hasta 1995) y que en caso de igualdad a puntos, después de enfrentamientos entre los equipos implicados, no se tenía en cuenta la diferencia de goles, sino el cociente que resultaba al dividir los goles marcados entre los encajados (el paso de cociente a diferencia se dio en 1987).

Veamos cuáles habían sido los resultados que se habían dado en los enfrentamientos directos entre estos seis equipos antes de aquella última jornada, que nos valdrán para aclarar lo que podía suceder en los empates que se pudieran dar entre ellos:

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Como vemos, falta el resultado del partido Elche – Cádiz, único enfrentamiento directo entre los seis primeros que debía disputarse en la jornada final. Los otros cuatro partidos en que estaban implicados estos equipos eran: Linares – Castellón, Racing de Santander – Levante, Sabadell – Málaga y Rayo Vallecano – Palencia. A continuación expondremos cuáles eran las posibilidades de cada equipo.

El Elche, líder con 45 puntos, ascendería seguro ganando o empatando, ya que en ese caso sólo el Castellón podría alcanzarle o superarle en la tabla. En caso de derrota ante el Cádiz, la situación se complicaría, ya que los gaditanos le alcanzarían en la clasificación, superándoles además en los enfrentamientos directos, ya que en la ida les habían derrotado por 2-0. En este caso, los ilicitanos necesitaban que no ganase ni Racing ni Rayo Vallecano, ya que cualquiera de los dos que entrase en un triple empate con Elche y Cádiz, o en un cuádruple incluyendo también al Castellón, si perdía, les dejaba en la cuarta posición (o quinta, si venciesen los dos). El Elche, pues, dependía de sí mismo para ascender, pero la derrota podía dejarle fuera.

El Castellón también tenía 45 puntos y, como los ilicitanos, ascenderían seguro ganando o empatando. En caso de derrota, si el Elche no perdiese con el Cádiz, su única posibilidad de quedar fuera sería que ganasen Racing de Santander y Rayo Vallecano, y en el triple empate acabasen últimos. Pero si nos fijamos en los resultados, vemos que en los enfrentamientos entre estos tres equipos el Castellón tenía seis puntos, por cuatro del Racing y dos del Rayo. Sólo queda saber qué ocurriría si el Cádiz ganase en Elche. En este caso, gaditanos e ilicitanos quedarían empatados a 45 puntos con el Castellón, así que para que estos cayeran a la cuarta o quinta plaza era necesario que ganasen Racing o Rayo, o los dos. Si se diese esta última circunstancia, habría un quíntuple empate, en el que el Castellón sumaría diez puntos, por nueve de gaditanos y cántabros y seis de ilicitanos y vallecanos. Si se diese el cuádruple empate incluyendo al Racing, el Cádiz tendría ocho puntos, el Castellón siete, el Racing seis y el Elche tres. Y si el empate incluyera al Rayo en lugar del Racing, Cádiz y Castellón tendrían siete puntos y Elche y Rayo cinco. Por tanto, en ningún caso el Castellón caería más debajo de la segunda plaza. Por este motivo, el Castellón, pese a estar momentáneamente por detrás del Elche en la tabla, estaba matemáticamente ascendido.

 El Racing de Santander también tendría asegurado el ascenso en caso de vencer. En caso de victoria del Cádiz, podría acabar en un cuádruple empate incluyendo también a Castellón y Elche, que ya hemos visto que dejaba terceros a los cántabros; en uno quíntuple, si también ganaba el Rayo, que les dejaba segundos o terceros (dependiendo del resultado que se diera en la victoria del Cádiz) o, en caso de que el Castellón no perdiera, en un triple empate con Elche y Cádiz (seis puntos para los gaditanos, cinco para los cántabros, sólo uno para los ilicitanos), o en uno cuádruple, que incluyera también al Rayo (ocho puntos para el Racing, siete para el Cádiz, cinco para el Rayo y cuatro para el Castellón). Con el empate, la situación se complicaba; Elche y Castellón ya resultaban inalcanzables, así que el Racing necesitaba que no ganasen Cádiz ni Rayo Vallecano, que les superarían en la tabla. Los empates de cualquiera de estos dos equipos o la victoria del Sabadell, les emparejaría en la tabla. El Racing salía airoso del cuádruple empate con estos tres equipos, y de cualquiera de los triples empates con dos de ellos (si el empate era con Cádiz y Sabadell, los tres estarían empatados a cuatro puntos, pero por goles marcados en los enfrentamientos directos, los cántabros serían primeros). En los empates dobles, el Racing superaba a Rayo y Sabadell, y estaba igualado con el Cádiz. En este último caso, habría que recurrir al cociente de goles general, y aquí los gaditanos superaban a los santanderinos. Por último, si el Racing perdía, aún podía ascender, pero para ello era necesario que perdiesen también Cádiz y Rayo, y que no ganase el Sabadell.

El Rayo, a pesar de estar empatado a puntos con Racing y Cádiz, tenía unas perspectivas mucho más complicadas. Aun ganando, no tenían el ascenso asegurado. Si ganaban también Racing y Cádiz, acabaría en un empate quíntuple (si perdía el Castellón), o cuádruple, quedando fuera de las plazas de ascenso en ambos casos. Si el Racing ganaba y el Cádiz no, se daría un triple empate si perdía el Castellón (seis puntos para los castellonenses, cuatro para el Racing y dos para el Rayo) o uno doble con el Racing, del que también salían malparados. Si ganaba el Cádiz y no lo hacía el Racing, podía darse un cuádruple empate con Castellón y Elche (que ya vimos que dejaba fuera a los rayistas) o un triple empate si el Castellón puntuaba (Cádiz cinco puntos, Rayo cuatro, Elche tres), que sería el único caso en que ascendieran los vallecanos. Si el Rayo empataba, salía perdiendo en el cuádruple empate con Racing, Cádiz y Sabadell, así como en los triples empates en los que estuviese incluido el Racing, pero sí ascendía si se producía un triple empate con Cádiz y Sabadell, o dobles empates con cualquiera de estos dos equipos. Así pues, en caso de empate, el Rayo necesitaba que perdiera el Racing y que no ganara el Cádiz. La derrota del Rayo le dejaría definitivamente en Segunda División un año más.

El Cádiz era el equipo que parecía tener la llave del ascenso de todos los demás, según el resultado que consiguiese en Elche. Su victoria le garantizaba el ascenso en todos los casos, al quedar empatado a puntos con el Elche, ya que esto le aseguraba la superioridad en cualquier triple, cuádruple o quíntuple empate en el que entrasen también Castellón, Racing de Santander o Rayo Vallecano. Si el Cádiz empataba en Elche, habría que recurrir a los posibles empates con Racing, Rayo y Sabadell, dándose la circunstancia de que salía perjudicado en el empate cuádruple y en todos los triples posibles, así como en el doble contra el Rayo, pero estaba igualado con Racing y Sabadell, teniendo que recurrir en este caso al cociente de goles general, que tenían muy favorable los gaditanos. Por tanto, en caso de empate, el Cádiz ascendería si perdían Racing y Rayo y no ganaba el Sabadell, o si el Racing empataba o el Sabadell ganaba, siempre que no se diesen ambas circunstancias. Por último, una derrota del Cádiz le dejaría sin ascenso a Primera.

El Sabadell era el que más complicado lo tenía. Sólo tenía opciones en caso de victoria, y estas pasaban porque perdiesen Racing, Rayo y Cádiz, ya que tenía perdido el cuádruple empate, así como todos los triples y dobles con cualquiera de ellos, excepto con el Cádiz, que lo tenía igualado, pero con una enorme desventaja en el cociente de goles general.

Todo lo anterior se resume en que el Castellón ya estaba ascendido, al Elche le valía con el empate y tenía mínimas opciones incluso con la derrota, Racing y Cádiz dependían de sí mismos en caso de ganar, tenían opciones empatando y los cántabros incluso perdiendo, el Rayo no dependía de sí mismo y sólo tenía opciones ganando o empatando, y el Sabadell sólo tenía opciones, y no muchas, en caso de ganar.

Los cinco partidos cruciales se jugaron el 24 de Mayo de 1981 a las cinco y media de la tarde. El primer gol se marcó en Sabadell, cuando en el minuto 7 Bonacic adelantó al Málaga; en el 19 el Rayo se complicó la vida al encajar un gol de Chaparro que ponía por delante al Palencia. El Sabadell empata en el 22 por medio de Mercader, mientras el Linares hacía el 1-0 al Castellón en el 28 por medio de Díaz. En el 30 Díez marcaba el empate del Rayo y en el 32 llegaba el primer gol que daba un vuelco a la clasificación, al hacer Zúñiga el 0-1 para el Cádiz en Elche. De ahí al final de la primera parte llegaron cuatro goles más en Sabadell (Bío volvía a adelantar al Málaga, Orejuela II y Lino remontaban para los vallesanos y Serrano restablecía el empate) y uno en Santander, que se adelantaba frente al Levante en el minuto 37 con un gol de Quique.

Al descanso, el Castellón perdía por 1-0 en Linares; el Racing ganaba por el mismo tanteo al Levante; el Cádiz vencía por 0-1 en Elche y los otros dos encuentros registraban sendos empates; a tres el Sabadell – Málaga y a uno el Rayo Vallecano – Palencia. Con estos resultados, se producía un cuádruple empate en cabeza, que daba el ascenso a Cádiz, Castellón y Racing, por este orden y dejaba fuera al Elche, así como al Rayo y al Sabadell, que quedaban descolgados. Pero aún quedaban 45 minutos.

El segundo tiempo empezaba con un nuevo gol del Málaga en la Nova Creu Alta, en esta ocasión de José en el minuto 51. Poco después, nuevo vuelco en la clasificación al empatar Chomin para el Elche en el 55, sacando al Cádiz de los puestos de ascenso, que en ese momento correspondían a Elche, Castellón y Racing. El Castellón empataba en Linares con un tanto de Mestre en el minuto 65 y la emoción iba aumentando hasta que llegó el decisivo minuto 78, en el que Mejías volvía a adelantar al Cádiz en Elche, dejando las cosas como estaban antes del descanso. Juanito ponía por delante al Linares ante el Castellón en el 80, Marian hacía concebir esperanzas al Rayo al remontar en el 81 el tanto inicial del Palencia y Bonacic hacía el último gol de la jornada para el Málaga en Sabadell, alcanzando el resultado de 3-5.

Se llegó así al final de los partidos, con la derrota del Castellón por 2-1 en Linares, la victoria del Racing por 1-0 sobre el Levante, las del Cádiz por 1-2 en Elche y el Málaga por 3-5 en Sabadell, y la del Rayo por 2-1 sobre el Palencia. De los seis aspirantes, cinco acababan empatados a 45 puntos, mientras el Sabadell se quedaba en los 42 y era superado por el equipo que le acababa de derrotar. Con el 1-2 del Cádiz en Elche, los resultados entre los cinco primeros clasificados a lo largo de la temporada deparaban la siguiente clasificación:

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El Castellón ocupaba la primera plaza, por haber sumado 10 puntos en los enfrentamientos directos. Cádiz y Racing de Santander tenían 9 puntos, y estaban igualados en los partidos que jugaron entre ellos (victoria del Racing por 1-2 en el Ramón de Carranza y del Cádiz por 0-1 en El Sardinero). Para deshacer la igualdad, hubo que recurrir al cociente de goles general, y aquí el Cádiz 55 goles a favor por 37 en contra, que daba un cociente de 1,4865, mientras el Racing había marcado 48 y había encajado 40, por lo que su cociente era de sólo 1,2. Elche y Rayo Vallecano sumaban 6 puntos, quedando por delante los ilicitanos, que habían empatado a uno en su campo frente al Rayo y habían vencido por 0-2 en Vallecas.

Curiosamente, el Castellón ascendía un puesto a pesar de su derrota, y se proclamaba campeón de Segunda División, acompañándole el Cádiz como subcampeón y el Racing como tercer clasificado. Fuera se quedaban el Elche, que una semana antes era líder, y el Rayo Vallecano vivía una circunstancia opuesta a la del campeón, al perder un puesto a pesar de ganar su partido.




El Ramón de Carranza: un clásico veraniego

Con alguna frecuencia, tanto en Europa como en América, el fútbol de 1ª División suele pasar de largo ante ciertas ciudades. Es como si no estuvieran hechas para el deporte rey, como si el gozo y las miserias del cuero no pudiesen enraizar en sus prados. Casi siempre, esa realidad suele acabar plasmándose en terca espiral: a fútbol de bajo nivel, escasa afición; ante la merma de aficionados, menores posibilidades de relanzamiento; no hallando acicates en él, los jóvenes optan por otras prácticas deportivas; bien por haber formado un buen bloque de baloncesto, hockey, balonmano, atletismo, balón bolea, ajedrez o remo, bien por puro desinterés, el fútbol concluye en la más lóbrega catacumba. Eso pudo haberle ocurrido a Cádiz sin el oportunísimo nacimiento de su ejemplar trofeo veraniego.

Hasta la temporada 1954-55, el club amarillo gaditano estuvo fluctuando entre la 2ª y 3ª División. O para ser más exactos, penando, sobre todo, por el desértico fútbol de bronce, que era como entonces solía denominarse a una 3ª con campos de tierra, vestuarios sin agua caliente y taludes a modo de graderíos. Taludes, por cierto, sumamente resbaladizos en cuanto caían cuatro gotas. Tras doce años midiéndose al San Fernando, Algeciras, Balompédica Linense, Jerez, Iliturgi, Emeritense, Utrera, Badajoz, Cacereño, Linares, Coria, Ceuta, Jaén, Antequerano, Calavera, Melilla o Atlético Malagueño, e incluso a los ya desaparecidos por obsolescencia (Electromecánica) o pura coherencia política (Larache, España y Mogreb de Tánger, Atlético y Español de Tetuán), tuvo lugar el ansiado ascenso a 2ª. Circunstancia, además, coincidente con la inauguración de su nuevo y coqueto estadio municipal.

Aunque aquel estadio se construyera con José León de Carranza ocupando la alcaldía gaditana, el mandatario declinó impusieran su nombre a la construcción, sugiriendo, en cambio, perpetuasen el de su progenitor, José Ramón de Carranza, uno de los más recordados alcaldes de la «Tacita de Plata». Aceptada la propuesta por aclamación, aquel lejano 3 de setiembre el propio José León presidiría la disputa de un torneo inaugural, con el club anfitrión y el poderoso Barcelona como contendientes. Lo de menos fue el resultado. Porque aquel encuentro, el magnífico sabor de boca que de él conservaron afición y autoridades, dejó abierta la posibilidad de instituir un torneo parecido con carácter anual. Acababa de vislumbrarse, por lo tanto, el trofeo Ramón de Carranza. Con el correr de los años, todo un clásico.

Las tres primeras ediciones (1955,1956 y 1957) se disputaron a modo de final, con dos únicos contendientes. Era, todavía, un torneo menor, uno de tantos, al que la tiranía presupuestaria otorgaba carácter casi local (Sevilla y el modesto Atlético de Portugal para la primera edición) o exclusivamente nacional (Sevilla – At. Madrid en la segunda y Sevilla – At. Bilbao en la tercera). La excelente respuesta de los aficionados y una ambición harto encomiable, posibilitaron el siguiente paso: cuatro contrincantes, y por lo tanto otros cuatro partidos, a partir de 1958, con Real Madrid, Sevilla, Wiener austríaco y Roma, inaugurando la nueva fórmula.

El Real Madrid, campeón del primer cuadrangular, contribuyó a otorgarle más prestigio, puesto que con Alonso, Atienza, Marquitos, Lesmes, Santisteban, Zárraga, Kopa, Rial, Di Stéfano, Puskas y Gento, entre otros, acababa de revalidar su título en la Copa de Europa, competición aparentemente forjada a su medida. Este hecho, el de mirar siempre hacia los clubes que Europa acababa de consagrar, o los más significados de la por entonces exótica Sudamérica, habría de coronarlo como rey del verano. Eso, y la circunstancia de constituir última puesta a punto antes del arranque liguero español.

El Real Madrid también pudo llevar a sus vitrinas la monumental obra de orfebrería en 1959 y 1960, para decepción de Barcelona, Milán y Standard de Lieja en el primer caso, y At. Bilbao, Stade Reims y Eintracht de Frankfurt en el segundo. El Stade Reims había sido uno de los potentes de Europa en el pasado reciente y el Standard, cuando el fútbol belga constituía temible potencia continental, en absoluto podía compararse a la modesta entidad en que hoy se ha convertido. La edición de 1961 incorporaría como gran novedad dos clubes sudamericanos: Peñarol de Montevideo y River Plate bonaerense. Los uruguayos a punto estuvieron de coronarse campeones, con Cubilla, Spencer, Cabrera, Sassía y Ledesma en su potente vanguardia, donde también Rocha aportaba lo suyo. Pero el formidable Barcelona de Pesudo, Foncho, Rodri, Gracia, Gensana, Martínez, Kocsis, Evaristo, Villaverde y Zaldúa, con Vergés y Garay como hombres de refresco, acabó imponiéndose. El propio club catalán renovaría laureles en 1962, aunque en la segunda tanda de penaltis, con Cubilla, figura uruguaya el año anterior, como refuerzo de oro para el extremo derecho. Incomprensiblemente, la perla charrúa no llegó a cuajar como azulgrana. Su fútbol finísimo fue considerado lento desde el principio, probablemente porque nadie supo ver en él la amplia oferta de cualidades que habrían de convertirlo en el Mundial mexicano de 1970, casi dos lustros después, en una de sus más destacadas figuras. Puestos a entrar con mal pie, a Cubilla llegó a detenerle Yarza su penalti.

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El portugués Eusebio, junto al también superdotado Paco Gento, encabeza la clasificación goleadora del Carranza.

Probablemente en 1963 no hubiesen faltado apostadores a favor del Barcelona, como nuevo tricampeón. Pero se lo impidió la apisonadora del Benfica, que con Cavem, Cruz, Coluna, Augusto, Torres, y sobre todo Eusebio, acababa de proclamarse campeón de Europa. Aquel Benfica disputó otras dos finales consecutivas, si bien concluiría doblando la rodilla contra el Betis de Papín, Ríos, Frasco, Ansola, Bosch y Rogelio, en la prórroga, y por un apretado 3-2 ante el Zaragoza de los «5 Magníficos», aunque en la final vistiera el gallego Pais la camiseta número 11 de Carlos Lapetra.

Continuaron sucediéndose campeones españoles hasta 1969. Real Madrid en el 66, Valencia en el 67 y At. Madrid en el 68, pese a la oposición de Torino, Corinthians, Peñarol o Vasco da Gama. Por fin, en 1969, el primer triunfador sudamericano, gracias al 2-0 endosado por el Palmeiras a un Real Madrid donde, junto a los «ye-yés», aún galopaba por su banda Paco Gento. Para entonces, gracias a las retransmisiones de Televisión Española -omnipotente y única referencia audiovisual en los hogares patrios- el Ramón de Carranza se había convertido en gran fiesta deportiva agosteña.

España, a punto de encarar los 70, bien poco tenía que ver con el país amedrentado de 1955. En 14 años parecía haber dado la vuelta, como un calcetín. La decidida apuesta por un turismo de clase media, unida al denodado esfuerzo de tres millones de emigrantes y su equivalencia en divisas, permitió construir carreteras y aeropuertos, modernizar escuelas, electrificar tendidos ferroviarios, mecanizar el campo, introducir productos en la cesta de la compra considerados un lujo hasta hacía bien poco, llenar de «600» los remozados caminos, combatir el invierno con las «catalíticas» a butano anunciadas por Gila, e incluso creer que la vida podía mejorar de verdad sin mediar un pleno de 14 en las quinielas. Nuestras playas, aún desobedeciendo pregones gubernamentales, se iban poblando de biquinis. El vermouth se convirtió en rito tras la misa dominical. Muchos compatriotas, bien por esnobismo, bien tras descubrir la existencia de una destilería en Segovia, concluyeron decantándose hacia el whisky desde el socorrido coñac, por más que beber cierta marca jerezana de «brandy» fuera «cosa de hombres». Y al compás de ese giro copernicano en lo sociocultural, quién sabe si porque el eco de las viejas conspiraciones judeomasónicas hubiesen perdido todo su efecto, o porque las masas sean más fácilmente controlables con los estómagos llenos, el franquismo fue aflojando la mano. Si bien seguía existiendo censura, en el cine se cortaban menos besos. «El graduado» pudo verse, pese a un argumento que apenas 7 años antes habría sido catalogado como gravemente peligroso. No parece que Dustin Hoffman escandalizase a nadie. Si acaso, aquella película sirvió para que muchos jóvenes descubrieran, gracias a su banda sonora, a Simon y Garfunkel. Todo evolucionaba, para desesperación de no pocos curas trabucaires. Incluso en la propia iglesia resultante del Concilio Vaticano II, guitarras y panderetas enmudecieron al armonium. Las mismas letras de canciones «made in spain» iban pasando de lo banal a la sugerencia, e incluso a la protesta, aún sin desterrar, como por otro lado parece lógico, la completa estulticia. España era un país decididamente abierto a las novedades.

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Y algunas novedades, siquiera en lo futbolístico, fue cuanto se empeñó en aportar el Carranza gaditano.   

Para cuando el Palmeiras de Sao Paulo volvió a levantar el trofeo en 1974 y 1975, mediando triunfos del Real Madrid, Benfica, At. Bilbao y Español barcelonés, ya habían contendido potentes clubes extranjeros: Independiente de Avellaneda; el poderoso Milán de Gianni Rivera; el Peñarol de Ladislao Mazurkiewicz, a la sazón considerado mejor portero del mundo; Botafogo; el Bayern de Munich de Sepp Maier, Beckenbauer, Uli Hoeness o «Torpedo» Muller; la «Juve» turinesa o aquella magnífica apisonadora de Amsterdam llamada Ajax, el excepcional Ajax, base de la «Naranja Mecánica» que anonadase en el Mundial alemán del 74 y que, paradójicamente, ni siquiera pudo llegar a la final gaditana. Al Palmeiras de 1974 y 1975 daba gloria verlo. Y eso que, a priori, sobre todo en 1974, se esperaba más de otros conjuntos. Del Santos, cuya referencia seguía siendo «O Rey» Pelé, y del Barcelona comandado por Cruyff, a quien todos consideraban príncipe heredero.

Pero el fútbol está lleno de sorpresas y aquel torneo las sirvió por partida doble. El Español derrotó en semifinales al idolatrado Santos de Carlos Alberto, Ze Carlos y Pelé, en tanto la muchachada del Palmeiras dejaba en la cuneta a los culés. El ansiado choque catalanopaulista pudo verse, sí, aunque tan sólo para determinar el orden de los colistas. El Barcelona batió a sus rivales por 4-1, quedando para Pelé, ya sombra de sí mismo, el pobre orgullo de salvar, mediante lanzamiento desde el punto de penalti, el honor santista. En la final, como ocurriría al año siguiente, frente al Real Madrid, los Leao, Luiz Pereira, Leivinha, César, Ademir o Edu, dejaron bien sentado por qué Brasil ocupaba el Olimpo balompédico.

Pese a todo, el Palmeiras no pudo añadir su nombre al de quienes ya habían festejado tres éxitos consecutivos. Se le cruzó un At. Madrid que para entonces contaba con dos de las anteriores estrellas campeonas: Luiz Pereira y Leivinha. Dos auténticos superdotados. Dos prodigios sobre el césped, sin nada en común. Anárquico, sobrado, indisciplinado tácticamente, juerguista, fumador no muy a escondidas, carismático, jovial hasta el exceso y obsesionado por marcar goles, el primero, pese a que su puesto en el eje defensivo exigiera otras aplicaciones. Y más callado, más veloz, más técnico, más permeable a las órdenes del banquillo, el segundo. A Pereira sólo parecía capaz de ponerle freno su propia esposa, una auténtica autoridad, según recuerdan quienes por aquella época compartieron vestuario e instalaciones colchoneras. Y a Leivinha, todo inteligencia, clase y pundonor, decidieron pararlo varios defensas de la especie que hace 35 años tanto abundaba. Hoy serían consideramos sacamantecas, conserjes de reformatorio, carabineros del antifútbol, si no carne de juzgado. Pero entonces, aún lesionándolo repetidamente, se fueron de rositas. Leivinha regresó a Brasil, tan mermado como descontento por sus varios meses en el dique seco, porque el cúmulo de patadas alevosas le impidió brillar conforme debía con su selección. Los perros de presa pudieron colgar las botas, impunes, sin aparentes borrones en sus hojas de servicio, mientras él entonaba un adiós anticipado a la gloria.

Entre tanto, los colchoneros, acaudillados por Luis Aragonés desde el banquillo, repitieron éxitos en 1977 y 1978, ante el Inter de Facchetti, Baresi, Merlo, Pavone, Anastasi y Altobelli, primero, y el River Plate de «Pato» Fillol, Passarella, Luque y Ortiz, después. En 1979, edición XXV del Carranza, un nuevo campeón brasileño, el Flamengo de Tita, Zico y Julio César, que reforzado con Marinho volvería a llevarse otro trofeo en la siguiente convocatoria. Y por fin, en 1981, el primer triunfo de los anfitriones.

Para entonces el Cádiz ya no era un club tan modesto. De penar en 2ª, e incluso retroceder hasta la 3ª en 1968-69, de traspasar a sus figuras (Miguel al Deportivo de La Coruña por 750.000 ptas., Lara al Granada por 500.000, Juanito al Barcelona por 3 millones y medio, Andrés al Real Madrid por 7 justos o Migueli al Barcelona por 12) para equilibrar balances, había pasado a militar entre los grandes, luego de quedar subcampeón de 2ª en 1976-77, con Mané, Villalba, Botubot, los veteranos Barrachina y Quino, el chileno Carvallo y los vascos Santamaría, Urruchurtu, Ibáñez, Otaolea o Cenitagoya. De manera que siendo ya un «grande» y con el milagroso Manuel Irigoyen dirigiendo la entidad, nadie podría considerar caprichosa su inclusión en el Carranza. Abonado al último puesto las ediciones 1977, 1979 y 1980, se deshizo en semifinales del CSK de Sofía en la tanda de penaltis e hizo historia frente al Sevilla, cuando Dieguito, atacante pinturero y bullicioso por cuya sangre corría en igual medida la fiebre del fútbol y el flamenco, marcó a 5 minutos del final el único tanto del partido. Como si hubieran tomado la medida al torneo, los amarillos volvieron a imponerse en 1983, tras prórroga y lanzamientos de penalti, luego de que el Real Madrid se tomara revancha de la Liga en el 82, frente a los donostiarras de la Real Sociedad. Y aún alzarían otro trofeo en 1985, ante el Gremio de Porto Alegre, otra vez gracias a su mayor precisión desde el punto de penalti.

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Dieguito se hizo un hueco en la historia del Cádiz y del Trofeo Carranza, al batir a Buyo en 1981. Tras colgar las botas impartió clases de baile flamenco.

 Los años 90 consagraron al Ramón de Carranza como el más grande de nuestros torneos veraniegos. Entonces soplaban muy malos vientos por otras latitudes. La avaricia de ciertos intermediarios, el desinterés de algunos públicos, la cada vez más acendrada costumbre de viajar por la península, nuestras islas o el extranjero durante el mes de agosto, aprovechando las vacaciones, crisis de patrocinio derivadas de puntuales repliegues económicos, a los que nuestro país parecía haberse apuntado, y hasta el simple cansancio, concluyeron con el entierro de numerosos cuadrangulares nacidos a su rebufo. El Carranza sobrevivió, aún cuando la bandera deportiva ciudadana se precipitase en 2B, eufemismo federativo equivalente a la antigua 3ª División, e incluso cuando todo parecía indicar la desaparición amarilla por ruina estrepitosa.

Las aguas, afortunadamente, no llegaron a mal río. Y hoy, tanto el Cádiz, con marcha dubitativa por la división de plata, como el trofeo Ramón de Carranza, dueño de su propio trono entre los más grandes, prosiguen, orgullosos, una digna andadura.

 

Hitos del Ramón de Carranza

.- Récord de goles en un solo partido: Alfredo Di Stéfano.

.- Máximos goleadores del torneo: Eusebio (Benfica) y Gento (R. Madrid), 8 tantos.

.- Algunas estrellas internacionales presentes en el Carranza con clubes extranjeros: (Leao, Pelé, Luiz Pereira, Leivinha, Zico, Marinho, Jair, Edu, Rivelino, (brasileños); Fillol, Santoro, Pastoriza, Passarella, Luque, Yazalde (argentinos); Kruyff, Neeskens, Hulshoff (holandeses); Mazurkiewicz, Cubilla, Matosas padre (uruguayos); Maier, Beckembauer, Hoeness, Muller (alemanes); Albertosi, Rivera, Maldini, Facchetti, Merlo, Altafini, Prati, Anastasi, Corso, Capello (italianos); Costa Pereira, Germano, Coluna, Eusebio, Graça, Torres, Simoes, Jordao (portugueses); Fazekas y Nagy (húngaros); Seminario (peruano); Luis Suárez (español).

 José Ignacio Corcuera       

   




Españoles en el fútbol cubano

Cuba, notable potencia deportiva en la actualidad, gracias a sus atletas de oro olímpico, a muy bien armados equipos de balonmano, balón-bolea o boxeo, por no mentar la treintena de beisbolistas con sitio en la liga norteamericana, apenas si representa algo para del panorama futbolísitico. Sin embargo hace tres cuartos de siglo, antes de que sus playas se pusieran de moda, cuando Pérez Prado aún no había popularizado el «Mambo» y sólo unos pocos emigrantes retornados distinguirían la guaracha del son, o el danzón de la trova, su fútbol fue meta y hasta prometedor El Dorado para bastantes españoles.

Eran tiempos de amateurismo marrón por nuestros pagos, de profesionalización encubierta o poco más que testimonial, atendiendo a sus devengos más bien exiguos. Al otro lado del océano, en cambio, parecían atar a los perros con longanizas, puesto que las muy nutridas colonias gallega o asturianas tentaban con espléndidos contratos a nuestras incipientes figuras. Pero curiosamente, pese a proceder del Cantábrico los más firmes puntales del pretérito fútbol antillano, la primera remesa de aventureros no fue galaica o astur, sino gerundense. Tan aparente anomalía tuvo su fundamento.

El 9 de julio de 1922, el Ateneu Deportiu de San Feliú se proclamaba Campeón de Cataluña en Segunda Categoría, al derrotar al Atlético Sabadell en el campo del F. C. Barcelona. Un enorme triunfo para la modesta agrupación guixolense, que ya había degustado otras mieles, pues desde 1918 supo alzarse con 3 títulos provinciales consecutivos. La euforia se desató por la comarca, como atestigua un pasquín impreso por M. Comas en su taller del propio San Feliú.

 Poble de Sant Feliu:

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Un crit inmens de Victoria sosmou la ciutat. Tot Sant Feliu brunz. El nostre Ateneu Deportiu en lluita noble i honrada ha conquerit el CAMPIONAT DE CATALUNYA. Els nostres jugadors plens d´amor ciutadá han posat ben alt el nom del nostre poble.

Ciutadans: Avui a las 6 de la tarde arrivarán els nostres valerosos equipiers. Vingueu a rebrels a la Rambla Vidal en just homenatje al seu esforç.

¡Visca l´esport guixolenç!

                                          ¡Visca l´Ateneu Deportiu!

 Tanta alharaca fue agriamente contestada por la prensa anarco-sindicalista. El 22 de julio de 1922, F. Barthe firmaba cuanto sigue en el semanario «Acción Socialista Obrera», publicación subtitulada como Periódico de cultura social, defensor de las causas obreras y órgano de los sindicatos obreros:

«Estos días pasados, con motivo del triunfo del «Ateneu Deportiu» de Sant Feliú en el Campeonato Regional de foot-ball, segunda categoría, vimos una hoja en la que se decía, entre muchas sandeces, que el «nombre de Sant Feliu había sido levantado muy alto». Llevar el nombre de una ciudad «muy alto» por acertar a dar unas cuantas patadas que den al goal nos parece, más que simple, estúpido. Un asno o un caballo lo llevarían más alto o más lejos. Nos parece bien que los jóvenes se diviertan, se entusiasmen y hasta que escriban tonterías propias de su juventud. Lo que no se puede comprender es que una multitud compacta se haga eco de semejantes niñerías y crea que un team lleve en su victoria sobre otros la prosperidad, el honor y la fama inmortal a una ciudad entera.

Aceptando el foot-ball, hemos de condenar enérgicamente ese ambiente sobrecargado de fetichismo, de idolatría, de patrioterismo, en el que se le va a deformar y a anegar.

El foot-ball debe ser el pasatiempo y expansión física y moral de la juventud, jamás el arma de combate o el trofeo de vanagloria de alguna entidad política, religiosa o económica, menos aún de una ciudad entera… ¿Qué hay de común entre Sant Feliu con sus 15.000 habitantes y once muchachos que saben «shootar» bien el balón?. Además no creemos que el mérito y la grandeza se hayan pasado de las arrugas del cerebro al metatarso de los pies, para que se festeje de esa manera tan general el progreso deportivo de unos jóvenes. Si en el foot-ball reside el progreso y la fama de un pueblo, hay que convenir que sobran centros de cultura y escasean terrenos de foot-ball.

Contra este ambiente castrador de la personalidad hay que levantarse. No podemos tolerar que se envenene la juventud con esta atmósfera de frivolidad y de insensatez que desde la adolescencia hasta la madurez viril, embota los sentidos y la mente de la juventud, inutilizándola para los problemas fecundos y trascendentales de la vida.

No queremos que el foot-ball, de juego sano y sencillo se convierta en corruptor y atrofiador de jóvenes, ni en pasión social, morbosa y decadente, que absorba hasta nuestro sentido común.»

Esto, que tan mal sentó en los ambientes deportivos de San Feliú, se escribía hace 80 años, aunque podría fecharse hoy mismo sin perder un ápice de actualidad. Sintiéndose insultados, casi todos los campeones decidieron emprender otro rumbo. Nanci, Pey o Feliú saltaron a otros clubes nacionales. Lluhí, Charles, Miró, Portero, Nicola y Gimbernat, se fueron a La Habana, donde el fútbol estaba mejor pagado. Y el caso es que entre la masiva deserción y el abatimiento social experimentado por las provincias catalanas durante los años de pistolerismo y «Dictablanda» de Primo, el glorioso Ateneu concluyó desapareciendo poco después. 

No tuvieron que esperar mucho los cubanos para recibir a otra expedición de futbolistas, esta vez gallegos. Por toda la isla, pero especialmente en La Habana, existían clubes con directiva y masa social española, entidades en las que un gallego, cobrando cantidades impensables en nuestra tierra, podía disfrutar de lo lindo mientras se dejaba abanicar por las palmeras, paseaba su ocio entre El Vedado y la multitudinaria Habana Vieja, o cedía a la morriña cuando el atardecer cubría los porches del Malecón. José Torres, Begoña, Simón, Blas, Chorens, Cachán o Arturo, conocido popularmente como «Picholas», deportivistas todos, se dejaron tentar por aquel dinero y la sed de aventuras. Ramón González, otro coruñés, a punto estuvo de ser el primer español en los campeonatos profesionales de Escocia, pues los responsables del Dundee United le hicieron una oferta en firme a raíz de los amistosos disputados contra el Deportivo, allá por 1924. El delantero gallego endosó en el segundo choque 5 goles a los de Glasgow, subcampeones en su liga. Suficiente, claro está, para desatarles la codicia. Pero apegado a su tierra, como estaba, González rechazó la invitación.

Cosme Vázquez (para el fútbol Cosme), también gallego aunque con militancia en los dos grandes clubes madrileños, fue otro degustador de la perla antillana. Sin embargo centrémonos en las andanzas cubanas de los deportivistas, aunque sólo fuere por haber constituido mayoría.

De todos ellos, puede que fuese Torres el mejor dotado futbolísticamente. Sin embargo la humanidad de Cachán eclipsó al resto.

José Torres Mourelle, padre del también futbolista -e internacional, aunque con la selección B- Carlos Torres, había empezado a jugar en los años 20 y tardó poco en emigrar al Iberia de La Habana. En 1930 regresó a La Coruña de vacaciones y sus amigos, compinchados con la saudade, ya no le dejaron marchar. Veloz, hábil y potente, buen corredor de la banda, rindió en el Deportivo hasta que un choque con el vigués Valcárcel adelantase su retirada. En los años siguientes ejercería de gerente en el Café Marineda y no supo negarse cuando le invitaron a formar parte de la directiva albiazul. Cuba y el Deportivo le acompañaron siempre: la isla con un rastro de acento cachazudo y el club cosiéndole su escudo al corazón.

El singularísimo Cachán, por su parte, constituye inagotable pozo de anécdotas.

Hospiciano y analfabeto, Laureano José Rodríguez, pues ese era su nombre real, tan anárquico en los terrenos de juego como en cada faceta de su vida, destacaba como extremo izquierdo por la limpieza de su toque y una rara precisión en cada centro sobre el área. Recién llegado al Club Iberia de La Habana, escuchó el grito de ánimo coreado por los incondicionales: «Cachín, Cahán, Cachumba. Iberia es la que zumba». Orgullosísimo, se acercó a su compañero Pepe Torres. «¿Los oyes?», dijo; «No se me había ocurrido pensar que aquí, tan lejos de casa, pudieran conocerme tanto». Y sin salir de su error, fue a saludar desde el centro del campo entre el jolgorio de la afición.

Cachán, ya de vuelta a La Coruña, se hallaba una tarde en las oficinas del Deportivo, viendo cómo sus compañeros echaban una mano en la extensión de recibos. Quizás por pasar el rato, tomó una  pluma e hizo varias rúbricas. Luego de estudiarlas muy complacido, las mostró a todos, sonriente, mientras aseguraba: «Qué buena letra tendría si supiese escribir, ¿no os parece?».

Pero el pobre Cachán no aprendió jamás. En vísperas de la Guerra Civil era una especie de vagabundo sin raíces ni techo fijo. Consta que hallándose el Deportivo coruñés muy necesitado de efectivos, averiguaron sus dirigentes el paradero de tan pintoresco personaje, vagabundeante por Andalucía. Sin perder un minuto le giraron dinero junto con un telegrama, para que tomando el primer tren se aprestase a colaborar con sus centros en la buena marcha del club. Laureano tardó casi 15 días en aparecer y cuando se le preguntó si no había recibido aquella cantidad, rehuyó justificarse: «Vine de polizón. Hubiera sido una tontería gastarme esos duros en el viaje, pudiendo hacerlo gratis».

Meses más tarde su mala suerte habría de jugársela definitivamente. Sin comprender la locura desatada a su alrededor, penetró en una armería de San Andrés recién asaltada por jóvenes sindicalistas empeñados en hacer frente a la sublevación militar. Allí fue prendido, interrogado a trompazos y, tras oportuna mediación del mandatario coruñés Ramón de Llano, forzado a alistarse como voluntario en las milicias de Renovación Española. Apenas tuvo tiempo de agasajar a su benefactor con una bandeja de pasteles, adquirida nada más cobrar su primer sueldo de legionario. Le aguardaba el frente de Asturias y entre explosiones, miedo y ráfagas de ametralladora, agazapada en las trincheras, la muerte. Sus restos fueron recogidos por el Dr. Candama, también antiguo jugador deportivista y viejo compañero en los vestuarios de Riazor.

Claro que no todos los españoles integrados en el fútbol cubano llegaron como profesionales. Para ilustrarlo, ahí van unos apuntes.

Hilario Fernández Rodríguez (Hilario), potente medio centro asturiano, arribó muy joven a las Antillas como un emigrante más. De ese modo estuvo compaginando los quehaceres laborales cotidianos con su militancia deportiva en  el equipo de Cienfuegos. Nada más regresar, fue fichado por el Stadium Avilesino, cuyos colores defendería desde 1927 hasta 1942, aunque con algún intervalo.

Manuel Vidal de Cárcer representa el rizo más original de cuantos jugaron en Cuba. Hijo de Barcelona (1906), fue hasta el Caribe guiado por su aversión al servicio militar. En la Gran Antilla destacó como cancerbero hasta su regreso, en 1931. Sometido a prueba por el Barcelona, luego de haberse ofrecido, integró la primera plantilla catalana durante dos campañas. Sólo jugó 23 partidos, porque Nogués representaba entonces un enorme obstáculo. No obstante dejó huella de elegancia y espectacularidad. Para su salida de la entidad blaugrana tuvieron mucho más peso las razones de tesorería que las puramente deportivas. Piera o Samitier fueron otros eliminados aquel 30 de diciembre, ya que sus fichas desnivelaban considerablemente el presupuesto de un club atormentado por anteriores dispendios. Andado el tiempo, Vidal de Cárcer se haría entrenador y cuando tuvo lugar su fallecimiento, en 1998, era el gran patriarca de los ex-jugadores culés.

Lo cierto es que Cuba, durante los años 20 y primeros 30, gozaba de un fútbol cuajado de españoles, aunque la mayoría fuesen hijos de emigrantes. El hambre y la ausencia de expectativas, a menudo amalgamadas con cierta atmósfera de inseguridad, ensombrecían amplias zonas de aquella España, heredera directa del caciquismo, la explotación laboral sobrevenida a la industrialización, y el alarde ostentoso de una burguesía sólo liberal en materia económica. Cuba, en cambio, y no sólo Cuba, sino América en su conjunto -imposible olivar Argentina o México- representaba la esperanza, la quimera de una fácil prosperidad. Muy de tarde en tarde llegaban noticias sobre aquellos futbolistas. Y cuando ello ocurría, solía ser porque desandaban el camino para fichar por uno de nuestros clubes.

El Real Oviedo, entidad de novísimo cuño luego de fusionarse dos sociedades carbayonas, rescató a algunos nada más instaurarse el Campeonato Nacional de Liga. El primero fue Bienvenido López Santos (para el fútbol Bienvenido), un medio del Juventud Asturiana de La Habana, al que sólo alinearon en 3 partidos del campeonato inaugural, es decir 1928-29. Los ovetenses militaban en 2ª División y no se arrugaron con su primer fracaso. En 1930 repatriaron al defensa Gregorio Fernández González (Goyo en las alineaciones), natural de Oviedo pero forjado, como su antecesor, en el Juventud Asturiana habanero. Éste demostró estar más hecho, y consecuentemente intervino en las 18 jornadas del campeonato nacional 1930-31, y en 8 del siguiente. Durante su segunda temporada como azulón coincidió con otro «cubano», el medio natural de Gijón Valentín Álvarez Trabanco, alineado como Valentín en los pocos partidos amistosos o de torneos menores que tuvo ocasión de disputar, porque lo que es en el Campeonato de Liga de 2ª División, quedó inédito. Procedía, a diferencia de sus predecesores, de la Sociedad Cataluña de La Habana.

Tras reexpedirlo a su procedencia, junto al Caribe, ya no insistió en sus experimentos el Real Oviedo. Bien al contrario, comenzó a tejer un cuadro potentísimo espigando en el vivero vasco (Lángara, Inciarte o Mugarra), o el de los vecinos gijoneses (Sirio Blanco y Herrerita), sin perder de vista al por entonces más que notable Stadium Avilesino (Galé y Casuco). Con todos ellos, más la prometedora incorporación de un jovencísimo empleado del Ferrocarril Vasco-Asturiano llamado Emilio García Martínez (el más adelante internacional Emilín), no sólo pudo auparse a la máxima categoría, sino obtener el subcampeonato en una competición liguera que, prácticamente como ahora, pretendían monopolizar Real Madrid y Barcelona, con la incrustación del potentísimo Athletic de Bilbao dirigido por Mr. Pentland. 

Pero quizás el más ilustre aventurero en Cuba fue Gaspar Rubio (Serra, Valencia, 1908). Frío, calculador hasta el punto de rehuir el choque en un fútbol fundamentalmente físico, tan genial como indolente y conflictivo, profesional desde que fichase por el cuadro de San Sadurní de Noia a los 14 años y con un ego sin límites, alentó tertulias, dio trabajo a los linotipistas y hasta forzó la primera denuncia por abandono de un club español ante la FIFA. Para cuando llegó al Madrid en 1928, ya había dejado huella de su clase en el Nuria, Reus, Sport Gracia y Levante. Con los merengues obtuvo 12 goles en el primer campeonato de liga y 18 en la segunda edición (1929-30), al término de la cual se fugó a La Habana, para enrolarse en el Juventud Asturiana. Allí tuvo la desgracia de que le fracturasen una pierna y todavía mediada su recuperación decidió saltar hasta México, fichado por el Club España, desde donde le tentaban con la astronómica cantidad de 14.000 pesetas mensuales. Sirva como referencia que un muy buen sueldo español difícilmente superaba por esa época las 1.500 ptas. Fue entonces cuando el Madrid exhibió ante la FIFA sus derechos federativos, no obteniendo mucho más que buenas palabras.

Aseguran que recién llegado a México, los reporteros se interesaron por las características del astro como futbolista. Y Gaspar, sin complejos, se mostró rotundo: «Les puedo dar una pista. ¿Han visto ustedes a Samitier sobre un campo de fútbol?. Pues algo parecido, pero en mejor». También se le achacan otras muchas salidas de exagerado ingenio, tendentes siempre a la vanagloria y la fácil cohetería. Como ocurre con los toreros míticos, de ser ciertas la mitad de ellas, estaríamos ante un personaje sin par.

El hijo pródigo, hechas las Américas, volvería a vestir de blanco para ser rápidamente traspasado a los vecinos «colchoneros», entrando en la operación el atlético Ordóñez. Después de ser rojiblanco durante dos temporadas, nuevo salto a Valencia en la campaña 1934-35 y otra vez a Madrid, cerrado el paréntesis de la Guerra Civil, para proseguir su andadura por Granada y Murcia. Ya para entonces había dejado de ser «El Mago Gaspar», sobrenombre con que le conocía la afición de preguerra, e incluso «El Rey del Astrágalo», cuya paternidad parece obra del periodista Rienzi, al ser operado de un hueso sobre cuya existencia nada sabía el 99% de los españoles. Había sido un mito, internacional en 4 ocasiones, con 9 goles marcados, e incluso avispado instigador de las primas como retribución individual, al exigir a la Federación Española, en 1929, 10 duros por cada gol marcado a Inglaterra. Suficiente curriculum para lanzarse a entrenar, tarea en la que se empeñó durante años con más pena que gloria. Balompédica Linense, Levante, Melilla, Hércules, Granada, Atlético Baleares, Orihuela, Hércules nuevamente, Lérida y Atlante mexicano, contaron con él. América, estaba visto, le tenía marcado. Hasta el punto de que allí, en el México de sus correrías, habría de fallecer el 4 de enero de 1983.

Nuestra posguerra, con sus secuelas de drásticas limitaciones, dificultades sin cuento para la obtención pasaportes y, por qué no decirlo, con el decisivo concurso del leonino derecho de retención, guillotina de espíritus aventureros y vía muerta ante cualquier reivindicación deportiva, prácticamente cerró con doble portillo el flujo de emigración futbolística al Caribe. Los contactos de nuestro fútbol con el de aquellas latitudes se redujo a lo puramente testimonial. Alguna gira veraniega. Algún bolo de pretenporada. Unas pocas exhibiciones asturiana o gallegas ante el paisanaje de la hégira. Justo hasta el triunfo de la revolución castrista. Luego ya ni eso. El béisbol, o «la pelota», como allí lo denominan, barrió al balón de cuero.    

Tiempos pretéritos, en los que Cuba constituía un buen mercado para el futbolista español. La perla antillana, entonces, sonaba de veras como país futbolístico.

  




Cuando el Chupa-Chups se llamaba «Chupete Sport»

 

 En la sección dedicada a las colecciones de cromos de fútbol añejas traemos una excepcionalmente rara e interesante. Se trata de una colección editada por la marca de Chocolates y Caramelos Buttercao, radicada en la población de Benicarló (Castellón). La colección, así como la actividad de la empresa, se remonta a los años 20. Tenemos constancia de la actividad promocional de «Buttercao» a través de un par de colecciones de los típicos cromos de los chocolates de los años 20. Una de ellas dedicada a la vida de Miguel de Cervantes y otra, de 20 cromos, titulada «Rompecabezas» donde el cromo, una vez recortado se convertía en un sencillo rompecabezas para montar. No son muchas colecciones si consideramos la gran cantidad de las mismas que editaron como herramienta promocional otras marcas, mucho más importantes, en su mayoría originarias de Cataluña. Los Chocolates y Caramelos Buttercao aparecen como empresa de tipo familiar, dirigida por los Hnos. Romero en un principio y más adelante por Francisco Romero, en lo referente a los chocolates, con dos localizaciones diferentes, una para los chocolates (C/Mariscal Foch 75) y otra para los caramelos (C/Comercio 15 y 17)[1] en las primeras referencias, apareciendo en una guía comercial de Castellón de 1948 con una localización diferente para la fábrica de chocolates: C/Cardona-Sta. Teresa 7. Esto evidencia que la actividad de Buttercao se prolongó desde los años 20 hasta el final de los años 40, no teniendo constancia de su existencia más allá de las fechas señaladas. Con una distribución que no dudamos en calificar como local, Chocolates y caramelos Buttercao apostaron fuerte a mediados de los años 20 con una colección sobresaliente y muy difícil de conseguir, ya que a día de hoy se conoce tan solo un ejemplar de la colección, virtualmente completa y en aceptable estado.

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 Los chupetes «Sport» debían ser un invento propio y patentado de Buttercao. No disponemos de datos concretos, ni imágenes que sustenten nuestra afirmación, pero por el nombre y las características de la producción de la marca, debían ser una especie de chocolatinas o caramelos con forma de chupete y que incluirían un cromo como premio para animar a los niños a comprarlos. Una especie de arcaico Chupa-Chup. La colección  consta de 80 cromos de reducido tamaño, entre los que encontramos futbolistas y boxeadores. Los cromitos, de gran colorido, miden 1’9 x 2’4, y se pegan en unos recuadros que llevan el nombre de cada deportista. Los cromos llevan en una tinta muy débil de color azul el nombre del deportista para poder identificarlo y pegarlo en el lugar que le corresponde. Los dorsos de los cromos están en blanco. El álbum, una hoja del tamaño de una holandesa, mide 24 x 29 y por detrás está en blanco. En la misma se indica que aquel que complete el álbum podrá conseguir un balón de fútbol o unos guantes de boxeo. Este es el quid de la cuestión. Se trata de una colección con premio gordo, incentivo aún mayor que el de completar el álbum, ya que hacerlo conlleva doble satisfacción: acabar una bonita colección y conseguir gratis un balón de fútbol o unos guantes de boxeo. Como bien sabrá el lector, ahí radica el truco de estas colecciones: acabarla otorga un premio, por tanto debe existir un cromo»imposible» ése que realmente otorga el regalo y que aparecería con cuentagotas en los chupetes Sport.

            Si observamos el listado de los cromos comprobaremos que muchos jugadores aparecen más de una vez. Estrategia comercial para con menos fotos alargar la colección y hacer que las ventas sean mayores. El cromo «imposible» es Alcántara del F. C. Barcelona. Mi teoría es que, a pesar de que el equipo que tiene más jugadores es el Valencia F. C., razón lógica, pues uno de los polos comerciales importantes para la marca debía ser la capital del Turia, los fabricantes otorgaron el valor mayor a un jugador del F. C. Barcelona debido a sus simpatías culés. No es descabellada esta teoría si se comprueba que a partir de localidades muy cercanas a Valencia, en la provincia de Castellón, la afición del F. C. Barcelona es legión. Más allá de estas hipótesis, la colección se ha listado con una numeración que se incluye junto a los cromos identificando la posición (fila-columna) de cada cromo. Este es el listado:

 1-1 Méjias (Madrid F. C.)

1-2 Hipólito (Valencia F. C.)

1-3 Pelaó (C. D. Europa)

1-4 Pellicer (C. D. Europa)

1-5 Sarmiento (púgil)

1-6 Sagi-Barba (F. C. Barcelona)

1-7 Loayza (púgil)

1-8 Javier (C. D. Europa)

1-9 Ruíz (púgil)

1-10 Sezúmaga (Arenas Club)

2-1 Torralba (F. C. Barcelona)

2-2 Martínez (púgil)

2-3 Sharkey (púgil)

2-4 Samitier (F. C. Barcelona)

2-5 Cubells (Valencia F. C.)

2-6 Alcántara (F. C. Barcelona)

2-7 Jim – Moran (púgil)

2-8 Uzcudun (púgil)

2-9 Laca (Arenas Club)

2-10 Planas (F. C. Barcelona)

3-1 Bordoy (C. D. Europa)

3-2 Ayarza (Arenas Club)

3-3 Simarro (Valencia F. C.)

3-4 Mariano (Valencia F. C.)

3-5 Alcázar (C. D. Europa)

3-6 Yermo (Arenas Club)

3-7 Peña (Arenas Club)

3-8 Jauregui (Arenas Club)

3-9 Monjardín (Madrid F. C.)

3-10 Firpo (púgil)

4-1 Delaney (púgil)

4-2 Vallana (Arenas Club)

4-3 Piñol (Valencia F. C.)

4-4 Cubells (Valencia F. C.)

4-5 Morgan (púgil)

4-6 Laca (Arenas Club)

4-7 Coak (púgil)

4-8 Dempsey (púgil)

4-9 Hansen (púgil)

4-10 Orun (púgil)

5-1 Escobal (Madrid F. C.)

5-2 Sicilia (Madrid F. C.)

5-3 F. Pérez (Madrid F. C.)

5-4 Serra (C. D. Europa)

5-5 Juliá (C. D. Europa)

5-6 Robus (Arenas Club)

5-7 Quesada (Madrid F. C.)

5-8 Sancho (F. C. Barcelona)

5-9 Sarmiento (púgil)

5-10 Laña (Arenas Club)

6-1 Robus (Arenas Club)

6-2 Tunney (púgil)

6-3 Careaga (Arenas Club)

6-4 Garrobé (C. D. Europa)

6-5 Martí (F. C. Barcelona)

6-6 Montes (Valencia F. C.)

6-7 Escobal (Madrid F. C.)

6-8 Méjias (Madrid F. C.)

6-9 Pascual (C. D. Europa)

6-10 Cros (C. D. Europa)

7-1 Barrero (Madrid F. C.)

7-2 Rino (Valencia F. C.)

7-3 Esteban (Valencia F. C.)

7-4 Bernabeu (Madrid F. C.)

7-5 Mengotí (Madrid F. C.)

7-6 Del Campo (Madrid F. C.)

7-7 Piñol (Valencia F. C.)

7-8 Longhran (púgil)

7-9 P. Sáez (púgil)

7-10 T. Tomás (púgil)

8-1 Marín (Valencia F. C.)

8-2 Juliá (C. D. Europa)

8-3 Vallespín (púgil)

8-4 Javier (C. D. Europa)

8-5 Esteban (Valencia F. C.)

8-6 Murall (púgil)

8-7 Quadrini (púgil)

8-8 F. Puig (púgil)

8-9 Ciclone (púgil)

8-10 T. Cola (púgil)

 Sin duda alguna, esta colección goza de unas características que la hacen especial y, en mi modesta opinión, es una de las más valiosas y sobresalientes de su época.


[1] Quizá cada hermano se dedicaba a una de las empresas, siendo Francisco Romero el responsable de la factoría de los chocolates y otro hermano se ocuparía de la de los caramelos.




Francesc Miró-Sans (Barcelona, 1918-1989)

Solamente por el hecho de haber sido el presidente bajo cuyo mandato se construyó e inauguró el Camp Nou, ya se merece Francesc Miró-Sáns el figurar para siempre en el Panteón barcelonista, como uno de los personajes que más han influido positivamente en el desarrollo del club. Este joven y dinámico empresario textil tuvo la visión de un estadio a la altura de los nuevos tiempos, tiempos de postguerra y acelerada reconstrucción, en los que el fútbol se estaba convirtiendo en un gran espectáculo de masas, de inmensa popularidad, y supo materializarlo contra viento y marea, movilizando energías y venciendo todos los obstáculos, que no fueron pocos en aquellos delicados momentos por los que atravesaba el país.

          Les Corts, la Catedral del Fútbol Catalán que se construyera bajo los auspicios de Joan Gamper en la primavera de 1922, en un tiempo record, se había ido quedando pequeña. Tras sucesivas ampliaciones podía ofrecer un aforo máximo de hasta 60.000 espectadores, pero a cambio de muchísimas incomodidades. La eclosión de Ladislao Kubala y el Barça de las Cinco Copas hacía casi imposible encontrar un hueco entre sus gradas, de modo que se presentaba una crucial disyuntiva: o se ampliaba – y la capacidad de maniobra en ese sentido era ya muy limitada – o se construía un estadio nuevo. El Presidente de las Bodas de Oro, Agustí Montal i Galobart, era más bien partidario de la ampliación, pero muy previsoramente había adquirido unos terrenos justo en el límite entre los términos municipales de Barcelona y Hospitalet de Llobregat, al final de la Travesera de Les Corts.

          A Montal padre le sucedió en el cargo Enric Martí i Carreto, que presentaría su dimisión a principios de la temporada 53-54 debido al desenlace del «Caso Di Stefano», contrario a los intereses del Barça. Se abría así un proceso electoral para optar a la presidencia azulgrana, un proceso que  va a verse beneficiado por una laguna legal que permitiría el voto a todos los socios varones mayores de edad y con una determinada antigüedad en el club: un insólito simulacro de democracia en aquellos primeros tramos de la dictadura franquista. Dos van a ser los candidatos, ambos pertenecientes a generaciones muy distintas. Por una parte, un veterano empresario vinculado al sector del automóvil, Amat Casajoana i Pfeiffer, que preconizaba la ampliación de Les Corts, pues consideraba muy imprudente embarcarse en aquel momento en la construcción de un nuevo campo, y por otra el joven – tan sólo 35 años de edad – Francesc Miró-Sáns i Casacuberta, fabricante textil, y en cuyo programa electoral figuraba la construcción de un nuevo estadio que duplicase la capacidad del vell camp ( »  Queremos, necesitamos y construiremos un nuevo campo» ). Durante varias semanas se desarrolló una intensa campaña electoral – absolutamente chocante dentro del ultrarestrictivo marco del régimen franquista -, con novedosas técnicas de reclamo ( sedes de candidatura, automóviles con altavoces, transporte gratuito el día de las votaciones…)

          El día 15 de Noviembre de 1953 se celebraron tan trascendentales comicios, resultando elegido Miró-Sáns por 8771 votos frente a los 8470 que recibió Casajoana, una ventaja de únicamente 300 sufragios. De manera que el flamante mandatario se aplicó a la tarea sin tardanza. El día 28 de marzo de 1954, al frente de una comitiva compuesta por decenas de miles de enfervorizados barcelonistas, presidió el acto de colocación de la primera piedra del nuevo campo, y algunos meses después encargó el proyecto a un prestigioso estudio de arquitectos. Las obras salieron a subasta, ganada por la empresa Ingar S.A., y dieron comienzo en Junio de 1955. Durante dos años largos fue incesante el desfile de socios, aficionados y barceloneses y catalanes en general, para observar in situ el desarrollo de unos trabajos que iban a dotar al club y a la ciudad de un equipamiento puntero en la Europa de entonces, que al igual que España estaba saliendo penosamente de una cruenta y destructiva contienda. La financiación se obtuvo recurriendo a adelantos del pago de los abonos anuales por parte de los socios, y sobre todo mediante la emisión de obligaciones y bonos de caja, y en el proceso tuvo una intervención muy relevante el Banco de Santander, que a partir de dicho momento comenzó su masiva implantación en Cataluña.

          Por fin, el día 24 de Septiembre de 1957, Festividad de la Virgen de la Merced, Patrona de Barcelona, el Barça pudo inaugurar su nueva casa, orgullo de la ciudad y admiración de propios y extraños, con una capacidad para cerca de 100.000 espectadores, y susceptible de ser ampliada en un futuro más o menos cercano hasta los 150.000. El estadio, obra de los arquitectos Mitjáns – primo del Presidente -, Soteras y García Barbón, presentaba unas líneas sobrias y armoniosas y una perfecta visibilidad desde todos los ángulos, con un voladizo sobre la tribuna de preferencia que constituía una preciosa y atrevida obra de ingeniería. En el encuentro inaugural el Barça venció a una selección de Varsovia por 4 goles a 2, correspondiéndole al delantero paraguayo Eulogio Martínez el honor de marcar el primer tanto que subía al marcador en el nuevo feudo blaugrana, que oficialmente carecía aun de nombre. Durante las obras se había especulado con la posibilidad de bautizarlo con el  del Fundador del club, Joan Gamper, pero al parecer las máximas autoridades deportivas españolas no veían dicho propósito con buenos ojos, y disuadieron de ello  «amistosamente» a Miró- Sáns, sugiriéndole que quien mejor que él mismo para dar nombre al estadio, ya que se trataba del gran impulsor del proyecto ( al igual que el  campo del Real Madrid, inaugurado en 1947, se llamaba «Santiago Bernabéu» y el del Sevilla «Sánchez Pizjuán» ). Pero la sugerencia no prosperó, y el nuevo terreno de juego seguiría huérfano de denominación oficial durante casi una década, hasta que se decidió imponerle el muy aséptico de «Estadio del Club de Fútbol Barcelona», aunque popularmente había hecho fortuna el nombre de «Camp Nou», que todavía sigue en pleno uso hoy en día a pesar de que el coliseo blaugrana ya ha cumplido con creces el medio siglo de servicios al club.

          Deportivamente hablando, el Barça de Miró-Sáns va a realizar una travesía del desierto hasta la Copa del Generalísimo de 1957, que conseguirá llevarse brillantemente a sus vitrinas. Tras el fracaso de la temporada 53-54 ( Subcampeón de Liga y Copa ), el máximo dirigente culé prescindirá de Fernando Daucik y sentará en el banquillo al italiano Sandro Puppo, a la sazón seleccionador de Turquia, que había eliminado a España en la fase previa del Mundial de Suiza-54. Pero Puppo, con su aspecto y maneras de intelectual, no va a conseguir reflotar la nave azulgrana y tan sólo durará un año en el cargo. Le sustituye un viejo conocido del barcelonismo, una figura mítica, el gran portero húngaro de los años 20 Ferenc Platko, inmortalizado en la famosa Oda de Rafael Alberti. Sin embargo, el equipo tampoco va a funcionar a sus órdenes, y entonces Miró-Sáns se decidirá por otro ex-jugador del club, Domenec Balmanya, quien va a incorporar a una serie de jóvenes valores de la cantera catalana al primer equipo ( Olivella, Gensana, Vergés, Coll…), con la intención de «deskubalizar» el Barça, esto es, reducir la excesiva dependencia de este hacia el as magiar. Con estos planteamientos, Balmanya va a fracasar nuevamente en la Liga 56-57 ( el Barça tan sólo podrá ser tercero  ), pero se adjudicará con brillantez la Copa ante el Español, en una final  celebrada en el Estadio de Montjuich, después de eliminar estrepitosamente a Atlético de Madrid, Real Madrid y Real Sociedad, y también un torneo entonces muy prestigioso, la llamada «Pequeña Copa del Mundo», que tenía lugar en la capital venezolana, Caracas. A la temporada siguiente, el Barça consigue vencer en la primera edición de la Copa de Ciudades en Feria ( que venía disputándose desde las Navidades de 1955 ), aunque en el frente doméstico Liga y Copa se muestren esquivas.

          Miró-Sáns – que había resultado reelegido en Enero de 1958 al derrotar a Antoni Palés, de nuevo mediante el escasamente democrático  procedimiento del voto  de los socios compromisarios, por 158  a 55  – toma entonces la decisión de poner al frente del equipo a un auténtico crack de los banquillos, el hispanoargentino Helenio Herrera, que había ganado dos ligas con el Atlético de Madrid ( 49-50 y 50-51 ) y despachado excelentes temporadas con el Sevilla, al que había llevado incluso a la Copa de Europa ( en 1956-57, tras desbancar al propio Barça del subcampeonato de Liga en la última jornada, empatando en Les Corts ). Para traer a Herrera ( conocido popularmente por sus iniciales HH ), Miró va a tener que pagar incluso una importante  cantidad en concepto de fichaje. Pero ese dinero va a estar muy bien invertido, porque el Mago va a darle literalmente la vuelta al equipo, firmando una temporada de ensueño ( 1958-59 ), en la que el Barça bate  todos los records ligueros hasta la fecha ( número de puntos, de victorias, de goles marcados…). Los azulgranas  tan sólo dejan escapar 9 puntos en todo el Torneo de la Regularidad, y hacen doblete, conquistando invictos la Copa del Generalísimo, tras humillar a su gran rival, el Real Madrid, en semifinales, con un claro 7 a 3 en el cómputo global de la eliminatoria, y derrotando al modesto y sorprendente Granada en la final. Hay un equipo base ( Ramallets; Olivella, Rodri, Gracia; Segarra, Gensana; Tejada, Kubala, Evaristo, Suárez y Czibor ), que enamora a tirios y a troyanos, y unos recambios de verdadero lujo ( Estrems, Flotats, Vergés, Ribelles, Coll, Kocsis, Eulogio Martínez o Villaverde )

         Pero a pesar de la bonanza deportiva, la precaria situación económica por la que atraviesa el club va a ser la auténtica cruz de Miró-Sáns. El coste del Camp Nou había rebasado con creces el presupuesto inicial ( al final la factura ascendió a cerca de 300 millones de pesetas de la época ), y el primitivo plan de financiar su construcción mediante adelantos de los socios sobre los abonos y la emisión de bonos y obligaciones  va a  mostrarse insuficiente, de forma que la deuda de la entidad experimentará una peligrosísima escalada. Por tal motivo, comenzaron a aparecer numerosas voces críticas hacia la gestión de Miró, llegando a tachar su actitud  de dictatorial, y la Junta se vio en la necesidad de elaborar un Libro Blanco justificativo de sus actos, mientras relevantes directivos como Enric Llaudet o Jaume Fuset ( que pronto rivalizarían entre sí por la presidencia ) presentaban su dimisión.

         Y si la economía ya suponía de por sí un serio quebradero de cabeza para Miró -Sáns, el equipo no tardaría en volver a provocarle también dolorosas jaquecas. El Barça se impuso en la Liga 59-60  por mejor goal average general sobre el Real Madrid ( ambos acabaron el campeonato empatados a 46 puntos ), y asimismo va a conquistar la segunda edición de la Copa de Ferias, pero caerá eliminado por los merengues en las semifinales de la Copa de Europa, perdiendo ambos partidos  ( 3 a 1 y 1 a 3 ), y ese resultado traerá cola. En vísperas del encuentro del Santiago Bernabéu, y con el equipo concentrado en La Berzosa, van a correr rumores acerca de  una supuesta petición de aumento de la prima estipulada por pasar a la Final – se dijo que alentada por el propio Herrera -,  que sería rechazada por parte de la directiva. Tras el partido de vuelta en el Camp Nou, y después de un confuso incidente en Las Ramblas, HH va a ser destituido, ocupando provisionalmente el banquilo barcelonista su segundo, Enric Rabassa. Herrera firmaría acto seguido un suculento contrato con el Inter de Milán, donde se reencontraría un año más tarde con Luís Suárez.

         Para la siguiente temporada, 1960-61, Miró-Sáns  se traería a un prestigioso preparador yugoeslavo, el serbio Ljubissa Brocic, que había dirigido entre otros a la Juventus de Turín. Pero el balcánico tan sólo durará seis meses en el cargo, por culpa de los malos resultados cosechados en la Liga  ( el Barça acabaría cuarto, a nada menos que a 20 puntos del Real Madrid, que se alzaría con el título ), aunque le cabe el honor de haber eliminado por vez primera de la Copa de Europa a los pentacampeones merengues, tras vencerles en el Camp Nou por 2-1, la noche inolvidable del fabuloso gol en plancha del brasileño Evaristo de Macedo.

         La destitución de Brocic es una de las últimas decisiones que va a tomar Francesc Miró-Sáns, pues él mismo, acosado por la grave situación económica y las furibundas críticas a su gestión, va a dimitir de su cargo el 28 de Febrero de 1961, siendo sustituido por una Comisión Gestora, presidida por Antoni Juliá de Capmany, que preparará las nuevas elecciones, previstas para el 7 de Junio de 1961. Un final ingrato, y seguramente injusto para con un hombre que, al margen de los naturales aciertos y errores, tuvo la gran visión de dotar al Barça de un estadio moderno, amplio y confortable, acorde con los nuevos tiempos, pero a quien una serie de resultados adversos y la crítica feroz de quienes aspiraban a su poltrona acabó por minar su resistencia, obligándole a desaparecer del primer plano de la escena barcelonista. Francesc Miró-Sáns va a morir en 1989, muy alejado ya del día a día del club, pero todos y cada uno de los culés deberían estarle eternamente agradecidos, porque su gran obra ha perdurado y continúa siendo uno de los símbolos más queridos del barcelonismo, su gran casa pairal, como dicen los catalanes…

        




Hace 100 años (jul-ago 1910)

 JULIO 1910

  •  Por fin ha sido inaugurado el Velódromo de la Ciudad Lineal con una fiesta donde ha habido carreras a pie, en motos, bici y partido de foot-ball. Es la pista con mayor cuerda de España, 400 metros. El terreno para la práctica del balompié es de 90 metros de largo por 50 metros de ancho.

En todos ellos ha habido premios para los vencedores, excepto para los footballistas que para no perder su condición de aficionados no percibieron ningún premio en metálico, ni subvención alguna.

El resultado final del partido fue de empate a cero entre dos equipos de la Sociedad Gimnástica Española de la capital.

  •    En San Sebastián, la Real Sociedad de Foot-Ball, ha organizado un festival internacional de foot-ball llamado Copa de San Sebastián. El vencedor ha sido el San Sebastián.

La Federación Catalana no puedo acudir con sus mejores jugadores, además de sin portero, cubriendo algún puesto jugadores irundarras. Los parisinos si que formaron con los mejores jugadores de los clubes Stade Français, Racing Club, Cercle Athletique y Asociation Sportive, todos de París.

Los resultados han sido los siguientes:

                  Combinado de París – Federación Catalana 3-1

                  Real Sociedad – Federación Catalana 5-1

                  Real Sociedad – Combinado de París 4-2

  •  Se ha celebrado un campeonato en Pamplona en el que han tomado parte los clubes Pamplona Foot-Ball Club y los iruneses Sporting Club y Racing Club.

En los enfrentamientos disputados por el Sporting fue este el vencedor obteniendo así la Copa del Rey, copa de plata dorada, y 500 pesetas.

Los resultados fueron:

Pamplona FC – Irún Sporting Club 0-6

Irún Sporting Club – Racing Club de Irún 3-1

Para obtener la copa en propiedad deberá ganarla en dos ediciones seguidas o tres alternas.

Como trofeo de consolación se disputó la Copa del Obispo entre Pamplona FC y Racing. Los iruneses no se presentaron a la hora señalada haciendo los pamploneses el saque de centro consiguiendo un gol, proclamándose vencedores, como así indicaba el reglamento. Se levantó acta de lo ocurrido. De esta forma los pamploneses se hicieron con la Copa del Obispo y 250 pesetas de premio.

  •  El RC Deportivo de La Coruña celebra un torneo llamado Concurso Español de Foot-Ball que cuenta con la presencia de diversos teams de España. En caso de haber más de un representante por localidad estos deben jugar una eliminatoria en la misma pues solo está permitida la presencia de uno de ellos.

Gana la Copa del Rey mil pesetas el Real Club Fortuna de Vigo.

  •  En La Coruña, como terreno neutral el del Real Club Deportivo, se ha disputado un encuentro entre el Club Ferrolano y el de los empleados de la Constructora Naval e ingleses, ambos de El Ferrol.

El motivo de celebrarlo en la ciudad herculina es el de la imposibilidad de hacerlo en El Ferrol dado que encuentros anteriores acabaron a palos y pedradas, declarándose los aficionados de la localidad favorables al Club Ferrolano y en contra de los ingleses.

Han llegado varios vapores cargados de aficionados.

Finalmente, los ingleses se hicieron con la victoria por cuatro goles a dos. Afortunadamente, en esta ocasión se les dispensó una gran despedida.

  •  El Real Club Deportivo de la Coruña y una sociedad footballistica de Vigo empataron a cero en partido amistoso.
  •  También en La Coruña juegan dos partidos amistosos el Deportivo de la localidad y la Gimnástica Española de Madrid, venciendo en ambos los madrileños por 1-2 y 0-3.
  •  Continuando su gira por Galicia, la Gimnástica Española se enfrenta al Club Ferrolano venciendo los locales.
  •  El músico del Regimiento de infantería de Alcántara, Sr. Lodeiro, ha compuesto un himno llamado «Fot-Ball Club Barcelona» en honor del club catalán.
  •  El Pamplona FC celebra una becerrada benéfica donde perecen dos caballos.
  •  Fiesta organizada por el FC Barcelona.

Paco Bru se convierte en una de las estrellas junto a C. Comamala, ambos

reconocidos footballistas.

Bru se proclamó vencedor en las pruebas de carrera de 100 metros y lanzamiento de discos y Comamala lo hace en lanzamiento de pesos y en la carrera de 400 metros.

Otros campeones son Amechazurra, vencedor en el salto de altura sin trampolín, Donday que lo hace en la exigente carrera de 1500 metros y Peris en el salto de longitud.

También se organizó una partida de balompié para cerrar la fiesta ganando dos a cero el 1º equipo azulgrana al 2º.

 AGOSTO 1910

  •   El Real Club Deportivo de La Coruña vence en el Campeonato de Galicia y Asturias.
  •  Ha comenzado el Campeonato de Asturias. El equipo de Avilés vence al de Oviedo en la primera eliminatoria por 2-0.

La final debe ser repetida pues la Sportiva ijonesa y el club avilesino empataron a un tanto.

  •  En San Sebastián, en dos matches internacionales, se enfrentan los donostiarras al conjunto francés Tourcoing venciendo en el primero los txuri-urdin por 2-0 y en el segundo los galos por 2-1.
  •  En Huelva, el Huelva Recreation Club pierde frente a un equipo lisboeta por 0-4.
  •  En Irún, el Barcelona vence al Irún Sporting por 1-7.
  •  El Combinado de París continúa con su exitosa gira por el norte de España. En esta ocasión vence en San Sebastián al Racing Club de Irún por 1-2.
  •  En Gijón, el Sporting Avilesino vence al Sporting Gijonés por 1-2. Aparece el primer hincha español. Un aficionado con tremendos pulmones facilitó que el partido pudiera continuar tras haber estallado el balón.
  •  Hispano y España de Valencia empatan en partido disputado en la pista de la Exposición.
  •  La Real Sociedad vence al conjunto francés US Turquennoise por 2-0.
  •  SC Reus y Universitary se enfrentan venciendo los barceloneses por 0-2.
  • Tanto en Ciudad Real, como en Huesca y en Villagarcía de Arosa se han incluído partidas de foot-ball en las fiestas.
  •  Hay movimiento en la formación de clubes en distintas ciudades españolas. En Madrid, el Madrid Estadio es un club recién formado y lamentablemente rápidamente desaparecido.

En Barcelona, el club Hércules cambia su nombre por el de Universal. El Catalonia confirma no haber desaparecido. El CD Barcelonés aparece como nuevo club, además del FC Suizo.

En Sabadell se forma el thletic de Sabadell que compra unos terrenos junto a las vías del tren para instalarse.

En Gijón desaparece el recién creado Gijón FC.

  •  En Santander se va a organizar un concurso nacional con los siguientes premios:

1º) Copa de plata del Real Santander Foot-Ball Club y 500 pesetas

2º) Objeto de arte y 300 pesetas.

3º) 200 pesetas.

  •  Para los coleccionistas de insignias. La Federación Catalana vende insignias a dos pesetas con cincuenta céntimos.

  




Intermediarios: un negocio viejo

Raro es el campeonato futbolístico en que los intermediarios no adquieran su buena cuota de protagonismo. Tras los fichajes más mediáticos o los traspasos más rocambolescos es fácil adivinar su mano en la sombra, cuando no sus hilos de telaraña dirigiendo al pupilo como una marioneta. Para no pocos presidentes de clubes, suya es la responsabilidad de haber situado el caché de los artistas en la estratosfera. Para el aficionado común, de su simple capricho o voracidad comisionista dependerá la continuidad en su escuadra de tal o cual estrella. Señalados a menudo como tumor del fútbol, causa y origen de monstruosos pasivos institucionales, cualquiera diría que hubiesen surgido ayer mismo, como por ensalmo. La verdad, sin embargo, es otra. Desde que el balompié se hizo profesional, hace casi 90 años, distintas especies fueron creciendo en torno al cuero, hasta mutar en el actual representante.

Al principio reinaban los «patrones de pesca», término reservado para ojeadores al servicio de un solo club. Tanta fue su importancia que el Valencia probablemente nunca se hubiera hecho grande sin Luis Colina, y el Betis pudo festejar un título de Liga gracias a Patrick O´Connell, no sólo entrenador, sino «patrón» con finísimo olfato. Más adelante Pablo Hernández Coronado, controvertido y no siempre acertado hombre del fútbol, aunque chispeante como pocos, inventó la figura del secretario técnico. Su libro «Las cosas del fútbol», publicado en mayo de 1955, aparte de alumbrar un ingenio por demás socarrón, demuestra lo poco que ha cambiado el entorno de este deporte desde los años 40 hasta nuestros días. Y entre unos y otros, es decir entre «patrones de pesca» y secretarios técnicos, quienes no llamaban la atención siempre podían apuntarse al autobombo.

José Arana, bautizado por cierta prensa como «El Zamora Mexicano», supo extraer partido a esa práctica. En realidad ni era mexicano ni se parecía lo más mínimo al gran Ricardo. Cierto que había vivido en el país azteca algún tiempo, y que allí jugó al fútbol como portero. De familia vizcaína, apareció por el municipio de Guecho para cumplir el servicio militar y, de paso, probar fortuna en algún club español. No resultaba infrecuente a finales de los alegres 20, la contratación epistolar de futbolistas. Las puertas de muchos clubes podían ser entreabiertas con sabias dosis de autobombo, buena caligrafía y aptitudes literarias. Arana, sobrado de todo ello, sorprendió la buena fe de los directivos vallisoletanos, con quienes firmó a razón de 400 ptas. mensuales. Luego, al vestirse de corto en la primera edición del campeonato liguero (el Valladolid quedó encuadrado en 2ªB la temporada 1928-29, equivalente a 3ª división), no supo estar a la altura de su presunta fama.

Los años 40 y parte de los 50 hicieron de «El Feo» toda una autoridad. Éste ya era intermediario al uso, dedicado a colocar futbolistas por toda la geografía nacional, a cambio del correspondiente porcentaje. Desde luego no estaba solo, aunque fuera el más popular. Por eso, a medida que crecía la competencia, resultó imprescindible especializarse.

Durante los años 50 Juanito Cadenas colocó a innumerables catalanes en clubes andaluces y norteafricanos. Excelente vendedor no ya de su mercancía, sino de sí mismo, alimentaba la sección veraniega de fichajes en «El Mundo Deportivo» barcelonés, casi siempre dando cuenta de sus hazañas: «El popular Juanito Cadenas nos informa que el guardameta Farrés, que en tiempos perteneció al Manresa, y el defensa Emilio Soto, ex del Español, están a punto de fichar por el Cádiz». O «El siempre activo Juanito Cabenas está a punto de cerrar el traspaso de un jugador del Español al España de Tánger».

En los 50, la figura del representante había adquirido tal magnitud que ya empezaban a dispararse las alarmas. Y no por cuanto pudiera perjudicar al fútbol más grande, sino por los estragos producidos en categorías teóricamente no profesionales. Así de claro se despachaba el antiguo internacional culé José Sastre, durante una entrevista concedida a «El Mundo Deportivo» el 18 de agosto de 1955. Interpelado sobre su valoración de la 3ª catalana, respondía así: «En general, es muy baja su calidad; claro que existen excepciones». ¿A qué atribuyes dicha circunstancia?, insistía el entrevistador. Y Sastre ya no se contenía: «Son varias las que lo motivan, pero hay una que a mi modo de ver es la principal. El excesivo intrusismo de los traficantes de jugadores, que con el único pensamiento puesto en el negocio, no tienen escrúpulos y colocan su material sin importarles un comino lo que va a dar de sí. Esto, que en jugadores ya consagrados aún podría tolerarse, pues nadie se puede llamar a engaño puesto que son de todos conocidos, es necesario evitarlo con los jóvenes, que engañados por voces que sólo buscan el lucro, caen en el falso terreno de la ilusión y terminan por desaparecer. Esto unido al escaso sentido del sacrificio y a la sed de rápido encumbramiento, echa a perder muchos valores».

Declaraciones de 1955, cuando con sueldos en la banca y entre el funcionariado inferiores a 2.000 pesetas mensuales, la 3ª División mal podía pagar cuatro perras. Declaraciones de un profundo conocedor, pues si bien Sastre acababa de entrenar durante dos años al Sport Club Bahía brasileño, antes lo había hecho en varios terceras y en los segundas Gerona, Lérida y «Nastic» de Tarragona.

Sastre omitía que parte de ese intrusismo emanaba de muchos entrenadores. Encargados de confeccionar las plantillas, tocaban a tal o cual futbolista, arreglaban con él la ficha y luego «esperaban» su comisión. Sin ser agentes o representantes, cobraban por cada incorporación. Y pobre del muchacho que no cumpliese. Ya podía ser una reencarnación de Garrincha, que ni con disolvente o serrucho lograría despegarse del banquillo. El canario Juan De Luis, para el fútbol Juan Luis, y muchos otros de su generación, e incluso más jóvenes, tragaron entre arcadas aquella purga por demás injusta.  

Casi paralelamente, la masiva importación de futbolistas extranjeros habría de enriquecer a ciertos intermediarios, rara vez españoles. Al frente de todos, acariciando su beta de oro, el inefable Bogossian, cuyos servicios tanto bien hicieron al Elche.  

Los ilicitanos conocían para entonces la calidad del producto sudamericano. Dagoberto Moll, Julio Outerelo, García o Souto, habían vestido la camiseta franjiverde durante aquel relámpago que trasladó a la entidad de 3ª a 1ª división, en un par de años. El presidente de semejante gesta, José Esquitino, se encontró un día, cuando preparaba la plantilla para militar entre los grandes, con el ofrecimiento de Arturo Bogossian, armenio afincado al otro lado del Atlántico y muy curtido en la intermediación futbolística a tiempo completo. Los resultados de aquella relación difícilmente hubieran podido satisfacer más a ambas partes, pese a arrancar con algún recelo.

Bogossian ofrecía a Cayetano Ré y Fausto Laguardia, ilustres desconocidos para el presidente, como maravillas a las que el fútbol paraguayo se les quedaba muy corto. Bogossian exigía el pago en efectivo o mediante aval bancario, y Esquitino, hombre de negocios acostumbrado a tirar de cheque tras comprobar la mercancía, no acababa de fiarse. Nunca se supo cómo, pero el caso es que Esquitino logró de los responsables del Banco de Bilbao en Elche un documento con membrete de la entidad, que pese a su apariencia formal no comprometía el pago. El armenio lo aceptó como bueno y la pareja de jugadores fueron probados en dos encuentros amistosos. Sólo cuando Cesar Rodríguez, el entrenador, dio su visto bueno, se avino a pagar el mandatario alicantino. Para entonces Bogossian ya había advertido la jugarreta. Otro, probablemente, hubiera puesto el grito en el cielo. Bogossian no. Procuraba evitar las puertas cerradas, sobre todo si sus aventuras o negocios tenían final feliz. «Un armenio engañó a cuatro judíos, y tú has engañado a un armenio -escuchó José Esquitino a modo de reproche-. Puedo asegurarte que no fracasarás en el fútbol».

Corrido el tiempo, la relación entre ambos concluyó en amistad. Bogossian sabía moverse por el mercado sudamericano como pez en el agua. A sus buenas relaciones con presidentes de clubes uruguayos o del Paraguay, se unía un ojo formidable para calibrar valores y cierta falta de escrúpulos. Su muy relativa honestidad quedaría de manifiesto cuando, el 24 de junio de 1960, llevó hasta Elche al paraguayo Ángel Romero, consagrada figura en el Nacional de Montevideo. Bogossian le había convencido para venir a España con el pretexto de colocarle en el Real Madrid o Barcelona. Una vez en Barajas lo condujo hasta la por esa época capital futbolística alicantina. Romero creyó vivir una pesadilla, según confesaría años más tarde: «Avistamos el palmeral de madrugada. No parecía haber ciudad, sino palmeras, sólo palmeras y más palmeras. Yo estaba acostumbrado a Montevideo, que lejos de ser urbe era casi un país dentro de Uruguay. ¡Menuda trampa!. Si en ese momento hubiera podido volver, ni lo habría dudado».

Quien quiso huir de Elche aquella madrugada, se avecindó para siempre en la industriosa localidad. Hoy el Elche C.F. presume de haberlo tenido en sus filas, haciendo un gran negocio a tenor de su rendimiento. Aunque para negocio, entendiéndose como tal la aritmética del libro mayor, el que supuso Cayetano Ré.  

Bajito, piernicorto, con cara de monaguillo travieso y cierta timidez fuera del campo, constituía la antítesis del ariete, en tiempos de balón a la olla y choque repetitivo. Sin embargo en el área sabía moverse como nadie para mostrar una estadística goleadora digna del mayor respeto. Cuando lo trajo Arturo Bogossian hizo el número 76 entre los futbolistas que ese encantador de serpientes ayudaba a saltar el charco. Con Cayetano Ré terminaba en España el último hombre de la delantera paraguaya en el campeonato Mundial correspondiente a 1958. Pedro Agüero había fichado por el Sevilla y más tarde saltaría al Real Madrid y Granada. Silvio Parodi conoció primero las Islas Canarias y después Cantabria. Jorge Lino Romero y Amarilla se decantaron por Oviedo, aunque el último también gozó de una temporada en Elche. Estando Bogossian de por medio costaba entender que en Paraguay quedaran futbolistas para disputar su propio campeonato. Pero entre tanto, el Elche hacía negocio. Pagó millón y medio de ptas. por su pequeño delantero. Y aunque entonces pareció mucho, tres temporadas más tarde el Barcelona soltaría nada menos que 6 millones para vestirlo de azulgrana.

Posteriormente el Elche continuó nutriéndose de sudamericanos por mediación del armenio. Juan Carlos Lezcano, aguerrido, potente y con clase, constituyó otra magnífica inversión desde su llegada en 1962, y en menor medida, aunque rayando también a notable altura, Casco cumplió más que de sobra.

Bogossian tuvo sus imitadores, algunos tan faltos de olfato como de ética. No es que colocasen mercancía de segundo o tercer nivel, sino sencillamente productos adulterados. Entre todos propiciaron el bochornoso espectáculo conocido como «Timo de los paraguayos», durante finales de los 60 y el arranque de la siguiente década. Un escándalo de falsificaciones cuyo desarrollo merece al menos otro artículo. Pero antes de que todo aquel pus reventase, ciertos imitadores de Bogossian colocaban sus productos a granel, haciéndolos pasar por lujo envasado.

Sucedió con los hermanos Alfredo y Manuel Martínez Cambón, dos uruguayos surgidos de Defensor y Misiones, conocidos para el fútbol por su segundo apellido. Si de algo sabía su representante, era de mercadotecnia. «Tiene un dribling endiablado, inciso en la puerta, incordiante ante las defensas contrarias; dispara con ambas piernas y actúa indistintamente en todos los puestos de la delantera», dictó a la prensa sobre el primero. Y acerca del segundo: «Es interior, gran malabarista con el balón; jugador curtido, domina todos los secretos del fútbol». Vamos, un par de joyas. Lo malo es que acabaron vistiendo de corto. Alfredo en el Logroñés, Palafrugell, Bisbalense, Montgrí y Calella de Palafrugell, es decir en la Regional gerundense, con algún breve relámpago en 3ª. Y Manuel en idénticos clubes catalanes, además del Lugo, donde por cierto fue visto y no visto. Se empezaba a comprar a peso, y ahí triunfaban las básculas más inexactas.

Claro que no todo el pastel estuvo en manos extranjeras. El antiguo defensa colchonero Alfonso Aparicio colocó en el fútbol estadounidense, por esa misma época, a nuestros compatriotas Carmelo Cedrún, José Mª Vidal, Calixto Méndez, Santisteban, Antonio Collar o Enrique Mateos. Pero el primero en tratar la intermediación deportiva no como un trabajo, sino como una industria, fue Luis Guijarro.

Corrían los años 60, el despegue económico ayudaba a comportarse como nuevos ricos a clubes y presidentes que en realidad no lo eran, y las divisas del turismo impulsaron hacia el alarde a no pocos alcaldes del litoral. Si el de Benidorm se miró en el espejo de San Remo para organizar su festival de música ligera, otros, menos amigos de inventos, prefirieron dirigir su vista hacia el fútbol, montando torneos veraniegos. A los clásicos Teresa Herrera o Carranza fueron añadiéndose los Costa del Sol, Ciudad de Palma, Ciudad de la Luz, Valencia Naranja, Villa de Bilbao, Costa Verde, Ciudad de La Línea y un largo etcétera. El espectador de finales de los 60 y primeros años 70, sobre todo si no estaba acostumbrado al fútbol de muchos kilates, acogía con agrado la visita de entidades míticas, tipo Bayern de Munich, Ajax, Anderlecht, Feyenoord, Standard de Lieja, Ferencvaros, Fiorentina, Estrella Roja, Hajduk, e incluso del otro lado del océano, como Palmeiras, Botafogo, Fluminense, Peñarol, Estudiantes… Poco a poco, a medida que los torneos proliferaban, no pocos clubes sudamericanos llegaron a encontrarse embarcados en giras maratonianas por nuestro suelo. Seis, ocho, incluso diez o doce partidos en el intervalo de 20 días. Cuanto más pudiera cargarse su calendario, más barato saldría el desplazamiento transoceánico y mayor acabaría siendo el beneficio.

Pero montar torneos representaba mucho trabajo, no exento de específica cualificación. Si el torneo era municipal, ¿quién lo organizaría?. ¿El ayuntamiento?. Para resolver las más espinosas cuestiones estaba Luis Guijarro. Él se encargaba de proporcionar equipos y engrasar la máquina publicitaria. A menudo esos equipos llegaban plagados de jóvenes promesas apuntaladas sobre una o dos estrellas. Otras veces buscaban la venta de sus mejores activos por los campos en que se exhibían. En alguna oportunidad se llegó a confeccionar cuadros irreales, con futbolistas brasileños dispersos por distintas ligas europeas, y más de una vez se dio gato por liebre, puesto que en Brasil abundaban las sociedades del mismo nombre. Podía anunciarse la presencia de un grande, omitiendo que no era el carioca o paulista, sino el de Novo Horizonte, por ejemplo, militante en un campeonato inferior. Un negocio, al fin y al cabo, donde sobre cualquier otro concepto prevalecía la cuenta de resultados.

Todo ello sin olvidar la representación de futbolistas, a la que Guijarro supo aplicar un nuevo cuarto de vuelta.

Hasta entonces lo habitual era colocar a un jugador en otro club, a cambio de la correspondiente comisión. Él dio un paso más, haciéndose con los derechos federativos de unos cuantos jóvenes con posibilidades, para venderlos luego a entidades con algún prestigio y posibles. Y no mediante fórmulas artesanales, sino a lo grande, en lotes completos. Así ocurrió cuando antes de arrancar el campeonato 1969-70 consiguió de Jaime Planas, mandatario saliente del Atlético Baleares, los derechos de Sancho, Parma, Tauler, Tomás y Taberner. Los cuatro primeros habría de traspasarlos al Deportivo de La Coruña y Taberner al Celta. Y como además el conjunto balear había quedado en cuadro, siempre podría suministrarle su propia mercancía sin sitio en 1ª o 2ª División. Negocio completo.

Los torneos fueron quedando obsoletos a medida que la televisión ponía en cada hogar el fútbol grande. Cuando cosecharon cuantiosas pérdidas económicas y a los alcaldes se les acabó el dinero o la ilusión de sentirse importantes, el montaje de Guijarro perdió su razón de ser. Para entonces ya estaba ahíto y un puñado de aprendices más jóvenes pugnaba por sucederle.

Constituyeron la última generación de intermediarios. La más voraz, porque el fútbol derribaba fronteras y se enriquecía con el dinero de las retransmisiones televisivas. Y aunque a algunos les costara hacerse con las riendas, pronto aprendieron el ABC del negocio. Sorprende, por ejemplo, que pudiese llegar Kempes al Valencia gracias al artículo que Pasieguito, secretario técnico ché, leyera en «El Gráfico» bonaerense. El más adelante campeón mundial escapó increíblemente al control y la avaricia de los representantes. Luego ya no pudo escapar nadie.

Un técnico oscurecido como José Mª Minguella, el omnipresente Santos, Zoran Veckik, mediocre futbolista pero avispadísimo magnate, Fermín Gutiérrez y tantos otros, se erigieron en referencia de quienes para prosperar entre tan tupida e inhóspita selva, tuvieron que bucear no ya en categoría juvenil, sino en torno a cadetes e incluso alevines.

Hoy, difícilmente un jugador sin representante logrará salir de la 3ª División. Para establecer algún orden en tan peligrosa jungla, para equilibrar la férrea dictadura del negocio con los más elementales derechos y la pura y dura explotación humana, surgió no hace mucho la titulación de Agente FIFA. Un nuevo y necesario paso, por más que la intermediación, la representación de futbolistas, hunda sus raíces en el Pleistoceno deportivo.   

            

 




Los balones de los mundiales

El balón, protagonista principal del fútbol y de la regla número 2 de las Reglas de Juego, ha estado presente en los distintos Campeonatos del Mundo de Fútbol con diferentes versiones, desde aquellos ásperos, duros, pesados hasta los actuales teledirigidos a los que se les acusa de hacer extraños. De aquéllos que se deformaban con su uso hasta los casi perfectamente circulares. De distintos materiales, formas, nombres. Pero siempre como protagonista principal.

En los inicios no se hace mención alguna en las Reglas de Juego a como debía ser o pesar. Más tarde International Board consideró que debía ser esférico, por supuesto, y que sus medidas serían las de una circunferencia entre 675 y 700 milímetros. No ha variado hasta la actualidad en que esas medidas son de 68 y 70 centímetros. En cuanto al peso si ha habido variaciones pues, al contrario de lo que se pueda pensar, los balones antiguos no tienen que ser más pesados necesariamente, más bien al contrario. En las primeras disposiciones se acordó que al principio del partido el balón debería pesar  369 gramos como mínimo y 426 gramos como máximo. En la actualidad deben ser 410 gramos como mínimo y 450 gramos como máximo.

Para el Mundial de Uruguay en 1930 fue utilizado un balón denominado T – Shape. La característica principal de este balón son los 12 gajos de piel auténtica que lo conformaban y que tenían forma de T. Dentro del cuero se encontraba la vejiga la cual, una vez inflada, había que proteger atando con unos cordones que el mismo portaba  para no exponerla al exterior y que causase daños a los jugadores.

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La anécdota más importante es la protagonizada en la final por los contendientes que, no habiendo llegado a un acuerdo en el balón a utilizar en la misma, decidieron jugar medio tiempo con el balón presentado por cada uno, sorteándose con cual se jugaría en cada tiempo saliendo para la primera parte el balón argentino y el charrúa para la segunda… Al descanso vencían los argentinos utilizando su balón dándole la vuelta los orientales en la segunda parte utilizando el suyo.

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Así lo relató el árbitro belga Jean Langenus, encargado de dirigir la final, en su libro de memorias «Silbando por el mundo»: «…Luego se vio que todas estas medidas eran inútiles, ya que todo se desarrolló del modo más normal y deportivo, a pesar de la animosidad entre los dos países, que se reveló desde el momento en que hubo que escoger balón para el encuentro. Cada equipo llevaba un balón de fabricación nacional y pretendía no jugar más que con el suyo, lo que explica que en el momento de empezar me encontrase yo en medio del campo con un balón en cada brazo. Hubo que elegir tirando a cara o cruz».

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Para el siguiente Mundial, a celebrar en Italia en el año 1934, un nuevo modelo. Su nombre es Federale 102 y era de fabricación argentina.

Modelo de 12 gajos de piel auténtica acabados en punta. Como los anteriores disponía de cordones para impedir que la vejiga saliera hacia el exterior y proteger así a los futbolistas, los cuales utilizaban pañuelos envueltos alrededor de la cabeza o boinas con el fin de no hacerse heridas con balones descosidos y desprovistos de protección. Con este balón ya no fueron necesarios. Los inventores de la pelota sin costuras visibles fueron los argentinos Luis Polo, Antonio Tossolini y Juan Valbonesi, los cuales llamaron a su invento «Superball». La primera pelota con este sistema se utilizó por primera vez en Argentina en 1931. El invento tuvo tanta aceptación que para el Mundial de 1934 se compraron 12 pelotas para utilizar en los diferentes partidos.

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En 1938, en el Campeonato celebrado en Francia, se cambió de nuevo el modelo. El balón Allen fue el siguiente protagonista. De estos balones solo quedan réplicas.

La casa Allen fue la primera en patrocinar el balón en una fase final de un Campeonato del Mundo.

La característica principal de este balón se encuentra en que cada lado del balón dispone de dos gajos salvo en la parte del cordón donde tiene tres. En la foto visible en la parte superior.

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En Brasil 1950 hay un avance técnico que es el de la incorporación de una boquilla conectada a la válvula, tal y como hoy día. A partir de aquí no volvió a utilizarse el sistema de cosido. El nombre de este balón es Super Duplo – T.

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Un balón cosido a mano y de 18 paneles es el que se utilizó para el Mundial de Suiza en 1954. Es el primer balón tintado de la historia, en este caso en color amarillo. Al ser más eficaz para la visión en futuros Mundiales siguieron tintándose los balones. Bautizado como Swiss World Champion. Durante la celebración de los encuentros los balones carecían de publicidad.

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Balón con el que Pelé se consagró en Suecia 1958. Su nombre era Top Star. Elegido entre 102 opciones finalmente triunfó el de la casa sueca «Sydsvenska Läder – el och Remfabriken», localizada en Ängelholm, con el número 55. Le cupo el honor tras llegar a ser uno de los diez finalistas. Había dos modelos, uno marrón y otro blanco. El de la final fue blanco. Hecho de piel auténtica.

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Para Chile 1962 se preparó a Crack. Estaba formado por 18 paneles de cuatro y seis lados de color amarillo. En algunos partidos del campeonato se jugó con balones similares a los del anterior Mundial. Durante 18 años más fue el balón utilizado en el campeonato chileno.

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Un balón de 25 paneles llamado Slazenger Challenge 4 Star fue el elegido para Inglaterra 1966. Fue utilizado en dos colores, blanco y naranja. En la final se utilizó el naranja. Ha sido la última ocasión en que este color ha sido utilizado. Constaba de 25 paneles cosidos a mano.

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Con este modelo Adidas entró en los Mundiales hasta hoy. El cambio en la fabricación de los balones fue completo a partir del Telstar (estrella de la televisión), modelo utilizado en México 1970.

La característica más visible la desaparición de los gajos por la inclusión de los hexágonos de colores blanco (20) y negro (12). Todo un clásico.

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Telstar para Alemania 1974. Dado el éxito no existen variaciones con el Mundial anterior, exceptuando la aparición de un modelo completamente blanco llamado Chile en homenaje al primer balón blanco aparecido en un Mundial.

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Tango para Argentina 1978. Un balón innovador. Mejoró la impermeabilización. Las triadas dibujadas daban la ilusión óptica, al rodar el balón, de que había doce círculos. Este balón marcó al resto de balones de los campeonatos del siglo XX.

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Tango España, creado para España 1982. Presentó unas costuras impermeables innovadoras que reducían el peso del balón en caso de lluvia respecto a los anteriores balones. Es el último balón de cuero.

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Azteca fue el modelo para México 1986. Es el primer balón oficial sintético de los Mundiales lo que se tradujo en la mayor duración y la mayor impermeabilización del balón.

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Etrusco Unico fue el modelo de  Italia 1990. Es el único balón que ha sido utilizado en un Mundial, una Eurocopa y unos Juegos Olímpicos. El gran avance tecnológico conseguido con este balón fue gracias a una capa interna de espuma negra de poliuretano que lo hacía completamente impermeable. A partir de este balón comienzan a aparecer las medidas de presión, la marca registrada y deja de quedar a la vista, colocándola dentro de los dibujos, la válvula.

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Questra en los Estados Unidos 1994. Tecnológicamente incluía una capa de espuma de polietileno que lo hacía más controlable y más rápido al ser chutado. Primer balón en incluir el logo FIFA APPROVED.

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Francia 1998 nos presentó a Tricolore. Para este balón Adidas incluyó su nuevo logotipo. Es el primer balón de concepción multicolor, imitando los colores de la bandera francesa. El avance tecnológico de este balón consistió en incluir una capa de espuma sintáctica que lo hizo aún más duradero, enérgico y con una mayor capacidad de respuesta. Dejó de fabricarse en Europa para hacerlo en Marruecos, Pakistán o Tailandia.

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En Corea y Japón 2002 apareció un nuevo modelo llamativo y colorido. Es el Fevernova. Incluía una capa de espuma refina y carcasa tejida de tres capas que le hacían más predecible en el disparo. La superficie adopta una innovación en un dibujo de cientos de celdas.

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El Teamgeist (espíritu de equipo) fue creado para Alemania 2006. Es considerado el primer balón completamente esférico. Carece de costuras. Fabricado en 18 piezas. Por primera vez cada uno de los balones de cada partido estuvo personalizado con el nombre de los contendientes, el estadio la fecha y la hora de comienzo.

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Este es el balón utilizado en la final, el Teamgeist Berlín.

Sudáfrica 2010 nos va a mostrar a Jabulani que significa «celebrar» en IsiZulu, una de las once lenguas habladas en Sudáfrica. Tecnológicamente será más estable y certero al disparo y los porteros podrán agarrarlo mejor dado que no dispone de costuras. Para la final del Mundial veremos otro balón, el llamado Jo’Bulani. Es idéntico al anterior pero será de color dorado y es un homenaje a Johannesburgo, sede de la final, llamada la Ciudad de Oro.

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Gala mundial del fútbol. La IFFHS y CIHEFE reunieron en el mismo acto a José Mourinho y Vicente del Bosque

En el distinguido Hurlingham Club, en el londinense barrio de Fulham, la IFFHS celebró su Gala Mundial del Fútbol con total éxito gracias a la respuesta que dieron tanto los deportistas como los clubs homenajeados.

 La IFFHS fue pionera a la hora de organizar para el mundo del fútbol este tipo de ceremonias, que en sí se convierten en un merecido homenaje para aquellos que han destacado en las distintas facetas de es deporte. Posteriormente se han ido extendiendo estos actos y, por desgracia, con el calendario tan sobrecargado que se padece en la actualidad, es difícil encontrar la fecha idónea.

 Los premios de la IFFHS han alcanzado un prestigio muy merecido. De hecho, es la única organización que distingue mundialmente a árbitros, seleccionadores, máximos goleadores mundiales. Sus distinciones se pueden dividir en dos: aquellas que corresponden a datos estadísticos y aquellas que son el resultado de una votación entre los miembros de la IFFHS. Las primeras están libres de toda sospecha, ya que los resultados son puramente matemáticos y sólo barajando los datos objetivos se define al vencedor. Máximo goleador es el que más goles consigue, el vencedor del Ranking Mundial de Clubs es el que más puntos suma, y la Liga más fuerte del Mundo es la que clasifica mejor a sus clubs en el Ranking Mundial de Clubs. No se tiene en cuenta ni el dinero invertido ni las marcas deportivas patrocinadoras. Los trofeos para los mejores deportistas del año ya tienen otra interpretación, que se hace muy heterogénea, pues intervienen miembros de la IFFHS repartidos por los seis continentes futbolísticos. Esta diversidad entre los votantes garantiza el mayor mérito del vencedor.

 Inicialmente la Gala Mundial del Fútbol estaba prevista para enero de este año. La organización tuvo que posponer la celebración pues el calendario de competiciones impedía la presencia de varios de los distinguidos. De ahí que, tras barajar otras opciones, se decidiera la segunda semana de mayo en el mismo lugar.

 Era una gala bastante especial para el fútbol español, porque entre los distinguidos teníamos a Iker Casillas, Xavi Hernández, Pep Guardiola y Vicente del Bosque, además de los clubs FC Barcelona y Real Madrid CF. Inicialmente la respuesta de los dos clubs españoles fue muy positiva, pues en enero nuestro fútbol tiene un calendario más llevadero. Pero al final, el cambio de fecha y las circunstancias que vivían ambos clubs (la Gala se celebraría entre la jornada 37ª y 38ª del Campeonato Nacional de Liga) aconsejaron que los galardonados no se desplazasen.

 El acto se desarrolló en dos partes claramente diferenciadas. En la primera se hacía entrega de los galardones correspondientes al año 2009. Y en la segunda tuvieron su reconocimiento el mejor club del s. XX por cada uno de los 6 contientes futbolísticos.

Los detalles de los premios se pueden consultar en la página de la IFFHS en este enlace:

http://www.iffhs.de/?b3e36e62b0af12b04fb3417f7370eff3702bb0a35b0f

 Personalmente, lo que más atrae del acto en la reunión de los mejores protagonistas de la historia del fútbol junto con los que marcan la actualidad del deporte. El autobús que trasladaba a los invitados desde el hotel de concentración en Hammersmith hasta el Hurlingham Club era una nave del tiempo que permitía el encuentro de grandes de la historia como el francés Just Fontaine, el uruguayo Fernando Morena o el español Emilio Butragueño con jugadores como el capitán del Saprissa de Costa Rica, Víctor Cordero, o  su compañero Walter Centeno.

 Un encuentro que hay que destacar, por encima de todos, fue el del madridista Amancio Amaro con el capitán del Peñarol Néstor Gonçalves. Ambos recordaron la final Intercontinental de 1966 en la que Peñarol se impuso por calidad y experiencia al Real Madrid «Ye-ye» de Miguel Muñoz. Amancio mencionaba con admiración el magnífico plantel uruguayo, dirigido por un inmenso Pedro Rocha que marcaba los pasos con sus estiletes del Pacífico, el ecuatoriano Alberto Spencer y el peruano Juan Joya. Néstor Gonçalves ponía la raza charrúa.

 No faltó a la cita Just Fontaine, quien retiene el record de goles en una única fase final de la Copa del Mundo. Hijo de española, por casualidades de la vida acabó jugando en Francia, pues sus inicios futbolísticos fueron en el protectorado francés de Marruecos. También Fontaine tuvo la oportunidad de conversar con Golçalves. Coincidieron en un torneo amistoso en Casablanca en 1962. El Stade de Reims llevaba en su delantera a otro monstruo, Raymond Kopa, y los defensas de Peñarol sólo pensaban en poderlos frenar.

Llamaba la atención el suizo Massimo Busacca. Ciertamente se le ve mejor desenvuelto en un terreno de juego, juzgando un partido de máxima tensión, que rodeado de directivos y personalidades del fútbol. Es un hombre modesto que sabe llevar la gran responsabilidad que asume en los partidos decisivos. Un gran árbitro y una gran persona.

 Hablando con Fernando Morena mencionó sus gratos recuerdos de su estancia en el Valencia CF, junto al inolvidable Mario Kempes. De todas formas, separarle de Peñarol es como separar el alma del cuerpo. Por cierto, entre la delegación de Peñarol circulaba una camiseta del Club Atlético de Madrid, como augurio de quien al día siguiente iba a firmar los dos goles más importantes del año para su equipo.

 Vicente del Bosque también acaparó la atención del público, pese a que él prefiere mantenerse en una línea más discreta. No en vano, dirige una de las mejores selecciones del mundo, posiblemente la mejor selección española de la historia. Agradeció con breves palabras el premio recibido compartiéndolo con todo su equipo técnico y con los jugadores a los que les responsabilizó del mismo.

 Mientras Pep Guardiola se quedó en Barcelona velando el último partido de Liga contra el Real Valladolid, José Mourinho se desplazó a Londres en un vuelo particular. Su llegada fue espectacular, rodeado de cámaras. Su relación con el Real Madrid todavía era un rumor, pues faltaba confirmar el Scudetto y jugar la final de la Liga de Campeones. Pero Mourinho es un deportista y cuando recibió el premio de segundo mejor entrenador del año, por detrás del barcelonista, reconoció que Pep lo había hecho todo bien y era el justo vencedor. Sin emabrgo, no estaba contento con ese segundo puesto porque él debe aspirar siempre a ser el primero. Deportividad y competititvidad, las dos mejores cualidades de un caballero. A lo largo de toda la noche no mantuvo ningún contacto con los representantes del Real Madrid, evitando la posible foto que los medios estaban buscando.

 El FC Barcelona estuvo representado por el Sr. Perrin, auténtica personificación del seny catalán. Ya nos conocimos en la gala de Salzburgo, cuando entonces los premiados era Rijkaard, Ronaldinho y Márquez. Ahora venía a recoger el reconocimiento del club como primer clasificado del Ranking Mundial de Clubs. Compartió mesa con Emilio Butragueño y Amaro Amancio.

 En definitiva, fue todo un placer reunir a tantos grandes del fútbol. Compartieron sus experiencias y éxitos. Allá donde hubo y hay una gran rivalidad, en la Gala había un estrecha cordialidad porque, por eso tiene un éxito universal, el fútbol es un deporte.

 

 

 




La directiva del Español de Barcelona frente a la historia de su propio Club

El equipo que nació como respuesta a la proliferación de clubes de fútbol fundados en España por extranjeros, está capitaneado por personas que impiden que luzca la bandera española en su estadio.

El 6 de enero de 1909 nace el Club Deportivo Español, como resultado de la fusión del Club Español de Ju-Jutsu y el X Sporting Club. Con esta fusión se buscaba recuperar de algún modo una entidad previa, el Club Español de Football, desaparecido el 7 de enero de 1906 por falta de medios económicos y por la marcha de muchos de sus jugadores, estudiantes universitarios, fuera de la región. Este último club era a su vez resultado de la fusión en 1901 de la Sociedad Española de Football (cuyo emblema era el escudo de España) y el Español Football Club. Precisamente, el segundo presidente del Club Deportivo Español, tras Juliá Claperá, fue Ángel Rodríguez, fundador de la citada Sociedad Española de Football en sus tiempos de estudiante de ingeniería y del  resultante Club Español de Football.

El 25 de abril de 1912 el Club Deportivo Español recibirá el título de Real de manos de Su Majestad el Rey Alfonso XIII, pasando a denominarse como en la actualidad, Real Club Deportivo Español. Se constituye así uno de los clubes históricos del fútbol patrio, salvo excepciones siempre jugando entre los mejores de nuestro fútbol y proclamado cuatro veces campeón de la Copa del Rey, además de histórico rival del otro club de la ciudad condal, el Fútbol Club Barcelona.

Y es que fue en Barcelona, precisamente, y no en otro lugar de España, donde se fundó un equipo de fútbol con el gentilicio de nuestra Nación, con todas las implicaciones que ello tenía y sobre todo tiene en la actualidad, justo cuando la Nación Española aparece como «concepto discutido y discutible». Como es obvio, hubiera sido tremendamente pretencioso que tal Sociedad se denominase «Española» si no había motivo claros para hacerlo. ¿Es que acaso los demás clubes de fútbol ya fundados entonces, como el Recreativo de Huelva, no eran clubes españoles?

Y en efecto, el club fundado en 1909, en cierta medida heredero de los otros clubes que previamente escogieron la denominación de «Español», no eligió su nombre por mera presuntuosidad, sino para desmarcarse de una realidad muy patente en Barcelona y con la que no estaban conformes: los equipos de la ciudad condal existentes en 1900, como el Fútbol Club Barcelona, el Catalán Fútbol Club y el Hispania FC, eran clubes compuestos exclusivamente por extranjeros. Por lo tanto, el Real Club Deportivo Español nació como una sociedad que reclamaba un papel para los jugadores de fútbol españoles; la inicial Sociedad Española de Football reclutaba a sus jugadores entre los residentes catalanes y españoles en general. Esto es, frente al carácter foráneo de los otros clubes barceloneses, reivindicaba la condición de españoles de sus integrantes, sin que el rasgo distintivo de ser catalanes constituyera un hecho diferencial ajeno a lo español; ser catalanes no mermaba un ápice la españolidad de los miembros de la Sociedad Española de Football, como tampoco el ser exclusivamente vascos los jugadores del Athletic Club de Bilbao merma la completa españolidad del club de Bilbao, el único club del fútbol profesional español que a día de hoy forma su plantilla sólo con jugadores de nacionalidad española.

Posiblemente muchas personas se habrán sorprendido ante este origen de un club genuinamente catalán pero también español, en una trayectoria mantenida desde su fundación. Incluso aunque hace ya dieciséis años, en el ambiente de la inmersión lingüística catalana, se decidiera a catalanizar su nombre (de Español a Espanyol, lo que provocó no pocas críticas), el respeto escrupuloso por los símbolos nacionales ha sido una constante en el Real Club Deportivo Español. Si Joan Laporta, el presidente del Fútbol Club Barcelona, nada más alcanzar la presidencia no tardó en retirar de la Escuela de Fútbol de La Masía la bandera española y proscribió el himno español para encuentros de categorías inferiores (sustituyéndolo por un himno tan partidista como Els Segadors), en el Español siempre se ha mantenido un gran respeto por los símbolos de la Nación Española… hasta hoy.

Y es que, para sorpresa de los aficionados españolistas, el cierre del antiguo campo de Montjuic y el traslado al nuevo estadio de Cornellá, ha comportado un cambio muy especial, emanado de la directiva del club: se intenta por todos los medios que los aficionados españolistas no introduzcan la bandera de España en las gradas del estadio, pese a que siempre ha sido una costumbre ver las gradas con numerosas manchas rojigualdas. Evidentemente, es algo que no se ha podido lograr por completo, pues en Cornellá siguen luciendo las banderas españolas, como se ha podido comprobar en las imágenes de encuentros de esta temporada (sin ir más lejos, el último derby disputado ante el Fútbol Club Barcelona).

Este cambio de rumbo en el club viene impuesto por su directiva, capitaneada por el presidente Daniel Sánchez Llibre, empresario muy conocido en el sector de las conservas y hermano del diputado de CIU Josep Sánchez Llibre, ambos acérrimos catalanistas. Sin embargo, Daniel Sánchez es presidente desde 1997, y posee un prestigio especial entre muchos socios, a causa de haber saneado una situación económica muy complicada de la entidad (conversión en Sociedad Anónima Deportiva, liquidación de las deudas con la venta de los terrenos del antiguo estadio de Sarriá). Durante mucho tiempo ha mantenido al club alejado de cualquier tentación política. Incluso ha sido y es aún un valladar frente a las provocaciones que provienen de la directiva del eterno rival, el Fútbol Club Barcelona. Pero parece que el ejemplo de Laporta en cuanto al uso de un club para fomentar la ideología separatista también ha cundido en la directiva del Español.

Una vez que Sánchez Llibre se hizo con el control del club, consiguiendo las acciones de la familia Lara e imponiéndose a otros históricos del club blanquiazul, se ha producido el vuelco definitivo de la entidad hacia el independentismo. Cambio que implica, entre otras acciones, desterrar la bandera española, incluso mediante sutiles técnicas informáticas: el calendario con el que el club felicitaba el año nuevo a los socios fue modificado para suprimir las banderas españolas que aparecían en la foto de la grada que lo ilustraba.

Y si las banderas rojigualdas comienzan a brillar por su ausencia en las gradas de Cornellá, ya proliferan las banderas regionales catalanas (las senyeras), pero también la bandera separatista (la estelada), sin que exista ningún tipo de prohibición pese a ser esta última una bandera claramente partidista e inconstitucional. El colmo ha sido leer en las gradas de Cornellá pancartas que atentan al sentido común más elemental por sus contradicciones: «El Español no es España», un eco del mensaje Catalonia is not Spain que tantas veces ha adornado las gradas en los partidos que juega el Fútbol Club Barcelona. Algo ciertamente llamativo en una hinchada que siempre se ha caracterizado por su españolismo y su oposición al independentismo radical que, desgraciadamente, cada vez es más común en Cataluña. Como resultado de esta prohibición de los símbolos españoles, aficionados del club han formado plataformas de protesta, como la denominada Futuro y Tradición, que busca luchar contra la deriva separatista del actual presidente del Español.

Incluso los estamentos del club han llegado a prohibir el uso del escudo original del RCD Español, que incluye los colores rojo y gualdo, así como del escudo anterior al que se instauró en 1995. Como argumento para semejante omisión se afirma desde la directiva españolista que tal escudo, al incluir los colores de la bandera rojigualda, es de origen preconstitucional. Y tanto que es preconstitucional: es el primer escudo que tuvo el club, hace más de cien años. Hasta tal grado de ignorancia llegan los directivos del club, que ignoraban que una de las enseñas que más presencia ha tenido siempre en el antiguo Estadio Olímpico de Montjuic ha sido la española incluida en el anterior escudo de la institución. Pero esta ignorancia no sólo cabe achacársela a estos directivos sino también a un conjunto ciertamente notable de la sociedad española actual.




Ladislao Kubala (Budapest 1927 – Barcelona 2002)

Por las filas del Barça han pasado centenares de futbolistas de las más variadas características y nacionalidades, y unas docenas de ellos han sido incluso merecedores del calificativo de cracks, debido a su clase y calidad fuera de serie, pero pueden contarse con los dedos de una mano aquellos que por sí solos fueron capaces de  variar el rumbo del club, haciendo historia en el sentido más pleno de la palabra. Ladislao Kubala Stecz, Laszi Kubala, fue uno de ellos, el hito legendario, la viga maestra sobre la que se sustenta el fabuloso Barça de los años 50 del pasado siglo, dando inicio a su crecimiento imparable y a su gran proyección internacional.

          Kubala, un verdadero portento físico, un atleta completo que posiblemente habría  sobresalido en cualquier otro deporte, se hizo futbolista a caballo entre su Budapest natal y su Checoeslovaquia de origen, en los azarosos y difíciles días de la Segunda Guerra Mundial y la Postguerra. A finales de los años 40, y viendo el sesgo que iban tomando los acontecimientos en los países que habían caído tras el «Telón de Acero» ( según la histórica expresión acuñada por  Sir Winston Churchill ), decidió escoger la libertad, y huyó temerariamente de Hungría  en dirección hacia la vecina Austria, estableciéndose finalmente, y en muy precarias condiciones, en Italia. Casi por casualidad se libró de perecer en la Tragedia de Superga, el terrible accidente aéreo que en 1949 le cortó las alas al maravilloso Torino que capitaneaba Valentino Mazzola ( el malogrado club piamontés le había invitado a unirse a ellos en un desplazamiento del que ya no regresaron ). Inhabilitado por la FIFA a instancias de la Federación Húngara, que le consideraba un prófugo, acabó enrolándose en el Hungaria, un equipo formado por futbolistas procedentes de diversos países de la Europa del Este ( no sólo magiares, sino también checos, rumanos o yugoeslavos ), que en 1950 recaló en España, jugando diversos partidos amistosos, tanto contra la Selección Nacional – que se preparaba para tomar parte en el Campeonato Mundial que se celebraría aquel año en Brasil – como contra diversos conjuntos españoles. En uno de estos partidos, disputado concretamente en el campo barcelonés de Sarriá contra el titular del terreno, Josep Samitier, a la sazón Secretario Técnico del Barça, quedó fascinado por su enorme talento, y se apresuró a ficharlo para los azulgranas, adelantándose al Real Madrid, a cuyos responsables también había encandilado el juego del joven futbolista centroeuropeo.

          Kubala va a suscribir contrato con el Barça junto a su cuñado y preparador del Hungaria, el eslovaco Fernando Daucik, que pasaría a ocupar inmediatamente el banquillo azulgrana. Serios problemas burocráticos le impedirán alinearse con sus nuevos compañeros durante todo el Campeonato de Liga 1950-51, teniendo que contentarse con jugar una serie de partidos de carácter amistoso. Finalmente, las trabas de despacho serían vencidas gracias a los buenos oficios de Samitier y de la Federación Española de Fútbol, y Laszi incluso obtendrá sin dilación la nacionalidad de su nuevo país de acogida, pudiendo debutar oficialmente en el torneo copero del 51, el día 29 de abril, en Nervión frente al Sevilla, equipo al que marcaría su primer gol, de penalty, en el encuentro de vuelta. El Barça acabaría adjudicándose brillantemente aquella competición al derrotar en la Final, celebrada como era entonces costumbre en el recientemente inaugurado  campo del Real Madrid – que aun no se llamaba «Santiago Bernabéu» -, a la Real Sociedad por 3 tantos a 0.

          La siguiente temporada, la 51 – 52, va a ser sin duda alguna su mejor campaña. Marca en ella 39 goles en 28 partidos oficiales, y se proclama Campeón de Liga, de Copa del Generalísimo y de la Copa Latina. Es la mítica temporada de «las Cinco Copas», y el campo de Les Corts se queda pequeño para ver actuar a un futbolista que rompía moldes cada domingo. Kubaja practica un juego que nunca se había visto hasta aquel momento entre nosotros. Haciendo gala de una insuperable condición física, su prodigiosa técnica y gran dominio del balón le permiten ser un eficacísimo rematador con ambas piernas y con la cabeza, dotándole  de una excepcional visión de la jugada. Kubala aporta una nueva forma de ejecutar las faltas, imprimiéndole a la pelota un efecto mortífero que burla a las defensas contrarias y sorprende a los porteros, nada que ver con el clásico chupinazo que se acostumbraba en nuestro fútbol. Lanzando penalties y engañando al guardameta, se muestra también como un consumado maestro, y cuando es preciso dormir los partidos, sabe cubrir el esférico gracias a su corpulencia, y esconderlo como nadie yéndose a la banda o junto al corner, para desesperación de unos adversarios incapaces de arrebatarle el cuero sin violar el reglamento.

          Con Kubala en sus filas, el Barça va a ser prácticamente invencible durante el bienio 51-53, conquistando tres campeonatos consecutivos de Copa y dos de Liga. Pero en Octubre de 1952 todo el barcelonismo se va a estremecer cuando a su gran estrella  le diagnostican un serio proceso tuberculoso tras una revisión rutinaria. Incluso algunos médicos  pronostican que el ídolo tendrá que abandonar el futbol a consecuencia de su grave enfermedad. Sin embargo, otros galenos piensan que el mal tiene cura con un tratamiento adecuado: aire puro de montaña, reposo y buenos alimentos, y las altas instancias del club toman la decisión de que Kubala pase una larga temporada en Monistrol de Calders, cerca del Montseny, donde su recia constitución hará el resto y el futbolista se recuperará con insólita rapidez, estando ya en condiciones de reaparecer en el mes de Febrero, concretamente el día 22 y ante el Racing de Santander en los Campos de Sport del Sardinero, a tiempo para conducir a su equipo directo hacia otro Doblete.

          La siguiente temporada, la 53-54, estará marcada por el polémico fichaje de Alfredo Di Stefano por el Real Madrid, tras un culebrón político-deportivo que todavía hoy levanta ronchas. A efectos prácticos, este hecho va a suponer que el cetro de la supremacía del fútbol español pasará del Barça al club de la capital, que con la Saeta Rubia en sus filas obtiene su primera Liga en 21 años. Además, en un partido de Copa disputado en San Mamés frente al Athletic de Bilbao, Kubala sufrirá una gravísima lesión ( rotura del ligamento lateral interno y del menisco de la rodilla derecha ), que le impedirá estar en la Final contra el Valencia – la cuarta consecutiva para los azulgrana – , que se llevará los levantinos gracias a un sorprendente 3 a 0.

          Kubala continuará siendo la referencia ineludible del Barça en las siguientes temporadas, aunque nuevas lesiones comienzan a pasarle factura. Son tiempos de sequía de títulos para los culés, a excepción de la Copa de 1957, poco después de la cual se inaugura el Camp Nou, a cuya construcción el delantero  ha  contribuido en no poca medida. Llegan nuevos cracks – el uruguayo Villaverde, el guaraní Eulogio Martínez,  el brasileño Evaristo…-, e incluso empieza a hablarse de deskubalizar el Barça, parafraseando el proceso de Desestalinización que por aquellos días estaba teniendo lugar en la URSS. Ciertos sectores de la afición blaugrana  consideraban que la dependencia del equipo con respecto a Laszi era perjudicial para este, aunque otro amplio grupo le apoyaba incondicionalmente. El cisma en el seno del barcelonismo va a estallar cuando el mediático Helenio Herrera tome las riendas del equipo en la primavera de 1958. Herrera apostará por el joven Luís Suárez como  nuevo líder en el campo, y la grada se dividirá dramáticamente entre suaristas y kubalistas. HH, sin embargo, no prescindirá drásticamente del as hispanohúngaro, aunque le sustituirá a menudo, para los compromisos en campo contrario, por un jugador de un perfil muy diferente al suyo, el leridano Enric Ribelles.

          Son tiempos difíciles para Kubala, que llega a plantearse incluso su marcha del Barça, a medida que observa como su peso específico dentro del equipo disminuye a ojos vista. En los triunfos del bienio 58-60 su papel ya no es, ni muchísimo menos, tan determinante como antaño, aunque la fulminante salida de Herrera, a raíz de la derrota ante el Real Madrid en las semifinales de la Copa de Europa, en Abril de 1960, parece concederle un ligero respiro. Pero tras el gran trauma que supuso la Final de Berna del 61, cuando los postes de sección cuadrada del Wandorfstadion se negaron a que el Barça se coronase como nuevo Rey de Europa sucediendo a los pentacampeones merengues, Laszi va a tomar la dolorosa decisión de colgar las botas. El Camp Nou y toda Barcelona le rendirán un multitudinario y sentido homenaje la noche del 30 de Agosto de 1961, en un partido contra el Stade de Reims francés donde le acompañaron en la tripleta central barcelonista sus amigos y rivales Ferenc Puskas y Alfredo Di Stefano. Acto seguido pasará a dirigir la Escuela de Futbolistas, un lejano precedente de La Masía, con la que el flamante  presidente blaugrana Enric Llaudet pretendía potenciar la cantera aprovechando la experiencia de un maestro tan cualificado, número 1 de su  promoción en el Curso Nacional de Entrenadores.

          Pero a los pocos meses Laszi tiene que dejar el puesto, reclamado urgentemente por el propio Llaudet para hacerse cargo de la preparación del primer equipo barcelonista, tras la renuncia del técnico Luís Miró. Dirigiendo desde el banquillo a hombres que  solamente seis meses antes eran sus compañeros, Kubala despacha una campaña muy decorosa ( subcampeones de Liga y finalistas de la Copa de Ferias, con la decisión de dicho torneo aplazada hasta principios de la siguiente temporada debido al Mundial de Chile ). Ratificado para la temporada 62-63, los resultados le irán dando la espalda, hasta el extremo de cesar en su cargo tras una maratoniana reunión con Llaudet. Sintiéndose todavía futbolista en su fuero interno, Kubala se ofrece al presidente para volver al terreno de juego y de ese modo intentar galvanizar a una desorientada plantilla, pero su proposición es rechazada.

          En Septiembre de 1963 va a sorprender a propios y a extraños cruzando la Diagonal y fichando por el RCD. Español, el eterno rival ciudadano del Barça. Las cañas se trocarán en lanzas, y el barcelonismo le hará blanco de todas sus diatribas e improperios, considerándole poco menos que un auténtico traidor. Pero afortunadamente el tiempo casi todo lo cura, y la distancia hará el resto, pues tras colgar las botas definitivamente al final de la temporada 63-64, y dirigir a los españolistas desde el banquillo durante el curso siguiente, Kubala emprenderá la Aventura Americana, concretamente en el Soccer USA, donde entrenará al Toronto. En 1968 regresa a España, y se hace cargo de un casi desahuciado Córdoba, al que, si bien no consigue salvar de un descenso anunciado, al menos consigue dotar de un juego vistoso, esmaltado por algunas resonantes victorias. Con semejante bagaje, la Federación Española de Fútbol le va a ofrecer el puesto de Seleccionador Nacional, tras el fracaso que había supuesto no  clasificarse para el Mundial de México-70. Kubala debutará al frente del combinado español el 15 de Octubre de 1969, en La Línea de La Concepción, con un triunfo por 6 a 0 frente a Finlandia. Una serie de amistosos saldados con buena nota ante rivales prestigiosos – Alemania, Italia…- hace concebir esperanzas de que la Selección, los popularmente conocidos entonces como Kubala Boys, será capaz de volver a conseguir algo sonado, pero no logrará  entrar en la fase final de la Eurocopa del 72,  ni tampoco en la del Mundial a celebrar en la RFA en 1974, después de un adverso desempate contra Yugoeslavia disputado en Frankfurt. En cambio sí se clasifica España para el siguiente Mundial,  Argentina – 78, donde caerá en la primera ronda tras tropezar ante la teóricamente debil Austria y no pasar del empate frente a Brasil – el partido del célebre fallo del betico Cardeñosa – . Y al finalizar la Eurocopa del 80, donde tampoco España brilló a gran altura, abandonará la Selección después de diez años largos en el cargo ( record absoluto hasta hoy mismo ).

          Josep Lluís Núñez le convence para tomar las riendas del Barça de cara a la temporada 80-81, pero el equipo, a pesar de los refuerzos de Quini y Alexanko, tiene un arranque de Liga fatal y es estrepitosamente eliminado de la Copa de la UEFA por el Colonia, y Kubala pronto será sustituido  por…Helenio Herrera.

          Más tarde probará suerte en el exótico fútbol saudí, y también en el paraguayo, y de vuelta a España logrará ascender a Primera División a un Málaga en el que  actúan  dos ilustres  veteranos llamados Juán Gómez, Juanito, y Boquerón Estéban. Su último servicio en los banquillos será como Seleccionador Adjunto en los Juegos Olímpicos de 1992 en Barcelona, donde el combinado nacional obtuvo brillantemente la Medalla de Oro, con una extraordinaria generación de futbolistas entre la que destacaban los Guardiola, Alfonso, Luís Enrique o Kiko. En 1993 va a recibir otro merecidísimo homenaje en el Estadio de Montjuich, y también tendrá el honor de presidir la Agrupación de Veteranos del FC. Barcelona. Internacional por tres países ( Hungría, Checoeslovaquia y España ), así como por la Selección de la FIFA, su brillante palmarés personal y colectivo le convierte en uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, quizás con el único lunar de no haber podido disputar nunca un Campeonato del Mundo. Aquejado de una grave enfermedad degenerativa, fallecerá en Mayo de 2002 en Barcelona, rodeado del unánime respeto de todo el fútbol español, al que tantos momentos memorables había brindado.

         

 

 

 




Hace 100 años (junio 1910)

 * Amistosos.

En San Sebastián han contendido un equipo guipuzcoano y otro de Zaragoza venciendo el conjunto maño por cero goles a uno.

En La Coruña, bajo un sofocante calor se ha disputado un reñido encuentro entre el Real Club de Coruña y el Fortuna de Vigo, ganando los coruñeses por 4 a 0.

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 Nuevamente en la ciudad coruñesa el club local se enfrenta a otro forastero. En esta ocasión es frente al Club Español de Madrid, con muchas bajas. El resultado favorece a los locales por un apabullante 9 a 0. Un segundo partido, jugado pocos días después, refleja un 6 a 0 que no deja lugar a dudas.

 En Madrid se ha disputado un partido entre la Gimnástica y el Español empatando ambos a cero goles.

 En la Ciudad Condal el Barcelona vence al Español por 6 goles a 2.

 En Santander el equipo del Regimiento de Dragones de Valencia, acuartelado en la localidad montañesa, y el Santander FBC disputan un encuentro del que es vencedor el equipo civil.

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 Apréciese la indumentaria mixta deportivo-militar de los footballistas.

 * Partidos internacionales.

 En la Plaza de Armas del Parque han verificado un partido el FC Barcelona, campeón de España, y el Cardiff Corinthians AFC de Gran Bretaña, venciendo los barceloneses por cuatro goles a uno. El club organizador dispuso de hasta 7 balones por si fuese necesario utilizarlos en caso de ser lanzados fuera del recinto.

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En idéntico emplazamiento el Español y el conjunto británico han disputado un encuentro que finalizó con la victoria españolista por cuatro goles a dos.

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Aprovechando la visita de los británicos, la colonia inglesa en la Ciudad Condal organiza una fiesta  deportiva en el campo de la calle Montaner en honor del <<team>> Cardiff Corinthians.

 * Para el Concurso Provincial de Tiro de Madrid han sido ofrecidos una serie de premios entre los que se encuentra un balón para <<foot-ball>> concedido por el señor Calvet.

 * La Sociedad Gimnástica Española organiza su fiesta atlética anual exclusiva para sus socios. El campeón que ostenta la copa ganada el año pasado, llamada Copa Rivero, es Sócrates Quintana. Dicho personaje también fue footballista y referee como ya indicamos en números anteriores de la revista. Para pasar a ganar esta copa en propiedad debe ganarse dos años seguidos o tres alternos, obteniendo los puntos en las seis pruebas atléticas siguientes:

1º; carrera a pie, 100 metros;

2º, carrera a pie, 110 metros, con obstáculos;

3º, carrera a pie, 400 metros, steeple-chasses;

4º, salto con pértiga;

5º, salto de altura;

6º, lanzamiento de disco.

 * Para la inauguración del Velódromo de la Ciudad Lineal se ha organizado una gran fiesta deportiva en la que habrá un match de foot-ball entre dos primeros equipos de Madrid.

 * El Centre Català de Sabadell ha estrenado un espléndido campo de sport donde tiene cabida el football.

 * Malas relaciones y tensión entre los rivales ciudadanos Barcelona y Español. También en Madrid son pocos y mal avenidos.

 * Ingresa en la Federación Catalana un nuevo club, el Hércules FC.

 * En un Gran Festival organizado en el Parque Güell de Barcelona por el Centro de Viajantes y Representantes del Comercio y de la Industria a beneficio de los damnificados por el terremoto ocurrido en Costa Rica el football es uno de los actos a celebrar. Se entregará un hermoso objeto artístico al vencedor.

Este choque tiene la particularidad de que es nocturno y es el primero anunciado así en Barcelona. ¿También lo es en el resto de España?.

El 2º team del Barcelona y el 1º del Catalonia fueron los contendientes. La experiencia no fue la mejor porque aunque se llevó un gran gasómetro y lámparas de acetileno los espectadores no veían más que bultos correr de acá para allá pues la falta de luz era importante, sobre todo en el centro ante la imposibilidad de colocar allí lámparas que alumbrasen. El partido terminó antes de finalizar el segundo tiempo por haberse extraviado la pelota. Finalmente venció el Catalonia por 2 goles a 1.

 

 

 




Escribir la Historia / reescribir la Historia

Escribir la Historia / Reescribir la Historia

Uno de los artículos publicados en Cuadernos de Fútbol fue aireado por los medios de comunicación más diversos, recogido en muchísimos foros de fútbol y focalizado como punto de referencia para quienes escriben o reescriben la Historia. En efecto, Copas que fueron Ligas y Ligas que fueron Copas recibió titulares como: «El CIHEFE no homologa la Copa de 1903 a 1909» (Diario As), «Proponen quitarle 4 títulos al Madrid y uno al Barça» (La Vanguardia), «Le quiere quitar cuatro títulos históricos al Madrid y uno al Barcelona» (Marca), hasta ¡Le quieren robar cuatro títulos al Madrid! (Defensacentral y BlogMadrid), «Podrían quitarle una Copa al Sevilla» (eldesmarque.es), o «la fifa no kiere darnos la copa del 37« (granotas.es)… Eso sin entrar en valorar las aportaciones de los lectores aprovechando el apartado de «opinión» que la mayoría de las páginas de internet tienen a su disposición.

El aspecto que más me llamó la atención, dentro de la diversidad de comentarios, fue el de acusarnos de «reescribir la historia». El argumento principal era defender lo que «todos» sabemos del pasado tal y como nos ha llegado. Lo contrario es mover, cambiar, tergiversar, manipular la Historia. Lo que algunos llaman «reescribir».

Y tienen razón en cuanto al concepto «reescribir», pues no deja de ser sinónimo de revisar, adaptar, opininar… dándole una nueva interpretación, es decir, todos valores subjetivos que siempre son cuestionables pues suelen ir acompañados de notables concesiones a las simpatías, posicionamiento o ideología del autor.

Lo que sucede es que por la distancia en el tiempo, lo que muchos no saben es que la versión que la mayoría tiene de la historia del fútbol es de por sí una «reescritura» de la misma y por lo tanto se mueven en una adaptación o interpretación en el mejor de los casos, hasta llegar a la total manipulación cuando nos referimos al «reescritor» sin escrúpulos.

Así, por ejemplo, en nuestro artículo citábamos que las primeras competiciones coperas se disputaron por puntos enfrentándose todos conta todos. Ese hecho conocido por los que en aquellos años disputaron la competición fue modificado por «reescritores» posteriormente al identificar el torneo con la Copa y cuadricular el palmarés citando como final el último partido de la competición. Eso es «reescribir» la historia. No hubo final (entendida como el partido decisivo entre los dos últimos equipos tras la eliminación del resto de rivales), hubo clasificación por puntos y el vencedor fue el que más puntos sumó. Esta rectificación altera el cómputo de finalistas… porque no los hubo.

Otra inocente -porque propiamente no tiene trascendencia- «reescritura» fue la final de la Copa de la RUECF protagonizada por el FC Barcelona y la Real Sociedad. Fijada a dos partidos, donde, como se produjo empate en ambos enfrentamientos, fue necesario un encuentro de desempate. Vicente Martínez Calatrava nos escribe la historia de esa final en el artículo Una final de Copa de ida y vuelta, contrarrestando así un error histórico (Cuadernos de Fútbol nº 9), pues muchos contabilizan el «partido de vuelta» como primer desempate.

Los errores involuntarios pueden ser más considerables. Hago referencia a la medalla de plata de España en Amberes 1920. Los «reescritores» de la Historia recompusieron el desarrollo del torneo olímpico de tal manera que justificaron la clasificación de España en segundo lugar, pese a quedar eliminada por Bélgica en el segundo partido, porque fue necesario adjudicar la medalla de plata tras la retirada de Checoslovaquia. Nada más lejos de lo que ocurrió y, por lo tanto, de lo que vivieron los protagonistas. La organización dispuso de dos torneos paralelos: uno dirigido a la medalla de oro y otro dirigido a la medalla de plata, donde entraban los equipos que quedaban eliminados del anterior. España cayó con Bélgica y consecuentemente pasó al segundo torneo donde, tras derrotar a Suecia primero, Italia después y Holanda en la final  ganó por méritos propios esa medalla de plata. Más tarde, algún «reescritor», ignorante del doble sistema de competición, reconstruyó el medallero justificando con una carambola de unas suopuestas repescas la entrada de España en podium. Nadie lo cuenta mejor que Félix Martialay en Amberes. Allí nació la furia española.

Otra página «reescrita» de la Selección Nacional corresponde al España-Portugal del 29 de mayo de 1927 que tuvo que jugarse el mismo día del Italia-España por el calendario. Todavía hay quien sigue copiando al «reescritor» de los años 50 que desclasificó el partido como España «B» y de golpe le quitó la internacionalidad a los 11 jugadores que defendieron la camiseta nacional. Recuperar este partido en el palmerés de la Selección Absoluta no se trata de cambiar la Historia, sino de evitar que la cambien.

También ha habido «reescritores» de la Historia con intereses muy evidentes. Incluso en épocas relativamente tempranas, a pesar de que los pioneros de nuestro fútbol todavía vivían. José Ángel Berrando en sus memorias manuscritas sutilmente oscurece la fecha de fundación de la Real Unión Española de Clubs de Football (que fue en 1912), remontándola a 1910 y validando con ello la organización del trofeo de Copa de San Sebastián a cargo de la Real Sociedad. Nada que ver con la realidad. Pero esa supuesta «reescritura» sirvió para que la Real Sociedad, que nunca había ganado la Copa, se alineara en el grupo de los «minimalistas», los seis clubs que la habían ganado, y así formar parte de la élite que originó el Primer Campeonato de Liga en 1928. Años después todavía hay quien contabiliza el título del Club Ciclista de 1909 en el palmarés de la Real Sociedad, que paradójicamente todavía no existía cuando se disputó aquella copa.

Ni que decir tiene que los «reescritores» pierden más credibilidad cuando confunden sus hipótesis como documentación. Ahí ya se combina el partidismo del mal investigador, el empeño personal, la ideología política y el resultado es nefasto. Es el caso de los errores de bulto que han aparecido en la «Historia del Llevant UD», obra prevista en cuatro tomos de los que ya se han publicado los dos primeros. Con ello no les quito el mérito del tiempo invertido en recoger documentación y testimonios. Simplemente señalo que esa labor en ciertos capítulos la echan a perder por anteponer su idea preconcebida a la lógica evaluación de los datos. Es el caso de insistir hasta la saciedad y el aburrimiento del lector que la inscripción en el registro civil del FC Cabañal de 1907 corresponde a la del Levante FC de 1909, y así aumentar en dos años la antigüedad del club. Dos entradas diferentes en el registro civil corresponden a dos sociedades diferentes, por muy estrecha vinculación que uno quiera interpretar que había entre ellas. Más tarde, rechazan la desaparición del primer Levante FC en la segunda década, sin ninguna documentación válida: tan sólo argumenta que la represión política de la clase trabajadora de los Poblados Marítimos de Valencia hacía que la prensa local omitiese cualquier referencia de sus actividades deportivas, en vez de reconocer la profunda crisis que el fútbol valenciano sufrió en ese período que llevó a la desaparición de los clubs más importantes, como el primer FC Valencia. Finalmente, la aparición del tomo II vino acompañada con el anuncio a bombo y platillo de la publicación de argumentos irrebatibles para el reconocimiento oficial de la Copa España Libre. Después de firmar una lamentable entrada sin aportar nada nuevo al tema, José Ricardo March confunde su opinión sobre el informe de CIHEFE con la presentación de pruebas irrefutables. Para ser más concretos, su exposición «objetiva» se basa en que la circular federativa del 3 de octubre de 1936 donde se indica que «se suspende la temporada de juego para todas las competiciones oficiales dependientes de la Nacional» no dice lo que a primera lectura se entiende, sino que en sí se desprende que con ello la Nacional  da permiso a las territoriales para organizar la Liga y/o la Copa. Por eso, -siguiendo la línea argumentativa de José Ricardo March- en la zona mediterránea, las territoriales acordaron un calendario oficial con carácter nacional y organizar, al menos, el Campeonato de España. No tiene ni actas, ni circulares, ni notas de prensa donde se divulgue tal decisión. Según esa hipótesis (delegar en las territoriales la organización de las competiciones nacionales), cualquier federación regional, sin importar qué bando contendiente controlase su territorio, tendría potestad para organizar su Campeonato de Liga y/o su Campeonato de España (la Copa) -dependiendo de sus posibilidades-, e incluso podría haber reclamado la participación en el Campeonato del Mundo de 1938. Confundir la hipótesis como prueba es asumir el significado más peyorativo de «reescribir» la Historia.

Con este repaso podemos ver que quienes «reescribieron» los acontecimientos aprovecharon la falta de memoria colectiva de los aficionados para transmitir su versión. Posteriormente los malos historiadores, aquello que se limitan a copiar literalmente lo que encuentran publicado sin revisar el contenido, potenciaron y extendieron la «reescritura» hasta convertirla en la única versión conocida. Así, de tanto repetir, el error se acaba fijando. CIHEFE apuesta por escribir la Historia y devolver a sus protagonistas el contexto más fidedigno posible, y éste es nuestro compromiso.

 




Dos estadios, múltiples finales

No creo que existan en el mundo muchos países que hayan tenido la oportunidad de disfrutar de las mejores finales que hayan tenido posibilidad de organizar. Este caso si se da en España y en tan solo dos de sus estadios ha podido condensar todo.

En este mes de Mayo de 2010 tendremos la oportunidad de presenciar dos finales de postín en nuestro país. Una es la final del Campeonato de España a celebrar en el Camp Nou barcelonés y otra la final de la Liga de Campeones en el Santiago Bernabeu madrileño. Hay más finales, por supuesto, pero estas dos son de una dimensión de primer nivel.

Estos dos estadios son de lo más espectacular que uno pueda encontrar.

El Estadio Santiago Bernabeu fue inaugurado e14 de diciembre de 1947 con una capacidad inicial de 75.000 espectadores. En 1957 sufrió una ampliación donde consiguió alcanzar las 125.000 localidades. Para el Campeonato Mundial de Fútbol 1982 el cambio fue total a todos los niveles. Se cubrió buena parte de las localidades, se añadieron dos videomarcadores por primera vez en España, se mejoraron vestuarios, sala de prensa, oficinas y los accesos, rebajando el número de localidades a 91.000 debido al cambio de localidades de pie a sentado. En 1992 volvió a ampliarse alcanzando las 106.000 localidades, todas las nuevas de asiento y dotando al césped de calefacción para evitar las heladas. En 1998, por ley, pasaron todas las localidades a ser de asiento situando la capacidad en 74.000 espectadores. Por último, en 2001 se aprobó una nueva ampliación hasta superar las 80.000 localidades, todas de asiento.

El Camp Nou, por su parte, fue inaugurado el 24 de septiembre de 1957. 90.000 espectadores acudieron a la primera cita. En 1981, con motivo del Campeonato Mundial de Fútbol amplió el número de localidades a 120.000. En 1994, para adecuarlo a la normativa que obligaba a que todas las localidades fuesen de asiento, hubo de rebajarse el nivel del césped para crear más asientos, situándose finalmente en 99.000 el número de localidades.   

Ambos han sido protagonistas de las mejores finales que un aficionado al fútbol puede disfrutar. Bien en uno o en otro, o en ambos, se han celebrado un Campeonato Mundial de Fútbol, un Campeonato de Europa de Selecciones, finales de la Copa Intercontinental, de la Copa de Europa o Liga de Campeones, de la Recopa, de la UEFA, de la Supercopa de Europa, de la Copa Latina, del Campeonato de España…

Ahora pasaremos a ver las finales de la Copa de Europa celebradas en el Estadio Santiago Bernabeu y las finales del Campeonato de España disputadas en el Camp Nou.

 Santiago Bernabeu.

 1957

 Real Madrid 2 Fiorentina 0.

 El 30 de mayo el Real Madrid se presenta como ganador de la primera edición y con todas las intenciones de revalidar el título en su propia casa. A su vez la Fiorentina, con su estrella brasileña Julinho intenta que esto no ocurra.

Un estadio engalanado para la ocasión y lleno hasta la bandera con 125.000 espectadores esperaba al campeón y al aspirante.

La primera parte finalizó con empate a cero y con las defensas superando claramente a las delanteras.

En la segunda parte, continuó la misma tónica aunque con mayor dominio madridista rompiendo finalmente la tela de araña tejida por los italianos.

 1969.

 Milán 4 Ajax 1.

 El 28 de mayo Milán y Ajax protagonizaron la final de la Copa de Europa. Por primera vez fue televisado en España un partido de fútbol en color. Para ello el Estadio Santiago Bernabeu hubo de reforzar considerablemente su iluminación.

En total ambos clubes solicitaron 20.000 entradas aunque luego aparecieron en Madrid mucha más cantidad de hinchas. Finalmente unos setenta mil espectadores presenciaron la final en directo. En cuanto a la prensa hubo acreditaciones para 589 periodistas, 9 cadenas de radio y 24 cadenas de TV de 21 países. En España se vio el partido en sistema SECAM -francés-, pero ni Italia ni Holanda vieron el partido en color.

Era previsible el contraste de estilos, el fútbol fuerza representado por el Ajax y el fútbol reposado del Milán. Una exhibición de fútbol por parte del Milán le hizo llevarse el título. Hizo cuatro goles pero tuvo más ocasiones ante un rival desarbolado por completo.

Ortiz de Mendíbil, árbitro internacional español, hizo un buen arbitraje.

 1980.

Nottingham Forest 1 Hamburgo 0.

 Nuevamente un 28 de mayo el Santiago Bernabeu acoge una final de la Copa de Europa, en esta ocasión protagonizada por el Nottingham Forest inglés y el Hamburgo alemán. Se conmemoraba la 25ª edición. Unos 35.000 aficionados vieron la final en directo, más de la mitad de ellos pertenecientes a los clubes finalistas. La afición madrileña se quedó en casa viendo por la televisión. La eliminación en semifinales del Real Madrid frente al Hamburgo fue el motivo.

No fue una buena final. Es más, fue una de las de peor recuerdo por el nivel de juego. El Hamburgo tomó la iniciativa en parte porque el Nottingham le cedió el balón y el terreno y se lo quitó para lanzarse al contragolpe. Así hicieron los ingleses su único gol mientras los alemanes desperdiciaron varias ocasiones por el buen trabajo del portero inglés.  

 Camp Nou.

 1970.

Real Madrid 3 Valencia 1.

 Es la primera ocasión que el Camp Nou recibe la mayor fiesta del fútbol español. Acude la plana mayor del gobierno encabezado por Francisco Franco y esposa, el Príncipe Juan Carlos y la princesa, Luis Carrero Blanco y Juan Antonio Samaranch.

Ese 29 de junio la fiesta la puso la afición ché que acudió en masa a Barcelona apoyando su animación con todo tipo de pirotecnia. 25.000 valencianos frente a 2.500 madrileños apoyados por algunos más residentes en Cataluña, aunque el grueso de la afición catalana presente en el estadio lo hiciera a favor de los levantinos.

A los dos minutos el Madrid ya contaba con dos jugadores lesionados, aunque en ello nada tuvieron que ver los valencianistas. No fue un buen primer tiempo debido a la tensión que existía en la grada y que se trasladó a los jugadores, con lanzamiento de almohadillas incluido. Dos penaltis finalizando el primer tiempo llevaron los goles al marcador, uno para cada equipo, antes del descanso. En el segundo tiempo el dominio madridista es manifiesto consiguiendo dos nuevos goles y la Copa para sus vitrinas.

 

 

 




Pioneros españoles en el fútbol USA

Sabido es que los Estados Unidos nunca han destacado como país de fútbol, pese a la reiteración con que el empresariado local y la FIFA trataron de implantarlo. Los primeros esfuerzos se concentraron en el ámbito universitario, constriñéndolo a la esfera amateur. Luego se pasó a la importación de equipos completos, europeos y sudamericanos, para disputar unos bolos con formato de liguilla. Más tarde, tomando como referencia el sistema competitivo del Viejo Continente, con amplio derroche en los medios de difusión. Todo ello para fracasar sin ambages, aún mediando en sus estadios una fase final de Campeonato Mundial.

Pese a todo, probablemente aún resuene en los oídos de numerosos aficionados el eco de ciertos nombres míticos, como Pelé, Best, Gordon Banks, Chinaglia,  Kruyff, Cubillas o Cosmos de New York. Todos ellos corresponden a la segunda gran apuesta yankee por el «soccer» durante el pasado siglo, a lo largo de los 70. Lo que muchos más ignoran es que el primer intento, mediado el decenio anterior, estuvo preñado de apellidos procedentes de nuestro balompié.

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Corría 1966 cuando, al rebufo del Campeonato Mundial de Inglaterra, televisado en color para los Estados Unidos, un grupo de empresarios volvió sus ojos hacia la numerosísima colonia de descendientes europeos. Si aquel deporte paralizaba la vida en Inglaterra, Irlanda, Alemania, Italia, Escandinavia y los Países del Este, ¿no estarían perdiendo una buena posibilidad de hacer negocio, tomándoselo a broma?. De modo que pusieron manos a la obra, creando la «North American Soccer League».

Disponían de buenas instalaciones deportivas, enormes algunas de ellas (el campo del Baltimore tenía 120 metros de largo por 90 de ancho, similares a los de Los Ángeles, San Luis y el Yankee Stadium de New York). Por falta de aforo no iba a quedar la cosa (hasta 150.000 plazas en algún caso y entre las 20 y 30.000 en Pittsburg, Chicago, Filadelfia o San Francisco). Y las cadenas de televisión se decidieron a ayudar, retransmitiendo un partido en directo cada domingo, a las dos y media de la tarde, y otro en diferido, a mitad de semana, sobre las 9 de la noche. Pero aquella competición, por cuanto a calendario, estructura de los clubes, puntuaciones, formas de pago e incluso interpretación de las reglas arbitrales, tenía poco que ver con las europeas.

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Enrique Mateo. Cleveland.

El campeonato se disputaba entre marzo y agosto, y para evitar sobresaltos financieros los clubes debían efectuar un depósito de 250.000 dólares. Cada plantilla venía a costar unos 400.000 dólares, oscilando las fichas para futbolistas del montón en torno a los 15.000. Se pagaba semanalmente, igual que en los teatros o cualquier otro tipo de espectáculo, y sobre el presupuesto global de una entidad modesta, como el Toronto Falcons, estimado en 18 millones de ptas. de la época, la mitad provenía de las cadenas televisivas y el resto de los espectadores, al pasar por taquilla. Las recaudaciones, empero, no permitían lanzar cohetes. Con asistencias medias comprendidas entre los 7.000 y 15.000 espectadores, los organizadores daban por descontadas las pérdidas al principio, es decir los años 1967 y 1968, iniciando la recuperación a partir de 1969. Las cuentas de la lechera errarían estrepitosamente, como bien pronto pudo verse. En Atlanta, Toronto y San Luis, sólo acudían a los estadios entre 5.000 y 8.000 personas. Y así, claro, los balances no cuadraban.

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La puntuación casi remitía al logaritmo, pues cada vencedor sumaba 6 puntos, y otro por gol marcado. Las primas de los futbolistas rondaban los 40 dólares por victoria, más 5 de pitanza por gol. No puede decirse que militar en aquel fútbol colmase la aspiración económica de muchas estrellas europeas. En las primeras divisiones de Inglaterra, Italia, España, Alemania u Holanda, se ganaba bastante más, si bien para algunos, como Jesús Tartilán, con ficha baja en el Español de Barcelona, «saltar de la España de Franco al sueño americano era algo serio, sin olvidar que a mí me salía a cuenta cobrar en dólares». De cualquier modo, aquel fútbol balbuceante contaba como punto a favor con lo intempestivo de su calendario, cuando la mayoría de los campeonatos de Europa tocaban a su fin, concluyendo poco después de haber arrancado las ligas del viejo continente. Esta circunstancia, unida al ansia aventurera de muchos, sobre todo de quienes veían acercarse la jubilación, acabo ejerciendo como potente imán para no pocos. Entre ellos, un buen puñado de españoles. 

El antiguo merengue Juan Santisteban, que ya había pasado por el «calcio» años antes, vivió una segunda juventud en Baltimore, junto al guardameta Carmelo Cedrún (a quien convirtieron su apellido en «Sedrún») el defensa canario Calixto Méndez (Las Palmas, Málaga, Levante y Recreativo de Huelva), y el «españolizado» ariete argentino Domingo Arcángel López (Orense, Deportivo de La Coruña, Gimnástica de Torrelavega, Xerez, Alcoyano y Salamanca). Un trotamundos del cuero como José Mª Vidal, en modo alguno hubiera admitido pasar de largo ante semejante experiencia. Había vestido las camisetas del Salamanca, Plus Ultra, Zaragoza, Granada, Murcia, At Ceuta, Real Madrid, Málaga, Levante, Mallorca y Valladolid, antes de dejar inconclusa la temporada 1966-67 en el Rotterdam holandés, desde donde prefirió despedirse como profesional en el Filadelfia Spartans, junto a los húngaros de nuestro campeonato Laszlo Kaszas y Tibor Szalay. Janos Kuzsman, otro húngaro españolizado por su militancia en el Betis, Sans, Español y Castellón, veló armas en el Filadelfia Spartans y Cleveland Stokers. Antonio Collar (Murcia, At Madrid, Coruña y Las Palmas), hermano del gran extremo internacional con magnífica trayectoria «colchonera» Enrique Collar, también cruzó el charco para enrolarse en el Vancouver Royals. Pero donde más «españoles» recalaron fue en el Toronto Falcons, propiedad del agente inmobiliario Joseph Peters. Empezó llegando a su banquillo en 1967 el checo Ferdinand Daucik, campeón con el Barcelona y At. Bilbao, además de polémico por cuantos clubes de nuestra geografía fue pasando. Con él, como solía tener por costumbre, hizo el viaje su hijo Yanko (Indauchu, Betis, Real Madrid y más tarde San Andrés, Español y Xerez), delantero centro con mejor planta que resultados. Como las cosas empezaron a no marcharles bien, pidieron ayuda a la familia. Y Ladislao Kubala, siempre buen yerno, acudió con sus hijos Branko y Laszika. 

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Antonio Collar y Bob Cram.

Branko era un futbolista contrastado desde que debutase con el Español, siendo su padre el mandamás del banquillo. Aunaba técnica y precisión, fuerza y clase. Disputó 24 partidos en aquella edición, de ellos 15 en la Liga. Su hermano, en cambio, todavía muy verde, sólo jugó con el Hungaria, filial del Toronto, que competía en el campeonato amateur. Tras su regreso a Barcelona lograría hacerse futbolista, saltando del Europa Aficionado al primer equipo en 1968-69, con los del escapulario en 3ª División. Pero pese a no jugar, Laszika, como vástago más joven de una gloriosa estirpe, contribuyó al lanzamiento publicitario del Toronto. «Kubala: único futbolista del mundo en jugar con sus dos hijos», tituló la prensa norteamericana. Y cuando la antigua estrella marcó un gol en el mismo partido que su hijo Branko había cantado otro, los redactores no necesitaron estrujarse el cerebro. «La familia Kubala derrota al Sant Louis».        

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Parera.

Pero es que en el Toronto también jugaron aquella misma temporada el algecireño Juan Lima (At Cordobés y Elche, antes de volar a Canadá, y Castellón, Jaén, At Ceuta, Algeciras y Marbella después), el guardameta donostiarra Benegas (Real Sociedad, Valladolid, Córdoba, Sabadell, Badalona y Hércules). Y en 1968, ya con Kubala en el banquillo de los Falcons, hicieron sus pinitos el azcoitiarra Miguel Iguarán (Oviedo, Mallorca y Pontevedra) y el lateral levantino José Luis Ponce (Águilas, Orense, Albacete, Constancia y Elche), con paso posterior por el Córdoba, Calvo Sotelo de Puertollano y Real Murcia, donde habría de vivir un drama al enredarse en el uso y abuso de los estimulantes. También en 1968, aunque en el Cleveland Stokers, dio cuenta de su clase Enrique Mateos, junto al ya citado Jesús Tartilán y al posteriormente bien conocido por nuestros pagos Sergio Kresic. Y aún hubo más.

El internacional asturiano Alvarito (Caudal, Langreano, Oviedo, At Madrid y Murcia), luego de haber mejorado su inglés en Irlanda, donde jugó seis meses con ficha amateur, cubrió dos campañas en el White Cups de Vancouver y otras tantas en el Santa Bárbara californiano. Para concluir, varios compatriotas casi desconocidos, cuyo rastro apenas dejó huella en nuestro campeonato, también probaron suerte en clubes menores: el portero Ricardo Ordóñez en el Dallas Tornado, el defensa Miguel Crespo en el Montreal Olympique, y el centrocampista Joaquín Rey en el Vancouver Royals, compartiendo vestuario con el atacante José Arranz.

En casi todos los casos fue el antiguo internacional «colchonero» Alfonso Aparicio quien ejerció como banderín de enganche. Los representantes de futbolistas no son un invento nuevo y el otrora gran defensa apostó por ejercer como tal, durante unos años, antes de convertirse en eterno delegado de campo en El Manzanares.

Nuestros paisanos vivieron distintas suertes. El durangués Carmelo, meta internacional durante su amplia trayectoria en San Mamés, al que Iríbar acabó enviando al Español en lo que se antojaba ocaso de su carrera, disfrutó de lo lindo en Baltimore, ya graduado como pícaro cervantino. Frecuentemente saltaba al campo con un alfiler oculto en el dobladillo del pantalón. Si ganaban y los contrarios les tenían embotellados, pinchaba la pelota cuantas veces hiciera falta, arañando, así, preciosos minutos. Durante un partido con el At. Bilbao llegó a lesionar a sus tres defensas. Mordía a propios y extraños en lanzamientos de córner. Disputaba cada partido como si fuera el último de su vida. A los 37 años tenía decidido retirarse, cuando llegó la oferta del Baltimore Bay. Por si acaso les asustaba su edad, se agenció un pasaporte y fe de vida donde sólo confesaba 28 primaveras, subió al avión y defendió el nuevo marco. «Cobré 20.000 dólares, fuimos subcampeones y pretendían renovarme por otra temporada más» dijo a su vuelta. «Pero no estoy loco. Voy disparado hacia los 40 años, aunque allá crean otra cosa, y por mucho que haya jugado allí 48 partidos, me faltan reflejos. Toca decir adiós».

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Arcángel tampoco se quedó atrás a la hora de arreglar su documentación. Para la Federación Española había nacido en 1937, mientras los norteamericanos daban por bueno 1941. Enrique Mateos, otro internacional, tan sólo dibujó un paréntesis entre la Gimnástica de Torrelavega y el Toluca cántabro, al que Marquitos pretendió convertir en un viejas glorias merengue. Vidal estaba ya para pocos trotes, Kaszas se alineó como centrocampista, volviendo al año siguiente a su antigua demarcación en el Tarrasa, y el extremo Szalay, importado desde el fútbol turco, iba a salir del Filadelfia Spartans porque no le rodaban bien las cosas, cuando al anotar 4 goles se convirtió en ídolo. Ponce fue repescado por el Córdoba, gracias a 270.000 ptas. en concepto de cesión, y años después, transformado en adicto a la Centramina, habría de ingresar en Carabanchel tras robar un coche en Madrid y atracar una entidad bancaria. Fue el suyo un caso sonado, porque puso sobre el tapete la existencia de doping en el fútbol de los años 70. Pero por suerte, y eso es lo verdaderamente importante, supo salir del hoyo. Yanko Daucik se aseguró un hueco en la historia del «soccer», al convertirse en primer máximo goleador de esa liga, con 20 goles en 17 partidos.

A su regreso, varios entonaron abundantes loas. Los Estados Unidos, entonces, con sus coches larguísimos, los rascacielos y una vida instalada en el tecnicolor del perpetuo consumo, ejercían inmensa fascinación sobre el españolito que empezaba a saber de otros mundos gracias al flujo turístico y cambiaba el «Biscúter» por un «Seiscientos». Si acaso reservaban alguna censura para los árbitros, empeñados en no cortar brusquedades desde el falso axioma de que a mayor violencia más espectáculo. Contaban que varios de esos árbitros habían sido importados desde Inglaterra o Escocia, al igual que los comentaristas de televisión, que los mejores conjuntos eran el San Luis de Sekularak y Sostic, y el San Francisco del ruso Stayanovic o los brasileños Duarte y Fernández, cada uno de ellos con 8 y 10 yugoslavos, respectivamente. Que el Atlanta, compuesto en su mayoría por italianos y argentinos, se llevaba la palma a la hora de repartir leña. Que el Pittsburg era, en realidad, una especie de sucursal alemana. Por cuanto se refería a la pretensión de enraizar el «soccer», eran muy optimistas. Kubala incluso los veía como hábiles organizadores. «Existe otra liga que es de giras; de organización de partidos con equipos de todo el mundo. Son torneos con el Dukla de Praga, el Dinamo de Zagreb o el Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, que disputan entre sí un trofeo. Esta Liga, para darle al fútbol seriedad, pasará ahora a formar parte de la Federación de Fútbol de Washington. Quieren que el fútbol esté controlado bajo una sola organización que vele por sus intereses».

La realidad fue distinta. Para empezar, el Cleveland Strokes del gallego Jesús Tartilán se deshacía, pese a haber quedado subcampeón. Tartilán, que había firmado por dos años, tuvo que darse una vuelta por Ponferrada, antes de reengancharse en el Boston. Su testimonio no engañaba: «Tienen buenas ideas. Cuando llegamos a Cleveland, cortaron las calles y nos pusieron a dar toquecitos. Todo lo montan a la americana. Divisiones divididas en Conferencias, 2 partidos por semana, mucha mercadotecnia… Hasta nos mandaban a las escuelas a dar conferencias. Pero no hay afición. Ver campos para 40.000 espectadores con 4.000 personas, da muy mala espina».

En enero de 1969, el campeonato estadounidense se descomponía parcialmente. La Liga quedaba reducida a 8 equipos (Chicago, Oakland, Baltimore, Kansas City, Saint Louis, New York, Dallas y Atlanta) recayendo la dirección del torneo en Phil Woosman, máximo responsable del Atlanta. El periodista de El Mundo Deportivo Carlos Pardo se hizo eco del desplome: «Las noticias son desalentadoras para los amantes del balón redondo. Clubes que cierran, Ligas que se deshacen, cadenas de TV que cancelan sus contratos… y muchos jugadores, entre ellos varios españoles, que quedan en el aire».

Los norteamericanos, con su «football» como gran deporte invernal, el «base-ball» para el buen tiempo y el baloncesto para casi todo el año, parecían no dejar un hueco al fútbol europeo. ¿Por qué, si causaba furor al otro lado del océano?. Encargaron estudios de mercado, lucubraron sobre hipotéticas campañas de marketing, rehicieron sus números. Esfuerzo baldío.

Ocho años más tarde repitieron el mismo error. Volvieron a izar el andamiaje de una liga a lo grande, cuajada de nombres míticos al borde de la retirada (entre los que nuevamente hubo españoles), derrocharon millones y hasta contaron con el padrinazgo de Kissinger, por entonces auténtico presidente norteamericano en la sombra. No habían aprendido nada, por mucho que su error resultase bien simple. Olvidaron que el fútbol en Europa o Latinoamérica es un sentimiento arrullado desde la cuna, que los colores de la camiseta son una especie de segunda piel para el devoto seguidor, que el cariño, la veneración, no pueden improvisarse y menos aún adquirirse a golpe de talonario. Y sobre todo, que el fútbol no es en realidad un negocio al uso. Porque como dijese el gran Samitier durante su época de secretario técnico: «Si el fútbol fuera negocio ya se habrían quedado con él los bancos».

 Relación de futbolistas con paso por el Campeonato Nacional de Liga, pioneros en el fútbol USA. En bastardilla los extranjeros de nuestro fútbol

JUGADOR

CLUBES

P. LIGA

GOLES

Juan SANTISTEBAN Baltimore 1967 y 1968

39

2

CALIXTO Méndez Baltimore 1968

21

1

CARMELO Cedrún Baltimore 1968

23

Domingo ARCÁNGEL Baltimore 1968

18

7

José Mª VIDAL Filadelfia 1967

8

Tibor SZALAY Filadelfia 1967, Houston 1968, Kansas City 1970, Washington 1971

90

17

Laszlo KASZAS Filadelfia 1967, New York 1968, Saint Louis

32

Janos KUZSMAN Filadelfia 1967, Cleveland 1967 y 1969

30

4

BRANKO Kubala Toronto 1967 y 1968, Saint Louis 1968, Dallas 1968

32

5

Ladislao KUBALA Toronto 1967

19

5

YANKO DAUCIK
Toronto 1967 y 1968

21

25

Juan Mª BENEGAS Toronto 1967 y 1968

32

José PONCE Toronto 1968

30

Miguel IGUARÁN Toronto 1968

26

1

Juan LIMA Toronto 1968

31

4

Jesús TARTILÁN Cleveland 1968

29

Enrique MATEOS Cleveland 1968

31

16

Sergio KRESIC Cleveland 1967 y 1968

13

4

Antonio COLLAR Vancouver 1968

20

José ARRANZ Vancouver 1968

4

Joaquín REY Vancouver 1968

22

4

Ricardo ORDÓÑEZ Dallas 1968

3

Miguel CAMPO Montreal 1971

2

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




Ascensos meteóricos

Desde la Segunda División hacia abajo, el máximo sueño de cualquier club es subir a la categoría superior. A lo largo de la historia, un puñado de equipos consiguió celebrar dos ascensos consecutivos para llegar a Primera. Veamos cuáles fueron.

Hércules F.C., 1934 y 1935

En la temporada 1933-1934, el Hércules F.C. finalizó en cuarta posición en su grupo de Tercera División, por detrás de Zaragoza, Elche y Gimnástico de Valencia, que fueron los que participaron en las distintas fases de ascenso. Sin embargo, la decisión federativa de ampliar la Segunda División y eliminar la Tercera hizo que los alicantinos consiguieran el ascenso en los despachos.

El conjunto herculano empezó con fuerza la temporada siguiente y se proclamó campeón del grupo tercero de la categoría de plata, después de una primera vuelta impecable con siete victorias en siete partidos. Junto con el Murcia, subcampeón, se clasificó para la fase final, en la que también estuvieron incluidos Celta, Valladolid, Osasuna y Sabadell. En este nuevo tramo de la competición, el Hércules se mostró intratable en casa, aunque fue más irregular a domicilio, sumando una única victoria, en Valladolid, unida a dos derrotas frente a Celta y Sabadell. El 28 de Abril de 1935 se disputó la última jornada, con Hércules y Celta empatados a doce puntos y, por detrás, Osasuna y Murcia, con once, debiendo enfrentarse los dos primeros en Alicante y los dos segundos en Pamplona. Al final, el triunfo local en ambos partidos, por 1-0 y 3-0 respectivamente, dio el campeonato a los alicantinos que en sólo un año pasaron de fracasar en su intento de ascenso a Segunda a verse en Primera División.

Real Valladolid Deportivo, 1947 y 1948

En la temporada 1946-1947 la travesía para lograr el ascenso de Tercera a Segunda era larga y complicada. En el grupo séptimo, el Real Valladolid Deportivo y el Salamanca se clasificaron para la denominada fase intermedia, después de conseguir 30 y 26 puntos, respectivamente, en los 18 partidos disputados. En la siguiente etapa, ambos quedaron encuadrados en el grupo primero, junto a otros seis campeones y siguiente etapa, ambos quedaron encuadrados en el grupo primero, junto a otros seis campeones ubcampeones. La competición, sin embargo, se vio reducida finalmente a solo seis equipos, tras la exclusión de Cultural Leonesa y Albacete por pactar la victoria de los segundos en el partido que enfrentaba a ambos. Nuevamente se clasificaron Valladolid y Salamanca para la fase final, por delante de Pontevedra, Fábrica Nacional de Palencia, Tomelloso y Lucense, después de sumar 15 y 12 puntos válidos (se descontaron los conseguidos ante los equipos excluidos) en 10 partidos. La fase final estaba formada por los tres campeones y los tres subcampeones de los grupos de la fase intermedia, accediendo dos equipos al ascenso directo y un tercero a jugar la promoción. El Mestalla y el Badalona ocuparon las dos primeras plazas, correspondiendo al Valladolid la tercera, que daba derecho a jugar la promoción, por delante de Osasuna, Salamanca y Melilla. La promoción se jugó en Oviedo el 13 de Julio y el rival del conjunto pucelano fue el Santander, decimosegundo clasificado de Segunda División, y la victoria correspondió a los blanquivioletas por el resultado de 3-1, logrando de este modo el ascenso de categoría después de una temporada maratoniana.

Mucho más simple resultó la competición de Segunda División en la temporada 1947-1948, con un único grupo formado por catorce equipos, de los que dos ascendían a Primera y dos descendían a Tercera, sin que se disputase ningún tipo de promoción. El Valladolid inició con fuerza la temporada y ya en la jornada décima se alzó a la primera plaza, tras vencer por 1-0 al Mestalla, perdiéndola una semana después al empatar a cero en Murcia, para recuperarla en la jornada siguiente, ya de forma definitiva, venciendo por 4-2 al Castellón. Los castellanos sentenciaron el ascenso a falta de dos jornadas, el 28 de Marzo de 1948, con una victoria sobre el Murcia por 5-3, y el campeonato llegó el 11 de Abril, en la jornada final, tras derrotar por 2-1 al Deportivo de la Coruña, que resultó subcampeón y acompañó a los pucelanos en su ascenso a primera. En su trayectoria liguera, sumaron 36 puntos en los 26 partidos disputados.

U.D. Lérida, 1949 y 1950

En la temporada 1948-1949, la U.D. Lérida militó en el grupo tercero de Tercera División, compuesto por equipos catalanes, aragoneses y baleares, resultando campeón con 37 puntos en 26 partidos, y ascendiendo de forma directa a Segunda División junto al Zaragoza, subcampeón. Los ilerdenses confirmaron matemáticamente el ascenso el 6 de Marzo de 1949, derrotando por 1-0 al Igualada y el campeonato el 3 de Abril, tras empatar a uno fuera de casa ante el Constancia. A continuación, los campeones de los seis grupos de Tercera disputaron una llamada fase final, cuyo único objetivo era determinar el campeón de la categoría, honor que recayó en el Albacete, acabando el Lérida en la tercera posición, con 10 puntos en 10 partidos.

Un año después, la Segunda División estuvo formada por dos grupos de 16 equipos, clasificándose los campeones y subcampeones para jugar una liguilla de cuatro equipos, de los que dos ascenderían directamente y los otros dos disputarían la promoción. Aunque el Lérida realizó una primera vuelta irregular, poco a poco fue mejorando sus resultados y en la jornada 22 derrotó por 6-1 al Ferrol, alcanzando así la segunda plaza por primera vez. El subcampeonato no quedó confirmado hasta la última jornada, en la que los catalanes vencieron por 0-1 a la Orensana, sumando 41 puntos en los 30 partidos disputados, por detrás del Santander que consiguió 48. Para la liguilla que decidiría quién ascendía a Primera directamente y quién jugaba la promoción también se clasificaron Alcoyano y Murcia, del otro grupo de Segunda. La competición fue trepidante, registrándose victorias locales en todos los partidos de las cinco primeras jornadas, excepto el Murcia – Santander de la cuarta, que acabó con empate a dos. En la quinta jornada, el Lérida perdió por 4-1 en tierras cántabras, llegándose a la última jornada con el Santander ya campeón con siete puntos, seguido de Murcia con cinco, y Lérida y Alcoyano con cuatro, igualados en el cociente de goles particular y con ventaja de los primeros en el general. El 25 de Junio, el Alcoyano recibía a los campeones y los catalanes al Murcia. En el partido disputado el Alcoy, los locales acabaron sucumbiendo por 1-2, mientras el Lérida conseguía el ascenso a costa de los murcianos tras derrotarles por 4-1.

U.D. Las Palmas, 1950 y 1951

La Tercera División de la temporada 1949-1950 estuvo formada por cinco grupos de 18 equipos cada uno. Los dos primeros de cada uno de ellos, se clasificaban para la fase final, y a ellos se sumaban los dos campeones de Canarias, para formar así dos grupos de seis equipos cada uno. En el segundo grupo de esta fase final participaron Toledo, Imperial de Murcia, Ceuta, Melilla, U.D. Las Palmas y Tenerife. En juego estaban dos plazas de ascenso directo y otras dos de promoción. En la penúltima jornada, el 25 de Mayo de 1950, pese a perder por 2-0 en Melilla, la Unión Deportiva lograba el ascenso gracias a la derrota del Imperial por igual resultado en Ceuta. Al final, los canarios se conformaron con el subcampeonato, por detrás del Melilla, logrando 14 puntos en los 10 partidos jugados.

La Segunda División de la temporada 1950-1951 estuvo formada por dos grupos, el primero con 17 equipos y el segundo con 15. En ambos, el campeón ascendía directamente y el segundo y tercero pasaban a la liguilla de promoción. Las Palmas quedó encuadrado en el grupo segundo y tuvo que esperar a la última jornada, el 8 de Abril de 1951, para confirmar su pase a la liguilla de promoción como tercer clasificado. Los canarios descansaban en esta última jornada, y debían esperar una auténtica carambola en los partidos que disputaban sus perseguidores Salamanca, Hércules y Córdoba. Al final, sólo los primeros lograron la victoria, mientras los alicantinos perdían y los cordobeses empataban. En la liguilla de promoción participaron Salamanca, Las Palmas, Zaragoza y Sabadell, de Segunda, junto a Málaga y Murcia. Sólo los dos primeros clasificados jugarían en Primera la temporada siguiente. Aunque Murcia, Sabadell y Salamanca perdieron comba desde el principio, la lucha entre Las Palmas, Zaragoza y Málaga resultó muy igualada, llegando a la última jornada el Málaga con 15 puntos, Las Palmas con 14 y Zaragoza con 13. El 8 de Julio de 1951, mientras el Zaragoza derrotaba por 3-2 al Murcia, la Unión Deportiva se deshacía del Málaga por 4-1, consiguiendo el ascenso a Primera y apartando a su rival del ascenso, en beneficio de los aragoneses.

Real Jaén C.F., 1952 y 1953

En una temporada atípica, la 1951-1952, el Real Jaén C.F. se proclamó campeón del grupo sexto de Tercera, consiguiendo 37 puntos en 26 partidos. En principio, aquel año se iba a realizar una reducción de grupos en Segunda y Tercera División, y por este motivo ningún equipo ascendería de esta categoría, de modo que el título de campeón tenía un valor exclusivamente testimonial. Sin embargo, después de finalizada la temporada, la Federación dio marcha atrás, no realizó la reducción y concedió el ascenso a los campeones de cada uno de los grupos de Tercera. El Jaén vio así premiada su regularidad con un ascenso inesperado.

Los jienenses quedaron encuadrados en el grupo sur de Segunda División en la temporada 1952-1953, junto a otros quince equipos. El campeón ascendía directamente a Primera, mientras segundo y tercero se clasificaban para la liguilla de promoción. Desde el primer momento el Jaén se mostró como el equipo revelación de la categoría, haciéndose con el liderato en la segunda jornada, para no perderlo hasta el final. Sin embargo, una derrota por 4-0 ante el Hércules, sublíder, en la penúltima jornada, obligó a los andaluces a esperar hasta el final para conseguir el ascenso, cosa que consiguieron al derrotar por 4-2 al Mestalla el 3 de Mayo de 1953, sumando así 41 puntos en 30 partidos.

Elche C.F., 1958 y 1959

El grupo décimo de Tercera en la temporada 1957-1958 estuvo formado por 17 equipos, clasificándose el campeón para la fase de ascenso y el subcampeón para la promoción. El Elche C.F. consiguió el campeonato con gran solvencia, sumando 55 puntos en 32 partidos, con 14 de ventaja sobre el subcampeón, la U.D. Cartagenera. Para lograr el ascenso a Segunda, los ilicitanos debían superar dos eliminatorias ante otros campeones de Tercera. En la primera, mostraron una gran superioridad ante el Jerez Industrial, al que batieron por 8-0 en tierras alicantinas en el partido de ida y por 3-4 en la vuelta en su propio campo. En la eliminatoria definitiva, el Mallorca demostró ser un rival mucho más serio, que consiguió vencer a los ilicitanos por 1-0 en la ida, pero no pudo evitar la remontada de estos en su campo por 4-2 en la vuelta.

El Elche quedó encuadrado en el grupo Sur de Segunda en la temporada 1958-1959 junto a otros quince equipos. El campeón ascendía directamente y el subcampeón jugaba la promoción. El Elche empezó muy fuerte y se hizo con el liderato en la segunda jornada, manteniéndose en esa posición hasta que, faltando tres jornadas, perdió por 2-0 en el campo del Plus Ultra y se vio superado en la tabla por el Levante. Sin embargo, la alegría de los valencianos duró sólo una semana, ya que su derrota por 2-0 en Málaga fue aprovechada por los ilicitanos, que se impusieron al Murcia por 2-1. En la jornada final, el 19 de Abril de 1959, el Elche certificó su ascenso al vencer en Tenerife por 0-3, alcanzando los 40 puntos en 30 partidos, 3 más que su perseguidor, el Levante.

Real C.D. Mallorca, 1959 y 1960

En la temporada 1959-1960, el Real Mallorca se proclamó campeón del grupo octavo de Tercera División, con 54 puntos en 30 partidos, clasificándose así para la fase de ascenso a Segunda. En la primera eliminatoria, le correspondió enfrentarse al Sans barcelonés, con el que empató a cero en tierras catalanas, para vencerle por 3-0 en el partido de vuelta. En la eliminatoria final, los mallorquines volvieron a empatar en tierras catalanas, esta vez a dos goles ante el Gimnástico de Tarragona, al que golearon por 6-0 en el partido de vuelta, logrando así el ascenso.

Dieciséis equipos competían en el grupo Sur de Segunda en la temporada 1959-1960 por un puesto de ascenso directo a Primera y otro de promoción. El Mallorca se metió en la pelea desde el principio, teniendo como rival al Levante al principio y al Córdoba cuando se desinflaron los valencianos. A la última jornada llegó como líder el Córdoba, con 39 puntos, seguido por el Mallorca con 38 y el Jaén con 37. El 17 de Abril de 1960, los tres conjuntos debían jugar fuera de sus terrenos y, mientras el Jaén perdía por 3-0 ante el Extremadura y el Córdoba caía por 1-0 en San Fernando, el Mallorca lograba la victoria por 1-2 en el campo del Levante, aupándose así a la primera posición y logrando el ascenso directo a la categoría de oro del fútbol español.

Centro de Deportes Sabadell C.F., 1964 y 1965

En la temporada 1963-1964 los equipos catalanes estaban encuadrados en el llamado grupo sexto y séptimo de Tercera División; un grupo formado por la fusión de lo que antes eran dos, y que proporcionaba dos puestos para la fase de ascenso a Segunda y otros dos para la de promoción, cuando en el resto de grupos sólo se clasificaba uno para cada una. El Sabadell se proclamó campeón de este grupo, formado por 20 equipos, sumando 58 puntos. En la primera eliminatoria por el ascenso superó por 3-1 al Castellón en tierras catalanas, cosechando una derrota por 1-0 en la vuelta. En la final se enfrentó al Albacete al que venció en ambos partidos, por 0-1 en la ida disputada en tierras albaceteñas y por 3-0 en la vuelta.

En la temporada 1964-1965, el Sabadell fue uno de los 16 equipos que formaron el grupo Norte de Segunda División. Aunque sus inicios no fueron buenos, poco a poco fue remontando posiciones, hasta llegar a la última jornada en la tercera posición con 37 puntos, muy lejos del Pontevedra, campeón indiscutible con 45 puntos, y por detrás del Gijón, que tenía 38. Ambos conjuntos jugaban en casa frente a dos rivales que se jugaban la permanencia. Los asturianos recibían al Osasuna sabiendo que el empate les valía, a no ser que el Sabadell venciese por doce goles o más al Europa. A la hora de la verdad, el Osasuna salvó la categoría tras vencer por 0-3 en Gijón, mientras el Europa se condenó a la promoción de permanencia, al perder por 2-1 ante un Sabadell que conseguía así el campeonato y la clasificación para la promoción de ascenso. El rival que correspondió en la única eliminatoria de promoción fue el Real Murcia, que había acabado en décimo tercera posición en Primera. En el partido de ida se registró un empate a dos en la Condomina, consiguiendo el Sabadell finalmente el ascenso en el de vuelta, jugado el 13 de Junio de 1965, al vencer por 1-0 a los pimentoneros.

Real Murcia C.F., 1972 y 1973

En la temporada 1971-1972 el Real Murcia participó en el grupo cuarto de Tercera División, formado por 20 equipos, de los que uno ascendía directamente a Segunda y otro jugaba la promoción. Los pimentoneros se proclamaron campeones y lograron así el ascenso, tras sumar 62 puntos en 38 partidos, 3 más que sus vecinos del Cartagena, a los que tocó jugar la promoción.

La Segunda División en la temporada 1972-1973 estaba formada por un único grupo de 20 equipos, de los que tres ascendían directamente a Primera. El Murcia fue escalando posiciones poco a poco, y consiguió el liderato en la jornada 14, tras vencer por 0-1 al Hércules. Nadie fue capaz de desbancar a los murcianos de esa posición a lo largo de la temporada. El ascenso se confirmó a tres jornadas del final, el 6 de Mayo de 1973, con un empate a tres en el campo del Sabadell. Dos semanas después, un nuevo empate, esta vez a cero en Santander, confirmó el campeonato logrado por los pimentoneros, con 54 puntos en 38 partidos.

U.D. Salamanca, 1973 y 1974

El Salamanca jugó en el grupo segundo de Tercera División en la temporada 1972-1973, junto a otros 19 equipos, disputándose una plaza de ascenso directo y otra de promoción. Los salmantinos no dieron opción a sus rivales y alcanzaron el campeonato con 59 puntos en 38 partidos, 8 más que el Atlético Madrileño que sería quien disputase la promoción de ascenso.

En la temporada 1973-1974, los charros participaron en el único grupo de Segunda División, formado por 20 equipos de los que tres ascendían a Primera. El Salamanca empezó la temporada en la zona media de la clasificación, pero su regularidad les permitió alcanzar definitivamente los puestos de ascenso en la jornada 16, tras vencer por 2-0 al Linares. En la jornada 29 un empate a uno en Cádiz aupó a los salmantinos a la primera posición, aunque una semana después la perdieron al caer por 0-1 ante el Hércules. El 19 de Mayo se disputó la penúltima jornada y en ella el Salamanca conseguía matemáticamente el ascenso al derrotar por 1-0 al Betis, que también estaba ascendido. Finalizaron los salmantinos en tercera posición con 48 puntos en 38 partidos, por detrás de Betis y Hércules que sumaron 51 y 49 puntos.

A.D. Almería, 1978-1979

En la temporada 1977-1978 se creó la Segunda División B, formada por dos grupos de 20 equipos, de los que dos ascendían directamente a Segunda A. El Almería participó en el grupo segundo y logró el ascenso al acabar campeón con 56 puntos en 38 partidos, tres más que el Algeciras, subcampeón.

En la temporada 1978-1979, la Segunda A estaba formada por un grupo único de 20 equipos, de los que tres ascendían directamente a Primera. El Almería pasó gran parte de la temporada en la zona media alta de la tabla, sin perder nunca de vista las primeras posiciones. En la jornada 35 los andaluces alcanzaron los puestos de ascenso por primera vez, tras vencer por 2-1 al Betis. Una semana después, derrotaron por 0-2 al Racing de Ferrol para conseguir matemáticamente el ascenso y el campeonato en la siguiente jornada, el 10 de Junio de 1979, al batir por 3-0 al Castellón. El Almería completó la temporada con 47 puntos en 38 partidos, los mismos que el Málaga, subcampeón, y con tres de ventaja sobre Betis, Elche, Valladolid y Granada, siendo los primeros los únicos que consiguieron el ascenso.

Albacete Balompié, 1990 y 1991

En la temporada 1989-1990 el Albacete jugó en el grupo tercero de Segunda B, formado por 20 equipos de los que uno lograba el ascenso directo. Los manchegos consiguieron el campeonato, sumando 60 puntos en 38 partidos, cinco más que el Melilla, que ocupó la segunda posición.

En la temporada 1990-1991, la Segunda A estaba formada por un grupo de 20 equipos, de los que dos ascendían directamente y otros dos jugaban la promoción. El Albacete alcanzó la segunda plaza en la jornada 11 tras vencer por 5-1 al Figueres y desde entonces estuvo toda la temporada en puestos de ascenso o de promoción. Se llegó a la última jornada con el Murcia en la primera posición, con 48 puntos, el Albacete segundo, con 47, seguido por Deportivo de la Coruña con 46 y Málaga con 45, todos ellos con opciones de ascenso directo y con la promoción ya asegurada. El calendario fijó que Deportivo y Murcia se enfrentasen en Riazor, mientras el Málaga recibía al Éibar y el Albacete al Salamanca. El 9 de Junio de 1991 los manchegos derrotaron a los salmantinos por 2-0 y lograron no sólo el ascenso a Primera, sino también el campeonato, al caer los pimentoneros por 2-0 en La Coruña, propiciando que fuese el Deportivo el que ocupase la otra plaza de ascenso, mientras el Málaga cosechaba un intrascendente empate a cero contra el Éibar.

U.D. Salamanca, 1994 y 1995

En la temporada 1993-1994, el Salamanca fue campeón del grupo primero de Segunda B, con 56 puntos en 38 partidos, clasificándose de este modo para la liguilla de ascenso a Segunda A. Las Palmas, Baracaldo y Levante fueron los rivales de los salmantinos en esta fase, en la que volvieron a proclamarse campeones con 8 puntos en 6 partidos, uno más que Las Palmas que acabó en segunda posición.

Un año después, la Segunda A estaba formada por 20 equipos, de los que ascendían directamente dos y promocionaban otros dos. El Salamanca estuvo al acecho toda la temporada, pero no consiguió alcanzar la cuarta plaza hasta la jornada 32, pese a empatar a uno en El Helmántico ante el Extremadura. El 10 de Junio de 1995, los salmantinos aseguraron matemáticamente su presencia en la promoción, tras derrotar por 2-1 al Villarreal. Finalizaron la temporada con 45 puntos en 38 partidos, por detrás de Mérida con 56 y Rayo Vallecano con 53, que ascendieron directamente, y Lleida con 46, que se adjudicó el otro puesto de promoción. El rival de Primera de los charros fue el Albacete, que se hizo con una victoria por 0-2 en el partido de ida, dejando la situación muy difícil para los salmantinos. Pero en la vuelta, disputada en Albacete el 28 de Junio, el Salamanca igualó el resultado de la ida en el tiempo reglamentario y marcó otros tres goles en la prórroga para dejar el marcador en un 0-5 que les dio el ascenso a Primera.

Málaga C.F., 1998 y 1999

El Málaga fue campeón del grupo cuarto de Segunda B en la temporada 1997-1998 con 73 puntos en 38 partidos. En la liguilla de ascenso le correspondió enfrentarse a Beasain, Talavera y Terrassa y consiguió nuevamente el campeonato, con 10 puntos en seis partidos, los mismos que los egarenses, a los que superó por la diferencia de goles general.

En la temporada 1998-1999, la Segunda A estaba formada por 22 equipos, de los que ascendían directamente dos y promocionaban otros dos. El Málaga pasó gran parte de la primera vuelta en la zona media de la tabla, pero ya en la jornada 21 alcanzó el subliderato tras ganar por 2-3 en el campo del Sevilla. Siete jornadas después, una victoria por 0-1 ante el Mallorca B les dio la primera plaza, de la que sólo estuvieron ausentes una semana, en la jornada 31, tras caer en su campo por 1-2 ante el Badajoz. El 30 de Mayo de 1999, cuando aún faltaban tres jornadas para el final, el Málaga logró el ascenso matemáticamente, tras derrotar por 3-2 al Albacete. Una semana más tarde, se aseguraron también la primera posición, tras empatar a tres en Santiago ante el Compostela. La temporada finalizó con 79 puntos en 42 partidos, cinco más que el Atlético de Madrid B (que no podía ascender) y seis más que el Numancia, que les acompañó en el ascenso de categoría.

Resumen

En total, han sido catorce las ocasiones en la que el ascenso a Primera lo ha conseguido un equipo que acababa de ascender y, entre ellos, sólo uno, el Salamanca lo ha hecho dos veces. Hay que reseñar que, además, otros quince equipos consiguieron dos ascensos consecutivos militando en categoría nacional, al pasar de Tercera a Segunda A estando un solo año en Segunda B. En la temporada inaugural de la Segunda B, la 1977-1978, lo consiguieron el Racing de Ferrol, el Castilla, el Almería y el Algeciras; en la 1978-1979, el Gimnástic de Tarragona; en la 1980-1981, el Mallorca; en la 1987-1988, el Mollerussa; en la 1988-1989, el Palamós; en la 1989-1990, el Orihuela; en la 1990-1991, el Compostela; en la 1991-1992, el Marbella y el Villarreal; en la 1992-1993, el Toledo; en la 2000-2001, el Polideportivo Ejido; en la 2002-2003, el Málaga B y en la 2007-2008, el Girona. Cabe destacar entre todos ellos al Almería, que es el único equipo que ha conseguido hasta la fecha tres ascensos consecutivos, militando siempre en categoría nacional: jugó en Tercera la temporada 1976-1977; en Segunda B la 1977-1978; en Segunda A la 1978-1979 y en Primera la 1979-1980. ¿Quién será el próximo?




La colección de la temporada que no lo fue

En estos tiempos de memoria histórica y reescritura orwelliana de la misma, parece adecuado echar una mirada hacia una colección sorprendente, la dedicada a la temporada 1936-37, una temporada que, al menos, en los términos conocidos hasta ese momento nunca se celebró. 

Pero recordemos, si bien, escuetamente en qué manera se celebraban las competiciones por aquel entonces. En líneas generales, en los años 30 solía comenzar la temporada con los partidos del campeonato regional, que se iniciaban a mediados de septiembre y se alargaban hasta finales de octubre, o principios de noviembre. A continuación se desarrollaba el campeonato de Liga, que comenzaba entre el fin de noviembre y el principio de diciembre y se alargaba, en dos vueltas, hasta marzo e incluso abril, disputándose posteriormente el torneo de Copa, entre los equipos que se habían hecho acreedores a la disputa del mismo. Estas temporadas cubrían 8 meses y fueron el crisol en el que se forjaron la mayoría de edad de nuestra liga y el desarrollo imparable del deporte rey en España.

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Como es bien sabido, el 18 de julio se inició la Guerra Civil con el consabido trastorno e impacto en todos los sectores de la vida del país, entre ellos, como no, el fútbol. La temporada 1936-37 no tuvo la oportunidad de arrancar, al menos no en el modo habitual hasta ese momento. La ruptura, casi inmediata, del territorio español en dos zonas: nacional y republicana, hizo inviable el mantenimiento de las competiciones nacionales como Liga y Copa, produciéndose, en cambio, un aumento de las competiciones regionales, con ejemplos abundantes como la Liga del Mediterráneo o el Campeonato Gallego.

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El Monopolio de Cerillas y Fósforos, dependiente de la Hacienda Pública del gobierno de la República, editó una colección incluida en sus cajetillas de 30 cerillas, que costaban 5 céntimos, en la que en la parte superior de la caja aparecía un dibujo realista, probablemente basado en una fotografía, de un futbolista. Lo primero que sorprende es el gran número de jugadores que componen la colección: 384. Las cerillas debieron distribuirse a pesar de que la temporada 1936-37 no se celebrara con la normalidad deseada. Los cromos, obtenidos al recortar la parte superior de la cajita de cerillas, llevan la leyenda «Temporada 1.936-1.937» en la parte superior y en la parte inferior aparece el número del cromo junto al nombre del jugador. Una vez recortados, los cromos tienen unas dimensiones aproximadas de 3 cms. x 4’5 cms.; además las cajitas incluían vales sorpresa canjeables por décimos de lotería de tres pesetas. Un detalle a resaltar es que los jugadores aparecen con su nombre y apellido, pero no se hace referencia al equipo al que pertenecen, lo cual complica la asignación de un equipo a los jugadores representados.

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La difusión de estas cerillas debió ser muy amplia, pues hasta nuestros días han llegado algunas colecciones completas y aún es posible encontrar cajitas intactas, incluyendo hasta las cerillas. Vista esta colección con los ojos de la actualidad resulta un valioso documento en el que aparecen jugadores que tuvieron que huir al exilio y nunca más jugaron en España, junto a leyendas que escribirían más adelante sus nombres con letras de oro en el fútbol español de la década de los años 40, así como el mundial de Brasil en 1950.