El Pontevedra del “Hai que roelo” (1963-70): Tercera parte

TEMPORADA 66-67: UNA CAMPAÑA GRÍS

De cara a la temporada 1966-67 se va a producir un relevo en la dirección técnica del Pontevedra. Juan Ochoa abandonará el club granate con destino a la Unión Deportiva Las Palmas, dejando su puesto a otro entrenador de origen vasco, José Luís Molinuevo (Deusto, Vizcaya, 1917-Gijón, Asturias, 2002), que venía de una larga estancia de cuatro años en el banquillo del Sporting de Gijón (entonces denominado oficialmente «Real Gijón»). Molinuevo va a ponerse al frente de una plantilla en la que habían causado baja el guardameta Martín, Quiroga e Iglesias, y en la que eran novedad los porteros Lucho y Carmelo, el defensa orensano  Delfín Álvarez, un centrocampista nacido en la vecina Marín, Antonio, y el exterior cántabro Nando Yosu, procedente del Athletic de Bilbao. Por lo tanto, el cuadro de «Pasarón» va a afrontar el nuevo curso con los siguientes efectivos: Celdrán, Cobo, Lucho, Carmelo; Irulegui, Batalla, Cholo, Azcueta, Álvarez; Roldán I, Calleja, Antonio, Norat; Fuertes, Martín Esperanza, José Jorge, Neme, Odriozola, Yosu, Roldán II, Ceresuela, Vallejo y Plaza.

Fuertes

Fuertes

El torneo da comienzo el 11 de septiembre de 1966, y con signo positivo para el Pontevedra, ya que consigue arrancar un punto en el «Sanchez Pizjuán» sevillano ( 0 a 0). Esta fue la alineación que presentó Molinuevo en el debut liguero: Cobo; Álvarez, Batalla, Cholo; Calleja, Antonio; Fuertes, Martín Esperanza, Ceresuela, Neme y Odriozola. Pero el equipo se mete ya en negativos a la semana siguiente, al ser derrotado en «Pasarón» por el Real Madrid, merced a un gol de Amancio a diez minutos del final, en un encuentro en el que los gallegos adolecieron de falta de remate. Vuelven a caer derrotados siete días más tarde, en Alicante y frente al Hércules (1 a 0). La situación, si no grave dado lo temprano del momento, comienza ya a ser preocupante: penúltimos con un punto, y todavía sin marcar un solo gol.

Algo -lo de marcar -que se remedia en la cuarta jornada, aunque el tanteador no acaba de ser favorable, pues el Athletic de Bilbao se lleva un nuevo positivo del feudo pontevedrés ( empate a uno ). Neme hizo el gol local nada más comenzar el encuentro. El Pontevedra sigue penúltimo, y con la perspectiva de visitar al domingo siguiente un campo muy difícil, el «Camp Nou» barcelonés. Pero, como decía el desaparecido Vujadin Boskov, «fútbol es fútbol»… Se disputa  la quinta jornada del campeonato, es el 9 de octubre de 1966, y va a saltar la gran sorpresa en el coliseo catalán, pues aunque el Barcelona  dominará el juego durante la mayor parte del encuentro, el Pontevedra   capea el temporal muy bien, y -como ocurre bastantes veces -va a aprovechar un contragolpe para marcar por medio de uno de sus mejores hombres, el salmantino Neme, en el minuto 26 de la primera parte, y luego su defensa numantina hará el resto, en una tarde muy negativa para la delantera azulgrana. A las órdenes del colegiado madrileño Martínez Banegas, estas fueron las alineaciones que presentaron ambos conjuntos: por el Barcelona, Sadurní; Benítez, Gallego, Eladio; Montesinos, Torres; Zaballa, Zaldúa, Vidal, Fusté y Pujol, y por el Pontevedra, Cobo; Irulegui, Batalla, Cholo; Calleja, Roldán I; Norat, Neme, José Jorge, Antonio y Yosu.

Batalla

Batalla

Con este resultado los gallegos salen momentáneamente de la zona de peligro, y una nueva victoria siete días más tarde, en derbi regional frente al Deportivo de La Coruña ( 1 a 0, marcado por José Jorge en la primera parte ) les coloca en la zona media, donde van a mantenerse a trancas y barrancas hasta el final de la primera vuelta, que concluyen en décima posición, con 13 puntos y 3 negativos. Pero la derrota en «Pasarón» ante el Barça, en la jornada número 20 ( 0 a 1, con gol de Rifé), les vuelve a colocar al borde de los puestos de promoción, y va a suponer el cese de Molinuevo, que es sustituido por el antiguo jugador del Real Madrid Héctor Rial.

Y tal como reza otro de los tópicos del fútbol, el cambio de técnico va a materializarse en victoria, y de nuevo en el partido de rivalidad regional contra el conjunto coruñés, al que el Pontevedra derrota en «Riazor» por 2 goles a 1 ( marcados por Martín Esperanza y Odriozola ), colocando a los deportistas en una situación muy comprometida. Y hablando de compromisos….Los pupilos de Rial no podrán respirar tranquilos del todo hasta la penúltima jornada, cuando al derrotar en «Pasarón» al Granada, merced a un solitario gol de Fuertes, consiguen ahuyentar del todo cualquier peligro. Al domingo siguiente, 23 de abril de 1967, ponen punto y final al Campeonato Nacional de Liga 66-67 en «La Romareda», donde caen derrotados ante el Real Zaragoza por 1 a 0, con este once: Cobo; Irulegui, Batalla, Álvarez; Antonio, Vallejo; Neme, Martín Esperanza, Ceresuela, Norat y Odriozola.

Cobo

Cobo

El balance final, aunque se logra salvar la categoría sin demasiados apuros, no es tan positivo como en el curso anterior. Los granates se clasifican en décima posición, con 27 puntos y 3 negativos. Han ganado 9 partidos, hecho tablas en otras tantas ocasiones, y salido derrotados 12 veces, con tan sólo 28 goles a favor, pero encajando únicamente 32 tantos, siendo la cuarta mejor defensa del campeonato. El delantero asturiano José Jorge fue su mejor artillero, con 9 dianas, seguido por Neme, con 5, y Ceresuela, que anotó cuatro tantos. En la Copa eliminan a dos conjuntos levantinos, Castellón y Hércules, pero son eliminados ya en cuartos de final por el Córdoba, que les vence en un partido de desempate celebrado en Madrid por 1 a 0

TEMPORADA 67-68:  TRANQUILIDAD ABSOLUTA

Con vistas a la campaña 67-68 prevalece la continuidad en el Pontevedra. Continuidad en la presidencia del club, que sigue ostentando, un año más, Miguel Otero Rodríguez, y también en el banquillo, donde se le concede un voto de confianza al argentino Héctor Rial. También  habrá pocas novedades en la plantilla granate, donde causan baja Lucho  – que pasa nada menos que al Barcelona – y Roldán I y José Jorge ( ambos con destino al Racing de Santander ), y llegan el joven  cantearon Fernández y el ex de la Real Sociedad Cacho. Estos son los hombres con los que va a contar Rial para afrontar la cuarta temporada del Pontevedra entre los grandes: Cobo, Celdrán, Carmelo; Irulegui, Batalla, Cholo, Azcueta, Álvarez; Calleja, Antonio, Norat; Fuertes, Martín Esperanza, Roldán II, Neme, Odriozola, Yosu, Vallejo, Ceresuela, Plaza, Fernández y Cacho.

Odriozola

Odriozola

El debut liguero se produce en el campo donostiarra de Atocha, donde la Real Sociedad retorna a la Primera División tras cinco temporadas en Segunda. Vencen los locales  gracias a un solitario gol marcado por Arregui en el minuto 15, y estas fueron las formaciones que presentaron ambos conjuntos: por los blanquiazules, Zubiarrain; Gorriti, Martínez, Ormaechea; Lema, Sagasta; Urreisti, Arzac, Arregui, Mendiluce y Boronat, y por los granates, Cobo; Irulegui, Batalla, Cholo; Calleja, Vallejo; Fuertes, Martín Esperanza, Neme, Antonio y Yosu.

Tras unos comienzos titubeantes, que le llevan al finalizar la quinta jornada en zona de promoción, el Pontevedra  comenzará a afianzarse en su propio feudo, haciendo de «Pasarón» un auténtico fortín. Algo que se va a poner de manifiesto en la decimosegunda jornada, cuando los pupilos de Rial apabullan al equipo revelación del campeonato, la Unión Deportiva Las Palmas, con un concluyente 3 a 0, con goles de Roldán II, Neme y Odriozola, este último de penalti. Y lo confirman allí mismo siete días más tarde con una nueva goleada, ahora nada menos que frente al mismísimo Real Madrid, el vigente campeón, al que derrotan también por otro 3 a 0, marcando en esta ocasión Roldán II, Antonio y Odriozola. A las órdenes del colegiado balear Rigo Sureda -que en esa temporada iba a situarse en el centro de la polémica arbitral -, los dos equipos formaron de la siguiente manera: por el Pontevedra, Cobo; Irulegui, Batalla, Cholo; Calleja, Antonio; Fuertes, Martín Esperanza, Roldán II, Neme y Odriozola ( es decir, el once de gala ), y por el Real Madrid, Junquera; Calpe, Zunzunegui, Sanchís; Pirri, Zoco; Serena, Amancio, Grosso, Velázquez y Gento, o sea, casi el conjunto titular de ese año, con las únicas ausencias de Betancort y De Felipe, y si se quiere, de Miguel Pérez.

Al finalizar la primera vuelta, el 7 de enero de 1968, el Pontevedra ocupa la octava posición, con 16 puntos y sin positivos ni negativos.

Antonio

Antonio

Ha aumentado ligeramente sus registros goleadores ( contabiliza 18 tantos a su favor ), pero también ha empeorado en defensa, encajando 20 dianas. La segunda parte del campeonato presentará a un Pontevedra navegando siempre por las aguas tranquilas de la mitad de la tabla, y consiguiendo otro hito memorable: derrotar al Barcelona en la jornada número 26, frenando en seco sus aspiraciones al título. Esa tarde del 24 de marzo de 1968, con el balear Rigo de nuevo como juez de la contienda, un gol de Roldán II en el minuto 70 va a dejar a los azulgranas con escasas posibilidades para optar al triunfo liguero. Así formaron granates y blaugranas -que en esa ocasión vistieron camiseta blanca -: Cobo; Irulegui, Batalla, Cholo; Calleja, Antonio; Odriozola, Martín Esperanza, Roldán II, Neme y Yosu por los locales, y Sadurní; Benítez, Torrent, Eladio; Torres, Gallego; Zaldúa, Zabalza, Mendonça, Fusté y Rifé por los visitantes, que presentaron una alineación muy defensiva, en el que supuso el último partido del gran futbolista uruguayo  Julio César Benítez, que fallecería súbita e inesperadamente días más tarde en la Ciudad Condal, el 6 de abril, en vísperas de un trascendental Barça-Real Madrid.

La Liga 67-68 toca a su fin el 28 de abril de 1968. En esa jornada, la  número 30 y última, un Sevilla ya descendido a Segunda División por vez primera en su historia y el Pontevedra van a hacer tablas en el «Sánchez Pizjuán» ( 2 a 2 ), marcando los goles gallegos Roldán II y Neme. Este fue el once que presentó Rial en terreno hispalense: Cobo; Irulegui, Batalla, Cholo; Norat, Calleja; Fuertes, Martín Esperanza, Roldán II, Neme y Odriozola.

El Pontevedra va a terminar el campeonato en octava posición, con 31 puntos y un positivo, los mismos que en la excelente campaña 65-66. Venció en 12 ocasiones, empató en 7, y fue derrotado en once partidos, con un total de 36 goles a favor y 41 en contra. En su feudo de «Pasarón» tan sólo dejo escapar cuatro puntos, en otros tantos empates, sin llegar a conocer la derrota. El máximo anotador del equipo fue Roldán II, con 13 dianas, seguido de Odriozola ( 8 ), Neme ( 7 ) y Martín Esperanza ( 3 ). En la Copa, elimina con apuros a un segunda, el Recreativo de Huelva, el decano del fútbol español, para caer en octavos ante su gran rival, el Celta, que empata a 0 en «Pasarón» y vence en «Balaídos» por 2 a 1 (los celestes llegarían en aquella ocasión a las puertas de la final, cayendo derrotados en semifinales por el Real Madrid)

TEMPORADA 68-69: VUELVEN LOS APUROS

Con Rial nuevamente en el banquillo de «Pasarón», el Pontevedra encara el curso 68-69 con bastantes novedades en sus filas. Se marchan Carmelo, Azcueta, Álvarez, Cacho -que había pasado completamente desapercibido – y todo un histórico ( siete temporadas en el equipo ), el leonés Vallejo, que pasa al gran rival provincial, el Celta de Vigo, y para sustituirles vienen nada menos que ocho futbolistas: el guardameta Solana, De la Fuente ( cedido por el Real Madrid ), Cárdenas, los canteranos Suso, Nito y Barros,  Nico y el paraguayo Riveros. De modo que la plantilla granate queda configurada de la siguiente manera: Cobo, Celdrán, Solana; Irulegui, Batalla, Cholo, De la Fuente, Cárdenas; Calleja, Antonio, Norat, Suso, Nico, Nito; Fuertes, Martín Esperanza, Roldán II, Neme, Odriozola, Yosu, Ceresuela, Barros, Fernández, Plaza  y Riveros ( este se incorpora ya mediada la temporada ).

El campeonato se inicia con un excelente resultado en «Pasarón», donde el Valencia va a caer derrotado por 2 goles a 0 ( Roldán II y Neme ). Estos fueron los equipos aquel 15 de septiembre de 1968: por el Pontevedra, Cobo; De la Fuente, Batalla, Cholo; Norat, Calleja; Fuertes, Martín Esperanza, Roldán II, Neme y Yosu, y por el Valencia, Pesudo; Sol, Aníbal Pérez, Tatono; Jesús Martínez, Panchulo; Machicha, Waldo, Ansola, Paquito y Blayet. Durante las primeras jornadas el equipo va  a moverse cerca de los puestos de cabeza, con resultados tan positivos como el 3 a 0 que le endosa a la Unión Deportiva Las Palmas en la quinta fecha del campeonato en «Pasarón», conseguidos por Fuertes, Roldán II y Neme, y en la séptima jornada, tras empatar a dos tantos en «La Romareda», el cuadro granate es cuarto, pero a partir de dicho momento  bajará ostensiblemente sus prestaciones, finalizando la primera vuelta en el puesto décimo, con 14 puntos y 2 negativos, al borde de la zona peligrosa.

Seguirá rondando por ahí durante el resto del campeonato, con unos registros goleadores paupérrimos, aunque también recibiendo muy pocos tantos para ser un equipo que se debate en los últimos lugares de la tabla. La victoria ante el Málaga en la jornada 24, gracias a un gol del malacitano Montero en propia puerta, le va a proporcionar algo de oxígeno en un año donde descienden automáticamente los tres últimos, y al domingo siguiente consigue el resultado más llamativo de toda la temporada, al empatar a dos tantos con el Real Madrid en el mismísimo estadio «Santiago Bernabeu», en un entretenido partido televisado en directo a toda España. Fue la gran sorpresa de la jornada, uno de esos marcadores que rompen millones de quinielas. Gento y Amancio marcaron para los merengues, mientras que Fuertes y el joven canterano Barros lo hacían para el conjunto granate. Por cierto, que pocas semanas antes el propio Fuertes había formado parte de la  lista de convocados para la Selección Española, aunque finalmente no llegó a jugar.

La victoria contra el Español, otro de los equipos que se debatían por la cola, en la vigesimosexta jornada y conseguida merced a un gol del guaraní Riveros, hace respirar un poco al cuadro gallego, que luego no conseguirá pasar del empate con el ya descendido Córdoba, pero lo compensa acto seguido arrancando un meritorio 2-2 en «San Mamés» frente al Athletic, con goles de Fuertes y Odriozola ( de penalti). Se llega así a la última jornada con tres puntos de ventaja sobre el Málaga y dos sobre el Español. Las posibilidades de descender eran remotas, pues debería perder en «Pasarón» ante el Sabadell y al mismo tiempo ganar Zaragoza y Español a Córdoba y Málaga respectivamente.

Y afortunadamente para el cuadro pontevedrés no se dio semejante combinación de resultados, porque para empezar los gallegos consiguieron empatar a cero con los arlequinados, ante el delirio de su afición, El Zaragoza no pasó del empate ante los de la ciudad de los califas, y el Español salió fuertemente goleado de «La Rosaleda» por 4 a 0, aunque ese resultado tampoco le bastó al Málaga, que finalmente acompañaría a cordobeses y españolitas a Segunda. Al final el Pontevedra se mantuvo un año más en Primera, aunque en esta oportunidad con bastantes apuros. Ocupó la duodécima posición, con 27 puntos y tres negativos (7 victorias, 13 empates y 10 derrotas), y llamaba mucho la atención el hecho de que era el equipo menos goleador de toda la categoría, con tan sólo 20 tantos, pero únicamente había recibido 23, lo que le situaba como la tercera  defensa menos batida del campeonato, empatada con la del Elche, y únicamente  por detrás de las de Barcelona y Real Madrid, lo cual hablaba muy bien del sólido y excelentemente compenetrado bloque formado por Cobo, Irulegui, Batalla, Cholo y Calleja, jugadores que llevaban ya varias temporadas actuando juntos y rayando a un excelente nivel.

Irulegui

Irulegui

Restaba tan sólo la disputa de la Copa del Generalísimo, que aquel año se reservó en exclusiva para los equipos de la División de Honor, y en la que el Pontevedra resultó eliminado a las primeras de cambio, octavos de final, por un  gran Elche integrado  por los Araquistáin, Ballester, Iborra, Canós, Llompart, Lezcano, Vavá o Asensi, un magnífico equipo dirigido por el técnico uruguayo Máspoli, que llegaría hasta la mismísima final del torneo del KO, para caer únicamente frente al Athletic de Bilbao, que muchos años después de su último triunfo volvía a coronarse de nuevo como «rey de copas» merced a un solitario gol de Arieta II en las postrimerías del partido

TEMPORADA 69-70: EL FINAL DE UN SUEÑO

Luís Belló Martínez (Cieza, Murcia, 1929), antiguo jugador del Real Zaragoza y el Hércules de Alicante, y que había dirigido a los «Magníficos» cuando estos conquistaron la Copa del Generalísimo y la Copa de Ferias de 1964, y ascendido al final de la temporada 65-66 al Hércules a Primera División, es el nuevo técnico granate, en sustitución de Héctor Rial, que se marcha precisamente al Zaragoza. Y la principal novedad antes de iniciarse la sexta temporada del Pontevedra Club de Fútbol en Primera División es el traspaso del extremo derecho asturiano Fuertes,  que recala en el Valencia. Para intentar reemplazarle  viene un jugador que acostumbra a moverse por su misma demarcación, Huerta, que ya había debutado el curso anterior con los de «Mestalla». También causan baja De la Fuente, Yosu y Ceresuela, otro histórico de la época del primer ascenso, mientras que en el capítulo de altas – aparte del ya mencionado – se van a incorporar, algunos de ellos a lo largo de la temporada, los siguientes jugadores: Luisín, Amavisca, García Sáiz, Ardao, Polo, Albino, Néstor García, José y Hachero. Así que  Belló contará con los siguientes efectivos a sus órdenes: Cobo, Celdrán, Solana, Ardao; Irulegui, Cárdenas, Batalla, Suso, Luisín, Cholo, Amavisca; Calleja, Norat, Antonio; Huerta, Martín Esperanza, García Sáiz, Roldán II, Barros, Nico, Fernández, Plaza, Neme, Riveros, Odriozola, Polo, Albino, Néstor García, José y Hachero.

La Liga 69-70 arranca el domingo 14 de septiembre de 1969, y el Pontevedra  tropezará ya en el primer partido, y en su propio terreno. El Granada, por mediación de Miralles al aprovechar una acción de contragolpe, va a llevarse los dos primeros puntos de «Pasarón», en un partido que no merecieron perder los gallegos. Belló presentó la siguiente alineación en este adverso debut liguero: Cobo; Irulegui, Batalla, Cholo; Calleja, Antonio; Huerta, Martín Esperanza, Roldán II, Neme y Odriozola ( Riveros. Primer jugador de campo granate que sustituye a un compañero en partido de Liga )  ). Como se ve, un equipo absolutamente continuista, con la única salvedad del recién llegado Huerta.

Una serie de malos resultados (derrotas en Zaragoza y Elche, y un empate en «Pasarón» ante el Barça ) van a llevar a los pontevedreses en la jornada número 4 al último lugar de la clasificación, una posición que prácticamente ya no abandonarán en todo el torneo. En la quinta fecha una nueva derrota en casa ( 1 a 3 a pies del Real Madrid ) corrobora su crisis, y va a suponer la destitución de Belló al frente del equipo. Será sustituido interinamente por Campos ( jornadas sexta a octava ) y Carolo, que se sentará en el banquillo en la novena, para cederle ya el sitio definitivamente al técnico francés Louis Hon, antiguo jugador del Real Madrid, pero los resultados  no van a mejorar en absoluto, sino que ahondarán todavía más el espantoso bache por el que atraviesa el club granate, que poco a poco va descolgándose como «farolillo rojo»

Levanta un poco cabeza -pero sólo un poco -, en la décima jornada, en la que se impone en «Pasarón» al Sabadell por 2 a 1, con goles de los veteranos Neme y Martín Esperanza. En la tabla  ( que cierra el Mallorca con tan sólo 2 puntos ) ocupa el penúltimo lugar, con 4 puntos y seis negativos. Pero en la siguiente fecha cae de nuevo a la última plaza, de donde ya no se moverá hasta el final del Campeonato.  No vuelve a puntuar hasta la decimonovena jornada( empate a uno ante el Elche en «Pasarón» ), de modo que va a encajar nada menos que ocho derrotas consecutivas. Ya es únicamente cuestión de tiempo que se consume el descenso, cosa que se producirá de forma matemática al finalizar  la jornada número 27.

La Liga termina para los granates igual que empezó, siete meses atrás, con una nueva derrota en «Pasarón» ( 0 a 2 ) ante el Mallorca, otro de los equipos que  acompañarían al Pontevedra a Segunda. Este fue el once que puso en liza Louis Hon en el que iba a ser – hasta la fecha – el último partido de los de las Rías Bajas como equipo de Primera Division: Celdrán; Irulegui, Luisín, Amavisca; Hachero, Calleja; Huerta, García Sáiz, Roldán II, Plaza y Polo. Como puede observarse, una alineación muy diferente a la que inició el campeonato.

Calleja

Calleja

Los números finales eran escalofriantes: dieciseisavo y último de la clasificación general, con sólo 13 puntos ( y nada menos que 17 negativos ). 4 partidos ganados, 5 empatados y la friolera de 21 encuentros perdidos, con 20 goles a favor y 46 en contra. Roldán II fue el máximo anotador, con 9 dianas, seguido a gran distancia por Neme ( 4 ) y García Sáiz ( 3 ).Curiosamente, y cuando ya estaba todo perdido, el Pontevedra consiguió tres victorias consecutivas, en las jornadas 24, 25 y 26, absolutamente inútiles, pero que le supusieron casi la mitad de su puntuación final.Y como triste colofón a una campaña desastrosa, los granates – que habían eliminado al Onteniente en dieciseisavos de final – van a ser apeados de la Copa de forma estrepitosa por el Real Zaragoza, que se impuso en «Pasarón» por 2 a 1 y remató la jugada aplastando a los galaicos en «La Romareda» con un abrumador 8 a 0

EPÍLOGO: LAS RAZONES DE UN DECLIVE

¿ Porqué descendió el Pontevedra, y porqué lo hizo de una manera tan estrepitosa ?  En el fútbol, y en sus resultados, inciden muchos factores, pero parece evidente – a la luz de los datos que aportaremos a continuación – que la plantilla del Pontevedra había ido envejeciendo paulatinamente, con lo que eso significa para el rendimiento físico de un equipo, habida cuenta de que las principales señas de identidad del cuadro granate eran el esfuerzo, la entrega y el sacrificio, con lo que paliaban sus limitaciones técnicas. No obstante los jugadores clave iban cumpliendo años, sin que llegara a producirse el natural relevo en esos puestos. Muchos futbolistas del equipo titular ya rebasaban la treintena al comenzar la última temporada en la élite, la 69-70: Cobo ( 32 ), Irulegui ( 32 ), Batalla ( 34 ), Cholo ( 36 ), Calleja ( 32 ), Martín Esperanza ( 33 ) o Neme ( 30 ), es decir, todo el sistema defensivo y la columna vertebral del conjunto. Y la marcha de uno de los puntales de la delantera, el exterior Fuertes, también contribuyó a empeorar un poco más las cosas, restándole competitividad  a los pontevedreses.

También se trataba de una plantilla corta, en el sentido de que los teóricos suplentes entraban poco en el equipo, a no ser por causas de fuerza mayor como lesiones, enfermedades o sanciones ( faltaba aun mucho para que los técnicos comenzasen a manejar el concepto de las  «rotaciones» ). Ese desfase entre titulares y reservas hacía que, al producirse bajas, los reemplazantes no pudieran sustituir con plenas garantías a los ausentes. Y es evidente que la modestia económica del club, también impedía reforzarse convenientemente,  acudiendo a un mercado de fichajes que estaba por las nubes, a causa de normas tan restrictivas como el derecho de retención y la prohibición de importar jugadores extranjeros, a no ser que estos fueran hijos de padres españoles y no hubiesen actuado en su correspondiente combinado nacional ( los famosos «oriundos», muchos de ellos de muy dudosos orígenes…). Además, el factor campo, que había sido decisivo para la permanencia, puesto que «Pasarón», con sus reducidas dimensiones y su terreno a menudo impracticable, resultaba muy incómodo para el visitante, se va a mostrar muy asequible para los forasteros en esta funesta campaña, y el Pontevedra nunca se había distinguido precisamente por su gran rendimiento a domicilio, ya que el 77,3 % de sus puntos totales en la categoría los había logrado con el respaldo de su afición. El balance final del paso por Primera División de los granates se sustancia, pues,  en 180 partidos disputados a lo largo de 6 temporadas, con 53 victorias, 44 empates y 83 derrotas ( 150 puntos en total ), habiendo marcado 165 goles y encajado 221.

La temporada 69-70 va a ser  sencillamente catastrófica, con unos guarismos de récord en lo negativo. Y aunque el descenso matemático no se produjo hasta el final de la vigesimoséptima jornada, ya a mitad del campeonato el Pontevedra parecía irremisiblemente condenado, porque muy pocas veces un equipo ha presentado unos números tan pobres en el ecuador de la competición. Y si el fútbol, como tantas veces se ha dicho, es un estado de ánimo, un cúmulo de sensaciones, las que emitía el simpático club de «Pasarón» no podían ser peores…

Pontevedra08

En 1970, por consiguiente, va a iniciarse una larguísima travesía del desierto que llega hasta ahora mismo. Los granates se mantendrán en Segunda durante varias temporadas, descendiendo a Tercera al concluir el curso 72-73. Desde entonces su hábitat natural han sido la Segunda «B» y la Tercera División, categoría donde milita en la actualidad, con las excepciones de las campañas 76-77 y 2004-05, cuando actuaron en la División de Plata. Pero a sus aficionados más veteranos nadie podrá arrebatarles el recuerdo de que una vez, en un tiempo ya muy lejano, vieron morder el polvo en «Pasarón» a todos los grandes del fútbol español. Porque a aquel Pontevedra legendario, realmente, «había que roelo»

FUENTES CONSULTADAS

HISTORIA DEL CAMPEONATO NACIONAL DE  LIGA. TOMO II. Enrique y Nicolás Fuentes. Ibérico Europea de Ediciones SA. 1970

HISTORIA DE LA COPA. Nicolás y Enrique Fuentes. Ibérico Europea de Ediciones SA. 1970-71

PONTEVEDRA CLUB DE FÚTBOL. Cincuenta años de historia. Miguel Domínguez Vaz. Diputación de Pontevedra. 1995

REVISTA BARÇA : 1963-1970

REVISTA BARCELONISTA ( RB): 1965-1970

WEB BD FUTBOL ( Base de datos )

WEB OFICIAL PONTEVEDRA CF




El Pontevedra del “Hai que roelo” (1963-70). Segunda parte

Tras su gran temporada en Segunda, el curso 64-65, el Pontevedra regresa a la máxima categoría del fútbol español con la pretensión de que su nuevo paso por ella no sea tan breve como en la experiencia anterior. Para lograr dicho propósito, el club granate refuerza su plantilla en determinadas posiciones. Para empezar, se marchan Recalde (al Badalona),  y Pose (al Algeciras), y los tres porteros -el cedido Rodri regresa al Atlético de Madrid, Mújica pasa al Burgos y también se va Fermín – y llegan otros tantos nuevos guardametas: el catalán Celdrán, procedente del Elche, y los vascos Cobo  ( Sporting de Gijón ) y Martín ( Indauchu ). En la defensa es novedad el experimentado lateral derecho de la Real Sociedad Irulegui, en la zona ancha el centrocampista del Orense Quiroga, y en la delantera el extremo derecho asturiano Fuertes, del Real Valladolid, así como el soriano Plaza.

También hay novedades en el banquillo, donde un técnico veterano, Juan Ochoa (Juan Otxoantezana Milikua, Plencia, Vizcaya, 1912. Fallecido en 1998), va a sustituir al joven Marcel Domingo. Ochoa tendrá a sus órdenes a la siguiente plantilla: Celdrán, Cobo, Martín, Azcueta, Batalla, Cholo, Irulegui, Calleja, Vallejo, Norat, Roldán I, Fuertes, Martín Esperanza, Ceresuela, Neme, Odriozola, José Jorge, Quiroga, Roldán II, Plaza e Iglesias. Miguel Otero Rodríguez continúa como presidente de la entidad.

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1965-66: PRIMERA VUELTA

La Liga 1965-66 va a dar comienzo el 4 de septiembre de 1965 en «La Rosaleda», frente a un conjunto también recién retornado a Primera, el C.D.Málaga. Empate a cero, y esta alineación por parte de los gallegos: Celdrán; Azcueta, Batalla, Cholo; Calleja, Roldán I;  Neme, Martín Esperanza, Ceresuela, Vallejo y Odriozola. Para comenzar no estaba mal un positivo, pero va a estar mucho mejor el resultado de la segunda jornada, donde el primer visitante de «Pasarón», el Athletic de Bilbao, sucumbe por un claro 3 a 0. Un resultado tan abultado sorprenderá a todo el mundo, máxime teniendo en cuenta que en el partido inaugural  los «Leones» se habían merendado al Betis por un aplastante 6 a 1. Pero los pontevedreses van a realizar un sobresaliente encuentro, tanto en defensa como en ataque. Neme abrió el marcador en el primer minuto, y él mismo se encargó de hacer el 2-0 en el 27, cerrando la cuenta Vallejo en el 80, cuando ya el choque enfilaba hacia su recta final. Resultó lesionado el bilbaíno Etura, y el cuadro gallego se colocaba en el tercer lugar de la clasificación general.

En la tercera jornada los granates no van a poder sacar nada positivo, pero es que el desplazamiento se las traía: nada menos que al feudo del vigente campeón liguero, todo un Real Madrid. Aun así, los de Ochoa plantaron cara muy dignamente, causando una grata impresión, y sólo doblaron la rodilla mediante un solitario gol del veteranísimo Puskas conseguido ya en el minuto 73 de juego. Pero al domingo siguiente, 26 de septiembre, iban a conseguir una de esas resonantes victorias que dan prestigio a un equipo. Visitaba «Pasarón» el Barça, que a la sazón encabezaba la tabla en compañía del Atlético de Madrid. Los locales mostraron una gran seguridad defensiva ante la delantera catalana, la más realizadora de la categoría hasta el momento, y sus veloces contragolpes doblegaron la mejor técnica azulgrana. Ceresuela marcó en el minuto 12, y Neme remachó la victoria en el 50. Estas fueron las alineaciones, a las órdenes del buen colegiado vizcaíno señor Gardeazábal: por el Pontevedra, Celdrán; Azcueta, Batalla, Cholo; Calleja, Roldán I; Neme, Martín Esperanza, Ceresuela, Vallejo y Odriozola, y por parte del Barcelona, Sadurní; Foncho, Olivella, Eladio; Vergés, Gallego; Rifé, Pereda, Re, Seminario y Serafín. Los gallegos eran cuartos por la cabeza.

Y saltarían a la tercera posición a la semana siguiente, al derrotar a domicilio al Mallorca en un magnífico encuentro por un concluyente 0 a 3, obra de Neme, en dos ocasiones, y Odriozola, marcando dos tantos más que no subieron al marcador. Y siete días más tarde, el 10 de octubre de 1965, se va a producir un hecho histórico, pues merced a su victoria en «Pasarón» sobre el Sabadell (2 a 1), el Pontevedra va a alcanzar por primera vez en su historia el liderazgo de la División de Honor, aunque empatado a 9 puntos con Valencia, Atlético de Madrid y Real Madrid. Martín Esperanza abrió el marcador para los gallegos en el minuto 5, empató Morollón para los arlequinados en el 65, y deshizo finalmente la igualada Neme en el 81. Un Neme que, con 6 tantos en su haber, pasaba a encabezar también la tabla de goleadores.

Sin embargo la séptima fecha del campeonato  arrojó un jarro de agua fría sobre los animosos jugadores y seguidores pontevedreses. El colista Betis, con un Mateos en magnífica forma,  venció rotundamente al flamante líder  en el «Benito Villamarín», por 3 a 0, con tantos de Girón ( 2 ) y Ansola, descendiendo los gallegos a la cuarta posición. Pero van a rehacerse rápidamente con un nuevo triunfo lejos de sus lares, en esta ocasión en el «Estadio Insular» y frente a la Unión Deportiva Las Palmas, donde el publico canario acabó rendido ante la espléndida labor de conjunto del cuadro granate, que se llevó justamente la victoria con un solitario tanto del cántabro Odriozola, conseguido en el minuto 28 de la primera parte. El Pontevedra seguía cuarto en la general y ya se perfilaba como el auténtico equipo-revelación del campeonato

Ascendería una posición en la novena jornada, refrendando su gran momento de forma, al derrotar con claridad en «Pasarón» a un Valencia que estaba despachando un gran inicio de campeonato. Ceresuela en el minuto 45, y Neme en el 51 pusieron el 2 a 0 en el marcador. Y completarían la tercera parte de la Liga con otro resonante triunfo como visitantes, batiendo en «El Arcángel» a un siempre difícil Córdoba por 0 a 2, , en sendos fallos defensivos de los verdiblancos muy bien aprovechados por Ceresuela y Odriozola. Ya eran segundos, con 15 puntos y 7 positivos, a dos del líder, el Atlético de Madrid, y por delante de conjuntos  del calibre de Real Madrid, Athletic de Bilbao, Zaragoza  y Barcelona.

La undécima jornada va a ser otra de esas fechas históricas que se graban con letras de oro en la historia de un club. Es el 28 de noviembre de 1965, y se van a enfrentar en «Pasarón» el líder y el segundo clasificado. El choque  despierta una expectación sin precedentes, y va a ser incluso retransmitido por radio a muchos países latinoamericanos, donde residía una amplia colonia gallega, que sufragará el elevado coste que conlleva tal cobertura. Con arbitraje del catalán Pintado Viu, estas fueron las formaciones que presentaron ambos conjuntos: por el Pontevedra, Celdrán; Azcueta, Batalla, Cholo; Calleja, Vallejo; Fuertes, Martín Esperanza, Ceresuela, Neme y Odriozola, y por el Atlético de Madrid, Madinabeytia; Rivilla, Griffa, Colo; Ruíz Sosa, Glaría; Ufarte ( pontevedrés de nacimiento, aunque formado futbolísticamente en Brasil), Luís, Mendonça, Adelardo y Collar, un auténtico equipazo. Un tiempo para cada cuadro,  mejores los locales en la primera parte, pero superados por los colchoneros en la segunda mitad, en la que solamente la gran actuación del guardameta Celdrán impidió el triunfo  madrileño. Pero fue Odriozola  quien conseguiría el único gol del encuentro, en el minuto 46, un tanto que situaba de nuevo al Pontevedra al frente de la clasificación, con 17 puntos y 17 positivos, empatado con Atlético de Madrid y Valencia, pero aventajándoles gracias a su mejor «goal average» particular con ambos.

La gesta del club granate, representativo de una pequeña capital de provincia que apenas pasaba de 50.000 habitantes,  no va a pasar desapercibida, ni dentro, ni tampoco fuera de nuestras fronteras. Es por estos mismos días cuando un grupo de aficionados  comienza a exhibir una pancarta en la que aparece  un hueso, y la leyenda «Hai que roelo», así, escrita en gallego («Hay que roerlo», en castellano»), frase que se populariza con rapidez, y cuyo recuerdo llegará  hasta nuestros días. También la prensa se hace eco de una curiosísima anécdota. En un fútbol ya tan profesionalizado  como el español, en el que sus estrellas cobran elevadas fichas y sabrosas primas, el capitán del modesto equipo que provisionalmente lidera el campeonato, Eduardo Dapena Lis, «Cholo», se gana la vida conduciendo a diario un trolebús de la línea Pontevedra-Marín. La noticia, al parecer, salió incluso en el mismísimo diario moscovita «Pravda», órgano oficial del Partido Comunista de la Unión Soviética, aunque la edición -por razones obvias -no llegó nunca a España.

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Pero la suerte de la siguiente jornada, la número 12, va a ser esquiva. En su visita a «Sarriá», el Pontevedra  saldrá derrotado ante el Español por un claro 2 a 0, ambos conseguidos en la segunda parte por Miralles, en un partido en  donde únicamente destacó la actuación del guardameta Celdrán, catalán de origen. Los granates descienden a la tercera posición, tras su efímero liderato, y en la fecha que hace el número 13, tampoco les acompañará la fortuna, pues el Zaragoza se lleva un punto de «Pasarón», en un buen encuentro donde Neme se adelantó en el marcador, pero el uruguayo Endériz igualaría finalmente para los maños. Los gallegos siguen en el tercer puesto.

El miércoles 8 de diciembre de 1965, festividad de la Inmaculada Concepción, se va a celebrar el el estadio «Santiago Bernabéu» de Madrid un partido internacional con carácter amistoso entre las selecciones de España e Inglaterra. La gran novedad es la presencia del delantero del Pontevedra Neme entre los convocados por el seleccionador nacional José Villalonga. Su gran temporada no ha pasado desapercibida, y va a ser premiado de ese modo. Neme, es decir, Nemesio Martín Montejo, nacido el 31 de diciembre de 1939 en Sanchón de la Sagrada, provincia de Salamanca, es el primer jugador charro en llegar a la Selección Absoluta ( tras él lo harían Luciano Sánchez «Vavá», Vicente Del Bosque, Luís García, Patxi Ferreira y Álvaro Arbeloa ), y  saltará al campo en el minuto 35 de partido, sustituyendo a Carlos Lapetra. Tan sólo llegaría a jugar en esta ocasión con «la Roja», aunque con anterioridad estuvo convocado para el encuentro de desempate que disputó España contra la República de Irlanda en el Parque de los Príncipes de París el 10 de noviembre de 1965, y que le brindó al combinado nacional el pasaporte para el Mundial de Inglaterra gracias a un solitario gol de Ufarte. Estas fueron las formaciones que españoles y británicos presentaron la noche del debut de Neme como internacional: por España, Iribar; Sanchís, Olivella, Reija; Glaría, Zoco; Ufarte, Adelardo, Marcelino, Ansola y Lapetra ( Neme ), y por inglaterra, Banks; Cohen, Jackie Charlton, Wilson; Moore, Stiles; Ball, Hunt, Bobby Charlton, Baker ( Hunter ) y Eastham. Marcaron Baker y Hunt, y el arbitraje corrió a cargo del trencilla italiano «Signore» Concetto Lo Bello.

La jornada 14 tampoco resultó fructífera para un Pontevedra que parecía estar perdiendo algo de gas. El Elche, con un equipo en el que destacaban jóvenes como Canós, Lico, Marcial o Vavá ( autor de los dos goles ) realizó un gran partido y se deshizo de los gallegos por 2 a 0. Los de Ochoa seguían en la tercera plaza. Pero van a alcanzar la segunda, el honorífico «Subcampeonato de invierno», en la última fecha de la primera vuelta, al imponerse en «Pasarón» al Sevilla por la mínima -2 a 1 – con goles de Vallejo y Neme, y Cardo para los andaluces. Completaban así, a pesar de los últimos tropiezos, un excelente primer tramo de  competición, muy por encima de cualquier expectativa. 20 puntos y 6 positivos, que se desglosaban en 9 triunfos, 2 empates y tan sólo 4 derrotas, con 19 goles a favor y nada más que 11 encajados. El líder, el Atlético de Madrid, les aventajaba en tres puntos, y el Valencia y el Real Madrid tenían la misma puntuación que los gallegos. De «Pasarón», convertido en un auténtico fortín, únicamente había volado un punto.

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1965-66: SEGUNDA VUELTA

La segunda ronda la inicia el Pontevedra en casa, el 2 de enero de 1966, superando ampliamente al Málaga por 3 a 0, en un encuentro jugado sobre un auténtico barrizal. Neme en dos ocasiones, ambas en la primera mitad, y Fuertes en la segunda, fueron los autores de los goles. El jugador salmantino encabezaba en aquel momento la tabla de realizadores, empatado a 11 tantos con el colchonero Luís Aragonés. Los granates van a perder, no obstante, la segunda plaza, tras su visita al siempre complicado campo de «San Mamés». En «la Catedral» el Athletic se impondrá por 2 a 0 sin jugar un buen partido, pero el Pontevedra se presentó con demasiadas bajas en sus filas. El joven Ormaza y Argoitia fueron los autores de los goles rojiblancos, ambos en la primera parte, y el cuadro gallego sufrió la expulsión de Calleja mediada la segunda mitad.

El encuentro más interesante de la decimoctava jornada se juega en el terreno de «Pasarón», donde se enfrentan el tercero – Pontevedra – y el segundo, Real Madrid, separados únicamente por un punto. Sin embargo el cuadro local no saldrá airoso del trance, y verá como se distancia un poco más de la cabeza. Los blancos despacharon un partido muy completo, de lucha constante, y se adelantaron con un inapelable 0 a 3, obra de Amancio, en dos ocasiones, y Pirri. Neme hizo el gol del honor para los locales.

La puntilla a las ya remotas aspiraciones pontevedresas, se la dio el Barça en el «Camp Nou», al endosarle un inapelable 3 a 0. Sobre un campo bastante embarrado, los gallegos resistieron con su portería a cero durante toda la primera parte, pero después vieron como Eladio, y ya en las postrimerías del encuentro Rifé por partida doble, conseguían un claro resultado que aun pudo ser mayor, con arreglo a los merecimientos de ambos conjuntos. El Pontevedra ya era quinto, y estaba ofreciendo en los últimos partidos un rendimiento muy inferior al de la primera vuelta. Aunque afortunadamente para ellos, en la jornada número 20 fueron capaces de derrotar por la mínima a un Mallorca muy necesitado de puntos. Neme, el hombre-gol de los granates, abrió el marcador, empató acto seguido el bermellón José Luís, y ya en la segunda parte Iglesias hizo el 2-1 definitivo. El Pontevedra era cuarto,  justo cuando se cumplían las dos terceras partes del campeonato.

Pero retrocederá un par de posiciones a la siguiente jornada, la número 21, tras perder en Sabadell por un gol a cero, marcado por el lanero Vidal, en un partido crucial para los de la «Creu Alta», sumidos en plena zona de descenso. Y también se aliviará un poco el colista Betis siete días más tarde en «Pasarón», al arrancar un meritorio empate sin goles. Resultado sorprendente, pero que reflejaba a las claras cómo los gallegos iban deshinchándose paulatinamente. Van a salir mejor librados, no obstante, en la jornada 23, también en su feudo, tras derrotar por 1 a 0 a otro equipo que se debatía en terreno  peligroso, la Unión Deportiva Las Palmas, gracias a un gol de Vallejo, conseguido a pocos minutos de comenzado el encuentro. El cuadro gallego se mantenía cómodamente en sexta posición, con el Valencia, séptimo, a cinco puntos de distancia.

Precisamente era el campo del Valencia el que los pontevedreses visitaban en la siguiente jornada, la que hacía el número 24. Y van a salir fuertemente goleados de «Mestalla». 4 a 0 para los «ches», con tantos de Palau, Paquito, Guillot y Totó. Y continuaron los malos resultados siete días más tarde, cuando el Córdoba visitó Pontevedra y cosechó un valioso empate a uno . Neme, una vez más,  adelantó a los locales en el marcador al filo del descanso, pero Juanín igualó en la reanudación para los de la Ciudad de los Califas. El declive granate era ya muy evidente, y aun se puso más de manifiesto en la siguiente jornada, cuando le tocó visitar el domicilio de uno de los más firmes candidatos al título, el Atlético de Madrid, que le batió ampliamente por 4 a 0, conseguidos por Luís, Cardona, Adelardo y Collar, a pesar de que los gallegos opusieron bastante resistencia en la primera parte, para bajar los brazos a continuación.

Respiraron algo en la jornada 27, donde un  Español muy necesitado de puntos rindió visita  «Pasarón». Ceresuela, en dos ocasiones, y Fuertes pusieron el 3 a 0 en el marcador. Tras este partido el Pontevedra ascendía provisionalmente a la quinta plaza. Pero de ahí le descabalgaría una nueva derrota, esta vez en «La Romareda», ante el Real Zaragoza, que en un encuentro de mero trámite se impuso sin grandes dificultades en la segunda mitad, con dos tantos marcados por Gozalo, un suplente habitual, y el «magnífico» Santos. Peligraba incluso la sexta plaza.

Y seguía peligrando al término de la penúltima jornada, pues el Elche se llevaba otro positivo de «Pasarón», en un partido que no tenía más trascendencia que ver si el ilicitano Vavá, una de las grandes revelaciones del campeonato, era capaz de alzarse con el «Trofeo Pichichi» al máximo goleador. Por lo pronto, no va a conseguir marcar, aunque el que si lo hizo fue su compañero Lezcano, que casi al final del tiempo reglamentario logró la igualada, neutralizando el gol anotado por Fuertes mediada la primera parte.. Precisamente esos dos mismos equipos, Pontevedra y Elche, se disputarían la sexta plaza en la trigésima y última jornada del torneo.

Y al final, quien se va a llevar el gato al agua  será el conjunto franjiverde, que derrotará en «Altabix» a su gran rival regional, el Valencia, por 2 a 1 ( con un tanto de Vavá, que finalmente se alzará con el «Pichichi», desbancando al colchonero Luís Aragonés), mientras que los granates caían en el «Sánchez Pizjuán», derrotados por el Sevilla merced a un solitario gol de Lizarralde. Terminaba así, con la victoria del Atlético de Madrid, uno de los campeonatos más abiertos y disputados de los últimos años, donde los dos equipos madrileños y el Barcelona habían rivalizado por el título, y el Pontevedra se convirtió en el gran animador durante casi las dos terceras partes del torneo.

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BALANCE FINAL

A la conclusión de la Liga 65-66, el Pontevedra era séptimo, con 31 puntos y un positivo. Había conseguido la victoria en 13 partidos, hecho tablas en 5 ocasiones, y salido derrotado en 12 encuentros, con  31 goles a favor y 34 en contra. Su primera vuelta había sido excelente, muy por encima de lo esperado, pero en la segunda sus números ya habían dejado bastante que desear. De ello habla a las claras el hecho de que su puntuación en la primera ronda del campeonato casi dobla a la cosechada en la segunda, y en cuanto a su balance de goles, mientras que en el tramo inicial marcó 19 y sólo encajó 11, en el segundo las tornas se invertirían, obteniendo únicamente 12 tantos, mientras que su meta era perforada en 23 ocasiones. Si su primera vuelta, en lugar de ser excepcional, hubiera concluido con similares guarismos, el cuadro pontevedrés habría descendido a Segunda sin remisión.

En «Pasarón» los granates habían obtenido 24 de esos 31 puntos, con un saldo de 10 victorias, 4 empates y una sola derrota ( ante el Real Madrid ), marcando 25 goles y encajando únicamente 9, mientras que como visitantes consiguieron  7 puntos, gracias a 3 victorias y un empate,  regresando derrotados en 11 ocasiones, anotando solamente 6 dianas y recibiendo 25. Queda meridianamente claro, pues, que el Pontevedra basó su buena temporada en la fortaleza que exhibió como local en su terreno de juego, donde únicamente va a ceder seis puntos, mientras que en los desplazamientos se mantuvo en un excelente tono durante la primera vuelta, pero en la segunda fue incapaz de traerse un solo positivo para sus lares.

Restaba todavía por jugarse la Copa, aunque en el «Torneo del KO» la trayectoria pontevedresa iba a ser breve. Emparejado con otro equipo gallego, el Deportivo de La Coruña, que acababa de ascender a Primera División como campeón del Grupo Norte, el primer partido de la eliminatoria de dieciseisavos de final se disputa el 10 de abril, y los herculinos obtienen una clara victoria en «Pasarón» por 0 a 2. En la vuelta, los granates logran imponerse por 2-1, pero su victoria va a ser insuficiente para seguir adelante.

Finalizaba así una temporada histórica, en la que el cuadro de «Pasarón» se había impuesto a casi todos los grandes del fútbol español, dejando un gratísimo sabor de boca a sus aficionados y haciéndoles vibrar como nunca. La gran incógnita estribaba ahora en saber si el Pontevedra sería capaz de reeditar en la siguiente campaña un rendimiento tan brillante ( a despecho del «pinchazo» final ), o, por el contrario, su magnífico desempeño iba a ser flor de un día. La solución, en el próximo y último capítulo de esta serie.




El Pontevedra del “Hai que roelo” (1963-1970). Primera parte

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Tan sólo seis años duró la aventura del Pontevedra Club de Fútbol en la élite del fútbol español . Representante de una ciudad provinciana de poco más de 50.000 habitantes, incluso en aquellos años 60 donde nuestro balompié vivía con presupuestos mucho más ajustados que los actuales, su permanencia en Primera División, redondeando incluso alguna brillante temporada y haciendo de su humilde feudo de «Pasarón» un fortín donde se estrellaban los grandes o se veían obligados a sudar sangre para arrancar algo positivo, parecía algo milagroso, logrado a base de mucho esfuerzo y una administración de sus escasos recursos, materiales y humanos, sumamente juiciosa. En 1970 el sueño terminó abruptamente, y desde entonces no ha vuelto el club granate a polarizar la atención nacional. Pero hubo un tiempo, ya hace casi medio siglo de aquello, en que de Pontevedra surgió un temible grito de guerra: «¡ Hai que roelo!»

Se trataba de un club muy joven, que de hecho en 1963, cuando asciende a Primera, aun no había cumplido siquiera sus Bodas de Plata. De hecho su fundación databa de los años de nuestra Postguerra, pues había tenido lugar el 16 de octubre de 1941, como resultado de la fusión entre los dos clubes más importantes de la ciudad en aquel momento, el Eiriña y el Alfonso C.F., que dividían infructuosamente las escasas fuerzas futbolísticas de aquella pequeña capital que ni siquiera era la localidad más poblada de la provincia, siempre a la sombra, en lo económico, cultural y deportivo, de la cercana ciudad portuaria de Vigo.

El primer presidente del nuevo club ( cuya equipación constaba de camiseta granate y pantalón blanco, que con el tiempo se tornaría en azul marino) fue Fernando Ponte Conde, y el 28 de diciembre de 1941, festividad de los Santos Inocentes, tuvo lugar la presentación en sociedad del Pontevedra C.F., en el transcurso de un partido que le enfrentó, precisamente, al Real Club Celta de Vigo en el Estadio Municipal de Pasarón. El encuentro terminó en tablas, 3 a 3, y esta fue la primera alineación que presentaron los locales: Manolo; Ruibal, Hermida; Calviño, Quico II, Ernesto; Castillo, Lorenzo, Corbacho, Besada e Iglesias.

LA TEMPORADA DEL ASCENSO: 1962-63

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El Pontevedra inició su andadura en categoría Regional, y militó  en Tercera División durante catorce años consecutivos, con un breve retorno a  Regional en la campaña 57-58. Al término de esta ascendió nuevamente a Tercera, y tan sólo permaneció dos cursos más en ella, pues al final de la 59-60 lograba el ansiado pase a la categoría de plata del fútbol español, con Ángel Agrasar Vidal como presidente y Cuqui Bienzobas ocupando el banquillo. Quedó campeón de su grupo de Tercera, el Primero, con unos números excelentes ( 46 puntos -seis más que el segundo clasificado, el Arsenal de El Ferrol -, con 21 victorias, 4 empates y 5 derrotas, 89 goles a favor y 28 en contra ), y el  va a lograr el ascenso el jueves 16 de junio de 1960, festividad del Corpus Christi, en el terreno leonés de «La Puentecilla» y ante  el Burgos,  tras dejar por el camino al Caudal de Mieres ( al que apeó después de un encuentro de  desempate en Santander ). Se trataba también de un tercer partido, pues en «Pasarón» habían caído los castellanos por 3 a 1, igualando estos la contienda gracias al 2 a 0 logrado en «Zatorre». El gol de Guillermo en la prórroga, marcado casi desde el centro del campo, va a llevar en volandas a los granates hasta Segunda, entre la inmensa alegría de los millares de pontevedreses desplazados hasta León en coches particulares, autobuses e incluso un tren fletado especialmente para la ocasión. Estos fueron los héroes de aquel memorable encuentro: Estévez; Kaki, Deza, Balea; Marcelino, Guillermo; Fidel, Cholo, Carballinés, Pirelo y Ferreiro.

El debut en Segunda, en el llamado «Grupo Norte», tiene lugar el día 11 de septiembre de 1960 en el propio «Pasarón», ante el filial de la Real Sociedad, el San Sebastián Club de Fútbol, más conocido cariñosamente como el «Sanse», vivero de tantos grandes jugadores «txuriurdín» durante décadas. El resultado va a ser de empate a uno, y el Pontevedra presentará la siguiente alineación: Gato; Kaki, San Martín, Cholo; Trujillo, Rebeca; Rojo, Ribada, Iglesias, Ferrada y Ferreiro. Al final los granates ocuparán una muy meritoria quinta plaza, únicamente por detrás del campeón, Osasuna, y de los otros tres equipos gallegos, Celta, Deportivo de La Coruña y C.D. Orense. Sumarán 31 puntos y un positivo, que se desglosan del siguiente modo: 11 partidos ganados, 9 empatados y 10 perdidos, con 39 goles a favor y 40 en contra.

En la 61-62 quedan novenos, con Cuqui Bienzobas todavía de entrenador. Salvan la primera eliminatoria copera frente al Levante, pero son eliminados por un Primera, el Mallorca. Y de cara a la temporada 62-63, el presidente del club, Miguel Domínguez Rodriguez, contrata como técnico a Rafael Yunta Navarro, más conocido como «Rafa» ( 1920-2011 ), antiguo jugador del Real Madrid y el Real Valladolid en los años 40. El auténtico «gallito» del grupo era el RCD. Español, que acababa de descender por vez primera a Segunda, y estos son los efectivos con los que el Pontevedra se apresta a encarar su tercera temporada en dicha categoría: Gato, Cholo, Pastor, Calleja, Firi, Vallejo, Recalde, Ceresuela, José Jorge, Iglesias, Ferreiro, Estévez, Bea, Deza, Tucho Sampedro, Lamorena, Carlos, Fito, Marcelino, Guillermo, Dobarán y Bolita.

Sorprendiendo a propios y a extraños, los granates van a despachar una magnífica campaña, llegando a la antepenúltima jornada como líderes, y con el segundo puesto – que daba derecho a disputar la promoción de ascenso – ya asegurado. El rival era nada menos que el Español, y en el mismísimo «Sarriá». Pero los pontevedreses no se van a amilanar, y sacarán el partido adelante, llevándose los dos puntos al vencer por 1 a 2 ( con goles de Vallejo y Rivas en propia puerta, mientras que Castaños marcaba para los blanquizales ). Ya solamente les faltaba un punto para conseguir el ascenso directo, y restaban dos partidos: recibir al rival provincial, el Celta, en «Pasarón», y desplazarse luego a los Campos de Sport de «El Sardinero» para jugar el último encuentro de la liga regular contra el Real Santander, la denominación oficial del Racing cántabro por aquellos años.

El 14 de abril de 1963 va a disputarse un verbi trascendental, ante un Celta que no se jugaba absolutamente nada, pero que tampoco estaba dispuesto a regalarles los puntos a sus vecinos. Estas fueron las alineaciones: por el Pontevedra, Gato, Pastor, Firi, Cholo; Calleja, Vallejo; Recalde, Ceresuela, José Jorge, Iglesias y Ferreiro, y por el Celta, Cantero, Quinocho, Lasheras, Zunzunegui, Rori, Polito, Álvarez, Costoya, Téllez, Germán y Marcelino. El arbitraje corrió a cargo del colegiado montañés Ruíz Alciturri. A los 7 minutos de juego se adelantaron los vigueses por mediación de Polito, y los celestes van a seguir dominando el encuentro, poniendo toda la carne en el asador ( se rumoreaba la existencia de una prima de 30.000 pesetas «por barba», ofrecida por el Español ). Las cosas no van a mejorar durante la segunda mitad, de manera que la hinchada pontevedresa tenía el corazón en el puño, temiendo por el resultado.

Faltaban únicamente ocho minutos para concluir el choque cuando los vigueses concedieron un saque de esquina. Lo botó el navarro Recalde, el portero céltico Cantero despejó el balón con los puños, y el esférico va a llegar a Ferreiro, al borde del área, que lo cede en corto al aragonés Rafa Ceresuela, para que este empalme un disparo que entra por toda la escuadra. El tanto salvador va a pasar a la historia como «el gol del ajo» debido a una curiosa anécdota. Instantes antes de producirse tan decisiva jugada Ceresuela salió momentáneamente del campo, para atarse una bota, y al parecer, y sin percatase de ello,  se sentó encima de una cabeza de ajos (lo cual  en nuestro imaginario popular siempre se ha dicho  que atrae a la  suerte ). Y también se cuenta que uno de los agentes de la Policía Armada ( los «grises», para entendernos ), la encargada de mantener el orden durante el partido, se lo comunicó a sus compañeros de servicio, añadiendo que el Pontevedra iba a marcar de inmediato.

Sea como fuere, «Pasarón» – y por ende toda la ciudad -estalló de júbilo, y el marcador ya no se movería, de modo que aquel bendito punto conseguido in extremis, y con tanto esfuerzo, llevaba al Pontevedra a lo más alto. El balance final de la campaña 62-63 se materializaba en 41 puntos y 11 positivos, logrados gracias a 16 victorias y 9 empates, cediendo únicamente 5 derrotas, con 44 tantos  a favor y 31 en contra, siendo los principales goleadores Ceresuela (12 ), Vallejo ( 11 ) y José Jorge ( 11 ).

En tan sólo cinco años el club había pasado de Regional a Primera División. Una trayectoria fulgurante para una entidad que contaba con poco más de veinte años de existencia.

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TEMPORADA 63-64: DEBUT EN LA ÉLITE

El Pontevedra CF va a afrontar su debut en Primera División con el  siguiente plantel de jugadores, nuevamente a las órdenes de  «Rafa», como entrenador: Fermín, Gato, Múgica; Azcueta, Batalla, Cholo, Deza; Calleja, Vallejo, Pastor; Recalde, Martín Esperanza, José Jorge, Iglesias, Ribada, Ceresuela, Marcaida, Sosa, Lamorena,  Carlos, Julián Roldán y Paz. Eran altas con respecto a la campaña del ascenso el portero vasco Múgica ( Vergara ), el defensa catalán Batalla, procedente del Orense, el guardameta Fermín ( Real Madrid ), el lateral Azcueta ( Real Oviedo ), el extremo Ribada (Osasuna ), el uruguayo Sosa, el delantero Marcaida – que había sido campeón de Liga y Copa con el Athletic de Bilbao -, el pequeño de los hermanos Roldán ( Julián ), y Paz, mientras que causaban baja con respecto a la plantilla del ascenso Firi, Ferreiro, Estévez, Bea, Tucho Sampedro, Fito, Marcelino, Guillermo, Dobarán y Bolita

El debut de los granates en la máxima categoría del fútbol español se va a producir el 15 de septiembre de 1963 en «Pasarón», ante su propio público, y con el Real Zaragoza, flamante subcampeón de Copa y ya con todos los «Magníficos» en nómina, como primer rival. A las órdenes del colegiado vizcaíno señor Birigay Nieva, estas fueron las alineaciones que presentaron ambos conjuntos en tan histórica tarde: por el Pontevedra, Fermín; Azcueta, Deza, Cholo; Calleja, Vallejo; Recalde, Martín Esperanza, José Jorge, Ceresuela y Ribada, y por el Real Zaragoza, Cardoso; Zubiaurre, Pepín, Reija; Isasi, Violeta; Canario, Sigi, Marcelino, Villa y Lapetra. Se adelantaron en el marcador los maños, merced a un penalti transformado por el peruano Sigi en el minuto 51, y cuando ya el encuentro daba sus últimas boqueadas, en el 87, empató el verinés Ignacio Martín Esperanza, consiguiendo así el primer tanto pontevedrés en la División de Honor.

Los siguientes partidos fueron adversos para el cuadro dirigido por «Rafa», que perdió en el Camp Nou ante el Barcelona en la segunda jornada (3 a 1), empató sin goles frente al Sevilla en «Pasarón» en la tercera, y cayó en el campo del también recién ascendido Levante en la cuarta (3 a 1). Ocupaba al término de dicha jornada el penúltimo lugar de la clasificación, con tan sólo dos puntos.

Pero en la quinta jornada, disputada el 13 de octubre de 1963, el Pontevedra va a conseguir su primera victoria en la máxima categoría, delante de su público y  de forma muy holgada. La víctima fue un Real Oviedo muy venido a menos, que en nada recordaba al equipo revelación de la temporada anterior ( tercer clasificado ). Los goles de los gallegos fueron marcados por José Jorge, en dos ocasiones, Martín Esperanza y Ceresuela, anotando José María el tanto del honor para los asturianos. Con esta victoria el Pontevedra salía momentáneamente de las posiciones de peligro.

Al domingo siguiente caía nuevamente por 3 a 1 – parecía abonado a dicho resultado en terreno contrario – en su desplazamiento a San Mamés, y volvía a tropezar más tarde en casa, y esta vez gravemente ( 0 a 1 ante el Elche ) en la séptima jornada. En la octava, visitaba nada menos que el «Santiago Bernabéu», donde caía por el ya habitual 3 a 1. Se hallaba en zona de promoción, con 4 puntos y 4 negativos.  Afortunadamente para sus intereses pudo salir airoso del siguiente encuentro, derrotando en «Pasarón» por 2 a 1 a un Córdoba que estaba realizando hasta la fecha una meritoria campaña. Y siete días más tarde arrancaba su primer positivo en «Sarriá», al empatar con un Español que, pese al refuerzo del veterano Kubala, se debatía en las últimas posiciones de la tabla.

Lograron salir los pupilos de «Rafa» momentáneamente de la zona peligrosa en la undécima jornada ( 8 de diciembre de 1963 ), al derrotar por 2 a 0 a un Betis que llegaba como una de las revelaciones del torneo ( al final los verdiblancos acabarían la Liga en tercera posición ), tras un sensacional encuentro en el que botó hasta 17 saques de esquina contra la portería defendida por el guardameta internacional Pepín, siendo Martín Esperanza – que se estaba revelando como el goleador del conjunto granate – el autor de los dos tantos.

Al domingo siguiente – y ya parecía una maldición – el Pontevedra volvió a a salir derrotado por el inevitable 3 a 1 de su visita a «Mestalla», pero en la decimotercera jornada, y como inesperado regalo de Navidad, va a ofrecer a sus incondicionales la primera victoria a domicilio, al derrotar en «Zorrilla» al Real Valladolid ( la otra revelación de la campaña anterior y ahora colista ) merced a un gol conseguido por José Jorge cuando ya el encuentro, de muy baja calidad, enfilaba su recta final. El Pontevedra era ahora undécimo, con 11 puntos y un solo negativo, y comenzaba a poner tierra de por medio con respecto a los colistas Español y Valladolid, que ocupaban los puestos de descenso automático.

Van a despedir el año 63 los pontevedreses con otra nueva victoria, esta vez en «Pasarón» y frente al Real Murcia por la mínima ( 2 a 1 ), con tantos de Iglesias y José Jorge, escalando en la general nada menos que hasta la séptima plaza, aunque empatados a puntos con varios equipos. Cierra la primera vuelta una nueva visita a la capital de España, en esta ocasión al «Metropolitano», donde un Atlético de Madrid en horas bajas  y que estrenaba nuevo entrenador ( Adrián Escudero, que tan sólo ocuparía el banquillo colchonero esa jornada, siendo sustituido por Sabino Barinaga ) vence apuradamente a los gallegos por 3 a 2, marcando por los locales Ramiro, Collar y Ribes, y por los visitantes José Jorge y Marcaida.

El balance final de esta primera ronda, sin embargo, era bastante positivo, pues el Pontevedra había ganado cinco partidos, empatado tres y perdido siete, con un saldo de 19 goles a favor y 23 en contra, lo que hacía un total de 13 puntos y un único negativo en su casillero. De repetir en la reanudación unos resultados similares, podía lograr el gran objetivo de la permanencia, aunque con apuros.

Pero la segunda vuelta no va a ser tan brillante, como veremos a continuación. Para empezar, la inician los pontevedreses con una derrota, mínima pero derrota al fin, en «La Romareda», donde caen ante el Real Zaragoza por 3 a 2, con sendos tantos de Ribada que no fueron suficientes. El descenso en la tabla ya es grande, al borde mismo de la zona de promoción. Y al domingo siguiente visita «Pasarón» el líder, el Barcelona, que va a salir airoso del compromiso. Sin hacer un gran fútbol, los azulgranas se imponen en el segundo tiempo por 0 a 2, con un extraordinario gol del paraguayo Re y otro de Zaballa, obtenido con la colaboración involuntaria de la defensa granate. El Pontevedra es ahora decimotercero, y promocionaría de terminar en ese momento la Liga.

Las cosas no fueron mejor en la jornada 18, perdiendo ampliamente en el «Sánchez Pizjuán» ante el Sevilla por 3 a 0. Y siete días mas tarde el Levante se llevó para tierras valencianas un positivo de «Pasarón», al empatar a uno ( con gol local de José Jorge ), dejando a los granates con un preocupante menos cuatro. En la jornada número 20 mejoran ligeramente las cosas al enjugar uno de esos negativos en Oviedo, arrancando un empate sin goles en el «Carlos Tartiere» a un rival directo,  con el que se consigue decantar favorablemente el «goal average» particular. Tampoco pintará nada mal la jornada siguiente, al doblegar a un mediocre Athletic de Bilbao en «Pasarón» por un claro 2 a 0, obra de José Jorge y Martín Esperanza, este último de penalti.

Al domingo siguiente la derrota en Elche – ante otro de los cuadros revelación de la temporada, que finalizaría el torneo en quinta posición – entraba dentro de lo previsible, pero lo que constituyó una auténtica sorpresa, destrozando cantidad de quinielas, fue imponerse al nuevo líder, el Real Madrid, en su primera visita a «Pasarón», siete días más tarde, el 1 de marzo de 1964, una valiosísima victoria conseguida a base de coraje y lucha constante para doblegar a los blancos con un gol de Ceresuela, marcado en el minuto 43 de la primera parte. Con arbitraje del guipuzcoano González Echevarría, estas fueron las alineaciones que presentaron ambos conjuntos: por el Pontevedra, Gato; Azcueta, Batalla, Cholo; Calleja, Iglesias; Recalde, Marcaida, José Jorge, Ceresuela y Martín Esperanza, y por el Real Madrid, Vicente; Isidro, Santamaría, Pachín; Muller, Zoco; Amancio, Evaristo, Di Stefano, Puskas y Manolín Bueno, es decir, el equipo de gala con las únicas ausencias de Félix Ruíz y Paco Gento.

Con 19 puntos en su haber, el Pontevedra escalaba un puesto y se acercaba a la salvación, fortalecida su moral  gracias al triunfo sobre los merengues, vigentes campeones de Liga. Pero por algo dicen que «dura poco la alegría en la casa del pobre»… Derrotado en Córdoba por un solitario gol, el cuadro gallego  se asoma de nuevo al abismo, aunque una nueva victoria en la vigesimoquinta jornada sobre el Español, otro rival directo al que se superaba en el computo particular, les proporcionaba a los de «Rafa» un vital balón de oxígeno: 3 a 1 en «Pasarón», con goles de Ribada, en dos ocasiones, y José Jorge.

El Valladolid, con tan sólo 13 puntos, parece ya definitivamente desahuciado, pero Oviedo, Español, Córdoba y Pontevedra, e incluso los históricos Valencia y Athletic de Bilbao, se debaten en la zona de peligro, con una plaza de descenso y dos de promoción pendiendo sobre sus cabezas como Espada de Damocles. Restan únicamente cinco partidos, y el Pontevedra cuenta con 21 puntos, y salidas al campo del Betis y al del Murcia, recibiendo en «Pasarón» al Valencia ( necesitado ), Valladolid ( prácticamente descendido ) y Atlético de Madrid ( probablemente en zona neutra ) en la última jornada. Cuatro, cinco o incluso seis puntos parecen posibles, pero lo que nadie podía imaginarse es que el equipo granate no iba a conseguir ya ni un sólo punto, perdiendo lastimosamente los cinco últimos partidos y yéndose directamente al pozo de la Segunda División de la mano de un Real Valladolid qué sí reaccionó ( va a conseguir 6 puntos en esas cinco postreras jornadas ), aunque ya demasiado tarde.

La visita al Betis se saldará con una clara derrota en el «Benito Villamarín» por 3 a 0, dejando al equipo ya algo descolgado en zona de promoción, a dos puntos del primero de los que se salvaban, el Córdoba, pero la derrota en «Pasarón» ante el Valencia en la jornada 27 ( con gol del brasileño Waldo ) les acerca también al precipicio del descenso automático. Ante esa tesitura, el partido frente al Valladolid en «Pasarón» era crucial para ambas escuadras: los castellanos incluso podían irse ya a Segunda matemáticamente a pesar de ganar, si puntuaban Oviedo y Español, y el Pontevedra, de no vencer, se vería inmerso de lleno en la zona de descenso. Y, pese al resultado favorable a los blanquivioletas, ambos equipos van a salir del encuentro ya prácticamente condenados.

El Valladolid se impondrá por 1 a 2. Morollón, el delantero internacional también venido a menos, va a adelantar a los castellanos, empatando los gallegos con un gol de Ealo en propia puerta, pero Haro  establecerá el marcador definitivo. Las victorias del Español, ante un buen Zaragoza, y el Real Oviedo ( a domicilio en San Mamés ) envían matemáticamente a los de Pucela a Segunda, y dejan al Pontevedra tomadísimo, no dependiendo ya de sí mismo,  sino de lo que hagan españolitas y oleteases,  y también el Córdoba y el Murcia, que todavía no se encuentran a salvo.

El partido de «La Condomina», era, por lo tanto, crucial para las aspiraciones de ambos conjuntos, lo que se dice una auténtica final, en la que los pimentoneros, dirigidos por el veterano técnico eslovaco Fernando Daucik, se van a llevar dos puntos de oro, merced a un apretado 2-1. Encuentro dramático, de alta tensión, con un juego de pésima calidad y muchos nervios, en el terreno de juego y en las gradas. Todos los goles se marcaron en la primera parte. Lax adelantará a los locales en el minuto 11, empatará Ribada en el 20, y De la Fuente deshará la igualada en el 44, al borde del descanso. Las cosas, a la finalización de esa penúltima jornada, quedaban de la siguiente manera, con el Valladolid ya descendido: el Pontevedra tenía 21 puntos y recibía a un Atlético de Madrid que ya no se jugaba nada ( de modo que bien podía ganar ), mientras que el Español, con 23, recibía también a un Sevilla al que tampoco le iba nada en el envite ( así que podía vencer, y lo hizo ), el Córdoba, con 24, afrontaba en «El Arcángel» a un Levante ya salvado ( y al que perfectamente podía derrotar, como de hecho sucedió ), y más difícil, siempre en teoría, lo tenía el Real Oviedo, que visitaba  el «Santiago Bernabéu», donde  un Real Madrid ya campeón no parecía demasiado dispuesto a estrenar el título sin brindarle  una alegría a sus incondicionales, de modo que lo más factible era que los azules saliesen derrotados, y eso mismo es lo que ocurrió. De todos modos, la situación del Pontevedra era desesperada, porque del descenso directo tan sólo podría salvarle una derrota españolista, y el mal menor sería lograr meterse en la promoción.

Pero, como ni siquiera fueron capaces de hacer los deberes, los granates se van a condenar al infierno ellos solitos, al caer derrotados en «Pasarón» por un Atlético de Madrid que les batió al contragolpe, con un gol del hispanoguineano Miguel Jones a sólo tres minutos del final. Acompañaba así a Segunda al Real Valladolid, mientras que Español y Oviedo se veían abocados a la promoción, difícil trámite que ambos equipos lograrían sortear finalmente. La segunda vuelta del Pontevedra había sido, sencillamente, calamitosa. Tan sólo va a conseguir 8 puntos, ganando 3 partidos, empatando 2, y saliendo derrotado en 10 ocasiones, marcando únicamente 11 goles y encajando 22. Algunos fichajes, concretamente los del vizcaíno Marcaida y el uruguayo Sosa, van a resultar un auténtico fracaso, y al equipo lo mantendrán únicamente hasta su desplome final los goles de José Jorge ( 8 ), Martín Esperanza ( 7 ) y Ribada ( 5 ), porque estos dos últimos jugadores si ofrecieron un rendimiento más acorde a las expectativas depositadas en ellos.

TEMPORADA 64-65: DE NUEVO CAMPEONES DE SEGUNDA

La afición estaba lógicamente desencantada ante el efímero paso por la División de Honor, pero no era el momento de desanimarse. «Rafa» abandona el banquillo de «Pasarón», y para sustituirle.  la directiva presidida ahora por Miguel Otero Rodríguez contrata a un técnico joven, el francés Marcel Domingo ( 1924-2010), antiguo guardameta del Atlético de Madrid y del RCD. Español, célebre tanto por su seguridad bajo los tres palos como por sus jerséis de colores chillones, con los que el cancerbero galo aseguraba que ponía nerviosos a los delanteros contrarios. Lógicamente van a producirse cambios en la plantilla. Se van Gato, Ribada, Pastor, Marcaida, Deza, Sosa, Carlos, Lamorena y Paz, y llegan el portero riojano Rodri, cedido por el Atlético de Madrid, el extremo cántabro Odriozola, el delantero salmantino Neme, y tres jugadores de la cantera gallega: el mayor de los hermanos Roldán, Constantino ( a partir de ahora «Roldán I» ), Pose y Norat. Así quedo conformada la plantilla a las órdenes de «Monsieur» Domingo: Rodri, Azcueta, Batalla, Cholo, Calleja, Vallejo, Odriozola, Neme, Ceresuela, Iglesias, Martín Esperanza, Mugica, Roldán I, Recalde, Roldán II, José Jorge, Fermín, Pose y Norat.

Sin embargo el nuevo curso comienza mal, con una derrota por 3 a 1 en «El Molinón» ante otro de los favoritos para el ascenso, el Real Gijón, como se conocía entonces al Sporting. Incluso el Pontevedra va a sufrir en este partido la expulsión de dos jugadores, el guardameta Fermín y Martín Esperanza. Pero ese primer fiasco inicial no sería, ni muchísimo menos, la tónica general, pues el Pontevedra volverá al final de la temporada 64-65 a Primera División por la puerta grande, como campeón del Grupo Norte y asegurando el ascenso de forma matemática a falta aun tres jornadas, con 45 puntos y 15 positivos ( seis de ventaja sobre el segundo clasificado, el C.E. Sabadell ), con un magnífico balance de 20 victorias, 5 encuentros terminados en tablas y solamente 5 derrotas, con 48 goles a favor y la extraordinaria cifra de tan sólo 17 tantos encajados, lo que da fe de su excelente sistema defensivo. Los máximos anotadores del conjunto granate fueron Neme ( 15 ), Iglesias ( 8 ), Ceresuela ( 6 ), Roldán II ( 4 ) y Martín Esperanza, Vallejo y José Jorge ( cada uno de ellos con 2 tantos )

La excepcional campaña del Pontevedra se cimentó en un «Pasarón» absolutamente infranqueable para sus rivales, ya que ni un solo punto voló del feudo granate. En tan sólo un año había vuelto la ilusión a una hinchada que tentada estuvo de creer que la experiencia de la temporada 63-64 había sido un espejismo. Pero lo que ni los más optimistas del lugar podían llegar a sospechar, era que el equipo de sus amores se iba a codear muy pronto con los grandes del fútbol español, tratándoles de tú a tú. Pero de esas tardes de gloria y esplendor sobre la hierba ya hablaremos, largo y tendido, el próximo mes.




Campeonato Nacional de Liga 1962-63: dos equipos revelación a falta de uno (Real Oviedo y Real Valladolid)

El equipo revelación es uno de los tópicos al uso del fútbol nuestro de cada día, el modesto  que se cuela de rondón en el festín de los grandes, al menos a la hora de los entremeses o el primer plato, el visitante inesperado que anima la rutina depredatoria donde siempre los peces de mayor tamaño – histórico y presupuestario – se tragan a los chicos. El fenómeno ocurre casi todos los años, pero en la liga española a veces se presenta por partida doble. Por ejemplo, en la ya lejana temporada 1962-63, en la que dos humildes conjuntos de provincias, aunque orgullosos de sus blasones, el Real Oviedo y el Real Valladolid, se encaramaron a los primeros lugares de la clasificación, y durante varias jornadas incluso rivalizaron por el liderato con el todopoderoso Real Madrid de los Di Stefano, Puskas, , Santamaría, Gento o Amancio. Para la historia de ambos clubes esa campaña resulta imborrable, aunque las jóvenes generaciones de aficionados la desconozcan por completo. Mas para eso precisamente estamos nosotros, para recordar cuando en dos terrenos de juego humildes se pudo soñar durante algunos meses con empresas más elevadas que lograr la simple permanencia en la categoría. Pero antes de ponernos manos a la obra y analizar detalladamente el desarrollo de esta  temporada inolvidable para asturianos y castellanos, conviene recordar de dónde venían ambas escuadras…

El Real Valladolid, por lo pronto, procedía de Segunda División, triunfante en la promoción de ascenso a la máxima categoría tras quedar clasificado como subcampeón del Grupo Norte. Los de Pucela habían ascendido a la División de Honor por vez primera al final de la temporada 47-48, y se mantuvieron en la élite durante diez temporadas consecutivas, alcanzando su momento cumbre en la campaña 49-50, cuando tras un notable desempeño liguero, aflojando únicamente en el último tramo, consiguieron clasificarse para la final de la Copa del Generalísimo, en la que cayeron en la prórroga por 4 a 1 frente al Athletic de Bilbao, por entonces el gran clásico del «Torneo del KO». Descendidos al finalizar el curso 57-58, recuperaron rápidamente la categoría al año siguiente, con un equipo conocido como el de «los monaguillos», por la juventud de muchos de sus componentes (Ramírez, Mirlo, Morollón, Pereda, Beascoechea…). Permanecieron en Primera con apuros durante dos campañas, y nuevamente al finalizar la 60-61 se fueron a Segunda. Allí, como ya hemos dicho,  ocuparon la segunda plaza  del Grupo Norte, con 40 puntos y 10 positivos sobre 60 posibles ( eran ligas de 30 partidos, con 2 puntos por victoria y 1 por empate ), con 17 triunfos, 6 partidos finalizados en tablas y 7 derrotas, y la muy estimable cantidad de 64 goles a favor por tan sólo 31 en contra.

En la promoción de ascenso les correspondió a los blanquivioletas el verse las caras con todo un histórico venido a menos, el RCD. Español, que jamás había perdido la categoría desde el comienzo del Campeonato Nacional de Liga, allá por el año 1929, aunque ya había tenido que defender su puesto entre los grandes en más de una ocasión. El partido de ida se disputó en Barcelona, y los de «Sarriá» lo liquidaron con un corto 1-0, marcado por el delantero brasileño Indio a los 27 minutos de juego. A poco de comenzar la segunda parte, los locales desperdiciaron una gran oportunidad para abrir brecha en el marcador, al enviar el argentino Carranza un penalti a las manos del guardameta vallisoletano Calvo. El encuentro de vuelta se disputó en el viejo «Zorrilla» el 6 de mayo de 1962, con  la gran expectación que es de suponer. A las órdenes del colegiado valenciano señor Birigay, ambos equipos presentaron las siguientes alineaciones: por el Real Valladolid, Calvo; Gómez, García Verdugo, Pinto; García, Sanchís; Mirlo, Ramírez, Morollón, Rodilla y Molina, y por el RCD. Español, Joanet; Argilés, Abel, Ribas; Gordejuela, Bartolí; Muñoz, Domínguez, Sastre, Indio y Camps, una formación cuajada de jugadores de corte defensivo, previsiblemente para tratar de mantener la exigua ventaja blanquiazul. Tardó en moverse el marcador, hasta que García consiguió inaugurarlo en el minuto 74, y ya planeaba sobre ambos conjuntos el fantasma de un partido de desempate cuando el salmantino Rodilla, futuro jugador españolista, consiguió el 2-0 definitivo, el tanto que devolvía a los pucelanos a Primera División, y desalojaba por vez primera a los periquitos de su sempiterno lugar entre la élite.

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En cuanto al Real Oviedo, su campaña 61-62 fue menos épica, aunque también atravesaron por momentos de apuro, librándose de la promoción en la última jornada por un solo punto. El cuadro azul se clasificó finalmente en décimo puesto, con 27 puntos y 3 negativos, y el siguiente balance: 10 victorias, 7 empates y 13 derrotas, con 27 goles a favor y 47 en contra. En teoría la única aspiración de ambos clubes para el  curso siguiente era lograr la permanencia, y en cuanto a los refuerzos, los asturianos incorporaron a sus filas a varios jugadores ( el meta Madriles, los defensas  Solé y Datzira , el medio Icazurriaga, y los delanteros Parés, Livinho y Joao Jorge, los dos últimos brasileños), mientras que los castellanos mantenían  prácticamente la misma plantilla del año anterior, con el central uruguayo Pini como única gran novedad. No repetían, sin embargo, los respectivos entrenadores, dándose la curiosa coincidencia de que tanto uno como otro habían tenido tres ocupantes en el banquillo durante el curso 61-62: Paco Lesmes ( de la jornada 1 a la 16 ), Manuel Soler ( de la 17 a la 30 ) y Heriberto Herrera ( sólo en los partidos de promoción ) en el Real Valladolid, y Fernando Argila ( de la jornada 1 a la 7, Enrique Rubio Sañudo -futuro presidente de la entidad  – en la octava, y Álvaro ( desde la novena a la finalización del campeonato ) en lo que respecta al Real Oviedo.

Veamos ahora quienes eran los hombres que iban a afrontar la temporada 62-63 en ambos clubes. La plantilla del Real Oviedo, dirigida por el ya veterano técnico vasco Juan Otxoantezana Milikua (más conocido entonces como Juanito Ochoa ), estaba compuesta por los siguientes jugadores: Alarcia, Madriles, Boudón; Toni, Datzira, Marigil, Álvarez, Solé, Azcueta; Iguarán, Paquito, Icazurriaga, Agustín; Girón, Sánchez Lage, José Luís, Joao Jorge, José María, Livinho, Alejandro, Alcorta, Larrea, Artabe, Parés, Moncho y Calleja. El Real Valladolid, por su parte, presentaba los siguientes efectivos, a las órdenes del novel técnico catalán Antoni Ramallets, legendario guardameta del Barça y la Selección Española, que recibiera el sobrenombre de «El gato de Maracaná»: por su gran actuación en el Mundial brasileño de 1950: Calvo, Estrems, Zumalabe; García Verdugo, Pini, Pinto, Domenech, Paredes; Ramírez, Sanchís, García, Ealo; Aramendi, Endériz, Morollón, Rodilla, Molina, Robert, Joselín, Martínez y Rodríguez.

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PRIMERA VUELTA ( 16 de septiembre de 1962-6 de enero de 1963 )

La edición número 32 del Campeonato Nacional de Liga arrancó el domingo 16 de septiembre de 1962. El Valladolid se desplazó a Córdoba, donde el cuadro local debutaba como equipo de Primera división, y perdió por 1 a 0, mientras que el Oviedo era goleado en «La Romareda»  ( 5 a 0 ) por un Real Zaragoza en vena de aciertos,  que aun no era el de «Los Magníficos» pero tenía una delantera temible, en la que junto a Marcelino y Lapetra brillaban veteranos como Miguel y Duca, y jóvenes como el peruano Juan Seminario, «Pichichi» la temporada anterior. En esta primera clasificación del curso, los castellanos eran decimoterceros, y los asturianos penúltimos.

En la segunda jornada ( 23 de septiembre ), ambos conjuntos vencieron en su propio terreno. El Oviedo al Córdoba por 2 a 0 ( José María y Sánchez Lage ) y el Valladolid a Osasuna con más apuros ( 2 a 1, obra de Sanchís y Morollón ), Es en la tercera fecha del campeonato ( 30 de septiembre ) cuando los dos estrenan su casillero de positivos. El Oviedo triunfa en Pamplona sobre Osasuna por 2 a 3 ( con tantos de Iguarán, Sánchez Lage y Girón ), mientras que el Valladolid arranca un empate sin goles en el «Luís Sitjar» ante el Mallorca. Los asturianos ya son sextos, y los castellanos ocupan la novena posición.

La cuarta jornada ( 7 de octubre ) confirma el buen momento de ambos cuadros. El Valladolid derrota al Athletic de Bilbao en «Zorrilla»  por 2 a 1, con goles de Morollón y Aramendi, y los ovetenses se deshacen del Mallorca en el «Tartiere»  por un claro 2-0 ( Paquito y Larrea ). El Oviedo ya es cuarto, a dos puntos del líder Real Madrid, y tras él marchan los blanquivioletas, en quinta posición. La siguiente jornada ( 14 de octubre ), frena algo a los dos conjuntos, puesto que el Oviedo  – que no obstante juega un buen encuentro -resulta derrotado en San Mamés por un Athletic muy acertado,  3 a 1, haciendo el brasileño Livinho el tanto de los astures, y el Valladolid empata en Sevilla ante el Betis, 2 a 2, con goles de Morollón y Aramendi. Ahora los de Pucela son cuartos, mientras los asturianos ocupan la sexta plaza.

El 21 de octubre se disputa la sexta jornada, y el Valladolid recibe en «Zorrilla» al líder, el Real Madrid. Los locales van a despachar un soberbio encuentro, acabando con la imbatibilidad de los merengues, que son alcanzados en el liderato por sus vecinos del Atlético de Madrid. El choque fue sumamente emocionante, y en él los blanquivioletas van a igualar dos veces la ventaja madridista, para luego decantar a su favor el marcador con dos nuevos goles. Marcó primero Puskas, empató Endériz, nuevamente Puskas adelantó a los blancos, Rodilla consiguió equilibrar el resultado, y en la recta final del encuentro el extremo izquierdo Molina y otra vez Rodilla pusieron en todo lo alto el 4-2 definitivo, consiguiendo una victoria histórica. Por su parte, el Real Oviedo se deshizo por la mínima del Betis en el «Tartiere» en un partido vibrante que registró nada menos que siete goles, siendo obtenidos los de los azules por Girón, en dos ocasiones, Paquito y José María, anotando Luís Aragonés ( 2 ) y Areta II por los verdiblancos.  El Valladolid era cuarto, y el Oviedo sexto, ambos con 8 puntos, cerca de los puestos de cabeza, y se empieza a hablar ya de equipos revelación.

La séptima jornada ( 28 de octubre ) significará un parón para ambos, ya que van a salir derrotados de sus respectivas visitas. Claro que los rivales eran de aúpa, Barcelona y Real Madrid. En el «Camp Nou» los azulgranas se van a imponer a los castellanos por un ajustado 2 a 1, haciendo Endériz el gol blanquivioleta, mientras que en el «Bernabéu»  los merengues vencen a los carbayones por el mismo resultado, con tantos de Félix Ruíz y Gento, marcando Girón para un Oviedo que jugó bien, pero fue poco incisivo de cara a la meta contraria. Al finalizar esta séptima jornada, los vallisoletanos siguen en cuarta posición y los asturianos en sexta. Haciendo un inciso en el desarrollo de la Liga, resulta interesante reseñar que el día 1 de noviembre se van a enfrentar en el Estadio «Santiago Bernabéu» las selecciones de España y Rumanía, en partido valedero para la Copa de Europa de Naciones, la que después sería popularmente conocida como «Eurocopa». España goleará ampliamente a los rumanos por 6 a 0, y en el combinado nacional debuta el oviedista Paquito, formando línea media con el colchonero Jesus Glaría, señal de que su magnífico rendimiento en las filas azules no le pasaba desapercibido al nuevo seleccionador nacional, José Villalonga.

El día 4 de noviembre se disputa la octava jornada del campeonato, y el Oviedo va a conseguir otro de esos triunfos que dan moral y prestigio a un equipo modesto, al derrotar claramente en el «Carlos Tartiere»  a todo un Barcelona, que llegaba como segundo clasificado. Y aun pudo ser mayor el resultado si los delanteros locales no hubiesen fallado ocasiones clarísimas para marcar. José María, el catalán Parés y Girón  anotaron para los asturianos, y el canario Vicente hizo el solitario tanto barcelonista. El Valladolid se impuso también sin demasiados problemas al Málaga por 2 a 0, con dianas de Morollón y Molina. Balance de la jornada: Valladolid cuarto y Oviedo sexto, los dos con 10 puntos y 2 positivos, a dos de los colíderes, los equipos madrileños.

La novena fecha del campeonato ( 11 de noviembre ) fue triunfal para ambos, que se imponen en campo contrario. El Valladolid lo hizo en «Altabix», superando al Elche por 2 a 3, marcando Rodilla, Morollón y Endériz, y el Oviedo venció más claramente en «La Rosaleda», 1-3, con tres goles de su delantero José Luís, aunque sufrió la expulsión de Girón. El Valladolid seguía siendo cuarto, y el Oviedo ya era quinto, ambos con los mismos puntos, doce, y cuatro positivos. Volvieron a triunfar en la siguiente jornada, la décima ( 18 de noviembre ), en la que los asturianos apabullaron al Elche en el «Tartiere» con un inapelable 6 a 1 (con goles de José María e Icazurriaga -en dos ocasiones- , José Luís y Sánchez Lage, mientras el Valladolid encontraba más resistencia en el Deportivo de La Coruña, al que va a derrotar por 3 a 1, con tantos de Molina, Morollón y el deportista Manín en propia puerta. Al finalizar esa jornada – que marcaba el primer tercio de la competición -, los vallisoletanos ya eran segundos, a un solo punto del Real Madrid, al igual que los asturianos, que ocupaban la tercera posición debido a su peor coeficiente general.

La undécima jornada ( 9 de diciembre ) va a deparar, por fin, el el primer enfrentamiento directo entre los dos equipos que más estaban llamando la atención en lo que iba de campeonato. El partido se disputó en «Zorrilla», y puso en las taquillas el cartel de «no hay billetes». Los dos conjuntos presentaron las siguientes alineaciones: por el Real Valladolid, Calvo; García Verdugo, Pini, Pinto; Ramírez, Sanchís; Aramendi, Endériz, Morollón, Rodilla y Molina ( es decir, el equipo de gala ), y por el Real Oviedo, Alarcia; Toni, Datzira, Azcueta; Icazurriaga, Paquito; Parés, Sánchez Lage, José Luís, Iguarán y José María, con las ausencias destacadas de los titulares Marigil y Girón, todos ellos a las órdenes del colegiado vizcaíno señor López Zaballa. Un tiempo para cada equipo, aunque los locales aprovecharon mejor las ocasiones y se impusieron por 2 a 0, con tantos marcados por Morollón y Rodilla en la primera mitad. Después de este resultado el Valladolid continuaba en segunda posición de la tabla con 16 puntos, uno menos que el Real Madrid, y el Oviedo descendía provisionalmente a la cuarta plaza, igualado con el Atlético de Madrid.

Ambos cuadros volvieron  a ponerse a la par en la duodécima jornada ( 16 de diciembre ), pues mientras que el Oviedo derrotaba en la capital asturiana al Deportivo de La Coruña, merced a un solitario gol del argentino Sánchez Lage, el Valladolid caía derrotado en Mestalla ante el Valencia, en un espectacular partido en el que subieron ocho goles al marcador. Los «ches se adelantaron con dos tantos de ventaja, pero los castellanos lograron igualar a tres, aunque los levantinos acabaron por decantar el resultado a su favor. Waldo y Guillot ( en dos ocasiones ) y Héctor Núñez marcaron por los locales, y Molina, Rodilla y Morollón por el Valladolid, que ahora era tercero, igualado de nuevo con el Oviedo, cuarto, ambos con 16 puntos y cuatro positivos.

Victorias locales claras de asturianos y castellanos en la jornada número 13 ( 23 de diciembre ). El Oviedo superó al Valencia por 2 a 0, marcando el joven y prometedor José María por partida doble, a la vez que el Valladolid se deshacía del Sevilla ( 3-1) en el transcurso de un gran encuentro en el que Morollón abrió el marcador al transformar un penalti, empató el hispalense Oliveros, y después el mismo Morollón y Rodilla, los dos máximos artilleros blanquivioletas, decantaron el resultado hacia su bando. Valladolid segundo, y Oviedo tercero, con 18 puntos y cuatro positivos, alejándose de escuadras en teoría tan potentes como Barcelona, Valencia y Athletic de Bilbao.

La decimocuarta jornada ( 30 de diciembre ) va a suponer la llegada del Oviedo a la cabeza de la clasificación, igualado a puntos con el Real Madrid, aprovechando que los del «Santiago Bernabéu»  son amplia y sorprendentemente derrotados en Mallorca, ante el cuadro bermellón, por 5 a 2. Los asturianos, por el contrario, se imponen al Sevilla en el «Sánchez Pizjuán» sobre un terreno impracticable, por 2 goles a 3, marcando por el Oviedo José Luís, José María e Iguarán. El Valladolid, sin embargo, va a salir también goleado del «Metropolitano», tras un gran encuentro de ambos conjuntos, saldado con la victoria de los colchoneros por 5 a 2, un marcador tal vez demasiado abultado para los merecimientos de los pupilos de Ramallets, que llegaron a adelantarse  por 1 a 2, con sendos tantos de Rodilla, aunque el Atlético de Madrid, en un extraordinario segundo tiempo les endosó cuatro goles. La clasificación general, tras disputarse el último partido del año 1962,  va a quedar de la siguiente manera: segundo el Real Oviedo, con 20 puntos y 6 positivos, los mismos que el líder Real Madrid, y cuarto el Valladolid con 18 puntos y 4 positivos.

Finaliza la primera ronda del campeonato el domingo 6 de enero de 1963, Día de Reyes. Y Sus Majestades de Oriente les traen buenos regalos a ambas aficiones. En Oviedo los azules golean – 3 a 0 -a todo un aspirante al título, el Atlético de Madrid, que presentó batalla pero sucumbió en la segunda parte, período en que fue expulsado su lateral internacional Rivilla. José Luís consiguió los tres goles asturianos. Y en «Zorrilla» el Valladolid se va a imponer con más apuros, por 2 a 1,  a otro rival importante, el Real Zaragoza, con goles de los inevitables Morollón y Rodilla. De modo que el balance de esta primera mitad de la Liga va a ser excelente para los dos equipos: el Oviedo es segundo, empatado a 22 puntos y 6 positivos con el Real Madrid, y el Valladolid ocupa la tercera posición, con dos puntos y dos positivos menos. Si los dos son capaces de repetir ese sensacional rendimiento en la segunda vuelta, estamos hablando casi de números de campeón. Lo cierto es  que la permanencia, la principal aspiración de ambos a principios de temporada,  ya no parece correr peligro…

SEGUNDA VUELTA ( 13 de enero de  1963-21 de abril de 1963)

El 13 de enero arranca la segunda fase del campeonato, pero antes, el miércoles 9, se disputa en el «Camp Nou» barcelonés un amistoso internacional entre las selecciones de España y Francia, que termina sin que llegue a inaugurarse el marcador. Pero lo más significativo va a ser la presencia en el combinado nacional tanto del oviedista Paquito, que ya había actuado en dos ocasiones con el equipo español, como la del blanquivioleta Morollón, que debutaba en esas lides, y que a la sazón encabezaba la clasificación de goleadores con 11 tantos, por delante de dos monstruos como los madridistas Puskas y Di Stefano, y de su propio compañero de equipo Rodilla.

Pero el partido del domingo siguiente iba a resultar igualmente memorable para el madrileño Emilio Morollón, puesto que va a anotar nada menos que cuatro tantos en la estrepitosa goleada de los suyos  al Córdoba ( 6 a 0 ), siendo Rodilla y Sanchís los autores de los otros dos. El Oviedo, por su parte, encontrará muchas más dificultades en el Zaragoza, al que derrota en el «Tartiere» gracias a un solitario tanto marcado por Sánchez Lage. Las posiciones en la tabla no se modifican: Oviedo colíder junto al Madrid, y Valladolid en tercer lugar.

Sin embargo la decimoséptima jornada ( 20 de enero ), va a resultar muy negativa para ambos conjuntos, ya que los dos van a salir fuertemente derrotados en sus respectivos desplazamientos. El Oviedo caerá en «El Arcangel» ante el Córdoba por un rotundo 4 a 0, conseguido ya por los andaluces en la primera media hora de juego, y el Valladolid, aunque dominará más en «San Juán», se limitará a recoger el balón de dentro de su portería ( 4 -1 para Osasuna, salvando Aramendi el honor castellano ). Las posiciones en la tabla no se modifican, empero, aunque el Real Madrid esprinta merced a su victoria en Riazor frente al Deportivo, y toma dos puntos de ventaja sobre el Oviedo.

Jornada número 18, 27 de enero de 1963. El Real Madrid abre un poco más de brecha en la cabeza de la clasificación, gracias a su aplastante victoria en el «Camp Nou» sobre el Barcelona, 1 a 5, con 3 goles de Puskas, más dos dianas de Di Stefano y Gento. El Oviedo, sin embargo, va a proporcionar la sorpresa de la jornada, al no poder pasar del empate en el «Tartiere» ante un Osasuna que llegaba situado en los últimos lugares. Campo típicamente norteño, en muy malas condiciones, y ventaja momentánea para los navarros, al transformar un máximo castigo, enjugada luego por el empate local, conseguido por Girón. El Valladolid, por su parte, se comporta mejor, y derrota al Mallorca en Pucela por 2 a 0, siendo Rodilla y Molina los autores de los goles. Asturianos y castellanos se mantienen en segunda y tercera posición, respectivamente, pero la ilusión de aspirar a todo se va diluyendo poco a poco.

Y más que se diluirá en la siguiente jornada, la decimonovena ( 3 de febrero ), cuando ambos conjuntos regresen de vacío de sus respectivas salidas, y con el mismo adverso resultado, 3 a 0. El Athletic de Bilbao fue el verdugo de un  Valladolid muy peleón, en un partido marcado por la presencia de la nieve sobre el césped, mientras que en Mallorca los locales se deshicieron con suma facilidad del cuadro azul. Las posiciones de ambos equipos no se modifican, pero el Real Madrid ya le saca cinco puntos al Oviedo, mientras que el Atlético madrileño se sitúa ya a un solo punto de los vallisoletanos.

El 10 de febrero se disputa la jornada número 20, y el campeonato consume su segundo tercio, con un intratable Real Madrid ya muy destacado en cabeza, con 6 puntos de ventaja sobre su inmediato perseguidor, que ahora son dos, el Valladolid y el Oviedo, empatados a 26 puntos merced al nuevo tropiezo asturiano, esta vez en su propio terreno y ante el Athletic de Bilbao – empate a uno -. Jugaron mejor los asturianos, pero el guardameta vasco Carmelo se erigió en la figura del encuentro, parándolo todo a excepción de un remate de Sánchez Lage. También despachó una gran actuación el arquero vallisoletano Calvo, impidiendo la derrota de los suyos en «Zorrilla» ante el Betis. Y como los sevillanos no consiguieron marcar y el Valladolid sí lo hizo en una única ocasión, obra de su «Pichichi» Morollón, los dos puntos se quedaron en casa.

La vigesimoprimera jornada ( 17 de febrero ) va a vivir otro enfrentamiento en la cumbre, el que disputaron Real Madrid y Valladolid en la capital de España. Y los merengues van a devolverle el tanteo de la primera vuelta a los castellanos, puesto que se impondrán por un claro aunque excesivo 4 a 1, con goles de Felix Ruíz ( 2 ), Amancio y Gento, anotando Morollón el tanto visitante. El Oviedo volverá a perder, esta vez en el «Benito Villamarín» ante el Betis, y tras un buen partido donde los hispalenses fueron más efectivos en el remate ( 2 a 1 ). Icazurriaga marcó para los asturianos. El Real Madrid ya aventaja nada menos que en siete puntos al segundo clasificado, que ahora es el Atlético de Madrid, con 27. Valladolid y Oviedo eran tercero y cuarto, respectivamente, a uno de los colchoneros. Era evidente que su rendimiento había bajado en picado, y también que sus posiciones de privilegio comenzaban a peligrar.

El 24 de febrero, vigesimosegunda jornada, el Real Madrid dio ya la puntilla a las remotísimas aspiraciones oviedistas al derrotar a los azules en el «Tartiere» merced a un solitario gol de Puskas. Por su parte, el Valladolid salvó los muebles en «Zorrilla», donde doblegó al Barça con un tanto de Morollón, que nuevamente se ponía al frente de la clasificación de goleadores. Los castellanos seguían terceros, mientras que el Oviedo caía a la quinta plaza, superado también por el Valencia, y con el Zaragoza a sus alcances.

La jornada número 23 se disputó el 3 de marzo, y nuevamente los marcadores no les fueron muy propicios a blanquivioletas y azules. Menos al Oviedo, por supuesto, que caía en el «Camp Nou» por un escueto pero suficiente 2-1( con gol del brasileño Joao Jorge ), mientras que el Valladolid arrancaba un punto en «La Rosaleda», al empatar a un tanto con un Málaga metido de lleno en zona peligrosa. Ramírez fue el autor del gol de los de Pucela. Ambos equipos conservaban sus posiciones de la semana anterior.

El 10 de marzo se jugó la vigesimocuarta jornada, muy negativa para el Valladolid, y más esperanzadora para el Oviedo, que tras siete partidos sin ganar se reencontró con la victoria, al derrotar al Málaga por 2 a 0, con goles de Joao Jorge y Sánchez Lage. Debacle del Valladolid ante el Elche en «Zorrilla» ( 0 a 2 ). El cuadro local  fue sorprendido por dos contragolpes ilicitanos, y vio como el segundo puesto se  alejaba. Valladolid tercero, y Oviedo cuarto. Ese fue el balance de la jornada.

Y la que hacía el número 25 del campeonato volvió a ser funesta para ambos conjuntos, que salieron derrotados en sus respectivos desplazamientos. El Deportivo de La Coruña venció al Valladolid por 1 a 0 en «Riazor», y el Elche se impuso al Oviedo en «Altabix» por 2 a 1, con goles de Romero y Cardona, mientras que Sánchez Lage marcaba por los astures. El Real Madrid, merced a su apretado triunfo en el «Bernabéu» por 4-3 sobre el segundo clasificado, el Atlético de Madrid, se proclama ya matemáticamente campeón de la Liga 62-63 a falta aun de cinco jornadas por disputarse. El Valladolid es tercero momentáneamente, y el Oviedo cae a la quinta posición, rebasado por el Valencia.

El 24 de marzo, correspondiente a la vigesimosexta jornada, se vieron de nuevo las caras Real Valladolid y Real Oviedo, esta vez en el «Carlos Tartiere». A las órdenes del árbitro ceutí señor Cózar, estas fueron las alineaciones: por el cuadro asturiano, Madriles; Azcueta, Datzira, Marigil; Iguarán, Paquito; Girón, Sánchez Lage, Joao Jorge, José Luís y José María, y por los blanquivioletas, Estrems; García Verdugo, Pini, Pinto; Ramírez, Sanchís; Aramendi, Joselín, Morollón, Rodilla y Molina. El partido no tuvo historia, y la superioridad oviedista fue total, 4 a 0, con goles de Joao Jorge ( 2 ), Sánchez Lage e Iguarán. En la clasificación general, el Oviedo, tercero, adelantaba al Valladolid, quinto, superándole por un punto, e inclinando también el «goal average» particular a su favor.

La siguiente jornada, la 27, invirtió sin embargo las tornas, pues mientras que el Valladolid derrotaba al Valencia por 1-0 en «Zorrilla» con un nuevo gol de Morollón, los asturianos caía en La Coruña por 2 a 1, en un encuentro donde el brasileño Joao Jorge, autor del tanto «carbayón» , resultaría expulsado. El Valladolid volvía a ser tercero, pero ya lejos del subcampeonato, y el Oviedo pasaba ahora a ocupar la cuarta plaza, aunque muy amenazada por un cuarteto de perseguidores formado por Valencia, Zaragoza, Barcelona y Athletic de Bilbao.

En la jornada 28, correspondiente al 7 de abril, ambas escuadras van a salir derrotadas, pero la del Oviedo en Mestalla va a ser sonada, 5 a 0, y ante un rival directo, que le relega hasta la sexta plaza. El brasileño Waldo marcó tres goles, y el Oviedo fue una sombra de lo que había sido durante buena parte de la temporada. Más decorosa fue la caída del Valladolid en el «Sánchez Pizjuán» ante el Sevilla, 3-2, con un «doblete» de Rodilla. Los vallisoletanos eran ahora cuartos, pero con muchos equipos tras su estela.

LLegamos ya a la penúltima jornada del campeonato, la que se disputó el 14 de abril, y en ella los asturianos se desquitaron del varapalo sufrido en tierras levantinas, aunque a costa de un Sevilla que entraba así en terreno peligroso. 5 a 1 para los pupilos de Ochoa, marcados por Iguarán ( en dos ocasiones ), Toni, José María y José Luís. El Valladolid, por su parte, tampoco lo hizo mal, y se impuso en su feudo a un Atlético de Madrid que ya tenía asegurada la segunda posición. 2 a 1 para los blanquivioletas, con goles de los de siempre, es decir, Morollón y Rodilla. De cara al último partido saldrían como tercero el Valladolid, y cuarto el Oviedo, a la espera ambos de revalidar o invertir dichas posiciones, que serían las mejores de su historial liguero hasta entonces

Y por fin, tras treinta fechas y ocho meses de competición, el Campeonato Nacional de Liga 1962-63 llega a su fin. Para el Valladolid lo hace encajando un severo correctivo en «La Romareda»  ante el Real Zaragoza ( 6 a 2, salvando Rodilla el honor pucelano por partida doble ), mientras que el Oviedo conseguía un meritorio empate sin goles en el «Estadio Metropolitano» ante el subcampeón Atlético de Madrid. De ese modo, ambos cuadros revelación quedaban finalmente empatados a 33 puntos, ocupando los asturianos la tercera plaza gracias a su mejor «goal average» particular con respecto a los castellanos, cuartos.

BALANCE FINAL

Real Oviedo y Real Valladolid animaron el campeonato hasta la decimonovena jornada, en la que el Real Madrid ya cobró una evidente ventaja sobre ambos ( 5 y 6 puntos, respectivamente ). Pero su primera vuelta fue tan excelente como sorprendente, con unos guarismos que daban casi proyección de campeón, aunque al final el Real Madrid tan sólo se dejó once puntos por el camino, y conquistó el torneo con una superioridad aplastante, aventajando nada menos que en doce puntos al segundo clasificado, el Atlético de Madrid. Y si bien  a priori nadie esperaba un rendimiento tan sobresaliente por parte de un recién ascendido y de un equipo que se había salvado por los pelos de la promoción la campaña anterior, diversos factores van a coincidir para explicar el gran desempeño de azules y blanquivioletas.

Por un lado, su propio potencial, basado en un centro del campo muy potente, que en el Oviedo estaba formado por el asturiano Paquito, el vasco Iguarán y el veterano futbolista argentino Sánchez Lage, la estrella del equipo, apoyados en una estupenda defensa, Toni, Datzira y Marigil, con dos buenos extremos, Girón y sobre todo el jovencísimo José María, posteriormente toda una leyenda en las filas del Real Club Deportivo Español, y por el centro el vasco José Luís, mientras que en el Valladolid el triángulo mágico de la zona central lo componían el valenciano Sanchís, el manchego Ramírez y el uruguayo Endériz, con dos extremos muy incisivos, el argentino Aramendi y el alicantino Molina, y dos auténticos hombres-gol moviéndose por el centro del ataque, el madrileño Morollón y el salmantino Rodilla, sin desdeñar una zaga donde el también madrileño García Verdugo, el  charrúa Pini y el malagueño Pinto, ex del Barça, imponían su ley.

El hecho de que tanto Ochoa como Ramallets encontrasen una alineación ideal, y pudieran disponer de sus principales efectivos durante toda la campaña, colaboró eficazmente al buen resultado final, aunque es evidente que ambos equipos bajaron ostensiblemente su rendimiento en la segunda mitad de la competición. Así el Oviedo, que hizo 22 puntos en la primera vuelta, tantos como el que más, únicamente conseguiría 11 en la segunda, atravesando por una larga racha de malos resultados. Si su balance de goles había sido positivo en los quince primeros partidos ( 34 frente a 22, o sea + 12 ), en los segundos se invirtió dicha tendencia ( 18 frente a 24, es decir, -6), y en cuanto al Valladolid, los castellanos van a conseguir en la primera ronda 20 puntos ( 31 a 24 en goles ), y sólo 13 en la segunda ( 20 a 29 en goles ). Y también, y sin ánimo de menospreciar la gesta de Oviedo y Valladolid, es justo señalar que algunos equipos teóricamente fuertes como Barcelona, Zaragoza, Valencia o Athletic de Bilbao van a despachar una campaña muy gris, sobre todo en el caso de los «leones», que terminarán la Liga incluso con negativos.

El gran desempeño de los vallisoletanos va a suponer que el cuadro blanquivioleta sea invitado a tomar parte en la International Soccer League, un intento de popularizar el fútbol en los Estados Unidos mediante la organización de un torneo en el que tomaban parte diversos equipos europeos y algunos cuadros locales. Los pucelanos van a jugar un total de seis encuentros durante el mes de julio de 1963, la mayor parte de ellos en Nueva York, ganando dos, empatando uno y perdiendo tres. El año anterior, curiosamente, el invitado de la Liga española había sido el Real Oviedo.

Sin embargo, ambos cuadros no van a tener continuidad en la siguiente temporada, 63-64. El Oviedo perderá a dos de sus futbolistas más destacados, Paquito y Sánchez Lage, traspasados al Valencia por culpa de las estrecheces económicas del club, mientras que el Valladolid se desprende del centrocampista charrúa Endériz, fichado por el Real Zaragoza, de García Verdugo, que pasa también al Valencia, y de Molina, que recala en el Betis, por motivos análogos. Los asturianos, muy lejos de repetir la exitosa campaña 62-63, se verán abocados a jugar la promoción para mantenerse en Primera, lo que finalmente lograrán al imponerse al Hércules de Alicante, pero lo del Valladolid va a ser infinitamente peor, puesto que los castellanos descenderán como colistas, con una puntuación muy pobre: 19 puntos y 11 negativos. Las bajas en la plantilla habían afectado a los dos equipos, evidentemente, al marcharse jugadores muy importantes para su esquema, pero también el hecho de verse muy pronto con negativos, pesó sobre su moral. Y es que el fútbol no deja de ser  un estado de ánimo, y el encantamiento ya había abandonado el «Carlos Tartiere» y «Zorrilla», rumbo a otros lares ( 1963-64 fue el año del Betis y el Elche, que tomaron a su vez el relevo como equipos revelación ) . Pero al menos fue un bonito espejismo mientras duró…




La era dorada del C.E. Sabadell (1965-1972). Segunda parte

TEMPORADA 68-69: UN HISTÓRICO CUARTO PUESTO

Martínez, Echevarría, Comas; Isidro, Pini, Arnal, Romero, Diego; Marañón, Torrent, Muñoz, Frigols; Ortuño, Montesinos, Vidal I, Garzón, Pujol, Latorre, Seminario y Zaballa. Estos son los hombres con los que va a contar Pasieguito para una nueva campaña luchando en la máxima categoría del fútbol español. Las principales novedades las constituyen la marcha de Vall, que retorna al Español tras su larguísima cesión, y la de Antoni Vidal, fichado por el Real Madrid, así como la retirada del gran capitán Ángel Sertucha, el central que jugaba con un pañuelo anudado a la frente ( que recibe un merecidísimo homenaje el 27 de octubre de 1968, en un partido amistoso contra el Athletic de Bilbao, con triunfo rojiblanco por 1 a 4 ) y también la de Casado. Igualmente Camps pasa al Mallorca, equipo donde el buen extremo colgará definitivamente las botas. Por contra, ingresan en el club dos jugadores de procedencia levantina: el veterano lateral valenciano Alberto Arnal, con muchas temporadas de experiencia con los de Mestalla, y el joven interior del Onteniente, flamante Segunda División,  José Luís Garzón. También regresa Romero, cedido el último año al Xerez, y además, las proverbiales buenas relaciones existentes entre Barça y Sabadell vuelven a dar sus frutos, con el traspaso definitivo de Torrent, y la cesión de Pujol y Lluis Vidal, el hermano mayor del ahora jugador madridista.

Los arlequinados inician la liga con muy buen pie, victoria en Los Cármenes sobre el recién ascendido granada, mediante un gol de Garzón. Y a la siguiente jornada incluso se colocan como provisionales líderes del campeonato -igualados con Real Madrid y UD. Las Palmas- tras vencer en la Nova Creu Alta al Real Zaragoza con un solitario tanto de Torrent. Ya no volverán a abandonar los primeros lugares, mostrándose muy seguros en su propio terreno – con la única excepción de una derrota ante el Atlético de Madrid -, y finalizando la primera vuelta con 15 puntos y un positivo. Pero en la segunda ronda conseguirán mejorar aun ese resultado, y el cuadro lanero va a acabar en cuarto lugar, tras Real Madrid, Las Palmas y Barcelona ( y por encima de clubes mucho más poderosos como Atlético de Madrid, Valencia, Real Zaragoza o Athletic de Bilbao ), con 32 puntos y dos positivos y un excelente balance de 10 victorias, 12 empates y solamente 8 derrotas, con 33 goles a favor y 34 en contra, posición que les da derecho a tomar parte en la Copa de Ferias la siguiente temporada. Garzón, con 9 tantos, y Pujol con 8, fueron los máximos goleadores del cuadro de Pasieguito, que una vez más fue ratificado en el banquillo, demostrando los buenos frutos que pueden dar la confianza y la continuidad. El equipo se había hecho fuerte en la Nova Creu Alta, donde había conseguido 22 puntos, cediendo únicamente seis empates y una sola victoria visitante, mientras que a domicilio había obtenido 10 puntos, con dos triunfos y seis igualadas. El Sabadell era en aquel momento el segundo club catalán, ya que el RCD. Español, con una plantilla impresionante – Osorio, Mingorance, Lico, Glaría, Amas, Marcial, Re, Rodilla o José María – , acababa de descender a Segunda División por segunda vez en toda su historia.

Lamentablemente, y dado su excelente rendimiento, el Barça va a repescar a Lluís Pujol ya para el torneo de Copa ( a la vez que renunciaba a sus derechos sobre el otro Lluís, Vidal, cuyo desempeño durante la temporada no había pasado de discreto ). Al mismo tiempo se especulaba acerca del posible interés del club azulgrana por Fernando Ortuño, jugador que había destacado en el tercio final de la competición liguera, llamando la atención de los principales clubes españoles, pero finalmente el joven delantero oriundo de Granollers va a continuar en las filas arlequinadas, donde ya se consagrará definitivamente en la siguiente temporada.

TEMPORADA 69-70: UN PASEO POR EUROPA Y SALVADOS POR LOS PELOS

De cara al curso 69-70, con la aventura europea como gran novedad, el C.E. Sabadell se refuerza con un par de jugadores veteranos pero de talla internacional. Estamos refiriéndonos al bilbaíno Luís Aguirre y al ex-barcelonista Chús Pereda, dos nombres ilustres del fútbol español de la época. También causa alta el joven Cristo, un prometedor extremo procedente del Real Betis Balompié, así como Palau, que retorna a su club de origen  después de  una experiencia no demasiado positiva en Can Barça. Por el contrario, son baja Echevarría, Frigols, Latorre y Seminario, quien tras una década en el fútbol europeo, regresa a su Perú natal. De modo que la plantilla arlequinada va a quedar formada por los siguientes hombres: Martínez, Comas, Nicolau; Isidro, Pini, Arnal, Muñoz, Diego, Camps II, Romero, Farrás; Marañón, Torrent, Montesinos, López; Zaballa, Pereda, Aguirre, Ortuño, Garzón, Cristo, Vidal I y García.

La temporada arranca muy positivamente, y al finalizar la tercera jornada el Sabadell es segundo en la tabla, empatado a puntos con el líder Athletic de Bilbao y con el Real Madrid. Y tampoco le van nada mal las cosas en su debut en competición europea, pues consigue un esperanzador resultado en el partido de ida de los treintaidosenos de final de la Copa de Ferias, al derrotar al Brujas belga por 2 a 0 en la Nova Creu Alta. Tan histórico encuentro se disputó el día 17 de septiembre de 1969, y los pupilos de Pasieguito presentaron la siguiente alineación: Comas; Isidro, Pini, Arnal; Montesinos, Muñoz; Zaballa, Pereda, Palau, Garzón y Cristo. Los tantos  fueron conseguidos uno en cada tiempo, el primero por Zaballa a los 38 minutos de juego, y el segundo y definitivo por Cristo, en el minuto 86 de partido. Sin embargo, en la devolución de visita a la preciosa ciudad flamenca, los laneros van a pagar la novatada, y serán aplastados por los locales con un concluyente 5 a 1, que pone un abrupto final a su aventura europea. Palau hizo el gol del honor en el minuto 59 -que supuso el momentáneo 4 a 1 – y el Sabadell presentó el siguiente once: Comas; Isidro, Pini, Arnal; Marañón, Muñoz ( Romero ); Ortuño, Montesinos, Palau, Garzón y Zaballa.

Y también, a partir de la cuarta jornada liguera, el conjunto arlequinado va a entrar en una dinámica negativa que le llevará muy cerca de los puestos de descenso ( en esta temporada, concretamente, los tres últimos de la clasificación final ). De dicha zona de peligro le sacarán los dos resultados con los que concluye la primera vuelta: una victoria sobre el Sevilla en la Nova Creu Alta, y sobre todo un inesperado triunfo en el propio terreno del líder, el Atlético de Madrid, con un solitario gol de Vidal que fue como un auténtico regalo de Navidad para la afición arlequinada ( el partido se jugó el día 21 de diciembre ) y que les dejó, en el ecuador de campeonato, en la décima posición, con 14 puntos y dos negativos, abriendo una considerable brecha con respecto a los ya casi desahuciados Pontevedra y Mallorca, aunque la tercera plaza de descenso se preveía que iba a estar muy reñida. Y es que aquellas navidades del 69 fueron especialmente felices para los habitantes de la industriosa ciudad lanera en general,  y los seguidores arlequinados en particular, con una verdadera lluvia de millones, puesto que en el sorteo extraordinario de la Lotería Nacional, celebrado el día 22 de diciembre, resultó premiado con el «Gordo» el número 59.536, cuyas doce series habían sido vendidas íntegramente en Sabadell, y en concreto en la Administración número 3. El número fue adquirido por el tesorero de la Peña Futbolística Arlequinada, y estaba muy repartido entre sus socios y simpatizantes.

La segunda vuelta va a traer dos triunfos de prestigio en la Nova Creu Alta, de esos que convierten a un equipo pequeño en «matagigantes». El primero se consigue al derrotar al Barça por 3 a 2, con dos goles y una magnífica actuación del veterano Marañón, tras remontar un 0-2 adverso, y el segundo, el 1 de marzo de 1970, es una goleada histórica sobre el Real Madrid – al que los arlequinados  no vencían desde la temporada 1946-47 -, que cae por tres a cero, con goles de Marañón, Garzón y Ortuño. Esta fue la alineación que puso en liza Pasieguito en tan señalada jornada: Martínez; Isidro, Pini, Arnal; Montesinos, Marañón; Ortuño ( Cristo ), Romero ( Torrent ), Vidal I, Garzón y Palau. Tras este resultado el Sabadell parecía tener ya definítivamente asegurada la permanencia, un año más, pero ya no volverá a ganar otro partido, y a cada semana iría perdiendo gas, hasta el punto de llegar al último encuentro, en su propio feudo y ante un Atlético de Madrid que se jugaba nada menos que el título, salvado por los pelos, a pesar de que ganaron todos sus rivales directos ( y los laneros perdieron ante los colchoneros, que se proclamaron campeones ), gracias a su mejor «goal average» particular con el Deportivo de La Coruña, finalmente descendido. El balance  del conjunto vallesano quedaba como sigue: 10 victorias, 5 empates y 15 derrotas, con 31 goles a favor y 37 en contra, y un total de 25 puntos y 5 negativos, lo que le suponía ocupar la decimotercera posición.

Tras una campaña 68-69 muy tranquila, habían vuelto de nuevo los apuros. Pero el presidente Rossón tenía un plan que tal vez podía significar una buena dosis de seguridad para su equipo, la ampliación de la Primera División de 16 a 18 equipos, algo que finalmente el Pleno de la Federación Española de Fútbol va a aprobar para que entre en vigor en la temporada 1971-72. A más equipos, mayores posibilidades de que los que ya están dentro puedan permanecer. Pero dejemos el fútbol de los despachos y regresemos al fútbol que se juega sobre el césped… El curso 69-70 va a completarse con la disputa de una nueva edición de la «Copa del Generalísimo», y en dieciseisavos el Sabadell se deshace sin demasiadas dificultades del Mestalla, filial valencianista, tras una derrota por la mínima en la ciudad del Turia ( 1 a 2 ), y un claro triunfo en la Nova Creu Alta ( 3-0 ). En octavos el rival a batir va a ser la Real Sociedad ( 2 a 0 para los locales en Sabadell, y 1 a 0 para los donostiarras en el viejo Atocha ). Pero en cuartos, el Athletic de Bilbao  va a ser ya un obstáculo insalvable, pues los leones remontarán en San Mamés, con un ajustado marcador de 2 a 0, la desventaja que se traían de la Nova Creu Alta, donde habían sido doblegados por 2 goles a 1.

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TEMPORADA 70-71: UN CURSO GRÍS

La última temporada con sólo 16 equipos en Primera la afronta el Sabadell con el mismo equipo a los mandos – Rossón y Pasieguito -, y un puñado de novedades en la plantilla. Vienen Martín, Taulats, Jenaro, García Soriano, Quiles, De Diego, Otiñano, Rodri, el paraguayo Jara, y regresa de su decepcionante periplo por el Real Madrid Antoni Vidal, -que dada la presencia en el equipo de su hermano mayor Lluís pasará a ser conocido como «Vidal II» -, y se van Diego, Camps II, Farrás, García y dos jugadores importantes en la última campaña, el defensa Romero y el delantero Ortuño, traspasados a Barcelona y Real Madrid respectivamente. En teoría la plantilla no debería resentirse de la marcha de estos dos últimos para «hacer caja». Llama la atención la presencia  de nada menos que seis jugadores procedentes de la región valenciana: Martínez, Martín, Arnal, Jenaro, Garzón y Quiles. Estos son los efectivos con los que Pasieguito trataría de conseguir la permanencia, un año más: Martínez, Comas, Nicolau: Isidro, Pini, Arnal, Martín, Torrent; Taulats, López, Jenaro, Montesinos, Marañón, Garzón; De Diego, Quiles, , Palau, García Soriano, Cristo, Vidal I, Vidal II, Otiñano,  Rodri y Jara.

Al producirse la ampliación de la categoría en la campaña siguiente, tan sólo van a descender a Segunda dos equipos, ascendiendo cuatro. Y desde bastante temprano Elche y Zaragoza, tal vez un tanto sorprendentemente a la vista de su historial anterior, ocuparán los dos últimos puestos. La trayectoria del cuadro arlequinado, por consiguiente, no va a tener demasiados sobresaltos por ese motivo, aunque en absoluto puede considerarse como buena, pues al final va a sumar tan sólo 21 puntos, el registro más pobre desde que regresara a la División de Honor en 1965, ocupando por segundo año consecutivo la decimotercera posición. 8 triunfos, 5 partidos terminados en tablas y 17 derrotas, con sólo 28 goles a favor y la friolera de 49 en contra, no eran en absoluto unos buenos números, a pesar de haber vuelto a salvar la categoría. El guipuzcoano Rafael De Diego, que había llegado procedente del Real Madrid ( y que años más tarde fallecería prematura y trágicamente en la localidad asturiana de Luanco, a consecuencia de una explosión de gas ), fue el artillero más destacado de los laneros, obteniendo 9 dianas.

Tal vez la nota más positiva de toda la temporada – al margen de conseguir nuevamente la permanencia – fue lograr un nuevo triunfo en la Nova Creu Alta sobre el gran y poderoso rival regional, el Barça. Sucedió en la jornada número 19, el  24 de enero de 1971. Marcó primero Garzón en el minuto 34, empató Rexach para los azulgranas en el 49, y en el 68 de nuevo Garzón hizo subir al marcador el resultado que ya sería definitivo. Esta fue la alineación arlequinada: Martínez; Martín, Pini, Arnal; Montesinos, Marañón; García Soriano ( Palau ), Jenaro, De Diego, Garzón y Quiles. En las filas del equipo iba produciéndose la natural renovación, pues desaparecían veteranos como Isidro ( que al final de la campaña se retiraría del fútbol, y muy pronto se vería aquejado de graves problemas en la vista ), y les sustituían jóvenes como Martín, García Soriano, Jenaro o Quiles.

Muy decepcionante va a ser el breve paso del Sabadell por la «Copa del Generalísimo», ya que será eliminado a las primeras de cambio por un equipo de Segunda División, el Club Deportivo Logroñés, para más «inri» recién ascendido a la categoría de plata del fútbol español. En la Nova Creu Alta vencieron los de Pasieguito por un escuálido 1 a 0, para caer en Las Gaunas por 2 a 0. El resultado no hacía presagiar nada bueno de cara a la siguiente campaña, un presentimiento negativo que el traspaso al Sevilla de las dos máximas figuras del equipo ( al menos en lo tocante a la efectividad goleadora ), De Diego y Garzón, no hacía sino acentuar. La incertidumbre, una vez más, iba a ser inseparable compañera de la fiel afición arlequinada.

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TEMPORADA 71-72: AMARGO DESPERTAR DE UN HERMOSO SUEÑO

La Primera División del fútbol español estrena su nuevo formato, con 18 equipos y el correspondiente incremento de fechas, y posiblemente también de recaudaciones. En Sabadell se confía en no sufrir los apuros de las dos últimas campañas, pero todo el mundo reconoce que aun así la papeleta se presenta complicada. Algunos nombres ilustres como Isidro – al que se le tributa también un merecido homenaje con un partido frente a la Unión Española de Chile – o Torrent abandonan el equipo, al retirarse de la práctica activa del deporte. Les acompañan en su adiós Comas, Nicolau, López y Rodri, más los dos valiosos elementos traspasados al Sevilla, De Diego y Garzón, algo que ya se estaba volviendo habitual para cuadrar el presupuesto al final de cada ejercicio. Son nuevos, el guardameta Irazusta, casualmente sobrino de Pasieguito, el barcelonista Franch – del que se espera que pueda cubrir dignamente la ausencia de Isidro -, Catalán, Piñel, Moya, el valencianista Vilar (teórico sustituto de Torrent ), Castellanos, Burgos, y finalmente un par de jugadores con vitola internacional: el navarro Zaldúa, tras diez temporadas en el Barça, y el paraguayo Jara, procedente del Valencia, que se va a encontrar en la plantilla lanera con otro compatriota de su mismo apellido. Estos son los mimbres de que dispone el ya veterano ocupante del banquillo de la Nova Creu Alta para intentar hacer un buen cesto:  Irazusta, Martinez; Martín, Franch, Pini, Catalán, Vilar, Romero, Piñel, Arnal, Moya;  Jenaro, Montesinos,  Marañón, ,Taulats, López, Castellanos;  Zaldúa, Quiles, Cristo, Jara I,  Vidal I, Garcia Soriano, Palau,  Burgos, Otiñano, y Jara II

La temporada 71-72 empieza mal, pero va a aun acabar peor. En el primer compromiso liguero el Sporting de Gijón se llevará los dos puntos del feudo vallesano. Esta fue la alineación que actuó en el estreno oficial de la temporada, aquel 5 de septiembre de 1971: Martinez; Franch, Pini, Martín; Catalán, Marañón; Jara, Montesinos, Zaldúa, Jenaro ( Palau ) y Quiles ( Cristo ). El siguiente partido es una visita al Vicente Calderón, donde el Atlético de Madrid aplasta a los arlequinados con un contundente 5 a 0, de modo que al final de la segunda jornada van a ostentar el farolillo rojo. Tres victorias ante el Betis, Deportivo de La Coruña y Burgos les permiten respirar un poco y salir provisionalmente de los puestos de peligro en la jornada número 12, pero a partir de dicho momento enhebrarán una serie de resultados negativos ( seis encuentros consecutivos sin conocer la victoria ),  que van a situarlos nuevamente a la cola de la clasificación, lugar que prácticamente ya no abandonarán hasta el final del campeonato.

Una sorprendente victoria ante el Atlético de Madrid ( 3 a1 en la Nova Creu Alta, con goles de Franch, Jara II y Cristo ) les da un poco de aire, pero tras una nueva derrota en su propio feudo ante el Real Madrid, en la jornada 22, ya van a ocupar en propiedad la última posición, hasta el momento en que se produzca el descenso matemático, varias jornadas antes de concluir la competición. Restando unos pocos partidos, y como prueba de buena vecindad, el Barcelona va a cederle al Sabadell a su antiguo jugador Romero, dado que el nuevo técnico blaugrana, el holandés Rinus Michels, no contaba con él, pero evidentemente su concurso no será suficiente para enderezar el rumbo de una nave que se iba a la deriva. El 14 de mayo de 1972 el C.E. Sabadell, tras siete inolvidables años en la élite,  se va a despedir de la Primera División para una larga temporada. Y lo va a hacer con una derrota en la Nova Creu Alta ante la Unión Deportiva Las Palmas por 0 a 1, y con la siguiente alineación: Martínez; Franch, Vilar, Arnal; Montesinos, Romero; García Soriano, Jenaro, Vidal I ( Cristo ), Palau y Quiles. El cuadro catalán había sumado únicamente 23 puntos, que se desglosaban en 7 victorias, 9 empates y 18 derrotas, con 27 goles a favor y 52 en contra, un balance en verdad paupérrimo.

Para poner el colofón a tan nefasta temporada, los de Pasieguito van a ser eliminados de la Copa nuevamente a las primeras de cambio, y otra vez por un equipo de Segunda División, en este caso el Pontevedra, pues a pesar de vencer los laneros en Pasarón por 0 a 1, en la devolución de visita los gallegos se impondrán por 0 a 2. Se abría así una nueva etapa en la historia del club arlequinado, una etapa en la que ya no iba a estar dirigido ni por Ricardo Rossón – aunque este continuaría aun en el cargo una temporada más –  ni por Pasieguito. Entre 1972 y 75 va a militar en Segunda División, descendiendo a Tercera en esa última fecha. Permanecería allí durante un par de temporadas, para retornar a la categoría de plata – ahora denominada «Segunda A» en 1977, manteniéndose  en ella hasta 1983. Una campaña en Segunda B, la 83-84, sería el prólogo de otra fase brillante en la historia del club lanero, aunque en esta ocasión bastante más breve. Tras actuar dos años en Segunda A, el C.E. Sabadell asciende a Primera División en 1986, con un equipo del que forman parte jugadores como Capó, Lino, Serrat, Perico Alonso, Joaquín Villa, Merayo o Nacho. Dos temporadas entre los grandes, nuevo descenso a Segunda A, para caer hasta Tercera por deudas en 1993-94, jugar la mayor parte del tiempo en Segunda B, y por fin regresar a Segunda A en 2011, categoría en la que milita actualmente.

El balance de estas siete campañas consecutivas en Primera División, entre 1965 y 1972,  se sustancia en 214 partidos disputados, con 66 victorias, 48 empates y 100 derrotas, marcando 218 goles y encajando 307. El cuadro lanero había ido formando cada temporada su respectiva plantilla a base de retales, haciendo honor a la especialización textil de su ciudad, con jugadores desechados por equipos grandes ( se le podría comparar con el famoso «Salón de los rechazados», aquella exposición que se celebró en París en el año 1863 y en la que colgaron sus cuadros los pintores impresionistas, al margen de los canales oficiales del arte de su época ), puesto que se van a vestir de arlequinados muchos jugadores que eran descartados por clubes como el Barcelona, Real Madrid, Valencia o Athleic de Bilbao. La mayoría venían con denominación de origen blaugrana ( Torrent, Marañón, Comas, Montesinos, Zaballa, Seminario, Lluís Vidal, Palau, Pereda, Franch, Zaldúa…), pero los había también con pasado merengue ( Isidro, Casado, De Diego… ), valencianista ( Martínez, Cabello, Arnal, Jara, Vilar…) o rojiblanco ( Sertucha, Izaola, Latorre, Mauri… ). Lo que apenas sí hay son canteranos catalanes, pues el Barça se llevaba a casi todos los jugadores que despuntaban en la región ( como, por ejemplo, un oriundo de la misma Sabadell, el lateral izquierdo internacional Eladio Silvestre ). Una experiencia futbolística, por lo tanto, de lo más meritoria, compitiendo con los grandes sin un elevado presupuesto, apostando por la continuidad en la dirección técnica, y haciendo siempre de la necesidad virtud.




La era dorada del C.E. Sabadell: 1965-1972 (Primera parte)

En casi todas las temporadas aparece un «equipo revelación», un conjunto que no forma parte de los grandes de la categoría y del que no se esperan a priori brillantes resultados, pero que se las arregla para situarse en los primeros lugares de la tabla. Le ocurrió también al C.E. Sabadell durante su periodo más largo de estancia en la Primera División del fútbol español, entre los años 1965 y 1972, cuando se clasificó en una más que meritoria cuarta posición (temporada 1968-69), lo cual le dio derecho a jugar al año siguiente la Copa de Ciudades en Feria, o «Copa de Ferias» a secas, una competición continental que hoy podría homologarse a la «Europa League»

Entonces el cuadro vallesano se llamaba oficialmente «Centro de Deportes Sabadell», y era un club con escasa experiencia en la División de Honor. Fundado en 1903, había comenzado a llamar la atención a mediados de los años 30, poco antes de nuestra Guerra Civil. Militaba entonces en Segunda, y en la temporada 33-34 se había proclamado contra todo pronóstico Campeón de Cataluña, imponiéndose brillantemente a los habituales primates Barça y Español, con un fenomenal registro (11 partidos ganados, 1 empatado y 2 perdidos; 34 goles a favor y 19 en contra, y un total de 23 puntos, tres más que los dos grandes equipos barceloneses). Tomó parte, por consiguiente, en la edición de la Copa de 1935 – que entonces se denominaba «Campeonato de España» – y tras eliminar a Celta, Betis y Levante, se clasificó para la final, donde se encontraría con el Sevilla CF, que también accedía a ella por vez primera. El encuentro decisivo tuvo lugar en el terreno madrileño de Chamartín, el 30 de junio de 1935, con arbitraje de Pedro Escartín, y concluyó con el rotundo triunfo de los hispalenses por 3 a 0, marcados por Campanal (en dos ocasiones) y Bracero. Estas fueron las formaciones que presentaron ambos conjuntos: por el Sevilla, Guillermo Eizaguirre; Euskalduna, Deva; Alcázar, Segura, Fede; López, Torróntegui, Campanal, Tache y Bracero, y por el Sabadell, Massip; Morral, Blanch; Argemí, Font, Gracia; Sangüesa, Calvet, Gual, Barceló y Parera.

Pronto vendría la contienda fratricida, que en lo futbolístico se saldaría con la suspensión de las competiciones nacionales y también con la muerte y el exilio de numerosos jugadores, pero tras ella se iba a producir de nuevo un buen momento para los de la Creu Alta, que lograrían ascender a Primera División en la temporada 42-43. Militarían en ella durante las campañas 43-44, 44-45, 46-47, 47-48 y 48-49, pero tras su segundo descenso padecerían una prolongada «travesía del desierto», que les llevaría incluso al pozo de la Tercera División en 1963, aunque en el transcurso de únicamente dos temporadas, 63-64 y 64-65, pasarían del infierno al paraíso.

Pero tal vez convendría antes hablar un poco del marco donde se inscribía este curioso club de singular y arlequinada equipación, sin parangón entre sus homólogos.

Sabadell era sin discusión, a mediados de los años 60 del siglo pasado, la capital lanera de España. Había sido una de las localidades pioneras de la Revolución Industrial en la Cataluña del XIX, hasta el punto de recibir el apelativo de «la Manchester catalana». Ya en el siglo XX, su población  aumentó de manera vertiginosa, dado el poder de atracción que sus numerosas fábricas ejercían sobre los inmigrantes de la España menos favorecida. De ese modo pasaría de 23.375 habitantes en el año 1900, a los 105.339 de 1960, es decir, que había más que cuadruplicado su población. Ese incremento demográfico se mantuvo durante los años 60 – a mitad de la década cuenta ya con unos 150.000 habitantes -, lo cual trajo aparejado un crecimiento urbano descontrolado, con un gran déficit en equipamientos (alumbrado, pavimentación, alcantarillado, enseñanza…). Sin embargo había un aspecto en el que Sabadell era modélica dentro de aquella España aceleradamente desarrollista pero en tantos órdenes subdesarrollada aun: el deporte. No en vano, en 1967 la «Asamblea de periodistas deportivos españoles» va a proclamar a la localidad vallesana como «la ciudad piloto del deporte español», puesto que en ella tenían su sede más de medio centenar de sociedades dedicadas a diferentes disciplinas, y a que contaba con unas instalaciones de las que no disponían entonces muchas capitales de provincia.

TEMPORADA 64-65: POR FIN EL ASCENSO, 16 AÑOS DESPUÉS

El Sabadell regresó a Segunda tras su breve paso por la Tercera División durante la campaña 63-64. En el Grupo VII de Tercera, los arlequinados quedaron campeones, con 58 puntos conseguidos en 38 partidos. Ganaron 27 encuentros, empataron 4 y perdieron 7, con un magnífico balance de 92 goles a favor y 42 en contra. En la fase de ascenso les tocó enfrentarse primero al C.D. Castellón, al cual eliminaron con ciertos apuros, cayendo por 1 a 0 en Castalia y ganando por 3 a 1 en la Creu Alta. Más asequible resultó el siguiente y último rival, el Albacete Balompié. En la ciudad manchega el Sabadell se impuso ya por 0 a 1, redondeando la faena con una clara victoria por 3 goles a 0 en su feudo. Era el 14 de junio de 1964.

De nuevo en Segunda, los laneros afrontaron la temporada con los siguientes efectivos: Martínez, Romero, Quincoces; Diego, Sertucha, García Verdugo, Izaola, Arqué, Marañón- que se iría al Levante mediada la campaña -, Tejedo, Martí, Noya, Castaños, Navarro, Cabello, Planellas, Palau, Sabino, Periquín, López, Basaras, Peña y Roger. Eran nuevos tres jugadores procedentes del Valencia, el guardameta Martínez, el veterano defensa García Verdugo y el delantero Cabello, así como el ex-barcelonista Ramón Marañón y el ex-malloquinista Arqué. También se incorpora un joven valor formado en la cantera blaugrana, Palau.  El entrenador va a ser el antiguo internacional del Valencia Bernardino Pérez Elizarán, más conocido futbolísticamente como Pasieguito, componente de una mítica línea medular junto al legendario Antonio Puchades. El Sabadell realizará una gran campaña, acabando la temporada como segundo clasificado del Grupo Norte gracias a la sorprendente derrota del Sporting de Gijón en el último partido, en su feudo de «El Molinón» y ante un renqueante  Osasuna (0 a 3), mientras que los arlequinados se imponían por la mínima al Europa, el club escapulado del barrio barcelonés de Gracia  ( 2 a 1 ).

El equipo asturiano había llegado a esa última jornada con un punto más que los laneros – 38 por 37 -, con el «goal average» particular entre ambos igualado y el general muy favorable, de modo que un simple empate, pasase lo que pasase en «La Creu Alta»  llevaría a los rojiblancos a la promoción, pero saltó la sorpresa. Los catalanes, por lo tanto, se clasificarán para jugar la promoción de ascenso, que les corresponde disputar frente al Real Murcia, que defendía la categoría. En el primer encuentro, en «La Condomina», el 6 de junio de 1965, se produce un esperanzador empate a 2, con goles de Cabello y esta alineación: Martínez; García Verdugo, Sertucha, Diego; Arqué, Martí; Cabello, Palau, Sabino, Navarro y Castaños. En el partido de vuelta, celebrado en «La Creu Alta», el 13 de junio, los vallesanos se impusieron por un solitario tanto, marcado también por el valenciano Cabello en el minuto 75. La alineación fue la misma que siete días antes.

Coincidiendo con el ascenso, va a hacerse cargo de la presidencia el dinámico industrial textil Ricardo Rossón, que ya había ejercido dicho cargo entre los años 1955 y 58. Se da la circunstancia de que recoge el testigo de manos del propio alcalde de Sabadell, su colega en el Gremio de Fabricantes Antoni Llonch (el emblemático  primer edil vallesano   Josep María Marcet  también había regido los destinos del club durante varios periodos)

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TEMPORADA 65-66: AL BORDE DEL ABISMO

El Centro de Deportes Sabadell afronta la temporada de su retorno a la Primera División con los siguientes efectivos: Martínez, Benegas, Romero, Quincoces; Isidro, Sertucha, Muñoz, Alavedra, Pedreño, Diego, Izaola; Mauri, Martí, Torrent, Arqué, Hernández; Vall, Noya, Sabino, Vidal, Camps, Ortuño, Morollón, Navarro, Castaños y Palau. Eran novedades en la plantilla el veterano guardameta Benegas,  los madridistas Isidro y Morollón, el levantinista Pedreño, el mítico «león» Mauri, el españolista Vall, los barcelonistas Alavedra, Torrent, Vidal y Camps, Hernández – el padre de Xavi – y el joven Ortuño. Por contra, son baja García Verdugo, Tejedo, Cabello – uno de los hombres claves del ascenso, cedido por el Valencia, que regresa a Mestalla -, Planellas, Periquín, López, Basaras, Peña y Roger. Muchas altas, que en teoría refuerzan al cuadro arlequinado en esta su nueva aventura por la élite del fútbol español.

El calendario va a depararles un terrorífico comienzo de temporada, con Real Madrid y Barça como enemigos en los primeros compromisos. Los de Pasieguito se estrenan el sábado 4 de septiembre de 1965 en partido nocturno, nada menos que en el Santiago Bernabéu, ante el cuadro merengue -vigente campeón liguero- y con el siguiente equipo: Martínez; Muñoz, Sertucha, Diego; Arqué, Torrent; Palau, Martí, Sabino, Navarro y Castaños. Van a defenderse bien y únicamente caerán derrotados merced a un solitario tanto de Pirri, anotado en el minuto 51. Y ocho días más tarde, con una Creu Alta hasta los topes, claramente desbordada por las expectativas de la nueva categoría, reciben a todo un Barça  en un encuentro donde la experiencia de los azulgranas se acabará imponiendo al entusiasmo de los locales por 1 a 3, marcando Vall el primer gol vallesano en esta nueva andadura por la Primera División.

Al término de esta segunda jornada el Sabadell es el farolillo rojo de la tabla, pero todo el mundo parece estar de acuerdo en pensar que lo peor ya ha pasado…Y de hecho, al domingo siguiente los arlequinados logran su primer triunfo, y en campo contrario, al derrotar al Mallorca con un gol de Muñoz en el Luís Sitjar de Palma. Sin embargo, los laneros no van a abandonar las posiciones de peligro en toda la primera vuelta, que para ellos termina con un paupérrimo balance de tan sólo 8 puntos ( con seis negativos ), como colistas, con tres victorias, dos empates y diez derrotas, 14 goles a favor y 22 en contra. Aun así, la directiva va a seguir apostando por Pasieguito. La segunda vuelta se inicia con unos derroteros muy similares, pero dos cruciales victorias en casa y por la mínima, ante rivales directos, Mallorca y Las Palmas, les dan vida de nuevo. En la jornada vigésimo tercera, y tras otra buena racha, conseguirán salir por vez primera de los puestos de descenso directo y promoción tras una sorprendente victoria en Mestalla, merced a un gol de Vall, aunque vuelven de nuevo a la zona de peligro en las jornadas 24 y 26, para respirar un poco en la 29, la penúltima, tras derrotar a otro claro competidor, el Málaga, por 3 a 2 en la Creu Alta. Así afrontan la última y definitiva jornada con opciones de salvarse del todo, pero también de caer en promoción e incluso descender.

Visitan San Mames y son claramente derrotados por el Athletic (3 a 0), y al final van a acabar con los mismos puntos que los dos conjuntos que bajan, Mallorca y Betis, pero su mejor average particular les permite el mal menor de la promoción. Disputada esta casi tres meses después de finalizada la liga regular, esta va a suponer para el cuadro arlequinado la permanencia, merced a su victoria sobre el Celta de Vigo por 2 a 0 ( Torrent y Vall ), y su empate sin goles en la ciudad gallega. Estos son los hombres que consiguieron mantener la categoría: Martínez; Isidro, Sertucha; Muñoz; Mauri, Torrent; Vall, Noya, Sabino, Marti y Camps (en el segundo encuentro, Alavedra y Palau sustituyeron a Sertucha y Camps respectivamente)

Curiosamente, en la «Copa del Generalísimo» los vallesanos realizarán un buen papel, eliminando en dieciseisavos de final al Europa, tras un partido de desempate en Barcelona en el que vencen por 2 a 0 ( 1-1 y 0-0 habían sido los resultados de los dos encuentros ), superando al Real Valladolid en octavos ( 2 a 0 en Sabadell y derrota mínima por 1 a 0 en la capital castellana ), y cayendo ante el Zaragoza, futuro campeón, en cuartos, aunque por un tanteo inapelable: 1-4 en la «Creu Alta» y 3 a 0 en «La Romareda»

TEMPORADA 66-67: TRANQUILIDAD  Y ADIÓS A LA VIEJA «CREU ALTA»

Se había sufrido mucho, aunque con final feliz, y de cara a la campaña 66-67, con un nuevo terreno de juego ya en construcción, se producen algunas novedades para apuntalar al equipo. Llegan los guardametas Echevarría y Rovira, el lateral internacional del Real Madrid Casado, el defensa Romero, el medio Ruiz, retorna Ramón de Pablo Marañón, así como Cabello, y son también alta varios jugadores de vanguardia ( los levantinos Bautista y Portalés, y el vasco Latorre ). Por contra, se van los guardametas Benegas, Romero y Quincoces, Alavedra, Pedreño, Hernández, Arqué, Mauri, Morollón, Navarro y Castaños, siendo cedidos a causa del servicio militar Diego y Ortuño. Así queda configurada la plantilla para el nuevo curso: Martínez, Echevarría, Rovira; Isidro, Sertucha, Casado, Muñoz, Romero; Marañón, Torrent, Ruiz; Vall, Palau, Noya, Vidal, Camps, Cabello, Bautista, Portalés, Sabino, Latorre y Martí.

Tras los grandes agobios del curso anterior, la temporada 66-67 va a ser de una relativa placidez en cuanto a los resultados y la posición del equipo en la tabla. Arrancan los laneros en los primeros lugares – en la sexta jornada son quintos, superando incluso al propio Barça, aunque en la decimoquinta, al finalizar la primera vuelta, los de Pasieguito caen al undécimo puesto, con 12 puntos y un negativo, dentro de la zona peligrosa. Sin embargo las cosas van a pintar mucho mejor para ellos en la segunda ronda, que se inicia con una goleada al Hércules en la Creu Alta ( 5 a 2 ), y un meritorio empate en San Mames ante el Athletic de Bilbao, que meten de lleno al cuadro catalán en la zona media.

Su posición se consolida en la jornada número 18, cuando el Barça visita Sabadell y es claramente batido por 2 goles a 0, marcados por Camps y Marañón – dos ex-azulgranas – en la primera media hora de juego. Dejemos constancia para la historia de las alineaciones de ambas escuadras en aquel ya lejano 22 de enero de 1967: por los arlequinados, Martínez; Isidro, Sertucha, Casado; Marañón, Torrent; Vall, Palau, Noya, Vidal II y Camps, y por los barcelonistas, Sadurní; Benítez, Gallego, Eladio; Borrás, Torres; Zaballa, Pereda, Zaldúa, Fusté y Pujol. En total, doce jugadores catalanes sobre el campo, seis por cada equipo.

Para la vigésima jornada, en la que los vallesanos van a golear en su feudo al potente Valencia por 3 a 0, el equipo ya suma ocho jornadas consecutivas imbatido, y situado en el séptimo lugar de la tabla, observa muy de lejos los puestos de peligro. Al final va a clasificarse en una magnífica octava plaza con 30 puntos, sin positivos ni negativos, con un balance de 11 partidos ganados, 8 empatados y 11 perdidos, con 35 goles a favor y 38 en contra, habiéndose movido casi siempre por la zona media. El atacante Palau va a ser su artillero más destacado, consiguiendo un total de 10 tantos. En la Copa va a eliminar en dieciseisavos de final a la Real Sociedad, venciendo en ambos partidos por 0 a 2 y 3 a 1, para caer en octavos frente al Granada por 0 a 1, en un tercer partido de desempate celebrado en Madrid, tras sendos empates a uno en «Los Cármenes» y la «Creu Alta»

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TEMPORADA 67-68: NUEVO CAMPO Y APUROS AL FINAL

Con Pasieguito una temporada más en el banquillo, el Sabadell va a afrontar esta tercera campaña consecutiva en Primera División – en la que estrenará su flamante campo – con importantes novedades. Causan alta cuatro jugadores procedentes del Barcelona, el cántabro Zaballa, los canteranos Comas y  Montesinos,  y el peruano Seminario, un fichaje de campanillas este, por más que el astro sudamericano se encontrase ya en el declive de su carrera deportiva, tras un paso no demasiado brillante por Can Barça. También son novedad futbolistas de perfil más modesto como el levantino Frigols, García e Isidro II, un extremo montañés procedente del Atlético de Madrid, y también un veterano defensa central uruguayo de escasa cabellera llamado Pini, que daría un excelente rendimiento. También regresan los «licenciados» Diego y Ortuño. Por el contrario son baja en la plantilla Rovira, Torrent – que retorna al Camp Nou tras su cesión -, Ruíz, Noya ( traspasado al Atlético de Madrid ), Cabello, Bautista, Portalés, Sabino, Latorre y Martí. Por consiguiente, la plantilla arlequinada estará compuesta por: Martínez, Echevarría, Comas; Isidro I, Pini, Muñoz, Sertucha, Casado, Frigols, Diego; Marañón, Montesinos, García; Vall, Palau, Seminario, Vidal, Zaballa, Ortuño, Camps e Isidro II

El 20 de agosto de 1967 se va a proceder a la inauguración de la Nova Creu Alta, un precioso recinto con capacidad para  20.000 espectadores ( de ellos 4870 sentados ), mientras que el viejo campo tan sólo podía albergar a unos 7500 en total. Su construcción había costado unos 27 millones de pesetas, siendo el arquitecto que lo proyectó Gabriel Barcons. En el partido inaugural el C.D. Sabadell se va a enfrentará al Barcelona, y conseguirá la victoria por 1 o 0, siendo el jugador Vall el primero en marcar en el nuevo campo. En los prolegómenos del encuentro un helicóptero del Aeroclub de Sabadell se posó en el centro del terreno de juego, y de él descendió la «pubilla» de la ciudad, la señorita Clara Vila, llevando el balón con el que iba a disputarse el choque. El Delegado Nacional de Educación Física y Deportes, el catalán Juan Antonio Samaranch, realizó el saque de honor, en presencia de los capitanes de ambos conjuntos, Sertucha y Zaldúa, autoridades asistentes y trío arbitral, encabezado por el señor Pintado, del Colegio Catalán. Estas fueron las formaciones que presentaron ambos equipos en tan histórico encuentro: por el Centro de Deportes Sabadell, Martínez ( Comas ); Isidro I, Sertucha, Casado ( Diego ); Marañón ( Muñoz ), Pini; Vall, Palau, Seminario, Montesinos e Isidro II ( Camps ), y por el Barcelona, Sadurní ( Reina ); Borrás ( Benítez ), Torrent ( Olivella ), Eladio ( Tores ); Muller ( Endériz ), Gallego ( Zabalza ); Oliveros ( Zaballa ), Vidal ( Pereda ), Zaldúa ( Pellicer ), Fusté ( Pujol ) y Jiménez ( Rexach ). El único gol del partido se produjo en las postrimerías de la primera parte. Isidro II bota un córner, Seminario peina de cabeza la pelota, y Vall la envía imparablemente al fondo de las mallas.

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La temporada comenzó bien para los arlequinados, que en la octava jornada se encontraban en  la quinta posición de la tabla,  con 9 puntos, por delante de clubes como Athletic de Bilbao, Español, Valencia o Zaragoza, pero van a ir perdiendo fuelle, y finalizan la primera vuelta en la undécima posición, con 14 puntos, que no constituían en absoluto un mal registro, pero que en esta ocasión les dejaban cerca de los puestos de promoción. Van a iniciar la segunda fase del campeonato muy bien, derrotando al líder, el Atlético de Madrid, por 1 a 0 en la Nova Creu Alta, con un solitario gol de Vall, aunque una mala racha de resultados les acercará a la zona peligrosa. Así, en la jornada 26 están ya en puestos de promoción, pero una victoria ante el Español en la fecha 29 (2 a 1) y un buen empate en San Mames a un gol, les van a dejar un año más en Primera, superando por tan sólo un punto al promocionista Córdoba. En el «Torneo del KO», y tras apear de la competición por los pelos al Xerez Deportivo en dieciseisavos (0 a 2 y 3 a 0), caen estrepitosamente eliminados ante el Real Zaragoza en octavos: 0 a 0 en la «Nova Creu Alta» y 1 a 5 en «La Romareda»

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Peru Zaballa: caballero del deporte (1938-1997)

El fútbol español ha conocido sin duda mejores jugadores que el cántabro Pedro Zaballa, más técnicos, más goleadores o incluso más rápidos que él, aunque  fue cocinero antes que fraile, atleta «amateur» primero que futbolista profesional. Pero muy pocos -creo que se cuentan con los dedos de una mano – han dado su nombre a un trofeo, años después de retirados de la práctica deportiva. Y el trofeo que honra la memoria de Zaballa, no es un trofeo cualquiera, sino el galardón que premia la conducta más noble y caballerosa en plena lid, eso que los ingleses denominaron un día «fair play», y que tanto escasea en las canchas hoy en día, seguramente a causa de la excesiva mercantilización de lo que empezó siendo un juego para convertirse después en un deporte, más tarde en una profesión, y finalmente en el espectáculo mediático por antonomasia que es en la actualidad. En 1969 este futbolista protagonizó una acción que no propició goles, puntos ni campeonatos para su club, el CE Sabadell, aunque a él, desaparecido en plena juventud, le inmortalizó para siempre. Pero, ya se estará preguntando más de un lector a estas alturas : ¿ quién era ese tal  Zaballa, y por qué escribo yo estas cosas sobre él ?

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Pedro Zaballa Barquín, cariñosamente conocido por «Peru», fue un destacado futbolista montañés y español de la década de los años 60, que va a nacer en la localidad marinera de Castro Urdiales el 29 de julio de 1938, en plena Guerra Civil. De una familia ligada al deporte, comenzó a darle al balón en equipos de su pueblo (el Bar Avenida, con el que disputó el llamado «Torneo de los barrios»,  y el Castro F.C.), para pasar posteriormente a la Gimnástica de Torrelavega ( 1956-57), y a continuación al Rayo Cantabria. Tras un año con los filiales racinguistas, al iniciarse la temporada 58-59, debutó en Segunda División con el propio Racing ( entonces denominado oficialmente «Real Santander» ), alineándose ya en 24 encuentros. En la siguiente campaña continúa por esa misma línea, como extremo derecho titular del cuadro cántaro ( 25 partidos ), y va a lograr el ascenso a la División de Honor, como campeón del Grupo Norte de la categoría de plata del fútbol español, formando parte de una plantilla en la que militan futbolistas como Paco Santamaría, Vicente Miera, Sampedro, Coque o Nando Yosu. Aparte de destacar como futbolista, Peru Zaballa había practicado también el atletismo, consiguiendo varios títulos de campeón provincial en salto de altura, longitud, 100 y 400 metros lisos entre los años 1955 y 57, amén de haber sido con anterioridad campeón de España de cadetes del Frente de Juventudes y subcampeón juvenil en salto de altura, disciplinas todas ellas que le serían de gran utilidad en su posterior carrera deportiva.

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EN CAN BARÇA

Demos un salto hasta el verano de 1961. Por esas fechas el Barça acababa de concederle la baja, de manera bastante sorpresiva, a Justo Tejada, su habitual extremo derecho,  internacional contra Francia tan sólo unos pocos meses antes ( aunque encontró acomodo casi en cuestión de horas en el Real Madrid ), y también se había desprendido de otro jugador que podía ocupar dicha demarcación, Lluis Coll, que se marchó al Valencia en compensación  por el fichaje del guardameta Pesudo. Para cubrir dicho puesto el club azulgrana se trajo a un ala del Sevilla, la formada por el húngaro Tibor Szalay y el burgalés Chús Pereda, que podían desenvolverse bien por  ambas bandas, y también a Zaballa, del Racing, aunque este había actuado muy poco en la última temporada, la 60-61 ( tan sólo 5 partidos ), ya que se encontraba cumpliendo el servicio militar en la lejana Sidi Ifni, una posesión española del África Occidental en la cual se habían librado reñidos y cruentos combates varios años atrás ( concretamente,  en los últimos meses de 1957 y los primeros de 1958), y que le sería entregada al Reino de Marruecos en 1969, a diferencia de lo que ocurriría con el Sahara español.

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Zaballa, por lo tanto, no va a poder hacer la pretemporada con sus nuevos compañeros, ni tampoco alinearse en los primeros compromisos. Su debut va a tener lugar el 24 de septiembre de 1961 en el Camp Nou, frente al Athletic – entonces oficialmente «Atlético» – de Bilbao, con victoria local por 4 a 2, dejando el flamante exterior barcelonista muy buen sabor de boca entre los aficionados culés, debido a su gran velocidad y a lo incisivo de sus penetraciones por la banda derecha. Esta fue su primera alineación como blaugrana: Pesudo; Foncho, Rodri, Gracia; Páis, Gensana; Zaballa, Kocsis, Evaristo, Zaldúa y Villaverde.

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Sin embargo, no va a tener demasiada continuidad durante su primera temporada en Can Barça, en la que se producirá el relevo en la dirección técnica del equipo, reemplazando un Ladislao Kubala recién retirado a Lluís Miró. Jugará un total de 21 encuentros oficiales (14 de Liga, 3 de Copa y 4 de Copa de Ferias ), consiguiendo 3 goles ( uno en cada competición ). Pero en lo personal se llevará la alegría de formar parte de la selección «B» de España, que va a derrotar a su homóloga de Francia por 3 a 2 en el campo zaragozano de La Romareda, el 10 de diciembre de 1961, con la siguiente alineación: Pesudo; Echeberría, Etura, Reija; Paquito, José Luís; Zaballa, Adelardo, Marcelino, Guillot ( Fusté ) y Manolín Bueno. Adelardo, Manolín Bueno y Marcelino fueron los autores de los goles españoles.

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Y sus perspectivas de cara al curso siguiente tampoco van a ser precisamente muy halagüeñas, porque el club catalán  fichará a uno de los futbolistas más destacados del mundo en su puesto, el uruguayo Luís Cubilla ( 1940-2013), procedente del Peñarol de Montevideo y miembro de la selección celeste. Pero el charrúa no va a cuajar en la Ciudad Condal, por falta de adaptación al ritmo de nuestras competiciones, y no terminará por hacerse con la titularidad, de modo que Zaballa comienza a alinearse ya de una forma habitual en los tramos finales del torneo copero de 1963, con un nuevo ocupante en el banquillo barcelonista, Pepe Gonzalvo, Gonzalvo II, formando parte del equipo que se impondrá por 3 a 1 en la final, disputada en el Camp Nou ante el Real Zaragoza: Pesudo; Rodri, Olivella, Gracia; Segarra, Garay; Zaballa, Vergés, Zaldúa, Kocsis y Pereda. El de Castro Urdiales va a actuar en un total de 19 encuentros oficiales ( 10 de Liga, 6 de Copa y 3 de Copa de Ferias ), anotando 3 goles ( uno en la Liga y dos en la Copa )

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INTERNACIONAL ABSOLUTO Y CAMPEÓN DE LA EUROCOPA

Arranca así uno de los mejores momentos de Zaballa en el Barça, haciéndose con el dorsal número 7 en propiedad. Su buen momento de juego se prolonga en la nueva temporada 63-64, ahora bajo las órdenes del mítico César. Y sus prestaciones van a llevarle hasta la Selección Absoluta, con la que debuta el 8 de abril de 1964, en el estadio dublinés de Dalymount Park, frente a la República de Irlanda, en partido valedero para la Eurocopa, venciendo España por 0 a 2, y siendo él precisamente el autor de ambos tantos, marcados en los minutos 24 y 86. Esta fue la alineación presentada por Pepe Villalonga, a la sazón seleccionador español: Iribar; Rivilla, Olivella, Calleja; Zoco, Fusté; Zaballa, Pereda, Marcelino, Villa y Lapetra. Sin duda alguna la 63-64 va a ser su mejor temporada azulgrana hasta entonces, lo que se desprende elocuentemente de sus números particulares. Jugó un total de 38 partidos oficiales ( 26 en Liga, 8 en Copa y 4 en Recopa ), anotando 8 goles ( siete en la Liga y el otro en la competición europea )  ). Formará parte también de la lista de convocados para la fase final de la Eurocopa del 64, una especie de «Final Four» celebrada en Barcelona y Madrid, pero allí la presencia de Amancio le va a privar de disputar ambos partidos, la semifinal contra Hungría ( 2 a 1 ), con tantos del gallego y de su compañero Chús Pereda, y la gran final, en la que el combinado español se impuso a la URSS por idéntico resultado, anotando también Pereda – la diana que abrió tempranamente el marcador – y  consiguiendo finalmente el zaragocista Marcelino el gol de la victoria al batir al mítico Yashin, obteniendo así la primera gran victoria para nuestro fútbol a nivel de selección. Incluso, y para redondear su gran temporada, Zaballa va a ser el autor del gol número 2000 del Barça en la Liga, el 12 de enero de 1964 frente al Valencia en el Camp Nou, conseguido en el minuto 8 de la segunda parte.

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La siguiente temporada, la 64-65, pareció comenzar por los mismos derroteros, con Zaballa como titular indiscutible en la banda derecha del ataque, pero los resultados no van a acompañar, y para colmo de males el cántabro va a lesionarse pronto , perdiéndose casi todo lo que restaba de campaña. Para suplir su ausencia, Sasot – el técnico que había sustituido a César tras una oprobiosa derrota por 5 a 1 en el campo del colista Levante -le dará la alternativa a un Quimet Rifé que tras varias cesiones ya estaba llamando insistentemente a la puerta del primer equipo. Rifé no era un extremo nato, sino más bien un interior en punta, pero va a acomodarse sin demasiados problemas a la nueva demarcación, jugando con asiduidad, destacando por su gran velocidad y llegando incluso a ser convocado para la selección española, aunque sin llegar a debutar ( de hecho no lo hará hasta principios de 1968). En esa tesitura, Zaballa sólo podrá reaparecer, y fugazmente, en los últimos compases de la temporada, una campaña que sin duda alguna va a ser la peor de toda su trayectoria barcelonista, y que se saldará con un paupérrimo balance de 14 partidos oficiales jugados ( 12 de Liga, uno de Copa y otro de Copa de Ferias  ) y tan sólo 2 goles marcados ( ambos en la Liga )

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CAMBIO DE BANDA

Ante esos malos resultados, el Barça cambiará nuevamente  de entrenador, reemplazando el argentino Roque Olsen, antiguo jugador del Real Madrid, al interino Sasot. pero el flamante técnico blaugrana va a continuar confiando en Rifé, cada día más consolidado en la banda derecha de la vanguardia, aunque una vez más los reveses obligarán a introducir cambios en el equipo titular, y ese será nuevamente el momento de Zaballa. Rifé seguirá inamovible en el extremo diestro, pero el cántabro va a poder asomarse a la formación titular en el otro lado, el izquierdo, puesto que todos los jugadores susceptibles de ocupar dicha demarcación serán descartados por uno u otro motivo. Camps, tras su gravísima y tonta lesión en vísperas de la final de Copa de 1963 ( producida jugando una «pachanga» en su pueblo ) ya no volvió al equipo, pasando al recién ascendido Sabadell, el canario Vicente caerá en desgracia, el navarro Serafín, fichado del Levante, no responderá a las expectativas, Seminario arrastrará problemas físicos crónicos, y el propio Re será también apartado del equipo.

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Con algunos cambios en la formación titular – una formación que va a poder recitarse de carrerilla durante muchos partidos: Pesudo; Benítez, Olivella, Eladio; Vergés, Torres; Rifé, Muller, Zaldúa, Fusté y Zaballa -, el Barça coge la onda y estará muy cerca de poder conseguir el título de Liga, aunque finalmente algunos tropiezos le dejarán con la miel en los labios, teniendo que conformarse con un tercer lugar tras los dos equipos madrileños, el campeón Atlético, y un Real Madrid segundón por una vez. En este curso Zaballa va a volver a ser uno de los elementos más destacados del conjunto barcelonista, saliendo siempre en la posición teórica de extremo izquierdo, pero permutando su puesto continuamente con Rifé, para desconcierto de las defensas rivales. Ese buen rendimiento, sin embargo, no será suficiente para que entre en la lista de 26 convocados para el Mundial inglés de 1966, aunque los testimonios de la época hablan con claridad de sus merecimientos, por encima de alguno que sí fue a Inglaterra. En total va a jugar 38 partidos oficiales ( 19 en Liga, 8 en Copa y 11 en Copa de Ferias ), marcando 15 goles, que se desglosan de la siguiente manera: 7 en la Liga, 5 en la Copa y 3 en la Copa de Ferias.

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La temporada 66-67 comienza para el montañés de la misma forma que concluyó la anterior, monopolizando el dorsal número 11 . Sin embargo no va a ser tan brillante, salvo en lo que respecta a la final de la Copa de Ferias – que en realidad pertenece al curso anterior, ya que había sido  aplazada a causa de la cita mundialista -, en la que los azulgranas se imponen al Real Zaragoza, tras perder en la ida en el Camp Nou por 0 a 1, para remontar en la propia Romareda ( 2 a 4 ), con un hat-trick del jovencísimo Lluís Pujol y otro tanto del propio extremo santanderino. Zaballa jugará con asiduidad, excepto algún que otro partido en el que será baja por lesión, y marcará 10 goles ( de hecho, va a conseguir su mejor marca personal en un partido televisado contra el Deportivo de La Coruña, celebrado el 18 de diciembre de 1966, y en el que logrará nada menos que cuatro tantos, pero su rendimiento global no será demasiado alto, a pesar de esos y de algunos otros goles que le supondrán al Barça puntos importantes. Su balance en esta gris campaña fue de 29 partidos disputados ( 26 en Liga, 2 en Copa de Ferias y uno en la Copa )

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DESTINO SABADELL

Con otro nuevo técnico en el banquillo, el catalán Salvador Artigas en sustitución de Olsen, va a dar comienzo la pretemporada del curso futbolístico 67-68. Hay algunas novedades en la plantilla del Barça, novedades que afectan directamente a Zaballa. Por ejemplo, el fichaje del exterior derecho del Sevilla Ángel Oliveros, y en la izquierda, la llegada de Jiménez, un modesto jugador procedente del Badajoz, de Tercera División. pero que llega avalado por el hecho de haber sido el máximo goleador de todas las categorías del fútbol español la temporada anterior. Y también parece perjudicarle, objetivamente, la promoción del joven canterano Carles Rexach, que ya había hecho algunas breves apariciones por el equipo titular  en las primeras eliminatorias de anteriores torneos coperos, y que ahora apunta a la titularidad. Por todo ello, y tras disputar la final del II Trofeo Juan Gamper ( como entonces se denominaba oficialmente ), Zaballa va a aceptar la oferta del Centro de Deportes Sabadell y se irá para la recién inaugurada Nova Creu Alta, en compañía de otros dos barcelonistas, el centrocampista Ramón Montesinos y el delantero peruano Juan Seminario. Había jugado un total de 212 partidos con la camiseta del Barça, entre oficiales y amistosos, marcando 55 goles.

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Zaballa va a figurar  en las filas arlequinadas durante tres temporadas, siempre a las órdenes del técnico guipuzcoano Bernardino Pérez Elizarán, «Pasieguito». Durante las dos primeras su aportación al equipo será importante, y en la segunda el cuadro vallesano va a alcanzar su mejor clasificación histórica en Primera División, un cuarto lugar, que le da opción a participar en la siguiente edición de la Copa de Ferias, competición en la que al cántabro le cabrá el honor de conseguir el primer tanto de los laneros en Europa ( el primero, y también el antepenúltimo hasta ahora ), en el minuto 38 de la primera parte. En ese encuentro, disputado en la localidad catalana el 17 de septiembre de 1969, los de Pasieguito van a formar así: Comas; Isidro, Pini, Arnal; Montesinos, Muñoz; Zaballa, Pereda, Palau, Garzón y Cristo

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CAMPEÓN DEL JUEGO LIMPIO

Esa tercera temporada, en la que el peso específico de un Zaballa ya veterano va a descender bastante ( al final tan sólo se alineará en 17 partidos, pero sólo en ocho de ellos de salida ), se significará, no obstante, por lo ocurrido el domingo  2 de noviembre de 1969 en el estadio Santiago Bernabéu. Se jugaba la jornada número 8, y un Sabadell al que tras un buen arranque ya empezaban a faltarle puntos visitaba al Real Madrid. El marcador señalaba aun el resultado inicial, cuando en el minuto 13 de la segunda parte los arlequinadas van a botar una falta sobre el marco madridista. El balón supera la barrera y el cancerbero local, el asturiano Junquera, se apresta a despejarlo de puños, pero va a chocar con su compañero Espíldora y con el vallesano Palau, que entraba decido al remate e impacta con su rodilla sobre el pómulo derecho del meta merengue. Junquera y Espíldora quedan en el suelo, lesionados, y la pelota  llega franca a los pies de Zaballa, con toda la portería libre para marcar. pero el cántabro ni siquiera se lo va a plantear. Viendo a dos compañeros de profesión – que no rivales – en ese trance y maltrechos, enviará de inmediato el esférico fuera del terreno de juego, para que ambos puedan ser atendidos a la mayor urgencia. Y el público del Bernabéu, consciente de la gran nobleza de su acto, va a prorrumpir en una gran ovación, que se repetirá luego en varias ocasiones. Más tarde, cuando el encuentro daba ya las últimas boqueadas, en el minuto 89, Pirri desharía la igualada inicial, proporcionando los dos puntos a su equipo, pero el resultado va a ser lo de menos…Estas fueron las alineaciones de ambos conjuntos esa tarde memorable: por el Real Madrid, Junquera ( Betancort ); Benito, De Felipe, Espíldora (Zunzunegui); Pirri, Zoco; Fleitas, Amancio, Grosso, Velázquez y Gento, y por el C.D. Sabadell, Martínez; Isidro ( Diego ) , Pini, Arnal; López, Muñoz; Zaballa, Romero,Palau, Montesinos y Cristo.

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El gesto de Zaballa traspasará nuestras fronteras, y la UNESCO le va a distinguir con el premio «Fair Play». Al final de la temporada abandonará el Sabadell ( con un balance de 56 partidos disputados y 5 goles ), y aunque llega a rumorearse su posible pase al Sant Andreu ( entonces «San Andrés» ), de la barriada barcelonesa homónima y a la sazón militante en la categoría de plata de nuestro fútbol, al final abandona Cataluña para irse a tierra asturianas y fichar por el Real Oviedo. En el Carlos Tartiere no despachará una buena temporada ( 7 partidos y un solo gol ), y a su conclusión los azules van a tener que dirimir su permanencia en Segunda enfrentándose en la promoción al Palencia, aunque a la postre saldrán airosos. Zaballa   colgará las botas al finalizar dicha campaña, a punto de cumplir los treinta y tres años, y va a quedarse a vivir en la capital asturiana, donde regentará diversos negocios de confección hasta que una cruel enfermedad se lo lleva el 4 de junio de 1997, dejando esposa y cuatro hijos, y también un recuerdo imperecedero por su nobleza y deportividad. El ayuntamiento de Castro Urdiales, va a dar su nombre al polideportivo local, y un año después de su muerte, en 1998, la Real Federación Española de Fútbol creará el premio «Peru Zaballa» para distinguir a aquellas personas, instituciones o colectivos que se hayan señalado en pro de los valores deportivos, que en su primera edición honrará a las aficiones del Atlético de Madrid y el Valencia CF, reconociendo su impecable comportamiento en la final de la Copa del Rey de 1999, disputada en el Estadio Olímpico de Sevilla. 168 partidos en Primera División, a lo largo de diez temporadas, con 33 goles en su haber, son un excelente bagaje para una época en la que no existían las sustituciones y se jugaban menos encuentros, pero indiscutiblemente el mejor legado de Peru Zaballa va a ser su ejemplar y caballerosa conducta -«El fútbol es un deporte, no la guerra», declaró tras la famosa incidencia -, algo por lo que siempre le recordaremos, más allá de las  efímeras victorias en los terrenos de juego.




Zaldúa: el navarro que capitaneó al Barça en tiempos difíciles

Sin ser un superclase o un gran goleador – aunque sus estadísticas anotadoras no sean nada malas -, Zaldúa supo ganarse el cariño y el respeto de la afición azulgrana durante su larga estancia en el Barça, entre 1961 y 1971, gracias a su entrega, su esfuerzo, su bravura y su caballerosidad sobre el terreno de juego. Fue el capitán del equipo durante unos años difíciles, y en calidad de tal levantó algunos trofeos muy significativos en una etapa caracterizada por la sequía de títulos, pero en la que el club forjó buena parte de su leyenda metafutbolística.

José Antonio Zaldúa Urdanavia había nacido en la localidad navarra de Elizondo, en el valle del Baztán, el 15 de diciembre de 1941, en el seno de una familia trabajadora de clase media. Comenzó a pegarle al balón como tantos otros chicos, en el patio del colegio, y sus buenas cualidades le condujeron muy pronto al Oberena pamplonica y a la Selección Juvenil Española.  Acabó fichándole el Real Valladolid, y llevándoselo para Pucela, en cuya universidad inició estudios de Derecho. Tras pasar por el filial blanquivioleta, el Europa Delicias, ascendió al primer equipo en la temporada 1959-60, con tan sólo 18 años. En esa campaña consiguió jugar cuatro partidos de Liga, debutando en la máxima categoría en la jornada número 18, el 17 de enero de 1960, en el campo de Altabix, con victoria del Elche por 2 a 1 y la siguiente formación del cuadro castellano: Estrems; Matito, Martínez, Solé; Pontoni, García; Aramendi, Endériz, Joselín, Zaldúa y Mirlo. Pero su explosión va a tener lugar en la promoción, donde los de Zorrilla se enfrentaron al Celta de Vigo. En la ciudad gallega se produjo un empate a 2, con un tanto de Zaldúa, y en el partido de vuelta los vallisoletanos se impusieron por un rotundo 5 a 0, anotando el jovencísimo delantero navarro un par de goles.

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En la temporada 60-61 ya es un fijo como delantero – 28 partidos de Liga y 11 goles – en las alineaciones de  un equipo  donde militan futbolistas como Matito, García Verdugo, Ramírez, Morollón, Aramendi, Endériz, Rodilla  o los veteranos hermanos Lesmes, Paco y Rafael, un equipo que, sin embargo, no pudo evitar el descenso a Segunda. En el encuentro disputado en Zorrilla frente al Barcelona, que se saldó con la victoria de los locales por 1 a 0, marcado por el propio Zaldúa, su juego impetuoso y tesonero no va a pasar desapercibido para los técnicos azulgranas, y el club catalán procederá a ficharlo muy pronto, a cambio de tres millones de pesetas y el pase de varios jugadores del filial barcelonista, el Condal ( Sanchís y Molina ) y del propio Barça ( Pinto ). El 2 de abril de 1961, en Grenoble, va a debutar con la Selección «B», que se impondría a su homóloga de Francia por 0 a 2, marcados por Aguirre y Marcelino. Esta fue la alineación del combinado español: Pesudo; Miera, Bartolí, Calleja; Zoco, Iturriaga; Aguirre, Félix Ruíz, Zaldúa ( Marcelino ), Adelardo y Bueno

EL BENJAMÍN DEL BARÇA

El Barcelona atravesaba en aquel momento por una seria crisis económica, con una ingente deuda generada por la reciente construcción del Camp Nou. Esa delicada situación financiera le obligó a desprenderse de una de sus grandes estrellas, el gallego Luís Suárez, que acababa de recibir el «Balón de Oro» que le acreditaba como mejor jugador europeo de 1960 ( hasta ahora, el único futbolista español en conquistar dicho galardón ), y que se fue al Inter de Milán a cambio de la entonces fabulosa suma de 25 millones de pesetas. Y en lo institucional y deportivo tampoco marchaban las cosas mucho mejor, puesto que el presidente que había impulsado la construcción del nuevo campo, Francesc Miró-Sans, había tenido que dimitir, cercado por las duras críticas hacia su gestión por parte del siempre influyente «entorno» barcelonista, y el club pasó a ser administrado temporalmente por una Gestora hasta que se celebrasen nuevas elecciones, en las que el industrial textil Enric Llaudet se impondría al joyero Jaume Fuset. Y en cuanto a la marcha del primer equipo, que no pudo revalidar el campeonato de Liga obtenido la temporada anterior, este también fue sorprendentemente derrotado en la final de la VI Copa de Europa celebrada en Berna por el Benfica lisboeta, en un desgraciado partido en el que los azulgranas llegaron a estrellar hasta cuatro balones en los postes cuadrados del Wankdorfstadion de la capital helvética.

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Aquel fue el último partido oficial con el Barça no sólo para Luís Suárez, sino también para otras leyendas barcelonistas como Ladislao Kubala, Zoltan Czibor o Antoni Ramallets. La plantilla, por lo tanto, necesitaba urgentemente un rejuvenecimiento, y a ello va a aplicarse Llaudet, el flamante mandatario, que muy pronto se gastará todo el dinero milanés en nuevos y prometedores refuerzos. De ese modo, el Barça se hace con los servicios del guardameta Pesudo ( Valencia ), el «todocampista» uruguayo Benítez ( Real Zaragoza ), el interior Páis ( Celta ), y los delanteros Zaballa ( Racing de Santander ), Zaldúa ( Real Valladolid ), Vicente ( U.D. Las Palmas ), Pereda y Szalay, estos dos últimos procedentes del Sevilla. Venían para unirse a un ramillete de nombres ilustres: Olivella, Gracia, Garay, Gensana, Segarra, Vergés, Kocsis, Evaristo, Eulogio Martínez o Villaverde…

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Entre tanta competencia, el todavía adolescente Zaldúa va a comenzar jugando como titular, a las órdenes de un entrenador también recién llegado, el catalán Lluís Miró, aunque saltará al campo con dorsales algo extraños para un ariete, el «7» o el «11». Como teórico extremo izquierda formará parte de la alineación que logrará el prestigioso Trofeo Carranza gaditano, e incluso llegará a debutar con la Selección Española Absoluta en un amistoso contra Francia ( 1-1 ) que se celebró el 10 de diciembre de 1961, cinco días antes de su 20 cumpleaños, en el parisino estadio de Colombes y con la siguiente alineación: Araquistáin; Piquer, Santamaría, Miera; Pachín, Zoco; Zaldúa, Del Sol, Di Stefano, Félix Ruíz – autor del tanto español – y Gento ( nueve madridistas, un valencianista – Piquer – y un azulgrana ). Como anécdota de esos días,  reseñar que la primera vez que Zaldúa jugó en el Camp Nou, en el partido de homenaje a Kubala, se presentó previamente en una de las puertas del recinto con intención de dirigirse a los vestuarios para equiparse, pero el portero de turno no quería dejarle entrar, al no reconocerle ni llevar el joven futbolista ningún documento acreditativo de su condición, y tuvo que ser uno de sus compañeros, el veterano Segarra, quien convenciese al rígido cancerbero para que  permitiera el acceso al flamante fichaje azulgrana, con su cara de niño que jamás ha roto un plato.

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En su primera temporada como barcelonista Zaldúa va a jugar poco ( 10 partidos de liga, 4 de Copa y otros 4 de Copa de Ferias, con un total de 9 goles ). La tripleta central del ataque, su teórica demarcación, estaba cubierta mayormente por ilustres veteranos como Kocsis, Evaristo, Eulogio Martínez o Villaverde, y no tuvo demasiadas oportunidades. Tampoco le fueron mejor las cosas con el sustituto de Miró en el banquillo del Camp Nou, el legendario Laszi Kubala, recién retirado de la práctica activa del fútbol y a cargo de la «Escuela de Jugadores», a quien Llaudet pidió que tomara las riendas del equipo tras un arranque de liguero verdaderamente lamentable. Tampoco comenzará de forma mucho más halagüeña para él  la campaña 62-63, ya sin la competencia de Evaristo y Eulogio Martínez, pero con un nuevo rival en el ataque, el pequeño delantero paraguayo Cayetano Re. Al poco de iniciarse el nuevo curso, en un partido de Copa de Ferias disputado en Lisboa contra Os Belenenses, va a sufrir una inoportuna y grave lesión en la rótula, que le dejará en dique seco por espacio de casi cuatro meses. Pero una vez recuperado y reaparecido, va a gozar de su primer gran momento en las filas del Barça. Un Barça que, por otro lado, caminaba renqueante por la tabla, tanto, que el propio presidente Llaudet tomó la difícil decisión de cesar a Kubala y colocar en su lugar a otro antiguo jugador del club, Pepe Gonzalvo, Gonzalvo II. El navarro vuelve al equipo titular frente al Málaga en La Rosaleda, en un partido que se va a saldar con un apabullante 0 a 7 a favor de los catalanes, con dos dianas del de Elizondo. Al domingo siguiente vuelve a poner de manifiesto su buen momento de forma consiguiendo un hat-trick frente al Elche en el Camp Nou, y se mantendrá así hasta el final de la competición liguera, en la que el Barça acabará en un sexto lugar, nada acorde con su brillante historial. Pero aun así Zaldúa ha participado en 14 encuentros, consiguiendo 10 goles, lo que no estaba nada mal.

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También fue excelente su desempeño en la Copa del Generalísimo de 1963, en el que el Barça se va a proclamar campeón, venciendo en la final disputada en el propio Camp Nou por 3 goles a 1  a un todavía bisoño Real Zaragoza, aunque ya a punto de entrar en la era gloriosa de los «Magníficos», con un tercer tanto obra del joven delantero, pleno de codicia e intuición. Esta fue la alineación presentada por Gonzalvo ante los aragoneses, la gran revelación del torneo copero del 63: Pesudo; Rodri, Olivella, Gracia; Segarra, Garay; Zaballa, Vergés, Zaldúa, Kocsis y Pereda. En total, Zaldúa se alineó en 11 encuentros, materializando 6 tantos. Gonzalvo, pese al título conquistado, no va a seguir al frente del equipo, siendo reemplazado por otra leyenda azulgrana, César, «el Pelucas», el gran delantero de los años 40 y 50.

DE LA SELECCIÓN ABSOLUTA AL BANQUILLO

El técnico leonés va a utilizar indistintamente a Zaldúa y a Re en el eje del ataque, lo que hará que el navarro actúe solamente en 12 partidos de Liga, no obstante con un buen balance goleador de 9 dianas. Esos números van a llevarle de nuevo a la Selección Absoluta, en la que disputará dos encuentros, uno con carácter oficial contra Irlanda del Norte, valedero para la clasificación de España con vistas a la fase final de la Eurocopa, que se jugaría en nuestro país en 1964 ( con el histórico triunfo ante la URSS merced al no menos legendario gol de Marcelino al mítico Yashin, «la Araña negra» ), y el otro de naturaleza amistosa, ante Bélgica. En el primero, celebrado en Belfast el 30 de octubre de 1963, España presentará la siguiente alineación: Pepín; Rivilla, Olivella, Reija; Félix Ruíz, Zoco; Pereda, Del Sol, Zaldúa, Luís Suárez y Gento, autor del solitario gol que dio el triunfo a nuestro combinado, mientras que en el segundo, que tuvo como escenario el campo valenciano de Mestalla el 1 de diciembre del 63, los nuestros cayeron ante Bélgica por 1 a 2, con la siguiente formación: Pepín; Rivilla, Olivella, Reija; Félix Ruíz, Zoco – que consiguió el gol español -; Amancio, Adelardo ( Glaría ), Zaldúa, Domínguez y Gento. Nada menos que cuatro navarros sobre el terreno de juego.

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La temporada 63-64, por lo tanto, puede considerarse globalmente positiva para Zaldúa, que tomó parte en 20 encuentros oficiales ( entre Liga, Copa y Recopa de Europa ), obteniendo un total de 15 goles, a pesar de la fuerte competencia del guaraní Re. El Barça va a ser subcampeón de Liga, tras liderar la tabla durante bastantes jornadas, y llegará hasta las semifinales de la Copa, siendo allí eliminado por el Real Zaragoza ( en la competición continental cayó frente al Hamburgo alemán, en un tercer partido de desempate ). En lo personal, el jugador va a contraer matrimonio durante el verano de 1964 con una chica que había conocido en Valladolid, fundando así su propia familia.

Pero el siguiente curso futbolistico, el 64-65, va a ser en cambio nefasto para Zaldúa ( y no mucho mejor para el Barça… ). Ya desde el principio Re – y a veces también el recién fichado Seminario, el as peruano – van a ocupar el centro de la delantera, y el paraguayo se colocará muy pronto al frente de la clasificación  de goleadores. Zaldúa no va a poder asomarse nunca al equipo titular,  salvo en un partido de Copa de Ferias ante el Celtic de Glasgow ( y en el que marcará un gol ). Por todo ello  aceptará marcharse en el tramo final de la temporada como cedido al equipo de su tierra, Osasuna, junto al veterano Gensana,  para reforzar a los rojillos en su intento por mantenerse en la Segunda División, propósito que al final van a conseguir. Zaldúa se alineará con los de San Juan  – donde ya actuaba también a préstamo desde el inicio de la campaña el azulgrana Montesinos – en 8 encuentros, anotando 2 goles.

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César y su sustituto Sasot no contaron pues con Zaldúa, pero este esperaba que la llegada  del nuevo técnico, el argentino Roque Olsen, antiguo jugador del Real Madrid, cambiara las cosas y le brindase la oportunidad de demostrar su valía. No lo va a hacer en los primeros compromisos de la temporada 65-66, con Re nuevamente muy acertado de cara a la portería contraria, pero si  le alineará en un partido de Copa de Ferias ante el débil conjunto holandés del DOS de Utrecht, y ahí Zaldúa literalmente se va a salir. El Barça vence ampliamente a los flojos neerlandeses por 7 a 1, y cinco de los goles llevan la firma del navarro. Evidentemente, con esa tarjeta de visita es difícil no tenerle en cuenta, y Olsen acabará por concederle la titularidad, máxime cuando poco después Re es apartado del equipo ( junto con el extremo canario Vicente ), alegando el táctico  «bajo rendimiento» ( ? ), pero pagando ambos futbolistas «el pato» de los malos resultados del cuadro blaugrana, equipo que tras coquetear con las últimas posiciones de la tabla va a entrar en una dinámica de buen juego y resultados, con una racha de imbatibilidad que se mantendrá durante quince encuentros, y uno de cuyos puntos de arranque sería la brillante victoria por 1 a 3 en el Santiago Bernabeu, frente al Real Madrid, puntuando por vez primera desde hacía la friolera de 17 temporadas en el feudo blanco. La mayoría de los triunfos se consiguieron con una alineación que se mantuvo inalterable durante diez jornadas, y que componían Pesudo; Benítez, Olivella, Eladio; Vergés, Torres; Rifé, Muller, Zaldúa, Fusté y Zaballa.

Al final el Barça pinchó, y tampoco consiguió proclamarse campeón de Liga. Y en la Copa volvió a caer ante el Real Zaragoza, su verdugo habitual y que a la postre se llevaría para sus vitrinas por segunda vez el Torneo del KO, pero en la Copa de Ferias pintaron mejor las cosas,. Los azulgranas fueron eliminando sucesivamente, aunque a veces no sin apuros, al DOS de Utrecht, al Royal Antwerp belga, al Hannover 96 alemán, a  su eterno rival ciudadano el RCD. Español, y al Chelsea inglés, teniendo que verse las caras en la final a doble partido con su viejo conocido el Zaragoza, aunque el duelo quedó aplazado hasta el principio de la temporada siguiente, debido a la inminente celebración del Campeonato del Mundo de Fútbol en Inglaterra, en julio de 1966. Y hablando del Mundial…La buena temporada de Zaldúa no le pasó desapercibida al seleccionador nacional, José Villalonga, que le va a llevar de nuevo a la convocatoria de la Absoluta. Entrará así en la lista de 26 preseleccionados, y se va concentrar en Santiago de Compostela durante más de un mes, siendo finalmente descartado de la relación definitiva, junto a su compañero de equipo Quimet Rifé y los zaragocistas Violeta y Villa. El balance de esta temporada de «resurrección» para Zaldúa fueron nada menos que 34 partidos oficiales disputados ( 19 de Liga, 7 de Copa y 8 de Copa de Ferias ), con un total de 18 goles ( 7 en la Liga, 4 en la Copa y 7 en el torneo ferial )

TITULAR Y CAPITAN

El curso siguiente, pues, se presentaba con buenas perspectivas para el noble y esforzado atacante navarro, que además, al ser sustituido Ferrán Olivella en el centro de la defensa por Gallego, flamante internacional, va a asumir la capitanía del  equipo, no tanto por su condición de relativo veterano en la plantilla como por su caballerosidad e intachable comportamiento en el terreno de juego. Precisamente en virtud de esa nueva condición de capitán va a tener el honor de recibir  el primer trofeo «Juan Gamper» – así se denominó entonces oficialmente -instituido aquel mismo verano de 1966, de manos del hijo del fundador del club, gracias a la victoria barcelonista por 3 a 1 sobre el Colonia alemán.

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Igualmente le tocará levantar muy pocos días después el trofeo correspondiente a la Copa de Ferias de la temporada anterior, que el Barça – tras ser derrotado por 0 a 1 en el partido de ida – logrará en la propia Romareda al imponerse a los maños por 2 a 4, en feliz noche del jovencísimo Lluís Pujol, que consiguió un hat-trick. Pero a partir de dicho momento atravesará un ligero bachel, pues el canterano Lluís Vidal le arrebatará la titularidad en una serie de partidos – prácticamente en toda la primera vuelta liguera -, aunque el navarro volverá a hacerse finalmente con el puesto en la segunda ronda. A la postre el Barça tuvo que conformarse con el segundo lugar de la clasificación, tras el inevitable Real Madrid, el gran dominador del fútbol español durante toda la década de los años 60, cayendo también en los primeros compases de la Copa de Ferias y la Copa del Generalísimo. Campaña gris también la de Zaldúa, con 25 partidos oficiales ( 21 en la Liga, 1 en la Copa y 3 en la Copa de Ferias ) y tan sólo 5 goles, todos ellos en Liga

Los malos resultados deportivos van a traer aparejada la marcha del entrenador Roque Olsen y su relevo por un técnico catalán, Salvador Artigas, antiguo futbolista del club en los años 30, piloto de la aviación republicana durante la Guerra Civil, y posteriormente jugador y preparador de la Real Sociedad. También se producirá otra novedad, que afectará directamente a Zaldúa, el fichaje del delantero angoleño del Atlético de Madrid Jorge Mendonça. Otra contratación para el centro del ataque, la del brasileño Walter Machado da Silva, no terminará prosperando dada su condición de extranjero, ya que la prohibición de importar foráneos seguía en pie, aunque el presidente barcelonista llegó a creer por un momento que se derogaría en breve – de hecho, tal cosa no sucedió hasta 1973 -. Mendonça era un futbolista de gran clase, aunque con cierta frialdad y ya en el ocaso de su carrera deportiva, pero había costado una fortuna ( 14 millones de pesetas de la época ) y se hizo con el dorsal número 9 en propiedad. Sin embargo Artigas, no va a renunciar así como así a los servicios de Zaldúa, y aprovechará su gran capacidad de trabajo y su indesmayable entrega, reconvirtiéndole en interior derecha, y retrasando algo su posición en el campo.

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Y con esta nueva misión, Zaldúa va a conocer sus mejores temporadas como barcelonista. Llegará a jugar 24 partidos de Liga, consiguiendo su mejor registro, 12 tantos, algunos de ellos muy importantes, como por ejemplo los dos logrados ante el Real Madrid, uno en cada campo, y el que sirvió para que el Barça derrotase a domicilio al Atlético de Madrid en su recién construido estadio de la Ribera del Manzanares. Aun más decisivos fueron los dos que logró en el partido de vuelta de las semifinales de la Copa del Generalísimo ( donde anotaría 3 goles en 8 encuentros, más  dos tantos en sendos partidos de Copa de Ferias ),  y también frente a los colchoneros. En la capital había caído el Barça  por 1 a 0, y en el Camp Nou el acierto de Zaldúa le dio al equipo azulgrana el acceso a la final ( 3-1 ), y la posibilidad de tomarse la revancha sobre su eterno rival nacional, el Real Madrid, que una vez más se había proclamado Campeón de Liga en una temporada que para el Barça quedaría marcada para siempre con caracteres luctuosos, debido a la repentina y aun hoy no del todo explicada muerte de Julio César Benítez, el gran lateral derecho charrúa, en vísperas de un clásico decisivo en el Camp Nou, el sábado 6 de abril de 1968.

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Zaldúa va a levantar otro trofeo memorable en la finalísima contra los merengues – disputada en el estadio Santiago Bernabéu, escenario obligado entonces -. Fue un partido legendario, que ha pasado a la historia como «la Final de las botellas», puesto que un amplio sector de la afición madridista, disconforme con la actuación del árbitro, el balear Antonio Rigo Sureda ( aunque por aquel entonces a los colegiados se les conocía únicamente por el primer apellido ), arrojó gran cantidad de envases de cristal al terreno de juego, con grave peligro para la integridad física de los protagonistas de la contienda. Finalizado el accidentado encuentro con la victoria blaugrana merced al solitario gol marcado por el defensa blanco Zunzunegui en su propia portería, José Antonio Zaldúa recibió de manos de Franco la copa de campeón, pero no pudo dar junto a sus compañeros la preceptiva vuelta de honor, ya que proseguía la lluvia de objetos. A su llegada a la Ciudad Condal, los jugadores del Barça fueron recibidos como auténticos héroes, y las relaciones entre ambos clubes quedaron  bastante deterioradas durante una buena temporada.

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La siguiente campaña, 68-69, continuó para el navarro por los mismos derroteros. Volvió a proclamarse máximo goleador del equipo con 11 tantos en 24 partidos de Liga ( en la Copa disputarían tan sólo dos, con igual número de goles, y en la Recopa conseguiría perforar la meta contraria en tres ocasiones, habiendo intervenido en cinco partidos ). En el Torneo de la Regularidad el Barça volvió a fracasar una vez más, y ni siquiera logró su habitual premio de consolación, el subcampeonato, que en esta oportunidad se fue para las Canarias, a la gran Unión Deportiva de los Tonono, Martín Marrero, Castellano, Guedes, Germán y compañía. En la Copa los pupilos de Artigas fueron apeados a las primeras de cambio por la entonces modesta Real Sociedad, pero en la competición continental de ese año, la Copa de Europa de Campeones de Copa, o «Recopa», el Barça alcanzó la final, tras eliminar brillantemente al Colonia alemán en una gran noche de Josep María Fusté, autor de un hat -trick en el partido de vuelta, en el Camp Nou.

HORAS BAJAS EN EL BARÇA,  Y DESTINO FINAL, SABADELL

Dicho encuentro, disputado el 21 de mayo de 1969 en la ciudad suiza de Basilea, en el estadio St. Jakob, va a suponer para Zaldúa quizás el momento más amargo de toda su carrera deportiva. El Barça partía como gran favorito ante su rival, el semidesconocido conjunto eslovaco del Slovan de Bratislava, a pesar de las sensibles bajas de Gallego y Torres, los dos pilares de su línea defensiva. Artigas va a disponer el siguiente once: Sadurní; Franch ( Pereda ), Olivella, Eladio; Rifé, Zabalza; Pellicer, Castro ( Mendonça ), Zaldúa, Fusté y Rexach. Debido a la presencia del veterano Olivella, va a ser este y no el futbolista navarro quien ostente la capitanía, y por lo tanto el encargado de recoger el trofeo en caso de victoria.

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Pero, al igual que sucedió en la final de Berna, disputada ocho años atrás, el de Basilea va a ser un partido desgraciado, aunque en otro sentido. La defensa azulgrana, que pasaba por ser la línea más firme del equipo, va a hacer aguas, privada de sus dos mayores bastiones, y arriba, en la punta del ataque, Zaldúa tampoco va a tener su día, pues si bien consiguió el tanto de la momentánea igualada a un gol, falló también dos clarísimas ocasiones para marcar. A la conclusión el Slovan vencería contra todo pronóstico por 3 a 2, entre el estupor y el desconsuelo de todos los culés, y especialmente de un hundido Zaldúa.

Pero el fútbol no se detiene por nada, y es preciso restañar pronto las heridas y aprestarse para la próxima batalla. Inmediatamente el Barça se fue de gira a Estados Unidos, y la directiva de Narcís de Carreras – que había sustituido a Llaudet a principios de 1968 – le renovó la confianza a Salvador Artigas, aunque acto seguido algunos de sus miembros, capitaneados por Pere Baret, un personaje clave para entender al Barça de los años 60 – inició gestiones para traer de Italia a Helenio Herrera ofreciéndole un fabuloso contrato. Buena parte de la afición suspiraba por HH, recordando que bajo su batuta se habían conquistado los últimos campeonatos de Liga. En Can Barça va a producirse un auténtico escándalo, con manifestación incluida ante La Masía – entonces sede social del club -, y la junta directiva, que con Artigas recién confirmado había negociado bajo manga con Herrera, se volvió atrás, desdiciéndose de su decisión y conformándose con Artigas, que de ese modo quedaba en la cuerda floja. El ridículo fue espantoso, y Carreras trató de conjurarlo con un fichaje sensacional, el del españolista Marcial Pina, uno de los jugadores con más clase en el panorama nacional, que venía a unirse al del ariete  del Real Zaragoza y la Selección Absoluta,  Miguel Ángel Bustillo, que ya había debutado en las postrimerías de la campaña anterior.

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Se inicia la temporada 69-70. Marcial, Bustillo y Zaldúa juegan juntos el primer partido liguero, en el que el Barça va a arrancar un muy meritorio empate a 3 en el Bernabéu ( con dos goles del mañico ), pero este ni siquiera llegará a terminar el encuentro, lesionado de gravedad tras una dura entrada del central madridista De Felipe. La marcha posterior del Barça va a ser muy irregular, con Zaldúa como referencia ofensiva, produciéndose dos relevos en la dirección técnica del equipo ( Artigas es sustituido por Seguer, y este a su vez por el inglés Vic Buckingham ) ), e incluso dimite la junta directiva, convocándose elecciones presidenciales en las que el candidato del establishment barcelonista, Agustí Montal i Costa, hijo del mandatario de los años 40 y 50 Agustí Montal i Galobart, derrotará al dinámico  Pere Baret por un estrechísimo margen,  gracias al voto de los compromisarios natos ( ex – presidentes, directivos dimisionarios  y socios de mérito )

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Buckingham, el nuevo inquilino del banquillo del Camp Nou, utilizará a Zaldúa en algunos partidos – en total, se alineará en 26 encuentros en esa compaña, la mayoría antes de la llegada del británico, consiguiendo 10 tantos – , pero apostará prioritariamente por el espigado Narcís Martí Filosía, jugador de mayor clase pero en las antípodas del navarro, por su carácter más frío y menos combativo. Zaldúa va a disputar su último partido oficial con la zamarra azul y grana el 17 de mayo de 1970, en el estadio vigués de Balaídos, en partido copero contra el Celta, con la siguiente alineación: Reina; Rifé, Gallego, Eladio; Torres, Juan Carlos; Rexach, Martí Filosía, Zaldúa ( le sustituyó el gallego Castro al comenzar la segunda parte ), Marcial y Pujol. Seguirá una temporada más bajo la disciplina barcelonista, la 70-71, pero tan sólo jugará partidos amistosos, aunque tiene únicamente 29 años. El Zaragoza se interesa por él una vez iniciada la temporada, pero el club no le dejará salir, a pesar de que Buckingham no recurrirá a  sus servicios ni una sola vez. De modo que, sintiéndose aun joven para la práctica del fútbol, va a terminar comprometiéndose con el C.E. Sabadell a la finalización de su contrato, uniéndose de este modo a la extensa nómina de ex-barcelonistas que militaron en el cuadro arlequinado ( Comas, Franch, Torrent, Marañón, Montesinos, Zaballa. Pereda, Vidal, Seminario, Palau…). Pero antes, el 5 de junio de 1971, va a recibir el emotivo y merecido homenaje de la parroquia blaugrana en un partido amistoso ante el Standard de Lieja belga. Zaldúa se alineará por última vez junto a sus compañeros durante 22 minutos, y este va a ser su última formación como azulgrana: Sadurní; Rifé, Gallego, Eladio; Torres, Costas; Rexach, Fusté ( Marcial ), Zaldúa ( Dueñas ), Zabalza y Pujol ( Alfonseda ). Estuvo a punto de marcar un gol ( los dos tantos azulgranas los conseguirían Rexach y Pujol ), y el último balón que tocó fue combinando con su paisano Zabalza.

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Va a permanecer en el cuadro lanero por espacio de cuatro temporadas. En la primera, la 71-72, los vallesanos perderán la categoría, tras siete campañas consecutivas en la División de Honor. Las tres siguientes las disputará en Segunda. En total se alineará con los arlequinados  en 126 partidos, consiguiendo 16 goles. Curiosamente en su último partido oficial, el  27 de abril  de 1975, ante el Barcelona Atlético ( 2 a 3 en la Nova Creu Alta ) va a ser expulsado por primera y única vez en toda su carrera profesional, y además de forma absolutamente inmerecida. Perdían los locales por 1 a 3 ( al final de la temporada descenderían a Tercera ), y Zaldúa – que había saltado al campo en la segunda parte – va a marcar un tanto que el colegiado extremeño señor Congregado anulará por un supuesto fuera de juego. Se producen las lógicas protestas por parte de los hombres del Sabadell, y el árbitro expulsa a Roselló y también a Zaldúa, que iba corriendo hacia él y se encontraba aun a cinco metros. Terminaba así , de manera algo abrupta, una trayectoria futbolística brillante y ejemplar, en el curso de la cual el jugador navarro había disputado 210 partidos en Primera División, con un balance de 78 goles. La zamarra azulgrana se la había enfundado nada menos que en 339 ocasiones entre todas las competiciones oficiales y enfrentamientos amistosos, con la más que notable cifra de 168 goles en su haber.

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Una vez retirado del fútbol activo,  José Antonio Zaldúa trabajará en una importante empresa del sector de la alimentación, intervendrá con asiduidad  en el equipo de veteranos barcelonista,  y entrenará también al equipo «amateur» de su empresa. En la actualidad forma parte de la junta directiva de la «Agrupació de Veterans» del Barça – es uno de sus vicepresidentes – , entidad que realiza una encomiable labor social en beneficio de  quienes en alguna ocasión se enfundaron la camiseta blaugrana y se encuentran necesitados de ayuda. Futbolista de club, de  constante lucha y entrega sin reservas por encima de cualquier otra consideración, honrado y deportivo a carta cabal en los terrenos de juego, Zaldúa dejó una huella profunda e imborrable en el Barça de su tiempo, en unos años difíciles y poco gratificantes, tan diferentes del actual ciclo glorioso del club catalán.




Marañón, un centrocampista singular

España es el vigente Campeón de Europa y del Mundo, pero aun así hoy en día no le resulta demasiado difícil a un jugador que destaque el ser internacional con el combinado absoluto. Sin embargo en los años 60 y 70 se disputaban muchísimos menos partidos internacionales, y a la Selección únicamente acudían los futbolistas que militaban en los principales clubes, razones por las cuales hombres muy válidos vistieron en contadas ocasiones la camiseta nacional, y otros ni siquiera llegaron a hacerlo. Un jugador que indudablemente hubiera salido ganando en el fútbol actual es quien nos ocupa en esta ocasión, Ramón De Pablo Marañón, un centrocampista de gran poderío físico que militó en numerosos clubes, pero ofreció sus mejores prestaciones en el Centro de Deportes Sabadell, en la época dorada de los arlequinados en Primera División, con Bernardino Pérez Elizarán, «Pasieguito», en el banquillo.

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CE Sabadell

Tal vez el fútbol español haya sido demasiado rácano con Marañón ( San Román de la Lanilla, Cantabria, 1938 ). No pudo triunfar en los equipos grandes donde militó – Atlético de Madrid y Barcelona -, aunque sí lo hizo en el modesto C.D. Sabadell, y tampoco llegó nunca a paladear las mieles de la internacionalidad. Se trataba de un centrocampista muy completo, de envergadura, recorrido y buena condición física y técnica, capaz de erigirse en el dueño de la zona ancha, y presentarse con peligro en el área rival. Tras forjarse en varios equipos de su tierra, el San Justo y el Florida, el Atlético se le llevó para el Metropolitano en edad todavía juvenil, haciéndole debutar en Primera División. Fue en los comienzos de la temporada 56-57, concretamente en la quinta jornada, en un encuentro disputado en el campo de Mestalla frente al Valencia. Antonio Barrios era el técnico colchonero, y esta fue la primera alineación rojiblanca del joven jugador santanderino: Pazos; Marañón, Herrera, Verde; Buendía, Cobo; Miguel, Agustín, Rafa, Peiró y Collar. En aquella campaña volvería a alinearse en otro partido, también lejos de la capital, en «Torrero» y ante un Real Zaragoza en cuyo horizonte aun no se intuían «los Magníficos». También formó como defensa lateral derecho.

La siguiente temporada, la 57-58, la va a iniciar Marañón como titular, siempre como lateral derecho, gozando de la confianza del nuevo entrenador, el eslovaco Ferdinand Daucik, cuñado de Kubala, pero tras la séptima jornada comenzará a tener problemas con él, y ya se va a asomar en contadísimas ocasiones al primer equipo colchonero. Tal estado de cosas   le  obliga a buscarse la vida en otras latitudes, y de esa forma es cedido al Celta de Vigo, donde ni Pasarín ni su sustituto,  Luís MIró, confiarán en él. A continuación pasa al Levante, y más tarde ficha por el Murcia, ambos conjuntos militando en la Categoría de Plata del fútbol español, de donde le va a rescatar nada menos que el Barça junto a su compañero Foncho, aunque él se incorporará ya mediado el curso 60-61.

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FC Barcelona 1961 - 62

El técnico balcánico Ljubissa Brocic no contará con sus servicios, pero su sucesor Enrique Orizaola, le alinea en varias ocasiones , y más tarde   los nuevos técnicos barcelonistas Luís Miró – esta vez sí  -y Kubala, le darán algunas oportunidades, preferentemente en labores de marcaje a las figuras rivales, destacando en varios partidos por la manera tan estrecha y pegajosa de llevar a cabo su misión, concretamente en un encuentro de Liga frente al Real Madrid, donde le tocó en suerte cubrir a un Luís Del Sol entonces en su mejor momento, y también en un multitudinario amistoso ante el Inter de Milán, en el que secó literalmente a Luisito Suárez en la primera visita del gallego al Camp Nou tras dejar el Barça. Sin embargo estos buenos trabajos no van a ser credencial suficiente para otorgarle la tan necesaria continuidad en el equipo ( había nombres muy prestigiosos dentro de la plantilla azulgrana ), y para la campaña 62-63 tendrá que  marcharse en calidad de cedido a un recién ascendido, el Córdoba, aunque su rendimiento en la Ciudad de los Califas no pasará de discreto, minado su organismo por una enfermedad. Recuperado nuevamente por el Barça para una de sus  habituales giras americanas de la época ( que si bien arrebañaban con unas cuantas pesetas, muy necesarias para la maltrecha economía del club, dejaban al equipo hecho unos zorros de cara a la temporada siguiente ), el mítico César Rodríguez, nuevo inquilino del banquillo azulgrana, apenas va a utilizarle, pues el leonés le daría  la alternativa en su puesto al joven Montesinos, procedente del Amateur.

Marañón alcanzará únicamente a disputar un compromiso oficial en la temporada 63-64 ( un difícil desplazamiento a San Mamés, saldado con derrota ), y antes de concluir la campaña partirá cedido al Nástic de Tarragona junto con el veterano Rodri, a reunirse con el joven Quimet Rifé y reforzar a los de la imperial Tarraco de cara a un hipotético ascenso a Segunda División que finalmente no se materializó, tras librar tres eliminatorias de promoción y dos partidos de desempate. De allí pasaría al Sabadell – con una estancia entre medias  en el Levante, en los últimos compases de la Liga 64-65, de cara a conseguir una permanencia que al final fue imposible, y durante toda la temporada 65-66 -, y puede decirse que, con veintiocho años cumplidos y cuando muchos ya le habían «enterrado» como futbolista, va a llegar su mejor momento profesional. Con los arlequinados se consolidará en la División de Honor como un centrocampista muy completo, y con la particularidad de jugar sin una ficha fija, cobrando en función  del número de partidos disputados, aunque su gran rendimiento le compensará con creces ( y más tarde completará sus ingresos  también con una cantidad mínima de salida ).

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CE Sabadell 1966 - 67

Diversos testimonios de la época nos presentan a Marañón como un futbolista atípico entre sus coetáneos, por su manera de pensar, de vestir o de comportarse. Para empezar, tardó mucho tiempo en abandonar la soltería, aunque al final lo hizo, ya rebasados los treinta. Tenía fama de «bon vivant», lo que se pone de manifiesto en una entrevista-reportaje insólitamente larga – cuatro páginas – que le dedica la «Revista Barcelonista» ( RB) en su número 259, correspondiente al 17 de marzo de 1970, titulada «Una leyenda negra que se viste de blanco». En el texto (que rebasa con mucho la extensión   acostumbrada para glosar a los jugadores azulgranas en activo ), se rememora toda  su trayectoria deportiva, y se tocan algunas cuestiones referentes a su personalidad que podían resultar polémicas. El futbolista no niega en ningún momento que le gusta salir, alternar y divertirse, pero asegura también que se cuida como el que más, por ejemplo, no durmiendo nunca menos de 10 horas diarias, porque de lo contrario no podría rendir a su edad – 32 años – al gran nivel que lo estaba haciendo.

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El reportaje gráfico, por otra parte, nos muestra a un Marañón de lo más «in» ( cómo se decía entonces ), luciendo unas frondosas patillas y una tupida cabellera, vistiendo elegantemente de «sport», a la última moda, fumando y bebiendo whisky, aunque en  dosis moderadas. Además, por esta misma época, el futbolista conducía un modelo de automóvil muy en boga en aquel momento, un «Mini», con un aire muy londinense y «Pop». Con nuestra actual perspectiva, todo esto puedo parecernos hoy de lo más normal, pero entonces rompía moldes y llamaba poderosamente la atención.

Marañón cubrirá con nota toda la «Edad de Oro» del conjunto vallesano, que en la temporada 68-69 se clasifica en cuarta posición, tras Real Madrid, Unión Deportiva Las Palmas y Barça, llegando incluso a jugar competición europea al año siguiente – la Copa de Ferias – , aunque cayendo eliminado a las primeras de cambio ante el Brujas belga. De su periplo sabadellense reseñaremos un par de cuestiones. La más frívola y anecdótica, que fue uno de los primeros futbolistas españoles que se dejaron crecer la barba, y la más triste, el hecho de que en una jugada fortuita va a lesionar muy seriamente a un joven y prometedor interior izquierdo del Athletic de Bilbao llamado Javier Clemente.

Era el domingo 23 de noviembre de 1969, y en partido correspondiente a la undécima jornada del Campeonato Nacional de Liga de Primera División se enfrentaban en la «Nova Creu Alta» Sabadell y Athletic de Bilbao. Ganaban los «leones» por 1 a 2 – ese sería el resultado definitivo – cuando a sólo cinco minutos del final del encuentro Marañón va a efectuar una entrada muy dura sobre Clemente, a consecuencia de la cual el fino interior rojiblanco tuvo que abandonar el terreno de juego. El resultado del lance se saldó con una grave lesión: fractura de la tibia y el peroné y los ligamentos del tobillo. Aunque, en honor a la verdad, es preciso añadir que Clemente volvió a reaparecer algunos meses más tarde, en la jornada número 23, el 1 de marzo de 1970, en San Mamés y ante el Pontevedra, disputando 62 minutos antes de ser sustituido, y alineándose con posterioridad en todos los encuentros que restaban hasta la finalización del campeonato, y en la mayoría de ellos completando los 90 minutos reglamentarios. Entre esa y la siguiente campaña, la 70-71, disputaría aun una veintena de partidos, pero acabó resintiéndose y pasando varias veces más por el quirófano – hasta un total de cinco ocasiones –  y abandonando finalmente la práctica del fútbol con sólo 25 años de edad. Sin embargo el de Baracaldo no le guardó nunca rencor a Marañón, alegando que lo que realmente le retiró había sido   alguna de las intervenciones a las que fue sometido. Preguntado, una vez más, sobre el percance, estas fueron sus palabras textuales: «¿ Rencor hacia Marañón ?, ¿ yo ?…¡Ninguno !  Es cierto que la acción fue innecesaria. La lesión no fue nada, la cuarta o quinta operación fue donde me destrozaron la pierna» Y en otra oportunidad declararía: «No le culpo de nada. Fue una entrada muy dura, pero como esas hay muchas. El partido había sido muy tenso, y estábamos todos un poco picados»

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CE Sabadell 1969 - 70

Marañón abandonó el Sabadell al descender este de categoría, en 1972, pero no dejó el fútbol aun. Durante la temporada 72-73 militó en el R.C.D. Mallorca, en Segunda División, aunque sólo  llegó a jugar cinco encuentros. Al finalizar dicha campaña, ya con 35 años cumplidos,  colgaría las botas definitivamente, dedicándose a sus negocios particulares, aunque de algún modo continuó vinculado al deporte, gracias a la práctica del golf, algo que – curiosamente – tiene en común con su presunta «víctima» Javier Clemente, y en lo que también le imitó su hijo Paco, del que llegó a hacer las veces de «manager». Supimos de él hace algún tiempo, cuando se le rindió un pequeño y merecidísimo homenaje – efectuó el saque de honor en un partido disputado en la «Nova Creu Alta» -con motivo del Centenario del Sabadell, sin lugar a dudas el club de su vida, y donde los viejos aficionados aun siguen acordándose de su manera de jugar. En total disputó 184 partidos en Primera División, consiguiendo 17 goles.




Martí Filosía: un futbolista polémico

Por el Barça han pasado centenares, tal vez miles, de futbolistas, y decenas de cracks. Los ha habido indiscutibles, y, por el contrario, otros muy discutidos, pero entre estos últimos llama la atención un singular delantero que se alineó de azul y grana a caballo entre las décadas de 1960 y 70, provocando un auténtico cisma en las gradas  del Camp Nou debido a sus muy peculiares características. Se llamaba – se llama, afortunadamente – Narcís Martí Filosía -, y allá por los años 1969, 70 o 71, y en cuanto era anunciada su alineación por los altavoces del Estadio, su sola presencia en el campo encendía las más vivas discusiones entre los socios y seguidores culés, convirtiéndose en una especie de  fenómeno ciudadano que hacía correr ríos de tinta.

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Narcís Martí Filosía había nacido en Palafrugell, localidad gerundense perteneciente a la comarca del Bajo Ampurdán ( Baix Empordá ) el 15 de Septiembre de 1945, pocos días después del final oficial de la Segunda Guerra Mundial. Hijo de Julio Martí,  dueño de una pequeña tienda de antigüedades, y de Pilar Filosía, comenzó a pegarle al balón como tantos otros chicos, en el patio del colegio, con los compañeros de clase, y como no lo hacía  del todo mal, acabó jugando en el juvenil del Palafrugell, e incluso llegó a disputar algún que otro partido en el equipo de Primera Regional de su pueblo natal. Su corpulencia y aventajada estatura – 1,86, en una época en la que la mayoría de los jugadores españoles, guardametas incluidos, superaban escasamente el metro setenta – y su indudable calidad como futbolista llamaron la atención de los técnicos barcelonistas, que al finalizar la edad juvenil, una vez concluida la temporada 1963-64 y tras proclamarse Campeón de España de dicha categoría con la Selección regional de Cataluña, lo enrolaron en el filial azulgrana, el CD.Condal, que a la sazón militaba en la Tercera División. En las filas condalistas, y jugando por el centro del ataque en compañía del malogrado Enric Felíu ( hermano de Nuria, la conocida cantante catalana ), ambos se hincharon a marcar goles y contribuyeron en gran medida al ascenso del Condal a la División de Plata del fútbol español. Martí Filosía no era un ariete clásico, a pesar de que su talla le permitía ser un gran rematador de cabeza, sino que tenía un concepto del juego que se adelantaba a su tiempo, pues además de poseer un potente disparo con ambas piernas, basculaba por una amplia parcela del campo – en realidad su auténtico puesto era el de interior en punta – , jugaba al primer toque y asistía a sus compañeros de buenos balones. Internacional español en las categorías inferiores, a los veinte años ya evidenciaba todas las cualidades que, para bien y para mal, dividirían más tarde a la parroquia culé: era muy técnico y cerebral, pero se le achacaban igualmente lentitud y frialdad.

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DEL CONDAL AL BARÇA

Jugando ahora en el Grupo Norte de la Segunda División, despachó una muy notable campaña 1965-66 ( 28 partidos y 16 goles ), al lado de compañeros con los que pronto se reencontraría en el primer equipo del Barça: Mora, Rodés, Borrás, Más, y, sobre todo, Carles Rexach y Lluís Pujol. Estos dos últimos ya habían debutado en las filas barcelonistas durante el torneo de Copa de 1965, y el resto – a excepción del muy prometedor guardameta Pere Valentí Mora – no tardarían en hacerlo.

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Era entonces entrenador del Barça el argentino y ex-madridista Roque Olsen, un técnico duro, escasamente popular entre la prensa  y amante de la disciplina rígida, quien  le va a proporcionar al delantero gerundense la oportunidad de hacer su presentación con el titular blaugrana el 16 de octubre de 1966, nada menos que en un partido de la máxima rivalidad disputado en el campo de la Carretera de Sarriá, contra el RCD. Español, que aquella temporada 1966-67, a las órdenes del húngaro Janos Kalmar, iba a alcanzar su mejor posición en la Liga – un tercer puesto – gracias a una delantera mítica en la que se juntaban Amas, Marcial, Re, Rodilla y José María, los conocidos como «los Cinco Delfines». Martí Filosía saltó al terreno de juego con el dorsal número 10 a la espalda, y con los siguientes compañeros: Sadurní, Foncho, Olivella, Eladio, Torres, Gallego, Zaballa, Muller, Zaldúa y Pujol. Se impusieron los periquitos por 2 goles a 0, marcados ambos en la primera parte, el primero por Rodilla a los 9 minutos de juego, y el segundo por el ex.barcelonista Re a los 42.

Aquella temporada, que para los colores blaugrana no fue excesivamente feliz ( obviando el hecho de que en sus albores conquistaron la Copa de Ferias ante el Real Zaragoza, en una final aplazada del curso anterior a causa de la celebración del Campeonato Mundial de Fútbol en Inglaterra ), tan sólo se alinearía en partido oficial en otra ocasión, unos pocos días después y precisamente en un encuentro del torneo ferial, frente al Dundee United escocés en el Camp Nou, y en el que los británicos vencerían por 0 a 2, decantando la eliminatoria definitivamente en su campo una semana después. Actuó, eso sí,  en numerosos amistosos, al igual que lo haría el curso siguiente, 1967-68. La titularidad en el eje de la delantera de jugadores como Zaldúa y el recién fichado del Atlético de Madrid Jorge Mendonça, así como la presencia del también canterano Lluís Vidal, le cerraron el paso a cal y canto, y de ese modo – después de especularse con una cesión a Osasuna, entonces en  Segunda, como compensación por el fichaje de Zabalza  – tuvo que pasar por la relativa humillación de regresar al Condal, en Tercera División, donde jugaría los últimos partidos del campeonato regular, reforzando al filial barcelonista en sus aspiraciones de ascenso, junto a otro «degradado» de la primera plantilla, el andaluz Jiménez ( que poco más tarde iniciaría una dilatada y  brillante trayectoria en las filas del Celta de Vigo ). El Condal se clasificó como campeón del grupo catalán de Tercera, y se jugaría el ascenso frente al CD. Orense, que aquella temporada había sido la gran sensación del fútbol español, al concluir  victorioso en todos y cada uno de los 30 partidos que había disputado. Pero para cuando midieron sus armas catalanes y gallegos  – ninguno de los cuales, al final, lograría alcanzar la ansiada División de Plata -, Martí Filosía había vuelto a ser llamado al primer equipo.

Va a jugar la primera eliminatoria de la entonces denominada «Copa de S.E. El Generalísimo», ante el Sporting de Gijón ( entonces oficialmente «Real Gijón» ). Artigas contará con él para el partido de ida, disputado en el Camp Nou, donde el Barça dejará ya resuelta la eliminatoria al vencer por 5 a 0, marcando el gerundense uno de los tantos. Se alineará también en la vuelta, en El Molinón, aunque los asturianos vencerán sorprendentemente por 2-0, en un mal partido de los azulgranas. Y ahí se va a acabar su periplo oficial en lo concerniente a la campaña 67-68, pero habiendo  colaborado a que el Barça se proclamase Campeón de Copa en la famosa «Final de las botellas», tras derrotar en el Santiago Bernabéu al Real Madrid por 1  a 0, gol anotado en propia puerta por el defensa blanco Zunzunegui, en un partido marcado por el masivo lanzamiento de envases de vidrio al terreno de juego por parte de numerosos aficionados madridistas, descontentos con el arbitraje del colegiado balear, señor Rigo.

El curso 68-69, por lo tanto, no se presentaba con muy buenos augurios. Martí apenas si participa en los encuentros importantes de pretemporada, pero sorprendentemente va a ser alineado con el nueve a la espalda en el estreno liguero, en el propio Camp Nou y contra la Real Sociedad. El habitual titular en el eje del ataque, Mandonça, no va a poder estar presente por motivos de índole personal, y Artigas colocará en su lugar al de Palafrugell, que había despachado un buen encuentro con los suplentes barcelonistas en el Trofeo Concepción Arenal, en El Ferrol, derrotando al Real Zaragoza por 2 a 0. Pero el Barça va a estrellarse contra la muralla txuriurdin, y al final del choque campeará en el marcador un decepcionante 0 a 0, con una nota bastante negativa para todos los delanteros azulgranas.

La consecuencia directa es que Martí Filosía no volverá a asomarse por el once titular, limitándose a tomar parte en encuentros amistosos a través de la geografía catalana, los clásicos partidos de festa major. Ni siquiera la baja de Mendonça, justo al iniciarse el segundo tercio del campeonato – a causa de problemas físicos y tal vez de consideraciones de otra naturaleza – variará esta situación de ostracismo. Puesto en dicha tesitura, Martí Filosía hará unas declaraciones a la prensa quejándose amargamente de su situación, y el club le va a llamar de inmediato al orden. Transcurren los meses, y el de Palafrugell continúa fuera del equipo, un equipo que transita por la Liga con más pena que gloria, sin poder seguir la estela de un intratable Real Madrid ( que hasta la penúltima jornada no perderá su primer encuentro, en Altabix, frente al Elche), e incapaz incluso de asegurarse la segunda posición, que será finalmente para la magnífica Unión Deportiva Las Palmas de los Tonono, Castellano, Guedes, Germán, Martín Marrero y compañía.

UNA EFÍMERA TITULARIDAD

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Sin embargo las cosas van a empezar a cambiar para Martí Filosía, y en un sentido positivo, a partir de marzo de 1969. Tras un triste empate en el Camp Nou ante el Elche, exhibiendo un deplorable nivel de juego, Salvador Artigas se llevará a toda la plantilla concentrada a S´Agaró, en la Costa Brava, para relajarse y oxigenarse durante unos días con vistas al tramo final de la temporada, de la que aun restaba por disputarse el torneo de Copa y las semifinales de la Recopa ( para las que el Barça se había clasificado a duras penas, tras tocar fondo en una pésima eliminatoria ante el modestísimo conjunto noruego del Lyn de Oslo, en la que estuvo a punto de ser apeado a pesar de jugar ambos encuentros por razones climatológicas en la Ciudad Condal). La medida pareció surtir efecto, y el Barça venció al domingo siguiente por 0 a 3 al Málaga en La Rosaleda, con Martí actuando como ariete.

Y como quiera que el gerundense había mostrado una buena  cara en la Costa del Sol, Artigas va a seguir confiando en él, alineándole en una serie de partidos consecutivos. En el primero de ellos, contra el Real Madrid en el coliseo blaugrana, a punto está el Barça de lograr la proeza de ser el primero en quebrar la imbatibilidad del líder Real Madrid  – gracias a un precioso gol de chilena conseguido por Zaldúa – , pero un absurdo penalti cometido por Gallego a escasos minutos de la finalización del choque, al blocar – literalmente – un balón con ambas manos dentro del área, dio oportunidad a los blancos de empatar el choque y seguir con su racha triunfal.

Y hablando de triunfos…Dos semanas más tarde, nuevamente en el Camp Nou y con el Deportivo de La Coruña como adversario, Martí Filosía va a cuajar por fin una gran actuación, marcando dos goles y colaborando activamente en un tercero (la pelota rebotó en un defensor gallego, y entró en la portería visitante ). El influyente semanario deportivo «RB» ( Revista Barcelonista ) le va a dedicar íntegramente su portada, bajo el título «Martí Filosía, un ariete que despierta ilusiones» . Ese buen momento de juego se prolongará en la competición europea, donde el Barça va a eliminar brillantemente al Colonia alemán ( donde militaba el fenomenal centrocampista Overath ), empatando a 2 en la ciudad renana, y venciendo por 4 a 1 en Barcelona, en inspiradísima noche de Fusté, autor de un hat-trick, después de que el propio Martí abriese el marcador con un soberbio y espectacular cabezazo batiendo al meta germano.

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El otoño anterior el Barça se había hecho con los servicios de Miguel Ángel Bustillo, prometedor delantero centro del Real Zaragoza que ya había debutado con éxito en la Selección Española, y va a ser este quien ocupe dicha demarcación en el torneo copero, en detrimento de Martí Filosía, aunque en la final de la Recopa – que el Barça iba a disputar en la localidad suiza de Basilea, frente al semidesconocido Slovan de Bratislava, entonces perteneciente a Checoeslovaquia – no podía alinearse el aragonés, por haber jugado ya con el cuadro año competición europea aquella misma temporada, de modo que dicho encuentro podía significar para el espigado delantero de Palafrugell el auténtico espaldarazo a su carrera futbolística. Pero…

Unos días antes de salir para Suiza, el Barca va a celebrar un amistoso internacional en su estadio contra el Stoke City inglés, en cuyas filas militaba el legendario guardameta británico Gordon Banks, «el Chino». Se trataba de un partido con entrada gratuita para los socios culés, y muy mal situado en el calendario. Y en un lance del juego – que para más inri terminaron ganando los británicos por 2 a 3 – Martí Filosía  cae en mala postura y se lastima en una muñeca. Con ostensibles gestos de dolor tendrá que retirarse del césped y ser atendido en la enfermería, aplicándosele un vendaje en la zona lesionada. El diagnóstico, lógicamente, le va a impedir disputar la final, que contra todo pronóstico terminarán perdiendo los azulgranas por 2 a 3, en un encuentro caracterizado por una sucesión de errores de los pupilos de Artigas, tanto en defensa como en ataque. Con todo, el balance de Martí  en esta temporada no va a ser del todo negativo, pues había llegado a intervenir en 10 partidos oficiales, marcando 3 goles.

La llegada de Bustillo, sin lugar a dudas, venía a complicarle las cosas, pues se trataba de un fichaje caro ( 8 millones de pesetas de la época y el traspaso de dos futbolistas, Borrás y Oliveros ), con vitola de internacional,  y en un principio, parecía tener el puesto asegurado. El aragonés, en efecto, va a jugar casi toda la pretemporada, y saltará al campo en el primer partido de la liga 69-70, nada menos que en el Santiago Bernabéu frente al Real Madrid. A los 5 minutos de juego ya ganaba el Barça por 0 a 2, con dos oportunísimos goles del mañico. Luego el Real Madrid igualaría el resultado, y hasta llegaría a ponerse por delante ( el marcador final fue un espectacular empate a tres ), pero en la segunda parte Bustillo sufriría una durísima entrada  del central madridista De Felipe y caería lesionado de suma gravedad, con rotura de ligamentos en su rodilla izquierda, de modo que, recién comenzada, podía decirse que la temporada había acabado ya para él.

Esta eventualidad va a abrirle una puerta a la esperanza a Martí Filosía, con quien Artigas contará para los próximos compromisos: frente al débil Odense danés en Copa de Ferias ( 4-0 en el Camp Nou, con dos dianas de nuestro hombre ) y el Deportivo de La Coruña en Liga, partido que los azulgranas vencieron por la mínima, con un gol de Gallego, pero en el que la actuación de Martí fue muy discutida por parte del público, iniciándose así un desencuentro que se prolongaría durante años, siendo la comidilla del barcelonismo.

La primera vuelta del Barça va a ser calamitosa. Privado de su estilete en ataque ( Bustillo ), y a pesar del refuerzo de Marcial, tal vez el futbolista más talentoso de su generación, recién fichado del Español, la mala situación deportiva va a costarle el puesto no sólo al entrenador azulgrana, Salvador Artigas, sino también al mismísimo Consejo Directivo, con el presidente Narcís de Carreras a la cabeza. Convocadas elecciones, el empresario textil Agustí Montal i Costa, hijo del mandatario de la época de las Bodas de Oro y las «Cinco Copas», Agustí Montal i Galobart, va a imponerse por un escaso margen – votaban solamente un reducidísimo número de socios compromisarios – al financiero y hombre de negocios Pere Baret. La primera decisión del flamante  presidente va a ser contratar a un nuevo entrenador, para sustituir al interino Josep Seguer.

LA LLEGADA DE MR. BUCKINGHAM

La elección recayó en el inglés Vic Buckingham, y este hecho va a dar un giro de 180 grados a la situación deportiva de Martí Filosía, ya que el técnico entrante va a confiar ciegamente en el futbolista de Palafrugell, que se convertirá en un fijo de sus alineaciones. El Barça reacciona tímidamente a lo largo de la segunda vuelta – en la que únicamente pierde dos partidos – y remonta puestos, hasta terminar clasificándose en cuarta posición. Martí Filosía actuará en un total de 11 partidos, anotando 4 goles, y en el subsiguiente torneo copero saltará al campo en 5 ocasiones, con el balance de un gol marcado al eterno rival barcelonés, el RCD. Español.

Pero su presencia en el equipo titular del Barça no sólo no va a estar exenta de polémica, sino que va a ocasionar un auténtico cisma entre  quienes acudían habitualmente al Camp Nou, Sus detractores le van a reprochar a Sisu – como era conocido cariñosamente, se supone que entre sus partidarios – su frialdad, sus andares cansinos, su escaso espíritu de lucha, en contraposición a las maneras que, por poner un ejemplo,  exhibía otro delantero, el navarro Zaldúa, todo entrega y pundonor aunque técnicamente no fuera un dechado de virtudes. Pero ellos celebraban esa combatividad, ese sudar la camiseta, tanto como deploraban que Martí Filosía no corriese detrás de balones imposibles de alcanzar, ni se mesase los cabellos cuando fallaba un pase o un remate. Un Martí que, aparte de su estupenda planta de futbolista, lucía una abundante cabellera de ensortijados rizos. y podía haber pasado perfectamente por un cantante Pop de moda o una estrella de cine. De hecho en la  «Revista Barcelonista», semanario que defendía firmemente su forma de jugar y su alineación, acabarían sacándole cierto parecido con un actor italoamericano llamado Tony Musante, protagonista de una película de 1970 titulada «Anónimo veneciano» y bastante popular en su momento, cuyas escenas eróticas – algo subidillas de tono para los mojigatos estándares de la época .- fueron muy comentadas.

Era evidente, no obstante,  que Martí Filosía contaba con la plena confianza del mister inglés, que le va a alinear en casi todos los partidos, incluidas las eliminatorias de Copa frente al Español ( al que marcó un gol en el Camp Nou ) y el Celta de Vigo. Y cuando el sorteo deparó un atractivo Real Madrid – Barça en cuartos, el técnico británico le incluye también en el once de salida en el Bernabéu, junto a un recuperado Bustillo, pero el pésimo rendimiento del equipo en el coliseo blanco ( cae derrotado por 2 a cero, siendo el guardameta Reina, que evitó la goleada, el jugador más destacado ), hace que se caiga de la formación para el encuentro de vuelta, el histórico partido en el que el árbitro guipuzcoana José Emilio Guruceta Muro encendió el Camp Nou con una de las decisiones más polémicas de toda la historia del fútbol español. señalar como penalti una falta cometida por Quimet Rifé sobre el madridista Velázquez, producida fuera del área. El partido tuvo que suspenderse finalmente, debido al lanzamiento masivo de almohadillas y a la invasión del terreno de juego por parte de miles de indignados seguidores barceloneses, y va a traer mucha cola. El balance de la campaña recién finalizada mostrará también una franca mejoría en los números de Martí: 20 partidos disputados, y 7 tantos en su haber.

Terminada abruptamente  la temporada para el  Barça – el partido acabó con empato a uno, minutos antes de concluir el tiempo reglamentario -, el club va a realizar de cara al curso siguiente  un par de costosos fichajes que podían afectar directamente al status de Martí Filosía. Se trataba del delantero centro del Rayo Vallecano, Teófilo Dueñas, y del interior izquierda del Elche Juan Manuel Asensi. Dueñas procedía de la Segunda División, y a sus 24 años era aun una promesa, mientras que Asensi, que contaba con tan sólo 20, ya era una esplendorosa realidad, pues había debutado incluso con la Selección Española. Sin embargo el de Palafrugell va a tener la «suerte» de que ambos jugadores se lesionen de consideración y no puedan comenzar la competición, mientras que él va a seguir gozando de la plena confianza de Mister Buckingham. De modo que inicia la Liga como titular, desde su arranque en San Mamés, con un buen resultado, empate a uno en la Catedral. Al técnico inglés le agrada sobremanera su concepto del fútbol, aunque una buena parte de los aficionados barcelonesas le detestan, y pitan su nombre nada más que es anunciado por la megafonía del Estadio.

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La 70-71, empero, va a ser  su gran temporada, a pesar de que  la polémica no le abandonaría en ningún momento, pues ese público que no le traga sigue en sus trece, como antes ocurrió con el mismísimo Luís Suárez, diez años atrás, y poco antes con Charly Rexach y por razones similares, pues el gerundense y el Noi de Pedralbes tenían no pocos puntos en común como futbolistas: ambos eran eminentemente técnicos, muy cerebrales y más bien fríos, poco amigos de involucrarse en escaramuzas, sobre todo cuando veían que no podían sacar rédito de ellas. Martí va a alinearse en  casi todos los partidos, marcará algunos goles de bella factura, y también fallará un  par de penaltis. En  Altabix, frente al Elche, su error no influirá en el resultado final – pues el Barça va a imponerse por 0 a 1 sobre una auténtica laguna -, pero volverá a marrar otro máximo castigo de nuevo ante el Valencia, desperdiciando una jugada que podría haber cambiado el signo de la Liga. Los ches vencían por 0 a 1 cuando el árbitro sancionó con la pena máxima una entrada de Aníbal Pérez al azulgrana Juan Carlos. La va a lanzar el de Palafrugell, no demasiado fuerte ni colocada, y Abelardo, el guardameta valencianista, rechazará el esférico. Se esfumaba así la posibilidad de empatar el partido, que los de Di Stefano decantarían aun más a su favor con un segundo tanto, ya en las postrimerías del encuentro. La decisión de que fuera Martí el lanzador del penalti no fue muy feliz, y si pretendía insuflarle confianza en aquellas circunstancias, consiguió el efecto contrario, por más que el carácter del espigado delantero tampoco fuese tan proclive a la desmoralización como el de otros compañeros suyos. Al final de la liga catalanes y valencianos llegarían empatados a 43 puntos, pero los levantinos conquistaron el título por mejor goal average particular, ya que en Mestalla el Barça únicamente logró un empate a uno, meritorio pero insuficiente. Curiosamente, en el verano de 1969 el Barça había ganado el trofeo «Mohamed V» en Casablanca ( Marruecos ), al imponerse en la tanda de penaltis al Bayern de Munich gracias a cuatro lanzamientos consecutivos de Sisu, batiendo al mítico Sepp Maier

Martí Filosía comenzó también el torneo copero como titular, marcando un gol en la triste eliminatoria frente al posteriormente potente Villarreal (1 a 0 en «El Madrigal», un campo entonces muy diferente del actual, y 2 a 0 en el Camp Nou). En el partido de ida de la siguiente ronda, en San Mamés y ante el Athletic de Bilbao, se lesionó, y ahí ya terminó la temporada para él, aunque no para el Barça, que finalmente se coronaría Campeón de Copa tras derrotar al Valencia por 4 a 3 en una vibrante final, llena de incidencias y alternativas. En el plano estrictamente personal, Sisu había despachado sin duda su mejor campaña como azulgrana hasta la fecha: 35 partidos oficiales, siempre como titular, y 8 goles. Pero a la par iba a producirse también un acontecimiento que tendría gran influencia sobre el futuro del delantero de Palafrugell, la marcha de su máximo valedor, Mr. Buckingham. El técnico inglés presentó su renuncia, oficialmente por estar aquejado de serias molestias dorsales, y Agustí Montal va a fichar para sustituirle al entrenador de moda en el continente, el holandés Marinus Michels, que acababa de llevar al Ajax de Amsterdam a su primera Copa de Europa. Un Ajax donde brillaba con luz propia un joven flaco y escurridizo llamado Johan Cruyff.

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A LAS ÓRDENES DE MICHELS

Michels llegó a Can Barça precedido de la fama de ser un técnico duro e inflexible, muy amante de la disciplina, y posiblemente con la consigna de meter en cintura a una plantilla que a sus ojos no mostraba el nivel de profesionalidad exigible. El caso es que de buenas a primeras va a prescindir del concurso de Martí Filosía, pues sus características no encajaban dentro del perfil de futbolista que buscaba el holandés, a quien, por ejemplo, le iban mucho más los jugadores batalladores y aguerridos del tipo de Josep María Pérez, un modesto extremo izquierda catalán procedente del Mallorca, de Segunda División, al que Michels dio de inmediato un puesto fijo en el once titular, y al que llegó a calificar de «fuerza de la naturaleza».

La campaña 71-72, pues, resultó nefasta para Martí Filosía, así como también para el Barça, que empezó muy mal la Liga, siendo también eliminado tempranamente de la Recopa por el entonces desconocido Steaua de Bucarest, un club rumano  que volvería a cruzarse en su camino quince años más tarde. Luego los azulgranas se mantendrían imbatidos durante muchas jornadas, protagonizando una espectacular remontada que les llevaría hasta las puertas del título liguero, aunque una sorprendente derrota en la penúltima jornada frente a un Córdoba ya descendido les dejó finalmente con un palmo de narices. Sisu, no obstante, participaría muy poco, al no ser santo de la devoción de un Rinus Michels al que sus drásticos métodos le habían valido el sobrenombre de «Mister Marmol». De modo que, cansado de no jugar, Marti Filosía tomó la decisión de dar un paso adelante, y le entregó personalmente al presidente  Montal una carta solicitando que se le concediese la baja, y de esa manera poder firmar por otro club, pero su requerimiento no fue atendido. Tan sólo había sido alineado en 11encuentros, y la mayoría de ellos saliendo desde el banquillo.

La marcha de Dueñas y Bustillo en el verano del 72 – a pesar de la llegada del ariete granadinista Barrios – le va a abrir de nuevo un portillo a la esperanza. Porque, sorprendentemente, el mismo Michels que le había marginado en su primer año como técnico barcelonista, le iba a otorgar ahora su confianza en numerosas oportunidades, haciéndole ocupar la posición de interior derecho, al lado del canario Barrios como delantero centro, un fichaje que fue desinflándose paulatinamente. Y por tercer año consecutivo el Barça va a acariciar con la punta de los dedos el tan ansiado título de Liga, que al final volvería a escapársele una vez más, en esta ocasión rumbo a las vitrinas del Atlético de Madrid. Tampoco la competición europea de turno – la Copa de la UEFA, en la que el Barça tomaba parte por vez primera – le fue favorable, al igual que la Copa, donde la afición tuvo que pasar por el bochornoso trance de ver caer eliminado a su equipo a pies de un Sevilla que militaba entonces en Segunda División. Martí, en lo personal, no podía quejarse, pues había disputado un total de 30 partidos -casi todos como titular-, con un balance de  6 goles marcados .

De cara a la temporada 1973-74 se va a introducir  una gran novedad en nuestro campeonato: por primera vez en once años, la Federación Española de Fútbol permitiría la inscripción de dos jugadores extranjeros por equipo, levantando así una veda que ya se prolongaba desde 1962, tras el fracaso – relativo, pues España resultó eliminada por quienes a la postre serían los dos finalistas, Brasil y Checoeslovaquia – de Chile. Pero, por desgracia para Martí Filosía,  los dos futbolistas elegidos por el Barça actuaban en su misma zona,  y eran ambos cracks de categoría mundial, el peruano Hugo «Cholo» Sotil y el holandés Johan Cruyff, sobre todo el segundo de ellos. Esto significó el principio del fin del de Palafrugell como jugador azulgrana, pues ya apenas va a volver a asomarse al once titular ( 8 partidos en dos años ). Su última aparición como azulgrana en un encuentro oficial tendrá lugar el 6 de abril de 1975, en Balaidos, con victoria del Celta por 1-0. Así formó el Barça en la despedida del controvertido Sisu: Sadurní; Rifé, Gallego, Migueli, Albaladejo; Costas, Juan Carlos, Martí Filosía; Heredia, Clares y Pérez. Su contrato ya no será renovado. y el club dará la baja.

DEL SANT ANDREU  A LA TIENDA DE ANTIGUEDADES

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Una vez fuera del Barça, a cuya disciplina había pertenecido durante más de una década ( no hubo, sin embargo, partido de homenaje, a diferencia de lo ocurrido con jugadores que habían permanecido en el club blaugrana durante similar período de tiempo ), Martí Filosía no va a abandonar la práctica activa del fútbol. Se enrolará en el Sant Andreu, equipo representativo de la barriada barcelonesa del mismo nombre, que militaba entonces en Segunda División. Allí va a actuar durante las temporadas 1975-76 y 1976-77, con un balance de 66 partidos de Liga y 13 goles, y será al finalizar esta última campaña, coincidiendo con el descenso de categoría del conjunto, cuatribarrado, cuando decida retirarse, aun sin haber cumplido los 32 años de edad. A partir de dicho momento se desvinculará por completo del mundo del fútbol, y volverá a su localidad natal, Palafrugell, a trabajar en el negocio de antigüedades familiar y a disfrutar de los suyos y de la vida, tras bastantes años de presión e incesantes viajes. A juzgar por sus escasas declaraciones, Martí Filosía va a disfrutar realmente trabajando con las manos, restaurando muebles y los más diversos objetos, hasta el momento de jubilarse también de dicha actividad. Ha recibido algunos discretos homenajes, en recuerdo a su dilatada trayectoria azulgrana, y ahí sigue, como uno de los futbolistas más atípicos que hayan vestido jamás de azul y grana, con su aventajada estatura y su tupida cabellera, ahora ya encanecida por el paso del tiempo, el hombre que un día, sin proponérselo en absoluto, dividió a la afición del majestuoso Camp Nou.




Flotats: un secante de los años 50

Los grandes equipos, los equipos míticos, esos conjuntos de leyenda que quedan indeleblemente fijados en la historia del fútbol y en la memoria colectiva, inmortalizados en imágenes que vencen al tiempo y alineaciones recitadas de carrerilla, precisan tanto de la aristocracia de los cracks geniales, capaces de resolver un partido en una sola jugada,  como del proletariado de los obreros del balón, absolutamente necesarios para el equilibrio y la amalgama de esfuerzos. Y en el gran Barça de los años 50 del pasado siglo, el que va desde las Cinco Copas conquistadas en 1952 bajo la égida del técnico eslovaco Ferdinand  Daucik hasta el glorioso bienio 58-60 a las órdenes de Helenio Herrera, el trabajo sucio, la labor sorda y callada de romper el ritmo del  adversario, la tarea de incordiar y anular a las estrellas rivales  y abastecer de balones a los artistas propios , tenían un nombre:  Isidre Flotats i Vilanova.

FC Barcelona 1952-1953.

FC Barcelona 1952-1953.

A mediados de dicha década, poco después de la llegada de Alfredo Di Stefano al fútbol español, se hizo famoso el marcaje realizado por un jugador de nombre Mangriñán sobre la «Saeta Rubia». Sucedió en el partido Real Madrid-Valencia del 12 de septiembre de 1954, correspondiente a la primera jornada de la liga 54-55, un encuentro que sorprendentemente ganarían los «chés» por 1 a 2 ( el Madrid era entonces el vigente campeón liguero ). El hecho dio lugar a que a partir de dicho momento se hablase de un «marcaje mangriñanesco» cada vez que un futbolista «secaba» a la figura contraria merced a un pegajoso control, anticipándose a sus acciones y obstaculizándolas todo lo posible Pero de Mangriñán – pasados aquellos 90 minutos de gloria en Chamartín – nunca más se supo, mientras que de nuestro hombre, Isidre Flotats, se seguiría hablando largo y tendido.

Había nacido Flotats  un 2 de junio de 1927 en la pequeña población barcelonesa de Pont de Vilumara, en la comarca del Bagés, no lejos de Manresa, una zona que le ha dado al Barça talentos como Estanislau Basora, Jordi Vila, Antoni Camps, Lluís Pujol  o el propio Pep Guardiola, sin ir más lejos. De pequeño formato – 1,61 metros y 60,5  kilos de peso – , pero fibroso y rapidísimo gracias a la práctica del atletismo en sus años juveniles, Flotats comenzó a labrarse una reputación en conjuntos catalanes de segundo orden tales como el Terrassa o el Badalona en los tramos finales de la década de los 40, para llegar a la Primera División justo en el ecuador del siglo, en 1950, fichando por el RCD. Español.

Flotats con la camiseta del Espanyol

Flotats con la camiseta del Espanyol

En su primer curso como periquito formó parte del equipo que el 15 de abril de 1951 derrotó estrepitosamente al Barça por 6 a 0, marcador que todavía a fecha de hoy continúa siendo la mayor goleada producida entre ambos equipos en torneos de ámbito nacional. Fue aquel un partido curioso, ya intrascendente para el Barça aunque no para los españolistas – se disputaba la jornada 29 y penúltima del campeonato – y en el que el entrenador azulgrana Ferdinand Daucik alineó a Calvet, habitual lateral, como delantero centro, e hizo también que sus pupilos empleasen la táctica del fuera de juego, planteamiento que a todas luces fracasó a tenor del contundente resultado.

En Sarriá estaban poniéndose entonces los cimientos de uno de sus conjuntos más recordados, aunque muy efímero, el denominado «Equipo del Oxígeno», que en el transcurso de la temporada 52-53, y a las órdenes del técnico argentino Alejandro Scopelli, lideraría la Liga sorprendentemente durante sus dos primeros tercios, insólita proeza en la que tal vez tuviera algo que ver el hecho de que los once periquitos de turno inhalasen  mediante caretas dosis de oxígeno  durante los descansos. Pero Flotats no llegaría a disputar  junto a los Domingo, Argilés, Parra, Arcas, Marcet, Mauri y compañía aquel reñido campeonato en el que finalmente se impondría el Barça, porque desde el verano de 1952 ya formaba parte integrante de la plantilla azulgrana.

Avalado por su buena trayectoria en el Español – aunque en su segunda y última temporada con los blanquiazules había jugado poco a causa de una importuna lesión, lo cual supuso que le dejaran marchar al «eterno rival» -, Samitier, entonces secretario técnico del Barça, apostó por él, y el pequeño centrocampista del Pont de Vilumara no le defraudaría, pues se va a hacer muy pronto con un puesto como titular en la medular blaugrana ( 24 partidos en su primera   Liga como culé ), reemplazando nada menos que al internacional y mundialista Mariá Gonzalvo, Gonzalvo III, un extraordinario jugador que, no obstante, comenzaba por aquel entonces su natural declive. Formando línea media con el joven Andreu Bosch, Flotats va a conseguir el doblete, Liga y Copa – segunda vez consecutiva que lo lograba el conjunto de Les Corts -, en una temporada 52-53 marcada por la dolencia tuberculosa de Kubala y su casi milagroso restablecimiento. El curso siguiente, el 53-54, también nuestro menudo y fibroso hombre sería un habitual de las alineaciones – 22 encuentros – , aunque el Barça no pudo reverdecer los laureles conquistados en las últimas campañas, puesto que en el torneo de la regularidad se estrelló contra el Real Madrid ( club que tras un confuso y nunca del todo bien aclarado  contencioso, se había hecho con los servicios de un tal Alfredo Di Stefano ), mientras que en la Copa el Valencia le pasó por encima en la final ( 3 a 0 ), el famoso partido en el que el guardameta «che» Quique se encaramó al larguero de una de las porterías del coliseo madridista – aun no bautizado como «Santiago Bernabéu» -, sentándose en él en señal de alegría tras la victoria de los levantinos, en un choque en el que el Barça no pudo contar con su gran estrella, Kubala, lesionado de gravedad en una rodilla en San Mames. Pero al menos en lo personal no todo iban a ser sinsabores para Flotats, ya que el 31 de mayo de 1954 va a  formar parte de la Selección Española «B» que derrotaría a su homóloga de Francia en Bayona por 0 a 2. Esta fue la alineación del combinado nacional: Busto; Martín, Parra, Segarra; Flotats, Mújica; Cruellas, Arza, Arieta, Marcet y Tejada. Marcaron los goles su compañero de equipo Justo Tejada y el bilbaíno Arieta, uno en cada tiempo.

A partir de la temporada 1954-55, y ya sin Ferdinand Daucik en el banquillo de Les Corts -sustituido por el italiano Sandro Puppo -, a Flotats le va a resultar más difícil entrar en el equipo regularmente, pero cuando lo hace – 17 presencias en Liga – , acostumbrará a  ser  con la misión de marcar férreamente al más peligroso de los adversarios, y de ese modo se le encarga la vigilancia de Di Stefano en los dos enfrentamientos ligueros.

Flotats marcando a Di Stéfano

Flotats marcando a Di Stéfano

Sin embargo, en el curso 55-56, con Platko como nuevo entrenador azulgrana, ya puede considerarse que ha perdido definitivamente la titularidad. La consolidación  de Sigfrid Gracia como lateral izquierdo titular, desplaza de dicha demarcación nada menos que a Segarra, y este pasa a ocupar un puesto en la medular, junto a Andreu Bosch, en detrimento de Flotats. No obstante Isidre continúa siendo un recurso muy válido para los partidos comprometidos, sobre todo en campo contrario. De sus siete actuaciones ligueras, seis lo serán lejos del feudo barcelonesa, y ocupando teóricas posiciones que le eran extrañas, como sucedió, sin ir más lejos, en el partido decisivo para dilucidar el título, en San Mames, frente al Athletic de Bilbao, en la vigesimoctava jornada, con triunfo de los leones por un gol a cero, marcado por Maguregui, resultado con el que los rojiblancos daban un paso de gigante en sus aspiraciones de conseguir el campeonato, algo que lograrían dos semanas más tarde. Estas fueron las alineaciones de ambos equipos en tan trascendental encuentro: por el Athletic, Carmelo; Orúe, Garay, Canito; Mauri, Maguregui; Arteche, Marcaida, Arieta, Uribe y Gainza, y por el Barça, Ramallets; Seguer, Biosca, Gracia; Bosch, Segarra; Mandi, Villaverde, Flotats, Kubala y Manchón.

De cara a la temporada 56-57 se produce un nuevo relevo en la dirección técnica del Barça. Domenec Balmanya sustituye a Platko, y el flamante entrenador llega con la idea de «deskubalizar» el equipo ( parafraseando lo que por aquellos días, a partir del XX Congreso del PCUS, estaba haciendo Nikita Kruschev en la URSS, esto es, «desestalinizar» el país, borrar la impronta del todopoderoso Camarada Stalin, muerto tres años atrás ). A nivel del Barça, ello se traduce en un intento de reducir la excesiva dependencia que el conjunto culé tenía con respecto a un Laszi Kubala ya muy castigado por las lesiones, entregando paulatinamente la manija del equipo a un joven y talentoso jugador gallego llamado Luís Suárez, al cual iban a acompañar algunas de las nuevas perlas de la cantera barcelonista y catalana, los Olivella, Rodri, Gensana, Vergés, Ribelles  o Coll. En estos nuevos planes no va a tener sitio un Flotats que ya se acercaba a la treintena y que tan sólo se va a asomar al once titular en un par de ocasiones, una en Liga y otra en Copa, aunque esta última significativamente tendrá lugar en el Santiago Bernabeu, frente al Real Madrid y ante su viejo «amigo» Alfredo Di Stefano. De modo que puede decirse que, aun mínimamente, nuestro hombre también colaboró en el brillante triunfo barcelonista en la entonces oficialmente denominada «Copa de Su Excelencia el Generalísimo», que se adjudicarían los azulgranas al batir en la final – la única final barcelonesa de la historia, hasta ahora – al RCD. Español por 1 a 0, tanto marcado por el delantero valenciano Sampedro en los estertores de un partido disputado en el destartalado Estadio de Montjuïc.

En la campaña 57-58, con el Camp Nou recién estrenado – Flotats tomó parte en el encuentro inaugural, frente a la Selección de Varsovia, saliendo en la segunda parte y quedándose con el balón a la finalización del mismo -, Balmanya tan sólo confía en él en cinco compromisos oficiales, tres de Liga ( uno en el «Bernabéu», donde se alinea con el número 7 a la espalda ) y los otros dos contra la Selección de Birmingham en la Copa de Ferias. Pero el menudo futbolista, lejos de desmoralizarse, no descuida en absoluto su puesta a punto, para tratar de rendir a la perfección en las contadas ocasiones en las que el «Mister» le otorga su confianza. Antes de que finalice aquella temporada Helenio Herrera reemplaza a Balmanya en el banquillo, pero no puede decirse que con el nuevo preparador vaya a variar  sustancialmente la situación de Flotats, convertido en suplente de lujo, especializado en solventar de tarde en tarde papeletas peliagudas. Por ejemplo, forma en el equipo que, el 26 de octubre de 1958, vapulea al Real Madrid, entonces vigente campeón de Liga y de la Copa de Europa, por 4 a 0 en el Camp Nou, con tres tantos del brasileño Evaristo y otro de Tejada ( dos jugadores que, curiosamente, pasarían al conjunto merengue algunos años más tarde ). Tal vez por la fuerza de la costumbre, algún periodista escribió en su crónica que el de Pont de Vilumara le había hecho un excelente marcaje a Di Stefano, cuando la verdad es que quien se ocupó de vigilar aquella tarde a «la Saeta Rubia» fue su compañero Sigfrid Gracia, que por supuesto despachó un magnífico encuentro, secando a Alfredo como si del mismísimo Flotats se tratase.

Barça 4 – Madrid 0

Barça 4 – Madrid 0

Participaría como titular en otros seis encuentros ligueros, entre ellos el del Metropolitano, donde el Barça se proclamó campeón matemáticamente, y el siguiente en el Camp Nou, frente al Real Oviedo, recibiendo el homenaje de la afición culé en aquella campaña triunfal en la que los azulgranas pulverizaron todos los récords (de victorias, de puntos y de goles marcados )

La siguiente temporada, 1959-60, iba a ser la última de Flotats como barcelonista.

Español – Barça 1959-1960

Español – Barça 1959-1960

Interviene poco, como de costumbre ( tan sólo tres encuentros de Liga, pero uno de ellos trascendental, en Sarriá frente al Español, y también en los dos de las semifinales de la Copa de Europa ante el Real Madrid, con triunfo de los merengues en ambos ). Podemos decir, pues,  que se despide en su linea habitual, y ya a punto de cumplir los 33: dando siempre la cara en los envites más comprometidos, como el magnífico jugador de club que fue. Va a poner el punto final a su carrera como futbolista en activo en la siguiente temporada, la 1960-61, reforzando las filas del recién ascendido RCD. Mallorca. Detrás quedarán 127 partidos disputados en Primera División, con 3 goles anotados, y 149 apariciones oficiales en total con la camiseta del Barça, cifras que hoy tal vez puedan parecernos algo parcas, pero que habida cuenta de la enorme competencia que tuvo que afrontar entonces , se nos antojan muy meritorias. Reintegrado a la disciplina del Barça, dirigiría durante años al equipo de Aficionados, para dedicarse con posterioridad a sus negocios inmobiliarios. Hoy es uno de los decanos de los veteranos blaugranas, junto a nombres tan destacados como los de Ramallets, Seguer o Biosca.




Peter Ilku: un futbolista sin suerte

La insurrección popular de Hungría en el otoño de 1956, y su ulterior represión a sangre y fuego por las tropas soviéticas, tuvo una nada desdeñable influencia sobre el fútbol español de los últimos años de la década de los 50, ya que una serie de destacados jugadores magiares buscaron refugio y acomodo en nuestro país y sus competiciones, aunque la Federación Húngara denunció sus casos a las instancias deportivas internacionales, y el que más y el que menos vio su carrera interrumpida durante cierto tiempo. El Real Madrid y el Fútbol Club Barcelona ( entonces denominado oficialmente «Club de Fútbol Barcelona» ) se llevaron la parte del león de este éxodo, fichando a auténticos cracks, miembros del equipo que había asombrado a Europa y a punto había estado de proclamarse Campeón del Mundo en el torneo celebrado en Suiza el año 1954, doblando únicamente la rodilla en la final de Berna frente al combinado de la República Federal Alemana ( RFA ). Ferenc Puskas, Sandor Kocsis y Zoltan Czibor, grandes estrellas del Honved de Budapest y la Selección magiar, reforzaron a merengues y blaugranas, pero con ellos vinieron  a los terrenos de juego españoles más futbolistas: Szalay, Kaszas, Kuszman, Szolnok, Csabai, Csoka, Beke, y también el que hoy nos ocupa, Peter, cuyo nombre completo era Peter Ilku Kampfl.

Peter con la camiseta del Atlético de Madrid. Todo parecía sonreírle entonces...

Peter con la camiseta del Atlético de Madrid. Todo parecía sonreírle entonces...

Peter, hijo de Istvan Ilku y de Cristina Kampfl, y segundo de tres hermanos – el mayor de los cuales, Istvan, llegó a actuar como portero en la selección húngara en el Mundial celebrado en Suecia en 1958 -, había nacido el 22 de febrero de 1936 en la localidad húngara de Dorog, una pequeña ciudad al norte del país, cercana a Esztergom, residencia de los reyes de Hungría durante parte del siglo XI. Dorog se convirtió en un importante centro minero hacia 1900, unido a Budapest por un ferrocarril y un canal, y su población estaba compuesta mayoritariamente por colonos de origen alemán, que serían expulsados de allí tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Otros dos legendarios jugadores magiares, Gyula Grosics y Jeno Buzanszky, miembros del gran equipo de los años 50, eran también originarios de Dorog, en cuyo equipo representativo, el Dorogi-Banyasz,  se integrará Peter a temprana edad, tras pasar por todas sus categorías inferiores, debutando en la Primera División  del fútbol magiar con tan sólo 16 años, debido a su recia constitución física y buena planta, y destacando en las posiciones de medio de ataque y delantero centro, hasta el extremo de capitanear la selección juvenil húngara, y llegar a debutar incluso en la absoluta, con la que intervino en tres encuentros.

La dura e incierta situación política de su país le animó a abandonarlo, buscándose la vida en lugares más apacibles, y de ese modo se refugia primero en Viena, la capital austríaca, donde establece contacto con el Atlético de Madrid, uno de los principales clubes españoles en aquel momento. En compañía de su colega y compatriota Josef Csoka, los dos  futbolistas consiguieron llegar a España a principios de 1957, y ambos suscribirían  contrato con el Atlético  ( compromiso que, en el caso de Peter, le ligaba con el club colchonero hasta 1960 ). Por aquellos días, los del Metropolitano se hacían también con los servicios de un prestigioso técnico centroeuropeo, el eslovaco Ferdinand Daucik, cuñado de la gran estrella azulgrana Kubala y que había triunfado en toda la línea dirigiendo al Barça y al Athletic de Bilbao ( 3 Ligas y  5 Copas entre los años 1950 y 57).

El Atleti de Daucik contaba con una  gran plantilla, en la que destacaban el guardameta Pazos, el defensa central Heriberto Herrera y los delanteros Miguel, Agustín, Escudero, Peiró y Enrique Collar, todos ellos internacionales por España. Tal vez lo más flojo del equipo fuera el centro del campo, y ahí es donde Daucik, con su excelente olfato para descubrir nuevos talentos y situarlos en la demarcación más adecuada a sus facultades y condiciones  ( ya lo había hecho en Barcelona y Bilbao con jugadores como Bosch, Gracia, Tejada, Mauri o Maguregui ), se sacó de la manga una magnífica linea media con muy pocos años de edad, compuesta por el malagueño – natural de Antequera y con 18  recién cumplidos – Antonio González «Chuzo» y el magiar Peter.

El futbolista húngaro en su primera - y única - temporada triunfal con el Atlético de Madrid. Forman el equipo: Pazos, Rusiñol, Herrera, Peter, Cobo, Verde, San Román ( portero suplente ), Peiró, Rafa, Agustín, Chuzo y Garabal

El futbolista húngaro en su primera - y única - temporada triunfal con el Atlético de Madrid. Forman el equipo: Pazos, Rusiñol, Herrera, Peter, Cobo, Verde, San Román ( portero suplente ), Peiró, Rafa, Agustín, Chuzo y Garabal

En la medular rojiblanca Peter va a dar un excelente rendimiento, alineándose en 21 partidos durante  la temporada 57-58, y ayudando con sus 6 tantos a que los madrileños se proclamasen subcampeones de Liga ( tras el Real Madrid ), lo que les daba derecho a disputar la siguiente edición de la Copa de Europa, puesto que los blancos habían conquistado también el torneo continental, al derrotar en el Estadio Heysel de Bruselas al Milan por 3 goles a 2. Se trataba de  un jugador completo, físicamente poderoso pero también dotado de la depurada clase de la escuela húngara a la que pertenecía, y con sus 22 años parecía estar llamado a hacer grandes cosas, tanto en España como en Europa.

Pero el infortunio va a cruzarse en el camino de tan prometedor futbolista. El viernes 4 de julio de 1958, a primera hora de la mañana, a la altura del kilómetro 18 de la carretera de Aragón, el automóvil matrícula de Madrid M-106.509, un vehículo de alquiler, va a derrapar y chocará contra un árbol situado en el borde de dicha carretera. En el coche viajaban Peter y otro ciudadano húngaro, de 47 años de edad, llamado Gyula Pollak, a la sazón secretario del reciente fichaje del Real Madrid y compatriota Ferenc Puskas. Ambos heridos recibieron los primeros cuidados médicos en la clínica de la cercana base norteamericana de Torrejón de Ardoz, y fueron trasladados después en ambulancia al Equipo Quirúrgico de Urgencia.

El futbolista presentaba las siguientes lesiones: fractura del fémur izquierdo en su tercio medio, heridas contusas en el vértice de la nariz, región mentoniana y rotuliana izquierda, erosiones contusivas en diversas partes del cuerpo, probable fractura de la base del cráneo y conmoción cerebral. Por su parte, Gyula Pollak presentaba tan sólo lesiones de pronóstico leve. Peter fue trasladado a primera hora de la tarde de aquel mismo día 4 a una clínica particular. Inmediatamente después de conocerse lo sucedido acudieron a su lado el gerente del Atlético de Madrid, señor Morales, varios compañeros del equipo y también el madridista Puskas, quienes se interesaron vivamente por su estado, que se calificó de grave, según la información publicada el día siguiente por el diario ABC.

Pese a la gravedad de sus heridas, la juventud y la recia constitución física de Peter, así como los rápidos y eficaces cuidados recibidos, le permitieron salvar la vida e ir recuperándose paulatinamente. Por descontado, permanecería varios meses sin tocar un balón, hasta que reemprendió los entrenamientos. El Atlético le cede al Rayo Vallecano, en Segunda División, pero ya no volverá más al primer equipo colchonero. Al finalizar la temporada 59-60 concluye su contrato, y esta vez la buena suerte parece volver a llamar a su puerta, porque es fichado nada menos que por el Barcelona, que acababa de proclamarse Campeón de Liga en reñida pugna con el Real Madrid ( consiguiendo el título gracias a su mejor coeficiente de goles ), y que por lo tanto jugaría la Copa de Europa la siguiente campaña.

Pero el destino de Peter no va a ser la plantilla profesional barcelonista, al lado de los Kubala, Luís Suárez, Segarra, Ramallets o Evaristo, sino su  equipo filial, el Club Deportivo Condal, que había actuado en Primera División durante el curso 56-57, y que ahora militaba en la categoría de plata del fútbol español, disputando sus partidos en el viejo campo de Les Corts, abandonado por el Barça desde hacía tres años en beneficio del flamante Camp Nou. En el Condal tendría como compañeros a varios hombres que destacarían años más tarde: Eladio, Sanchís, Torrent o Molina. El húngaro va a llegar a jugar únicamente un partido amistoso con la camiseta  blaugrana, concretamente el 20 de abril de 1961, con triunfo de los que entonces entrenaba el cántabro Enrique Orizaola sobre el conjunto brasileño del Canto do Río por 4 a 0, saliendo en la segunda parte dentro de la siguiente alineación: Sadurní; Olivella, Rodri, Pinto; Peter, Marañón; Tejada, Ribelles, Eulogio Martínez, Evaristo y Beitia.

Una alineación del Condal de la temporada 60-61. Junto a Peter - delantero centro - figuran algunos jugadores que algunos años después serían importantes en el fútbol español: Torrent, Eladio, Sanchís, Molina...

Una alineación del Condal de la temporada 60-61. Junto a Peter - delantero centro - figuran algunos jugadores que algunos años después serían importantes en el fútbol español: Torrent, Eladio, Sanchís, Molina...

Su buen desempeño en las filas condalistas- se alinea en 24 partidos de Liga, casi siempre como delantero centro, marcando 7 goles –  va a hacer que el otro equipo importante de la Ciudad Condal, el RCD. Español, se interese por él, firmando por el club Perico con vistas a la temporada 61-62 y para otras dos más ( junto a refuerzos como los veteranos Rial, Czibor, Carranza y Gordejuela ), pero de nuevo la desgracia va a cebarse con  Peter, pues en el transcurso de una gira del equipo blanquiazul por

Estados Unidos y Canadá, concretamente 4 de agosto de 1961,  en el transcurso de un encuentro disputado en Montreal, se lesionará de gravedad en una rodilla ( rotura de ligamentos cruzados ). De regreso a España, y a causa de un diagnóstico erróneo, es operado únicamente del menisco, aunque una vez recuperado la rodilla no le responde. Un segundo diagnostico, esta vez acertado, confirma la rotura de ligamentos, siendo y  Intervenido quirúrgicamente de nuevo, y en esta ocasión sí va a recuperarse satisfactoriamente, pero el descenso de los de Sarriá a Segunda División al finalizar la temporada 61-62 ( derrotados en la promoción por el Real Valladolid ), va a traer aparejado que el club le conceda la carta de libertad, sin que el jugador magiar hubiese podido debutar oficialmente con los periquitos. Aquella iba a ser su última oportunidad de actuar en la élite. Con sólo 26 años volverá al fútbol en las filas del Badalona, en Tercera, y a principios de 1963 militará fugazmente en el Cádiz, del Grupo Sur de la Segunda División, por donde pasará con más pena que gloria, disputando tan sólo un partido oficial, a pesar de que su presencia en la «Tacita de Plata» levantó no poca expectación, y podía haber reforzado las aspiraciones de ascenso de los del Carranza.

Con su último equipo de cierto relieve, el histórico Nástic de Tarragona, intento el asalto a la Segunda División durante el curso 63-64, finalmente sin éxito. A su lado podemos ver algunos futbolistas con pasado y futuro azulgrana: Rodri, Marañón y Quimet Rifé

Con su último equipo de cierto relieve, el histórico Nástic de Tarragona, intento el asalto a la Segunda División durante el curso 63-64, finalmente sin éxito. A su lado podemos ver algunos futbolistas con pasado y futuro azulgrana: Rodri, Marañón y Quimet Rifé

De modo que regresa a Cataluña, y se enrola en uno de los gallitos de la Tercera División, el histórico Nástic de Tarragona, donde llegará a acariciar un ascenso finalmente no consumado, y tendrá como compañeros de lujo a tres futbolistas cedidos por el Barça a los bermellones: Rodri, Marañon y Quimet Rifé. Después, tras disputar algunos partidos como amateur en L´Ametlla del Vallés, se retirará al filo de la treintena, estableciéndose en dicha población barcelonesa, donde contraerá matrimonio, formará una familia y obtendrá el título de Entrenador Nacional en el curso celebrado en Zaragoza, como segundo de su promoción, dirigiendo durante varios años a diversos equipos de categoría regional. Fallece el 15 de septiembre de 2005, en su Hungría natal, tras larga enfermedad. Peter pudo ser un jugador de excepción, a juzgar por sus arrolladores comienzos en el Atlético de Madrid, pero la desgracia se cruzó en su trayectoria en un par de ocasiones, frustrando sus grandes expectativas. Sirva su historia como recordatorio  de que en el deporte – y en la vida en general-,   el azar y una suerte esquiva pueden confabularse a veces para tumbar a los mejores.




Josep Guardiola i Sala (Sampedor, 1971)

  El más laureado entrenador del Barça y próximo técnico del Bayern de Munich cierra con broche de oro esta serie de artículos dedicados a glosar las diez personalidades más importantes e influyentes de la historia blaugrana, siempre a nuestro modesto juicio. Y se trata de la única de ellas que se mantiene todavía en plena actividad ( Cruyff y Núñez disfrutan desde hace años de un retiro dorado, por más que el holandés haya ostentado últimamente ciertos cargos, más honoríficos que reales ), pues el Noi de Santpedor, a sus escasos cuarenta y dos años recién cumplidos, no ha dicho aun  – ni muchísimo menos – su última palabra. Dada su calidad de figura indiscutible e indiscutida, de icono sacralizado del barcelonismo, de hombre providencial  por encima del Bien y el Mal, Guardiola volverá  a Can Barça con casi total seguridad, y allí llegará hasta dónde  se lo proponga, pudiendo darse el caso de que fuera   el primero en recorrer todos los peldaños del Cursus honorum blaugrana, desde recogepelotas a presidente. De él – y por supuesto también de los socios barcelonistas – depende.

          Pep Guardiola representa como nadie la quintaesencia del barcelonismo catalán y catalanista, dicho sea sin el menor matiz peyorativo, únicamente en atención a sus actos y declaraciones públicas. También puede decirse que en muy contadas ocasiones habrá habido otra personalidad blaugrana que concitase tamaña unanimidad – unanimidad en lo positivo, se sobreentiende – , y tal vez habría que remontarse hasta los remotos tiempos de Joan Gamper para encontrarla. En las lineas que siguen intentaremos explicar las razones de ese insólito fenómeno, completamente atípico en una sociedad deportiva que históricamente ha mostrado una peligrosa tendencia al fraccionamiento y las querellas fratricidas.

          Va a nacer Josep Guardiola i Sala el 18 de Enero de 1971, en la localidad barcelonesa de Santpedor, perteneciente a la comarca del Bages, y próxima a Manresa, en una zona que ha dado al Barça una figura tan mítica como la de Estanislau Basora, fallecido no hace mucho, y también algunos destacados jugadores como Jordi Vila, miembro del legendario equipo de las «Cinco Copas», que lo ganara todo en la temporada 1951-52, Isidre Flotats un pegajoso marcador de los años 50, Antoni Camps, un magnífico extremo izquierda procedente del RCD. Español, al que una tonta lesión cortó de raíz su carrera, impidiéndole llegar todo lo arriba que sus condiciones apuntaban, allá por el año 1963, o Lluís Pujol, «el Ratolí», cuyo hat-trick en «La Romareda le valió al club su tercera Copa de Ferias, en Septiembre de 1966.

          Santpedor tiene hoy algo más de siete mil  habitantes, y hace cuatro décadas era bastante más pequeña. Pep va a venir al mundo en el seno de una familia humilde, siendo su padre un albañil llamado Valentí Guardiola,  y su madre Dolors Sala. Es el penúltimo de cuatro hermanos, dos chicos y dos chicas. Sus inicios con el balón son los típicos de cualquier niño de su edad y su época, en la calle y en el colegio, la Salle de Manresa, donde no tardará en convertirse en el mejor del patio debido a su gran técnica, y pese a contar entonces con un físico más bien endeble. Fichó por el Barça con 13 años, en junio de 1984, procedente del Gimnastic de Manresa, y seguramente la primera vez que los barcelonistas vieron su rostro fue en una fotografía tomada al finalizar la tanda de penalties contra el Goteborg sueco, que clasificó al Barça para la tristemente célebre final de la Copa de Europa de 1986, celebrada en Sevilla ( ocasión en la que la misma suerte les resulto esquiva a los blaugranas, perdiendo el título ante el Steaua de Bucarest ), una imagen en la que se observa a un pequeño recogepelotas  abrazando a Víctor Muñoz, el autor del tanto decisivo, con el rostro transido de emoción. Y es que Pep Guardiola ya era un culé con todas las de la ley a los 15 años, mientras se formaba como persona y como futbolista en las modélicas instalaciones de La Masía.

          Tras militar en  todas las categorías inferiores del Club, Guardiola debutó en partido oficial con el Barça en la División de Honor el 16 de diciembre de 1990, frente al Cádiz CF en el Camp Nou, aun sin haber cumplido los veinte, y simultaneó el primer equipo y el filial durante lo que restaba de temporada, para pasar definitivamente a formar parte de la plantilla profesional  blaugrana a partir del verano de 1991. Suya va a ser la camiseta número  4, el puesto sobre el que pivotaba la creación del juego barcelonista. Johan Cruyff había confiado en el turolense Luís Milla para ocupar dicha demarcación, cometido que cumplió satisfactoriamente entre 1988 y 1990, pero sus pretensiones económicas terminaron por distanciarle de su mentor. Milla acabaría fichando por el máximo rival, el Real Madrid, pero al técnico holandés no pareció preocuparle demasiado su marcha, ya que declaró que tenía en la recámara a otro jugador que veía el fútbol con un horizonte más lejano aun que el centrocampista aragonés. Este jugador clarividente no era otro que Pep Guardiola.

         No tardó en convertirse en director de orquesta del que muy pronto sería conocido como Dream Team, término acuñado para referirse al equipo norteamericano de Baloncesto que asombró precisamente en los juegos Olímpicos de Barcelona, en 1992, liderado por Michael Jordan. Desde la posición de medio centro demostró unas grandes dotes de inteligencia, visión futbolística y liderazgo, ordenando y organizando  el juego blaugrana, y abasteciendo de balones a unos compañeros llamados Laudrup, Stoichkov, Romario, Julio Salinas o Txiki Begiristáin. Junto a ese excelente trato de balón, su acusada personalidad y su indudable carisma hicieron de él la prolongación de Johan Cruyff sobre el campo, y tras la retirada de Jose Mari Bakero – en los albores de la temporada 96-97 – le llevaron, lógicamente, a ostentar la capitanía del equipo.

         En 1992 ya es doble campeón de Liga, pero ese año va a ser también el de su consagración, puesto que el Barça conquistará por fin la Copa de Europa, competición que perseguía desde hacía tres décadas, y Pep, formando parte de la Selección Olímpica Española, va a ganar asimismo la Medalla de Oro en los Juegos de Barcelona. Cierra así un curso dificilmente mejorable, en el que consigue también el Trofeo «Bravo», galardón que distinguía al futbolista más prometedor de Europa, elegido entre los más brillantes menores de 21 años. Por supuesto, no tarda en debutar con el combinado español absoluto, cosa que ocurre  el 14 de octubre de 1992, ante Irlanda del Norte en Belfast, ( 0-0),  en partido valedero para la fase clasificatoria del Mundial de Estados Unidos de 1994.

         Sin embargo hay un capítulo que parece resistírsele, y es el gol. Guardiola va a ser a lo largo de toda su carrera un futbolista muy poco realizador, hasta el punto de no anotar su primer tanto en la máxima categoría hasta el 8 de octubre de 1994, frente al Atlético de Madrid en el Camp Nou, de un disparo desde fuera del área ( anteriormente había marcado uno en la Copa,  al Valladolid y en el Nuevo Zorrilla ). Pero evidentemente no era esa su función en el equipo, sino la de organizar y distribuir, y dicho cometido lo cumplió a las mil maravillas, suscitando el interés de los más poderosos clubes italianos, que llamaron infructuosamente a las puertas del Barça, buscando su contratación a golpe de talonario.

         Convertido en el referente del juego blaugrana,  y en un personaje mediático, que rompía moldes, hasta el extremo de participar en desfiles de modelos o recitales poéticos, proyectando una imagen muy alejada de la tradicional del futbolista español, aunque su papel dentro del conjunto va a ir disminuyendo paulatinamente, sobre todo a partir de la llegada del holandés Louis Van Gaal al banquillo barcelonista, acompañado de numerosos jugadores de origen neerlandés, la mayoría de los cuales  habían sido pupilos suyos en aquel magnífico aunque efímero Ajax de mediados de la década de los años 90.  Y los Ronaldo, Figo, Rivaldo, Kluivert , Luís Enrique o incluso el fugaz Ivan de la Peña,  van a polarizar las miradas de los aficionados culés. También las lesiones le van a jugar una mala pasada, ya que se pasará en blanco casi toda la temporada 97-98, siendo sustituido por otro canterano, Albert Celades. Este contratiempo va a impedirle acudir al Mundial de Francia ( en USA-94 sí que estará presente )                                             .

         Sorprendentemente, en los primeros meses de 2001, con Llorenç Serra Ferrer en el banquillo – que poco después sería sustituido por Charly Rexach debido a la defectuosa marcha del equipo – va a anunciar su marcha del Barça, que se hace efectiva el 11 de abril de 2001. Atrás quedaban 379 partidos oficiales ( de los cuales el Barça ganó 224, hizo tablas en 82 y fue derrotado en 73) y 13 goles, mientras que sus numeros con la Seleccion Absoluta se resumían en 47 encuentros y 5 tantos ( curiosa esta relativa efectividad goleadora ). También actuó en 7 ocasiones con la Selección de Cataluña ( no reconocida oficialmente ), siendo su capitán en varias de ellas.

         . Tras tantos años en la órbita blaugrana, Pep Guardiola va a marcharse por fin rumbo a Italia, aunque no a uno de los grandes del Calcio. Su destino fue el Brescia, donde militaría durante las temporadas 2001-02 y 2002-03, con una breve estancia ( 8 partidos ) en la A.S. Roma de Fabio Capello. Su etapa transalpina, que transcurrió con más pena que gloría, será recordada fundamentalmente por un episodio extradeportivo relacionado con el turbio mundo del dopaje: su doble positivo por una sustancia prohibida denominada Nandrolona, aunque acabaría siendo absuelto de todos los cargos por el Tribunal de Apelación de Brescia. Entre 2003 y 2005 formará parte del Al-Ahli SC. Doha, de Qatar, poniendo fin a su carrera como futbolista en activo en 2006, a los 35 años de edad, en las filas del Dorados de Sinaloa ( México ). Entre medias formó parte de la candidatura del publicista Lluís Bassat a las elecciones presidenciales del Barça celebradas el 15 de junio de 2003, comicios en los que resultó elegido Joan Laporta. De haber ganado Bassat, Guardiola hubiera sido su director deportivo.

         De regreso a Barcelona, y tras haber realizado el curso de entrenador, se hace cargo de la dirección del filial barcelonista, el Barça B, militando en Tercera División, con vistas al curso 2007-08, y conseguirá ascenderlo a Segunda B al final de esa temporada. Temporada que, por cierto, va a ser muy negativa para el primer equipo del Barça, que no logrará alzarse con la victoria en ninguna de las competiciones donde participa, y habrá de pasar incluso por el humillante trance de formarle pasillo de honor en el Estadio «Santiago Bernabéu» a un Real Madrid, que acababa de proclamarse Campeón de Liga, y que golearía a los blaugranas por 4 a 1. Joan Laporta, el presidente barcelonista, decide tomar medidas drásticas, y prescinde del entrenador Frank Rijkaard y de dos de las estrellas del equipo, Ronaldinho y Deco ( a Samuel Eto´o no se le pudo encontrar equipo, y debieron de «tragárselo» un año más ). Laporta apuesta por el enorme talento emergente de Lionel Messi y, tras barajar la candidatura de Marco Van Basten, sorprende a propios y a extraños al apostar por un técnico joven y inexperto. Claro que ese técnico se llama Pep Guardiola. Palabras mayores.

         Con las novedades del explosivo lateral derecho brasileño Dani Alves – fichado al Sevilla a precio de oro -, Gerard Piqué ( recuperado del Manchester United a cambio de una cantidad relativamente modesta ) y el canterano Sergio Busquets, va a arrancar la temporada 2008-09, un curso histórico. Los inicios no son nada buenos, pues el Barça es derrotado en el primer partido de liga por el Numancia, en el terreno soriano de «Los Pajaritos», y no consigue pasar del empate en su segundo compromiso, frente al Racing de Santander en el Camp Nou. Pero, cuando cierto runrún comenzaba ya a hacerse oir, en la tercera jornada, aprovechando la visita a «El Molinón» – el mismo campo donde el Barça de Cruyff había cantado el «Alirón» en 1974 – , va a surgir el Barça imperial que todos los culés anhelaban, apabullando al Sporting por 1 a 6. Es el principio de una temporada de ensueño, donde la delantera formada por Lionel Messi, Samuel Eto´o y Thierry Henry, tres jugadores muy diferentes entre sí pero sin duda alguna extraordinarios, van a dar auténticas exhibiciones cada semana, asistidos por Xavi e Iniesta, hasta culminar en un resultado histórico: el 2 a 6 del Bernabéu, en un encuentro perfecto donde el Barça sentencia la Liga.

         Pero no iba a ser el Torneo de la Regularidad el único título cosechado en esa campaña, ni muchísimo menos. El primero en caer cronológicamente en el saco blaugrana sería la Copa del Rey, tras derrotar de manera clara y contundente en la final, disputada en Mestalla, al Athletic de Bilbao por 4 a 1. Y el broche de oro se pondría en el Olímpico de Roma, donde el Barça superaría al Manchester United de los Cristiano Ronaldo, Wayne Rooney, Tévez y compañia por un claro 2 a 0, con tantos de Samuel Eto´o y Lionel Messi. El Barça conseguía así el «Triplete» ( vencer en las dos competiciones domésticas y en la máxima continental ), algo que ningún otro club español había logrado hasta aquel momento. Y ello, en el primer año de Guardiola como entrenador de Primera División, con la única experiencia previa de una campaña en Tercera, lo nunca visto.

         La temporada 2009-2010 traería la sustitución de Samuel Eto´o por el sueco Zlatan Ibrahimovic ( que a la postre sería una de las operaciones más desafortunadas de la historia barcelonista ) y el fichaje del central ucraniano Chygrynskiy – que tampoco echaría raíces en Can Barça -. Apenas comenzada, los de Guardiola conquistarían la Supercopa de España ( frente al Athletic de Bilbao ) y la Supercopa de Europa ( ante el Shaktar Donetsk ), y rematarían los triunfos logrados en el año natural 2009 con la victoria en el Mundialito de clubes – que venía a sustituir a la antigua Copa Intercontinental -, derrotando en Abu Dabi al Estudiantes de La Plata argentino por 2 goles a 1. Por cierto, que en estos meses  nace también una nueva estrella, el delantero canario Pedro Rodríguez Ledesma, antes conocido como «Pedrito», que es capaz de marcar tantos en todas las competiciones en las que participa el equipo, es decir, en seis. Siendo también seis los títulos conquistados en este insuperable 2009, acuñándose el término «Sextete» para resumir tanta orfebrería levantada, algo insólito hasta ese momento en el mundo del fútbol. Sin embargo, tanto la Copa del Rey como la Champions League le serían esquivas a los blaugranas, eliminados por Sevilla e Inter de Milán respectivamente, resultando muchísimo más dolorosa esta última, ya que se producía en semifinales y privaba al Barça de acceder a la gran final, a disputar en el mismísimo «Santiago Bernabéu», con todo lo que esto significa para los culés, que ya se veían coronándose en el feudo de su eterno rival y archienemigo. Tendrían que consolarse con un nuevo triunfo en la Liga, obtenido también con gran suficiencia, y confirmando su envidiable hegemonía sobre el fútbol español.

         De cara a la campaña  2010-11, la gran novedad la constituyó el fichaje del delantero valencianista David Villa ( también va a ingresar el argentino Javier Mascherano, procedente del Liverpool ), en tanto que Ibrahimovic – que nunca llegó a congeniar con Pep – Thierry Henry y Touré Yayá abandonaban el Barça. En Madrid, un antiguo conocido de la afición blaugrana, el portugués  Jose Mourinho, toma las riendas del equipo blanco, tras triunfar en Portugal, Inglaterra e Italia, ganando ligas en los tres países y sendas Champions con Oporto e Inter. Sin embargo, en su primer enfrentamiento con el Barça, en el Camp Nou, el 29 de noviembre  de 2010, va a salir estrepitosamente derrotado por 5 a 0, con tantos de David Villa ( 2 ), Xavi, Pedro y el joven Jeffren. La temporada se saldará con el tercer triunfo consecutivo de los blaugrana en la Liga y su cuarta Champions en el nuevo Wembley londinense, otra vez frente al Manchester United, que sucumbió por 3 goles a 1, marcados por Pedro, Messi y Villa. El planeta futbolístico se rinde ante el juego del Barça, y algunos incluso se atreven a calificarlo como el mejor equipo de la Historia. Y se señala a Guardiola como el máximo responsable de tamaña explosión de talento.

         Porque el Pep entrenador es un verdadero obseso de su trabajo, un estudioso y un perfeccionista a tiempo completo, alguien consagrado al fútbol en cuerpo y alma, que vive los partidos con enorme intensidad. Su filosofía futbolística se define por el excelente trato del balón, el toque y la hiperposesión como irresistible fórmula ofensiva y recurso para minimizar daños. El Barça tiene la pelota en su poder, la monopoliza, la lleva de un lado para otro, apoyado en la sobresaliente calidad de todos sus jugadores, la mayoría de ellos educados desde la más tierna infancia en ese sistema, desgasta física y psíquicamente a su adversario en un rondo interminable, y cuando se presenta un hueco, los puntas – o quienes estén en ese momento ocupando dicha posición – penetran o reciben, y  definen . Todo el mundo sabe cómo juega el Barça, que siempre marca su propio ritmo e interpreta el mismo guión,  sea quien sea el rival, esperando pacientemente la ocasión para asestar sus zarpazos, pero casi nadie acierta a desactivar su letal entramado.

         Sin embargo, en realidad Guardiola no ha inventado nada, aunque lo ha perfeccionado, sublimándolo. El juego del Barça tiene unas inequívocas señas de identidad: el denominado «Futbol Total» que practicaban el Ajax de Amsterdan y la Selección Holandesa – la célebre «Naranja Mecánica –  en la primera mitad de la década de los 70, bajo la batuta de Johan Cruyff en el campo y con Rinus Michels y Stefan Kovacs en el banquillo. Michels va a exportar la fórmula al Camp Nou, pero esta va a tardar bastante tiempo en cristalizar. No será hasta la vuelta de Cruyff en 1988, ahora como técnico, cuando los automatismos se van a imprimir indeleblemente en las mentes y las piernas de una magnífica generación de  jugadores que formarán el «Dream Team», y las ulteriores experiencias de Louis Van Gaal y Frank Rijkaard, maestros forjados en la misma facultad futbolística, no harán sino reforzar ese estilo innegociable, ese modelo que bajo la égida de Guardiola se revelará poco menos que imbatible.

         Y además, «el Pep» se va a revelar como un motivador de primerísimo orden, y algunos de los detalles que han trascendido desde la intimidad del vestuario blaugrana así lo confiman,  emparentándole directamente con una personalidad tan carismática y legendaria como Helenio Herrera, tal vez el primer técnico mediático que en el fútbol ha sido. Igual que  HH, Guardiola es capaz de galvanizar a los suyos, de convencerlos de que pueden derrotar a cualquier rival siendo ellos mismos, manteniéndose fieles a una filosofía mamada casi desde la cuna. Por todo ello sus triunfos le han encumbrado al Olimpo culé, suscitando esa rara unanimidad de la que prácticamente nadie ha podido gozar en la más que centenaria existencia del club, un club con una permanente vocación cainita, y cuya propia grandeza ha sido a menudo su peor enemigo.

         De este modo, Pep Guardiola va a ir renovando su contrato de temporada en temporada, aunque había acumulado el crédito suficiente como para hacerse acreedor a un plazo mucho más dilatado,  a pesar de la propia naturaleza del fútbol, siempre a expensas de los resultados. Así ocurrió en la campaña 2011-12, pero iba pasando el tiempo, los meses caían uno tras otro en el calendario, y no terminaba de producirse la noticia que todos los culés estaban esperando: la ansiada renovación del gran timonel de la nave. Incluso llegó a superarse el momento en el que la «fumata blanca» – ¡ Habemus Pep ! – acostumbraba a aparecer en años anteriores, y el barcelonismo empezó a sospechar que un Guardiola que no soltaba prenda respecto a su futuro podía muy bien abandonar el club a finales de temporada.

         Temporada que, por cierto, no estaba discurriendo por idénticos  derroteros que en campañas precedentes. La Liga la comandaba con insultante autoridad el Real Madrid de Mourinho, a golpe de records y con Cristiano Ronaldo como gran figura, y los blancos la dejarían prácticamente sentenciada al vencer en el Camp Nou por 1 a 2 en la jornada 35. Fue aquella una «semana trágica» para el barcelonismo, ya que el Chelsea apeó también a los blaugranas de la Champions League, tras empatar un partido que se les había puesto en franquía a los de Guardiola al inicio de la segunda parte, con 2 a 1 a su favor en el marcador – en Londres el resultado había sido de 1 a 0 a favor de los Blues – y un penalty contra los británicos, que Messi fallaría finalmente.

         El 27 de abril de 2012 Guardiola comunicó públicamente su decisión, largamente meditada,  de abandonar el banquillo barcelonista al final de la temporada, y sus palabras surtieron el efecto de un auténtico terremoto entre la inmensa masa de socios y seguidores culés. Pep se despediría del público del Camp Nou, y de toda la Gent Blaugrana el 5 de mayo, en el trancurso de un ya intrascendente encuentro liguero ante el Español ( 4 a 0 ), que se convirtió en un cariñoso homenaje al técnico que había llevado al Barça a vivir su época más gloriosa. «No me perderéis nunca», fueron sus últimas palabras. Aun le restaba por disputar la final de la Copa del Rey, que se jugó en el Estadio Vicente Calderón de Madrid el 25 de mayo, y en la que el Athletic de Bilbao no fue enemigo para un Barça que no quiso hacer demasiada sangre de un rival que ya perdía por 3 a 0 – resultado final – antes de llegarse la media hora de juego. Su balance será muy dificilmente igualable: 14 títulos ganados de 19 posibles ( 3 Ligas, 2 Copas del Rey, 3 Supercopas de España, 2 Champions League, 2 Supercopas de Europa y 2 Mundialitos de Clubes ), con un 72,63 % de victorias, y 441 goles a favor por 130 en contra.

         ¿ Las razones de su marcha ? Ha habido muchas especulaciones acerca de los auténticos motivos de su salida  del club, pero la razón última sólo la conoce él; lo demás son únicamente conjeturas, elucubraciones con mayor o menor fundamento. Cansancio por la gran presión y exigencia que conlleva el cargo, deseo de conocer y vivir otras culturas futbolísticas, sensación de que la hegemonía barcelonista en España y Europa podía estar difuminándose ( el espectro del famoso «fin de ciclo» )…Todo eso puede haber pesado en su ánimo, así como otro aspecto que también se ha barajado, y que es su particular grado de sintonía – o ausencia de ella – con Sandro Rosell y su directiva, siendo él una apuesta personal – y muy arriesgada – del anterior presidente, Joan Laporta, ya por entonces enfrentado abiertamente al actual mandatario y antiguo vicepresidente deportivo suyo

         La directiva  que preside Sandro Rosell va a hacer público inmediatamente el nombre del sustituto de Guardiola en el banquillo azulgrana, designación que recayó en su íntimo amigo el ampurdanés Francesc «Tito» Vilanova, ayudante suyo durante los cinco años en los que había pertenecido al staff técnico barcelonista. Pep decide tomarse un año sabático fuera de los banquillos, a pesar de tratarse sin duda alguna del entrenador con más pretendientes de todo el mundo. Se traslada con su familia a Nueva York, y se establecen en un exclusivo y lujoso apartamento, al lado mismo de Central Park. Allí irá perfeccionando su inglés y deshojando la margarita – ¿ Inglaterra, Italia…?- hasta que el pasado 16 de enero, un par de días antes de su 42 cumpleaños, va a conocerse  el compromiso del de Santpedor por el Bayern de Munich, en sustitución del actual entrenador de los bávaros, Jupp Heynckes, después de las muchas especulaciones que lo situaban en la Premier League o la Serie A italiana. Guardiola firmará por el club alemán un contrato por tres años, con una astronómica remuneración ( se habla de la cifra de 17 millones de euros por cada temporada )

         No cabe duda de que la próxima edición de la Liga de Campeones va a tener el gran morbo de un posible enfrentamiento Barça-Bayern. Los alemanes – derrotados últimamente en dos finales – muy previsiblemente reforzarán su equipo para plantar batalla no sólo a los blaugranas sino también al Real Madrid. pero, pase lo que pase en los terrenos de juego, las puertas de Can Barça seguirán abiertas de par en par por si un dia su hijo pródigo desea regresar, y no precisamente para ocupar de nuevo el banquillo…No en balde estamos hablando del mismo hombre que, con sólo 21 años, pronunció una frase histórica desde el balcón de la Generalitat, al ofrecer a sus aficionados la primera Copa de Europa, ganada en Wembley el 20 de Mayo de 1992: «Ciutadans de Catalunya, ja la tenim aquí» 




José Luis Núñez Clemente (Baracaldo, 1931). 2ª parte

Habíamos dejado a José Luís Núñez arramblando con casi todo el mercado nacional ( Bakero, Begiristáin y López Rekarte de la Real Sociedad, Julio Salinas y Eusebio del Atlético de Madrid, Miquel Soler y Valverde del Español, Unzué y Goikoetxea de Osasuna, Serna del Sevilla, Manolo Hierro del Valladolid, y de propina el brasileño Aloisio, del internacional de Porto Alegre ). Con la ayuda de estos valiosos mimbres, y la carta blanca que le concede el presidente, permitiéndole imponer su idiosincrasia futbolística en todas las categorías del Club, desde la base hasta la primera plantilla, Johan Cruyff va a transformar el Barça, y también su historia. No se consigue la Liga en su primera campaña, la 88-89 – que va a parar, por cuarto año consecutivo, al Real Madrid de los Butragueño, Hugo Sánchez, Michel, Martín Vázquez y compañia -, pero el equipo  mostrará un aspecto muy diferente al habitual, desplegando un juego alegre y vistoso, acompañado por un evidente incremento de la producción goleadora. Tampoco se revalida el título de Copa del Rey obtenido en la temporada  anterior, pero a cambio la tercera Recopa va a ir a parar a las vitrinas del Museu, tras vencer en la final de Berna – veintiocho años después del gran trauma de la tarde de los postes cuadrados – a la Sampdoria genovesa por dos goles a cero.

Sin embargo José Luís Núñez, por vez primera en su mandato, va a encontrarse con una oposición organizada que pone en tela de juicio tanto su gestión como su estilo presidencialista. Algún tiempo atrás ya se había formado el denominado «Grup d´Opinió Barcelonista ( GOB ), que lanzó un «Manifiesto Blaugrana», muy crítico con la Junta nuñista, y en esta ocasión si van a llevarse a cabo las elecciones, a diferencia de lo ocurrido en los años 1981 y 1985, cuando al no presentarse ningún contrincante, Núñez fue automáticamente refrendado en el cargo al contar con suficiente número de firmas. Ahora sí hay un rival, el joven Sixte Cambra, procedente de una familia de rancio abolengo barcelonista. Cambra va a polarizar en torno a su persona toda la corriente opositora al nuñismo, tras la retirada de la carrera electoral de candidatos como el mítico ex-jugador de los años 60 Josep María Fusté.

La campaña electoral, dura, reñida  y muy politizada, tendrá su desenlace el día 1 de Abril de 1989, coincidiendo con un Barça-Madrid en el Camp Nou, decisivo para el título de liga ( y en el que Cruyff hizo debutar a su fichaje sorpresa, el veterano jugador paraguayo Julio César Romero, «Romerito», que prácticamente acababa de bajar del avión y ni siquiera había entrenado con sus nuevos compañeros ). Las urnas volvieron a dar el triunfo a Núñez, que obtuvo 25.441 votos frente a los 17.609 sufragios cosechados por Cambra, quien algunos años después – a semejanza de lo ocurrido en 1978 con Nicolau Casaus – va a terminar integrándose en la directiva nuñista, en calidad de vicepresidente.

Fortalecido por el claro respaldo electoral, la sensible mejoría del primer equipo y una situación financiera muy favorable, Núñez va a acudir de nuevo al mercado para reforzar a una plantilla que emitía ya muy buenas vibraciones, pero a la que aun le faltaban auténticos cracks que marcasen la diferencia. A este respecto, el Club volverá a abordar una operación supermillonaria, que sólo tenía parangón en los últimos tiempos con la contratación de Diego Armando Maradona siete años atrás, en 1982. Se trataba del fichaje del defensa holandés del PSV Eindhoven Ronald Koeman, aunque este jugador – parafraseando la famosa frase referente al Barça –  era «más que un defensa», sin duda alguna el mejor en su puesto, todo un líder y una garantía en la zona de retaguardia, amén de un pasador sensacional y un extraordinario realizador a balón parado, convirtiendo en goles para su equipo gran cantidad de golpes francos y máximos castigos gracias a su terrorífico disparo, algo que los socios y seguidores barcelonistas tendrían muy pronto la oportunidad de comprobar.

Pero Koeman no iba a venir solo…Junto a él llegará también al club blaugrana otro de los grandes jugadores europeos del momento, el danés Michael Laudrup. Laudrup, un mediapunta con una clase y una visión de la jugada excepcionales, no había podido triunfar plenamente en el correoso fútbol italiano, y ya hacía tiempo que figuraba en la agenda de Cruyff. Estos dos refuerzos, sin embargo, no van a ser suficientes para que el Barça gane la Liga, un título que ya se le venía resistiendo durante varios años ( el Real Madrid se hará con el Torneo de la Regularidad por quinta temporada consecutiva ), y tampoco irá mejor en las competiciones continentales, ya que los catalanes serán eliminados prematuramente en la Recopa, y también derrotados en la Supercopa de Europa por el gran Milan de Arrigo Sacchi. Tan sólo quedaba la Copa, como tantas otras veces, para salvar el curso, pero en este caso se va a conquistar nuevamente, y nada menos que frente a todo un Real Madrid, que es vencido en Mestalla por 2 goles a 0. Es muy posible que este triunfo sobre el eterno rival salvase la cabeza de Johan Cruyff, que ya empezaba a ser cuestionado por amplios sectores de la afición, pero su trascendencia va a ser mucho mayor, ya que marcará un cambio de ciclo dentro del fútbol español, poniendo fin a la hegemonía del Madrid de la «Quinta del Buitre» y pasándole el testigo al que pocos años más tarde sería bautizado como el «Dream Team»

La temporada 90-91  verá por fin un nuevo triunfo liguero del Barça, en cuyas filas eran novedad el sevillista Nando ( prestado por el club hispalense ) y un impetuoso pero semidesconocido delantero búlgaro llamado Hristo Stoitchkov, amén de las reincorporaciones de los cedidos Jon Andoni Goikoetxea y el canterano Albert Ferrer. Los de Cruyff van a ser desde el principio del campeonato muy superiores al resto de los equipos, y además lograrán sobreponerse a todas las adversidades ( la seria lesión de Koeman, la larga sanción a Stoitchkov por pisar al colegiado Urizar Azpitarte en el transcurso de un Barça-Madrid de la Supercopa de España, e incluso la grave dolencia cardíaca de su propio entrenador, que tendrá que ser intervenido quirúrgicamente de urgencia para implantarle un marcapasos ). Mediada la campaña va a producirse un hecho que tendrá una enorme trascendencia de cara al futuro: el debut en el primer equipo de otro joven canterano, natural de Santpedor y de nombre Josep Guardiola, llamado a empuñar la batuta de la afinada orquesta barcelonista desde el centro del campo. Y la victoria en la Liga y el entusiasmo que esta generó,  obrará el milagro de que la derrota en la final de la Recopa ante el Manchester United por 1 a 2 ( con tantos del ex-barcelonista Mark Hugues ) pase casi desapercibida.

Llegamos así a la campaña 91-92, a cuya finalización tendría lugar en Barcelona uno de los acontecimientos más importantes de la bimilenaria historia de la Ciudad Condal: la celebración de los XX Juegos Olímpicos. El Barça la encaró reforzando aun más su plantilla, con la inclusión del holandés Witschge, el mallorquín Nadal, el castellanoleonés Juan Carlos y el regreso del cedido Cristóbal. Resultó, empero, un curso bastante más difícil y exigente que el anterior, aunque el Barça volvería a ganar la Liga por segundo año consecutivo, en una última jornada de infarto donde la inesperada derrota del Real Madrid en Tenerife le brindó un título al que por su excelente juego ya se había hecho acreedor. Y no menos emotiva iba a ser la Copa de Europa ( todavía no bautizada como Champions League, y en la qué únicamente se podía participar si se era vigente campeón de la Liga de su país o de la propia competición continental ). Un providencial gol in extremis de Bakero en Kaiserslautern les permitió a los blaugranas seguir adelante, hasta llegar a la gran final. Se disputó esta el 20 de mayo de 1992, en el londinense y mítico Estadio de Wembley, y ante un viejo conocido, la Sampdoria italiana. El partido resultó muy igualado, y se llegó a la conclusión del tiempo reglamentario con el marcador inicial. Fue en la prórroga, concretamente en el minuto 112, cuando el Barça, por obra y gracia de un libre indirecto fusilado por Ronald Koeman, logró espantar para siempre todos sus fantasmas – el de Berna en 1961, o el de Sevilla en 1986 – y proclamarse por vez primera campeón del principal torneo europeo, rubricando una temporada triunfal en la que a nadie le importaba ya quién ganase la doméstica Copa del Rey.

Pero en los días anteriores a la final de Wembley, José Luís Núñez llegó a amagar con su posible dimisión, algo que el golazo de Koeman y el multitudinario recibimiento a los nuevos reyes de Europa en la Ciudad Condal hizo pasar muy pronto al olvido. Y no terminarían ahí los días felices para el barcelonismo, que en el mes de agosto vería como la Selección Olímpica Española conquistaba también por vez primera la Medalla de Oro, derrotando a Polonia en el Camp Nou, con el concurso de cuatro jugadores de la casa: Ferrer, Guardiola, Paqui y Pinilla. Los aficionados culés, sin duda alguna, estaban viviendo los mejores momentos de toda su vida, y el Barça era unánimemente reconocido como el mejor equipo del mundo, desbancando al Milan de Silvio Berlusconi y sus  tres mosqueteros holandeses, Van Basten, Gullit y Rijkaard.

A diferencia de temporadas pasadas, el equipo apenas sí se reforzó con vistas a la campaña 92-93 ( únicamente con un modesto jugador nacional, Pablo Alfaro ). Ya se había acuñado el término «Dream Team» para referirse a aquel Barça de ensueño, tomándolo prestado del mundo del Baloncesto, que había denominado así al fabuloso equipo estadounidense que se proclamase Campeón Olímpico en Barcelona-92, liderado por el legendario Michael Jordan, pero en este curso habrá de todo un poco, sonrisas y lágrimas. Las primeras vinieron dadas por la obtención de la tercera Liga consecutiva, un hito hasta entonces nunca alcanzado. El equipo seguía jugando como los ángeles, pero también perdía puntos, y llegó nuevamente a la jornada decisiva codo con codo junto al Real Madrid, que otra vez se jugaría el título en tierras tinerfeñas, mientras que el Barça tendría que superar en el Camp Nou a la Real Sociedad. No fallaron los azulgranas…, y tampoco lo hizo el Tenerife, que volvió a derrotar a los blancos, sirviéndoles la Liga en bandeja a los catalanes, ya amigos para siempre. Y también se vivió un momento feliz al conquistar por primera vez la Supercopa de Europa, derrotando al Werder Bremen alemán, Campeón de la Recopa. Pero las lágrimas vinieron con la inesperada eliminación en la flamante Champions a pies del CSKA de Moscú, en el propio feudo barcelonista, así como con la caída frente al Real Madrid en las semifinales de la Copa del Rey, después de traer un buen resultado del partido de ida. Sin embargo, nada de ello era suficiente para que se encendiesen las alarmas en Can Barça. Tanta era la tranquilidad reinante – por lo demás, insólita en el lugar – que a Núñez volvió a faltarle rival en las preceptivas elecciones presidenciales, y el dia 7 de Enero de 1993 fue refrendado de nuevo, tras presentar 18522 firmas avalándole.

Núñez y Cruyff vieron  necesario, eso sí, volver a reforzar el equipo en algunos puestos clave. Y el gran fichaje de cara a la temporada 93-94 va a ser del delantero brasileño Romario, procedente del PSV holandés. Junto con él vendrán dos buenos jugadores nacionales, el tinerfeñista Quique Estebaranz y el sportinguista Ivan Iglesias. Romario va a ser la sensación del torneo, dando continuas muestras de su clase desde el primer momento, y proclamándose máximo goleador del campeonato. Su gran noche de gloria tendría lugar en el propio Camp Nou, con un concluyente 5 a 0 al Real Madrid, resultado al que colaboró el carioca con un hat-trick, el primero de ellos marcado tras su inolvidable «regate de cola de vaca» al merengue Alkorta. Aun así, toco sufrir una vez más – y ya iban tres….-, sólo que esta vez el conjunto a batir no fueron los del Santiago Bernabéu, sino un sorprendente Deportivo de La Coruña, que presidido por Augusto César Lendoiro y entrenado por Arsenio Iglesias, había reunido un magnífico equipo, en el que destacaban los brasileños Mauro Silva y Bebeto y el gallego Fran.

Después de algunos tropiezos  ( como por ejemplo una  inesperada goleada en La Romareda, 3 a 6, tras la cual el equipo se conjuró para conseguir una espectacular remontada ), se llegó de nuevo a la última jornada dependiendo de lo que hiciese el rival, que recibía en Riazor al Valencia, mientras que el Barça se enfrentaba al Sevilla en el Camp Nou. Triunfo claro azulgrana en Barcelona ( 5 a 2 ) y todos los ojos puestos en lo que acontecía en La Coruña, donde el marcador inicial se prolongó hasta el último minuto, cuando el Valencia fue sancionado con un máximo castigo en contra. La gran estrella blanquiazul, Bebeto, declinó la responsabilidad de lanzar un penalty que podía suponer el primer título liguero para los gallego, teniendo que asumirla el defensa serbio Djukic, quien ante el estupor general marraría el lanzamiento, detenido por el guardameta González, cuya milagrosa parada le va a significar al Barça la consecución de su cuarto entorchado de Liga consecutivo.

Esto ocurría el sábado 14 de Mayo de 19994, y al miércoles siguiente el Barça tenía de nuevo otra cita con la historia. Tras una excelente trayectoria, se había clasificado también para la final de la Liga de Campeones, a disputar en el Estadio Olímpico de Atenas. El rival era nada menos que el Milan, ahora dirigido por Fabio Capello. Ya no actuaban con los lombardos su magnífico trío de holandeses, pero nombres como Maldini, Donadoni, Desailly, Boban o Savicevic imponían bastante respeto. Además, los italianos llevaban muchos días preparando el choque, mientras que el Barça parecía no haber bajado aun de la nube, tras el título conseguido in extremis el sábado anterior. El partido va a tener un solo color, el rojinegro ( aunque el Milan vistió de blanco ). Los de Capello fueron superiores en todos los terrenos, y no dejaron opción a los pupilos de Cruyff, en cuyas filas no se alineó Laudrup, que parecía haber perdido el favor de quien fuera antaño su máximo valedor. El concluyente 4 a 0 final venía a marcar el final de un ciclo triunfal, el del «Dream Team», y el inicio de un nuevo tiempo de incertidumbre en Can Barça.

Y efectivamente, el varapalo de Atenas va a tener sus consecuencias. Saldrán del club una serie de nombres importantes ( Zubizarreta, Goikoetxea, Julio Salinas, el citado Laudrup….), en un claro proceso de desmantelamiento de una plantilla irrepetible. Y también las relaciones entre Cruyff y Núñez van a ir deteriorándose, hasta llegar a un punto de no retorno. Las nuevas incorporaciones – Hagi, Abelardo, Eskurza, Lopetegi, Escaich, Korneiev, José Mari….-no acaban de funcionar, y surgen graves problemas de disciplina en la persona de Romario, que se había proclamado Campeón del Mundo con Brasil en Estados Unidos, y tardó la friolera de 23 días en incorporarse a los entrenamientos, no teniendo Cruyff más remedio que utilizarlo debido a varias bajas por lesión, en lugar de apartarlo del equipo como castigo, aunque mediado el campeonato se volvería a su país de origen. La política de fichajes va a ir distanciando progresivamente a entrenador y presidente, y la irregular marcha del conjunto no hace más que acentuar dicho divorcio. El Barça no puede revalidar su título de Liga ( muy al contrario, sufrirá dolorosas «manitas» en El Sardinero y – lo que es peor – el Santiago Bernabeu ), y tampoco llegará muy lejos en la Copa ni en la Champions. Únicamente conseguirá clasificarse para la Copa de la UEFA muy a última hora, poniendo el cierre a una temporada para olvidar, que se se saldará con la marcha de leyendas como Koeman, Stoitchkov, Eusebio o Txiki Begiristáin.

El único rayo de luz en un panorama tan sombrío procede de la irrupción de una hornada de brillantes canteranos, la que se dará en llamar «la Quinta del Mini», cuyos más eximios representantes son Ivan de la Peña, Albert Celades, Toni Velamazán, Juan Carlos Moreno y los hermanos Óscar y Roger García Junyent. De ellos se esperaba que viniese la tan necesaria renovación ( un deseo que finalmente no llegó a cumplirse ). Pero, por si acaso, se vuelve a recurrir al mercado, y de ese modo se incorporarán de cara al curso 95-96 jugadores tan destacados como el croata Robert Prosinecki, el bosnio Meho Kodro, el rumano Gica Popescu o el portugués Luís Figo, amén de una gran promesa nacional, el bético Ángel Cuellar. Con ellos en el equipo las cosas van a mejorar, aunque no lo suficiente. Europa seguirá siendo esquiva, y en los torneos domésticos, Liga y Copa del Rey, el Barça va a mantener un pulso con el Atlético de Madrid, que a la postre se decantará en ambos frentes a favor del cuadro colchonero. Y será precisamente tras la conclusión de un crucial choque liguero ante los del Vicente Calderón, cuando estalle la crisis, largamente larvada. Cruyff va a ser destituido ( Mayo de 1996 ), y cuando el vicepresidente Joan Gaspart le comunique la decisión, se vivirán momentos muy tensos y  desagradables en la zona de vestuarios del Camp Nou. Terminará la temporada en el banquillo Charly Rexach, y de esa forma se pondrá también fin a largos años de amistad entre  el holandés y el Noi de Pedralbes. Y el caso saltará incluso a los tribunales, enturbiando aun más las agitadas aguas de Can Barça.

Para dirigir a este Barça en la encrucijada, Núñez va a optar por un veterano técnico inglés de gran prestigio, Bobby Robson, avalado por su trayectoria en el fútbol británico, neerlandés y luso. El desembolso económico para formar un equipo capaz de competir en todos los frentes va a ser considerable, destacando el carísimo fichaje de un joven delantero brasileño de tan sólo 20 años, Ronaldo, que militaba a la sazón en el PSV Eindhoven, habitual vivero de cracks para el Barça. Ronaldo va a convertirse nada más aterrizar en la Ciudad Condal en la gran estrella del equipo, cautivando a la afición con su potencia, su velocidad y sus goles. Pero no va a estar solo. Con el vienen también su compatriota Giovanni, un fino delantero procedente del mítico Santos, los portugueses del Oporto Vitor Baia y Fernando Couto, el frances Laurent Blanc, el hispanoargentino Juan Antonio Pizzi, el nigeriano Emmanuel Amunike y el asturiano Luís Enrique, que militaba en el Real Madrid y al que el club blanco, incomprensiblemente, dejó en libertad. Se registra también el regreso de un hombre muy querido por las masas culés, el búlgaro Hristo Stoitchkov, tras su breve paso por el Calcio.

El Barça va a despachar una gran temporada 96-97, a la que sólo le faltará para ser redonda la consecución del Campeonto de Liga, que se marcha a las vitrinas del Real Madrid. Ronaldo, que deja en la retina del aficionado un ramillete de tantos sensacionales, se va a proclamar máximo goleador, y el equipo triunfará tanto en la Copa del Rey – con épicas eliminatorias contra los blancos y sobre todo frente al Atlético de Madrid, y una final de infarto contra el Betis – y en la Recopa. Pero la presencia del astro brasileño en las filas barcelonistas va a ser efímera. Núñez y sus representantes no llegarán a un acuerdo para la renovación de su contrato, y el Inter de Milán se meterá por en medio, abonando íntegramente su cláusula de rescisión y llevándoselo para San Siro. Mas pese a semejante mazazo, Núñez va a salir muy bien librado de otra consulta electoral, la que le enfrenta el 27 de Julio de 1997 al empresario inmobiliario Ángel Fernández, y que se saldó con un resultado que no admitía dudas: 24025 votos para el presidente, frente a los 5209 del aspirante, en cuya condidatura, por cierto, figuraba un joven abogado de ideas independentistas y de nombre Joan Laporta i Estruch.

A pesar de los buenos resultados, la presencia de Robson en el banquillo barcelonista va a ser breve. El Ajax de Amsterdam había deslumbrado a Europa entera con una reedición del fútbol total desplegado un cuarto de siglo atrás con los Cruyff, Neeskens, Keizer, Rep, Haan, Krol y compañía, y su responsable técnico, Louis Van Gaal, será el elegido por Núñez para pilotar la nave azulgrana. Ya no va a tener a sus órdenes a Ronaldo, pero se le proporcionarán otros dos excelentes delanteros brasileños, Sony Anderson y sobre todo Vitor Borba, «Rivaldo», llamado a convertirse en la nueva estrella del equipo. A los recién llegados se les unirán jugadores como los holandeses Hesp – un fichaje realmente modesto para la portería, pero muy rentable -, Reiziger y Bogarde -, el balcánico Ciric  o el francés Dugarry. Pero Van Gaal no va a sintonizar desde el primer momento con la prensa, a causa de su carácter adusto y estrictamente profesional, muy poco dado a cultivar las relaciones públicas, aunque bajo su batuta el equipo completará una campaña irreprochable en Liga y Copa, consiguiendo de nuevo el «Doblete» treinta y nueve años después del último, que databa de 1959, con Helenio Herrera en el banquillo. También se gana la Supercopa de Europa, ante el Borussia de Dortmund, un éxito que sabe a poco debido a la temprana eliminación en la Champions, donde el Barça cae a las primeras de cambio.

Pero en el famoso «entorno» del Club se estaban empezando a producir movimientos que acarrerían en un futuro más o menos próximo trascendentales consecuencias. Nuevamente se forma un grupo opositor organizado, cuyos miembros se denominan a sí mismos como «El Elefante Azul» ( L´Elefant Blau ). Entre ellos hay tanto ilustres veteranos  – el antiguo gerente de Montal, Armand Carabén – como ambiciosos jóvenes ( por ejemplo, el antes mencionado Joan Laporta, o un ejecutivo de raigambre culé llamado Sandro Rosell  ). Movilizando amplios sectores de la opinión barcelonista, las gentes del Elefant Blau van a conseguir el apoyo necesario para plantear una moción de censura a la Junta de Núñez, posibilidad contemplada en los Estatutos del Club. Este hecho, insólito en otras latitudes futbolísticas nacionales, tendrá lugar con motivo de un trascendental Barça-Madrid (  3 a 0 para los blaugranas  ), el 7 de Marzo de 1998. No va a salir adelante ( votaron el 44,02 % de los socios con derecho a sufragio,  respaldando la gestión de Núñez y su junta 24863, y rechazándola 14358), pero certificará que la fractura social del barcelonismo es un hecho incontrovertible e irreversible, a pesar del dulce momento deportivo por el que atravesaba la entidad.

Dulce momento deportivo al que iba a sumarse muy pronto a una efeméride histórica. El 29 de Noviembre de 1999 el Fútbol Club Barcelona cumpliría su Centenario, sus primeros 100 años de vida, y había que celebrarlo por todo lo alto, superando en brillantez a los aniversarios de 1924, 1949 y 1974. Durante un año la Administración Núñez organiza y programa un brillante rosario de actos  deportivos, sociales, culturales y artísticos, entre los que destaca un espectacular encuentro entre el Barça y la Selección Brasileña de fútbol, sin duda alguna el combinado nacional con más gancho en aquel momento para cualquier aficionado al Deporte Rey, por más que el vigente Campeón del Mundo fuese la extraordinaria Francia de Zinedine Zidane. Mientras tanto, el Barça ha vuelto a ganar la Liga correspondiente a la temporada 98-99, aunque la Champions League siga resistiéndosele. Mas, pese a los indudables éxitos, la figura de Van Gaal no goza en absoluto de las simpatías del entorno barcelonista, y entre otras cosas se le critica que está llenando la plantilla de holandeses ( pues a instancias suyas se ha fichado a los hermanos De Boer, a Cocu, a Zenden, a Kluivert e incluso al finlandés Jari Litmanem, también antiguo pupilo suyo en el Ajax )

Por ahí, pues, tiene un frente abierto Núñez – en cuya Junta, por ciento, se halla presente su hijo José Luís -. pero no es el único. El «Elefant Blau» sigue acosándole, y en 1999 va a promover una auditoria externa para que se de a conocer la situación patrimonial real del Club, que según ellos arrastraba una deuda de 14.000 millones de pesetas. Y tampoco los vecinos del barrio de Les Corts, donde está enclavado el Camp Nou, se muestran muy complacientes con el sempiterno mandatario barcelonista, ya que con su oposición van a acabar echando abajo su ambicioso plan «Barça 2000», que proponía la potenciación de los aledaños del estadio como zona de ocio. Dicho proyecto  lúdico-comercial – en un principio apoyado por el PSC, la fuerza política que controlaba el Ayuntamiento de Barcelona – contemplaba la creación de una serie de establecimientos hosteleros – bares y restaurantes -, salas de cine, pabellones temáticos  e incluso aparcamientos, que se calculaba que podrían atraer anualmente a más de 7 millones de visitantes. Los colectivos vecinales, sin embargo, van a posicionarse en su contra de manera abiertamente beligerante, ya que entendían que semejante afluencia de personas y vehículos colapsaría permanentemente el barrio y traería un sinfín de inconvenientes y problemas. La batalla  va a librarse durante buena parte del año 1999 y primeros meses del 2000, desde el preciso momento en que se hace público el proyecto y se abre el plazo de alegaciones, y enfrentará en términos muy duros a Núñez con los representantes vecinales.

Todo ello, sumado al natural desgaste de 22 años en el poder, va a terminar de convencer a Núñez de que ha llegado el momento de arrojar la toalla y hacer mutis por el foro. De ese modo, en Mayo del 2000 anuncia sorprendente que ha decidido dimitir y convocar inmediatamente elecciones a la presidencia del Barça, cuando aun le restaba algo más de un año para concluir su mandato ( y en señal de solidaridad con el hombre que tanto había confiado en él, a pesar de un aluvión de críticas, presenta también su dimisión el entrenador Louis Van Gaal ). Núñez va a escenificar a lo grande su despedida, rodeándose de todos los trofeos que las distintas secciones profesionales del Barça habían conquistado bajo su égida, nada menos que 140, de los cuales 27 correspondían al Fútbol, 26 al Baloncesto, 50 al Balonmano y 37 al Hockey sobre Patines. Se inicia acto seguido la campaña, en la que finalmente se enfrentarán dos candidatos: por una parte el también sempiterno vicepresidente nuñista y su auténtico «brazo derecho», el empresario  hotelero Joan Gaspart, y por otra el prestigioso publicista Lluis Bassat, un hombre de gran reputación profesional pero ajeno por completo al mundo del fútbol, salvo a nivel de simple aficionado, que con un programa de profunda renovación del Club va a aglutinar en su persona a toda la oposición al Nuñismo.

Los comicios se celebran el día 23 de Julio de 2000, en un clima muy enrarecido a causa del llamado «Caso Figo», ya que el jugador portugués – en aquellos momentos sin duda la estrella del equipo – va a involucrarse en otra campaña electoral, la del máximo rival y archienemigo barcelonista, el Real Madrid, donde el candidato opositor al presidente Lorenzo Sanz, el empresario Florentino Pérez, se ha comprometido a ficharle, pagando íntegramente su elevada cláusula de rescisión ( 10000 millones de pesetas más el IVA ). El Real Madrid acababa de ganar la Champions League, derrotando claramente al Valencia en la final española de París, pero esa victoria de poco le va a servir a Sanz, que será superado en las urnas por Pérez y su «Efecto Figo». En Barcelona, sin embargo, se impondrá la lógica. Con una participación del 49,34 % de los socios con derecho a voto, Joan Gaspart se proclamará nuevo presidente al recoger 25.181 sufragios, frente a los 19.791 que apoyaron a Bassat. La impresión general era que había triunfado la continuidad, el Nuñismo después de Núñez.

La «Era Gaspart» rebasa ya el marco temporal de nuestro estudio, pero va a configurarse como uno de los momentos más críticos de toda la historia del Barça, tanto en lo deportivo y lo económico como en lo social e institucional. El hotelero recibe un club con una razonablemente buena salud económica, y dilapidará todo ese capital en menos de tres años, viéndose obligado a presentar su dimisión a principios de 2003, tras un calamitoso partido en el Camp Nou frente al Sevilla. Gaspart, que se había encontrado con las arcas llenas gracias al dinero pagado por Florentino Pérez al llevarse a Figo, va a gastar la friolera de 33.144 millones de las antiguas pesetas ( 199,2 millones de euros ) en una serie de costosísimos fichajes – Overmars, Petit, Alfonso, Christanval, Rochemback, Geovanni, Saviola, Riquelme…- que fracasarán sin paliativos ( tal vez con la única excepción de Saviola, aun así carísimo ), y con los que el Barça no va a conquistar un solo título, pero se va a endeudar enormemente. Por el banquillo del Camp Nou pasarán Llorenç Serra Ferrer, Charly Rexach, de nuevo Louis Van Gaal, y finalmente Radomir Antic,  pero el lamentable juego del equipo no va a mejorar. Tan sólo podemos registrar un dato positivo, pero que en aquel momento nadie – o casi nadie – acertó a valorar: el fichaje de un pequeño futbolista argentino de trece años llamado Lionel Andrés Messi.

¿ Balance final del Nuñismo? El constructor nunca sintonizó con determinados y muy influyentes sectores de la sociedad catalana, tanto a nivel político como en su vertiente civil. Jamás fue santo de la devoción de las fuerzas nacionalistas – que consideraron que durante su presidencia hizo todo lo posible por frenar la catalanización del club, iniciada en tiempos de Agustí Montal hijo -, ni, por supuesto, de la Izquierda, para la que no era más que un gran especulador del suelo, un empresario sin escrúpulos, únicamente interesado en forrarse. Sus maneras – personalistas, autoritarias, en ocasiones lacrimógenas – no puede decirse que llegaran a enamorar, ni siquiera a sus partidarios, que no eran pocos, pero,  objetivamente hablando, su dilatada gestión va a ser muy beneficiosa para la entidad. Primero a nivel deportivo, porque bajo su mandato se cambió la tradicional dinámica perdedora del Club, y se consiguieron triunfos hasta entonces nunca alcanzados – la Copa de Europa, sin ir más lejos -, así como numerosos títulos, tanto en fútbol  ( cuatro ligas consecutivas ) como en las otras secciones profesionales del Club, a las que situó también en primera línea europea. En lo económico es evidente que consiguió salvar al Barça de una bancarrota anunciada, le encauzó por la senda de los superavits, aumentó espectacularmente su patrimonio, ampliando varias veces el Camp Nou, construyendo el Miniestadi, inaugurando el Museu y creando la Escuela de Jugadores en La Masía, y evitó que tuviera que constituirse en Sociedad Anónima Deportiva, escapando así al control de sus propietarios de siempre, los socios. Y hablando de socios, en 1978 estos eran 78000, y al dimitir Núñez en el 2000 superaban ya la cifra de 106.000, y pagaban por sus abonos menos dinero que en cualquiera de los otros grandes clubes europeos. Y en cuanto al número de peñas, se  pasaría de tan sólo 96 en 1978, a más de 1300 al alborear el siglo XXI, con predominio incluso de las de fuera de Cataluña, y con multitudinarios encuentros anuales ( las trobadas internacionales ). Institucionalmente, el Barça se erigió como la principal entidad catalana, con proyección universal, hecho expresamente reconocido en 1992, cuando la Generalitat le otorgó su máxima distinción, la Creu de Sant Jordi.

Esos son sus poderes. Desde entonces, Josep Lluís Núñez se ha mantenido discretamente apartado del club al que dedicó buena parte de su vida, y sí ha  recobrado cierto protagonismo a su pesar en los últimos tiempos, las razones no han sido precisamente de índole deportiva, sino de otra naturaleza muy distinta y harto socorrida en la España de las recientes décadas: los juzgados. Pero eso, sencillamente, corresponde a otro negociado, y aquí nos hemos limitado a situar a su persona y a su obra en el contexto del Fútbol Club Barcelona, llegando a la conclusión de que, si bien la historia del club blaugrana será la que emita finalmente su veredicto – de hecho ya lo está emitiendo -, este no será precisamente negativo…




José Luis Núñez Clemente (Baracaldo, 1931). 1ª parte

El Barça cumplió sus primeros 112 años de vida el pasado 29 de noviembre de 2011. Y en todo  este tiempo, nada menos que durante veintidós años va a estar presidido por la misma persona, algo sin parangón en su historia, pues las presidencias más longevas – incluso sumando distintos períodos – no han excedido nunca de los 9 años. Tal honor  ( que seguramente no alcanzará jamás ningún otro dirigente blaugrana  ) le corresponde a un hombre que no ha nacido en Cataluña, aunque haya desarrollado allí, y concretamente en la Ciudad Condal, la mayor parte de su vida profesional y su trayectoria vital. José Luis Núñez va a ser el primer presidente barcelonista netamente democrático, entendido el término en el sentido de haber sido  elegido por sufragio universal de todos los socios mayores de edad y con una determinada antiguedad en el Club, tal como correspondía a los nuevos aires que al país le trajo la Transición, en mayo de 1978, once meses después de las primeras elecciones libres en cuarenta años tras el final  del Franquismo, y cuando aun se estaba elaborando la Constitución. Sistemáticamente reelegido – a veces sin oposición – en los años 81, 85, 89, 93 y 97, dimitió sorprendentemente de su cargo en mayo de 2000, cansado de recibir críticas y ser blanco de distintos movimientos de oposición a su gestión.

Posiblemente ningún mandatario barcelonista habrá sido más polémico y controvertido que Núñez – ni siquiera Enric Llaudet o Joan Laporta -, pero también su hoja de servicios a la entidad es impresionante. El Barça del emblemático año 2000 se va a parecer ya muy poco a aquel que él recibió en el año 1978. A un club segundón y tradicionalmente perdedor, muy enraizado en Cataluña pero con escasa proyección exterior y sumido en una grave crisis económica, con una elevada deuda, Núñez lo va a convertir en la primera sociedad polideportiva del mundo, con una dimensión universal, un rosario de  triunfos  ( tanto a nivel del primer equipo de fútbol como de las distintas secciones ),  una  excelente salud financiera y un cuantioso y envidiable patrimonio. La marca «Barça», apenas explotada fuera de la región, empezará a cotizarse muy fuerte en los mercados internacionales, y a ello no va a ser ajena la gestión de este hombre bajito y tenaz, de voz poco airosa y lágrima fácil, pero dotado de una energía y una clarividencia nada comunes.

Núñez es el típico ejemplo de lo que los norteamericanos llaman «Self made man», es decir, un hombre hecho a sí mismo. Emigrado junto a sus padres  desde el País Vasco, con raíces leonesas, crece en la dura Barcelona de la Postguerra, y comienza a moverse desde abajo en los ambientes   inmobiliarios. Autodidacta, acaba casándose con Maria Lluïsa Navarro, hija de un pequeño constructor, y al correr de los años llegará a presidir una gigantesca razón social en la que su apellido precederá al del suegro. Los años 1960-75, la Era del Desarrollismo, establecen a Núñez como un promotor mítico en la Ciudad Condal, envidiado por unos y odiado por otros. Comprarse un piso de «Núñez y Navarro» se convierte en  un hecho sociológico de la vida barcelonesa de la época, una manera de integrarse en la trama urbana. La izquierda, en la semiclandestinidad, le detesta, considerándole un gran especulador del suelo, y esa animadversión va a acompañarle durante toda su vida pública.

Mediada la década de los 70, al compás de nuestra transición democrática, Núñez decide dar el «Gran Salto Adelante». Al innegable éxito profesional, desea unir ahora el prestigio y el reconocimiento sociales, y pocos puestos más adecuados para alcanzar eso en Barcelona que la presidencia del Barça, tradicionalmente ostentada por conspicuos representantes de la burguesía textil. El constructor comienza a mover sus fichas, atrayéndose a la prensa y dándose a conocer ante la afición culé. Ya es lo que llamaríamos «un presidenciable». El segundo mandato de Agustí Montal hijo ( 1973-77 ) toca a su fin, y los aspirantes a sucederle empiezan a tomar posiciones de cara a los primeros comicios auténticamente democráticos de la entidad, a celebrar en la primavera de 1978. Varios precandidatos salen a la palestra, y entre ellos  brilla con luz propia el nombre de Víctor Sagi, destacado publicista barcelonés e hijo de un mítico jugador del gran equipo de los Felices Años 20, Sagi Barba.

Pero Sagi acabará por retirarse de la carrera hacia la presidencia ( la vox populi hablará de presiones y chantajes, nunca probados ), y de cara al sprint final, a las históricas votaciones del 6 de mayo de 1978, van a llegar con opciones tres candidatos: Ferran Ariño, un hombre muy próximo a Convergencia Democrática de Cataluña y por lo tanto a Jordi Pujol, y ex-directivo en las juntas de Montal, el veterano Nicolau Casáus, todo un clásico del barcelonismo, fundador de la legendaria «Peña Solera» y sempiterno opositor al Establishment blaugrana, y, como tercero en discordia, José Luis Núñez, gran empresario de la construcción, un personaje adinerado, un triunfador en toda regla, pero carente del pedigree culé que adorna a sus dos  rivales. De algún modo, Ariño y Casaus compiten por el mismo espacio «político», mientras que Núñez se presenta como un hombre nuevo, sin lastres ni vínculos con el pasado, dispuesto a aplicar criterios estrictamente empresariales a un club de fútbol que se ha venido rigiendo hasta entonces de una forma artesanal, muy de andar por casa, cassolá, como dirían los catalanes. Pero también cuenta con aliados importantes, ya que tanto Johan Cruyff, la estrella del equipo, como Charly Rexach, su futbolista más carismático, le brindan públicamente su apoyo, un gesto entonces muy comentado.

Y la dispersión del sufragio entre sus dos contrincantes,  llevará a Núñez a la victoria. Sumados los votos de Ariño y Casaus ( 9.572 y 6.202, respectivamente ) superan ampliamente a los 10.353 cosechados por el constructor, pero va a ser él quien recibirá el mandato ejecutivo para presidir al Barça durante los próximos cuatro años. Al frente de una Junta Directiva en la que figuran como vicepresidentes el industrial hotelero Joan Gaspart y – sorprendentemente – Nicoláu Casaus, uno de los candidatos derrotados ( que se granjearía a causa de esta decisión no pocos reproches ), Núñez va a poner manos a la obra inmediatamente, encarando con decisión y firmeza el más grave problema de la entidad, el económico.

Solicitará de los socios un adelanto sobre las cuotas, con el compromiso de ir reintegrando ese dinero prorrateado en los futuros recibos. La respuesta de los culés va a ser muy positiva. Se recaudará una elevada suma (409 millones de pesetas ), e incluso numerosos socios renunciarán a la devolución. El saneamiento económico se convierte así en la piedra angular sobre la que Núñez quiere construir el «Barça triomfant» , el lema de su campaña, y le permitirá acudir al mercado de jugadores con plena solvencia. Y hablando de jugadores, y también de entrenadores, el nuevo presidente se estrena con la marcha de Johan Cruyff, la estrella indiscutible del equipo, y también con la del técnico, su compatriota Rinus Michels. El primero va a ser sustituido por un jugador poco conocido en nuestro país, pero que viene avalado de una gran fama con goleador, el austriaco Hansi Krankl, procedente del Rapid de Viena. Y para el banquillo, Núñez va a elegir a un antiguo jugador barcelonista, el alsaciano Lucien Muller, que había despachado excelentes campañas en clubes como el Castellón- al que llevó a la final de Copa -, Burgos y Real Zaragoza.

Atendiendo a su cronología, puede hablarse de un primer Nuñismo, caracterizado por el saneamiento y la posterior buena salud de la economía del Club, lo cual se refleja en un rosario de  fichajes espectaculares ( Simonsen, Quini, Alexanko, Schuster, Maradona, Archibald, Lineker, Hughes, Zubizarreta…) y en una serie de obras con vocación de perennidad – La Masía, reconvertida en Escuela de Jugadores, la ampliación del Camp Nou, la construcción del Mini Estadi en terrenos aledaños, la creación del Museu del Club…-, pero que sin embargo no se corresponde con los resultados deportivos, bastante magros para el mucho dinero invertido en reforzar el equipo, aunque se consiguen algunos resonantes triunfos internacionales, como son las Recopas de 1979 y 1982. Este periodo, que cubre los primeros diez años de su presidencia, hasta 1988, se caracteriza también por estar trufado de una serie de acontecimientos muy accidentados, que van a marcar profundamente a la entidad, instalándose cierto clima de fatalismo entre la masa social.

La primera temporada de Núñez, la 1978-79, es testigo  del primer gran éxito a nivel continental del Barça, de mucha mayor relevancia que las tres Copas de Ferias conquistadas en los años 50 y 60. Esa Recopa, ganada en Basilea al Fortuna de Dusseldorf alemán, delante de 30.000 enfervorizados culés desplazados en ejemplar peregrinación hasta la ciudad helvética, no va a tener sin embargo continuidad, y el Club no tardará en entrar  en una espiral de conflictos y sucesos, un auténtico via crucis en el que al Barça le va a ocurrir literalmente de todo. Ya en el apoteósis de la Plaça Sant Jaume la multitud corea un doloroso «Núñez no, Neeskens sí», en alusión a la marcha del centrocampista holandés, muy querido por la afición gracias a su pundonor y entrega. Es el primer bofetón, metafóricamente hablando, que recibe el flamante mandatario.

Su segundo curso, el 79-80, con el fichaje estelar del danés Allan Simonsen, va a ser también agitado, puesto que, en lugar de nuevos triunfos,  traerá el profundo desencuentro entre el entrenador Quimet Rifé- que había revelado a Muller poco antes de Basilea –  y la otra gran estrella del equipo, el austríaco  Krankl, contencioso que se saldó a favor del técnico catalán, aunque los adversos resultados deportivos no tardarían en hacerle saltar también del banquillo, siendo sustituido por un ilustrísimo veterano, el incombustible Helenio Herrera, que veinte años después de su traumática salida retornaba a Can Barça, ya con una edad bastante avanzada. Núñez, mientras tanto, estaba aterrizando en el fútbol español con estrépito, manteniendo profundas diferencias tanto con los organismos federativos como con el eterno y gran rival, el Real Madrid. En otro orden de cosas, en Octubre de 1979 se inaugura la Residencia para jugadores en La Masía, un lugar llamado a convertirse en santo y seña de la entidad, con sucesivas y brillantes hornadas de canteranos. Y en Diciembre Núñez podrá proclamar con orgullo que el Camp Nou ya es completamente propiedad del Barça, al liquidarse los últimos flecos de la enorme deuda generada por su construcción.

Pero si bien el palmarés deportivo del Club no se incrementaba, al menos su economía sí parecía marchar viento en popa, y los continuos superavit hicieron  que Núñez pudiera plantearse una política de fichajes de auténticas campanillas, tales como el del central del Athletic de Bilbao José Ramón Alexanko o el del ya mítico goleador del Sporting de Gijón Enrique Castro «Quini», objeto de deseo del Barça desde hacía muchas temporadas, y al que los asturianos  dejaban por fin  marchar,  con casi 31 años y a cambio de una elevada suma. Y para reemplazar a HH, una vez pasada la situación de emergencia ( el «Mago» consiguió clasificar al equipo in extremis para la Copa de la UEFA ), Núñez va a apostar nada menos que por Ladislao Kubala, una leyenda viva para todos los culés y sempiterno seleccionador nacional español, que había quedado libre tras la Eurocopa de 1980.

Sin embargo Kubala tampoco va a echar raíces, pues los malos resultados continúan a pesar de la fuerte inversión  realizada. Al poco tiempo volverá  al banquillo Helenio Herrera, siempre ejerciendo como fiel bombero, y llegará un joven y extraordinario centrocampista alemán de rubios cabellos, Bernd Schuster, que había maravillado en la reciente Eurocopa de Italia, y que muy pronto se va a convertir en el auténtico líder del equipo. Pero el gran suceso de esta temporada 80-81 será de naturaleza extrafutbolística: el secuestro del «Pichichi» blaugrana Quini en Febrero del 81, días después del 23-F, a la finalización de un partido contra el Hércules de Alicante en el Camp Nou. El hecho va a tener en vilo a toda España, futbolera o no, durante casi un mes, y se resolverá felizmente con la liberación del delantero asturiano y la detención de sus captores por la policía, cuando estos iban a cobrar el rescate. El equipo, traumatizado por la suerte de su compañero, se resentirá en su rendimiento, y la Liga va a escaparse un año más, aunque no así la Copa del Rey, brillantemente conquistada en el madrileño «Vicente Calderón» al derrotar por 3 a 1 al Sporting de Gijón, y precisamente con dos dianas del «Brujo» a sus antiguos compañeros. El curso se  cerrará también con cuatro fichajes de relumbrón: el meta guipuzcoano Urruti, que cruza la Diagonal procedente del Español, el defensa canario Gerardo, el centrocampista  aragonés Víctor y el delantero astur Morán, todos ellos de lo mejorcito del mercado nacional.

La temporada siguiente, 81-82, va a contemplar la ampliación del Estadio de cara a albergar los partidos del Mundial de España ( entre ellos, el encuentro inaugural ). En lo deportivo, y con el prestigioso técnico alemán Udo Lattek en el banquillo, el Barça volverá a dejar escapar la Liga nuevamente, desperdiciando una amplia ventaja en las últimas jornadas, en favor de la Real Sociedad. Por contra, conquistará  su segunda Recopa, en la final celebrada en el propio Camp Nou frente al Standard de Lieja, al que supera por un apretado 2 a 1. Y poco después va a producirse la gran noticia del año, pues Núñez  – tras varios años intentándolo – consigue por fin los servicios de quien estaba considerado en aquellos momentos como el mejor jugador del mundo, el argentino Diego Armando Maradona, a cambio de una exorbitante cantidad de dinero que rondaba los 1200 millones de pesetas. En torno al «Pelusa» va a formarse una plantilla de ensueño ( una revista la definió como «el Barça Espacial», claro precedente de los posteriores «galácticos» madridistas ), en la que junto al astro argentino y al germano Schuster figuran los Marcos. Periko Alonso, Julio Alberto, Pichi Alonso y Urbano, fichados todos ellos a golpe de talonario. Paralelamente, Núñez va a ser nombrado Vicepresidente de la Real Federación Española de Fútbol. También será el encargado de negociar los derechos de retransmisión de partidos con Televisión Española, y va a conseguir un espectacular incremento de la cantidad abonada por el Ente público. Por otro lado, el Barça alcanza la cifra de 100.000 socios.

Pero los resultados deportivos, una vez más, distarán de ser los esperados, y la Liga se esfuma de nuevo, por noveno año consecutivo, aunque algo de culpa va a tener en ello la repentina enfermedad de Maradona – una hepatitis B – , que le dejará durante varios meses fuera de combate. El fiasco le cuesta el puesto a Lattek, sustituido por César Luís Menotti, el hombre que había conducido a la Albiceleste al Campeonato Mundial de 1978.»El Flaco» – otra de sus varias similitudes con Johan Cruyff – va a debutar con buen pie, ya que a sus órdenes el Barça obtendrá la Copa de la Liga ( una competición «Made in Núñez», ideada ex profeso para que los clubes pudieran hacer más caja ) y sobre todo la Copa del Rey, ambas ante el eterno archienemigo, que no rival, Real Madrid, y la segunda recordada por los gestos obscenos que, tras el gol de la victoria azulgrana conseguido por Marcos al filo del tiempo reglamentario, va a dedicarles Bernd Schuster a quienes no tardando demasiado se convertirían en compañeros suyos. Cierra el balance positivo de la campaña 82-83, salvada gracias a esa serie de triunfos ante los blancos, la inauguración de un nuevo equipamiento que incrementa el ya cuantioso patrimonio del Club, el Miniestadi, una coqueta bombonera aledaña al Camp Nou donde los culés van a poder solazarse admirando las evoluciones del equipo filial.

Había muchas esperanzas depositadas en el curso 83-84, con Menotti en el banquillo y Maradona ya felizmente recuperado, pero estaba escrito que el Pelusa no iba a triunfar en el Barça, porque a poco de comenzar la Liga, en un partido disputado en el Camp Nou ante el Athletic de Bilbao, el durísimo zaguero Andoni Goikoetxea – que ya había tronchado la rodilla de Schuster un par de años antes en San Mamés – va a lastimar el tobillo de Diego, enviándole al dique seco para varios meses. El cuadro rojiblanco volvería a ganar el Torneo de la Regularidad – ya iban diez temporadas consecutivas de frustraciones -, y también la Copa, precisamente ante el Barça, en Madrid, por la mínima y con una bochornosa batalla campal entre los jugadores de ambos equipos al finalizar el encuentro. Uno de sus protagonistas fue el propio Maradona, cuyos días ya estaban contados en la Ciudad Condal. Circunstancias imprevistas le habían impedido rendir a su mejor nivel, aun destilando esporádicas gotas de genialidad, y su entorno particular no constituía tampoco el marco ideal para un deportista de élite. Núñez va a recibir una oferta mareante del Nápoles, que deseaba dejar de ser un don nadie en el Calcio, y dará  su aquiescencia a la marcha del as argentino, en una operacion que se saldó incluso con beneficios para el Club. Con Maradona va a abandonar también la entidad Menotti ( aunque no rumbo a Italia ). Entre tanto morbo, la consecución de una nueva Copa de la Liga quedará absolutamente eclipsada, como es natural. Es momento de mudanza, y Núñez, tras las experiencias alemana y argentina, vuelve los ojos a las raíces del fútbol, y contrata a su octavo entrenador en tan sólo seis años, un semidesconocido técnico inglés llamado Terry Venables. También se plantea la necesidad de llenar el hueco dejado por el Pelusa. Un firme candidato va a ser el ariete mexicano Hugo Sánchez, del Atlético de Madrid, pero al final se opta por otro británico poco conocido, el delantero escocés, Steve Archibald, al que se le encomienda  la dificilísima misión de tratar de hacer olvidar a Diego.

Y la jugada no saldrá nada mal, porque – tras toda una década de fracasos – el Barça va a acabar adjudicándose la Liga 84-85  con bastante brillantez, liderando de cabo a rabo la clasificación. Una histórica goleada al Boca Juniors en el Gamper – 9 a 1 –  va a ser el prólogo del arranque soñado por todo culé que se precie: una victoria en el mismísimo «Santiago Bernabéu» por 0 a 3 en el primer partido liguero. A partir de ese momento el Barça, practicando un «pressing» demoledor,  ya no dejará el liderato, y por fin, once años después del último entorchado, volverá a conquistar el ansiado título que da opción a jugar la Copa de Europa, el más importante de los tres torneos continentales que se disputaban entonces. El Barça cantó el «Alirón» en Valladolid, en el Nuevo Zorrilla, después de que el guardameta Urruti subiese a los altares culés al detener un penalty en el último suspiro del encuentro. Algunos meses antes, concretamente el 24 de septiembre de 1984, se había inaugurado en el interior del Camp Nou el Museu del Barça, una instalación modélica en su género, que pronto se convertiría en el más visitado de toda Cataluña. Hoy lleva el nombre de su principal impulsor, el presidente Núñez.

El entusiasmo generado por el triunfo en la Liga fue tal,  que hizo olvidar  por completo el enfado por  la temprana y sorprendente eliminación en la Copa de la UEFA, ante el modesto conjunto francés del Metz. Podía haber sido, por fin, el arranque de aquel «Barça Triomfant»  prometido por Núñez hacía ya demasiado, pero en la temporada siguiente, la 85-86, no sólo no se reverdecieron laureles, sino que se añadieron  nuevos traumas históricos – «urgencias» las llamaba Menotti – al barcelonismo. Para empezar, brotaron abiertas discrepancias entre el presidente y la gran estrella del equipo, el alemán Bernd Schuster, que había liderado con gran acierto el juego blaugrana durante la exitosa campaña anterior. Schuster era un hombre de carácter difícil ( algo que se ha puesto de manifiesto en todos los equipos en los que ha jugado, y han sido unos cuantos…), y los tira y afloja entre ambas partes comenzaron a hacerse habituales. Pero todo estalló hecho pedazos la infausta tarde del 7 de Mayo de 1986, en el sevillano Estadio Sánchez Pizjuán. Mas antes de llegar hasta allí, el Barça había sido incapaz de revalidar el título liguero – se lo impidió el inicio del ciclo triunfal de la «Quinta del Buitre» madridista -, y también perdió la final de la Copa del Rey, al ser derrotado por el Real Zaragoza. Pero estos traspiés iban a quedar  en un segundo plano ante la posibilidad de coronarse por fin campeones de Europa, algo que el club catalán llevaba un cuarto de siglo anhelando. Todos los pronunciamientos estaban a favor del Barça: el equipo había eliminado a cuadros potentes como la Juventus y el Goteborg, tras remontar un 0 a 3 adverso en un partido de vuelta no apto para cardíacos, el rival era un desconocido cuadro rumano, el Steaua de Bucarest, y la final se disputaría en Sevilla, con una masiva presencia de seguidores culés en las gradas del Pizjuán, prácticamente como si se jugase en el Camp Nou. Pocas veces uno de los finalistas habrá sido más favorito, pero…

Aquel 7 de Mayo todo salió mal, empezando por la muerte en accidente de un grupo de barcelonistas que viajaban rumbo a la capital hispalense. Durante todo el encuentro  los de Venables llevaron el control del juego , pero apenas sí crearon ocasiones de gol. De esta manera se llegó al término de los 90 minutos reglamentarios con el marcador inicial, pero la prórroga tampoco resolvió nada, dejando el cero a cero inamovible. Sin embargo, lo peor estaba aun por venir en la lotería de los lanzamientos desde el punto de penalty. Urruti – una vez más providencial – cumplió con creces deteniendo los dos primeros disparos del Steaua, pero lo que nadíe podía sospechar era que el Barça fallaría…¡ cuatro penaltys ! Los rumanos, apoyados en su portero Duckadam ( que estuvo inconmensurable atajando  los castigos  chutados por Alexanko, Pedraza, Pichi Alonso y Marcos ) inscribieron su nombre como campeones de esta desgraciada edición de la Copa de Europa de 1986, y los azulgranas agrandaron aun más su leyenda de conjunto perdedor. Y, para colmo de males, el «Caso Schuster» explotó con toda su virulencia, pues el jugador teutón, al ser sustituido durante el encuentro, no se quedó en el banquillo, sino que abandonó a toda prisa las instalaciones del Sánchez Pizjuán, lo cual suponía un divorcio total con respecto al Club.

Ante este desolador panorama, José Luis Núñez  va a volver a tirar la casa por la ventana. Se fichó a dos futbolistas españoles de gran relieve, el portero Zubizarreta, del Athletic de Bilbao, y el centrocampista Roberto Fernández, procedente del Valencia, y también a dos buenos goleadores británicos, el galés Mark Hughes y el inglés Gary Lineker, «Pichichi» del Mundial mexicano aquel mismo verano. Por contra, Schuster era apartado del equipo. En ese momento, por lo tanto, el Barça contaba en su plantilla con cuatro jugadores extranjeros, y tan sólo podía alinear a dos. El alemán estaba fuera, pero aun sobraba Steve Archibald, cuya primera campaña, la 84-85, había sido muy buena, pero que después sería presa de continuas lesiones, y se toma la decisión  de «bajarle» al equipo filial, el Barcelona Atlético, que militaba en Segunda A.

La temporada 86-87 va a ser inusualmente larga – la denominada «Liga del Play-off» -, y resultará  igualmente esteril en cuanto a títulos, pero las cosas aun van a empeorar en la campaña siguiente, 87-88, y de la manera más traumática posible. La pésima marcha del equipo obligará a Núñez a cesar a Terry Venables, sustituyéndole por Luís Aragonés. Eliminados en Europa, por la Liga se deambula con más pena que gloria, lejos incluso de los puestos que dan derecho a acceder a competición continental. El único lenitivo es la Copa, donde sorprendentemente el Barça va a imponerse en la final a una magnífica Real Sociedad, donde militaban jugadores de la talla de López Rekarte, Jose Mari Bakero o Txiki Begiristáin. Pero este triunfo inesperado no va a ser suficiente para calmar las revueltas aguas de Can Barça…Bernd Schuster – al que le restaba aun un año de contrato – se reintegrará al equipo, cuya práctica totalidad de componentes, con el propio Luís Aragonés a la cabeza, va a enfrentarse abiertamente con la directiva de Núñez a causa de serias diferencias en torno a la fiscalidad de sus contratos. Juntos técnico y futbolistas pedirán públicamente la dimisión del mandatario en el curso de una multitudinaria rueda de prensa. Es lo que ha pasado a la historia blaugrana como «el Motín del Hesperia» ( por el nombre del hotel barcelonés donde tuvo lugar este insólito acto de rebeldía colectiva ). Schuster, haciendo honor a su peculiar carácter, no tomó parte en el evento.

Son días tristes y muy difíciles en Can Barça. Un colectivo de socios descontentos con la gestión de Núñez  había formado meses atrás el denominado «Grup d´Opinió Barcelonista» ( GOB ), que exigirá también la dimisión del presidente y la convocatoria urgente de elecciones. Y algunos jugadores llegan incluso a las manos con varios iracundos aficionados en el transcurso de un  entrenamiento,. Ante este estado de cosas, José Luis Núñez va a cortar por lo sano. Se deshará de buena parte de los díscolos y también de  Luís Aragonés, y tomará una decisión de enorme trascendencia para el futuro de la entidad: contratar como nuevo técnico barcelonista a Johan Cruyff. Recordemos que el holandés le había prestado su apoyo explícitamente en vísperas de las elecciones de 1978. Ahora, como responsable del Ajax, aparecía avalado por su firme apuesta a favor de un fútbol abierto y espectacularmente ofensivo, muy en la línea de la mítica «Naranja Mecánica». Para recibir al «Flaco», Núñez tira de chequera y le ficha un equipo completo: Unzué, Aloisio, Serna, Manolo Hierro, López Rekarte, Miquel Soler, Eusebio, Jon Andoni Goikoetxea, Valverde, Jose Mari Bakero, Julio Salinas y Txiki Begiristáin. También van a ascender a la primera plantilla dos brillantes canteranos, Luís Milla y Guillermo Amor. Con esta drástica renovación podemos dar por finalizado el primer período del Nuñismo. Alumbra una nueva era, preñada de incertidumbre, aunque los culés confían en que  el club de sus amores pueda volver por fin a la senda de los éxitos.




Johan Cruyff (Amsterdan, Holanda, 1947)

Josep Samitier fue el primer crack mediático del Barça, justo cuando el fútbol empezaba a convertirse en un espectáculo y una pasión de masas. Ladislao Kubala fue el sueño dorado que ayudó a sobrellevar una espantosa postguerra, en la que escaseaba todo excepto la ilusión, y su descomunal talento dejó chico Les Corts y obligó a construir un teatro a escala de su arte, el Camp Nou. Johan Cruyff, finalmente, llegó en 1973 a un club con complejo de perdedor que arrastraba inquietantes tics victimistas, y con su sola presencia insufló las dosis de autoestima y calidad suficientes como para volver a ganar una liga, catorce años después del último título. La recuperación, sin embargo, fue flor de un día, pero cuando el astro holandés regresó a la Ciudad Condal a finales de la década de los 80, a un Barça institucional y deportivamente hundido, acertó a imprimirle un estilo y una filosofía de los que aun se alimentan los grandes éxitos actuales. Pudo cambiar la cara del Club en los años 70 – todo quedó entonces en un amago -, mas en su retorno como entrenador sí que le mudó la faz, y de qué manera…

Johannes Hendryk Cruyff es un hijo de la postguerra holandesa. De origen humilde – sus padres eran modestísimos tenderos – , su biografía está íntimamente ligada a un club de fútbol, el Ajax de Amsterdam. Allí creció como futbolista y como persona, después de que su gran dominio de balón, su excepcional visión de la jugada y su letal picardía se forjaran en aquellas calles de muchos adoquines y pocos automóviles. Su precocidad le llevó a debutar con los ajacied a la edad de 17 años, de la mano del técnico inglés Vic Buckingham. No tardaría en convertirse en el mejor jugador de Holanda y de Europa. Para 1969, cuando los de Amsterdam llegan a su primera final europea – pagando su inexperiencia al caer ante el Milan por 4 a 1 en el Bernabéu – ya era el objeto de deseo de numerosos clubes, entre ellos el propio Barça. Muy posiblemente la contratación de Buckingham como entrenador – la primera decisión de Agustí Montal al tomar posesión de la presidencia blaugrana – obedeciese a un plan para fichar al joven as neerlandés, brindándole un entorno agradable y relativamente familiar. También la posterior presencia del economista Armand Carabén como gerente del club – habida cuenta de que su esposa Marjolin era holandesa – sería más tarde un punto a favor de cara a unas hipotéticas negociaciones.

Negociaciones que ya van a tener lugar en los primeros meses de 1970, mientras se presenta al jugador a la afición azulgrana a través de varios reportajes en la prensa, en los que el culé va a encontrarse con alguien muy diferente a lo que estaba acostumbrado a ver en España. Y es que Johan Cruyff parecía ya más una estrella del Pop que un futbolista al uso. La longitud de su cabello, su manera de vestir, su esposa, su residencia, sus negocios…, todo ello desprendía un delicioso halo de modernidad, más propio del universo del cine o de la música que de los estadios. Claro que, comparada con la aun provinciana España de 1970, la tolerante y cosmopolita Holanda era verdaderamente otro mundo. En aquellos momentos todas las partes se pusieron de acuerdo con rapidez: el Barcelona le pagaría al Ajax la cantidad de 24 millones de pesetas, y el jugador suscribiría un contrato generosamente remunerado. Pero antes, había que salvar un último escollo…

Y se trataba, nada menos, que de la legislación deportiva vigente en nuestro país, que prohibía de forma taxativa la contratación de jugadores extranjeros, salvo en el caso de que estos fuesen hijos de padres españoles, los famosos «oriundos». Pero en la primavera de 1970 parecía que la Asamblea del fútbol nacional iba a dar por fin luz verde a la apertura de las fronteras, aunque al final los cálculos de Montal y del Barça fallaron, y clubes que habían comprometido su voto favorable cambiaron en el último momento de posición, con el resultado de que la importación continuó prohibida. No obstante, en el verano de aquel mismo año, e invitados por la influyente «Revista Barcelonista» ( popularmente conocida por las siglas «RB» ), Johan Cruyff y su esposa Danny se desplazaron desde Mallorca, donde pasaban sus vacaciones, hasta la Ciudad Condal, visitando los lugares más atractivos y emblemáticos de la capital catalana, y por supuesto también las instalaciones del Barça, donde el futbolista se dejó incluso fotografiar enteramente ataviado con la equipación azulgrana.

Sería ocioso recordar aquí las características técnicas de Cruyff como futbolista. Baste decir que era un líder nato sobre el césped, que dominaba todas y cada una de las facetas del juego, que marcaba goles en cantidad y hacía mejores a sus compañeros. El perfil ideal, en suma, para transmutar a un equipo gris, reiterativo y tristón como era aquel Barça, en una escuadra bien plantada, temible y ganadora. Los responsables del club lo sabían muy bien, y por eso aguardaban como Agua de Mayo el momento de enrolarlo en las filas blaugranas. El dinero no podía, no debía, ser un obstáculo, porque un hombre así tenía por fuerza que resultar rentable, pero hubo que esperar tres largos años para poder hacer realidad aquel sueño que por momentos parecía imposible…

Tras el «Escándalo de los oriundos», cuando el Barça demostró con pruebas irrefutables que casi todos ellos venían a nuestro país con los papeles falsificados, las autoridades deportivas españolas ya no tuvieron más remedio que ceder, y permitir que cada club fichase a dos jugadores extranjeros si así lo deseaban. De todos modos, Cruyff no fue el primero en caer en las redes blaugranas, puesto que el delantero peruano Hugo «Cholo» Sotil se le adelantó. Las negociaciones con el Ajax fueron arduas, dado que los acuerdos de 1970 habían quedado ya completamente desfasados. Ahora el club holandés se descolgaba con unas pretensiones económicas absolutamente desorbitadas: tres millones de dólares, que al cambio de entonces venían a representar unos 180 millones de pesetas. Se inició así un largo tira y afloja a caballo entre España y los Países Bajos. Y el jugador, por su parte, presionaba también para venirse al Barça, y llegó a declarar que si el Ajax no le dejaba marchar, estaba dispuesto a retirarse del fútbol.

Por fin en las primeras horas de la tarde del martes 13 de Agosto de 1973, en la habitación de un hotel de Amsterdam, surgió la tan esperada fumata blanca. El presidente ajacied Van Praag accedía a desprenderse de su gran estrella a cambio de tres millones de florines, lo que venía a equivaler a unos 65 millones de pesetas, con todo la mayor cantidad pagada nunca hasta entonces por un futbolista en España, tres veces más que el traspaso más caro ( record que estaba también en poder del Barça, cuando fichó a Marcial en 1969 )

Cruyff fue recibido en Barcelona, a su llegada al Aeropuerto de El Prat, en olor de multitud, como un auténtico Mesías que venía a salvar al club azulgrana de todas sus urgencias históricas. De él se esperaba justamente lo que iba a hacer en su primera temporada como barcelonista: cambiar la alicaída faz del equipo, y conducirle por la senda de los triunfos. Pero aun hubo que esperar unos meses – las inevitables complicaciones burocráticas – hasta poder verle debutar oficialmente en un partido con la camiseta blaugrana, concretamente el domingo 28 de Octubre de 1973 en el Camp Nou- fecha histórica – y contra el siempre correoso Granada ( 4 a 0 para los catalanes, con dos goles suyos ). En tanto llegaba ese feliz día, Johan había deleitado al personal culé en un par de encuentros amistosos – Círculo de Brujas y Kickers Offenbach – cuyas extraordinarias recaudaciones ayudaron a sufragar una buena parte de su fichaje, mientras que el Barça transitaba por la Liga con más pena que gloria, sumido en las últimas posiciones y a la espera de la venida de su redentor.

Pero cuando el Gran Salvador pudo finalmente alinearse contra los granadinos – incluso antes de lo esperado -, todo cambió radicalmente. El Barça enganchó una larguísima racha de imbatibilidad, hecha de muchas victorias y algún que otro empate, remontó con rapidez posiciones hasta alcanzar el liderato, y demarró directamente hacia el título con hitos como el inolvidable 0 a 5 del Bernabéu ( 17 de Febrero de 1974 ), que, mucho más allá de un espectacular resultado futbolístico, fue interpretado por no pocos observadores de la realidad española como todo un símbolo, una especie de premonición del cambio político que se aproximaba de forma inexorable en el país.

En este Barcelona imparable, Cruyff marcaba goles de antología – verbigracia, el remate imposible que le endosa a Miguel Reina, el portero del Atlético de Madrid – y se los hacía marcar a sus compañeros ( casi convierte en «Pichichi» a Marcial ). En el Molinón gijonés el club azulgrana «campeona» – Sotil dixit -, y parecía que aquel equipo no tendría techo. Pero en la Copa los extranjeros todavía no podían alinearse, y aunque el cuadro catalán llegó a la final, la ausencia del holandés, unida a otras importantes bajas, influyó en el fuerte correctivo recibido a pies del Real Madrid en el «Vicente Calderón» ( 4 a 0 ). Por supuesto que escoció la derrota ante los blancos – para quienes aquel rotundo triunfo representó una suerte de vindicador lenitivo -, pero tampoco nadie se preocupó demasiado en Can Barça… Con Michels en el banquillo, y otro Johan ( Neeskens ) a modo de escudero del «Flaco», el gran objetivo del siguiente curso 74-75, el del 75 Aniversario del Barça, iba a ser la Copa de Europa. Aquel verano, además, todos los culés fueron un poco «tulipanes», rendidos ante el fútbol total de una maravillosa Holanda que aun así no pudo coronarse campeona del mundo, batida en el último suspiro por la anfitriona, la RFA.

Pero estaba escrito que el encantamiento iba a romperse pronto. La 74-75 fue una campaña floja para el Barça, muy alejado de los registros del año anterior. El trueque Sotil-Neeskens ( la legislación entonces vigente no permitía más que dos extranjeros por club, y la nacionalización del peruano se hacía demasiado de rogar ) rompió el equilibrio del equipo, por más que la garra y el pundonor de Johan II encandilase a la parroquia del Camp Nou, y el Real Madrid regresó a la cima del fútbol español. El Barça hacía los deberes con brillantez en su campo, pero en los desplazamientos patinaba indefectiblemente. Comenzó a tomar cuerpo el rumor de que Cruyff se inhibía en territorio hostil, que apenas sí aparecía por el área de los sustos, y que se limitaba a lanzar los saques de banda y poco más. Al mismo tiempo, sus compañeros volvían al fútbol gris, rutinario y triste de antes del advenimiento del «Profeta del Gol»

1975-76 fue todavía peor, y para más «inri» en el banquillo ya no estaba su compatriota Rinus Michels, sino un alemán «cabeza cuadrada», Hennes Weissweiller, que no le comprendía en absoluto y pretendía obligarle a jugar en punta, donde no podría saltar a sus anchas para evitar las tarascadas rivales. El divorció se escenificó en el transcurso de un partido disputado en el Sánchez Pizjuán sevillano, donde el teutón le sacó del campo antes de tiempo. Corrían los primeros tiempos de la Transición, y ante La Masía hubo manifestación de hinchas culés, solidarizándose con el ídolo holandés y pidiendo la cabeza del alemán, y Agustí Montal se decantó por su estrella, a la que se le renovó el contrato por dos años más, pagándole una auténtica fortuna. Por supuesto, y para apaciguar a Cruyff, se prescindió de Weisweiller ipso facto, y regresó Michels, para que las aguas volviesen a su cauce.

Las cosas parecían funcionar de nuevo en la temporada 76-77. El Barça iba líder y goleaba en abundancia ( llevaba camino de repetirse con el voluntarioso pero tosco Manolo Clares lo ocurrido con Marcial ), pero por ese camino de rosas se atravesó un árbitro del Colegio Castellano llamado Ricardo Melero Guaza, que osó expulsar al genio neerlandés en un Barça-Málaga – el cuadro malacitano parecía traerle mala suerte a Cruyff, pues su primera expulsión había tenido lugar en La Rosaleda – . Johan I negó haberle insultado ( según él, sólo había dicho «Manolo, marca ya» a su compañero Clares, en lugar de mentarle la madre al trencilla ) y el Camp Nou ardió – literalmente -, con grave alteración del orden público y alevosa agresión al colegiado. Nuestra Transición vivía sus momentos más delicados en aquel abrasador invierno de 1977 ( matanza de los abogados de Atocha, secuestros de Oriol y el General Villaescusa, etc ), y cerrar el Camp Nou hubiera sido incorrectísimo políticamente, poniendo a Cataluña entera poco menos que en pie de guerra contra el Gobierno Central, pero a Cruyff le cayeron tres partidos de suspensión, en los cuales el Barça, huérfano de su líder, no dio pié con bola y comenzó a tirar la Liga. 1977-78 ya sobró, aunque le permitió al futbolista de los Paises Bajos ganar una Copa del Rey, la primera que recibía el Barça de manos del flamante monarca español. Alejado definitivamente de la selección orange – que volvería a ser Subcampeona del Mundo en Argentina, pero ya sin deslumbrar – un día de Mayo del 78 recibió el cariñoso homenaje de su afición en el coliseo blaugrana, y se trasladó con toda su familia al poco brillante pero magníficamente remunerado Soccer USA.

Regresaría de manera fugaz a España a principios de 1981, a jugar sorprendentemente en un Segunda, el Levante UD, y retornaría a su Holanda natal, para despedirse como jugador en activo en el Ajax y el Feyenoord. Reconvertido a entrenador, sacó de nuevo a los de Amsterdam del ostracismo, conquistando la Recopa de 1987 con una escuadra en la que figuraban futbolistas de la talla de Frank Rijkaard, Aron Winter, Jan Wouters, Marco Van Basten o Dennis Bergkamp, y sus triunfos europeos llamaron la atención de un Josep Lluís Núñez que se hallaba contra las cuerdas tras el «Motín del Hesperia», cuando la práctica totalidad de la plantilla barcelonista – secundada por su técnico, Luís Aragonés – pidió públicamente su dimisión. Utilizando su indudable carisma a modo de eficaz pararrayos, Núñez le compró un equipo completo, formado por lo mejorcito que se podía encontrar entonces en el mercado: Julio Salinas, Josemari Bakero, Txiki Begiristáin, Luís López Rekarte, Ricardo Serna, Manolo Hierro, Juan Carlos Unzué, Jon Andoni Goikoetxea, Eusebio Sacristán, Miquel Soler y Ernesto Valverde, y algo más tarde llegarían Michael Laudrup, Ronald Koeman y Hristo Stoitchkov. Comenzaba la leyenda del Dream Team.

No ganó la Liga en sus dos primeras temporadas – en 1988-89 conquistó la tercera Recopa para el Club, y en 1990 una Copa del Rey ante el Real Madrid de la Quinta del Buitre con sabor a cambio de ciclo -, pero cualquier observador podía ver que bajo su batuta el equipo azulgrana lucía nuevas y mejores maneras: creaba más ocasiones, marcaba más goles y, sobre todo, combinaba con una insólita brillantez. Estaban naciendo, al mismo tiempo, el Dream Team y el Tiki-taka, ese rondo interminable con adversario, árbitro y público, que se basa en una presión asfixiante, un elevadísimo índice de posesión de la pelota, unos automatismos perfectos, y unas mortíferas diagonales de ruptura en cuanto los barcelonistas de turno encuentran una rendija por donde colarse entre la defensa contraria. La receta – que comenzó a elaborarse en 1988 – ha llegado hasta hoy mismo, pasando del Maestro a sus discípulos más o menos oficiales ( Van Gaal, Rijkaard, y sobre todo Pep Guardiola ), dotando al Barça de un estilo, una filosofía y una personalidad propios e inconfundibles, admirados en todo el mundo, y que comienzan a forjarse desde las categorías inferiores del Club, para que los aprendices de futbolista interioricen y hagan suyos los conceptos, como si de un auténtico ADN se tratase.

El Dream Team consiguió lo nunca visto hasta entonces en Can Barça: cuatro Campeonatos de Liga consecutivos – en las temporadas 90-91, 91-92, 92-93 y 93-94 – y la primera Copa de Europa para la entidad blaugrana en el año olímpico 1992, un torneo históricamente esquivo para los culés tras los traumáticos fracasos de 1961 en Berna y 1986 en Sevilla. Durante un lustro el Barça maravilló a propios y a extraños con su juego vistoso, alegre y fulgurante, aunque la suerte de los campeones le ayudase también en momentos decisivos ( otra diferencia esencial respecto a los años de vacas flacas ). Pero todo se fue al garete en la final de la Champions League de 1994, cuando el Milan de Fabio Capello les pasó literalmente por encima a los azulgranas en Atenas, aplastándoles por 4 goles a 0. Hay una impagable imagen de Pep Guardiola – la prolongación del técnico holandés en el campo – , de cuclillas sobre el césped, desolado y con la mirada perdida, que explica mejor que un millón de palabras lo que es y lo que significa un cambio de ciclo futbolístico.

Las dos últimas campañas de Cruyff ya fueron un infierno, sin títulos y con el equipo desmantelado y unos reemplazos de muy dudosa valía ( entre los que se encontraban su propio hijo Jordi y su entonces yerno, el guardameta Mariano Angoy ). Tras la debacle ateniense el «Flaco» prescindió de hombres como Zubizarreta, Julio Salinas, Goikoetxea y Laudrup, y algo más tarde de Romario, para dar entrada a otro tipo de futbolistas ( Busquets, Sánchez Jara, Jose Mari, Eskurza, Korneiev, Escaích o sus ya citados parientes ). El creciente desencuentro con Núñez – el suyo siempre había sido un matrimonio de conveniencia, entre dos personalidades muy fuertes y básicamente incompatibles – condujo a una abrupta y traumática ruptura tras un trascendental partido frente al Atlético de Madrid en el Camp Nou, abriendo una profunda brecha social en el Barça, dividido dramáticamente entre partidarios del presidente e incondicionales del holandés.

Tras su fulminante destitución en la primavera de 1996, Cruyff decidió abandonar definitivamente los banquillos ( en 1991 su corazón ya le había enviado un aviso concluyente, obligándole a pasar por el quirófano y a trocar el cigarrillo por el chupa-chups ), quedándose a vivir en la Ciudad Condal, y desde ese momento se ha entronizado como gurú máximo del barcelonismo, sentando cátedra desde sus tribunas periodísticas, donde sus sentencias resuenan como aldabonazos por todo el entorno del Club. Consejero áulico de Joan Laporta y su grupo opositor a Núñez, «El Elefant Blau», ha simultaneado el golf – otra de sus pasiones – con su famosa columna de los lunes, y en la recta final del mandato del polémico presidente ahora reconvertido en político soberanista fue nombrado «Presidente de Honor» del Barça, en una decisión muy controvertida, ya que ni esta había pasado por la Asamblea, ni tampoco el cargo se contemplaba de forma clara en los Estatutos. Al ganar las elecciones Sandro Rosell, -que estaba dispuesto a revisar dicho nombramiento -Cruyff se le adelantó, devolviendo la insignia con la que había sido investido por Laporta.

Mas en honor a la verdad, es justo reconocer que el actual sello futbolístico de la entidad, unánimemente admirado, es una criatura suya ( aunque el copyright deba compartirlo también con el Ajax y a la Holanda de Rinus Michels, su maestro ), pero incluso sus más furibundos detractores – que los hay, y no pocos – están de acuerdo en que el Barça comenzó a cambiar, y para mejor, aquel día de 1988 en que el «Flaco» volvió a aterrizar en Barcelona, aunque haya sido un proceso largo, difícil, complejo, y no exento de dolorosos retrocesos.

 




Enric Llaudet i Ponsa (Barcelona, 1916-2003)

Pocas personalidades barcelonistas han sido tan polémicas y a la vez tan fascinantes como Enric Llaudet, culé desde la cuna a la sepultura, hijo de un directivo de los años 20, Josep Llaudet, y heredero de un próspero negocio textil («Hilaturas Llaudet», con varias factorías en Cataluña y una colonia propia  en la localidad gerundense de Sant Joan de les Abadesses). Como presidente, entre los años 1961 y 1968, cometió muchos errores – algunos de ellos graves -, pero también tuvo grandes aciertos. Hoy, lejos ya del apasionamiento que su visceral carácter provocaba, podemos analizar fríamente su contribución a la historia del Barça, y concluir que fue una de las figuras clave en el crecimiento y consolidación de la entidad.

Barcelonista de linaje, como ya hemos dicho, sus responsabilidades en el club arrancan en 1953, formando parte de la directiva de Francesc Miró-Sáns. Con menos de 40 años su esbelta figura – con un bigotillo recortado muy de la época y su incipiente calvicie – puede admirarse ya en los testimonios gráficos que dan fe de la colocación de la primera piedra de lo que sería el Camp Nou, el 28 de Marzo de 1954. Su cometido en la junta de Miró-Sáns va a ser básicamente el de responsable de las Secciones, que durante los años 50 van a lograr hitos como la participación del llorado Joaquín Blume al frente de los gimnastas azulgranas, o los efímeros triunfos de un equipo de baloncesto donde hacían sus primeras armas figuras tan señeras del deporte de la canasta como Alfonso Martínez y sobre todo Nino Buscató. También será presidente del filial barcelonista, el CD. Condal, nombre que tomará el España Industrial al ascender a Primera División, donde permanecerá únicamente la temporada 1956-57.

Sus discrepancias con Miró-Sáns van a llevarle a dimitir de su cargo. Y cuando a su vez renuncie Miró, minado por la creciente oposición interna y la precaria economía del Club, hipotecada para largos años por el coste de la construcción del Camp Nou, Llaudet va a presentarse a las elecciones del 7 de Junio de 1961, con el joyero Jaume Fuset – también antiguo compañero de directiva – como rival. Llaudet vencerá por un escaso margen de 24 votos -122 a 98 -, en unos reñidos comicios en los que pudieron participar únicamente un reducido grupo de socios compromisarios. Una Gestora de transición, con el visto bueno de ambos candidatos, había autorizado poco antes el traspaso de Luis Suárez al Inter de Milán a cambio de 25 millones de pesetas, y Llaudet – que va a heredar un Barça en plena crisis económica (así 300 millones de pesetas de las de entonces de deuda) y deportiva – resultó elegido tan sólo una semana después de la desgraciada final de la Copa de Europa en Berna, ante el Benfica -, tendrá que empezar prácticamente desde cero, renovando la plantilla de arriba a abajo.

Se van a marchar hombres tan ilustres como Kubala, Ramallets, Czibor o Tejada, amén del citado Suárez, y llegan para reemplazarlos los Pesudo, Benítez, Páis, Pereda, Zaballa, Zaldúa, Szalay y Vicente. Además, y con vistas a potenciar la cantera, Llaudet va a crear la Escuela de Jugadores, al frente de la cual  colocará al recientemente retirado Ladislao Kubala, y en orden a una imprescindible austeridad, desprofesionaliza las Secciones, haciendo desaparecer la de Baloncesto, y descendiendo de categoría – de 2º al  grupo catalán de 3º División, al Condal, para de ese modo abaratar al máximo la partida de  gastos de desplazamiento.

Pero los resultados del fútbol son los que mandan en un club como el Barça, y en ese sentido muy pronto va a tener que tomar su primera decisión polémica: prescindir del entrenador Luis Miró y sustituirle por el propio Kubala, abortando de  raíz uno de sus proyectos estrella, al dejar a la «Escuela de Jugadores» sin su principal activo. Por el contrario,  en las Navidades de ese su primer año de  mandato va a organizar una magna concentración barcelonista en el campo de Les Corts, para recabar la opinión de la masa social acerca de una hipotética venta del viejo recinto. Como dicha opinión va a ser favorable a ello tras la consulta efectuada aquella jornada en el mismo terreno de juego, Llaudet  iniciará los contactos con el Ayuntamiento de Barcelona, con vistas a una presunta recalificación de los terrenos, pasando de equipamiento deportivo a zona urbanizable, con la esperanza de que dicho cambio de uso sea sancionado legalmente, y el club pueda ingresar de esa forma el dinero suficiente para enjugar su cuantiosa deuda. Da comienzo así una larga sucesión de trámites burocráticos que se prolongarán durante varios años, pero que finalizarán felizmente a mediados de la década de los 60 – concretamente, en la primavera de 1966 -, una vez que el Consejo de Ministros presidido por Franco de luz verde a la recalificación, y el Barça proceda a la demolición y posterior venta de los terrenos de Les Corts a la inmobiliaria «Hábitat» por 226 millones de pesetas, lo cual – aunque no sin problemas en los plazos del cobro – bien puede decirse que salvó la economía de la entidad barcelonista y garantizó su viabilidad cara al futuro.

El estilo personalista, apasionado y autoritario de Llaudet  le hará  tomar no pocas decisiones precipitadas y poco meditadas, sobre todo en el siempre espinoso tema de los entrenadores. Miró, Kubala, Gonzalvo II, César, Sasot, Olsen y Artigas – casi todos ellos antiguos jugadores blaugranas – se irán sucediendo en el banquillo, sin que los resultados deportivos mejoren sustancialmente (tan sólo la Copa del Generalísimo de 1963, ganada en el propio Camp Nou ante un entonces bisoño Real Zaragoza, y la Copa de Ferias de 1965-66, conquistada también frente al conjunto maño, gracias a una noche mágica de un jovencísimo  Lluís Pujol en La Romareda). El juego del equipo deja mucho que desear, los costosos fichajes no ofrecen el rendimiento esperado, y el flamear de pañuelos se convierte en un espectáculo  habitual en las gradas del Camp Nou. Pero el cenit de esta errática y errada política deportiva va a producirse en la temporada 66-67, con el llamado «Caso Silva».

Walter  Machado Da Silva era un excelente delantero brasileño  que había actuado con su selección en el Mundial de Inglaterra, en 1966,  y Llaudet, demasiado temerariamente, va a contratarle para el Barça, con la esperanza de que el flamante Delegado Nacional de Educación Física y Deporte, el catalán Juan Antonio Samaranch, levantase la prohibición de importar futbolistas extranjeros vigente en España desde 1962. Esto, sin embargo, no va a ocurrir, y cuando un periodista le pregunte a Llaudet que piensa hacer con Silva, el presidente barcelonista le responderá con una frase que ya es histórica, aunque hoy nos suene muy políticamente incorrecta: «Siempre me ha hecho ilusión tener un chofer negro». Silva jugará unos cuantos amistosos con la zamarra azulgrana, para tratar de amortizar su fichaje, y no tardará en regresar a Brasil, saldándose la operación con pérdidas para el Barça. Tampoco será precisamente muy rentable el fichaje de Jorge Mendonça en la primavera del 67, porque el delantero angoleño ya había dado lo mejor de sí mismo, y además se le pagaron un par de millones de pesetas suplementarios al Atlético de Madrid, para que los colchoneros permitieran que el futbolista jugará ya el torneo de Copa con el Barça, sin esperar al comienzo de la siguiente temporada. Con casos y cosas  semejantes, no es de extrañar que la gestión de Llaudet suscitase una fuerte oposición en ciertos sectores del barcelonismo, cada vez más amplios. De hecho, había dos opositores «oficiales», Pere Baret (que había formado parte de la fracasada candidatura de Jaume Fuset en el 61), y el veterano prohombre culé Nicoláu Casaus, una de las personalidades más relevantes que se daban cita en la emblemática «Peña Solera», así como un órgano de prensa rabiosamente crítico con la Administración Llaudet, la «Revista Barcelonista» (más conocida por las siglas «RB»), que inició su publicación a principios de 1965, de la mano de una destacada nómina de periodistas que poco antes habían abandonado las páginas del semanario «Barça» (fundado por el malogrado Josep María Barnils en 1955).

Sin embargo, tan sólo un año antes,  Llaudet estaba en plena cresta de la ola, paladeando su particular momento de gloria. En Abril de 1965 había sido reelegido por una amplia mayoría (164 votos frente a los 35 de su contrincante, el industrial hotelero Josep María Vendrell , y en Febrero del 66, tal como indicamos más arriba, se efectúa la demolición del viejo campo de Les Corts, y unas semanas más tarde un exultante presidente puede anunciar a la prensa y a la opinión pública la venta de los terrenos por una cifra que aseguraría la continuidad barcelonista, saneando casi por completo su maltrecha economía. En este clima de euforia y optimismo – si bien  el equipo no terminaba de despegar del todo, aunque al menos había conseguido clasificarse para la Final de la Copa de Ferias, aplazada hasta septiembre a causa del inminente Mundial inglés – Llaudet va a tomar dos decisiones muy acertadas, y de gran calado estratégico. Por una parte, el traslado de las oficinas del club a una vieja masía construida a principios del siglo XVIII, situada junto al Camp Nou y que durante las obras de este había servido de almacén. El remozado edificio, una buena muestra de arquitectura tradicional catalana, va a ser inaugurado ese mismo año, y albergará la sede social del Club (oficinas, despachos y Sala de Juntas). Por otro lado, Llaudet  creará un torneo veraniego, a imagen y semejanza de los que ya existían entonces en diversos lugares de la geografía española («Teresa Herrera» en La Coruña, «Ramón de Carranza» en Cádiz, «Costa del Sol» en Málaga…), y ello con varios propósitos: por una parte, honrar la memoria del Fundador del Club, vetado por el Franquismo, dándole el nombre de «Joan Gamper», pero también con vistas a conseguir unas buenas recaudaciones extra ofreciendo fútbol de calidad, con vitola internacional, a unos ávidos aficionados, huérfanos de su deporte favorito debido al parón de las vacaciones estivales, y al mismo tiempo aprovechando la coyuntura   para que sirviera como presentación oficial del equipo ante su parroquia, ese rito que el Barça renovaba año tras año, sazonado con frases como Ja tenim equip o Aquest any, si . El primer Gamper va a tener lugar los días  31 de Agosto y 1 de Septiembre de 1966, con la participación del Nantes francés, el Anderlecht belga y el Colonia alemán, aparte del anfitrión, que finalmente se llevará a sus vitrinas el trofeo, de un sobrio y elegante diseño – nada que ver con la acostumbrada orfebrería al uso, pretenciosa cuando no abiertamente hortera –  al derrotar a los renanos por 3 goles a 1, entregando el hijo del propio Joan Gamper  el flamante galardón al capitán azulgrana José Antonio Zaldúa.

La temporada 66-67 se iniciaba así en un clima de moderado optimismo, con la esperanza de que el equipo entrase, de una vez por todas, por la senda de los triunfos. La victoria sobre el Real Zaragoza unos días después en la Final de la Copa de Ferias, remontando a domicilio el 0 a 1 del partido de ida, con un hat trick del adolescente Lluís Pujol, así lo hacía presagiar, pero los resultados adversos iban a desmentirlo muy pronto. En la Liga, el Barça – que finalmente se clasificaría en segundo lugar – quedó muy pronto descolgado de la lucha por el título, que terminaría adjudicándose el habitual campeón de aquellos años, el Real Madrid, mientras que en la competición ferial el modesto y desconocido Dundee United eliminaría a los azulgranas a las primeras de cambio, venciéndoles tanto en Barcelona  como en Escocia. Para colmo de males, en la Copa del Generalísimo – y a pesar del caro refuerzo del colchonero Mendonça – el Atlético de Madrid tampoco tuvo ningún problema en pasar adelante, venciendo en ambos partidos por 2 a 0. El Camp Nou despidió la temporada con una bronca monumental, y Llaudet se dio cuenta de que sus días al frente del club de sus amores estaban contados.

De nada sirvió su último y desesperado intento de integrar a una oposición cada día más crítica con su gestión mediante una especie de Senado al que se llamó «Consejo Consultivo», y que resultó absolutamente estéril. Ni tampoco la contratación de un nuevo entrenador para sustituir al cuestionado Olsen, el catalán Salvador Artigas, que había dirigido con bastante éxito durante largos años al Girondins de Burdeos. Artigas era un antiguo jugador del club de los años 30, y había sido piloto en el bando republicano durante la Guerra Civil. Igualmente resultó muy poco afortunado el intento de contratar al sudamericano Casildo Osés como Secretario Técnico, pues cuando se alzaron voces contrarias a ello, unas declaraciones del propio Osés refiriéndose a los catalanes sin la menor diplomacia echaron aun más leña al fuego. Y en el capítulo de fichajes, Llaudet se trajo a un puñado de prometedores futbolistas (el osasunista Zabalza, el deportivista Pellicer, el sevillista Oliveros,  y un goleador del Badajoz llamado Jiménez), pero la Liga 67-68 va a comenzar de nuevo  con una derrota, y el Presidente, sintiéndose completamente aislado,  anuncia en la Asamblea General de Septiembre que convocará elecciones anticipadas para Enero del año próximo, a las que él ya no se presentará. Después de esto, seguramente liberado de un gran peso, se dejó crecer la barba y partió  de safari a África, una de sus aficiones predilectas.

El club remontó el vuelo en la Liga, hasta el punto de colocarse fugazmente como líder, mas fue eliminado nuevamente en la primera ronda de la Copa de Ferias por otro modesto, el Zurich suizo. Mientras tanto, iba fraguándose una candidatura única, con vocación de aglutinar a las diferentes sensibilidades barcelonistas, siempre tan discrepantes y distanciadas, con el propósito de que el club no sufriera una grave fractura al pasar por las urnas. No la encabezaría ninguno de los dos «opositores oficiales», ni Pere Baret ni Nicoláu Casaus, sino un prohombre barcelonista de toda la vida, Narcís De Carreras, empresario textil – como no -, Procurador en las Cortes franquistas y albacea testamentario del mítico político catalán Francesc Cambó. El 17 de Enero de 1968 Carreras fue proclamado como nuevo Presidente del que entonces se denominaba oficialmente «Club de Fútbol Barcelona», al frente de una amplia junta directiva que albergaba a las distintas corrientes del barcelonismo. En los prolegómenos del partido que tres días antes enfrentó al Barça con el Real Zaragoza, Llaudet recibió una atronadora ovación al salir al centro del terreno de juego, tras fundirse en un caluroso abrazo con el mandatario entrante y al despedirse de su público. Desde luego, nadie podía echarle en cara su desmedido amor al club, que había mamado desde niño, y en el momento del adiós se olvidaron por un momento todas las críticas. Desvinculado ya del día a día barcelonista, se volcó en sus negocios particulares, su familia y sus hobbies, y tan sólo regresaría en los años 80, con Josep Lluís Núñez al frente del club, para presidir la Comisión Económica y Estatutaria.  Octogenario y postrado en una silla de ruedas, el viejo león barcelonista sería emotivamente homenajeado a principios del actual siglo en el transcurso del Gamper que él creó. Poco después, el 15 de Agosto de 2003, dejó definitivamente de rugir. Para entonces,  la Historia blaugrana le había absuelto ya sobradamente de sus bienintencionados errores, y prefería recordar sus indiscutibles aciertos y sus largos años de fiel servicio y cariñosa entrega a la Causa.




Francesc Miró-Sans (Barcelona, 1918-1989)

Solamente por el hecho de haber sido el presidente bajo cuyo mandato se construyó e inauguró el Camp Nou, ya se merece Francesc Miró-Sáns el figurar para siempre en el Panteón barcelonista, como uno de los personajes que más han influido positivamente en el desarrollo del club. Este joven y dinámico empresario textil tuvo la visión de un estadio a la altura de los nuevos tiempos, tiempos de postguerra y acelerada reconstrucción, en los que el fútbol se estaba convirtiendo en un gran espectáculo de masas, de inmensa popularidad, y supo materializarlo contra viento y marea, movilizando energías y venciendo todos los obstáculos, que no fueron pocos en aquellos delicados momentos por los que atravesaba el país.

          Les Corts, la Catedral del Fútbol Catalán que se construyera bajo los auspicios de Joan Gamper en la primavera de 1922, en un tiempo record, se había ido quedando pequeña. Tras sucesivas ampliaciones podía ofrecer un aforo máximo de hasta 60.000 espectadores, pero a cambio de muchísimas incomodidades. La eclosión de Ladislao Kubala y el Barça de las Cinco Copas hacía casi imposible encontrar un hueco entre sus gradas, de modo que se presentaba una crucial disyuntiva: o se ampliaba – y la capacidad de maniobra en ese sentido era ya muy limitada – o se construía un estadio nuevo. El Presidente de las Bodas de Oro, Agustí Montal i Galobart, era más bien partidario de la ampliación, pero muy previsoramente había adquirido unos terrenos justo en el límite entre los términos municipales de Barcelona y Hospitalet de Llobregat, al final de la Travesera de Les Corts.

          A Montal padre le sucedió en el cargo Enric Martí i Carreto, que presentaría su dimisión a principios de la temporada 53-54 debido al desenlace del «Caso Di Stefano», contrario a los intereses del Barça. Se abría así un proceso electoral para optar a la presidencia azulgrana, un proceso que  va a verse beneficiado por una laguna legal que permitiría el voto a todos los socios varones mayores de edad y con una determinada antigüedad en el club: un insólito simulacro de democracia en aquellos primeros tramos de la dictadura franquista. Dos van a ser los candidatos, ambos pertenecientes a generaciones muy distintas. Por una parte, un veterano empresario vinculado al sector del automóvil, Amat Casajoana i Pfeiffer, que preconizaba la ampliación de Les Corts, pues consideraba muy imprudente embarcarse en aquel momento en la construcción de un nuevo campo, y por otra el joven – tan sólo 35 años de edad – Francesc Miró-Sáns i Casacuberta, fabricante textil, y en cuyo programa electoral figuraba la construcción de un nuevo estadio que duplicase la capacidad del vell camp ( »  Queremos, necesitamos y construiremos un nuevo campo» ). Durante varias semanas se desarrolló una intensa campaña electoral – absolutamente chocante dentro del ultrarestrictivo marco del régimen franquista -, con novedosas técnicas de reclamo ( sedes de candidatura, automóviles con altavoces, transporte gratuito el día de las votaciones…)

          El día 15 de Noviembre de 1953 se celebraron tan trascendentales comicios, resultando elegido Miró-Sáns por 8771 votos frente a los 8470 que recibió Casajoana, una ventaja de únicamente 300 sufragios. De manera que el flamante mandatario se aplicó a la tarea sin tardanza. El día 28 de marzo de 1954, al frente de una comitiva compuesta por decenas de miles de enfervorizados barcelonistas, presidió el acto de colocación de la primera piedra del nuevo campo, y algunos meses después encargó el proyecto a un prestigioso estudio de arquitectos. Las obras salieron a subasta, ganada por la empresa Ingar S.A., y dieron comienzo en Junio de 1955. Durante dos años largos fue incesante el desfile de socios, aficionados y barceloneses y catalanes en general, para observar in situ el desarrollo de unos trabajos que iban a dotar al club y a la ciudad de un equipamiento puntero en la Europa de entonces, que al igual que España estaba saliendo penosamente de una cruenta y destructiva contienda. La financiación se obtuvo recurriendo a adelantos del pago de los abonos anuales por parte de los socios, y sobre todo mediante la emisión de obligaciones y bonos de caja, y en el proceso tuvo una intervención muy relevante el Banco de Santander, que a partir de dicho momento comenzó su masiva implantación en Cataluña.

          Por fin, el día 24 de Septiembre de 1957, Festividad de la Virgen de la Merced, Patrona de Barcelona, el Barça pudo inaugurar su nueva casa, orgullo de la ciudad y admiración de propios y extraños, con una capacidad para cerca de 100.000 espectadores, y susceptible de ser ampliada en un futuro más o menos cercano hasta los 150.000. El estadio, obra de los arquitectos Mitjáns – primo del Presidente -, Soteras y García Barbón, presentaba unas líneas sobrias y armoniosas y una perfecta visibilidad desde todos los ángulos, con un voladizo sobre la tribuna de preferencia que constituía una preciosa y atrevida obra de ingeniería. En el encuentro inaugural el Barça venció a una selección de Varsovia por 4 goles a 2, correspondiéndole al delantero paraguayo Eulogio Martínez el honor de marcar el primer tanto que subía al marcador en el nuevo feudo blaugrana, que oficialmente carecía aun de nombre. Durante las obras se había especulado con la posibilidad de bautizarlo con el  del Fundador del club, Joan Gamper, pero al parecer las máximas autoridades deportivas españolas no veían dicho propósito con buenos ojos, y disuadieron de ello  «amistosamente» a Miró- Sáns, sugiriéndole que quien mejor que él mismo para dar nombre al estadio, ya que se trataba del gran impulsor del proyecto ( al igual que el  campo del Real Madrid, inaugurado en 1947, se llamaba «Santiago Bernabéu» y el del Sevilla «Sánchez Pizjuán» ). Pero la sugerencia no prosperó, y el nuevo terreno de juego seguiría huérfano de denominación oficial durante casi una década, hasta que se decidió imponerle el muy aséptico de «Estadio del Club de Fútbol Barcelona», aunque popularmente había hecho fortuna el nombre de «Camp Nou», que todavía sigue en pleno uso hoy en día a pesar de que el coliseo blaugrana ya ha cumplido con creces el medio siglo de servicios al club.

          Deportivamente hablando, el Barça de Miró-Sáns va a realizar una travesía del desierto hasta la Copa del Generalísimo de 1957, que conseguirá llevarse brillantemente a sus vitrinas. Tras el fracaso de la temporada 53-54 ( Subcampeón de Liga y Copa ), el máximo dirigente culé prescindirá de Fernando Daucik y sentará en el banquillo al italiano Sandro Puppo, a la sazón seleccionador de Turquia, que había eliminado a España en la fase previa del Mundial de Suiza-54. Pero Puppo, con su aspecto y maneras de intelectual, no va a conseguir reflotar la nave azulgrana y tan sólo durará un año en el cargo. Le sustituye un viejo conocido del barcelonismo, una figura mítica, el gran portero húngaro de los años 20 Ferenc Platko, inmortalizado en la famosa Oda de Rafael Alberti. Sin embargo, el equipo tampoco va a funcionar a sus órdenes, y entonces Miró-Sáns se decidirá por otro ex-jugador del club, Domenec Balmanya, quien va a incorporar a una serie de jóvenes valores de la cantera catalana al primer equipo ( Olivella, Gensana, Vergés, Coll…), con la intención de «deskubalizar» el Barça, esto es, reducir la excesiva dependencia de este hacia el as magiar. Con estos planteamientos, Balmanya va a fracasar nuevamente en la Liga 56-57 ( el Barça tan sólo podrá ser tercero  ), pero se adjudicará con brillantez la Copa ante el Español, en una final  celebrada en el Estadio de Montjuich, después de eliminar estrepitosamente a Atlético de Madrid, Real Madrid y Real Sociedad, y también un torneo entonces muy prestigioso, la llamada «Pequeña Copa del Mundo», que tenía lugar en la capital venezolana, Caracas. A la temporada siguiente, el Barça consigue vencer en la primera edición de la Copa de Ciudades en Feria ( que venía disputándose desde las Navidades de 1955 ), aunque en el frente doméstico Liga y Copa se muestren esquivas.

          Miró-Sáns – que había resultado reelegido en Enero de 1958 al derrotar a Antoni Palés, de nuevo mediante el escasamente democrático  procedimiento del voto  de los socios compromisarios, por 158  a 55  – toma entonces la decisión de poner al frente del equipo a un auténtico crack de los banquillos, el hispanoargentino Helenio Herrera, que había ganado dos ligas con el Atlético de Madrid ( 49-50 y 50-51 ) y despachado excelentes temporadas con el Sevilla, al que había llevado incluso a la Copa de Europa ( en 1956-57, tras desbancar al propio Barça del subcampeonato de Liga en la última jornada, empatando en Les Corts ). Para traer a Herrera ( conocido popularmente por sus iniciales HH ), Miró va a tener que pagar incluso una importante  cantidad en concepto de fichaje. Pero ese dinero va a estar muy bien invertido, porque el Mago va a darle literalmente la vuelta al equipo, firmando una temporada de ensueño ( 1958-59 ), en la que el Barça bate  todos los records ligueros hasta la fecha ( número de puntos, de victorias, de goles marcados…). Los azulgranas  tan sólo dejan escapar 9 puntos en todo el Torneo de la Regularidad, y hacen doblete, conquistando invictos la Copa del Generalísimo, tras humillar a su gran rival, el Real Madrid, en semifinales, con un claro 7 a 3 en el cómputo global de la eliminatoria, y derrotando al modesto y sorprendente Granada en la final. Hay un equipo base ( Ramallets; Olivella, Rodri, Gracia; Segarra, Gensana; Tejada, Kubala, Evaristo, Suárez y Czibor ), que enamora a tirios y a troyanos, y unos recambios de verdadero lujo ( Estrems, Flotats, Vergés, Ribelles, Coll, Kocsis, Eulogio Martínez o Villaverde )

         Pero a pesar de la bonanza deportiva, la precaria situación económica por la que atraviesa el club va a ser la auténtica cruz de Miró-Sáns. El coste del Camp Nou había rebasado con creces el presupuesto inicial ( al final la factura ascendió a cerca de 300 millones de pesetas de la época ), y el primitivo plan de financiar su construcción mediante adelantos de los socios sobre los abonos y la emisión de bonos y obligaciones  va a  mostrarse insuficiente, de forma que la deuda de la entidad experimentará una peligrosísima escalada. Por tal motivo, comenzaron a aparecer numerosas voces críticas hacia la gestión de Miró, llegando a tachar su actitud  de dictatorial, y la Junta se vio en la necesidad de elaborar un Libro Blanco justificativo de sus actos, mientras relevantes directivos como Enric Llaudet o Jaume Fuset ( que pronto rivalizarían entre sí por la presidencia ) presentaban su dimisión.

         Y si la economía ya suponía de por sí un serio quebradero de cabeza para Miró -Sáns, el equipo no tardaría en volver a provocarle también dolorosas jaquecas. El Barça se impuso en la Liga 59-60  por mejor goal average general sobre el Real Madrid ( ambos acabaron el campeonato empatados a 46 puntos ), y asimismo va a conquistar la segunda edición de la Copa de Ferias, pero caerá eliminado por los merengues en las semifinales de la Copa de Europa, perdiendo ambos partidos  ( 3 a 1 y 1 a 3 ), y ese resultado traerá cola. En vísperas del encuentro del Santiago Bernabéu, y con el equipo concentrado en La Berzosa, van a correr rumores acerca de  una supuesta petición de aumento de la prima estipulada por pasar a la Final – se dijo que alentada por el propio Herrera -,  que sería rechazada por parte de la directiva. Tras el partido de vuelta en el Camp Nou, y después de un confuso incidente en Las Ramblas, HH va a ser destituido, ocupando provisionalmente el banquilo barcelonista su segundo, Enric Rabassa. Herrera firmaría acto seguido un suculento contrato con el Inter de Milán, donde se reencontraría un año más tarde con Luís Suárez.

         Para la siguiente temporada, 1960-61, Miró-Sáns  se traería a un prestigioso preparador yugoeslavo, el serbio Ljubissa Brocic, que había dirigido entre otros a la Juventus de Turín. Pero el balcánico tan sólo durará seis meses en el cargo, por culpa de los malos resultados cosechados en la Liga  ( el Barça acabaría cuarto, a nada menos que a 20 puntos del Real Madrid, que se alzaría con el título ), aunque le cabe el honor de haber eliminado por vez primera de la Copa de Europa a los pentacampeones merengues, tras vencerles en el Camp Nou por 2-1, la noche inolvidable del fabuloso gol en plancha del brasileño Evaristo de Macedo.

         La destitución de Brocic es una de las últimas decisiones que va a tomar Francesc Miró-Sáns, pues él mismo, acosado por la grave situación económica y las furibundas críticas a su gestión, va a dimitir de su cargo el 28 de Febrero de 1961, siendo sustituido por una Comisión Gestora, presidida por Antoni Juliá de Capmany, que preparará las nuevas elecciones, previstas para el 7 de Junio de 1961. Un final ingrato, y seguramente injusto para con un hombre que, al margen de los naturales aciertos y errores, tuvo la gran visión de dotar al Barça de un estadio moderno, amplio y confortable, acorde con los nuevos tiempos, pero a quien una serie de resultados adversos y la crítica feroz de quienes aspiraban a su poltrona acabó por minar su resistencia, obligándole a desaparecer del primer plano de la escena barcelonista. Francesc Miró-Sáns va a morir en 1989, muy alejado ya del día a día del club, pero todos y cada uno de los culés deberían estarle eternamente agradecidos, porque su gran obra ha perdurado y continúa siendo uno de los símbolos más queridos del barcelonismo, su gran casa pairal, como dicen los catalanes…

        




Ladislao Kubala (Budapest 1927 – Barcelona 2002)

Por las filas del Barça han pasado centenares de futbolistas de las más variadas características y nacionalidades, y unas docenas de ellos han sido incluso merecedores del calificativo de cracks, debido a su clase y calidad fuera de serie, pero pueden contarse con los dedos de una mano aquellos que por sí solos fueron capaces de  variar el rumbo del club, haciendo historia en el sentido más pleno de la palabra. Ladislao Kubala Stecz, Laszi Kubala, fue uno de ellos, el hito legendario, la viga maestra sobre la que se sustenta el fabuloso Barça de los años 50 del pasado siglo, dando inicio a su crecimiento imparable y a su gran proyección internacional.

          Kubala, un verdadero portento físico, un atleta completo que posiblemente habría  sobresalido en cualquier otro deporte, se hizo futbolista a caballo entre su Budapest natal y su Checoeslovaquia de origen, en los azarosos y difíciles días de la Segunda Guerra Mundial y la Postguerra. A finales de los años 40, y viendo el sesgo que iban tomando los acontecimientos en los países que habían caído tras el «Telón de Acero» ( según la histórica expresión acuñada por  Sir Winston Churchill ), decidió escoger la libertad, y huyó temerariamente de Hungría  en dirección hacia la vecina Austria, estableciéndose finalmente, y en muy precarias condiciones, en Italia. Casi por casualidad se libró de perecer en la Tragedia de Superga, el terrible accidente aéreo que en 1949 le cortó las alas al maravilloso Torino que capitaneaba Valentino Mazzola ( el malogrado club piamontés le había invitado a unirse a ellos en un desplazamiento del que ya no regresaron ). Inhabilitado por la FIFA a instancias de la Federación Húngara, que le consideraba un prófugo, acabó enrolándose en el Hungaria, un equipo formado por futbolistas procedentes de diversos países de la Europa del Este ( no sólo magiares, sino también checos, rumanos o yugoeslavos ), que en 1950 recaló en España, jugando diversos partidos amistosos, tanto contra la Selección Nacional – que se preparaba para tomar parte en el Campeonato Mundial que se celebraría aquel año en Brasil – como contra diversos conjuntos españoles. En uno de estos partidos, disputado concretamente en el campo barcelonés de Sarriá contra el titular del terreno, Josep Samitier, a la sazón Secretario Técnico del Barça, quedó fascinado por su enorme talento, y se apresuró a ficharlo para los azulgranas, adelantándose al Real Madrid, a cuyos responsables también había encandilado el juego del joven futbolista centroeuropeo.

          Kubala va a suscribir contrato con el Barça junto a su cuñado y preparador del Hungaria, el eslovaco Fernando Daucik, que pasaría a ocupar inmediatamente el banquillo azulgrana. Serios problemas burocráticos le impedirán alinearse con sus nuevos compañeros durante todo el Campeonato de Liga 1950-51, teniendo que contentarse con jugar una serie de partidos de carácter amistoso. Finalmente, las trabas de despacho serían vencidas gracias a los buenos oficios de Samitier y de la Federación Española de Fútbol, y Laszi incluso obtendrá sin dilación la nacionalidad de su nuevo país de acogida, pudiendo debutar oficialmente en el torneo copero del 51, el día 29 de abril, en Nervión frente al Sevilla, equipo al que marcaría su primer gol, de penalty, en el encuentro de vuelta. El Barça acabaría adjudicándose brillantemente aquella competición al derrotar en la Final, celebrada como era entonces costumbre en el recientemente inaugurado  campo del Real Madrid – que aun no se llamaba «Santiago Bernabéu» -, a la Real Sociedad por 3 tantos a 0.

          La siguiente temporada, la 51 – 52, va a ser sin duda alguna su mejor campaña. Marca en ella 39 goles en 28 partidos oficiales, y se proclama Campeón de Liga, de Copa del Generalísimo y de la Copa Latina. Es la mítica temporada de «las Cinco Copas», y el campo de Les Corts se queda pequeño para ver actuar a un futbolista que rompía moldes cada domingo. Kubaja practica un juego que nunca se había visto hasta aquel momento entre nosotros. Haciendo gala de una insuperable condición física, su prodigiosa técnica y gran dominio del balón le permiten ser un eficacísimo rematador con ambas piernas y con la cabeza, dotándole  de una excepcional visión de la jugada. Kubala aporta una nueva forma de ejecutar las faltas, imprimiéndole a la pelota un efecto mortífero que burla a las defensas contrarias y sorprende a los porteros, nada que ver con el clásico chupinazo que se acostumbraba en nuestro fútbol. Lanzando penalties y engañando al guardameta, se muestra también como un consumado maestro, y cuando es preciso dormir los partidos, sabe cubrir el esférico gracias a su corpulencia, y esconderlo como nadie yéndose a la banda o junto al corner, para desesperación de unos adversarios incapaces de arrebatarle el cuero sin violar el reglamento.

          Con Kubala en sus filas, el Barça va a ser prácticamente invencible durante el bienio 51-53, conquistando tres campeonatos consecutivos de Copa y dos de Liga. Pero en Octubre de 1952 todo el barcelonismo se va a estremecer cuando a su gran estrella  le diagnostican un serio proceso tuberculoso tras una revisión rutinaria. Incluso algunos médicos  pronostican que el ídolo tendrá que abandonar el futbol a consecuencia de su grave enfermedad. Sin embargo, otros galenos piensan que el mal tiene cura con un tratamiento adecuado: aire puro de montaña, reposo y buenos alimentos, y las altas instancias del club toman la decisión de que Kubala pase una larga temporada en Monistrol de Calders, cerca del Montseny, donde su recia constitución hará el resto y el futbolista se recuperará con insólita rapidez, estando ya en condiciones de reaparecer en el mes de Febrero, concretamente el día 22 y ante el Racing de Santander en los Campos de Sport del Sardinero, a tiempo para conducir a su equipo directo hacia otro Doblete.

          La siguiente temporada, la 53-54, estará marcada por el polémico fichaje de Alfredo Di Stefano por el Real Madrid, tras un culebrón político-deportivo que todavía hoy levanta ronchas. A efectos prácticos, este hecho va a suponer que el cetro de la supremacía del fútbol español pasará del Barça al club de la capital, que con la Saeta Rubia en sus filas obtiene su primera Liga en 21 años. Además, en un partido de Copa disputado en San Mamés frente al Athletic de Bilbao, Kubala sufrirá una gravísima lesión ( rotura del ligamento lateral interno y del menisco de la rodilla derecha ), que le impedirá estar en la Final contra el Valencia – la cuarta consecutiva para los azulgrana – , que se llevará los levantinos gracias a un sorprendente 3 a 0.

          Kubala continuará siendo la referencia ineludible del Barça en las siguientes temporadas, aunque nuevas lesiones comienzan a pasarle factura. Son tiempos de sequía de títulos para los culés, a excepción de la Copa de 1957, poco después de la cual se inaugura el Camp Nou, a cuya construcción el delantero  ha  contribuido en no poca medida. Llegan nuevos cracks – el uruguayo Villaverde, el guaraní Eulogio Martínez,  el brasileño Evaristo…-, e incluso empieza a hablarse de deskubalizar el Barça, parafraseando el proceso de Desestalinización que por aquellos días estaba teniendo lugar en la URSS. Ciertos sectores de la afición blaugrana  consideraban que la dependencia del equipo con respecto a Laszi era perjudicial para este, aunque otro amplio grupo le apoyaba incondicionalmente. El cisma en el seno del barcelonismo va a estallar cuando el mediático Helenio Herrera tome las riendas del equipo en la primavera de 1958. Herrera apostará por el joven Luís Suárez como  nuevo líder en el campo, y la grada se dividirá dramáticamente entre suaristas y kubalistas. HH, sin embargo, no prescindirá drásticamente del as hispanohúngaro, aunque le sustituirá a menudo, para los compromisos en campo contrario, por un jugador de un perfil muy diferente al suyo, el leridano Enric Ribelles.

          Son tiempos difíciles para Kubala, que llega a plantearse incluso su marcha del Barça, a medida que observa como su peso específico dentro del equipo disminuye a ojos vista. En los triunfos del bienio 58-60 su papel ya no es, ni muchísimo menos, tan determinante como antaño, aunque la fulminante salida de Herrera, a raíz de la derrota ante el Real Madrid en las semifinales de la Copa de Europa, en Abril de 1960, parece concederle un ligero respiro. Pero tras el gran trauma que supuso la Final de Berna del 61, cuando los postes de sección cuadrada del Wandorfstadion se negaron a que el Barça se coronase como nuevo Rey de Europa sucediendo a los pentacampeones merengues, Laszi va a tomar la dolorosa decisión de colgar las botas. El Camp Nou y toda Barcelona le rendirán un multitudinario y sentido homenaje la noche del 30 de Agosto de 1961, en un partido contra el Stade de Reims francés donde le acompañaron en la tripleta central barcelonista sus amigos y rivales Ferenc Puskas y Alfredo Di Stefano. Acto seguido pasará a dirigir la Escuela de Futbolistas, un lejano precedente de La Masía, con la que el flamante  presidente blaugrana Enric Llaudet pretendía potenciar la cantera aprovechando la experiencia de un maestro tan cualificado, número 1 de su  promoción en el Curso Nacional de Entrenadores.

          Pero a los pocos meses Laszi tiene que dejar el puesto, reclamado urgentemente por el propio Llaudet para hacerse cargo de la preparación del primer equipo barcelonista, tras la renuncia del técnico Luís Miró. Dirigiendo desde el banquillo a hombres que  solamente seis meses antes eran sus compañeros, Kubala despacha una campaña muy decorosa ( subcampeones de Liga y finalistas de la Copa de Ferias, con la decisión de dicho torneo aplazada hasta principios de la siguiente temporada debido al Mundial de Chile ). Ratificado para la temporada 62-63, los resultados le irán dando la espalda, hasta el extremo de cesar en su cargo tras una maratoniana reunión con Llaudet. Sintiéndose todavía futbolista en su fuero interno, Kubala se ofrece al presidente para volver al terreno de juego y de ese modo intentar galvanizar a una desorientada plantilla, pero su proposición es rechazada.

          En Septiembre de 1963 va a sorprender a propios y a extraños cruzando la Diagonal y fichando por el RCD. Español, el eterno rival ciudadano del Barça. Las cañas se trocarán en lanzas, y el barcelonismo le hará blanco de todas sus diatribas e improperios, considerándole poco menos que un auténtico traidor. Pero afortunadamente el tiempo casi todo lo cura, y la distancia hará el resto, pues tras colgar las botas definitivamente al final de la temporada 63-64, y dirigir a los españolistas desde el banquillo durante el curso siguiente, Kubala emprenderá la Aventura Americana, concretamente en el Soccer USA, donde entrenará al Toronto. En 1968 regresa a España, y se hace cargo de un casi desahuciado Córdoba, al que, si bien no consigue salvar de un descenso anunciado, al menos consigue dotar de un juego vistoso, esmaltado por algunas resonantes victorias. Con semejante bagaje, la Federación Española de Fútbol le va a ofrecer el puesto de Seleccionador Nacional, tras el fracaso que había supuesto no  clasificarse para el Mundial de México-70. Kubala debutará al frente del combinado español el 15 de Octubre de 1969, en La Línea de La Concepción, con un triunfo por 6 a 0 frente a Finlandia. Una serie de amistosos saldados con buena nota ante rivales prestigiosos – Alemania, Italia…- hace concebir esperanzas de que la Selección, los popularmente conocidos entonces como Kubala Boys, será capaz de volver a conseguir algo sonado, pero no logrará  entrar en la fase final de la Eurocopa del 72,  ni tampoco en la del Mundial a celebrar en la RFA en 1974, después de un adverso desempate contra Yugoeslavia disputado en Frankfurt. En cambio sí se clasifica España para el siguiente Mundial,  Argentina – 78, donde caerá en la primera ronda tras tropezar ante la teóricamente debil Austria y no pasar del empate frente a Brasil – el partido del célebre fallo del betico Cardeñosa – . Y al finalizar la Eurocopa del 80, donde tampoco España brilló a gran altura, abandonará la Selección después de diez años largos en el cargo ( record absoluto hasta hoy mismo ).

          Josep Lluís Núñez le convence para tomar las riendas del Barça de cara a la temporada 80-81, pero el equipo, a pesar de los refuerzos de Quini y Alexanko, tiene un arranque de Liga fatal y es estrepitosamente eliminado de la Copa de la UEFA por el Colonia, y Kubala pronto será sustituido  por…Helenio Herrera.

          Más tarde probará suerte en el exótico fútbol saudí, y también en el paraguayo, y de vuelta a España logrará ascender a Primera División a un Málaga en el que  actúan  dos ilustres  veteranos llamados Juán Gómez, Juanito, y Boquerón Estéban. Su último servicio en los banquillos será como Seleccionador Adjunto en los Juegos Olímpicos de 1992 en Barcelona, donde el combinado nacional obtuvo brillantemente la Medalla de Oro, con una extraordinaria generación de futbolistas entre la que destacaban los Guardiola, Alfonso, Luís Enrique o Kiko. En 1993 va a recibir otro merecidísimo homenaje en el Estadio de Montjuich, y también tendrá el honor de presidir la Agrupación de Veteranos del FC. Barcelona. Internacional por tres países ( Hungría, Checoeslovaquia y España ), así como por la Selección de la FIFA, su brillante palmarés personal y colectivo le convierte en uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, quizás con el único lunar de no haber podido disputar nunca un Campeonato del Mundo. Aquejado de una grave enfermedad degenerativa, fallecerá en Mayo de 2002 en Barcelona, rodeado del unánime respeto de todo el fútbol español, al que tantos momentos memorables había brindado.

         

 

 

 




Agustí Montal i Galobart: el gran presidente de la posguerra

Con toda justicia puede decirse de él que fue el primer gran presidente barcelonista de la Postguerra, tomando las riendas de la entidad en una época  difícil, en la que un poder político omnímodo vigilaba y controlaba muy de cerca todas las manifestaciones ciudadanas, incluso las teóricamente menos inocuas, siempre y cuando tuviera a bien no prohibirlas. Enrique Piñeyro y de Queralt, Marqués de la Mesa de Asta, impuesto por la Delegación Nacional de Educación Física y Deportes que entonces presidía el General Moscardó, el laureado defensor del Alcázar de Toledo, no había sido  un mal dirigente, teniendo en cuenta sus antecedentes ( se trataba de un «cuerpo extraño» al barcelonismo, y ni tan siquiera aficionado al fútbol ), y su sucesor, el coronel Vendrell, antiguo Delegado de Orden Público en La Coruña, presentó también un balance objetivamente positivo, pero la figura de Agustí Montal va a suponer una innovación en varios aspectos de capital importancia.

Para empezar, Montal fue el primer mandatario desde 1939 en no ser designado directamente por la Superioridad, sino que resultó elegido desde dentro del propio Club. No por los socios, naturalmente ( algo que la normativa vigente no permitiría  hasta 1978, en plena Transición Democrática, con la extraña salvedad de las elecciones de 1953 que consagraron  a Francesc Miro-Sans ), pero al menos sí por los miembros  de la Junta Directiva, que le promovieron en Septiembre de 1946, poniéndole  al frente de un colectivo en el que se integrarían prohombres de tan acrisolado barcelonismo como Narcís De Carreras, Enric Martí i Carreto, Francesc Naudón, Josep Deop o Antoni Tamburini . Con él, además, va a inaugurarse una tradición llamada a tener larga vida en el seno del Barça: que la presidencia sea ostentada por un destacado representante de la burguesía textil catalana, sector social cuya preponderancia se prolongará también  hasta 1978, cuando la elección del magnate inmobiliario Josep Lluís Núñez rompa con esa especie de ley no escrita, como claro reflejo de la pérdida de peso específico del gremio textil en la economía y la sociedad catalanas, y su paulatina desaparición de la escena.

 Aparte de eso, Agustí Montal padre va a ser el principal responsable  de una cierta normalización en la vida interna del club, insuflando nuevas energías a una entidad deportiva que ya estaba recuperando tanto sus niveles prebélicos de afiliación ( 26.000 socios en 1946 ), como ocupando de nuevo un sitial preferente entre la élite del fútbol nacional, lo que se había puesto  de manifiesto con la consecución del segundo título de Liga de la historia del Barça, en la temporada 1944-45, gracias a una plantilla en la que ya figuraban nombres tan míticos como los  Velasco, Curta, Elías, Calvet, Gonzalvo II, Gonzalvo III, Seguer, César, Martín o Bravo, al lado de los veteranos Raich o Escolá, estos dos últimos convenientemente «depurados». Un gran equipo que juega en un Les Corts recién ampliado, con una nueva tribuna cuyo airoso voladizo, sin ninguna clase de columna que lo sustente, constituye una asombrosa obra de ingeniería civil.

 Bajo el mandato de Montal se va a reunir la primera asamblea general  de socios de un club de fútbol español tras el conflicto civil, en 1948, aunque fuera únicamente a nivel de compromisarios, y además  se van a recuperar símbolos muy queridos para la entidad, tales como el busto de bronce de Joan Gamper, que volverá al antepalco de Les Corts – lo que hoy llamaríamos «zona noble» -, o la antigua denominación de la calle dedicada al Fundador en las cercanías del estadio por el Consistorio barcelonés en tiempos de la República, y que había tomado el aséptico nombre de «Crisantemos» después de la guerra. Pero Montal va a ser también el presidente que estará al timón de la nave  azulgrana en un momento triunfal ( los dos campeonatos de Liga consecutivos en las temporadas 1947-48 y 1948-49 ), y el que  organizará la celebración de  las Bodas de Oro del club, en Noviembre de 1949, para conmemorar el 50 Aniversario del Barça, que se desarrollaron  con una gran brillantez y participación popular, convirtiéndose en el primer acontecimiento ciudadano de relieve que tenía lugar en Barcelona desde el final de la Guerra Civil. Con motivo de  dichos fastos tuvieron lugar  un torneo triangular de fútbol – en el que participaron el Palmeiras brasileño, el Boldklubben de Copenhague, y por supuesto el propio Barça – , diversos encuentros y pruebas de otras disciplinas deportivas, y una serie de actos festivos entre los que no faltó un multitudinario baile de sardanas, honrándose también al primer presidente de la entidad, el inglés Walter Wild, así como la memoria del inmortal Joan Gamper, cuyo nieto realizó el saque de honor en los prolegómenos del primer partido, entre el Barça y el conjunto danés.

 Paralelamente, el barcelonismo va a iniciar un amplio debate acerca de la necesidad de volver a ampliar Les Corts, cuyo aforo se estaba  quedando a todas luces  insuficiente, o, por el contrario, avanzar hacia la construcción de un nuevo campo, algo que la creciente dimensión del Barça exigía, tal como ya había hecho el Real Madrid al inaugurar a finales de 1947 lo que pocos años más tarde se llamaría «Estadio Santiago Bernabéu». Entretanto Montal, bien aconsejado por el «Mago» Samitier,  va a tener el enorme acierto de  fichar en Junio de 1950 a Ladislao Kubala, un fornido y rubio jugador húngaro fugitivo del «Terror Rojo», quien muy pronto se convertiría en un auténtico fenómeno de masas en la Ciudad Condal, revolucionando nuestro anquilosado fútbol.  A raíz de este hecho, el debate acerca del campo aumentará en intensidad, y aunque tan crucial decisión no será tomada en el curso de su mandato, va a ser él quien previsoramente adquiera unos terrenos en el extremo de la Travesera de Les Corts, aledaños al Cementerio y la Maternidad, lindando ya con el término municipal de Hospitalet de Llobregat, en los que finalmente se levantará el Camp Nou.

Durante su último año en el cargo, Montal padre fue testigo privilegiado de la gloriosa temporada de «las Cinco Copas» ( 1951-52 ), en la que un fabuloso equipo donde se alineaban Ramallets, Seguer, Biosca, Segarra, Gonzalvo III, Bosch, Basora, César, Kubala, Vila y Manchón, y que todos los niños se sabían de carrerilla, conquistó Liga, Copa, Copa Latina  ( que disputaban los campeones ligueros de Portugal, España, Francia e Italia ) y los trofeos Duward  – al equipo más goleador – y Martini Rossi  – al menos goleado. Con la satisfacción del deber cumplido, y dejando a su Barça en la cumbre indiscutible del fút bol español, Montal  cederá su puesto el 16 de Julio de 1952 a otro ilustre representante del gremio textil, Enric Martí i Carreto, vicepresidente y mano derecha suya en la Junta, al que no tardando mucho le iba a tocar lidiar con una auténtica «patata caliente» como sería el famoso «Caso Di Stefano», con su intrincada maraña de intereses deportivos, económicos y hasta políticos. Pero eso, como diría el gran Rudyard Kipling, ya es otra historia..