El Escándalo de los falsos oriundos: Antecedentes

Hasta hoy no se ha abordado con la amplitud, profundidad y el imprescindible soporte documental, aquel escándalo que con el balón de por medio abochornara no sólo a nuestro fútbol, o a los órganos supranacionales del deporte rey, sino a las más altas instancias políticas de un país que por fin empezaba a no ver en Europa al enemigo. Aquella podredumbre, de la que tantos obtuvieron pingües beneficios, fue urdida por una tribu de chamarileros futbolísticos sin otra ética que la del “a mí me las den todas”, con la imprescindible colaboración de funcionarios corruptos al otro lado del océano, y presidentes o juntas directivas de distinto pelaje por nuestros pagos. El desinterés de una, o unas Federaciones futboleras empeñadas en mirar hacia otro lado por no herir susceptibilidades, hizo el resto, hasta embadurnar con toneladas de mugre y una acre pestilencia al ministerio de Asuntos Exteriores, y por ende a su Secretaría Consular. Primero se quiso tapar la polvareda bajo alfombras de Crevillente o Arraiolos, entonces muy comunes en los despachos oficiales. Pero era tan fuerte el hedor, y tanta la miseria, que ni abriendo de par en par las ventanas desaparecía el rastro de putrefacción. Los medios informativos, tímidamente primero, puesto que imperaba la censura previa, y con sumo cuidado tras promulgarse la Ley de Fraga -toda vez que facultaba el secuestro de ejemplares en los quioscos-, pasaron medio de puntillas sobre una cuestión que hubiese dado para titulares de triple cuerpo. Y aun así, las cosas se contemplaban en función de filias y fobias, haciéndose eco de notas de prensa emitidas por el club local, o enarbolando el “y tú más”, si la gatera quedaba lejos o no se vislumbraba un burladero.

En las escasas ocasiones que todavía se recuerdan esos hechos, suele citarse como detonante del escándalo aquella inoportuna sinceridad del paraguayo Irala, cuando al ser presentado ante los periodistas como futuro jugador del Barcelona, asegurase haber sido internacional en su país. De inmediato, uno de los concurrentes puso voz a lo que todos pensaban: “¿Cómo que internacional con Paraguay? Entonces no puede fichar por ningún club español. La actual normativa lo prohíbe”. Así era. Con el portillo importador cerrado a cal y canto para nuestro fútbol, ni siquiera los descendientes de españoles llegados con pasaporte de nuestro país podían competir como profesionales, si hubieran vestido otra camiseta internacional. Incluso si lo hicieron en categoría juvenil. El desastre de “la roja” en el Campeonato Mundial de Chile (1962), sumado a la nueva normativa FIFA, según la cual ningún futbolista podía ser internacional con más de una selección, indujo a la Delegación Nacional de Deportes a incorporar dicha cláusula, con el propósito de beneficiar a nuestro equipo nacional. Pero Irala, demasiado buen chico, o malísimamente aleccionado, se mantuvo firme: “Pues he sido internacional varias veces”. Añadiendo, tras un breve suspense: “Internacional, lo mismo que otros…”

Ponía en solfa lo ya sabido para entonces: que más de dos, de cinco, e incluso de diez “oriundos”, nunca debieron haber recibido el pláceme federativo para fichar por nuestros clubes. Que las certificaciones expedidas en Buenos Aires, Paraguay, o en menor medida Montevideo, tenían el mismo valor que un doblón de chocolate.

Ante tan directa confesión, la R.F.E.F. no tuvo otro remedio que denegar su ficha, propiciando la cólera del club catalán. Y a día de hoy, según la historiografía azulgrana, la contratación del abogado Roca Junyent, más adelante uno de los padres de nuestra Constitución, así como político de relieve hasta el rejonazo mayúsculo que sufriera en las urnas su nuevo proyecto político, habría desencadenado una tormenta de proporciones imprevistas. Algo que no es del todo real, conforme se expondrá, llegados a ese punto. Y es que para entonces, la Real Federación Española de Fútbol estaba muy al tanto acerca del ínfimo valor de certificaciones sobre ausencia de entorchados internacionales. Más aún, conocía de sobra que no todos cuantos llegaban mostrando a los fotógrafos un flamante pasaporte español, lo obtuvieron sin servirse de pagos bajo mano, atajos e internadas por extraños vericuetos.

Pero no anticipemos acontecimientos. Antes, como instrucción imprescindible del rompecabezas, vaya un sucinto cuadro sinóptico sobre los distintos cambios normativos en materia de futbolistas extranjeros.

Año Medida / normativa (resumen)
1911 Después de la polémica generada durante el Campeonato de España (Copa) por la alineación de varios ingleses en el Athletic Club bilbaíno, la FEF prohíbe en los torneos oficiales la actuación de extranjeros no inscritos con medio año de antelación.
1926 Pese a legalizarse el profesionalismo, los extranjeros con menos de 2 años de residencia en España tienen prohibida la participación en cualquier campeonato oficial. Sólo se respetan los derechos adquiridos.
1933 La Asamblea general de la FEF autoriza, a partir de la temporada 1934-35, la actuación de 2 extranjeros por club.
1949 Como consecuencia del convenio establecido entre España y Argentina, se concede a los futbolistas de ese país el derecho a participar en los torneos de Copa. Igualmente, y durante un periodo de 3 años, cada club puede incluir a 2 jugadores argentinos sin ocupar plaza extranjera. Aunque España no estuviese para dispendios, la licencia importadora aprobada en 1933 mantenía su vigencia.
1951 El elevado número de foráneos presentes ya en nuestras competiciones lleva a la FEF a limitarlos a la 1ª división, en un número nunca superior a 4, de los que sólo 2 podrán alinearse simultáneamente en la Liga y ninguno en la Copa.
1953 La D.N.D. prohíbe el fichaje de más extranjeros, aunque respeta hasta su extinción los contratos vigentes. Se contemplan 3 excepciones para Real Madrid y Barcelona en el asunto de Di Stéfano, así como para el R. C. D. Español y Real Valladolid. Aunque se haya repetido machaconamente que el holandés Wilkes también se viera beneficiado, no fue el caso. Su admisión obtuvo el pláceme con anterioridad.
1956 Se levanta la prohibición importadora, limitándola a 2 extranjeros por club, de los que por lo menos uno habrá de ser sudamericano.
1962 El desastre de la selección en el Mundial de Chile supone la prohibición importadora a partir de la campaña 64-65. Los contratos de futbolistas foráneos con vencimiento a partir del 30 de junio de 1965 no podrían ser renovados.
1973 Juan Gich, Delegado Nacional de E.F. y Deportes, autoriza la contratación de 2 extranjeros por club en 1ª y 2ª división, a partir de la temporada 73-74, aunque sólo se alinearán en el Campeonato de Liga. A partir de 1977 pudieron jugar también la Copa.
1987 Se eleva a 3 el número de no españoles por club.
1991 Nueva ampliación de cupo hasta 4 foráneos por club.
1996 La Sentencia Bosman equipara a los futbolistas comunitarios con los españoles, por cuanto se refiere a derechos de contratación y alineación. Pese a ello, cada club de 1ª y 2ª podrá contar con 6 futbolistas extranjeros no comunitarios, de los que un máximo de 4 podrá coincidir sobre el césped.
1999 El sindicato de futbolistas (AFE), la patronal (LNFP) y el Consejo Superior de Deportes pactan reducir el número de extranjeros, conforme propugnaba la FEF. A partir de la temporada 2000-01 y hasta el ejercicio 2004-05, se recortan progresivamente esas fichas de este modo en 1ª división: 2000-01, 5 licencias permitidas y 3 alineaciones simultáneas; 2001-02 al 2003-04, 4 licencias y 3 alineaciones; 2004-05, 3 licencias. En 2ª división 4 licencias y 3 alineaciones simultáneas la campaña 2000-01; 3 licencias en el Campeonato 2001-02; 3 licencias y 2 alineaciones simultáneas la edición 2002-03; 2 licencias desde 2003 hasta 2005. Todo ello sin ninguna limitación para súbditos de países pertenecientes a la CEE o asimilados a efectos de la legislación laboral ordinaria.

El Mundial de Chile, primera comparecencia española en una fase final tras el 4º puesto logrado por Ramallets, Basora, Puchades, Gonzalvo, Zarra y compañía, doce años antes en Brasil, recibió a una selección nacional “reforzada” con Ferenc Puskas (húngaro), José Emilio Santamaría (uruguayo), Eulogio Martínez (paraguayo) y Alfredo Di Stéfano (argentino), todos ellos españolizados, fuere por gracia franquista, o en el caso de Santamaría acreditando ancestros españoles. España no pudo pasar de la primera fase, tras caer en Viña del Mar ante Checoslovaquia y Brasil, por 0-1 y 1-2, respectivamente, y derrotar a México con un raquítico 1-0. Di Stéfano, a quien ya empezaban a notársele los años, ni siquiera llegó a vestirse de corto, aquejado de la persistente lesión con que cruzara el charco, y un árbitro vendido, según demostrase la propia prensa carioca, depurado luego por la Federación de su país y autor de la anulación de un tanto que hubiera puesto las cosas muy difíciles a la “canarinha”, bien pudieron tener su parte en la decepción. De cualquier modo, España se clasificó última en su grupo e hizo las maletas el 7 de junio de 1962.

Titular de la prensa deportiva española, para la inesperada derrota del equipo nacional ante Checoslovaquia en Viña del Mar.

Por no variar, muchas campanas habían repicado antes de tiempo. Ese “chauvinismo” que tan fácilmente parece cruzar los Pirineos… Aunque, siquiera por una vez, el equipo nacional contaba con numerosas perlas: Luis Suárez, posiblemente el mejor organizador de juego europeo. José Emilio Santamaría, elegantísimo y entre los mejores del mundo en su puesto. Joaquín Peiró, un galgo tenaz, que como Paco Gento estaba en condiciones de desarbolar a cualquiera jugando al contraataque. Jesús Garay o Juan Segarra, serenidad y clase en el eje defensivo. Luis Del Sol, pulmón inagotable para la zona ancha. Puskas, que a sus 35 años seguía haciendo gala de un cañón en su pierna izquierda y aquel sprint de seis metros en el área, con el que parecía burlarse de sus marcadores. Enrique Collar, inmejorable relevo para el cántabro Gento. Adelardo, un meritorio que a la postre iba a ser el más destacado. Eulogio Martínez, a quien colgaron el remoquete de “Abrelatas” por su capacidad para encontrar intersticios en cualquier muralla… El caso es que, pese al previo revuelo de campanas, o quizás precisamente por tanta algarabía anticipada, ni en la Delegación Nacional de Deportes, ni desde “la superioridad”, se quiso andar con paños calientes, asumiendo el fracaso. Distintas voces, en cambio, señalaron a “los extranjeros” como parte del problema, a partir de la decepción inicial ante Checoslovaquia. Tanto desde la prensa escrita, como a viva voz, en las emisiones radiofónicas, hubo una rara unanimidad:

“Se hundieron todas las líneas, menos el portero”. “Faltos de mordiente, sin esa acometividad que siempre caracterizó a la selección”. “El seleccionador se queja del superprofesionalismo de algunos españoles, afirmando sin tapujos: Eso de la furia es ya un tópico”. “Martínez (refiriéndose a Eulogio, el paraguayo nacionalizado), pesado, torpe, no encontró nunca sitio para el disparo, olvidando, además, a sus compañeros”. “Vulgaridad y fracaso de la delantera de millones”. “Aunque el partido contra Méjico se ganó en el último minuto, y pese a que en el primer tiempo e incluso en parte del segundo estábamos seguros de la victoria española, llegó un momento en que perdimos toda esperanza. La candorosa inocencia de nuestra delantera en cuantas ocasiones tuvo para marcar -que fueron muchas-, nos habían decepcionado de tal manera que ya nos conformábamos con el empate, como mal menor”“En estas citas extraordinarias, han de sentirse los colores, y no todos lo hicieron de igual modo”. “Brasil puso la clase, Adelardo el tesón, la ilusión. Otros parecieron tomárselo como un trámite”. O “¿No cabría preguntarse cuántos jugadores españoles quedan reducidos a la medianía, porque tantos extranjeros como cada año llegan, les quitan el sitio?”.

Ni siquiera una victoria in extremis ante México, fue bien recibida por la prensa ante el mal juego de la selección.

El deportivo “Marca” incluso abrió una encuesta para sus lectores en el número del 9 de junio, encabezada por esta entradilla: “No se trata de hacer leña del árbol caído; se trata de averiguar por qué ha caído el árbol. La selección española se llevó a Chile las grandes esperanzas de todos los aficionados. Por esta vez no parecía que el milagro fuese el único punto de apoyo a las posibilidades del equipo nacional. Parecía, en cambio, que las ilusiones tenían un positivo y real fundamento. Sin embargo, ya conocen ustedes en qué ha quedado la aventura. Alguna causa tiene que haber, pues, para que ese árbol de la esperanza y la ilusión se haya venido estrepitosamente abajo. Vamos a contrastar el panorama desde todos los ángulos, sondeando todas las corrientes de opinión, desde la del puro y simple aficionado, sin otros intereses creados que los de su corazón, hasta la experta de los técnicos en la materia. Hemos elegido un personaje representativo de cada una de esas vertientes que flanquean el fútbol español. A ellos les iremos planteando las cuatro preguntas de nuestro cuestionario. Consideramos que en ellas está centrado el problema”.

Los primeros en ofrecer su opinión fueron el entonces popular actor de cine y teatro José Bódalo, cuya devoción balompédica era sobradamente conocida(1), Ramón Gabilondo, en su día también seleccionador, y un celebrado preparador físico, técnico “colchonero” y, casualidad o no, meses después nuevo seleccionador nacional, bajo cuya batuta “la roja” habría de conquistar el campeonato de Europa (1964), derrotando a la URSS en el estadio Santiago Bernabéu por 2-1: José Villalonga.

El cuestionario que por aquellos días animase tantas tertulias de café o mostradores de taberna, era éste:

1.- ¿Cómo juzga usted la actuación española en el Mundial de Chile?   

2.- ¿Qué causas determinan, en su opinión, que la ejecutoria de la selección no corresponda a la de los clubes en los Torneos internacionales?

3.- ¿Se han cometido errores graves en la preparación y selección del equipo nacional? En caso afirmativo, ¿cuáles?

4.- ¿Qué soluciones sugiere usted para el fútbol representativo español?

Si como tantas veces se ha dicho, cada aficionado al fútbol encierra en su pecho a un frustrado entrenador, muchos, pero que muchos españolitos de a pie, debieron pasarlo en grande.

El vespertino “Hierro”, por su parte, cerraba así un articulito bastante crítico, reproducido en otros medios falangistas:   

“Con todo, la culpa no es de H. H., ni de H. C., ni de las figuras. Reside en la desorbitación total de la selección. Ha jugado España contra enemigos fáciles, demasiado fáciles y, claro, se ha pensado que éramos los mejores. Y también estamos tan acostumbrados a valorar el fútbol por millones de pesetas, que no nos hemos dado cuente de que también los “otros” juegan, mientras el fútbol en España, dormido, se mece alegremente en esas cifras de muchos ceros”.

Otra muestra de la decepción con que los enviados especiales recogieran desde Chile un fiasco por demás inesperado.

“El Correo Catalán”, apuntando también de pasada a las estrellas millonarias del esférico, envidia de tantos compatriotas con 3.500 ó 4.000 pesetas de salario mensual, lanzaba sus venablos contra Helenio Herrera, tal como hiciese cuando se barajara su nombre para dirigir desde el banquillo a la selección. Y arreaba fuerte desde el principio:

“Durante todo el tiempo de preparación guardamos -si vale la palabra- patriótico silencio. Ahora, después del desgraciado papel de nuestra selección, cuando está todo liquidado, es lógico que expresemos nuestra repulsa a una rara política. No es cebarnos con el vencido -porque hay muchas formas de perder-, cuando antes advertimos lealmente, con palabras de los propios italianos… de cuyo país llegó pimpante el señor Herrera, con un contrato de mil duros diarios en el bolsillo.

Herrera, se ha dicho, fue llamado para la selección nacional porque era el entrenador ideal para un torneo breve. Afirmación gratuita e inconsistente. ¿Qué ha hecho el señor Herrera en dos años? Ha guiado al Inter, llevándolo hasta el extremo de sus fuerzas, vaciado de energías, incapaz de reaccionar en la fase más importante y decisiva del campeonato. Si se ha pensado en atribuir un mérito a Herrera, porque ponía rápidamente en forma, se le atribuía en realidad una grave condena técnica. (…) Herrera ha comenzado a trabajar al principio de la temporada con hombres frescos, que llevaban por lo menos dos meses de vacaciones. Al revés, de cara al campeonato del mundo, nos encontramos con hombres probados, agotados, hundidos por una temporada durísima. La preparación debía ser distinta, pero Herrera es un entrenador que no conoce el punto medio.

Y todo ha ocurrido como se esperaba. Primer culpable este señor de sainete, anacrónico y dicharachero, al que sólo falta el hongo, el pañuelo de seda blanca al cuello y el “amos anda” para ser un personaje de Arniches, que fue nombrado seleccionador nacional arrancándole del nirvana de su negocio, donde moraba desconectado de la actualidad futbolística. Él fue quien montó un equipo de superprofesionales y de semiextranjeros, con más años que los pensionistas de I. N. P., válidos para un club en competiciones largas, porque su clase es indudable, pero sin el corazón que se necesita para defender un pabellón deportivo nacional. Él fue quien lo impuso, creyendo, contra la opinión de los sensatos, que era un hombre para competiciones cortas. ¿Cómo se iban a galvanizar unos hombres que sólo piensan en millones, y que no podían tomarse en serio, por tener ya la sensibilidad endurecida, los trucos psicológicos del famoso preparador? Lo que hizo fue dejar sin aliento a los más veteranos, que en el primer partido contra Checoslovaquia echaron los bofes sobre el terreno de Viña del Mar, intentaron una resurrección ante Méjico, ganando de milagro en los últimos segundos, y quisieron demostrar ante Brasil, en el momento heroico del ¡ahí queda eso!, que con el corazón aún se podía quedar como un señor.

Helenio Herrera es hombre de inicios de competición, cuando los jugadores, con las vacaciones recién terminadas, pueden ser estrujados libremente. Helenio Herrera tenía que fracasar con hombres cansados por la Liga, la Copa, la Copa de Europa, la de Ferias y la Recopa”.  

Aquella crítica demoledora concluía sin rebajar el tono, apuntando sin citarlo hacia Benito Picó, el máximo responsable federativo, al fin al cabo quien autorizara la designación de H. H. como seleccionador mundialista, y a la silueta de Pablo Hernández Coronado, jefe de expedición y mano a mano con “El Mago” autor de la lista de seleccionados:

“¿Conservadurismo? ¿Por qué no? Del Sol, 40 millones. Suárez, 25 millones. Gento, los que quieran. Y Puskas y Eulogio Martínez… convertido además en fantasma por el “metrecalesco” Herrera.

La euforia con que este viñetista ilustrase el triunfo ante México, apenas duró 72 horas. El suplente de Pelé habría de consumar la desilusión que algunos medios ya anticiparan. 

Porque a tiempo dimos la voz de alarma, ahora escribimos así. No somos de los que sienten el honor nacional ofendido. Pero sí el deportivo, que también merece sus respetos. Ahora, a las palabras catastróficas que también empiezan por hache, como huracán, hecatombe, hidropesía, hachazo, hemorragia, hipocresía y horca, tendremos que añadir las de Hernández (Coronado) y Herrera (Helenio). Se han ganado a pulso un lugar entre las mismas”.

La euforia con que este viñetista ilustrase el triunfo ante México, apenas duró 72 horas. El suplente de Pelé habría de consumar la desilusión que algunos medios ya anticiparan. 

Tan sólo un apunte sobre Hernández Coronado, autoridad sin parangón en nuestro fútbol desde los años 20 hasta el inicio de los 70. Futbolista pleistocénico, federativo, ponente en las asambleas que dieron paso a la declaración del profesionalismo; secretario técnico, periodista chispeante, socarrón y a menudo hiriente; seleccionador nacional en dos ocasiones y media, contando su papel en Viña del Mar, y autor de una frase tan provocadora como ingeniosa, después de caer derrotado como seleccionador ante el equipo portugués: “Acabo de pasar a la historia como primer seleccionador que perdió contra Portugal”. Su talento, capacidad crítica y finura humorística, quedó reflejada en el libro “Cosas del fútbol”, que entregara a la imprenta en 1955. Casi un tratado filosófico entre broma y de veras, radiografiando al mundillo del balón. Páginas todavía vigentes, pese al tiempo transcurrido y lo mucho que en apariencia ha evolucionado el universo balompédico.     

La diatriba venía servida en bandeja y, para colmo, obviamente sin pretenderlo, nuestra selección había puesto a chirriar la alarma en el seno de la FIFA. ¿Qué era eso de que Santamaría compitiera primero en un Mundial como uruguayo, y luego como español? Di Stéfano, Puskas y Eulogio Martínez también habían sudado dos camisetas distintas en competiciones internacionales. Y puestos a rizar el rizo, Kubala, otro con parada y fonda en España, los había superado representando a tres países. Si no se ponía coto al compro-cambio-vendo de banderas, cualquier nación rica o manirrota acabaría conformando equipos imbatibles, adquiriendo primero y nacionalizando después, a cuantos astros del cuero se les antojara. De modo que hallándose aún la pelota en juego, tuvieron lugar filtraciones anticipando que en el futuro la barra libre iba a cerrarse con doble candado.

Hubo, como es natural, discrepancias en los países abiertos a la importación futbolística. E incluso entre quienes nutrían aquel tráfico. Léase clubes sudamericanos, de Paraguay, Uruguay, Argentina, Perú o Chile, acostumbrados a cuadrar balances empaquetando hacia Europa a sus más firmes valores. Aunque por cuanto respecta a la opinión pública nacional, en buena medida dirigida desde los medios informativos, el aplauso resultó poco menos que unánime. Algunas destacadas figuras jurídicas ofrecieron su opinión respecto a si cabía o no en la legalidad el proyecto de la FIFA. El malagueño Antonio Guerrero Burgos, profesor de Derecho Internacional en la Universidad de Madrid, abogado en ejercicio, conferenciante, publicista y jurídico militar, fue uno de ellos. Y no podía mostrarse más partidario de poner coto al mercadeo:

“A ese respecto se ha dicho que el ordenamiento jurídico inglés no puede estimar que son súbditos de su graciosa majestad todos los hombres altos, rubios, que suelen fumar en pipa y tomar el té a las cinco. De igual modo, nuestro ordenamiento no puede considerar españoles a todos los hombres morenos, de mediana estatura, generalmente con mal genio, que cenan tarde y dicen “tacos”. Ni el italiano, a futbolistas de reconocida valía internacional. La nacionalidad no puede constituir una ficción jurídica, ni la nacionalización adquirirse en fraude de Derecho Internacional. Puede servir de ejemplo el caso del alemán Notteboh, residente en Guatemala, donde gozaba de importantes bienes, que en 1938, previendo la posibilidad de un estallido bélico en su país, y las inevitables consecuencias pecuniarias para él, puesto que se movía en el ámbito de influencia estadounidense, obtuvo la nacionalidad de Liechtenstein. No obstante, pese a ese cambio, al considerársele enemigo le fueron confiscadas sus propiedades. Concluida la guerra se produjo la reclamación diplomática de Liechtenstein a Guatemala, resuelta por el Tribunal Internacional de Justicia al sentenciar que la nacionalidad ha de ser efectiva; que no basta la naturalización, y en consecuencia aceptaba las medidas impuestas por el gobierno guatemalteco. Dicho de otro modo, es necesario que existan vínculos reales con el país de origen. Desde tal perspectiva, carecen de cabida no ya los oriundos, sino los hijos de padres españoles pertenecientes a la cuarta generación con residencia en el exterior. De manera que la todavía vigente normativa impuesta por la FIFA, no sólo resulta anacrónica, sino en extremo generosa. Existen problemas como la doble nacionalidad, la nacionalidad materna, o incluso los apátridas, que abrirían las puertas al fraude de Derecho Internacional. Algo que la nacionalidad efectiva pretende evitar”.  

Otra visión del equipo español en el Mundial de 1962. Tomándose el reto como unas vacaciones en la turística localidad chilena de Viña del Mar.

Como ya se ha dicho, en 1964, justo cuando los “oriundos” en teoría iban a tener mucho más difícil acceso a nuestro fútbol, y los extranjeros con un contrato ya vencido no podrían renovarlo, nuestra selección nacional dirigida por Villalonga, rejuvenecida, sin jugadores nacionalizados y en suma distinta a la de dos años antes, aunque igualmente alineara a millonarios, conquistaba su primer torneo internacional. La euforia, a veces, carga algunas lenguas con pólvora negra, como le ocurriera a un directivo de Benito Picó, todavía presidente federativo. Porque cediendo a la tentación de ajustar cuentas, se explayó así: “Éste es un triunfo sufrido, después de todo lo que se escribió tras el borrón de Chile, donde las cosas no salieron como esperábamos. Quiero creer que quienes entonces se extralimitaron en sus críticas, ahora reconozcan los méritos. Que sean capaces de alegrarse con los éxitos del país, como buenos españoles. Porque este triunfo es de los jugadores, de la Federación y del público que ha llenado el graderío. Incluso de quienes tanto nos criticaron entonces”.

Probablemente haya métodos mejores para acercar posturas o estrechar lazos. Y no es descartable que más adelante se escudera en la mala interpretación de sus palabras. 

Benito Picó y su junta directiva cesaron el 20 de enero de 1967, luego de que los vigentes campeones de Europa abandonasen el Mundial organizado por Inglaterra con sendas derrotas ante Argentina y Alemania Federal, y una vitoria ante Suiza. Más o menos de forma tan decepcionante como en Chile, aunque Manuel Sanchis Sr. marcara uno de esos goles fruto del coraje y la furia, tan de otra época, que a falta de mejor bocado parte de la afición celebró como lenitivo.

Pero, ¿en qué se tradujo el cerrojazo importador y las nuevas cortapisas para la captación de oriundos, durante ese periodo? El siguiente desglose pude aportar una visión de conjunto. Al término del campeonato 1962-63, estos eran los foráneos de 1ª y 2ª División, club por club, conforme a la clasificación final y etiquetados según la R.F.E.F. los definiera; como españoles -reconocimiento otorgado a los oriundos-, o extranjeros.

Club Jugador Nacionalidad Condición
REAL MADRID
REAL MADRID José E. Santamaría uruguayo oriundo
REAL MADRID Lucien Müller francés extranjero
REAL MADRID Ferenc Puskás húngaro nacionalizado
REAL MADRID Alfredo Di Stéfano argentino nacionalizado
REAL MADRID Evaristo de Macedo brasileño extranjero
REAL MADRID Yanko Daucik checoslovaco nacionalizado
REAL MADRID Tore Simonsson sueco extranjero
AT. MADRID
AT. MADRID E. M. Madinabeytia argentino oriundo
AT. MADRID Jorge B. Griffa argentino oriundo
AT. MADRID Ramiro Rodrigues brasileño oriundo
AT. MADRID Jorge A. Mendonça portugués extranjero
REAL OVIEDO
REAL OVIEDO J. M. Sánchez Lage argentino oriundo
REAL OVIEDO Joao Jorge brasileño extranjero
REAL OVIEDO José Miguel Solé (=) argentino oriundo
REAL OVIEDO Carlos A. Álvarez argentino oriundo
REAL OVIEDO Newton J. Livinho brasileño extranjero
REAL VALLADOLID
REAL VALLADOLID Mario Rolando Pini uruguayo extranjero
REAL VALLADOLID Eduardo B. Endériz uruguayo oriundo
REAL VALLADOLID José Rodríguez uruguayo extranjero
REAL VALLADOLID Juan Miguel Solé (=) argentino oriundo
REAL VALLADOLID Héctor R. Aramendi argentino oriundo
REAL ZARAGOZA
REAL ZARAGOZA José Sigfrido “Sigi” peruano extranjero
REAL ZARAGOZA Juan R. Seminario peruano oriundo
REAL ZARAGOZA Ad. Barbosa “Duca” brasileño extranjero
BARCELONA
BARCELONA Cayetano Re paraguayo oriundo
BARCELONA R. A. Villaverde uruguayo oriundo
BARCELONA Julio César Benítez uruguayo oriundo
BARCELONA Luis A. Cubilla uruguayo oriundo
BARCELONA Sándor Kocsis húngaro nacionalizado
BARCELONA Tivor Szalay húngaro nacionalizado
BARCELONA A. V. Silveira uruguayo oriundo
BARCELONA Fernand A. Goyvaerts belga extranjero
VALENCIA C. F.
VALENCIA F. A. “Chicao” brasileño extranjero
VALENCIA Waldo Machado brasileño extranjero
VALENCIA Héctor Núñez uruguayo oriundo
VALENCIA Decio Q. Recamán (=) brasileño oriundo
VALENCIA José Raúl Aveiro (=) paraguayo oriundo
ELCHE C. F.
ELCHE Juan C. Lezcano paraguayo oriundo
ELCHE Juan A. Romero paraguayo oriundo
ELCHE Eulogio Martínez paraguayo nacionalizado
ELCHE Héctor O. Ramos uruguayo oriundo
ELCHE José E. G. Cardona hondureño oriundo
ELCHE José M.ª Pellejero (=) argentino oriundo
ELCHE Juan C. Forneris (=) argentino oriundo
REAL BETIS
BETIS H. Senekowitsch austriaco extranjero
BETIS Janos Kuszmann húngaro nacionalizado
BETIS Liert Rosa Da Silva brasileño extranjero
SEVILLA C. F.
SEVILLA Darcy S. “Canario” brasileño extranjero
SEVILLA Ignacio Achúcarro paraguayo oriundo
SEVILLA Juan B. Agüero paraguayo oriundo
SEVILLA Juan C. Diéguez argentino oriundo
CÁDIZ / GRANADA / TENERIFE / CARTAGENA
CÁDIZ Máximo Mosquera peruano oriundo
CÁDIZ Peter Ilku húngaro nacionalizado
GRANADA Mohammed “Jdidi” marroquí extranjero
GRANADA Abel Morán “Pontoni” argentino oriundo
GRANADA Juan C. Forneris (=) argentino oriundo
TENERIFE Carlos C. Correa uruguayo oriundo
CARTAGENA Alberto José Oliva argentino oriundo

Aparecen con asterisco los jugadores que cambiaron de club durante la temporada. Los hermanos Jorge Alberto y Fernando Manuel de Mendonça Paulino poseían la nacionalidad portuguesa, aun habiendo nacido en Angola, porque tanto ese territorio, como Mozambique, eran entonces colonias lusas.

Las entidades de 1ª o 2ª División sin oriundos o extranjeros en sus planillas fueron: At. Bilbao, Club At. Osasuna, Pontevedra, Real Sociedad, R. C. Celta, R. Gijón, Deportivo Alavés, S. D. Indauchu, Burgos C. F., U. D. Salamanca, C. D. Basconia, C. D. Sabadell, Real Murcia, Recreativo de Huelva, C. D. Eldense, Hércules, Melilla C. F., C. D. San Fernando, Real Jaén, Sevilla Atlético y Plus Ultra. Curiosamente, entre los seis descendidos, cinco no contaron con refuerzos procedentes del exterior: Osasuna, Basconia, Sabadell, Sevilla Atlético y Plus Ultra. Y tampoco lograron eludir el infierno de 3ª División en la fase de permanencia, el Cartagena, Real Jaén y Atlético Baleares, este último en un partido de desempate ante el Algeciras.

Por cuanto respecta a los ascendidos, el Real Murcia incorporaría para el siguiente ejercicio a cuatro foráneos; el húngaro Szalay, el argentino Solé y los costarricenses Cayaca y Juan Alberto Garita, ambos para ver demasiados partidos desde la grada. El Pontevedra, con el decepcionante uruguayo Alfredo Sosa, retornaba de inmediato a la división de plata. La U. D. Levante, pese a la mínima aportación de su segundo brasileño, Almir Borges, obtuvo un sorprendente 10º puesto entre los grandes. El Hércules, club que más adelante iba a picotear compulsivamente en el fútbol transoceánico, contrató para el ejercicio 1963-64 al paraguayo de Itauguá Fulgencio Santander, que por cierto tuvo pocas, aunque paupérrimas actuaciones. De manera que, vistas las cosas en crudo, sin otro apoyo que la pura estadística, parecía sustentarse la teoría de que contar con extranjeros u oriundos aportaba un plus. Nada extraña, por tanto, la rápida propagación de aquel sarampión importador, aunque como afirmase Arturo Bogossian, uno de los más activos proveedores del momento, hubiese que traer futbolistas desde América disfrazados de monjas.

Huelgan comentarios sobre el carácter con que fueron inscritos esos futbolistas. Mayoritariamente como oriundos, es decir, como supuestos descendientes de españoles. Y otro buen puñado, luego de ser admitidos como extranjeros decidieron nacionalizarse, dejando libre en sus clubes una plaza con vistas a la posible adquisición de otro foráneo. Los húngaros constituían excepción, puesto que se les convirtió en españoles por vía de extrema urgencia, antes de incorporarse a sus clubes. Llegaban huyendo de una revolución en su país, resuelta con su absoluto aplastamiento. Tanques y baterías rusos arremetieron contra edificios públicos o civiles, en torno a 30.000 húngaros pasaron por la cárcel, y parte de ellos por los gulags soviéticos. En suma, su disidencia del comunismo los convirtió en héroes para el régimen franquista, amén de ser utilizados como elemento propagandístico. Los extranjeros puros eran muy minoritarios.

El pragmatismo de Orbegozo, autor de este chiste, no pareció contagiar a las directivas de nuestros clubes. Continuaron apostando por el producto extranjero, pese a las dificultas impuestos por la D.N.D., a raíz de la prohibición importadora. 

Ante tal panorama, se antojan lícitas unas reflexiones. ¿Cómo no escamó a nadie semejante proliferación de oriundos? Casi todos los compatriotas emigrados tendrían que haber colocado un balón en la cuna de sus vástagos, antes que el chupete. Considerando, además, que cuando menos en teoría sólo ingresaban en nuestro campeonato jugadores destacados, en sus países de procedencia debían quedar muchos más oriundos carentes del nivel exigido. Era un sinsentido semejante patraña. La voracidad de nuestros clubes era tanta, y tan escasa la ética profesional de los correveidiles, representantes y chamarileros, que la existencia de falsificaciones documentales por fuerza fue bastante anterior al umbral de los años 70, cuando suele fecharse tan aviesa praxis. Porque, además, fuera del fútbol profesional también hubo foráneos, a los que únicamente se facilitó ficha amateur, en principio para los restos.

Todos los citados a continuación fueron registrados como novedad, cara al campeonato 1962-63.  O sea que debutaban en nuestros torneos:

Máximo Schreiber Christ, con nacionalidad alemana y naturaleza española (S. D. Flix); René Nielsen Frimand, danés de nacionalidad y naturaleza, así como el panameño Sebastián Comnay Murga (ambos C. D. San Felipe); Jun Manuel del Río Gómez, mexicano, y Jorge Arriola Müller, peruano de nacionalidad y naturalizado alemán (Cultural de Guarnizo); el costarricense Carlos Martínez Moya (Burjasot C. F.); Mario Colombo Soler, italiano, aunque naturalizado español (C. D. Jávea); el venezolano Rafael Ignacio Naranjo Silva (Europa Delicias de Valladolid); José Joaquín Amieva Gutiérrez, mexicano de nacionalidad y naturaleza (Inmaculada); Carlos Gabriel Granda Cabrera, guatemalteco (Pumarín C. F.); Alfredo Juan Cabero Aguirre, peruano (C. D. Ballesteros); Juan José Calle Rodríguez, chileno (C. F. Loyola); Carmelo Roda García, nacido en Marruecos, pero español inscrito como tal, puesto que naciera en tiempos del Protectorado (Xixona C. F.); Pablo Riera Juliá, argentino (C. D. Universitario); Ramón Gutiérrez Barquín, mexicano (Rayo Cantabria); José Migdonio Canseco Tavara, peruano (Inter C. F.); Mario Trueba Rico, cubano (Estrella); Félix Cué Fernández, cubano igualmente (Toluca); Ángel Villanueva Gutiérrez, mexicano (C. D. Pamplona); José Luis Caso Peláez, también mexicano (Inmaculada de Gijón).

Y como siempre ocurría, se produjeron varios rechazos, por muy diversas razones, casi todas relacionadas con serias reservas, cuando no fundadas sospechas sobre la documentación aportada a los miembros del Comité. Fueron los casos de Adolfo Godoy Beccaz, procedente de la Federación Chilena y frustrado “fichaje” del Cartagena, cuya nacionalidad y naturaleza se antojaran “no suficientemente acreditadas”; del danés Erling Vidstein Levit -también citado como Larit-, que el 1 de setiembre de 1962 le fuera denegado al mallorquín At Baleares; o el hondureño Guillermo Guerrero Máximo, a quien tratara de inscribir el barcelonés C. D. Europa.

La curiosidad más llamativa es que al peruano “Sigi” tan sólo se le otorgó ficha amateur, sin duda por carecer de currículo profesional en su país, puesto que el intermediario de turno lo extrajo poco menos que de un equipo colegial. Era muy joven, de aspecto endeble, pero dotado de tanta técnica como falto de fuelle, pese a lo cual el antiguo ariete César Rodríguez, entrenador mañico, lo mantuvo en el primer elenco. En buena hora, puesto que anotaría 8 goles en 18 partidos.     

Para gozar de una panorámica más concluyente, hemos de comparar estos datos con los de la campaña 1964-65, cuando ya no se podían fichar extranjeros, y estaban a unos meses de efectuar la mudanza aquellos cuyos contratos expirasen. Éstos fueron los futbolistas foráneos, y su tipificación federativa, que en varios casos ofrecía variantes respecto a la anterior.

Club Jugador Nacionalidad Condición
REAL MADRID
REAL MADRID José E. Santamaría uruguayo oriundo
REAL MADRID Lucien Müller francés extranjero
REAL MADRID Ferenc Puskás húngaro nacionalizado
REAL MADRID Evaristo de Macedo brasileño extranjero
REAL MADRID Yanko Daucik (=) checoslovaco nacionalizado
AT. MADRID
AT. MADRID E. M. Madinabeytia argentino oriundo
AT. MADRID Jorge B. Griffa argentino oriundo
AT. MADRID Ramiro Rodrigues brasileño oriundo
AT. MADRID Jorge A. Mendonça portugués extranjero
AT. MADRID José E. Cardona hondureño oriundo
AT. MADRID Eulogio Martínez paraguayo nacionalizado
AT. MADRID Enrique Mario Vega peruano oriundo
AT. MADRID Alejandro Fretes paraguayo oriundo
REAL ZARAGOZA
REAL ZARAGOZA Darcy S. “Canario” brasileño extranjero
REAL ZARAGOZA Adrualdo Barbosa “Duca” brasileño extranjero
REAL ZARAGOZA Eduardo B. Endériz uruguayo oriundo
REAL ZARAGOZA José Sigfrido “Sigi” peruano extranjero
VALENCIA C. F.
VALENCIA F. A. “Chicao” brasileño extranjero
VALENCIA Waldo Machado brasileño extranjero
VALENCIA Héctor Núñez uruguayo oriundo
VALENCIA José M. Sánchez Lage argentino oriundo
CÓRDOBA C. F.
CÓRDOBA César Cabrera Santacruz paraguayo oriundo
CÓRDOBA Rubén Garcete “Rubens” paraguayo oriundo
BARCELONA
BARCELONA Cayetano Re paraguayo oriundo
BARCELONA Fernand A. Goyvaerts belga extranjero
BARCELONA Julio César Benítez uruguayo oriundo
BARCELONA Juan R. Seminario peruano oriundo
BARCELONA Sándor Kocsis húngaro nacionalizado
ELCHE C. F.
ELCHE Juan C. Lezcano paraguayo oriundo
ELCHE Juan A. Romero paraguayo oriundo
ELCHE Juan C. Forneris argentino oriundo
ELCHE Héctor O. Ramos uruguayo oriundo
SEVILLA C. F.
SEVILLA Ignacio Achúcarro paraguayo oriundo
SEVILLA Juan B. Agüero paraguayo oriundo
SEVILLA Juan C. Diéguez argentino oriundo
SEVILLA Pedro Antonio Cabral paraguayo oriundo
R. C. D. ESPAÑOL
ESPANYOL Laszló Kaszás húngaro nacionalizado
ESPANYOL Alfredo Di Stéfano argentino nacionalizado
ESPANYOL Janos Kuszmann húngaro nacionalizado
ESPANYOL Ignacio M. Bergara I uruguayo extranjero
ESPANYOL Mohamed Selam Riaji marroquí extranjero
ESPANYOL “Branko” Kubala checoslovaco nacionalizado
OTROS CLUBES
LEVANTE Wanderley Machado brasileño extranjero
DEPORTIVO Oscar Montalvo peruano extranjero
DEPORTIVO Domingo Arcángel (=) argentino oriundo
HOSPITALET Felipe Mesones argentino oriundo
HOSPITALET Jaime C. Ramírez chileno ya nacionalizado
HOSPITALET Florencio Amarilla paraguayo oriundo
EUROPA Ramón S. Carranza argentino oriundo
EUROPA Fernando N. Salgado argentino oriundo
ORENSE Mariano E. Leardi argentino extranjero
MALLORCA Héctor R. Aramendi argentino oriundo
MALLORCA A. Daniel Bergara II uruguayo extranjero
MÁLAGA Evaristo Sande argentino oriundo
MÁLAGA Abdallah Ben Barek marroquí extranjero
VALLADOLID Mario Rolando Pini uruguayo extranjero
VALLADOLID Juan M. Solé argentino oriundo
VALLADOLID José Rodríguez Suárez uruguayo extranjero
HÉRCULES Fulgencio Santander paraguayo oriundo
CEUTA Mohamed “Jdidi” marroquí extranjero
CALVO SOTELO Constantino S. Mohor chileno oriundo
ALGECIRAS Alberto César Nelli argentino oriundo
MELILLA Yanko Daucik (=) checoslovaco nacionalizado
CONSTANCIA Armando Castilla uruguayo extranjero
ONTENIENTE José Raúl Aveiro paraguayo oriundo
ONTENIENTE Leif Eigil Poulsen danés extranjero

Nuevamente los marcados con asterisco estuvieron en dos equipos durante el campeonato. Por lo tocante a licencias amateurs otorgadas a “extranjeros”, que en realidad tampoco eran tales en algunos casos, a tenor de la legislación vigente, se incluye el resumen adjunto, con fecha de alta federativa, cuando esta se conoce, y club interesado en incorporarlo:

Futbolista Naturaleza Nacionalidad Inscripción Club
Juan Carlos Luengo Gilli Argentina Argentina 1-XII-1964 C. D. Pegaso
Eliseu Manuel Mendonça Paulino Portuguesa Portuguesa 11-II-1965 At Madrid
Noel Lwrycke Paquet Congo Belga Belga 4-III-1965  
Luis Gómez López Francesa Española 17-IV-1965 C. D. Hesperia
Ricardo Piñol Campobarde Francesa Francesa 15-XII-1964 C. D. Sabadell
Jorge Fernando Payés Margarit Argentina Argentina 17-IV-1965 C. Tenis Buzino
Ricardo Pérez Carbonell Venezolana Venezolana 11-VI-1965 C. F. Barcelona
Jorge G. Honnorat Almira Francesa Francesa 4-II-1965 F. C. Andorra
Pedro Fco. Fornero Vallés Española Italiana 4-II-1965 C. F. Barcelona
Pedro Füllermann Lohse Española Alemana 4-II-1965  
Carlos Füllermann Lohse Española Alemana 4-II-1965  
Klaus Dieter Andreas Seemann Alemana Alemana 10-II-1965 U. D. Orotava
Jorge Alberto Castro Thiem Argentina Argentina 10-II-1965  
Juan Miguel Madariaga Aguirre Mexicana Mexicana 10-II-1965 S. D. Begoña
Luis Fernando García Couto Portuguesa Portuguesa 10-II-1965  

La reducción de futbolistas procedentes del exterior era patente sobre todo en la categoría de plata, puesto que entre los 16 englobados en el Grupo Norte, tan sólo Hospitalet, C. D. Europa y C. D. Orense contaban con algún extranjero u oriundo. En el Grupo Sur disponían de ellos R. C. D. Mallorca, C. D. Málaga, Real Valladolid, Hércules alicantino, At Ceuta, Calvo Sotelo de Puertollano, Granada, Recreativo de Huelva, Algeciras, Constancia de Inca y Onteniente; es decir, once contra cinco. En 1ª División también fueron cinco, entre dieciséis, quienes parecían apostar por el producto autóctono: At. Bilbao, U. D. Las Palmas, Betis, Murcia y Oviedo.  

La medida coercitiva mostraba su efecto. Ochenta futbolistas foráneos en nuestras dos categorías profesionales durante el ejercicio 1962-63, y 66 en el correspondiente a 1964-65. Aunque esa disminución llevara en parte al engaño, habida cuenta que recaía en los extranjeros puros cuando, por no dar la talla o haber expirado sus contratos, tomaban las de Villadiego. Mal negocio para los feriantes de ambos lados del océano, y fiasco para los clubes de allende el océano y sus propios futbolistas, pues la diferencia económica media entre competir en Paraguay, Uruguay, Perú, Chile, y en menor medida Argentina, o hacerlo por nuestros lares, rondaba la proporción de 1 a 3. Dos añitos trotando por la piel de toro, a poco bien que dieran las cosas equivalían a 6 ó 7 campañas batiéndose el cobre en las entidades de procedencia. Así que tanto el interés de los buhoneros balompédicos, como el de las juntas directivas sudamericanas o el sueño contable de muchos jóvenes habilidosos, acabaría cuajando en un plan que ni siquiera tenía mucho de novedoso, al haberse utilizado antes, si la ocasión lo requería. Como reza un tango por esa época muy en boga: “El músculo duerme, la ambición trabaja…”

Y esa ambición alumbró un soberano tocomocho.

Sandor Kocsis Péter, una de las estrellas del Honved de Budapest, fue uno de los húngaros que encontraron refugio en España, obteniendo la nacionalización como fugitivo del comunismo. En Barcelona lo apodaron “Cabecita de Oro”, por la facilidad y potencia de sus remates. Desgraciadamente para la afición “culé”, llegó con 29 años, después de haber dado lo mejor de sí en su país natal. Para colmo, el destino también le reservaba una celada, puesto que aquejado de un cáncer eligió su final en julio de 1979, sin haber cumplido la cincuentena.

Siendo los oriundos único resquicio para proveer de futbolistas a los clubes españoles, tocaba remangarse y conseguir papeles para quienes tuvieran la imprescindible calidad, fueren o no descendientes de la madre patria. En 1965, algunos sabían de sobra dónde y cómo hacerlo, puesto que se habían adentrado por el terreno de la falsificación documental, cuando el club empeñado en hacerse con la perla de turno contara con su cupo de extranjeros cubierto. Eso, por cuanto afectaba al reciente pasado, puesto que a quienes llegaron diez años atrás, nadie los miró al trasluz. Se dio por sentado que, con la verja aduanera abierta de par en par, sería absurdo colocar mercancía adulterada. Fue durante el breve periodo de “ley seca” comprendido entre 1953 y 1956, cuando al intermediario Arturo Bogossian lo pillaron in fraganti. ¿Acababa de descubrir un atajo, o llevaba utilizándolo desde tiempo atrás? Como poco, quedó la duda sobre si alguno entre quienes adujeron ser descendientes de Cataluña, Galicia, Baleares, La Mancha o Andalucía, en verdad lo fueran. Lo que sí consta, es que en algún momento de 1965, mientras la creciente clase media europea se tostaba al sol en los arenales de Pollensa, Magaluf, Calella, Peñíscola, Gandía, Benidorm y Torremolinos, al otro lado del océano sonó el pistoletazo de salida, consagrando el ¡a mí no me vais a chafar este negocio! El en su día denominado timo de los paraguayos echaba a andar. De puntillas, primero, más airoso en cuanto sus practicantes fueron cobrando confianza, y finalmente derribando puertas a patadas, aunque sobre ellas luciese el cartelito de “sírvase llamar”.

Basta la consulta del siguiente cuadro, reflejando el desglose de foráneos la temporada 1968-69, cuando no se podía fichar futbolistas extranjeros, para extraer conclusiones. Como siempre, se respeta el orden clasificatorio tras la disputa de los 30 partidos ligueros. Y el lector meticuloso observará que la nacionalidad de algunos ya había cambiado, acomodándose a los nuevos tiempos.

Club Futbolista Nacionalidad Condición
REAL MADRID Miguel Pérez Argentino Oriundo
BARCELONA Pedro Fernández Paraguayo Oriundo
BARCELONA Jorge A. Mendonça Portugués Nacionalizado
SABADELL Mario Rolando Pini Uruguayo Nacionalizado
SABADELL Juan Roberto Seminario Peruano Nacionalizado
VALENCIA Waldo Machado Brasileño Nacionalizado
VALENCIA Julián Aníbal Pérez Paraguayo Oriundo
VALENCIA Vicente Anastasio Jara (=) Paraguayo Oriundo
AT. MADRID Jorge Bernardo Griffa Argentino Nacionalizado
AT. MADRID José E. Gutiérrez Cardona Hondureño Nacionalizado
GRANADA C. F. Valeriano Ferreira Paraguayo Oriundo
ELCHE C. F. Juan Carlos Lezcano Paraguayo Oriundo
ELCHE C. F. Ricardo González Paraguayo Oriundo
ELCHE C. F. Genaro B. García Rivas Paraguayo Oriundo
ELCHE C. F. Juan Gualberto Casco Paraguayo Oriundo
ELCHE C. F. José S. Martínez “Sigi” Peruano Nacionalizado
R. C. D. CORUÑA Inocente Domínguez Gaona Paraguayo Oriundo
R. C. D. CORUÑA Joaquín Ramón Martínez (=) Paraguayo Oriundo
R. C. D. CORUÑA Adolfo Martínez “Pedernera II” Argentino Oriundo
PONTEVEDRA C. F. Juan Fco. Riveros (=) Paraguayo Oriundo
REAL ZARAGOZA Armando Martín Suárez Argentino Oriundo
C. D. MÁLAGA Sebastián Fleitas Miranda Paraguayo Oriundo
C. D. MÁLAGA Pedro Antonio Cabral Paraguayo Oriundo
C. D. MÁLAGA César Cabrera Paraguayo Oriundo
C. D. MÁLAGA Wanderley Machado Brasileño Nacionalizado
R. C. D. ESPAÑOL Cayetano Re Paraguayo Nacionalizado
R. C. D. ESPAÑOL Fco. Romero Vázquez Paraguayo Oriundo
CÓRDOBA C. F. Juan Carlos Rojas Paraguayo Oriundo
CÓRDOBA C. F. Vicente Anastasio Jara (=) Paraguayo Oriundo
SEVILLA C. F. Emilio Antonio Pazos Argentino Oriundo
SEVILLA C. F. A. Daniel Bergara II Uruguayo Nacionalizado
SEVILLA C. F. Eduardo Bibiano Endériz Uruguayo Oriundo
R. C. CELTA Gabriel Lezcano Paraguayo Oriundo
R. C. CELTA Juan Fco. Riveros (=) Paraguayo Oriundo
R. C. D. MALLORCA Juan Carlos Forneris Argentino Oriundo
R. C. D. MALLORCA Darcy Silveira “Canario” Brasileño Nacionalizado
R. C. D. MALLORCA Antonio Benjamín Cáceres Paraguayo Oriundo
R. BETIS Omar Raúl Rodríguez Argentino Oriundo
RAYO VALLECANO Yanko Daucik Checoslovaco Nacionalizado
REAL OVIEDO José Carlos Diéguez Argentino Oriundo
ALCOYANO Domingo Arcángel Argentino Oriundo
C. D. ILICITANO Juan Ángel Romero Paraguayo Oriundo
C. D. ILICITANO Benicio Luis Aranda Paraguayo Oriundo
C. D. MESTALLA Joaquín Ramón Martínez (=) Paraguayo Oriundo

Los que compitieron en más de un club a lo largo del ejercicio, vuelven a figurar con asterisco.

También pertenecía a la plantilla del Valencia C. F. Jorge Cayuela Peiró, natural de Badalona y emigrado a Bélgica con sus padres, donde cuajó como futbolista. Su llegada a nuestros campeonatos tuvo lugar desde el Anderlecht, de Bruselas, entonces club poderoso en el concierto europeo.

Pedro Antonio Cabral Filartiga, nacido en Itaugúa, según la documentación aportada, fue inscrito en la R.F.E.F. como uruguayo el 3 de agosto de 1963, cuando fuera fichado por el Sevilla C. F. en condición de oriundo. Hasta su fallecimiento, el 3 de octubre de 1994, con 54 años, sostuvo su condición de natural de Paraguay, aunque eso sí, descendiente de españoles por vía paterna. A Omar Raúl Rodríguez únicamente se le había otorgado ficha amateur cuando fuera inscrito por el vallisoletano Europa Delicias, el 26 de diciembre de 1963, a punto de cumplir 26 años. No obstante, en el Constancia de Inca (temporada 1965-66), Condal (66-67), y Betis (68-69), estuvo actuando como profesional.

Imperando la prohibición, se alineaban un total de 41 foráneos, mayoritariamente concentrados en clubes de 1ª División. Tan sólo apostaban por el producto local, la U. D. Las Palmas (2º clasificado), Real Sociedad (7º) y At. Bilbao (11º), en nuestra máxima categoría. Y en la reformada 2ª División, compuesta por un solo grupo con 20 equipos, permanecían sin mirar hacia el exterior el Ferrol (4º clasificado), R. Gijón (5º), Calvo Sotelo de Puertollano (6º), Murcia (8º), Valladolid (10º), Burgos (12º), Deportivo Alavés (14º), Onteniente (15º), Cádiz (18º), Indauchu (19º) y Jerez Industrial (20º). Descendieron directamente a una durísima y muy profesionalizada categoría de bronce, el Mestalla, Cádiz, Indauchu y Jerez Industrial, seguidos un par de semanas después, al resolverse la fase de permanencia, por el Deportivo Alavés y C. D. Alcoyano.

Janos Kuszmann Erwin, otro húngaro que no necesito servirse de piruetas legales para seguir compitiendo en nuestro país, al cerrarse el portillo importador. Desde 1958 gozaba de la nacionalidad española, igualmente obtenida por vía de urgencia. La muerte se lo llevó tempranamente, en 2001, cuando contaba 61 años.

Un buen número de sudamericanos eran, o decían ser paraguayos. Y salvo excepciones, la mayoría oriundos, algo que de nuevo debería haber desatado la sospecha. Paraguay estaba lejos de ser el país sudamericano preferido por los exiliados de posguerra, o por la fuerte avalancha migratoria de los decenios anteriores. Argentina, México, Venezuela, Chile, y en menor medida Uruguay o Brasil, fueron vistas un día como Meca de la prosperidad, pero Paraguay… Por otra parte, continuaban compitiendo Jorge Mendonça, Pini, Waldo, Wanderley, Cardona, Canario, Sigi o Dani Bergara, que como “extranjeros”, a tenor de la normativa ni siquiera hubieran podido renovar contrato. Pero hecha la ley, hecha la trampa. Como todos ellos llevaban suficiente tiempo en el país para solicitar la nacionalidad, o se veían doblemente beneficiados por los acuerdos que en su día estableciera el ministro de Exteriores Castiella con la América hispanohablante, obtuvieron pasaporte y D.N.I. españoles. De manera que, a partir de ahí, con los mismos derechos que Pirri, Amancio, Rexach, Claramunt, Iribar, Carlos Lapetra o Txetxu Rojo, nadie pudo evitarles seguir compitiendo.

Huelga indicar que también hubo futbolistas despachados con una ficha amateur, como refleja el extracto. Entre ellos al ecuatoguineano Carmelo Asu Mbuar, que para la R.F.E.F. era extranjero. Guinea Ecuatoria dejó de ser colonia española, o provincia de ultramar, como eufemísticamente se quiso edulcorar su estatus, el 12 de octubre de 1968. La ficha le fue entregada el 8 de noviembre, 27 días después de que dejara de ondear la bandera rojigualda en Santa Isabel. Aquel muchacho, por tanto, tuvo que ser inscrito como súbdito español, viajando a la metrópoli con carnet de identidad. Si llevaban las cosas de forma tan imprecisa, poco debería extrañaros cuanto para entonces ocurría en dicho órgano, y sobre todo el sunami de porquería que a punto estuvo de arrasarlo poco después.  

Futbolista Naturaleza Nacionalidad Inscripción Club
Jesús M.ª Ruete Moreno Argentina Argentina 2-IX-1968 Juv. San Antonio
Ricardo Ernesto Martínez Fernández Peruana Peruana 23-IX-1968  
Alfredo Luis Urrutia Pintado Cubana Cubana 23-IX-1968 Inter C. F. (Astur.)
Plácido Manuel Pertegaz Casas Venezolana Venezolana 23-IX-1968  
Antonio Martínez Estarellas Argentina Argentina 23-IX-1968 Juventud Buñola
Fco. González Muachao Portuguesa Portuguesa 23-IX-1968  
Kjeld Cba Rohde Danesa Danesa 8-XI-1968 C. D. San Remo
Jorge Ardila Jiménez Colombiana Colombiana 8-XI-1968 Don Bosco (Gra.)
Fco. Ignacio Pellisa Suriol Francesa Francesa 8-XI-1968 C. F. Vilafranca
Carmelo Asu Mbuar Asangono Guineana Guineana 8-XI-1968 A. D. La Paternal
Luis Alberto Luque Lezcano Argentina Argentina 8-XI-1968 S.D.C. Mundaiz
Teodoro Andresa Castellón Guineana Guineana 8-XI-1968  
Indro Ricardo Dos Santos Rodrigues Portuguesa Portuguesa 8-XI-1968  
Guy Yameogo Guire Alto Volta Alto Volta 21-III-1969 At Madrid

La farsa de los falsos oriundos, o el vodevil, si se prefiere, no había hecho sino agigantarse, ya con toda una infraestructura para apuntalarlo. Así las cosas, el peregrinaje de “paraguayos” continuaría creciendo, hasta colonizar en buena medida nuestros estadios. Sirva como comparativo el listado de “oriundos” correspondiente al campeonato 1971-72:

Club Futbolista Nacionalidad Condición
REAL MADRID Miguel Pérez Argentino Oriundo
REAL MADRID Juan Carlos Touriño Argentino Oriundo
REAL MADRID Eduardo Aníbal Anzarda Argentino Oriundo
REAL MADRID Sebastián Fleitas Paraguayo Oriundo
VALENCIA C. F. Oscar Rubén Valdez Argentino Oriundo
VALENCIA C. F. Miguel Ángel Adorno Argentino Oriundo
VALENCIA C. F. Julián Aníbal Pérez Paraguayo Oriundo
AT. MADRID Iselín Santos Ovejero Argentino Oriundo
AT. MADRID Heraldo Becerra Argentino Oriundo
AT. MADRID Ramón Armando Cabrero Argentino Oriundo
U. D. LAS PALMAS Adolfo Fco. Soto Argentino Oriundo
GRANADA C. F. Pedro Fernández Paraguayo Oriundo
GRANADA C. F. Víctor Domingo Juárez Argentino Oriundo
GRANADA C. F. Ramón Aguirre Suárez Argentino Oriundo
C. D. MÁLAGA Sebastián Humberto Viberti Argentino Oriundo
C. D. MÁLAGA Rodolfo Vilanova Argentino Oriundo
R. C. CELTA Juan Carlos Lezcano Paraguayo Oriundo
R. GIJÓN Francisco Romero Paraguayo Oriundo
R. C. D. ESPAÑOL Roberto Juan Martínez Argentino Oriundo
REAL BETIS Rodolfo Alfredo Orife Argentino Oriundo
REAL BETIS Carlos Daniel Jurado Uruguayo Oriundo
R. C. D. CORUÑA Inocente Domínguez Gaona Paraguayo Oriundo
BURGOS C. F. César Mario Jacquet Paraguayo Oriundo
BURGOS C. F. Domingo Benegas Paraguayo Oriundo
SEVILLA C. F. Emilio Antonio Pazos Argentino Oriundo
SEVILLA C. F. Bernardo Acosta Paraguayo Oriundo
SEVILLA C. F. A. Daniel Bergara Uruguayo Nacionalizado
SEVILLA C. F. Herminio Rafael Toñánez Paraguayo Oriundo
CÓRDOBA C. F. Juan Carlos Rojas Paraguayo Oriundo
CÓRDOBA C. F. Andrés Medina Paraguayo Oriundo
C. E. SABADELL Mario Rolando Pini Uruguayo Nacionalizado
C. E. SABADELL Vicente Anastasio Jara Paraguayo Oriundo
C. E. SABADELL Vicente Raúl Jara Paraguayo Oriundo
REAL OVIEDO Oscar Evangelista Bravo Paraguayo Oriundo
REAL ZARAGOZA Armando Martín Argentino Oriundo
REAL ZARAGOZA Felipe Santiago Ocampos Paraguayo Oriundo
ELCHE C. F. Ricardo González Paraguayo Oriundo
ELCHE C. F. Aníbal Montero Soca Paraguayo Oriundo
REAL VALLADOLID Eduardo Bibiano Endériz Uruguayo Nacionalizado
C. D. TENERIFE A. Daniel Bergara II Uruguayo Nacionalizado
SAN ANDRÉS Ignacio M. Bergara I Uruguayo Nacionalizado
SAN ANDRÉS “Branko” Kubala Checoslovaco Nacionalizado
R. C. D. MALLORCA Javier Doval Vázquez Argentino Oriundo
R. C. D. MALLORCA Armando Benjamín Cáceres Paraguayo Oriundo
R. C. D. MALLORCA Juan Carlos Errandonea Argentino Oriundo
C. D. MESTALLA L. Agustín Pérez Miers Paraguayo Oriundo
HÉRCULES C. F. Humberto de la Cruz Paraguayo Oriundo
HÉRCULES C. F. Wanderley Machado Brasileño Nacionalizado
HÉRCULES C. F. Juan F. Sarrachini Argentino Oriundo
CÁDIZ C. F. Carlos Egidio Ferreira Argentino Oriundo
VILLARREAL C. F. Juan Gualberto Casco Paraguayo Oriundo
XEREZ C. D. Yano Daucik Checoslovaco Nacionalizado
C. D. MESTALLA Joaquín Ramón Martínez (=) Paraguayo Oriundo

Quede como aclaración que nuestra máxima categoría contaba ya con 18 clubes. Obviamente, mayor negocio para los “padrinos” del esférico.

Oscar Evangelista Bravo Junco fue registrado federativamente como paraguayo el 13 de setiembre de 1971, con ascendencia española, a tenor de la documentación que presentara, asignándosele por tanto la condición de oriundo, y como español venía provisto de pasaporte diligenciado en alguna embajada de Sudamérica. Pese a no descollar ni en el Real Oviedo durante sus tres campañas, y menos aún en Santander, cuando el Racing le extendiera un contrato para dos ejercicios, pronto surgieron fundadas sospechas sobre su auténtico origen. Para empezar, como ya eran bastantes los argentinos importados durante los últimos años, en el mundillo del balón se fue aprendiendo a distinguir acentos. Y el suyo no podía ser más santafefino. Aunque tanto la entidad asturiana como él mismo lo negaran, la verdad se abrió paso. Fue uno de los primeros falsarios desenmascarados.

El Xerez C. D. incorporó desde Argentina al defensa José Sánchez Fernández. Puesto que aportara documentación acreditativa de su nacimiento en Almería el 27 de marzo de 1946, fue dado de alta el 31 de agosto de 1971, como español de origen. Su caso era idéntico al de Juan Alberto Bustillo Freire, que el 23 de setiembre del mismo año fue inscrito en el R. C. D. Coruña como español de origen, aunque llegara desde el campeonato venezolano. Sin embargo, en el máximo órgano de nuestro fútbol parecían tenerla tomada con los procedentes de Guinea Ecuatorial, pues como guineanos de naturaleza y nacionalidad, y por tanto extranjeros, se concedieron fichas amateurs a Rosendo Otogo Ngui, José Eneme Obiang, Jorge Mba Efume, Saturnino Epitié Diome, Acacio Ayong Ndongo, Romualdo Locuna Bioco, Antonio Fernando Nue Obiang, y sobre todo, pásmense, a Daniel Zamora Salas. Obviamente nacieron como españoles en la entonces colonia, y parece que a ningún federativo se le ocurrió que, con esos nombres de pila, lo de extranjeros… Otorgar ficha amateur, lo único que podía hacerse con cualquier jugador extranjero, puesto que tenían vetada la profesional, era condenarlos a competir en campeonatos regionales.                                 

Queda por reflejar el considerable incremento de “extranjeros” a quienes se facilitaban tan sólo fichas amateurs. Parte de ellos, en especial los sudamericanos, llegaban al albur de intermediarios empeñados en colocarlos por clubes de segundo rango, a cambio de una comisión. Los ofrecían a prueba en partidillos amistosos o bolos veraniegos y, luego, si convencían a técnicos y afición, ultimaban la obtención de papeles, a medio rematar. Tampoco era cuestión de adelantar dinero sin estar seguros de que los chicos interesaban, pues tanto los falsificadores como determinados cónsules cobraban religiosamente, sin esperar a que la apariencia de legalidad diera sus frutos. Cuando esos jóvenes no convencían en ninguna feria, solían quedar a la buena de Dios. Y como maletillas, recorrían España de tienta en tienta, mientras soñaban por no perder la esperanza, con alterar el final a su cuento de la lechera.

Futbolista Naturaleza Nacionalidad Inscripción Club
Rosendo Otogo Ngui Guineana Guineana 5-X-1971 U. D. Aspense
Antonio Fernando Nve Obiang Guineana Guineana 5-X-1971 Cobarro Horticela
Juan José Costa Picañol Cubana Cubana 5-X-1971  
Ricardo Nelson Pons Brasileña Brasileña 5-X-1971 C.I.D.E.
Alfredo Van-Grieken Palacio Colombiana Colombiana 5-X-1971 Gran Vía C. F.
Hernando Londoño Guarín Colombiana Colombiana 5-X-1971 Villarreal C. F.
José Eneme Obiang Maye Guineana Guineana 5-X-1971 C. D. Cuarte
Jorge Mba Efumbe Guineana Guineana 5-X-1971 U. Carmen
Saturnino Epitie Dyome Remi Guineana Guineana 5-X-1971 C. D. El Águila
Fabio M. Unzain Tarantino Italiana Paraguaya 4-XI-1971  
Herminio del Valle García Chilena Chilena 27-XI-1971  
Yusuf Mahamud Ynsuf Yebrin Jordana Jordana 28-II-1972  
Luis Ernesto Monúa Torrens Uruguaya Uruguaya 28-II-1972  
Nicolás Orosz Húngara Húngara 28-II-1972  
Jesús Rodríguez Soria Española Cubana 28-II-1972  
Orlando Arenas Narváez Colombiana Colombiana 28-II-1972  
Daniel Zamora Salas Guineana Guineana 28-II-1972  
Luis Oswaldo Sibille Martina Peruana Peruana 28-II-1972  
Pedro J. Vázquez-Caidedo Peruana Peruana 28-II-1972  
Jorge Miguel Fenoll Brunet Venezolana Venezolana 28-II-1972  
Salvador Celis Guedes Salen Venezolana Venezolana 28-II-1972  
Emmanuel E. Oboe Ashrifie Ghanesa Ghanesa 28-II-1972  
Miguel Ángel Olcese Segarra Española Italiana 28-II-1972  
José Manuel Ruiz Fernández Mexicana Mexicana 23-III-1972  
Horst Mahz Alemana Alemana 19-IV-1972 S. Ignacio Loyola
José Augusto da Silva Jordán Portuguesa Portuguesa 6-XII-1971 C. D. Morell
José Álvarez Gutiérrez Cubana Cubana 18-IV-1972 Cult. Leonesa
Emilio Álvarez Gutiérrez Cubana Cubana 18-IV-1972 Cult. Leonesa
José Manuel Fndez. Camba Venezolana Venezolana 18-IV-1972  
José Miguel Martínez Ogando Danesa Danesa 18-IV-1972  
Miguel A. Moreno Gómez Mexicana Mexicana 18-IV-1972  
Acacio Ayong Ndongo Nseng Guineana Guineana 18-IV-1972  
Romualdo Locuna Bioco Guineana Guineana 18-IV-1972  

Empezaba a lucir sus primeros manchurrones una de las páginas más negras en la historia de nuestro fútbol. Sencillamente, porque cuando los escribanos empezaron a esparcir borrones, tanto desde la Federación directamente implicada, como desde instancias políticas, se miró hacia otro lado.

Hasta aquí, una aproximación introductoria al más desvergonzado “affaire” colectivo, con un balón de por medio. En el siguiente capítulo se dará cuenta, a través de un flashback y ya cronológicamente, cómo lo que empezara siendo maniobra descarada de unos pocos desvergonzados, derivó en putrefacción casi general. Los lodos de la mala imagen dejada en Chile, a punto estuvieron de sepultar nuestros campos de fútbol.

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(1).- José Bódalo tenía dos equipos: el Real Madrid y el Carabanchel, representativo del barrio donde creciera. Se aseguraba que durante las representaciones teatrales del domingo por la tarde, a la hora del fútbol, actuaba con pinganillo para seguir los avatares del club “merengue”. Era preciso tener muchas tablas para estar a dos cosas a la vez, y sobre ese particular andaba muy sobrado. En alguna ocasión, incluso, hubo de desmentir su intención de presentarse a las elecciones presidenciales blancas.   




Sucedió en el palco: el conflicto de Bernabéu y Millán-Astray Bajo la lupa de la prensa.

  1. Introducción

Uno de los episodios que nos acercan a conocer la España de la posguerra y el deporte es el incidente que involucró al presidente Santiago Bernabéu con el fundador de la Legión José Millán-Astray. Este acontecimiento ha sido abordado desde múltiples puntos de vista, sin que exista una versión exacta de lo sucedido. Por esta razón, en este artículo nos proponemos un estudio comparado a través de  fuentes bibliográficas, periodísticas y filmográficas  que nos acerquen a conocer qué pasó realmente. Además, también nos proponemos abordar la importancia del ejército durante las primeras etapas de la dictadura, así como la propaganda nacional utilizando el deporte como arma política.

  1. Los hechos comprobados   

Las fuentes consultadas abordan el conflicto ofreciendo distintas versiones de lo ocurrido. Así, los hechos en los que coinciden son que José Millán-Astray era un asiduo a los partidos del Real Madrid. Debido a su condición militar ocupaba un asiento preferente en el estadio. Un día durante un partido tuvo un incidente con una mujer que provocó su expulsión del campo. Antes de abandonarlo, retó a un duelo-al estilo western– al presidente del Real Madrid que aceptó. El gobierno intervino, y  puso fin al conflicto. Después del suceso, Millán-Astray no volvió a entrar al campo

  1. Cómo se ha contado el incidente: un análisis comparativo de las distintas fuentes

El documental Bernabéu (2017) dirigido por Ignacio Salazar-Simpson, aporta datos de interés citando que ““el general Millán-Astray ha impuesto su presencia en el palco con aires chulesco”. Santiago Bernabéu no estaba de acuerdo con su presencia en el palco, y tras el altercado con una mujer le vetan la entrada. La película menciona que es Francisco Franco quién pide a Bernabéu que se disculpe, negándose en redondo. Sólo la intervención de Agustín Muñoz Grandes hace que se calmen las aguas. Esta fuente nos da una pista importante para situar el momento del incidente, y es que cita que fue un domingo. Por lo tanto, el suceso tuvo lugar durante el transcurso de un partido de Liga. Esta tesis también es sustentada por Alberto Ojeda (El Español, 2020), aunque en su artículo enfatiza el uso del Real Madrid por parte de Francisco Franco como arma propagandística.

El libro Esto no estaba en mi libro del Real Madrid (Roncero, 2022), aborda este hecho de manera anecdótica en sus primeras páginas. Recoge la anécdota del documental dedicado al presidente, porque tampoco detalla el partido ni el año del incidente. En su narración menciona una intervención directa de Bernabéu que:“le afeó la conducta y le echó del palco”. Junto a ello, añade que fue Franco quien medió en el conflicto, negando la intervención de Agustín Muñoz Grandes mencionada en la película biográfica: “Franco reconvino a su militar para que lo dejase correr y para que se guardara el orgullo. Lo mejor de todo el asunto fue que Bernabéu aguantó el reto sin miedo frente a uno de los líderes del franquismo”.Estudiando las palabras del periodista sobre dicho suceso se observan algunos de los problemas cuando se estudia el periodismo deportivo, y es la falta de objetividad, al nombrar el honor y la valentía del presidente, aspectos que no se niegan pero que no están confirmados: Si tú fueras un franquista redomado, le ríes la gracia a Millán-Astray. Pero Bernabéu, nada”.

Otra visión más completa la ofrece Guillermo Rocafort (ABC,2019), en la que menciona los errores del documental, y por tanto de Roncero. Indica que José Millán-Astray iba siempre acompañado por un legionario en activo, porque en una de sus mutilaciones había perdido el tímpano, y por tanto el equilibrio. Añade que el militar acudía al estadio debido a la cercanía del Cuerpo de Mutilados de la Patria, lugar en el que vivía situado en la Calle Velázquez. Refuta la tesis de Roncero, aclarando que no acudía al palco presidencial, sino a otro de menor categoría situado detrás denominado Palco de Invierno. La enemistad entre Bernabéu y Millán Astray puede deberse a que el general entraba por la puerta principal sin guardar colas, porque así lo contemplaba el reglamento del Cuerpo de Mutilados. Esta información es importante, porque ayudará a entender la prohibición de su entrada al estadio posteriormente.

Rocafort utiliza como principal fuente de información en su artículo el libro 75 años del Real Madrid C.F. 1902-1977, de Enrique Gil de la Vega, periodista que conoció a ambos protagonistas. Este autor explica que José Millán-Astray saludó con un beso protocolario a la esposa de un diplomático extranjero, algo que no se ajustaba a las costumbres de su país de origen, pero sí en España. Dicho saludo no fue del agrado del esposo. Es en este momento  cuando la versión cambia respecto a las mostradas con anterioridad, y es que fue un acomodador mandado por Bernabéu, y no el propio presidente el que comunicó su prohibición de entrar al Bernabéu. Este hecho enfureció según el autor al general y su ayudante, teniendo lugar un enfrentamiento con el acomodador.

Se debe tener en cuenta la importancia del ejército durante el franquismo, especialmente,esta primera etapa de la década de 1950. Es de suponer que Millán-Astray viera una ofensa su expulsión, al ser considerado un héroe de guerra. Especialmente, si lo hacía un acomodador. Esta tesis cobra fuerza, y es que Enrique Gil apunta que el propio Santiago Bernabéu se personó en el lugar, incrementándose la tensión, y siendo entonces el momento del reto. De nuevo se menciona la intercesión de Agustín Muñoz Grandes, por lo que este hecho se puede dar por probado.

En este artículo se aporta una prueba importante para situar los hechos, y es que  Agustín Muñoz Grandes era Ministro del Ejército, cargo que desempeñó entre el 20 de julio 1951 al 25 de febrero 1957.

Un análisis más detallado lo encontramos en el blog La Galerna redactado por David Mata. Este estudio fue publicado debido a la repercusión del artículo anterior del ABC analizado. Aporta dos nuevas fuentes sobre el suceso: la primera es Martín Semprún en la que asegura que el general “llegó a meterle mano a la señora”, y que el incidente no llegó a más por la “exquisita educación de la ofendida”. El otro autor es Julián García Candau quien recoge el conflicto en Madrid-Barça: Historia de un desamor en la que se añade que “el militar se había sobrepasado” y que “aquello en esa época era pecado”.

Es de entender que las palabras de estos dos autores mencionados por Mata reflejan la influencia de la Iglesia en la sociedad, exagerando los hechos que acontecieron. También ayudan a entender que los dos besos protocolarios no eran costumbre en la España de ese momento, y que se viera como una falta de respeto o actitud maleducada.

En el blog de Mata se menciona que Julián García Candau entrevistó varias veces al presidente merengue, y explica que “Millán-Astray acostumbraba a presentarse sin ser invitado y tomaba el asiento que le apetecía sin respetar el protocolo y organización del club”. Este autor explica que Bernabéu se puso en contacto con el delegado nacional de Deportes, el general Moscardó al que se quejó. En este caso, sería Moscardó el que sugirió a Bernabéu que pidiera disculpas al militar, a lo que el presidente del Madrid no accedió. Sería entonces según el periodista cuando Agustín Muñoz Grandes explicase a Millán-Astray que el estadio “era un recinto privado,y que la guerra no le había concedido derechos sobre los palcos de los campos de fútbol”. Además, añade, que Rafael Cavestany en esos momentos Ministro de Agricultura, más tarde también se saltó el protocolo del club, y pasó lo mismo.

  1. Conclusiones

En conclusión, el análisis de las distintas fuentes permite afirmar que el incidente entre Santiago Bernabéu y José Millán Astray sucedió. No se conocen los detalles exactos, así como el número de actores que se vieron involucrados. Sin embargo, teniendo en cuenta las fuentes se pueden esclarecer algunos hechos: el primero mencionado por el documental es que fue un domingo, luego tuvo que ser durante un partido de Liga. Los partidos de Copa del Generalísimo— en ese entonces— se disputaban entre semana. La Copa de Europa no existía como torneo para el momento del incidente.

Otro dato de interés es que Agustín Muñoz Grandes era Ministro del Ejército, cargo que ocupó entre 1951 a 1957, momento en el que la influencia del ejército en la política española continuaba siendo importante. Pero el dato de mayor interés es que José Millán-Astray murió el 1 de enero de 1954. Por lo tanto, si hacemos caso a todas las fuentes consultadas los sucesos ocurrieron en algún momento entre 1951 y finales de 1953.

La reacción Millán-Astray, así como la intercesión del Ministro Agustín Muñoz Grandes establecen la presencia militar en el gobierno durante los primeros años de la década de 1950 ya explicada. También, los investigadores parecen estar de acuerdo en la animadversión entre el presidente y los militares. Un ejemplo se encuentra en el documental estudiado que menciona la propaganda del régimen usando los “coros y danzas de la sección femenina de Falange y el Real Madrid”. No obstante, estas palabras se relacionan con los éxitos europeos del Real Madrid, algo que sucedió mínimo en 1956 con la primera Copa de Europa. Para ese entonces, el creador de la Legión había fallecido hacía dos años.

  1. Fuentes de referencia

  • Bibliográficas

  • García Candau, J. (1996).  Madrid-Barça: Historia de un desamor. Aguilar.

  • Gil de la Vega, E. (1977) 75 años del Real Madrid C.F. 1902-1977. Prensa Española S.A.

  • Roncero, T. (2022). Esto no estaba en mi libro del Real Madrid. Almuzara.

  • Prensa digital

  • Webgrafía

  • Filmografía

  • Salazar Simpson, J. (Director). (2017). Bernabéu [Documental]. El Socio 7; A.I. E.; RedAntFilms;Mogambo.




La celebración del primer centenario de Félix Martialay

El día 6 de octubre de 2025 se celebró en el Centro Riojano de Madrid el acto en conmemoración del primer centenario de Félix Martialay, fundador entre otros de la revista Cuadernos de Fútbol.

Las organizaciones convocantes del acto fueron la Academia del Fútbol Español y el Instituto de Estudios Históricos Bances y Valdés, y contó con la intervención de Eduardo Torres-Dulce, Manuel Ruiz de Bucesta, José Ignacio Corcuera y José del Olmo. La presentación del evento corrió a cargo de quien suscribe.

El acto tuvo como hilo conductor una idea plasmada por el propio José Ignacio Corcuera en el momento del fallecimiento de Martialay en el año 2009: las tres vidas de don Félix, en referencia a vida militar, a la cinematográfica y a la relacionada con el fútbol.

Para hablar de la vida militar de don Félix contamos con la presencia de Manuel Ruiz de Bucesta, presidente del Instituto de Estudios Históricos Bances y Valdés, que habló en su calidad de guardia civil. Recordó Bucesta en primer lugar cómo para Martialay había una continuidad perfecta entre la vida militar y la vida periodística, pues eran dos formas de servicio a España y de defensa de la patria.

Explicó cómo llegó al grado de teniente-coronel y cómo progresivamente su actuación periodística en El Alcázar fue creciendo en responsabilidad y cargo, hasta ser designado director del periódico. Tras su cierre, fundó La Nación, publicado ininterrumpidamente desde 1991 y en el que Martialay pudo continuar plasmando sus principios de defensa de España y del catolicismo: “Dios y España, el resto es añadidura”.

Por último, Bucesta recordó el episodio del encarcelamiento de Martialay en el castillo de Monjuich en agosto de 1959 por lo que hoy llamaríamos un delito de opinión. Presidio que aprovechó para escribir una aproximación al cine a la que tituló Gramática de un lenguaje.

Eduardo Torres-Dulce no compareció en el acto en su calidad de jurista y exfiscal General del Estado, sino como uno de los más importantes críticos de cine de los últimos decenios. Explicó la trayectoria e importancia de Félix Martialay para la crítica de cine en España, fundamentalmente a través de la revista Film Ideal, que fundó en 1956 y de la que fue director hasta su cierre en 1970.

Equivalente de la revista francesa Cahiers du cinéma, Film Ideal fue considerada en toda Europa como una de las mejores revistas de cine. No en vano, en ella hicieron sus primeros pinitos algunos excelentes literatos como Pere Gimferrer o Terenci Moix, a los que Martialay les dio la primera oportunidad literaria. Junto con ello, Torres-Dulce explicó cómo la revista era de culto ya en el momento de su edición, y que la corta tirada provocaba que los interesados tuvieran que ir de quiosco en quiosco por Madrid buscando un ejemplar. ¡Y qué alegría cuando lo encontraban, y cuánto envidia generaba en el resto! Por lo demás, Torres-Dulce reconoció la importancia fundamental para su trayectoria intelectual de la revista fundada por Martialay.

Por último, y al alimón, tomaron la palabra José Ignacio Corcuera y José del Olmo, académicos numerarios de la Academia del Fútbol, para hablar sobre la importancia de la obra histórica de Martialay en la historia del deporte en general y del fútbol en particular.

José del Olmo recordó la labor fundamental y generosa de don Félix en el desarrollo del Centro de Investigaciones de Historia y Estadística del Fútbol Español (CIHEFE), ahora renombrado como Academia del Fútbol Español. “¿Se trabaja mucho y no se cobra? Me interesa”. Esas fueron las palabras con las que Martialay inició su trabajo en CIHEFE, grupo en torno al cual desarrolló una gran parte de sus investigaciones. Pero siempre como maestro, rodeado de un grupo de discípulos que adoraban su rigor, su capacidad de trabajo y su personalidad desbordante de optimismo y buen humor.

Al margen de textos de tinte periodístico, aunque con contenido retrospectivo, la primera obra propiamente de historia del fútbol fue Implantación del profesionalismo y nacimiento de la liga, de 1996. En esta obra, la narración histórica deja su espacio al estudio documental, al contraste de fuentes primarias y secundarias, a la reproducción literal de los elementos de juicio, y al relato comprensivo de todo ello.

Y esta obra fue fundamental para afrontar el que sería su último reto, escribir la historia del fútbol en la guerra. Una guerra manipulada, una guerra tergiversada, cuando no directamente una guerra inventada. Nos hallábamos en años en los que el sintagma “memoria histórica” comenzó a ser relevante y en los que Martialay se dio cuenta de que el servicio que podía hacerle a España era luchar contra la mentira, contra la propaganda y contra la chapuza.

Y para ello convirtió lo que empezó siendo un libro de historia del fútbol en una colección de nueve tomos de historia de España explicada a través del fútbol. Y eso es precisamente su obra El fútbol en la guerra, un texto histórico combativo contra la mentira permanentemente desperdigada por políticos e historiadores ideologizados. La obra estaba concebida en catorce tomos, pero solo pudo terminar nueve.

Junto con estos recuerdos sobre la importancia de la obra de Martialay relacionada con el fútbol, José Ignacio Corcuera y José del Olmo también hablaron de su faceta más humana, aquella que conocieron directamente a través de muchos años de amistad compartida. Recordaron su generosidad, pero sobre todo su particular forma de ejercer el magisterio. Era amigo y se comportaba como amigo, pero quizá sin siquiera darse cuenta, su amistad era la que brindaba el maestro al discípulo. Esa amistad en la que hay uno que habla y otro que escucha atento, uno que enseña y otro que aprende permanentemente.

Al terminar aquellos, yo mismo tomé la palabra para recordar la majestuosidad de la obra de Martialay, sin duda uno de los autores españoles más prolijos del siglo XX. De su obra póstuma, hemos publicado 33 tomos de historia de la selección española, 9 tomos de la historia del fútbol en la guerra, 5 tomos de artículos periodísticos sobre fútbol y un volumen que resume el fútbol en el franquismo. A estas monografías se suman 18 volúmenes con textos literarios, cuatro monografías sobre cine y cuatro más de guiones radiofónicos. Y esto es solo una parte, porque la crítica cinematográfica está pendiente de recopilación, lo que en el futuro probablemente supongan otros veinte volúmenes.

Y por último, fue invitado a la mesa Ignacio Martialay, hijo de don Félix. Pronunció unas palabras emotivas en recuerdo de su padre, improvisando de forma muy elocuente algunos recuerdos de distintos momentos de su vida. En particular, recordó las tres palabras que guiaron toda la trayectoria de su padre: honradez, integridad y lealtad. Sus palabras fueron muy aplaudidas y con ellas se cerró el acto, dando paso a un vino español en el que los ponentes tuvieron la oportunidad de departir con el numeroso público que concurrió al acto.




Carta al director

Estimado señor director:

Mensualmente acudo a mi cita con Cuadernos de Fútbol, siempre atento a novedades que enriquezcan mis conocimientos futbolísticos, materia en la que soy un eterno aprendiz.

En esta ocasión provocó mi interés inicial y posteriormente un profundo asombro el artículo titulado ‘Así surgieron los cuadernos de Fútbol.’ Interés porque estuve en la génesis de los mismos.

Tengo bastante buena memoria pero además conservo mis agendas personales-profesionales desde que comencé a trabajar en el lejano año 1965. Con ello puedo precisar fechas, reuniones, personas…

Desde el nacimiento de la revista federativa FUTBOL en 1996, Félix Martialay y yo colaborábamos en la misma con artículos de temas históricos. Uno de nuestros principales lectores era Ángel María Villar, quien con cierta frecuencia nos llamaba a su despacho para encargarnos analizar alguna carta que le dirigían aficionados e incluso instituciones futbolísticas con temas históricos para solicitarle una oficialización federativa de los mismos e incluso una ayuda económica para su publicación. (Conservo varias fotocopias de dichas cartas).

Villar nos animaba a profundizar en algunos temas que le parecían interesantes y nuestra contestación siempre era la misma, el escaso espacio que disponíamos en la revista para artículos de mayor tronío. Todo se andará nos respondía.

Fue el 7 de enero de 1999 cuando la secretaria de Villar me citó telefónicamente para que el día siguiente acudiese al despacho del presidente a las 17,00 horas. De inmediato telefoneé a Félix quien me confirmó también su asistencia. Almorzamos juntos Félix y yo para concertar nuestras posturas.

El viernes día ocho a las cinco de la tarde estábamos en el despacho de Villar. Se mostró descontento con la revista que en los últimos meses había salido de forma esporádica y entró de lleno en el tema de nuestros artículos históricos. Félix y yo deberíamos hacer una separata de la revista FÚTBOL dedicada a temas históricos y abierta a la colaboración de todo el mundo, bajo nuestra supervisión. El nombre de dicha publicación sería CUADERNOS DE HISTORIA. Esa fue la decisión de Ángel María Villar. Nos comunicó así mismo nuestra remuneración (que nos pareció suficiente) y nos dijo que nos reuniésemos con Jorge Pérez para coordinarnos.

La primera reunión tuvo lugar el viernes quince de enero en el despacho de Jorge Pérez. Asistimos, Jorge Pérez, Fernando Garrido, Juan Carlos Molinares, Félix Martialay y yo. En mi agenda figura Reunión de Revista Cuadernos de Historia. Se trató en la misma del formato, diseño, número de páginas y el reparto entre Félix y yo del contenido de ese número 1.

El día 29 de enero tuvimos la segunda reunión. Félix y yo ya teníamos nuestros artículos y las fotos que debían ilustrarlos. Todavía esta reunión figura en mi agenda como Revista Cuadernos de Historia. No fue hasta le reunión del 5 de febrero, con nuestros artículos ya maquetados, cuando Juan Carlos Molineres sugirió que sería mejor titularla CUADERNOS DE FÚTBOL ya que iría encartada dentro de la revista FÚTBOL. A todos nos pareció bien y así quedó el nombre definitivo.

Estimado director, esta es la génesis de CUADERNOS DE FÚTBOL desde mi recuerdo y mis papeles. Le mando también la presentación del número uno, donde todavía figura en la parte superior ‘Cuadernos de Historia’, tal vez por olvido de maquetador tras el cambio del nombre original.

Afectuosos y cordiales saludos

BERNARDO de SALAZARCuadernos01




La historia del C. D. Manchego y del R. Madrid, comparte un nombre común: Manuel Mendía Santos

Los estudios realizados del equipo madrileño apuntan que uno de sus fundadores fue Manuel Mendía Santos, que actuaba de mediocampista y delantero. Su condición futbolística no debió ser muy buena, sin embargo, porque en los entrenamientos de aquellos primeros tiempos actuaba en el  equipo reserva, llegando  a ser capitán pero del tercer equipo. Sin embargo su aportación al Madrid Foot ball Club (así se denominaba entonces el actual Real Madrid C. F.) será como directivo (en estos inicios los jugadores eran también los integrantes de la junta directiva) ocupando sucesivamente la secretaría, la tesorería y una vocalía en el periodo que estuvo en el club, entre 1901 y 1904, siendo precisamente el primer secretario en la historia de la sociedad, que además firmó el acta de la aprobación de los primeros Estatutos del Club en 22 de abril de 1902; dadas sus dotes artísticas, quedó encargado, junto al también socio y presidente accidental Enrique Varela, (eminente dibujando años después, coetáneo de Carlos Vázquez) en decorar el nuevo local del club en la avenida de Felipe II,  inmediato a la plaza de toros, en el madrileño barrio de Salamanca alquiladao en octubre de aquel mismo año, por 30 pesetas al mes.

A lo que vamos. Manuel Mendía, debió nacer en La Coruña hacia 1881 por lo que, como la mayoría de los sportman de la época eran estudiantes que mataban el gusanillo con la práctica del fútbol mientras encauzaban sus vida profesionales. Sus inquietudes le llevaban más allá, escribiendo en la prensa local bajo el seudónimo de M. Tossan (su segundo apellido era Santos).

Dejó el Madrid en 1904, y también la directiva, enrolándose en otro equipo madrileño, el Moncloa quizá buscando jugar en el primer equipo, lo que evidentemente no había conseguido en el Madrid. Aquí estuvo al menos hasta 1907, marchando a continuación a San Sebastián, donde se le ve jugando en el equipo del San Sebastián Recreation, y en 1910 en la recién creada Real Sociedad.

Para 1917 recaló en Ciudad Real donde ejercerá más de 33 años donde aprobó las oposiciones de profesor de Dibujo en la Escuela de Artes y Oficios y también en la de Magisterio simultáneamente. Aquí se mantendrá tal vez hasta los años cincuenta cuando se debió jubilar por su edad (en 1951 precisamente se le tributa un homenaje a su persona), siendo maestro entre otros, de López Villaseñor ó José Corral Díaz. Aunque tuvo una intensa y activa vida profesional concursando y obteniendo diversos premios en dibujo y pintura, se hará especialmente popular por la elaboración de pergaminos (que era el recurso de aquellos años para reconocer públicamente a los personajes ilustres, destacando el que elaboró por encargo de la Diputación provincial para entregar al Gobernador Civil en 1928). Para 1929 se incluye su nombre en el grupo de fundadores del Club Deportivo Manchego (fundado en 22.4.1929), equipo que tendrá una larga y azarosa vida futbolística con varias desapariciones (la última hace apenas unos meses), integrando la primera junta directiva que se eligió en torno al presidente Félix García Ibarrola, asignándole la vicepresidencia, que ya había ostentando curiosamente en el Real Madrid, veintisiete años atrás.




Biografía de Ceferino Rodríguez Avecilla

cra1Quizá no sea exagerado decir que Ceferino Rodríguez Avecilla es el hombre más ignorado de la historia del fútbol español, sobre todo en comparación con la importancia que ha tenido para este. Cuando no vilipendiado y hasta insultado.

Las referencias que del presidente de la Asociación Madrileña de Clubs de Foot-ball durante 1904 encontramos en los pocos libros que lo mencionan son todas despreciativas y muchas veces irónicas. Por ejemplo Francisco Narbona en su libro Fútbol (1951) lo llama reiteradamente «inquieto» (págs. 131 y siguientes) y lo pone como único responsable de la mala organización de la Copa de 1904. Asunto este, por cierto, al que dedicaremos bastantes páginas en próximos números.

Con motivo precisamente de nuestra investigación sobre la Asociación Madrileña que empezamos a publicar en el último número y que continuaremos en los próximos meses tuvimos interés en conocer con mucha más profundidad al desconocido Avecilla. Junto a las exiguas referencias de los libros de fútbol, encontramos también las siguientes:

Avecilla (Ceferino R.). Biog. Escritor español contemporáneo, n. en Valladolid en 1880. Fundó y dirigió la Revista de Sport, colaboró en el Renacimiento Latino, Madrid Cómico y Diario Universal. Publicó: Cuentos ciclistas, El puesto de la inocencia (sainete) y las novelas Los crepúsculos y Rincón de humildes (Memorias de un viejo café). [Enciclopedia Espasa, ed. 1988].

Rodríguez Avecilla, Ceferino (Valladolid 1880 – ¿1936?). Dramaturgo y narrador. Es autor de las novelas Los crepúsculos (1906) y Rincón de humildes (1908) y de las piezas teatrales En mala tarde (1905), Silencio (1913) y Los caminos de Roma (1917). [Diccionario de literatura española e hispanoamericana, Ricardo Gullón, Madrid, ed. Alianza, 1993. Nota redactada por Javier Blasco].

Rodríguez Avecilla, Ceferino (Valladolid 1880 – ¿1936?). Dramaturgo y narrador. Se conocen sus obras dramáticas En mala tarde (1905), Silencio (1913) y Los caminos de Roma (1917), así como las novelas Los crepúsculos (1906) y Rincón de humildes (1908). [Diccionario Espasa de la literatura española. Jesús Bregante Otero, Madrid, ed. Espasa, 2003].

Estas brevísimas referencias, únicas publicadas, nos ponían en la pista del personaje, desaparecido absolutamente del fútbol desde el Campeonato de España de 1904. La investigación en consecuencia en que basamos las páginas siguientes es absolutamente novedosa, fruto de meses de trabajo en archivos y bibliotecas españoles y extranjeros, con las que hemos pretendido sacar definitivamente a Avecilla de su anonimato. No obstante no deja de ser una breve aproximación al personaje, y en consecuencia cualquier aportación será muy bienvenida.

Ceferino Rodríguez Alonso de Avecilla nació en Valladolid el 14 de diciembre de 1880. O eso parece. En realidad lo más correcto sería decir que ni sabemos ni dónde nació, ni sabemos cuándo lo hizo. En todos los papeles oficiales que hemos localizado afirma el propio Avecilla haber nacido en Valladolid, pero extrañamente en dos fechas diferentes: 24-12-1879 o 14-12-1880. En principio nos decantamos por la segunda porque es la que más veces repitió, pero también sabemos que en el Registro Civil de Valladolid no consta su inscripción ni en el año 1879, ni en 1880 ni en 1881. ¿Cómo explicarlo? ¿Quizá nació en un pueblo de la provincia? ¿Quizá sin más no fue inscrito? ¿Pero en todo caso cómo explicar que él mismo diera dos fechas diferentes de sí mismo? Seguiremos investigando.

Probablemente fue nieto de don Ceferino Avecilla González, senador por Lérida (1881-82) y Soria (1887-88) fallecido en 1888. En 1854 aparece otro Ceferino Avecilla como gobernador civil de la provincia de Segovia, pero por edad no parece que puedan ser el mismo. Por último hay que señalar la importancia de otro diputado, don Pablo Alonso de la Avecilla (1810-1860), periodista, político y sobre todo escritor, famoso sobre todo por su novela La conquista del Perú (1852). Toda la familia era acaudalada, propietaria de empresas de minería y bien introducida en la política española.

Parece ser que el último de ellos llevaba por nombre de pila Pablo Alonso, y a simple título de hipótesis este y el Ceferino mayor podían ser hermanos. Quizá el diputado era hijo de Pablo Alonso, y fue el primero en convertir el Alonso en parte del apellido apareciendo así el Alonso de Avecilla que es el segundo apellido de nuestro Ceferino. En este punto parece no haber duda, pues aunque nunca firmó con el Alonso, así consta en toda la documentación oficial. Y digno es de mención el artículo de Juan Antonio García Galindo titulado «El poder de la prensa de información ideológica y política en el nuevo periodismo andaluz» publicado en la obra Presse et pouvoir en Espagne (1868-1975) en 1996 (Madrid, Casa de Velázquez, ed. P. Aubert y J. Desvois), pues él es el único que cita a Avecilla con su segundo apellido completo: Alonso de Avecilla.

No tenemos referencia alguna de la infancia de Avecilla, y aunque apenas tenemos fotos, sí conocemos algunos de sus rasgos físicos. Era un hombre alto, de 1,70, de complexión normal, ojos pardos, boca grande y nariz grande. Antes de cumplir los veinte años Avecilla contrajo matrimonio con Carmen Cuesta López de la Rosa (Madrid, 23-10-1878), de quien enviudaría antes de exiliarse a México en 1942. Además de su labor periodística, literaria y futbolística, era abogado.

Desde su primera adolescencia empezó a escribir; en 1896 publicó su primer texto Radios tangentes: narraciones velocipédicas, firmado junto con Gerardo Failde y Ramón Cilla Pérez. Y entre 1903 y 1904 fundó y dirigió hasta tres revistas deportivas: Revista de Sport (1903), Mundo Sportivo (1903) y Gaceta del Sport (1904), además de colaborar como cronista deportivo en el diario madrileño Diario Universal, en el que firmaba sus artículos con el pseudónimo de F. Bowden. Por cierto que con toda probabilidad la segunda de las revistas que fundó sirvió como modelo para que en 1906 se fundara en Barcelona El Mundo Deportivo.

Su trayectoria periodística en estos años trabajando por el fomento del deporte madrileño es indudable, aunque como tantos aspectos del personaje nunca se hayan citado. Y probablemente como consecuencia de su trayectoria fue elegido presidente de la Asociación Madrileña de Clubs de Foot-ball el 4 de enero de 1904. Aunque es precisamente su presidencia el punto clave de su trayectoria deportiva no es oportuno ni repetir aquí lo que a grandes rasgos mencionamos en nuestro artículo del mes pasado ni tampoco adelantar lo que minuciosamente desarrollaremos en meses sucesivos.

Pero sí es quizá oportuno hacer mención a su trayectoria anterior a 1904, aunque solo sea para decir que también nos es desconocida. Tradicionalmente se ha dicho que Avecilla se marchó del Madrid FC y fundó el Club Español, desde el que intentó rivalizar con sus antiguos compañeros madridistas. Ignoramos por completo si esto es cierto, pero lo que sí sabemos es que Avecilla no dejó en sus múltiples escritos prueba de esto, y que tampoco encontramos en ninguna de las alineaciones del Madrid a ningún Rodríguez ni a ningún Avecilla.

También se dice que Avecilla fue presidente del Español y que compaginó este cargo con el de presidente de la Federación en 1904. Sí sabemos que el presidente del Español desde el 7-10-1903 era M. Méndez, pero es cierto que no sabemos si este sustituyó precisamente a Avecilla que ya tenía su objetivo puesto en la federación.

Por último queremos destacar otra información difundida tradicionalmente y que también nos vemos obligados a poner cuanto menos en duda. Se trata de la idea de que Avecilla aprovechó la presencia en Madrid de los presidentes de los clubes más importantes de España con motivo del Concurso del Ayuntamiento de 1902 para establecer conversaciones con sus respectivos presidentes (Hans Gamper, Carlos Castellanos, Juan Astorquia y José María Miró) con el fin de fundar una federación española de fútbol, a la que dieron el nombre de Unión de Clubs de Foot-ball, que supuestamente habría mantenido sus actividades hasta 1903. Cierto o no, no podemos dejar de mostrar nuestras absolutas reservas al respecto, ya que resulta extremadamente raro que no haya ni la mínima mención ni en Los Deportes de Barcelona ni en el Heraldo del Sport de Madrid, y tampoco en ninguna de las tres revistas antedichas publicadas por el propio Avecilla. Nadie de los que sostienen la existencia de esta misteriosa federación da ninguna fuente para sus afirmaciones, y dada la absoluta carencia de información nos obliga a pensar si no hay una confusión absoluta con los hechos ocurridos diez años después, en que sí se fundó una Unión Española de Clubs de Foot-ball. No nos resulta creíble que se fundara una federación con tan importantes miembros y que ninguno diera ni la mínima noticia.

Lo que sí podemos afirmar con absoluta seguridad es que la experiencia de Avecilla en el fútbol no fue buena. Una vez se puso al frente de la federación solo duró tres meses al frente, víctima de un conjunto de intrigas e insidias que resultan casi increíbles de imaginar en el lejano 1904 en que el fútbol solo era pasión y diversión. La primera dimisión que presentó en marzo de 1904 no le fue aceptada, pero el caso es que la federación dejó de tener actividad al terminar el Campeonato de España, el 29-3-1904. Meses después Avecilla volvió a mandar una carta de dimisión, pero ya meramente testimonial pues la federación había desaparecido.

Lo que está claro es que abandonó completamente su relación con el fútbol y el deporte y se dedicó plenamente a su prolífica labor como periodista y escritor.

Su labor periodística que había iniciado con tanto énfasis a través del fútbol la continuó en otros ámbitos, en los que no fue menos entusiasta. Escribió en La Tribuna, Libertad o Informaciones. Fue director de Castilla (1917), periódico de Alcalá de Henares, ciudad donde se convirtió en un personaje de primera categoría y en la que se le recuerda por haber sido principal promotor de la construcción de la moderna ermita del Val. Colaborador de La Voz de Madrid (1925), Abc y la revista Blanco y Negro, para los que enviaba crónicas desde París, ciudad en la que vivió desde finales de los años veinte. Algunas las firmó con el pseudónimo de Ricardo Begoña.

Antes de irse a vivir a París ya había publicado varias novelas. Ya en 1905, un año después de dejar el fútbol, publicó Los crepúsculos,  y en los años siguientes volvió a la narrativa con La vida eterna (1913) y otras como Margot tiene que ser honrada (1922). Su popularidad no obstante le llegó a través de sus numerosas obras teatrales y zarzuelas, escritas casi siempre en colaboración con Manuel Merino García-Pierrat.

Su primera obra Silencio…, fue estrenada en 1913 en el Coliseo Imperial de Madrid, y antes de 1922 había puesto en escena casi una decena de obras, entre las que se incluyen El enemigo malo, Tupi-Palace, Su majestad y El estudiante de Salamanca. Y entre las zarzuelas a las que Rafael Millán puso música se encuentran La mala tarde (1915) o Las alegres chicas de Berlín (1916).

A poco de instaurarse la II República regresó a España. De ideología comunista, Avecilla debió de tener una actividad política activa durante los años republicanos. No obstante su protagonismo continuó ligado al terreno literario. Ya en junio de 1931 editó la colección «La novela roja», en la que se publicaron siete obras a razón de una por semana. Eran novelitas muy cortas, de 16 páginas, vendidas al precio de 20 céntimos, concebidas como medio de expresión de las ideas de la llamada lucha del proletariado. El propio Avecilla publicó una de las novelas de la colección, El quinto evangelio, y junto a él lo hicieron personajes de la talla de Margarita Nelken.

Durante estos años bajó su producción dramática; solo se conocen dos obras, estrenadas ambas en 1934: El atajo, escrita con Manuel Merino, y Muchachas de uniforme.

El siguiente punto importante en la biografía de Avecilla es que formó parte del comité incautador de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE). Así lo contaba por ejemplo Abc del 5 y 6 de agosto de 1936. Formó la junta directiva con Pascual Guillén, Franch, Narciso Fernández Boixader, Pablo Sorozábal Mariezcurrena (en su ausencia José Tellaeche Arrillaga) y Alejandro Casona. Según se decía, «se ha realizado el cambio de rumbos de una manera cordial y sin la menor violencia, merced a la actuación de tres comediógrafos de tan probado espíritu revolucionario como Ceferino R. Avecilla, Enrique López Alarcón y Pascual Guillén».

Pero no todo el mundo vivió la incautación «de una manera cordial y sin la menor violencia». El periodista Tomás Borrás, falangista, respondía así a Abc (27-10-1977, pág. 95) cuando le preguntaban si había conocido a Avecilla: «¡Hombre que si lo conocí!, ¡vaya si lo conocí! Como que un día se presentó aquí de improviso, con intenciones de matarme. Mejor dicho, de matarnos, sí, a mi mujer y a mí».

Junto con su trabajo al frente de la SGAE es probable que también dirigiera algún periódico madrileño durante la guerra. Así nos lo dice Víctor de la Serna (9-1-1937, Abc de Sevilla): «dos días antes de estallar el movimiento nacional uno de estos tipos me visitaba en mi despacho para pedirme colaboración en Informaciones, después de asegurarme que él sentía el fascismo en lo hondo de sus entrañas. Diré su nombre: Ceferino R. Avecilla. Creo que ahora dirige alguna de sus siniestras hojas que paga -mal, por cierto- Moscú».

A partir de ese enero de 1937 no hemos encontrado más noticia de Avecilla, si bien nada hace indicar que no permaneciera en Madrid hasta el final de la guerra pues no en balde al terminar esta fue encarcelado y permaneció en prisión hasta que en 1942 salió desde Casablanca camino de Veracruz a bordo del célebre barco Nyassa. Durante su presidió sabemos que escribió su obra La condenada, estrenada en México en 1946.

Al llegar a México el 22 de mayo de 1942 inició nuevamente su activa carrera periodística y literaria. Colaboró en varias revistas como EstampaMéxico al DíaSaberRevista de Revistas Excelsior (al menos hasta 1947), en la que  escribió críticas teatrales y cinematográficas. Algunas de estas fueron recopiladas en su volumen El teatro, 1943-1945: opiniones, publicado en 1946. A su producción literaria mexicana pertenecen las obras Noche de feria (1941), y la antedicha La condenada (1946) estrenada por María Teresa Montoya. Por cierto que ya en 1930 había Avecilla estrenado su primera obra en México, La loba, interpretada primero por Virginia Fábregas y años después por Prudencia Grifell. Durante su estancia en México Avecilla perteneció a la Unión Nacional de Autores.

Además en 1944 fue el redactor de los diálogos del filme Marina, y un año después del argumento en Último amor de Goya, película también conocida con el título de La diabla y filmada en 1945. Ambas cintas fueron dirigidas por Jaime Salvador y Avecilla trabajó en colaboración con Carlos Martínez Baena.

Sabemos que ese mismo 1946 colaboró con Mi Revista, una publicación parisina bilingüe fundada por Eduardo Rubio Fernández, alias «el Chichito», sujeto al parecer popular por sus exitosas estafas. Tenía dos subtítulos la citada revista, Ilustración Latino-Americana y Organe de Diffusion de la Pensée et du Goût Français en Amerique Latine. Junto con Avecilla escribieron otros españoles como Luis Capdevila, Ángel Samblancat, Felipe Alaiz, Mariano Benlliure, Alonso Camín, Mario Aguilar, Fernando Pintado y Ventura Gassol y por la parte francesa Paul Valéry, Jean Cassou, Paul Eluard, Louis Aragon y Albert Camus, Claude Morgan y Claude Aveline.  La revista tenía además una dimensión política, «de combate» contra el régimen franquista y sus aliados, aún más acentuada en el semanario Heraldo de España, también publicada por el mismo Rubio Fernández.

Al año siguiente, en 1947, Avecilla ganó el primer premio del «Concurso de arte teatral y lírico» organizado en Francia por el Servicio de cultura y propaganda del Movimiento Libertario Español (MLE-CNT) con la obra Que en España empieza a amanecer. La representación del drama tuvo lugar el 18 de julio de 1948 en el Teatro del Capitol de Toulouse. En ella participaron actores del grupo Iberia, del Grupo Artístico Juvenil de las Juventudes Libertarias, que estaba formándose, y de la Compañía Dramática de Teodoro Monge; todos bajo la dirección de este último.

Ignoramos si Avecilla se desplazó a Francia o si vivía allí. Y después de este premio, nada más. Solo sabemos que el historiador mexicano Rafael Heliodoro Valle publicó su correspondencia con Avecilla en 1951. Pero nada más. No sabemos si volvió a España o no, y si realmente murió en México DF como dicen algunas fuentes. De hecho la fecha de 1956 para su fallecimiento tampoco es segura, ya que aunque las otras que se encuentran no son posibles (1936 o 1946), no tenemos dato alguno que nos permita asegurar que en efecto su fallecimiento tuvo lugar en México DF en 1956. A falta no obstante de más información, los daremos provisionalmente por buenos.

Como decíamos en el encabezamiento redactar esta pequeña biografía llena de vacíos nos ha costado meses de trabajo. Quizá impericia… No obstante y a falta de continuar nuestras investigaciones o recibir cualquier información que añada o corrija, entendemos que el salto entre las mínimas referencias que conocíamos de Avecilla y esta biografía es notable y que en consecuencia, a pesar de los pesares, el trabajo ha merecido la pena.

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Bibliografía

Novelas y otras narraciones

  • Los crepúsculos, Madrid, ed. El Trabajo, 1905.
  • La vida eterna, Madrid, R. Moliner, 1913.
  • Margot quiere ser honrada, Madrid, Prensa Gráfica, 1922.
  • La amaba locamente, Madrid, ed. Prensa gráfica, 1925.
  • La sombra enmascarada, Santander, Aldus, 1927.
  • El quinto evangelio, Madrid, colección La Novela Roja, 1931.
  • Noche de feria, Ciudad de México. Isla, ed. Manuel Altolaguirre, 1941.
  • La noche de los tiempos. Cuento burlesco.

No ficción

  • Radios tangentes: narraciones velocipédicas, con Gerardo Failde y Ramón Cilla Pérez. Madrid, Ángel B. Velasco, 1896.
  • Rincón de humildes: crónica de un viejo café, Madrid, Estab. Tip. El Trabajo, 1908.
  • La anarquía y el colectivismo (traducción del original francés de Alfred Naquet), Valencia, ed. F. Sempere y Compañía, 1905.
  • Mademoiselle gris: glosas sentimentales de provincial, Alcalá de Henares, ed. Tipografía de Castilla, 1919.
  • Teatro español del siglo XX. Con José Zaldívar; Alfred Maria Willner; Robert Bodanzky; Franz Lehár; Luis Millá Gacio; Guillermo X Roure; Manuel Moncayo; Luis Linares Becerra; Antonio Estremera; Francisco Graciani; Antonio Graciani; Antonio López Monís; José Pérez López; Juan José Lorente; José de Lucio; Domingo González Parra. Madrid, 1928.
  • Los mil y un días: cronicón, 1 – enero -1936, Madrid, ed. Tip. Europa, 1936.
  • El teatro, 1943-1945: opiniones, Ciudad de México, Talleres Claridad de los Hermanos Ramírez, 1946.
  • Correspondencia con Ceferino R. Avecilla, de Rafael Heliodoro Valle, México, 1951.

Dramaturgo y zarzuelista

  • El puesto de la inocencia. Sainete lírico. Con Félix Méndez Martínez y música de José Fernández Pacheco y Campuzano. Madrid. Ed. Florencio Fiscowich, 1897.
  • La reja. Música de Cándido Larruga. Madrid, ed. Casa Dotesio, 1912.
  • A la buena de Dios. Canción pasiega. Música de Cándido Larruga. Madrid, ed. Casa Dotesio, 1912.
  • Silencio. Drama en tres actos. Adaptación de la obra L‘Alibi de Gabriel Trarieux Madrid. Ed. Castilla, 1913.
  • Tupi – Palace. Sainete. Madrid, 1914.
  • Su afectísimo amigo. Comedia. Madrid, 1914.
  • El enemigo malo. Comedia. Con Manuel Merino. Madrid, ed. R. Velasco, 1915.
  • La mala tarde. Zarzuela. Con Manuel Merino y música de Rafael Millán. Madrid, SGAE, 1915.
  • Las alegres chicas de Berlín. Opereta. Con Manuel Merino y música de Rafael Millán. Madrid, ed. R. Velasco, 1916.
  • Tres miradas. Música notada de Hugo de Montey. Madrid, Unión Musical Española, 1917.
  • La máscara de don Juan. Drama. Con Manuel Merino. Madrid, Librería de Viuda de Pueyo, 1917.
  • Los caminos de Roma. Comedia. Con Manuel Merino. Madrid, R. Velasco, 1917.
  • Florentina (o Pastorela). Opereta. Con M. González (compositor), Enrique Nieto de Molina; Joan Ribé; Raquel Meller. Barcelona, ed. Compañía del Gramófono, 1917.
  • El estudiante de Salamanca. Zarzuela. Madrid, 1917. Música de Luis Pujol.
  • Amalia. La novela de una camarera de café.1919. Música de José Amich «Amichatis».
  • El hombre desconocido. Comedia. Con Manuel Merino. Madrid, Ed. La Correspondencia Militar, 1921.
  • No volvió el aventurero. Adaptación. 1922
  • La hija de nadie (La borda): historia de una mujer del arroyo. Drama. Traducción y adaptación de la obra de José Amich «Amichatis» y Montero Barcelona, Publicaciones Rafols, 1923.
  • La loba. Comedia. Con Manuel Merino. Madrid, ed. Rivadeneyra, 1929.
  • El Atajo. Comedia. Con Manuel Merino. Madrid, Estampa Rivadeneyra, 1934.
  • Muchachas de uniforme. Drama. Traducción. Obra estrenada en el Teatro Alcázar de Madrid el 20 de julio de 1934.
  • A la puerta de tu alcoba. 1937.
  • ¡No te rindas, mujer! Comedia. Con José Amich «Amichatis». 1938.
  • La condenada. Drama. 1946.
  • Que en España empieza a amanecer. Drama. 1948.
  • La reina rubia. Sainete.
  • El ocaso de los demonios. Tragicomedia.
  • La cabeza a pájaros. Comedia. Música de JL Campbell.
  • Luz en las tinieblas. Drama.
  • Circo. Comedia.
  • Calvario. Auto a lo divino.
  • Belén. Fantasía.
  • La cabeza del rey. Farsa.
  • El amor mudo. Entremés.
  • Su majestad. Zarzuela. Con Manuel Merino. Música de Pablo Luna.
  • La hierbabuena. Sainete.
  • La capa. Espectáculo.
  • Anda morena. También conocida como La Isabelina. Música de Cándido Larruga. 1915.
  • Don Jaime el Conquistador.
  • La mujer de todos. Música de José Amich «Amichatis».
  • Porque si.
  • La Chocolatera. Música de Joaquín Zamacois.



José Luis Núñez Clemente (Baracaldo, 1931). 1ª parte

El Barça cumplió sus primeros 112 años de vida el pasado 29 de noviembre de 2011. Y en todo  este tiempo, nada menos que durante veintidós años va a estar presidido por la misma persona, algo sin parangón en su historia, pues las presidencias más longevas – incluso sumando distintos períodos – no han excedido nunca de los 9 años. Tal honor  ( que seguramente no alcanzará jamás ningún otro dirigente blaugrana  ) le corresponde a un hombre que no ha nacido en Cataluña, aunque haya desarrollado allí, y concretamente en la Ciudad Condal, la mayor parte de su vida profesional y su trayectoria vital. José Luis Núñez va a ser el primer presidente barcelonista netamente democrático, entendido el término en el sentido de haber sido  elegido por sufragio universal de todos los socios mayores de edad y con una determinada antiguedad en el Club, tal como correspondía a los nuevos aires que al país le trajo la Transición, en mayo de 1978, once meses después de las primeras elecciones libres en cuarenta años tras el final  del Franquismo, y cuando aun se estaba elaborando la Constitución. Sistemáticamente reelegido – a veces sin oposición – en los años 81, 85, 89, 93 y 97, dimitió sorprendentemente de su cargo en mayo de 2000, cansado de recibir críticas y ser blanco de distintos movimientos de oposición a su gestión.

Posiblemente ningún mandatario barcelonista habrá sido más polémico y controvertido que Núñez – ni siquiera Enric Llaudet o Joan Laporta -, pero también su hoja de servicios a la entidad es impresionante. El Barça del emblemático año 2000 se va a parecer ya muy poco a aquel que él recibió en el año 1978. A un club segundón y tradicionalmente perdedor, muy enraizado en Cataluña pero con escasa proyección exterior y sumido en una grave crisis económica, con una elevada deuda, Núñez lo va a convertir en la primera sociedad polideportiva del mundo, con una dimensión universal, un rosario de  triunfos  ( tanto a nivel del primer equipo de fútbol como de las distintas secciones ),  una  excelente salud financiera y un cuantioso y envidiable patrimonio. La marca «Barça», apenas explotada fuera de la región, empezará a cotizarse muy fuerte en los mercados internacionales, y a ello no va a ser ajena la gestión de este hombre bajito y tenaz, de voz poco airosa y lágrima fácil, pero dotado de una energía y una clarividencia nada comunes.

Núñez es el típico ejemplo de lo que los norteamericanos llaman «Self made man», es decir, un hombre hecho a sí mismo. Emigrado junto a sus padres  desde el País Vasco, con raíces leonesas, crece en la dura Barcelona de la Postguerra, y comienza a moverse desde abajo en los ambientes   inmobiliarios. Autodidacta, acaba casándose con Maria Lluïsa Navarro, hija de un pequeño constructor, y al correr de los años llegará a presidir una gigantesca razón social en la que su apellido precederá al del suegro. Los años 1960-75, la Era del Desarrollismo, establecen a Núñez como un promotor mítico en la Ciudad Condal, envidiado por unos y odiado por otros. Comprarse un piso de «Núñez y Navarro» se convierte en  un hecho sociológico de la vida barcelonesa de la época, una manera de integrarse en la trama urbana. La izquierda, en la semiclandestinidad, le detesta, considerándole un gran especulador del suelo, y esa animadversión va a acompañarle durante toda su vida pública.

Mediada la década de los 70, al compás de nuestra transición democrática, Núñez decide dar el «Gran Salto Adelante». Al innegable éxito profesional, desea unir ahora el prestigio y el reconocimiento sociales, y pocos puestos más adecuados para alcanzar eso en Barcelona que la presidencia del Barça, tradicionalmente ostentada por conspicuos representantes de la burguesía textil. El constructor comienza a mover sus fichas, atrayéndose a la prensa y dándose a conocer ante la afición culé. Ya es lo que llamaríamos «un presidenciable». El segundo mandato de Agustí Montal hijo ( 1973-77 ) toca a su fin, y los aspirantes a sucederle empiezan a tomar posiciones de cara a los primeros comicios auténticamente democráticos de la entidad, a celebrar en la primavera de 1978. Varios precandidatos salen a la palestra, y entre ellos  brilla con luz propia el nombre de Víctor Sagi, destacado publicista barcelonés e hijo de un mítico jugador del gran equipo de los Felices Años 20, Sagi Barba.

Pero Sagi acabará por retirarse de la carrera hacia la presidencia ( la vox populi hablará de presiones y chantajes, nunca probados ), y de cara al sprint final, a las históricas votaciones del 6 de mayo de 1978, van a llegar con opciones tres candidatos: Ferran Ariño, un hombre muy próximo a Convergencia Democrática de Cataluña y por lo tanto a Jordi Pujol, y ex-directivo en las juntas de Montal, el veterano Nicolau Casáus, todo un clásico del barcelonismo, fundador de la legendaria «Peña Solera» y sempiterno opositor al Establishment blaugrana, y, como tercero en discordia, José Luis Núñez, gran empresario de la construcción, un personaje adinerado, un triunfador en toda regla, pero carente del pedigree culé que adorna a sus dos  rivales. De algún modo, Ariño y Casaus compiten por el mismo espacio «político», mientras que Núñez se presenta como un hombre nuevo, sin lastres ni vínculos con el pasado, dispuesto a aplicar criterios estrictamente empresariales a un club de fútbol que se ha venido rigiendo hasta entonces de una forma artesanal, muy de andar por casa, cassolá, como dirían los catalanes. Pero también cuenta con aliados importantes, ya que tanto Johan Cruyff, la estrella del equipo, como Charly Rexach, su futbolista más carismático, le brindan públicamente su apoyo, un gesto entonces muy comentado.

Y la dispersión del sufragio entre sus dos contrincantes,  llevará a Núñez a la victoria. Sumados los votos de Ariño y Casaus ( 9.572 y 6.202, respectivamente ) superan ampliamente a los 10.353 cosechados por el constructor, pero va a ser él quien recibirá el mandato ejecutivo para presidir al Barça durante los próximos cuatro años. Al frente de una Junta Directiva en la que figuran como vicepresidentes el industrial hotelero Joan Gaspart y – sorprendentemente – Nicoláu Casaus, uno de los candidatos derrotados ( que se granjearía a causa de esta decisión no pocos reproches ), Núñez va a poner manos a la obra inmediatamente, encarando con decisión y firmeza el más grave problema de la entidad, el económico.

Solicitará de los socios un adelanto sobre las cuotas, con el compromiso de ir reintegrando ese dinero prorrateado en los futuros recibos. La respuesta de los culés va a ser muy positiva. Se recaudará una elevada suma (409 millones de pesetas ), e incluso numerosos socios renunciarán a la devolución. El saneamiento económico se convierte así en la piedra angular sobre la que Núñez quiere construir el «Barça triomfant» , el lema de su campaña, y le permitirá acudir al mercado de jugadores con plena solvencia. Y hablando de jugadores, y también de entrenadores, el nuevo presidente se estrena con la marcha de Johan Cruyff, la estrella indiscutible del equipo, y también con la del técnico, su compatriota Rinus Michels. El primero va a ser sustituido por un jugador poco conocido en nuestro país, pero que viene avalado de una gran fama con goleador, el austriaco Hansi Krankl, procedente del Rapid de Viena. Y para el banquillo, Núñez va a elegir a un antiguo jugador barcelonista, el alsaciano Lucien Muller, que había despachado excelentes campañas en clubes como el Castellón- al que llevó a la final de Copa -, Burgos y Real Zaragoza.

Atendiendo a su cronología, puede hablarse de un primer Nuñismo, caracterizado por el saneamiento y la posterior buena salud de la economía del Club, lo cual se refleja en un rosario de  fichajes espectaculares ( Simonsen, Quini, Alexanko, Schuster, Maradona, Archibald, Lineker, Hughes, Zubizarreta…) y en una serie de obras con vocación de perennidad – La Masía, reconvertida en Escuela de Jugadores, la ampliación del Camp Nou, la construcción del Mini Estadi en terrenos aledaños, la creación del Museu del Club…-, pero que sin embargo no se corresponde con los resultados deportivos, bastante magros para el mucho dinero invertido en reforzar el equipo, aunque se consiguen algunos resonantes triunfos internacionales, como son las Recopas de 1979 y 1982. Este periodo, que cubre los primeros diez años de su presidencia, hasta 1988, se caracteriza también por estar trufado de una serie de acontecimientos muy accidentados, que van a marcar profundamente a la entidad, instalándose cierto clima de fatalismo entre la masa social.

La primera temporada de Núñez, la 1978-79, es testigo  del primer gran éxito a nivel continental del Barça, de mucha mayor relevancia que las tres Copas de Ferias conquistadas en los años 50 y 60. Esa Recopa, ganada en Basilea al Fortuna de Dusseldorf alemán, delante de 30.000 enfervorizados culés desplazados en ejemplar peregrinación hasta la ciudad helvética, no va a tener sin embargo continuidad, y el Club no tardará en entrar  en una espiral de conflictos y sucesos, un auténtico via crucis en el que al Barça le va a ocurrir literalmente de todo. Ya en el apoteósis de la Plaça Sant Jaume la multitud corea un doloroso «Núñez no, Neeskens sí», en alusión a la marcha del centrocampista holandés, muy querido por la afición gracias a su pundonor y entrega. Es el primer bofetón, metafóricamente hablando, que recibe el flamante mandatario.

Su segundo curso, el 79-80, con el fichaje estelar del danés Allan Simonsen, va a ser también agitado, puesto que, en lugar de nuevos triunfos,  traerá el profundo desencuentro entre el entrenador Quimet Rifé- que había revelado a Muller poco antes de Basilea –  y la otra gran estrella del equipo, el austríaco  Krankl, contencioso que se saldó a favor del técnico catalán, aunque los adversos resultados deportivos no tardarían en hacerle saltar también del banquillo, siendo sustituido por un ilustrísimo veterano, el incombustible Helenio Herrera, que veinte años después de su traumática salida retornaba a Can Barça, ya con una edad bastante avanzada. Núñez, mientras tanto, estaba aterrizando en el fútbol español con estrépito, manteniendo profundas diferencias tanto con los organismos federativos como con el eterno y gran rival, el Real Madrid. En otro orden de cosas, en Octubre de 1979 se inaugura la Residencia para jugadores en La Masía, un lugar llamado a convertirse en santo y seña de la entidad, con sucesivas y brillantes hornadas de canteranos. Y en Diciembre Núñez podrá proclamar con orgullo que el Camp Nou ya es completamente propiedad del Barça, al liquidarse los últimos flecos de la enorme deuda generada por su construcción.

Pero si bien el palmarés deportivo del Club no se incrementaba, al menos su economía sí parecía marchar viento en popa, y los continuos superavit hicieron  que Núñez pudiera plantearse una política de fichajes de auténticas campanillas, tales como el del central del Athletic de Bilbao José Ramón Alexanko o el del ya mítico goleador del Sporting de Gijón Enrique Castro «Quini», objeto de deseo del Barça desde hacía muchas temporadas, y al que los asturianos  dejaban por fin  marchar,  con casi 31 años y a cambio de una elevada suma. Y para reemplazar a HH, una vez pasada la situación de emergencia ( el «Mago» consiguió clasificar al equipo in extremis para la Copa de la UEFA ), Núñez va a apostar nada menos que por Ladislao Kubala, una leyenda viva para todos los culés y sempiterno seleccionador nacional español, que había quedado libre tras la Eurocopa de 1980.

Sin embargo Kubala tampoco va a echar raíces, pues los malos resultados continúan a pesar de la fuerte inversión  realizada. Al poco tiempo volverá  al banquillo Helenio Herrera, siempre ejerciendo como fiel bombero, y llegará un joven y extraordinario centrocampista alemán de rubios cabellos, Bernd Schuster, que había maravillado en la reciente Eurocopa de Italia, y que muy pronto se va a convertir en el auténtico líder del equipo. Pero el gran suceso de esta temporada 80-81 será de naturaleza extrafutbolística: el secuestro del «Pichichi» blaugrana Quini en Febrero del 81, días después del 23-F, a la finalización de un partido contra el Hércules de Alicante en el Camp Nou. El hecho va a tener en vilo a toda España, futbolera o no, durante casi un mes, y se resolverá felizmente con la liberación del delantero asturiano y la detención de sus captores por la policía, cuando estos iban a cobrar el rescate. El equipo, traumatizado por la suerte de su compañero, se resentirá en su rendimiento, y la Liga va a escaparse un año más, aunque no así la Copa del Rey, brillantemente conquistada en el madrileño «Vicente Calderón» al derrotar por 3 a 1 al Sporting de Gijón, y precisamente con dos dianas del «Brujo» a sus antiguos compañeros. El curso se  cerrará también con cuatro fichajes de relumbrón: el meta guipuzcoano Urruti, que cruza la Diagonal procedente del Español, el defensa canario Gerardo, el centrocampista  aragonés Víctor y el delantero astur Morán, todos ellos de lo mejorcito del mercado nacional.

La temporada siguiente, 81-82, va a contemplar la ampliación del Estadio de cara a albergar los partidos del Mundial de España ( entre ellos, el encuentro inaugural ). En lo deportivo, y con el prestigioso técnico alemán Udo Lattek en el banquillo, el Barça volverá a dejar escapar la Liga nuevamente, desperdiciando una amplia ventaja en las últimas jornadas, en favor de la Real Sociedad. Por contra, conquistará  su segunda Recopa, en la final celebrada en el propio Camp Nou frente al Standard de Lieja, al que supera por un apretado 2 a 1. Y poco después va a producirse la gran noticia del año, pues Núñez  – tras varios años intentándolo – consigue por fin los servicios de quien estaba considerado en aquellos momentos como el mejor jugador del mundo, el argentino Diego Armando Maradona, a cambio de una exorbitante cantidad de dinero que rondaba los 1200 millones de pesetas. En torno al «Pelusa» va a formarse una plantilla de ensueño ( una revista la definió como «el Barça Espacial», claro precedente de los posteriores «galácticos» madridistas ), en la que junto al astro argentino y al germano Schuster figuran los Marcos. Periko Alonso, Julio Alberto, Pichi Alonso y Urbano, fichados todos ellos a golpe de talonario. Paralelamente, Núñez va a ser nombrado Vicepresidente de la Real Federación Española de Fútbol. También será el encargado de negociar los derechos de retransmisión de partidos con Televisión Española, y va a conseguir un espectacular incremento de la cantidad abonada por el Ente público. Por otro lado, el Barça alcanza la cifra de 100.000 socios.

Pero los resultados deportivos, una vez más, distarán de ser los esperados, y la Liga se esfuma de nuevo, por noveno año consecutivo, aunque algo de culpa va a tener en ello la repentina enfermedad de Maradona – una hepatitis B – , que le dejará durante varios meses fuera de combate. El fiasco le cuesta el puesto a Lattek, sustituido por César Luís Menotti, el hombre que había conducido a la Albiceleste al Campeonato Mundial de 1978.»El Flaco» – otra de sus varias similitudes con Johan Cruyff – va a debutar con buen pie, ya que a sus órdenes el Barça obtendrá la Copa de la Liga ( una competición «Made in Núñez», ideada ex profeso para que los clubes pudieran hacer más caja ) y sobre todo la Copa del Rey, ambas ante el eterno archienemigo, que no rival, Real Madrid, y la segunda recordada por los gestos obscenos que, tras el gol de la victoria azulgrana conseguido por Marcos al filo del tiempo reglamentario, va a dedicarles Bernd Schuster a quienes no tardando demasiado se convertirían en compañeros suyos. Cierra el balance positivo de la campaña 82-83, salvada gracias a esa serie de triunfos ante los blancos, la inauguración de un nuevo equipamiento que incrementa el ya cuantioso patrimonio del Club, el Miniestadi, una coqueta bombonera aledaña al Camp Nou donde los culés van a poder solazarse admirando las evoluciones del equipo filial.

Había muchas esperanzas depositadas en el curso 83-84, con Menotti en el banquillo y Maradona ya felizmente recuperado, pero estaba escrito que el Pelusa no iba a triunfar en el Barça, porque a poco de comenzar la Liga, en un partido disputado en el Camp Nou ante el Athletic de Bilbao, el durísimo zaguero Andoni Goikoetxea – que ya había tronchado la rodilla de Schuster un par de años antes en San Mamés – va a lastimar el tobillo de Diego, enviándole al dique seco para varios meses. El cuadro rojiblanco volvería a ganar el Torneo de la Regularidad – ya iban diez temporadas consecutivas de frustraciones -, y también la Copa, precisamente ante el Barça, en Madrid, por la mínima y con una bochornosa batalla campal entre los jugadores de ambos equipos al finalizar el encuentro. Uno de sus protagonistas fue el propio Maradona, cuyos días ya estaban contados en la Ciudad Condal. Circunstancias imprevistas le habían impedido rendir a su mejor nivel, aun destilando esporádicas gotas de genialidad, y su entorno particular no constituía tampoco el marco ideal para un deportista de élite. Núñez va a recibir una oferta mareante del Nápoles, que deseaba dejar de ser un don nadie en el Calcio, y dará  su aquiescencia a la marcha del as argentino, en una operacion que se saldó incluso con beneficios para el Club. Con Maradona va a abandonar también la entidad Menotti ( aunque no rumbo a Italia ). Entre tanto morbo, la consecución de una nueva Copa de la Liga quedará absolutamente eclipsada, como es natural. Es momento de mudanza, y Núñez, tras las experiencias alemana y argentina, vuelve los ojos a las raíces del fútbol, y contrata a su octavo entrenador en tan sólo seis años, un semidesconocido técnico inglés llamado Terry Venables. También se plantea la necesidad de llenar el hueco dejado por el Pelusa. Un firme candidato va a ser el ariete mexicano Hugo Sánchez, del Atlético de Madrid, pero al final se opta por otro británico poco conocido, el delantero escocés, Steve Archibald, al que se le encomienda  la dificilísima misión de tratar de hacer olvidar a Diego.

Y la jugada no saldrá nada mal, porque – tras toda una década de fracasos – el Barça va a acabar adjudicándose la Liga 84-85  con bastante brillantez, liderando de cabo a rabo la clasificación. Una histórica goleada al Boca Juniors en el Gamper – 9 a 1 –  va a ser el prólogo del arranque soñado por todo culé que se precie: una victoria en el mismísimo «Santiago Bernabéu» por 0 a 3 en el primer partido liguero. A partir de ese momento el Barça, practicando un «pressing» demoledor,  ya no dejará el liderato, y por fin, once años después del último entorchado, volverá a conquistar el ansiado título que da opción a jugar la Copa de Europa, el más importante de los tres torneos continentales que se disputaban entonces. El Barça cantó el «Alirón» en Valladolid, en el Nuevo Zorrilla, después de que el guardameta Urruti subiese a los altares culés al detener un penalty en el último suspiro del encuentro. Algunos meses antes, concretamente el 24 de septiembre de 1984, se había inaugurado en el interior del Camp Nou el Museu del Barça, una instalación modélica en su género, que pronto se convertiría en el más visitado de toda Cataluña. Hoy lleva el nombre de su principal impulsor, el presidente Núñez.

El entusiasmo generado por el triunfo en la Liga fue tal,  que hizo olvidar  por completo el enfado por  la temprana y sorprendente eliminación en la Copa de la UEFA, ante el modesto conjunto francés del Metz. Podía haber sido, por fin, el arranque de aquel «Barça Triomfant»  prometido por Núñez hacía ya demasiado, pero en la temporada siguiente, la 85-86, no sólo no se reverdecieron laureles, sino que se añadieron  nuevos traumas históricos – «urgencias» las llamaba Menotti – al barcelonismo. Para empezar, brotaron abiertas discrepancias entre el presidente y la gran estrella del equipo, el alemán Bernd Schuster, que había liderado con gran acierto el juego blaugrana durante la exitosa campaña anterior. Schuster era un hombre de carácter difícil ( algo que se ha puesto de manifiesto en todos los equipos en los que ha jugado, y han sido unos cuantos…), y los tira y afloja entre ambas partes comenzaron a hacerse habituales. Pero todo estalló hecho pedazos la infausta tarde del 7 de Mayo de 1986, en el sevillano Estadio Sánchez Pizjuán. Mas antes de llegar hasta allí, el Barça había sido incapaz de revalidar el título liguero – se lo impidió el inicio del ciclo triunfal de la «Quinta del Buitre» madridista -, y también perdió la final de la Copa del Rey, al ser derrotado por el Real Zaragoza. Pero estos traspiés iban a quedar  en un segundo plano ante la posibilidad de coronarse por fin campeones de Europa, algo que el club catalán llevaba un cuarto de siglo anhelando. Todos los pronunciamientos estaban a favor del Barça: el equipo había eliminado a cuadros potentes como la Juventus y el Goteborg, tras remontar un 0 a 3 adverso en un partido de vuelta no apto para cardíacos, el rival era un desconocido cuadro rumano, el Steaua de Bucarest, y la final se disputaría en Sevilla, con una masiva presencia de seguidores culés en las gradas del Pizjuán, prácticamente como si se jugase en el Camp Nou. Pocas veces uno de los finalistas habrá sido más favorito, pero…

Aquel 7 de Mayo todo salió mal, empezando por la muerte en accidente de un grupo de barcelonistas que viajaban rumbo a la capital hispalense. Durante todo el encuentro  los de Venables llevaron el control del juego , pero apenas sí crearon ocasiones de gol. De esta manera se llegó al término de los 90 minutos reglamentarios con el marcador inicial, pero la prórroga tampoco resolvió nada, dejando el cero a cero inamovible. Sin embargo, lo peor estaba aun por venir en la lotería de los lanzamientos desde el punto de penalty. Urruti – una vez más providencial – cumplió con creces deteniendo los dos primeros disparos del Steaua, pero lo que nadíe podía sospechar era que el Barça fallaría…¡ cuatro penaltys ! Los rumanos, apoyados en su portero Duckadam ( que estuvo inconmensurable atajando  los castigos  chutados por Alexanko, Pedraza, Pichi Alonso y Marcos ) inscribieron su nombre como campeones de esta desgraciada edición de la Copa de Europa de 1986, y los azulgranas agrandaron aun más su leyenda de conjunto perdedor. Y, para colmo de males, el «Caso Schuster» explotó con toda su virulencia, pues el jugador teutón, al ser sustituido durante el encuentro, no se quedó en el banquillo, sino que abandonó a toda prisa las instalaciones del Sánchez Pizjuán, lo cual suponía un divorcio total con respecto al Club.

Ante este desolador panorama, José Luis Núñez  va a volver a tirar la casa por la ventana. Se fichó a dos futbolistas españoles de gran relieve, el portero Zubizarreta, del Athletic de Bilbao, y el centrocampista Roberto Fernández, procedente del Valencia, y también a dos buenos goleadores británicos, el galés Mark Hughes y el inglés Gary Lineker, «Pichichi» del Mundial mexicano aquel mismo verano. Por contra, Schuster era apartado del equipo. En ese momento, por lo tanto, el Barça contaba en su plantilla con cuatro jugadores extranjeros, y tan sólo podía alinear a dos. El alemán estaba fuera, pero aun sobraba Steve Archibald, cuya primera campaña, la 84-85, había sido muy buena, pero que después sería presa de continuas lesiones, y se toma la decisión  de «bajarle» al equipo filial, el Barcelona Atlético, que militaba en Segunda A.

La temporada 86-87 va a ser inusualmente larga – la denominada «Liga del Play-off» -, y resultará  igualmente esteril en cuanto a títulos, pero las cosas aun van a empeorar en la campaña siguiente, 87-88, y de la manera más traumática posible. La pésima marcha del equipo obligará a Núñez a cesar a Terry Venables, sustituyéndole por Luís Aragonés. Eliminados en Europa, por la Liga se deambula con más pena que gloria, lejos incluso de los puestos que dan derecho a acceder a competición continental. El único lenitivo es la Copa, donde sorprendentemente el Barça va a imponerse en la final a una magnífica Real Sociedad, donde militaban jugadores de la talla de López Rekarte, Jose Mari Bakero o Txiki Begiristáin. Pero este triunfo inesperado no va a ser suficiente para calmar las revueltas aguas de Can Barça…Bernd Schuster – al que le restaba aun un año de contrato – se reintegrará al equipo, cuya práctica totalidad de componentes, con el propio Luís Aragonés a la cabeza, va a enfrentarse abiertamente con la directiva de Núñez a causa de serias diferencias en torno a la fiscalidad de sus contratos. Juntos técnico y futbolistas pedirán públicamente la dimisión del mandatario en el curso de una multitudinaria rueda de prensa. Es lo que ha pasado a la historia blaugrana como «el Motín del Hesperia» ( por el nombre del hotel barcelonés donde tuvo lugar este insólito acto de rebeldía colectiva ). Schuster, haciendo honor a su peculiar carácter, no tomó parte en el evento.

Son días tristes y muy difíciles en Can Barça. Un colectivo de socios descontentos con la gestión de Núñez  había formado meses atrás el denominado «Grup d´Opinió Barcelonista» ( GOB ), que exigirá también la dimisión del presidente y la convocatoria urgente de elecciones. Y algunos jugadores llegan incluso a las manos con varios iracundos aficionados en el transcurso de un  entrenamiento,. Ante este estado de cosas, José Luis Núñez va a cortar por lo sano. Se deshará de buena parte de los díscolos y también de  Luís Aragonés, y tomará una decisión de enorme trascendencia para el futuro de la entidad: contratar como nuevo técnico barcelonista a Johan Cruyff. Recordemos que el holandés le había prestado su apoyo explícitamente en vísperas de las elecciones de 1978. Ahora, como responsable del Ajax, aparecía avalado por su firme apuesta a favor de un fútbol abierto y espectacularmente ofensivo, muy en la línea de la mítica «Naranja Mecánica». Para recibir al «Flaco», Núñez tira de chequera y le ficha un equipo completo: Unzué, Aloisio, Serna, Manolo Hierro, López Rekarte, Miquel Soler, Eusebio, Jon Andoni Goikoetxea, Valverde, Jose Mari Bakero, Julio Salinas y Txiki Begiristáin. También van a ascender a la primera plantilla dos brillantes canteranos, Luís Milla y Guillermo Amor. Con esta drástica renovación podemos dar por finalizado el primer período del Nuñismo. Alumbra una nueva era, preñada de incertidumbre, aunque los culés confían en que  el club de sus amores pueda volver por fin a la senda de los éxitos.




Jacinto Fernández de Quincoces: una entrevista muy especial

Publicada anteriormente en la revista de la IFFHS «Fussball-Weltzeitschrift» Nº 30 (1996)

El triunfo de España en el último Campeonato del Mundo ha sido un éxito sin precedentes. Todas las anteriores tentativas se saldaron con decepción, siempre dejando a un lado el cuarto puesto de Brasil en 1950. También nuestros mejores jugadores habían pasado por el Campeonato Mundial con cierto sabor agridulce, pues la falta de éxito del equipo ensombreció la labor individual. Italia 1934 fue un Mundial especial. Era la primera participación española en la fase final donde  presentaba un plantel muy interesante: Ricardo Zamora, Ciriaco Errasti, Leonardo Cilaurren, Isidro Lángara, Luis Regueiro, Guillermo Gorostiza y… Jacinto Fernández de Quincoces, elegido el mejor defensa del mundo.

Jacinto Fernández de Quincoces López de Arbina. Baracaldo (Vizcaya) 17-VII-1905. Componente, junto a Ricardo Zamora y Ciriaco Errasti, del más famoso terceto defensivo de nuestro fútbol. Ingresó en el Deportivo Alavés a los 18 años, después de haberse forjado en los modestos clubes baracaldeses Giralda y San Antonio, sin que el Athletic de Bilbao mostrase el menor interés por él. Su garra y pundonor, unidos a una calidad técnica muy superior a lo demandado por entonces a los defensas, le llevaron a convertirse en uno de los mejores zagueros de Europa, aunque desde ciertos ámbitos se le achacara excesiva nobleza. Su estampa briosa, con el pañuelo anudado sobre la frente, se hizo popular en el Alavés con el advenimiento del Campeonato Nacional de Liga, durante cuyas tres primeras ediciones disputó los 44 partidos del calendario. En 1931 fue traspasado al Real Madrid con su compañero Ciriaco y el atacante Olivares, a cambio de 60.000 ptas. Permaneció con los blancos hasta 1942, interviniendo en otros 132 partidos, alzándose con dos campeonatos de Liga y otros dos de Copa, y sumando 25 partidos internacionales desde su debut contra México en Ámsterdam, durante los IX Juegos Olímpicos, y su despedida frente a Austria, en el Metropolitano, el 19 de enero de 1936. En ese intervalo hubo un hueco para su presencia en el Mundial de Italia correspondiente a 1934. Apodado «El Autogiro» por su espectacular juego de cabeza y eficacia en los cruces, le fue dedicada una oda por el escritor José García Nieto con ocasión de un memorable partido de Copa contra el Barcelona en 1936. Aunque protagonizó tres películas y tuvo propuestas para actuar de galán en otras más, continuó Ligado al fútbol como entrenador del Zaragoza, Real Madrid, Valencia y Atlético de Madrid, como secretario técnico merengue y seleccionador nacional en dos únicos partidos. Afincado en Valencia, donde tuvo negocios inmobiliarios, fue directivo en el club más representativo de esa ciudad, así como presidente del Mestalla y de la Federación Valenciana de Pelota. Medalla al Mérito Deportivo. Falleció en la capital levantina el 10 de mayo de 1997.

Esta entrevista fue publicada en la revista «Fussball-Weltzeitschrift» Nº 30 (1996) en alemán. Correspondía al capítulo tercero de la historia de la Copa del Mundo de 1934. Fue la última entrevista que Quincoces concedió en su vida y tengo el honor de poder afirmar que disfrutó, porque durante las horas que estuvimos charlando en su casa de Valencia, cada detalle que recordaba lo revivía con entusiasmo.

Sirva este artículo para rememorar a un español coronado en 1934 el mejor del mundo en su posición que no pudo compartir con sus compañeros el título de campeón justo en este año 2010 en que España alcanzó su máximo hito histórico.

Don Jacinto Fernández de Quincoces y López de Arbina, apellido compuesto e ilustre para uno de los mejores futbolistas que ha dado el deporte español. Actualmente tiene 90 años, es de las pocas personas que ha vivido de cerca toda la historia internacional de nuestro fútbol. Cuando la Selección jugó en Amberes en 1920 su primer encuentro él ya combinaba sus partidas de pelota vasca con el fútbol en las calles de Baracaldo.

– Quedan lejos esos tiempos, pero imagino que debe recordarlos con bastante agrado.

– Ya lo creo. Propiamente empecé a jugar en Vitoria, con los Koipes, que significa los aceites, por llamarnos de alguna manera, pues no era equipo ni nada parecido. Jugamos en un terreno de cultivo, que quedaba aprovechable cuando se hacía la siega. Piensa la de baches que tendría. Era la época en que nosotros mismos llevábamos a hombros los palos de la portería.

La primera camiseta ya correspondió a Los Ciclistas, que eran los mismos que los Koipes, pero ya más uniformados. Seguían sin ser un equipo de verdad, porque no teníamos ni competición ni estábamos inscritos en ningún campeonato, pero nos reuníamos casi todos los días de verano para jugar a fútbol y pasarlo bien

– Entonces, ¿cuál fue su primer club?

– Podemos decir que el Desierto de Baracaldo, porque en él llegué a jugar en la Serie C de la Federación Vizcaína, algo así como la tercera categoría. Por entonces no había Liga y los campeonatos eran regionales. Pero allí estuve muy poco tiempo porque mi familia se trasladó de nuevo a Vitoria y ya jugué federado con el Club Deportivo Alavés, que acabada de constituirse como club.

Fue don Amadeo García Salazar, directivo del CD Alavés quien me hizo pasar al primer equipo. Don Amadeo no tenía ni idea de fútbol, no entendía nada, pero veía que yo era un buen chico y por tanto quería premiarme. Claro está que luego Amadeo García Salazar acabaría siendo seleccionador de España, uno de los mejores de todas las épocas, por lo que algo aprendió en el CD Alavés, principalmente.

Quincoces trata al Club Deportivo Alavés de una manera especial. En él aprendió a jugar propiamente al fútbol y en él se consagró como uno de los mejores jugadores españoles de todos los tiempos, en leyenda más exactamente. Cuando habla de su Alavés siempre lo hace en un tono halagüeño, extrapolando la modestia del club a los límites de los más grandes, y lo hace con simpatía, con doble intención, conocedor de que lo importante es el corazón y no el dinero, porque sabe que el Alavés es rico, millonario mejor dicho, espiritualmente.

– El Club Deportivo Alavés representa mucho para usted.

– Lo es todo, se puede decir. Es el mejor club del mundo. Después le siguen el Real Madrid, el Valencia CF, el Real Zaragoza… incluso el Atlético de Madrid. Son todos los mejores clubs del mundo, pero el CD Alavés es el mejor de todos éstos. En él me realicé como jugador y por los grandes momentos que viví con ellos siempre estará en mi corazón.

El Club Deportivo Alavés fue un equipo de los llamados históricos. Tuvo una evolución muy importante porque se fundó muy tardíamente, mucho después que los principales equipos vascos como el Athletic Club o el Arenas Club de Guecho, con los que hubo de competir. Sin embargo, este modesto club concentró una serie de jugadores muy importantes, de nivel internacional que le permitió ensombrecer incluso al todopoderoso Athletic Club.

-Un año fuimos campeón de campeones –se refiere a la temporada 1929/30-, porque el Athletic Club quedó campeón de Liga, además invicto, y de Copa, pero en el Campeonato de Vizcaya nosotros fuimos campeones, por delante del Athletic, por lo que nuestro título era más importante que el de Liga o de Copa de España –señala con cierta picardía-, pues habíamos vencido al campeón de esas competiciones.

En aquellos años teníamos un equipazo, entre otros, además de mi inseparable Ciriaco Errasti, estaban el portero Tiburcio Beristáin, que luego pasaría a la Real Sociedad, el centrocampista Antero González o el interior Baltasar Albéniz. Luego vendría el «Negro» Manuel Olivares, un goleador realmente impresionante.

-Fue con Olivares y Ciriaco con quienes pasaron al Madrid FC, pero antes el Athletic Club de Bilbao quiso contratarle.

-En efecto. Llegué a estar a prueba en el Athletic bilbaíno, pero no les gusté. Ellos se lo perdieron. La verdad fue que me llevaron a jugar un partido amistoso a San Sebastián contra la Real Sociedad en 1926. Me alinearon en la derecha y yo en ese sitio no me aclaraba, por lo que no hice un buen partido. Al final me dieron 25 pesetas, que era lo que costaba el billete en tren para Vitoria y me dijeron que de momento no les interesaba.

Más tarde, un par de años más o menos, volvieron a por mí. Entonces fui yo quien jugó con ellos y estuve si darles la respuesta definitiva hasta el último día en que se cerraba el plazo para presentar las fichas y les dije que no, porque aún me escocía lo que me habían hecho. Me quedé jugando en el CD Alavés con mucho gusto, hasta que vino el Madrid FC.

La culpa de todo la tuvo Pablo Hernández Coronado. Era un hombre extraordinario, como persona y como conocedor de fútbol. Estaba en su mente reforzar al Madrid por líneas y nos eligió a nosotros, a Ciricaco y a mí, pues ya éramos lo suficientemente famosos como para cotizarnos. El Madrid FC pagó 60.000 pesetas por los tres, repartidas a 25.000 para cada uno de los dos internacionales y 10.000 para Olivares, que era el más joven y el menos famoso. Como en aquella época estaba fijado que el 10% del traspaso fuese para el jugador, yo recibí 2.500 pesetas, que para entonces no estaba mal. Me compré un automóvil que me costó 800 pesetas, un modelo deportivo de los que entonces gustaban mucho a las chicas. El Madrid FC me pagaba 1.000 mensuales, menos que el CD Alavés, que me pagaba 1.200, pero en cambio teníamos unas primas más importantes, y además ganábamos casi siempre, por lo que económicamente estaba en la gloria.

En el Madrid FC los comienzos no fueron nada fáciles, sino todo lo contrario. Nos recibieron con relativa frialdad, pues desplazábamos del equipo titular a jugadores muy queridos por la afición, como eran José Torregrosa y Félix Quesada. Lo que sucedía era que Ciriaco y yo estábamos muy compenetrados y nos resultaba muy cómodo jugar juntos. No jugábamos en línea, Ciriaco siempre estaba un poco más adelantado que yo, así él despejaba con más contundencia y yo jugaba el balón. Afortunadamente el problema duró poco, pues pronto llegaron los buenos resultados y el Madrid FC se proclamó campeón de Liga y sin perder ningún partido, igualando la gesta del Athletic Club. Desde entonces nadie volvió a cuestionarnos.

¿Qué ambiente había entre los jugadores, tanto del mismo club como entre los rivales?

-Era un ambiente fabuloso. Nos llevábamos todos muy bien, éramos todos amigos. Indistintamente si uno era del Madrid FC o del Athletic. Nos reuníamos en el Bar Esparza todos, antes y después de los partidos. A ese bar también iba gente del espectáculo, actores, toreros y otros deportistas como boxeadores, ciclistas… y hablábamos, gastábamos bromas, en fin, era una época extraordinaria. Luego, en el campo de fútbol cada uno era de su equipo y no había ningún problema en golpearse. Cuando veía venir al delantero hacia mí, me encantaba salir a su encuentro con todas las fuerzas y despejarlos, a los dos, al balón y al jugador. Lo que ocurre es que no había mala intención, eran jugadas propias de la época y así lo entendíamos todos. No teníamos malos gestos, era la nobleza del deporte. Los más bonito que le podían decir a uno era llamarle «caballero del deporte», por ser limpio frente a los rivales, pero sin dar concesiones.

Si desde el comienzo de su vida deportiva su nombre siempre estuvo ligado a Ciriaco, cuando accedió a la Selección, la pareja se convirtió en trío, al unirse de forma definitiva el guardameta Ricardo Zamora. Para Quincoces la Selección fue otro club más, por la camaradería que había entre los compañeros, que defendió dándolo todo.

¿Cómo llegó a la Selección?

– Mi primer encuentro fue en la Olimpiada de Amsterdam en 1928 contra México. Tuve sitio en el equipo español porque se decidió que fuesen sólo jugadores aficionados. Por entonces, todavía no existía el Campeonato de Liga, pero el profesionalismo había sido aceptado en España, así que José Ángel Berraondo me convocó y jugué los tres partidos de España.

Fue una época en que tuve mucho trabajo porque al regreso el FC Barcelona iniciaba una gira por América, pero antes tenía que jugar la final de Copa. Si la ganaba yo iría de refuerzo con ellos, así que me fui a Santander a animar al Barcelona. Por un día fui seguidor del equipo azulgrana. Y el caso es que yo no les hacía mucha falta, pues tenían defensas de sobra. En cambio, a mí me hacía mucha ilusión el viaje a América, incluyendo los 17 días de ida en barco y otros tantos de vuelta.

Después de la Olimpiada vinieron una serie de partidos internacionales extraordinarios, y del que mejor recuerdo tengo fue aquél en que vencimos a Inglaterra por 4-3 en el Metropolitano. Fue la primera derrota de los ingleses en el continente. Jugamos un gran partido, destacando Gaspar Rubio. Los volvió locos con sus jugadas y su desmarque. Fue el primer jugador que sabía engañar a los defensores, se desmarcaba cuando menos lo esperabas y siempre estaba solo. Para mí ha sido el mejor jugador que ha habido en el fútbol español. Lástima que se rebelara y marchase a México, donde además se rompió la pierna. Cuando regresó ya no fue lo que era y aunque siguió dando espectáculo, ya no pudo llegar al nivel que había alcanzado a principios de los años 30.

España decidió no participar en el Campeonato del Mundo de 1930. Esta decisión no tuvo excesivo eco en la prensa nacional ni entre los jugadores, pues la idea de una competición de este calibre no había sido todavía asimilada. Sin embargo, hubo una mayor repercusión de lo esperado respecto a la programación internacional de la Selección. El calendario de competiciones nacionales, con Campeonato Regional, Liga y Copa ahogaba a la Selección que sólo podía disputar algunos partidos amistosos. El público perdió la costumbre de ver al equipo nacional y los resultados que se fueron obteniendo empezaron a ser excesivamente discretos, hasta llegar a la derrota más amplia recibida, el 7-1 en Londres.

Se había perdido la confianza en la Selección, que necesitó tiempo para ir recuperando credibilidad.

-Las esperanzas de hacer un buen papel en el Mundial no eran muy grandes, ¿es cierto?

-Nada. La gente no daba nada por nosotros. Después de 1930 el equipo español había conseguidos resultados discretos. Posiblemente el que más daño nos hizo fue la derrota en Londres ante Inglaterra. Eso desanimó mucho a todos, pero luego fueron volviendo los triunfos. De hecho, conseguimos dos extraordinarias goleadas, como el 13-0 a Bulgaria y el 9-0 a Portugal, ya en las eliminatorias de clasificación para el Mundial. Lo que pasó fue que en los partidos de preparación que jugamos contra el Sunderland no conseguimos buenos resultados. Primero en Bilbao empatamos a tres, después en Madrid volvimos a empatar y finalmente en Valencia perdimos por 3-1. Los comentarios eran muy pesimistas: «si ante un equipo perdemos, ¿qué haremos ante una selección?» Nadie paraba a considerar que el Sunderland era uno de los equipos ingleses más potententes de la época y que nosotros nos estábamos preparando, acoplando los distintos jugadores para concoernos mejor, aunque entonces ya todos sabíamos cómo jugábamos de sobra.

Lo cierto fue que por España nadie apostaba, e incluso nosotros mismos nos contagiamos de esa opinión. Sobre todo cuando en el viaje a Génova, que lo hicimos en barco desde Barcelona, coincidimos con la expedición brasileña. Ahí vimos la gran diferencia. Los brasileños iban todos elegantemente uniformados, con un trato de primera, mientras que nosotros, cada uno había tenido que buscarse su propio traje y nada más teníamos pagado el billete. Por fortuna, siempre pensábamos que todo eso no debía incidir sobre el terreno de juego.

Contrariamente al ambiente en prensa y aficionados, España esta vez podía reunir un plantel de jugadores lo suficientemente competitivos como para tener un mínimo de confianza en sus posibilidades.

-Repasemos los distintos jugadores que Amadeo García Salazar  llevó a Italia

-La verdad es que don Amadeo tuvo grandes problemas para confeccionar la lista de convocados porque entonces en España había muchos grandes jugadores. Para cerrar la lista de convocados, como ya he dicho, jugamos tres partidos contra el Sunderland, en la que se probaron algunos jugadores para ver exactamente el nivel de juego que tenían, porque conocerlos yo creo que los conocía de sobra. Si hacemos el repaso por líneas, vemos lo acertado que estuvo:

Ricardo Zamora y Juan José Nogués en la portería. De «El Divino» poco puedo añadir a lo que ya se ha dicho en tanto tiempo. Era el mejor, lo que pasa es que a veces nos daba grandes sustos con sus locuras. Cuando menos te lo esperabas se iba a hablar con el público o hacía una salida fuera del área que sorprendía a todos, a atacantes y defensa. Yo ya lo sabía porque en el Madrid FC veníamos jugando juntos, y por eso, cuando le adivinaba sus intenciones yo iba a la portería para cubrir los palos. Así, contra Brasil salvé un gol en la misma raya, porque Ricardo había salido a despejar, pero los delanteros le ganaron la acción y a punto estuvieron de marcar. También reconozco que en esa jugada mi despeje no fue muy legal que digamos, porque lo hice con el codo, la suerte fue que el árbitro no lo vio y no pitó penalty.

El reserva de Zamora era Nogués, del FC Barcelona. Era un portero muy fuerte, grande –para los jugadores españoles de esa época sobrepasar el 1’75m de altura ya era notable-, y muy valiente. Nunca se echaba hacia atrás y cuando venían los contrarios sobre él, salía con fuerza y arrollaba a todo aquel que se le ponía por delante… atacantes, defensores, incluso al árbitro si se ponía por medio.

De defensas fuimos tres. Los titulares éramos Ciriaco y yo. Estábamos muy compenetrados aunque cada uno jugaba de una manera diferente. Ciriaco era muy espectacular. Tal y como caía el balón lo despejaba sin parárselo. Igual le daba que el balón viniese solo o lo llevase un contrario, Ciriaco se cruzaba de cara y despejaba el balón o a los dos, lo que fuese necesario. Las mejores ovaciones se las llevaba cuando hacía pasar el balón por encima de la portería contraria, desde su propio campo… y si lo enviaba fuera del estadio incluso sacaban pañuelos. Yo era diferente, incluso decían que no servía de defensa, porque si me venía el balón con ventaja, me lo paraba y lo pasaba a los centrocampistas, como dicen ahora, lo jugaba. Eso a la gente no le gustaba y a veces tenía que imitar a mi compañero Ciriaco. Reconozco que muchas veces tenía que entrar fuerte a mis rivales, eso sí, siempre al choque y con nobleza. Las lesiones se producían por ir los dos a la vez a jugar el balón, por enocntronazos y no por patadas o entradas por detrás. Había mucha nobleza.

Ramón Zabalo, del FC Barcelona, nos acompañó en la defensa. Era un jugador pequeño, barbilampiño y aniñado, no tenía planta de defensa, pero era muy rápido, llegaba a todas partes y pese a su corta estatura tenía un potente salto que le permitía ganar incluso a gente que le sacaba la cabeza. Era valiente y muy limpio, nunca cometía faltas.

Entre los centrocampistas don Amadeo prefirió a los vascos, porque eran técnicos y sabía empujar al equipo hacia arriba. El mejor de todos era Leonardo Cilaurren. Era propiamente un genio, estaba en todas partes, subía y bajaba sin desmayo. Controlaba el balón como si tuviese guantes y lo colocaba allá donde le daba la gana. Si ahora hubiese algún jugador como él, no sé cuánto se podría pagar. José Muguerza le acompañaba en el centro de la línea media. Era muy trabajador y sabía colocarse siempre cerca de Cilaurren para apoyarle en su juego. Y finalmente Martín Marculeta. Era un jugador muy bajito, no llegaba al 1’60m de altura. Tenía unas piernas gruesas y cortas, pero muy ágiles. Corría a una velocidad increíble y nunca se cansaba. Había partidos en que todos estábamos ya agotados y Marculeta todavía corría por balones que se iban a perder por lal ínea y los alcanzaba y los jugaba. Era increíble. Además, era el que más juego controlaba porque estaba en todas partes y subía al ataque mucho e incluso remataba de cabeza. Finalmente también les acompañó Fede, Federico Sáiz, vasco que jugaba en el Sevilla FC. Éste era el más flojo de la línea media. Era un jugador fuerte, grande, que lo mismo podía servir para apoyar en la defensa que subir al ataque, lo más importante era su talla que impresionaba a los rivales.

Los delanteros fueron los más numerosos porque en España se jugaba con cinco delanteros bien definidos. Los extremos tenían que respetar su zona y no salirse nunca de la banda. Más libres estaban los interiores y el delantero centro, pero siempre se les obligaba a un juego de apoyo para que cada uno pudiese realizar sus movimientos con efectividad. Los interiores eran los más completos porque tenían que ser fuertes y rápidos, tener visión de juego y saber entrar en el área. Para mí los dos mejores eran José Iraragorri y Luis Regueiro. Eran totalmente diferentes. Iraragorri era fuerte, peleón, luchaba sobre todo el terreno y muy peligroso. Tenía un potente disparo y con una extraordinaria puntería. No podíamos dejarle que se parase el balón porque desde fuera del área fusilaba al portero. Luis Regueiro en cambio era más técnico. Su mejor arma era la velocidad. Llegaba a todos los balones por piernas y tenía una elegante carrera, siempre con la cabeza alta para poder jugar con mayor visibilidad. Metía muchos goles gracias a su gran puntería porque no golpeaba fuerte el balón, sólo lo tocaba lo preciso para ponerlo allá donde el portero no pudiese llegar. Era muy vistoso verle correr, hasta el punto que le llamaban la «Gacela blanca». Los otros interiores que fueron a Italia fueron Simón Lecue e Hilario.

Lecue, pese a ser vasco, era un poco miedoso. Trabajaba mucho sobre el terreno de juego y era muy inteligente, tenía mil recursos para jugar el balón, pero se cuidaba demasaido, evitaba el choque constantemente y encuanto recibía algún golpe de más, se apartaba del juego y sólo intervenía cuando se veía con ventaja. Con todo, pienso que fue un gran jugador. Hilario, su verdadero nombre era Juan Marrero, era canario. Era un artista del balón, fino, elegante, jugaba para divertirse y no le importaba no marcar gol con tal de hacer las jugadas bonitas. Era una persona extraordinaria y le queríamos muchísimo. Siempre estaba de buen humor. No hacía mucha gracia cuando contaba su fuga de las Islas Canarias para venirse a jugar a la Península. Como era de esperar, allí Hilario era un ídolo y cuando la gente se enteró de que lo quería fichar el RC Deportivo, montaron guardia en la sede del club y en el puerto para impedirle la salida. Lo que no esperaban fue que Hilario se disfrazó de mujer y así pudo burlar a sus guardias. Lo que no entiendo es cómo pudo hacerlo, pues era muy feo, debió llamar la atención como mujer por lo fea que sería, pienso.

Los extremos, tanto en la derecha como en la izquierda, eran maravillosos. Ramón de Lafuente era rápido y tenía un centro medido. Ponía el balón siempre en la cabeza de su compañero. Cuando vino a jugar con el Athletic de Madrid nos hicimos muy amigos, porque entonces éramos todos muy amigos fuera del campo. Durante el partido nadie conocía a nadie, y eso me pasó con Moncho, recuerdo en una jugada en que venía por la banda, entonces salí yo al cruce y despejé el balón y al pobre Ramón contra el público. Cuando se repuso le dije «no ves que entraba con ventaja y venía yo de cara» y me respondió «sí, pero es que no me podía frenar». Y es que «Moncho» era así, jugaba sin mirar al rival y corría por todos los balones. Luego recibía una gran cantidad de golpes y seguía jugando.

Martín Ventolrá también jugaba por la derecha. Éste era un espectáculo. A pesar de ser extremo tenía un juego de cabeza impresionante. En mi vida he visto ningún jugador con esas características, ni Zarra, ni Santillana, ni ningún otro. Aún recuerdo en el partido en que España derrotó a Alemania en Köln, el público ovacionaba cada vez que Ventolrá jugaba de cabeza, centraba de cabeza hacia el área, y para colmo en ese sitio estaba Lángara, imagínate.

Por la izquierda estaban Gorostiza y Bosch. Guillermo Gorostiza «la Bala Roja» era pura velocidad. Muchos piensan que Gento era un jugador rápido, escierto, pero «Goros» lo era más, porque no hacía la carrera al hueco, el se lanzaba en dirección al defensa que debía despejar y le quitaba el balón con un ligero toque, anticipándose lo suficiente como para llevarse la pelota y no recibir la patada, pues el defensa nunca se paraba, y hacer la jugada. Muchas veces marcaba el gol porque no daba tiempo a que llegasen los demás compañeros al área para recibir el centro y él mismo se encargaba de fusilar al portero. Era un portento.

Crisanto Bosch era más lento, lógicamente. Incluso demasaido lento para ser extremo, pero lo compensaba con su tremenda habilidad. Era muy técnico y sabía colocarse en perfectas condiciones con ventaja sobre los rivales. Remataba como Luis Regueiro, más que con potencia, con colocación, tocando suavemente el balón para ponerlo lo más lejos del portero.

Isidro Lángara era el delantero centro de la Selección. Han pasado muchos años y sigo todavía admirándole. Era un verdadero fuera de serie. Marcaba los goles con una facilidad pasmosa. Y la verdad es que no te lo explicabas. Era un jugador más bien lento, incluso pesado, que le costaba llegar a los balones. Si no lo conocías pensabas que no iba a hacer daño, y, si con todos los defensas pendientes de él era el máximo goleador, imagínate si encima le dabas ventaja. Nunca se paraba el balón y cuando metía la «alpargata», como él decía a la bota, sólo podíamos volver a coger la pelota ya dentro de la portería. No tenía disparo, eso era un cañonazo. De cabeza era impresionante verlo saltar y como se torcía en el aire para jugar con el cuello y colocar el balón en la escuadra. Era un delantero muy completo, capaz de desmoralizar al mejor defensa, porque a lo mejor no tocaba pelota en todo el partido y de pronto era capaz de hacer tres goles y ganar él solo el encuentro. Sin duda era el mejor del ataque.

De sustituto de Lángara vino Campanal. Era el delantero centro del Sevilla FC. Era un jugador muy peleón, se caracterizaba por abrir brecha en la defensa rival. Entraba siempre a muerte y buscaba el gol como fuese, arrollando a defensas, portero, e incluso a compañeros. Era muy fuerte y agresivo, a veces más de la cuenta, pero es que no pensaba en si podía hacer daño o no, él entraba jugándose el físico y la verdad es que le tenían un poco de miedo, sobre todo los porteros.

Eduardo González «Chacho» y Luis Marín completaban la expedición. Eran dos jugadores más polivalentes que podían jugar de volantes o de delantero centro. «Chacho» tenía una izquierda magnífica. Era muy certero y de hecho llegó a marcar seis goles en un solo partido con la Selección, el día del 13-0 a Bulgaria, además era un jugador muy inteligente. Luis Marín era más peleón, no daba un balón por pedido y también marcaba muchos goles. Posiblemente fue el Mundial más que por su clase, por su capacidad de adaptación a casi todos los puestos, y esto era importante porque nunca se puede saber si va hacer falta un determinado jugador o no.

-Con el repaso que hemos dado a la expedición española podemos considerar que fue un conjunto muy compensado, elegido siguiendo una lógica y con grandes posibilidades de éxito. Sin embargo, seguro que hubo voces que lamentaban la ausencia de otros jugadores.

-Naturalmente. En España cada región tiene su propia Selección, es más, cada aficionado encuentra su equipo ideal y no suele coincidir con el seleccionador. Siempre falta alguno que lo hubiese hecho mejor.

Entre los jugadores que no fueron al Mundial, de todas formas, es difícil citar así de memoria a aquellos que no convocaron pero podemos recordar a Guillermo Eizaguirre, al que todos consideraban el verdadero sustituto de Ricardo Zamora. El pobre se lesionó un brazo y no pudo ser convocado. De todas formas el Sevilla FC le pagó el viaje al Mundial como premio a su gran temporada y vino con nosotros, con el brazo en cabestrillo.

Tampoco estuvo en Italia Herrerita. Eduardo Herrera estaba comenzando entonces y ya era más que una promesa una realidad. Pieso que don Amadeo prefirió a Moncho de Lafuente por ser más experimentado y entenderse mejor con José Iraragorri.

Otro jugador del Oviedo FC, Pedro Pena, tampoco viajó, pese a que jugó en el partido contra el Sunderland en Madrid, así como José Torregaray, del Valencia FC, y Pedro Solé, del CD Español de Barcelona. También quedó fuera el portero del Athletic Club de Bilbao, Gregorio Blasco, que ya había jugado en la Selección en otros partidos.

Son nombres de algunos jugadores importantes, pero hay que tener en cuenta que no podían ir todos, porque hubiesen ido cuarenta jugadores todos con clase, y efectivamente, creo que los que estuvieron en Italia fueron dignos representantes de España.

– Y de esta manera se enfocó la fase final. Ahora hablemos de los tres partidos de España. El primero fue ante Brasil.

– No nos gustó en absoluto que el primer partido fuese ante Brasil. Todos sabíamos que tenían un equipo poderoso, aspirante a ganar el torneo. En España se decía que la FIFA había tratado mal a España al no reconocerla cabeza de serie en el sorteo y por eso, de buenas a primeras ya nos enfrentábamos a uno de los mejores.

Además, ya he comentado que en el viaje de Barcelona a Génova coincidimos los dos equipos, pues los brasileños habían estado en España un tiempo de preparación del Mundial, y pudimos ver la diferencia de trato que hubo en el barco.

Pero en el campo todo esto se olvidó. Nosotros teníamos un gran equipo y se le demostramos a los brasileños. Pienso que se confiaron o nos menospreciaron, en especial a nuestros delanteros y cuando se dieron cuenta de lo que tenían delante ya les habíamos hecho tres goles. Y es que Lángara estuvo muy acertado. Fue la verdadera pesadilla, llevando el peligro una y otra vez. Por lo visto no lo conocían y mira por dónde, no se les olvidaría ese nombre.

En la segunda parte nos echamos atrás. También es cierto que Brasil salió dispuesto a cambiar el resultado. Y la verdad es que lo pasamos mal, porque apretaron mucho. Cuando marcaron el 3-1 aún tuvieron oportunidades de volver a marcar, sobre todo en dos. Primero en un penalty que el árbitro nos señaló en contra y que Leónidas1 falló. Lo tiró muy ajustado y Ricardo Zamora supo deternerlo magistralmente. Luego, los ataques brasileños fueron constantes, incluso en uno, en un balón que Zamora no atrapó, Waldemar remató a puerta vacía, pero allí estaba yo para despejarlo,

1 Según crónicas brasileñas, el penalty fue lanzado por Waldemar, pero en la versión española siempre se cita a Leónidas. Insistiendo a Quincoces sobre quién disparó, él se reafirma en Leónidas, jugador negro delgado, frente a Waldemar, al que describe como hombre corpulento y fuerte.

aunque lo hice de «zamorana» -rechazando con el codo-. El árbitro no lo vio porque fue un contrataque rápido y no pudo llegar a tiempo. Era el árbitro un alemán grandote y pesado y apenas corría.

Hay que reconocer que Brasil acabó facilitándonos las cosas porque Waldemar, que era un artista, no pasaba ningún balón a sus compañeros. Se empeñaba en querer regatearnos una y otra vez y nosotros nos limitábamos a verlo venir y despejarlo, una veces el balón y otras a los dos a la vez, pelota y delantero, como se hacía en aquella época.

Mucho más peligroso era Leónidas. Era muy elegante y jugaba con velocidad y precisión. Nos provocó muchas preocupaciones, pero afortunadamente el resto del equipo no estuvo a su altura y, pese a que Brasil tuvo varias oportunidades, pienso que nosotros merecimos ganar con toda justicia porque fuimos mejores.

– Y después vinieron los partidos frente a Italia. En España se habló mucho y mal de la organización del Campeonato, de la encerrona de Florencia y sobre todo de la parcialidad arbitral.

– Claro, aquello fue un robo. Nos robaron en los dos partidos, porque nosotros fuimos mejores que los italianos, ya lo creo y si no llega a ser por decisiones arbitrales partidistas, nosotros hubiésemos eliminado a Italia.

En el primer partido nos marcaron el gol en clara falta, los atacantes italianos se avalanzaron sobre Zamora y otros defensas y al final Ferrari Giovanni empujó el balón con la cabeza. Imagínate que el árbitro, el belga Baert, se quedó quieto pensando en señalar la falta, pero el público gritaba y gritaba de manera insistente y al final cedió ante la presión y acabó señalando el centro del campo.

El partido fue muy duro, porque los italianos parecían tener licencia para todo, especialmente sus dos defensas, Monzeglio y Allemandi, muy flojos técnicamente pero muy duros, incluso violentos. Pero el peor era Monti, en el centro del campo. Jugaba escorado hacia nuestra izquierda y se notó muchísimo, porque en el segundo partido no pudieron jugar ni Fede, ni Gorostiza, o sea, los que se habían atrevido a acercarse por su zona. Monti tuvo una actuación violentísima, que el árbitro se la permitió.

Y ahí no acabó la injusticia, porque en la segunda parte Moncho de Lafuente hizo todo un jugadón, se escapó de los defensar italianos, jugándose la pierna, y en jugada personal marcó el 2-1. Y aquí llegó nuestra sorpresa porque el árbitro lo anuló porque quiso. No hay otra explicación, pues cuando nos comentó que había sido fuera de juego nos pusimos a reír, porque Lafuente había hecho la jugada él solo, sin apoyo de ningún compañero.

Cuando saltamos al terreno de juego para disputar el segunto encuentro, al ver el griterío del público, la fuerte presión ambiental, ya estábamos convencidos de que no íbamos a pasar. Era literalmente un encerrona. Si después de haber sido mejores en el anterior encuentro no nos dejaron ganar, ahora, lo teníamos mucho más difícil.

Además, tuvimos que jugar con muchas bajas. Yo mismo salí al campo con una rodilla muy lastimada, sabiendo que no iba a poder jugar al máximo. Hice un partido muy cerebral, porque tenía una gran responsabilidad, por eso jugué midiendo mucho mis actuaciones, buscando estar colocado lo mejor posible para despejar los ataques italianos.

El problema era que por muy bien que jugásemos, el árbitro siempre se inclinaría a favor de Italia. Y así fue. A Campanal le anuló un gol en fuera de juego que todavía me pregunto cómo se atrevió a anularlo cuando fue un pase al centro del área, donde estaban varios defensores y el único fallo fue del portero Combi que tardó en salir.

Para colmo, Monti siguió castigándonos con su antideportiva costumbre de lesionar a los rivales. En veinte minutos se cargó literalmente a Chacho y a Bosch. Al extremo a los cinco minutos, en una verdadera agresión en medio del campo y a Chacho poco después del gol anulado.

Con todas estas circunstancias negativas, el equipo siguió manteniendo el tipo. Durante la segunda parte somos nosotros quienes tomamos la iniciativa y buscamos el empate. Llegamos a empujar mucho, acorralando a Italia, pero no tuvimos suerte, máxime cuando Luis Regueiro y poco después yo mismo, nos lesionamos y tuvimos que salir del terreno de juego.

Entonces nos quedamos con nueve hombres y muy mermados de fuerzas, hasta el punto que cuando regresamos Luis y yo, ya no hubo suficiente fuelle como para apretar y forzar a Italia. Fue una lástima.

Siempre recordaré ese partido con tristeza porque nos vaciamos para poder superar el ambiente y no nos dejaron. Además, fue la primera vez que era capitán de la Selección, porque Ricardo Zamora no pudo jugar por lesión, y me hubiese gustado haber alcanzado un triunfo.

– ¿Qué tal fue el recibimiento que se les hizo en España al regreso del Mundial? ¿Se comentó posibles injerencias políticas en el acontecimiento deportivo?

– Respecto al recibimiento podemos decir que fue bueno en un sentido objetivo. Los períodicos ya habían denunciado claramente la encerrona de Florencia y fue cuando descargaron todas sus críticas, reconociendo nuestra entrega y nuestro trabajo. Por eso no nos podemos quejar, pero hay que reconocer que entonces no era como hoy, y el ambiente era mucho más frío. Las alabanzas y elogios se incluían en las crónicas de los partidos y en cada partido se volvía a empezar.

También hubo algunos comentarios con segunda intención sobre Italia y «su mundial». Desde que fuimos eliminados aquí ya se dio por seguro que Italia iba a ganar, no porque fuesen los mejores, que no lo eran, sino porque nadie se iba a atrever a pitar en su contra.

Cuando nos enteramos de la sanción al árbitro suizo Mercet, tuvimos una sensación de que se había hecho justicia. Eso demostraba que no habíamos exagerado el trato recibido en la Copa del Mundo, lo que ocurre que ahora pienso que fue muy triste, porque uno va a esa competición con muchas ilusiones y es lamentable que la parcialidad intecionada o no de la organización te elimine injustamente.

– Ya no tuvo ocasión de volver a jugar un Mundial.

– No, y no fue por mi voluntad, claro está. Yo seguí jugando con la Selección e incluso hicimos algunos encuentros memorables. Del que tengo mejor recuerdo fue el que jugamos en Köln, ante Alemania y vencimos por 2-1. Los alemanes tenían un magnífico conjunto y llevaban muchos partidos seguidos sin perder. Nosotros hicimos un gran juego, especialmente Ventolrá que maravilló al público, que demostró ser mucho más deportivo que el italiano, y aplaudió sus jugadas, sobre todo las que hacía con el juego de cabeza. Lángara se encargó de marcar dos grandes goles y nosotros, en la defensa de frenar al mejor delantero alemán, Conen, que siempre se mostró muy peligroso.

Cuando se jugaron las eliminatorias de la Copa del Mundo de 1938, España no pudo competir porque estábamos en plena Guerra Civil, después vendría la Guerra Mundial y con ella la suspensión de las competiciones internacionales.

El paréntesis de la Guerra Civil en España significó la interrupción de todas las actividades oficiales. Sin embargo, en la zona controlada por el General Franco, donde Quincoces residía, se organizaron una serie de torneos, como la «Copa Brigadas de Navarra». Por esas fechas defendió de nuevo los colores del CD Alavés, pese a mantener su ficha por el Real Madrid, ya que se daban unas circunstancias especiales.

En 1939 se restablecieron las competiciones nacionales y Quincoces volvió al Real Madrid. Tenía entonces 34 años, el fútbol profesional había sido abolido y España no estaba para lujos.

– Finalizada su etapa como jugador, siguió ligado al fútbol como entrenador.

– Después de la Guerra Civil aún jugué algunas temporadas con el Real Madrid, pero más por amistad con los directivos y por afición, porque la edad empezaba a pesar y era cuestión de dejar paso a los jóvenes. Con todo, esto me sirvió para no alejarme del deporte y seguir en él más tarde como entrenador.

Nada más dejar el fútbol activo el presidente de la RFEF, don Javier Barroso me dio el cargo de seleccionador y accedí a ello en 1945. Era un cargo demasiado complicado, que me exigía estar lejos de casa demasiado tiempo y no me compensaba en absoluto, por lo que después de dirigir el segundo partido presenté mi dimisión. Después seguí ejerciendo de entrenador de club.

Reconozco que no tuve los mismos éxitos que había alcanzado como jugador, pero sí la misma satisfacción personal de sentirse con el deber cumplido. Para mí lo más importante era establecer el ambiente idónea de amistad y camaradería dentro de la plantilla para formar un grupo homogéneo, donde todos colaboren en su medida. Cuando se consigue esto el equipo es capaz de conseguir todo lo que se proponga uno.

Posiblemente el mayor reto como entrenador lo tuve con el Atlético de Madrid, al que llegué en

la temporada 1954/55. Me encontré con un equipo roto, totalmente desunido, donde todos se inculpaban y nadie se responsabilizaba. Acabó la primera vuelta a un punto del último, perdiendo en casa ante el Valencia. A la salida del partido había un grupo de aficionados esperando y cuando me asomé empezaron a gritar: «Quincoces, échalos a todos, limpia de vagos al equipo», yo que esparaba que se metieran contra mí y era todo lo contrario. Tardé una semana en recuperar a los jugadores, fui haciendo un grupo de amigos y al poco tiempo los resultados ya nos fueron acompañando. En la segunda vuelta sólo nos superaron el Real Madrid de Di Stéfano y el CF Barcelona de Kubala, nosotros fuimos los terceros.

La verdad es que ser entrenador exige tener un sentido del fútbol especial y concoer mucho a tus jugadores. Yo tengo una cosa muy clara, los jugadores hacen a los entrenadores. Cuando es entrenador de un equipo importante, todo jugador que te llevan es porque ya es bueno, ya destaca y uno no le va a enseñar a jugar. El entrenador debe saber conocer a sus jugadores, esa es la clave, y cuando los jugadores se encuentran a gusto con un entrenador, entonces lo hacen buen entrenador. Así ha sido siempre.

Cerrada su etapa como entrenador permaneció ligado al fútbol haciendo funciones de secretaría y asesoría técnica en varios equipos, principalmente en el Valencia CF. Por eso fijó su lugar de residencia en esta ciudad. Los años no perdonan y cada vez se le fue echando de menos en el campo de Mestalla, donde era asiduo, y se refugiando en los partidos televisados. Actualmente, lleva una vida muy tranquila, acostumbra a realizar un paseo matutino por la ciudad, aprovechando la benevolencia del soleado clima de Valencia y después se recoge en su domicilio, en una céntrica calle. Evidentemente, ya no practica la pelota vasca, deporte en el que también destacó, pero todavía conduce su automóvil, su otra pasión, porque siempre estuvo enamorado de los coches.

No cabe duda que acercarse a Quincoces es poder ver de cerca una de las leyendas más importantes del fútbol español, es encontrarse con una extraordinaria persona que merece llevar el calificativo de «caballero del deporte».

Su trayectoria como jugador

1922/23 Los Ciclistas Vitoria

regional

1923/24 Desierto Baracaldo

regional

1923/24 Baracaldo FC

regional

1924/25 CD Alavés

regional

1925/26 CD Alavés

regional

1926/27 CD Alavés

regional

1927/28 CD Alavés

regional

1928/29 CD Alavés

18

0

1929/30 CD Alaves

18

0

1930/31 CD Alavés

18

0

1931/32 CD Alavés

17

0

1932/33 Madrid FC

18

0

1933/34 Madrid FC

18

0

1934/35 Madrid FC

18

0

1935/36 Madrid FC

19

0

1936/37

1937/38

1938/39 CD Alavés

regional

1939/40 Real Madrid

19

0

1940/41 Real Madrid

18

0

1941/42 Real Madrid

5

0

como entrenador

1942-1943 Real Zaragoza CF

1945 Seleccionador nacional (2 partidos)

1945-1946 Real Madrid CF

1947-1948 Real Madrid CF

1948-1954 Valencia CF

1954-1955 Club Atlético de Madrid

1956-1958 Real Zaragoza CD

1958-1960 Valencia CF




Un hombre llamado Joan Gamper (Winterthur 1877 – Barcelona 1930)

Cuando llegó a  Barcelona, a finales del siglo XIX, su pasaporte de ciudadano helvético  ponía «Hans Maximilian Gamper Haessig», pero en el momento de su muerte era ya para todo el mundo Joan Gamper, un catalán más. Por el medio quedaban tres décadas consagradas a hacer realidad un sueño de juventud, un sueño del que tal vez jamás pudo  imaginar las dimensiones que un día  llegaría a cobrar, por más que a él ya le tocase ser testigo privilegiado de su imparable crecimiento.

Hijo de una familia acomodada, y destacado practicante de deportes como Ciclismo, Natación, Rugby o Atletismo, ya había tenido tiempo de fundar clubes de fútbol en su Suiza natal, cuando, casi por casualidad, recala en Barcelona, donde llevará a cabo  una intensa vida profesional, generalmente volcada hacia las labores comerciales. De todos es sobradamente conocida la histórica nota que Gamper, que entonces trabajaba como contable en la Compañía de Tranvías de Sarriá,  va a insertar en  la revista quincenal  barcelonesa «Los Deportes», con la idea de  aglutinar un grupo de jóvenes junto a los que practicar su pasatiempo favorito, el Fútbol. El 29 de Noviembre de 1899, en el Gimnasio Solé, tomó cuerpo esa feliz  idea, y echó a andar un proyecto llamado a asombrar al mundo, a través de un fenómeno de masas que hoy en día no tiene igual en parte alguna. Aunque, paradójicamente, tan sólo pudieron reunir a diez jugadores para disputar el que sería el primer partido del naciente club, que se saldó con una derrota mínima por 1 a 0 frente al team de la colonia inglesa de Barcelona, en el antiguo Velódromo de la Bonanova, el día 8 de Diciembre de 1899. Gamper, el impulsor, no quiso ser el primer presidente de la nueva entidad – lo sería  Walter Wild -, contentándose con el honor de capitanear el equipo. Jugó durante varios años con la nueva escuadra azul y grana (colores que muy posiblemente había sugerido él mismo), alcanzando unos registros goleadores impresionantes, de dos tantos por partido. Sin embargo su enorme amor hacia la sociedad que había creado de la nada le impelió en 1908 a asumir la responsabilidad de tomar las riendas cuando esta atravesaba por una grave crisis, y se encontraba al borde de la disolución., con únicamente 38 socios. De esa primera presidencia salió un FC. Barcelona renovado, revitalizado, que inauguraría muy pronto – Marzo de 1909 – su primer terreno de juego propio, el mítico campo de la Calle Industria, con su coquetona tribuna cubierta de dos pisos, y un aforo calculado para  nada menos que 6000 espectadores.

Cada nuevo periodo en el que Gamper presidía los destinos del Barça  – y los presidió hasta en cinco ocasiones, únicamente superado en tiempo por Josep Lluís Núñez – supondría un salto cualitativo y cuantitativo en el desarrollo de la entidad, que iba a conocer su primera «Edad de Oro» en los años 20,  formando un equipo cuajado de estrellas y muy difícil de batir, donde se daban cita ases como Samitier, Alcántara, Piera, Sancho, Platko o Sagi Barba. Gamper va a dirigir entonces una entidad que alcanzaría la mágica cifra de 10.000 socios, y será el gran impulsor de la construcción del campo de Les Corts, la Catedral del Fútbol Catalán, inaugurado en mayo de 1922, tras únicamente tres meses de obras, y con capacidad para 20.000 espectadores. Pero en Junio de 1925, y a consecuencia de un incidente ocurrido en los prolegómenos de un partido de homenaje al Orfeó Catalá, cuando parte del publico silbó la interpretación de la Marcha Real, el himno nacional español, las autoridades de la Dictadura del General Miguel Primo de Rivera van a clausurar el campo y prohibir todas las actividades del club durante seis meses, como represalia por dichos actos. Ello traerá también aparejada de hecho la inhabilitación a perpetuidad de Joan Gamper para ostentar cargos directivos, pasando la presidencia del Barça a una personalidad mejor vista por el régimen militar, Arcadi Balaguer, Barón de Olivar, amigo personal del Rey Alfonso XIII

Es indudable que este hecho, al alejarle forzosamente de su amado Barça – incluso llegó a abandonar Cataluña durante unos meses – , tuvo gran influencia en su estado de ánimo, siempre tan dinámico. Asimismo, las consecuencias del Crack bursátil de 1929 afectaron seriamente a sus negocios, y de ese modo fue germinando en él un estado depresivo que le condujo a tomar la terrible decisión de quitarse la vida, lo cual tuvo lugar en Julio  de 1930 (un hecho, por cierto, que las distintas historial del Barça no reseñaron hasta los años 90). Su entierro constituyó una gran manifestación popular de duelo en Barcelona, inaugurando una década trágica para la institución culé, con escasos triunfos deportivos – únicamente a nivel regional – , y en medio de un creciente desinterés popular hacia el fútbol a medida que la gente iba volcándose en la Política, y que desembocaría en el gran trauma colectivo de la Guerra Civil, que tantas vidas se cobraría en el bando barcelonista, comenzando por la del entonces presidente Josep Sunyol, y que a punto estuvo de hacer desaparecer el club, que finalmente se salvaría de los avatares bélicos gracias a la decidida acción de un puñado de personas que mantuvieron viva la llama del barcelonismo mientras a su alrededor todo  literalmente estallaba y se hundía

La enorme deuda de  la Gent Blaugrana con Joan Gamper se iría pagando poco a poco, primero con gestos como la restitución del busto del Fundador en Les Corts, promovida por el presidente Agustí Montal i Galobart, que también consiguió que el consistorio barcelonés le devolviese su nombre original a la cercana calle Crisantemos, dedicada a Gamper, después con la intención de que el magnífico estadio inaugurado de septiembre de 1957 llevase también su nombre – algo que el clima político del momento frustró debido a sus innegables simpatías catalanistas  -, y finalmente con la creación de un torneo veraniego para honrar su memoria, que iniciaría su larga andadura en el verano de 1966, auspiciado por el presidente Enric Llaudet. Incluso su hijo Joan Ricard va a formar parte de la junta directiva entre 1973 y 1977 (segundo mandato de Agustí Montal i Costa).  Además, tras su fallecimiento, la Asamblea General del Club  tomó   la decisión irrevocable de que Joan Gamper fuera siempre  el socio número 1 del Fútbol Club Barcelona. Hoy, la Ciudad Deportiva del Barça, situada en el vecino municipio de Sant Joan Despí, lleva también su nombre, el nombre de aquel joven sportman suizo que un buen día tuvo un sueño, un sueño que 110 años después comparten millones de personas en los cinco continentes.




Jules Rimet

Jules Rimet nació en Theuley-les-Lavoncourt, en el departamento del Alto Saona, el 24 de 0ctubre de 1873.

Hijo de Seraphin y Zoé. Quienes tuvieron cinco hijos: Marie, Jules, Berthe, Modeste y Ernest. 

En su pueblecillo natal estudió la enseñanza primaria. Su padre tenía un negocio de ultramarinos y su abuelo materno un molino en el cual el niño Jules pasaba buena parte del día, salvo el horario de clases; pero durante las vacaciones prácticamente vivía en el molino.

La  depresión económica que siguió a la guerra franco prusiana hizo que la comarca quedara empobrecida. Ello aconsejó a Seraphin Rimet desplazarse a Paris. El joven Jules permaneció junto a su abuelo algún tiempo, completando su primera educación, cuyos ejes eran la religión y el patriotismo. Líneas estas que conformarán toda su vida.

Tras hacer la primera Comunión en Theuley, en 1885, se unió en Paris a sus padres, que ya habían logrado una posición estable aunque de indudable modestia. Vivían en el séptimo distrito, en el barrio de Gros-Caillou, en la calle Cler. Barrio de gentes modestas, trabajadores de limitados recursos y dominados por la parroquia de San Pedro.

Se afilia al Circulo La Rochefoucauld en el que comienza sus primeras actividades deportivas, principalmente el fútbol, que juegan en la inmediata explanada de Los Inválidos. 

Pero no todo es dar patadas al balón. Por las mañanas ayuda a sus padres en el negocio y por las tardes estudia, en cursos intensivos para obreros, el bachillerato. Posteriormente, y también en clases vespertinas y nocturnas, cursa la carrera de Derecho. 

Estuvo algún tiempo como pasante de un abogado del Barrio de la Bolsa. Ello le sirvió para adquirir no sólo experiencia sino también para hacerse notar entre los abogados hasta el punto de conseguir ser asociado del Banco Fiduciario de París, en el gabinete de lo Contencioso y Recaudación.

El movimiento católico social

Simultáneamente a sus actividades profesionales se implica en el movimiento del catolicismo social en el Círculo de Obreros Católicos  que le lleva, poco después,  a crear, con sus compañeros del Círculo, una Unión Social del VII Distrito.

Políticamente se afilia a la Democracia Cristiana, pese a que ésta no pasa sus mejores momentos. O quizá por ello. Vive en la calle Grenelle y en su casa se celebran no pocas reuniones de patronos y obreros que trabajan por el restablecimiento de un orden social cristiano, lo que acaba uniéndole al movimiento de Marc Sangnier, líder de la Democracia Popular. Intenta ésta atraer a la juventud por un camino quizá menos confesional, pero atractivo para conciliar a todas las clases sociales en un mismo movimiento social católico.

Jugador breve, de escasa calidad, lo que quizá amenguó su vocación de practicante del deporte. Pero no en cuanto a su creencia en el deporte como palanca social, como medio de unión y confraternización de todas las clases sociales. Como vehículo para alcanzar la paz entre los pueblos y los individuos de las diferentes clases sociales.

Ya el barón de Coubertin había empezado su apostolado sobre la inserción del deporte en la enseñanza. Bien es cierto que el creador del movimiento olímpico se movía en otras esferas sociales, las aristocráticas, muy lejanas a la del Distrito Séptimo, pero sus ideas afirmaban la creencia de Jules Rimet en la función social del deporte.

Su vocación deportiva encuentra su verdadero sitio en la creación, promoción y gestión de las actividades deportivas.

Primer paso: Red Star

El 12 de marzo de 1887, con 24 años, funda el club Red Star. Es un club deportivo en el que se pueden practicar todas las especialidades deportivas, la mayoría de las cuales eran prohibitivas para las escasas posibilidades económicas de los jóvenes obreros.  Cree firmemente en la función educativa y social del deporte. Y como un apostolado, más allá de los límites políticos, se entrega a esta función de forma total.

Que no estaba muy equivocado lo marca el hecho de que en el mismo año se funda la famosa USFSA (Unión de Sociedades Francesas de Sports Atléticos), con los mismos propósitos e ideales que habían movido a Rimet a crear su Red Star. Pasa a afiliar su club en esta  asociación que sería el germen de la futura Federación Francesa de Fútbol.

Porque, pese a su vocación futbolística, el balompié no era en Francia, en aquellos momentos, más que  un juego un tanto pintoresco que únicamente practicaban los estudiantes o trabajadores ingleses. Las aficiones iban por el lado del atletismo, la gimnasia, el ciclismo…

No resulta extraño, por ello, que incluso los grandes clubs parisienses tarden no poco en practicar el fútbol. Pero, como una epidemia, en pocos años iban a ir orillando a los demás deportes hasta reinar sobre todos ellos. Baste decir que hasta 1894 -siete años después de su fundación- no puede la USFSA montar la primera Liga de Fútbol en Francia. Sólo con nueve clubs y todos ellos de París.

Esta nueva dirección de la USFSA no casa bien con los ideales de Rimet. Porque ya intuye que el fútbol va, imitando a los ingleses, a un ineluctable profesionalismo. No es ese su propósito, todavía inmerso en el apostolado social, pero ve en ello una posibilidad de inserción de los jóvenes practicantes obreros y empleados en una profesión de la misma forma que han hecho los ingleses. El tiempo del «diletantismo» está pasando velozmente y llega la hora de encarar el fútbol como un «oficio» en el que puedan insertarse todos, sean de la clase social que sean.  

Se crea la FIFA

Pero un hecho importante para el fútbol mundial va a imponer nuevos rumbos: la creación de la FIFA. No es momento de hacer ningún rodeo para explicar cómo se produjo esa creación el 21 de mayo de 1904 en los locales que en el número 229 de la calle Saint Honoré tenía la USFAS. Entre el francés Guérin y el holandés Hirschman levantan ese frágil edificio que sería, corriendo los años, uno de los poderes fácticos más importantes del mundo. Entre los propósitos del recién nacido organismo estaba, de forma imperativa, el de la organización de un Copa del Mundo. La FIFA abogaba por el fútbol, ya fuera éste profesional o aficionado; no había límites en unos momentos en los que el Comité Olímpico Internacional quería mantener cerradas las puertas del campo. Esta situación tirante duraría hasta bien entrados los años 30. De hecho, hasta 1932 – ya con una Copa del Mundo celebrada- no se proclama el profesionalismo en el fútbol francés. ¡Ocho años después que en España…!   

Pero muchos años antes había habido novedades importantes en el fútbol galo. En 1906 Charles Simon había creado el Comité Francés Interfederal (CFI) que agrupaba a todas las sociedades deportivas del campo confesional católico, pero poniendo el acento en el fútbol. Pidió el ingreso en la FIFA. ¡Y se lo concedió el máximo organismo!. Las interjecciones vienen a cuento de que ya estaba inscrita en la FIFA la USFSA, pese a la prohibición de que un mismo país tuviera más de una asociación afiliada a la FIFA, prohibición que mister Woolfall, a la sazón presidente, ponía ante la solicitud de la Federación Española que estaba en los momentos en que padecía las frivolidades de la Unión Española de Clubs.

En 1908, la USFSA decide abandonar la FIFA porque ésta no permite competir a sus clubs con los de la «Amateur Football Asociación»; cosa lógica ya que este última era competidora de la FIFA e intentaba hacerse un hueco en el mundo futbolístico mundial «amateur», en connivencia, más o menos demostrable, con el COI y con los Juegos Olímpicos que querían arrogarse la Copa del Mundo de fútbol. 

En ese momento Jules Rimet y otros muchos directivos de clubs que pertenecían a la USFSA deciden abandonarla y crear su grupo propio bajo el nombre de Liga de Fútbol Asociación (LFA). Con ello ya había tres federaciones en Francia…  Esta recién nacida la presidía Jules Rimet. A éste le movían dos propósitos: lograr la unión de todo el fútbol francés en una sola Federación y hacer que el fútbol tuviera una Federación autónoma  del resto de las que conformaban el conjunto deportivo de todas las naciones. Si, sobre el papel y la realidad, era la Federación más importante en cada uno de los países, bien merecía una autonomía que hasta entonces se le negaba. Consiguió, en una primera etapa, la unión de su Asociación con el CFI, que había perdido a su mentor y guía Charles Simon. Y como vicepresidente de tal entidad fue al Congreso de la FIFA de Oslo, celebrado  a finales de junio de 1914, en representación del fútbol francés. 

En tales esfuerzos fue avanzando el abogado parisién. No pudo llevarlos a cabo, momentáneamente, porque Europa se sumergió en lo que se llamó la Gran Guerra. 

La guerra europea

Jules Rimet es llamado a filas el 3 de agosto de 1914. Tenía 40 años, estaba casado -lo había hecho en 1898 con Jeanne Peyrégne- y tenía tres hijos, Annette, Jean y Pierre, de 9, 7 y 4 años respectivamente.  Fue destinado al Regimiento de Infantería número 22 con guarnición en Rouen. En febrero de 1915 es ascendido a sargento y desde ese empleo pidió hacer los cursos de oficial, tras los cuales, fue nombrado subteniente en el mismo Regimiento en el que estaba sirviendo.

Inventó un aparato que él llamó Telemira que no era más que una versión reducida del telémetro, que permitía el uso personal e individual de un práctico medidor de distancias. Esto, junto con sus acciones en el frente de batalla, le sirvieron para su ascenso a teniente a mediados de 1917.

Mientras tanto, el CIF continuó, de forma atenuada por supuesto, sus actividades conducidas por su secretario Henri Dalaunay, otro hombre de importancia fundamental no sólo para el fútbol francés sino para el europeo. Éste había montado una Copa de Francia que mantenía el fuego sagrado del balompié en plena guerra. La competición se llamó Copa Charles Simon y su primera final se celebró en París, en mayo de 1918, proclamándose campeón el Olympique de Marsella.

Licenciado a primeros del año 1919, Jules Rimet recomienza sus actividades deportivas. Forma parte del Consejo Nacional de Deportes. Desde él lleva a buen puerto uno de sus antiguos empeños: conseguir para el fútbol una Federación independiente. Luego procede, descartada la USFSA -decantada por el rugby como primer deporte de su dedicación-, al afianzamiento de la unión entre su Liga y el CIF, de las cuales era su nervio principal. De esta suerte consigue su segunda gran ilusión: la creación de la Federación Francesa de Fútbol Asociación. Tal hecho histórico para el fútbol galo se produjo el 7 de abril de 1919. Cuatro días más tarde Jules Rimet es elegido, por unanimidad, presidente de esta recién nacida Federación. En este cargo permanecería hasta 1949. Posiblemente los treinta años más importantes en el afianzamiento y desarrollo del fútbol francés.

Presidente también del fútbol mundial

El fútbol internacional tomó aliento después del gran conflicto europeo. La convocatoria de los Juegos Olímpicos de Amberes, en 1920, reavivó todos los problemas candentes antes del gran conflicto. Uno de los más importantes era el intento del COI por fagocitar al fútbol y hacer, dentro de los Juegos, el único Campeonato del Mundo. Ello levantó «en armas» a Jules Rimet, quien ya había combatido en Francia contra esa idea. Entendía el fútbol con mayor amplitud que la constreñida al amateurismo; caer en poder del COI significaría que el fútbol quedara restringido a los estudiantes «pudientes» y a los «domingueros». Ello era lo que había defendido ya en 1914 en su primer contacto con la FIFA en el Congreso de Oslo. El hecho de que las Federaciones británicas no asistieran con su fútbol al torneo de Amberes le afirmó más en la idea de que era imprescindible un torneo mundial en el que pudieran participar todos los países con sus mejores jugadores.

Su actuación en el Congreso de Amberes, representando a Francia, hizo que todos los ojos de los representantes de las Federaciones europeas se volvieran hacia este pequeño francés que parecía tener la elocuencia, el tesón y la clarividencia para llevar a buen puerto ese anhelo fundacional incumplido de organizar la Copa del Mundo. Fue proclamado candidato único a la presidencia de la FIFA.

Y en el Congreso siguiente, el 1 de marzo de 1921, fue elegido presidente del máximo organismo internacional.

Tenía mucho trabajo por delante. En su país, llegar a la instauración del profesionalismo que estabilizara definitivamente el fútbol galo. En el mundo, la realización de la Copa del Mundo.

Diez años de trabajo oscuro y eficaz

Que no eran empeños fáciles lo demuestra el tiempo que tardó en lograr ambos deseos: casi diez años. Y nadie podía echarle en cara falta de laboriosidad o entusiasmo. Trabajaba incesantemente, viajaba, establecía relaciones personales con los federativos más importantes de las Federaciones de medio mundo… Pero los inconvenientes eran de tal calibre que a la hora de tomar alguna decisión definitiva siempre se encontraba solo.

Los Juegos Olímpicos de 1924 se celebraron en París por pura cabezonada de Pierre de Coubertin, pero ello fue de gran beneficio para Rimet. Le permitió afianzar su relación con esos federativos del fútbol mundial y sobre todo con los uruguayos, que serían bicampeones olímpicos. En su trato con el embajador uruguayo en Bruselas llegó a intuir que pudiera ser Uruguay quien consiguiera organizar esa primera Copa del Mundo.

Con ese leve punto de apoyo empezó a forzar las máquinas para que el Comité de la FIFA apoyara su «locura».  El primer paso fue el de la creación de una comisión para estudiar todos los extremos de tal organización: participantes, presupuestos, compensaciones económicas, etc. Tal comisión estaba presidida por Gabriel Bonnet e integrada por Linnemann, Meisl y Delaunay, quienes fueron desgranando el esquema de una competición de tal fuste.

Le cabe a Barcelona el honor de albergar el siguiente Congreso de la FIFA, los días 17 y 18 de mayo de 1929. Los delegados fueron llevados hábilmente por Rimet al tema de su obsesión: la Copa del Mundo, que él había decidido, para su capote, que arrancara, como fuera, en 1930. Arrinconados los representantes del fútbol mundial no les quedó más remedio que dar el paso al frente. Se ofrecieron: España, Holanda, Hungría, Italia y el esperado Uruguay. Naturalmente fue esta última nación la que fue elegida. Realmente era la única que ya tenía asumido su papel, por lo que las renuncias en su favor de los demás aspirantes, con mayores o menores dengues hipócritas, estaban cantadas.

Rimet, igual a Copa del Mundo

A partir de este momento, la biografía de Jules Rimet se funde totalmente con la historia de la Copa del Mundo. Una historia muy brillante pero cargada de trabajo para el presidente; indudablemente de grandes satisfacciones por los éxitos, pero de enormes amarguras por infinitos desengaños que, naturalmente, no han pasado a los libros que desglosan la historia del más importante torneo del mundo. Incluso en su libro de 1954 «Historia maravillosa de la Copa del Mundo» (que en España se publicó con el título de «Fútbol. La Copa del Mundo») mantiene pudorosamente un tono feliz, muy en línea con las descripciones apologéticas de las diversas ediciones del torneo.

Apenas si se traslucen las dificultades para convencer a los argentinos para que depusieran su actitud contra el torneo de Uruguay; su fracaso, también con los argentinos, para que asistieran al torneo de Brasil; su lucha para que los países europeos apoyaran con su presencia a Uruguay en aquel difícil arranque de 1930, principalmente su propio país al que le costó Dios y ayuda llevar a Montevideo; el arreglo de los diferentes y frecuentes líos dentro de cada una de las Federaciones – en España tuvo que intervenir para evitar más de un cisma en la RFEF- y entre ellas; no malas penurias y dificultades tuvo durante la II Guerra Mundial para mantener enhiesto el pabellón de la organización y en la posguerra para evitar el veto de los vencedores sobre los vencidos; dificultades similares -gemelas, más bien- a las que había afrontado el barón de Coubertin tras la primera conflagración europea. 

Lo cierto es que la participación, desde los trece pioneros de Uruguay, fue en una línea de progresión geométricamente creciente. Lo mismo que la inscripción en el organismo internacional.

Los momentos difíciles

El asentamiento del edificio de la FIFA fue obra exclusivamente de Jules Rimet, quien entregó nada menos que treinta años de su vida a ello. Lo mismo que las cinco ediciones de la Copa del Mundo que se celebraron bajo su mando. 

Muchos párrafos de su libro merecerían ser reproducidos, pero la extensión de este artículo sufriría una elongación desmesurada. Baste, por ello, uno de los más significativos: el de la final de Río de Janeiro con la inesperada  derrota de Brasil ante Uruguay. Escribe Rimet: 

«Mientras seguía con la mayor atención, desde la tribuna oficial, las peripecias del partido, pensaba con mi poquito de emoción en la misión que iba a desempeñar dentro de pocos minutos. Faltaba poco para terminar el encuentro. Dejé mi puesto en la tribuna y, mientras preparaba el discurso que debía pronunciar ante el micrófono, me dirigí al túnel que conducía al terreno de juego. En aquel momento los dos equipos permanecían empatados a un gol. Terminando igualados, era suficiente para que Brasil pudiese ser declarado vencedor. El estadio hallábase agitado como si una tempestad se abatiera sobre el mar y las voces de los espectadores se amplificaban semejando bufidos de huracán.

«Cinco minutos más tarde, justamente cuando llegaba a la salida del túnel, un silencio de muerte había reemplazado a todo aquel tumulto. Aquella multitud inflamada en la espera de una victoria que creía cierta e ineludible, se hallaba muda de estupor, como petrificada. ¿Qué había ocurrido? Unos segundos antes del pitido final, Uruguay había marcado un segundo gol y ganado la Copa del Mundo. El zurdazo de un solo hombre -Ghiggia- había hecho enmudecer a doscientos mil.

«Automáticamente, no hubo ya ni guardia de honor, ni himno nacional, ni discurso ante el micrófono, ni entrega solemne del trofeo… Me hallé solo en medio de la multitud, empujado por todos los costados, con la Copa en mis brazos, sin saber qué hacer. Terminé por descubrir al capitán uruguayo, y le entregué, casi a escondidas, la Copa, estrechándole la mano, sin poderle decir ni una sola palabra».

El profesionalismo en Francia

Se ha quedado un tanto a trasmano la solución del otro problema con el que se había encarado Rimet.: el del fútbol francés con el profesionalismo en danza. La USFSA se había declarado firmemente partidaria del amateurismo como única vía para que las clases desfavorecidas económicamente pudieran practicar el deporte; Jules Rimet, más realista, entendía que los amateurs puros tenían que pagar los gastos de equipo, de desplazamiento para acudir a los actos deportivos, más perder jornales para los viajes y los entrenamientos, lo cual alejaba a los trabajadores de menos nivel económico de practicar el fútbol. En el profesionalismo veía la única posibilidad de que todos  se integraran en unos equipos que subvenían a sus gastos. Bien es cierto que el profesionalismo encarado entonces -también en España- estaba un tanto a caballo con el ejercicio de una profesión. Nadie podía pensar entonces que llegarían unos tiempos en los que serían profesionales hasta los juveniles…

Rimet pensaba que con las 150 mil fichas que tenía la Federación Francesa, era el momento de dar el gran salto; pero las opiniones de deportistas, clubs y prensa estaban tan divididas que parecía imposible pensar en que ello se pudiera llevar a cabo sin graves conflictos.

Pero Rimet, además de sus virtudes, poseía eso que Napoleón exigía a sus generales: suerte. Y vino en su auxilio cuando la fábrica de automóviles Peugeot, a principios de la temporada 1930-31, formó el club Sochaux. Club totalmente profesional. Y, seguidamente, la misma firma creó un torneo, premiado con un valioso trofeo, para clubs profesionales. Algunos equipos que se movían en un amateurismo marrón dieron el paso definitivo y profesionalizaron a todos sus jugadores. Eso fue el desencadenante que aprovechó la Federación Francesa para tratar de forma definitiva el tema. Se hizo un reglamento para los jugadores profesionales que salió adelante en la Asamblea de enero de 1932 para aplicar a la temporada siguiente.

Tema resuelto también. Lo que significó el gran paso adelante del fútbol francés.

La gran decepción en su propia patria

Los grandes hombres suelen tener una legión de enemigos. Pese a los indudables servicios y beneficios prestados al fútbol de su patria, pronto empezaron a criticar su dedicación al fútbol internacional. Acusaciones a las que no eran ajenos los partidos políticos que veían en el fútbol un enorme punto de apoyo para sus maniobras ante la masa de aficionados. Por otra parte, las decisiones que se veía obligado a tomar en sus actuaciones internacionales, con la política internacional por medio, le acarreaban no pocos disgustos en la Francia de posguerra tan tremendamente politizada. A Rimet le cogieron por medio los embates políticos de la pre guerra fría. 

Así, en 1949, cuando estaba en medio del fragor de la batalla brasileña, no fue aclamado, como en años anteriores, en la renovación de su cargo en el organismo galo. La cuestión del Sarre iba a ser el punto de apoyo de sus enemigos. El Sarre, como se sabe, fue una efímera nación independiente que los aliados separaron de la Alemania vencida. Esta región, genuinamente alemana, estaba forzosamente vinculada en su economía a Francia, pero el gobierno galo intentaba aparentar una postura neutral que estaba bien lejos de ser realidad. Por ello, el deseo de Jules Rimet de que el fútbol del Sarre se integrara en la Federación Francesa y en su Liga, para que no quedara aislado, chocó, no sólo con la política de disimulo que mantenía el gobierno, sino con los alsacianos, resentidos aún por la ocupación germana, quienes amenazaron con darse de baja de la FFF si se les obligaba a jugar con un solo club sarrois. 

Rimet quedó en minoría en la votación de la Asamblea. Y la mayoría, a favor de los alsacianos, eligió presidente a Laforgue. Bien es verdad que éste, entendiendo que el destronamiento de Rimet procedía más de intereses políticos que deportivos, presentó la dimisión inmediatamente; pero Rimet, muy dolido por el desaire de sus colegas, no aceptó volver a tomar posesión de la presidencia.

Fue muy desilusionante para Rimet tal  «despido» de una organización creada merced a sus esfuerzos y trabajos, y por la que tanto había luchado durante treinta años. Había parido un organismo de entre el caos, lo había mimado y hecho una entidad robusta y moderna, y por el hecho de querer hacer realidad su ideal de un fútbol sin fronteras e independiente de vaivenes políticos, era despedido de una manera muy poco grata. Ingrata, más bien. 

Su última Copa del Mundo

El éxito de la FIFA en la IV Copa del Mundo, en Brasil, le hizo encarar con entusiasmo la edición siguiente, que se celebró en Suiza. Sabía perfectamente que esa era su última actuación al frente del fútbol mundial y cuidó hasta el máximo su organización.

Cuando en el Congreso de la FIFA de ese 1954, el 21 de junio, anunció que no se presentaría a la reelección para la presidencia todo el fútbol lo entendió; tenía ya 81 años y su salud -superada felizmente la operación de cataratas-  no le permitía todo el trajín de viajes, reuniones, horarios de trabajo que había sido su norma desde 1921. Ochenta años y dos guerras sobre sus espaldas daban fe de su reciedumbre física y moral. Pero había llegado su hora. La ocasión de las bodas de oro de la FIFA era ni que pintiparada para que él dijera adiós. Como quiera que nadie se presentó para tal responsabilidad fue el propio Rimet quien sugirió que le sucediera el vicepresidente y colaborador suyo durante veinticinco años: Rodolphe Williams Seeldrayers. Fue aceptado por unanimidad. Podía, pues, marcharse tranquilo. 

Dos años más tarde, el 15 de octubre de 1956, falleció en París.

Un hispanófilo auténtico

Si no estuviera tan desacreditada la palabra hispanófilo, se podría decir que Jules Rimet fue un verdadero hispanófilo. Sobre todo desde que estuvo en Barcelona en 1929, con ocasión del Congreso de la FIFA en el que se aprobó la celebración de la primera Copa del Mundo en Uruguay. Dejó no pocos amigos del fútbol español, intimando de forma particular con Ricardo Cabot, a la sazón secretario general de la RFEF. Le gustaba España y le preocupaba su fútbol. De ello dio muestras en cuatro ocasiones principalmente.

La primera, cuando fueron a visitarle varios federativos ante las escisiones de la RFEF. Aconsejó con toda lealtad a los disidentes, advirtiéndoles que la FIFA no admitiría más que una Federación por país. Que debían integrarse en un único organismo. Al fin y al cabo es eso lo que él había hecho en Francia para llevar a la USFAS, el CIF y la Liga Francesa a una sola Federación.

La segunda ocasión fue con motivo del grave problema que supuso para el fútbol español la instauración del profesionalismo. Vio perfectamente cómo «los nueve» de la Liga Minimalista podían partir en dos el fútbol español y pese a las presiones de los «magnates» del fútbol hispano, volvió a recordar que no reconocería más que una Federación en España y que el «grupo minimalista» – la «Orden de la Jarretera», como lo definió acertadamente Jacinto Miquelarena- tenía que integrarse en una sola Liga, con las Divisiones que estimaran oportunas.

La tercera intervención fue no menos decisiva. Ocurrió en plena Guerra de 1936 cuando, ante la hibernación de la FEF, surgió la Federación en San Sebastián intentando ser reconocida por el máximo organismo. Rimet entendió que era un caso especial y más habida cuenta del silencio que la FEF de Madrid/Barcelona le había dado ante la urgencia de la FIFA por completar los Grupos de la Copa del Mundo de 1938. Pese a las presiones de su gran amigo Cabot, propuso al Comité Ejecutivo el «caso español», que fue votado favorablemente a la Federación instaurada en San Sebastián. Merced a ello, una vez terminada la guerra, el fútbol español mantuvo una continuidad, nacional e internacional, que no hubiera sido posible de haberse negado a las solicitudes del teniente coronel Troncoso, y por ello cortado la trayectoria del fútbol hispano.

El último gran favor para el fútbol español ocurrió cuando en el Congreso de la FIFA en Luxemburgo (1 de julio de 1949), Yugoslavia pretendió que se expulsara a España de la FIFA, con el apoyo de Stanley Rous; Rimet hizo un brillante discurso en defensa del fútbol de  España. Desmontó la maniobra, indudablemente muñida desde el Kremlin, aplicando los antecedentes del COI de Coubertin y de la FIFA. Realmente le echó valor para defender al fútbol español cuando aún le estaban doliendo las heridas del similar caso del Sarre en su propio suelo  y que le había costado la presidencia de la Federación Francesa.

Así pues este breve recuerdo de Jules Rimet no sólo es un modesto homenaje a su figura en el centenario de la FIFA, cuya afirmación y desarrollo fue obra de este gran deportista francés, sino una breve nota de gratitud del fútbol español.




Jesús Rivero Meneses

Cuando D. Jacinto Miquelarena, eximio periodista, definió a la Unión Española de Clubs como » la orden de la Jarretera» del fútbol español, acertaba de pleno. Era un contrapoder ante la Federación Española que duró lo que vivieron sus miembros; éstos eran quienes daban y quitaban cargos en el aparato directivo del fútbol, incluida la propia Federación Nacional. El visado era la simple denominación de «hombre de fútbol». Con ese pasaporte se podía ser de todo en el organigrama futbolístico hispano. 

Jesús Rivero Meneses

A don Jesús Rivero Meneses nadie le podía negar el título de «hombre de fútbol». Abogado; fundador del Valladolid; propietario y director de una revista deportiva llamada «Olimpia»; vicepresidente del Valladolid; medalla al Mérito Deportivo otorgada en mayo de 1936; presidente de honor del Valladolid desde 1943…

Con esas acreditaciones, nadie de la «orden de la Jarretera» pudo ponerle ningún reparo cuando el general Moscardó echó mano de él para tapar con urgencia el boquete que le había producido en la Federación Española la dimisión de su presidente, D. Javier  Barroso, por aquel enojoso asunto del fichaje por el Sevilla del bético medio centro Antúnez. El presidente de la Delegación Nacional de Deportes fue tan torticeramente informado del «caso Antúnez» que su decisión fue realmente desafortunada. El señor Barroso dimitió y con él todo su Comité. Así pues, ante D. Jesús quedaba el erial federativo; lo cual no dejó de venirle bien para construir sin condicionamientos apriorísticos.

Jesús Rivero Meneses

Pudo nombrar un Comité a su medida. Con dos escándalos «periodísticos». Uno, de carácter político; otro, futbolístico. El primero fue la recuperación de D. Ricardo Cabot como secretario general de la FEF, cuya sanción por sus responsabilidades políticas había prescrito. La segunda, llevar al cargo de Seleccionador Nacional a D. Pablo Hernández Coronado, el más polémico de los «hombres de fútbol», pero también el más chispeante, ambiguo, irónico e inteligente de la «orden». El resto de la Junta no causó tanto revuelo, posiblemente por ignorancia de los informadores de la época. Eran: Vicepresidente, D. Rafael González Iglesias -ex presidente del Athletic de Madrid- ; vocales: D. Leopoldo García Durán – ex presidente de la FEF desde 1931 hasta el comienzo de la guerra de 1936 y ex miembro de la FIFA-, D. Ramón Sánchez Pizjuán -ex presidente del Sevilla-, D. José Maria Mateos Larrucea -ex presidente de la Federación Vizcaína y ex seleccionador nacional- D Ernesto Cotorruelo -ex presidente de la Federación Castellana-, D. Enrique Piñeyro Queralt -ex presidente del Barcelona- y D. Carlos Pinilla Turiño.  Menos este último, todos eran grado 33 de la Jarretera. 

Como no se trata más que de un esbozo periodístico hay que atajar. Sólo estuvo un año en el sillón presidencial de la Calle San Agustín. Dimitió el 21 de abril de 1947 por «incompatibilidad personal» con la Delegación Nacional. ¿Quién fue el necio que dijo que en aquellos años no dimitía nadie?. Pues en la FEF iban dos seguiditos… 

Y ¿qué hizo el señor Rivero para quedar como uno de los mejores presidentes de la historia de la Federación Española?

Telegráficamente:

  • Requerir la presencia en los clubs de entrenadores extranjeros de acreditado prestigio.
  • Decretar la presencia de un máximo de dos jugadores extranjero por club para  dos temporadas más tarde; tal presencia estaba  prohibida desde enero de 1941.
  • Creación de la Mutualidad de Futbolistas.
  • Modernización de las tácticas empleadas en el fútbol español tomando las utilizadas por mister Chapman en el Arsenal de Londres y conocidas como «sistema en WM». Aparece, pues, el defensa central, los «medios volantes» y «el cuadrado mágico». 
  • Recuperar el uniforme tradicional de la Selección Nacional con camiseta roja y pantalón azul.
  • Recomendar a los equipos -luego se haría obligatorio- la contratación de preparadores físicos titulados y de médicos especialistas en dicha preparación. 
  • Crear la Escuela Nacional de Entrenadores, con el fin de que todos los entrenadores tuvieran una sólida preparación para ejercer y elevar el nivel del oficio.
  • Hacer las gestiones necesarias para incentivar los torneos de juveniles a nivel de club.
  • Estudiar las acciones necesarias para derogar las disposiciones que mantenían el derecho de retención de los jugadores por parte de los clubs. 

Jesús Rivero Meneses

Desgraciadamente, como se diría de cualquier presidente de club, los resultados de la Selección no le acompañaron.  El avispado don Pablo perdió sus dos partidos, Portugal y República de Irlanda. La «tabla redonda» de la «orden de la Jarretera» no podía permitir que los clubs perdieran el «derecho de retención» que consideraban la piedra angular del profesionalismo. Los «costaleros» del delegado nacional comenzaron a dar golpes de nuca durante el transporte triunfal. Y también que D. Jesús Rivero Meneses, al igual que le había ocurrido al señor Barroso, no era nada «políticamente correcto». 

Al año, montera en mano, dijo adiós.

Nadie en el fútbol español ha hecho más en tan poco tiempo. Todos sus logros siguen en pie sesenta años después.

Resulta paradójico que los más grandes presidentes federativos sean los más ignorados. Jesús Rivero Meneses, de Valladolid, es uno de ellos.