Lluís Miró: el primer técnico de la era Llaudet no se come los turrones (1961)
En el particular argot de nuestro fútbol español, cuando un entrenador es cesado de su cargo en las primeras jornadas de Liga, o en todo caso antes de Navidades, se dice de él que «no llegó a comerse los turrones», en alusión al tradicional dulce que se consume por esas fechas. Tal decisión es síntoma de que las cosas ruedan mal, o al menos de que los objetivos propuestos a principios de curso están lejos de alcanzarse, y se tiene la esperanza de que el nuevo ocupante del banquillo pueda enderezar la situación. En el Barça, desde que se inició el Campeonato Nacional de Liga en la temporada 1928-29, con el advenimiento del profesionalismo, una contingencia semejante no había ocurrido nunca hasta 1961, aunque varios técnicos sí habían sido destituidos o dimitido antes de finalizar la temporada (Romá Forns en la 28-29, Patrick O´Connell en la 39-40, Ramón Guzmán en la 41-42, Enrique Fernández en la 49-50, Franz Platko en la 55-56 – una vez finalizada la competición y a falta de tan sólo un partido oficial para acabar la campaña -, Domenec Balmanya en la 57-58, Helenio Herrera en la 59-60 ¡tras proclamarse campeón!, y Ljubisa Brocic justamente en la anterior, la 60-61. El «agraciado» con este dudoso honor va a ser un prestigioso entrenador catalán y antiguo portero del club, Lluís Miró Doñate
Entre el cúmulo de novedades que la temporada 1961-62 va a presentar en Can Barça, se hallaba el nuevo responsable de la primera plantilla profesional, Lluís Miró. Va a nacer en la Ciudad Condal el 3 de marzo de 1913, y se inicia como guardameta en un clásico del fútbol barcelonés, la Unió Esportiva de Sants, donde militará entre los años 1930 y 1933. Luego pasará al Cartagena, mientras presta su servicio militar en la ciudad departamental, concretamente en la Marina, para integrarse dos años más tarde, en 1935, en el Real Murcia. Tras el final de la Guerra Civil, y a instancias de su «colega» Ramón Lloréns, fichará por el Barça. Pero antes tendrá que comprar previamente su libertad al club pimentonero, que hacía valer sus derechos prebélicos y se negaba a concederle la baja sin alguna compensación. Miró va a abonar a los murcianos 3500 pesetas que tenía ahorradas, y podrá así firmar por el Barça, donde sólo cobraría 400 al mes, de modo que bien puede decirse que jugó gratis para los azulgranas durante 9 meses (así era entonces el nivel salarial del más popular de nuestros deportes, claro que los españolitos de a pie de la inmediata Postguerra lo pasaban aun mucho peor…)
Al principio Miró – un portero del que se decía que tenía «la altura de Ricardo Zamora y la corpulencia de Platko» – apenas interviene (tan sólo 2 partidos de Liga en la temporada 39-40), pues el titular es el veterano e internacional Nogués, pero poco a poco va entrando en el equipo titular (11 encuentros ligueros en la campaña 40-41), y al año siguiente ya puede considerársele como el propietario habitual del portal azulgrana, pues es alineado en 17 compromisos del Torneo de la Regularidad, así como en la Copa del Generalísimo de 1942, que el Barça va a conquistar brillantemente al vencer en la final al Athletic de Bilbao por 4 a 3 en partido celebrado en Madrid, donde los catalanes presentaron la siguiente alineación: Miró; Zabala, Benito; Raich, Rosalench, Llácer; Sospedra, Escolá, Mariano Martin, Balmanya y Bravo (y siete días más tarde, en el mismo escenario, se imponen en partido de promoción al Real Murcia, el club de procedencia de Miro, por un concluyente 5 a 1, ahuyentando así el fantasma del descenso)
Su último curso como arquero blaugrana va a ser el 1942-43. En la Liga juega casi siempre (en 19 ocasiones), teniendo a Argila y Font como suplentes, pero en la Copa va a ser víctima destacada de uno de los más severos correctivos que ha sufrido el Barça en toda su historia, el 11 a 1 que le infligió el Real Madrid en el viejo «Chamartín», en la vuelta de las semifinales del «Torneo del KO» de 1943, en una aciaga tarde que la historiografía barcelonista considera como «la madre de todos los agravios» inferidos por el centralismo al club blaugrana, un partido sobre cuyas circunstancias, dentro y fuera del terreno de juego, se continúa especulando hoy en día, 73 años más tarde, cuando todos sus protagonistas en el bando culé – y me imagino que también en el merengue…- están ya muertos.
Alto, bien parecido, de facciones distinguidas, aristocráticas, unánimemente calificado como «elegante, educado y caballeroso», sus compañeros acostumbraban a gastarle con frecuencia inocentes bromas en los hoteles donde se alojaba el equipo, instigando a los botones para que reclamasen de viva voz al teléfono al «Señor Duque de Miró». En el terreno de juego imponía su aventajado físico, en un fútbol en el que a menudo participaban guardametas que frisaban el metro setenta, o incluso más bajos. Aun así, le tocó vivir una época de transición en la entidad azulgrana, caracterizada por un flojo rendimiento deportivo, encajando demasiados goles con la protección de únicamente un par de defensas, que para mayor «inri» casi nunca eran los mismos. Esa situación, no obstante, comenzó a revertirse cuando el Barça incorporó el novedoso sistema de la «WM», retrasando al medio Rosalench al centro de la zaga, con la misión de «secar» a los arietes rivales.
Aquel choque en la Capital, donde tuvo que recoger hasta en once ocasiones la pelota del interior de la portería encomendada a su custodia, supuso su despedida como jugador en activo. Un retiro tan prematuro (contaba solamente con 30 años de edad) se explica a causa de unas dolencias crónicas en la espalda, que ningún tratamiento médico de la época fue capaz de erradicar. De hecho, tuvo que jugar la final copera de 1942 infiltrado con dos inyecciones de novocaína. Su balance como guardameta del Barcelona puede resumirse en un total de 99 partidos disputados, en un período difícil y turbulento.
ENTRENADOR DE PRESTIGIO
Resuelto a hacerse entrenador, primero obtendrá el título regional, y más tarde el nacional, en un cursillo celebrado en Burgos en 1950, teniendo como compañeros de promoción a otros dos hombres con pasado – y futuro – barcelonista, Balmanya y a Salvador Artigas. Y va a darse la curiosa circunstancia de que, debido a sus grandes conocimientos técnicos y tácticos, pasará de alumno a profesor de la Escuela de Preparadores. A pesar de contar con ofertas de clubes de categoría superior, prefiere iniciar su trayectoria profesional en los banquillos desde abajo y sin salir de Cataluña, en el Terrassa de Tercera División. Con los egreses cumplirá tres temporadas, y en 1952 se pasará a la vecina localidad de Sabadell para dirigir al cuadro arlequinado. En 1953 es contratado por el Real Valladolid, consolidado en la zona media de Primera División, donde vivirá tres campañas, hasta 1956, al frente de un equipo donde destacan jugadores como el guardameta Saso, los defensas internacionales Matito y Lesmes I, o los goleadores Domingo y Murillo.
Mientras dirige a los de Pucela, la Federación Española de Fútbol va a encargarle la preparación del equipo nacional de cara a un partido amistoso que se disputaría en tierras helvéticas. Había un comité seleccionador formado por Juan Touzón, Pablo Hernández Coronado, José Luís del Valle y Emilio Jiménez Millas, y el encuentro se celebró el 19 de junio de 1955 en Ginebra, con victoria de España sobre Suiza por 0 a 3. Los goles fueron marcados por Collar, Arieta y Maguregui, y esta fue la alineación del combinado hispano: Carmelo; Guillamón, Garay, Campanal II; Mauri, Maguregui; Arteche, Kubala, Arieta, Domenech y Collar. Llama la atención la presencia de seis jugadores del Athletic de Bilbao y de tres del Sevilla (ambos conjuntos habían disputado la final de Copa aquel mismo año, un par de semanas antes), así como la ausencia de futbolistas del Real Madrid y la convocatoria de un único barcelonista, Kubala.
Repetirá ese cometido en un par de ocasiones, con Guillermo Eizaguirre como seleccionador. La primera el 27 de noviembre de 1955, en el Dalymount Park de Dublin, donde se enfrentan – también con carácter amistoso, como entonces era la costumbre – los equipos de Irlanda y España, con empate a 2 final y el siguiente equipo: Carmelo; Guillamón, Garay, Campanal II; Mauri, Segarra; Miguel, Maguregui, Pahiño -autor de los dos tantos españoles-, Domenech (Arteche) y Collar. Tres días más tarde, en Wembley, España es goleada por Inglaterra (4 a 1), con este once: Carmelo; Segarra, Garay, Campanal II; Mauri, Maguregui; Miguel, Pérez-Payá, Arieta – que salvó el honor patrio batiendo al meta británico -, Domenech y Collar.
Avalado por su buena labor al frente de los del Pisuerga (incluso el Atlético de Madrid quiso llevárselo para el «Metropolitano», teniendo contrato en vigor con los blanquivioletas, pagando nada menos que un millón de pesetas de la época como fichaje, y la recaudación de un partido entre ambos clubes en el feudo rojiblanco), Miró va a ser contratado a continuación por un alicaído Valencia, en la esperanza de que su trabajo ayude a relanzar de nuevo al cuadro «che». En la ciudad del Turia se va a pasar dos años y medio, desde 1956 hasta mediados de la temporada 58-59, viviendo personalmente la gigantesca riada que en octubre de 1957 devastó la capital levantina. Son años, no obstante, muy grises para los de «Mestalla», con una plantilla en la que conviven jugadores jóvenes como Pesudo, Piquer, Quincoces, Mestre, Sendra, Sócrates, Iborra o Mañó, con veteranos de la talla de Pasieguito, Puchades, Fuertes o Seguí, y algunas incrustaciones foráneas (Walter, Machado, Joel…), así como el fugaz goleador Ricardo.
Mediada la campaña 58-59 cesa en el Valencia y va a responder a la desesperada llamada de un Celta de Vigo que se iba derecho a Segunda. Llega a «Balaídos» en la jornada número 18, sustituyendo a Luís Casas «Pasarín», pero no puede evitar el descenso de un equipo que ya se había convertido en un clásico de la máxima categoría. Sin embargo su prestigio no había desaparecido de un plumazo, y ahora es el Sevilla el que solicita sus servicios, precisamente para cortar con la dinámica de un par de años de mala racha, en los que había compaginado una participación en la Copa de Europa y peligrosos coqueteos con el abismo, algo impensable para un histórico club que atesoraba una Liga, 2 Copas de España y el Torneo Nacional de 1939 en su sala de trofeos. El Sevilla de Lluís Miró no va a levantar ninguno, pero su nivel de juego y resultados mejorará ostensiblemente. En su defensa brillan dos internacionales, Campanal (un superatleta) y el eficaz Valero, cuenta con una línea medular que devendría legendaria – Achúcarro-Ruiz Sosa – y un ataque repleto de jugadores talentosos, donde se dan cita los sudamericanos Agüero y Diéguez, el alicantino Antoniet, el gallego Rivera, el andaluz Loren, el burgalés Chús Pereda y el húngaro Tibor Szalay. La temporada 59-60 la finaliza el cuadro hispalense en cuarta posición, con triunfos tan sonados como el que consiguió sobre el Real Madrid (4 a 1, en un flamante aunque inconcluso «Sánchez Pizjuán»). No obstante va a saltar del banquillo sevillista tras la vigesimotercera jornada de la Liga 60-61, con el equipo clasificado en décima posición, con tres negativos,
Sin embargo en esa misma temporada Miró había vuelto a la Selección Española como entrenador en dos partidos amistosos, y con el triunvirato formado por José Luís Costa, Ramón Gabilondo y José Luís Lasplazas en calidad de comité seleccionador. El primero de ellos se va a disputar el 26 de octubre de 1960 en el londinense y legendario Estadio de Wembley, donde los nuestros caerán derrotados ante Inglaterra por 4 a 2. Jugaron aquel día: Ramallets; Marquitos, Santamaría, Gracia; Ruíz Sosa, Vergés; Mateos, Del Sol, Di Stefano, Luís Suárez y Gento, siendo autores de los dos goles españoles Del Sol y Suárez. El segundo compromiso se celebró sólo cuatro días más tarde, y va a tener como marco el Prater vienés, donde la Selección de Austria «se merendó» literalmente a la nuestra con un concluyente 3 a 0. Aquel día actuaron Ramallets (Araquistáin); Rivilla, Santamaría (Garay), Gracia; Ruíz Sosa, Del Sol; Pereda, Mateos (Chuzo), Di Stefano, Luís Suárez y Gento.
AL FRENTE DE UN BARÇA RENOVADO
El Barça de Llaudet arranca con muchas caras nuevas. El dinero cobrado por el traspaso de Luís Suárez al Inter, en lugar de contribuir a enjugar la enorme deuda barcelonista, va a servir para agotar casi el mercado nacional. Del Sevilla vienen Jesús Pereda, un jugador que había militado incluso en las filas del Real Madrid, alcanzando la internacionalidad en el cuadro andaluz, y el húngaro Tibor Szalay, conocidos en el «Sánchez Pizjuán» como “el Ala del Miedo”; del Valladolid procede el navarro José Antonio Zaldúa, un impetuoso ariete adolescente, del Racing de Santander el extremo derecha cántabro Pedro Zaballa, del Real Zaragoza el poderoso todoterreno uruguayo Julio César Benítez, del Valencia el prometedor cancerbero José Manuel Pesudo, presunto sucesor del gran Ramallets, del Celta de Vigo el centrocampista Antonio Pais, de Canarias, en fin, el exterior izquierda de la Unión Deportiva Las Palmas Vicente González Sosa…Futbolistas todos ellos jóvenes y con mucho futuro por delante, que están llamados a tomar el relevo de unos ases con demasiado plomo ya en sus piernas. Así quedaba configurada la plantilla barcelonista para la nueva temporada 61-62: Pesudo, Sadurní, Celdrán, Benítez, Garay, Gracia, Rodri, Foncho, Olivella, Vergés, Segarra, Gensana, Pais, Marañón, Pereda, Zaballa, Kocsis, Eulogio Martínez, Evaristo, Vicente, Rifé I, Szalay, Zaldúa y Villaverde.
Y para dirigirlos, Llaudet va a contratar a Lluís Miró, antiguo jugador azulgrana veinte años atrás y cuyo último encuentro con el Barça había sido el tristemente célebre 11 a 1 ante el Real Madrid en el viejo «Chamartín», en la Copa del Generalísimo del 43. Y si Miró era el presente, Ladislao Kubala representaba el porvenir, colocado al frente de una flamante “Escuela de Futbolistas”, donde se esperaba que se forjasen los nuevos valores, llamados un día a revivir las glorias del Club. El nuevo presidente cumplía de ese modo uno de sus compromisos electorales, confiando en que las doctas enseñanzas de un maestro tan cualificado como Laszi pudiesen fructificar pronto en esplendorosas realidades.
El domingo 11 de junio, diversos medios informativos de la Ciudad Condal anunciaron que Lluís Miró sería el nuevo entrenador del Barcelona. La tarde anterior habían sido convocada en el local social de la entidad , y la impresión era que se les iba a comunicar una noticia de gran calado, como de hecho así fue: «nombrar entrenador del primer equipo profesional del Club a don Luís (sic) Miró Doñate, con efectividad a partir del día 1 de julio próximo». A continuación, el técnico catalán procedió a firmar el contrato que le ligaba al Barcelona.
También se anunció que, en aras a la obligada austeridad presupuestaria, el conjunto filial, el C.D. Condal, renunciaba a su plaza en la Segunda División del fútbol español, pasando a militar en el grupo catalán de Tercera, para de ese modo ahorrarse un buen pico en materia de desplazamientos. Igualmente se informó de otra renuncia. El Barça no realizaría durante el verano una gira por distintos países sudamericanos, debido a la escasez de jugadores con contrato en vigor, y a que su caché tendría que ir forzosamente a la baja, puesto que el Barcelona no podría presentar en dicha gira al recién traspasado Luís Suárez ni a otros jugadores con «gancho»
El 1 de agosto de 1961 dan comienzo en el «Camp Nou» los entrenamientos de cara a la temporada 61-62. Pasadas las 10 de la mañana, y tras mostrarles Llaudet a los informadores el local donde hasta entonces estaba instalado un quirófano, y anunciarles que a partir de ese momento se convertiría en sala de prensa, van a saltar al terreno de juego los componentes de la plantilla profesional barcelonista (con la única excepción de Zaballa, que cumplía su servicio militar en tierras africanas, en la lejana Sidi Ifni), con el presidente y el técnico a la cabeza, seguidos de directivos, periodistas y redactores gráficos. Así lo cuenta «El Mundo Deportivo»:
«Formando todos un amplio círculo – en el centro don Enrique Llaudet y el entrenador – y bajo un sol abrasador, volvió a tomar el uso de la palabra el presidente, a quien por cierto no se le puede pedir ni más claridad, sencillez y brevedad en la exposición de sus palabras o ideas.
Empezó presentándonos de una manera oficial al nuevo entrenador don Luís Miró, de quien dijo que se le había conferido los máximos poderes, es decir, que su labor no se verá interferida ni por la Junta Directiva siquiera, a la vez que le pidió fuera para los jugadores como un hermano mayor. Aludió luego a don Antonio Tamburini (fabricante textil de Sabadell y veterano directivo), de quien dijo será para los jugadores un padre mayor que premiará y castigará.
Subrayó que pretendía levantar al equipo del estado de postración en que había estado sumido en la temporada pasada y que al efecto la Junta Directiva velará porque en la plantilla reine la alegría y el optimismo.
– No esperamos – añadió – frutos inmediatos de la labor que se va a iniciar. Que los edificios no se empiezan por los tejados sino por sus cimientos. Por eso recabo paciencia a todos, público, prensa. Y de una manera casi incidental dejó explotar la bomba de su desbordante barcelonismo: «quienes desde la grada nos silben no los consideramos barcelonistas»
Y terminó su parlamento recabando la ayuda de la prensa.
Tras intervenir brevemente el director de «El Mundo Deportivo», don José Luís Lasplazas (decano de los informadores deportivos barceloneses), serían presentadas las nuevas caras, y hacia las 10 y media se iniciaron los ejercicios físicos de la plantilla a las órdenes de Lluís Miró, anunciando este que en días sucesivos su ritmo iría aumentando, y para algunos jugadores habría doble sesión de entrenamiento. A título anecdótico, reseñemos que se anunció que iba a someterse a prueba a un futbolista turco llamado Seref, que ocupaba la posición de delantero (jugador que, obviamente, no se quedaría en la plantilla blaugrana)
Ya en plena pretemporada se lesiona Pereda, cuyo debut por consiguiente habría de retrasarse, así como el del cántabro Zaballa. El equipo se encuentra de este modo casi sin extremos, puesto que Coll se ha ido (al Valencia, junto con Ribelles y algunos millones, a cambio de Pesudo), Beitia pasa al Tenerife y Suco al Racing santanderino, mientras que el Barça deja marcharse también a Tejada y a Czibor. Ambos se unirán sin demora a los eternos rivales: el primero al Real Madrid, donde despachará una excelente temporada, aunque a la siguiente el fichaje del coruñés Amancio le relegará al banquillo, y el genial “Pájaro Loco” al Español, por el que va a pasar con más pena que gloria en una campaña aciaga para los de Sarriá, que por vez primera darán con sus huesos en la Segunda División.
Dentro de la preparación para una campaña de la que la afición espera mucho – como siempre -, el Barça se desplaza a Cádiz, invitado nuevamente a tomar parte en el prestigioso Trofeo «Carranza», entonces todo un acontecimiento futbolístico. En el primer partido elimina al River Plate argentino, que cuenta en sus filas con el español y ex – sevillista Pepillo, cedido por el Real Madrid a los porteños. En la final, el triunfo sonríe de nuevo a los colores azulgranas. El rival es nada menos que el Peñarol de Montevideo, uno de los mejores cuadros sudamericanos, donde militaba un extremo derecha que muy pronto llamaría la atención de los responsables barcelonistas, Luís Cubilla. Dos goles de Kocsis acercan el preciado galardón gaditano a Barcelona, y quedan para la historia los nombres de los vencedores: Pesudo; Foncho, Rodri, Gracia; Segarra (Vergés), Gensana; Martínez, Kocsis, Evaristo, Villaverde (Garay) y Zaldúa.
En el marco incomparable de un «Camp Nou» lleno a rebosar para rendir un merecido homenaje a Kubala, los triunfadores de la “Tacita de Plata” posan junto al primer “Carranza” conquistado por el Barça. Luego – blaugranas por una noche – se les unirán los merengues Ferenc Puskas y Alfredo Di Stefano, que no han querido perderse la despedida de su gran amigo, aunque rival, Laszi. El encuentro, como es natural, resulta de lo más emotivo y el resultado va a ser lo de menos, aunque aquel Barça de auténtico superlujo se impuso por 4 goles a 3 al Stade de Reims francés, con dos tantos de Puskas, otro de Di Stefano y uno de Benítez, el joven talento charrúa que conjugaba al cincuenta por ciento potencia y clase. Esta fue la última alineación barcelonista del crack cuyo maravilloso juego había dejado pequeño «Les Corts» y obligado a la construcción de aquel moderno y grandioso recinto: Ramallets; Foncho, Rodri, Gracia; Segarra, Benítez; Szalay, Kubala, Di Stefano, Puskas y Zaldúa (con numerosos cambios tras el descanso)
La Liga 61-62 calienta ya motores. El día 3 de Septiembre se abren de nuevo las puertas del Estadio en partido nocturno, con la presencia del Sevilla. El encuentro no pasa de discreto, con un tiempo para cada equipo y un marcador final de 3 a 2 a favor de los propietarios del terreno. Kocsis (2) y Eulogio Martínez hacen los goles locales, y Miró va a presentar la siguiente alineación: Pesudo; Foncho, Rodri, Gracia; Benítez, Gensana; Zaldúa, Evaristo, Martínez, Kocsis y Villaverde. Como puede observarse, predominaba aun la veteranía en la formación titular.
Primera salida, y primera decepción de la temporada. En «Atocha», la Real Sociedad vence por 2 a 1 al Barcelona, en un encuentro donde Julio César Benítez va a conocer también la primera de sus varias expulsiones vistiendo la zamarra azulgrana. Estos fueron los once derrotados en el feudo donostiarra: Pesudo; Foncho, Rodri, Gracia; Vergés, Segarra; Szalay, Evaristo, Zaldúa, Benítez y Villaverde. Pero no hay tiempo para lamentaciones, pues el Barça debe viajar inmediatamente hasta Berlín, para iniciar su ya tradicional participación en la Copa de Ciudades en Feria, y el choque se salda con una derrota mínima por 1-0 y este equipo puesto en liza en la antigua capital germana: Pesudo; Foncho, Rodri, Gracia; Vergés, Gensana; Zaldúa, Kocsis, Evaristo, País y Villaverde. Y un nuevo desplazamiento liguero, esta vez al terreno del recién ascendido Tenerife, entrenado por un viejo conocido de la afición barcelonista, el yugoeslavo Ljubisa Brocic. Aquí sí que el Barça va a imponer su neta superioridad, y se lleva los dos puntos. Marcaron Evaristo, en dos ocasiones, y Kocsis, y este fue el once azulgrana: Pesudo; Foncho, Rodri, Gracia; Gensana, Segarra; Zaldúa, Kocsis, Evaristo, Pais y Villaverde.
Y al domingo siguiente, en el «Camp Nou», todo un clásico, el Athletic de Bilbao, por más que se encontrase en horas bajas, con los antaño fieros leones muy capitidisminuidos. El gran aliciente del partido lo constituye la presentación del extremo montañés Zaballa, por fin libre de sus deberes militares. Y el muchacho va a cumplir a plena satisfacción. Sus fulgurantes internadas por la banda derecha, culminadas con letales asistencias, levantarán al público de sus asientos, y le harán pensar que ya se ha encontrado sucesor para el legendario Estanislau Basora, retirado tres años antes. Vence el Barça 4-2, con tres dianas del brasileño Evaristo y una del uruguayo Villaverde, y queda para la historia el primer once blaugrana del buen exterior de Castro Urdiales: Pesudo; Foncho, Rodri, Gracia; Pais, Gensana; Zaballa, Kocsis, Evaristo, Zaldúa y Villaverde. En la clasificación, el Real Madrid es líder con 8 puntos – cuatro victorias de cuatro partidos – y el Barça marcha tercero con 6, pero al domingo siguiente ambos conjuntos tendrían que verse las caras en el «Santiago Bernabeu»
Es el partido grande de la quinta jornada, el día 1 de octubre de 1961 (justo la fecha en la que se cumplen 25 años de la proclamación del General Franco como “Caudillo”, en plena Guerra Civil), y los blancos van a salir vencedores por 2 a 0 en un encuentro jugado de poder a poder. Mucha emoción, y superioridad de cada equipo en un tiempo, más acusada la del Madrid en la primera mitad. Puskas y Del Sol fueron los autores de los tantos merengues, y el árbitro vizcaíno Gardeazábal – según la versión culé – “se comió” un claro penalty en el área madridista con 1-0 en el marcador. Estos fueron los once futbolistas que utilizó Luís Miró: Pesudo; Foncho, Gensana, Gracia; Pais, Garay; Zaballa, Zaldúa, Martínez, Villaverde y Pereda, que de ese modo hacía también su debut con el Barça.
Con este resultado, la Liga comienza a ponérseles cuesta arriba a las huestes azulgranas, que ven distanciarse a su máximo rival ya a cuatro puntos. Que se convertirán en cinco al término de la siguiente jornada, pues si bien el Real Madrid logra su sexta victoria consecutiva en «San Mamés», el Barça no puede pasar del empate en el «Camp Nou» ante el Zaragoza de César Rodríguez (que aun pudo conseguir un resultado mejor si no llega a desperdiciar un penalty a su favor). Los aragoneses causaron muy buena impresión, y anotaron los goles Vicente para el Barça y Marcelino para los de «La Romareda». Este fue el equipo barcelonista: Pesudo; Foncho, Gensana, Gracia; Marañón, Garay; Pereda, Evaristo, Martínez, Kocsis y Vicente.
Mal pintaba el Torneo de la Regularidad, pero al menos el Barça había podido superar con holgura su primera eliminatoria ferial el miércoles anterior, al imponerse a la Selección de Berlín por un claro 3 a 0 (Evaristo 2, y Zaldúa), en un partido en el que el jovencísimo ariete navarro, lesionado, marcó el clásico “gol del cojo”. Jugaron, y se clasificaron, los siguientes hombres: Pesudo; Foncho, Gensana, Gracia; Pais, Garay; Zaballa, Zaldúa, Evaristo, Kocsis y Vicente.
Un Barcelona en baja forma iba sin embargo a triunfar con facilidad en Oviedo, donde los asturianos, colistas, dejaron mucho que desear. Marcaron Villaverde y Garay, y este fue el once barcelonista en el “Carlos Tartiere”: Pesudo; Benítez – que regresaba a la formación titular, una vez cumplida su sanción -, Gensana, Gracia; Marañón, Garay; Zaballa, Pereda, Evaristo, Villaverde y Vicente. El Barça continuaba a cinco puntos del Real Madrid, pero al siguiente domingo pareció despertar de su letargo al destrozar en la Ciudad Condal al Betis de los Daucik, padre e hijo, por un concluyente 6 a 1 (Villaverde 3, Evaristo 2, Kocsis y Ansola para los verdiblancos). Miró alineó a: Pesudo; Benítez, Rodri, Gracia; Segarra, Garay; Zaballa, Kocsis, Evaristo, Villaverde y Pereda.
Pero el equipo volvió a las andadas una semana más tarde en Pamplona, siendo frenado por un Osasuna muy luchador. Serena (2) y Sabino marcaron por los navarros, mientras que Benítez lo hacía por el Barça. Jugaron en “San Juan” : Pesudo (Celdrán); Rodri, Gensana, Gracia; Segarra, Benítez; Zaballa, Kocsis, Evaristo, Villaverde y Pereda. Con los rojillos se alineó una gran promesa barcelonista, Fusté, cedido por segundo año consecutivo al cuadro pamplonica.
En la décima jornada van a enfrentarse nuevamente los eternos rivales barceloneses en el «Camp Nou». El Español, con un equipo cuajado de ilustres veteranos como Gordejuela, Rial o Czibor, no atravesaba por su mejor momento, ni muchísimo menos, y tampoco el Barça podía permitirse volver a perder puntos en su estadio. La emoción, pues, estaba servida. Pero ambos conjuntos van a ofrecer un espectáculo muy mediocre, que se acabó decantando a favor de los locales merced a dos goles de Benítez y Vergés. Jugaron aquel derbi: Pesudo; Rodri, Gensana, Gracia; Vergés, Pais; Pereda, Kocsis, Evaristo, Benítez y Szalay.
Con un tercio del campeonato ya consumido, el panorama no parecía demasiado halagüeño para el Barça, tercero a 5 puntos de un Real Madrid que solamente había perdido un partido hasta la fecha, y encajado únicamente cuatro tantos (por 14 el Barcelona), pero el siguiente compromiso no puede ir peor para los intereses blaugranas, ya que los pupilos de Miró van a salir derrotados del «Luís Sitjar» mallorquín por 3 a 1. Evaristo hizo el único gol catalán, y Benítez sufrió una nueva expulsión. Los protagonistas de este frustrado desplazamiento a tierras baleares fueron: Pesudo; Rodri, Gensana, Gracia; Vergés, Pais; Pereda, Zaldúa, Evaristo, Benítez y Vicente. El Madrid se escapa ya a 7 puntos de distancia, y Atlético de Madrid y Zaragoza superan también a los azulgranas. Por cierto, que en las filas de los maños estaba destacando la facilidad goleadora de un delantero peruano llamado Juan Seminario, el mismo jugador al que unos problemas burocráticos (una duplicidad de firmas) habían impedido fichar por el Barça un par de años atrás, y que ahora – formando parte de la “Operación Benítez” – ya se alineaba de pleno derecho con el cuadro de la Ciudad del Ebro, encabezando la clasificación del Trofeo “Pichichi”.
El partido más atractivo de la duodécima jornada van a disputarlo en el «Camp Nou» Barcelona y Atlético de Madrid. Empezarán marcando los «colchoneros» por mediación del angoleño Mendonça, un auténtico superclase, pero el tanto visitante espoleó a los de casa, y Evaristo (en tres ocasiones) Pereda y Zaldúa acabarán por golear a los madrileños. El Barça presentó la siguiente alineación: Pesudo; Rodri, Gensana, Gracia; Vergés, Segarra; Pereda, Zaldúa, Evaristo, Pais y Vicente.
Parón de la Liga con motivo de un encuentro de la Selección Española contra la de Marruecos, valedero para la fase previa del Campeonato del Mundo a celebrarse en Chile en 1962. El Barça lo aprovecha para disputar un par de amistosos en su estadio. En el primero de ellos empata a dos con el Niza, en un encuentro donde hizo su presentación un joven interior nacido en el barrio del Poble Nou, surgido de las filas del histórico Júpiter y llamado Joaquim Rifé, o Rifé II, ya que el mayor de la saga era su hermano Llorenç, que en aquel momento formaba parte de la plantilla barcelonista, en calidad de defensa central. El segundo amistoso le enfrenta al cuadro sueco del Orgrytte, y se saldó con un resultado de verdadero escándalo, 7 a 4 a favor del Barcelona. Villaverde y Zaldúa (dos goles cada uno), Benítez, Evaristo y Szalay fueron los autores de los tantos de un choque en el que el público se divirtió de lo lindo con la auténtica salsa del fútbol.
GOLEADA EN «MESTALLA» Y CRISIS EN CAN BARÇA
La Liga se reanuda el domingo 19 de Noviembre de 1961 con otra salida complicada, en este caso a Valencia. Y el campo de «Mestalla» va a ser testigo en esta ocasión de una auténtica debacle barcelonista. Memorable tarde de los “chés”, dirigidos por «Mingu» Balmanya, con una delantera en vena de aciertos que desarbolará por completo a la zaga catalana. Sendra y el brasileño Recamán van a ser los auténticos motores de un equipo que le pasará literalmente por encima a los azulgranas. Ficha, Waldo (4) y el ex – barcelonista Ribelles al transformar un penalty, marcaron por los locales, mientras que Evaristo y Villaverde lo hacían por el Barça, que presentó a Pesudo; Rodri, Gensana, Gracia; Vergés, Pais; Zaballa, Zaldúa, Evaristo, Villaverde y Pereda. El Real Madrid estaba ya a 9 puntos, una distancia prácticamente insalvable, y la Liga bien podía darse por perdida.
Finalizado el partido de «Mestalla», Luís Miró va a hacer unas durísimas declaraciones, poniendo incluso en duda la vergüenza profesional de sus jugadores. Según cuenta el diario «El Mundo Deportivo» en su edición del lunes 20 de noviembre de 1961, Miró, tras el varapalo y ante un grupo de informadores, manifestó el gran disgusto que le habían producido los seis goles encajados por el Barcelona, y a la pregunta de la prensa acerca de a qué atribuía el resultado, no se va a recatar en mostrar su indignación:
«A que el Barcelona ha jugado poco y el Valencia ha estado sensacional en todos los aspectos. Yo no esperaba un partido así de mis jugadores. No lo podía esperar sobre todo después de su gran victoria sobre el Atlético de Madrid. El resultado de esta tarde puede ser algo circunstancial, un accidente del partido, pero no la forma como han actuado los jugadores del Barcelona que no pusieron nunca nada ante el Valencia de hoy, que ha jugado mucho y ha gustado más. No comprendo como han podido jugar tan mal…siendo los mismos que de forma tan brillante actuaron en el último partido. Yo que acostumbro a ser comprensivo otras veces, en esta ocasión debo manifestarme con toda claridad, aunque a algunos les parezca muy crudas mis impresiones.
Preguntado Lluís Miró por si el hecho de encajar dos goles casi seguidos (se referían al 1-0 y al 2-0, marcados por los valencianistas en cuestión de un minuto, algo que volverían a hacer en las postrimerías del segundo tiempo con el 5-2 y el 6-2) pudo influir en la actuación del Barcelona, esto fue lo que respondió el técnico catalán:
» No hay razón que justifiqué una derrota así. Y en cuanto al Valencia le diré que esta tarde ha estado estupendo no solo de juego y en velocidad sino, también, en su sentido de la anticipación»
Una vez más, una fuerte marejada azotaba Can Barça, y se esperaban movimientos de manera inminente. La cabeza del propio Miró pendía de un hilo, y se sospechaba que Llaudet podía destituirle en cuestión de horas. El miércoles 22 se va a celebrar en el Camp Nou un inoportuno amistoso, que en mejores circunstancias podría haber servido de pequeña revancha ante el verdugo del Barça en la final de Berna, el Benfica, pero que en esta delicada coyuntura pasaba a un segundo plano, sepultado entre un mar de rumores. Miró se va a sentar todavía en el banquillo, y será testigo de cómo catalanes y portugueses – en los que ya se alineaba Eusebio, la “Perla Negra” mozambiqueña – hacían tablas (1 a 1)
En la edición de «El Mundo Deportivo» correspondiente al 23 de noviembre se va a informar que, sobre las 8 de la noche del día anterior, una emisora de radio local va a lanzar al éter la noticia de que Miró había presentado su dimisión, lo cual correrá como un reguero de pólvora, hasta al punto de que a la finalización del encuentro entre el Barça y el Benfica una auténtica avalancha de informadores acribillará a preguntas al propio técnico, que lo desmentirá, añadiendo su total ignorancia sobre el tema. Pero ya se sabe que muy a menudo el rumor es tan sólo la antesala de la noticia, y un día más tarde, el viernes 24 de noviembre de 1961, el mismo «El Mundo Deportivo» llevará en su primera plana la siguiente información:
«Miro ya no es entrenador del Barcelona. Kubala lo será a título interino»
Y la ampliaba en su segunda página mediante una nota oficial del propio Club de Futbol Barcelona, añadiendo que Kubala tomaría posesión de su cargo esa mañana. Este es el texto completo del comunicado de la directiva azulgrana, fechado en la Ciudad Condal el 23 de noviembre de 1961:
«En reunión celebrada en el día de hoy, el Consejo Directivo del Club de Fútbol Barcelona adoptó, entre otros, los siguientes acuerdos:
a) Aceptar la dimisión presentada por el entrenador don Luís Miró
b) Que, con carácter interino, asuma las funciones de entrenador del equipo el actual director técnico don Ladislao Kubala.
c) Imponer severa amonestación y multa a todos los jugadores de la plantilla que actuaron el pasado domingo en Valencia, por su injustificada falta de interés y rendimiento»
El propio «El Mundo Deportivo» apostilla esta información con la siguiente nota de redacción:
«En realidad, por nuestra parte, no sabemos si sería más apropiado calificar el escrito que antecede de nota oficial de la Directiva del Barcelona o bien como confirmación a una noticia propalada por una emisora local al atardecer del pasado miércoles, tras haberse demostrado palpablemente hasta qué punto estaba en lo cierto el comentarista radiofónico sobre una decisión que, todavía, no había acordado la Junta Directiva del Barcelona, en la reunión de anoche. Por otra parte ha de sorprender aun más al lector que el propio presidente del Barcelona, don Enrique Llaudet y el entrenador don Luis Miró, no se recatasen en manifestar tras el partido jugado recientemente contra el Benfica que, los hechos no fundamentaban el rumor que por entonces circulaba. Una vez más, sin embargo, ha quedado demostrado que no todos los sectores de información gozan, como mínimo, de un trato de igualdad por parte de quienes, por sus cargos, deberían otorgarlo, pese a que oficialmente se pretenda respaldar sus decisiones con el refrendo de una Junta Directiva reunida con carácter extraordinario»
Y sigue en la misma página otra información encabezada por la frase «El suspense fue largo. Sigo siendo entrenador del Barcelona» pronunciada por Luís Miró a las 10 de aquella intensa noche. Esto es lo que contaba «El Mundo Deportivo»: «Durante la espera de la nota oficial que nos facilitó el C. de F. Barcelona, de resultas de la reunión extraordinaria que celebró su Consejo Directivo en dos sesiones (la primera se prolongó hasta las veintidós horas en el local social de la entidad, y la segunda muy avanzada la madrugada de hoy, en otro lugar de la ciudad) en el intervalo de ambas, el entrenador señor Miró, justamente al salir de la primera, comunicó visiblemente emocionado a los informadores que aguardaban el resultado de aquella, que no había dimitido de su cargo y que, hasta aquel momento, continuaba siendo el entrenador del club. Añadiendo, que después de cenar volverían a reunirse y se facilitaría una nota explicativa de la situación»
Y apostilla EMD, con evidente ironía:
«Parece ser que los humores de la digestión de la cena llevaron al ánimo de directivos y técnicos a dar un cambio radical a la situación existente pocas horas antes»
El sábado 25 de noviembre, el medio ya tantas veces citado publica en su primera página la siguiente información:
«D. Enrique Llaudet posesionó ayer a Kubala en el cargo de entrenador interino del C. de F. Barcelona», acompañando su titular con una fotografía en la que aparecía Llaudet presentando el nuevo técnico a una plantilla que en su mayoría había sido compañera suya tan sólo unos meses antes. El relevo en la dirección técnica del equipo merecía también el siguiente comentario:
«Una etapa termina y otra se inicia en la dirección técnica del C. de F. Barcelona. La dimisión de Luís Miró, obligó a la directiva del club azulgrana a suplir su vacante y para ello determinó que fuera Ladislao Kubala quien, al menos por el momento, ocupara el cargo de entrenador. En el gráfico vemos al presidente, don Enrique Llaudet, acompañado de varios directivos, en el momento de informar a los jugadores de la plantilla, del acuerdo tomado por la directiva»
Ladislao Kubala, a la sazón al frente de la neonata «Escuela de Futbolistas» y cuyo apoyo durante el reciente período electoral había contribuido indudablemente a la victoria del empresario textil, dejará ese puesto a regañadientes, oponiendo reparos a la oferta del presidente (las responsabilidades de su nuevo cometido, apenas estrenado, y el hecho, bastante anómalo, de tener que pasar a dirigir a quienes tan sólo cinco meses atrás eran compañeros suyos de vestuario y alineación), pero al final la insistencia de Llaudet va a obligarle a aceptar su proposición, en cumplimiento de una de las cláusulas de su contrato – que preveía dicha contingencia – , y se hará cargo del primer equipo de manera provisional, hasta que se encuentre un nuevo técnico. Laszi saltará al «Camp Nou» para dirigir su primer entrenamiento a las 11 de la mañana del viernes 24 de noviembre.
La labor de Luís Miró en su breve etapa como entrenador barcelonista puede resumirse en las siguientes cifras: 15 partidos oficiales dirigidos, con un balance de 8 victorias, 1 empate y 6 derrotas. El equipo había marcado a sus órdenes 34 goles, encajando 25. El porcentaje de triunfos conseguidos bajo su batuta era del 53,33 %. Su mayor logro había estribado en la conquista del Trofeo «Carranza» (el primero de los torneos veraniegos gaditanos que el Barça se adjudicaba), así como en la superación de la primera eliminatoria de la Copa de Ferias, dejando en la cuneta a la Selección de Berlín. En el momento de su cese el equipo ocupaba la cuarta posición de la tabla, con 15 puntos y 3 positivos, a nueve del líder, el Real Madrid.
MIRÓ LEJOS DEL «CAMP NOU»
Su medio año escaso al frente del conjunto blaugrana, a pesar de que su «dimisión» se había producido aun no alcanzado el ecuador de la Liga, va a acrecentar el prestigio de Miró como técnico, propiciando su marcha al extranjero. Trabajará primero en Francia, dirigiendo al Olympique de Marsella, en 1962-63, y al curso siguiente, la temporada 1963-64, pasa a Italia una vez ya iniciada la competición (en la undécima jornada), para hacerse cargo de una AS Roma que atravesaba por una pésima racha, hundida en los últimos lugares de la clasificación. Conseguirá superar la crisis, situando a los giallorossi fuera de peligro, pero sus desavenencias con el presidente de la entidad romanista precipitarán su salida del Calcio. En el Olímpico va a tener a sus órdenes a futbolistas tan destacados como Cudicini, Malatrasi, Sormani (los tres campeones de Europa con el Milan en 1969), De Sisti, Manfredini o el «as» argentino Angelillo.
De regreso a España, en 1965 recibe la llamada del C.D.Málaga, que acababa de ascender de nuevo a Primera División, de la mano de su viejo amigo Domenec Balmanya. «Mingu» va a fichar por el Atlético de Madrid (al que haría Campeón de Liga en la campaña 65-66, por quinta vez en su historia, y quince años después de su último entorchado con Helenio Herrera), y Miró le sustituirá en el banquillo del club de «La Rosaleda». A su lado va a tener a algunos ilustres veteranos tales como Piquer, Garay, Pepillo – los tres apurando sus últimos días de futbolistas – o el marroquí Abdallah Ben Barek, junto con los Américo, Montero, Arias, Vallejo, Benítez, Martínez, Aragón, Otiñano, Ficha o un jovencito nacido en Melilla y llamado Pedro Berruezo.
Sin embargo no conseguirá consolidar a los malacitanos en la máxima categoría, que estos finalmente van a perder al ser batidos en la promoción por sus vecinos y eternos rivales del Granada. Esta va a ser su última experiencia como preparador en activo. A continuación va a presidir el Colegio Catalán de Entrenadores, a cuyo frente permanecerá por espacio de tres años, y en 1970 abandona definitivamente el veleidoso mundo del fútbol para consagrarse a sus negocios particulares (poseía un hotel en pleno Eixample barcelonés, en sociedad con su antiguo compañero de equipo y gran amigo Balmanya). Fallece en Barcelona, la misma ciudad que le vio nacer, el 15 de septiembre de 1991, con 78 años de edad.
Nunca fue una estrella, ni en los terrenos de juego (su carrera transcurrió entre la Segunda y la Tercera División, y sin salir de su región natal) ni en los banquillos, aunque siempre ejerció como un gran profesional, y las circunstancias le permitieron sentarse en uno de los más prestigiosos y difíciles del fútbol europeo, el del Barça de principios de los años 60 del pasado siglo, coincidiendo con el final de un ciclo victorioso para el club blaugrana, y allí a punto estuvo de hacer historia, convirtiéndose en el primer entrenador barcelonista en conquistar una Copa de Europa, pero el Benfica de Lisboa y unos postes de sección cuadrada se lo impidieron, y finalmente ese honor recaería en Johan Cruyff, tres décadas más tarde, en 1992, en el londinense y legendario estadio de Wembley, y ante la Sampdoria genovesa.
LA GRAN OPORTUNIDAD DE SU VIDA
UNA AUTÉNTICA VUELTA A ESPAÑA EN LOS BANQUILLOS
1960-61 es una temporada crucial en la historia del Barça. Pudo ser la de su consagración internacional, sucediendo al Real Madrid en la hegemonía futbolística europea, pero sin embargo va a suponer el inicio de una larguísima travesía del desierto que prácticamente durará dos décadas, a pesar del fugaz brillo emanado del rutilante fichaje de Johan Cruyff, hasta que el club blaugrana obtenga su primera Recopa en la ciudad suiza de Basilea, en mayo de 1979, frente al Fortuna de Düsseldorf y ante 30.000 enfervorizados seguidores que se dieron cita en el ya desaparecido estadio St. Jakob, que diez años antes había sido también testigo de otra gran decepción del cuadro barcelonista, derrotado por el Slovan de Bratislava en su primera final del torneo reservado a los campeones coperos, igual que en 1961 va a caer en su primer asalto al principal título continental, la Copa de Europa, batido por el Benfica lisboeta y la mala suerte en forma de unos condenados postes de sección cuadrada que escupieron un poker de disparos.
El Estadio «Santiago Bernabeu» es el escenario del partido de ida, el día 9 de Noviembre de 1960. Estas serán las alineaciones: por el Real Madrid, Vicente; Pachín, Marquitos, Casado; Vidal, Del Sol; Herrera, Mateos, Di Stefano, Puskas y Gento, y por el Barça; Ramallets; Rodri, Garay, Gracia; Vergés, Gensana; Villaverde, Evaristo, Kocsis, Suárez y Czibor. Arbitra el Señor Ellis, inglés, cuyas decisiones van a traer mucha cola, erigiéndose en uno de los protagonistas del encuentro.
Pese al cese, el prestigio de Brocic no había desaparecido de la noche a la mañana, de manera que va a recibir otra oferta para seguir entrenando en nuestro país. Pero en esta ocasión no vendrá de uno de los «grandes», sino de un conjunto recién ascendido por primera vez a la División de Honor, el Club Deportivo Tenerife, y hacia las Islas Canarias se irá el buen técnico serbio. Los tinerfeños tenían un buen conjunto, en el que formaban varios jugadores que pronto serían figuras en el fútbol español, como eran los Ñito, Colo, Santos, Justo Gilberto, o José Juan, junto a futbolistas de reconocida solvencia, pero aun así su paso por la Primera División va a ser fugaz.Brocic va a dirigir al Tenerife solamente en las primeras ocho jornadas del Torneo de la Regularidad, y eso que los chicharreros debutaron con muy buen pie en la máxima categoría, goleando en el «Heliodoro Rodríguez López» a la Real Sociedad por 4 a 1, con tantos del posteriormente «magnífico» Eleuterio Santos (2), Paquillo y José Juan, y la siguiente formación: Ñito; Colo, Correa, Paquillo; Villar, Álvaro; Zubillaga, Santos, José Juan, Padrón y Aguirre. En la segunda jornada cayeron en «Sarriá» por 2 a 0, algo previsible, así como la derrota en su propio feudo ante el Barça a la semana siguiente, por 1 a 3, que les ponía ya con negativos, aunque en la cuarta jornada, y de nuevo en casa, volverían a vencer con amplitud, en esta ocasión a un Mallorca que sorprendentemente había arrancado con gran fuerza y ostentaba el liderato, 3 a 0, en un excelente encuentro donde marcaron Santos, Beitia y Aguirre de penalti.
Miró-Sans va a destituir a Helenio Herrera a causa de la segunda derrota del Barça en el «Camp Nou» (la primera también se la había infligido el Real Madrid, en la Liga 57-58). Podía parecer sorprendente que con el brillante palmarés azulgrana de HH («doblete» el año anterior, y una nueva Liga y la final de la Copa de Ferias bien encarrilada) tuviera que dejar su puesto por culpa de la eliminación ante todo un tetracampeón europeo, algo nada extraño dado el inmenso potencial madridista. Los números de Herrera eran sencillamente excelentes (94 partidos oficiales dirigidos, con 71 victorias, 10 empates y tan sólo 13 derrotas, con 295 goles a favor y 95 tantos encajados, lo que arrojaba un porcentaje total de victorias del 75,33 %). Claro que el desencuentro de Herrera con la Directiva blaugrana ya venía de antiguo, debido a una acusada personalidad que levantaba ronchas, con el telón de fondo de las fuertes tensiones de tesorería que sufría la entidad a causa de la muy onerosa construcción del «Camp Nou»
El rival en octavos de final de la «Copa del Generalísimo» tampoco era precisamente de los más temibles, sino otro Segunda División, aunque con el aliciente de que se trataba de un cuadro de la región, el Terrassa (entonces «Tarrasa C.F. «). Sin embargo, plantearía mayores problemas que los gallegos de la ciudad departamental, aunque en absoluto insalvables. En el cuadro vallesano actuaban algunos jugadores con buena trayectoria en Primera, pero ya venidos a menos, como era el caso del ex-barcelonista Navarro II (Alfonso Navarro o «Navarrito», hermano de Joaquín «el Fifo) y el antiguo delantero del RCD. Español Cruellas. En el «Camp Nou» sólo cayeron por 4 a 2, en un partido que tampoco pasaría a los anales del deporte y en el que los goles azulgranas fueron obra de Martínez, por partida doble, Ribelles y Segarra. Esta fue la alineación azulgrana: Ramallets; Olivella, Rodri, Gracia; Vergés Gensana; Tejada, Ribelles, Martínez, Kubala y Czibor. En la vuelta, de nuevo se impuso el Barça al conjunto egarense, por un corto aunque suficiente 1 a 2, con goles de Martínez y Ribelles, y el siguiente once: Ramallets; Olivella, Gensana, Gracia; Vergés, Segarra; Tejada, Kubala, Martínez, Ribelles y Coll.
Sin embargo, en la décima jornada será cesado y sustituido por Rodrigo García Vizoso. En aquel momento el conjunto gallego – que finalmente descendería a Segunda – ocupaba la decimotercera posición, con 7 puntos y 3 negativos. Con posterioridad volvería a Cataluña, para dirigir al Hospitalet, en la categoría de plata, de cuyo banquillo va a saltar también en la jornada número 23, reemplazado por un antiguo jugador azulgrana, el uruguayo Dagoberto Moll. A partir de ese momento su carrera discurrirá por los derroteros de la Tercera División, entrenando al Atlético Baleares y al Réus Deportivo, este último en la temporada 68-69. En 1971 va a causar baja en el Colegio de Entrenadores, dedicándose a otras actividades, como por ejemplo la hostelería, explotando el bar «Kek Duna», propiedad de Zoltan Czibor, el inolvidable «Pájaro Loco» , quien – según cuenta el semanario «Revista Barcelonista», popularmente conocido como «RB», en marzo de 1967 – se lo arrendará por 25.000 pesetas mensuales. Víctima de una larga y penosa enfermedad, Enric Rabassa fallece en Barcelona el 29 de diciembre de 1980, con solamente 60 años de edad. Sirvan estas líneas como recuerdo y homenaje a un técnico modesto, que puso su profesionalidad y buen hacer al servicio del Barça en una coyuntura difícil, solventando la papeleta con buena nota.
Antes del inicio de la temporada 1959-60 Helenio Herrera, en funciones de secretario técnico, va a visitar Perú y Argentina, para presenciar partidos y observar jugadores. Le van a acompañar en el viaje su mujer y sus hijos Helenio y Rocío, y regresará con tres contrataciones: los peruanos Miguel Loayza y Juan Seminario, jóvenes y grandes figuras en el país andino, y el guardameta argentino Carlos Medrano. Van a ser fichajes baratos (1 millón los dos peruanos, y 900.000 pesetas el argentino), pero el Barça va a sacar muy poco provecho de ellos. El arquero no podrá discutirle la titularidad a un Ramallets de nuevo en gran forma, aunque su presencia le servirá como estímulo para no dormirse en los laureles, y en cuanto a los dos restantes, uno de ellos, Loayza, apenas sí jugará, abducido por los encantos de la gran ciudad a juicio de quienes siguieron entonces su trayectoria barcelonesa, y el otro, Seminario, ni siquiera llegaría a debutar, pues problemas burocráticos (al parecer había firmado también una opción con un intermediario)van a impedir su alineación. Terminaría yéndose cedido al Sporting de Lisboa, quedando posteriormente desvinculado del club azulgrana.
LIGA 59-60: PRIMERA VUELTA
LIGA 59-60: SEGUNDA VUELTA
ELIMINACIÓN ANTE EL MADRID Y CESE FULMINANTE
BARCELONA, 20 AÑOS DESPUÉS: EL LARGO ADIÓS
En 1958 las estrellas del fútbol español podían llamarse Di Stefano, Kubala -ambos ya veteranos -, Luís Suárez, Gento (mucho más jóvenes), Kopa, Rial, Peiró, Collar, Segarra, Garay, o cualquiera de los ases extranjeros que invadieron nuestro mercado en dicha fecha (Puskas, Vavá, Walter, Kocsis, Czibor, Sánchez Lage…), pero siempre se trataba de jugadores, de los atletas, artistas o actores que protagonizaban el espectáculo. Había entre nosotros técnicos de renombre y prestigio, por supuesto, como por ejemplo el eslovaco Ferdinand Daucik, que ya había dirigido nada menos que a Barcelona, Athletic de Bilbao y Atlético de Madrid, pero ninguno de los ocupantes, siempre provisionales, del banquillo era capaz de eclipsar a los que intervenían sobre el césped. ¿ Ninguno… ?
TEMPORADA 1958-59: PRIMERA VUELTA
La temporada 56-57 terminó en Can Barça con un magnífico sabor de boca para los socios y aficionados del club blaugrana, debido a la brillante conquista de la Copa del Generalísimo y la «Pequeña Copa del Mundo» de Caracas. Cundía por fin el optimismo, después de varios años de «vacas flacas», y la inminente inauguración del nuevo campo, el magnífico estadio cuya construcción se estaba ya finalizando a marchas forzadas en los límites del término municipal de Barcelona con el de Hospitalet de Llobregat, junto a la Travesera de Les Corts, no hacía sino aumentar esa agradable sensación. Volvía el Barça Triomfant
SEGUNDA RONDA
A diferencia de lo ocurrido con otros técnicos, el paso por el Barça de Domènec Balmanya, el entrañable Mingu, no representó el cénit de su carrera como técnico, sino más bien una de sus primeras etapas. Saltó del banquillo de un recién estrenado «Camp Nou» con sólo 43 años, a pesar de que su encanecido cabello le hacía aparentar unos cuantos más, a una edad en la que muchos entrenadores aun lo tienen todo por demostrar. Y él lo demostró – o mejor dicho, lo corroboró – en numerosos equipos, e incluso en algún que otro despacho, durante las dos décadas siguientes, hasta que su vida particular – familia y negocios – le retiró del fútbol «activo», aunque seguiría cultivando su gran pasión en calidad de comentarista radiofónico hasta prácticamente el momento de su muerte.
Tras unos días de oxigenación esnifando los puros y límpidos aires pirenaicos, el plantel blaugrana va a regresar a la Ciudad Condal el sábado 11 de agosto.
Después de dos técnicos sin pasado azulgrana, Daucik y Puppo, en 1955 va a sentarse en el banquillo de «Les Corts» otro antiguo jugador del club. Pero no se trataba de un futbolista cualquiera, sino de una de las leyendas de gran equipo de los años 20, la década de oro barcelonista hasta aquel momento: Platko, el guardameta húngaro que tuvo la responsabilidad de sustituir a Ricardo Zamora en el marco blaugrana, y salió airoso en el empeño. Llamado Ferenc por su nacimiento en tierras magiares, conocido también como Franz, pues cuando vino al mundo lo hizo en calidad de súbdito del Imperio Austrohúngaro, o incluso Francisco, ya que gran parte de su carrera deportiva, como jugador y posteriormente como entrenador, la va a realizar en países hispanoparlantes, había nacido en Budapest, el 2 de diciembre de 1898, mientras España perdía sus últimos jirones coloniales, como Ferenc Plattko Kopiletz, en una familia en la que también habría otros dos futbolistas, su hermanos Karoly (Carlos) e István (Esteban), que igualmente serían entrenadores en España entre los años 20 y 50 del pasado siglo.
El Campeonato Nacional de Liga de la temporada 55-56 levanta el telón el domingo 11 de septiembre de 1955., con un Real Sociedad-Barça en «Atocha». Se imponen los azulgranas por la mínima, 1 a 2, con tantos de Segarra y Luís Suárez y la siguiente formación: Ramallets; Seguer, Biosca, Segarra; Flotats, Bosch; Mandi, Villaverde, Kubala, Suárez y Manchón. Como puede observarse, Platko vuelve a confiar en Biosca para el puesto de defensa central, pero no así en Basora, cuya demarcación la ocupa el asturiano Mandi. El primer líder de la competición va a ser el Atlético de Madrid, en virtud de su aplastante victoria sobre el Hércules en el «Estadio Metropolitano», 9 a 0.
TRISTE Y SOLITARIO FINAL
Nunca un técnico italiano había dirigido al Barça hasta aquel momento, y ninguno más ha vuelto a hacerlo desde entonces. En su contratación seguramente se valoraron un par de aspectos relevantes. En primer lugar, que procedía de una de las principales culturas futbolísticas del planeta, con dos Campeonatos del Mundo en su haber, y unas competiciones reñidas y espectaculares, con un concepto del Deporte-Rey bastante más adelantado que el nuestro, y en segundo, el hecho de haber clasificado a la floja y prácticamente desconocida selección de Turquía para la cita mundialista de Suiza en el verano del 54, tras eliminar al combinado nacional español en un tercer partido disputado en el Estadio Olímpico de Roma (de nada servía entonces la diferencia de goles: España había vencido por 4-1 en Madrid, y caído derrotada por 1 a 0 en Estambul ), un encuentro desgraciado ya desde antes del pitido inicial, pues un misterioso telegrama alertando sobre la situación burocrática de Kubala (nacionalizado español desde 1951) impidió la alineación de Laszi, y más tarde, al finalizar el tiempo reglamentario con empate a 2 tantos, se procedió a realizar un sorteo para dilucidar cuál de las dos selecciones seguía adelante, y la mano inocente la puso un muchacho italiano, un «bambino» llamado Luigi Franco Gamma, que con los ojos vendados extrajo la papeleta de los otomanos (quienes después tendrían el detalle de invitarle a acompañarles en Suiza)
En la tercera jornada el Barça se impone por la mínima al Español en «Les Corts» merced a un solitario gol de Areta II conseguido en los compases finales del encuentro. En ese momento ocupa el liderato, empatado a puntos con Valencia y Athletic, pero en la cuarta fecha su empate en Vigo (1-1) le deja a un punto de levantinos y vascos. Para la quinta jornada hay buenas noticias: reaparece Kubala, y un Atlético de Madrid muy venido a menos sucumbe en «Les Corts», fuertemente goleado por 4 a 0, con tantos de Tejada (3) y Manchón. En la sexta los azulgranas encajan su primera derrota de la temporada, al caer contundentemente en «Mestalla» ante el Valencia (4 a 1), con goles del catalán Buqué (3) y Seguí para los «ches», mientras que Manchón salva el honor blaugrana en un encuentro donde Kubala demostró hallarse aun lejos de su antigua forma. Los bilbaínos continuaban como líderes.
UNA REÑIDA SEGUNDA VUELTA
Como suele decirse vulgarmente, Daucik había dejado muy alto el listón tras la triunfal campaña 1951-52, cuya brillantez tardaría más de medio siglo en reeditarse en Can Barça. Cierto también que contaba con un capital deportivo y humano excepcional, que para la temporada 52-53 va a presentar los siguientes efectivos a sus órdenes: Ramallets, Velasco, Caldentey, Roselló, Martín, Biosca, Brugué, Curta, Seguer, Segarra, Gonzalvo III, Bosch, Maristany, Flotats, Basora, Hanke, César, Aloy, Kubala, Vila, Escudero, Aldecoa, Moreno, Manchón, Gracia y Boada. Son novedad respecto al curso anterior los guardametas Caldentey y Roselló, el central Brugué, los volantes Maristany y Flotats (este último procedente del Español), y los delanteros Hanke (un jugador de origen checoslovaco que militaba en el fútbol colombiano), Gracia y Boada, mientras que causan baja Calvet, Szegedi, Ferrer y Nicolau. También hay una importante novedad sentada en el palco, pues Agustí Montal i Galobart ha cedido la máxima magistratura barcelonista el 16 de julio de 1952 a su vicepresidente Enrique Martí Carreto, otro importante empresario del gremio textil.
1953-54: UN AÑO SIN TÍTULOS, Y ADIOS A CAN BARÇA
Una teoría bastante extendida sostiene que el motivo que convenció a Kubala para fichar por el Barça en detrimento del Real Madrid, fue el hecho de que el club catalán accediese a contratar también a su cuñado Ferdinand Daucik como entrenador. Es posible, y también plausible, pero igualmente es preciso tener en cuenta que Daucik tampoco venía «de paquete», pues era ya un valor en sí mismo, y el Barça necesitaba entonces un técnico con garantías, tras la interinidad del animoso Ramón Llorens, que había sustituido provisionalmente, asesorado por Samitier, a un cuestionado Enrique Fernández.
En el protocolo del fútbol profesional, establecido ya hace bastantes décadas, la destitución, cese o dimisión de un entrenador en plena campaña acostumbra ser seguida por el nombramiento de un técnico-puente, hasta que un nuevo responsable es entronizado en el banquillo, con la esperanza de que la situación de crisis se reconduzca de manera positiva, regresen los buenos resultados y el equipo remonte puestos en la clasificación. No siempre se produce esa situación, claro está, y a veces los clubes ya tienen una nueva bala preparada en la recámara para ser disparada, y el relevo se produce de forma automática, pero es bastante habitual que durante una o incluso varias semanas se mantenga dicha interinidad, y todas las partes implicadas sean conscientes de ello, así como de que tampoco se pueden esperar milagros, sino lo que en términos taurinos se conoce como «una faena de aliño» En la larga historia del Barça esa circunstancia ha ocurrido en varias ocasiones, una de ellas a mediados de la temporada 1949-50, cuando el uruguayo Enrique Fernández, a cuyas órdenes el club había conquistado las ligas 47-48 y 48-49, así como la primera edición de la «Copa Latina», disputada en 1949, va a soltar las riendas del equipo, debido a los malos resultados y a una serie de puntuales desencuentros con sectores de la afición, la prensa y el propio club (se hablaba de enfrentamientos con varios destacados jugadores de la plantilla, y también con el secretario técnico Josep Samitier, predecesor suyo en el banquillo) Tras la decimoséptima jornada, y dos dolorosas derrotas consecutivas ante Real Madrid y Sevilla, Fernández va a presentar la dimisión, y la Junta Directiva presidida por Agustí Montal i Galobart nombrará en su lugar a Ramón Llorens, antiguo guardameta azulgrana y que entonces se hallaba al frente del equipo de Aficionados, desempeñando una magnífica labor y promocionando excelentes jugadores para la primera plantilla.
En los años 40 el Barça ya tenía una larga tradición en eso de utilizar como entrenadores a antiguos jugadores azulgranas. Así, Greenwell, Forns, Platko, Planas, Guzmán, Nogués, Samitier y quien hoy nos ocupa, Enrique Fernández, van a ocupar su banquillo, buscando tal vez unos mejores resultados deportivos bajo la batuta de profesionales que ya conocían la casa, en mayor o menor grado, una política que se prolongaría en las décadas siguientes hasta llegar a la actualidad, con un ex-futbolísta culé tan carismático como el asturiano Luís Enrique Martínez al frente del equipo.
PRIMER ACTO: 1947-48
SEGUNDO ACTO: 1948-49
Para jugar al fútbol como diversión tan sólo hacen falta un grupo de personas – a ser posible número par – un balón que ruede (o algo semejante), y un terreno mínimamente practicable, así como la aceptación tácita de algunas sencillas reglas a las que atenerse. Cuando del juego se pasa al deporte, y para que esas normas se cumplan siempre a rajatabla, van a aparecer unos jueces teóricamente imparciales, el árbitro, y sus auxiliares. Las dimensiones del terreno de juego, de las áreas y de las porterías, se reglamentarán también, y lo que empezó siendo un mero pasatiempo, con los años devendrá en espectáculo de masas, con sus participantes activos convertidos en profesionales, mejor o peor pagados. Y para gestionar esos grupos humanos, mantenerlos en las mejores condiciones físicas y técnicas, y situarlos sobre el campo con la óptima disposición táctica para vencer al adversario, surgirá la figura del entrenador, que con el paso de los años comenzará a ganar una dimensión mediática, semejante o superior a veces a la de un artista o incluso un político.
Samitier va a introducir una serie de novedades en la preparación del equipo, normas que hoy nos parecen básicas pero que entonces no lo eran tanto, ni muchísimo menos, cuando el fútbol – en teoría profesional -, no era tan exigente y aun no había dejado atrás del todo ese amateurismo voluntarista del que más arriba hablábamos. Por ejemplo, controlar lo que comían y bebían sus pupilos, limitando el consumo de alcohol ( o al menos tratando de hacerlo cuando estaba en su mano ), y vigilando también su dieta alimenticia. Igualmente pondrá énfasis en la necesaria disciplina, estableciendo unos horarios de entrenamiento y unos ejercicios no discrecionales, y sobre todo con sesiones conjuntas, nada de adiestramientos personales, por libre, buscando siempre la mejor compenetración del equipo sobre el terreno de juego. Para conocer a los rivales y preparar tácticamente los partidos no contaba, obviamente, con los sofisticados medios técnicos que existen hoy en día, pero trataba de paliarlo a su manera. Verbigracia, llevándose a sus jugadores a presenciar encuentros de equipos modestos, para que viesen los fallos que acostumbraban a producirse, y escarmentasen en cabeza ajena, ejerciendo su magisterio en la misma grada, como si estuviese impartiendo una clase. Va a mejorar, por supuesto, la preparación física, a la sazón muy deficiente, pero su auténtico punto fuerte será el trabajo psicológico. Ayudado por su enorme carisma ante los futbolistas, se convertirá en un estupendo motivador, con gran ascendiente sobre ellos. Además, las relaciones entre la plantilla van a soldar fuertes lazos de camaradería y amistad, que se traspasarán al terreno de juego. Son cosas que podían ocurrir entonces, cuando las fichas y los egos aun se mantenían bajo un estricto control. También recurrirá a trucos de viejo zorro, como ampliar las dimensiones del campo de «Les Corts» mediante el sencillo expediente de retirar las sillas de pista que circundaban el césped, con lo cual se ganaban algunos metros y se favorecía el juego azulgrana, más técnico que el de la mayoría de sus rivales. Asimismo introdujo una novedad de tipo táctico, retrasando a uno de los medios e incrustándolo entre los dos defensas, como zaguero central, con lo cual inauguraba el esquema del 3-2-5.
…Y ENTRE BASTIDORES
Desde que existe el fútbol profesional, -y ya ha llovido…-ha habido grandes estrellas, y también jugadores llamados «de club», que se mueven con tanta discreción como eficacia, sin generar titulares en los medios, pero manteniendo siempre un rendimiento regular, haciéndose merecedores a la calificación de «notable» en cada partido. Son jugadores que no crean nunca conflictos, que se amoldan a los intereses del equipo, que juegan allá dónde les sitúan los técnicos, sin una protesta, adaptándose con total profesionalidad. Llegan a identificarse tanto con la entidad que defienden, que no podrían imaginarse vistiendo otros colores. Son indispensables para el equilibrio de un conjunto, como sólidos e inamovibles referentes en un paisaje tan cambiante como es el del fútbol. El Barça ha tenido varios así a lo largo de su historia. Uno de ellos fue Toni Torres, titular indiscutible durante toda una década, sin hacer ruido, sobrio y eficaz a machamartillo, un fijo para todos los entrenadores, desde Olsen a Michels, hasta que una mala tarde del equipo y una «manita» en el viejo Sarriá puso prácticamente fin a su carrera, y al año siguiente el técnico alemán Hennes Weisweiler decidió «jubilarle», junto a sus compañeros Rifé y Sadurní. No fue un jugador espectacular, como el andaluz Paco Gallego, ni un prodigio de velocidad o contundencia, cualidades que aureolaban al citado Rifé y a Eladio, respectivamente. Tampoco deslumbró con su clase, a imagen del llorado Benítez, pero siempre ofreció un rendimiento seguro. Procedente de la «Cataluña profunda», de una de esas pequeñas localidades que tantos y tan buenos futbolistas le han suministrado al Barça en sus ya 115 años de historia, supo ganarse el cariño de la afición con su trabajo sordo y tenaz, hecho de cientos de tardes cumpliendo satisfactoriamente con su cometido. Esta es su historia.














