Dominó deportivo: Los ases de los deportes

            Los años 20 traen a la memoria resonancias agradables. Una época dorada, una era que tuvo su fin en el «crack» de la bolsa de Nueva York en 1929 y que, de modo innegable, supuso el advenimiento de la modernidad. Modernidad plasmada en el florecimiento de la moda femenina, las revistas, el jazz, el modernismo arquitectónico, el art-decó y los deportes, a menudo mencionados en la prensa de la época bajo la denominación de «sports». España, a pesar de su secular distanciamiento de las vanguardias culturales europeas y lastrada por el corsé inmemorial de la religión católica, también se subió al tren de la modernidad, sobre todo en los grandes núcleos urbanos. Barcelona siempre fue por delante de Madrid y en el mundo del coleccionismo esta afirmación aún es más cierta. Con un tejido industrial complejo y eficiente, la elaboración de productos de consumo como los chocolates era uno de los mascarones de proa de la moderna sociedad burguesa que empezaba a forjarse de forma celérica e imparable. Marcas como Chocolates E. Juncosa, Chocolates Amatller o Chocolates Jaime Boix pugnaban por hacerse un lugar  en un nuevo mercado que no hacía más que crecer, día a día. Y ofrecían con sus productos montones de cromos, muchos sobre fútbol, pero también sobre cualquier aspecto de la vida o de la historia que pudiera interesar a sus compradores.

             La colección sobre la que quiero llamar la atención en mi artículo de este mes es la titulada Dominó Deportivo Los Ases de los Deportes. Editada a mediados de los años 20 en exclusiva por Chocolates Jaime Boix, esta colección posee una de las virtudes de muchas colecciones de la época: la originalidad. Los 28 cromos que constituyen la colección miden 5’5 cms. de ancho por 10’5 cms. de alto, y tienen el aspecto de fichas de dominó, de modo que cada cromo es una ficha que se dedica a un deporte concreto, mostrando en el interior de los puntos de cada ficha el busto de los deportistas junto al nombre del mismo. La ficha «blanca doble»  es la utilizada para el cromo-portada de la colección. Algunos deportes como el fútbol o el boxeo tienen varias fichas, pero lo realmente interesante es la originalidad del diseño y la variedad caleidoscópica de los deportes representados. Automovilismo, tenis, atletismo, skis, pedestrismo, los ya mencionados boxeo y fútbol, e incluso se incluye algún cromo dedicado a las estrellas más rutilantes del cine, otro signo inequívoco de la modernidad. De momento las fichas que se conocen dedicadas al fútbol son las siguientes: 5-5, 2-6, 5-6 y 6-6. Que el fúbol aparezca en esas fichas es lógico, dada la popularidad del fútbol y de sus incipientes estrellas y su gran cantidad en comparación con deportes más minoritarios o con menos practicantes (como el tenis, por ejemplo). A continuación los jugadores que aparecen en cada ficha, respentando la ortografía del cromo:

2-domin222222222

Ficha 5/5

Aguirrezabala

Carmelo

René Petit

Peña

Ocaña

Rousse

Eguiazabal

Gamborena

Solaberri

Errazquin

Ficha 5/6

Platko

Mauri

Zamora

Sagi-Barba

Florensa

Cros

Pelaó

Trabal

Serra

Alcazar

Maurici

Ficha 6/6

Sastre

Torralba

Arnau

Montané

Alcantara

Llorens

Samitier

Planas

Piera

Sancho

Carulla

Walter

Ficha 2/6

Echeveste

Acedo

Olariaga

Tena

Saprisa

Alcoriza

Pellicer

Padrón

             Una lectura detallada de los nombres de los jugadores nos permite datar la colección en la segunda mitad de los años 20 y certificar que los equipos representados son el Athletic Club de Bilbao, el F. C. Barcelona, el C. D. Europa, el Real Unión de Irún y el R. C. D. Español.

             Se trata de una bonita colección, difícil de ver completa y en buen estado y muestra innegable de cómo la modernidad llegó hasta lugares insospechados, como los pequeños trocitos de papel o cartón que se incluían como regalo en las tabletas de chocolate.




Hace 100 años (mayo 1911)

– George Patullo, jugador del FC Barcelona, ha regresado a su Escocia natal.

 – Fundación del FC Mataró. En su primer partido vence al Catalunya por 6 goles a 2.

– En la última reunión de la junta directiva del Internacional FC de Barcelona sale una nueva junta directiva presidida por D. Manuel Rafols.

 – Partidos amistosos:

 

            – Zaragoza FC vs Huesca SC 0-0

            – Barcelona vs Catalá 5-1

 

 – Fútbol internacional:

 

            – Challenge internacional del sur de Francia:

                         – Olympique Cette vs Barcelona 1-2

                        – Stade Bordelais vs Barcelona 2-4 (2-2 y prórroga)

                        Por segunda ocasión el FC Barcelona se convierte en campeón.

 – Santander FC vs buques ingleses 3-1

  • – SCA de Figueras vs United Squadron of Mediterranee (buques ingleses) 1-4

 

             – Partidos amistosos de selecciones:

                         – Italia vs Suiza 2-2

                        – Austria vs Hungría 3-1

                        – Suiza vs Italia 3-0

 

– Final de la Copa de Inglaterra. En Old Trafford (Manchester) el Bradford City vence al Newcastle por 1 gol a 0 ante 70.000 espectadores y 30.000 más que se quedaron sin entrada.

 – En la Copa de Francia jugaron la final el Stade Helvetique y el Racing Club de Francia. El resultado final fue de 4 a 2 para el Etade Helvetique.

 

– Ciclismo:

  • – Imitando a la invitación hecha por los organizadores del Campeonato de España de Foot-Ball, la UVE (Unión Velocipédica Española) invita a cualquier militar, aunque no esté inscrito como socio en esta, a participar en el próximo Campeonato de España inscribiéndole de oficio como socio y regalándole el título de la presente temporada.
  • – Publicados los premios del Campeonato de España.
  • – Durán vence en la prueba con una bicicleta Alcyon y neumáticos Continental con un tiempo de 3 horas y 24 minutos.
  • – El Campeón de España Durán vence en el Gran Premio Peugeot.
  • – En el Campeonato de Europa de medio fondo, con un recorrido de 100 kms., ante una concurrencia de 10.000 espectadores resultó vencedor Moran empleando 1 hora, 21 minutos y 50 segundos.
  • – Por primera vez se correrá la Vuelta a Alemania. En Italia están preparados para comenzar la suya y en Bélgica ya comenzó.

– Automovilismo:

  • – Ha sido elegido el Comité Organizador para el Raid Barcelona – Zaragoza – Madrid. Ésta estará presidida por el alcalde de Barcelona, sr. Marqués de Marianao.

– Down Cars:

  • – En la carrera disputada entre el Tibidabo y la Plaza de Sarriá, con un recorrido de 7.700 metros, finalizan vencedores de la prueba Lee Guinés y F. Arruga con un tiempo de 12 minutos y 10 segundos.

– Atletismo:

  • – El Centre Autonomista de Dependents de Barcelona, a través de su sección de Sports y Excursiones, ha organizado la cuarta prueba del Concurso Gimnástico, del cual tenemos los siguientes vencedores:

Lanzamiento de peso: Agustín Dulcet

                             Salto con pértiga: Juan Rigol

                             Carrera a pie de 500 metros: Juan Seriña

                             Salto sin trampolín: Agustín Dulcet

– Hockey:

  • – Constitución del club del Ateneo Calasancio de Tarrasa

– Aeronáutica:

  • – Concurso de Cometas. Organizado por la Sociedad Aeronáutica Española se celebró este campeonato por primera vez en España. Quedó vencedor el sr. Juandó, con su cometa celular, que recibió de premio 25 pesetas, medalla de oro y diploma honorífico.

– Motociclismo:

  • – Carrera de 100 kms. organizada por el Moto-Club de Madrid. Vence y recibe la copa donada por el sr. Funes el sr. Gurumeta que conduce una moto Brown Brothers con neumáticos Dunlop, utilizando 2 horas y 12 minutos en el recorrido.

– Gimnasia:

–    Fiesta inaugural del Campo de Deportes del nuevo club «Gimnástico Sportsmen’s Club». Hubo carreras a pie, en bicicleta y partido de foot-ball.

– Rugby:

–    Primer partido jugado en Barcelona en la historia. Patrie (Francia) venció por 7 puntos a 0 al CD Español de Barcelona (primer equipo español conocido).

– Lucha Greco-Romana:

–    Organizado por el CD Español de Barcelona se celebró un Campeonato de dicha especialidad.

– Natación:

–    El Club Natación de Barcelona, dadas las diferencias entre los nadadores españoles y los extranjeros organiza unas clases para sus socios para que aprendan las técnicas necesarias.

 

– Publicaciones:

            Aparecen las revistas deportivas «Stadium», «Caza y Pesca» y «Sporting»

 

 

 

  

 

 

 




Los primeros pasos del futbol femenino en España

El fútbol femenino tan sólo en contadas ocasiones ha merecido la atención de los medios informativos nacionales, pero en esta temporada cumple cuarenta años desde que se iniciaron las primeras manifestaciones serias de esta disciplina. Hasta entonces raras veces se había podido contemplar a algún grupo de chicas pelotear en espacios públicos con un balón en los pies y si lo hacían no estaban exentas de recibir algún comentario despectivo con respecto a su pretendida feminidad. Con ciertos matices no era éste un caso aislado en España ya que la misma Foot-ball Asociation no se decidió a reconocer la rama femenina del fútbol hasta el año 1969 como consecuencia del incesante crecimiento registrado a partir del Mundial de Inglaterra. Dos años después la UEFA encargó a sus asociados la gestión y el fomento de esta disciplina, hecho que se consolidó en los siguientes años.

 Quizás sea la primera referencia sobre el fútbol femenino en España la que aparece en las páginas de El Mundo Deportivo dando cuenta del partido que se jugó en Barcelona  el 31 de mayo de 1914. Bajo el epígrafe «Las niñas futbolísticas» la crónica incluye ciertos adjetivos que denotan el paso de los años: Anteayer, en el campo del «Español», jugóse el primer partido de fútbol entre representantes del sexo débil, que en dicho día se parangonaron con el fuerte. Este partido, cuyos beneficios se destinaban a favor de la Federación Femenina contra la Tuberculosis, era, por su naturaleza, esperado con cierta espectación, siendo presenciado por un público regular y por el capitán general de la región, que acudió con su bella hija Carmen. Las jugadoras estuvieron a la altura que les correspondía, notándose en el comienzo del encuentro bastante azoramiento, que fue desapareciendo hacia el final, en el que, el bando «Giralda», que lucía jersey rojo, consiguió apuntarse dos goals por uno que en la primera mitad, entró el «Montserrat», que lo ostentaba blanco. Esta primera actuación de la mujer en el viril fútbol, no nos satisfizo, no sólo por su poco aspecto sportivo, sino que también porque a las descendientes de la madre Eva, les obliga a adoptar tan poco adecuadas como inestéticas posiciones, que eliminan la gracia femenil. Unos días después se repitió el partido y la publicación comentó: El jueves último, en el campo del «Español» y ante escasa concurrencia, celebraron el segundo partido de balompié los equipos femeninos «Giralda y Montserrat», empatando a un goal. Por segunda vez las niñas futbolistas no convencieron a las personas amantes de lo bello, en todos sus aspectos.

Durante los años de posguerra la presencia femenina en el deporte español fue escasa y dependiente de las actividades sociales promovidas por estamentos políticos como el Frente de Juventudes, la Sección Femenina de Falange Española, o la Organización Juvenil Española. Poco a poco la mujer logró desatarse del seno hogareño y demostró sus innatas cualidades en cualquier ámbito, respondiendo de forma rotunda a la llamada de su propia evolución, incorporándose a diversas disciplinas deportivas, sobre todo colectivas como baloncesto, voleibol o balonmano, incluso como vínculo de reunión social. Pero el fútbol siempre estuvo desplegado y relacionado al universo masculino sin que a nadie se le ocurriera pensar que podría extenderse también entre las mujeres, más allá de alguna presencia puntual en eventos de fiesta mayor o festivales deportivos de carácter benéfico. Toda salida de la norma podría sufrir alguna cortapisa, tanto de sus propios congéneres como de los masculinos.

El fútbol femenino siguió su trayectoria anónima sin merecer ni siquiera la indiferencia de la sociedad. Fue en la segunda mitad de los años sesenta, con la revolución juvenil y progresista y los cambios sociales que la sucedieron cuando el fenómeno experimentó una repentina efervescencia, contagiado por lo que sucedía en otros países tanto de Europa como de Sudamérica. España pretendió estar a la altura de los demás, pero infinidad de obstáculos fueron puestos en el camino, y una vez más tuvo que ser la iniciativa individual la que logró sacar adelante.

 Hacia finales de 1970 comenzaron a surgir los primeros clubs y el Sizam Paloma de Madrid, fundado el 16 de octubre fue uno de los pioneros. Su presentación el 8 de diciembre en el campo del Boetticher de Villaverde fue todo un acontecimiento al que acudieron unos seis mil espectadores, ganando su partido contra el Mercacredit, otro equipo de la localidad por 5-1. Al decir de las crónicas la auténtica heroína del choque fue Conchi Sánchez, un portento a la que apodaban «Amancio» autora de los cinco goles de su equipo, que dejó a los espectadores boquiabiertos. Ese mismo día en Murcia se jugó otro partido entre un equipo universitario y las representantes de un establecimiento comercial que tuvo como árbitro al malogrado Emilio Guruceta.

 Posteriormente apareció el Racing de Valencia, con fecha de 10 de diciembre, llevado de la mano de Francisco Jiménez Velasco. La Peña Femenina Barcelona, fue la primera que contó con el apoyo de uno de los «grandes», el presidente azulgrana Agustín Montal, que acogió esta disciplina en el seno del club el 1 de enero de 1971 y tuvo por entrenador a Antonio Ramallets. Y al día siguiente se fundó el Polideportivo Fuengirola, gracias al apoyo del ex jugador sevillista Ángel Castillo. Estos tres equipos y el Sizam madrileño (que poco después cambió de nombre a Cultural Femenino debido a una escisión), compitieron en el Trofeo Fuengirola, el primer campeonato femenino oficioso jugado en España. Una liguilla a doble partido que se disputó entre el 24 de enero y el 28 de febrero de 1971 ganado por el representante malagueño.

 Este auge futbolístico tuvo en Catalunya una mayor repercusión ya que contó con el apoyo de algunos clubs profesionales y de la Federación Catalana con su presidente Pablo Porta. Unos días antes de constituirse la Peña Femenina Barcelona, dentro de la campaña benéfica navideña de una emisora de radio y como prólogo a un amistoso con el CSKA de Sofía, el club azulgrana ofreció en el Camp Nou un partidillo entre una selección de Barcelona y el Centelles, que no convenció al numeroso publico que asistió a la matinal.

 Tampoco resultó convincente el show organizado por el presidente del Rayo Vallecano, Pedro Roiz Cossío, que aprovechó la coyuntura para concertar dos partidos de fútbol femenino entre artistas de cine, teatro y revista. Lo más granado de la farándula hispana, como Carmela y Lola Flores, La Polaca, Paquita Rico, Marujita Díaz, Rocío Jurado, Encarnita Polo, etc. se dieron cita en Vallecas bajo los nombres de «Folklóricas y Finolis» para ofrecer una parodia más propia de una pista circense que de un campo de fútbol. La farsa, supuestamente benéfica y presentada como «el primer partido oficial de fútbol femenino jugado en Madrid», batió récords de recaudación, fue interpretada por personajes que percibieron 20.000 pesetas y que a propósito o no sirvió para desprestigiar un fenómeno que intentaba su implantación con grandes esfuerzos y escasas ayudas. El «espectáculo» se repitió unas semanas después en el Sánchez Pizjuán de Sevilla, sin merecer mayor comentario.

 Mucho más exitosa resultó la experiencia que por esas mismas fechas se preparó en Barcelona. Por iniciativa de Montserrat Fabregat, el patrocinio la marca comercial de aperitivos Pernod y la emisora Radio Reloj de Radio España, se organizó el primer torneo cuadrangular de Catalunya «Copa Pernod» con la participación de los cuatro equipos más representativos, el FC Barcelona con su Peña Femenina, el RCD Español entrenado por el ex jugador Julián Arcas, el Atlètic Sabadell, dirigido por Guarch Jimeno y la UE San Andrés con Patrocinio Ramón «Patro» de entrenador. Excepto el equipo barcelonista, los demás fueron creados para la competición mediante convocatoria radiofónica, presentándose en total de 312 jugadoras aspirantes, siendo los entrenadores respectivos quienes seleccionaron a veinte por cada club para formar sus correspondientes plantillas. La organización ofrecía premios para los cuatro clubs participantes y a la mejor jugadora del torneo, designada por la votación de los asistentes, un viaje a Londres para presenciar la próxima final de la Copa de Europa.

 El domingo 21 de marzo se jugaron las semifinales en Sarriá en partidos de sesenta minutos. En primer lugar contendieron los equipos del Español y Sabadell ganando las anfitrionas por 2 a 1, y a continuación el Barcelona se impuso al San Andrés por 1-0. Una semana después, en el marco incomparable del Camp Nou, y ante más de 30.000 espectadores se disputó primero el partido para el tercer y cuarto puesto, con victoria andresense por 2-1 sobre el Sabadell, y posteriormente la final que ganó el Español al Barcelona por idéntico tanteo. El público disfrutó de la matinal y salió encantado por el espectáculo que ofrecieron estas pioneras del fútbol que no debía diferir mucho, salvando las distancias, del que se jugaba medio siglo antes.

 El éxito alcanzado en este torneo y el interés inmediato que suscitó, movió a los organizadores y sus patrocinadores a emprender una nueva aventura, poniendo en marcha el I Campeonato Regional de Catalunya de Fútbol Femenino al cual se inscribieron catorce equipos. Fue una competición de liga a doble vuelta que se inició el 8 de mayo de 1971 y finalizó el 5 de marzo siguiente, con tres meses de paréntesis veraniego. La lucha mantuvo interés hasta la jornada final con un duelo constante entre Español y Vic, resuelto a favor de las españolistas gracias al goal-average y el empate del Vic en Manresa en la última jornada. Ambos equipos totalizaron 45 puntos y a continuación quedaron el Atlètic Sabadell con 41, Barcelona  40, San Andreu 39, Banyoles y Manresa 25, Industria del Taxi 22, Lleida, Mataró y La Salle Premiá 19, Badalona 13, Vilanova 9, y San Cugat 3 puntos.

 Los gastos originados por la competición fueron cuantiosos (unos dos millones de pesetas) principalmente para dar cobertura de ella en la prensa deportiva, que realizó un preciso seguimiento. Hubo también algunas irregularidades y el torneo fue un éxito a medias, porque no se llenaron los estadios y ello hizo amainar el espectáculo, pero las chicas que compitieron se entregaron totalmente. La jugadora del Vic, Caracuel, fue la máxima goleadora.

 Mientras tanto el fútbol femenino intentaba organizarse en el ámbito institucional. El 5 de mayo de 1971 se reunieron en el hotel Claridge de Madrid  los presidentes de trece clubs, representando a más de cuarenta, de diversos puntos de España. El objetivo de la reunión fue la constitución del Consejo Nacional del Fútbol Femenino, que agrupaba a todos los clubes allí representados. El acto fue reproducido por el diario Marca en estos términos:

 En un hotel de Madrid, se celebró ayer una reunión de presidentes de equipos femeninos de fútbol a escala nacional. De resaltes de la misma fue designado el Comité Organizador del Fútbol Femenino que por votación de los representantes de los equipos quedó compuesto de la siguiente manera: presidente, Javier Jiménez (Valencia CF); vicepresidente, Julián Esteban Lillo (Madrid Cultural Femenino); secretario, Miguel Ángel Rubio Roiz (Brujas de Madrid); Tesorero, Manuel Carlón (Sizam de Madrid). Como vocales fueron nombrados, José Mérida (Fuengirola) y Miguel Yuste (Racing de Valencia).

 A continuación se hizo una total planificación del fútbol femenino nacional que será presentada al Pleno de la Federación Española de Fútbol en el próximo mes de junio. Según palabras del recién nombrado presidente del Consejo organizador, parece ser que los contactos preliminares son optimistas, lo que pudiera suponer que a partir del próximo junio el fútbol femenino quedará integrado en la Federación Española.

A pesar de los buenos augurios de los dirigentes de la nueva organización el tema del fútbol femenino no fue tratado en la Asamblea y el presidente de la Federación, José Luis Pérez Payá, manifestó de antemano que era un asunto que no les atañía, posiblemente mal aconsejado por algunos clubs que se mostraban reacios a abordarlo. No obstante, el informe de la UEFA recomendando su fomento y gestión, provocó ciertas controversias entre los dirigentes de los clubs, y aunque la Federación prometió ayuda económica, ésta nunca llegó. El fútbol femenino tendría que seguir sobreviviendo gracias a la iniciativa privada y a voluntad de algunos estamentos menos intransigentes.

 Pese a todo, el fútbol femenino también vivió su primera experiencia internacional. Fue el 21 de febrero de 1971 en el campo de la Condomina de Murcia con motivo de un enfrentamiento entre las selecciones de España y Portugal que acabó con empate a tres goles, después de que las españolas fueran con ventaja de 3-1 ante un rival más experimentado, de mayor envergadura física y bastante marrullero. Cabe consignar las alineaciones de este partido que por parte española fueron: Kubalita; Virginia II, García, Herrero; Feijoo, Angelines; Vázquez, Virginia I, Cruz, Conchi y Laura. Por la selección portuguesa: Dores; Mari José, Amelia, Piedad; Calado, Lila; Ana Maria, Julia, Nini, Lina y Ana Santos. Marcaron los goles Laura, Conchi y Cruz, por parte española, y Ana Santos, Nini de penalti y Ana Maria por parte lusa.  

 Lo lamentable del caso, que viene a refrendar lo expuesto anteriormente, fue la negativa para que el encuentro se jugase, primero por parte de la Sección Femenina, y posteriormente por el presidente del Colegio arbitral murciano. Debido a ello el partido comenzó con cierto retraso por desacuerdo entre los organizadores, y el árbitro Sánchez Ramos, tuvo que actuar en chándal al no poder utilizar su uniforme habitual por no tener el beneplácito de sus dirigentes. Una lamentable campaña de desprestigio que redundó en la asistencia de público, con sólo tres mil aficionados en el recinto pimentonero.

 Poco después España volvió a tener otra prueba internacional ante Italia cayendo por un rotundo 8-1 en el Comunale de Turín. Y todavía pudo haber tenido un destacado protagonismo si no se hubiera dado la espalda a la propuesta de la Federación Internacional Europea de Fútbol Femenino. Tras un primer Mundial oficioso disputado en la ciudad italiana de Turín en 1970, y otro en México al año siguiente, España, que había sido invitada a participar, fue designada por el Congreso Mundial del Fútbol Femenino para organizar el tercer evento de este tipo en 1972. Pero la negativa de la Federación Española y el silencio posterior a las cartas enviadas, diluyeron el ambicioso proyecto.

 A mediados de 1971 las divergencias comenzaron a aflorar entre los clubs que integraban el Consejo Nacional Organizador, que acabó por disolverse a principio de 1972. Tras su último Congreso surgió un equipo que en los siguientes años sería el más representativo del fútbol nacional: el Olímpico de Villaverde, fusión del Mercacredit y otro equipo madrileño. En las vísperas navideñas de 1971 desapareció el Valencia Femenino, ante la negativa del presidente Julio de Miguel de acogerlo en el seno del Valencia CF, y unas semanas después también desapareció el Racing de Valencia, para alumbrar de la fusión de ambos el Marcol Lanas Aragón. Ángel Castillo, que trabajó denodadamente por el Polideportivo Fuengirola, decidió abandonar y con ello desapareció el club, y también hubo que lamentar la ausencia del Sizam, diezmado por el paso de sus jugadoras al Madrid Cultural Femenino. A pesar de estos contratiempos y la falta de ayudas que fueron apagando tan encomiables estímulos, siempre se mantuvieron tímidos rescoldos localizados que permitieron su continuidad. Aparecieron en otros puntos de nuestra geografía el Galicia Gaiteira, el Sondika, CD Blanes, Isla Cristina de Huelva y otros muchos. Era una renovación beneficiosa y en junio de 1972 volvió a fundarse un Consejo, ahora de la mano de José Manuel Martínez y Rafael Ruiz Muga, que volvería a la lucha para conseguir su objetivo.

 En noviembre de 1980 se logró el reconocimiento oficial de la Real Federación Española, pero aún hoy en día, a pesar de la existencia de dos competiciones de ámbito nacional donde intervienen equipos semiprofesionales, no se contempla la existencia de licencias profesionales para las mujeres. El origen de la discriminación se halla en los estatutos federativos, donde se excluye expresamente al fútbol femenino de esta posibilidad. Por cierto, aquel portento que maravilló a los aficionados en el campo del Boetticher conocida como Conchi Amancio, tras su paso por el Madrid Cultural Deportivo y Olímpico de Villaverde, recaló en equipo italiano Gamma-3 de Padua, que pagó una buena cantidad por sus servicios y se convirtió en la primera jugadora española exportada… y profesional.

 Estos fueron a grandes rasgos los primeros balbuceos del fútbol femenino en España nacidos de la propia iniciativa, con entusiasmo, mucho sacrificio, pundonor y sin dinero. Si había grandes problemas económicos para los equipos de Primera y Segunda división, habrá que imaginar los que surgieron con este incipiente auge. Fue deficitario para todos los arriesgados que decidieron formar un equipo femenino, pero paradójicamente se multiplicaron de forma extraordinaria en todo el territorio nacional, llegando a contabilizarse unos trescientos. Todavía deberían pasar varios años hasta conseguir el reconocimiento oficial de la Federación Española de Fútbol, el inicio de las competiciones de ámbito nacional y el primer partido internacional oficialmente reconocido que disputó España, precisamente contra Portugal en La Guardia el 5 de febrero de 1983. Pero lo anterior, aunque no fuera oficial y posiblemente siempre quedará obviado del palmarés, también tenía su mérito y merece ser conocido. Vaya como homenaje para todas aquellas abnegadas pioneras de un fenómeno que, cuarenta años después, he podido revivir.

 

 




Las Supercopas de España

La «supercopa» es la competición que enfrenta al campeón de Liga contra el campeón de Copa. La «Supercopa de España» es la competición creada en 1982, que enfrenta al campeón de Liga contra el campeón de Copa. Ni ha ocurrido un Deja Vu, ni ha habido una equivocación exponiendo lo mismo dos veces consecutivas, sencillamente, porque no es lo mismo. Al menos, hablando de forma terminológica.

El dilema es bién simple. La «Supercopa de España», con nombre propio, es una de las competiciones que enfrentan a los ya citados campeones, mientras que la «supercopa», con nombre común, vendría a ser el conjunto de competiciones en las que los ganadores de Copa y Liga se han enfrentado. Y es que, en resumidas cuentas, los enfrentamientos por ver quién es el supercampeón nacional empezaron allá por los años 40, mientras que la Supercopa de España nació posteriormente en los años 80. Como veis, las supercopas podrían dividirse en dos épocas, de las cuales, una sería entre los años 1940-1953, y la otra entre los años 1982 a la
actualidad.

Lo cierto y verdad es que en su primera época de vida, la competición siempre iba acompañada de una enorme expectación, puesto que por aquel entonces, la Liga y la Copa estaban al mismo nivel de reconocimiento, siendo sus campeones reconocidos como «campeones de España» (incluso en la prensa, en el año 1940 se seguía afirmando que el máximo campeón nacional era el campeón de Copa). No en vano, los dos primeros torneos, aun siendo amistoso, tubieron una expectación máxima, y fué el detonante para su posterior reglamentación oficial y que esta se jugase todos los años posteriores bajo la Real Federación
Española de Futbol. Sin embargo, la competición dejaría de disputarse por causas ajenas a su éxito.

Ya en su segunda época, y con la Liga a un nivel de reconocimiento significativamente mayor que la Copa, el torneo perdió algo de envergadura, y no ha sido hasta los últimos años cuando ha ido recuperando poco a poco su esplendor del pasado. Eso si, aún tiene mucho que decir esta Supercopa de España.

Lo que se pretende con este artículo es hacer un breve repaso de la historia de las supercopas, sobretodo su primera época de vida, la cual es la más desconocida, y determinar el palmarés global del torneo de supercopas. Por supuesto, acentuaremos por el camino cuales fueron organizados por la RFEF, y por ende, oficiales.

Nota: Cabe recordar que, en resumidas cuentas , para que una competición sea tomada como oficial, a de estar organizada, en el caso de España, por la Real Federacion Española de Fútbol.

Historia

En el año 1940, surgiría la primera supercopa que midió a los campeones, llamada «Copa de Campeones». Se enfrentaron el Athletic Aviación Club (Club Atlético de Madrid siete años después) y el Real Club Deportivo Español (Espanyol). El Atlético se presentaba como el ganador de la Liga, mientras que el Espanyol lo haría como ganador de la Copa. El partido fué indudablemente ajeno a la RFEF y de manera extraoficial, siendo anunciado en prensa como partido de caracter amistoso, sirviendo el torneo de excusa para homenajear a los grandes campeones de España. El torneo se disputó a doble partido.

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En el partido de ida se disputaría en el campo del Espanyol, el 1 de Septiembre de 1940. El encuentro terminó en empate, con un 3:3 en el marcador. Pero aun mas sorprendente fue el partido de vuelta, que termino con un resultado de 7-1 a favor del Atletico. El resultado global, 10:4. El Atletico se alzó con la Copa de Camapeones. Pese al exito del torneo, no tuvo continuidad.

En el año 1945, y dado la cálida amistad y buena relación que existía entre España y Argentina, el consul general de la república Argentina en España, Don Alfredo de Molina, propuso recuperar el enfrentamiento entre los campeones de España. La RFEF miró con buenos ojos la propuesta, y decidió aceptar la iniciativa, para realizar el primer enfrentamiento de manera oficial entre campeones. Sin embargo, dado que no había tiempo suficiente para una reglamentación oficial, se decidió realizar un primer encuentro amistoso, en forma de torneo piloto, que sería organizado por la Federacion Catalana de Fútbol, siendo además un partido en beneficio de las instituciones municipales de Bilbao y Barcelona. En definitiva, lo que vendría a ser un partido benéfico y amistoso. Por lo tanto, el torneo no puede ser considerado un encuentro de competición oficial.

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Asi, el 23 de Diciembre de 1945, En el estadio «Les Corts», se jugó el enfrentamiento benefico a partido unico, entre el F.C. Barcelona, campeon de Liga, contra el Athletic Club de Bilbao, campeon de la Copa. El trofeo fue obenido por el F.C. Barcelona, en un colosal partido que acabo en 5:4. Al igual que su predecesor, el partido tuvo una gran expectacion, más si cabe que la Copa de Campeones, ya que la RFEF se habría compremetido a organizar el torneo durante los próximos años de manera consecutiva.

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En 1947 nacería, desde las riendas de la RFEF, el primer precedente oficial de la actual Supercopa de España, la Copa Eva Duarte de Perón. O lo que es lo mismo, hablando de forma terminológica, la primera supercopa oficial. Ya este torneo se jugaría de forma consecutiva, con una reglamentación digna de su expectación, siendo lo más destacado una final a partido único, en un estadio parcial, con las mismas reglas que la final de la Copa de S.M. el Rey, y con la posibilidad de ganar el trofeo en propiedad, ganando la competición en tres ocasiones consecutivas o 5 alternas. Si un equipo ganaba la Liga y la Copa en la misma temporada, se adjudicaría automaticamente el trofeo. Los equipos eran los encargados de acordar una fecha para la disputa del trofeo, siendo en ocasiones tarea dificil. Incluso la primera edición tuvo que aplazase a primeros del año de 1948, cuando en realidad se tendría que haber jugado el año anterior, disputándose ese mismo año dos campeonatos. El nombre que recibió la competición se debe a que el trofeo era donado por María Eva Duarte de Perón, la esposa del Presidente de la República Argentina, Juan Domingo Perón.

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Este torneo tuvo siete ediciones, de las cuales salieron vencedores por orden cronólogico, Real Madrid, F.C. Barcelona, Valencia, Athletic Club, Atlético de Madrid, y F.C. Barcelona por dos ediciones consecutivas y sin necesidad de disputarlas, pues ganó durante dos años consecutivos la Copa y la Liga. Los subcampeones serían, también de forma cronólogica, el Valencia, Sevilla, F.C. Barcelona, Atlético de Madrid, y nuevamente F.C. Barcelona. Curiosamente, de todos los subcampeones, el único que no logró hacerse con el trofeo fué el Sevilla. Por desgracia, María Eva Duarte de Perón falleció a causa de un Cancer a la edad de 33 años, provocando, como es lógico, el cierre de la competición. Esto significó el final de la primera época. En España, la noticia de la muerte de «Evita» fué recibida con enorme tristeza.

Dejando ya tan triste acontecimiento, no sería hasta 1982, cuando la competición renacería de sus cenizas, de la mano de la RFEF a propuesta del por aquel entonces presidente del F.C. Barcelona, Josep Luís Núñez. Esta competición surgiría como la actual Supercopa de España. El reglamento era (y es) practicamente el mismo al de la Copa Eva Duarte, siendo los dos cambios más significativos, la disputa a doble partido (como la Copa de Campeones), y que a partir del año 1996, el equipo que consiguiera un doblete, se enfrentaría al subcampeón de Copa. Eso no impidió que el torneo arrancara en los primeros años con algunos problemas, siendo el más destacado el hecho de que los equipos que disputaban el torneo tenían que ponerse deacuerdo a la hora de decidir una fecha para el encuentro, lo que provocó hasta en dos ocasiones la suspensión del torneo. Para solucionar este tipo de problemas y potenciar el torneo, a partir de 1994, la RFEF acordó que se jugara el encuentro entre el final de la pretemporada y el inicio de la Liga, tal y como sucede hoy en día.

Esta es, en resumidas cuentas, la historia (que no termina) de las «supercopas» de España. Una competición que ya tiene sus años, pero que sigue siendo fresca e interesante, y cada vez va a más. Que a nadie le quepa la menor duda.

A continuación, se expone una serie de estadísticas desde la Copa de Campeones, hasta la Supercopa de España, junto a un cómputo global por clubes de títulos oficiales.

Copa de Campeones (No homologable)

Año Campeón Subcampeón
1940 Athletic Aviación Club R.C.D. Español

Copa de Oro «Argentina» (No homologable)

Año Campeón Subcampeón
1945 F.C. Barcelona Atlético de Bilbao

Copa Eva Duarte de Perón

Año Campeón Subcampeón

1948 Real Madrid Valencia F.C.
1948 F.C. Barcelona Sevilla F.C.
1949 Valencia F.C. F.C. Barcelona
1950 Atlético de Bilbao Atlético de Madrid
1951 Atlético de Madrid F.C. Barcelona
1952 F.C. Barcelona (Gano Liga y Copa)
1953 F.C. Barcelona (Gano Liga y Copa)

Supercopa de España

Año Campeón Subcampeón
1982 Real Sociedad Real Madrid
1983 F.C. Barcelona Athletic Club
1984 Athletic Club (Hizo Doblete)
1985 Atlético de Madrid F.C. Barcelona
1986 Anulado Real Madrid vs Real Zaragoza
1987 Anulado Real Madrid vs Real Sociedad
1988 Real Madrid F.C. Barcelona
1989 Real Madrid (Hizo Doblete)
1990 Real Madrid F.C. Barcelona
1991 F.C. Barcelona Atlético de Madrid
1992 F.C. Barcelona Atlético de Madrid
1993 Real Madrid F.C. Barcelona
1994 F.C. Barcelona Real Zaragoza
1995 Deportivo de la Coruña Real Madrid
1996 F.C. Barcelona Atlético de Madrid
1997 Real Madrid F.C. Barcelona
1998 R.C.D. Mallorca F.C. Barcelona
1999 Valencia C.F. F.C. Barcelona
2000 Deportivo de la Coruña R.C.D. Espanyol
2001 Real Madrid Real Zaragoza
2002 Deportivo de la Coruña Valencia C.F.
2003 Real Madrid R.C.D. Mallorca
2004 Real Zaragoza Valencia C.F.
2005 F.C. Barcelona Real Betis
2006 F.C. Barcelona R.C.D. Espanyol
2007 Sevilla F.C. Real Madrid
2008 Real Madrid Valencia C.F.
2009 F.C. Barcelona Sevilla F.C.
2010 F.C. Barcelona Athletic Club

Cómputo de Títulos oficiales por Clubes

Club Campeón Subcampeón
F.C. Barcelona 12 9
Real Madrid 9 3
Deportivo de la Coruña 3 0
Atlético de Madrid 2 4
Valencia C.F. 2 4
Athletic Club 2 2
Real Zaragoza 1 2
Sevilla F.C. 1 2
R.C.D. Mallorca 1 1
Real Sociedad 1 0

Nota: No se incluyen la Copa de Campeones y Copa de Oro Argentina, por ser competiciones extrafederativas, además de dejar claro que fueron torneos de caracter amistoso.

Como salta a la vista, el FC Barcelona y el Real Madrid son los claros dominadores del torneo, siendo algo lógico, ya que a su vez son los máximos dominadores de la Liga y la Copa. Con esto, quedan expuestas las estadísticas de las supercopas que no solo han habido, sino que además, esperemos que sigan habiendo. Muchas gracias.




Jose Mª Miró y la fundación en 1908 del Sevilla Football Club

Mucho se ha vilipendiado y vapuleado a aquellos que pensábamos que el Sevilla FC actual data en realidad de 1908 y no de 1905. Lo que es cierto, dicho sea de paso, es que esa opinión estaba basada en algunos «indicios» más que en datos con peso específico. Lo reconocemos, pero ahora, con los nuevos datos encontrados parece que la fecha de 1908 se erige como la verdadera fecha de fundación del Sevilla FC, recientemente proclamado como «mejor club del mundo por la IFFHS».

Antes de empezar nos gustaría lanzar una pregunta a los entendidos: ¿Cuándo llegó Miró Trepat a Sevilla?: Vamos a eludir aportar prueba alguna, que dicho sea de paso las tenemos, simplemente mostremos lo que bien han investigado nuestros amigos historiadores sevillistas:

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 Perfecto, llegó en torno a 1907, aunque nosotros puntualizaríamos que llegó en la segunda mitad de ese año. No perdamos de vista esta fecha. Y ahora les invito a leer esta nota publicada por la Revista «Stadium» con motivo de la inauguración del campo del mercantil en 1913, en Sevilla:

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 El recorte esta sacado de esta hoja de la mencionada revista:

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Y ahora observen este mismo recorte de la misma revista pero de número diferente, de 1913 tambien:

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 Llegados hasta aquí forzosamente nos tenemos que hacer la siguiente pregunta: ¿Pero, en el momento de la llegada de Miró Trepat a Sevilla sobre 1907,  no estaba ya fundado el Sevilla FC desde 1905?!…¿Cómo es posible que Miró sea Fundador del «Sevilla Football Club»?

 Un momento porque tenemos otra pregunta de sencilla respuesta: ¿Se puede fundar un mismo club dos veces?….lo cierto es que sobra cualquier tipo de respuesta.

 Parece que estas preguntas tienen respuestas obvias, y ninguna apunta a la fecha de 1905, en todo caso a fechas posteriores a la fecha de llegada de Miró a Sevilla. La cosa se va aclarando. Pero continuemos.

 Hasta ahora de todos era conocido ese periodo de dos años y dos meses, comprendidos entre abril de 1906 y Junio de 1908, en los que no se oye hablar en absoluto de ningún «Sevilla Foot-ball Club» y ni tan siquiera de una «Sociedad de Football». Hasta ahora se ha dado por válida la explicación de que durante esos años esa «Sociedad de football» que a la postre sería el «Sevilla football Club» pasó por vicisitudes propias de la época pero que esa misma sociedad finalmente logró despegar en 1908. Es obvio que con los nuevos datos encontrados, que contradicen esta explicación, un nuevo horizonte se abre ante nosotros para explicar lo que verdaderamente ocurrió.

 Nosotros quisimos ahondar un poco más en este personaje y en el papel tan importante que jugó en el football sevillano y más concretamente en el Sevilla FC. Es curioso, por cierto, como por ejemplo en el libro «Breve historia del Sevilla FC» tan solo se dedique unos insignificantes párrafos a la figura de D. Jose María Miró. ¿Cómo es posible que un personaje tan importante en la historia del Club Sevillano, sin el que éste no habría existido, reciba tan poco reconocimiento?.

 Nuestras pesquisas nos llevaron a conocer que D. Juan Segura, el historiador del C.D. Español de Barcelona, había tenido contacto directo con la hija de Jose María Trepat en Madrid, en 1974, con motivo de la elaboración de su primer libro sobre la historia del club periquito.  Su hija, María Teresa Miró Barbany, en el momento de la entrevista del Sr. Palomares, tenía 73 años y suponemos por tanto que habrá fallecido. Esta señora vivía en la calle Viriato, de Madrid.

 Una de las primeras cosas que indica su propia hija y que nos llama la atención es que Miró no viene a Sevilla para curarse de su enfermedad. Esta, de tipo tuberculoso, la había contraído en Barcelona en los últimos meses de 1905, así que en ese año Miró no estaba en Sevilla, es obvio. Según su hija, Miró una vez restablecido viene a Sevilla por otros motivos bien distintos:

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 Simplemente para vivir de las rentas, así de claro. Pero lo que nos llamó la atención por encima de todo es cómo el Sr. Palomares nos indica que según su hija, D. Jose María Miró fue el verdadero fundador del Sevilla FC actual, y además así lo refleja en su obra:

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 «…Participó en la fundación del Sevilla…»

 Y es que rogamos que por favor no se pierda de vista la nota de prensa aparecida en la Revista «stadium»:

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Revista Stadium, 1913.

  Otra vez nos hacemos la misma pregunta: Si un club estaba fundado ya en 1905, ¿por qué habría de volverse a fundar después de 1907, cuando llegó Miró?, ¿No será que se trataba de un club nuevo?…la respuesta ante tantas evidencias es obvia y huelga decirla para no ofender a la inteligencia de nadie. Tenemos que decir, sin embargo, que es evidente la relación existente entre la «Sociedad de Football» de 1905 y el «Sevilla Football Club» de 1908, ya que ente otros tenemos la figura de Jose Luis Gallegos como nexo de unión. Pero que participen mismos jugadores en dos Clubes no significa que ambos clubes sean el mismo. Lo iremos aclarando.

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 Realmente ahora vamos entendiendo algunas cosas que antes estaban un poco en el aire y que se habían dado por aclaradas. Sigamos atando cabos sueltos.

 Otra de las cosas más sorprendentes que nos llama poderosamente la atención y que coincide a la perfección con estos documentos que hemos encontrado es el hecho de que EL Sr. Jose María Romero Acosta, socio y directivo del Sevilla FC allá por 1917 dijera, y desde luego con un notable ímpetu, según se desprende de sus declaraciones, que el primer presidente del «Sevilla FC» NO fue Jose Luís Gallegos, sino Jose María Miró Trepat:

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 Revista «El Sevillista». 1960

 Y es que es evidente que todo parece indicar que el Sevilla FC que hoy conocemos se fundó a partir de la llegada de Miró Trepat a Sevilla y que por tanto él es considerado como el fundador y para muchos, como es el caso del Sr. Romero Acosta, se podría considerar como el presidente honorífico o en funciones; aunque el cargo legal lo ostentara, en 1908, D. Carlos García.

 Lo que está fuera de toda duda es que uno de los hombres que vivió más de cerca las inquietudes y afanes de la sociedad decana (como reza en la cabecera de la entrevista) en sus primeros años de existencia, deja bien claro que Gallegos no fue primer presidente, lo cual significa ni más ni menos que ese Sevilla FC de 1908, al menos legalmente, no tenía nada que ver con la «Sociedad de football» fundada en 1905.

 Ojo, lo dice un exdirectivo del Sevilla que vivió el Sevilla FC en sus primeros años de vida, El Sr. Romero Acosta podría ser todo lo que ustedes quieran, pero ¿Qué necesidad tenía de decir eso si no fuese verdad?.

 Por nuestra parte no hemos podido acceder a la entrevista entera, pero estamos seguros de que es más suculenta de lo que aparenta, aunque con lo que tenemos ya es mucho sin duda. Desde aquí hacemos un llamamiento a aquellos que la posean que por favor la transcriban íntegramente en el foro de betislibre.com.

 Pero. Ojo!, no queda ahí la cosa. Otra de las cosas sorprendentes (¡vaya coincidencia!) es lo que viene reflejado en la historia del Sevilla FC, publicada por el ABC, al tratar el asunto de la creación del club:

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 «…nombres como Joaquín Valenzuela, Benito Romero, los hermanos Laffita, Jose María Castañeda o Paco Alba se unieron al de José Luis Gallegos para hacer realidad esta idea. Las reuniones se celebraban en el bar Tupinamba, propiedad del futuro presidente del Club, José Miró, o en el propio domicilio de Paco Alba. Carecían de toda oficialidad…»

 Sí, han leído bien: José Miró. Es decir que parece evidente que a la vista de todos José María Miró participó en la auténtica fundación del Sevilla FC, tal y como dice la revista «Stadium», tal y como lo indica su propia hija en su entrevista de 1974, tal y como lo indica esta historia del Sevilla FC en el ABC y tal y como se deduce por los testimonios del exdirectivo (en 1917) del Sevilla FC D. Jose María Romero Acosta.

 Y es que, insistimos en el hecho de que no conviene olvidar esto:

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Revista Stadium, 1913

 Y es que todos los historiadores sabían de la participación de Miró en la fundación del Sevilla FC, y todos asociaban dicha participación a 1905…

 Pero en lo único que se equivocaban era en la fecha, porque en 1905, Miró no estaba en Sevilla, pues llegó a finales de 1907.

 Saquen sus propias conclusiones.

 Hay más. Otra de los cabos sueltos que vamos atando a partir de estos importantes hallazgos es porqué desde mediados de 1906 y hasta mediados de 1908 no existieron noticias ni del Sevilla FC ni de football en Sevilla. Porque una cosa clara es que realmente no existen noticias ni tan siquiera de football «no organizado» por ninguna sociedad, a modo de partidas esporádicas de football en las que intervinieran los jóvenes de Sevilla.

 Y no queremos decir que no se jugara al football en Sevilla entre 1905 y 1908. Estamos seguros de que se jugó, pero con todos estos documentos y los que vamos a mostrar ahora es evidente que de modo organizado no se hizo bajo ningún concepto.

 Para ello vamos a empezar hablando del viaje de Masferrer en 1906, y no se preocupen porque no vamos a esgrimir lo que se ha dicho hasta ahora, sino que hemos encontrado nuevos datos muy importantes. Masferrer fue Redactor-jefe de la revista «Mundo Deportivo» de Barcelona, e hizo una visita al Sur Oeste de España para tomarle el pulso a la actividad deportiva por estos lares.

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Masferrer deja claro en ese artículo que se practican muchos sports en el suroeste, habla de football en Huelva, de caballos en Jerez en Sevilla y Jerez etc…pero de football en Sevilla, lo que es de football en Sevilla: NI LO NOMBRA.

 No obstante nuestros amigos historiadores sevillistas han sacado sus propias interpretaciones, y en la frase siguiente (que ahora veremos) de Masferrer ven enterrada de algún modo la palabra «foot-ball». Veamos la frase de Masferrer:

  «…y si en verdad se realizan otras manifestaciones sportivas, débese a que un reducido grupo de gente joven y aristocrática (…) unense para efectuar de cuando en cuando (…) polo, golf y otros deportes importados por los muchos que se educaron en Inglaterra…»

 A partir de esa frase de Masferrer resulta y se deduce, con total claridad según nuestros amigos los historiadores sevillistas, que en 1906 se jugaba al football en Sevilla, y más concretamente en Tablada. Todo claro está amparándose en «…y otros deportes importados por los muchos que se educaron en Inglaterra…».

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Pues va a ser que no, que en el hipódromo de Tablada no se jugaba al football, al menos durante la última parte de 1906, y ni durante 1907 y ni  en Enero de 1908. Y vaya por delante que lo 1º que nos llama la atención es que Masferrer vea football en Huelva y en Sevilla no. Que sí, que sí, que ya sabemos que Huelva era una ciudad mucho más pequeña, pero ¿A caso no lo habría preguntado a los sportmen con los que contactó?…No obstante, es evidente que esta reflexión que hemos hecho es una pura elucubración sin más importancia, pero esto que mostramos a continuación no lo es:

 Vean esta nota de prensa de Febrero de 1908:

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<<Dichos señores (…) también tienen el propósito de implantar un campo completo de estos juegos ingleses como son a más de los mencionados, el golf, el lawn tennis y el foat ball>>

 En otras palabras, que en Febrero de 1908 se iba a implantar un campo para jugar al football en el hipódromo de Tablada.

Pero, ¡¡un momento!!: Si según algunos ya se jugaba al football en la Dehesa de Tablada, entonces ¿Para qué hacer un campo de football en Febrero de 1908?. Como ven poco a poco estamos cerrando el círculo y atando algunos cabos. Pero sigamos, que hay más.

 Esto demuestra, que en el «hipódromo de Tablada» no se jugó al football hasta Febrero de 1908. Esto contradice a aquellos que «quisieron leer» en el texto de Masferrer que también se jugaba al football. Lamentamos que para algunos valga cualquier cosa con tal de tratar de demostrar el «estado vivo» de esa «Sociedad de football» de 1905.

 Y es que Masferrer efectivamente apunta a que en Tablada se jugaron deportes como polo, golf y otros sports importados de Inglaterra, como el Cricket y el Hockey (como hemos leído en el recorte de prensa), pero el football, amigos y enemigos,….el football, NO. De ser así efectivamente no habría necesidad de implantar en 1908 un campo o terreno para la práctica del football porque ya lo habría.

 Pero, un momento que viene más. Es seguro que los habrá que encontrarán cualquier resquicio siempre para arrimar el ascua a su sardina y poner en duda esto que estamos diciendo y sobre todo argumentando. Pero no nos importa porque para terminar de desmontar el hecho de que en Sevilla se jugara al football (de forma organizada y bajo el amparo de un club) entre finales de 1905 y mediados de 1908 también ponemos sobre la mesa el testimonio que da el periodista en la revista «Sevilla Deportiva» de 14 de Octubre de 1914 en la que, en referencia a la visita por entonces a la capital hispalense de Miró Trepat, dijo lo siguiente:

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 <<…fue el periodo en que el sport (referido al football, pues el texto habla de football) puede decirse que empezó a nacer en nuestra capital…gracias al Sr. Miró>>

 Cuando algo «empieza a nacer» no hay otra lectura posible que el hecho de que ese algo que nacía antes no existía, o bien que lo que hubo dejó de «vivir». Es algo que salta a la vista.

 Y es que la nota de prensa con la que abríamos este artículo-informe parece definitiva:

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Revista «Stadium», 1913

 Ojo!, repetimos que no queremos decir que en Sevilla no se jugara al football, sino que no se jugaba de forma organizada ni al amparo de ningún club.

 Y ya que hemos mencionado a Huelva. Otro hecho cuando menos curioso y significativo es que en la provincia onubense, desde 1906 el Huelva ya jugaba la Copa del Rey en Madrid…entonces, ¿si había un club como la «sociedad de football» porqué nunca se jugó con un club tan cercano?, ¿no es extraño?, ¿no es más que significativo?…¿no será que es que simplemente no existía?. Sí, ya sabemos que son simples coincidencias, pero que unidas a tantas otras y los nuevos documentos que estamos mostrando, resultan que completan un puzzle, ¿no les parece?.

 LOS ÚLTIMOS CABOS SUELTOS TERMINAN ATÁNDOSE:

Y es que definitivamente, con todo esto, terminamos de hilar el resto de cosas que andaban sueltas:

  Es significativo que la llegada de Miró Trepat a Sevilla, en 1907 y después de recuperarse en parte de la grave enfermedad que sufrió en 1905, en Barcelona, es previa al «resurgir» (lo entrecomillo por cuestiones obvias) Sevilla FC de 1908. Ahora entendemos el sentido de esa nota de prensa que luego revisaremos de 1908 en la que dice «Ha quedado definitivamente constituida la novel sociedad llamada «Sevilla Football Club»»

  El hecho de que Miró Trepat fuera un enorme enamorado además de al football al Tiro Pichón y deportes de armas, lo cual queda demostrado no solo porque fue presidente hasta 1906 de la Sociedad Tiro Pichón de Barcelona, sino porque además participó en las Olimpiadas de Amberes en la modalidad de tiro (miren por donde los sevillistas pueden presumir también de haber tenido un presidente olímpico). Miró Trepat una vez llegó a Sevilla y como no podía ser de otra manera se adhirió al Club de Tiro de Sevilla, precisamente en el Hipódromo de Tablada y precisamente en el cual en Febrero de 1908, poco después de su llegada a nuestra capital, se Implantó un…¿adivinan?…¡Un campo de football!…!Qué coincidencia, ya van 20!. Es todo desde luego bastante significativo y ahora entendemos porque es 1908 la fecha en la que el football despega definitivamente en nuestra capital.

 Uno más uno son dos y dos más uno son tres…parece que la cosa va teniendo sentido ¿verdad?. Recuerden este recorte de prensa:

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  Pero no queda ahí la cosa. Hay otros muchos cabos, con los que se han mofado de todo aquel que opinaba que el Sevilla FC era de 1908, que se van atando a partir de aquí, veamos el siguiente:

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 Otra «coincidencia» es que la llegada de Miró Trepat a Sevilla supone el «nacimiento o resurgir» de algo como el football, que estaba desorganizado claramente. Y es que ahora entendemos también porque, tras la llegada de Miró a Sevilla, en Junio de 1908, y después de que en el Hipódromo de Tablada se implantara un campo para la práctica del football (a partir de 1908 y no antes) se nombra una junta directiva del «Football Club«. Como decimos, ahora entendemos porque se nombra esa junta directiva de Junio de 1908.

  Pero es que la secuencia sigue, y pocos meses después del nombramiento de esa junta directiva aparece la siguiente nota de prensa, además de en diarios Sevillanos también en el «diario Mundo Deportivo» de Barcelona, mire usted por donde de Barcelona, ciudad natal de Miró y diario dirigido en su redacción por Masferrer:

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 «…Ha quedado definitivamente constituida en esta ciudad (…)  la  novel Sociedad de foot-ball…con el  título es <Sevilla Football Club>»….

 Y es que ahora entendemos realmente eso de que «ha quedado definitivamente constituida la novel sociedad«. Madre de Dios, vaya pareja de baile que hace esta noticia del «Mundo Deportivo» con esta otra que ya hemos visto y que no conviene perder de vista:

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Revista «Stadium», 1913

 Lo que es evidente es que no es normal ni lógico que una sociedad tarde en constituirse 3 años. Es más, si «queda definitivamente constituida» es que antes no lo estaba; lo cual significa a cualquier efecto que justo en ese momento comienza a estar legalmente conformada.  Pero sigamos.

 Y es que de entrada, de la noticia aparecida en el «Mundo deportivo» nos llama la atención el adjetivo «novel». Veamos…vamos a coger el «comodín del diccionario». Acudamos al diccionario de la Real Academia Española de la Lengua para conocer el significado del adjetivo NOVEL:

(Del cat. novell, nuevo).

 <<Que comienza a practicar un arte o una profesión, o tiene poca experiencia en ellos>>

 Resalto primero que etimológicamente el adjetivo proviene de «novell, NUEVO, y también resalto la frase «Comienza a practicar» para que la gente lo entienda: Algo que comienza es algo que antes no existía. Al menos así nos lo enseñaron en la EGB. Saquen sus conclusiones, por favor.

 Así que perfectamente y según la RAE podríamos hablar de que «ha quedado definitivamente constituida la nueva sociedad llamada Sevilla football Club».

 Reconocemos que las conclusiones que ahora estamos sacando eran impensables o carecían de lógica o credibilidad si no tuviéramos la pieza que faltaba: La participación y el importantísimo papel de D. Jose María Miró Trepat, no solo para el Sevilla FC, sino para el football Sevillano entero. Ahora, con esa pieza todo tiene mas sentido, sin duda.

 Además en 1908…¿Definitivamente constituida?, ¿es que en 1905 no estaba ya constituida?, ¿no habían presentado ya los papeles en el Gobierno Civil de Sevilla?, ¿es que  eso no es trámite suficiente para que una sociedad quedara constituida?.

 Ahora entendemos que lo que realmente quiere decir esa nota de prensa con el «queda definitivamente constituida» es que hace referencia al mes de Junio de ese mismo año en la que se nombra junta directiva del «football Club»,  y no en referencia, como nos han tratado de dibujar algunos, a 1905. Es más lógico pensar que una sociedad tarde en constituirse 4 ó 5 meses, desde luego, que tres años.

 En cuanto a lo de los 80 jóvenes apuntados nos resulta lógico pensar que la sociedad Sevillana seguía practicando football, y que en cuanto se organizara un club, la mayoría se simpatizantes a este sport se unieran a ese Club, pero eso tuvo que ser a partir de 1907, porque de haber sido en 1906, es de suponer que Masferrer habría tomado buena nota, ¿no?.

 ¡¡Ah!!, además hay algo que no debemos pasar por alto, y es el hecho de que se trata de la primera vez que se habla del «titulo escogido por la simpática sociedad creada» (El liberal). En otras palabras: Es la primera vez que aparece LITERALMENTE el título de «Sevilla Football Club».

 5º Pero es que las «coincidencias» no terminan ahí. Ahora se puede entender realmente y en toda su dimensión porque pocos meses después de la nota de prensa en la que se indica que «ha quedado definitivamente constituido el Sevilla Football Club» la sociedad se registra en el Libro Registro de Asociaciones del Gobierno Civil con fecha de Marzo de 1909. ¡¡Qué curioso que lo haga unos meses después de que la sociedad quede «definitivamente constituida» en Octubre de 1908 y no antes¡¡. Y es que ahora, con los datos de Miró Trepat y los demás que hemos encontrado ya entendemos también dos cosas más en relación a este asunto de la inscripción en el Libro de Sociedades del Gobierno Civil de Sevilla:

  •  a) Ahora entendemos la razón de porqué en la inscripción del «Sevilla football Club» en el registro de asociaciones en 1909 no hace referencia alguna a la «sociedad de football» de 1905: eran sociedades diferentes.
  • b) Y también entendemos la razón de porqué no se dirigió ningún club de football al Registro cuando éste, ya avanzado el año 1907 y tras el incendio de 1906, hizo un llamamiento a las sociedades que estuvieran registradas antes del incendio para que se reinscribieran. No olvidemos que hay sociedades con fechas anteriores a 1906 (previas al incendio sufrido por el gobierno Civil de Sevilla) que se reinscriben en 1907. Nosotros ya habíamos apuntado lo extraño que resultaba que si el Sevilla FC hubiera existido como tal en 1906 o en 1907 éste no se hubiera reinscrito como el resto de las sociedades existentes antes del incendio. He aquí pues la razón.

 Es evidente que se inscribe en 1909 y no antes, simplemente porque antes la organización como tal no existía.

 La secuencia de los acontecimientos está ahí, muy clara. Sólo faltaban algunos datos que explicaran porqué entre 1906 y 1908 no se oye hablar del «Sevilla Football Club». Sólo faltaba entender la figura de Miró Trepat y la pieza que faltaba nos dibuja algo muy diferente a lo que nos han vendido hasta este momento.

 

 LOS HECHOS INTERPRETADOS CON LOS NUEVOS DATOS

 La fecha de 1905 debe estar presente en los corazones de los sevillistas pues al fin y al cabo supone el origen sentimental del Sevilla FC fundado en 1908. Muchos de los que fundaron el Sevilla FC de 1908 participaron en la fundación de la «Sociedad de football» de 1905, y es loable y lógico pensar que ambos grupos tienen una íntima relación entre si. Hasta ahí todos estamos de acuerdo, pero si bien la vinculación «sentimental» entre ambos grupos es indudable, la legal es claramente imposible a la luz de todos los datos aquí presentados ya que también a partir de este momento, existe un fundador del «Sevilla FC» que no fundo la «Sociedad de football» de 1905, a todas luces desaparecida.

 La cosa tuvo que suceder, con la información que aporta los nuevos datos anteriores encontrados, más o menos así:

 La «Sociedad de football» de 1905, por las razones que fueran, dejó de tener vida entre 1906 y 1907, sus integrantes debieron no seguir la estela de sus promotores, o la dejaron de lado languideciendo desde la óptica organizativa. El football se siguió practicando en Sevilla a modo aficionado. Pero llegó a Sevilla un personaje catalán, D. Jose María Miró Trepat que dio un giro a la situación de estancamiento deportivo de nuestra cuidad. Aficionado como era al tiro rápidamente formó parte del tiro Pichón en la Dehesa de Tablada, y una de las primeras acciones fue implantar a su vez un campo de football en esos terrenos. El contacto con los promotores de la «Sociedad de football» debió de ser casi inmediato y una vez establecido este contacto se promovió la definitiva constitución de un Club de football, en la cual participaron evidentemente los que formaron la «Sociedad de football» de 1905.                                 

En Junio de 1908 se forma Junta directiva, y varios meses después la sociedad queda definitivamente constituida. De nuevo, pocos meses después, en Marzo de 1909, la Sociedad «Sevilla Football Club» se inscribe en el libro de Registro de Asociaciones del Gobierno Civil de Sevilla, quedando así legalmente registrada.

 Otra laguna que parece que puede aclarar la figura de Miró es la NO celebración de las Bodas de Plata del club sevillista.

 Vamos a dar nosotros por lo menos una explicación argumentada en base a los datos encontrados y expuestos en este artículo:

 Los mandatarios del Sevilla F.C. al ser muchos de ellos en 1930 los que fundaron la «Sociedad de Football» no quisieron olvidarse nunca de su primera obra, por lo que intentaban rescatar a toda costa la fecha de 1905 como la fundacional, pero llegados a tan importante fecha había un serio problema.

Si organizaban las Bodas de Plata en 1930 (Sociedad de Football), habría que invitar a todos los fundadores del club que continuasen vivos, que en el año que estamos hablando (1930) eran la mayoría. Pero dirían: ¿Que hacemos con Miró?.

Si no se le invita, el feo gesto que se le hubiera hecho a un fundador, ex-Presidente y además el que construyó el primer campo estable de la historia del club, además de un importante político de la Villa y Corte, hubiese sido intolerable.

Ante esta situación tan difícil, viendo que la celebración podría traer polémicas (¿Sr. Romero Acosta?) y malos entendidos, optaron por no celebrar tan importante fecha y esperar otros 25 años para dejar que los estragos que hace el paso del tiempo en las memorias y la biología hiciesen el resto.

 Para entender el surgimiento en 1908 del SFC era imprescindible encontrar la pieza del puzzle que faltaba: Miró Trepat, justo a 500 km. de distancia de nuestra Sevilla.

 




Veinte años del record de Abel Resino

Uno de los records más importantes que existen en el Campeonato Nacional de Liga es el de Abel Resino. Corresponde al portero con mayor número de minutos consecutivos jugados sin recibir un gol. El pasado mes de marzo se cumplieron 20 años de la gesta que, desde entonces, ningún otro guardameta ha logrado inquietar. 1275 minutos de juego que incluyen un total de 13 partidos con la portería a 0.

 El gol recibido en Mallorca a los 30 minutos de juego marcado por Claudio no pudo ser equilibrado y significó la segunda derrota de los rojiblancos en el campeonato que los relegaba a la sexta plaza, a seis puntos del FC Barcelona, líder.

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 Era la jornada 12ª y el Atlético mostraba cierta irregularidad. La contundente victoria cosneguida en la jornada siguiente, 4-0 al Real Zaragoza, les devolvió cierta confianza. Las turbulencias en el equipo, como un rasgo distintivo histórico del club, habían costado el puesto a Joaquín Peiró, quien no llegó ni a empezar el campeonato. Sustituido por Iselín Santos Ovejero durante dos jornadas, se dio paso a Tomislav Ivic. El conjunto tardó en en encontrar su estilo, porque la incorporación de Schuster fue tardía y los resultados siguieron siendo irregulares. Fue la victoria sobre el FC Barcelona la que impulsó cierta credibilidad, aunque esa derrota en Mallorca era un frenazo demasiado fuerte.

 En ese momento empezó a escribirse la gesta. Porque Abel Resino dejó de girarse hacia su portería para ir a recoger el balón. Los partidos se fueron sucediendo. La firmeza defensiva del Atlético era extraordinaria. Delante de Abel se disponía un sistema férreo con hombres contundentes como Juanito, Ferreira o Solozábal, luchadores como Pizo Gómez, rápidos y duros como Tomás o Juan Carlos, estratégicos como Donato, Vizcaíno o Alfredo y cerebrales como Schuster. Arriba bastaban Futre y Manolo, complementados con Rodax.

 Jornada tras jornada, el Atlético fue sumando puntos. Pasó con contundencia por el Bernabeu donde arrasó a su rival con un 0-3. Abel superó el record histórico en Sevilla, ante el Real Betis, cuando aguantó el 0-0 inicial, con nueve hombres desde el minuto 58. Entonces el portero rojiblanco ocupó la primera plana de todos los periódicos. Y así hasta la tarde del 17 de marzo de 1991, un Atlético-Sporting. El partido se estaba desarrollando en la línea marcada por el Atlético. Los locales se habían adelantado con dos goles de Manolo, uno de penalti, con lo que prácticamente sentenciaban. Justo al final de esa primera parte, un remate de Luis Enrique acabó en gol. Entonces todo el Vicente Calderón se levantó y se pronunció en una tremenda y estremecedora ovación de reconocimiento hacia el guardameta. Fue como una liberación de una responsabilidad. Abel, en efecto, era batible, pero también era el más grande en esos momentos.

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Abel pasó a la historia del Campeonato Nacional de Liga con un record muy difícil de superar. Ya han pasado veinte años y sigue ahí, incontestable. Es llamativo que grandes guardametas de nuestra historia, que han marcado un ciclo en la selección, como Ramallets, Iríbar, Arconada, Zubizarreta o el actual Casillas, nunca se hayan acercado a esa cifra. Y, desde el punto de vista histórico ahí está la grandeza del éxito de Abel. No fue un portero que destacase por intervenciones inverosímiles. Sus mejores armas fueron la regularidad, la constancia, el trabajo, la humildad y la visión de la jugada. Abel mandaba y muy bien a sus compañeros. Sabía rectificarles, organizaba su defensa y cerraba las opciones de la delantera rival. Un portero no sólo para, también debe mandar. Precisamente, tras el 0-3 en el Bernabeu, ante la pregunta del periodista ¿un partido con menos trabajo del esperado -por las pocas intervenciones del portero-? Abel contrestó más o menos: «ni hablar, ha sido un partido muy intenso, porque se ha trabajado para que el rival no pudiese tener oportunidades. Un portero también juega aunque no tenga que hacer paradas».

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Los 1275 minutos de juego sin recibir ningún gol fueron celebrados a lo grande. Fueron aclamados como registro mundial absoluto y entraron en el Libro Guinnes de los Records. El seleccionador nacional Luis Suárez respondió a esos méritos con la internacionalidad absoluta. Abel llegó a disputar dos partidos España, sustituyendo a Andoni Zubizarreta en los amistosos contra Hungría y Rumanía.

 La IFFHS, finalizando el s. XX, decidió oficializar los records más importantes de todos los campeonatos de liga nacionales y para ello se analizaron minuciosamente todos los resultados. El presunto record mundial que se atribuyó el guardameta libanés del Al-Ansar, Ali Fakih, con 1511 minutos, fue descartado por irregularidades -permutó el puesto de portero titular con su hermano-. Todo apuntaba a que Abel Resino sería reconocido formalmente como poseedor de este record. De hehco, yo mismo cursé la invitación para que asistiese a la Gala Mundial del Fútbol de 2001 en Rotemburgo con esa idea. Pero las investigaciones dieron un giro total cuando apareció el belga Dany Verlinden, del Club Brugge KV, quien, sin tener conciencia de ello, había estado 1390 minutos sin recibir un gol. Su record había sido anterior al de Abel, sin embargo había pasado desapercibido porque cubría el final de la Liga 1989-90 y el comienzo de la Liga 1990-91.

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Las investigaciones siguieron y actualmente la lista de la IFFHS de porteros con más minutos jugados sin recibir un gol ha sufrido grandes cambios:

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La clasificación española, encabezada por Abel, tiene un listado de prestigiosos porteros.

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Ricardo Saprissa, el primer centroamericano en unos juegos olímpicos

En los últimos números del Journal of Olympic History hemos leído interesantes artículos sobre la discutida nacionalidad de algunos deportistas olímpicos, siguiendo esta línea de debate podemos profundizar en un caso de París 1924: el tenista de la delegación española Ricardo Saprissa Aymà.

Nuestro protagonista nació en San Salvador (El Salvador) el 24 de junio de 1901 de padres españoles nacionalizados salvadoreños (José Saprissa Llurá, empresario y cónsul honorario de El Salvador en Almería (1) y Carmen Aymà Sagrera). A los 3 años viajó con su madre a la ciudad natal de su familia (Barcelona) para estudiar, pero la trágica muerte de su padre les hizo regresar a San Salvador en 1910.

Como típico sportsman de la época practicó desde su juventud varios deportes, destacando como tenista, ganando para El Salvador el primer campeonato centroamericano frente a Guatemala en 1920. También se aficionó a otros deportes como el béisbol o el fútbol, así como a la caza.

A los 20 años regresó a Barcelona para completar la especialización en ingeniería, aunque por problemas de convalidación de estudios acabó montando una tienda.

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 En España triunfó en todos los deportes que ya había practicado en Centroamérica y en alguno que descubrió en el Viejo Mundo:

 -Béisbol: era un notable catcher y enseguida destacó en este deporte que en la Barcelona de la época era muy minoritario y sólo practicaban «indianos» (catalanes que habían estado en América). (2)

 -Tenis: se afilió a la pequeña y elistista Sociedad Sportiva Pompeya, donde rapidamente se convirtió en uno de los mejores jugadores, especialmente en dobles formando pareja con Antonio Juanico. En 1923 y 1924 fueron campeones de Cataluña y de España y era lógico (al margen de las dudas sobre su nacionalidad) que fueran seleccionados para los JJOO de París. La ausencia de Juanico en los Juegos modificó sus planes y Saprissa formó pareja en dobles masculinos con Eduard Flaquer y en dobles mixtos con Rosa Torras.

Con Flaquer superaron dos rondas, venciendo a los portugueses Casanovas y Castro-Pereira por w.o. y a los japoneses Fukuda y Honda por 6-2, 6-3 y 6-3, cayendo en 3ª ronda frente a los sudafricanos Condon y Richardson por 6-2, 6-3 y 6-1 y recibiendo duras críticas de la prensa española por ello.

En dobles mixtos junto a Rosa Torras (primera mujer española en unos Juegos junto a Lilí Álvarez) fueron derrotados en la primera ronda por los italianos Umberto de Morpungo y Giulia Ferelli por 6-3 y 10-8. (3)

Saprissa también representaría a España en la Copa Davis. En la eliminatoria contra Bélgica disputada en Amberes del 2 al 4 de mayo de 1930 jugó (y ganó) el partido de dobles formando pareja con Enrique Meier. Derrotaron a los anfitriones De Borman y Ewbank por 6-1, 4-6, 1-6, 8-6 y 6-3 y España ganó la serie 4-1. (4)  

 -Hockey sobre hierba: este deporte lo descubrió en España y le cautivó de forma especial, llegando a decir que era su favorito. Se convirtió en uno de los mejores delanteros del país y en la estrella del Pompeya. Tras la desaparición de la sección de hockey de dicho club en 1924 pasó al Real Club de Polo, en cuyas filas conquistó los Campeonatos de España de 1924 y 1925.

Con la selección española jugó varios amistosos entre 1924 (España 0- Bélgica 5) (5) y 1929 (Torneo Internacional de Barcelona con motivo de la Exposición Universal: España 3- Francia 0, España 3- Austria 0 y España 0- Alemania 1) (6).

Abandonó la práctica habitual de este deporte en 1925 (aunque regresó para algunas exhibiciones y para el importante Torneo Internacional de Barcelona de 1929) por problemas físicos en las rodillas y ausencia material de tiempo para compaginar tantos deportes y una vida laboral

Precisemos que (con excepción de la temporada 1928/29 en la que aceptó un contrato profesional del RCD Español por dificultades económicas) Saprissa fue siempre amateur y defendió esa concepción romántica del deporte. Una caricatura del semanario humorístico deportivo catalán Xut presentaba al célebre guardameta Ricardo Zamora como símbolo del profesionalismo rindiendo pleitesía a Ricardo Saprissa como adalid del amateurismo bajo la leyenda: «Jo et beneixo Saprissa! T´has perdut catorze quilòmetres de calderilla, però ets feliç. Que el teu exemple tingui imitadors, perquè els professionals poguem repartir-nos-en més».(7)    

 -Fútbol: fue el deporte que le reportó más popularidad, destacando sus años en el RCD Español de Barcelona (1922-1932). Como defensa derecho, junto al mítico guardameta internacional Ricardo Zamora y el defensa izquierdo Conrad Portas formaron una de la mejores defensas de la época.

Entre sus títulos destacan dos Campeonatos de Cataluña y la Copa del Rey de 1929 (Español 2- Real Madrid 1). Fue capitán del equipo y destacó por su fair play (nunca fue expulsado ni amonestado) (8).

Nombrado Presidente Honorario del RCD Español en 1932, cargo que conservó hasta su muerte. También jugó varios amistosos con la selección catalana.

Entonces, si tan brillante defensa era: ¿por qué no jugó nunca con la selección española de fútbol?.

Algún periodista reclamó su presencia en el equipo nacional, pero nunca fue convocado. ¿El motivo?

El historiador del RCD Español Juan Segura Palomares nos dió la respuesta en 1974: «Como futbolista era extraordinario. Si no llegó a vestir la camiseta del equipo nacional, fue por su nacionalidad, de la que jamás renegó, pese a su gran amor a España». (9)

El mismo Saprissa nos recordaba en una entrevista de 1931 que él no era español: «Pues porque allí (en El Salvador) nací. Vine a Barcelona cuando tenía tres años y a los diez volví a MI PAÍS para estudiar la carrera. A los diecinueve, con el ánimo de ampliar mis estudios, regresé a España…» (10).

Prueba definitiva de que era ciudadano salvadoreño y lo siguió siendo mientras vivió en España es su pasaporte expedido en el Consulado de Barcelona el 23 de mayo de 1928 del que adjuntamos copia. (11)

Pero si pudo jugar con la selección española de hockey sobre hierba en varios amistosos y representar a España en tenis en (nada más y nada menos) que los Juegos Olímpicos de 1924 y la Copa Davis de 1930, ¿por qué razón no podía jugar con la selección de fútbol?

La respuesta no es sencilla, en los años 20 el concepto de nacionalidad y de representación internacional de las selecciones nacionales no era el mismo de la actualidad y estas cuestiones variaban según el deporte, el tipo de competición y la época. Probablemente el caso de Juan Errazquin influyó en el hecho de que Saprissa no llegara a ser convocado nunca.

Juan Errazquin (nacido en Leones, Argentina en 1906 de padres vascoespañoles) era un delantero del Real Unión de Irún que defendió la camiseta de España en 6 amistosos entre 1925 y 1928, siendo convocado por el seleccionador Berraondo para los Juegos Olímpicos de Ámsterdam. El problema llegó al solicitar el Comité Organizador los pasaportes a los jugadores y comprobar estupefactos que Errazquin era ciudadano argentino. Le negaron la inscripción pese a las promesas de la delegación española de que le tramitarían de urgencia un pasaporte español. (12)

Este caso ejemplifica que los usos y costumbres respecto a la nacionalidad de la época eran muy flexibles y el caso Errazquin pudo significar un antes y un después. 

 No fue Saprissa el único olímpico español nacido fuera de España en esa época, en las primeras expediciones encontramos a varios deportistas nacidos en Cuba (José Bento López) o en Filipinas (Manuel Toledo Coca, César Miguel de los Reyes, Julio Castro del Rosario), cuando dichos territorios aún eran posesiones coloniales. También a otros deportistas españoles nacidos en el extranjero por motivos accidentales (por ejemplo la célebre tenista Lilí Álvarez, nacida en Roma).

Pero no hay otro caso sobre cuya nacionalidad tengamos tantas dudas razonables.

En sentido contrario tenemos a varios deportistas nacidos en España (o inscritos como ciudadanos españoles al nacer) compitiendo por otras naciones en los primeros JJOO (13):

Por Francia: el ciclista Fernando Sanz y Martínez de Arizala (hijo no reconocido del rey Alfonso XII) en 1900 y los gimnastas del Oranesado (Argelia) Joseph Martínez, Antoine Costa, Robert Díaz, Louis Ségura y Marcos Torres en el periodo 1900-1920.

Por Argentina: los atletas Juan Bautista Pina y Serafín Dengra en 1928.

Por Uruguay: los futbolistas Pedro Cea (1924, 1928) y Lorenzo Fernández (1928).

Por Suiza: el futbolista Adolphe Mengotti Arnáiz (1924).

  En 1932 Saprissa abandona España y se instala en otro país centroamericano (Costa Rica) donde su hermano tenía negocios.

Allí sigue jugando al fútbol (en el Orión) y practicando tenis (representó a su nuevo país de adopción en los Centroamericanos 1938 y ganó el Torneo regional en 1946 contra, precisamente, El Salvador) y es seleccionador de fútbol costaricense en los Juegos Centroamericanos de 1935 y 1938 y en los Panamericanos de 1951. (14)

Fue cofundador del Deportivo Saprissa en 1935 y el estadio de dicho club lleva su nombre desde 1972.

Ricardo Saprissa Aymà falleció en Alajuela (Costa Rica) el 16 de agosto de 1990.

Representante internacional de tres países (El Salvador, España y Costa Rica) en tres deportes (tenis, fútbol y hockey sobre hierba), su figura es recordada en Costa Rica por el club y el estadio que llevan su nombre y entre los aficionados del Espanyol más veteranos o con más interés por su historia, pero es un perfecto desconocido en general. (15)   

 El debut olímpico de las siete repúblicas de América Central se produjo en:

-Panamá (1928, Adán Gordon Jr. en natación)

-Guatemala (1932, Antonia Matos en competiciones artísticas, primeros deportistas en 1952)

-El Salvador (1932, Pierre de Matheu en competiciones artísticas, primeros deportistas en 1968)

-Costa Rica (1936, Bernardo de la Guardia en esgrima)

-Nicaragua (1968)

-Honduras (1968)

-Belice (1968)

En consecuencia, debemos concluir, que el ciudadano salvadoreño Ricardo Saprissa Aymà (participante en tenis con la delegación española en París 1924) es el primer deportista olímpico de la República de El Salvador y de todo el istmo centroamericano.

 

Fernando Arrechea Rivas. Referencias.

  •  (1) Guía oficial de España. Ediciones de 1907 a 1915. José Saprissa continuó apareciendo como cónsul de El Salvador en Almería en varias ediciones de la Guía posteriores a su deceso.
  • (2) Pastor Pacheco, José Antonio. Ricardo Saprissa. El Campeón Total. Su Vida y Legado. Ediciones Jadine, San José (Costa Rica), 2010. Pág. 26.
  • (3) La Jornada Deportiva, 28 de julio de 1924. Pág. 18.
  • (4) La Voz, 6 de mayo de 1930. Pág. 7.
  • (5) Gran Vida, 1 de abril de 1924. Pág. 13.
  • (6) Gran Vida, 1 de diciembre de 1929. Pág. 8.
  • (7) «¡Yo te bendigo, Saprissa! Te has perdido catorce kilómetros de calderilla, pero eres feliz. Que tu ejemplo tenga imitadores, para que los profesionales podamos repartirnos más».
  • (8) El Mundo Deportivo, 9 de febrero de 1996. Pág. 21.
  • (9) Segura Palomares, Juan. Historia del R.C.D.Español. Gran Enciclopedia Vasca, Bilbao, 1974.
  • (10) Crónica. 8 de febrero de 1931.
  • (11) Gentileza de Jordi Puyaltó Quintana y José Antonio Pastor Pacheco.
  • (12) El Mundo Deportivo, 22 de agosto de 1928. Pág.2
  • (13) Arrechea Rivas, Fernando. 1900. La Primera Aventura Olímpica Española. Edición del autor, 2009. Olímpicos Españoles. (En preparación)
  • (14) Pastor Pacheco, José Antonio. Op.cit. Págs. 80-105. El Mundo Deportivo, 12 de septiembre de 1956. Pág. 4.
  • (15) Una muestra de dicho olvido, tristemente ejemplificador de la «memoria histórica» del deporte español, es la información que ofrece la web del Comité Olímpico Español (www.coe.es) dentro del apartado «Olímpicos Españoles», de Ricardo Saprissa Aymà: «Raimundo [sic] Saprisa [sic]. Fecha de nacimiento: 01/01/1904 [sic]. Lugar de nacimiento: España [sic]. Fallecimiento: Pendiente de asignar. Residencia actual: España [sic]». Consultado el 4 de febrero de 2011.



Carlos Gomes: mucho más que un portero

Para muchos, la temporada 1958-59 representó el arranque del fútbol-espectáculo en nuestro suelo. Ello fue posible gracias a la contratación de un buen puñado de extranjeros, algunos de excepcional valía. Cuando echó a rodar el balón estaban inscritos 65 importados, y aún llegarían varios más durante el transcurso del Campeonato. Los húngaros Kocsis y Czibor (Barcelona), y Puskas (El Real Madrid); los brasileños Joel y Duca (Valencia) o Vavá (At. Madrid); los argentinos Sánchez Lage (Oviedo), Madinabeytia (At. Madrid) y Carranza (Granada); el paraguayo Achúcarro (Sevilla); los portugueses Graça (Sevilla) y Jorge Mendonça (At Madrid, si bien ya había lucido durante unos meses en el Coruña la temporada anterior), pronto se convirtieron en paladines. A ellos cabría unir los Kocsis, Czibor, Villaverde, Kubala, Evaristo, Eulogio Martínez, Hermes González, Braga, Szolnok, Villamide, Santamaría, Di Stéfano, Kopa, Rial, Diéguez, Larraz, Walter o Machado, curtidos ya en campañas precedentes. Incluso a ciertos banquillos llegaban perlas exóticas, como el brasileño Martim Francisco (At. Bilbao). Entonces, como ahora, se tiraba la casa por la ventana, pese a la precariedad económica de una España todavía alejada del «600», con salario mínimo por los suelos, que utilizaba la emigración y el incipiente desarrollo turístico costero como varita mágica equilibradora de su balanza de pagos. 

Pues bien, el más pintoresco de cuantos llegaron aquel remoto 1958, fue un guardameta lusitano alineado con nombre y apellido: Carlos Gomes.

Polémico en los despachos y con biografía de novela, llegó a Granada gracias a la mano tendida por Alejandro Scopelli, para quien era «el mejor arquero ibérico», cuando ya no podía hacer más enemigos en el fútbol portugués. Claro que no se trataba de un vulgar tarambana. Repasando con perspectiva moderna muchos de sus violentos encontronazos, descubrimos no sólo al niño grande mimado por la diosa Fortuna, sino al rebelde vindicativo, al orgulloso y casi indefenso David, frente al Goliat de la esclavitud emboscada bajo el derecho de retención; al contestatario de un régimen que le hería y, sobre todo, a una víctima de sí mismo.

Nacido en enero de 1932, Carlos Antonio do Carmo Costa Gomes empezó a llamar la atención en el Barreirense, sin cumplir los 18 años. La Península Ibérica estaba azotada entonces por vientos molestos. Franco entre nosotros y Salazar en Portugal, se obstinaban en vivir de espaldas a Occidente, apuntalando sus respectivas dictaduras. Mal que bien, al arrancar los años 50 España comenzó a encarrilar su precaria economía, estableciendo una distancia cada vez mayor respecto a los vecinos del Atlántico. Sin libertad ni dinero, sin industria, con muy poca esperanza, la agitación social afloró pronto desde Tuy hasta Faro, reavivándose en Oporto, Coimbra, Setúbal, Évora o Lisboa. El fútbol fue utilizado, muchas veces, para encender la mecha. Bastaba cualquier visita del Sporting, considerado equipo del régimen por la vinculación existente entre sus mandatarios y el cenáculo salazarista, para convertir los gritos de ánimo en oposición política y un gol, cualquier gol, en la quimera de haber derrotado al Estado Novo. La Guardia Republicana acabó tomando al asalto los estadios en alguna ocasión, formando destacamentos junto al rectángulo de juego, con las ametralladoras dirigidas hacia el graderío.

Carlos Gomes, de cuna humilde, detestaba tanto alarde y opresión. Le habían filtrado que ojeadores del Benfica seguían sus actuaciones. Y aunque los benfiquistas no eran ni remotamente la apisonadora en que habrían de convertirse diez años más tarde, comenzó a hacerse ilusiones. Por desgracia se interpuso el Sporting. Un rápido acuerdo entre los lisboetas y directivos del Barreirense sólo le permitió regatear en su favor la prima del traspaso.

En Lisboa alternó instantes de gloria balompédica con rabia contenida y más de una lágrima. Titular indiscutible a los 19 años, campeón de liga en las ediciones 1950-51, 1951-52, 1952-53 y 1953-54, tardó poco en acudir al despacho de su presidente para reclamarle una mejora salarial. Si otros compañeros multiplicaban su nómina hasta por 4, ¿de qué le servía ser idolatrado por la afición?.

Su entrevista con Góias Mota no pudo dejarle un sabor más amargo, según narraría el propio guardameta en su autobiografía titulada «O Jogo da Vida»: «Quieres más dinero, ¿eh?. Pues métete en la cabeza, si es que la tienes, que para tu presidente vas bien servido con 5.000 escudos. O eso o nada. Porque vamos a ver, ¿para qué necesitas tú más dinero?. Para gastarlo en putas y automóviles?». Góias Mota no era el tipo de hombre al que uno deba enfrentarse. Procurador general de la República, defensor a ultranza de la Legión Portuguesa y conocido por aprovechar los descansos para irrumpir en la caseta arbitral empuñando su pistola, cualquier otro hubiera dejado pasar el sofocón. Carlos Gomes, en cambio, se le plantó ante prensa y afición: «No hay dinero -dijo-, pues no hay portero».

Ese carácter rebelde, a veces incluso feroz, le proporcionó serios disgustos. En cierta ocasión, cuando iba conduciendo por Lisboa su flamante descapotable, se encontró con una amiga extranjera. Los coches constituían su perdición. Constantemente saltaba de un modelo vistoso a otro más espectacular todavía. «Para mí no son un signo externo de riqueza -afirmó en alguna entrevista-, sino un recurso de seducción». El caso es que aquella vez funcionó perfectamente el recurso y la amiga solicitó ser conducida hasta las oficinas de la PIDE, donde debía renovar su carné de residente. Estaba aparcando el vehículo en el reservado para funcionarios de rango cuando un guardia le exigió retirarlo, con muy malos modos. «¡Puercos sanguinarios…!», murmuró entre dientes, aunque lo bastante alto para ser entendido. El guardia no se lo pensó dos veces. Detenido y apaleado, Carlos Gomes pasó unas cuantas horas en el calabozo, salvándose de mayor castigo gracias a su condición de mito. 

También se libró de otra buena, hallándose en la Selección Militar. Santos Costa, Ministro de Guerra, interpretó como subversivo un gesto suyo, simplemente descarado. De poco sirvieron las disculpas. Con su fama, cada ademán, palabra o silencio, era observado inquisitorialmente en las catacumbas del salazarismo. Pasó siete días en una cárcel militar y si al final volvió bajo el marco fue para que el Oporto no enredase más las cosas, entorpeciendo la brillante andadura sportinguista.  

El Granada pagó un millón de ptas. por su traspaso y le hizo contrato a razón de 250.000 anuales, primas aparte. Podía tratarse de un destino menor para quien acababa de reverdecer laureles en el campeonato portugués 1957-58 y poco antes fuera pretendido por Real Madrid y Barcelona. Claro que aún así, su ficha triplicaba lo percibido junto al Tajo, y con la mitad de esa ficha podía adquirirse un piso céntrico y coqueto. Su despedida fue elegante, a tenor de lo escrito por periodistas portugueses: «Llevo al Sporting en el corazón y cuando regrese sólo podré defender a este club». El tiempo, ya se sabe, suele marchitar las palabras, aunque hayan quedado escritas.

De Andalucía emigró a Oviedo, para seguir escanciando, junto a tardes soberbias, desplantes marca de la casa. Y como en Portugal continuaba siendo recordado, pues no en vano había defendido en 18 ocasiones el marco de su selección, se asomó con diversas colaboraciones al diario deportivo «A Bola». Su sinceridad tampoco sufrió eclipses entre nosotros, sino que por el contrario rayó a veces en la provocación. Como cuando un periodista quiso saber por qué saltaba al campo vistiendo siempre de negro. «Visto de negro -le respondió- porque el fútbol portugués está de luto. Y seguirá así mientras continué en manos de sus actuales dirigentes».

En 1961 dio por concluida su etapa española. Parecía iba a reintegrarse al Sporting cuando, una vez más, quiso llevar la contraria a todos. Se habló de que había llegado a un acuerdo con el Benfica, pasando previamente por Salgueiros, en pura maniobra de distracción. Especulaciones, cábalas, maledicencias… Lo único demostrable es que para firmar la cartulina sportinguista exigió 25.000 escudos mensuales, exactamente la misma nómina que el mejor pagado del elenco. «Si no hay dinero -repitió como antaño-, tampoco va a haber portero». Y mientras se resolvía el pulso, prestó más atención a sus negocios.

Explotaba con éxito comercial una gasolinera, una lechería y una tienda de fotografía. Cuando necesitó contratar una empleada, insertó el correspondiente anuncio en prensa, sin imaginar que con tan simple decisión estaba desencadenando el peor vendaval de su vida.

La primera en responder al anuncio fue una joven espléndida. Él, Don Juan irredento, no supo resistirse. Salieron juntos, primero a tomar café, luego a dar una vuelta en coche y, cuando anocheció, contemplaron el estuario desde una alcoba con música, dulces y vino. A la mañana siguiente le aguardaba una denuncia por violación. La chica, además, demostró consumadas dotes artísticas, convenciendo a la policía de un intento de suicidio desde el viaducto Duarte Pacheco, al verse deshonrada. De poco sirvieron negativas y juramentos. Según el portero, la relación no había tenido nada de forzada. ¿Cómo iba a serlo, si a buen seguro la muchacha debió ser contratada  por los dirigentes sportinguistas, conchabados una vez más con la propia PIDE?.

A los 29 años, su carrera, su prestigio social, parecía a punto de deshacerse. Durante un tiempo todavía intentó luchar, ofreciéndose al Atlético, club menor portugués. El Sporting puso pocos reparos a la operación, sólo para que el cancerbero comprendiese hasta qué punto habían cambiado las cosas. El público ya no le adoraba. A medida que progresaba judicialmente la investigación, su rostro afable saltó de las páginas deportivas a la sección de sucesos. En la calle descubría miradas nuevas, no admirativas, precisamente. Al fin decidió que no merecía la pena seguir nadando contra corriente. Durante un choque contra el Vitoria Guimaräes fingió lesionarse. «Para no levantar sospechas me concentré con el equipo», recogen sus memorias. «Sabía que mientras durase mi recuperación nadie pensaría mal y podría ganar unos días preciosos. Partí hacia España y desde España alcancé Marruecos, donde jugué en Tánger, irónicamente con el club de la policía».

En Tánger logró más que certificado de residencia, estatuto de refugiado. Allí volvió a sentirse mito otra vez, sobre todo cuando emisarios de la corona intentaron convertirle a la religión musulmana, como paso previo para abrazar la nacionalidad marroquí. No aceptó y en 1963 los buenos oficios del cónsul portugués en Tánger, todo un caballero,  lograron que la Federación Portuguesa le declarase libre de compromiso con el Sporting. Continuó jugando dos años más, se hizo entrenador y como tal pasó por Argelia y Túnez, regresando finalmente a su tierra durante los años 80, cuando la Revolución de Los Claveles ya apenas despertaba ecos en el democrático y europeo Portugal.

Carlos Gomes, guardameta tan olvidado como la veterana gloria del hoy depauperado Real Oviedo, con sus luces y sombras, su modo de entender la vida igual que una apuesta al todo o nada, fue punto y aparte dentro y fuera de los estadios. Probablemente porque su vestimenta negra cubría mucho más que a un futbolista.

 




Algunos detalles sobre el origen del football en Cádiz

El año pasado asistimos «mediaticamente hablando» a la celebración de otro centenario más de un club histórico español: El del Cádiz CF. Ahondando un poco en la historia de nuestro deporte favorito en la bella capital andaluza fui advirtiendo ciertos detalles que considero relevante resaltar, si bien, conociendo las limitaciones que antepongo en este escrito, lo único que pretendo en realidad es que este articulo sea completado por los que tengan mas información sobre este asunto.

Entremos en materia. Parece que resulta difícil determinar el origen del fútbol en la capital gaditana. Así al menos queda puesto de manifiesto en diversas fuentes, y bastante bien expuesto en la web «lafutbolteca.com», la cual hace un magnifico trabajo en este sentido. Según nos cuentan sus chicos hay quien afirma que el origen en Cádiz del football se debió a la proximidad de las minas de Riotinto (Huelva), si bien otros lo achacan a las practicas «sportivas» de los marineros ingleses que atracaban en el puerto y que, de cuando en cuando, realizaban algún encuentro en el interior de la Plaza de Toros o descampados ocasionales. Y por ultimo los hay quienes piensan, y no sin razón, que el origen del football en Cádiz se debe a la imponente colonia inglesa existente en Gibraltar y que se disemino por toda la provincia. En 1890 por ejemplo el «Club Ingles de Gibraltar» organiza algunas partidas de lawn tennis, football y Cricket contra el «Huelva Recreation Club» (Mayo de 1890, Diario La Provincia. Huelva).

Al margen de todo ello lo cierto es que el 20 de diciembre de 1903 en la prensa local se indica la constitución del primitivo Cádiz Foot-ball Club, una entidad que el 19 de enero de 1904 elegiría su primera directiva y estaría presidido por Fernando Alemán, teniendo como terreno de juego el Campo de las Balas.

A la luz de los datos de que disponen los historiadores actuales, entre los que realzo a los responsables de lafutbolteca.com, parece que el devenir de esta incipiente sociedad fue corto ante las circunstancias del momento, dado que el football todavía en España no acababa de arrancar definitivamente, excepto en aquellas poblaciones en las que la presencia Inglesa era muy potente como en Barcelona, Huelva o Bilbao. Sin embargo no cabe duda de que marcó un camino a seguir para el football Gaditano.

Unos años mas tarde, en 1908, aficionados locales y ante el auge que experimentaba el fútbol en todas las localidades de la bahía, en las que los chiquillos se afanaban detrás de pelotas de football hechas de variopintas maneras y con diversos materiales, crean un nuevo Cádiz Foot-ball Club que después de dos años de actividad será inscrito en el Registro Civil el 10 de septiembre de 1910. A las brasas de esta nueva entidad pronto le seguirán Cádiz Sport Club y Cádiz Balompié, fundados ambos en 1910.

Pero sin duda el que marcará toda una época será el Español Foot-ball Club, fundado el 14 de enero de 1911 y el cual viste con camiseta azulgrana y pantalón negro. Este club pujará fuerte en el desarrollo del fútbol en la ciudad y poco a poco irá adquiriendo notoriedad en el panorama andaluz al ser capaz en 1916 de apropiarse del Campeonato Regional de la Federación Sur tras vencer en la misma Final al todopoderoso Sevilla F.C. por 2-1. Finalmente en 1929 y por una serie de causas y vicisitudes propias de la época por una parte y por la presión con la que sometía la Federación Regional Sur a todo aquel Club que pudiera hacer sombra a los poderosos del momento, los propios socios del club deciden disolver la sociedad el 25 de junio mediante asamblea extraordinaria.

Sin embargo la historia del Cádiz CF que hoy conocemos va a seguir otros derroteros diferentes que ahora, a la lumbre de los datos encontrados, pasamos a exponer.

En 1905 queda arraigado en Cadiz un colegio fundado por la Orden de La Salle, que desde 1908, dada la cada vez mas preponderante actividad footballistica en la ciudad, comienza a impartir entre sus alumnos el fomento del football. Este colegio seria conocido popularmente como «La Mirandilla».

En 1916, y promovido por el despegue que provoca en Cádiz el football debido a la consecución del campeonato de Andalucía de ese mismo año por el Español FC, decide crear un Club denominado «Mirandilla FC».  Pero es a partir de los primeros años de la década de 1920 cuando decide inscribirse en la Federación Regional Sur para competir de forma «profesional». Sus apariciones en campeonatos regionales son intermitentes, pero una vez desaparecido el «Español FC», los rectores del equipo Colegial deciden dar un paso mas y proceden a inscribir el 15 de enero de 1931, al Club «Mirandilla FC» en el Gobierno Civil de Cádiz; si bien bajo la nueva denominación «Sociedad Cultural y Deportiva Mirandilla Football Club».

Los esfuerzos por dotar al Club de ciertas infraestructuras deportivas de importancia terminan por obtener un merecido premio: el ascenso a primera categoría del football andaluz al terminar la temporada 33/34, lo cual llama la atención de los antiguos rectores del Español FC, que se vuelcan con el Club. Es entonces cuando la «Sociedad Cultural y deportiva Mirandilla football Club», de la mano de Luis Arroyo adopta el uniforme actual del Cadiz CF: Camisa amarilla lisa y pantalón azul, con la que logra en 1934 ascender a la segunda división.

Una vez convertido en el Club mas renombrado de Cadiz, decide en asamblea celebrada el 24 de Junio de 1936 cambiar su nombre y adquirir el de la ciudad que representa, pasando así a llamarse Cadiz Foot-ball Club.

Como pueden comprobar se trata de breves pinceladas sobre los inicios de la historia del football en Cadiz, esperemos que la misma se siga completando a partir de ahora. Ponemos los «cuadernos de futbol» a vuestra disposición.

 




Una pequeña historia del arbitraje en las finales de Copa

El primer árbitro que intervino en una final de Copa en España fue Ávalos*, en el año 1908. Es verdad que desde 1903 se llevaba celebrando este campeonato, pero hasta entonces siempre se había jugado por el sistema de liguilla, por lo que no se puede decir que hubiera un árbitro en la final, dado que no hubo finales.

Desde entonces, 74 colegiados han intervenido como árbitro principal en una final de Copa. Aunque hablar de ‘colegiados’ quizá sea un poco excesivo, dado que hasta 1916 no nos encontramos con el primer árbitro perteneciente a un colegio oficial de árbitros, el catalán Francisco Brú Sanz. Hasta entonces, como era costumbre en el fútbol de aquellos primeros años, los árbitros eran elegidos entre jugadores de algún equipo participante en el torneo, o entre alguno de los jugadores reserva de los equipos contendientes, o entre periodistas…

 La forma de elegir al árbitro de la final ha variado mucho a lo largo de la historia: los equipos se han puesto de acuerdo en un nombre y si no había acuerdo le designaba el colegio nacional; los equipos han propuesto nombres y el colegio nacional ha decidido; se ha efectuado un sorteo puro; se han llevado a cabo sorteos condicionados; el colegio nacional ha elegido; se ha elegido entre todos los árbitros de primera categoría; se ha elegido entre los árbitros internacionales… Hasta llegar a nuestros días, en que, a pesar de que las designaciones en Liga corresponden a una comisión formada por la RFEF y la LFP, la designación de la final de Copa corresponde al presidente del CTA.

Han sido 74 árbitros para 106 ediciones de Copa, ya que varios de ellos han repetido designación y algunos años se han jugado varias finales de Copa, ya sea por haber dos campeonatos (1913) o por haber tenido que jugar partidos de desempate.

 ÁRBITROS CON MÁS FINALES

  •  – Pedro Escartín Morán: 5
  • – Agustín Vilalta Bars, Ángel Franco Martínez, Félix Birigay Nieva, Jesús Arribas Seijás, Joaquín Ramos Marcos, Julián Arqué Martín, Manuel Díaz Vega y Victoriano Sánchez Arminio: 3
  • – Antonio López Nieto, Francisco Brú Sanz, José Luis García Carrión, José González Echeverría, José María García-Aranda Encinar, José María Ortiz de Mendíbil Monasterio, Julio Ostalé Gómez, Luis Medina Cantalejo, Manuel Asensi Martín, Enrique Mejuto González y Pablo Saracho Goitía: 2

 De los árbitros en activo, solo han arbitrado la final de Copa Eduardo Iturralde González y Alberto Undiano Mallenco.

 CURIOSIDADES:

  •  – El último árbitro no internacional en arbitrarla fue el valenciano José Luis García Carrión, en 1977.
  • – El primer internacional en arbitrarla fue el vizcaíno Pedro Vallana Jeanguenat, en 1928.
  • – Pelayo Serrano de la Mata (1929), Andrés Rivero Lecuona (1952), Vicente Lloris Antonino (1961) y José Luis García Carrión (1977), arbitraron la final de Copa en su primer año en la máxima categoría.
  • – Aunque ha habido varios extranjeros que han arbitrado una final de Copa, todos ellos eran jugadores de equipos españoles, en 1922 sí fue designado un árbitro extranjero que vino específicamente a arbitrar la final: el francés Georges Balway. Es la única vez que un árbitro extranjero ha venido a España para arbitrar la final de Copa.
  • – El primer cuarto árbitro en una final de Copa fue el riojano Miguel Ángel Marín López, en 1993.
  • – El primer asistente reserva en una final de Copa fue el madrileño Roberto Alonso Fernández, en 2009.
  • – El juez de línea murciano Joaquín Olmos González tiene el récord de participaciones consecutivas en una final de Copa, al intervenir en las finales de 1993 (primera con jueces de línea específicos), 1994, 1995 y 1996.
  • – Árbitros que han participado en varias finales consecutivas: Francisco Brú Sanz (1916 y 1917), Pedro Escartín Morán (1927 y 1928), Julio Arqué Martín (1955 y 1956), Joaquín Ramos Marcos (1987 y 1988), Bartolomé Jiménez Madrid (1983 y 1984, juez de línea), el citado Olmos González (1993 a 1996, juez de línea), Fernando Tresaco Gracia (1995 y 1996, juez de línea), Carlos Martín Nieto (1998 y 1999, árbitro asistente), Óscar Martínez Samaniego (2001 y 2002, árbitro asistente) y Pedro Medina Hernández (2006 y 2007, árbitro asistente).
  • – En 1987, el salmantino Joaquín Ramos Marcos arbitró la final de Copa, la final de Copa de juveniles, la final de Copa femenina y la final de Copa de Marruecos.
  • – De los actuales árbitros asistentes internacionales, solo el aragonés Juan José Gallego Galindo no ha participado nunca en una final de Copa.
  • – Por colegios territoriales, los grandes triunfadores son los colegiados vascos, con 19 finales; le siguen catalanes (15) y madrileños (13); después vienen los andaluces y los valencianos, con 8 participaciones; con 6 finales están los aragoneses, los cántabros y los asturianos; por último aparecen castellano-leoneses (4), murcianos (3), navarros (2), gallegos (2), baleares (1) y extremeños (1). ¿Colegios que nunca han arbitrado una final? Canarios, norteafricanos, riojanos y castellano-manchegos.

 * A pesar de que el nombre comúnmente aceptado de este árbitro era Ávalos, investigaciones recientes nos hacen creer que en realidad se trataba de José María Abalo Abad, por entonces delantero centro del Sporting Club de Pontevedra, y que pudo llegar a Madrid acompañando a la expedición viguesa. De este personaje se dará cumplida cuenta en un próximo número de «Cuadernos de Fútbol».




Equipos españoles en la International Soccer League

De los varios intentos de introducción del fútbol en los Estados Unidos de América realizados a lo largo del siglo XX, puede que el más serio fuese el llevado a cabo por William Cox en la década de los sesenta. Este promotor americano procedente del mundo del béisbol, como paso previo a su sueño de que el soccer (el fútbol europeo, para diferenciarlo del suyo, el fútbol americano) tuviese una liga profesional a imagen y semejanza de los deportes de masas en EEUU, puso en marcha e impulsó un torneo denominado INTERNATIONAL SOCCER LEAGUE (ISL) en el que medirían sus fuerzas un gran número de equipos de distintos países de todo el mundo, con la finalidad de dar a conocer este deporte al pueblo estadounidense, para cuya masa era bastante desconocido. En principio el grueso de los encuentros iban a tener lugar en estadios de béisbol adaptados para la práctica del balompié, como eran el Polo Grounds en New York y el Roosvelt Stadium en Jersey, si bien poco a poco y a medida que se sucedieron las ediciones, el abanico de sedes se iría ampliando a otros lugares como Chicago, Detroit, Boston o Montreal, llegando incluso a jugarse partidos en Los Ángeles, utilizándose estadios de fútbol americano.

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La época estival en que se disputaría el torneo iba a suponer, sobre todo para los conjuntos europeos, una forma de realizar la pretemporada que, en aquellos tiempos, era poco habitual.

I (1960):

La primera edición tuvo lugar en el verano de 1960, con doce equipos participantes repartidos en dos grupos, aplicando el sistema de competición que se iba a hacer habitual en las siguientes: todos contra todos en cada grupo, enfrentándose en la final los respectivos campeones de cada uno. El Kilmarnock escocés se haría con el primer puesto del que compartía junto al Burnley inglés, el Olympique de Niza, los locales del New York Americans, el Bayern de Munich y el Glenavon irlandés, tras acabar invicto después de sumar cuatro victorias y un empate (frente al conjunto francés). Su rival en la final, como campeón del otro grupo, iba a ser Bangú, conjunto brasileño que también sumó cuatro victorias (frente a la Sampdoria de Génova, Sporting de Lisboa, Rapid de Viena y Crvena Zvezda de Belgrado) y un empate (con el Norrköping sueco). El Bangú inscribió su nombre como primer campeón de la ISL al derrotar por 2-0 en la final al Kilmarnock.

La ausencia de representación del fútbol español en esa primera edición, en la que sí había presencia del balompié de otras potencias europeas, se subsanó para la siguiente con gran antelación, quedando comprometida la participación del R.C.D. Español de Barcelona tras viajar a España el propio William Cox. 1-emd-19-09-1960

 II (1961):

Tomarían parte en esta segunda edición de la ISL correspondiente al año 1961, dieciséis equipos. El Everton se proclamó campeón del primer grupo con gran autoridad, ganándose el derecho a disputar la final tras sumar seis victorias y un empate frente al conjunto de rivales que componían el Bangú, el New York Americans y el Kilmarnock (que repetían del año anterior) junto a Karlsruhe alemán, Concordia de Montreal, Dinamo de Bucarest y Besiktas turco.

Terminada la competición en el primer grupo, y con los ingleses de Liverpool esperando rival, darían inicio en julio de 1961 los enfrentamientos del segundo. Es de destacar que los canadienses del Concordia tomaron parte de nuevo en este segundo grupo. De hecho, el conjunto españolista debutaría el 4 julio en el Molson Stadium de Montreal frente al conjunto local del Concordia, empatando a un gol, anotando el blanquiazul Camps (7′) en la 1ª parte. Los españoles sufrieron en la continuación la lesión de Peter.

Dos días más tarde llegaría su segundo partido, de nuevo en Montreal, en esta ocasión contra el Mónaco, con victoria españolista por 3-1, con goles de Sastre (6′), Carranza (28′) tras pase de Barberá e Indio (30′). El gol del honor monegasco llegó tras un malentendido entre el portero Visa y Argilés.

Para el tercer partido se desplazarían los periquitos hasta New York, donde en el Polo Grounds (estadio de béisbol de los Gigantes de New York) vencerían al Shamrock Rovers irlandés por 4-1, con goles de Indio (2, ambos en la 1ª parte) y Carranza (en la 2ª mitad puso el 3-0 en el marcador), antes de que acortasen distancia los británicos, que se anotaron en propia puerta el 4-1 definitivo.

El cuarto encuentro llegaría el 12 de julio en el mismo escenario neoyorkino, contra el Estrella Roja de Belgrado, quien cortó de raíz la buena marcha de los entonces discípulos de Zamora al aplastarlos por un contundente 7-2 (3-1 al descanso).

El 16 de julio, de nuevo en el Polo Grounds, la derrota por 5-1 frente al Dukla de Praga, pese a adelantarse en el marcador con un gol de Indio y de llegarse con 1-1 al descanso, alejó al conjunto españolista de toda opción de clasificación para la final.

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Ya sin posibilidades llegaría la derrota por 3-0 frente al Rapid de Viena el 23, antes de poner fin a la participación con el séptimo y último partido frente a los israelitas del Petah Tikvah el 27 de julio, con triunfo españolista por 4-1 (3-1 al descanso), goles anotados por Carranza (2), Sastre y Camps, ambos disputados de nuevo en el Polo Grounds de New York.

El Español concluyó pues su participación clasificándose en quinto lugar de su grupo, empatado a 7 puntos con el Estrella Roja tras acumular tres victorias, tres derrotas y un empate.

Todavía, antes de cruzar el charco de vuelta a casa y al margen de la ISL, el 29 los españolistas viajarían hasta Chicago para disputar un partido amistoso extra en el estadio Soldier Field, con derrota por 5-4 ante el Rapid de Viena.

En la final de esta segunda edición de 1961, con su gran estrella Jelinek al frente, el Dukla de Praga vencería al Everton de manera concluyente proclamándose campeón. Jugándose en esta ocasión a doble partido, los checos ganarían ambos con unos marcadores de 7-2 y 2-0.

III (1962):

En esta tercera edición de 1962 el fútbol español iba a estar representado por el R. Oviedo, un equipo que vivía años dorados en cuyas filas destacaban futbolistas como Toni, Marigil, Iguarán, Paquito, Sánchez Lage o José María, que iniciaba con esta especie de pretemporada en Estados Unidos una campaña que iba a resultar tremendamente exitosa, pues la liga 1962/63 la cerrarían ocupando la tercera plaza de la clasificación tras R. Madrid y At. Madrid.

Los azules quedaron encuadrados en el grupo II junto al Elfsborg sueco, los portugueses de Os Belenenses, el Wiener austriaco, el MTK de Budapest y el Panathinaikos griego. El grupo I estaba formado por el América de Río de Janeiro, el Hadjuk Split yugoslavo, el Guadalajara de México, el Reutlingen alemán (cuyo jugador Karl Bögelein sería declarado MVP de la competición) los escoceses del Dundee y el Palermo como representante italiano. 

No puede decirse que la suerte acompañase a los oviedistas durante todo el torneo, ni en cuanto a lesiones ni a goles recibidos en los minutos finales, pues ya en el primer encuentro disputado en New York el 4 de julio frente al Elfsborg, Álvarez sufrió una luxación de clavícula en la primera parte que le obligaría a regresar a España y su sustituto -Larrea- se dislocó un codo cuando llevaba pocos minutos en el campo, teniendo que jugar los carbayones 50 minutos con un hombre menos, circunstancia que influyó para que el cómodo 2-0 con el que vencían al descanso (José Luis y Girón fueron los autores de los goles) se convirtiese en un empate final a dos tantos.

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 Cuatro días después llegaría el enfrentamiento contra Os Belenenses. Junto a Manhattan, en el Downing Stadium de Randall’s Island, un gol en cada tiempo colocó en el marcador final un 2-0 a favor de los portugueses.

El día 15 tocaba jugar contra el equipo austriaco de nuevo en New York. Pese a que los oviedistas se mostraron superiores y se fueron al descanso venciendo merced a un tanto logrado por Girón, el Wiener lograría sumar un punto al empatar cuando faltaban dos minutos para que concluyese el encuentro.

El 21 de julio el equipo se desplazó hasta Chicago para medirse al MTK, ante las espectaculares columnas dóricas que destacaban entonces en el mítico Soldier Field. Pese a la muy buena imagen mostrada por un R. Oviedo que se fue al descanso ganando 2-1 tras marcar por partida doble el argentino Sánchez Lage, los húngaros remontaron y terminaron venciendo por 3-2.

El mal sabor de boca que había quedado tras esa derrota pudo mitigarse en parte al día siguiente ya que se había organizado otro encuentro entre los mismos contendientes, esta vez al margen de la competición oficial. Se enfrentaron esta vez en Milwaukee y se repitió el marcador de 3-2 (1-1 al descanso) pero en esta ocasión a favor de los asturianos, con goles de Alcorta, Iguarán y León.

Se regresó a New York para poner punto final a la participación en el torneo empatando 2-2 con el Panathinaikos.

Además de la experiencia vivida en una competición en la que sumaron tres empates y dos derrotas y que ganó el América brasileño -campeón del grupo A- tras derrotar al del B, Os Belenenses, por un global de 3-1 (2-1 y 1-0 en una final disputada, como era ya costumbre, a dos encuentros), el conjunto oviedista se traería a España algo más por cuanto fichó al brasileño Livinho, cuyo juego en las filas de Os Belenenses había causado sensación, pero que en Oviedo no cumpliría las expectativas creadas.

En esta tercera edición comenzó a disputarse la American Challenge Cup para determinar al campeón de campeones, midiéndose los vencedores de la edición terminada y de la del año anterior. Los checos del Dukla de Praga, triunfadores en 1961, se alzaron con esta primera edición tras vencer a doble partido al América por un global de 3-2 (1-1 y 2-1).

IV (1963):

Catorce conjuntos componían el cartel de la cuarta edición de la ISL, la correspondiente al año 1963. En el primer grupo resultaría vencedor el equipo inglés del West Ham United, tras sumar tres victorias, dos empates y una derrota en sus enfrentamientos con sus rivales en el mismo, que eran el Mantova italiano, el Kilmarnock escocés, el Recife brasileño, el Preussen Munster alemán, los mexicanos del Deportivo Oro y los franceses del Valenciennes.

La representación española correspondió en esta edición al R. Valladolid, equipo revelación de la temporada recientemente finalizada en nuestro país al terminar el campeonato liguero en cuarto lugar, empatado a puntos con el tercero, el R. Oviedo. Era el equipo de los Calvo, Pinto, G. Verdugo, Pini, Sanchís, Aramendi, Rodilla o Molina. Quedó encuadrado en el grupo II y debutó en la ISL cayendo derrotado ante el Wiener austriaco, que batió a los vallisoletanos por 1-0 el 5 de julio en un encuentro disputado en New York.

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El día 11 el Dinamo de Zagreb derrotó a los españoles por 5-2 (4-1 al descanso) en Chicago. El yugoslavo Dravkoraus anotó 4 tantos en menos de media hora dejando sentenciado el encuentro. Rodilla y Domínguez, uno en cada tiempo, marcaron para el R. Valladolid.

El 14, en Chicopee (Massachussets), tercera derrota consecutiva, esta vez por 5-1 ante los polacos del Gornik Zabrze (3-0 al descanso).

La primera victoria de los castellanos llegó el 18 de julio en New York ante el Ujpest Dosza. Se adelantaron los húngaros, dándole vuelta al marcador Rodilla con dos tantos (24′ y 67′).

Después vino el empate a dos tantos frente a Os Belenenses el día 21, de nuevo en New York, resultado que ya figuraba en el marcador al descanso. Marcaron los goles blanquivioletas Domínguez y Rodilla.

El 25 pusieron punto final a su participación venciendo por 2-1 a los suecos del Halsinborg en New York, con lo que los españoles terminaron en la sexta posición de su grupo (empatados a 5 puntos con Os Belenenses, merced a sus dos triunfos, un empate y tres derrotas), relegando a los nórdicos a la última plaza. Aramendi abrió el marcador y al descanso se llegó con el resultado de 2-0 tras anotarse en propia puerta un rival.

El Gornik Zabrze se proclamó vencedor de este grupo (sumó cuatro victorias, un empate y una derrota), clasificándose por consiguiente para una final en la que sería derrotado por el West Ham por un apretado resultado global de 2-1 (1-1 y 1-0 en los dos encuentros que disputaron).

Pero los británicos del West Ham, que contaban en sus filas con una figura como Bobby Moore (MVP de esta edición), no podrían arrebatarle la American Challenge Cup al vigente vencedor, el Dukla de Praga, quien revalidaría el título no sin dificultades (1-0 y 1-1 fueron los resultados de sus enfrentamientos).

V (1964):

Las ediciones de 1964 y 1965 redujeron el número de participantes y no contaron con el concurso de equipos españoles. En la de 1964 llegaron a la final el Werder Bremen alemán (cuyo jugador Zebrowski sería nombrado MVP del torneo) y el Zaglebie Sosnowiec polaco, proclamándose vencedor este último al derrotar en los dos encuentros al Werder Bremen por 4-0 y 1-0. Los germanos se habían medido al Heart escocés, los italianos del Vicenza, el Blakburn Rovers inglés y los brasileños del Bahia. Junto al representante de Polonia habían conformado el grupo II el Schwechater austriaco, el Estrella Roja de Belgrado, los portugueses del Vitoria de Guimaraes y el AEK de Atenas.

Como triunfador de esta edición, el Zaglebie jugaría contra el Dukla de Praga por la American Challenge Cup, conservando los checos de nuevo el título al vencer por un global de 4 goles a 2 (3-1 y 1-1).

VI (1965):

La sexta edición, la de 1965, iba a ser la última. Los New York Americans se alzaron con el primer puesto del grupo I, en el que estaban con ellos la Portuguesa de Brasil, el Varese italiano, el Munich 1860 y el West Ham United inglés. En el II, el Polonia Bytom terminó primero por delante del Ferencvaros húngaro, el West Bromwich Albion inglés y el Kilmarnock escocés, conjunto que participaba por cuarta vez en la ISL, más que ningún otro. Los polacos harían pleno tras derrotar en la final al conjunto local del New York Americans (3-0 y 2-1) y después, impedir que el Dukla de Praga revalidase por cuarta vez la American Challenge Cup derrotándoles por 3-1 (2-0 y 1-1). Sólo se quedarán sin el título de MVP de la competición, que se quedó en casa al ir a parar a manos de Schwart, de los New Yorkers.

El seguimiento en las seis ediciones debió ser considerado un éxito por los organizadores y, con el objetivo cumplido, tres años después nació la NORTH AMERICAN SOCCER LEAGUE (NASL), una liga profesional de fútbol con equipos de los Estados Unidos y Canadá que, con el tirón de grandes futbolistas, la mayoría en el ocaso de sus carreras, especialmente Pelé en el Cosmos, funcionaría desde 1968 hasta 1984.

 

 




Las modificaciones reglamentarias de 1891 (I)

La Internacional F. A. Board  realizó su sexta reunión anual -02 de junio- en el vigente hotel    Alexandra, de Glasgow, Escocia. Las enmiendas e incorporaciones allí efectuadas resultaron positivas en la evolución de nuestro football association, cuyas reglas iniciales se habían adoptado en 1863.

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Alexandra Hotel-1891                       

Penalty Kick

La propuesta había sido presentada en 1890 por la  Irish F.A.  y su tratamiento -diferido entonces- fue aprobado en la fecha arriba citada.  Toda Irlanda era dominio del Reino Unido y existía una única federación, con sede en Belfast.

 Se puede decir que el penalty fue la respuesta legal hacia quienes impedían la concreción de goles por medios deshonestos o poco éticos. Esta es la traducción del primer documento sobre la «Pena Máxima»:

     «Si cualquier jugador intencionalmente derribara mediante zancadilla o sujetaraa un jugador oponente, o deliberadamente jugara el balón con sus manos, dentro de las 12 yardas (c.11 mts.) de su propia línea de gol, el árbitro podrá, a petición,  sancionar un penalty para el bando opuesto. Será tomado desde cualquier lugar de  la línea de 12 yds.., bajo las siguientes condiciones: todos los jugadores, con  excepción del ejecutante y el portero rival (quién no avanzará más de 6 yds (c.5.5. mts. de la línea de gol) deberán permanecer al menos a 6 yds. detrás del balón. Este se hallará en juego inmediatamente el tiro haya sido ejecutado y un gol podrá ser convertido por penalty»..

 Señalo – en negrita-  aspectos que considero interesantes.

 El árbitro  podía sancionar un penalty  sólo si éste era solicitado por el bando perjudicado. Este antiguo «sistema» caballeresco tambien había regido para lasfaltas. En 1894 se le otorgó al árbitro el control total del juego. Ellos tomaron las decisiones eliminándose las peticiones (by appeal, en inglés).     

 El penalty  podía ser lanzado desde cualquier lugar de la línea; el punto fijo -actual-se adoptó en 1902, al modificarse las áreas, que son «casi» las actuales. Fue llamativo que en el penalty de 1891, el portero podía adelantarse hasta 5.5 mts…

 No debe sorprender la referencia de que un gol fuese válido directamente por esta vía; aún en la actualidad figura en el reglamento. El penalty fue el primero de los tiros de campo que tuvo esa posibilidad ; le seguirían:

 -1903 Tiro libre directo (Direct free kick); hasta entonces sólo existía el tiro libre indirecto (Indirect free kick). 

-1924 Tiro de esquina (Corner kick).

1997 Saque de meta (Goal kick)

-1997 Saque inicial y del segundo tiempo ; después de cada gol (kicks offs).

 Así relató el periódico The Herald, de Glasgow, la concreción del primer penalty:

 «Uno de los hombres del Leith derribó a un oponente enfrente de la portería local, y Mc Coll, tomando el tiro libre concedido, igualó, en medio de aplausos».

 A pesar del error informativo -tiro libre en lugar de penalty- ésta fue la sanción acordada. Sucedió el 22 de agosto de 1891, en la Liga de Escocia. El extinto RentonF.C. venció al Leith Athletic por 3 a 2. Alexander Mc Coll,  entró esa tarde en la historia del fútbol…

 El Campo de Juego

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Final de Copa inglesa (1901). Aún existía la demarcación  de lasáreas, adoptada en 1891

El field  había tenido pocos cambios hasta entonces : 

 1863 Ninguna línea marcada. Sólo 4 banderillas  en los extremos del campo. Sólo 2 postes verticales como portería.

1866 Cordel o soga (2.44 mts.), primer límite horizontal de la portería.

1875 Adopción del larguero o travesaño.

1883 Inclusión de las 4 líneas perimetrales.                                                                                    

1887. «El portero sólo podrá usar sus manos en  su propio medio campo». Ello provocó la  «recomendación» del trazado de la línea central.                                                                                                                                                                                            

                                                                                                                                                                                                         

Las redes de la portería se usaron por primera vez en enero de 1891. Fueron ideadas y patentadas por John Alexander Brodie, ingeniero civil de Liverpool; no obstante sus logros profesionales, su «invento» futbolístico fue el que le dio renombre. En 1938 recién fueron incluídas en el reglamento: «Las redes deberán ir agregadas a los postes, largueros y al campo detrás de las porterías. Ellas deberán estar sostenidas de maneraapropiada y  permitir así al portero un amplio campo de acción».

 La creación de las áreas (foto) – parcialmen te explicada en la definición del penalty- se concretó así:

        Area de penalty, rectángulo de 100 yds. = 91.44 mts. (ancho total del campo) por  12 yds. = c. 11 mts.

        Area de gol, dos semicírculos de 6 yds. = 5.5 mts.de radio; esta medida se logró a partir de cada uno de los postes.

 

Existió también una línea punteada; estaba situada a  5.5 mts. del «área penal» y detrás de ella debían permanecer los jugadores hasta la ejecución del penalty. En 1902 surgirían las áreas actuales, la citada línea desapareció y – desde 1937- cumple esa función el sector de círculo (9.15 mts. de radio), exterior al área de penalty.

 También en 1891 se estableció que : (…) El centro de campo se indicará con una marca visible, y será rodeado por un círculo de 10 yds. (9.15 mts.) de radio (…)

 

Jorge H. Gallego

B. Aires – Argentina

 

 

 

  

 

 




¡Figúrese usted como llegaríamos!

(O de cómo viajan aquellos protofutbolistas del sur de España para practicar el sport)

 El ferrocarril no sólo fue el vehículo de la revolución industrial, sino uno de los protagonistas de la expansión del foot-ball.

Sabemos que alrededor de las vías en construcción se concretaron matchs y los operarios y gestores participaron en este juego, pero, además, fue el nexo que unió dos ciudades en las que se gestaron aquellos primeros desafíos.

En una sociedad en la que vemos natural que a un solo futbolista se le ponga a disposición un avión privado para que se desplace a jugar un partido, pueden resultar chocantes las peripecias de algunos de estos pioneros. Sirva este escrito como homenaje a Mr. Young y sus acompañantes, y a aquellos que en el Mixto o el Correo se desplazaban para celebrar las partidas.

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Sobre las once de la noche, Daniel Young acaricia su caballo, le da unas palmaditas y le dice algo al oído. Monta, y se dirige al paso al punto de reunión con otros tres amigos. Allí, puntuales, le esperan, y los cuatro juntos se echan al camino, van a Sevilla, a jugar un match de foot-ball.

«¿Sevilla ha dicho usted? No sabíamos que en aquel tiempo…

Sevilla, sí. (…) Pocos encuentros, desde luego, porque lo dificultaba la escasez de comunicaciones de la cuenca minera. Ya usted ve si será así, que algunas veces en que tres o cuatro que los de aquí formábamos con los de Huelva en Sevilla, teníamos que salir de la Mina ¡a caballo! a las once o doce de la noche anterior al partido, y así seguíamos toda la madrugada hasta Zalamea, donde tomábamos un tren …»

La Mina de Río-Tinto, en la que trabajaba Daniel Young, distaba de Zalamea la Real unos ocho kilómetros, en plena sierra onubense. En Zalamea se encontraba la estación de ferrocarril, con servicio regular, más próxima. El periódico onubense La Provincia, de los últimos días de 1890, nos ilustra para fijar el horario de esa excursión, que partía sobre la media noche, a caballo, desde la Mina.

Si han tenido suerte, no les ha llovido en el camino, y ya los tenemos en Zalamea, allí cogerán el Correo de las 2’36,

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«donde tomábamos un tren que nos llevaba hasta San Juan del Puerto…»

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 En el trayecto, si la ilusión lo ha permitido, echarían alguna cabezadita, ya que la llegada no estaba prevista a aquella localidad hasta las 6’13 de la mañana

En la estación de San Juan del Puerto estiran las piernas un rato, se ajustan el cuello del abrigo, despunta el día y el aire huele diferente a como lo hace en la Mina. Sacan sus billetes y no les da tiempo de mucho.

«para unirnos a los demás compañeros de la capital y continuar el viaje a Sevilla…»

En apenas veinte minutos llegarían sus amigos, a las 6’32, en el Correo que salió de Huelva a las 6’10.

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Todos en el ferrocarril, camino de Sevilla, entusiasmado por el juego del foot-ball, charlan de sus tácticas, de compañeros y contrarios. Con tanta conversación, se les harían hasta cortas las cuatro horas de viaje empleadas en ese escaso centenar de kilómetros que distan las dos capitales andaluzas.

Pasan unos minutos de las diez de la mañana, y los que salieron de la Mina la noche anterior, por fin, ponen el pie en Sevilla, algo cansados:

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 «¡Figúrese usted como llegaríamos! ¡Destrozados!»

 Se acerca la hora de la partida y hay que acercarse a Tablada, emplazamiento a las afueras de Sevilla donde se practican los sports en aquellos años. En la Dehesa de Tablada se encuentra el Hipódromo, el escenario elegido. Juntos con los amigos del club sevillano, montan en los carruajes de algunos de ellos, aunque también optan por el servicio público de transporte, que nos muestra la Guía de Sevilla y su Provincia de 1888, al referirse sobre como se llevaba a cabo para las carreras de caballos: «estableciéndose en los sitios céntricos de la ciudad multitud de carruajes, y varios vapores en el río por precios muy módicos…»

Aunque como nos contó The Field (Londres) el 10 de enero de 1891, en el partido de la Navidad de 1890, «el señor White contribuyó al éxito de la reunión de varias formas, y su amabilidad al llevar a los equipos en vapor al campo de juego se merece el mayor de los agradecimientos.»

El ferrocarril fue el medio de transporte de estos protofutbolistas del XIX, como nos ha contado Daniel Young en la entrevista que hemos recreado, publicada el 25 de marzo de 1933 en el Diario de Huelva. También lo era para los sevillanos en sus visitas a Huelva:

«En el tren correo de anoche llegaron los once socios que componen la partida del Club sevillano.» (20 de marzo de 1892 La Provincia, Huelva)

Estos viajes nos devuelven ese valor sentimental de aquellas estaciones de ferrocarril, punto de encuentro y despedida, ya que hasta que no partía el Mixto o el Correo, no había terminado la partida.

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 «En el tren mixto de ayer salieron para Sevilla los Sres. de aquel Club, bajando a la estación a despedirlos casi todos los socios del Club Recreativo.» (20 de marzo de 1892 La Provincia, Huelva)

Eso sí:

«¡Figúrese usted como llegaríamos! ¡Destrozados!»




Tabaco, papel de fumar y cromos de futbol (II)

 Si en los años 20 fue, principalmente, el papel de fumar el que soportó la carga de la difusión y popularización de las incipientes estrellas futbolísticas, tras la Guerra Civil, y sobre todo en la década de los años 50, las marcas tabacaleras canarias lideraron la edición de cromos de fútbol, de un modo que aún sorprende. Se hace impensable ligar hoy en día ambos aspectos: el denostado placer de fumar y la infantil afición al coleccionismo de cromos, pero hace más de medio siglo aquello era un hecho innegable. Veamos algunas de las colecciones realmente espectaculares que se editaron en aquellos tiempos.

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 En 1950 la marca «46» de Cigarrillos José López Luis editó una colección de alineaciones de los equipos de primera y segunda división de la temporada 1950-51, esta colección inició la década y puso en evidencia la posibilidad de fidelizar al fumador incluyendo imágenes de los equipos de las ligas españolas. La colección constaba de 50 cromos. La temporada sigueinte, la misma marca se lanzó a la piscina con una colección de la temporada 1951-52 con jugadores de los distintos equipos de primera división, hasta totalizar 176 cromos, al parecer 11 por cada uno de los equipos de primera. Los cromos eran muy vistosos y mostraban a los jugadores en bonitas fotos coloreadas.

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 La prueba de que la inclusión de cromos de fútbol era una gran estrategia de marketing es el hecho de que una compañía rival, Cigarrillos Fedora, también sacó su colección en la temporada 1951-52, incluso aumentando el número de cromos a 220 jugadores. Es interesante plantearse el tipo de consumo necesario para completar una de estas colecciones. Desde luego, muy saludable no parece que fuera. Con un pequeño paréntesis en la temporada 1952-53, la acción volvió con fuerza en 1953.

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 Cigarrillos Fedora sacó una colección de 120 cromos dedicada a la selección española. No debemos olvidar el gran éxito de la selección en el mundial de Brasil en 1950, lo cual convirtió a la selección en objetivo de los coleccionistas. Nuevamente Cigarrillos José López Luis y su marca «46» dejó patente su apuesta por este producto con la colección Jugadores de Fútbol temporada 1953-54 que, a día de hoy, es quizá una de las más bonitas de la época. En esta escenario con dos actores principales apareció un tercero en discordia: Tabacos Favorita, que editó una colección de 304 cromos con dibujos a todo color de los Jugadores de 1ª División, nombre que tomó esta colección.

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En 1955 se editó una preciosa colección también dedicada a la selección española, en esta ocasión el título nos transportaba a la mítica Olimpiada de Amberes en 1920. Los cromos se regalaban en las cajetillas de los cigarrillos «Lucha especial», «Ben-Hur», «Oval Lucha», «Redondo Lucha» y «Lucha Fuerte» (¡Vaya nombrecitos!) y se trataba de 50 cormos que formaban la colección titulada «La Furia Española».

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 Por alguna razón que se me escapa, aquí acabó el patrocinio de las marcas de tabaco a los cromos de fútbol. Tal vez, la apuesta no lograba ser rentable después de todo, tal vez algunas marcas simplemente dejaron de fabricarse y ello arrastró a los bonitos cromos que se incluían en las cajetillas. Sea como fuere, nos quedan un puñado de preciosas colecciones que aún se encuentran entre las de diseño más atractivo de toda la historia de este coleccionismo deportivo.

 




Etimología (II): campos y estadios

Quizá sorprenda a algunos la distinción que hago entre campos y estadios; actualmente la diferencia entre unos y otros radica en que los estadios son campos con gradas, pero hasta hace unos cincuenta años la diferencia entre ambos estribaba en que el estadio era un recinto deportivo con pistas de atletismo alrededor, independientemente de sus gradas. Esa diferencia estaba tan marcada que, antes de la guerra, el campo del Athletic de Madrid no tenía nombre, y era conocido como Stadium (que posteriormente fue llamado Metropolitano), porque era el único que había en Madrid, dado que todos los demás recintos en los que se jugaba al fútbol eran simplemente campos. Fuera como fuera, hoy no mantenemos la diferencia, pero de mantenerla Anoeta sería un estadio y el Bernabeu un campo. En todo caso lo que no debemos hacer nunca es llamar estadios (como se lee y oye en ocasiones) a los primeros lugares en los que se jugó al fútbol, que no eran más que pequeños campos sin pistas de atletismo y sin apenas gradas.

 El español ‘campo’ procede del latín ‘campus’, que parece ser palabra de origen rural, quizá pre latina, cuyo significado original era el de «llanura», y que pronto pasó a designar al campo de batalla. De hecho en español tenemos algunas palabras derivadas de ‘campo’ propias del lenguaje militar, como ‘campear’, que significa «salir el ejército a combatir en campo raso», «estar en campaña militar», «correr o reconocer con tropas el campo para ver si hay en él enemigos» y «tremolar banderas o estandartes». En este mismo sentido, sabemos que el que destaca en la batalla es ‘campeador’, y que cuando una batalla es muy notable, se dice que es ‘campal’. El germánico, por su lado, dio un paso más, y el alemán actual ‘Kampf’ significa «lucha», como escribió Hitler en su célebre Mein Kampf. También tienen que ver con el campo los ‘campeones’, palabra que del latín pasó al germánico, de éste al longobardo (lengua germánica hablada por las tribus que invadieron el norte de Italia en el siglo VI, de los cuales deriva el nombre de Lombardía < *Longobardía), y posteriormente al italiano, lengua de la que la tomó el castellano a principios del siglo XIV.

 Un estadio es por lo tanto un campo con gradas. La palabra es de origen griego (stádion), y era en aquella lengua una medida de longitud equivalente a 600 pies griegos o 625 romanos, unos 192 metros de los nuestros. Aparte de ello, era, claro, el lugar donde se realizaban carreras, e incluso podía llegar a designar a las mismas carreras si la palabra estaba en plural. Aunque no conocemos su etimología, sí es bien conocido su mito originario, que explica todos sus significados, y que entronca directamente con la creación de los Juegos Olímpicos.

Según Pausanias (geógrafo descriptor de Grecia, del siglo II a.C.) y Estrabón (el más célebre geógrafo de la antigüedad, a quien corresponde la gloria de haber sido el primero en describir la península Ibérica como una piel de toro, del siglo I a.C. y d.C.) presentaban como origen de los Juegos Olímpicos el siguiente mito. Los hermanos Dáctilos son los genios a los que Rea encargó proteger a su recién nacido Zeus. Ésta quería así ocultar al niño de la ira de su marido, Crono (el Saturno latino), quien, avisado de que un hijo suyo le destronaría, mató a todos, menos al menor, el que fue ocultado por Rea en la casa de los hermanos Dáctilos (recuérdese el célebre cuadro de Goya, «Saturno devorando a sus hijos»). El caso es que en una ocasión el hermano mayor entre aquellos, Heracles Ideo (que nada tiene que ver con el Heracles-Hércules famoso, hijo de Zeus), decidió entretener al joven Zeus con una carrera, para lo que fue poniendo un pie tras otro hasta llegar a 600, completando la distancia a la que llamaron ‘stádion’. Conservando esa longitud y componiendo un rectángulo de una anchura de la tercera parte, completaron el ‘stádion’ como recinto en el que se disputarían las carreras. La superficie acotada se denominó ‘arena’.

Por terminar con la historia, cuando Zeus fue mayor, destronó y mató a su padre, resucitó a sus hermanos y otorgó a Heracles Ideo la gracia que le solicitó: unos juegos periódicos en honor del dios y cuyo premio fuera una rama de olivo o una hoja de palmera. Ese es el origen de líricas expresiones que a veces se oyen, como «levantó la palma de la victoria» y similares, así como de la palabra ‘palmarés’, que no es sino el conjunto de palmas que ha conseguido un individuo o un equipo.

 Decíamos arriba que la superficie interior de un estadio se denominaba ‘arena’, que resulta ser un tercer modo de designar a los campos de juego, que es utilizado actualmente en inglés y que a través de esa lengua ha sido extendida a otras. Lo encontramos en casos tan célebres como en el modernísimo Amsterdam Arena. Respecto a la palabra, nos resulta una vez más muy oscura. Asumida por el castellano del latín, se le postula un origen etrusco, y su más antigua grafía era con hache y ese, ‘hasena’. La palabra que designaba la misma realidad que en español, se especializó en el lenguaje del circo (recinto en el que se hacían las carreras de cuadrigas), en que designaba el lugar que tenía arena. También se conoció en ocasiones a los gladiadores (que luchaban en el anfiteatro) como ‘arenarius’, que sería nuestro ‘arenero’. Por último las ‘arenae’ en plural podían designar al desierto. En francés actual, donde a la arena la llaman ‘sable’ (del latín ‘sabulum’, «grava»), toman los otros significados, y llaman así ‘arène’ a la palestra, como hacemos en español y al desierto, y ‘arène taurom’ a nuestros castizos ruedos taurinos.

En conclusión, dos de las palabras con las que designamos recintos deportivos en los que jugamos al fútbol, ‘estadio’ y ‘arena’, provienen directamente del ámbito deportivo y en él se han mantenido hasta nuestros días, mientras que el ‘campo’ pasó de la agricultura a la guerra, hasta llegar al deporte. Siempre guerra y deporte…




Hace 100 años (abril 1911)

– Manuel Alcalde, campeón de España en 1905, 1906, 1907 y 1908 con el Madrid FC juega en la actualidad en el París Université Club, del cual es capitán. En 1909 jugó para París Interserie. Aprovechando su permanencia en la capital francesa le ha sido hecha una invitación por parte de «El Mundo Deportivo» con el fin de pasar a engrosar su redaccción, petición que ha sido aceptada por el interesado.

                      – EL FC Barcelona adquiere como local social el que fue el del Club Helvetia

 – Hay problemas entre los clubes participantes en el Campeonato de España y el

organizador, Athletic Club de Bilbao. Los clubes visitantes se quejan de la nula atención que el club bilbaíno les ha brindado desde su llegada y también hay quejas por la presencia de tres jugadores ingleses en las filas bilbaínas, algo no reglamentario si llevan menos de seis meses de residencia deportiva en España. Ninguno de los tres ha disputado hasta la fecha ningún partido en nuestro país. Se habla dee que puedan ser profesionales encubiertos. Llamado a exponer su punto de vista el presidente athletico, éste insta al resto de equipos a jugar el campeonato y hacer las protestas que crean necesarias y una vez acabado el torneo se descalifique a quién haya incumplido con las leyes.

 A causa de una discusión entre el españolista Méndez y el athletico Belausteguigoitia por razón de la alineación de los ingleses, el madrileño fue agredido con una llave inglesa por unos desconocidos que se presentaron en el hotel a la hora de la cena.

 El San Sebastián, dado el alcance de todos los incidentes, decide regresar a su localidad abandonando la competición. El Barcelona también abandona. Y la Gimnástica Española por un incidente durante el juego cuando perdía por 2 a 0 frente al Athletic.

Una vez finalizado el Campeonato de España, la Federación Española de Clubs de Foot-Ball sale herida de muerte.

                       – Finalmente el CD Español de Barcelona se hace cargo del CD Español de Madrid haciéndole sucursal suya

                        – El alcalde de Barcelona, Sr. Marqués de Marianao, descalifica a los muchachos que juegan al foot-ball. Desde «El Mundo Deportivo» le afean la conducta y le instan a crear campos deportivos donde no molesten al resto de ciudadanos

                         – La Federación Catalana examina a los aspirantes a ingresar en ella como referees

                         – Con motivo de la visita a la Academia de Infantería de Toledo los alumnos organizaron un partido de foot-ball que contó con la presencia de S.M. el Rey

                         – Con miembros de otras Sociedades se ha constituido un nuevo club en Madrid llamado Olímpic FC. Su primera junta directiva queda constituida por los Sres. Benavides, Sánchez-Quero (J. y R.), Cuiñas, Medrano (E. y F.), Alsina (J. y L.), Ron y Barbosa

 – Partidos amistosos:

 Barcelona. El FC España vence en el llamado Torneo Benéfico disputado entre todos los teams de la Ciudad Condal. Venció en la final al CD Español por un gol a cero

            Madrid. Athletic de Madrid – Madrid FC 1-3

            Toledo. Academia de Infantería – Gimnástica Española 2-4

            La Coruña. RC Deportivo – Santiago 4-0

            Santander. Santander – Sporting 2-1

            San Sebastián. Real Sociedad – Selección de Madrid 2-1

            Academia de AdministraciónMilitar – Colegio de El Escorial 1-0

          – Partidos internacionales:

             San Sebastián. Real Sociedad – La Vie au Grand Air du Medoc (Francia) 5-1

            Palma de Mallorca. Veloz Sport Balear – Essex (crucero inglés) 0-5

            Barcelona. Catalá – París Université (Francia) 1-1

            Barcelona. Catalá – París Université (Francia) 1-1

            Irún. Irún Sporting Club – Hampstead JB (Inglaterra) 1-0

            La Coruña. RC Deportivo – Burdeos (Francia) 1-1

Bilbao. Coalición Español Barcelona, Athletic Bilbao y Bilbao FC – Civil Service London (Inglaterra) 0-7

            Bilbao. Athletic Bilbao – Civil Service London (Inglaterra) 0-3

            Bilbao. Bilbao FC – Toulouse (Francia) 3-0

            Irún. Racing Club de Irún – Civil Service London (Inglaterra) 0-3

            Irún. Racing Club de Irún – Civil Service London (Inglaterra) 1-5

            Barcelona. Barcelona – New Crusaders (Inglaterra) 1-3

            Barcelona. Barcelona – New Crusaders (Inglaterra) 0-2

 

           – Semana Grande de Foot-Ball de San Sebastián.

           Selección de Madrid – London Nomads (Inglaterra) 0-6

            Real Sociedad – RC Fortuna de Vigo 7-1

            Real Sociedad – Unión Sportiva Tourquenoise (Francia) 2-1

            London Nomads (Inglaterra) – Corinthians (Inglaterra) 7-0

            Selección de Madrid – Unión Sportive Tourquenoise (Francia) 3-6

            Real Sociedad – Corinthians (Inglaterra) 1-3

 

 – Partidos internacionales de selecciones:

              Inglaterra – Escocia     1-1 

             Holanda – Bélgica       3-1 

             Francia – Italia 2-2 

             Suiza – Francia            5-2 

             Bélgica – Alemania      2-1 

             Uruguay – Argentina 1-2

             Bélgica – Francia         7-1

 

– Otros deportes.-

                   – Ciclismo:                   

– Publicación del Reglamento para la disputa del Campeonato de España de fondo en carretera

            – Se crea una clasificación de corredores por categorías

            – Publicación de los Reglamentos para la Copa Faura y el Gran Premio Peugeot

– Roche vence en la Copa Faura. En la 3ª categoría también vence Roche y en la de menores de 16 años lo hace R. Clapés.           

            – La carrera de 50 Kms., en la carretera de La Coruña, organizado por la UniónVelocipédica Española la gana finalmente el Sr. Eugenio Navarro

– La U.V.E. organiza un campeonato de 100 kms. que resultó algo accidentado. Para empezar hubo e retrasarse una hora por haber sido lanzadas tachuelas en la Cuesta de las Perdices. Finalmente el Sr. Durán pasa en primer lugar por la meta.

 – La Casa Alcyon organiza otra carrera en el mismo lugar, pero esta de 100 kms.,donde vence el Sr. F. Duce, a la sazón presidente de la sección ciclista de la Sociedad Gimnástica Española

                       – Regatas:

 – El Real Club de Regatas de Barcelona adquiere un nuevo yate con el queincrementar su flota

 

            – Tenis:

 – Campeonato de España de Individuales para Caballeros; por segunda ocasión se proclama campeón de España D. Luis de Uhagón recibiendo como premio la Copa de S. M. el Rey. En segundo lugar quedó D. Ernesto Witty, recibiendo como premio un reloj. Recordar que D. Ernesto es uno de los fundadores del FCBarcelona y también del RC Tenis de Barcelona

            – Puig vence en el Concurso del Turó

– Torneo organizado por el San Sebastián Recreation Club. Los campeones según las distintas categorías:

                        Copa de Primavera, Sr. Prado

                        Copa de Primavera (individual de señoritas),Srta. Guadalupe Uhagón

                        Parejas de caballeros (campeonato), señores Prado y Mazpule

                        Parejas mixtas (campeonato), Srta. Uhagón y Sr. Prado

                        Handicap de parejas de caballeros, señores Prado y Mazpule

                        Handicap de parejas mixtas, Srta. Uhagon y Sr. Prado

                        Handicap individual, Sr. Conde de Torrubia

                                   – Down-cars:

             – Publicadas las bases de la 2ª Copa Barcelona

                          – Automovilismo:

             – Ha sido editada la segunda edición de la Guía Michelín

      – Victoria de la casa Hispano-Suiza en el Premio del «Internacional Sporting Club»

 

            – Natación:

  – En el Gran Premio de Pascua organizado por el Club de Natación Barcelona venció D. Joaquín Cuadrada

             – Atletismo:

 – La Gimnástica Española organiza por 4º año su carrera de 10 Kms. por carretera entre Paseo de Recoletos y Chamartín y regreso. Fernando Caro fue el ganador con un tiempo de 36 minutos y 26 segundos

 

            – Esgrima:

 – En las fiestas organizadas por la Sociedad Gimnástica Española se verificó unapoule de espada donde quedó vencedor el Sr. Bior

            – Disputa del Torneo Internacional de Esgrima de San Sebastián

 

            – Tiro de Pichón:

 

– En las tiradas de la Casa de Campo, cuyo premio es una Copa de Plata concedida por SS. MM. los Reyes D. Alfonso y Dª. María Victoria obtiene el triunfo el tirador madrileño Ignacio Urcola.

En el premio concedido por S. M. la Reina Dª. María Cristina vence el Sr. Bruguera.

En el premio de SS.AA.RR los Infantes D. Fernando y Dª. María Teresa se proclama ganador el Sr. Marqués de la Scala

El premio de S.A.R. la Infanta Dª. Isabel sale vencedor S.M. el Rey

En el premio de SS.AA.RR. los Infantes D. Carlos y Dª. Luisa se proclama vencedor D. Luis Lizana

El Gran Premio de Madrid lo gana D. Manuel del Camino

La Copa del Comité es ganada por el Duque de Pastrana

Por último, en el Campeonato de España, el Sr. Marqués de Villaviciosa se proclama campeón de 1911 tras abatir 20 pájaros de 20 tiros

             – Aviación:

 – En el Raid París – Madrid el aviador francés Védrines llega en primera posición después de tres etapas

 

            – Hípica:

 Multitud de pruebas y premios en las instalaciones del Hipódromo de Madrid y organizadas por la Real Sociedad Hípica Española

 




Gustavo Bueno y Eduardo Inda Socios de Honor del CIHEFE

La asamblea anual de CIHEFE que tuvo lugar en Madrid el 28 de diciembre tomó, entre otros acuerdos, nombrar al filósofo Gustavo Bueno y al periodista Eduardo Inda socios de honor por su personal implicación con nuestra entidad y su participación en el I Foro Félix Martialay.

Desde el primer momento en que la organización del foro fue tomando cuerpo tanto Gustavo Bueno como Eduardo Inda mostraron su interés y su apoyo a nuestros objetivos.

De todos es sabido que Gustavo Bueno lleva tiempo reflexionando sobre el fenómeno del fútbol. Jamás un acotencimiento ni político ni religioso ha sido capaz de reunir tantos millones de personas como lo puede hacer una final de la Copa del Mundo. Pero no es solo este aspecto digno de ser estudiado, sino también la propia concepción del juego, donde el jugador renuncia a una parte de su cuerpo, los brazos, y tiene que conseguir su objetivo, el gol, mediante una combinación de fuerza, habilidad y coordinación con la labor del equipo. En la entrevista que nuestro compañero Víctor Martínez Patón le hizo y publicada en nuestros Cuadernos de Fútbol se puede leer con mayor extensión la singularidad que el fútbol encierra.

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D. Gustavo Bueno recibiendo de manos de D. Víctor Martínez Patón, la placa que le acredita como socio de honor de CIHEFE, miembro oficial de la IFFHS.

La disposición de Eduardo Inda siempre fue muy receptiva, mostrando un gran interés por nuestro trabajo. De hecho las páginas de Marca dieron pública información de la aparición de nuestra revista digital además de comentar sus contenidos. Un hecho muy significativo dado que nuestro enfoque sobre el estudio del fútbol no siempre es fácil de abordar y se aleja del servicio a la actualidad en sentido estricto.  No cabe duda de que es uno de los periodistas más influyentes y con mayor responsabilidad en la presna de hoy y por eso, mayor es nuestro agradecimiento por su implicación participando en el I Foro Félix Martialay.

Este reconocimiento como socios de honor de CIHEFE es algo más que una respuesta de agradecimiento de nuestra parte. Para tal efecto hicimos entrega de sendas placas. Por orden coronológico la primera se entregó en Madrid, el 2 de febrero, en las dependencias de Marca, a Eduardo Inda donde tuve la satisfacción personal de representar a todos mis compañeros. En el acto, Eduardo Inda ratificó su disponibilidad para todos aquellos que abordasen el fútbol con la seriedad y el rigor con que CIHEFE lo hace.

D. Eduardo Inda, Director del diario deportivo Marca, recibiendo de manos de nuestro presidente, D. José del Olmo, la placa que le acredita como socio de honor de CIHEFE, miembro oficial de la IFFHS.

D. Eduardo Inda, Director del diario deportivo Marca, recibiendo de manos de nuestro presidente, D. José del Olmo, la placa que le acredita como socio de honor de CIHEFE, miembro oficial de la IFFHS.

Días más tarde, el 7 del mismo mes, fue Víctor Martínez Patón quien se desplazó hasta Oviedo para entregar nuestra placa conmemorativa al filósofo Gustavo Bueno, quien declaró al recibirla que dicha distinción era un «estímulo» para escribir el libro, que ya tenía previsto, sobre la dimensión del balompié.

Con este reconocimiento CIHEFE agradece a ambos su colaboración totalmente desinteresada en nuestra obra.




Límites salariales en el fútbol español

 De cuando en cuando, cada vez más a menudo, el fútbol parece empeñado en despertarnos la conciencia. Bastan las multimillonarias cifras abonadas en concepto de traspasos o filtraciones sobre la percepción anual de alguna estrella, para desatar torrentes críticos. «Con la mitad de lo pagado por Cristiano Ronaldo se hubiese resuelto la viabilidad de muchas empresas», recogió cierto diario de tirada nacional. «¿Dónde está el límite para la locura?», clamaron otras voces. Y no pocas se enzarzaron en debates sobre la conveniencia de establecer topes salariales para el mundo del cuero.

No es intención de este artículo dogmatizar sobre moralidad en épocas de crisis, y menos aún aplaudir o censurar opiniones. Tan sólo pretende recordar que nuestro fútbol ya conoció esos topes, sin que aparentemente acreditaran utilidad.

Sucedió en tiempos mucho más difíciles, sembrados de miedo, hambre y desamparo, a raíz del triunfo franquista en la Guerra Civil. 

Con el general Moscardó convertido en Delegado Nacional de Deportes y presidente del Comité Olímpico Español, fue entregada la poltrona del deporte rey al teniente coronel Troncoso Sagredo, hombre del balompié, pues no en vano había sido directivo antes de la deflagración. El nuevo mandamás, en entrevista publicada por ABC el 24 de mayo de 1939, afirmaba que ya podían ir olvidándose clubes y futbolistas de seguir funcionando con independencia y hasta anarquía, que en adelante debían convertirse en sumisos mecanismos deportivos del Estado. Ese mismo presidente anticipaba caminos en otra declaración a un redactor pamplonés de Cifra, fechada en julio. «Vamos a reformar las estructuras del fútbol español. Naturalmente, no se pagarán esas fabulosas cantidades de antes en concepto de traspaso entre clubes. Habrá buenos sueldos, pero tampoco los de antes. Y no se expedirán licencias a los jugadores, por buenos que sean, si no tienen una profesión y la practican. Así evitaremos sean gentes sin trabajo que sólo vivan del fútbol».

Loables propósitos, cuando quien pasaba por taquilla para ver un partido debía hacer diabluras, en esa ardua aventura que continuaba siendo la simple subsistencia. Pero, ¿cómo llevarlos a cabo?. ¿Existía siquiera la posibilidad de que alguien echase el freno a nuestro fútbol?. Desde hacía quince años, este deporte era estatutariamente profesional. Aún prosperando el pensamiento de Moscardó y Troncoso, ¿qué impedía a un club poner en nómina de cualquier empresa a todos los muchachos de su plantilla, aunque luego no se probaran el buzo ni pisaran oficinas o talleres?. Incluso en los muy denostados países comunistas, el método se había demostrado ineficaz. Sus jugadores acababan en el ejército, libres, eso sí, de guardias y maniobras, saltando sobre el escalafón según acumulasen méritos vistiendo de corto.

Hubo normas, por supuesto, circulares recordándolas y hasta admoniciones conminando a su cumplimiento. Las cosas, sin embargo, quedaron casi como estaban. Machín, jugador del Atlético Aviación que pronto habría de ver modificado su nombre futbolístico -de resonancias poco varoniles según el gusto de ideólogos y censores- por el más contundente de Machorro, confesó recibir 15.000 ptas. en concepto de ficha, 1.200 mensuales y primas de 30 duros. Nando reingresaba en el Barcelona, luego de su exilio mexicano, a cambio de 28.500 ptas. Herrerita y Emilín, cedidos al Barcelona por el inactivo cuadro ovetense, si bien sólo cobraban 700 ptas. mensuales, supusieron un desembolso de 25.000 en concepto de préstamo. Sin salir del Barcelona, Escolá ingresó 36.689 ptas. la temporada 1940-41 por todos los conceptos. El Valencia se hizo con los extremos internacionales Gorostiza y Epi para la temporada 1941-42, a cambio de 100.000 pesetas. En 1943 Juan Arza, bautizado como «El Niño de Oro» en atención a su altísimo costo, se incorporaba al Sevilla tras abonar los hispalenses a sus vecinos de Málaga 280.000 en concepto de traspaso. El leonés César, que regresaba a Barcelona por esa misma época después de su cesión al Granada, ingresaría 73.600 ptas. como emolumento de una campaña. La prima por renovación de ficha supuso a Gonzalvo II un pellizco de 100.000 ptas. en 1944. El ya citado Escolá obtuvo ese mismo año algo más de 100.000, en tanto su compañero Martín rozaba parecida cifra. O sea, a años luz de cualquier salario en la depauperada España posbélica.

Como contrapunto, queden los precios del material deportivo allá por 1940. Las camisetas oscilaban entre 5 y 17 ptas., dependiendo del color, pues las blancas solían ser de fabricación nacional, y por lo tanto más baratas, mientras el resto, provenientes casi siempre de importaciones, se disparaban. Un par de botas oscilaba entre 25 y 50 ptas. Los jerseys de portero solían costar entre 25 y 40 ptas., mientras los balones de reglamento rondaban las 40.

Con el fútbol, con su imparable carestía, no pudieron ni las personalidades franquistas. Su importancia y arraigo quedaba claramente expresado cuando el presidente del F.C. Barcelona -a quien se hizo modificar las barras del escudo para dulcificar tintes catalanistas- propuso un nuevo sistema de comunicación, capaz de trasladar con prontitud los resultados ligueros hasta el frente ruso, donde padecía mil calamidades la División Azul. Sabido es que finalmente los gabinetes del régimen optaron por abrazar las ventajas de tanto fervor al balón. Que hablaran de fútbol los españoles, que discutiesen sobre él, que formaran peñas, siempre y cuando no escondiesen inconfesables propósitos. Todo sería bueno, incluso aconsejable, con tal de adormecer el análisis político y evitar críticas, cuando no discrepancias respecto a Franco y su dudosa legitimidad en el poder.

Conforme llegó a asegurarse entonces, nuestro país ofrecía todas las libertades imaginables. De prensa; puesto que podía adquirirse el ABC (monárquico, aunque de inquebrantable adhesión al caudillo), Ya (episcopal), Montejurra (tradicionalista navarro), Pueblo (del sindicato vertical), o cualquier otro, controlado siempre por la censura. De culto; pues se podía asistir a misa de 9, de 10, de 11,30 o concelebrada de 12,30. Y de afiliación; ya que era posible hacerse socio del Real Madrid, del Barcelona, de la Cultural Leonesa o el Alcoyano.

Los límites salariales rigurosamente establecidos, fueron quedando en el olvido a fuerza de no aplicarse. Ocasionalmente, molestos ante el rumbo económico de no pocos clubes, desde las más altas instancias se dictaban normas, a la postre muy poco eficaces. Temerosos, quizás, de emprenderla con las entidades más potentes, quisieron eliminar de un plumazo el profesionalismo en Tercera División de cara al ejercicio 1954-55. La cuestión tenía poco de broma, puesto que ese escalón constituía el refugio de no pocos caídos desde categorías superiores. Además, si los clubes de bronce no lograban tentar contractualmente a futbolistas de cierto nivel, ¿cómo iban a salir alguna vez del pozo?. Hubo protestas y al final se consintió la presencia en dicha categoría del «amateur compensado». Un coladero, gracias al cual todo continuó como hasta entonces.

Eso por cuanto afectaba al balompié más modesto. Porque en la máxima categoría continuaron vigentes los viejos límites, revisándose al alza para no perder comba respecto al producto interior bruto y la inflación. Los topes salariales seguían constituyendo norma, aunque nadie los aplicase, cuando Gento, hace 49 años, paseaba su sobrenombre de «Galerna del Cantábrico» por toda la geografía de 1ª División. Entonces ningún futbolista podía cobrar legalmente en España más de 150.000 ptas. por temporada, sueldos, premios especiales y dietas aparte. Ciento cincuenta mil si había sido internacional, porque en caso contrario la cifra límite se reducía en 25.000 ptas. Por supuesto, el gran extremo superaba con largueza aquel tope.

El franquismo, en su afán por reglamentarlo todo, había cifrado en centímetros de piel la frontera entre decencia y provocación por playas y piscinas, en matices el salto de juramento sonoro a blasfemia y escándalo público, en segundos o fotogramas de celuloide la distancia entre beso admisible y lascivia. Y si a pesar de todo, los trajes de baño acabaron por confeccionarse con menos tejido, los periódicos dejaron de escarnecer a los blasfemos, para quienes durante un tiempo estuvo reservado el bochorno de verse estigmatizados con nombre y apellidos, y hasta la tijera acabó respetando ósculos cinematográficos, ¿cómo no iba a alcanzar aquella tolerancia al fútbol?. Pero puesto que la norma existía, no faltaban voces dispuestas a recordarla y, de paso, escandalizar un tanto al personal.

Así ocurrió en julio de 1960, cuando Ramón Melcon junior, mediante reportaje de agencia, puso al descubierto los pecadillos económicos en nuestro fútbol.

«Es muy difícil saber a ciencia cierta lo que de verdad cobran los jugadores de fútbol, y mucho menos los denominados ases.» -escribió-. «Sin embargo algo se llega a conocer a fuerza de conversaciones, de rumores, de cotilleos, de declaraciones más o menos sinceras. Hoy voy a ofrecerles lo que por temporada se asegura perciben en España algunos de los denominados fenómenos».

Di Stéfano, según esas cuentas, rondaría los 3 millones y medio anuales. Kubala, pese a haber encarado la curva descendente, no salía por debajo de los 2 millones y medio. El brasileño Evaristo, entonces en el Barcelona y más adelante en el Real Madrid, llegaba al 31 de diciembre con 2 millones raspaditos, más o menos como Puskas, Kocsis y Czibor. Didí, en cambio, por aquello de haber sido mejor jugador en el Mundial de Suecia, alcanzaba los 2 millones y medio, pese a no contar demasiado en el Real Madrid. Tampoco contaba mucho el argentino Rial, y aún así sumaba 2 milloncitos, un poco menos que su compañero Santamaría, para muchos el mejor defensa central con militancia europea. Los brasileños Walter y Joel (Valencia) y Vavá (At. Madrid), alcanzaban el millón y medio, lo mismo que Luis Suárez y tal vez Canario. El mejor pagado de todos los nacidos en España era Gento, con 750.000 de ficha, sueldos mensuales de 15.000 y alrededor de un millón por primas, que sumado a la «calderilla» de la Federación cuando representaba internacionalmente al país, arrojaría un saldo próximo a los 2 millones. Tras él, aunque a mucha distancia, lo más granado del producto patrio se lo repartía así: Zárraga, 1.750.000. Segarra, el millón raspado. Enrique Collar, 900.000. Del Sol, 750.000. Ramallets, Marquitos, Mateos, Campanal, Gensana, Olivella o Peiró, algo menos.

No ha de extrañar, después de lo reflejado, que Melcon junior concluyese su artículo de este modo:

«Brasileños, argentinos, uruguayos, peruanos, chilenos, paraguayos… aquí todos tienen acogida. En este auténtico paraíso dorado, si valen, pueden hacer su fortuna, «su América», como decimos cariñosamente los españoles. Porque el fútbol, ahora, ha cambiado los términos. Para ganar plata actualmente hay que cruzar el charco, pero en sentido contrario. España, Europa, espera con los brazos abiertos».

 Dos millones de ptas. en 1960, también eran una barbaridad. Puesto que ese año puede rayar hoy para muchos con la prehistoria, bueno será situarse en el contexto.

Todavía se hablaba del maquis en 1960. Sobre todo cuando en enero cayó abatido Quico Sabater por disparos de la Guardia Civil, cerca de San Celoní. Quico era un guerrillero antifranquista, uno de los últimos en darse por aludido con el parte de guerra fechado en Burgos 24 años antes: «cautivo y desarmado el ejército rojo…» También durante 1960 Barcelona inauguraría el primer dispensario español de medicina preventiva, Franco publicaba en «Arriba», bajo el seudónimo de Jakim Boor, un artículo sobre «masonería y descristianización», los obispos hacían una declaración colectiva apoyando a los obreros, «porque tienen remuneraciones a todas luces insuficientes», John F. Kennedy ganaba las elecciones presidenciales en Estados Unidos, el ayuntamiento de Pamplona cedía 150.000 metros cuadrados para la construcción de la Universidad del Opus Dei, Fabiola de Mora y Aragón se convertía en reina de Bélgica al casarse con Balduino, fallecía Clark Gable, uno de los grandes seductores en la pantalla, y según un estudio estadístico fechado el 30 de diciembre, el parque nacional de vehículos constaba de 290.519 automóviles, 554.894 motocicletas, 147.365 camiones y 11.992 autobuses. Dicho de otra manera, ni 300.000 coches para 30 millones y medio de españoles.

En 1960 la tasa  oficial de analfabetismo se situaba en el 10,35%. Pero ojo, no todos eran ancianos. Había un 6,7% de analfabetos con edades comprendidas entre 20 y 24 años. Aún no había sido proclamado rey de Marruecos Hassan II, no se había suicidado Hemingway ni construido el Muro de Berlín, y faltaban varios meses para que los obreros de Altos Hornos iniciaran una huelga en Sagunto, reclamando 100 pesetas diarias como salario mínimo.

Unos años antes, durante la temporada 1956-57, nuestro fútbol contribuyó a reventar los límites salariales establecidos en el país que lo inventara. Sucedió cuando el Athletic bilbaíno, todavía Atlético por imperativo legal, se midió al Manchester United en Cuartos de Final durante su primera comparecencia en la Copa de Europa, la misma edición, por cierto en que San Mamés habría de cobijar una eliminatoria frente al gran Honved de Puskas, previa a las fugas y deserciones que tanto lo debilitaron. Cuando los componentes del equipo británico tuvieron constancia de la prima rojiblanca por pasar aquella eliminatoria, una enormidad comparada con su incentivo, protestaron ante entrenador y directivos y, ya en Inglaterra, ante la propia Federación, exigiendo el derribo de una limitación económica sin mucho sentido. Para moverse por Europa, argumentaron, o engrasaban la maquinaria como sus contrarios, o desistían en el empeño.  

¿Era o no un disparate la prima del Athletic?. ¿Y los 2 millones de Gento, cuando obreros siderúrgicos pedían 40.000 ptas. para vivir durante 12 meses?. Con 2 millones podían comprarse 8 señores pisos en el centro de Madrid o Barcelona. Y nadie, absolutamente nadie, dirigió una nota a Santiago Bernabeu recordándole que su estrella nacional sólo debía cobrar 150.000 ptas., más un salario normalito y primas de andar por casa. La competitividad del fútbol, disfrazada muchas veces de rencorosa rivalidad, las viejas leyes de oferta y demanda, habían derrotado al reglamentismo autárquico. ¿Cabe pensar que hoy funcionaría cuanto ya fracasó antaño?. Ahora, precisamente, sin existencia de cortapisas al flujo internacional de capitales, cuando tras la ley Bosman cayó todo tipo de barrera importadora y el ámbito de cualquier competición trasciende a las fronteras nacionales.

«Fútbol es fútbol», enfatizó Miljan Miljanic, queriendo expresar, suponemos, que aún no ha nacido el ser capaz de domeñar sus leyes, mezcla de fuerza, técnica, fortuna, dinero, pasión y sentimiento. También suele afirmarse que con respecto al fútbol está todo inventado. La limitación salarial, al menos, no constituiría novedad, por más que algunos crean haber descubierto la piedra filosofal cuando la invocan.

¿Merecería la pena otro intento?. Quién sabe, Después de todo pudieron errar los augures al afirmar que toda equivocación del pasado está condenada a repetirse.

 




Sobre la furia española

La victoria en la Eurocopa de 2008 volvió a sacar a la palestra el tópico de la «furia española» entre los medios de comunicación patrios. El comentario generalizado era el de que el combinado nacional por fin había dejado de lado la furia para centrarse en el toque, la calidad técnica; en definitiva: el buen trato del balón. Este nuevo estilo de juego, bautizado como el tiqui-taca por el tristemente desaparecido Andrés Montes en sus comentarios a través de La Sexta, se mantuvo en el equipo español pese al cambio de seleccionador y con él se obtuvo el triunfo en la última Copa del Mundo. Los aficionados, acostumbrados a sufrir decepción tras decepción en cada torneo internacional, asistimos con una mezcla de gozo e incredulidad a la actuación de nuestro once representativo, por fin en la cima del orbe futbolístico.

Tras la victoria en el Mundial nuestro antiguo apelativo apenas salió a colación en la prensa salvo en los medios extranjeros, quienes, por otra parte, venían siendo los únicos que usaban dicha denominación para referirse al cuadro hispano. La verdad es que el sambenito de la furia, nacido en los JJOO de Amberes de 1920, ha acompañado a nuestra Selección a lo largo de la historia y, como todo buen tópico, nacido de la casualidad, tiene mucho de mito y poco de realidad.

Fue en los periódicos belgas donde primero se calificó de esta manera el juego del equipo nacional, en referencia al saqueo de Amberes por parte de soldados de los tercios de Flandes en noviembre de 1576, durante la Guerra de los Ochenta Años. La quiebra de la Hacienda real de Felipe II impedía hacer frente a los pagos de las unidades del ejército, lo que provocaba continuos robos y asaltos a la población local por parte de éstos. De hecho, ya en julio se había producido el Motín de Alost, donde 1.600 soldados habían tomado la ciudad. La situación llegó a tal extremo que el Consejo de Estado, integrado por delegados de las quince provincias hasta entonces leales a la corona (que abarcaban los territorios actuales de Bélgica, Luxemburgo, norte de Francia y la mayor parte de Holanda), autorizó a los ciudadanos a armarse para expulsar a los españoles. Los insurrectos entraron en Amberes el tres de noviembre (con la connivencia de los gobernadores de la villa) y tomaron posiciones con el fin de asaltar el castillo, defendido por una guarnición muy inferior en número. Pero los amotinados de Alost, informados del ataque, viajaron durante la noche y se sumaron a los defensores junto a otras tropas de refresco. Pese a su desventaja numérica los soldados se hicieron con el control de la ciudad haciendo huir a los asaltantes y procedieron al pillaje de la misma, pasando a cuchillo a sus habitantes. A la crueldad y la destrucción reinantes durante los siguientes tres días de ira se las conoce desde entonces por aquellos lares como la Furia Española.

En el ámbito deportivo, el detonante fue la remontada lograda por los pupilos de Berraondo frente al equipo sueco (1-2) en el primer encuentro eliminatorio por la medalla de plata de aquellos VII Juegos. Fue un partido bronco, violento de principio a fin, en medio de un ambiente infernal, decididamente favorable a los escandinavos. El ímpetu de los Belauste y compañía fue bien descrito por Manolo de Castro «Hándicap», en sus crónicas sobre dicho evento, y la frase de «a mí el pelotón Sabino, que los arrollo» forma parte indeleble de la leyenda forjada en torno al primer éxito del fútbol español.

Hándicap, a la sazón redactor de El Faro de Vigo, fue testigo de excepción de la actuación de los nuestros. Acudió a los Juegos como asesor del comité seleccionador y tuvo su parte de protagonismo en la gesta balompédica, pues llegó a actuar como juez de línea en el choque en cuestión (barriendo para casa, según propia confesión, para equilibrar las decisiones del linesman opuesto, sueco, que hacía lo propio con los suyos). A su regreso a España escribiría sus impresiones en el libro Las gestas españolas en la Olimpíada de Amberes, tras observar el escaso rigor y las inexactitudes que se habían vertido en las reseñas que de aquellos partidos se habían publicado en nuestro país, pero antes daría cuenta de la actuación del combinado nacional a través de las páginas del semanario Madrid-Sport. Sus conclusiones acerca del fútbol practicado por nuestros internacionales y sus oponentes en aquellos Juegos, recogidas en el libro de Bernardo de Salazar, La Selección a través de sus crónicas, resultan reveladoras:

 «(…) El team español, que fue el que más partidos jugó, ha sido también el único que marcó goal al campeón del mundo.

Fue además la nación que exhibió más modalidades de juego: desde el juego duro y fogoso o de furia, que le llevaba a obtener los goals por medio del asalto a la meta, hasta el juego reposado y de combinación precisa, que le proporcionaba el éxito seguro.

El triunfo español en el foot-ball olímpico, en el que fracasó el pase corto para presentarnos como más eficaz y decisivo el pase largo con cambios de juego (nuestra principal característica), lo ha sido en una Olimpiada, por la que desfiló el poderío del foot-ball sajón y escandinavo, la técnica checoeslovaca, el juego ideal de los belgas y el elegante de los holandeses, así como el entusiasmo de Italia, Egipto, Francia y Luxemburgo, y la modestia de Yugoslavia y Grecia. (…)».

De sus palabras se desprende que no fue sólo furia lo que puso sobre el tapete el conjunto nacional para lograr dicho subcampeonato.

 Para poner en su contexto aquella hazaña y el mito creado, exponemos el siguiente comentario de Pepe Balón publicado en El Mundo Deportivo años más tarde, concretamente el 22 de diciembre de 1924 como prefacio a la crónica del España-Austria celebrado días antes en el estadio de Las Corts.

«Cuando allá por el mes de septiembre del año 1920 nuestros futbolistas volvieron a nuestra patria, cargados de laureles ganados en buena lid en los campos de fútbol belgas, en ocasión del torneo futbolístico mundial, que con motivo de la séptima olimpiada se había celebrado, pudimos considerar que nuestra entrada al concierto mundial deportivo era ya una cosa definitiva.

En el Stadium de Amberes, la energía de un hombre, la voluntad de un capitán, el entusiasmo de unos cuantos y la fe en la victoria de todos crearon lo que al correr de los tiempos vinimos en llamar «furia española». Porque señores, la furia española, por más que la llevemos nosotros en suspensión, mezclada con la sangre de nuestras venas y corriendo por nuestro cuerpo al unísono con todos los venenos y todas las virtudes ancestrales, necesita para manifestarse de un estimulante, de un reactivo.

El estimulante, el reactivo, constituyólo en Amberes, la decisión y la firme voluntad de hacer del que siempre ha sido modelo de deportistas y espejo de caballeros; hemos nombrado a José Mari Belauste.

El notable medio centro del equipo nacional hispano, dio, en el momento preciso, con el medio de que sus hombres, en declarada inferioridad física y técnica, sacaran del fondo de su ser, del más recóndito rincón de su alma, las fuerzas necesarias para arrancar una victoria que amenazaba con escaparse; que parecía haber ya abandonado a los bravos defensores del león hispano.

El esfuerzo fue de todos, los laureles deben ser entre todos equitativamente repartidos, pero la iniciativa, la idea salvadora, esta fue de uno sólo, del que en justicia puede ser apellidado el creador de la furia española. (…)».

 Conviene apuntar que, en aquellos tiempos, el juego desplegado por los equipos de la península estaba muy condicionado por el clima y el terreno. Así, se diferenciaba claramente el juego norteño, practicado sobre campos de hierba, a menudo embarrados, donde se empleaba un fútbol rápido, directo, buscando las alas y los centros al área, y el juego técnico, denominado científico, del Sur, más lento y preciosista, celebrado generalmente sobre campos de tierra, secos y duros. Estilos que se han ido difuminando con el paso del tiempo, las mejoras técnicas (apenas hay barro en los campos de hoy), la invasión de jugadores foráneos, …  pero que aún en la actualidad mantienen algunos de sus rasgos distintivos. En el centro y levante peninsular se amalgamaban ambos estilos dando lugar a múltiples variantes. ¿Y la Selección? Pues el combinado nacional jugaba cada encuentro en función de los once elegidos. Esto, que parece una perogrullada, no lo es tanto. Con el fin de homogeneizar las líneas (recuérdese que se utilizaba el Sistema Piramidal, el 2-3-5) se tendía a alinear a elementos afines en cada una de ellas, llegando a acoplar a jugadores de un mismo equipo, o al menos de similar estilo futbolístico (oséase, zona geográfica), por línea. Con ello se procuraba una mayor cohesión al juego del conjunto que, desafortunadamente, no siempre se conseguía. Pero eso, sí, el fútbol que la Selección intentaba desplegar era siempre vistoso, intentando mover el balón con criterio, dejando patente el gusto por la estética que caracterizaba a los principales equipos de la nación..

Por ello, muy pronto la furia como concepto encontró detractores, recibiendo duras críticas, como se pone de manifiesto en la siguiente reseña de El Mundo Deportivo, firmada por J.T.F., aparecida el 27 de septiembre de 1925:

«(…) El ejemplo de España es, a este respecto elocuente, La irregularidad de sus actuaciones en los matchs internacionales no puede menos que mantener la duda en cada match nuevo que se presenta. No nos referimos ya a los resultados imprevistos que pueda provocar la clásica y sobada «furia». La  «furia» es ya un tema en descenso, de puro conocido y asimilado por todos y si en los Juegos de Amberes pudo dar su resultado por sorpresa; en el momento actual no creemos que el empuje ciego y casi brutal que dio el tono de la «furia española» en 1920, pueda dar lugar a victoria alguna, ante cualquier adversario de mediana consistencia técnica y anímica.

Afortunadamente el fútbol español ha progresado bastante y nuestros jugadores de altas cualidades individuales, de habilidad – que no excluye el coraje, pero no ciego, sino consciente – tienen perfecta capacidad para construir un juego más depurado y eficaz que el que nos valió el segundo puesto en la Olimpiada belga.

El fútbol español es ya, sin duda, un fútbol de clase. (…)»

 En efecto, frente a los acérrimos defensores de la furia como esencia del juego español, concepto que asociaban íntimamente a la improvisación, al arranque individual en momentos de adversidad, capaz de arrastrar al resto de jugadores, de devolverles la fe en la victoria; y que era glosado como un rasgo diferenciador, propio del temperamento y carácter hispanos; una mayoría de cronistas futbolísticos niegan las supuestas virtudes de este sistema, y no dudan en adjetivar como arcaico, como tosco, el fútbol que no destaque por la precisión en los pases, la colocación, el desmarque y el chut bien dirigido. Un partido en el que los jugadores pierdan la posición, abandonen el juego en común, se dediquen a correr tras la pelota sin ton ni son y se descuelguen en batallas individuales (que solían terminar provocando incidentes las más de las veces), es automáticamente catalogado como el típico estilo de la furia y criticado sin piedad, negándole los más mínimos valores futbolísticos.

Jacinto Miquelarena, director del diario deportivo Excelsior de Bilbao, una de las plumas del sport más afiladas de preguerra, se manifestaba abiertamente en contra de la «furia» como exponente característico del fútbol español, y de la Selección en particular, en un contundente artículo reproducido en diversos medios del norte de la península. El texto, en este caso, se ha extraído del diario gijonés La Prensa del 25 de junio de 1929.

CONTRA LA FURIA ESPAÑOLA

«(…) ¿Qué es la furia española? Al parecer es una técnica especial que se adquiere con inyecciones de sangre de leopardo. Se sacan a un campo a once muchachos valientes; se les dice: «Acordaos de Amberes». Hay que arrollarlos. Adelante la «furia española». Y se gana por corazón. No hace falta sino conseguir que los jugadores se sientan flamencos. Como medida de precaución se les puede también ofrecer algún dinero… si ganan.

La furia española… es ganar. Cuando la furia española pierde, no ha sido furia española.
Hace poco leíamos que la furia española es rapidez, intuición de juego, velocidad y temple en el pase, remates fulminantes… Si es así, confesamos que hemos vivido engañados desde hace tiempo. Porque nosotros creíamos que esto, todo esto, es nada más que football. Buen football.
Por fortuna, la furia española no es para el football español sino un tópico ya insoportable, del que nadie hace caso. Las gentes que mueven el tinglado nacional se preocupan de buscar los mejores jugadores, los más finos y los más serenos, y no los más furiosos. Si se ha ganado a Inglaterra no ha sido por avalancha, sino por calidad de juego. No hay la menor cantidad de furia en Goiburu, en Padrón, en Yurrita, en Lazcano, en Marculeta, en Prast, etc. El equipo nacional todavía sería mejor y más brillante y más sportivo, si Rubio pudiera prescindir de algunas violencias innecesarias.
Creer que los partidos se pueden ganar por corazón, si no existe como base una brillante técnica fundamental, es negar todas las calidades del sport.

Aquella furia española de Amberes fue el magnífico arrojo circunstancial de Belauste, su potencia atlética, en un match que se llevaba a estacazo limpio. No se podía jugar y había que arrollarlo todo.

Pero nada se hubiera hecho en definitiva en aquella VII Olimpiada sin la clase excepcional de sus jugadores. Repitamos, por ejemplo, la línea delantera: Pagaza, Félix Sesúmaga, Patricio, Pichichi y Acedo… Sin insistir en el comentario.

Con el espectro de la furia española se fue a la Olimpiada de París, y por demasiada furia se perdió lamentablemente.

Este año «hemos» jugado al football de una manera brillante. Las victorias han ido adornadas, como una banderilla, con juego de clase. Y esto importa tanto como las victorias mismas.
Porque, como ganar, se ganó también en aquella excursión realizada por Viena y Budapest. Y, sin embargo, hasta los mismos jugadores españoles volvieron avergonzados de lo que había ocurrido a orillas del Danubio…

¡Y de su furia española!»

 Así las cosas, los defensores de la furia, arrinconados por una mayoría de la crítica, no perdían oportunidad de hacerse notar cuando el equipo nacional hacía gala de su proverbial capacidad combativa; ya fuera porque se lograse una hazaña notable, un hecho excepcional, bien porque el partido en cuestión se deslizase por los límites del reglamento, siendo necesario recurrir a argumentos más allá de lo estrictamente futbolísticos para equilibrar la contienda. Ambas circunstancias se dieron cita en la llamada «Batalla de Florencia» de la Copa del Mundo de 1934, que para muchos resultó, además del resurgimiento de la furia, la demostración palpable de sus teorías. Así se expresaba Juan Deportista en la edición de ABC del 1 de junio de ese año, tras el primero de los choques celebrados frente a la squadra azzurra de Vittorio Pozzo.

 

¡FURIA ESPAÑOLA!

 «No importa que no hayan vencido.

.Es lo mismo que estén participando en el torneo mundial sin la preparación y el entrenamiento debidos.

Da igual que un público exaltado haya coaccionado constantemente a los rojos.

Hasta ha resultado inútil la parcialidad de un árbitro decidido a evitar el triunfo de los mejores, porque los mejores eran los españoles.

Todo, incluso la posible derrota que al fin conseguirán tantos elementos coaligados a costa de la selección hispana, importa poco; cuando se ha logrado plenamente un objetivo: rescatar ante la opinión universal, y en las más adversas condiciones, la propia elevada personalidad puesta en tela de juicio por políticos internacionales del fútbol y aventureros nacionales pescadores a río revuelto.

En el deporte, como en tantas otras actividades, España tiene un motivo peculiar; y pues que el reglamento del maravilloso juego lo autoriza, supo crear una fórmula, un signo propio, que cuando se presentó ante el mundo victoriosamente se llamó la «furia española».

De entonces a acá -Amberes, año 1920- han sobrado expertos y técnicos, que no solamente negaron valor a aquella impetuosidad heroicamente fundida, sino que tildaron de disparate la pretensión de inclinar todo el fútbol español por cauces análogos. Y para que pareciera que los detractores tenían alguna razón llegaron los descalabros de París (1924) y Ámsterdam (1928).

Ahora tendrán que inclinarse ante la evidencia, que es la prueba palpable conquistada en ataques como asaltos desesperados frente a las selecciones del Brasil e Italia. La selección española, sin esa trabazón sólida que da el entrenamiento de conjunto, sin esa armadura consistente que depende de una estrecha organización, se ha presentado en Génova, primero, y en Florencia, después, y ha sido capaz de improvisarlo todo bajo el signo impresionante de la «furia española».

Improvisaciones, siempre maravillosas y emocionantes improvisaciones, de las que sólo son capaces en el mundo futbolístico los héroes de la «furia española»».

También aquí, como en Amberes, la furia tuvo su símbolo, representado en la figura de Jacinto Quincoces, quien resultaría elegido además integrante del once ideal del torneo.

 Poco más tarde la verdadera furia española se desató sobre nuestra patria y la sangre se derramó por todo el territorio nacional, en el frente y en la retaguardia, en cada trinchera, en cada cuneta, frente a cada tapia. Como toda furia que se precie, la nuestra no se aplaca con facilidad, y así, los vencedores siguieron regando la tierra que pisamos con sangre de los vencidos hasta bien entrada la década siguiente.

 Tras la contienda, con el país en plena reconstrucción, el fútbol hacía lo propio, siguiendo la misma senda marcada por sus antecesores, y así lo manifestaba Ramón Melcón en las páginas del diario Marca el 1 de enero de 1943, en un artículo en el que valoraba el juego cada vez más afiligranado de los equipos españoles, donde abundaban las jugadas precisas y espectaculares, siendo moneda común la vistosidad, la alegría y, en definitiva, la brillantez del fútbol desplegado, aunque no faltaba su censura para la falta de acometividad ante la puerta rival, la menor facilidad para el disparo de las líneas delanteras, la falta de mordiente, en suma, de los conjuntos nacionales:

 «(…) Por bien de nuestro fútbol, del que tenemos que oponer a las selecciones de otros países en esos partidos internacionales que son como el barómetro de la potencia deportiva de un país, convendría que todos procurásemos dar algo más de importancia a lo que debe ser ápice de la labor de un buen conjunto: el tiro a gol, que, junto con el acoso constante al portero, otra de las virtudes desaparecidas dentro de esa confusión de estilos al uso, fue, es y será la base del tradicional juego español, de lo que se dio en llamar impropiamente furia española, porque el entusiasmo y el espíritu combativo de nuestros primeros representantes ante el mundo sorprendieron a los extraños que tuvieron la suerte de contemplarlos en aquellas épicas e imborrables jornadas de Bruselas y Amberes, y no les dio ocasión para, cegados por aquella ráfaga de ardor y decisión, prestar atención a las excelencias de la técnica y la escuela de nuestros representantes. Aquella furia no era más que el exponente de un alma y un coraje que, salvo excepciones cada vez más raras, no suelen aparecer por nuestros campos de juego. (…)»

 Pero, pese a que mantenía su estilo definido, no cabía duda de que el fútbol español, tras la durísima posguerra y el aislamiento internacional, se había estancado. Continuaba jugando el arcaico 2-3-5 y sus parámetros tácticos, e incluso técnicos, estaban muy alejados de las principales selecciones del mundo, sobre todo de aquellas naciones que se habían visto menos afectadas por la II Guerra Mundial. La gira que el San Lorenzo de Almagro realizó por nuestro país en enero de 1947 supuso el aldabonazo definitivo para que España introdujera la WM. La victoria que el conjunto argentino obtuvo sobre el combinado nacional en el Metropolitano (1-6), en partido preparatorio para la confrontación con Portugal un mes más tarde, puso de manifiesto la necesidad de realizar reformas urgentes en el fútbol nacional. Así iniciaba su crónica el director de El Mundo Deportivo, José Luis Lasplazas:

«Hace veinticinco años aproximadamente que sigo de cerca los pasos del fútbol español. Y le he visto, unas veces, maravillosamente, otras, en tardes menos afortunadas. Pero por encima de los tanteos favorables o adversos logrados por nuestros combinados nacionales o equipos de clubs ante grupos extranjeros, siempre hallé algo, que aún en las más desgraciadas jornadas levantaba el ánimo, y hacía entrever mejores horizontes. A veces una jugada, un rasgo individual…

En este cuarto de siglo jamás había recogido una impresión tan deprimente sobre el fútbol español, como la que esta tarde ha dado el juego del equipo que puso en línea Hernández Coronado (…)».

Para terminar glosando el juego argentino de la siguiente manera:

«(…) Y así, sin enemigos, ¡qué locura la de su gambeteo! Pocas veces he visto un campo de fútbol tan semejante en ambiente a una plaza de toros, como en esta ocasión. Olés, palmas, pañuelos flameando, la grada jaleando continuamente esos arabescos, esos trenzados, esas infiltraciones hasta la misma línea de gol en las que son maestros los bonaerenses. Pocas veces aquel tópico de que sólo hubo un equipo en el campo habrá llegado tan cerca de la realidad como hoy. (…)».

La posterior derrota contra el cuadro luso, terminaría de precipitar los hechos.

 Qué diferente la crónica del mismo Lasplazas dos años y medio, y nueve partidos oficiales después, con nuevo seleccionador y, sobre todo esquema táctico, cuando las medidas modernizadoras comenzaron a dar su fruto. He aquí sus palabras tras la victoria sobre Irlanda en Dublín (1-4):

«(…) Hoy, a mi modo de ver, se ha cerrado un paréntesis y se ha iniciado un nuevo período para nuestro fútbol internacional. Ha quedado atrás la época de las vacilaciones y de las polémicas tácticas. Se ha rejuvenecido el cuadro, y se han fortalecido sus posibilidades no sólo dándole un sistema táctico, sino también trabajando para hallar esta flexibilidad que permite a la WM ser convertida, no sólo en un juego de defensa, sino también en una táctica de ataque.

Hoy saltaron a Dalymount Park once hombres con la gloriosa camiseta de España golpeándoles el pecho, provistos del innato brío y combatividad de nuestras representaciones, pero también sabiendo cómo aprovechar estas excepcionales condiciones, adaptándolas a una manera racional de jugar. Ganaron no sólo porque pusieron una enorme fe y entusiasmo, sino, también, porque tienen clase, y porque de esa clase supieron hacer una fuerza homogénea, compenetrada, la auténtica fuerza de un equipo (…)».

 El cuadro de Guillermo Eizaguirre conseguiría la mejor clasificación española en un Mundial durante el siglo XX. El cuarto puesto logrado en Brasil no fue la premonición de futuros éxitos inmediatos, como muchos esperaban, muy al contrario, supuso una anécdota heroica, como antes lo había sido Amberes, en el devenir del combinado nacional. Si acaso lo novedoso era que la furia, siempre presente en las hazañas de nuestra Selección, quedaba sometida a la actuación de conjunto, y pasaba de ser actor principal a secundario de lujo. Así lo narraba Antonio Valencia en Marca el 4 de julio tras la victoria sobre la Pérfida Albión:

«(…) Los ingleses tropezaron en este Torneo primeramente con la sorpresa frente a los Estados Unidos, y después, contra algo superior a la simple furia española, que es la inspiración, o intuición, o flexibilidad mental española. Y por eso los ingleses han perdido sus últimos partidos contra lo que su fútbol perfecto no puede prever: el azar que Dios reparte o la inspiración que concede para que una táctica también perfecta se ponga de puntillas y lo aventaje todo.

España -insisto- jugó el más maravilloso partido que recuerdo. Pero maravilloso técnicamente, en que la furia, el empeño y el coraje sólo fueron soldados de filas ante la napoleónica estrategia defensiva a la que sirvieron a la perfección. Se dispuso, con bendito acierto, que el marcaje fuese exacto, y así se cumplió. Se dispuso también que los interiores apoyasen alternativamente el sistema defensivo que comenzaba en los medios volantes, y el mayor acierto coronó este empeño (…)».

 Asumidas las novedades tácticas, las variaciones en torno al nuevo esquema pasaron a conferir al juego una mayor complejidad, con lo que el papel de los entrenadores cobraba cada vez mayor importancia. No faltó quienes vieran en todo ello el fin definitivo de la furia, como hizo Rafael Martínez Gandía en su columna de los domingos en Marca el 21 de diciembre de 1952:

«El fútbol nuestro sigue todavía cobrando alguna pequeña renta a cuenta de aquella furia española que surgió en Amberes y que se mantuvo hasta que llegaron las pizarras y la WM, en su obstinado intento de convertir esta juego en una ciencia exacta.

Aún se habla, sobre todo por ahí fuera, de la furia española, como sí, efectivamente, aquel estilo de Amberes perdurara. Sin embargo, esto de ahora, comparado con aquello, es un enfadillo de nada.

El último representante de la furia española es, probablemente, Zarra, en quien se juntan la voluntad, el ímpetu, el coraje y el amor propio. Lo cierto es que este tipo de jugador está en trance de extinción. La WM ha sido, según creemos, el factor desintegrante de la furia española.

Para nosotros, que nos resistimos desesperadamente a ser técnicos, la WM no es una táctica, como se pretende, sino dos letras muy feas. Una táctica verdadera era la furia. Esta táctica estaba llena de técnica, pero nadie parece haberlo advertido, como nadie ha advertido que hoy los jugadores tienen menisco y antes no.

En realidad, no hay más que una táctica en el fútbol, y todo lo demás que andan inventando y poniéndole números y variantes, no son más que nomenclaturas que no sirven para nada. Esta táctica es la de atacar, cuando se puede, y la de defenderse cuando avanza el enemigo. Cuantos más ataquen más probabilidades habrá de marcar gol, y cuantos más defiendan, menos. Está bien claro (…)

(…) No creemos en el fútbol matemático, ni en que forzosamente haya que poner un interior en punta y otro retrasado, sino en un fútbol en el que el cerebro no excluya el corazón.

Un equipo de fútbol debe ser, según estimamos, como un acordeón, que se estira y se encoge según conviene. La furia española tenía eso, pero como ahora se propende a jugar los partidos de antemano en la pizarra, aunque luego en el campo nunca salen como en la pizarra, a ver quién es el técnico que le pone furia a una tiza.

¿Quién?».

 Cabe señalar que la entrada en vigor de las novedades tácticas había coincidido prácticamente en el tiempo con la apertura de fronteras a los jugadores extranjeros, que pronto empezaron a poblar, entre nacionalizados y oriundos, las alineaciones de los principales equipos del país, excepción hecha del Athletic Club. Sólo fue cuestión de tiempo que los mejores alcanzaran las mieles de la internacionalidad con la camiseta española. Sin embargo, y al contrario que en sus respectivos equipos, la llegada de los ases foráneos no trajo consigo los triunfos soñados por aficionados y dirigentes para la Selección. Incluso llegó a haber quien contemplase su nutrida presencia en el combinado nacional como una desnaturalización de nuestro fútbol, falto de la casta y el coraje propios, es decir de la tradicional furia.

Tampoco sería justo olvidar que en el desempeño de nuestro once representativo influyeron factores externos, con poca o nula relación con el deporte, que complicaron cuando no impidieron las posibilidades de éxito (el supuesto telegrama de la FIFA que advertía de la alineación de Kubala en el desempate frente a Turquía de cara el Mundial de 1954; la negativa gubernamental a que los soviéticos jugaran su partido eliminatorio dentro del territorio nacional en 1960, que supuso la eliminación en la I Eurocopa); también que la diosa fortuna empezó a serle esquiva en momentos trascendentales (el propio partido frente a Turquía y el posterior sorteo que nos privó de acudir a Suiza en 1954; el empate a dos ante el conjunto helvético que nos cerró las puertas de Suecia 1958), sin hablar de los arbitrajes, que iniciaban una historia sin fin de errores, que terminaban dando al traste con las aspiraciones del equipo español (encuentro frente a Brasil en el Mundial 62).

 Y justo cuando la FIFA cambia la normativa para que los futbolistas que ya hayan jugado para un país no puedan actuar en las filas de otro, y se vuelve al producto nacional, la Selección logra el primer triunfo de su historia. Frente a la misma U.R.S.S. a la que cuatro años antes se le había impedido la entrada (ahora no hay inconveniente, quizá por aquello de los 25 años de Paz), se logra una hazaña en la que apenas hay rastro de la furia. Así se plasmaba en El Mundo Deportivo la «gran victoria del fútbol español»:

«¡Se le pudo al coloso del Este!

Y España conquistó, en tarde triunfal, la más preciada de todas cuantas victorias llegara a alcanzar en su largo historial dentro del campo internacional.

¡Campeones continentales! ¡Campeones de Europa!

Algo, quizá, con lo que no se pudo llegar a soñar siquiera pocos años ha, en razón de la irregular actuación de nuestro once nacional, pero que, desde ayer, ya es una viva realidad.

Una realidad que hará, sin duda alguna, que se vuelva a considerar y a temer a la Selección Española, como en aquellos años pretéritos de Amberes en 1920, y de los campeonatos mundiales jugados en Italia en 1934 e incluso podría recordarse otra más reciente, la brillante actuación de hace catorce años en Río de Janeiro.

Se le pudo al coloso del Este, al hasta ayer primer campeón continental. Y se le pudo con las mismas armas que nos hacían temer por la suerte de los nuestros: la de la resistencia física. Y otras más: brío y técnica.

Y es que el triunfo nacional llegó precisamente cuando se había temido que nuestro «momento» podía haber pasado y empezaría a contar el de los rusos.

Una jugada sencilla en su elaboración, pero trascendental en sus efectos, nos iba a dar la victoria y el título de campeones continentales. El trenzado Rivilla, Suárez, Pereda terminaba con pase matemático a la cabeza de Marcelino para que éste marcara el gol histórico…

Con este gol, España se ponía a la cabecera del fútbol europeo, derribando de su firme pedestal a la selección rusa, que tenía anotado el más alto porcentaje de victorias como tal y que había barrido literalmente de las canchas, con su fútbol fuerte, rápido y de gran técnica, a las escuadras de mayor solera del continente, para dar con aquel gol mayor gloria y legítimo orgullo a nuestro fútbol en especial y al deporte español.

Con este sensacional triunfo, estimamos que se cierra una época de nuestro fútbol, que ha sido pródiga en dudas y vacilaciones y hemos de tener la más fundada esperanza en que se abrirá otra, en la cual se sabrá hacer honor a este título tan maravillosamente conquistado frente al que se había dado a considerar como «rodillo» incontenible».

 Pese a este lógico anhelo, como sabemos, el destino no nos reservaba precisamente un futuro esperanzador. De hecho, el fútbol español entró en una especie de páramo en el ámbito internacional al que no fue ajena la Selección. Uno de los motivos fue, sin ningún género de dudas, el nuevo cierre de fronteras decretado a partir de la temporada 1964-65, que según todas las fuentes, empobreció notablemente el nivel del juego practicado en nuestro país. Y no es que el número de extranjeros disminuyese notablemente, ya que siguieron llegando como oriundos, ciertos o declarados, pero eran contados los jugadores de calidad que recalaban en las filas de los conjuntos españoles. Lo cierto es que el combinado nacional todavía se clasificó para el Mundial de Inglaterra donde, como en Chile, se volvió para casa en su mejor partido, y llegó a disputar los Cuartos de Final de la Eurocopa 68 para después verse inmerso en una época de oscuridad. Eliminado en las fases clasificatorias de México 1970 y Bélgica 72, se cayó en el desempate frente a Yugoslavia de cara al Mundial de 1974 en Alemania Federal (ya con las fronteras definitivamente abiertas, merced a la insistencia barcelonista y el trabajo detectivesco de Miquel Roca Junyent). Ante el potente cuadro teutón se jugaron dos notables encuentros en los Cuartos de Final de la Eurocopa de 1976, que no bastaron para doblegar a los germanos, antes de acudir a las fases finales de Argentina 78 e Italia 80, donde se realizó un mediocre papel, si bien, sobre todo en el europeo, los hombres de Kubala no tuvieron la menor fortuna.

El fracaso del Mundial 82 bien puede considerarse el final de este periodo desdichado, en el que la furia había sido prácticamente desterrada de nuestro vocabulario, al menos en el terreno futbolístico. Aunque siempre había algún que otro despistado que continuaba haciendo la consabida pregunta de: «¿Practica usted el tradicional estilo de la furia?», a las nuevas incorporaciones de los equipos, que era tanto como inquirir si el recién llegado sabría poner toda la carne en el asador llegado el caso.

 Y eso que durante estos años la Selección hubo de afrontar encuentros a cara de perro, auténticas finales, generalmente para lograr su clasificación «in extremis» para los Mundiales. Pero, para entonces, el término estaba tan desgastado que eran los rivales quienes recurrían a la furia. Recordemos, por ejemplo, el desempate frente a la República de Irlanda disputado en París (0-1) el 10 de noviembre de 1965 que el diario Marca tituló «Clasificados por los pelos y a la bayoneta», donde Nemesio Fernández Cuesta escribía:

«(…) Indudablemente la selección irlandesa ha debido jugar su mejor encuentro. Se jugaba mucho en el envite y puso entusiasmo. La furia tenía esta vez tréboles y camisas verdes. Ni en Dublín, ni en Sevilla, jugaron así. Y, los nuestros, tampoco. (…)».

Algo que refrendaba Gilera en el ABC:

«(…) Hermoso partido de desempate, disputado a todo tren, con las virtudes y defectos de esta clase de terceros partidos de una eliminatoria para un mundial, donde los irlandeses querrían estar, como era lógico. Por eso, más importante que el juego ha sido esta vez el carácter, la «furia» irlandesa, furia verde a la que han opuesto nuestros hombres todo el buen juego posible, pues nuestra condición futbolística actual es más técnica que temperamental, a excepción de un Zoco que dentro del «once» es el más clásico representante de nuestra leyenda. (…)».

 Aunque, cierto es, no faltaran momentos en los que el nervio español salía de nuevo a relucir aunque sólo fuera como pura cuestión de supervivencia. Como en aquel partido celebrado en el pequeño Maracaná de Belgrado, donde nuestros internacionales tuvieron que hacer frente a la inusitada violencia del cuadro yugoslavo, saliendo con bien de la encerrona. Así lo reflejaba El Mundo Deportivo bajo el expresivo epígrafe de «Se ganó una guerra»:

 «El excitante y apasionante choque de Belgrado, el partido de vida o muerte para los dos contendientes, se saldó con un magnifico triunfo de España en un ambiente casi de guerra, dada la desesperación de los balcánicos por conseguir por las malas artes lo que no podían obtener con su juego. Si otras veces se ha censurado a nuestra Selección, en esta oportunidad hay que quitarse el sombrero por su furia, sangre fría -frente a todas las provocaciones-, entereza y oportunismo, pese a que a los 14 m. se tuviese que retirar lesionado, el hombre-eje del equipo: Pirri.(…)».

 No obstante, si hubo un encuentro que de verdad hizo recordar el mito fue el arrollador triunfo sobre Malta, cimentado en una segunda mitad asombrosa donde al coraje le acompañó el acierto de nuestros jugadores. ABC lo sacaba a colación en el titular:

«12-1. Volvió la furia española en un memorable partido que nos clasifica para París».

Por su parte, Juan A. Calvo lo expresaba de la siguiente manera en El Mundo Deportivo:

«Esto debe comenzar con un «OLÉ»como una casa, sí señores. Es la única palabra capaz de sintetizar y reflejar lo que el aficionado español y cualquier espectador imparcial del partido, sintió hacia la actuación española y su proeza de clasificarse para la fase final de la Eurocopa cuando menos podía esperarse. Para ello han tenido que establecerse dos récords históricos: que Malta lograra su primer gol oficial fuera de su campo en este torneo y que España consiguiera una goleada sin precedentes en la Copa de Europa de Naciones. Uno añadiría un tercero: que el «duende sevillano» de esta fría noche de diciembre nos devolviera la imagen de un equipo nacional a la vieja usanza, con toda esa «garra española» que parecía olvidada en la noche de los tiempos. (…)».

 Todavía el equipo de Miguel Muñoz daría otras noches de gloria, ya en la fase final de la Eurocopa. La más recordada, sin duda, el épico triunfo ante Alemania Federal, con aquel testarazo de Maceda que nos llevaba en volandas a la semifinal del torneo. José María Lorente lo explicaba así en Marca:

«(…) Un gol como una catedral es lo que ha sido ese remate oportuno, certero, preciso, hermoso, valiente y mortal de un tal Maceda, saguntino y del Sporting, que es como ser dos veces legionario. A falta de un minuto, cuando ya no hay tiempo para levantar el partido, cuando sólo quedan segundos para mascar la derrota y hay que arriar el orgullo ante una escuadra que es así, irregular, original, abúlica, valiente, tesonera, apática, artista y desangelada, pero que en un minuto de inspiración, como Curro Romero, se mete a la afición en el bolsillo. (…)».

Tras un gran partido frente a Dinamarca, resuelto en los lanzamientos desde el punto de penalti, España jugó su segunda final continental, veinte años después, pero no pudo revalidar el título europeo. Nuevamente, la fatalidad hizo de las suyas, esta vez en la figura de Arconada, nuestro mejor hombre en el torneo junto a Maceda, y le llevó a encajar un tanto inexplicable tras golpe franco directo de Platini, que si en la mayoría de las ocasiones resultaba mortal de necesidad, en ésta su disparo no ofrecía mayor dificultad. Pese a todo, se alcanzó el subcampeonato de forma brillante, aunque, cuando se pierde, esto no suponga mucho consuelo.

 Desde entonces hasta ahora la historia es bien conocida. La Selección ha ido ganando solvencia y prestigio internacional, sin faltar a una sola cita importante (con la excepción de la Eurocopa ’92), pero sin lograr avanzar más allá de los Cuartos de Final en ningún torneo, por más que el fútbol desplegado fuera de calidad. Quizá la vez que más cerca estuvimos, por juego y brillantez, fuera la del Mundial mexicano. Curiosamente, fue una de las últimas oportunidades en la que nuestra antigua denominación gozó de cierto eco en los medios, aunque fuera aprovechando un hecho coyuntural, como se explica en la crónica de Alfredo Relaño en El País del 23 de junio de 1986, tras nuestra despedida del certamen:

«España cayó ante Bélgica en la azarosa y difícil prueba de los lanzamientos desde el punto de penalti, pero se va dejando un buen sabor de su participación en el Mundial. La Selección de Muñoz terminó el tiempo reglamentario y la prórroga con empate ante un equipo técnicamente inferior porque consintió que éste manejara el partido y que lo llevara por los caminos deseados por él. Alcanzó la igualada en una impresionante demostración de furia, que justifica largamente la denominación con que es conocido aquí, en México, nuestro conjunto nacional: La Furia Roja. El encuentro tuvo vibración e intensidad, pero en el curso del mismo España marcó mucho un defecto: la precipitación en las jugadas de ataque. Bélgica jugó siempre a la contra, sin arriesgar (…)».

 Es probable que la última vez que la furia llegase a las portadas y titulares de los periódicos españoles fuera con ocasión de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Algunos, llevados de la euforia, no dudaron en calificar nuestra medalla de oro como el mayor éxito del equipo nacional tras el europeo de 1964, sin percatarse de que no se trataba de la selección absoluta. Andrés Astruells iniciaba la reseña en El Mundo Deportivo de la siguiente manera:

«Fue un remate a romper. Conectado con toda la rabia y convicción del mundo para ganar una de las medallas de oro más brillantes y sorprendentes de estos Juegos. Del fútbol olímpico sólo se hablaba como tema de controversia y de la selección pocos esperaban algo bueno pocos días antes de alzarse el telón. Pero en el Camp Nou se vivió la paradoja más grande. El fútbol fue capaz de concitar 95.000 aficionados y convertir el estadio del Barça en una fiesta de multitudes mientras que el equipo español ganaba la medalla de oro con el corazón de los deportistas de antes, luchando hasta el último segundo para hacer posible la anhelada victoria.

En el momento quizá más mercantilizado del balompié mundial, la furia ha vuelto a vestirse de rojo y la joven escuadra de Vicente Miera sacó todo el pundonor del mundo para subir a lo más alto del podio.

Havelange se perdió posiblemente la final olímpica más vibrante, reñida y disputada de muchísimos años.

Sobre el campo no valieron conceptos técnicos y la superioridad fue por rachas pero españoles y polacos se batieron como leones para acabar redondeando un espectáculo que, especialmente en el segundo tiempo, resultó un plato fuerte futbolístico de primer orden (…)».

 Entre los «fiascos» recientes de nuestra Selección, merecen un cierto reconocimiento el sólido equipo de Javier Clemente en Estados Unidos 1994, con el famoso codazo de Tassotti a Luis Enrique en el encuentro definitivo contra Italia, y su continuación en el europeo de Inglaterra 1996, donde caímos de manera injusta frente al anfitrión, en la tanda de penaltis, tras un gol mal anulado y sendos penaltis escamoteados por el trencilla de turno. Y también el conjunto entrenado por José Antonio Camacho, que obtuvo el quinto puesto en el Mundial asiático, eliminado a la par entre el colegiado egipcio Al-Ghandour y la correosa Corea del Sur de Hiddink.

 Después le llegaría el turno a Luis Aragonés, con el que el equipo desplegó un juego interesante durante la Copa del Mundo de 2006, sólo para caer en los Octavos ante Zidane y compañía, a quienes nuestra prensa había jubilado antes de tiempo.

El Sabio de Hortaleza resistió entonces el embate de los medios, quienes se lanzaron a la yugular del técnico por su negativa a dimitir, tal y como había manifestado que haría si no conseguía llevar al equipo nacional a semifinales. Sentenció a Raúl, futbolista que había marcado una época gloriosa en el fútbol nacional, a quien ya no consideraba en condiciones de rendir en la Selección, e inició las pruebas con el 4-1-4-1 y mayoría de bajitos, con resultado positivo. El 13 de octubre de 2007 se venció a Dinamarca en Aarhus (1-3) y, posteriormente, se logró otro contundente triunfo frente a Suecia en el Bernabéu (3-0), encarrilando la clasificación. Después cayeron Francia e Italia en partidos de preparación, antes del europeo de Alemania.

 ¿Pero cómo un entrenador con especial aprecio por el contragolpe se convirtió en el inventor del tiqui-taca, el actual estilo de nuestra Selección?

 Para contestar a esa pregunta es preciso retroceder hasta 1988, cuando el presidente del F.C. Barcelona, Josep Lluis Núñez, presentaba a Johan Cruyff como nuevo entrenador de la entidad. El holandés, uno de los máximos exponentes del fútbol total durante los años setenta, no sólo sería el creador del Dream Team, uno de los mejores equipos españoles de la historia, máximo exponente del toque y la circulación del balón como fundamento del juego, sino que su acusada personalidad llegaría a cambiar la filosofía del club, poniendo los cimientos para que a día de hoy el conjunto azulgrana sea considerado el mejor del mundo, con un once integrado casi exclusivamente por jugadores procedentes de La Masía, la cantera barcelonista.

El propio Cruyff explicaba su filosofía de juego en el libro Mis futbolistas y yo (1993), escrito en colaboración con Miguel Rico, de la siguiente manera:

«Nuestra vocación, como filosofía de equipo, es ofensiva. Todo el mundo sabe que nuestra obsesión es atacar porque, una vez más, mientras nosotros tengamos la pelota los contrarios no podrán ni hacernos gol ni crearnos el más mínimo peligro. Parece una estupidez pero es algo obvio que debemos tener muy en cuenta».

Alfredo Relaño profundizaba en el juego azulgrana bajo mandato del holandés en el capítulo titulado «El ataque implacable» del libro Entrenadores. Un poder inestable (1997):

«Contra lo que mandan los cánones, según los cuales el equipo se arma desde la defensa, Cruyff lo organiza desde el ataque. Las prioridades son ofensivas y recupera el viejo principio de que la mejor defensa es un buen ataque.

¿Y el medio campo? Tiene dos tareas: control y posesión del balón por un lado, y buena colocación y presión para prevenir la salida del contrario por el otro. En sus mejores exhibiciones, los equipos de Cruyff se pasaban el balón en la media de un lado a otro del campo ante los ojos fascinados de los rivales, que no encontraban forma de interceptar esos precisos y rápidos pases. Toque, toque y toque. El mismo principio que al otro lado del océano definió Menotti al decir que: «la jugada aparece sola, no hay de precipitarla». El medio campo se pasa el balón una y otra vez, la defensa contraria oscila y, de repente, se descubre la fisura hacia la que salen simultáneamente el pase bien dirigido y la carrera al claro de un jugador en busca del balón».

Es difícil leer este texto y no asociarlo de inmediato con el fútbol practicado en la actualidad por nuestro equipo nacional. Y no deja de resultar paradójico que el introductor del estilo de juego que la Selección terminara por hacer propio, en sustitución de aquella antigua furia de Amberes, sea holandés.

 El fútbol de Cruyff perduró en el tiempo y La Masía no ha dejado de proporcionar futbolistas con un patrón común, jugadores dotados técnicamente, con talento, acostumbrados a practicar un juego asociativo, vistoso, con el balón como principal referencia. Todos los entrenadores que siguieron al flaco han podido contar, en mayor o menor medida, con este tipo de refuerzos procedentes de las categorías inferiores. Pero no fue hasta la llegada de Guardiola, el principal representante de la cantera en el Dream Team, cuando el Barça apostó definitivamente por la gente de la casa para convertir el gran equipo que había forjado Rijkaard en un conjunto auténticamente de ensueño.

 Volviendo a Luis Aragonés, la respuesta a la pregunta anteriormente expuesta es,… por convicción. El Sabio nunca fue un entrenador con particular gusto por el fútbol preciosista, vistoso, de salón… todo lo contrario. La experiencia atesorada primero como jugador y después, en su larguísima trayectoria como entrenador, le han hecho un defensor acérrimo del resultado como única verdad en el fútbol. Tomemos como ejemplo el siguiente texto de José Félix Díaz en el que, bajo el epígrafe de «El contragolpe perfecto», se analizaba la figura de Aragonés en el libro anteriormente citado, Entrenadores. Un poder inestable (1997):

«Huye del espectáculo como estandarte. A este respecto, comparte la teoría de Fabio Capello. Cree y defiende en cualquier foro, y ante cualquier presidente, que el verdadero espectáculo es ganar. En su opinión de nada vale que un equipo juegue muy bien si los resultados no acompañan. No niega que se enfada profundamente cuando sus hombres pierden y que la misión del entrenador es saber por qué han fallado y encontrar la solución a sus males a costa del espectáculo. Busca en todo momento lo práctico y, pese a poner sobre la mesa un sistema que para muchos no está concebido para el ataque, sus conjuntos siempre acaban entre los máximos goleadores del campeonato. Jugadores como el rojiblanco Manolo, Mijatović o Šuker han batido todas sus marcas goleadoras con Aragonés en el banquillo. Su sentencia aleja cualquier tipo de dudas: «El entrenador que quiera espectáculo, que ponga una barra en el banquillo»».

 Así es. Luis Aragonés llegó al tiqui-taca porque consideró que era la única forma de alcanzar el triunfo en un torneo internacional. Y lo hizo desde el convencimiento en una premisa que venía a poner en solfa nuestra leyenda racial, el mito mismo de la furia española. Había llegado a la conclusión de que la inferior condición física de base no permitía al futbolista español competir en un plano atlético con la mayoría de equipos nacionales de primera fila en condiciones de igualdad. Era necesario concentrar todo el esfuerzo en nuestras notables facultades técnicas para lograr el objetivo final.

 Y así lo hizo. Conquistamos la Eurocopa con un 4-4-2, con Villa retrasado en ayuda del centro del campo y cayendo a las bandas con gran facilidad, que solía terminar convirtiéndose en un 4-5-1 en el transcurso del partido con la entrada de Cesc Fábregas. Y con este último sistema tuvimos que disputar la final tras la lesión del asturiano, obteniendo el triunfo. Una victoria que suponía, más allá de una conquista anhelada, el final de la furia española como concepto futbolístico.

 Tras la conquista de Europa Luis dejó su puesto para fichar por el Fenerbahçe turco. La Federación se encontró entonces con una difícil papeleta, pues el cambio de seleccionador no debía entrañar una transición, sino la continuidad de un proyecto que, más allá de haber logrado el máximo objetivo, había calado profundamente en el público y la crítica. Lo cierto es que el sustituto del Sabio de Hortaleza era un secreto a voces, conocido bastante antes de la disputa de la Eurocopa. Y hay que decir que Villar acertó de pleno al elegir a Vicente del Bosque, un hombre tranquilo y capaz.

El salmantino había demostrado con creces sus dotes organizativas durante su etapa al frente del Real Madrid galáctico, donde hubo de gestionar un vestuario plagado de figuras al tiempo que lograba sacar partido de aquella política de Zidanes y Pavones que llegaría a dejar al conjunto blanco huérfano de clase media. Bicampeón de Liga y de Champions, logró también el cetro mundial de clubes con un conjunto asimétrico cuya mejor versión tenía a Roberto Carlos como dueño de la banda izquierda, dando total libertad al mediapunta francés, a un Figo muy móvil por la derecha y a Hierro, Makélélé y Raúl como columna vertebral del equipo. Considerado poco glamouroso por los rectores de la casa blanca, se optó por prescindir de sus servicios. Su marcha significó un auténtico mazazo para la cantera madridista, cuyos futbolistas encontraron cada vez más dificultades para llegar a la primera plantilla, integradas sus filas por jugadores foráneos, cada vez más y más costosos. En la actualidad el Real Madrid puede vanagloriarse de romper el mercado de fichajes cada verano. Incluso la anunciada españolización del conjunto se ha hecho a base de talonario. Está por ver si esta forma de actuar puede garantizar el desarrollo sostenible de la institución, que no hace tanto salvó su economía mediante la venta de la antigua ciudad deportiva en la Castellana, donde cuatro inmensas torres se alzan ahora como recordatorio y aviso a navegantes.

 Y así, Del Bosque inició su andadura. Y pronto se vio que con éxito. La Selección barrió en su grupo clasificatorio para el Mundial, y en sucesivos amistosos venció con solvencia a Inglaterra, Argentina y Francia, entre otros rivales. Entre medias, la Copa Confederaciones sirvió como magnífica piedra de toque para calibrar de nuevo nuestra competitividad, y las conclusiones fueron positivas pese a la derrota frente a Estados Unidos, verdadero equipo revelación del torneo.

El juego del combinado nacional se regía por los mismos parámetros que el que había obtenido el triunfo en la pasada Eurocopa. Quizá la novedad más importante fue la aparición de Sergio Busquets, por el que Del Bosque no ocultaba su devoción, convertido en pieza fija del once titular por su capacidad para cohesionar al equipo merced a su rigor táctico, inteligencia y salida de balón; siendo el engarce ideal entre la defensa y el centro del campo.

No llegamos al torneo en las mejores condiciones, con Iniesta y Fernando Torres todavía renqueantes de lesiones sufridas poco antes de la cita mundialista, lo que hizo que el entrenador tirara de la versatilidad de nuestros futbolistas para conformar las alineaciones. El caso más significativo fue el de David Villa, escorado a la banda izquierda en buena parte de los encuentros con un rendimiento sobresaliente, algo que Pep Guardiola ha sabido explotar tras el fichaje del guaje por el Barcelona. El esquema de juego varió entre el 4-2-3-1 y el 4-1-4-1, aunque Vicente del Bosque no dejó de repetir, cada vez que se le mencionaba el tema, que su equipo no jugaba con un doble pivote.

De menos a más la Selección fue pasando etapas, practicando cada vez un mejor fútbol, hasta presentarse en la final, donde nos aguardaba el conjunto nacional de Holanda.

 ¡Qué mejor forma de pasar página definitivamente con nuestra furia, que alcanzar el triunfo en el Mundial con el toque y la circulación de balón frente a los holandeses! No en vano el germen de lo que habría de ser, pasado el tiempo, los actuales Países Bajos se fraguó a raíz de aquel saqueo de Amberes. Días después de aquellos acontecimientos se firmaba la Pacificación de Gante, por la que los Estados Generales de las diecisiete provincias exigían la salida de las tropas españolas del territorio. Posteriormente, en 1579 se producía la Unión de Utrecht mediante el que las provincias protestantes del norte se unificaban, separándose de facto de las católicas del sur, para en 1581 presentar el llamado Acta de Abjuración, por la que declaraban su independencia formal del Imperio de Felipe II, conformando, tras diversos avatares, la República Holandesa en 1588.

Aún hoy en día la presencia hispana se deja notar en el Wilhelmus, su himno nacional, en una de cuyas estrofas pone, textualmente, en boca del Príncipe Guillermo de Orange: «Al rey de España siempre he honrado».

 La victoria, obtenida con todo merecimiento, daba carpetazo a la furia española. Objetivo cumplido. El círculo se había cerrado

 Y,  sin embargo…

 Sin embargo… hay figuras que resultaban tan familiares…

 Ese Piqué ensangrentado, convertido en verdadero saco de golpes del equipo español durante la primera fase del torneo…

Esa incorporación de Puyol, entrando a rematar de forma indómita, llevándose por delante a su compañero Piqué, para suspenderse en el aire y conectar el colosal testarazo que suponía la victoria frente al cuadro teutón…

Esa final, donde tal parecía que el equipo holandés nos pasara factura por lo ocurrido cinco siglos antes, produciéndose con una violencia desatada, a la que fue preciso responder con contundencia…

 ¿Seguro que no hubo furia española en Sudáfrica?

 Corolario

 El 5 de noviembre de 1995 Feliciano Fidalgo realizaba una desenfadada entrevista a Matías Prats en El País. Una de cuyas preguntas era:

– ¿Algunos echan de menos la furia española: ¿usted, qué echa de menos?

A lo que el viejo maestro de periodistas respondía:

– El arte en el fútbol.

 A buen seguro que, allá donde esté, don Matías (junto al resto de colegas, futbolistas, aficionados e historiadores que alguna vez soñaron con ver a los nuestros levantar el máximo trofeo futbolístico y  que abandonaron este mundo perdida toda esperanza), habrá gozado con el juego artístico de nuestra selección en su más bello triunfo.

  

 




Tabaco, papel de fumar y cromos de fútbol (1ª parte)

Parece adecuado, dados los tiempos difíciles que corren para los aficionados al denostado placer de fumar (que conste mi tolerancia en estos asuntos y mi orgullosa condición de no fumador), explorar las íntimas conexiones que existieron en el pasado entre diferentes productores de tabacos, fabricantes de papeles de fumar y preciosas colecciones repletas de añejos retratos de legendarios futbolistas.

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La aparición, a finales del siglo XIX, de la cromo-litografía supuso el nacimiento del cromo como objeto coleccionable. En sus orígenes, los cromos eran bellas ilustraciones costumbristas o paisajísticas con un contenido tan amplio que resultaba difícil pensar que hubiera intención alguna en la edición de esos papeles de bellos colores, más allá de usarlos como objeto promocional de la marca en la que se insertaban. Productos de todo tipo los incluían: dulces, galletas, chocolates, y también tabacos, sobre todo en las cajas de puros. A principios del siglo XX los cromos ya habían adquirido una dualidad que nunca perderían. A su función promocional se sumó la capacidad de fidelizar al consumidor de un producto, o al cliente de un determinado establecimiento, pues los cromos también se convirtieron en una forma práctica y efectiva de hacer que un cliente volviera a comprar en el comercio en el que se le obsequiaba con bonitos trozos de papel ilustrados con diferentes motivos que, ahora sí, se podían coleccionar en diferentes series temáticas: refranes, tipos populares, aforismos, adivinanzas, trajes regionales, deportes…

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Es en este estado de cosas, y mediados los años 20 del pasado siglo, cuando los cromos con jugadores de fútbol hacen su aparición. En los Estados Unidos, desde el siglo XIX y sobre todo en los primeros años del siglo XX, las cajetillas de cigarrillos incluían de forma habitual cromos de jugadores de béisbol, allí los cigarrillos se vendían ya líados, con lo que los cromos aparecían en el interior de las cajetillas, casi todas de 10 cigarrillos. Se reveló un medio muy efectivo para que el fumador siguiera siendo fiel a la marca, consumiendo ingentes cantidades de cigarrillos, dado que algunas colecciones llegaron a tener más de 500 cromos diferentes, como la conocidísima T-206, editada entre 1909 y 1911. La transición de esa interesante práctica comercial a nuestro país tuvo la peculiaridad de que en lugar de aparecer los cromos en las cajetillas de cigarrillos, modalidad de consumo poco extendida en la época, lo hicieron en los librillos de papel de fumar. Salvo esporádicas excepciones como alguna colección editada en la Islas Canarias (Tabacos La Flor Isleña) y las editadas en Cuba (Cigarrillos Susini y Aguilitas), la práctica totalidad de las colecciones de futbolistas aparecieron en librillos de papel de fumar.

La producción de librillos de papel de fumar en la década de los años 20 estaba radicada en la región levantina y más en concreto en la zona de Alcoy. La fábrica de J. Laporta Valor, en Alcoy, incluyó cromos de fútbol en varios de sus productos. Uno de los más notables fue el papel «Foot-Ball» que, comenzando en 1923, y a lo largo de los años siguientes sacó al menos tres colecciones diferentes. La más importante, por el número de cromos que contenía la colección: 110 (10 equipos, a razón de 11 jugadores por equipo), y por haber sido editada en dos formatos: cuadrado y rectangular, se editó en 1924. La decisión de sacar dos versiones de la colección se tomó para no privilegiar un formato de librillo sobre otro. Los cromos en su versión cuadrada son una versión reducida de los rectangulares, que son francamente bonitos. Otras colecciones fueron apareciendo, trasladándose el polo de difusdión de Alcoy a la ciudad de Valencia.

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Una de las colecciones más bonitas y menos conocidas es la editada por el papel de fumar marca «F. C.» A día de hoy tan solo han aflorado cromos de tres equipos de la ciudad de Valencia: Valencia F. C., Gimnástico F. C. y Levante F. C. (Grao). Al parecer debería haber cromos de jugadores de otros equipos, no necesariamente de Valencia, pero a día de hoy no se conoce ninguno.

Pero de entre todas estas colecciones de papel de fumar, la que podemos, sin lugar a dudas, considerar la joya de la corona es la editada por la factoría de Luis García Fayos, de Valencia, en su librillo de papel marca «Mi Papel». Los librillos marca «Mi Papel» incluyeron desde 1925 a 1929 cromos de futbolistas entre otros temas a lo largo de varias series que se identificaban por letras. La colección «Los ases del fútbol» consta de tres series: serie C, serie E y serie H, editadas en el periodo de tiempo indicado y cada una constituida por 80 cromos, lo cual totaliza una colección en tres álbumes de 240 cromos. Es ésta la que deberíamos considerar gran colección de la era del papel de fumar, por su cantidad y calidad. Los cromos son bonitas fotos (aunque de reducido tamaño) del busto de los jugadores; uno de sus méritos es el recoger muchos equipos diferentes, grandes y pequeños, del panorama futbolístico español de la época.

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La llegada de los años 30 y la Guerra Civil dejó en suspenso las actividades editoriales de estas marcas, pasando a tomar el relevo el Monopolio de Fósforos, en una histórica colección de la temporada que nunca se celebró: la  1936-37.