Lluís Miró: el primer técnico de la era Llaudet no se come los turrones (1961)

LluisMiro01En el particular argot de nuestro fútbol español, cuando un entrenador es cesado de su cargo en las primeras jornadas de Liga, o en todo caso antes de Navidades, se dice de él que «no llegó a comerse los turrones», en alusión al tradicional dulce que se consume por esas fechas. Tal decisión es síntoma de que las cosas ruedan mal, o al menos de que los objetivos propuestos a principios de curso están lejos de alcanzarse, y se tiene la esperanza de que el nuevo ocupante del banquillo pueda enderezar la situación. En el Barça, desde que se inició el Campeonato Nacional de Liga en la temporada 1928-29, con el advenimiento del profesionalismo, una contingencia semejante no había ocurrido nunca hasta 1961, aunque varios técnicos sí habían sido destituidos o dimitido antes de finalizar la temporada (Romá Forns en la 28-29, Patrick O´Connell en la 39-40, Ramón Guzmán en la 41-42, Enrique Fernández en la 49-50, Franz Platko en la 55-56 – una vez finalizada la competición y a falta de tan sólo un partido oficial para acabar la campaña -, Domenec Balmanya en la 57-58, Helenio Herrera en la 59-60 ¡tras proclamarse campeón!,  y Ljubisa Brocic justamente en la anterior, la 60-61. El «agraciado» con este dudoso honor va a ser un prestigioso entrenador catalán y antiguo portero del club, Lluís Miró Doñate

Entre el cúmulo de novedades que la temporada 1961-62 va a presentar en Can Barça, se hallaba el nuevo responsable de la primera plantilla profesional, Lluís Miró.  Va a nacer en la Ciudad Condal el 3 de marzo de 1913, y se inicia como guardameta en un clásico del fútbol barcelonés, la Unió Esportiva de Sants, donde militará entre los años 1930 y 1933. Luego pasará al Cartagena, mientras presta su servicio militar en la ciudad departamental, concretamente en la Marina, para integrarse dos años más tarde, en 1935, en el Real Murcia. Tras el final de la Guerra Civil, y a instancias de su «colega» Ramón Lloréns,  fichará por el Barça. Pero antes tendrá que comprar previamente su libertad al club pimentonero, que hacía valer sus derechos prebélicos y se negaba a concederle la baja sin alguna compensación. Miró va a abonar a los murcianos 3500 pesetas que tenía ahorradas, y podrá así firmar por el Barça, donde sólo cobraría 400 al mes, de modo que bien puede decirse que jugó gratis para los azulgranas durante 9 meses (así era entonces el nivel salarial del más popular de nuestros deportes, claro que  los españolitos de a pie de la inmediata Postguerra lo pasaban aun mucho peor…)

Al principio Miró – un portero del que se decía que tenía «la altura de Ricardo Zamora y la corpulencia de Platko» –  apenas interviene (tan sólo 2 partidos de Liga en la temporada 39-40), pues el titular es el veterano e internacional Nogués, pero poco a poco va entrando en el equipo titular (11 encuentros ligueros en la campaña 40-41), y al año siguiente ya puede considerársele como el propietario habitual del portal azulgrana, pues es alineado en 17 compromisos del Torneo de la Regularidad, así como en la Copa del Generalísimo de 1942, que el Barça va a conquistar brillantemente al vencer en la final al Athletic de Bilbao por 4 a 3 en partido celebrado en Madrid, donde los catalanes presentaron la siguiente alineación: Miró; Zabala, Benito; Raich, Rosalench, Llácer; Sospedra, Escolá, Mariano Martin, Balmanya y Bravo (y siete días más tarde, en el mismo escenario, se imponen en partido de promoción al Real Murcia, el club de procedencia de Miro, por un concluyente 5 a 1, ahuyentando así el fantasma del descenso)

Su último curso como arquero blaugrana va a ser el 1942-43. En la Liga juega casi siempre (en 19 ocasiones), teniendo a Argila y Font como suplentes, pero en la Copa va a ser víctima destacada de uno de los más severos correctivos que ha sufrido el Barça en toda su historia, el 11 a 1 que le infligió el Real Madrid en el viejo «Chamartín», en la vuelta de las semifinales del «Torneo del KO» de 1943, en una aciaga tarde que la historiografía barcelonista considera como «la madre de todos los agravios» inferidos por el centralismo al club blaugrana, un partido sobre cuyas circunstancias, dentro y fuera del terreno de juego, se continúa especulando hoy en día, 73 años más tarde, cuando todos sus protagonistas en el bando culé – y me imagino que también en el merengue…- están ya muertos.

Alto, bien parecido, de facciones distinguidas, aristocráticas, unánimemente calificado como «elegante, educado y caballeroso», sus compañeros acostumbraban a gastarle con frecuencia inocentes bromas en los hoteles donde se alojaba el equipo, instigando a los botones para que reclamasen de viva voz al teléfono al «Señor Duque de Miró». En el terreno de juego imponía su aventajado físico, en un fútbol en el que a menudo participaban guardametas que frisaban el metro setenta, o incluso más bajos. Aun así, le tocó vivir una época de transición en la entidad azulgrana, caracterizada por un flojo rendimiento deportivo, encajando demasiados goles con la protección de únicamente un par de defensas, que para mayor «inri» casi nunca eran los mismos. Esa situación, no obstante, comenzó a revertirse cuando el Barça incorporó el novedoso sistema de la «WM», retrasando al medio Rosalench al centro de la zaga, con la misión de «secar» a los arietes rivales.

Aquel choque en la Capital, donde tuvo que recoger hasta en once ocasiones la pelota del interior de la portería encomendada a su custodia, supuso su despedida como jugador en activo. Un retiro tan prematuro (contaba solamente con 30 años de edad) se explica a causa de unas dolencias crónicas en la espalda, que ningún tratamiento médico de la época fue capaz de erradicar. De hecho, tuvo que jugar la final copera de 1942 infiltrado con dos inyecciones de novocaína. Su balance como guardameta del Barcelona puede resumirse en un total de 99 partidos disputados, en un período difícil y turbulento.

LluisMiro02ENTRENADOR DE PRESTIGIO

Resuelto a hacerse entrenador, primero obtendrá el título regional, y más tarde el nacional, en un cursillo celebrado en Burgos en 1950, teniendo como compañeros de promoción a otros dos hombres con pasado – y futuro – barcelonista, Balmanya y a Salvador Artigas. Y va a darse la curiosa circunstancia de que, debido a sus grandes conocimientos técnicos y tácticos, pasará de alumno a profesor de la Escuela de Preparadores. A pesar de contar con ofertas de clubes de categoría superior, prefiere iniciar su trayectoria profesional en los banquillos desde abajo y sin salir de Cataluña, en el Terrassa de Tercera División. Con los egreses cumplirá tres temporadas, y en 1952 se pasará a la vecina localidad de Sabadell para dirigir al cuadro arlequinado. En 1953 es contratado por el Real Valladolid, consolidado en la zona media de Primera División, donde vivirá tres campañas, hasta 1956, al frente de un equipo donde destacan jugadores como el guardameta Saso, los defensas internacionales Matito y Lesmes I, o los goleadores Domingo y Murillo.

Mientras dirige a los de Pucela, la Federación Española de Fútbol va a encargarle la preparación del equipo nacional de cara a un partido amistoso que se disputaría en tierras helvéticas. Había un comité seleccionador formado por Juan Touzón, Pablo Hernández Coronado, José Luís del Valle y Emilio Jiménez Millas, y el encuentro se celebró el 19 de junio de 1955 en Ginebra, con victoria de España sobre Suiza por 0 a 3. Los goles fueron marcados por Collar, Arieta y Maguregui, y esta fue la alineación del combinado hispano: Carmelo; Guillamón, Garay, Campanal II; Mauri, Maguregui; Arteche, Kubala, Arieta, Domenech y Collar. Llama la atención la presencia de seis jugadores del Athletic de Bilbao y de tres del Sevilla (ambos conjuntos habían disputado la final de Copa aquel mismo año, un par de semanas antes), así como la ausencia de futbolistas del Real Madrid y la convocatoria de un único barcelonista, Kubala.

Repetirá ese cometido en un par de ocasiones, con Guillermo Eizaguirre como seleccionador. La primera el 27 de noviembre de 1955, en el Dalymount Park de Dublin, donde se enfrentan – también con carácter amistoso, como entonces era la costumbre – los equipos de Irlanda y España, con empate a 2 final y el siguiente equipo: Carmelo; Guillamón, Garay, Campanal II; Mauri, Segarra; Miguel, Maguregui, Pahiño -autor de los dos tantos españoles-, Domenech (Arteche) y Collar. Tres días más tarde, en Wembley, España es goleada por Inglaterra (4 a 1), con este once: Carmelo; Segarra, Garay, Campanal II; Mauri, Maguregui; Miguel, Pérez-Payá, Arieta – que salvó el honor patrio batiendo al meta británico -, Domenech y Collar.

Avalado por su buena labor al frente de los del Pisuerga (incluso el Atlético de Madrid quiso llevárselo para el «Metropolitano», teniendo contrato en vigor con los blanquivioletas, pagando nada menos que un millón de pesetas de la época como fichaje, y la recaudación de un partido entre ambos clubes en el feudo rojiblanco), Miró va a ser contratado a continuación por un alicaído Valencia, en la esperanza de que su trabajo ayude a relanzar de nuevo al cuadro «che». En la ciudad del Turia se va a pasar dos años y medio, desde 1956 hasta mediados de la temporada 58-59, viviendo personalmente la gigantesca riada que en octubre de 1957 devastó la capital levantina. Son años, no obstante, muy grises para los de «Mestalla», con una plantilla en la que conviven jugadores jóvenes como Pesudo, Piquer, Quincoces, Mestre, Sendra, Sócrates, Iborra o Mañó, con veteranos de la talla de Pasieguito, Puchades, Fuertes o Seguí, y algunas incrustaciones foráneas (Walter, Machado, Joel…), así como el fugaz goleador Ricardo.

Mediada la campaña 58-59 cesa en el Valencia y  va a responder a la desesperada llamada de un Celta de Vigo que se iba derecho a Segunda. Llega a «Balaídos» en la jornada número 18, sustituyendo a Luís Casas «Pasarín», pero no puede evitar el descenso de un equipo que ya se había convertido en un clásico de la máxima categoría. Sin embargo su prestigio no había desaparecido de un plumazo, y ahora es el Sevilla el que solicita sus servicios, precisamente para cortar con la dinámica de un par de años de mala racha, en los que había compaginado una participación en la Copa de Europa y peligrosos coqueteos con el abismo, algo impensable para un histórico club que atesoraba una Liga, 2 Copas de España y el Torneo Nacional de 1939 en su sala de trofeos. El Sevilla de Lluís Miró no va a levantar ninguno, pero su nivel de juego y resultados mejorará ostensiblemente. En su defensa brillan dos internacionales,  Campanal (un superatleta) y el eficaz Valero, cuenta con una línea medular que devendría legendaria – Achúcarro-Ruiz Sosa – y un ataque repleto de jugadores talentosos, donde se dan cita los sudamericanos Agüero y Diéguez, el alicantino Antoniet, el gallego Rivera, el andaluz Loren, el burgalés Chús Pereda y el húngaro Tibor Szalay. La temporada 59-60 la finaliza el cuadro hispalense en cuarta posición, con triunfos tan sonados como el que consiguió sobre el Real Madrid (4 a 1, en un flamante aunque inconcluso «Sánchez Pizjuán»). No obstante va a saltar  del banquillo sevillista tras la vigesimotercera jornada de la Liga 60-61, con el equipo clasificado en décima posición, con tres negativos,

Sin embargo en esa misma temporada Miró había vuelto a la Selección Española como entrenador en dos partidos amistosos, y con el triunvirato formado por José Luís Costa, Ramón Gabilondo y José Luís Lasplazas en calidad de comité  seleccionador. El primero de ellos se va a disputar el 26 de octubre de 1960 en el londinense y legendario Estadio de Wembley, donde los nuestros caerán derrotados ante Inglaterra por 4 a 2. Jugaron aquel día: Ramallets; Marquitos, Santamaría, Gracia; Ruíz Sosa, Vergés; Mateos, Del Sol, Di Stefano, Luís Suárez y Gento, siendo autores de los dos goles españoles Del Sol y Suárez. El segundo compromiso se celebró sólo cuatro días más tarde, y va a tener como marco el Prater vienés, donde la Selección de Austria «se merendó» literalmente a la nuestra con un concluyente 3 a 0. Aquel día actuaron Ramallets (Araquistáin); Rivilla, Santamaría (Garay), Gracia; Ruíz Sosa, Del Sol; Pereda, Mateos (Chuzo), Di Stefano, Luís Suárez y Gento.

LluisMiro03AL FRENTE DE UN BARÇA RENOVADO

El Barça de Llaudet arranca con muchas caras nuevas. El dinero cobrado por el traspaso de Luís Suárez al Inter, en lugar de contribuir a enjugar la enorme deuda barcelonista, va a servir para agotar casi el mercado nacional. Del Sevilla vienen Jesús Pereda, un jugador que había militado incluso en las filas del Real Madrid, alcanzando la internacionalidad en el cuadro andaluz, y el húngaro Tibor Szalay, conocidos en el «Sánchez Pizjuán» como “el Ala del Miedo”; del Valladolid procede el navarro José Antonio Zaldúa,  un impetuoso ariete adolescente, del Racing de Santander el extremo derecha cántabro Pedro Zaballa, del Real Zaragoza el poderoso todoterreno uruguayo Julio César Benítez, del Valencia el prometedor cancerbero José Manuel Pesudo, presunto sucesor del gran Ramallets, del Celta de Vigo el centrocampista  Antonio Pais, de Canarias, en fin, el exterior izquierda de la Unión Deportiva Las Palmas Vicente González Sosa…Futbolistas todos ellos jóvenes y con mucho futuro por delante, que están llamados a tomar el relevo de unos ases con demasiado plomo ya en sus piernas. Así quedaba configurada la plantilla barcelonista para la nueva temporada 61-62: Pesudo, Sadurní, Celdrán, Benítez, Garay, Gracia, Rodri, Foncho, Olivella, Vergés, Segarra, Gensana, Pais, Marañón, Pereda, Zaballa, Kocsis, Eulogio Martínez, Evaristo, Vicente, Rifé I, Szalay, Zaldúa y Villaverde.

Y para dirigirlos, Llaudet va a contratar a Lluís Miró, antiguo jugador azulgrana veinte años atrás y cuyo último encuentro con el Barça había sido el tristemente célebre 11 a 1 ante el Real Madrid en el viejo «Chamartín», en la Copa del Generalísimo del 43. Y si Miró era el presente, Ladislao Kubala representaba el porvenir, colocado al frente de una flamante  “Escuela de Futbolistas”, donde se esperaba que se forjasen los nuevos valores,  llamados un día a revivir las glorias del Club. El nuevo presidente cumplía de ese modo  uno de sus compromisos electorales, confiando en que las doctas enseñanzas de un maestro tan cualificado como Laszi pudiesen  fructificar pronto en esplendorosas realidades.

El domingo 11 de junio, diversos medios informativos de la Ciudad Condal anunciaron que Lluís Miró sería el nuevo entrenador del Barcelona. La tarde anterior habían sido convocada en el local social de la entidad , y la impresión era que se les iba a comunicar una noticia de gran calado, como de hecho así fue: «nombrar entrenador del primer equipo profesional del Club a don Luís (sic) Miró Doñate, con efectividad a partir del día 1 de julio próximo». A continuación, el técnico catalán procedió a firmar el contrato que le ligaba al Barcelona.

También se anunció que, en aras a la obligada austeridad presupuestaria, el conjunto filial, el C.D. Condal, renunciaba a su plaza en la Segunda División del fútbol español, pasando a militar en el grupo catalán de Tercera, para de ese modo ahorrarse un buen pico en materia de desplazamientos. Igualmente se informó de otra renuncia. El  Barça no realizaría durante el verano una gira por distintos países sudamericanos, debido a la escasez de jugadores con contrato en vigor, y a que su caché tendría que ir forzosamente a la baja, puesto que el Barcelona no podría presentar en dicha gira al recién traspasado Luís Suárez ni a otros jugadores con «gancho»

El 1 de agosto de 1961 dan comienzo en el «Camp Nou» los entrenamientos de cara a la temporada 61-62. Pasadas las 10 de la mañana, y tras mostrarles Llaudet a los informadores el local donde hasta entonces estaba instalado un quirófano, y anunciarles que a partir de ese momento se convertiría en sala de prensa, van a saltar al terreno de juego los componentes  de la plantilla profesional barcelonista (con la única excepción de Zaballa, que cumplía su servicio militar en tierras africanas, en la lejana Sidi Ifni), con el presidente y el técnico a la cabeza, seguidos de directivos, periodistas y redactores gráficos. Así lo cuenta «El Mundo Deportivo»:

«Formando todos un amplio círculo – en el centro don Enrique Llaudet y el entrenador – y bajo un sol abrasador, volvió a tomar el uso de la palabra el presidente, a quien por cierto no se le puede pedir ni más claridad, sencillez y brevedad en la exposición de sus palabras o ideas.

Empezó presentándonos de una manera oficial al nuevo entrenador don Luís Miró, de quien dijo que se le había conferido los máximos poderes,  es decir, que su labor no se verá interferida ni por la Junta Directiva siquiera, a la vez que le pidió  fuera para los jugadores como un hermano mayor. Aludió luego a don Antonio Tamburini (fabricante textil de Sabadell y veterano directivo), de quien dijo será para los jugadores un padre mayor que premiará y castigará.

Subrayó que pretendía levantar al equipo del estado de postración en que había estado sumido en la temporada pasada y que al efecto la Junta Directiva velará porque en la plantilla reine la alegría y el optimismo.

– No esperamos – añadió –  frutos inmediatos de la labor que se va a iniciar. Que los edificios no se empiezan por los tejados sino por sus cimientos. Por eso recabo paciencia a todos, público, prensa. Y de una manera casi incidental dejó explotar la bomba de su desbordante barcelonismo: «quienes desde la grada nos silben no los consideramos barcelonistas»

Y terminó su parlamento recabando la ayuda de la prensa.

Tras intervenir brevemente el director de «El Mundo Deportivo», don José Luís Lasplazas (decano de los informadores deportivos barceloneses), serían presentadas las nuevas caras, y hacia las 10 y media se iniciaron los ejercicios físicos de la plantilla a las órdenes de Lluís Miró, anunciando este que en días sucesivos su ritmo iría aumentando, y para algunos jugadores habría doble sesión de entrenamiento. A título anecdótico, reseñemos que se anunció que iba a someterse a prueba a un futbolista turco llamado Seref, que ocupaba la posición de delantero (jugador que, obviamente, no se quedaría en la plantilla blaugrana)

Ya en plena pretemporada se lesiona Pereda, cuyo debut por  consiguiente habría de retrasarse, así como el del cántabro  Zaballa. El equipo se encuentra de este modo casi sin extremos, puesto que Coll se ha ido (al Valencia, junto con Ribelles y algunos millones, a cambio de Pesudo), Beitia pasa al Tenerife y Suco al Racing santanderino, mientras que el Barça deja marcharse también a Tejada y a Czibor. Ambos se unirán sin demora a los eternos rivales: el primero al Real Madrid, donde despachará una excelente temporada, aunque a la siguiente el fichaje del coruñés Amancio le relegará al banquillo, y el genial “Pájaro Loco” al Español, por el que va a pasar con más pena que gloria en una campaña aciaga para los de Sarriá, que por vez primera darán con sus huesos en la Segunda División.

Dentro de la preparación para una campaña de la que la afición espera mucho – como siempre -, el Barça se desplaza a Cádiz, invitado nuevamente a tomar parte en el prestigioso Trofeo «Carranza», entonces todo un acontecimiento futbolístico. En el primer partido elimina al River Plate argentino, que cuenta en sus filas con el español y ex – sevillista Pepillo, cedido por el Real Madrid a los porteños. En la final, el triunfo sonríe de nuevo a los colores azulgranas. El rival es nada menos que el Peñarol de Montevideo, uno de los mejores cuadros sudamericanos, donde militaba un extremo derecha que muy pronto llamaría la atención de los responsables barcelonistas, Luís Cubilla. Dos goles de Kocsis acercan el preciado galardón gaditano a Barcelona, y quedan para la historia los nombres de los vencedores: Pesudo; Foncho, Rodri, Gracia; Segarra (Vergés), Gensana; Martínez, Kocsis, Evaristo, Villaverde (Garay) y Zaldúa.

En el marco incomparable de un «Camp Nou»  lleno a rebosar para rendir un merecido homenaje a Kubala, los triunfadores de la “Tacita de Plata” posan junto al primer “Carranza” conquistado por el Barça. Luego – blaugranas por una noche – se les unirán los merengues Ferenc Puskas y Alfredo Di Stefano, que no han querido perderse la despedida de su gran amigo, aunque rival, Laszi. El encuentro, como es natural, resulta de lo más emotivo y el resultado va a ser  lo de menos, aunque aquel Barça de auténtico superlujo se impuso por 4 goles a 3 al Stade de Reims francés, con dos tantos de Puskas, otro de Di Stefano y uno de Benítez, el joven talento charrúa que conjugaba al cincuenta por ciento potencia y clase. Esta fue la última alineación barcelonista del crack cuyo maravilloso juego había dejado pequeño «Les Corts» y obligado a la construcción de aquel moderno y grandioso recinto: Ramallets; Foncho, Rodri, Gracia; Segarra, Benítez; Szalay, Kubala, Di Stefano, Puskas y Zaldúa (con numerosos cambios tras el descanso)

La Liga 61-62 calienta ya motores. El día 3 de Septiembre se abren de nuevo las puertas del Estadio en partido nocturno, con la presencia del Sevilla. El encuentro no pasa de discreto, con un tiempo para cada equipo y un marcador final de 3 a 2 a favor de los propietarios del terreno. Kocsis (2) y Eulogio Martínez hacen los goles locales, y Miró va a presentar la siguiente alineación: Pesudo; Foncho, Rodri, Gracia; Benítez, Gensana; Zaldúa, Evaristo, Martínez, Kocsis y Villaverde. Como puede observarse, predominaba aun la veteranía en la formación titular.

Primera salida, y primera decepción de la temporada. En «Atocha», la Real Sociedad vence por 2 a 1 al Barcelona, en un encuentro donde Julio César Benítez va a conocer también la primera de sus varias expulsiones vistiendo la zamarra azulgrana. Estos fueron los once derrotados en el feudo donostiarra: Pesudo; Foncho, Rodri, Gracia; Vergés, Segarra; Szalay, Evaristo, Zaldúa, Benítez y Villaverde. Pero no hay tiempo para lamentaciones, pues el Barça debe viajar inmediatamente hasta Berlín, para iniciar su ya tradicional participación en la Copa de Ciudades en Feria, y el choque se salda con una derrota mínima por 1-0 y este equipo puesto en liza en la antigua capital germana: Pesudo; Foncho, Rodri, Gracia; Vergés, Gensana; Zaldúa, Kocsis, Evaristo, País y Villaverde. Y un nuevo desplazamiento liguero, esta vez al terreno del recién ascendido Tenerife, entrenado por un viejo conocido de la afición barcelonista, el yugoeslavo Ljubisa Brocic. Aquí sí que el Barça va a imponer su neta superioridad, y se lleva los dos puntos. Marcaron Evaristo, en dos ocasiones, y Kocsis, y este fue el once azulgrana: Pesudo; Foncho, Rodri, Gracia; Gensana, Segarra; Zaldúa, Kocsis, Evaristo, Pais y Villaverde.

Y al domingo siguiente, en el «Camp Nou», todo un clásico, el Athletic de Bilbao, por más que se encontrase en horas bajas, con los antaño fieros leones muy capitidisminuidos. El gran aliciente del partido lo constituye la presentación del extremo montañés Zaballa, por fin libre de sus deberes militares. Y el muchacho va a cumplir a plena satisfacción. Sus fulgurantes internadas por la banda derecha, culminadas con letales asistencias, levantarán al público de sus asientos, y le  harán pensar que ya se ha encontrado sucesor para el legendario Estanislau Basora, retirado tres años antes. Vence el Barça 4-2, con tres dianas del brasileño Evaristo y una del uruguayo Villaverde, y queda para la historia el primer once blaugrana del buen exterior de Castro Urdiales: Pesudo; Foncho, Rodri, Gracia; Pais, Gensana; Zaballa, Kocsis, Evaristo, Zaldúa y Villaverde. En la clasificación, el Real Madrid es líder con 8 puntos – cuatro victorias de cuatro partidos – y el Barça marcha tercero con 6, pero al domingo siguiente ambos conjuntos tendrían que verse las caras en el «Santiago Bernabeu»

Es el partido grande de la quinta jornada, el día 1 de octubre de 1961 (justo la fecha en la que se cumplen 25 años de la proclamación del General Franco como “Caudillo”, en plena Guerra Civil), y los blancos van a salir vencedores por 2 a 0 en un encuentro jugado de poder a poder. Mucha emoción, y superioridad de cada equipo en un tiempo, más acusada la del Madrid en la primera mitad. Puskas y Del Sol fueron los autores de los tantos merengues, y el árbitro vizcaíno Gardeazábal  – según la versión culé –  “se comió”  un claro penalty en el área madridista con 1-0 en el marcador. Estos fueron los once futbolistas que  utilizó Luís Miró: Pesudo; Foncho, Gensana, Gracia; Pais, Garay; Zaballa, Zaldúa, Martínez, Villaverde y Pereda, que de ese modo hacía también su debut con el Barça.

Con este resultado, la Liga comienza a ponérseles cuesta arriba a las huestes azulgranas, que ven distanciarse a su máximo rival ya a cuatro puntos. Que se convertirán en cinco al término de la siguiente jornada, pues si bien el Real Madrid logra su sexta victoria consecutiva en «San Mamés», el Barça no puede pasar del empate en el «Camp Nou» ante el Zaragoza de César Rodríguez (que aun pudo conseguir un resultado mejor si no llega a desperdiciar un penalty a su favor). Los aragoneses causaron muy buena impresión, y anotaron los goles Vicente para el Barça y Marcelino para los de «La Romareda». Este fue el equipo barcelonista: Pesudo; Foncho, Gensana, Gracia; Marañón, Garay; Pereda, Evaristo, Martínez, Kocsis y Vicente.

Mal pintaba el Torneo de la Regularidad, pero al menos el Barça había podido superar con holgura su primera eliminatoria ferial el miércoles anterior, al imponerse a la Selección de Berlín por un claro 3 a 0 (Evaristo 2, y Zaldúa), en un partido en el que el jovencísimo ariete navarro, lesionado, marcó el clásico “gol del cojo”. Jugaron, y se clasificaron, los siguientes hombres: Pesudo; Foncho, Gensana, Gracia; Pais, Garay; Zaballa, Zaldúa, Evaristo, Kocsis y Vicente.

Un Barcelona en baja forma iba sin embargo a triunfar con facilidad en Oviedo, donde los asturianos, colistas, dejaron mucho que desear. Marcaron Villaverde y Garay, y este fue el once barcelonista en el “Carlos Tartiere”: Pesudo; Benítez – que regresaba a la formación titular, una vez cumplida su sanción -, Gensana, Gracia; Marañón, Garay; Zaballa, Pereda, Evaristo, Villaverde y Vicente. El Barça continuaba a cinco puntos del Real Madrid, pero al siguiente domingo  pareció despertar de su letargo al destrozar en la Ciudad Condal al Betis de los Daucik, padre e hijo, por un concluyente 6 a 1 (Villaverde 3, Evaristo 2, Kocsis y Ansola para los verdiblancos). Miró alineó a: Pesudo; Benítez, Rodri, Gracia; Segarra, Garay; Zaballa, Kocsis, Evaristo, Villaverde y Pereda.

Pero el equipo volvió a las andadas una semana más tarde en Pamplona, siendo frenado por un Osasuna muy luchador. Serena (2) y Sabino marcaron por los navarros, mientras que Benítez lo hacía por el Barça. Jugaron en “San Juan” : Pesudo (Celdrán); Rodri, Gensana, Gracia; Segarra, Benítez; Zaballa, Kocsis, Evaristo, Villaverde y Pereda. Con los rojillos se alineó una gran promesa barcelonista, Fusté, cedido por segundo año consecutivo al cuadro pamplonica.

En la décima jornada van a enfrentarse nuevamente los eternos rivales barceloneses en el «Camp Nou». El Español, con un equipo cuajado de ilustres veteranos como Gordejuela, Rial o Czibor, no atravesaba por su mejor momento, ni muchísimo menos, y tampoco el Barça podía permitirse volver a perder puntos en su estadio. La emoción, pues, estaba servida. Pero ambos conjuntos van a ofrecer un espectáculo muy mediocre, que se acabó decantando a favor de los locales merced a dos goles de Benítez y Vergés. Jugaron aquel derbi: Pesudo; Rodri, Gensana, Gracia; Vergés, Pais; Pereda, Kocsis, Evaristo, Benítez y Szalay.

Con un tercio   del campeonato ya consumido, el panorama no parecía demasiado halagüeño para el Barça, tercero a 5 puntos de un Real Madrid que solamente había perdido un partido hasta la fecha, y encajado únicamente cuatro tantos (por 14 el Barcelona), pero el siguiente compromiso no puede ir peor para los intereses blaugranas, ya que los pupilos de Miró van a salir derrotados del «Luís Sitjar» mallorquín por 3 a 1. Evaristo hizo el único gol catalán, y Benítez sufrió una nueva expulsión. Los protagonistas de este frustrado desplazamiento a tierras baleares fueron: Pesudo; Rodri, Gensana, Gracia; Vergés, Pais; Pereda, Zaldúa, Evaristo, Benítez y Vicente. El Madrid se escapa ya a 7 puntos de distancia, y Atlético de Madrid y Zaragoza superan también a los azulgranas. Por cierto, que en las filas de los maños estaba destacando la facilidad goleadora de un delantero peruano llamado Juan Seminario, el mismo jugador al que unos problemas burocráticos  (una duplicidad de firmas) habían impedido fichar por el Barça un par de años atrás, y que ahora – formando parte de la “Operación Benítez” –  ya se alineaba de pleno derecho con el cuadro de la Ciudad del Ebro, encabezando la clasificación del Trofeo “Pichichi”.

El partido más atractivo de la duodécima jornada van a disputarlo en el «Camp Nou» Barcelona y Atlético de Madrid. Empezarán marcando los «colchoneros» por mediación del angoleño Mendonça, un auténtico superclase, pero el tanto visitante espoleó a los de casa, y Evaristo (en tres ocasiones) Pereda y Zaldúa acabarán por golear a los madrileños. El Barça presentó la siguiente alineación: Pesudo; Rodri, Gensana, Gracia; Vergés, Segarra; Pereda, Zaldúa, Evaristo, Pais y Vicente.

Parón de la Liga con motivo de un encuentro de la Selección Española contra la de Marruecos, valedero para la fase previa del Campeonato del Mundo a celebrarse en Chile en 1962. El Barça lo aprovecha para disputar un par de amistosos en su estadio. En el primero de ellos empata a dos con el Niza, en un encuentro donde hizo su presentación un joven interior nacido en el barrio del Poble Nou, surgido de las filas del histórico Júpiter y llamado Joaquim Rifé, o Rifé II, ya que el mayor de la saga era su hermano Llorenç, que en aquel momento formaba parte de   la plantilla barcelonista, en calidad de  defensa central. El segundo amistoso le enfrenta al cuadro sueco del Orgrytte, y se saldó con un resultado de verdadero escándalo, 7 a 4 a favor del Barcelona. Villaverde y Zaldúa (dos goles cada uno), Benítez, Evaristo y Szalay fueron los autores de los tantos de un choque en el que el público se divirtió de lo lindo con la auténtica salsa del fútbol.

GOLEADA EN «MESTALLA» Y CRISIS EN CAN BARÇA

La Liga se reanuda el domingo 19 de Noviembre de 1961 con otra salida complicada, en este caso a Valencia. Y el campo de «Mestalla» va a ser testigo en esta ocasión de una auténtica debacle barcelonista. Memorable tarde de los “chés”, dirigidos por «Mingu» Balmanya, con una delantera en vena de aciertos que desarbolará por completo a la zaga catalana. Sendra y el brasileño Recamán van a ser los auténticos motores de un equipo que le pasará literalmente por encima a los azulgranas. Ficha, Waldo (4) y el ex – barcelonista Ribelles al transformar un penalty, marcaron por los locales, mientras que Evaristo y Villaverde lo hacían por el Barça, que presentó a Pesudo; Rodri, Gensana, Gracia; Vergés, Pais; Zaballa, Zaldúa, Evaristo, Villaverde y Pereda. El Real Madrid estaba ya a 9 puntos, una distancia prácticamente insalvable, y la Liga bien podía darse  por perdida.

Finalizado el partido de «Mestalla», Luís Miró va a hacer unas durísimas declaraciones, poniendo incluso en duda la vergüenza profesional de sus jugadores. Según cuenta el diario  «El Mundo Deportivo» en su edición del lunes 20 de noviembre de 1961, Miró, tras el varapalo y ante un grupo de informadores, manifestó el gran disgusto que le habían producido los seis goles encajados por el Barcelona, y a la pregunta de la prensa acerca de a qué atribuía el resultado, no se va a recatar en mostrar su indignación:

«A que el Barcelona ha jugado poco y el Valencia ha estado sensacional en todos los aspectos. Yo no esperaba un partido así de mis jugadores. No lo podía esperar sobre todo después de su gran victoria sobre el Atlético de Madrid. El resultado de esta tarde puede ser algo circunstancial, un accidente del partido, pero no la forma como han actuado los jugadores del Barcelona que no pusieron nunca nada ante el Valencia de hoy, que ha jugado mucho y ha gustado más. No comprendo como han podido jugar tan mal…siendo los mismos que de forma tan brillante actuaron en el último partido. Yo que acostumbro a ser comprensivo otras veces, en esta ocasión debo manifestarme con toda claridad, aunque a  algunos les parezca muy crudas mis impresiones.

Preguntado Lluís Miró  por si el hecho de encajar dos goles casi seguidos (se referían al 1-0 y al 2-0, marcados por los valencianistas en cuestión de un minuto, algo que volverían a hacer en las postrimerías del segundo tiempo con el 5-2 y el 6-2) pudo  influir en la actuación del Barcelona, esto fue lo que respondió el técnico catalán:

» No hay razón que justifiqué una derrota así. Y en cuanto al Valencia le diré que esta tarde ha estado estupendo no solo de juego y en velocidad sino, también, en su sentido de la anticipación»

Una vez más, una fuerte marejada azotaba  Can Barça, y se esperaban movimientos de manera inminente. La cabeza del propio Miró pendía de un hilo, y se sospechaba  que Llaudet podía destituirle en cuestión de horas. El miércoles 22 se va a celebrar en el Camp Nou un inoportuno amistoso, que en mejores circunstancias  podría haber servido de pequeña revancha ante el verdugo del Barça en la final de Berna, el Benfica, pero que en esta delicada coyuntura pasaba a un segundo plano, sepultado entre un mar de rumores. Miró se va a sentar todavía en el banquillo, y será testigo de cómo catalanes y portugueses – en los que ya se alineaba Eusebio, la “Perla Negra” mozambiqueña – hacían tablas (1 a 1)

En la edición de «El Mundo Deportivo» correspondiente  al 23 de noviembre se va a informar que, sobre las 8 de la noche del día anterior, una emisora de radio local va a lanzar al éter la noticia de que Miró había presentado su dimisión, lo cual correrá como un reguero de pólvora, hasta al punto de que a la finalización del encuentro entre el Barça y el Benfica una auténtica avalancha de informadores acribillará a preguntas al propio técnico, que lo desmentirá, añadiendo su total ignorancia sobre el tema. Pero ya  se sabe que muy a menudo el rumor es tan sólo la antesala de la noticia, y un día más tarde, el viernes 24 de noviembre de 1961, el mismo «El Mundo Deportivo»  llevará en su primera plana la siguiente información:

«Miro ya no es entrenador del Barcelona. Kubala lo será a título interino»

Y la ampliaba en su segunda página mediante una nota oficial del propio Club de Futbol Barcelona, añadiendo que  Kubala tomaría posesión de su cargo esa mañana. Este es el texto completo del comunicado de la directiva azulgrana, fechado en la Ciudad Condal el 23 de noviembre de 1961:

«En reunión celebrada en el día de hoy, el Consejo Directivo del Club de Fútbol Barcelona adoptó, entre otros, los siguientes acuerdos:

a) Aceptar la dimisión presentada por el entrenador don Luís Miró

b) Que, con carácter interino, asuma las funciones de entrenador del equipo el actual director técnico don Ladislao Kubala.

c) Imponer severa amonestación y multa a todos los jugadores de la plantilla que actuaron el pasado domingo en Valencia, por su injustificada falta de interés y rendimiento»

El propio «El Mundo Deportivo» apostilla esta información con la siguiente nota de redacción:

«En realidad, por nuestra parte, no sabemos si sería más apropiado calificar el escrito que antecede de nota oficial de la Directiva del Barcelona o bien como confirmación a una noticia propalada por una emisora local al atardecer del pasado miércoles, tras haberse demostrado palpablemente hasta qué punto estaba en lo cierto el comentarista radiofónico sobre una decisión que, todavía, no había acordado la Junta Directiva del Barcelona, en la reunión de anoche. Por otra parte ha de sorprender aun más al lector que el propio presidente del Barcelona, don Enrique Llaudet y el entrenador don Luis Miró, no se recatasen en manifestar tras el partido jugado recientemente contra el Benfica que, los hechos no fundamentaban el rumor que por entonces circulaba. Una vez más, sin embargo, ha quedado demostrado que no todos los sectores de información gozan, como mínimo, de un trato de igualdad por parte de quienes, por sus cargos, deberían otorgarlo, pese a que oficialmente se pretenda respaldar sus decisiones con el refrendo de una Junta Directiva reunida con carácter extraordinario»

Y sigue en la misma página otra información encabezada por la frase «El suspense fue largo. Sigo siendo entrenador del Barcelona» pronunciada por Luís Miró a las 10 de aquella intensa noche. Esto es lo que contaba «El Mundo Deportivo»: «Durante la espera de la nota oficial que nos facilitó el C. de F. Barcelona, de resultas de la reunión extraordinaria que celebró su Consejo Directivo en dos sesiones (la primera se prolongó hasta las veintidós horas en el local social de la entidad, y la segunda muy avanzada la madrugada de hoy, en otro lugar de la ciudad) en el intervalo de ambas, el entrenador señor Miró, justamente al salir de la primera, comunicó visiblemente emocionado a los informadores que aguardaban el resultado de aquella, que no había dimitido de su cargo y que, hasta aquel momento, continuaba siendo el entrenador del club. Añadiendo, que después de cenar volverían a reunirse y se facilitaría una nota explicativa de la situación»

Y apostilla EMD, con evidente ironía:

«Parece ser que los humores de la digestión de la cena llevaron al ánimo de directivos y técnicos a dar un cambio radical a la situación existente pocas horas antes»

El sábado 25 de noviembre, el medio ya tantas veces citado publica en su primera página la siguiente información:

«D. Enrique Llaudet posesionó ayer a Kubala en el cargo de entrenador interino del C. de F. Barcelona», acompañando su titular con una fotografía en la que aparecía Llaudet presentando el nuevo técnico a una plantilla que en su mayoría había sido compañera suya tan sólo unos meses antes.  El relevo en la dirección técnica del equipo merecía también el siguiente comentario:

«Una etapa termina y otra se inicia en la dirección técnica del C. de F. Barcelona. La dimisión de Luís Miró, obligó a la directiva del club azulgrana a suplir su vacante y para ello determinó que fuera Ladislao Kubala quien, al menos por el momento, ocupara el cargo de entrenador. En el gráfico vemos al presidente, don Enrique Llaudet, acompañado de varios directivos, en el momento de informar a los jugadores de la plantilla, del acuerdo tomado por la directiva»

Ladislao Kubala, a la sazón al frente de la neonata «Escuela de Futbolistas» y cuyo apoyo durante el reciente período electoral había contribuido indudablemente a la victoria del empresario textil, dejará ese puesto a regañadientes, oponiendo reparos a la oferta del presidente (las responsabilidades de su nuevo cometido, apenas estrenado, y el hecho, bastante anómalo, de tener que pasar a dirigir a quienes tan sólo cinco meses atrás eran compañeros suyos de vestuario y alineación), pero al final la insistencia de Llaudet va a obligarle a aceptar su proposición, en cumplimiento de una de las cláusulas de su contrato – que preveía dicha contingencia – , y se hará cargo del primer equipo de manera provisional, hasta que se encuentre un nuevo técnico. Laszi saltará al «Camp Nou» para dirigir su primer entrenamiento a las 11 de la mañana del viernes 24 de noviembre.

La labor de Luís Miró en su breve etapa como entrenador barcelonista puede resumirse en las siguientes cifras: 15 partidos oficiales dirigidos, con un balance de 8 victorias, 1 empate y 6 derrotas. El equipo había marcado a sus órdenes 34 goles, encajando 25. El porcentaje de triunfos conseguidos bajo su batuta era del 53,33 %. Su mayor logro había estribado en la conquista del Trofeo «Carranza» (el primero de los torneos veraniegos gaditanos que el Barça se adjudicaba), así como en la superación de la primera eliminatoria de la Copa de Ferias, dejando en la cuneta  a la Selección de Berlín. En el momento de su cese el equipo ocupaba la cuarta posición de la tabla, con 15 puntos y 3 positivos, a nueve del líder, el Real Madrid.

LluisMiro04MIRÓ LEJOS DEL «CAMP NOU»

Su medio año escaso al frente del conjunto blaugrana, a pesar de que su «dimisión»  se había producido aun no alcanzado el ecuador de la Liga, va a acrecentar el prestigio de Miró como técnico, propiciando su marcha al extranjero. Trabajará primero en Francia, dirigiendo al Olympique de Marsella, en 1962-63, y al curso siguiente, la temporada 1963-64, pasa a Italia una vez ya iniciada la competición (en la undécima jornada), para hacerse cargo de una AS Roma que atravesaba por una pésima racha, hundida en los últimos lugares de la clasificación. Conseguirá superar la crisis, situando a los giallorossi fuera de peligro, pero sus desavenencias con el presidente de la entidad romanista precipitarán su salida del Calcio. En el Olímpico va a tener a sus órdenes a futbolistas tan destacados como Cudicini, Malatrasi, Sormani (los tres campeones de Europa con el Milan en 1969), De Sisti, Manfredini o el «as» argentino Angelillo.

De regreso a España, en 1965  recibe la llamada del C.D.Málaga, que acababa de ascender de nuevo a Primera División, de la mano de su viejo amigo Domenec Balmanya. «Mingu» va a fichar por el Atlético de Madrid (al que haría Campeón de Liga en la campaña 65-66, por quinta vez en su historia, y quince años después de su último entorchado con Helenio Herrera), y Miró le sustituirá en el banquillo del club de «La Rosaleda». A su lado va a tener a algunos ilustres veteranos tales como Piquer, Garay, Pepillo – los tres apurando sus últimos días de futbolistas – o el marroquí Abdallah Ben Barek, junto con los Américo, Montero, Arias, Vallejo, Benítez, Martínez, Aragón, Otiñano, Ficha o un jovencito nacido en Melilla y llamado Pedro Berruezo.

Sin embargo no conseguirá consolidar a los malacitanos en la máxima categoría, que estos finalmente van a perder al ser batidos en la promoción por sus vecinos y eternos rivales del Granada. Esta va a ser su última experiencia como preparador en activo. A continuación va a presidir el Colegio Catalán de Entrenadores, a cuyo frente permanecerá por espacio de tres años, y en 1970 abandona definitivamente el veleidoso mundo del fútbol para consagrarse a sus negocios particulares (poseía un hotel en pleno Eixample barcelonés, en sociedad con su antiguo compañero de equipo y gran amigo Balmanya). Fallece en Barcelona, la misma ciudad que le vio nacer, el 15 de septiembre de 1991, con 78 años de edad.




Enrique Orizaola: casi un campeón de Europa (1961)

EnriqueOrizaola01Nunca fue una estrella, ni en los terrenos de juego (su carrera transcurrió entre la Segunda y la Tercera División, y sin salir de su región natal) ni en los banquillos, aunque siempre ejerció como un gran profesional, y las circunstancias le permitieron sentarse en uno de los más prestigiosos y difíciles del fútbol europeo, el del Barça de principios de los años 60 del pasado siglo, coincidiendo con el final de un ciclo victorioso para el club blaugrana, y allí a punto estuvo de hacer historia, convirtiéndose en el primer entrenador barcelonista en conquistar una Copa de Europa, pero el Benfica de Lisboa y unos postes de sección cuadrada se lo impidieron, y finalmente ese honor recaería en Johan Cruyff, tres décadas más tarde, en 1992, en el londinense y legendario estadio de Wembley, y ante la Sampdoria genovesa.

Enrique Orizaola Velázquez nació en Peñacastillo, al lado mismo de Santander, un 26 de marzo de 1922. Por la edad, casi pudo ser soldado en la Guerra Civil, en aquella llamada «Quinta del biberón», pero afortunadamente para él, encauzó su vida muy pronto detrás de un balón. En 1941 va a comenzar a jugar en el principal equipo de su tierra, el Racing, entonces denominado oficialmente «Real Santander» porque el primer franquismo abominaba de los términos extranjerizantes en aquel difícil período de la «No beligerancia». Con los de «El Sardinero» estuvo siete temporadas, moviéndose entre Segunda y Tercera, en la que fue una de las peores décadas – sino la que más – del conjunto montañés, aunque al final tanto sufrimiento tuvo recompensa. Orizaola ocupaba posiciones del centro del campo en adelante, y las estadísticas nos cuentan que llegó a jugar 126 partidos, marcando una quincena de goles.

En 1948 fichó por la otra entidad señera del fútbol cántabro, la Real Sociedad Gimnástica de Torrelavega, la Gimnástica para entendernos. Con los de «El Malecón» permaneció por espacio de tres temporadas, la primera de ellas en Tercera, y las dos restantes en la Categoría de Plata. En la campaña 49-50 a punto estuvo de ascender a la División de Honor con los blanquiazules, que finalmente se deshincharon, clasificándose en quinto lugar, pero antes se dieron el gustazo de derrotar por vez primera en un partido oficial disputado en los viejos «Campos de Sport de El Sardinero» a sus grandes rivales de la capital. Los santanderinos sí que subirían aquel año, tras una campaña sensacional, y con una delantera que hizo diabluras e historia, la formada por Nemes, Joseito, Mariano, Alsúa y Echeveste, responsable de la cifra de 99 goles a su favor, superando nada menos que en 7 puntos al segundo clasificado, el Lérida.

En 1951, y con tan sólo 29 años de edad, Enrique Orizaola decide colgar las botas, y algún tiempo después, tras sacarse el carné de entrenador, va a comenzar una carrera en los banquillos que le llevaría a conocer prácticamente toda la geografía española a lo largo de tres décadas. Su bautismo de césped, no obstante, lo hizo en casa, dirigiendo a los dos clubes en los que había militado como jugador, primero en la Gimnástica de Torrelavega, y más tarde en el Racing, al que condujo en Segunda División entre los años 1956 y 1958, con elementos como el futuro internacional zaragocista Paco Santamaría, Santín, Vicedo o el genial veterano Rafael Alsúa. La temporada 58-59 la inició en el Real Jaén, recién descendido de Primera, donde coincidió con los Oliva, Arregui, Haro, Sará o Ficha, pero antes de que terminase dicha campaña fue traspasado al Real Murcia, de la misma categoría, a cambio de una cantidad, práctica – entonces y ahora – muy poco común. En Murcia Orizaola va a permanecer hasta 1960. Con los de «La Condomina» lograría la hazaña de empatar a 2 goles en el «Camp Nou», en la Copa del 59, resultado aun más meritorio si tenemos en cuenta que los azulgranas no habían cedido un solo punto en su estadio en toda aquella triunfal temporada a las órdenes de Helenio Herrera. Entre sus pupilos estarán hombres como Campillo, el futuro internacional Foncho, Chancho, Felipe Mesones – más tarde técnico de relieve -, Aznar, Manolet o Montaner. Y al año siguiente recibirá una de esas propuestas que es imposible rechazar, aunque sea en calidad de segundo de a bordo. Al parecer también pudo irse al Español, Betis,Valencia u Oviedo, clubes interesados en él, pero será finalmente el mismísimo Barcelona quien se haga con sus servicios.

EnriqueOrizaola02LA GRAN OPORTUNIDAD DE SU VIDA

Orizaola es presentado en Can Barça el 17 de junio de 1960. Su cometido, en principio, iba a ser únicamente ayudar al nuevo técnico azulgrana, el yugoeslavo Ljubisa Brocic, que carecía del título de entrenador válido en nuestro país y tenía poco conocimiento del idioma, para que este pudiese superar el cursillo nacional a realizar en Madrid durante el mes de julio. Va a cumplir  su misión de manera satisfactoria, ya que el balcánico sale airoso del examen, y puede ocupar el banquillo barcelonista con todas las de la ley. Pero en lugar de marcharse, aceptará quedar como ayudante de Brocic. En declaraciones a la prensa afirma estar dispuesto a ocupar el lugar del serbio si así lo decide la directiva catalana, y que «sabrá esperar su oportunidad»

Y esta va a llegarle finalmente, y no tardando mucho, en enero de 1961. La trayectoria del equipo, asolado por una plaga de lesiones y malos resultados, es errática, y aunque a las órdenes de Brocic el Barça ha logrado la proeza de ser el primer equipo que elimine al Real Madrid de la Copa de Europa, por la Liga transita con más pena que gloria, tercero a 8 puntos del líder, que es precisamente el cuadro merengue, y tampoco sus perspectivas en la Copa de Ferias parecen ser muy halagüeñas, pendiente de rendir visita a Edimburgo en partido de vuelta contra un Hibernians que había arrancado un espectacular marcador del «Camp Nou» en la ida, 4 a 4.

El debut de Orizaola en el banquillo blaugrana va a producirse en un desplazamiento fuera de Barcelona, en el terreno vallisoletano de «Zorrilla», un encuentro teóricamente asequible donde podría hacer bueno el clásico axioma de «a entrenador nuevo, victoria segura». Pero las cosas no van a salir bien, y los blanquivioletas se impondrán a los catalanes por 1 a 0, marcado por un jovencísimo delantero navarro de apenas 19 años llamado José Antonio Zaldúa. Al finalizar esa jornada, la decimoséptima, el Barça tendrá ya una desventaja de diez puntos con respecto al intratable líder Real Madrid. Este fue el primer once alineado por el técnico montañés: Ramallets; Olivella, Garay, Gracia; Vergés, Segarra; Tejada, Villaverde, Evaristo, Kubala y Beitia. La derrota al miércoles siguiente, en un amistoso internacional ante la Universidad de Chile en el «Camp Nou» – en un partido en el que actuaron varios jugadores del Condal – no pasó de ser un hecho anecdótico, pero en aquella aciaga temporada hasta las anécdotas adquirían tintes negativos.

Tres jornadas ligueras consecutivas llevaba el Barça sin vencer, un hecho que seguramente no se registraba desde hacía mucho tiempo, pero al menos en la que hacía el número 18 se quebró la mala racha, aunque fuera de forma apurada, en el propio «Camp Nou» y ante un rival de los teóricamente  inferiores, el Real Betis Balompié de los Daucik, padre e hijo. Gensana y Kubala hicieron los goles barcelonistas, en un partido en el que debutó oficialmente el canario Foncho. Pero al domingo siguiente, vuelta a las andadas. En los «Campos de Sport de El Sardinero», el Racing de Santander derrota a un Barça desconocido por 1 a 0,  mediante a un tanto marcado por un ex – azulgrana, Francisco Sampedro, el héroe de la final copera del 57. Y la diferencia con respecto al Real Madrid era ya de auténtico escándalo: 12 puntos.

En esta tesitura, casi pareció una sorpresa que una semana más tarde el Barça fuera capaz de vencer en su visita a la Ciudad Condal  al segundo clasificado y entonces vigente Campeón de Copa, el Atlético de Madrid. Mas pese a que los «colchoneros» dominaron en la parcela central durante casi todo el encuentro, los pupilos de Orizaola se mostraron  más resolutos,   imponiéndose  finalmente por 2 goles a 0, marcados por Czibor y Evaristo. La situación del Club, sin embargo,  era muy delicada en varios frentes. Al acusado talante personalista del presidente  Miró-Sans, muy criticado en numerosos ámbitos,  y a la gravísima crisis económica generada por la elevada factura de la construcción del «Camp Nou», se les habían venido a unir en los últimos meses los malos resultados deportivos, con la excepción de la Copa de Europa. Tal como dice Antoni Closa en su notable obra “Cróniques del Barça”, el socio barcelonista “comenzaba a estar cansado, y no se va a sorprender demasiado cuando el secretario Joaquim Viola declare en una entrevista que, si no se vendían rápidamente los terrenos del viejo campo de Les Corts, la quiebra del Club era inevitable”

Pero aun así, el Consejo Directivo va a dar algunos palos de ciego, como por ejemplo  la fallida contratación del antiguo árbitro y seleccionador español Pedro Escartín como secretario técnico a cambio de una cifra millonaria, oferta que el propio Escartín rehusará aceptar, consciente del berenjenal en el que podía meterse. Así las cosas, a principios de este mes de Febrero de 1961 y según cuenta el citado Closa, una comisión formada por diversas personalidades blaugranas y por representantes de las peñas va a entrevistarse con Miró-Sans. Del encuentro no saldrán demasiado contentos, y el día 17 de dicho mes, en un comunicado que hacen público, van a pedir la dimisión inmediata del presidente y todos sus directivos “apelando al buen sentido y al amor por los colores azul y grana que se les supone”. Su objetivo era “la reorganización de la entidad”, y «evitar que el Barcelona estuviese inmerso en el más vergonzoso desastre deportivo”. Puesto así contra las cuerdas, y recibiéndolas desde todos los sitios, Francesc Miró-Sans, el hombre cuya fe había movido montañas hasta el punto de levantar el mejor y más moderno estadio de Europa, presenta su dimisión con carácter irrevocable el último día de febrero, tomando provisionalmente las riendas del Club una Comisión Gestora encabezada por el vicepresidente Antoni Juliá de Capmany (1911-1964), cuyo principal cometido será la preparación de unas nuevas elecciones presidenciales. La Gestora, creada el 1 de marzo, va a fijar la fecha del 7 de Junio para la celebración de estas elecciones. Pero mientras se producen estos trascendentales acontecimientos en el plano institucional, en los terrenos de juego sigue rodando el balón, y con desigual fortuna para los intereses barcelonistas. En «Atocha» continúa la racha de derrotas en las salidas, que ya venía durando un par de meses. En esta ocasión la Real Sociedad va a imponerse por 3 goles a 2, en un partido en cuya segunda parte los azulgranas estuvieron a merced de los donostiarras. Vergés y Villaverde marcaron los goles del conjunto catalán. Tampoco resultó mucho mejor la visita del Elche a terreno barcelonista (3 a 3). Fue la gran sorpresa de la jornada 22, pues los franjiverdes se debatían en el último lugar de la clasificación, y a punto estuvieron incluso de llevarse los dos puntos en un buen partido de los alicantinos y francamente desastroso de un Barça que ya había caído al cuarto puesto de la tabla, a quince puntos del Real Madrid. Los goles azulgranas los anotaron Martínez, en dos ocasiones, y Evaristo.

El 22 de febrero volvía la Copa de Ferias, con un difícil compromiso en Edimburgo, y en un momento de juego particularmente bajo, aunque al menos el equipo podía ir ya contando con la recuperación de algunos ilustres lesionados, por más que estos careciesen del adecuado ritmo de competición. Sin embargo había una baja importante: la de Antoni Ramallets. Ante los escoceses Orizaola pudo presentar el siguiente equipo: Medrano; Foncho, Gensana, Garay; Vergés, Segarra; Evaristo, Kocsis, Martínez, Suárez y Villaverde.  El partido no va a pintar nada bien, y de hecho supondrá la primera eliminación del Barça en un torneo que había dominado desde su inicio en las ya lejanas Navidades de 1955. Los británicos vencieron finalmente por 3 a 2, gracias a un penalty muy dudoso señalado por el colegiado alemán Herr Malka a sólo cinco minutos de la conclusión, que motivó las más que airadas protestas del guardameta Medrano, llegando hasta el extremo de intentar agredir al colegiado, algo que pudo dar motivo a la descalificación barcelonista para posteriores ediciones de la competición, cosa que finalmente no ocurrió, pero que sí supuso de hecho el adiós de un jugador que en ningún momento se había sentido cómodo en el Club, siempre bajo la alargada sombra del mítico Ramallets. Los dos goles azulgranas, a la postre inútiles, fueron conseguidos por Martínez y Kocsis. Y de regreso de tan turbulento desplazamiento, un derbi. Pero un derbi bastante descafeinado, ya que ambos equipos barceloneses transitaban con más pena que gloria por la clasificación general, aunque los blanquiazules tampoco podían descuidarse demasiado. Y parece que el Barça se lo tomó con más interés que su eterno rival, ya que despertó de su letargo y se impuso por 1 a 2 en «Sarriá» en un partido de muy escasa calidad, con goles de Luís Suárez y Evaristo. La gran novedad en el once barcelonista fue la presencia como guardameta titular de Rodri II, que hasta entonces únicamente había saltado al campo para reemplazar a un lesionado Ramallets en «Altabix». Este iba a ser, por otro lado, el último partido en el que el Barcelona sería presidido por Francesc Miró -Sans, que presentaría su dimisión un par de días más tarde. Pero la leve mejoría – tan sólo de resultados – experimentada en el feudo «perico», no se pudo confirmar al domingo siguiente en el «Camp Nou» frente al Valencia, ya que los levantinos se marcharon con un positivo en sus alforjas. En sus filas destacó la actuación del guardameta Pesudo, un nombre que pronto les iba a ser muy familiar a los aficionados barcelonistas. Abrió el marcador Tejada, pero el Barça se dedicó a contemporizar más de la cuenta, lo que aprovecharon los “chés”  para hacerse con el control del encuentro y obtener finalmente el gol del empate. Al miércoles siguiente volvía a Barcelona la Copa de Europa, con un partido ante un rival que en teoría no debería  ofrecer grandes dificultades, el campeón checoeslovaco Spartak Kralové. Y de hecho no las ofreció, porque el Barça se impuso nítidamente por un 4 a 0  – Tejada en dos ocasiones, Evaristo y Kubala – que dejaba ya sentenciada la eliminatoria gracias al buen hacer de los siguientes hombres: Ramallets; Foncho, Gensana, Garay; Vergés, Segarra; Tejada, Evaristo, Kubala, Suárez y Villaverde. Pero a buen seguro que lo más recordado del partido fue un sencillo acto que tuvo lugar instantes antes del pitido inicial: la entrega del “Balón de Oro” a Luís Suárez, galardón que  le había sido concedido unos meses atrás – concretamente en Diciembre de 1960 – por votación de una serie de prestigiosos periodistas deportivos de todo el Continente bajo los auspicios de la revista gala “France Football”, y que le distinguía como el mejor futbolista europeo del año anterior. Suárez se había impuesto en la votación nada menos que a Ferenc Puskas y a Uwe Seeler. El premio había sido instaurado en 1956 (su primer ganador fue el mítico exterior derecho británico Stanley Matthews), y hasta la fecha Suárez ha sido el único jugador español en recibirlo. El Barça corrigió su último tropiezo casero con una nueva victoria a domicilio, en esta oportunidad en el «Sánchez Pizjuán» sevillista. Un gol de Ribelles fue suficiente para llevarse los dos positivos y dejar a los locales en una desairada posición, a tan sólo tres puntos  del descenso. Reapariciones de Olivella – como central -, Gracia y Coll, y un Barça que era tercero, a tres puntos del segundo en discordia, el Atlético de Madrid. Acto seguido, en tierras checas, partido de trámite frente al Spartak Kralové, que se salda con empate a uno (Suárez). Como ya venía siendo habitual en los desplazamiento a los Países del Este (o del “Telón de Acero”, como entonces se decía), no viajaron ninguno de los futbolistas de origen húngaro exiliados en España (Kubala, Kocsis y Czibor)La goleada de la Liga la va a conseguir el Barça el domingo 19 de marzo de 1961, festividad de San José, al aplastar al Granada, colista y claro candidato al descenso, por un concluyente 8 a 2. Kubala consiguió cuatro de esos goles, siendo el resto obra de Suarez (2) Ribelles y Coll.  Y al domingo siguiente, en el «Santiago Bernabéu», se jugó un encuentro que bien pudo haber sido la auténtica “final” del torneo, pero que a estas alturas ya se había convertido en un mero trámite para ambos equipos. El Barça resistió bien en la primera mitad, llegándose al descanso con un esperanzador 0 a 0, pero en la segunda parte se vino abajo, adelantándose el Madrid hasta un claro 3 a 0, con goles de Del Sol, Di Stefano y Puskas. Ya relajados los locales, los azulgranas maquillaron el resultado en los últimos minutos, gracias a sendos tantos de Kubala y Suárez. Estos fueron los protagonistas de tan intrascendente clásico: Ramallets; Foncho, Gensana, Gracia; Segarra, Garay; Vergés, Ribelles, Kubala, Suárez y Coll. Un Barcelona cargado de suplentes es derrotado en el «Camp Nou» por un Zaragoza que, bajo la batuta de César, estaba realizando un notable campeonato, el mejor de su historia hasta entonces, siendo el joven Marcelino – un nombre que posteriormente daría mucho que hablar – el autor del solitario gol maño. Esta fue la alineación de circunstancias que puso en juego Orizaola, reservando a muchos titulares para el importantísimo compromiso de Copa de Europa del miércoles siguiente, día 12 de Abril, frente al potente conjunto alemán del SV Hamburgo; Rodri II; Foncho, Olivella, Pinto; Marañón, Vergés; Tejada, Ribelles, Martínez, Suárez y Coll. El equipo hanseático se presentó en Barcelona con su gran estrella, el delantero centro Uwe Seeler, pero el auténtico héroe del partido va a ser el guardameta Schnoor, que lo parará todo menos el remate de Evaristo en el minuto 46. El encuentro de vuelta se auguraba muy difícil, debido a la exigua ventaja azulgrana. Jugaron: Ramallets; Foncho, Gensana, Gracia; Segarra, Garay; Villaverde, Evaristo, Kubala, Suárez y Czibor. Y la Liga se interrumpe para la disputa en Madrid de un encuentro internacional amistoso contra Francia, en el que Ladislao Kubala defenderá por última vez los colores de la Selección Española, actuando como capitán. El Barça aprovecha a su vez el parón para medirse en otro amistoso a los brasileños del Canto do Río, lo cual da oportunidad de ver en acción a los suplentes habituales, y también a jugadores como el condalista Peter Ilku, un joven futbolista húngaro que también había huido de su país cuando los sucesos del 56, enrolándose en el Atlético de Madrid y sufriendo poco después un gravísimo accidente de automóvil que frenó en seco su progresión, o el prometedor guardameta tarraconense Salvador Sadurní (natural de L´Arboç del Penedés)Último desplazamiento del campeonato a Palma de Mallorca, donde el Barça se las verá por vez primera con los locales en partido liguero. Pero el debut en el «Luís Sitjar» no va a ser muy afortunado que digamos, ya que los bermellones se impondrán por un claro 3 a 1 a un Barça desmotivado y cuajado de reservas. Ribelles hizo el único tanto de un equipo demasiado apático. Y llega así el 26 de Abril de 1961, con la devolución de visita a Hamburgo. Una fecha que podía ser histórica para el Barça, si este conseguía alcanzar su primera final de la Copa de Europa, o unirse a la lista de decepciones de aquella temporada. Pero según iba desarrollándose el partido todo hacía prever lo segundo, ya que los germanos van a superar el gol de desventaja que se traían de la ida merced a dos tantos de Seeler y Wuff. Mas el Barça no se rindió, y puso cerco a la portería defendida por Schnoor, con la intención de lograr al menos igualar la eliminatoria y forzar un tercer partido. Sin embargo, la batalla parecía ya perdida cuando va a producirse el milagro. En el último minuto del choque Suárez escapa por su banda, centra con aquel inimitable estilo suyo, y Kocsis – más “Cabeza de Oro” que nunca – desvía el balón al interior de la red alemana. Ya no quedaba tiempo para más. Habría tercer partido, pues, y este se jugaría en terreno neutral, aunque no muy lejos de Alemania, en el Estadio Heysel de Bruselas. Actuaron en el emotivo encuentro de Hamburgo: Ramallets; Foncho, Gensana, Gracia; Vergés, Segarra; Kubala, Evaristo, Kocsis, Suárez y Suco. Antes, no obstante, el Barça deberá echarle el cierre a la muy decepcionante Liga 60-61. Y lo hará en su propio feudo, ante un flojo Real Oviedo que se debate en los puestos de cola, y dejando la puerta abierta a todo tipo de susceptibilidades, pues va a caer derrotado a pies de los asturianos, que de esa forma rehuyen el descenso directo, aunque no pueden evitar el mal menor de la promoción. El equipo azul  vencerá por 3 a 5, yendo siempre por delante en el marcador. 1 a 3 al finalizar el primer tiempo, con goles de Marañón  (el ovetense)  y Luís – un joven y prometedor delantero apellidado Aragonés – por partida doble, y Villaverde por el Barça. En la reanudación acorta distancias Pinto, vuelve a ampliarlas otro delantero de gran proyección, Ansola, Tejada coloca el 3 a 4, y de nuevo Luís hace el tanto definitivo. Estos fueron los once protagonistas de una triste tarde primaveral de fútbol: Rodri II; Olivella, Rodri I, Pinto; Gracia, Marañón; Tejada, Ribelles, Martínez, Villaverde y Czibor. El Barça va a clasificarse finalmente en cuarta posición, a nada menos que a 20 puntos del Real Madrid, el nuevo campeón. Sus números son los siguientes: 13 victorias, 6 empates y 11 derrotas, con 62 goles a favor y 47 en contra para un total de 32 puntos y únicamente dos positivos. Se trataba de los peores registros azulgranas desde que existía la Liga de 16 equipos, establecida en la campaña 1950-51.

El Estadio Heysel, que veinticuatro años más tarde sería escenario de una de las más luctuosas tragedias del fútbol continental en los prolegómenos de la final de la Copa de Europa disputada entre el Liverpool y la Juventus, abre sus puertas el día 3 de Mayo de 1961 para que Barcelona y Hamburgo diluciden cuál de los dos se enfrentará al Benfica portugués en la final de la VI edición del torneo, a celebrar en la capital suiza, Berna. El Barça no va a fallar en esta ocasión, y un gol de Evaristo en el minuto 43 de la primera parte, ya al filo del descanso, desequilibrará la balanza a su favor. Estos son los nombres de los once héroes que aquella histórica tarde bruselense actuaron ante los reyes belgas, Balduino y la española Fabiola: Ramallets; Foncho, Gensana, Gracia; Vergés, Segarra; Kubala, Kocsis, Evaristo, Suárez y Czibor. La gran final estaba señalada para  el 31 de mayo, pocos días antes de las elecciones que darían al Barça una nueva directiva y un nuevo presidente. Van a fracasar todos los intentos de elaborar una candidatura unitaria, “de consenso” diríamos hoy, pues el hombre destinado a encabezarla, el prestigioso Narcís de Carreras, antiguo secretario de Francesc Cambó y albacea testamentario del gran político conservador catalán,  rechazará la propuesta a pesar de que el 17 de Abril se hace público un documento de apoyo firmado por varios ex -presidentes, socios de mérito, antiguos jugadores y un buen número de personalidades barcelonistas. Es entonces cuando aparecen ante la luz publica dos candidatos, ambos antiguos miembros de la Junta Directiva de Miró-Sans, de la que habían dimitido por hallarse en franco desacuerdo con su política, a la que tildaban de “personalista y autoritaria”. Sus nombres: Enric Llaudet y Jaume Fuset. Se trata de dos hombres jóvenes y bien situados en la sociedad barcelonesa, aunque con distinto perfil profesional. Llaudet es un renombrado empresario textil, y representa la continuidad del sector de la burguesía que controlaba los destinos del Barça desde hacía quince años, mientras que el joyero Fuset, de algún modo, venía a ser el adalid de cierta renovación. La Copa del Generalísimo del año 61 va a tener una breve andadura para este Barça finalista europeo que vela sus armas ante su cita helvética con la historia. El primer rival, el Sporting de Gijón, no causará problemas. En Barcelona un concluyente 7 a 1 deja ya las cosas vistas para sentencia. Goles de Kubala (3), Gensana, Suco, Czibor y Villaverde, con este equipo: Ramallets; Foncho, Gensana, Gracia; Vergés, Segarra; Suco, Ribelles, Kubala, Villaverde y Czibor. En la vuelta en «El Molinón» debuta oficialmente el meta Sadurní, y se produce un nuevo triunfo azulgrana, en esta ocasión por 2 a 4, con tantos de Villaverde (2), Coll y Czibor. Jugaron en la industriosa ciudad asturiana: Sadurní; Foncho, Olivella, Gracia; Vergés, Segarra; Tejada, Ribelles, Coll, Villaverde y Czibor. Pero en la siguiente ronda el Español  será ya un obstáculo insalvable. Sorpresa en el partido de ida, pues los “periquitos” se imponen a domicilio en el «Camp Nou» por 2 a 3, tras un mal encuentro de los locales. Kubala y Kocsis hicieron los goles de un Barça que formó con: Ramallets; Foncho, Gensana, Gracia; Segarra, Garay; Tejada, Kocsis, Kubala, Villaverde y Czibor. En «Sarriá» vuelven a triunfar los blanquiazules por 2-1. Kubala – que sería expulsado – marcó el gol de los azulgranas, que presentaron a Ramallets; Foncho, Gensana, Gracia; Vergés, Garay; Tejada, Ribelles, Martínez, Kubala y Czibor.

La Gestora había fijado la fecha de los comicios presidenciales para el día 7 de Junio, pero en mitad del período electoral va a producirse un acontecimiento que tendrá una enorme trascendencia para el inmediato futuro deportivo de la entidad: el traspaso de Luís Suárez al Inter de Milán. Desde el momento de su marcha al club transalpino, Helenio Herrera va a porfiar para que su presidente, Angelo Moratti, fiche al que acaba de ser proclamado “Mejor Jugador de Europa” y galardonado con el “Balón de Oro”. La mareante oferta italiana encontrará a un Barça sumido en un evidente vacío de poder, y pese a que la Gestora y su presidente, Juliá de Capmany, entablarán largas negociaciones, al final catalanes y lombardos llegarán a un acuerdo, cerrando la operación en la entonces estratosférica cifra de 25 millones de pesetas – record absoluto para la época -, a tan sólo cinco días de la finalísima de Berna, y con la aquiescencia de ambos candidatos. De esta forma el Barça ingresaba un dinero que su deficitaria economía necesitaba con urgencia, pero desde el punto de vista deportivo la operación significaba un negocio ruinoso, porque con la marcha del genial jugador gallego el equipo perdía irremediablemente al hombre destinado a ser su líder durante toda la naciente década de los años 60, tal como lo había sido Kubala en los 50. Se pecó, con toda seguridad, de precipitación, ya que – si bien la situación financiera de la entidad era angustiosa -, el Barça poseía también un potencial suficiente como para sacarle del atolladero sin necesidad de recurrir a tan drástica mutilación de su capacidad futbolística. La ausencia de Suárez  gravitará, de hecho, sobre todo el largo período en que el equipo va a carecer de un referente sólido en el campo, hasta el fichaje de Johan Cruyff, doce años después. Doce años sin ganar una sola Liga por cierto…

AQUELLA MALDITA FINAL. . .

En medio de esta batahola de acontecimientos, el Barça va a desplazarse hasta Berna, donde estaba citado con su propia historia el miércoles 31 de mayo de 1961. Era baja en la expedición barcelonista su gran capitán, Joan Segarra, puesto que en el partido de vuelta frente al Español había recibido un pelotazo en los ojos que le iba a dejar temporalmente sin visión, siendo ingresado en un centro hospitalario y perdiéndose por lo tanto la final. El Barça llega a la capital helvética como gran favorito. Poco importaban sus sucesivos fracasos en la Liga, la Copa de Ferias y la Copa del Generalísimo. En la máxima competición europea los azulgranas se habían mostrado intratables, y un equipo que había sido capaz de eliminar al todopoderoso Real Madrid – aunque en circunstancias harto polémicas -, teóricamente no debería  pasar grandes apuros para derrotar a los portugueses del Benfica, un buen conjunto pero a todas luces inferior a los de Orizaola. Entrenaba a los lisboetas el veterano técnico húngaro Bela Guttman, a cuyas órdenes actuaba un excelente ramillete de futbolistas lusos: Costa Pereira, Germano, José Augusto, Aguas, Coluna o Cavem. El Wankdorfstadion ofrece un lleno hasta la bandera – en torno a los treinta mil espectadores -, con presencia de centenares de seguidores culés llegados desde todos los rincones de Cataluña, y miles de emigrantes españoles en las gradas para animar al Barça. A pesar de la ya mencionada baja de Segarra, o la ausencia de Olivella, Orizaola  podrá disponer de un auténtico equipazo, hasta el extremo de permitirse el lujo de dejar fuera de la alineación a hombres tan importantes como Tejada, Eulogio Martínez o Villaverde. A las órdenes del colegiado suizo Gottfried Dienst, ambos equipos van a presentar las siguientes alineaciones: por el Benfica – que vestía sus tradicionales camiseta roja y pantalón blanco – jugarán Costa Pereira; Angelo, Germano, Cruz; Neto, Saraiva; José Augusto, Santana, Aguas, Coluna y Cavem, mientras que por el Barcelona (también con su indumentaria habitual) lo harán Ramallets; Foncho, Gensana, Gracia; Vergés, Garay; Kubala, Kocsis, Evaristo, Suárez y Czibor. Para Ladislao Kubala y Luís Suárez – e igualmente para Ramallets y Czibor – este iba a representar su último partido con el Barça, aunque por razones bien distintas. Mientras que Laszi había tomado ya la decisión de abandonar la práctica activa del fútbol, desdeñando sustanciosas ofertas llegadas desde Italia y Argentina, el gallego tenía ya hechas las maletas para marcharse inmediatamente a San Siro.

El Barça llevó siempre el peso del encuentro, y no tardó demasiado tiempo en inaugurar el marcador. A los 20 minutos, un medido centro de Suárez lo cabecea a la red Kocsis, con su estilo inconfundible, batiendo a Costa Pereira. Parecía que la final se ponía en franquía para los azulgranas, mejores y más experimentados que los lisboetas en ese tipo de compromisos, pero diez minutos después, en el 30, un contraataque va  a dar ocasión al ariete portugués Aguas para igualar el choque. Y prácticamente a continuación, en el minuto 32, un defectuoso despeje de cabeza de Gensana no puede ser atajado por Ramallets, quien deslumbrado por el sol acaba por introducir el balón  en su propia portería. Un duro mazazo para el Barça, que, sin embargo, no le perdió la cara al partido en ningún momento, aunque sus intentos por enderezar el marcador  van a resultar infructuosos. Y ya en la segunda mitad, en el minuto 55, el mozambiqueño Coluna, sin duda el futbolista de más clase de aquel conjunto  – donde aun no se alineaba asiduamente el sensacional Eusebio – engancha una buena volea al borde del área que supone el 3 a 1 y coloca las cosas muy complicadas para los catalanes. Aunque estos en ningún momento se van a amilanar, y siguen poniendo cerco a la meta defendida por Costa Pereira, con más corazón que acierto. Es en ese momento cuando van a entrar en acción los tristemente célebres postes de sección cuadrada del Wankdorfstadion, que repelerán hasta cuatro disparos barcelonistas. Dos serán obra de Kocsis y Czibor, pero el más difícil todavía le corresponderá a Kubala, que verá  cómo la pelota rematada por él golpea en la base de uno de los maderos, se pasea paralela a la línea de gol, toca en el otro poste, y sale finalmente rechazada. Tampoco faltarán defensores lisboetas que, con su portero ya rebasado, eviten que penetre  el esférico. Czibor va a reducir distancias en el minuto 75, con un fuerte disparo desde fuera del área, pero entre la madera, Costa Pereira y algunos providenciales despejes sobre la misma raya, el resultado va a permanecer ya inalterable hasta el momento en que Herr Dienst pite el final del encuentro, desatándose el júbilo entre los futbolistas y los seguidores portugueses. Aguas levantará el preciado trofeo minutos más tarde, entre la desolación y la incredulidad de los jugadores azulgranas y sus muchos incondicionales desplazados hasta Berna. Y cuenta la leyenda que un adolescente llamado Joan Gaspart, que se encontraba en Suiza aprendiendo el negocio  hotelero, fue uno de los más afectados por la inesperada derrota de sus colores. En esta ocasión, el tradicional recurso a la mala suerte para justificar un revés no va a ser en absoluto un tópico. Es muy difícil encontrar en la ya larga historia de las finales continentales el caso de otro equipo que haya sufrido  una fortuna tan adversa en el trance decisivo, ni siquiera el Bayern de Munich en el encuentro celebrado en el propio «Camp Nou» en 1999, cuando en tan sólo dos minutos vio como el Manchester United le daba la vuelta al marcador  y se alzaba con el título.

Toda la prensa europea va a hacerse eco de semejante infortunio. Así, “El Mundo Deportivo” escribirá que el Barça mereció ganar “al menos por tres goles de diferencia”, lo mismo que el diario madrileño “Informaciones”. Por su parte “Le Figaro” de París titulará su crónica “El mejor fútbol de Europa no pudo ser campeón”, y el rotativo helvético “Tribune de Laussane” señalará que “El Benfica venció a un equipo que fue superior en todo, excepto en suerte”, añadiendo que “si el fútbol se decidiera a los puntos, como el boxeo, el Barça habría vencido ampliamente”. Vencedor moral, por lo tanto, unánimemente proclamado como tal, pero desgraciadamente los vencedores morales ni pasan a la historia ni inscriben sus nombres en el palmarés de las competiciones, sino que sus merecimientos quedan reducidos a la letra pequeña, mientras que los grandes titulares son siempre para los campeones, ya sean estos justos o injustos triunfadores. A título anecdótico reseñemos que los jugadores barcelonistas, a pesar de la derrota ante el Benfica, van a percibir 25. 000 pesetas de prima cada uno (se había estipulado  un premio de 75. 000 en caso de victoria)

Finalizaba una época – o un ciclo, como se dice ahora – Y el equipo, que tantos y  brillantes triunfos había cosechado, entraba también en un proceso de desmantelamiento y diáspora. Quien saliese vencedor de las elecciones del día 7 de Junio, Llaudet o Fuset, tendría que comenzar de nuevo casi desde cero, pero con el handicap añadido de una enorme deuda que pesaba como una losa sobre el club blaugrana. Berna había sido ya gafe para otro equipo con vitola de gran favorito y todos los pronunciamientos de su parte. En aquel mismo campo se había disputado la final del Campeonato del Mundo de 1954, en la que la maravillosa selección húngara de los Puskas, Kocsis, Czibor, Hidegkuti, Grosics y compañía había sucumbido, contra todo pronóstico, frente la de la República Federal de Alemania, después de haber goleado a los teutones en la fase previa. Kocsis y Czibor, que habían jugado aquel dramático partido en el que los magiares llegaron a disfrutar de un claro 2 a 0 a su favor, para acabar perdiendo por 3 a 2, no las tenían ya todas consigo cuando conocieron cuál era la sede escogida por la UEFA para la final del 61. Eran dos hombres supersticiosos, y ese mal augurio que presentían se iba a acentuar aun más al comprobar que al Barça le tocaba ocupar el mismo vestuario del Wankdorfstadion que ellos habían utilizado siete años antes. Incluso Kocsis llegaría a comentarle a Ángel Mur, mientras recibía de este el preceptivo masaje, una frase lapidaria: “Este partido no lo ganaremos”

ELECCIONES PRESIDENCIALES Y DESPEDIDA

Pero era menester lamerse las dolorosas heridas de la derrota y seguir adelante.  Berna pudo significar el broche de oro para una etapa triunfal de la historial del Barça, pero sin embargo supuso un cambio de tendencia, de ciclo, inaugurando una larguísima era de incertidumbre. En pocas semanas un Barça en plena crisis económica y deportiva iba a mudar su cara: nuevo presidente y directiva, nuevo entrenador, y nuevos jugadores. Llegaba el tiempo de las elecciones, en las que estaba en juego el futuro de la entidad. Llaudet o Fuset, Fuset o Llaudet, dos hombres jóvenes y dinámicos, y de indudable fervor barcelonista, que deseaban romper con ese pasado que simbolizaba  el dimitido presidente Francesc Miró-Sans, cuya directiva ambos habían abandonado bastantes meses atrás. El programa de Fuset era más innovador, por así decirlo. En el aspecto social, el industrial joyero proponía la supresión de la Comisión de Disciplina, entendida esta como un órgano de carácter represivo, que impedía las legítimas discrepancias de los socios hacia quienes mandaban. También preconizaba la colocación de buzones de sugerencias en el Estadio y en las oficinas del Club, para que la masa social pudiera expresar sus deseos, así como la creación del Casal del Soci y de una sección cultural (que no sólo de fútbol vive el culé…). En el terreno económico, Fuset era partidario de las cuentas claras, aspecto que se había reprochado – y mucho – al dimisionario Miró-Sans. El socio debería  ser informado puntualmente de la situación de la Tesorería, y las cuentas sometidas a fiscalización por parte de expertos externos, es decir, lo que hoy llamaríamos “auditorías”

Llaudet, por su parte, se presentaba arropado por un programa de “Diez Puntos”. Entre ellos figuraba la constitución de una especie de “Senado” azulgrana, formado por los ex – presidentes y los socios de mérito, y también la elaboración de un Reglamento de Régimen Interior que propiciase la participación de los asociados. Propugnaba un Plan de Austeridad en lo económico, la “amateurizacion” de todas las secciones deportivas del Club, y la creación de una “Escuela de Jugadores”, puesta bajo la dirección de Ladislao Kubala, lo cual venía a  significar el apoyo tácito del carismático Laszi a su candidatura. Asimismo prometía la convocatoria de un referéndum para decidir el futuro del viejo campo de Les Corts, un valioso activo cuya venta podía suponer la solución de buena parte de los acuciantes problemas económicos por los que atravesaba el Club.

Las elecciones se realizaron por el sistema del voto mediante compromisarios, entonces en pleno vigor con la única excepción de las celebradas en  1953. El reducido colegio electoral lo formaban solamente 220 socios – la entidad contaba entonces con alrededor de 40. 000 asociados -, y los comicios van a tener lugar en un clima de absoluta cordialidad. Llaudet se impondrá a su contrincante por un estrecho margen de tan sólo 24 papeletas, 122 a 98, y el candidato derrotado – como no podía ser menos en esta atmósfera de fair play – se va a ofrecer incondicionalmente para colaborar con el  recién elegido mandatario. Un flamante presidente que se encontrará con una deuda de 284 millones de pesetas, una auténtica monstruosidad. Esta va a ser su Junta Directiva: vicepresidentes, Rossend Peitx Jordana y Eugeni Borés; tesorero, Lluís Rosal; vicetesorero, Ignasi Berenguer; contable, Josep Sánchez; vicecontable, Ignasi Vancells; secretario, Josep Puig; vicesecretario, Florenci Coll; vocales, Joan Piera, Artur Pibernat, Ramón Martí, Jordi Soler, Santiago Salvat, Francesc Jover, Antoni Tamburini, Enric Piera y Antoni Riera.

La Gestora encabezada por Juliá de Capmany deja por lo tanto paso al industrial textil Enric Llaudet, y el flamante mandatario va a contratar al prestigioso técnico catalán Lluís Miró para que se haga cargo de la primera plantilla profesional del Barça, a la que van a llegar inmediatamente nada menos que ocho fichajes: Pesudo, Benítez, Pereda, Szalay, Zaballa, Zaldúa, Vicente y Páis. Por el contrario, abandonan el Club nombres llenos de gloria, comenzando por Luís Suárez, traspasado al Inter de Milán por aquellos 25 astronómicos millones de pesetas (una cantidad que entonces parecía exorbitante, en aras de paliar la gigantesca deuda del club, pero que a la postre resultó un ruinoso negocio en lo deportivo), y siguiendo por Kubala, Ramallets – ambos retirados -, Tejada (rumbo al Real Madrid), Czibor – que cruzó la Diagonal con destino al Español – y Ribelles y Coll, los dos incorporados al Valencia en el marco de la «Operación Pesudo». En un ambiente de austeridad, marcado por la peliaguda coyuntura económica, Llaudet va a confiar en enderezar la nave azulgrana, aunque no sabía que esta iba a quedarse varada en el desierto durante muchos, demasiados años.

Pero antes de echar el definitivo cerrojazo  a la desdichada campaña 60-61, el primer equipo aun disputará varios partidos amistosos, y en ellos se alineará ya el primer refuerzo barcelonista para el próximo curso, el guardameta José Manuel Pesudo, procedente del club de «Mestalla», un hombre que estaba llamado a suceder nada menos que al mítico Antoni Ramallets. Destaquemos una clara victoria sobre el propio Valencia en el Camp Nou (6 a 1), que sirve como presentación del nuevo cancerbero frente a quienes eran sus compañeros tan sólo unos días antes, otra goleada al Atlético de Portugal – 5 a 0 -, que supone la despedida de Kubala (dos goles) ante su público, a la espera de su partido de homenaje, y la participación del Barça en el Trofeo Naranja de la Ciudad del Turia, derrotando en semifinales al Botafogo de Garrincha y Didí por 3 a 2 (Tejada 2, y Evaristo) y cayendo en la final ante los anfitriones (reforzados por el barcelonista Kocsis) por 3 a 4, en el choque que pone el broche  final a una temporada aciaga a más no poder. Reseñemos para la historia esta última alineación del curso 60-61: Pesudo; Rodri, Gensana, Gracia; Vergés, Garay; Tejada, Kubala, Martínez, Evaristo y Villaverde. Lo dicho: terminaba un ciclo glorioso, y alboreaba, incierta, una nueva época. Y en el momento del adiós, estos van a ser los números que dejaba Orizaola en su experiencia como entrenador del Barça: 24 partidos oficiales dirigidos, con un balance de 10 victorias, 3 empates y 11 derrotas, lo cual hace un muy discreto porcentaje de triunfos obtenidos del 41,67 %. A sus órdenes el equipo consiguió 53 tantos, pero encajó 41. Al final el técnico montañés, al igual que todo el barcelonismo, se quedó con la miel en los labios.

EnriqueOrizaola03UNA AUTÉNTICA VUELTA A ESPAÑA EN LOS BANQUILLOS

Una vez libre de su compromiso con el Barça, Enrique Orizaola va a ser nombrado en febrero de 1962 responsable de la Selección Juvenil Española con vistas a participar en el Torneo Internacional de la UEFA que se celebraría en Rumanía en abril de dicho año. Allí, la actuación de nuestros chavales no fue demasiado brillante, pues cayeron ante Hungría y Turquía, y únicamente pudieron empatar con Francia, quedando fuera de la siguiente fase. Orizaola contó con un grupo de jugadores en el que formaban algunas futuras figuras y nombres importantes del fútbol español, tales como Gallego, Zunzunegui, Aranguren – autor del único gol de nuestro combinado -, Suco, Germán o Uriarte.

De cara a la temporada 62-63 el santanderino va a recalar en Pamplona, para intentar mantener a Osasuna en la máxima categoría. Ya no estaban en el conjunto navarro ni Zoco ni Fusté, y el equipo era joven e inexperto, y descenderá finalmente. En la campaña siguiente, la 63-64, fichará por el Real Oviedo, otro modesto, y aunque los carbayones acababan de firmar su mejor temporada en la élite, con un tercer puesto, superando a Barcelona, Zaragoza, Valencia o Athletic de Bilbao también habían perdido a dos de sus puntales, Paquito y Sánchez Lage, traspasados al Valencia. De modo que el conjunto azul va a marchar toda aquel curso a trompicones, y aunque al final conseguirá la permanencia tras superar al Hércules en la promoción, Orizaola ya no estará sentado en su banquillo para verlo, sustituido en la jornada 18 por el doctor Toba, futuro seleccionador nacional.

Su siguiente destino va a ser Valencia, y concretamente el campo de «Vallejo». El Levante afrontaba su segunda temporada en la División de Honor, con una plantilla en la que destacaban jugadores como el internacional Domínguez, el defensa Calpe – pronto en las filas del Real Madrid – o los delanteros Wanderley (hermano del valencianista Waldo) y Serafín, un extremo goleador que acabará siendo fichado por el Barça. Pero a pesar de esos mimbres, el cuadro granota va a verse durante toda la campaña rondando por la zona de peligro. Finalmente consigue eludir el descenso directo, pero va a caer en la promoción ante el Málaga.

Orizaola hará una vez más las maletas, en dirección hacia la otra punta del país. Coge a un Deportivo de La Coruña que también acaba de bajar, y lo lleva de nuevo a la élite como campeón del Grupo Norte de Segunda. Ya no forma Veloso con los gallegos, pero si algunos otros buenos jugadores como Joanet, Lariño, Aurre, Domínguez, Escolá, Pellicer, Chapela, Loureda o el peruano Montalvo. Una vez en Primera, el equipo se refuerza con algunos ilustres veteranos de la talla del guardameta Vicente, el internacional Campanal o el argentino Sánchez Lage, pero los resultados no van a acompañar, y el técnico santanderino es relevado en la jornada 19. Su sucesor, el uruguayo Dagoberto Moll, antiguo jugador deportista,  tampoco puede enderezar la nave, y el conjunto herculino hará honor una vez más a su fama de «equipo ascensor», en esta ocasión con trayectoria descendente.

El Real Valladolid, que llevaba unas cuantas temporadas de gris andadura por Segunda, va a pensar en Orizaola para intentar remontar el vuelo una vez comenzada ya la Liga, tras la quinta jornada. Y casi lo consigue, porque finaliza la campaña 67-68 como subcampeón del Grupo Norte, lo que le da derecho a jugar la promoción de ascenso, aunque será superado por la Real Sociedad. No va a seguir en el conjunto castellano, sustituido por el veterano Antonio Barrios, pero cuando se llevan únicamente jugados siete partidos vuelven a llamarlo. Y a orillas del Pisuerga concluye el curso 68-69, con un equipo donde ya no figura Melo traspasado al Atlético de Madrid el año anterior, pero en el que destacan nombres como Aguilar, De la Cruz, Alberto, Astráin, Lorenzo, Lasa, Docal o Lizarralde.

No comienza en ningún banquillo la temporada 69-70, pero a mitad del campeonato le llaman de una nueva plaza, Salamanca, donde la Unión Deportiva, recién ascendida a Segunda, pasa también serios apuros. En los 24 partidos en los que dirige a los charros (con los Huerta, Simonet, Frasco o Fermín entre sus chicos) no consigue revertir la situación, y se enfrenta a una nueva pérdida de categoría. Tampoco se halla en la línea de salida al iniciarse la siguiente campaña, la 70-71, pero no tarda demasiado en volver a sonar su teléfono. Ahora es el Rayo Vallecano el club que solicita sus servicios. Con los de la populosa barriada madrileña va a estar hasta el final de la temporada 71-72, con una plantilla en la que destacan jugadores de la talla de Aráez, Curta, Felines, Illán, Roselló, Nieto, Bordons, Veloso o Potele, aunque no consigue el gran objetivo del club de Vallecas, el anhelado ascenso a Primera, que aun tendrá que esperar varios años para materializarse.

Su próxima parada será la «Nova Creu Alta» sabadellense, con la vista puesta en el retorno del club arlequinado a la máxima categoría, algo que no se va a lograr, y además será cesado tras la jornada 19, sustituido por Antonio Jaurrieta, a pesar de contar a sus órdenes con futbolistas de la talla de Martínez, Franch, Marcelino, Vilar, Pini, Herrera, Montesinos, Garcia Soriano, Palau, Zaldúa, Jara o Cristo . Regresa al Deportivo de La Coruña en la campaña siguiente, la 73-74, siendo uno de los cuatro técnicos que se suceden en el banquillo de los de «Riazor», pero tampoco va a impedir que el cuadro gallego, con los Aguilar, Bellod, Zugazaga, Cervera, Cortés, Loureda, Beci, Vavá o David Vidal,  se precipite al abismo de la Tercera División. Es su último trabajo en las dos principales categorías de nuestro fútbol, donde dejó un balance de 430 partidos, entre Primera y Segunda. Con posterioridad dirigirá a una serie de conjuntos modestos (Xerez Deportivo, Club Atlético Marbella, Gimnástico de Melilla, Albacete Balompié, Calvo Sotelo, Badajoz…). Durante buena parte de la década de los años 80 trabajará nuevamente para el Barça, confeccionando informes para técnicos como César Luís Menotti, Terry Venables, Luís Aragonés y Johan Cruyff. Entre 1989 y 1991 realiza labores de gerente en el Real Zaragoza – era también profesor mercantil -, y en la temporada 1993-94 va a llevar la dirección deportiva de un Albecete Balompie convertido ya en «el Queso Mecánico». En sus últimos años, concretamente en 2007,  tendrá que pasar por uno de los trances más duros y dolorosos que pueden acaecerle a un ser humano en esta vida: ver como su hijo fallecía a una edad aun muy temprana. Enrique Orizaola Paz, que así se llamaba su vástago, nacido en 1950, era abogado, y había sido presidente del Córdoba CF. entre diciembre de 2003 y mayo de 2006.

Orizaola va a morir el 10 de junio de 2013 en la misma ciudad que le vio nacer, Santander, a la edad de 91 años. Fue historia del fútbol cántabro y español, y estuvo también a un palmo de la gloria aquel condenado 31 de mayo de 1961 en Berna. Allá donde fue, al margen de los veleidosos resultados, dejó siempre un buen sabor de boca por su corrección y profesionalidad – era un gran estudioso de nuestro Deporte Rey, llevando un amplio y completo fichero de jugadores en aquellos nada fáciles tiempos preinformáticos-. Lástima que en 1961 los postes de las porterías fueran aun de sección cuadrada. . .




Ljubisa Brocic, un caballero de los Balcanes (1960-1961)

Brocic011960-61 es una temporada crucial en la historia del Barça. Pudo ser la de su consagración internacional, sucediendo al Real Madrid en la hegemonía futbolística europea, pero sin embargo va a suponer el inicio de una larguísima travesía del desierto que prácticamente durará dos décadas, a pesar del fugaz brillo emanado del rutilante  fichaje de Johan Cruyff, hasta que el club blaugrana obtenga su primera Recopa en la ciudad suiza de Basilea, en mayo de 1979, frente al Fortuna de Düsseldorf y ante 30.000 enfervorizados seguidores que se dieron cita en el ya desaparecido estadio St. Jakob, que diez años antes había sido también testigo de otra gran decepción del cuadro barcelonista, derrotado por el Slovan de Bratislava en su primera final del torneo reservado a los campeones coperos, igual que en 1961 va a caer en su primer asalto al principal título continental, la Copa de Europa, batido por el Benfica lisboeta y la mala suerte en forma de unos condenados postes de sección cuadrada que escupieron un poker de disparos.

El Barça va a afrontar esta campaña ya sin Helenio Herrera en el banquillo, y sumido en una grave crisis económica, con la factura del «Camp Nou» gravitando amenazadoramente sobre sus maltrechas finanzas, incapaz de sacarle rentabilidad por el momento al viejo terreno de «Les Corts». Aun así, el equipo se reforzará notablemente, sobre todo en sus líneas traseras. La principal novedad estribará en el fichaje del magnífico central del Athletic de Bilbao Jesús Garay, un fijo en la Selección Española y un zaguero de gran clase, tan noble como eficaz. Tras toda una década vestido de rojiblanco, Garay va a dejar en las arcas de los leones la nada despreciable suma de 6 millones de pesetas, con las que el club vizcaíno sufragará la mayor parte de la construcción de una nueva tribuna en «San Mamés», que debido a ello va a ser popularmente conocida como «la Tribuna Garay»

El presidente azulgrana Miró-Sans tiene que tomar la nada fácil decisión de poner al frente del primer equipo a un técnico de reconocida solvencia. Enric Rabassa nunca fue más que una solución provisional, de emergencia, para tratar de finalizar decorosamente una campaña por otra parte en absoluto mala-sino más bien  todo lo contrario-en lo deportivo, y la opción de César va a tornarse inviable al firmar este por el Real Zaragoza. Tras sopesar la candidatura del francés Albert Batteux, el fabricante del gran Stade de Reims de los años 50 (con el que había logrado cuatro Ligas galas y una Copa de Francia, más dos subcampeonatos de la Copa de Europa en 1956 y 1959 respectivamente, cayendo en ambas ocasiones ante el Real Madrid), finalmente el elegido va a ser Ljubisa Brocic, un técnico yugoeslavo con amplia experiencia en varios países.

Brocic nace el 3 de octubre de 1911 en la localidad de Guca, entonces perteneciente al reino de Serbia. Como jugador había militado en el SK Jugoslavija de Belgrado, un club polideportivo de vida breve, fundado en vísperas de la Gran Guerra y disuelto por colaboracionista -había disputado competiciones durante la ocupación del país por las fuerzas del Eje- a instancias de las nuevas autoridades comunistas en 1945, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, pasando todas sus instalaciones-estadio, campos de entrenamiento y oficinas-,  así como la mayoría de sus jugadores e incluso su uniformidad (camiseta rojiblanca y pantalón blanco) a formar parte del recién constituido «Estrella Roja» de la capital yugoeslava. En 1946 había sido seleccionador de Albania, con la que ganó la Copa Balcánica. Dirigió después a varios equipos de su país (Metalac Belgrado, el propio Estrella Roja, y Vojvodina de Novi Sad). Con los capitalinos obtuvo dos títulos, en 1951 y 1952-53, pero en esta última fecha protagonizó ciertos problemas con trasfondo político, que van a suponer de hecho su exilio.

Al parecer, durante un viaje del combinado yugoeslavo por Brasil (en el que Brocic formaba parte de la expedición), se mantuvieron algunos contactos con exiliados chetniks (los chetniks eran una fuerza armada serbia de carácter nacionalista, conservador y monárquico, que había jugado un ambiguo papel durante la ocupación alemana e italiana de Yugoeslavia, a veces combatiendo a los invasores, y otras colaborando con ellos contra el movimiento guerrillero acaudillado por Tito). También había enojado a las autoridades deportivas de Belgrado al permitir que refugiados serbios y croatas se fotografiasen con los jugadores de la Plavi.

Por este cúmulo de circunstancias va a abandonar el país balcánico, pasando primero a Egipto, donde dirigirá a su selección en 1954-55, y posteriormente al Líbano, entonces conocida como la «Suiza de Oriente Medio». En 1956 retorna a Europa, al PSV Eindhoven neerlandés, y en 1957 pasa a Italia, a la Juventus. Conduce a la Vecchia Signora hasta la consecución de su décimo scudetto, en la campaña 57-58, con un equipo en el que brillan  el argentino Omar Sivori y el británico John Charles. Sin embargo, en el curso siguiente será destituido tras la octava jornada del campeonato, yendo la Juve cuarta, a sólo dos puntos del líder. La temporada 59-60 la consume nuevamente en Holanda, de vuelta al PSV, y a su conclusión es cuando acepta la oferta del Barça.

UN SERBIO EN EL BANQUILLO BLAUGRANA

El lunes 30 de mayo de 1960 Ljubisa Brocic va a ser presentado oficialmente a la plantilla profesional barcelonista por el presidente del club, señor Miró-Sans, a quien acompañaban la casi totalidad de los miembros de su junta directiva. Según cuenta «El Mundo Deportivo», en su parlamento el señor Brocic «expuso la necesidad que había de la más perfecta posible compenetración entre todos los elementos del club, para conseguir los éxitos que se pretenden que mantengan al Club de Fútbol Barcelona en la línea histórica de su prestigio y fama». Finalmente «se mostró complacido y honrado ante la perspectiva de entrenar en fecha cercana a jugadores de tanta nombradía como los que en aquel momento tenía el gusto de conocer personalmente y al propio tiempo poder contribuir de una manera efectiva en los triunfos que esperan seguramente al Club de Fútbol Barcelona»

Se enfrentaba  de entrada, no obstante, con una importante traba burocrática, puesto que su título de entrenador no era convalidable en España (me atrevo a aventurar que por proceder de un país de los llamados de «Tras el Telón de Acero», con los que el régimen franquista no mantenía relaciones diplomáticas y casi de ningún otro tipo). De modo que Brocic, para poder sentarse en el banquillo azulgrana, no va a tener más remedio que superar el intensivo Cursillo Nacional que se celebraba en Madrid durante el verano. Como apenas sabía castellano, y para ayudarle en el trance, el Barça va a contratar a un joven técnico santanderino, Enrique Orizaola, que dirigía entonces al Real Murcia de Segunda División, equipo que había causado una grata impresión en la Ciudad Condal en la Copa de 1959, cuando puso en grandes apuros al Barça, llegando incluso a empatar en el partido de ida en el «Camp Nou». El objetivo va a conseguirse con creces, ya que Brocic aprueba el curso (es el octavo de su promoción), superando tanto las pruebas físicas como las de conocimientos técnicos y tácticos. El eficiente Orizaola, una vez cumplida su misión, no abandonará el club, sino que será designado ayudante suyo.

Investido ya de toda su autoridad, Brocic se va a encontrar con una plantilla de ensueño a sus órdenes, un auténtico «Dream Team» avant la lettre, en el que además del ya citado fichaje de Garay son altas el defensa canario Alfonso Rodríguez Salas «Foncho», procedente del Murcia, club del que también llegará ya muy avanzada la temporada el cántabro Ramón De Pablo Marañón, mientras que de «San Mamés» viene otro refuerzo, el extremo izquierdo Gonzalo Beitia, que había sustituido en dicha demarcación nada menos que al mítico Piru Gainza, usufructuario del puesto durante casi dos décadas. También van a integrarse en la primera plantilla dos jóvenes guardametas, Andrés Rodríguez Serrano, conocido como «Rodri II», y el tarraconense Salvador Sadurní, campeón de España juvenil, y que será cedido al Mataró hasta bien avanzada la campaña. Por contra, causan baja el veterano Isidre Flotats, que pasa al RCD. Mallorca, recién ascendido a Primera, el central Brugué, que se retira del fútbol aun en plena juventud sin haber podido superar una grave lesión, el peruano Loayza (con destino a Boca Juniors), y Rifé I, que jugará en el Atlético de Ceuta mientras cumple su servicio militar en la ciudad norteafricana. El prometedor Josep María Fusté, una de las joyas de la cantera azulgrana, va a ser cedido al Osasuna, entrenado por el catalán Miquel Gual, junto con otros dos barcelonistas, Celdrán y Salvador, mientras que el defensa Eladio-que también se había asomado al primer equipo en algún amistoso, al igual que Fusté-completa su formación en el Condal. Así queda el maravilloso grupo vestido de azul y grana: Ramallets, Medrano, Rodri II, Sadurní, Olivella, Foncho, Rodri I, Gensana, Garay, Gracia, Pinto, Vergés, Marañón, Segarra, Ribelles, Tejada, Suco, Kubala, Kocsis, Evaristo, Eulogio Martínez, Luís Suárez, Villaverde, Czibor, Coll y Beitia. Hay que hacer notar que la gran estrella del conjunto, Ladislao Kubala, ya con 33 años de edad, había estado unas semanas antes a punto de marcharse al Colo-Colo chileno.

Una vez iniciados los entrenamientos, el 8 de agosto, se especula con que Brocic pretende darle un nuevo estilo de juego al Barça. Antes de disponer de toda la plantilla a sus órdenes (los jugadores internacionales, que se encontraban realizando una gira por Sudamérica con la Selección Española, no se incorporaron hasta el día 15), efectúa ya sesiones dobles de preparación, mañana y tarde,  y a buen ritmo, preconizando un estrecho contacto con el balón, a diferencia de otros técnicos anteriores, con vistas a mejorar la técnica individual de sus nuevos pupilos.

El técnico serbio va a causar una grata impresión por su porte, modales y cordialidad. De su experiencia y currículo se esperaba que el equipo-que por segundo año consecutivo afrontaba cuatro competiciones-pudiera beneficiarse, y también que el ambiente del vestuario mejorase, tras el tenso enfrentamiento entre Helenio Herrera y Kubala. En cuanto a su modus operandi, Brocic introduce también nuevos métodos de preparación física, los llamados entrenamientos «de fuerza», consistentes en el uso de pesas y halteras (que una vez fuera del banquillo el balcánico dormirán el sueño de los justos durante años en algún almacén del «Camp Nou», hasta que en 1967 Salvador Artigas las rescate y vuelva a utilizarlas)

La pretemporada del Barça no puede ser más prometedora, ya que va a ganar absolutamente todos los partidos disputados en una gira triunfal por Europa, en la que los blaugranas derrotan a domicilio a Ajax (3-4), Newcastle (3-4), Hamburgo (2-3) y Standard de Lieja (2-5). Con tan altas expectativas, la Liga 60-61 levanta su telón nuevamente con un enfrentamiento entre el Barcelona y el Athletic de Bilbao, aunque esta vez en feudo rojiblanco, el 11 de septiembre de 1960. Se creyó oportuno, por mutuo acuerdo entre ambos clubes, que Jesús Garay no debutase precisamente ante su antiguo equipo, al que profesaba un gran cariño (el traspaso se había efectuado exclusivamente por motivos económicos), y por consiguiente Brocic va a poner en danza el siguiente once para arrancar el torneo: Ramallets; Olivella, Rodri, Gracia; Vergés, Gensana; Tejada, Kubala, Evaristo, Suárez y Czibor. Es decir, el mismo equipo base de Herrera, con la ausencia de Segarra. Justa victoria azulgrana por 0 a 2, con tantos de Czibor, venciendo la resistencia de los vascos, en cuyas filas se notó la inexperiencia de algunos de sus jugadores.

Garay debutó por fin en el «Camp Nou» al domingo siguiente, frente al Real Valladolid. Ajustado triunfo barcelonista por 2 a 0, con goles de Suárez y Kocsis, resultando lesionado de gravedad Coll. El Barça es líder con 4 puntos, uno más que el Sevilla. Y sale aun más reforzado de «Heliópolis», donde consigue su tercer triunfo consecutivo a costa del Betis. Gran partido de Suárez, y goles del propio Luisito, Kocsis y Czibor. Por los verdiblancos mojó un jovencito rubio y muy espigado llamado Yanko Daucik, hijo del famoso entrenador del equipo de las «Cinco Copas»-a la sazón al frente del cuadro hispalense-y por consiguiente sobrino de Kubala, que no jugó en la capital andaluza. Los azulgranas encabezan la tabla, y a dos puntos les siguen Valencia, Racing de Santander, Español y los dos equipos madrileños.

Arranca también  la segunda participación barcelonista en la Copa de Europa, en esta oportunidad  ante el Lierse, el campeón belga, que montará todo un cerrojazo en el «Camp Nou», que al menos les sirve para no salir goleados. 2 a 0 a favor de los catalanes – Czibor y Suárez-, con este equipo: Ramallets; Rodri, Garay, Gracia; Vergés, Gensana; Kubala, Evaristo, Kocsis, Suárez y Czibor. Y en la cuarto jornada de Liga, cuarta victoria azulgrana. Un nuevo 2 a 0 ante un Racing de Santander animoso pero sin mordiente, con dos tantos de Kubala. En las filas montañesas, algunos viejos conocidos de la afición culé, como el guardameta Piñol, el húngaro Kazsas y el valenciano Sampedro, inolvidable protagonista, merced a su solitario y decisivo gol, de la final de Copa del 57 en «Montjuich» frente al Español. A todo esto, el Barça encabeza la clasificación con 8 puntos y 4 positivos, con dos de ventaja sobre el Real Madrid.

Sin embargo, esta ligera ventaja va a perderla ya a la semana siguiente, pero antes ha de rendir visita a la cancha del Lierse, para disputar el partido de vuelta, que a la postre  resultará más sencillo que el del propio «Camp Nou», pues se impondrá por un claro 0 a 3 (Evaristo 2, y Villaverde), aunque tendrá que lamentar las lesiones de Kubala y Kocsis, de cierta consideración ambas. Y en el «Metropolitano», el Atlético de Madrid infligirá al Barça su primera derrota de la temporada. Muchas bajas en la formación barcelonista (Tejada, Kubala, Kocsis, Suárez y Czibor entre ellas, toda una delantera titular), y de ello va a resentirse el equipo, sin capacidad ofensiva a excepción del brasileño Evaristo. Collar y Mendonça marcaron los goles colchoneros. El Real Madrid alcanza a los azulgranas en la cabeza de la clasificación, igualando a 8 puntos.

Y coincidiendo con  la festividad del Pilar, día 12 de Octubre, se inicia la otra competición continental que disputa el Barça esta temporada, la Copa de Ferias. El partido se juega en la localidad croata de Zagreb, ante una potente selección local, y al frente del equipo no viajará Brocic, debido a su condición de exiliado político, dirigiendo a los jugadores desde la banda su segundo, Orizaola. Buen resultado (empate a uno, con gol de Villaverde), y esta alineación: Ramallets; Pinto, Garay, Gracia; Vergés, Gensana; Suco, Ribelles, Evaristo, Segarra y Villaverde.

El Barça va a continuar como líder, ahora en solitario, aprovechando el pinchazo del Real Madrid en su propio feudo ante el Sevilla tras la sexta jornada de Liga, en la que se deshace de la Real Sociedad en el «Camp Nou» con un estrepitoso 6 a 2, que aun pudo ser mayor si Evaristo no malogra un máximo castigo. Marcaron los goles blaugranas el propio Evaristo (3), Czibor, Gensana y Eulogio Martínez. Los donostiarras acusaron en demasía la ausencia de su meta titular, Araquistáin. En el cómputo general, el Barça les saca un punto de ventaja a la pareja perseguidora compuesta por ambos equipos madrileños. Y en la vuelta de la eliminatoria ferial, reñido encuentro ante el Zagreb, que se salda con una victoria mínima pero suficiente por 4 a 3, después de adelantarse los balcánicos con un inquietante 0 a 2. Suárez, Martínez, Gensana y Czibor fueron los goleadores.

 El Barça va a perder el liderato en «Altabix», en la séptima jornada, para no volver a recuperarlo ya más. Fue una auténtica sorpresa, pero el Elche, en vena de aciertos, volvió a derrotar a los azulgranas al igual que había hecho en la temporada anterior, en esta ocasión con tantos de Guerrero y Romero. Se lesionó Ramallets, siendo sustituido por el joven Rodri II, a tiempo para encajar uno de los goles locales. Suárez marcó para el Barça. Y en la fecha siguiente, derbi. El Español, que venía realizando un buen campeonato hasta entonces, va a salir goleado del «Camp Nou» (4 a 1). Los de Brocic dominaron durante todo el encuentro, y consiguieron sus goles por mediación de Tejada (2), Suárez y Kocsis. En la general, los merengues son primeros con 13 puntos, uno de ventaja sobre los azulgranas. Pero el sorteo para los octavos de final de la Copa de Europa  va a deparar una auténtica bomba: un nuevo enfrentamiento entre el Barça y el Real Madrid.

¡ EL REAL MADRID ELIMINADO DE «SU» COPA DE EUROPA !

Brocic02El Estadio «Santiago Bernabeu» es el escenario del partido de ida, el día 9 de Noviembre de 1960. Estas serán las alineaciones: por el Real Madrid, Vicente; Pachín, Marquitos, Casado; Vidal, Del Sol; Herrera, Mateos, Di Stefano, Puskas y Gento, y por el Barça; Ramallets; Rodri, Garay, Gracia; Vergés, Gensana; Villaverde, Evaristo, Kocsis, Suárez y Czibor. Arbitra el Señor Ellis, inglés, cuyas decisiones van a traer mucha cola, erigiéndose en uno de los protagonistas del encuentro.

El resultado final fue muy esperanzador para los intereses barcelonistas de cara a la vuelta, empate a dos, con tantos de Mateos y Gento para los blancos, y Luisito Suárez – el segundo de ellos al trasformar un penalty –para los azulgranas. Este máximo castigo, que estableció la definitiva igualada en el marcador, estuvo rodeado de una gran polémica, ya que la acción vendrá precedida de un posible fuera de juego de Kocsis. El linier levantó su banderín, pero el árbitro consideró que no había nada ilegal en la jugada e hizo caso omiso del gesto de su auxiliar, para indicar acto seguido la pena máxima en una falta del guardameta local, el catalán Vicente, al barcelonista Czibor, infracción que – según los blancos – se había cometido fuera del área. En un ambiente muy crispado por las acaloradas protestas del público y los jugadores madridistas, Suárez no falló desde el punto de penalty, obteniendo así el empate con el que finalizaría el choque. La decisión, el día 23 de Noviembre en el Camp Nou.

Pero antes de este nuevo “Partido del Siglo”, el Barça jugará un par de encuentros de Liga con desigual fortuna. En «Mestalla», en la novena jornada, se impondrá sin grandes dificultades al Valencia, con dos goles de Ribelles, aquel jugador leridano que HH solía utilizar en los desplazamientos en lugar de Kubala, que en esta oportunidad sí formó parte de la alineación. Y a tres días del trascendental compromiso contra los blancos, recibe al Sevilla en el «Camp Nou». Los andaluces, que estaban realizando un buen campeonato a las órdenes del antiguo portero barcelonista Lluís Miró, van a arrancar unas meritorias tablas, luchando durante los 90 minutos. Marcó primero Kubala, y empató después Agüero, para adelantarse de nuevo el Barça con gol de Gensana, e igualar definitivamente el sevillista Diéguez. Al Barça se le anularon dos goles. Con este resultado el Barça, al finalizar el primer tercio de la competición, se hallaba en segunda posición con 15 puntos, a sólo uno del líder, el Real Madrid.

El 23 de Noviembre de 1960 va a pasar con letras de oro a la historia del Fútbol Club Barcelona, pues en dicha fecha el equipo entrenado por Ljubisa Brocic conseguiría la proeza de eliminar por vez primera al Real Madrid de la Copa de Europa, cuyas cinco anteriores ediciones habían sido conquistadas de manera consecutiva por el conjunto blanco. Gran lleno en el Camp Nou, enorme expectación y, a las órdenes del árbitro inglés Mister Leafe, las siguientes alineaciones: por el Barça, Ramallets; Olivella, Garay, Gracia; Vergés, Segarra; Kubala, Evaristo, Kocsis, Suárez y Villaverde, y por el Real Madrid; Vicente; Marquitos, Santamaría, Casado; Vidal, Pachín; Canario, Del Sol, Di Stefano, Puskas y Gento.

En el minuto 33 va a llegar el primer gol barcelonista. Nacerá de las botas de Kubala, el hombre más destacado del partido, y lo va a materializar Martí Vergés, aunque la pelota golpeada por el mediocampista gerundense rebotará en el madridista Pachín, colándose en el marco defendido por Vicente. El 2 a 0 va a hacerse mucho de rogar, hasta el minuto 82, pero merecerá la pena. Un centro de Olivella desde la derecha lo va a rematar de cabeza acrobáticamente, lanzándose en plancha, el brasileño Evaristo, anticipándose a la intervención de Vicente. La fotografía que muy oportunamente captará tan espectacular tanto va a dar la vuelta al mundo, y aun hoy es de inserción obligada en cualquier libro que glose la trayectoria del Barça, cincuenta y cinco años después. Tomamos prestada la pluma del prestigioso periodista deportivo barcelonés Alfredo Rueda, en un artículo publicado en el especial navideño de la revista «Barça» en 1969, para recrear con mayor detalle un gol tan hermoso como histórico:

“Cuando el fotógrafo hundió su dedo sobre el disparador de su máquina actuó con esa inexplicable intuición que permite al profesional del periodismo gráfico dar un testimonio de los más asombrosos momentos de un partido para solaz y satisfacción de los aficionados. El balón partió de la derecha. El Barcelona atacaba sobre la portería norte del Camp Nou. De pronto, la pelota centrada por Olivella, parecía buscar la cabeza del ariete azulgrana Evaristo. Era un balón peligroso para Vicente, pero quedaba a medio camino entre él y Evaristo. Lógicamente tenía ventaja Vicente, ya que el portero puede emplear sus brazos, en este caso los largos brazos de un guardameta de elevada estatura, ante un delantero centro de talla media. En verdad, mientras el balón describía una curva perfecta sobre la boca de gol, pocos creían que Evaristo iba a poder ganar la acción a Vicente. De pronto, el delantero del Barcelona se lanzó en plancha por los aires. Su decisión fue más bien la actitud de un hombre que confía en poder volar, así como suena. Y el poder, la convicción de Evaristo, le llevaron hasta el balón antes de que Vicente pudiera tocar la pelota con su mano derecha extendida con auténtica desesperación. Evaristo conectó un violento cabezazo. Cien mil gargantas prorrumpieron en el grito mágico del fútbol: ¡¡ Gol !!

Pero no todos quedaron tan contentos con el resultado final. En el Real Madrid se insistiría largamente en los cuatro goles, cuatro, que el colegiado inglés Mister Leafe les había anulado, cargándole expresamente con la responsabilidad de su eliminación. Por su parte Brocic va a dejar también para la historia una frase que más o menos decía lo siguiente: «el Real Madrid es un equipo muy grande, tanto, que sólo el Barcelona puede eliminarlo».

A TRANCAS Y A BARRANCAS

Tras la gran hazaña continental, de nuevo el regreso a la realidad liguera de cada jornada, donde el Barça aun tenía todas sus opciones intactas. Por más que no fuese capaz de ganar en Granada, donde los locales realizaron un magnífico partido y a punto estuvieron de conseguir la victoria, aunque el choque acabó en tablas – 1 a 1-, con gol azulgrana a cargo de Evaristo. Ahora el Real Madrid aventajaba a los pupilos de Brocic en dos puntos. Pero el espectáculo debe continuar, como siempre dicen en los USA, ¿y a que no adivinan quién iba a ser el próximo visitante del «Camp Nou»? Pues sí, precisamente ese mismo equipo que están pensando…

El partido, como no podía ser de otro forma, lo van plantear los madridistas muy enrabietados, a modo de revancha de su recentísima eliminación. De manera que el 4 de Diciembre de 1960 comparecieron en el feudo barcelonista dispuestos a borrar la humillación de la infamante derrota de once día antes (que en realidad no lo había sido en absoluto, pues cayeron por la mínima ante un conjunto del potencial del azulgrana). Y en esta ocasión la fortuna va a sonreírles, aunque justo es reconocer su superioridad, basada en buena medida en el gran partido de Gento, que se impuso siempre a Olivella en su duelo particular, y bien puede decirse que allí terminó la carrera del defensor del Poble Sec como lateral. Di Stefano y Del Sol adelantaron al Madrid, y Eulogio Martínez y Villaverde equilibraron la contienda. Pero entonces comenzó el gran show del extremo cántabro, autor del tercer gol, con el cual se llegó al descanso. En la segunda mitad nuevamente Gento y Di Stefano colocaron un claro 2 a 5 en el marcador, reduciendo distancias Kubala con el tercer tanto azulgrana. Nada que reprochar a la victoria merengue, cimentada en un demoledor contraataque, ante el que de poco sirvió el dominio territorial barcelonista. Este fue el equipo que presentó  Brocic en el encuentro de la máxima: Ramallets; Olivella, Garay, Gracia; Vergés, Segarra; Kubala, Evaristo Eulogio Martínez, Suárez y Villaverde.

Con este resultado el Real Madrid aventajaba ya al Barça en cuatro puntos, distancia que se incrementaría a cinco en la siguiente jornada, en la que los blancos vencieron apuradamente al Real Valladolid, mientras que los azulgranas no pasaban del empate en «La Romareda» ante el Real Zaragoza, con gol de Luís Suarez. El título comenzaba a alejarse  de  un Barça demasiado irregular, asolado por una plaga de continuas lesiones  que obligaban a introducir cambios en la formación titular a cada partido. Por otra parte, el Real Madrid se estaba mostrando intratable, y llevaba también camino de pulverizar todos los records.

La jornada número catorce será testigo de otra nueva exhibición merengue, esta vez  en terreno del Betis, donde también ganaron “sin apearse del autobús “ (0 a 5), mientras que el Barça derrotaba por 4 a 2 en el «Camp Nou» a un Mallorca que dio más guerra de la esperada en su primera visita liguera, y al que únicamente la facilidad goleadora de Evaristo (3 tantos) consiguió doblegar. El otro gol lo marcaría Suarez. La portería del conjunto de la Isla de la Calma estaba defendida por el hijo del mismísimo Ricardo Zamora, «el Divino»

La Liga va a sufrir un parón debido a la Navidad, y el día 27 de Diciembre se jugará en terreno barcelonista un nuevo partido de Copa de Ferias. El adversario no parecía excesivamente temible – el Hibernians de Edimburgo-, pero los escoceses van a ser un hueso demasiado duro de roer y se irán para sus lares con un merecido empate a cuatro. Por el Barça marcaron Kocsis, en tres ocasiones, y Evaristo, y se alineó el siguiente equipo: Ramallets; Segarra, Garay, Gracia; Verges, Gensana; Villaverde, Kocsis, Evaristo, Kubala y Beitia. El año 1960 se despide con mal humor por parte de los socios y seguidores culés, y la figura el entrenador, como de costumbre,  está en el punto de mira. El juego del equipo no convence, y se rumorea el próximo cese del técnico balcánico

Finaliza la primera vuelta el día de Año Nuevo de 1961, y bien puede decirse que esa tarde se acabaron las remotas esperanzas que podía albergar el Barça de volver a revalidar su título de campeón, pues el Real Oviedo, con gol del ex-azulgrana Hermes González – vence en su feudo de «Buenavista» por 1 a 0, dejando ya al Barça a siete puntos del Real Madrid, y superado incluso en la segunda posición por el Atlético de Madrid. Para colmo de males, se va a lesionar Luís Suárez. Los números del equipo en esta primera ronda no son precisamente para tirar voladores: 19 puntos, que se desglosan en 8 victorias, 3 empates y 4 derrotas, con 33 goles a favor y 20 en contra.

Se inicia la segunda vuelta con un resultado negativo en el Camp Nou, donde el Athletic de Bilbao arranca un empate a dos que supondrá el final de Ljubisa Brocic como entrenador del Barcelona, cuando tan sólo llevaba seis meses en el cargo. Aguirre hizo los dos goles rojiblancos, mientras que Evaristo y Tejada marcaban los tantos de un renqueante Barça que formó así en el que va a ser último partido del serbio como responsable del cuadro catalán: Ramallets; Olivella, Garay, Gracia; Vergés, Segarra; Tejada, Kocsis, Evaristo, Kubala y Villaverde. Y el Madrid,  a 8 puntos ya.

Llegados a esa situación, se dudaba abiertamente del liderazgo de Brocic, y se aseguraba que-sin menoscabo de sus cualidades personales y técnicas-el equipo en nada había ganado cambiando a Helenio Herera por el balcánico. Los malos resultados y las continuas lesiones – que algunos achacaban a sus peculiares métodos de entrenamiento – le ponían en la picota, a pesar de ser también responsable de una verdadera proeza, tal como fue la eliminación del Real Madrid en octavos de final de la Copa de Europa. Además, se argumentaba que el fichaje de Garay, de cuya gran calidad nadie dudaba, había alterado el estilo de la defensa azulgrana, pues al tratarse de un central muy técnico, al que le gustaba salir con el balón controlado  y abandonar frecuentemente sus dominios, ello redundaba en la inseguridad de las líneas traseras, que estaban recibiendo más goles de lo habitual.

A las 9 de la noche del 12 de enero de 1961, el Club de Fútbol Barcelona va a convocar en su sede social de la Vía Layetana a la prensa deportiva de la Ciudad Condal, para darle cuenta puntual de sus últimas y trascendentes decisiones, según cuenta «El Mundo Deportivo» en su edición del día siguiente. La reunión tuvo lugar en el más amplio de los salones del local barcelonista, con la presencia de los componentes  del Consejo Directivo del Club, encabezados por su presidente, Miró-Sans, que tomó la palabra para comunicar que los acontecimientos deportivos se habían precipitado en las últimas horas, y aconsejaban «una estructuración vertebral de urgencia», que quedaba reflejada en la nota oficial que a continuación va a dar lectura el secretario del club, don Joaquin Viola Sauret, futuro alcalde de Barcelona en los años 1975-76, y asesinado más tarde en su propio domicilio junto con su esposa por un grupo terrorista :

«El Consejo Directivo del Club de Fútbol Barcelona ha estudiado con tiempo cierta reorganización de gobierno y servicios del club, ponderando debidamente el aspecto deportivo y el económico-administrativo, que están en innegable y recíproca dependencia. El momento actual aconseja no demorar la reforma. El rendimiento de nuestro primer equipo profesional en sus últimas actuaciones, no corresponde a las esperanzas depositadas en su valía, ni a la responsabilidad que tenemos contraída de defender nuestro glorioso nombre, y aun el de todo el fútbol nacional en las competiciones de Copa de Europa y Copa de Ferias, pero hasta el último minuto debemos esforzarnos en ganar o mejorar nuestra posición en las competiciones nacionales. Otra cosa, sería una deserción moral.

Ciertamente, la continuidad en el número y gravedad de nuestros lesionados, puede ser una parcial justificación, nunca total. Por ello nuestro primordial objetivo es rectificar el signo y volver a la vía de los triunfos propuestos y que nuestra afición legítimamente demanda, así como lograr la mayor solidaridad entre todos los buenos barcelonistas, cuya fe y respectivo deber no puede naufragar si el momento presenta dificultad.

A dicho fin, por unanimidad, se han tomado los siguientes acuerdos:

1º. Delegar la gestión ordinaria del Consejo en la Comisión Ejecutiva, prevista en el artículo 45 de los Estatutos, y compuesta por el Presidente, el Secretario, el Contador y el Tesorero, sin perjuicio de especiales delegaciones en otros miembros del Consejo, para cometidos determinados.

2º. Intensificar las relaciones interiores y exteriores del club.

3º. Aceptar el cese, a petición propia, del entrenador don Ljubisa Brocic, cuya caballerosidad y entrega a su labor merecen nuestro público reconocimiento, haciéndose  cargo de nuestro primer equipo profesional, don Enrique Orizaola, con toda la autoridad, autonomía y responsabilidad propias de tan delicado cargo.

4º. Reestructurar nuestros servicios técnico-deportivos, de modo que profesionales, en Comité o individualmente, tengan distribuida toda la competencia y respectiva responsabilidad, sin otras interferencias del Consejo que las connaturales a su alta misión de gobierno, especialmente en cuanto a la jerarquía y disciplina, y relaciones económico-contractuales.

Confiamos que estas medidas y voluntad sin reservas y coordinada de cuantos deseen cumplirlas y desarrollarlas, servirán eficazmente a los fines propuestos, se restablecerá la efusión barcelonista, a lo que nunca será obstáculo nuestro personal sacrificio, lograremos la necesaria colaboración de la sensata critica y, en definitiva, se levantará la moral de nuestros jugadores, para volver al nivel de victoria en todas las competiciones, al tiempo que se sentarán bases firmes para lograrlo en las venideras y para el desarrollo esplendoroso de nuestro querido club»

Y firman, en Barcelona a 12 de enero de 1961, el Presidente, Francisco (sic) Miró-Sans, y el Secretario, Joaquín Viola. Era evidente la voluntad de concentrar fuerzas-y poder-en un reducido núcleo dirigente, para afrontar el delicado momento, deportivo y económico, por el que atravesaba la entidad blaugrana. Y de este modo el joven técnico cántabro, que  había entrado en Can Barça casi de hurtadillas, con la misión de apoyar en todo lo posible a Brocic  para que este consiguiese su título de entrenador homologado para España, se veía ahora repentinamente responsabilizado  de la dirección de una gran plantilla que, si bien deambulaba con más pena que gloria por la Liga, aun seguía viva y coleando en las dos competiciones continentales.

UN TÉCNICO TROTAMUNDOS

Brocic03Pese al cese, el prestigio de Brocic no había desaparecido de la noche a la mañana, de manera que va a recibir otra oferta para seguir entrenando en nuestro país. Pero en esta ocasión no vendrá de uno de los «grandes», sino de un conjunto recién ascendido por primera vez a la División de Honor, el Club Deportivo Tenerife, y hacia las Islas Canarias se irá el buen técnico serbio. Los tinerfeños tenían un buen conjunto, en el que formaban varios jugadores que pronto serían figuras en el fútbol español, como eran los Ñito, Colo, Santos, Justo Gilberto, o José Juan, junto a futbolistas de reconocida solvencia, pero aun así su paso por la Primera División va a ser fugaz.Brocic va a dirigir al Tenerife solamente en las primeras ocho jornadas del Torneo de la Regularidad, y eso que los chicharreros debutaron con muy buen pie en la máxima categoría, goleando en el «Heliodoro Rodríguez López» a la Real Sociedad por 4 a 1, con tantos del posteriormente «magnífico» Eleuterio Santos (2), Paquillo y José Juan, y la siguiente formación: Ñito; Colo, Correa, Paquillo; Villar, Álvaro; Zubillaga, Santos, José Juan, Padrón y Aguirre. En la segunda jornada cayeron en «Sarriá» por 2 a 0, algo previsible, así como la derrota en su propio feudo ante el Barça a la semana siguiente, por 1 a 3, que les ponía ya con negativos, aunque en la cuarta jornada, y de nuevo en casa, volverían a vencer con amplitud, en esta ocasión a un Mallorca que sorprendentemente había arrancado con gran fuerza y ostentaba el liderato, 3 a 0, en un excelente encuentro donde marcaron Santos, Beitia y Aguirre de penalti.

A esas alturas eran sextos en la tabla, pero en la fecha siguiente fueron goleados en «San Mamés» por el Athletic, 5 a 0, y siete días más tarde, en un nuevo desplazamiento a la Península, van a caer por un solitario tanto, y de penalti, en el «Metropolitano» frente al Atlético de Madrid, y luego en la séptima volverán a sucumbir en el «Heliodoro…», aunque nada menos que ante el campeón, el Real Madrid (0 a 3), algo muy lógico, por otro lado. Son decimoterceros, con 4-4, pero en la octava jornada logran su tercera victoria, ante un gris Valencia, y entonces justamente es cuando va a ser cesado Brocic, con el equipo en zona de promoción, en el puesto 14, con 6 puntos y 4 negativos, pero habiendo jugado con los rivales más difíciles a excepción del Zaragoza.

Le sustituirá Vicente Gimeno Perales, provisionalmente durante tres jornadas, y a partir de la fecha número 12 ocupará el banquillo Enric Rabassa, paradójicamente el mismo técnico a quien él relevó en el Barça, y que no conseguirá finalmente la permanencia. Con posterioridad el preparador serbio seguirá ejerciendo su profesión durante casi dos décadas, tanto en Oriente Medio como en nuestras antípodas, puesto que dirigirá a las selecciones de Kuwait, Bahrein-donde se retirará de los banquillos-y Nueva Zelanda, así como al conjunto australiano South Melbourne Hellas. Va a fallecer precisamente en dicha ciudad el 16 de agosto de 1995, a la edad de 83 años.

Pero su debut no hizo honor al tópico, pues el Barça regresó derrotado de una nueva salida teóricamente asequible, a Valladolid, donde los locales se impusieron por un gol a cero, marcado por un joven e impetuoso ariete navarro llamado José Antonio Zaldúa. Esta fue la primera alineación presentada por el montañés: Ramallets; Olivella, Garay, Gracia; Vergés, Segarra; Tejada, Villaverde, Evaristo, Kubala y Beitia. La derrota al miércoles siguiente, en un amistoso internacional ante la Universidad de Chile en el Camp Nou – en una partido en el que actuaron varios jugadores del Condal – no pasó de ser un hecho anecdótico, pero en aquella temporada hasta las anécdotas adquirían tintes negativos.

Tres jornadas ligueras consecutivas llevaba sin vencer el Barça, un hecho que seguramente no se registraba desde hacía mucho tiempo, pero al menos en la que hacía el número 18 se quebró la mala racha, aunque fuera de forma apurada, en el propio Camp Nou y ante un rival de los teóricamente  inferiores, el Real Betis Balompié de los Daucik, padre e hijo. Gensana y Kubala hicieron los goles barcelonistas, y el equipo formó con: Ramallets; Foncho – que hacía así su debut en encuentro oficial-, Garay, Gracia; Vergés, Gensana; Tejada, Villaverde, Kocsis, Kubala y Beitia. Pero al domingo siguiente, vuelta a las andadas. En los Campos de Sport del Sardinero, el Racing de Santander derrota a un Barça desconocido por 1 a 0,  mediante a un tanto marcado por un ex-barcelonista, Francisco Sampedro, el héroe de la final copera del 57. Y la diferencia con respecto al Real Madrid era ya de auténtico escándalo: 12 puntos. Este fue el once que actuó en la capital montañesa: Ramallets; Foncho, Garay, Gracia; Gensana, Vergés; Tejada, Ribelles, Eulogio Martínez, Evaristo y Villaverde.




Enric Rabassa, un técnico olvidado (1960)

EnricRabassa01Miró-Sans va a destituir a Helenio Herrera a causa de la segunda derrota del Barça en el «Camp Nou» (la primera también se la había infligido el Real Madrid, en la Liga 57-58). Podía parecer sorprendente que con el brillante palmarés azulgrana de HH («doblete» el año anterior, y una nueva Liga y la final de la Copa de Ferias bien encarrilada) tuviera que dejar su puesto por culpa de la eliminación ante todo un tetracampeón europeo, algo nada extraño dado el inmenso potencial madridista. Los números de Herrera eran sencillamente excelentes (94 partidos oficiales dirigidos, con 71 victorias, 10 empates y tan sólo 13 derrotas, con 295 goles a favor y 95 tantos encajados, lo que arrojaba un porcentaje total de victorias del 75,33 %). Claro que el desencuentro de Herrera con la Directiva blaugrana ya venía de antiguo, debido a una acusada personalidad que levantaba ronchas, con el telón de fondo de las fuertes tensiones de tesorería que sufría la entidad a causa de la muy onerosa construcción del «Camp Nou»

El propósito del presidente era, al parecer, contratar como secretario técnico a César Rodríguez, el entrañable «Pelucas», y buscar juntos un nuevo ocupante para el banquillo. César, con casi 40 años, había retornado a la élite del fútbol español con el Elche, al que subió de Tercera a Primera en tan sólo dos temporadas, en calidad de jugador-entrenador. De hecho, el leonés va a presenciar el partido de vuelta de la final de la Copa de Ferias ante el Birmingham City, pero su compromiso con el conjunto franjiverde, que llegará bastante lejos en la Copa (hasta las semifinales), impidió su incorporación inmediata, y de ese modo, con el paso del tiempo, su opción se irá diluyendo.

La solución de emergencia, la más sencilla, será poner al equipo en manos del ayudante de Helenio Herrera, Enric Rabassa. Su nombre completo era Josep Enric Rabassa, Llompart, y había nacido en Barcelona el día 19 de abril de 1920. En su juventud fue jugador de equipos modestos como la U.E. de Sants, Badalona, Sant Celoni y Sant Sadurní , y en la temporada 1953-54 va a efectuar el Curso Nacional de Entrenadores, aprobándolo.  Se iniciará dirigiendo al Poble Sec, de la barriada barcelonesa del mismo nombre, para más adelante pasar a entrenar a los juveniles del Barça, y luego  convertirse en ayudante de Platko, Domenec Balmanya, y finalmente de Herrera, tarea que va a simultanear en la temporada 59-60 con la dirección del Condal, después de que su entrenador, Juan Gómez De Lecube, cesase en el cargo en la jornada 17. Suya va a ser la responsabilidad de afrontar el segundo partido de la final de la competición ferial, que el empate sin goles en St. Andrews había dejado bien encarrilada, y también la de tratar de revalidar el «doblete» de la temporada anterior, alzándose de nuevo con el triunfo en la Copa del Generalísimo. Pero vayamos por partes…

El debut de Rabassa en el banquillo barcelonista va a producirse en el terreno ferrolano de «Inferniño», el 1 de mayo de 1960. En realidad se trataba de un partido de mero trámite, por cuanto el Racing de Ferrol ya había sido ampliamente goleado en el «Camp Nou», en un encuentro celebrado entre los dos compromisos de Copa de Europa ante el Real Madrid. El resultado había sido de 7 a 1 a favor de los azulgranas, con tantos de Tejada (2), Kubala (2), Loayza, Martínez y Suco. En el choque de vuelta el Barça va a volver al imponerse por 1 a 3, conseguidos por Czibor, en dos ocasiones, y el peruano Loayza, y este fue el primer once presentado por Rabassa: Medrano; Olivella, Rodri, Pinto; Flotats,Vergés; Suco, Tejada, Loayza, Ribelles y Czibor.

El día 4 de mayo de 1960 el Barça saltó al césped del «Camp Nou» para dirimir el asalto final a la segunda edición de la Copa de Ferias con el siguiente equipo: Ramallets; Olivella, Rodri, Gracia; Vergés, Segarra; Coll, Ribelles, Martínez, Kubala y Czibor. El encuentro no tuvo demasiada historia, puesto que los catalanes se impusieron a los británicos sin grandes problemas por 4 goles a 1, marcados por  Martínez, Czibor (2) y Coll. El Barça contaba sus participaciones en dicho torneo por victorias. Lástima de la eliminación ante el Real Madrid, que abortó un hecho insólito durante mucho tiempo: la posibilidad de que un mismo club ganase dos competiciones continentales el mismo año.

EnricRabassa02El rival en octavos de final de la «Copa del Generalísimo» tampoco era precisamente de los más temibles, sino otro Segunda División, aunque con el aliciente de que se trataba de un cuadro de la región, el Terrassa (entonces «Tarrasa C.F. «). Sin embargo, plantearía mayores problemas que los gallegos de la ciudad departamental, aunque en absoluto insalvables. En el cuadro vallesano actuaban algunos jugadores con buena trayectoria en Primera, pero ya venidos a menos, como era el caso del ex-barcelonista Navarro II (Alfonso Navarro o «Navarrito», hermano de Joaquín «el Fifo) y el antiguo delantero del RCD. Español Cruellas. En el «Camp Nou» sólo cayeron por 4 a 2, en un partido que tampoco pasaría a los anales del deporte y en el que los goles azulgranas fueron obra de Martínez, por partida doble, Ribelles y Segarra. Esta fue la alineación azulgrana: Ramallets; Olivella, Rodri, Gracia; Vergés Gensana; Tejada, Ribelles, Martínez, Kubala y Czibor. En la vuelta, de nuevo se impuso el Barça al conjunto egarense, por un corto aunque suficiente 1 a 2, con goles de Martínez y Ribelles, y el siguiente once: Ramallets; Olivella, Gensana, Gracia; Vergés, Segarra; Tejada, Kubala, Martínez, Ribelles y Coll.

La siguiente eliminatoria ya fue harina de otro costal: nada menos que el «Rey de Copas», el Athletic de Bilbao, con el partido de vuelta en «San Mamés», donde el Barça había caído aquella misma temporada por 4 a 1. Rabassa puso en liza en el «Camp Nou» a Ramallets; Olivella, Gensana, Gracia; Vergés, Segarra; Tejada, Kubala, Martínez, Suárez y Czibor, y el resultado fue favorable para los colores azulgranas por 3 a 1, con goles de Kubala (2) y Tejada, pero dejaba aun las espadas en alto para la vuelta. El 12 de junio saltaron al césped de «la Catedral» los Ramallets; Vergés, Olivella, Gracia; Ribelles, Segarra; Tejada, Kubala, Martínez, Suárez y Villaverde, que no pudieron impedir que los leones les superasen de largo, consiguiendo un marcador que dejaba al cuadro catalán fuera del «Torneo del KO», 3 a 0.

Esta agitada  temporada 1959-60 va a finalizar con la disputa de cuatro encuentros internacionales de carácter amistoso. En los tres primeros, el Barça cayó ante la Sampdoria en Genova por 4 a 0, y se impuso en la Ciudad Condal a Monaco y Padova por 5 a 1 y 3 a 1, respectivamente, para cerrar la campaña en el «Camp Nou» el 3 de julio de 1960, recibiendo nada menos que la visita del Santos, con Pelé al frente. Y en esta ocasión los azulgranas podrán tomarse el desquite de la fuerte derrota encajada un año antes, 1 a 5, aunque presentando un equipo de circunstancias. Estos fueron los onces que disputaron tan atractivo compromiso: por el Barça, Ramallets; Segarra, Olivella, Gracia; Vergés, Ribelles; Tejada, Suárez, Martinez, Kubala y Villaverde, y por el conjunto paulista, Laercio; Carlos, Mauro, Calvet; Formiga, Zito, Dorval, Mengalvio, Coutinho, Pelé y Pepe. Los de Rabassa van a despachar una primera parte de ensueño, yéndose al vestuario con un concluyente 4 a 0 a su favor, obra de Kubala (2), Villaverde y Suárez, aunque en la reanudación los brasileños reaccionarán, consiguiendo tres goles (Pepe, en dos ocasiones, y el propio Pelé)

RABASSA FUERA DEL BARÇA

El tema de la continuidad de Rabassa al frente del equipo no llegó a plantearse, pero la opción César fue perdiendo enteros paulatinamente. Al final el Barça volvería a apostar por un técnico extranjero y prestigioso, el yugoeslavo Ljubisa Brocic, que había dirigido a equipos como el PSV Eindhoven y la Juventus de Turín, un caballero de grises cabellos y modales muy correctos, que apenas conocía nuestro idioma – no digamos ya el catalán…-, y que tendría que afrontar nuevamente cuatro competiciones, dos domésticas, y las otras dos continentales. El balance de la interinidad de Enric Rabassa se materializaba en la práctica consecución del título ferial, con 5 victorias en 6 partidos oficiales jugados, en los que se habían marcado 16 goles y encajado 9. El porcentaje de victorias podía parecer altísimo, un 83,3 %, pero también era justo añadir que el número de encuentros disputados con Rabassa en el banquillo había sido muy pequeño.

¿ Y qué fue de Rabassa una vez descargado de sus obligaciones con el primer equipo del Barça ?  Pues continuó entrenando, aunque su carrera en los banquillos no iba a ser demasiado dilatada. En la temporada 60-61 volvió al Condal, en el Grupo Norte de la Segunda División, dirigiendo los 30 partidos del filial barcelonista, que iba a perder la categoría al finalizar aquella campaña, aunque no por deméritos deportivos (había terminado la Liga en duodécima posición), sino porque el nuevo mandatario azulgrana, el empresario textil y antiguo directivo Enric Llaudet, decidió que los condalistas actuasen en Tercera, para reducir gastos (recuérdese la pésima situación económica del club).

De modo que el técnico catalán va a cambiar de aires. Comienza el curso 61-62 nuevamente como ayudante del efímero entrenador azulgrana Lluís Miró, pero muy pronto recibirá una interesante aunque arriesgada  oferta: sustituir en el banquillo del C.D. Tenerife, que militaba por vez primera en la División de Honor, a Vicente Gimeno Perales, que a su vez había reemplazado a Brocic. Lo hace desde la duodécima jornada hasta el final de la Liga, pero no puede conseguir la permanencia del cuadro canario, al cual toma ya como colista, con sólo 6 puntos y arrastrando 6 negativos, y cuyo descenso no es capaz de evitar – este se produce matemáticamente en la jornada número 27, en calidad de  «farolillo rojo» -, a pesar de contar con una plantilla en la que figuraban futbolistas como Ñito, Colo, Larraz, Justo Gilberto, Eleuterio Santos (uno de los  futuros «magníficos» del Real Zaragoza), José Juan o Gonzalo Beitia, antiguo jugador azulgrana.

Va a comenzar la Liga 62-63 en el banquillo del Deportivo de La Coruña, también recién ascendido a la máxima categoría. Pero antes, en la pretemporada, el cuadro blanquiazul se proclamará brillante vencedor de la XVII edición del trofeo «Teresa Herrera», en la que sus pupilos derrotan nada menos que al Benfica portugués, entonces vigente bicampeón de la Copa de Europa, por 4 goles a 2, marcados por Montalvo, Veloso, Antonio Ruíz y Loureda o Jaime Blanco, según las fuentes. Estas fueron las alineaciones de aquel histórico e inolvidable 9 de septiembre de 1962 en Riazor: por el Benfica, Costa Pereira; Angelo, Germano (Raúl), Cruz; Caven, Humberto; José Augusto, Eusebio, Aguas, Coluna y Simoes, y por el «Depor», Padrón; Miche, Rifé I, Domínguez; Antonio Ruíz, Aurre; Loureda, Escolá, Veloso, Jaime Blanco y Montalvo.

EnricRabassa03Sin embargo, en la décima jornada será cesado y sustituido por Rodrigo García Vizoso. En aquel momento el conjunto gallego – que finalmente descendería a Segunda – ocupaba la decimotercera posición, con 7 puntos y 3 negativos. Con posterioridad volvería a Cataluña, para dirigir al Hospitalet, en la categoría de plata, de cuyo banquillo va a saltar también en la jornada número 23, reemplazado por un antiguo jugador azulgrana, el uruguayo Dagoberto Moll. A partir de ese momento su carrera discurrirá por los derroteros de la Tercera División, entrenando al Atlético Baleares y al Réus Deportivo, este último en la temporada 68-69. En 1971 va a causar baja en el Colegio de Entrenadores, dedicándose a otras actividades, como por ejemplo la hostelería, explotando el bar «Kek Duna», propiedad de Zoltan Czibor, el inolvidable «Pájaro Loco» , quien – según cuenta el semanario «Revista Barcelonista», popularmente conocido como «RB», en marzo de 1967 – se lo arrendará por 25.000 pesetas mensuales. Víctima de una larga y penosa enfermedad, Enric Rabassa fallece en Barcelona el 29 de diciembre de 1980, con solamente 60 años de edad. Sirvan estas líneas como recuerdo y homenaje a un técnico modesto, que puso su profesionalidad y buen hacer al servicio del Barça en una coyuntura difícil, solventando la papeleta con buena nota.EnricRabassa04




Helenio Herrera. 1958-1960. Segunda parte

HelenioHerrera201Antes del inicio de la temporada 1959-60 Helenio Herrera, en funciones de secretario técnico, va a visitar Perú y Argentina, para presenciar partidos y observar jugadores. Le van a acompañar en el viaje su mujer y sus hijos Helenio y Rocío, y  regresará con tres contrataciones: los peruanos Miguel Loayza y Juan Seminario, jóvenes y grandes figuras en el país andino, y el guardameta argentino Carlos Medrano. Van a ser fichajes baratos (1 millón los dos peruanos, y 900.000 pesetas el argentino), pero el Barça va a sacar muy poco provecho de ellos. El arquero no podrá discutirle la titularidad a un Ramallets de nuevo en gran forma, aunque su presencia  le servirá como estímulo  para no dormirse en los laureles, y en cuanto a los dos restantes, uno de ellos, Loayza,  apenas sí jugará, abducido por los encantos de la gran ciudad a juicio de quienes siguieron entonces su trayectoria barcelonesa, y el otro, Seminario, ni siquiera llegaría a debutar, pues problemas burocráticos (al parecer había firmado también una opción con un intermediario)van a impedir su alineación. Terminaría yéndose cedido al Sporting de Lisboa, quedando posteriormente desvinculado del club azulgrana.

El verano del 59 va a ser parco en movimientos de jugadores en Can Barça, pues únicamente se marchan el guardameta Estrems, que pasa al Real Valladolid, su colega Larraz, y el delantero paraguayo Hermes González, que irá a engrosar las filas del Real Oviedo, siendo alta los ya mencionados junto con el extremo gallego Suco, procedente del Racing de Ferrol -que se incorpora una vez iniciada la temporada-, y el lateral canterano Pinto, que venía actuando asiduamente en el Condal. De modo que para afrontar las cuatro competiciones de esta superexigente temporada 59-60 -Copa de Europa y Copa de Ferias van a solaparse en el calendario intersemanal- Helenio Herrera va a contar con los siguientes efectivos: Ramallets, Medrano, Olivella, Rodri, Brugué, Rifé, Gracia, Pinto, Flotats, Gensana, Segarra, Vergés, Tejada, Suco, Loayza, Kubala, Ribelles, Evaristo, Kocsis, Eulogio Martínez, Luís Suárez, Czibor, Villaverde y Coll.

En la pretemporada va a producirse un resultado sensacional, incluso tratándose de un partido amistoso: Barça 12-Viena 1. Marcaron Evaristo (5), Suárez (2), Martínez (2), Villaverde, Tejada y Gensana. Y también tiene lugar  la primera participación del Barcelona en el trofeo gaditano «Ramón de Carranza», que se iba a convertir muy pronto en todo un clásico de nuestro fútbol estival. En el primer encuentro los blaugranas derrotaron al Standard de Lieja belga por 4 a 3, con goles de Czibor (2), Kocsis y Evaristo, clasificándose para la final, donde les esperaba nada menos que el Real Madrid, tetracampeón de la Copa de Europa. El encuentro va a ser muy disputado, y se saldará con victoria madridista por 4 tantos a 3 (Czibor, Villaverde y Evaristo hicieron los goles barcelonistas), y también con la grave lesión de Kocsis a consecuencia de una dura entrada de Santamaría, que abortaría su gran momento de juego y le mantendría alejado del equipo durante toda la primera vuelta de la inminente Liga.

HelenioHerrera202LIGA 59-60: PRIMERA VUELTA

La Liga 59-60 rompe el fuego el domingo 13 de septiembre de 1959. Para el Barça lo hace con un encuentro siempre atrayente, la visita del Athletic de Bilbao al «Camp Nou». Y los de Herrera van a prolongar el estado de gracia de la temporada anterior derrotando con claridad a los vascos por 4 a 1. Evaristo, Suárez, Martínez y Czibor hicieron los goles locales y Torre el bilbaíno,  en un partido arbitrado por el guipuzcoano González Echeverría y que presentó las siguientes alineaciones: por los azulgranas, Ramallets; Olivella, Rodri, Gracia; Segarra, Gensana; Villaverde, Evaristo, Martínez, Suárez y Czibor, y por los rojiblancos, Carmelo; Orúe, Garay, Rentería; Aguirre, Etura; Arteche, Marcaida, Torre, Uribe y Echave. Ya no estaba el veteranísimo y legendario Piru Gainza con los leones, y Kubala seguía ausente de la alineación titular, igual que a finales de la temporada anterior

Sin embargo la segunda jornada de competición se va a saldar con una sorpresa mayúscula: el recién ascendido Elche, con César como jugador-entrenador, derrota contra todo pronóstico por 2 a 1 al conjunto catalán en su feudo de «Altabix». El dominio va a corresponder al Barça, pero los ilicitanos van a ser más efectivos de cara a la meta contraria. Se adelantaron los de Herrera con un tanto de Suárez, pero Pahuet y Cardona van a darle la vuelta al marcador. El Barça se quedaba así a dos puntos del líder, el Atlético de Madrid.

La tercera jornada, no obstante, será más favorable, 6 a 0 a Osasuna en la Ciudad Condal, en un partido cuya primera mitad finalizó sin que se modificase el resultado inicial, aunque en la reanudación los blaugranas van a arrollar a los navarros con goles de Evaristo (3), Martínez (2) y Segarra. En la tabla, nada menos que siete equipos empatados en cabeza con 4 puntos cada uno, R. Madrid, Barcelona, Atlético de Madrid, Real Sociedad, Valladolid, Granada y Betis, dentro de una tónica de gran igualdad.

Pero unas semanas antes, el 3 de septiembre, el Barça iba a debutar en la Copa de Europa, con la esperanza de llegar muy lejos en el torneo. El sorteo va a enfrentarle al CDNA de Sofia, campeón de Bulgaria, y para allá se irá la expedición azulgrana, de la que no formaban parte sus tres jugadores húngaros (Kubala, Kocsis -aunque este se hallaba lesionado- y Czibor), pues al tratarse de exiliados políticos entraba dentro de lo posible que fueran detenidos por las autoridades comunistas, puesto que ambos países, Hungría y Bulgaria, se hallaban bajo la órbita soviética y eran integrantes del llamado «Pacto de Varsovia». El partido va a terminar con un resultado favorable a los intereses azulgranas, empate a dos goles, marcados por  Segarra y Martinez. Se jugó duro en el Estadio del Ejército, y Luís Suárez falló un penalty. Esta fue la primera alineación que presentó el Barcelona en un torneo que al principio iba a resistírsele, pero a la larga le reportaría grandes satisfacciones: Ramallets; Olivella, Rodri, Gracia; Segarra, Gensana; Ribelles, Evaristo, Martínez, Suárez y Villaverde.

Mas pese a la alegría por el resultado, el regreso en vuelo charter va a ser muy azaroso. El avión se encontrará con una fuerte tormenta sobre el Mediterráneo occidental, y todos los pasajeros las van a pasar canutas, lo cual dará pie a otra de esas jugosas anécdotas que cincelarían la leyenda herreriana, cuando al técnico, para levantar la alicaída moral de los suyos, que ya estaban casi rezando por sus amenazadas vidas, no se le ocurrió otra cosa que gritar de repente «¡ Mañana entrenamiento a las once !», lo cual distendió un poco el ambiente, tranquilizando relativamente a la expedición catalana, que poco después aterrizaría sana y salva en la Ciudad Condal, aunque con el susto todavía en el cuerpo..

El encuentro de vuelta va a servir para inaugurar la iluminación nocturna del «Camp Nou», y por supuesto también para dejar en la cuneta al cuadro búlgaro, que sucumbirá por 6 goles a 2, conseguidos por Kubala y Evaristo, tres cada uno. Y a la semana siguiente nuevo compromiso europeo. Partido de vuelta valedero para la Copa de Ferias, con devolución de visita al Inter, en la capital lombarda. Otra exhibición barcelonista, con triunfo final por 2 a 4, obra de Martínez (2), Kubala y Tejada. El Barça seguía pisando fuerte en el continente…

Partido importante en la cuarta jornada liguera, con visita al «Metropolitano», uno de los terrenos más difíciles de la categoría, y que al final no lo va a ser tanto, pues los azulgranas se impondrán merced a un solitario tanto marcado por Czibor  en el minuto 64, subrayando la superioridad catalana sobre los colchoneros. Con este resultado el Barcelona se encaramaba a la cabeza de la clasificación, superando en un punto a Real Madrid, Oviedo, Betis y un sorprendente Elche. Posición que mantiene al domingo siguiente, tras golear al Sevilla en el «Camp Nou», 5 a 0, con dianas de Kubala (2), Czibor (2) y Martínez.

Pero los de Herrera van a perder el liderato siete días más tarde, en Oviedo, al caer derrotados por 2-0 ante el conjunto carbayón (Lalo y Segarra en propia meta). El líder es ahora el Real Madrid, empatado a 9 puntos con los azulgranas.  Y en la séptima jornada se produce un resultado espectacular, pues el Barça aplastará a una flojísima Unión Deportiva Las Palmas en el «Insular» nada menos que por 0 a 8, en una exhibición ofensiva donde pusieron los goles Martínez, Villaverde, Gensana, Suárez (3)y Evaristo (2). El Madrid seguía encabezando la clasificación tras derrotar también muy ampliamente a Osasuna en el «Bernabéu», 7 a 0.

De regreso a la Copa de Ferias, el Barça va a viajar hasta la capital yugoeslava para medirse a una Selección de Belgrado. Nuevamente. al igual que ocurrió con el desplazamiento a Bulgaria, se quedan en Barcelona los húngaros. Al final, el marcador señala un esperanzador empate a uno, siendo Evaristo el autor del tanto azulgrana. Y en la Liga el Barça logra alcanzar a los merengues en la cabeza, aprovechando que estos empatan a 3 en el derbi madrileño, mientras que los catalanes se deshacen sin grandes dificultades del Real Valladolid por 5 a 1, aunque fueron los blanquivioletas los que se adelantaron en el marcador. Martínez (2), Suarez (2)y Kubala hicieron los goles locales. El Barcelona es líder por mejor coeficiente de goles.

Nuevo compromiso internacional entre semana, en esta ocasión de la Copa de Europa, partido de ida de los octavos de final . Se trata de una visita muy complicada, a «San Siro», para enfrentarse con el Milan, pero el momento dulce de los discípulos de Herrera les conduce de nuevo a un sonado triunfo sobre una de las mejores escuadras continentales, 0 a 2, con goles de Vergés y Suárez, que dejan ya muy encarrilada la eliminatoria. Y la jornada liguera número nueve trae nuevo cambio de líder, pues el Barça no puede pasar del empate a cero en «Los Cármenes» frente al Granada, en un partido gris donde los andaluces fueron incluso mejores. Los madrileños encabezaban la tabla con un punto más que los catalanes, y tras ellos, a cierta distancia, se asomaban los dos Atléticos.

En la décima jornada el Barça va a recuperar la cabeza al vencer por 3 a 0 y sin mayores complicaciones a la Real Sociedad en el «Camp Nou» (Gensana, Suárez y Kubala), mientras que el Madrid pinchaba en «Buenavista» ante un  Oviedo que realizó un gran partido y se hizo merecedor a la victoria, aunque al final el marcador señaló un injusto empate a uno. Los dos grandes ya les sacaban tres puntos a sus inmediatos perseguidores, Atlético de Madrid y Athletic de Bilbao. Finalizaba el primer tercio del campeonato, y los números del Barça eran excelentes: siete victorias, un empate y dos derrotas, con 33 goles a favor y tan sólo 6 en contra, lo cual arrojaba un balance de 15 puntos y 5 positivos. Y al domingo siguiente, en el «Santiago Bernabéu», se enfrentarían una vez más los dos colosos, con el liderato y buena parte del título en juego..

Pero antes el Barça tendría que recibir al Milán en el «Camp Nou», para dirimir el pase a la siguiente ronda de la Copa de Europa. Aunque los milaneses no van a ser enemigo, pues sucumbirán por 5 a 1, con tantos de Czibor (2), Martínez, Segarra y Kubala. Clasificados para cuartos de final, y líderes en la Liga. No parecía aquel precisamente el peor momento para enfrentarse a uno de los partidos cumbre de la temporada…

Sin embargo, en la Capital iban a pintar bastos. El Real Madrid se impondría por 2 goles a 0, abriendo brecha en la clasificación. El Barça no estuvo a la altura que se esperaba, y el Madrid acabó llevándose la victoria. Mateos marcó a poco de comenzar el encuentro, y Di Stefano, faltando ocho minutos para el final, redondeó el resultado. Estas fueron las alineaciones, a las órdenes del colegiado     vizcaíno señor  Gardeazábal: por el Madrid, Domínguez; Marquitos, Santamaría, Ruiz; Vidal, Zárraga; Herrera, Didí, Di Stefano, Mateos y Gento, y por el Barcelona, Ramallets; Olivella, Rodri, Gracia; Segarra, Gensana; Suco, Evaristo, Martínez, Suárez y Villaverde. Ausencias importantes en los dos bandos  (Puskas, Kubala, Czibor…), y un debut en las filas barcelonesas, el del joven extremo gallego Suco. El Real Madrid aventajaba ahora en 2 puntos a los azulgranas, en 3 al Athletic, y en 4 a su eterno rival rojiblanco.

Duodécima jornada, y nuevo cambio de líder. El Real Madrid va a tropezar en «Zorrilla» ante un reforzado Valladolid que no estaba realizando una mala campaña. El estado del terreno de juego, muy embarrado, no favorecía el juego madridista, más técnico, y el entusiasmo y el coraje de los castellanos pusieron el resto: 3 a 1, con goles de Morollón, Mirlo y Endériz para los locales, y Gento para los blancos. Y como quiera que el Barça se deshiciese sin ninguna dificultad del Betis en el «Camp Nou», 6 a 0 (Evaristo, 2, Vergés, Martínez, Gensana y Kubala), eran ahora los de Herrera quienes pasaban de nuevo al frente de la tabla por mejor coeficiente de goles, mientras el Athletic de Bilbao se acercaba peligrosamente, a tan solo un punto de la cabeza.

Y nuevo compromiso intersemanal, esta vez valedero para la Copa de Ferias: Barça 3 (Kubala, Evaristo y Martínez)-Selección de Belgrado 1. Un nuevo paso adelante hacia los objetivos de una temporada tan exigente. Pero en la Liga, el número 13 va a traerles mala suerte a los pupilos de Herrera, que en dicha jornada rinden  visita en «Mestalla» y saldrán derrotados por 2 a 0, siendo ambos tantos obra del delantero uruguayo Héctor Núñez. El partido ya se torció en el primer minuto, cuando abrieron el marcador los «ches», y pese al insistente dominio azulgrana estos no consiguieron igualar el choque, viendo como los levantinos, por el contrario, les hacían un nuevo gol. El Madrid recuperaba otra vez la cabeza, con un punto de ventaja sobre el Athletic y dos sobre el Barça.

La decimocuarta jornada no va a contemplar alteración en el pulso madrileño-catalán, aunque será muy negativa para un Athletic de Bilbao fuertemente goleado  (5 a 0)en el «Sánchez Pizjuán»  por un excelente Sevilla donde brillaban los jóvenes Szalay y Chús Pereda (dos tantos cada uno)y el paraguayo Agüero (autor de la diana restante). El Real Madrid derrota a la Real Sociedad en «Atocha» por 1 a 3, tras un excelente partido, mientras que el Barça va a tener muchos problemas para superar al Español en el «Camp Nou», lo que únicamente conseguirá gracias a un gol de penalti marcado por Kubala.

Y la primera vuelta del campeonato 59-60 va a finalizar el 27 de diciembre de 1959, abriendo aun mayor brecha el Real Madrid, que derrota al Las Palmas en el «Bernabéu» por un corto pero suficiente 2 a 0, obra de Gento y Didí, mientras que el Barcelona caía al tercer puesto al ser justamente derrotado en Zaragoza  por 3 a 1, en un partido donde sus grandes estrellas, Kubala y Suárez, no estuvieron a la altura de lo que se esperaba de ellas, salvando Villaverde el honor catalán. La tabla marcaba la mayor distancia hasta la fecha entre merengues y culés, cuatro puntos, con la perspectiva de tener que desplazarse los segundos en la próxima jornada al siempre difícil «San Mamés», para medirse a un conjunto rojiblanco que se había encaramado ya al segundo lugar de la general, a tres puntos del líder.

HelenioHerrera203LIGA 59-60: SEGUNDA VUELTA

1960 no empieza nada bien para los intereses del Barça, pues el domingo 3 de enero va a recibir un fuerte varapalo en «la Catedral». El cuadro azulgrana, diezmado por la gripe,  comparece con una alineación de circunstancias a un partido muy intenso donde si bien comienza marcando Martínez, el tanto visitante enrabietará a los leones, que se desmelenarán y terminan goleando a los de Herrera, merced a dos tantos de Arieta, y sendas dianas de Arteche y Marcaida. Gracias a que el Real Madrid regresó también de vacío en su visita a «Heliópolis», derrotado por el Betis por 1 0, la distancia entre ambos seguía siendo la misma, cuatro puntos, con el Athletic a uno solo de los merengues. Al domingo siguiente no se alteraría la distancia entre madrileños y catalanes, pero al no poder pasar del empate el Athletic en Valladolid, los vascos aflojarían un poco. El Real Madrid venció con muchos apuros al Valencia en el «Bernabéu» (2 a 1), y el Barça se impuso también sin brillantez al Elche en el «Camp Nou», 2-0, con goles de Kocsis y Suarez.

La jornada número 18 sí va a ser positiva, puesto que el Real Madrid tampoco regresó de «Sarriá» con los dos puntos, concediendo un empate a uno, y el Barcelona triunfó en el siempre difícil terreno de «San Juán», en un partido vibrante que sirvió para hundir un poco más a Osasuna en el fondo de la tabla. Los pamplonicas llegaron a igualar en dos ocasiones los goles de Suárez y Martínez, pero no pudieron impedir que el delantero hispanoparaguayo consiguiera finalmente el tanto de la victoria. El Athletic, por su parte, resolvió bien la papeleta, derrotando ampliamente al Granada en «San Mamés», por 3 a 0. A falta de doce jornadas por disputarse, la clasificación quedaba así: primero el Real Madrid, con 26 puntos, segundo el Athletic de Bilbao con 25, y tercero el Barça con 23. Más atrás, a la expectativa, quedaban Atlético de Madrid, Sevilla y Betis.

Al domingo siguiente todo va a quedar igual, pues vencieron los tres de arriba (con apuros el Madrid, brillantemente el Athletic en «Atocha», y con cierto desahogo el Barça en su feudo). Los azulgranas se impusieron por la mínima, 2 a 1, a un Atlético de Madrid que con ese resultado parecía descartado ya para cualquier aspiración al título. El partido fue muy competido en su primera mitad, pero en la segunda el Barça se adelantó  con goles de Evaristo y Kubala, este último al transformar un penalty, y únicamente acortarían distancias los rojiblancos a cinco minutos del final, por mediación de Polo.

Jornada 20. En ella va a ser el Athletic el más perjudicado, al caer en su propio campo frente al Real Madrid, 1 a 3, con cual pierde la segunda posición en favor del Barça. Sobre un terreno pesado, paradójicamente, los blancos van a ser mejores. Puskas, en dos ocasiones, y Pepillo hicieron los goles madridistas, mientras que Uribe marcaba para los vascos, inaugurando el marcador. El Barcelona va a pegar el acelerón imponiéndose en el terreno de otro de los conjuntos destacados de la temporada, el Sevilla. Los azulgranas dominaron ampliamente la parcela central del «Sánchez Pizjuán», y lograron un contundente 0 a 3, obra de Campanal, en propia meta, Suárez y Segarra. El Madrid era líder con 30 puntos, seguido de Barça y Athletic  con 27.

La vigesimopimera jornada no va a modificar esas posiciones en lo referente a blancos y azulgranas, aunque relegará a los rojiblancos bilbaínos a la tercera plaza, merced a su derrota en «Heliópolis». El conjunto blanco apaliza sin piedad al Elche en el «Bernabéu», 11 a 2, en un partido en el que Pepillo marcó cinco goles y Puskas logró cuatro, y el Barça se deshace en el «Camp Nou» con más dificultades de las previstas del Real Oviedo, que montó peligrosas contras. Evaristo (2)y Gensana anotaron para los de Herrera, mientras que el tanto asturiano lo hizo Vergés en propia meta. Real Madrid primero con 32 puntos, Barça segundo con 29, y Athletic tercero con 27, cuesta abajo últimamente. Pero antes de que dé comienzo un histórico sprint  final entre madrileños y catalanes, la Copa de Europa va a retornar al «Camp Nou». El adversario de los azulgranas en los cuartos de final es el Wolverhampton Wanderers, el campeón de Inglaterra, conocido popularmente como «The Wolves» («los lobos»). Sin embargo no va a ser enemigo en la ida, derrotado ampliamente por 4 a 0 (Villaverde en dos ocasiones, Kubala y Evaristo), un marcador que les pone las cosas muy difíciles para la vuelta.

La fecha número 22 tampoco cambia nada, ya que los dos primeros se imponen a los dos últimos de la general. Con más apuros el líder, que vence a Osasuna en Pamplona por 1 a 2, y aparatosamente el Barça, que le endosa otros ocho goles, al igual que en la primera vuelta, a la UD. Las Palmas. 8 a 0, en tarde inspiradísima de Eulogio Martínez, autor de cinco tantos, completados por los que hicieron Suco, Vergés y Olivella. El Bilbao ganaba al Valencia, pero aun le separaban cinco puntos del primer clasificado, y diría adiós a sus remotas aspiraciones siete días más tarde en «Sarriá», derrotado por el Español gracias a un solitario gol de Braga. El Barça, por el contrario, parecía lanzado, y el barro de «Zorrilla» no fue obstáculo para que superase ampliamente por 1 a 4 al Valladolid, con tantos de Suárez, Evaristo y Martínez (2), marcando el defensa Matito para los locales. La Liga ya perecía únicamente cosa de dos, con el Madrid en primera posición, y el Barça a tres puntos.

Que se reducirían a solamente uno al concluir la jornada 24. El Real Madrid visitaba el «Sánchez Pizjuán», y salía claramente derrotado por 4 a 1 tras un gran encuentro del Sevilla, con tantos de Szalay (2), Pereda y Antoniet, y Puskas por los merengues. El sevillista Ruiz Sosa y el ex-madrididista Chús Pereda rayaron a gran altura, y el guardameta Dominguez evitó una mayor goleada. Momento dulcísimo para un Barça que aun tenía que recibir a su gran rival en el «Camp Nou», y que el día 2 de marzo de 1960 iba a escribir una de las páginas más brillantes de su historial en «Molineux Ground», el terreno del Wolverhampton.

El húngaro Sandor Kocsis, «Cabeza de Oro», regresa al equipo titular, y lo hace a lo grande, obteniendo un póker de goles. Hasta la fecha ningún equipo del continente había vencido en un campo británico en partido de competición europea, y precisamente el Barça de Herrera va a ser el primero en lograr semejante proeza. Los azulgranas se imponen por 2 a 5 (Villaverde hará el otro gol catalán)y cómo sería su exhibición, que al finalizar el partido los ingleses van a formar un improvisado pasillo para aplaudir a los sudorosos y exhaustos barcelonistas, en una hermosa muestra de  fair play.

De nuevo en la Liga, el Real Madrid respira un poco gracias al relativo frenazo del Barça en «Atocha», donde no consigue romper el 0-0 inicial, en buena medida por culpa de la magnífica actuación del meta realista Araquistáin. Y como el Madrid no desaprovecha la visita del Oviedo a la capital, y les endosa un concluyente 8 a 1 a los azules, su ventaja va a aumentar ahora a dos puntos. Puskas, el asturiano Chús Herrera y Di Stefano marcaron por partida doble. A la semana siguiente los blancos debían desplazarse a Barcelona para disputar un encuentro que se antojaba decisivo para el título. Si ganaban los locales, y conseguían igualar o superar el 2 a 0 adverso del «Bernabeu», ya sólo dependerían de ellos mismos, aunque con semejante tónica de igualdad tal vez habría que echar mano de las matemáticas para dilucidar un posible empate a puntos…

El 20 de marzo de 1960 va a tener lugar uno de esos choques que se producen cada año y acostumbran a calificarse como «el partido del siglo». Estas serán las formaciones presentadas por ambos equipos: por el Barcelona, Ramallets; Olivella, Rodri, Gracia; Vergés, Segarra; Coll, Kocsis, Martínez, Suárez y Villaverde, y por el Real Madrid, Dominguez; Marquitos, Santamaría, Miche; Vidal, Ruiz; Herrera, Pepillo, Di Stefano, Puskas y Gento. Llamaban la atención las ausencias de Kubala, Evaristo, Czibor, Gensana y Tejada por el bando azulgrana, y las de los brasileños Canario y Didí, reciente campeón mundial, en los blancos. El árbitro fue el señor González Echeverría, perteneciente al colegio guipuzcoano. El Real Madrid planteó el encuentro a la defensiva, consciente de que un resultado positivo en el feudo azulgrana le daría prácticamente el título, y el marcador inicial va a mantenerse hasta el minuto 5 de la segunda parte, cuando Kocsis acierta a batir a Domínguez. Di Stefano conseguirá empatar pronto, en el 58, pero Eulogio Martínez deshará la igualada inmediatamente, en el 60, y dos minutos más tarde Villaverde establece el 3 a 1 definitivo ante el delirio del público culé, equilibrando así el tanteador de la primera vuelta.

El Barça alcanzaba así el liderato, por mejor cociente general de goles (2,77 por 2,48 de los blancos). Restaban solamente cuatro jornadas, y el calendario parecía ligeramente más benigno para los madridistas, que recibirían en el «Bernabéu» al Valladolid  y a la Real Sociedad, debiendo desplazarse a Granada-todos ellos conjuntos de la parte baja de la clasificación-y a Las Palmas (con la Unión deportiva ya desahuciada), mientras que el Barça iría al campo del Betis y al del Español, enfrentándose a Valencia y Zaragoza en el «Camp Nou».

Nada cambió en la jornada número 27, aunque el Valladolid a punto estuvo de dar la gran sorpresa en terreno madridista, donde realizó un magnífico encuentro y solamente pudo ser derrotado merced a un discutido gol logrado por Puskas. El Barça, por su parte, despachó brillantemente su visita a «Heliópolis», donde superó al Betis por 0 a 3, con tantos de Martínez, Evaristo y Kocsis. Y entre semana tuvo que afrontar nada menos que el partido de ida de la final de la Copa de Ferias, que en el estadio de St. Andrews le enfrentaría al Birmingham City. Pero los de Herrera, luchando en tres frentes-aun quedaba la Copa del Generalísimo-sacaron un excelente resultado en terreno británico, 0 a 0, que hacía prever los mejores augurios para el encuentro de vuelta. Jugaron: Ramallets; Olivella, Rodri, Gracia; Segarra, Gensana; Coll, Kocsis, Eulogio Martínez, Ribelles y Villaverde (todo el ataque titular de la campaña anterior-Tejada, Kubala, Evaristo, Suárez y Czibor-estuvo ausente, y ni con esas…)

La vigesimoctava jornada tampoco alteró la clasificación, aunque el Real Madrid volvió a sacar adelante su compromiso con muchos apuros, en un partido no apto para cardíacos disputado en «Los Cármenes» y que presentaba un preocupante empate a tres hasta que un defensor granadino, a escasos minutos de la terminación, introdujo el balón en su propia portería, dándoles los dos puntos a los merengues. El Barça tampoco resolvió con facilidad su compromiso ante un Valencia, que nunca arrojó la toalla. Gensana y Martínez adelantaron a los catalanes, y el brasileño Joel acortó distancias, poniéndoles el corazón en un puño a los socios y seguidores barcelonistas. Si la semana siguiente el Barça era capaz de alzarse con la victoria en «Sarriá», podía meterse medio título en el bolsillo, ya que mantenía su ventaja en el cociente general. Pero no sería nada fácil…

Y efectivamente no lo fue, pues el empate inicial se mantuvo hasta nueve minutos antes del final, cuando Suárez remató de volea un córner botado por Evaristo, y Eulogio Martínez, materialmente bajo los palos, sólo tuvo que empujar la pelota al fondo de las mallas, consiguiendo dos puntos de oro.  Estas fueron las alineaciones en uno de los derbis barceloneses más emocionantes y decisivos de la historia de ambos conjuntos: por el Español, Vicente; Argilés, Bartolí, Dauder; Sastre, Recamán; Ribera, Muñoz, Indio, Ribas y Camps, y por el Barça, Ramallets; Flotats, Rodri, Gracia; Vergés, Gensana; Martínez, Kocsis, Evaristo, Suárez y Villaverde, con el navarro Zariquiegui  como árbitro. Mientras, el Real Madrid vencía por 4 a 0 a la Real Sociedad en el «Bernabéu», con tres goles de Pepillo y otro del donostiarra  Irulegui en su propia meta, pero mejorar el cociente azulgrana parecía ya fuera de su alcance. De modo que si el Barça era capaz de vencer al Zaragoza en el último partido, al calor de todo su público, revalidaría el título, independientemente de lo que hiciese el Real Madrid en su visita a Canarias. En la Ciudad Condal ya estaban preparando el festejo, con globos, flores y sardanas…

Y aquella tarde, la del 17 de abril de 1960, todo salió a pedir de boca en Can Barça. Los azulgranas se impusieron contundentemente al cuadro aragonés por 5 goles a 0. Abrió el marcador Gensana en la primera mitad, y luego en el segundo tiempo fueron cayendo los tantos en el portal año, obra de Segarra, Martínez (2) y Evaristo o Suárez, según las fuentes. Apoteosis y vuelta triunfal al «Camp Nou». Pero el espectáculo no se detenía…La Diosa Fortuna había querido que el rival barcelonista en las semifinales de la Copa de Europa, cuyo encuentro de ida se celebraría solamente cuatro días más tarde, fuese….¡ el Real Madrid !

La victoria por la mínima de los blancos en el «Insular» no les sirvió para nada, pero casi sin tiempo para descansar iban a disponer muy pronto de una oportunidad para tomarse la revancha. El primer partido se jugaría en la capital, y esperaban recibir a un Barça un tanto relajado por la celebración del triunfo liguero tras un campeonato más reñido que ninguno anterior, pues jamás había tenido que recurrirse al cociente general de goles para conocer el nombre del campeón (3,07 frente a 2,55), reflejo de la enorme igualdad existente. Ambos equipos finalizaron con 46 puntos y 16 positivos, que en el caso de los azulgranas se habían conseguido merced a 22 victorias y 2 empates (con 6 derrotas, el doble que en la campaña anterior), marcando 86 goles y encajando 28. Era el octavo entorchado liguero que conquistaba el club catalán desde el inicio de la Liga, allá por 1929, con lo cual afianzaba su hegemonía en lo tocante al Torneo de la Regularidad.

HelenioHerrera204ELIMINACIÓN ANTE EL MADRID Y CESE FULMINANTE

De cara al trascendental encuentro europeo del «Bernabéu», el Barça se concentra en La Berzosa, en plena Sierra de Madrid. Y allí van a producirse algunos incidentes que de algún modo condicionarán el desenlace de la eliminatoria. Cuenta la leyenda barcelonista que los jugadores, alentados por Herrera-que se había distinguido siempre por apoyar las reivindicaciones  económicas de sus chicos-van a pedir que la Directiva aumentase la prima, a lo que esta al parecer se negó (aunque según algunas fuentes, lo que en realidad sucedió fue que un portavoz de los futbolistas preguntó si se iba a mantener la prima extraordinaria percibida tras eliminar tan brillantemente al Wolverhampton, o si se volvería a las cantidades estipuladas a comienzos de temporada). El club atravesaba por una grave situación financiera, lastrado por el enorme desembolso que había supuesto la construcción del «Camp Nou», y además la masa salarial de la primera plantilla había experimentado un considerable incremento desde la llegada al banquillo de HH, pasando de 9 millones de pesetas en la campaña 57-58 a 21 al finalizar el curso siguiente. También van a producirse algunos roces entre determinados futbolistas, todo lo cual no constituía precisamente el mejor clima para afrontar un partido tan delicado.

La noche del 21 de abril de 1960 van a saltar al terreno de juego del «Santiago Bernabéu» los siguientes hombres: por el Real Madrid, Domínguez; Marquitos, Santamaría, Pachín; Vidal, Ruiz; Herrera, Del Sol, Di Stefano, Puskas y Gento, y por el Barcelona, Ramallets; Flotats, Rodri, Gracia; Segarra, Gensana; Coll, Kocsis, Martínez, Suárez y Villaverde. En las filas madridistas eran novedad Pachín, procedente de Osasuna, y Del Sol, la gran estrella del Betis, mientras que en el conjunto azulgrana se echaban en falta nombres como Olivella, Tejada, Kubala, Evaristo o Czibor. Los azulgranas no van a realizar un buen partido y caen derrotados por 3 a 1, aunque se mantuvo con una derrota por la mínima hasta tres minutos del final. Di Stefano, en dos ocasiones, y Puskas hicieron los tantos merengues, mientras que Martínez anotaba por los catalanes. No era un buen resultado, pero tampoco una diferencia insalvable.

Sin embargo en el partido de vuelta, celebrado en la festividad de la Virgen de Montserrat, el Barça no sólo será incapaz de igualar la ventaja madridista, sino que va a ser batido de nuevo en toda regla, y el resultado aun pudo ser peor, de no mediar una gran actuación de Ramallets. Puskas, por partida doble, y Gento van a ser los verdugos del cuadro catalán, cuyo honor salvará el solitario tanto de Kocsis. La derrota-la primera que el equipo sufría en su propio feudo desde hacía un par de temporadas-lógicamente sienta fatal en la Junta presidida por Miró-Sans, quien va a tomar la decisión de destituir fulminantemente de su cargo a Helenio Herrera, algo que se hará efectivo tres días después de la debacle, el 30 de abril. Mas pese a ello, HH no se va a quedar precisamente en la calle….

El técnico hispanoargentino tenía como es natural buenos partidarios en Barcelona, avalado por sus grandes éxitos, pero también había un sector nada despreciable de la afición y de la prensa que no le tragaba. Y en previsión de unos problemas que acabaron por presentarse, meses antes de su cese ya había firmado un precontrato con el Inter de Milán, uno de los principales equipos italianos, que le ofrecía una remuneración de lo más generosa. De modo que no le importó demasiado tener que volver a hacer las maletas. Aunque  primero, como vulgarmente se dice, «la armó»…Al día siguiente de ser despedido, y en compañía de cierto periodista deportivo, se dio el gustazo de pasear por medio de las Ramblas. Naturalmente muchos aficionados le reconocieron, y comenzaron a asaetarle a preguntas acerca de lo que había sucedido realmente en la eliminatoria contra el Madrid. Y en un momento dado, como diría Johan Cruyff, su presencia provocó un gran tumulto e incluso fue levantado en hombros por algunos simpatizantes, acudiendo la policía a ver lo qué motivaba aquella alteración del orden público. De ahí surgió la leyenda de que HH había sido agredido, algo que él mismo desmentiría en sus «memorias», publicadas poco después. Provisionalmente su segundo, Enric Rabassa, iba a sustituirle en el banquillo del Barça para afrontar el encuentro de vuelta de la final de la Copa de Ferias, a la espera de la contratación de  un técnico de mayor prestigio y garantía.

UN TRABAJO EN ITALIA

Una vez en Italia, Helenio Herrera va a encontrarse con un panorama muy diferente al que dominaba entonces en el fútbol español. En el país transalpino el Deporte Rey se vivía con igual o mayor pasión que entre nosotros, pero los clubes estaban capitaneados por grandes industriales, que los gestionaban como si se tratasen  de una más de sus empresas. Angelo Moratti (1909-1981), el hombre que le contrata en 1960, es el patrón del Inter, un magnate del mundo del petróleo, y le va a conceder carta blanca. Pero aun así, pudiendo trabajar a su aire, sin molestas intromisiones directivas, sus primeras temporadas en el Calcio no serán todo lo triunfales que HH y los tifossi hubiesen deseado, pues la Juventus de Turín y el Milan son temibles competidores, y se alzan con el scudetto de las campañas 60-61 y 61-62, respectivamente, a pesar de que los negriazules poseen un magnífico equipo, liderado por un Luís Suárez en plena forma, que había abandonado al Barça en 1961, previo pago de 25 millones de pesetas, una cantidad de dinero entonces exorbitante.

Pero finalmente en 1962-63 el título va a ir a parar a las vitrinas del club lombardo, que un año más tarde derrotará a un envejecido Real Madrid en la final disputada en el Prater vienés, coronándose como nuevo Rey de Europa. Es el triunfo de una escuadra donde brillan los Sarti, Burgnich, Guarneri, Facchetti, Tagnin, Picchi, Jair, Mazzola, Milani y Corso, a los que pronto se unirán los Bedin, Domenghini o Peiró, todos ellos dirigidos por la mágica batuta de HH y liderados en el campo por el insuperable talento de Luís Suárez. Ese mismo año 1964 caerá también la Copa Intercontinental, al batir al Independiente de Avellaneda. Y en la campaña siguiente, la 64-65, la Grande Inter hará triplete:  un nuevo scudetto, su segunda Copa de Europa consecutiva, conquistada en el mismísimo «San Siro» ante el Benfica de los Costa Pereira, José Augusto, Torres, Eusebio, Coluna y Simoes, y otra Intercontinental, también a expensas de Independiente. Es el momento álgido del club y de Herrera, aunque su equipo no conseguirá despertar la misma admiración a la que se hicieron acreedores el Madrid de las cinco primeras Copas de Europa, el Ajax de Cruyff, el Milan de Arrigo Sacchi o el Barça de Guardiola, al considerarlo el paradigma del odioso catenaccio, en un momento en que el fútbol ofensivo comenzaba a recular, mirando más a la portería propia que hacia la contraria.

El Inter de Herrera obtiene un tercer título de Liga en la temporada 65-66, pero va a ser eliminado en semifinales de la Copa de Europa por el Real Madrid «Ye-yé», y allí terminará su breve reinado. Al año siguiente, 1967,  conseguirá de nuevo alcanzar su tercera final continental, en Lisboa, donde caerá contra todo pronóstico frente a un semidesconocido Celtic de Glasgow, cuyos once jugadores procedían todos de la ciudad escocesa o sus alrededores y les superan por 2 a 1, en un encuentro que no pudo disputar Luís Suárez por lesión. En 1968, coincidiendo con el abandono de la presidencia por Moratti, HH pondrá fin a su etapa interista, pasando a La Roma, donde ganará la Copa de Italia de 1969, y se mantendrá, con algún paréntesis, hasta 1973. En el curso 73-74 retorna al Inter, pero un infarto, a principios de 1974, le aparta del banquillo, siendo sustituido por Luís Suarez. Algún tiempo después volverá a la brecha dirigiendo al modesto Rímini, en la Serie B, al cual consigue salvar del descenso en primera instancia, pero que pese a toda su sabiduría se precipitará al pozo más adelante. Es su último trabajo en Italia, al margen de escribir autorizadas columnas, impartir doctas conferencias, conceder sabrosas entrevistas, y-por supuesto-contemplar y disfrutar la vida serenamente desde el dorado retiro de su palacete veneciano.

HelenioHerrera205BARCELONA, 20 AÑOS DESPUÉS: EL LARGO ADIÓS

Sus grandes éxitos al frente del Barça habían movido a los responsables de la Federación Española de Fútbol a utilizar en la temporada 1959-60 sus servicios como entrenador del combinado nacional, algo que repetirían con vistas  al Campeonato Mundial de Fútbol celebrado en Chile en 1962, cuando ya Herrera dirigía en el Calcio. Esa etapa de la carrera profesional de HH está minuciosamente documentada en el magnífico artículo que le dedica José Hernández Armenteros, y que fue publicado en los números 52 y 54 de «Cuadernos de Fútbol», de modo que únicamente haré mención de ella. En enero de ese mismo año 62 también va a regresar a la Ciudad Condal por unas horas con el Inter de Milán, para disputar un amistoso internacional en el «Camp Nou», registrando el coliseo azulgrana una gran entrada en un partido que concluyó con victoria barcelonista por 2 goles a 1, obra de Pereda y Zaballa, siendo Corso el autor el tanto negriazul. Volvió de nuevo como visitante al feudo culé en el verano de 1965, con ocasión del encuentro, igualmente con carácter amistoso, que sirvió como presentación del cuadro catalán ante su público. En esta ocasión el Barça derrotó más ampliamente a los milaneses, por 4 a 1, causando una magnífica impresión en un choque marcado por un feo gesto que Luís Suárez dirigió al que había sido su público, motivando que Herrera le sacase del campo.

Enric Llaudet, presidente de la entidad blaugrana entre junio de 1961 y enero de 1968, intentó en varias ocasiones contratar de nuevo a HH, una de ellas en el citado año 1965, cuando llegó a ofrecerle un cheque en blanco. Pero la oportunidad en la que Herrera estuvo más cerca que nunca de volver a sentarse en el banquillo del «Camp Nou» tuvo lugar en junio de 1969, apadrinada por el sucesor de Llaudet, Narcís De Carreras, y por el auténtico hombre fuerte de su ilusoria «Junta de Unidad», el polémico hombre de negocios Pere Baret, que en las postrimerías de aquel mismo año sería candidato a la presidencia barcelonista. Las cantidades ofrecidas eran astronómicas, superiores a los 10 millones de pesetas por temporada, y el hecho produjo un auténtico cisma en la Directiva y la afición culé, pero finalmente todo quedó en agua de borrajas (haremos amplia alusión a este mismo tema en un próximo artículo acerca del técnico catalán Salvador Artigas, que a corto plazo fue el auténtico damnificado por el Affaire Herrera)

De su otoñal dolce vita veneciana, en compañía de su tercera y última esposa, la periodista italiana Fiora Gandolfi, le va a sacar uno de sus equipos de referencia, el Barça, tras la destitución de Quimet Rifé, en marzo de 1980. Los catalanes marchaban francamente mal clasificados en la Liga española (figuraban en octavo lugar), y no sólo estaban totalmente descartados para el título, sino que sobre el club pendía la amenaza de no clasificarse para ningún torneo europeo, lo cual sería la primera vez que ocurriría en toda su historia. Era necesario, pues, dar un golpe de timón a la nave azulgrana, pero a aquellas alturas de la temporada muy pocos técnicos solventes se hallaban aun con el cartel de «libre», y un Josep Lluís Núñez cada vez más  cuestionado va a pensar en el «Mago», cuando justamente se cumplían 20 años de su marcha del «Camp Nou»

Liderado por un Herrera casi ya septuagenario desde el banquillo (como ya indicamos, la verdadera edad de HH va a estar siempre envuelta en el misterio), auxiliado por su antiguo Gran Capitan, Joan Segarra, como segundo, el Barça mejorará notablemente sus pobres prestaciones (6 partidos ganados, 4 empatados y una sola derrota), y va a finalizar en cuarto lugar-aunque a 15 puntos del campeón, el Real Madrid-consiguiendo seguir enganchado a Europa, al clasificarse para la Copa de la UEFA, batiendo récords una temporada más (es el único club  que ha estado permanentemente presente en competición continental desde que estas se iniciaron en 1955). Cumplida la misión con éxito, el veterano técnico va a retornar a orillas del Adriático, ejerciendo desde la distancia el descansado cargo de asesor presidencial.

Pero va a tomar las riendas del equipo nuevamente a poco de comenzar la temporada siguiente, 1980-81. Ladislao Kubala, tras finalizar la Eurocopa de Italia, había abandonado después de once años el puesto de Seleccionador Nacional, aceptando la oferta de Núñez para dirigir al Barça, tarea en la que contará con dos auténticos refuerzos de lujo: el gran goleador asturiano Enrique Castro Quini, y el joven zaguero vasco José Ramón Alexanko. Sin embargo las cosas no van a funcionar. El Barça camina a trompicones por la Liga-marcha undécimo clasificado en la novena jornada-, y el detonante de la crisis  se produce al ser estrepitosamente eliminado el equipo de la Copa de la UEFA por el Colonia, que tras ser derrotado en la ciudad renana por 0 a 1, va a golear a domicilio a los blaugranas en el «Camp Nou», 0 a 4.

Con Herrera al mando, las cosas vuelven a mejorar, y ahora con mayor brillantez que el año anterior. El equipo se recupera y pasa a los primeros lugares, discutiendo el título de Liga a Atlético de Madrid, Real Madrid y Real Sociedad, y tal vez únicamente el secuestro de Quini, perpetrado en el peor momento, cuando el Barça iba lanzado, le va a alejar del campeonato, aunque sí logrará alzarse con la Copa del Rey de 1981, al derrotar en la final disputada en el «Vicente Calderón» al Sporting de Gijón por 3 a 1, precisamente con dos dianas de «el Brujo» a sus antiguos compañeros. HH dejará para la historia y su leyenda particular nuevas y jugosas anécdotas, como por ejemplo cuando, en vísperas de un Barça-,Madrid declarará que el desaparecido Juanito «se marcaba solo», algo que va a producir la airada reacción del temperamental  jugador merengue, que marcará un gol en el partido y se irá derechito hacia el banquillo barcelonista para recomendarle a su provecto entrenador «que se vaya al asilo»

Pero HH no va a hacerle caso al futbolista nacido en Fuengirola, y en lugar  de ingresar en una residencia geriátrica retornará a su confortable palacete veneciano, donde aun disfrutó de bastantes años de plácida y placentera vida, hasta que por fin su corazón se detuvo el 9 de noviembre de 1997. Recibiría sepultura en un lugar elevado, cara al sol, tal como había pedido en alguna ocasión, un sitio desde donde podría gozar de una panorámica mayor que la ofrece un banquillo situado a ras del terreno de juego. Había sido un hombre carismático y genial, un técnico que escribió páginas brillantísimas, tanto en su profesión como en la más que centenaria historia del fútbol mundial, una de esas personalidades irrebatibles cuyo recuerdo siempre permanecerá imperecedero en la memoria de los aficionados y cuya fama será transmitida a las generaciones futuras.

MUCHO MÁS QUE UN ENTRENADOR: UN TÉCNICO CARISMÁTICO Y REVOLUCIONARIO

La pregunta del millón: ¿qué aportó Helenio Herrera al fútbol europeo de mediados del siglo XX? ¿Cuáles fueron las innovaciones que este técnico visionario  introdujo en el oficio de entrenar? Pues no precisamente pocas, y estas atañen a aspectos tales como el estudio metódico del rival, la preparación psicológica, física y táctica de los suyos, la profesionalización definitiva del propio jugador, o los sistemas mediante los que estos evolucionan  sobre el terreno de juego. Desmenucémoslos

Herrera fue un estudioso del fútbol, un técnico adelantado a su tiempo y que trataba de no dejar nada al azar, a esa «dinámica de lo impensado» como a veces se ha definido al más popular y universal de los deportes. Preparaba los partidos minuciosamente, gracias a que confeccionaba  fichas de todos los jugadores de los equipos rivales, con sus principales características, valiosas anotaciones que guardaba en cuadernos, aunque no los exhibía públicamente, a diferencia de la famosa «Libreta de Van Gaal». (este auténtico tesoro sería heredado a su muerte por uno de sus jugadores-fetiche, el lateral izquierdo interista Giacinto Facchetti, pionero de los carrileros). Es un hecho sobradamente conocido que cuando fichó por el Inter de Milán fue su propio hijastro, el cineasta y escritor asturiano Gonzalo Suárez, a la sazón periodista deportivo que firmaba sus artículos y crónicas con el seudónimo de «Martin Girard» , quien le pasaba informes de los equipos con los que iba a competir el cuadro negriazul, . Incluso cuando finalizaba la temporada les entregaba a sus jugadores un detallado plan de trabajo para las vacaciones, que incluía ejercicios físicos a realizar y una dieta alimenticia a seguir, para evitar que compareciesen el día de la presentación oficial del equipo con sobrepeso. Y es que HH estaba en todo…

Pero su aportación no se quedaba únicamente en la preparación táctica, simbolizada por el uso de la pizarra magnética y el concepto de «libero», un futbolista descargado de otras tareas, y que podía colocarse indistintamente delante o detrás de la línea defensiva, ya fuera apagando fuegos y barriendo balones (el «defensa escoba»)o iniciando el juego, buscando el pase a los compañeros mejor situados. Por ello se le tildaba de defensivo (hoy le llamaríamos «amarrategui»), atribuyéndosele ser el inventor del catenaccio, pero el beton suizo o el «cerrojo» que practicaba la Real Sociedad de Benito Díaz, el legendario «Tío Benito» , son cronológicamente anteriores. HH prescribía marcajes individuales, que fueron la tónica general hasta hace algunas décadas, cuando se impuso por doquier la cobertura zonal, y los marcajes al hombre se convirtieron en algo poco menos que herético.

Todo buen aficionado ha oído hablar maravillas de sus grandes dotes como psicólogo, un aspecto en el que fue también pionero. HH era un excepcional motivador para sus jugadores, de los que sacaba siempre el mayor partido, convenciéndoles de que eran superiores a sus rivales, no importaba el renombre que estos tuvieran. Conocía perfectamente al futbolista por haber sido «cocinero antes que fraile», sabía de su mentalidad, y dado su carácter de  hombre experimentado y cosmopolita, hecho a sí mismo, culto y  conocedor de varios idiomas, lograba meterse a sus pupilos en el bolsillo, y tenía un gran ascendiente sobre ellos. El jugador de aquella época, años 50 y 60,  era, por lo general, mucho más ingenuo y menos viajado que el actual, que casi desde edad infantil cuenta ya con un representante y se las sabe todas, y de ese modo caía fascinado ante la personalidad de HH, y este hacía con el lo que quería

Se ha llegado a hablar de magia e hipnotismo, de rituales y juramentos antes de saltar al césped, sobre todo en los partidos importantes. Eso forma parte de la leyenda de Herrera, pero lo cierto es que era un auténtico mago motivando a sus pupilos, y sabía generar como nadie el necesario de espíritu de grupo. Entre otras cosas, lo hacía colocando carteles en el vestuario, que con frases sencillas, claras y rotundas convenciesen al jugador de que era mejor que su contrincante, y le predispusiesen a salir y comese el prau, como decimos en Asturias. También le acompañaban acusaciones de que drogaba a sus futbolistas, en una época donde no existían los controles antidoping. Lo cierto es que los estimulaba a base de té y café, llegando a administrarles aspirinas, con mucha parafernalia y disimulo, consiguiendo un efecto placebo. Y para rematarlo, era un maestro absorbiendo buena parte de la agresividad de los públicos contrarios,  al desfilar ante ellos ostensiblemente en la previa, y así estos se desahogaban a voz en grito, y cuando salían los suyos al campo la pitada y la hostilidad eran menores.

En lo referente a sus métodos de entrenamiento, Helenio Herrera también fue un innovador.  Seguía un plan de trabajo semanal sistemático, que redundaba en la profesionalización de sus pupilos, superando el semiamateurismo que hasta entonces había presidido el fútbol español en lo tocante a la preparación, y haciendo hincapié en el aspecto físico, una faceta en la que nuestro país estaba bastante atrasado con respecto a otras naciones europeas. El lunes baño y masaje para los que habían jugado el domingo, con presencia de toda la plantilla. El martes una sesión suave. El miércoles trabajo fuerte, eminentemente físico-era el día más temido por los futbolistas-. El jueves continuaba a ese nivel, e incluía el partidillo entre todo el grupo que ya se ha convertido en un clásico. El viernes se volvía a entrenar  suave. El sábado se dedicaba al viaje,  o se efectuaba la concentración si se jugaba en casa, y de ese modo los chicos saltaban al campo el domingo (entonces casi siempre se jugaba ese día) con auténtica «hambre de balón». Y corriendo como gamos, porque para Herrera el fútbol moderno estaba basado en la velocidad, con la cual podían ganarse todas las batallas individuales: «piensa rápido, y juega rápido» era uno de sus lemas más queridos, repetido hasta el paroxismo.

Su sistema de juego en el Barça presentaba un equipo armado desde atrás, con un hombre libre-aunque entonces aun no se le denominaba así-apoyando a la defensa, un centro del campo fuerte, extremos retrasados («complejos» los llamaba él, y los utilizaría también en el Inter, como era el caso del teórico «11», Mario Corso)y contras letales en campo contrario. Esa filosofía, aplicada en los desplazamientos, podría ejemplificarse perfectamente con la siguiente frase: «A Antonio (Ramallets)que no le marquen, que arriba ya Tejada, Evaristo, Eulogio, Kubala, Kocsis o Suárez enchufarán alguna…

Gestionaba  el vestuario como un verdadero jefe de personal. Defendía a capa y espada los intereses de quienes le respondían en el campo, y de ese modo exigía a la Directiva que recompensase económicamente su buen rendimiento, algo que le trajo muchos problemas en un Barça endeudado hasta las cejas. Pero ejercía igualmente otras funciones, afines a lo que siempre se ha conocido como «Secretaría Técnica», pues realizaba fichajes por su cuenta y riesgo. Pedía-y solían concedérselos-plenos poderes, y no quería ver a los directivos ni en pintura, invadiendo su terreno. A ellos también les desagradaba ese modus operandi, pero mientras el equipo marchase bien hacían de tripas corazón transigían, aunque afilaban sus cuchillos para cuando pintasen bastos….HH y los medios informativos se retroalimentaban. Al técnico le encantaba gozar incluso de mayor  protagonismo que sus propios  jugadores, y para la prensa era todo un caramelo, alguien que les regalaba continuamente declaraciones sensacionales y magníficas y ocurrentes frases para componer  los titulares. Pero también va a denunciar una vez fuera del club la existencia de lo que hoy llamaríamos  «el Entorno  culé», en fecha tan temprana como 1962, refiriéndose a periodistas, dirigentes y aspirantes a serlo. Para el Barça » el Entorno» venía  a ser algo parecido, salvando todas las distancias, a lo que representaba en los Estados Unidos el «complejo militar-industrial» que censurase el presidente Eisenhower en su discurso de despedida de la Casa Blanca: una realidad inexcusable y mediatizadora  que se hallaba siempre presente, al margen de la buena o mala marcha del equipo, aunque naturalmente los resultados negativos tenían  la virtud de activarla.

Esa personalidad ególatra y fecunda, seductora y moldeada a sí misma a través de una vida rica en experiencias, se manifestaba también en su vida privada. Entrenó en Francia, España e Italia, y se casó con una mujer de cada una de dichas nacionalidades. La francesa le dio cuatro hijos, dos la española María Morilla-que aportó asimismo uno anterior, el citado Gonzalo Suárez- y finalmente tuvo otro con  la italiana. Y es que también en el amor fue cosmopolita y trotamundos, de manera que nada en su trayectoria resultaba  ordinario, vulgar, común…Helenio Herrera, genio y figura.

Para la realización de este trabajo, se han consultado las siguientes fuentes bibliográficas, hemerográficas y digitales:

HISTORIA DEL CAMPEONATO NACIONAL DE LIGA. Enrique y Nicolás Fuentes. Ibérico Europea de Ediciones. 1970

HISTORIA DE LA COPA. Enrique y Nicolás Fuentes. Ibérico Europea de Ediciones. 1971

¡ BARÇA, BARÇA, BARÇA ¡ HISTORIA del  F.C. BARCELONA. Jaume Ramón. La Gran Enciclopedia Vasca. 1974

CRÓNICAS DEL BARÇA. Antoni Closa. El Observador. 1991

YO. MEMORIAS DE HELENIO HERRERA. Planeta. 1962

HELENIO HERRERA. Pere Escobar y Pichi Alonso. Barcanova. 1998

CARA I CREU. EL  F.C. BARCELONA SOTA EL FRANQUISME. 1939-1975. Jaume S. Sabartés. Laia. 1982

REVISTA «BARÇA»

BD FUTBOL

LA WEB DEL CULÉ




Helenio Herrera: el primer entrenador mediático. 1958-1960 (Primera parte)

HelenioHerrera01En 1958 las estrellas del fútbol español podían llamarse Di Stefano, Kubala -ambos ya veteranos -, Luís Suárez, Gento (mucho más jóvenes), Kopa, Rial, Peiró, Collar, Segarra, Garay, o cualquiera de los ases extranjeros que invadieron nuestro mercado en dicha fecha (Puskas, Vavá, Walter, Kocsis, Czibor, Sánchez Lage…), pero siempre se trataba de jugadores, de los atletas, artistas o actores que protagonizaban el espectáculo. Había entre nosotros técnicos de renombre y prestigio, por supuesto, como por ejemplo el eslovaco Ferdinand Daucik, que ya había dirigido nada menos que a Barcelona, Athletic de Bilbao y Atlético de Madrid, pero ninguno de los ocupantes, siempre provisionales, del banquillo era capaz de eclipsar a los que intervenían sobre el césped. ¿ Ninguno… ?

Esta aseveración no es cierta del todo, pues sí existía un técnico con el suficiente carisma como para erigirse en una estrella tan refulgente como los futbolistas que actuaban a sus órdenes. Se llamaba Helenio Herrera, un trotamundos difícil de encasillar en una nacionalidad concreta (había nacido en Argentina, de padres españoles -andaluces por más señas -, su carrera como jugador se había iniciado en el Marruecos Francés, para luego continuar en la Metrópoli, y se había forjado como entrenador en el país vecino y en España, con un breve paréntesis portugués). Su currículo profesional presentaba ya algunos brillantes triunfos, y en nuestra tierra había llevado al Atlético de Madrid a la conquista de dos títulos de Liga consecutivos, en las temporadas 1949-50 y 1950-51, logrando con el Sevilla un casi imposible subcampeonato, superando los hispalenses al mismísimo Barça y a los dos Atléticos,  y clasificándose para jugar la Copa de Europa. Sus conocimientos tácticos y técnicos estaban, pues, fuera de toda duda, pero a ellos añadía una fuerte y acusada personalidad, y unas dotes de psicólogo y motivador por entonces inéditas en el mundo del fútbol.

Por todo ello no resultó extraño que Francesc Miró-Sans, el presidente azulgrana,  pensara en él para ponerle al frente de un Barça que acababa de estrenar un estadio de fábula y contaba con una plantilla de ensueño, pero no acababa de remontar el vuelo en el sentido triunfal que desearía  su gran masa de socios, aficionados y seguidores. Y con Herrera va a irrumpir -arrolladoramente, como todo lo suyo -la modernidad, pues el flamante técnico culé era rabiosamente moderno, tanto por su intensa relación con los medios informativos como por el hecho de que su propia identidad podía ser etiquetada en  unas llamativas y sonoras siglas, «HH», precisamente en un tiempo donde estaba muy presente, de candente actualidad, la existencia de un arma nuclear terriblemente letal, la «Bomba H», lo cual daba pie para todo tipo de chascarrillos. Y es que Helenio Herrera, al igual que ocurría con algunos famosos directores cinematográficos del momento, que eran más importantes que sus estrellas, y cuyo nombre constituía el principal reclamo de cara a la taquilla (privilegio del que participaban un selecto grupo de elegidos: Alfred Hitchcock, el primero de ellos, John Ford, Frank Capra, Billy Wilder, Federico Fellini o Ingmar Bergman), tenía el don de eclipsar, o casi,  a las figuras que estaban a sus órdenes.

UNA BIOGRAFÍA APASIONANTE

La biografía de Helenio Herrera es digna de una buena novela o una gran película. Contiene la cantidad precisa de elementos fuera de lo corriente como para  hacer atractiva una historia, en cuyo transcurso se forja una personalidad excepcional, ambiciosa, excesiva, irritante a veces, pero siempre fascinante. HH siempre abonó su mito con algo de misterio, su trayectoria no siempre aparece nítida, sino que existen en ella algunas zonas de sombra -aunque no empañan un ápice su extraordinaria aventura, llena de éxitos y boutades -tales como la cuestión de su verdadera edad, e incluso el hecho de haber jugado o no en la Selección Francesa.

Su nacimiento se fecha a menudo en 1916, los días 10 o 19 de abril -hay discrepancias sobre la fecha en que fue registrado -, pero bien pudo haber tenido lugar en 1910, o 1913, tal como aparece en algunas fuentes. La verdad es que Herrera siempre ofreció un aspecto de madurez física e intelectual, bastante por encima de sus futbolistas, lo que ya era palpable cuando dirigía al Atlético de Madrid, con sólo 33 o 34 años oficiales. La impresión que nos comunica es la de un hombre de mundo, con larga experiencia vital a sus espaldas, conocedor de todos y cada uno de los resortes que pueden motivar a un futbolista profesional de veintitantos, ingenuo, elemental y mucho menos formado que él. Era un autodidacta que había hecho acopio de esas vivencias a través de un largo periplo cosmopolita, e irradiaba un influjo irresistible sobre sus pupilos. Yo, personalmente, me inclinaría por 1910 como fecha de nacimiento, pero para nuestro trabajo no constituye un dato excesivamente relevante. Lo que importa es cómo se va a ir forjando el carácter de un hombre hecho a sí mismo, como dirían los norteamericanos (self made man), con esa magnética personalidad y una gran confianza y seguridad en sus potencialidades, así como un innegable componente ególatra y exhibicionista (lógico dada la naturaleza del trabajo que le hizo famoso), pero siempre fundado en una capacidad técnica, táctica y psicológica fuera de lo común, que le condujo a la cima, al éxito y a la gloria, en un campo tan difícil y competitivo como el del fútbol profesional.

Hasta nosotros ha llegado la imagen de un Helenio Herrera hipermediatico (cuando prácticamente ningún colega suyo lo era), con una irrefrenable incontinencia verbal, aureolada por ese puñado de frases que siempre se repiten al referirse a él -«se juega mejor con diez que con once», «ganaremos sin bajar del autobús»…-, pero, amén de ser un pionero en el empleo a su favor de los modernos medios de comunicación, fue un técnico magnífico, carismático y revolucionario, que introdujo métodos y sistemas novedosos, y colocó buena parte de los cimientos del fútbol moderno.

Como lugar de origen aparece Buenos Aires, lo que le convierte teóricamente en ciudadano argentino, aunque sea la República del Plata el país que menos incidencia vaya a tener en su formación posterior. Es inscrito como Helenio Herrera Gavilán (al parecer por un error, pues el deseo paterno era llamarle «Heleno»). Sus padres fueron dos emigrantes españoles, andaluces para más señas, Francisco Herrera, «Paco el Sevillano», un carpintero de ideas anarquistas, y María Gavilán, una criada. El matrimonio trabajaba en Gibraltar, el padre en los astilleros, y la madre sirviendo en casa de unos ingleses, pero no salían de pobres, y además tuvieron que sufrir la muerte de sus tres hijos. La emigración, pues, aparecía ante sus ojos -como para tantos otros millones de menesterosos -como la única posibilidad de abandonar una situación tan penosa y lamentable, y pusieron en ella todas sus ilusiones y sus parcos ahorros, subiéndose en Algeciras a un barco que zarpaba rumbo a la Argentina.

Por esa razón  Helenio va a ver la luz en la gran urbe porteña, pero por poco tiempo, porque tampoco dicho país demostró ser El Dorado para la familia Herrera, que sólo algunos años después de llegar al Nuevo Mundo van a tomar de nuevo sus humildes bártulos para abordar otro buque. En esta ocasión el destino será la zona francesa del Protectorado de Marruecos, y en concreto la ciudad de Casablanca, de reminiscencias tan cinematográficas ella. En su infancia el futuro entrenador va a conocer privaciones y miseria, y por lo tanto resulta lógico que el dinero pasara a ser una de sus principales preocupaciones. Esa fama de «pesetero» que siempre le acompañó estaba más que justificada por las circunstancias de su propia biografía: hermanos muertos en plena niñez y que no llegó a conocer, y unas precarias condiciones, habitando en chabolas de los barrios marginales de Casablanca y buscándose la vida desde muy crío. Todo eso fue moldeando un carácter inconformista y ambicioso, que le convirtió en un ganador. Su currículo profesional es impresionante: 7 campeonatos de Liga (4 en España y 3 en Italia), 3 de Copa (dos en nuestro país y la otra en Roma), 2 Copas de Europa y otras 2 Intercontinentales con el Inter, y 1 Copa de Ferias con el Barça, amén de muchos otros trofeos menores. Es evidente, a la luz de tanta orfebrería conquistada, que «HH» era mucho más que un bocazas arrogante y prepotente: un técnico preparadísimo, cerebral e innovador, cuyas responsabilidades excedían en mucho a las de un simple ocupante temporal del banquillo, invadiendo funciones más propias de un secretario técnico, un directivo, o incluso un presidente de club.

Comenzó pateando latas por los áridos descampados de Casablanca, para más tarde  confeccionar improvisadas pelotas de papel o de trapo, utilizando para ello las medias de su madre. De ahí pasó a los equipos federados del fútbol base marroquí, hasta pegar el gran salto a la Metrópoli. En Francia va a ir retrasando progresivamente su posición sobre el terreno de juego, hasta afianzarse en la línea defensiva. Nunca fue un gran jugador, pero suplió esas  carencias a base de coraje, entrega y empuje, derrochando nervio y velocidad, que iban a ser sus premisas una vez convertido en entrenador. Militará en varios clubes galos (Français, Red Star, CASG, Charleville, Stade Français…), a la vez que trabaja en diversos oficios y para importantes empresas como Citröen y Saint Gobain (el fútbol francés no podía considerarse entonces, en el período de Entreguerras, una actividad del todo profesional, como de hecho ocurría en muchos otros países). Vivirá  algunos malos tragos durante la Guerra y la ocupación alemana, como por ejemplo cuando tiene que huir de París en bicicleta y se encuentra de manos a boca con tropas nazis que se batían en retirada, pero su proverbial buena estrella –baraka lo llamarían en la Casablanca de su infancia-, nunca le va a abandonar, y consigue salir airoso de ese y algún otro trance peligroso.

Al llegar la paz, y antes de colgar las botas, comienza a entrenar, poniendo en práctica todo lo que había aprendido. El Puteaux es su primer club, y luego pasa al Stade Français. Allí va a descubrir a futbolistas tan destacados como el magrebí Larbi Ben Barek o el guardameta Marcel Domingo, a los que luego tendrá bajo sus órdenes en España. Y hablando de España…Su buen hacer en los banquillos no va a pasar desapercibido en nuestro país, a medida que se reanudan los contactos internacionales a nivel de clubes, y el Atlético de Madrid le hace una oferta que no podrá rechazar. Pero sucede que los colchoneros ya tienen entrenador, Taioli, y van a ceder a Herrera a un recién ascendido, el Real Valladolid, para que se vaya fogueando y tomándole la medida a  nuestras competiciones. Pucela es, por lo tanto, la primera singladura de su periplo español, tras pasar por su Argentina natal, el Protectorado de Marruecos y Francia

En el «Metropolitano» va a contar con una excelente plantilla, en la que -aparte de su compatriota Domingo y de Ben Barek, apodado «la Perla Negra» -figuran los Riera, Aparicio, Lozano, «Lobito» Hernández, Silva, Mújica, Juncosa, Miguel, Pérez Payá, Carlson o Escudero. HH los convierte en el mejor equipo español, ganando las ligas de 1949-50 y 1950-51, amén de otros trofeos de menor relieve, aunque luego los rojiblancos madrileños tendrán que ceder el cetro de la supremacía futbolística nacional al Barça de «las Cinco Copas», dirigido desde el banquillo por Daucik y en el terreno de juego por el portentoso Laszi Kubala, un personaje que volverá a cruzarse en su camino años más tarde. Una vez agotada la racha triunfal, y al cambiar el club de presidente, empiezan los problemas, y Herrera cesará en su puesto, para acto seguido hacerse cargo de un equipo en apuros, el Málaga, al que sin embargo no conseguirá salvar, a pesar de la evidente mejora de su juego. Estamos en la temporada 52-53, y de cara a la liguilla de promoción va a ser contratado por el Deportivo de La Coruña, que de su mano logrará la permanencia. Durante su breve estancia en «Riazor»  conoce a un prometedor juvenil llamado Luisito Suárez, cuyo enorme talento le maravilla. Años más tarde se convertiría en su jugador-franquicia.

Del norte al sur….Le ficha el Sevilla, presidido entonces por Ramón Sánchez  Pizjuán, donde va a pasar cuatro años inolvidables. Promueve a jugadores jóvenes como el asturiano Campanal, un superatleta -, el melillense Pepillo o el coriano Ruiz Sosa, que se convierten en figuras, y con el club hispalense aportará numerosos efectivos a la Selección Nacional, logrando también que veteranos como el navarro Arza rindan a su lado como en sus mejores tiempos (obteniendo el «Pichichi» en 1954-55). El equipo andaluz transita siempre por los primeros lugares, en 1955 llega a la final de Copa, perdiendo únicamente por 1 a 0 ante el Athletic de Bilbao de Daucik -que al año siguiente hará «doblete»-, alcanza el subcampeonato en 1956-57, y por consiguiente el derecho a disputar la siguiente edición de la Copa de Europa, y vence también en los prestigiosos trofeos «Teresa Herrera» y «Carranza».

Pero con la súbita muerte de Sánchez Pizjuán, al que se hallaba muy unido y que le había otorgado auténtica carta blanca para dirigir al equipo, comienzan nuevamente los problemas, de modo que aprovechando un incidente con un directivo sevillista Herrera fuerza su marcha del club, cuando todavía le restaban dos años de contrato. La Federación le suspende precisamente por ese período de tiempo, obligándole a reincorporarse posteriormente a la entidad andaluza para cumplir lo firmado. Es entonces cuando decide marcharse a  Portugal, donde la sanción federativa española no tiene efecto. Allí se hace cargo del Os Belenenses de Lisboa (1957-58), consiguiendo buenos resultados, pero en febrero del 58 ya le contactan los emisarios del Barça, para que intente reflotar un conjunto que camina sin pena ni gloria y ya hace cinco años que no gana la Liga. En un principio HH les da largas, pero en abril accede a desplazarse a la Ciudad Condal y tomar las riendas del cuadro azulgrana. El Barça, a todo esto, ya había conseguido que le retirasen la suspensión federativa, aflojando un millón de pesetas para indemnizar a los hispalenses y otras 200.000 para los lusos, como desagravio por privarles de su técnico. De modo que va a dar comienzo la «Era Herrera» en Can Barça. Su alargada sombra planeará después, durante toda la década de los 60, sobre el club catalán, que está muy cerca de volver a contar con sus inestimables servicios en 1965 y 1969. Finalmente, cuando ya su gran prestigio sea únicamente historia, logrará de algún modo reverdecer viejos laureles en 1980 y 1981, primero clasificando al equipo para la Copa de la UEFA, y más tarde conquistando la Copa del Rey, su última victoria en el banquillo.

FICHAJE POR EL BARÇA

Herrera dirigirá al Barça en los dos últimos compromisos ligueros, ya intrascendentes, que se saldan con una derrota por la mínima en Pamplona ante Osasuna (2 a 1, con gol de Suarez) y una clara victoria frente al Granada en el «Camp Nou», 4 a1, con dos goles de Basora, más sendos tantos de Martínez y Suárez. Al final, el cuadro azulgrana se clasificará nuevamente en tercera posición, perdiendo por segundo año consecutivo la posibilidad de jugar la Copa de Europa, al vencer el Real Madrid en ambos torneos, derecho que le corresponde al Atlético de Madrid, subcampeón. Este es el balance azulgrana en el campeonato 57-58: tercero, con 38 puntos y 8 positivos, a siete del campeón y a 4 del subcampeón. 17 victorias, 4 empates y 9 derrotas, con 69 goles a favor  y 38 en contra, aventajando en sólo dos puntos a un Valencia que había sufrido un campaña de lo más accidentada, a causa de la riada que devastó la ciudad del Turia en octubre del 57.

Va a sentarse en el banquillo en el partido de vuelta de la final de la primera edición de la Copa de Ferias, torneo que ya se les había puesto de cara a los azulgranas tras el empate a dos conseguido en la capital británica. Y pese al gran potencial de la selección londinense, formada por jugadores del Totenham, Arsenal, West Ham y Chelsea entre otros clubes, el Barça -que todavía viste el uniforme representativo de la Ciudad Condal-, aplasta a los ingleses por un contundente 6 a 0, obtenidos por Suárez y Evaristo (por partida doble), Martínez y Vergés. Así formó el primer campeón del torneo ferial aquel 1 de mayo de 1958: Ramallets; Olivella, Brugué, Segarra; Vergés, Gensana; Tejada, Evaristo, Martínez, Suárez y Basora. Ocho jugadores nacidos en Cataluña en el equipo.

Y en cuanto a la Copa del Generalísimo, bajo sus órdenes el equipo eliminará con facilidad al Real Zaragoza (3-4 en La Romareda, con tantos de Suarez, 3, y Kubala,  y 8 a 0 en el Camp Nou (Kubala 2, Martínez 2, Suárez 2 y Tejada 2) y al Valencia, derrotado en la Ciudad Condal por 3 a 0 (Gensana, Tejada y Kubala), y en «Mestalla» por 0 a 1 (Martínez), cayendo en semifinales ante el Athletic de Bilbao, que a la postre sería el campeón. Se impusieron los leones en «San Mamés» por 2 a o, pero en la vuelta, en un encuentro vibrante disputado bajo la lluvia, con un campo impracticable, el Barça estuvo a punto de forzar un tercer partido de desempate, al vencer por 4 a 3 (Basora 2, Martínez y Tejada)

Se va a cerrar la temporada 57-58 con un partido internacional amistoso en el «Camp Nou» entre el Barça y el Enschede holandés, que sirve de homenaje a Basora, quien abandona el fútbol con sólo 32 años, y todavía rindiendo a plena satisfacción. Van a vencer los azulgranas con un marcador sin paliativos, 8 a 3, con goles de Evaristo (3), Martínez, Segarra, Kubala, Tejada y el recién fichado Kocsis, y esta fue la formación que puso en liza Herrera aquel 29 de junio de 1958: Ramallets (Estrems); Olivella, Gensana, Gracia; Segarra (Suárez), Bosch; Tejada Kubala, Martínez (Evaristo), Kocsis y Basora, que -a diferencia de lo habitual -jugó el encuentro íntegramente.

HelenioHerrera02TEMPORADA 1958-59: PRIMERA VUELTA

Las principales novedades van a ser por una parte la marcha de un auténtico mito como Estanislau Basora, que como ya hemos dicho  se retira del fútbol con únicamente 32 años de edad  y aun en plenitud de facultades (de hecho, en su última temporada en activo había vuelto a ser internacional, y en el partido oficial que supuso su adiós, en las semifinales de la Copa ante el Athletic de Bilbao, se despidió marcando dos goles), y también la de Andreu Bosch, que a los 27, cuando los futbolistas llegan a su madurez, abandona el Barça para integrarse en las filas del Real Betis Balompié, que acababa de retornar a la élite después de muchas temporadas vegetando en categorías impropias de su brillante historial. Por contra, el club azulgrana va a realizar dos verdaderos fichajes de lujo, los delanteros húngaros Sandor Kocsis y Zoltan Czibor, integrantes de la mejor selección magiar de todos los tiempos.

Kocsis y Czibor, enrolados en el Honved, el equipo del Ejército, no van a regresar a su país en el momento que se produce la insurrección popular contra el régimen estalinista y satélite de Moscú, inmediatamente sofocada a sangre y fuego por los tanques soviéticos. Kocsis, «Cabeza de Oro», se refugiará en el fútbol suizo, concretamente en el Young Fellows, mientras que Czibor, el «Pájaro Loco», lo hará en Italia, donde jugó algunos amistosos con la AS Roma. Uno y otro llegan a la Ciudad Condal antes de finalizar la temporada 57-58, y se alinean en algunos amistosos. Son dos jugadores ya veteranos -ambos van a cumplir 29 años -, pero todavía le darán bastantes tardes de gloria al Barça, sobre todo Kocsis, quien permanecerá en la entidad catalana por un período de ocho temporadas. También se incorporan al equipo el defensa Rodri, que ya había jugado en Primera División dos años antes, con el Condal, Llorenç Rifé -otro zaguero -y el guardameta Larraz, así como Coll, que igualmente había militado en el filial. Por contra, Sampedro, el héroe de la final copera del 57, pasa a las filas condalistas, al igual que Biosca, que intenta recuperarse de la grave lesión sufrida en dicha competición, aunque finalmente no lo logrará y se verá obligado a retirarse, .

Así queda configurada la plantilla barcelonista de cara a la inminente temporada 58-59: Ramallets, Estrems, Larraz, Olivella, Rodri, Brugué, Rifé, Gracia, Flotats, Segarra, Gensana, Vergés, Tejada, Hermes González, Kubala, Ribelles, Evaristo, Kocsis, Eulogio Martínez, Suarez, Villaverde, Czibor y Coll. Herrera ha hecho oídos sordos a los propósitos de la directiva azulgrana, que barajaban el desprenderse de algunas de las figuras del equipo (concretamente Ramallets, Segarra, Evaristo y Luís Suárez), alegando que su rendimiento en la última temporada dejaba bastante que desear. Por el contrario, el nuevo técnico va a confiar ciegamente en ellos, que le responderán realizando todos una magnífica temporada. Herrera introducirá también una importante innovación en el trabajo cotidiano que tiene lugar en Can Barça, pues el equipo deja de entrenar en «Les Corts» para pasar a hacerlo en el «Camp Nou» («se debe entrenar donde se juega», fue su explicación).

Herrera pone todo su énfasis en conseguir un conjunto rápido y fuerte, físicamente a punto. Un equipo bien armado desde atrás, fortaleciendo la parcela defensiva, logrando el control del centro del campo, y siempre con una gran velocidad de ejecución, sorprendiendo en ataque, tanto por la intrínseca calidad de sus delanteros (podía presentar dos líneas de ataque completamente diferentes pero de una similar calidad) como por la explosiva rapidez de sus contras. Todo ello se pondrá ya de manifiesto antes de iniciarse el campeonato de Liga. El Barça va a realizar una gira por diversos países europeos (Suiza, Bélgica y Holanda), que arroja un balance espectacular: cinco partidos jugados, con tres victorias y dos empates, marcando la friolera de  26 goles goles y encajando 8. Los augurios no pueden ser mejores. Y van a confirmarse ya en el encuentro que abre la Liga 58-59, en el Camp Nou frente al Valencia.

Esa primera jornada se disputa el domingo 14 de septiembre de 1958, y ambos equipos presentan las siguientes alineaciones: por el Barça, Ramallets; Olivella, Rodri, Gracia; Vergés, Segarra; Tejada, Evaristo, Martinez, Kubala y Czibor, y por el Valencia, Goyo; Mestre, Quincoces, Sócrates; Sendra, Piquer; Mañó, Ricardo, Machado, Walter y Fuertes. Tras un primer tiempo anodino, que terminó con victoria mínima barcelonista por 1 a 0, en la reanudación el equipo azulgrana se va a desatar, consiguiendo cinco nuevos goles. Los autores de los tantos serán Evaristo (2, uno de ellos el que abrió la «lata»), Martinez (2), Tejada y Czibor, despachando este último un magnífico encuentro, así como el debutante Rodri, que realizará un excelente marcaje al delantero brasileño Machado, bastante más alto que el zaguero catalán.  Arbitró el señor Ortiz de Mendíbil, del colegio vizcaíno.

En la segunda jornada al Barça le toca visitar el siempre difícil terreno de «Atocha». Las crónicas de la época nos hablan de un partido de escasa calidad, con dos equipos demasiado precavidos que hicieron tablas. Evaristo logró el gol azulgrana. Tampoco va a ser muy destacado el juego barcelonista en la tercera jornada, donde se impone fácilmente al Granada en el «Camp Nou», con goles de Czibor, Kubala y Suárez. Los azulgranas son terceros en la tabla, con 5 puntos, a uno del sorprendente líder, el Betis, que acababa de volver a Primera División tras década y media de ausencia, y contaba sus partidos por victorias.

Pero la cuarta fecha va a traer cambio de líder, pues los bélicos ceden su primer encuentro en «Sarriá», frente al Español, lo que va a aprovechar el Real Madrid para encaramarse a lo más alto de la clasificación, tras aplastar a Osasuna en el «Bernabéu» por 8 a 0. Aunque el Barça no pierde comba y se sitúa en segunda posición, merced a un brillante partido en el flamante «Sánchez Pizjuán» hispalense, superando  a un entusiasta Sevilla por 0 a 2, marcados por Evaristo y Segarra, en un choque que contó con la nota negativa de la grave lesión del central barcelonista Brugué, lo que obligó a los catalanes a jugar la segunda parte con sólo diez hombres (¿ tal vez se acuño allí la célebre frase de Helenio Herrera ?)

La quinta jornada deja las cosas por la alturas tal como estaban. El Real Madrid derrota en Sevilla a un Betis que parece deshincharse tras su fulgurante comienzo (2 a 3), mientras que el Barça se deshace con facilidad del Athletic de Bilbao por 3 a 0 en el «Camp Nou», donde los «leones» no fueron tan fieros, con goles de Czibor, Kubala y Suárez. Un punto arriba los madrileños. Distancia que se va a mantener en la sexta jornada, con victoria de los blancos en la capital (3 a 0 al Zaragoza), y gran triunfo azulgrana en «Sarriá», con un Kubala como en sus mejores tiempos. Suárez, Tejada y Evaristo hicieron el claro 0 a 3. Al domingo siguiente, enfrentamiento en la cumbre en el «Camp Nou», Barça-Real Madrid, separados ambos por un solo punto, mientras que el Atlético de Madrid era tercero, a tres puntos de los azulgranas y cuatro de los merengues.

El 26 de octubre de 1958, en la séptima jornada, el Barça se va a alzar con el liderato al derrotar ampliamente al Real Madrid por 4 a 0, dominándole en todos los terreno. El brasileño Evaristo de Macedo realizó un partido compuestísimo, anotando tres goles, siendo el cuarto obra de Tejada. Fueron expulsados Czibor y Santamaría, y ambos equipos formaron de la siguiente manera, a las órdenes del colegiado vizcaíno señor Birigay: por el Barcelona, Ramallets; Olivella, Rodri, Gracia; Flotats, Segarra; Tejada, Kubala, Evaristo, Suárez y Czibor, y por el Real Madrid, Alonso; Marquitos, Santamaría, Lesmes II; Santistéban, Zárraga; Kopa, Rial, Di Stefano Puskas y Gento. Ahora el Barça encabezaba la clasificación con 13 puntos, aventajando los madridistas en uno y a los colchoneros en tres. Los azulgranas eran ya el único equipo imbatido, y tan sólo habían encajado un gol en siete jornadas de competición.

Pero la general va a dar un vuelco a la jornada siguiente, en la que los pupilos de Herrera regresan de su visita a «El Molinón» con una sorprendente derrota a pies del Sporting de Gijón, que ya les había superado en el mismo escenario la temporada anterior. Más rápidos y entusiastas, los asturianos se impusieron a la mayor técnica catalana con goles de Rodríguez II e Iborra, mientras que Evaristo marcaba para el Barça. El Real Madrid era nuevo líder con 14 puntos, tras endosarle una «manita» a sus eternos rivales ciudadanos en el «Bernabéu» (5 a 0). Después venía el Barça con 13, aventajando en tres a Atlético y Athletic. La Liga parecía cosa de dos…

Impresión que se vería corroborada tras la novena jornada. El Atlético de Madrid no podía pasar del empate en el «Metropolitano» ante el Sporting, lo mismo que el Athletic de Bilbao en su visita a «Atocha», mientras que Madrid vencía en Oviedo (0 a 2), y el Barça hacía lo propio con un defensivo Celta en el «Camp Nou» (2 a 0, obra de Gensana y Evaristo, que pasaba a encabezar la clasificación de goleadores). Y hagamos un inciso en el devenir de la Liga, para reseñar que el 12 de noviembre de 1958 el Barça se va a estrenar en la segunda edición de la Copa de Ciudades en Feria, rindiendo visita al terreno del Basilea helvético, un campo que volvería a cruzarse en su historia en un par de señaladas ocasiones. Los azulgranas saldrán victoriosos por 1 a 2, con tantos de Evaristo y Gensana, poniendo en franquía la eliminatoria, cuyo partido de vuelta ya no se haría esperar demasiado, tan sólo unos dos meses escasos…

Vuelve la Liga, que consume su primer tercio. El Barça se desplaza a otro complicado terreno norteño, el «San Juán» pamplonica, donde tampoco consigue salir con los dos puntos. Cuentan que fue un gran partido, en el que se adelantó la escuadra catalana por medio de Suárez, remontaron los navarros a base de furia, y Tejada, casi al final, logro la igualada definitiva. Y como quiera que el Real Madrid batía en la capital al Valencia (3 a 0), se afianzaba en el liderato, con dos puntos de ventaja sobre los azulgranas, y con el resto de seguidores ya a una considerable distancia. Los números del Barça en este primer tercio de competición eran magníficos: 16 puntos y 6 positivos (7 victorias, 2 empates y sólo una derrota, con 27 goles a favor y únicamente 5 en contra), pero es que el Madrid se mostraba intratable, pues salvo la fuerte derrota del «Camp Nou», contaba todos sus partidos por victorias, habiendo marcado la escalofriante cifra de 35 tantos.

No obstante en la undécima jornada los blancos van a ceder un nuevo punto, pues en San Sebastián no pasaron de un empate a cero ante la siempre correosa Real Sociedad en el curso de un mal partido, lo que aprovechó el Barça (que se impuso con cierta dificultad al Betis en la Ciudad Condal, a despecho del marcador final, 4 a 1, con tantos de Evaristo, Kubala, Kocsis y Suárez), para aminorar la ventaja merengue a un solo punto. Sin embargo siete días más tarde los de Herrera van a tropezar en «La Romareda» ante el Real Zaragoza, que les derrotó por 2 a 1, siendo Tejada el autor del tanto culé El Real Madrid, triunfador del Granada en su feudo por 2 a 0, va a despegarse ahora en cabeza, aventajando a los azulgranas en tres puntos.

La decimotercera jornada no trajo cambio alguno en cabeza. El Real Madrid venció en su desplazamiento al «Sánchez Pizjuán» por 1 a 3  a un Sevilla que se debatía en los últimos lugares, y que en nada recordaba a aquel equipo combativo que tanto se había significado precisamente con HH en el banquillo. Di Stefano seguía como en sus mejores tiempos, y había venido a unírsele un Puskas ya veterano y con sobrepeso, pero letal ante la meta contraria. El Barça, por su parte, no tuvo problemas para deshacerse de la UD. Las Palmas por un claro 5 a 1, marcados por Suárez (2), Evaristo, Kubala y Felo en propia puerta. Continuaban los tres puntos de diferencia de los blancos sobre los de Herrera.

Que bajaron a sólo dos el domingo siguiente. En el «Bernabéu» Real Madrid y Athletic de Bilbao hicieron tablas, en un buen partido donde Carmelo le detuvo un penalti a Di Stefano, mientras en el «Camp Nou» el Barça destroza literalmente a un Atlético de Madrid dirigido por Daucik pero incapaz de aspirar a nada, a pesar de los dos grandes refuerzos de su delantera, el angoleño Mendonça y el brasileño Vavá, campeón del Mundo con Brasil en Suecia. Evaristo en dos ocasiones -no había estado con la Canarinha pero aquí era «Pichichi»-, Tejada, Czibor y Vergés redondearon el escandaloso 5 a 0.  Y la primera vuelta va concluir dos semanas más tarde, el Día de los Inocentes, y nada menos que con un cambio de líder, pues el Barcelona, rotundo triunfador en Oviedo, va a aprovecharse  de la inesperada derrota madridista en «Sarriá» frente al Español por 2 a 0, en otro de esos típicos partidos donde el equipo técnicamente superior se ve sorprendido por la velocidad y el nervio del teóricamente inferior, que le va a derrotar con goles de Aguirre y Coll. Mientras tanto, el Barça despachaba un magnífico encuentro en «Buenavista», con un extraordinario Luís Suárez llevando la manija. 2 a 4, y goles de Evaristo (2), Tejada y Suárez.

Al término de la primera fase del campeonato, el Barça encabezaba la clasificación por su mejor tanteo particular con el Real Madrid. Ambos sumaban 24 puntos, que en el caso de los azulgranas se desglosaban de la forma siguiente: 11 victorias, 2 empates y 2 derrotas, con 48 goles a favor y 11 en contra. Los de Herrera habían conseguido alcanzar y superar a los madridistas en capacidad goleadora merced a sus últimos abultados resultados. Y si su ataque resultaba demoledor, su defensa era también la menos batida de todo el campeonato. La segunda vuelta, con las difíciles salidas a «Mestalla»,  «San Mamés», «Bernabéu» y «Metropolitano», se presentaba apasionante, con los dos Atléticos a la expectativa por si los de arriba se dormían…

TEMPORADA 1958-59. SEGUNDA VUELTA

El Barça inicia la segunda ronda con un siempre complicado desplazamiento a «Mestalla», a pesar de que el Valencia ya no era el equipo temible de la década anterior o la primera mitad de los 50. Pero los azulgranas se impondrán por completo a los «Chés», no reflejando el resultado su absoluta superioridad, 1 a 2, con goles de Tejada y Coll, y el mérito añadido de que no se alineó ninguna de sus dos grandes figuras, Kubala y Suárez. Y como el Real Madrid le endosó nada menos que diez goles a la UD. Las Palmas en el «Bernabéu», ambos equipos seguían comandando la general, con el Athletic de Bilbao a cuatro puntos.

El Día de Reyes, el «Camp Nou» volvió a ser escenario de un partido de la Copa de Ferias. Rendía visita el Basilea suizo, que va a ser nuevamente derrotado (5 a 2, con tantos de Czibor, en dos ocasiones, Villaverde, Evaristo y Hermes González) y por consiguiente eliminado de la competición. Y la decimoséptima jornada resultará bastante favorable para los intereses blaugranas, puesto que el Barça va a derrotar por 4 a 2 a la Real Sociedad en el «Camp Nou», con goles de Evaristo, Vergés, Tejada y Ansola en propia meta, mientras que el Real Madrid sólo podía cosechar un triste empate a cero en el feudo de uno de los colistas, el Sporting de Gijón, de modo que los de Herrera eran ahora líderes en solitario con un punto más que los merengues.

Todo va a seguir igual tras la jornada número 18. El Madrid derrota al farolillo rojo,  el Celta, por 3 a 0 en la capital, y el Barça se impone claramente al Granada en «Los Cármenes» por 1 a 4, con goles de Suárez, Coll y Evaristo (2). Y tampoco la fecha siguiente altera las cosas, con apurada victoria madridista en Pamplona ante Osasuna, 1 a 2, y fácil triunfo barcelonista sobre el Sevila en la Ciudad Condal, 4 a 0, con hat-trick de Tejada, y Czibor completando la goleada.  Pero el panorama bien podría cambiar siete días más tarde, pues el Barça visitaba en «San Mamés» a un Athletic que todavía  contaba con remotas aspiraciones, mientras que el Real Madrid recibía a un buen Betis, aunque no se esperaban sorpresas.

Y el Barça va a salvar el difícil obstáculo con nota, superando a los bilbaínos en su propio feudo, tal como había vaticinado un optimista Helenio Herrera, que también profetizaba la victoria de los suyos en el mismísimo «Bernabéu». El partido, arbitrado por el colegial valenciano señor Asensi, fue intenso y vibrante, y se saldó con victoria catalana por 1 a 2. Llevaron la iniciativa los locales, pero los contraataques visitantes fueron siempre peligrosos. Se adelantó el Barça en el marcador por mediación de Tejada, en el minuto 15, empató Uribe en el 50, y finalmente Segarra deshizo la igualada a cinco del final. Fue expulsado Eulogio Martínez. Estas fueron las alineaciones: por el Athletic, Carmelo; Orúe, Etura, Canito; Mauri, Maguregui; Arteche, Marcaida, Arieta, Uribe y Aguirre, y por el Barça, Ramallets; Olivella, Rodri, Gracia; Gensana, Segarra; Tejada, Evaristo, Martínez, Suárez y Coll. Como se ve, ausencias importantes en ambos conjuntos: Garay, Merodio, Gainza, Kubala y Czibor.

La jornada 21 deja también las cosas como estaban, a la espera del encuentro en la cumbre, Real Madrid-Barça, la semana siguiente. Los blancos triunfaron en Zaragoza por 1 a 2, con goles de Gento y Puskas, mientras el Barça se imponía a su rival ciudadano el Español, por 5 a 3, en un partido emocionante y con muchos goles, disputado sobre un campo prácticamente anegado a causa de la lluvia, con tantos de Tejada, Kocsis (2), Suarez y Kubala.

Y por fin llega el gran día, el 15 de febrero de 1959, con una expectación inusitada. El partido es incluso televisado en directo por una incipiente TVE que aun llegaba a escasos puntos del país, pero cuya señal podía ya ser captada en Barcelona, donde se agotaron las existencias de receptores. A las órdenes del colegiado cántabro señor García Fernández, ambos equipos formaron de la siguiente manera: por el Real Madrid,  Domínguez; Marquitos, Santamaría, Miche; Santistéban, Zárraga; Herrera, Kopa, Di Stefano, Puskas y Gento, y por el Barcelona, Ramallets; Olivella, Rodri, Gracia; Segarra, Gensana; Tejada, Kubala, Evaristo, Suárez y Coll. Los azulgranas se defendieron con acierto hasta casi el final del choque, cuando Chús Herrera remató una buena jugada de Kopa, consiguiendo el único tanto del encuentro, que devolvía el liderato a los merengues, con un punto de ventaja sobre su gran rival. La Liga ya era únicamente cosa de dos, pues el Athletic de Bilbao no había podido seguir el ritmo de ambos colosos, y se había venido abajo definitivamente.

Pero muy poco le va a durar la primera posición a los merengues, pues la van a perder  tan sólo siete días más tarde, derrotados en su visita al «Metropolitano» por el Atleti. 2 a 1 a favor de los rojiblancos, con goles de Peiró y el brasileño Vavá para los colchoneros, y Di Stefano para los blancos.  Y mientras, el Barça daba buena cuenta del Sporting de Gijón por 4 a 1, con tantos de Kubala, Tejada (2) y Suárez. Con ese resultado, los de Herrera eran ahora  líderes con un punto de ventaja sobre los de la capital, y tenían el goal average particular a su favor. Y la jornada 24 no va a traer alteraciones, aunque al Barça le costó mucho trabajo sacar los dos puntos de «Balaídos», gracias a un oportunismo gol logrado por Segarra -que se estaba especializando en conseguir tantos decisivos-en el minuto 85. La crónica del partido reseña un curioso incidente, la persecución de los jugadores barcelonistas a un juez de línea, que al levantar el banderín había hecho que el árbitro, Ortiz de Mendibil, les anulase un gol. El Real Madrid, por su parte, derrotó sin problemas al Oviedo en el «Bernabéu» (4 a 0)

La jornada 25 aumentó la ventaja catalana  sobre su único perseguidor. El Real Madrid  tropezó en «Mestalla», donde no pudo pasar del empate a uno ante el Valencia, y gracias, pues Walter falló un penalti en el último minuto. Mientras, en el «Camp Nou» los azulgranas golearon a Osasuna, 6 a 0, con tantos de Evaristo (2), Gensana, Suárez, Kubala y Tejada. La única nota negativa del partido fue la grave lesión del delantero brasileño Evaristo, que hasta aquel momento comandaba la tabla de realizadores, y al que una rotura de ligamentos va a dejar fuera de combate para todo lo que restaba de temporada. Ahora eran dos los puntos de ventaja de los de Herrera.

No se alteró la clasificación en la jornada siguiente, la que hacía el número 26. El Madrid goleó sin contemplaciones a la Real Sociedad (6 a 1), y el Barça también se deshizo a domicilio del Betis merced a una gran segunda parte, una vez expulsado del campo la gran figura verdiblanca, Del Sol. Empate a uno en la primera mitad, obra de Lasa y Segarra, y vendaval catalán en la reanudación, con tantos de Czibor   (2), nuevamente Segarra y Ribelles, amén del bético Castaño, hasta redondear el 5 a 2 final. Tampoco habría cambios en la fecha 27. El Real Madrid venció con claridad al Granada en «Los Cármenes (0 a 3), y el Barça derrotó por el mismo resultado al Zaragoza en la Ciudad Condal, siendo los autores de los goles Martínez, en dos ocasiones, y Kocsis, que apenas sí había entrado en el equipo hasta entonces. Seguían los dos puntos de ventaja.

Que se mantendrían también a finalizar la vigesimoctava jornada. El Real Madrid aplastó a un apurado Sevilla en el «Bernabéu» (8 a 0), pero los dos positivos que se trajo el Barça de Canarias le hacían ya casi acariciar nuevamente el título. Buen partido de los azulgranas en el «Insular», con goles de Luís Suárez y Eulogio Martínez, uno en cada tiempo. Continuaban los dos puntos de ventaja, a falta únicamente de cuatro por disputarse, y con un calendario muy favorable para los pupilos de Herrera que si bien debían visitar el siempre difícil «Metropolitano» al domingo siguiente, en la última jornada, recibirían en Barcelona a un Oviedo que seguramente ya no se jugaría nada.

Y el «Alirón»  no va a hacerse esperar, pues el empate barcelonista en el feudo colchonero, 1 a 1, unido a la derrota de los merengues en «San Mamés» (4 -1), significará que de nuevo, seis años después de su último título, el Barça se proclama con toda brillantez campeón de Liga. Buen partido en la capital, con goles de Vavá y Segarra, ambos en la primera mitad, y un Atlético que mereció mejor resultado, y debacle madridista en Bilbao, donde el Athletic desarboló a los blancos en la segunda parte, con un hat-trick de Maguregui, siendo Gento expulsado. Los azulgranas ya aventajaban a los madrileños en tres puntos, y eran matemáticamente campeones.

Y le pusieron un broche de oro a su gran campeonato al domingo siguiente, 19 de abril de 1959, al derrotar al Real Oviedo en el «Camp Nou» por un inapelable 7 a 1, ante el alborozo de su público, con goles de Martínez (3), Tejada (2), Suárez y Kubala, este último al transformar un penalti, mientras que el argentino Sánchez Lage salvaba el honor asturiano. A las órdenes del colegiado alicantino señor Bañón (hermano de un antiguo guardameta internacional del Real Madrid), ambos equipos formaron de siguiente manera: por el Barça, Ramallets; Flotats, Rodri, Gracia; Gensana, Segarra; Tejada, Kubala, Martínez, Suárez y Czibor, y por el Oviedo, Barea; Marigil, Alarcón, Laurín; Casamitjana, Álvarez; Cuervo, Sánchez Lage, Romero, Lalo y Amarilla. Poco importaba ya su resultado, pero el Real Madrid fue incapaz de vencer en el «Bernabéu» al Español (3 a 3), con lo cual los blancos finalizaban la competición de la regularidad a cuatro puntos de distancia de su gran adversario.

Con esta victoria, la séptima en su palmarés, el Barça rompía el empate que existía en el apartado de títulos ligueros, con los tres grandes históricos, Athletic de Bilbao, Barcelona y Real Madrid, liderando la clasificación de entorchados con 6 campeonatos cada uno. El cuadro de Herrera va a pulverizar todos los registros existentes en la Liga española, desde que esta pasó a ser disputada por 16 equipos en la temporada 50-51. El equipo azulgrana  batirá el récord de puntos conseguidos, 51 (y por lo tanto también el de positivos, obteniendo 21), de victorias (24, con sólo 3 empates y únicamente 3 derrotas), y de goles marcados, consiguiendo 96 tantos, a una media de 3 por partido, aunque no el de goles encajados, pues si bien sólo vio perforada su meta en 27 ocasiones, tanto el Real Madrid, el año anterior, como el propio Barça, en la temporada 55-56, habían recibido uno menos, 26.

Pero no todo iban a ser rosas en Can Barça… Una personalidad tan arrolladora como la de Helenio Herrera tenía que entrar inevitablemente en conflicto con alguien del club, era sólo cuestión de tiempo. En lo tocante a las relaciones con el vestuario, lo único que va a ensombrecer un panorama triunfal será el llamado «Caso Kubala». La que hasta aquel momento era la principal estrella del conjunto azulgrana. ya enfilaba su declive, y Herrera, que no tenía un pelo de tonto, se dio perfectamente cuenta de ello. El técnico respetaba y admiraba a Kubala como el grandísimo jugador que había sido, pero consideraba que a sus cerca de 32 años ya carecía de la velocidad y la continuidad en el esfuerzo que mostraba antes, aunque conservase incólume toda su enorme clase, que entre otras cosas le permitía seguir siendo un maestro en la ejecución de penalties y golpes francos. Pero sus facultades ya no eran las idóneas para los reñidos partidos en campo contrario, de ahí que en varias ocasiones le sustituyese por un hombre de bastante menos calidad como era Ribelles, pero mucho más joven y trabajador.

Y además le va a entregar la manija del equipo a Luís Suárez, un descomunal talento emergente, en detrimento del hispanohúngaro, lo cual va a producir un auténtico cisma en las gradas del «Camp Nou», dramáticamente divididas entre «suaristas» y «kubalistas». Todo eso, lógicamente, no es del agrado de Laszi, que reaccionará con una especie de huelga de brazos caídos, borrándose de numerosos partidos, alegando dolencias y enfermedades casi imposibles de verificar. De modo que la Directiva, informada de la situación por Herrera, va a presentarle una especie de ultimátum: o se volvía a reintegrar al seno del equipo, con su mejor voluntad de colaboración, o se le concedería la baja. Y en esas estaba el Barça cuando arranca el torneo copero, y de ahí que Kubala no tomase parte en él.

También se va a producir un conflicto de competencias con el cuasi sempiterno secretario técnico del club, el legendario Josep Samitier, el «Mago del balón», el home llagosta de los Felices 20. Porque Herrera era bastante más que un simple entrenador, y a la manera de los managers británicos su alargada mano pretendía llegar a todos los rincones, pidiendo -y por el momento logrando -plenos poderes. No contento con preparar  al equipo, física y tácticamente, y hacer las alineaciones, también decidía y realizaba contrataciones personalmente de jugadores, y marcaba incluso la política de primas y fichas, algo que, por descontado, no les hacía ninguna gracia a Miró-Sans y a sus directivos, ni tampoco al veterano Samitier, que harto de ser puenteado y ninguneado, va a terminar por coger los bártulos e irse de nuevo al Real Madrid de su buen amigo Santiago Bernabéu, como ya ocurriese en su etapa de jugador, a principios de los años 30.

UNA NUEVA COPA Y «DOBLETE»

Con la euforia por el título de Liga aun muy presente, una semana más tarde el «Camp Nou» va a abrir otra vez sus puertas para iniciar la disputa de la «Copa de Su Excelencia el Generalísimo». El primer rival, sobre el papel, no parecía muy temible: el Real Murcia, a la sazón militando en Segunda, donde había finalizado la Liga en un discreto sexto lugar. Pero se hizo realidad aquello de que «no hay enemigo pequeño», y los pimentoneros  se van a llevar para su tierra un sorprendente e ilusionan empate a 2. Chancho en su propia puerta, y Martínez hicieron los dos goles blaugranas en este decepcionante encuentro. Pero los de Herrera, y por los pelos, conseguirán decantar la eliminatoria a su favor al vencer en «La Condomina» por un solitario 0 a 1, obra de Martínez, que parecía haber tomado el relevo goleador del  lesionado Evaristo.

Y antes de encarar la siguiente ronda copera, los octavos de final, el Barça va a afrontar una nueva eliminatoria de aquella «guadianesca» segunda edición de la Copa de Ferias. El contrincante de turno era un buen equipo italiano, el Internazionale de Milán, el «Inter», y el resultado será claramente favorable para los intereses catalanes, 4 a 0, con tantos de Ribelles (en dos ocasiones), Villaverde y Segarra.. De regreso al «Torneo del KO», espera un recién descendído, el Sporting de Gijón. 0 a 0 en la ciudad asturiana, y un set  en blanco en el «Camp Nou» (6 a 0), obra de Martínez (3), Kocsis (2) y Suárez.

El siguiente adversario va a ser el Betis, que había cuajado un buen torneo liguero pero no parecía un enemigo de cuidado para este Barça enrachado. Tanto, que ya en «Heliópolis» quedó resuelta la eliminatoria: 0 a 6 a favor del Barça, con cuatro tantos de un Kocsis que empezaba a salirse, rematando la faena Martínez y Segarra. El encuentro de vuelta fue de mero trámite, aunque el marcador concluyó con un tanteo mucho más ajustado, 4 a 3 a favor de los locales, con goles de Gensana (2), Suárez y el inevitable Kocsis.

Las semifinales presencian un nuevo enfrentamiento en la cumbre, Real Madrid-Barça, que podía servir de revancha para los blancos, recientes campeones de la Copa de Europa por cuarta ocasión consecutiva, tras batir al Stade de Reims francés en Stuttgart. El partido de ida se jugó en el «Bernabéu», y al descanso se va a llegar con un claro 2 a 0 a favor del Madrid. Pero en el vestuario visitante, cuando todos los jugadores azulgranas esperaban recibir una soberana bronca por parte de Herrera, este les va a sorprender con uno de sus clásicos goles de efecto, felicitándoles efusivamente y asegurándoles que aquel encuentro ya estaba ganado, pues los madridistas se habían vaciado por completo  en la primera mitad, y no tardarían en venirse abajo en la reanudación.

Y dicho y hecho. En una fabulosa segunda parte, y espoleados por las mágicas palabras de su entrenador,  los pupilos de HH van a darle la vuelta al marcador, imponiéndose finalmente por un rotundo 2 a 4, con dos dianas de Suárez y otras dos de…Kocsis. La vuelta, a pesar de tratarse del Madrid, fue también un trámite, y los catalanes volvieron a superar a sus grandes rivales con un 3 a 1, marcando Suárez por partida doble y Villaverde (aquel día Kocsis no «mojó»). Ya estaba el Barça en la final, donde tendría que verse las caras con un contrincante inédito, el Granada, que para asombro de propios y extraños había ido salvando eliminatorias, hasta llegar al partido decisivo.

Con los azulgranas como grandes favoritos, va a celebrarse este el día 21 de junio de 1959, en el entonces acostumbrado marco del «Santiago Bernabéu». Arbitró el colegiado valenciano señor Asensi, a cuyas órdenes los equipos presentaron las siguientes alineaciones: por el Barça, Estrems (en lugar del titular Ramallets); Olivella, Rodri, Gracia; Gensana, Segarra; Tejada, Kocsis, Martínez, Suárez y Villaverde, y por el Granada, Piris; Becerril, Vicente, Larrabeiti; Ramoní, Pellejero; Vázquez, Carranza, Loren, Benavídez y Arsenio. El partido no tuvo color, y los de Herrera se impusieron por un amplio 4 a 1, obra de Kocsis (2), Martínez y Tejada, mientras que Arsenio hacía el gol del honor para los nazaríes. Con este resultado el Barcelona volvía a lograr el «doblete», el tercero de su historia tras los conseguidos en 1951-52 y 1952-53.

Va a echarse el cierre a una temporada inmejorable con la disputa de un interesante partido internacional amistoso en el «Camp Nou», que enfrentó a un equipo del Barça y al conjunto brasileño del Santos, donde actuaba la gran sensación del Campeonato del Mundo jugado en tierras suecas el año anterior, el jovencísimo Edson Arantes do Nascimento, «Pelé». La alineación puesta en liza por los azulgranas no era la más idónea para enfrentarse a los paulistas, y el resultado fue bastante escandaloso, 1 a 5 favorable a los sudamericanos. El Barça contó con el refuerzo de dos futbolistas del Español, Bartolí y Recamán, y formó de la siguiente manera: Larraz; Rifé I, Bartolí, Pinto; Verges, Recamán; Villaverde, Evaristo, Kocsis, Ribelles y Czibor. Pero de cara a la temporada siguiente la afición no podía ser más optimista, animada por el gran reto de disputar por vez primera la Copa de Europa, y tratar de poner fin a la hegemonía madridista en dicha competición.

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Domènec “Mingu” Balmanya: 1956-1958. Segunda parte

Balmanya201La temporada 56-57 terminó en Can Barça con un magnífico sabor de boca para los socios y aficionados del club blaugrana, debido a la brillante conquista de la Copa del Generalísimo y la «Pequeña Copa del Mundo» de Caracas. Cundía por fin el optimismo, después de varios años de «vacas flacas», y la inminente inauguración del nuevo campo, el magnífico estadio cuya construcción se estaba ya finalizando a marchas forzadas en los límites del término municipal de Barcelona con el de Hospitalet de Llobregat, junto a la Travesera de Les Corts, no hacía sino aumentar esa agradable sensación. Volvía el Barça Triomfant

Para encarar, pues,  una temporada que se presagiaba victoriosa, Domènec Balmanya va a contar con los siguientes efectivos: Ramallets, Estrems, Olivella, Brugué, Biosca, Gracia, Segarra, Gensana, Vergés, Flotats, Bosch, Basora, Hermes González, Villaverde, Ribelles, Kubala, Evaristo, Eulogio Martínez, Luís Suárez, Sampedro, Coll y Tejada. Eran baja algunos nombres cargados de historia como Seguer o Manchón. Pero sin duda el gran acontecimiento de la campaña, posibles títulos aparte, lo va a constituir la culminación de la gran obra que tenía ilusionado a todo el barcelonismo. el nuevo campo. Pero no adelantemos acontecimientos…

PRIMERA RONDA

El calendario había dictaminado que en la primera jornada, a disputar el día 15 de septiembre de 1957, abrieran el fuego los dos equipos que habían cerrado la Liga anterior, Barcelona y Sevilla, aunque ahora en el nuevo feudo blaugrana, pero debido al compromiso sevillista en la Copa de Europa, el partido se va a aplazar hasta el 10 de octubre, de modo que el estreno del campeonato 57-58 se producirá el 22 de septiembre en «Mestalla», frente a un Valencia reforzado por los brasileños Walter y Machado, un encuentro en el que los catalanes fueron mejores pero la contienda acabó en tablas, con sendos tantos del veterano Pasieguito y el recién llegado Evaristo. Balmanya presentó la siguiente alineación: Ramallets; Olivella, Brugué, Segarra; Vergés, Gensana; Basora, Villaverde, Eulogio Martínez, Evaristo y Tejada. Llamaba la atención nuevamente la ausencia de Kubala, aun no recuperado del todo de una intervención quirúrgica para corregir una osteopatía dinámica del pubis, realizada el mes de julio anterior.

El día 24 de septiembre, festividad de la Virgen de la Merced, patrona de Barcelona, va a tener lugar el brillante acto de inauguración del nuevo campo del «Club de Fútbol Barcelona» (como se le llamaba oficialmente durante la práctica totalidad del régimen franquista), que al no poseer tampoco un nombre concreto – no lo tendrá  hasta 1965, cuando se le bautice con la aséptica denominación de «Estadio del Club de Fútbol Barcelona» -, muy pronto va a ser conocido a nivel popular como el «Camp Nou», y así se le sigue llamando hoy, aunque ya haya cumplido los 58 años de existencia. Ese día, que amaneció despejado y radiante en Barcelona, se van a celebrar diversos actos y solemnidades, folclóricas y religiosas, pero el plato fuerte lo constituirá un encuentro internacional amistoso entre el primer equipo del Barça y una selección de Varsovia, con el morbo que siempre proporcionaba en aquellos años el enfrentarse a un conjunto de «tras el Telón de Acero», ya que los contactos deportivos eran prácticamente inexistentes, aunque el arranque de las competiciones internacionales del Viejo Continente (Copa de Europa y Copa de Ferias, y más tarde la Recopa) irá haciéndolos más habituales a lo largo de los años 60.

El partido, iniciado a las cinco de la tarde y que concluirá con el triunfo de los azulgranas por 4 goles a 2, va a tener también su pequeña anécdota. No es que se amañase el resultado, pero al parecer – según declaraciones posteriores del propio Balmanya – se llegó a un acuerdo con los polacos, a través del intermediario que los había contratado, su compatriota Jules Ukrainczyk, para que el primer gol del nuevo campo fuese marcado por un jugador barcelonista, a lo que los eslavos van a acceder, a cambio de una pequeña compensación económica. Fue el paraguayo Eulogio Martinez quien abrió el marcador del nuevo estadio, y lo celebrará lanzándose al interior de la red que acababa de batir en señal de alegría. Los tantos restantes serían obra de Tejada, Sampedro y Evaristo, y este fue el equipo que presentó el cuadro catalán en tan señalada fecha: Ramallets; Olivella ( Gracia ), Brugué, Segarra; Vergés ( Flotats ), Gensana ( Bosch ); Basora ( Hermes González ), Villaverde ( Sampedro ), Eulogio Martínez ( Ribelles ), Kubala ( Evaristo ) y Tejada. Como dato curioso, señalar que  Ladislao Kubala, seguramente el gran responsable de haber dejado pequeño al viejo «Les Corts», obligando a la construcción de un recinto moderno y de mayor capacidad,  a punto estuvo de no poder ser alineado, al no hallarse del todo recuperado de su operación.

Y en la tercera jornada (que para el Barça era en realidad la segunda), los de Balmanya van a conseguir un resultado espectacular a domicilio, al superar en el «Insular» a una Union Deportiva Las Palmas diezmada por una seria epidemia de gripe con un insultante 0 a 7, obra de Basora y Villaverde (dos cada uno), Evaristo, Tejada y Martínez. En la cuarta, todavía con un partido menos, se estrena el flamante «Camp Nou» en partido oficial – 6 de octubre – y el Jaén se lleva seis golitos (6 a 1), marcados por Tejada y Martínez, ambos por partida doble, Villaverde y Kubala – que por fin reaparecía en partido de competición  – . Por fin, el día 10 de octubre, se va a disputar el encuentro aplazado de la primera jornada, en el que el Barça se deshará sin demasiados apuros de un Sevilla que no era el de la temporada anterior ni muchísimo menos. 3 a 0, con goles de Tejada, en dos ocasiones, y Villaverde, y la anécdota para la historia de recibir la primera visita de Franco en el coliseo barcelonista.

Al finalizar esta jornada, la clasificación va a quedar de la siguiente manera: líderes el Real Madrid y el Barcelona con 7 puntos, tercero el Español con 6, y a continuación un grupito formado por Athletic de Bilbao, Atlético de Madrid, Osasuna, Celta y Jaén con 5. Y en la fecha siguiente duelo por todo lo alto, porque se enfrentarían Madrid y Barça en el «Bernabéu», los dos grandes favoritos para la consecución del título.

Balmanya va a encarar el choque con ciertas precauciones, alineando a Flotats como teórico extremo derecho, con el «7» a la espalda, aunque asignándole su clásica misión de «secante» de Alfredo Di Stefano. A las órdenes del colegiado aragonés señor Rey Martínez, ambos equipos presentaron las siguientes formaciones: por el Real Madrid, Domínguez; Atienza, Santamaría, Lesmes; Santistéban, Zárraga; Kopa, Marsal, Di Stefano, Rial y Gento, y por el Barcelona, Ramallets; Olivella, Brugué, Segarra; Verges, Gensana; Flotats, Villaverde, Eulogio Martínez, Evaristo y Kubala. Fueron muy superiores los «merengues», que vencieron a los azulgranas por 3 goles a 0, marcados por Kopa, Rial y Di Stefano, e incluso se hicieron merecedores a un resultado más abultado. El Madrid se afianzaba en el liderato, dejaba al Barça a dos puntos, y le tomaba una importante ventaja en el tanteador particular de ambos equipos.

La sexta jornada lo dejó todo como estaba. El Barça venció con muchos apuros a la siempre difícil Real Sociedad, merced a un solitario gol de Segarra, mientras que los blancos triunfaban en Jaén por 0 a 2. Osasuna era sorprendente tercero, empatado con el Barça a dos puntos del líder, y por detrás empezaba a enseñar las uñas el Atlético de Madrid, esta temporada dirigido por Daucik. Y precisamente fueron los rojiblancos madrileños los mayores beneficiados al finalizar la siguiente jornada, la séptima, pues el Barça cayó en Gijón, derrotado por un Sporting «matagigantes» (3 a 2, con tantos de Evaristo y Tejada ), el Madrid no pudo pasar de un empate a cero en Las Palmas, y el Osasuna dobló la rodilla en Vigo. Eran líderes los de Bernabéu (12 puntos), seguidos por Atlético de Madrid y Español con diez, mientras que el Barça caía a la cuarta plaza, con 9.

En la octava fecha  los de Balmanya ascendieron un puesto en la clasificación gracias a su clara victoria sobre un Athletic en horas bajas (3 a 0, con dos goles de Kubala y otro de Evaristo). El Madrid se deshacía apuradamente, igual que le había ocurrido al Barça poco antes, de una correosa Real Sociedad, y Atlético de Madrid y Osasuna hacían tablas en «San Juán». El Barça se mantenía a tres puntos del Real Madrid. Pero va a reducir la ventaja de los blancos a uno solo siete días más tarde, porque mientras que los azulgranas vencen en «Zorrilla» al Valladolid por 1 a 2 (ambos obra de Eulogio Martínez), el Madrid cae también en «El Molinón» ante de Sporting gijonés, contundentemente derrotado por 3 a 0. Ahora el Barça es segundo, a un único punto del Real Madrid, y empatado con Atlético y Español.

Concluye el primer tercio del campeonato con la décima jornada. Se mantienen las mínimas distancias entre madridistas y culés, pero van a aflojar «colchoneros» y «periquitos». El Real Madrid aplasta a un desconocido Athletic de Bilbao por 6 a 0, la tarde del maravilloso gol de Marsal a Carmelo, mientras que el Barça solventa el primer verbi barcelonés jugado en el «Camp Nou» al derrotar al Español por 3 a 1 en un gran partido, con tantos de Evaristo, Tejada y Kubala.  El Atlético de Madrid, por su parte, tan sólo pudo sacar un empate en su visita a un Sevilla que se debatía sorprendentemente en los últimos lugares de la tabla. Los números del Barça no son nada malos: 7 victorias, 1 empate y 2 derrotas (una de ellas en el dificilísimo desplazamiento al «Bernabéu»), con 26 goles a favor y 11 en contra, para un total de 15 puntos, un ritmo que de mantenerse podría valerle el título.

Simultáneamente con la Liga, el Barça va a retornar a una Copa de Ferias donde no había jugado desde aquella primera eliminatoria contra la Selección de Copenhague en la temporada 55-56. El 23 de octubre de 1957 se enfrenta al Birmingham City en la ciudad británica, donde cae derrotado por 4 a 3, marcando los tantos azulgranas Tejada, Evaristo y Eulogio Martínez. El 13 de noviembre los ingleses rinden visita al flamante «Camp Nou», y el Barça se impone gracias a un solitario gol de Kubala. Es necesario, pues, acudir a un tercer partido de desempate, que se celebra el 26 de noviembre en la localidad suiza de Basilea – un lugar que luego volvería a cruzarse en la historia barcelonista -, y allí los pupilos de Balmanya derrotan a los británicos por 2 a 1, con dianas de Evaristo y Kubala.

Sin embargo, el segundo tercio liguero no puede comenzar peor para los intereses catalanes. El Celta, uno de los equipos revelación de la temporada, les va a derrotar en Vigo por un contundente 4 a 0, en un partido donde los celestes marcaron férreamente a las estrellas visitantes, y consiguieron sus goles en fulgurantes contraataques. Por su parte, el Real Madrid vencía en «Zorrilla» al Valladolid con un solitario gol de Di Stefano, y el Atlético de Madrid hacía tablas en el «Metropolitano» frente a un Valencia en posición de colista, que casi durante un par de meses se vio obligado a jugar todos sus partidos como visitante, en campo contrario, puesto que su terreno de juego de «Mestalla» había quedado provisionalmente inservible debido a la gran riada del Turia del 14 de octubre,  que devastó la ciudad,  ocasionando numerosas víctimas mortales y enormes pérdidas materiales (luego le tocaría disputar una serie consecutiva de choques en campo propio, remontando posiciones hasta terminar finalmente cuarto)

La jornada duodécima tampoco fue muy favorable para el Barça, pues en ella su desventaja respecto al Real Madrid va a aumentar a cuatro puntos. El visitante de turno del «Camp Nou», el Atlético de Madrid, se va a llevar un punto tras un bronco partido que merecieron ganar los «colchoneros»  y que finalizó con empate a dos. Kubala hizo los dos goles azulgranas, uno de ellos al trasformar un penalti, y Luís Suárez fue expulsado. Los blancos, con 20 puntos,  se distanciaban de sus dos perseguidores, Barça y Atlético, que se quedaban con 16. No obstante, esa considerable ventaja se va a ver aminorada a a semana siguiente, cuando el Real Madrid  caiga también en Vigo (2-1), el Atlético venza con facilidad al Jaén en el «Metropolitano» (4 a 1), y el Barcelona puntúe en Zaragoza (1-1, con gol de Bosch) Los blancos son líderes, con dos puntos de ventaja sobre sus rivales ciudadanos, y tres sobre Barça y Celta, que estaba despachando una magnífica primera vuelta.

La fecha número 14 del campeonato va a ser beneficiosa para los intereses azulgranas, puesto que Real Madrid y Atlético se dejarán un punto cada uno al empatar a cero en el «Bernabéu» en un partido que levantó una gran expectación. Como el Barça derrota sin complicaciones a Osasuna en el «Camp Nou» (3 a 0, con goles de Tejada, 2, y Eulogio Martínez) y el Celta no pasa tampoco de la igualada en su visita a «Atocha», las posiciones en cabeza van a quedar de la siguiente manera: líder el Real Madrid con 21 puntos, segundo y tercero Atlético de Madrid y Barcelona con 19, y cuarto el Celta con 18.

Finaliza la primera ronda el domingo 29 de diciembre de 1957, dejando las cosas absolutamente igualadas, como si todos los partidos anteriores no hubieran servido de nada. El Real Madrid cae en Zaragoza en un mal encuentro de los «merengues» (3 a 1), mientras que el Barça apabulla a domicilio al Granada en «Los Cármenes» (0 a 4, obra de Martínez, Kubala, Tejada y Basora), y el Atlético por su parte se deshace de la Real Sociedad, tan defensiva como siempre, en el «Metropolitano», por un ajustado 2 a 0. El Celta se descuelga al perder sorprendentemente ante el Sporting de Gijón en «Balaídos». Triple empate en cabeza, a 21 puntos, con celtiñas y españolistas tres puntos abajo.

Balmanya202SEGUNDA RONDA

Se inicia la segunda vuelta de la competición con un cambio de líder. El Barcelona, triunfador en Sevilla por 1 a 2, desplaza a un Real Madrid que vuelve a tropezar en su salida, esta vez en «San Juan» ante Osasuna, que le vence por 1 a 0, aunque el Atlético mantiene el tipo, eso sí, con muchos apuros, derrotando en su feudo madrileño a un animoso Sporting por 3 goles a 2. El Barça realizó un gran partido en un «Nervión» que pronto sería jubilado. Arza por los locales y Tejada marcaron en el primer tiempo, y Kubala consiguió el gol de la victoria culé en la reanudación. Fue expulsado el paraguayo Hermes González, un jugador que no va a tener ninguna suerte en su paso por el club azulgrana. Barça  – líder por mejor cociente general – y Atlético de Madrid encabezaban la tabla, y les sigue el Real Madrid a dos puntos.

Inmediatamente después de las fiestas navideñas van a celebrarse elecciones presidenciales en el Barça. Tan sólo se presentan dos candidatos, el presidente en ejercicio, Francesc Miró-Sans, y el ex-directivo Antoni Palés, un industrial del ramo de la panadería al que Miró había destituido a causa de sus críticas a la política económica y al presidencialismo que a su juicio mostraba el máximo mandatario blaugrana. Los comicios tienen lugar el día 7 de enero de 1958, y Miró-Sans, beneficiado por el «efecto Camp Nou»,  bate fácilmente a su adversario por 158 votos a 55 (tan sólo tenían derecho al sufragio los socios compromisarios; ya se habían acabado las alegrías de las anteriores y atípicas elecciones de 1953…)

La jornada 17 va a traer otro cambio de líder. El Barça es incapaz de derrotar a un Valencia en pleno proceso de  recuperación en el «Camp Nou». Kubala inauguró el marcador, pero el brasileño Machado empató para los levantinos. El Madrid derrota fácilmente al Granada por 4 a 0 en el «Bernabéu», pero el gran triunfador del domingo fue el Atlético de Madrid, que se impuso en el siempre complicado «San Mamés» al Athletic por 1 a 2, encaramándose así a la cabeza de la clasificación.  El Barça era segundo, a un punto, y el Madrid tercero, a dos, con el Celta ya descolgado, cuarto a cinco del líder.

El gran derrotado de la jornada 18 va a ser el Real Madrid, batido por el colista Sevilla en «Nervión» (3 a 2), mientras que los «colchoneros» aplastaban a un flojísimo Valladolid en el «Metropolitano», 7 a 0, y el Barça pasaba más apuros de los previstos para imponerse a una Unión Deportiva Las Palmas que causó una buena impresión en el «Camp Nou», aunque finalmente sucumbiría por 2 a 0, marcados por Kubala y Evaristo. Atlético y Barcelona, primero y segundo respectivamente,  mantenían sus posiciones, con sólo un punto de diferencia, pero el Madrid se alejaba a cuatro de los rojiblancos, que parecían haber vuelto por sus antiguos fueros..

Sin embargo las distancias se van a acortar de nuevo en la jornada siguiente, la decimonovena, demostrando que se estaba disputando un campeonato muy igualado. Caen los dos primeros, y el gran beneficiado va a ser el tercero en discordia, el Real Madrid. El Atlético es goleado en «Sarriá» por el Español, 4 a 1, con un hat-trick del argentino Coll, un resultado demasiado amplio pero no del todo imprevisible, mientras que el Barça volvía de vacío de su visita a uno de los conjuntos que pugnaban por no perder la categoría, el Jaén, que derrotó a los catalanes por un mínimo pero suficiente 1 a 0, tras un pésimo partido azulgrana.

Al domingo siguiente, 2 de febrero de1958, se va a disputar el primer Barça-Real Madrid en el «Camp Nou», y los madridistas se convertirán en los primeros en llevarse los dos puntos del nuevo coliseo barcelonista. Los blancos despacharán un partido perfecto,  imponiéndose con todo merecimiento a los locales gracias a los tantos de Marsal y Rial. Arbitró el señor Ortiz de Mendíbil, del colegio vizcaíno, y estas fueron las alineaciones que presentaron ambos equipos: por los azulgranas, Ramallets; Segarra, Brugué, Gracia; Bosch, Gensana; Evaristo, Kubala, Martínez, Suárez y Tejada, y por los «merengues», Alonso; Marquitos, Santamaría, Lesmes; Santistéban, Zárraga; Kopa, Marsal, Di Stefano, Rial y Gento. El Atlético de Madrid, vencedor por un apretado 2 a 1 sobre el Celta en la capital, continuaba como líder, con el Real Madrid a dos puntos y los blaugranas ahora en tercera posición, a tres. No había sido un buen segundo tercio de Liga para los de Balmanya, con menos puntuación y menor producción  goleadora que en el tercio inicial.

La tercera y  última parte de la competición se inicia con la jornada 21, que va a presenciar un nuevo cambio en la cabeza. Ahora será el Atlético de Madrid el principal damnificado, al perder claramente en Las Palmas por 3 a 0. El Real Madrid, el nuevo líder, venció sin grandes problemas al Jaén en el «Bernabéu» (3 a 0), y el Barça logró  un magnífico resultado en el siempre difícil campo de «Atocha», al derrotar a la Real por 1 a 2 en un encuentro muy competido, con goles de Hermes González y Tejada, y una gran actuación de Kubala. Los blancos encabezaban la clasificación con 29 puntos, los mismos que el Atlético de Madrid, con el Barça tercero a un punto de ambos. La emoción estaba servida.

La jornada 22 dejó las cosas tal como estaban, ya que los tres primeros clasificados resolvieron sus compromisos con victoria. Muy ajustada la del Real Madrid ante Las Palmas, 2 a 1 en el «Bernabéu», con dos goles de Gento, amplia la del Atlético en «La Romareda» (0 a 3), y rutinaria la del Barça sobre el Sporting de Gijón en el «Camp Nou», un partido marcado por la niebla y que no pasaría a la historia. Vergés, Tejada y Kubala hicieron los tres tantos azulgranas.

Llegamos así a la jornada vigesimotercera, donde de nuevo va a producirse un cambio de líder, desbancando el Atlético al Real Madrid.  Los blancos no pueden pasar del empate en «Atocha» (2-2), y los rojiblancos aprovechan la visita de Osasuna al «Metropolitano» para adelantarles, al vencer a los navarros por 4 a 1, El Barça tenía un desplazamiento muy difícil a «San Mamés», y va a volverse de vacío, y con un fuerte correctivo, pues los «leones» le derrotarán por 4 a 1  en un gran partido que decantarían a su favor en el segundo tiempo. Arteche hizo tres de los goles rojiblancos, y Tejada consiguió el que a la postre sería el del honor para los azulgranas, que con este resultado quedaban a tres y a dos puntos de Atlético y Real respectivamente.

Abramos un paréntesis para reseñar que el 5 de marzo de 1958 se disputa en la capital del Reino Unido el partido de ida de la final de la primera edición de la Copa de Ferias, entre la Selección de Londres y el Barcelona. Esta fue la formación que puso en liza Balmanya, vistiendo los colores y en representación de la Ciudad Condal: Estrems; Olivella, Gensana, Gracia; Vergés, Ribelles; Basora, Villaverde, Martínez, Evaristo y Tejada. El partido terminó con un magnífico resultado de cara a la vuelta, empate a dos, siendo los autores de los tantos catalanes Martínez y Tejada.

Siete días más tarde del último partido liguero, y como ya venía siendo habitual, va a producirse un nuevo cambio de líder. El Atlético sólo puede traerse un punto de su visita a «Los Cármenes» (2 a 2), mientras que el Real Madrid se impone con claridad al Sporting en el «Bernabeu» (4-0). Y como quiera que el Barça aplasta en la Ciudad Condal al colista Valladolid por 7 a 1, con goles  de Evaristo (3), Kubala (2), Ribelles y Villaverde, se coloca a dos puntos de los equipos madrileños, conservando aun  algunas aspiraciones.

Aspiraciones que van a sufrir un duro frenazo, prácticamente ya definitivo, en la siguiente jornada, la vigesimoquinta, al perder en «Sarriá» frente al Español por 2 a 1. Merecido triunfo blanquiazul, aunque el tanto de la victoria lo marcó Olivella en propia puerta. Evaristo hizo el gol del Barça. El Atlético de Madrid, por su parte, también se dejó un punto en su feudo ante el Sevilla, mientras que el Real Madrid asaltaba y conquistaba una plaza tan difícil como «la Catedral», derrotando a domicilio al Athletic por 0 a 2, con goles de Rial y Marsal, en un partido donde su superioridad fue manifiesta. Así quedaba la clasificación: Real Madrid con 36 puntos, Atlético con 35, y Barça ya descolgado con 32. El título parecía cosa de los dos grandes rivales madrileños.

Y se va a decantar a favor de los blancos en e transcurso de la siguiente jornada donde el Real Madrid vence con más problemas de los previstos al colista Valladolid, que convirtió un claro 5-0 en un  mucho más decoroso 5-3, en un partido en el cual Di Stefano y el blanquivioleta Badenes anotaron sendos hat-tricks. La derrota del Atlético en «Mestalla» (2-0), parecía dejar expedito el paso hacia el triunfo final para los madridistas, que ya aventajaban a los «colchoneros» en tres puntos, a falta de tan sólo ocho por disputar, aunque los del «Bernabéu» tendrían aun que visitar el «Metropolitano» en la penúltima jornada. La triste victoria del Barça sobre el Celta en  el «Camp Nou», merced a un solitario gol de Gensana, parecía ya del todo intrascendente.

La jornada 27 va a dejar las cosas igual en lo tocante a los dos primeros clasificados, pero sentenciará ya definitivamente la suerte de un Barça que veía incluso peligrar un subcampeonato que podía valerle para disputar la Copa de Europa si el Real Madrid revalidaba de nuevo su título. Los blancos vencieron en «Sarriá» (2 a 4, con tres goles de Marsal), y los azulgranas cayeron precisamente ante el Atlético en la capital, en un partido que las crónicas de la época describen como entretenido y muy disputado, y en el que Tejada hizo el gol catalán. Y el domingo siguiente, pese a golear al Zaragoza (5 a 1: tres de Evaristo, más Ribelles y Tejada), será el último partido de Balmanya como entrenador azulgrana, mientras que los dos rivales de la capital solventaban sus compromisos con sendas victorias y proseguían su pugna, que finalmente – y tal como se preveía – iba a decantarse a favor del Real Madrid, que cantará el «alirón» precisamente en el feudo de su eterno rival, al empatar a uno en el encuentro decisivo. El Barça finalizará de nuevo como tercer clasificado, y aunque el Madrid conquistó la III Copa de Europa, sería el Atlético quien obtuviese plaza para el torneo continental

Según declaración del propio Helenio Herrera en su libro de memorias titulado «Yo», los directivos barcelonistas ya le habían contactado en el mes de febrero, pero él les dio largas porque todavía se debía a su club,  el  Belenenses lisboeta. Sin embargo, para finales de abril va a aceptar  trasladarse a Barcelona y hacerse cargo del equipo inmediatamente, aun cuando  faltaban todavía varios partidos para concluir la temporada, concretamente dos jornadas de Liga, el choque de vuelta de la final de la Copa de Ferias, y la Copa del Generalísimo. «El Mundo Deportivo» publica en su edición de 23 de abril de 1958 una nota facilitada por el «delegado de prensa del C. de F. Barcelona», uno de cuyos puntos dice lo siguiente: «aceptar la dimisión presentada de su cargo de don Domingo Balmanya, agradeciéndole los servicios prestados y sus reiteradas pruebas de afecto y vinculación a nuestro club». La retórica habitual y políticamente correcta, por supuesto, que en eso muy poco ha cambiado el fútbol…

Herrera había llegado a la Ciudad Condal por vía aérea en la tarde del viernes 18 de abril, hospedándose en un céntrico y lujoso hotel. Firma su contrato, que le unía al Barça para las dos siguientes temporadas, y el domingo presenciaría el Barcelona-Zaragoza, para ver en acción a sus nuevos pupilos, y especialmente al brasileño Evaristo, al que no conocía. su fichaje va a costarle al Barça nada menos que 1.200.000 pesetas de la época, compensando económicamente a Os Belenenses, y también a su anterior club en España, el Sevilla, con el que el técnico hispanoargentino todavía estaba bajo contrato, aunque suspendido por la Federación durante dos años (obstáculo que también la junta presidida por Miró-Sans consiguió orillar… )

Balmanya no va a asistir a la toma de posesión de Herrera (según propia confesión, se le recomendó que no acudiera, de modo que no pudo despedirse oficialmente de los jugadores, ni ceder el testigo a su sucesor). En sus declaraciones a «El Mundo Deportivo» (en la edición del 23 de abril de 1958 ), indicó que se iba satisfecho y con la cabeza alta. Añadió que consideraba muy complejas las causas de los males del Barça, que según su criterio afectaban a junta directiva, socios, público, jugadores, técnicos e inclusive a la prensa. También pensaba que todavía no se había «digerido» el nuevo estadio. Leyendo entre líneas era evidente su disgusto con alguno o algunos de los componentes de la directiva. Una directiva que en un principio, cuando comenzaron a surgir rumores acerca del relevo en el  banquillo, desmintió el fichaje de Helenio Herrera y reiteró públicamente su confianza en el entrenador gerundense, unas palabras que – como ya sabemos por larga experiencia – son casi siempre la antesala de un cese anunciado.

El balance de Domènec Balmanya como entrenador del Barça puede resumirse de la siguiente forma: había dirigido al equipo en 69 partidos oficiales, logrando 39 victorias (un 56,52 % del total), 13 empates y 17 derrotas, marcando los azulgranas a sus órdenes  174 goles y encajando 87. En su haber figuraban un título de Copa (1957), una «Pequeña Copa del Mundo» (1957), dos terceros puestos en la Liga, y la clasificación para la final de la primera edición de la Copa de Ferias, cuyo encuentro de ida se disputó mientras ocupaba aun el banquillo, lográndose un resultado que dejaba en franquía la consecución del torneo. Puede decirse, por lo tanto, que su experiencia había sido más positiva que la de sus dos inmediatos predecesores en el cargo, Sandro Puppo y Franz Platko, que habían dejado su palmarés barcelonista en blanco, aunque el gerundense había contado con dos temporadas de confianza en lugar de una sola, pero con un equipo en formación que explotaría muy poco después con Helenio Herrera en el banquillo, superando por dos veces en el Torneo de la Regularidad al Real Madrid de las 5 Copas de Europa.

CERCA DE MEDIO SIGLO MÁS DE FÚTBOL

Balmanya había nacido en una provincia fronteriza, y en algunos momentos su vida va a transcurrir a caballo entre España y Francia. Esto sucede nuevamente, sin ir más lejos, una vez que se desvincule del Barça. Volverá a Sete, la ciudad occitana donde actuó como futbolista durante parte de nuestra Guerra Civil, en esta ocasión  para dirigir al equipo local un par de temporadas. Dos años más tarde, en 1960, regresa a España, haciéndose cargo del Valencia, al cual en su segunda campaña, la 61-62, lleva hasta la final de la Copa de Ferias, que acabarían por conquistar los «ches» a principios de la siguiente campaña, precisamente frente al Barça (6 -2 y 1 a 1), tras haber sido aplazado el choque decisivo a consecuencia de la disputa del Campeonato Mundial en Chile, aunque quien se sentaría entonces en el banquillo levantino sería el técnico argentino Alejandro Scopelli.

Durante el curso 62-63 realizará las funciones de secretario técnico en el RCD. Español, que ese año actuaba en Segunda División, aunque va a conseguir el ascenso tras una reñida promoción contra el Mallorca. Viajero incansable, en la siguiente temporada, 63-64, le encontramos en Sevilla, al frente del Betis. Los verdiblancos contaban con un gran equipo (Pepín, Grau, Ríos, Colo, Martínez, Bosch, Lasa, Ansola, Luís, Molina, los jóvenes Rogelio y Quino…), y van a ser la gran revelación del torneo, clasificándose en tercer lugar tras Real Madrid y Barcelona. No seguirá sin embargo en «Heliópolis», aunque tampoco saldrá de Andalucía. El Málaga se beneficia de su magisterio, y cuajará también una gran campaña, al final de la cual ascenderá a la División de Honor tras superar en la promoción al Levante. En aquel equipo figuran futbolistas de la talla de Américo, Montero, Pepe Arias, el marroquí  Ben Barek, el internacional Chuzo, Benítez, Aragón, el veterano Pepillo, el malogrado Pedro Berruezo, el vasco Otiñano o el mítico Manolo Velázquez, cedido por el Real Madrid.

Pero tal vez el mayor triunfo de toda su larga carrera como entrenador lo va a lograr en la temporada 65-66. Bajo su batuta, y en el último año del viejo «Metropolitano», el Atlético de Madrid  se proclamará brillante campeón de Liga, un título que no conseguía desde el ya lejano 1951, por delante del Real Madrid «Ye-yé» y el Barça. Allí se reencontró con sus viejos conocidos Colo y Luís Aragonés (el otro jugador fichado del Betis, el infortunado Miguel Martínez, permanecía en estado de coma en un hospital, víctima de una cruel e implacable enfermedad), y con un ramillete de excelentes futbolistas: Madinabeitia, Rivilla, Griffa, Calleja, Glaría, Ufarte, Jones, Cardona, Mendonça, Adelardo o Collar.

Ha llegado a la cumbre, y los máximos rectores de nuestro fútbol deciden ofrecerle la dirección del combinado nacional, que acababa de ofrecer un muy discreto rendimiento en el Campeonato del Mundo de 1966, en Inglaterra, donde cayó en la primera fase, con derrotas ante Argentina y la RFA, y un triunfo por la mínima frente a la débil Suiza. Balmanya va a estar al timón de la selección  hasta mayo de 1968. Su objetivo será clasificar a España para la fase final de la Eurocopa que se disputa en la primavera del 68, y tratar de revalidar el título conquistado brillantemente ante la URSS en Madrid, cuatro años antes.

Debuta en el banquillo del combinado nacional el 23 de octubre de 1966, en Dublín ante la República de Irlanda (0-0). Va a dar la alternativa a una nueva generación de destacados futbolistas (Osorio, Sáez, Canós, Tonono, Rifé, Gárate, Grosso, Vavá, Marcial, Velázquez, José María…), pero no logrará su propósito, pues los entonces campeones del mundo, Inglaterra, se cruzan en el camino de los nuestros y les eliminan, impidiéndoles optar a mayores cotas. Balmanya dirigirá a la Selección Española en un total de 11 ocasiones, obteniendo un balance de cuatro victorias, tres empates y cuatro derrotas (tres de ellas infligidas por Inglaterra). Le va a sustituir en el cargo el doctor Eduardo Toba, que también fracasará en el objetivo de clasificar a nuestro equipo nacional para una cita aun más importante, el Campeonato del Mundo de 1970, que se celebraría en México.

En ese punto de su carrera, Balmanya acepta una jugosa oferta del presidente del Barcelona, Narcís de Carreras, para convertirse en  secretario técnico del club azulgrana, con Salvador Artigas de entrenador. Durante su gestión el Barça realizó dos fichajes «de campanillas»: el ariete del Real Zaragoza Bustillo, y el centrocampista del RCD. Español Marcial, ambos internacionales. Cesará en su cargo al dimitir Carreras y toda su Junta Directiva, a causa de los malos resultados del equipo. Con la temporada 70-71 ya comenzada, es contratado para tratar de enderezar el rumbo de un Real Zaragoza donde aun sobrevivían los últimos «magníficos», Santos y Villa, y que amenazaba con irse a pique. Pero no lo va a conseguir, será destituido después de ocupar su banquillo durante doce partidos, y el equipo maño, tras quince años ininterrumpidos en la máxima categoría, ganando títulos nacionales e internacionales, se irá irremisiblemente al pozo de la Segunda División.

En 1972, y después de tomarse un año sabático, Balmanya se comprometerá de nuevo con un conjunto de Segunda, el Cádiz, que deseaba fervientemente cambiar de categoría. No lo logrará en  sus dos temporadas de estancia en la Tacita de Plata, pero va a poner las bases de un equipo que pocos años más tarde dará por fin el gran salto. De aquel cuadro amarillo a sus órdenes va a salir  un fenomenal jugador, Migueli, al que seguramente «Mingu» recomendó encarecidamente a su querido Barça. Pondrá punto final a su carrera como técnico – al igual que ya había hecho como jugador – en el Sant Andreu barcelonés, donde va a ser relevado precisamente por su antiguo compañero César Rodríguez en la temporada 75-76, logrando el Pelucas salvar del descenso al equipo cuatribarrado.

Pero una despedida tan poco airosa no puede hacer borrar su dilatado currículo como técnico y profesor de la Escuela Nacional de Entrenadores. Y esa sabiduría, atesorada a lo largo  de muchas décadas de dedicación al fútbol, la continuará derramando a través de las ondas de la radio en calidad de comentarista, casi siempre al lado del entonces popularísimo José María García. Toda una vida consagrada por entero al deporte-rey, y que se apagará definitivamente el 14 de febrero de 2002, en la Ciudad Condal, al fallecer víctima de un infarto con 87 años de edad, encontrándose todavía en plena lucidez.  A título póstumo se le concedió la Medalla de Plata al Mérito Deportivo, que venía a unirse a otras muchas distinciones a las que se había hecho acreedor por su buen hacer profesional

NOTA. Para la elaboración de este artículo se han manejado las siguientes obras:

HISTORIA DEL CAMPEONATO NACIONAL DE LIGA. Enrique y Nicolás Fuentes. EFSA. Ibérico Europea de ediciones. 1970

YO. MEMORIAS DE HELENIO HERRERA. Editorial Planeta 1962

CRÓNICAS DEL BARÇA. Antoni Closa. El Observador de la actualidad. 1991

Revista BARÇA

Diario EL MUNDO DEPORTIVO




Domènec “Mingu” Balmanya: 1956-1958. Primera parte

Balmanya01A diferencia de lo ocurrido con otros técnicos, el paso por el Barça de Domènec Balmanya, el entrañable Mingu, no representó el cénit de su carrera como técnico, sino más bien una de sus primeras etapas. Saltó del banquillo de un recién estrenado «Camp Nou» con sólo 43 años, a pesar de que su encanecido cabello le hacía aparentar unos cuantos más, a una edad en la que muchos entrenadores aun lo tienen todo por demostrar. Y él lo demostró – o mejor dicho, lo corroboró – en numerosos equipos, e incluso en algún que otro despacho, durante las dos décadas siguientes, hasta que su vida particular – familia y negocios – le retiró del fútbol «activo», aunque seguiría cultivando su gran pasión en calidad de comentarista radiofónico hasta prácticamente el momento de su muerte.

Domènec Balmanya Perera nace en Girona el 29 de diciembre de 1914. Su padre tenía una pequeña carpintería en la calle Anselm Clavé, y el chico va a crecer sanote y fuerte, y muy pronto empezará a propinarle patadas a un balón o a lo que se terciase y tuviera forma más o menos redonda, a la vez que cantaba en el coro de la iglesia del Mercadal. En La Dehesa, hermosa arboleda situada a las afueras de la capital gerundense pasará buena parte de esos años formativos, puliendo su técnica individual y aprendiendo a conducir el balón con la cabeza bien alta, si no quería estamparse de morros contra alguno de sus muchos árboles. Alumno del Colegio de los Hermanos de La Salle, donde cursa estudios de Comercio, se inicia en los infantiles del Girona FC. Aun en edad juvenil, y gracias a su poderosa constitución física, muy pronto formará parte del equipo reserva de los rojiblancos, en Segunda Regional.

Sus primeros pasos los dio como delantero, pero en la temporada 33-34 el entrenador José Luís Zabala le bajó a la medular, situándole en la posición de volante derecho. En la campaña siguiente ya ingresa en la primera plantilla del Girona, militando en Segunda División, y destaca tanto que el Barça le va a fichar al terminar dicho curso. El Girona cobró 15.000 pesetas por el traspaso, y el jugador 10.000, que para entonces no estaba nada mal, con un sueldo mensual de 500 pesetas, y una prima de 150 por partido ganado, fruto de unas negociaciones llevadas por su propio padre. Ya en las filas del Barça va a convertirse en uno de los titulares indiscutibles, a las órdenes del técnico irlandés Patrick O´Connell, actuando como medio izquierdo. Los azulgranas, tras algunos años muy grises, contaban entonces con un buen equipo, en el que junto al joven y fornido Mingu figuraban gente de la talla de Nogués, Areso, Zabalo, Berkessy (con el que tendrá posteriormente ciertos desencuentros durante su etapa de entrenador del Real Zaragoza), Raich, Ventolrá, Escolá, Enrique Fernández o Munlloch. En la Liga se clasifican en mitad de la tabla, pero en la Copa llegan hasta la final, aunque son derrotados en «Mestalla» por el Real Madrid (2-1), en un vibrante encuentro donde Balmanya resulta lesionado.

UNA CARRERA PARTIDA EN DOS POR LA GUERRA

Con el estallido de la Guerra Civil se suspenden todas las competiciones nacionales, pero los jugadores barcelonesas reinician los entrenamientos como si nada hubiera ocurrido en agosto de 1936, con vistas a disputar el Campeonato de Cataluña y una nueva e improvisada competición, la Liga Mediterránea, en la que finalmente se impondrán los azulgranas. Con posterioridad, entre mayo y octubre de 1937, el equipo dejará una convulsa Ciudad Condal para embarcarse en una larga gira  por México y Estados Unidos, que entre otras cosas servirá para restañar el maltrecho estado económico de la entidad culé, muy resentido por las numerosas bajas de socios y las escasas recaudaciones de los partidos que seguían jugándose en «Les Corts» en plena Guerra.

A la hora del regreso a Barcelona, algunos futbolistas van a optar por quedarse en México, mientras que otros pasarán a la vecina Francia. Entre estos últimos se encuentra Balmanya, que va a enrolarse en el Séte, un equipo de la Primera División gala, representativo de una pequeña ciudad occitana, en la región del Languedoc-Rosellón, próxima a Montpellier y cuna de grandes escritores y artistas como el poeta Paul Valery, el cantautor Georges Brassens o el guitarrista flamenco «Manitas de plata». Allí actúa junto a  sus compañeros Escolá y Raich, y va a proclamarse campeón de la Liga del país vecino en 1938-39. El 1 de abril de 1939 finaliza la Guerra Civil Española, pero el primero de septiembre del mismo año estalla la que pronto va a convertirse en Segunda Guerra Mundial, y entonces Balmanya deja el Séte, retornando a su ciudad natal, Girona. Las autoridades deportivas del nuevo estado franquista van a suspender por largo tiempo a todos los futbolistas que no se habían incorporado a la España Nacional, de modo que Mingu verá nuevamente truncada su carrera deportiva, y tendrá que sobrevivir durante estos difíciles años dedicándose al negocio familiar de carpintería, mientras mantenía mínimamente la forma jugando partidos de Festa Major por los pueblos.

Al final, los seis años de suspensión impuestos en un primer momento van a quedarse sólo en dos, y así, al iniciarse la temporada 1941-42 ya puede reincorporarse a un Barça renquean, que durante aquella misma campaña se verá obligado a jugar la promoción para mantener la categoría (lo que consigue goleando al Murcia, 5 a 1, en un partido disputado en Madrid), pero una semana antes había conquistado la «Copa del Generalísimo», al derrotar al Athletic de Bilbao por 4 a 3, en un encuentro de lo más emocionante, que se disputó en el viejo campo de Chamartín el 21 de junio de 1942, y en el que el Barça presentó la siguiente alineación: Miró; Zabala, Benito; Raich, Rosalench, Llácer; Sospedra, Escolá, Mariano Martín, Balmanya y Bravo.

Continuará como jugador barcelonista en las dos siguientes campañas, para fichar en 1944 por el Nàstic de Tarragona, cobrando 25.000 pesetas. En total se enfundó la elástica blaugrana en   111 ocasiones, marcando   16 goles. Su trayectoria resultó partida de raíz por nuestra contienda fratricida, impidiendo seguramente que llegase a cotas más elevadas (jamás fue internacional, por ejemplo, aunque también en su época se jugaban muy pocos partidos entre selecciones, por culpa de la Guerra Mundial). Con los bermellones va a ascender desde Tercera a Primera División, donde debutan los de la Imperial Tarraco en la temporada 47-48. Balmanya llegará a realizar incluso las funciones de jugador-entrenador en el curso 1949-50, durante el tramo final del campeonato. Una vez colgadas las botas en el Sant Andreu (1950-51), va a sacarse el título de entrenador regional, y será segundo de su promoción en el cursillo del Nacional, tras Salvador Artigas. Incluso  – todo un estudioso – llegará a realizar un curso en Reims, Francia.

Se estrena en el banquillo en 1952, dirigiendo a su Girona en Tercera División, pero muy pronto, en noviembre de dicho año, recibe la llamada de un Real Zaragoza en apuros, para intentar salvarlo del descenso, cosa que finalmente no pudo lograr. No obstante, continúa al frente del equipo año en Segunda, iniciando la temporada 53-54, aunque al concluir la décima jornada presenta su dimisión a causa de los malos resultados, iniciándose una batalla de declaraciones cruzadas entre Mingu y su predecesor en el cargo,  Elemer Berkessy – que seguía viendo en Zaragoza-. Se daba la curiosa circunstancia de que ambos técnicos habían coincidido como jugadores en las filas del Barça durante la temporada 35-36, y que luego Berkessy fue alumno de Balmanya en la Escuela Nacional de Preparadores, según nos cuenta en su magnífico y documentadísimo artículo, publicado hace unos meses en «Cuadernos de Fútbol»,  Vidal Viñarás de Blas.

En la temporada 54-55 Balmanya casi logra ascender al Real Oviedo, subcampeón del Grupo 1 de Segunda, pero a la postre sólo podrá clasificarse en tercer lugar  en la liguilla de ascenso. Y tras un año en blanco, va a ser el elegido  por el presidente Francesc Miró-Sans para sustituir a Platko en un Barça que lleva ya tres años sin rascar bola. Su experiencia en los banquillos no es mucha, pero su prestigio como profundo conocedor del fútbol le acompaña ya a dónde quiera que va.

EL BARÇA LE BRINDA SU PRIMERA GRAN OPORTUNIDAD COMO ENTRENADOR

En una época en la que aun no se habían inventado los stage de pretemporada -y casi ni se empleaba dicho concepto, sino que se hablaba de «preparación», y posteriormente de «rodaje»- Balmanya, tras la preceptiva presentación en «Les Corts» el lunes 6 de agosto,  se va a llevar a sus flamantes pupilos a la localidad gerundense de Ribes de Freser.  Se conservan varios interesantes testimonios gráficos de la estancia allí de la plantilla barcelonesa, entre ellos la fotografía (ver debajo) de todo el grupo sentado en los peldaños de una gran escalinata de piedra, con el nuevo técnico y sus auxiliares Ángel Mur Navarro y Claudio Pellejero detrás suyo, de pie y con los brazos cruzados, como si fueran los profesores de una clase de aplicados alumnos.

Balmanya02Tras unos días de oxigenación esnifando los puros y límpidos aires pirenaicos, el plantel blaugrana va a regresar a la Ciudad Condal el sábado 11 de agosto.

Se produce  el acostumbrado movimiento de altas y bajas, que ese verano tiene especial incidencia debido al ascenso del España Industrial a Primera División, aunque para poder competir en la máxima categoría del fútbol español se verá obligado a cambiar su nombre por el de «Club Deportivo Condal», ya que la reglamentación entonces vigente impedía la presencia de clubes con nombres de empresa («La España Industrial» era una conocida factoría textil ubicada en el barrio barcelonés de Sants y dedicada al hilado, tejido y estampado del algodón). Dadas las especiales relaciones entre ambos clubes (de hecho, el recién ascendido venía a ser en la práctica un autentico filial del Barça, aunque las autoridades federativas no lo considerasen así), varios jugadores de la plantilla profesional azulgrana pasarán al nuevo primerdivisionario (Goicolea, Hanke, Castañer, Gonzalvo III, Navarro II y Moll), mientras que de sus filas promocionan al Barça el guardameta Pere Estrems, el defensa Ferrán Olivella y el centrocampista Martí Verges, que se unen a las incorporaciones producidas a finales de la anterior temporada 55-56: Ribelles y Gensana, ambos procedentes de la U.E. Lleida, el gerundense Coll y los paraguayos Melanio Olmedo y Eulogio Martínez. De manera que la plantilla barcelonista para la temporada 1956-57 va a quedar configurada de la forma siguiente: Ramallets, Estrems, Olivella, Seguer, Biosca, Brugué, Olmedo, Gracia, Segarra, Gensana, Flotats, Bosch, Vergés, Basora, Tejada, Mandi, Ribelles, Coll, Villaverde, Sampedro, Kubala, Eulogio Martínez, Luís Suárez y Manchón. Causan baja los delanteros Areta II, que pasa al Valencia, y Moreno, que se va a la Unión Deportiva Las Palmas.

Balmanya va a protagonizar una pequeña revolución, dando cancha a lo que dará en llamarse «el equipo experimental». Por aquellos días de 1956 estaba muy de actualidad el término «desestalinización», para referirse al proceso iniciado por el dirigente soviético Nikita Kruschev, el nuevo hombre fuerte del Kremlin, que había denunciado en el XX Congreso del PCUS los «errores» cometidos por el Camarada Stalin, repentinamente fallecido en marzo de 1953. Una vez muerto el todopoderoso líder, la URSS emprende una tímida liberalización conocida como «el Deshielo». Pues bien: en el Barça va a hablarse también de «deskubalización», en el sentido de tratar de limitar la excesiva dependencia que el equipo tenía respecto al juego de su gran estrella surgida del frío. Balmanya  será el encargado de llevar a cabo este reajuste, ocasionado también por el lento pero inexorable declive físico de un Laszi muy castigado por las lesiones, apostando por jóvenes valores de la cantera catalana -los citados Olivella, Vergés y Gensana- que alcanzarían la internacionalidad con la Selección Absoluta antes de que finalizase la temporada de su debut en la máxima categoría, mientras que el guardameta Pere Estrems tendrá que contentarse con permanecer a la sombra del incombustible Ramallets. Del Girona había llegado el extremo ambidiestro Lluis Coll, un jugador que prometía mucho pero al que la mala suerte en forma de lesiones y la gran  competencia en su demarcación (Basora, Manchón, Tejada, Czibor, Villaverde…) impidieron triunfar. También con Balmanya en el banquillo se consolida en el lateral izquierdo de la zaga Sigfrid Gracia, al que Platko había convertido en titular durante el curso anterior. Y, por supuesto, lo hace también el talentoso y casi imberbe Luís Suárez, que irá tomando la manija del equipo, para disgusto de los más acérrimos partidarios de Kubala, porque entre la afición comienza a producirse una especie de cisma, dividiéndose estúpidamente  en dos bandos, «suaristas» y «kubalistas», cuando juventud y experiencia eran perfectamente compatibles en la misma alineación. Y eso, sin contar con el nuevo fichaje para la temporada 56-57, el paraguayo Eulogio Martínez, un delantero tan hábil como rompedor, auténtico «abrelatas» de las defensas contrarias.

Los cambios también traen aparejado el eclipse de algunos jugadores. Gonzalvo III, tras su brillante carrera, pasará a reforzar al Condal, mientras que el peso específico de hombres como Seguer, Flotats, Bosch o Manchón desciende notablemente. No así el de Estanislau Basora, que va a conocer algo parecido a una segunda juventud, ni tampoco el de Segarra, quien una vez desplazado del lateral izquierdo por el joven Gracia, será capaz de reciclarse en la zona media del campo, demostrando gran brillo y jerarquía.

El equipo va a presentarse ante su afición el miércoles 22 de agosto, en un partido amistoso en el cual el Barça vence claramente al Racing de París por 5 goles a 2, obra de Tejada (2), Sampedro, Suárez y Villaverde. Esta fue la alineación azulgrana: Ramallets (Estrems); Gensana (Olivella), Biosca (Brugué), Olivella (Gracia): Bosch (Vergés), Segarra; Tejada (Basora), Villaverde, Kubala (Sampedro), Martínez (Suárez) y Coll (Tejada). Balmanya, en sus exclamaciones a la prensa, va a criticar la impaciencia de la afición, argumentando que «formar un equipo no es cosa de un día ni de semanas, sino de meses». Añade que el trabajo diario ha variado en lo referente a la preparación física, ahora más intensa, y en aspectos tácticos del juego, y pide paciencia hasta que se logre la necesaria compenetración de un conjunto que pretende evolucionar con mayor rapidez que antes. También, durante la nueva temporada, va a aprovechar los jueves para sustituir el entrenamiento de ese día por partidos amistosos disputados en «Les Corts» contra equipos catalanes de Tercera División, alineando en ellos a los suplentes habituales, a jugadores aun faltos de ritmo tras salir de una lesión,  y a jóvenes promesas.

PRIMER ACTO…

El domingo 9 de septiembre de 1956 arranca una nueva edición del Campeonato Nacional de Liga, la que suponía el número 26 desde su inicio. El Barça de Balmanya lo hace en «Les Corts», con el recién ascendido Osasuna como contrincante y la siguiente alineación: Ramallets; Olivella, Biosca, Gracia; Bosch, Segarra; Mandi, Villaverde, Kubala, Suárez y Coll. Palmas de tango y discreta victoria local, con un gol en cada tiempo, obra de Bosch y Villaverde. El primer líder del campeonato va a ser el Real Madrid, tras vencer ampliamente en el «Bernabeu» al Condal, a pesar de todos sus refuerzos barcelonistas (6-0)

Segunda jornada. Derrota en Valladolid (2-1). Los locales pusieron más nervio y velocidad que el Barça. En la primera parte el ex-azulgrana Badenes y el catalán Murillo anotaron el 2-0, y en la segunda Basora acortó distancias nada más iniciada la reanudación. Líder Real Madrid, con 3 puntos, empatado con Atlético de Madrid, Athletic de Bilbao, Zaragoza, Las Palmas, Real Sociedad y Sevilla, y el Barça un punto abajo.

Tercera jornada. Marcador de escándalo en «Les Corts»: Barça 7-Atlético de Madrid 3. Floja defensa «colchonera» y cuatro tantos de Luís Suárez y 3 de Justo Tejada, y eso que no jugó Kubala…El Real Zaragoza es sorprendente líder, con cinco puntos, mientras que el Barça ocupa la quinta plaza con cuatro.

Cuarta jornada: Jaén 1-Barça 2. Dominio azulgrana y defensiva local. No obstante abrieron el marcador los andaluces con un tanto de Antoniet, pero Tejada empató antes del descanso, y Luís Suárez, de tiro lejano, consiguió el gol de la victoria barcelonesa. El Athletic de Bilbao es nuevo líder (7 puntos), y el Barça segundo con 6, encabezando un grupo de seguidores completado por Sevilla, Las Palmas y Valladolid. El Real Madrid, vigente primer campeón de Europa, no había empezado bien la competición, y era octavo, con tan sólo cuatro puntos.

Quinta jornada. El Barça – que seguía sin poder contar con Kubala – vence en «Les Corts» sin grandes apuros al Deportivo de La Coruña por 3 a 1 (Suárez, Sampedro y Villaverde). Ahora los blaugranas son segundos en solitario, a un punto del Athletic de Bilbao que comanda la clasificación.

Jornada 6. Choque en la cumbre entre los dos primeros clasificados. El Barça va a lograr un magnífico resultado en el terreno del vigente campeón liguero. Mayor dominio rojiblanco pero peligrosos contraataques azulgranas. Los dos tantos se marcaron en la segunda parte, obra de Suárez -que se estaba mostrando muy goleador en este comienzo de temporada- y Maguregui. Las posiciones seguían igual que una semana antes, pero el Real Madrid ya era cuarto, a sólo dos puntos del líder.

Jornada 7. Tropiezo del Barça en el «Estadio Insular» ante Las Palmas, que venció por la mínima gracias a un gol logrado en la primera mitad. Buena defensiva local, y un Barça que defraudó en su paso por Canarias pese a la reaparición de Kubala. El Athletic de Bilbao seguía al frente de la tabla, pero el Barça cae a la cuarta posición, a 3 puntos de los «leones». El Real Madrid ya es segundo, a dos puntos de los vascos.

Jornada 8. Barça 1- Real Sociedad 0. Victoria catalana con grandes apuros. El cerrojo donostiarra mantuvo su portería a cero hasta 10 minutos antes del final, cuando el joven Vergés batió al meta guipuzcoano. El Bilbao continuaba arriba con 14 puntos, el Real Madrid era segundo (12), y el Barça tercero con 11, empatado con Valladolid, mientras  que Sevilla y Las Palmas ocupaban la quinta y sexta plaza, respectivamente, a cuatro del líder.

Jornada 9. Gran partido en «Mestalla», con dos equipos volcados al ataque y constantes alternativas en el marcador. El resultado final fue de empate a 3, con goles blaugranas de Eulogio Martínez (su primer tanto en Liga), Tejada y Manchón, este último a sólo dos minutos del pitido final. Dos de los goles «ches» los hicieron ex-barcelonistas: Estéban Areta y «Cheché» Martín. El R. Madrid alcanzaba en la cabeza al Athletic, al derrotarle claramente en el «Bernabéu» por 3-0 (Mateos, Kopa y Gento). Barça y Sevilla son tercero y cuarto, a dos puntos de «merengues» y bilbaínos.

Jornada 10. Nuevo duelo de titanes en «Les Corts»: Barça 1-Real Madrid 0. Mejor juego barcelonista, que mereció una victoria más amplia, frustrada por la gran actuación del meta merengue Juanito Alonso. Suárez marco el único tanto del encuentro en el minuto 46, y el flamante fichaje madridista, el delantero francés Raymond Kopa, falló dos claras oportunidades. A las órdenes del vizcaíno Ortiz de Mendíbil ambos equipos presentaron las siguientes alineaciones: por el Barça, Ramallets; Olivella, Brugué, Gracia; Vergés, Gensana; Tejada, Sampedro, Eulogio Martínez, Suárez y Manchón, y por el Real Madrid, Alonso; Atienza, Oliva, Lesmes II; Santistéban, Zárraga; Kopa, Marsal, Di Stefano, Mateos y Gento. De nuevo era baja Kubala.

Al finalizar el primer tercio de la competición, la tabla estaba encabezada por el Athletic de Bilbao, con 16 puntos y 4 positivos, seguido por el Real Madrid, Barcelona y Sevilla, empatados los tres a 14 puntos. El Barça ofrecía un balance de 6 partidos ganados, 2 empatados y otros tantos perdidos, con 21 goles a favor (pocos) y 12 en contra. Por otra parte, su gran estrella, Kubala, tan sólo había podido participar en tres encuentros.

Jornada 11. En «Torrero» el recién ascendido Zaragoza va a dar buena cuenta del Barça por 2 a 0, ambos conseguidos en la primera parte, obra de Domingo y Wilson. Dominio alterno en un partido emocionante que dejó al Barcelona cuarto de la general, a 2 puntos del nuevo líder, el Real Madrid, que aprovechó también la derrota del Athletic en «Balaídos» para encaramarse al frente de la clasificación.

Jornada 12. El Barça se deshace con facilidad del Celta en «Les Corts» (4-1: Manchón, Sampedro, Gracia y Tejada), pero el Real Madrid vence en «Mestalla» (1-2), y el Athletic de Bilbao derrota al Condal por 3 a 0 en «San Mamés». Siguen líderes los blancos, empatados a puntos con los «leones», con Barça y Sevilla a 2 puntos.

Jornada 13. Mal resultado para el Barça, ya que en duelo fratricida en «Les Corts», jugando como visitante, no fue capaz de pasar del empate ante el Condal. Estas fueron las formaciones: por los condalistas, Goicolea; Simó, Rodri, Castañer; Gonzalvo III, Roma; Moll, Duró, Moya, Salvador y Bertrán, y por los azulgranas, Ramallets; Olivella, Brugué, Gracia; Vergés, Gensana; Tejada, Sampedro, Eulogio Martínez, Suárez y Manchón. Marcó primero Manchón, en el 28, pero empató Duró en el minuto 70. El encuentro se disputó  el 1 de diciembre de 1956, a las órdenes del colegiado señor Blanco Pérez. Y como tampoco el Athletic de Bilbao se lució (perdió 3-0 en Sarrià), el Madrid – que derrotaba al Las Palmas en el «Bernabéu» por el mismo resultado abría brecha en la tabla: 20 puntos, con los vascos y el Sevilla con 18, y el Barça con 17.

Jornada 14. Otro mal resultado blaugrana. En el derbi local, Barça 1 (Manchón)-Español 1 (Coll), en un partido decepcionante,  flojo aunque igualado. Pero el Real Madrid tropieza en su casa frente al Real Zaragoza (3-3), y el Sevilla es apalizado en «San Mames» (5-0). Clasificación: Real Madrid (21), Athletic (20), Barça y Sevilla (ambos con 18)

Jornada 15. Choque de los grandes en «Nervión», con victoria merecida de un buen Sevilla sobre el Barça. 2 a 0 en la primera mitad (Ramoní y Arza), y Bosch que acorta distancias en la segunda. Ramallets atajó un máximo castigo. El Real Madrid, por su parte, vence con claridad al Celta en «Balaídos» (0-3), y el Athletic de Bilbao se impone en Pamplona a Osasuna (1-2). Al llegar al ecuador de la competición, el Madrid es líder – y honorífico «Campeón de Invierno» – con 23 puntos, y le siguen Athletic (22 ), Sevilla (20) y Barça, ya algo descolgado con 17, un registro muy pobre.

SEGUNDO ACTO…

Jornada 16. El Barça no parece levantar cabeza en cuanto a resultados, pero despacha un gran encuentro en «San Juan» frente a Osasuna, con empate final a 2. Se adelantó con sendas dianas de Eulogio Martínez y Kubala (que reaparecía), pero luego los navarros equilibraron la contienda en sólo tres minutos. Vencedor del Condal en «Les Corts» (0-1), el Real Madrid no aflojaba, mientras que el Sevilla se deshacía con apuros de la Real Sociedad en la capital hispalense (3-2), y el Athletic caía en «Zorrilla». Los merengues se distanciaban de sus perseguidores: 3 puntos con respecto a Bilbao y Sevilla, y 6 al Barça, igualado con un buen Valladolid, donde destacaban sus dos goleadores Murilo y Badenes.

Jornada 17. Mal Día de Reyes para el Athletic (cae en San Mamés 1-4 ante el Atlético de Madrid) y Sevilla (pierde 2-0 en Mestalla), y bueno en cambio para Real Madrid (7 a 2 al Español en el «Bernabéu») y Barça (4-0 al Valladolid, con dos tantos de Kubala y Eulogio Martínez y Basora completando la goleada). Ahora los blancos aventajan en 5 puntos a Bilbao y Sevilla, y continúan con el Barça a 6. La liga parecía ponérseles de cara…

Jornada 18. Las distancias  se estrechan debido a los marcadores de este domingo. Cae el Real Madrid en «Nervión» (2 a 0), el Athletic sorprendentemente también en Jaén (4-2) y el Barça – esto ya más lógico – en el «Metropolitano» (2 a 1, con tanto de Basora). Así queda la tabla: 1º Real Madrid (27), 2º Sevilla (24), 3º y 4º Atlético de Madrid – que entra en la pugna – y Athletic de Bilbao (22), y 5º Barça (21)

Jornada 19. Esquiva para las aspiraciones de Sevilla (pierde 3-1 en Zaragoza) y Atlético de Madrid – derrotado en «Atocha» por 2 a 1 -, y mejor para Athletic (2 a 0 al Deportivo de La Coruña en San Mamés) Real Madrid (apurada victoria casera ante Osasuna, 2-1) y Barça, 4 a 2 al Jaén, con tantos de Suárez (2), Basora – de nuevo en gran forma –  y Manchón. El Real Madrid es líder con 29, seguido de Athletic y Sevilla con 24, mientras que el Barça ocupa la cuarta plaza con 23.

Jornada 20. Gran victoria barcelonista en «Riazor» aplastando a un débil Deportivo, 1-6 (Kubala 3, Martínez, Suárez y Manchón). El Real Madrid empata a 3 en «Zorrilla», el Sevilla vence 2-0 al Celta en «Nervión». y el Athletic de Bilbao cae goleado 4-0 en  el «insular». Madrid 30, Sevilla 26, Barça 25, y los dos Atléticos con 24.

Jornada 21. El Barça acaba con todas las aspiraciones del Athletic de Bilbao al derrotarle en «Les Corts» por 2 a 0, con goles de Tejada y Eulogio Martínez en un partido flojo en el que el técnico rojiblanco Daucik presentó un equipo plagado de suplentes, reservando a los titulares para un crucial compromiso en la Copa de Europa. Y en la misma Barcelona, el Condal va a golear contra todo pronóstico al Sevilla por 5-1 (Allende 2 y Basora II 3), mientras que también de manera sorprendente el Atlético de Madrid se llevaba los dos puntos en su visita al «Bernabéu» (0 a 2, con tantos de Peiró y Miguel a la contra), en un pésimo partido de los blancos. La cabeza se estrechaba: 1º Real Madrid (30), 2º Barça (27), 3º y 4º Atlético de Madrid y Sevilla (26) y 5º Athletic de Bilbao (24)

Jornada 22. Vencen los cinco primeros clasificados, y todo permanece igual. El Barça golea en «Les Corts» a la UD. Las Palmas, 6 a 1, con tantos de Bosch (2), Villaverde, Eulogio Martínez, Basora y Kubala, de penalty.

Jornada 23. El Real Madrid se distancia un poco más del Barça, pues mientras los blancos derrotan en la capital al Deportivo de La Coruña con un solitario gol de Mateos, los azulgranas no pueden pasar del empate en «Atocha» (2-2) ante la Real Sociedad, aunque consiguieron nivelar un 2-0 adverso con goles de Eulogio Martínez y Kubala. El Sevilla, por su parte, vence a Las Palmas en «Nervión» (3-1), el Atlético de Madrid pierde 1-0 en Vigo, y el Athletic conquista «Mestalla» (1-2). Real Madrid 34, Barça y Sevilla 30, Atlético de Madrid y Athletic 28.

Jornada 24. Se estrecha mucho la cabeza. El Real Madrid cae en «San Mames» (4-2), el Sevilla lo hace más estrepitosamente aun en «San Juan» – 5 a 2-, el Atlético de Madrid golea al Condal en su feudo del «Metropolitano» (6-2), y el Barça derrota con apuros al Valencia (3 a 2). Basora, Villaverde y Eulogio Martínez marcaron por los catalanes, y Areta II e Iborra por los levantinos. El Madrid ya sólo le sacaba dos puntos al Barça (34-32), y cuatro a un trío perseguidor formado por los dos Atléticos y el Sevilla. El título estaba todavía abierto. Y al domingo siguiente se disputaría un trascendental R. Madrid-Barça en el «Bernabéu»…

Jornada 25. En el «partidazo» de la jornada el Real Madrid va a derrotar por 1 a 0 al Barça, igualando el goal average particular y abriendo de nuevo una considerable brecha. En un encuentro pleno de emoción y con mayor dominio local, Joseíto va a hacer el único gol en el minuto 21. Así formaron ambos equipos, a las órdenes del señor González Echeverría: por los blancos, Juanito Alonso; Becerril, Oliva, Atienza; Muñoz, Zárraga; Joseíto, Kopa, Di Stefano, Mateos y Gento, y por los blaugranas, Ramallets; Olivella, Brugué, Gracia; Vergés, Bosch; Basora, Villaverde, Martínez, Kubala y Suárez. El Atlético de Madrid vence en «Sarriá» (0-1), y el Sevilla se impone al Valladolid por 2 a 0 en «Nervión». El Athletic empataba en Zaragoza, y parecía despedirse definitivamente de sus ilusiones de revalidar el título. Así quedaba la tabla: R. Madrid 36, Barcelona, Atlético de Madrid y Sevilla 32, y Athletic 31.

Jornada 26. Vuelven a estrecharse las posiciones, pues el Real Madrid cae estrepitosamente en un embarrado «Atocha», donde la Real le pasa por encima (3-0). El Barça derrota en «Les Corts» al Zaragoza por 4 a 2, todos obra de un Basora como en sus mejores tiempos. Y el Sevilla, en un encuentro también clave, se impone en el «Metropolitano» 1-2 al Atlético de Madrid. Así queda la clasificación, a falta de solamente cuatro jornadas para la conclusión del campeonato: 1º Real Madrid (36), 2º y 3º Barça y Sevilla (34), Athletic de Bilbao con 33, y Atlético de Madrid 32.

Jornada 27. Vencen los tres primeros, y todo sigue igual, con los dos Atléticos descolgándose definitivamente. El Real Madrid se impone al Valencia en la capital (2-0: Mateos y Gento), el Sevilla supera por 3 a 0 al Jaén (los tres goles obra de Arza), y el Barça triunfa 0-2 en «Balaídos», jugando a la contra, con tantos de Suárez y Tejada. A falta de tan sólo tres encuentros el Madrid es líder con 38 puntos, seguido de Barça y Sevilla con 34.

Jornada 28. Continúa el mano a mano Madrid-Barça , mientras que el Sevilla se descuelga de la lucha por el título. Los «merengues» golean a domicilio a la UD. Las Palmas (1-5), los azulgranas le hacen una manita a su filial Condal en «Les Corts» (5 a 0, obra de Suarez, Basora, Manchón, Martínez y Salvador en propia puerta), dejando a los condalistas en una delicada situación, y el Sevilla cae sorprendentemente en «Riazor», ante un Deportivo de La Coruña que lucha denodadamente  por la permanencia. Con ya únicamente cuatro puntos en juego, el Real Madrid aventaja al Barça en dos (con el goal average particular igualado, y el cociente general de goles de ambos muy parejo. Athletic de Bilbao y Sevilla se encuentran a cuatro puntos, y tan sólo los andaluces tienen una remotísima posibilidad de conseguir el título, pues su balance particular con los blancos les es positivo, pero necesitarían hacer pleno, y que los merengues no puntuasen, y además contar con lo que hiciese el Barça…

Jornada 29. Todas esas especulaciones se van a cortar de raíz, pues el Real Madrid hace los deberes y se proclama nuevo campeón por la vía rápida, cantando el alirón  a orillas del Ebro, pues vence en «Torrero» al Zaragoza por 1 a 2, con goles de Mateos, en sendos contragolpes, mientras que el Barça cae en «Sarriá» ante el Español por 2 a 0 (obra de Faura y Arcas, ambos logrados en la segunda mitad). Mal partido culé, sin paliativos, con expulsión de Bosch y extraña falta de intensidad. Los de Balmanya ya únicamente pueden aspirar al segundo puesto (que podría darles acceso a la Copa de Europa  en el caso de que los merengues la conquistasen de nuevo). Para ello era necesario que venciesen a su rival, el Sevilla, que visitaba «Les Corts» para cerrar la competición.

Jornada 30.  En un partido decisivo para obtener el subcampeonato, el Sevilla va a salir airoso del feudo azulgrana, y pocos días más tarde recibirá el premio en forma de participación en la tercera edición de la Copa de Europa, al proclamarse el Real Madrid también campeón continental al derrotar por 2 a 0 a la Fiorentina en el mismísimo estadio «Santiago Bernabéu». Ambos conjuntos van a presentar las siguientes alineaciones, con el señor Birigay como árbitro: por los locales, Ramallets; Olivella, Brugué, Gracia; Vergés, Segarra; Basora, Kubala, Martínez, Suárez y Tejada, y por los visitantes, Busto; Romero, Campanal, Valero; Maraver, Enrique; Pepín, Arza, Pepillo, Domenech y Amaro. Se adelantó el sevillista Enrique en el minuto 21, e igualó Kubala en el 46, pero los catalanes fueron incapaces de deshacer el empate.

Por consiguiente, el Barça va a terminar en tercera posición la Liga 1956-57, con 39 puntos y 9 positivos, a cinco del campeón Real Madrid. Había vencido en 16 ocasiones, empatado en 7 y doblado la rodilla en otras tantas, con un balance de 70 goles a favor y 37 en contra. Con respecto a la temporada anterior, había hecho ocho puntos menos. Los socios y aficionados culés no podían considerarse satisfechos. Pero todo va a cambiar en cuanto arranque la Copa…

…Y UN FELIZ EPÍLOGO

La edición de 1957 la disputan únicamente los 16 equipos que militan en la Primera División, y el sorteo dictamina que el Barça se empareje en octavos de final con el Atlético de Madrid. El encuentro de ida tiene lugar en el «Estadio Metropolitano» el 28 de abril, y la eliminatoria va a quedar sentenciada allí mismo, pues los azulgranas se imponen por 2 a 5. Kubala (2), Martínez, Basora y Tejada marcaron por el conjunto catalán. Y el partido de vuelta va a constituir un inolvidable festival del jugador paraguayo Eulogio Martínez, autor nada menos que de siete  goles (y le anularon otros dos). El octavo fue obra de Kubala, y el choque concluyó con un aplastante 8-1 favorable a los propietarios del terreno. El Barça acababa de fichar por esos días a un gran delantero brasileño, Evaristo de Macedo, y este, al observar cómo se las gastaba el ariete guaraní, teórico rival suyo para el puesto, comentó algo así como «no sé para qué me han traído aquí. Tal vez me den una escoba para barrer el vestuario»

Los cuartos de final enfrentan al Barça con el reciente Campeón de Liga, el Real Madrid, y de nuevo el primer encuentro se disputa en la capital. En esta ocasión las fuerzas estuvieron más niveladas, aunque tampoco a nadie le hubiera extrañado una victoria azulgrana. El primer tiempo acabó con el momentáneo triunfo de los locales por dos goles a uno. Marcó por delante Kubala, de tiro flojo pero esquinado, pero poco después igualó Di Stefano al transformar un penalti por manos de Segarra y al que casi llega Ramallets. A diez minutos del descanso se adelantan los locales mediante un buen cabezazo de la «Saeta Rubia». A poco de iniciarse la segunda parte gran jugada de Kubala, que cede a Basora para que el buen extremo consiga el empate. A partir de ahí dominio visitante, que no se tradujo en nuevos goles. El menudo y rapidísimo Flotats realizó uno de sus acostumbrados y excelentes marcajes a Di Stefano, que sin embargo fue el mejor del Madrid.

El encuentro de vuelta se disputa en «Les Corts» el 19 de mayo, y en él los azulgranas van a golear al Real Madrid en otra tarde inspiradísima. Jugando únicamente con Villaverde y Martínez en punta, y Kubala y los extremos evolucionando desde la medular, pero con un enorme despliegue físico en todos sus elementos, el Barça llegó al descanso con un 2 a 0 a su favor, obra de Martínez y Kubala. En la reanudación de nuevo Martínez en tres ocasiones y Villaverde redondearon la goleada, un aplastante 6 a 1, con un autogol de Olivella que no sirvió para nada.

Una vez eliminado el «coco», el panorama parecía expedito para un Barça que atravesaba un momento de forma sensacional, como hacía años que no conocía. Las semifinales las van a disputar   un «irregular Español», un «tesonero Valencia» y una «modesta pero entusiasta Real Sociedad», por emplear los adjetivos que les dedica el librito «La lucha por la Copa», con textos de Víctor Arévalo y publicado en Zaragoza por «Ediciones Deportivas Dinámico», la artesanal empresa aragonesa responsable del popular calendario que en las décadas siguientes fue una especie de pequeña Biblia para los aficionados a la historia y estadística del fútbol español, antes de la llegada de Internet y las bases de datos.

El bombo va a emparejar a donostiarras y catalanes. El día 2 de junio, en «Atocha», el Barça deja vista para sentencia  la eliminatoria al derrotar contundentemente a la escuadra txuriurdin por 1 a 5, con tantos de Tejada y Martínez por partida doble, y Villaverde. El tanto del honor realista lo marcó Gordejuela de penalti en la primera parte, que terminó con victoria visitante por 1 a 2. La única nota triste de un encuentro en el que no se alineó Kubala fue la grave lesión del defensa central barcelonista Gustau Biosca, que se produjo en el minuto 40 de la primera parte, obligándole a abandonar definitivamente el terreno de juego al minuto 10 de la reanudación, aunque la inferioridad numérica no hizo mella alguna en un Barça lanzado y en vena de aciertos. El partido de vuelta ya fue un mero trámite. El Barça – en cuyas filas Brugué reemplazó al lesionado Biosca –  volvió a repetir el mismo resultado que había cosechado en la Bella Easo. Un solo tanto en la primera mitad, obra de Villaverde, y la goleada en la segunda, con una nueva diana de  Villaverde, más las de Martínez – en dos ocasiones -, y Vergés, esta   de formidable disparo desde 30 metros. Ucelay hizo el único tanto vasco.

Y como quiera que el Español consiguió eliminar al Valencia (1-0 en «Sarriá» y empate a uno en «Mestalla»), a la final van a llegar por vez primera – y única hasta la fecha – los dos eternos rivales barceloneses. Esto es lo que dice la obra citada al referirse al marco del partido definitivo, con la alambicada y retórica prosa de la época: «En cuanto se supo que el C. de F. Barcelona y el R.C.D. Español se habían proclamado finalistas, la Federación Catalana de fútbol y las directivas de ambos clubs, haciéndose portavoces de los fervientes deseos de la afición barcelonesa y de toda la región, solicitaron de las altas esferas de Madrid que se diera autorización para que el Estadio de Montjuich, de la Ciudad Condal, fuera el que albergara tan fausta solemnidad balompédica. Por disposición de S.E. el Jefe del Estado se accedió a tal ruego, y se vieron así colmados los cabales anhelos de las partes directamente interesadas.

Desde luego, la gran masa deportiva catalana podía estar orgullosa. Dos representantes suyos, los de más personalidad y con más gloriosos laureles, llegaban gallardamente a esta cita sin parangón en el fútbol nacional, para dirimir un título que, fuere cual fuere su conquistador, quedaría enraizado en el rico solar de aquellas cultas e industriosas tierras, que son prez y pulso de España.

Revisando la historia, teníamos que el C. de F. Barcelona había protagonizado diecisiete finales, saliendo victorioso en doce ocasiones, en tanto que el R.C.D. Español había tomado parte en seis, ganando dos de ellas»

Lógicamente, el Barça era el gran favorito para alzarse con el título. Le avalaban unos números impresionantes: cinco partidos ganados y uno empatado, con 31 goles (16 de ellos marcados por Eulogio Martínez) a favor y sólo 8 en contra, pero el Español presentaba un curioso balance: había vencido en todos los encuentros disputados en «Sarrià», y empatado en las tres salidas, y si bien solamente había logrado 8 tantos, su meta únicamente había sido perforada en 3 ocasiones. Además, se trataba de una final, y ya se sabe que en ese tipo de partidos, a vida o muerte, puede saltar la sorpresa. Y a punto estuvo de hacerlo, pues el marcador no se movió hasta el minuto 34 de la segunda parte. Pero antes expliquemos brevemente el contexto en el cual tuvo lugar el partido decisivo del «Torneo del KO» del año 1957. Sigamos con el relato original:

 «El Jefe del Estado y su señora presidieron el encuentro. Terminado este, Su Excelencia entregó el preciado trofeo al capitán del conjunto vencedor. La tarde, de una bonancible temperatura y con un radiante sol, coadyuvó a la mayor brillantez del acontecimiento, y el Estadio de Montjuich cubrió totalmente su cabida. Hubiera sido preciso un recinto de doble aforo para complacer las peticiones de entradas que no pudieron atenderse».

A las órdenes del árbitro del Colegio navarro señor Daniel Zariquiegui, ambos conjuntos presentaron aquel 16 de junio de 1957 las siguientes alineaciones: por el Barcelona, Ramallets; Olivella, Brugué, Segarra; Vergés, Gensana; Basora, Villaverde, Martínez, Kubala y Sampedro, y por el Español -entrenado por el mítico Ricardo Zamora-, Vicente; Argilés, Cata, Faura; Gámiz, Casamitjana; Ruiz, Sastre, Cruellas, Oswaldo y Moll.  En el Barcelona era baja, naturalmente, Biosca, así como Luisito Suarez, que no había jugado en toda la Copa, y llamaba la atención la presencia del joven Sampedro en detrimento de los más experimentados Manchón y Tejada, mientras que el Español contaba con una sensible ausencia, la de su delantero Arcas, expulsado en el encuentro de vuelta de semifinales, en «Mestalla», y sancionado a consecuencia de ello.

El partido, jugado con una gran deportividad,  va a responder a lo esperado: un gran ataque contra una buena defensa, nervios, emoción y escaso juego, con mayoría de ocasiones del lado azulgrana, y no se va a decantar del lado barcelonista hasta el minuto 79, cuando Vergés bota con temple una falta, y Sampedro se adelanta a la zaga blanquiazul para batir de cabeza a un Vicente hasta entonces inexpugnable. Con un par de oportunidades más para el Barça, y otra para el Español, finaliza un encuentro del que puede decirse que los azulgranas (con Vergés y Gensana inconmensurables) fueron justos vencedores, adjudicándose con todo merecimiento su decimotercer título copero.

Y el Barça culminará su magnífico final de temporada pocos días más tarde con el triunfo en la «Pequeña Copa del Mundo» de Caracas, borrando así el mal sabor de boca dejado en el mismo escenario cuatro años antes. Ahora va a imponerse a Sevilla, Botafogo y Nacional de Montevideo, saliendo además imbatido del torneo, con cuatro victorias y dos empates, marcando 17 goles (Villaverde y Evaristo 6, Tejada 3, Gensana y Martínez) y encajando solamente 6. Suárez y Kubala no formaron parte de la expedición, lo cual resalta aun más el triunfo, aunque el equipo puso en liza ya a sus nuevos fichajes, el brasileño Evaristo y el paraguayo Hermes González.. A la vuelta el «Gran Capitán» Segarra descenderá por la escalerilla del avión que trae al Barça del otro lado del «Charco» llevando en sus manos un nuevo y valioso trofeo. La primera campaña de Mingu en el banquillo culé va a saldarse, por lo tanto, con un notable alto. Había, pues,  fundadas esperanzas de que en el siguiente curso, el 57-58, el Barça prosiguiera por esa senda triunfal. Plantilla no le faltaba para ello…

NOTA. Para la confección de este artículo se han consultado las obras «HISTORIA DE LA LIGA» y «LA LUCHA POR LA COPA», así como diversos ejemplares del diario «EL MUNDO DEPORTIVO» y la revista «BARÇA»




Platko: El oso rubio de Hungría en el banquillo (1955-56)

Platko01Después de dos técnicos sin pasado azulgrana, Daucik y Puppo, en 1955 va a sentarse en el banquillo de «Les Corts» otro antiguo jugador del club. Pero no se trataba de un futbolista cualquiera, sino de una de las leyendas de gran equipo de los años 20, la década de oro barcelonista hasta aquel momento: Platko, el guardameta húngaro que tuvo la responsabilidad de sustituir a Ricardo Zamora en el marco blaugrana, y salió airoso en el empeño. Llamado Ferenc por su nacimiento en tierras magiares, conocido también como Franz, pues cuando vino al mundo lo hizo en calidad de súbdito del Imperio Austrohúngaro, o incluso Francisco, ya que gran parte de su carrera deportiva, como jugador y posteriormente como entrenador, la va a realizar en países hispanoparlantes, había nacido en Budapest, el 2 de diciembre de 1898, mientras España perdía sus últimos jirones  coloniales, como Ferenc Plattko Kopiletz, en una familia en la que también habría otros dos futbolistas, su hermanos Karoly (Carlos) e István (Esteban), que igualmente serían entrenadores en España entre los años 20 y 50 del pasado siglo.

Alto y corpulento, con un físico muy apropiado para defender la portería de las fieras acometidas de los delanteros de los años 20 y 30, Platko (generalmente llamado así a efectos futbolísticos, con una sola «t») era un guardameta muy completo, con un gran dominio del juego aéreo, una notable capacidad de blocaje y una valentía rayana en la temeridad (rasgo este por el que sería inmortalizado). Sus primeros años como arquero le encontramos en el Vasas húngaro, WAC de Viena, Middlesbrough F. C. inglés y Sparta de Praga, regresando finalmente a su país -una Hungría ahora ya independiente, tras el desenlace de la Primera Guerra Mundial – y a su ciudad de origen, donde militaría en el MTK de Budapest. Se dará a conocer ante la afición barcelonista merced a dos excelentes actuaciones defendiendo la meta de este club en sendos partidos amistosos disputados contra el Barça en «Les Corts» los días 14 y 26 de diciembre de 1922, en los cuales conseguirá mantener su portería a cero (0-0 fue el resultado de ambos choques), frente a una delantera azulgrana donde formaban hombres como Samitier, Vinyals, Piera, Clemente Gracia y Sagi Barba.

El Barça acababa de perder a Ricardo Zamora, fichado por el RCD Español, y su meta la defendían  entonces, temporada 1922-23, Bruguera, como titular, y los porteros suplentes Uriach y Pascual. Los directivos culés van a llegar a un acuerdo con el club de procedencia y con el propio jugador, y este va a incorporarse a la disciplina barcelonista. Su presentación como azulgrana se producirá en un amistoso celebrado el 27 de mayo de 1923 en «Les Corts», frente al conjunto inglés del Bishop Auckland, y en el que los catalanes se impusieron por 5 goles a 0, conseguidos por Sagi Barba y Martí, ambos por partida doble, y Lakatos. Esta fue la primera alineación blaugrana de la que formó parte el gran arquero magiar: Platko; Planas, Surroca; Samitier, Stamper, Carulla; Piera, Lakatos, Martí, Alcántara y Sagi Barba. Su debut oficial, sin embargo, va a hacerse bastante de rogar, y no tiene lugar  hasta casi año y medio más tarde, con motivo de un partido correspondiente al Campeonato de Cataluña, también disputado en el campo de «Les Corts», el 12 de octubre de 1924, y con el Martinenç como rival. El resultado final fue de empate a uno (con gol de Sagi Barba), y este fue el once culé: Platko; Planas, Walter; Torralba, Elías, Bosch – el padre del jugador internacional de los años 50 -; Vinyals, Martí, Piera, Alcántara y Sagi Barba.

La 1924-25  va a ser la temporada de su definitiva consagración, convertido ya en guardameta titular. Pero sin duda alguna su momento de gloria llegará en la final del Campeonato de España celebrada en Santander, en los viejos «Campos de Sport del Sardinero», el 20 de mayo de 1928, con la Real Sociedad de San Sebastián como contrincante. Allí, en un partido épico y durísimo, disputado «a cara de perro» y que finaliza en tablas, su temeraria valentía le va a pasar factura, saliendo descalabrado en la cabeza tras un choque con uno de los impetuosos delanteros. donostiarras, y quedando caído y ensangrentado sobre el césped, pero reteniendo el balón entre sus manos.  Vuelve al campo, con un aparatoso vendaje, una especie de turbante, y su gran pundonor no le va a pasar desapercibido a un ilustre espectador del choque, el poeta andaluz Rafael Alberti, que para honrar su bravura compondrá la famosa «Oda a Platko», donde le define con una fórmula entre lírica y zoológica:  «Oso rubio de Hungría». No podrá alinearse, sin embargo, en el encuentro de desempate, que se juega 48 horas más tarde en el mismo escenario, y finaliza también con empate a uno, ni tampoco en el partido definitivo, más de un mes después – el 29 de junio, e igualmente en terreno santanderino -, y en el que el Barça se impone ya a los guipuzcoanos por 3 goles a 1. En ambos encuentros le sustituyó Ramón Lloréns, un guardameta de reducida estatura pero que despachó también dos fenomenales actuaciones.

LA FORJA DE UN TÉCNICO DURO Y EXIGENTE

Platko va a formar parte de la plantilla azulgrana durante siete años, desde 1923 a 1930. En total disputará 189 encuentros, y en su palmarés figura la conquista de los siguientes títulos: 6 Campeonatos de Cataluña (1923-24 – aunque no llegó a jugar ningún partido -, 1924-25, 1925-26, 1926-27, 1927-28 y 1929-30), 3 Campeonatos de España (1925, 1926 y 1928), y el primer Campeonato Nacional de Liga disputado en nuestro país (1928-29). Con posterioridad va a militar en el Racing Club de Madrid, para finalizar su carrera como futbolista en activo en las filas del Basel suizo, en 1933. Allí va a hacer también sus pinitos como entrenador, en la temporada 32-33, pasando después a Francia, donde dirige al F.C. Mulhouse y al Racing Club de Roubaix.

Durante la campaña 1934-35 va a hacerse cargo de la preparación del Barça, por encargo de la directiva que presidía Esteve Sala. Cuenta con una buena plantilla a sus órdenes, en la que figuran futbolistas como Nogués, Zabalo, Guzmán, Berkessy, Pedrol, Ventolrá, Raich, Escolá, Morera, Cabanes y Enrique Fernández (este ya en la Copa). El equipo se proclamará Campeón de Cataluña, finalizará en sexta posición en el Campeonato Nacional de Liga (a 10 puntos del campeón, el Real Betis Balompié), y en la Copa de España, tras dejar en la cuneta al Sporting de Gijón, va a caer eliminado en cuartos de final por un equipo de Segunda División, el Levante FC, tras un partido de desempate celebrado en el campo zaragozano de Torrero, y en el que vencieron los valencianos por 3 a 0.

A partir de aquí iniciará una trayectoria de trotamundos, que le llevaría a ocupar banquillos en diversos países (Portugal, Estados Unidos, Inglaterra – nada menos que el Arsenal – y Rumanía), para volver a recalar en España durante nuestra Guerra Civil, dirigiendo al Celta de Vigo. En 1939 cruza el Charco, y se establece en Chile, donde va a convertirse en uno de los técnicos más reputados de la historia futbolística del país andino. Dirige en varias épocas al Colo-Colo, con el que se proclamará campeón de la Liga chilena en los años 1939, 1941 (invicto) y 1945. También dirigirá al Santiago Wanderers, al Santiago Morning y a la Selección Nacional de Chile (la genuina «Roja»), así como a dos de los principales conjuntos argentinos, River Plate y Boca Juniors, con un pequeño paréntesis español en la temporada 45-46, en la que se hace cargo de un Real Valladolid que entonces militaba en Tercera División.

El diario «El Mundo Deportivo», en su edición correspondiente al domingo 3 de julio de 1955, informa en su primera plana del fichaje de F. Platko como nuevo entrenador del Barcelona: «Platko entrenador del Barcelona. Así lo confirma la directiva azulgrana». Y añade que ha recibido del C. de F. Barcelona la nota siguiente:  «Debidamente considerado el informe favorable suscrito por el secretario técnico del club, don José Samitier Vilalta, e impuesto de otros que se han recibido por diferentes conductos, el Consejo Directivo, en reunión de esta fecha, ha estimado procedente aceptar en principio la oferta de don Francisco (sic) Platko Kopiletz, para ocupar el cargo de preparador del cuadro de jugadores profesionales del Club de Fútbol Barcelona, previo  cumplimiento de las disposiciones reglamentarias y sujeción a la posterior resolución de los organismos competentes». Y finaliza el rotativo: «Queda confirmada, por lo tanto, la noticia que hace varios días dimos desde estas mismas columnas»

La Junta que preside Miró-Sáns apuesta de nuevo por un entrenador de un perfil determinado, que al igual que en el caso de su predecesor, el italiano Sandro Puppo, se caracteriza -al margen de sus indudables conocimientos tácticos y técnicos- por hacer hincapié en los aspectos disciplinarios, con el propósito manifiesto de que el húngaro ate en corto a una plantilla tan excelente en lo futbolístico como voluble en otros apartados. En su paso por el fútbol chileno se le consideraba como un D.T. (Director Técnico, como gustan de llamar por esos lares) revolucionario. Conocido allí como «el Gringo», introdujo la «WM», con la que ya se había familiarizado durante su experiencia como responsable del Arsenal londinense, y trató de llevar por el camino del profesionalismo a los futbolistas chilenos, no precisamente ejemplares en ese terreno, ganándose fama de tipo duro, muy duro, pero que también hacía de todo un poco, pues ponía gran énfasis en la preparación física, utilizando nuevos métodos de entrenamiento – sobre todo para los porteros-, así como en los aspectos tácticos, marcaba la dieta alimenticia de sus pupilos, y hasta les daba masajes y supervisaba la curación de heridas y lesiones.

55-56: PRIMERA RONDA

Platko va a contar con los siguientes jugadores para tratar de conseguir títulos tras dos años de sequía: Ramallets, Goicolea, Seguer, Biosca, Gracia, Brugué, Hanke, Bosch, Segarra, Flotats, Gonzalvo III, Castañer, Tejada, Villaverde, Kubala, Suárez, Manchón, Areta II, Mandi, Moll, Navarro II, Sampedro, Basora y Moreno. Son bajas con respecto a la temporada anterior los  guardametas Velasco y Caldentey, el delantero Vila (que pasa al Valencia) y sobre todo un histórico, el capitán barcelonista César, el entrañable «Pelucas», que va a fichar por el equipo de su tierra, la Cultural Leonesa, que acababa de ascender por vez primera a la máxima categoría. Los jóvenes Castañer y Sampedro son los únicos refuerzos para esta campaña, durante la cual tres antiguos e ilustres internacionales con los que no va a contar el nuevo técnico, Gonzalvo III, Basora y Moreno, serán cedidos a la U.E. Lleida, a la sazón militando en Segunda División. Al finalizar el curso se incorporarán también dos destacados futbolistas paraguayos, el defensa Melanio Olmedoo y el delantero Eulogio Martínez, aunque actuarán sólo en algunos amistosos, así como los leridanos Gensana (central) y Ribelles (interior) y el extremo gerundense Lluís Coll.

Platko02El Campeonato Nacional de Liga de la temporada 55-56 levanta el telón el domingo 11 de septiembre de 1955., con un Real Sociedad-Barça en «Atocha». Se imponen los azulgranas por la mínima, 1 a 2, con tantos de Segarra y Luís Suárez y la siguiente formación: Ramallets; Seguer, Biosca, Segarra; Flotats, Bosch; Mandi, Villaverde, Kubala, Suárez y Manchón. Como puede observarse, Platko vuelve a confiar en Biosca para el puesto de defensa central, pero no así en Basora, cuya demarcación la ocupa el asturiano Mandi. El primer líder de la competición va a ser el Atlético de Madrid, en virtud de su aplastante victoria sobre el Hércules en el «Estadio Metropolitano», 9 a 0.

Precisamente catalanes y madrileños se enfrentan en la siguiente jornada, en «Les Corts», donde van a hacer tablas (2-2), mercando los goles locales el uruguayo Villaverde por partida doble. Encabeza la tabla la Union Deportiva Las Palmas, con 4 puntos, por 3 los colchoneros y culés. En la tercera fecha el Barça conseguirá dos valiosos positivos al imponerse a domicilio al Murcia en «La Condomina», merced a un tanto logrado por Villaverde. Continúa al frente de la clasificación el conjunto canario, mientras que los blaugranas son terceros.

La cuarta jornada es testigo de una clara victoria barcelonista sobre el Deportivo de La Coruña en «Les Corts», 4 a 1 (Segarra, Manchón, Villaverde y Tejada. Sorprendentemente los amarillos se mantienen en cabeza, con cuatro victorias en otros tantos encuentros, con el Barça como segundo. Pero los de Platko van a conseguir el liderato al domingo siguiente, aprovechándose de la fuerte derrota de los isleños en «San Mames» (5-0), a le vez que los azulgranas vencen al Hércules en su visita a Alicante por 2 a 3 (Suárez, Villaverde y Tejada). El Athletic, entrenado por Daucik, es cuarto, con 6 puntos.

Los catalanes confirman su liderato una semana más tarde, al golear precisamente al Las Palmas en «Les Corts», 4 a 0, con tantos de Tejada (2), Kubala y Suárez. Los «leones» ya son segundos con 8 puntos, a 3 del Barça. Y todo sigue igual tras la séptima jornada, en la que los de Platko se imponen con ciertas dificultades al Alavés en la Ciudad Condal (3 a 1: Kubala, Segarra y Manchón). Pero al domingo siguiente van a perder la imbatibilidad en el siempre complicado terreno de «Zorrilla», al caer por 1 a 0 ante los castellanos, merced a un gol de Domingo a pase de Murillo, en un partido muy igualado. El Athletic  derrota en el derbi regional a la Real Sociedad por 3 a 0, y continúa como segundo, pero ahora a un solo punto de los azulgranas. Tras los bilbaínos, a 3 del líder, se halla un cuarteto perseguidor formado por Atlético de Madrid, Sevilla, Valladolid y U.D. Las palmas. Llama poderosamente la atención el retraso del Real Madrid, el campeón de las últimas dos temporadas, que ocupa la undécima posición, a 6 puntos del Barça.

La novena jornada ofrece un partido siempre atractivo, Barça-Sevilla en «Les Corts». Va a ser un magnífico encuentro, en el que los blaugranas se impondrán finalmente por 3 a 1 (Manchón, por partida doble, y Kubala, haciendo el tanto andaluz Pepillo). El Bilbao no ceja, y triunfa en un campo muy difícil, el «Metropolitano», derrotando a sus «primos» madrileños por 2 a 3. Y justamente siete días después va a producirse cambio de líder, coincidiendo con el final del primer tercio del campeonato. El Barça visita el «Santiago Bernabéu», y cae ante un renqueante pero siempre peligroso Real Madrid por 2 goles a 1.

Platko no va a poder contar ni con Ramallets  (sustituido por Goicolea) ni con Kubala, consiguiendo el gol de la victoria el zaguero madridista Marquitos, que a dos minutos del final deshace la igualada (antes habían marcado Rial y Manchón). Buen partido azulgrana, a pesar de las notables ausencias. El Athletic, al golear al Murcia en «San Mames» (7 a 1) era el nuevo líder, con un punto de ventaja sobre el Barça y dos sobre Las Palmas, el equipo revelación. Excelente primer tercio de la competición para vascos y catalanes, que en el caso de los azulgranas se expresa en 7 victorias, 1 empate y 2 derrotas, con 23 goles a favor (no muchos: el Athletic ha conseguido 34) y 11 en contra, que suponen 15 puntos y 5 positivos, a uno de los rojiblancos.

La jornada número 11 ve la victoria del Barça sobre el Valencia en «Les Corts» (4 a 2, con dos dianas de Kubala, más los tantos de Villaverde y Areta). Va ser un triunfo muy laborioso, en un encuentro de gran vistosidad para el aficionado. Y como quiera que los pupilos de Daucik sólo fueron capaces de arrancar un punto en su visita a «Riazor», ambos conjuntos empatan ahora en cabeza, con 17 puntos. Pero al domingo siguiente el Barça tropieza también en tierras galaicas, siendo incapaz de imponerse al Celta (0-0), mientras que el Athletic vence en «San Mamés» al Hércules por 3 a 1, y vuelve a situarse con un punto de ventaja, en vísperas del choque que enfrentará a ambos conjuntos siete días más tarde en «Les Corts», y que puede tener una gran influencia sobre el resultado final del campeonato.

Es el 18 de diciembre de 1955, y los contendientes van a presentar las siguientes alineaciones: por el Barça, Ramallets; Hanke, Biosca, Gracia; Bosch, Segarra; Tejada, Villaverde, Kubala, Areta y Manchón, y por el Athletic, Carmelo; Orúe, Garay, Canito; Mauri, Maguregui; Bilbao, Marcaida, Arieta, Uribe y Gainza. Inaugura el marcador Tejada (minuto 15), pero Marcaida (68) y Uribe (75), le dan la vuelta al resultado en un buen partido de los rojiblancos, que ahora aventajan a su gran rival en tres puntos (21 a 18)

Justamente siete fechas después, el día de Navidad, tendrá lugar un hito histórico: el primer encuentro de competición europea del Barça, al margen de su participación en las ediciones de 1949 y 1952 de la «Copa Latina». La competición recibirá el nombre de «Copa de Ciudades en Feria», y su formato difiere en algunos aspectos de su coetánea, la «Copa de Europa», que acababa también de ponerse en marcha. Así, su desarrollo va a ser más dilatado, no ciñéndose a los límites de una sola temporada regular (está primera edición se desarrollará entre los años 1955 y 1958), y los equipos que tomarán parte en ella podrán ser tanto clubes como selecciones a base de jugadores que militan en diversos equipos de ciudades europeas donde se celebren ferias de muestras, como por ejemplo Barcelona. Pero en este caso concreto, no van a figurar futbolistas del gran rival ciudadano, el RCD. Español, sino únicamente azulgranas – al parecer por invitación expresa de la Federación Catalana al Barça – , aunque no vestirán su equipación habitual, sino que llevarán la representativa de la ciudad (camisola blanca y pantalón negro, con el escudo de Barcelona en el pecho).

El encuentro  va a disputarse en la mañana de Navidad, con el campo de  «Les Corts» lleno a rebosar. El rival es la Selección de Copenhague, formada por jugadores con carácter amateur, y el Barça se impone fácilmente por 6 goles a 2. El primer tanto «europeo» de la historia del Barça – así como también el segundo –  será marcado por el delantero navarro Estéban Areta  en el minuto 8 de partido, a pase de Kubala. Esta fue la formación «barcelonesa»: Ramallets; Seguer, Biosca (Brugu ), Gracia; Bosch, Segarra (capitán); Tejada, Villaverde, Kubala, Areta y Manchón.

Se reanuda la Liga el primer día de 1956, con un interesantísimo Español-Barça en «Sarriá». Pero el choque no responde a las expectativas creadas, aunque el Barça se lleva pos dos puntos en litigio gracias a un claro 0 a 3 (Kubala, Brugué y Tejada, todos conseguidos en la segunda parte). Y como el Athletic vence con apuros al Alavés en «San Mamés» (3 a 2),los rojiblancos continúan tres puntos arriba. El Real Madrid, que ha ido recuperándose poco a poco, ya es tercero, pero a 6 puntos de los «leones». Siete días más tarde finaliza la primera vuelta. El Barça derrota fácilmente a la Cultural Leonesa en «Les Corts» (4 a 0, con tantos de Areta, Suárez, Tejada y Manchón), pero como el Athletic vence a su vez al Valladolid en «Zorrilla» (2-4), las cosas siguen igual. Los números del Barça en esta primera ronda de la competición son excelentes: 10 victorias, 2 empates y sólo 3 derrotas, con 35 goles a favor y 15 en contra, lo que arroja un magnífico balance de 22 puntos y 6 positivos, pero el Athletic se muestra intratable, y su ventaja resulta ya de consideración, amén de tener el goal average particular también a su favor gracias a su importantísimo triunfo en «Les Corts»

55-56: SEGUNDA RONDA

La decimosexta jornada contempla la victoria del Barça sobre la Real Sociedad en la Ciudad Condal (2 a 0, con goles de Biosca y Bosch), pero el Athletic no afloja, y vence también al Sevilla en «Nervión» por 1 a 2  tras un gran partido (con tantos de Arieta y Mauri). Siguen los tres puntos de ventaja. Que se mantienen también tras el final de la decimoséptima jornada, en la que ambos conjuntos sacan adelante difíciles compromisos: el Barça derrota en el «Metropolitano» al Atlético madrileño por 0 a 2 (Tejada y Areta), mientras que los vizcaínos se deshacen del Real Madrid en «San Mamés» por 3 a 1 (Gainza, Garay y Marcaida, con Olsen salvando el honor «Merengue»)

En la fecha número 18 los azulgranas pasan grandes apuros para derrotar al Murcia en su propio feudo (1 a 0, conseguido por Manchón de tiro lejano). Se trata de una victoria inmerecida pero muy importante, ya que los rojiblancos, después de 13 jornadas imbatidos, caen en Valencia por 1 a 0 (gol de Seguí), y la cabeza se estrecha, pues ahora la ventaja del Athletic se reduce a un solo punto. Pero las posiciones no se alteran al final de la siguiente jornada: aplastante victoria del Barça en La Coruña (0 a 7, con goles de Manchón, Kubala y Sampedro, por partida doble, más otro de Villaverde, y goleada del Athletic al Celta de Vigo en «San Mamés», 4-0. Sigue el codo a codo (31 puntos frente a 30)

Y en la jornada 20, coincidiendo con las dos terceras partes del campeonato, va a producirse nuevo cambio de líder. El Barça derrota en «Les Corts» al Hércules de Alicante tras un partido espectacular (6 a 4, con hat-trick de Kubala, más otros tres tantos obra de Biosca, Bosch y Sampedro), mientras que el Athletic únicamente logra empatar en Canarias (1 a 1), y los azulgranas se colocan en primer lugar por mejor cociente general de goles. Al domingo siguiente no varían las posiciones, pues un gol de Sampedro le da una injusta victoria a los catalanes en el «Insular» (0-1), conseguida ante un rival que acabó el partido con sólo nueve jugadores, mientras que los bilbaínos vencen en «Sarriá» merced a una solitaria diana de Arteche.

Todo sigue igual a la conclusión de la vigesimosegunda jornada, con triunfos del Barça sobre el Alavés en «Mendizorroza» (1 a 3, tantos de Mandi y Villaverde, 2) y del Athletic sobre la Leonesa en La Catedral (3-0), pero en la siguiente el Barça va a lograr despegarse un poco, pues los azulgranas solventan con victoria su enfrentamiento ante el Valladolid en «Les Corts» (2 a 0, obra de Segarra y Kubala), pero los de Daucik no pasan del empate en su verbi regional frente a la Real Sociedad en el terreno donostiarra de «Atocha» (2 a 2), aunque los txuriurdin obtuvieron la igualada ya en tiempo de descuento. Pero las tornas se invierten una semana más tarde, cuando es el Barça quien no puede con el Sevilla en «Nervión» (0-0), mientras que en el duelo entre los dos atléticos, en Bilbao, los «leones» vencen por 2 a 0 e igualan en la clasificación a 39 puntos, aunque los blaugranas mantienen el liderato gracias a su mejor cociente anotador.

La vigesimoquinta jornada es testigo de otro nuevo duelo  de titanes: Barça-Real Madrid en «Les Corts». Dos goles de Villaverde les van a dar el triunfo a los azulgranas, que cuajaran un gran primer tiempo, mientras que en la reanudación un inconmensurable Ramallets impedirá que los delanteros blancos marquen. Y como el Athletic va a caer sorprendentemente en Murcia (2 a 1), el Barça se adelanta ahora con dos puntos de ventaja (41-39). Las cosas parecen ponerse de su parte, pues ya depende únicamente de sí mismo, a falta del crucial partido de «San Mamés»

Pero esa ventaja va a reducirse muy pronto a un solo punto, tras rendir visita a «Mestalla»  a la semana siguiente. El Valencia se impone al Barça por 4 a 2,  con una destacada actuación del ex-blaugrana Vila (autor de dos goles, siendo los autores de los otros tantos «ches» Seguí y Mañó), mientras que por los catalanes anotaron Bosch y Villaverde. Gran primer tiempo de los levantinos, y reacción barcelonista en la segunda   mitad, que no fue suficiente para evitar la primera derrota después de 12 jornadas sin perder un encuentro. El Athletic, por su lado, sólo pudo sacar un empate (2 a 2) en su propio feudo ante el Deportivo de La Coruña, por lo que los hombres de Platko continuaban arriba.

La jornada 27 no altera las posiciones de los dos encarnizados rivales. El Barça se deshace del Celta en «Les Corts» con muchísimos apuros, gracias a dos tantos de Kubala, mientras que el delantero celeste Mauro consigue el de los vigueses. El segundo gol azulgrana llegó en el minuto 96, a causa del mucho tiempo perdido durante el partido. El Athletic va a vencer cómodamente al Hércules en Alicante (0-3). En la siguiente jornada podía decidirse el título, puesto que los rojiblancos recibirían en su feudo de La Catedral a los azulgranas, que contaban con un solo punto de ventaja (44 por 43)

El 8 de abril de 1956 se disputa tan trascendental encuentro. A las órdenes del colegiado aragonés señor Arqué, ambos equipos presentan las siguientes alineaciones: por el Athletic, su equipo de gala, es decir, Carmelo; Orúe, Garay, Canito; Mauri, Maguregui; Arteche, Marcaida, Arieta, Uribe y Gainza, mientras que Platko pone en liza a Ramallets; Seguer, Biosca, Gracia; Bosch, Segarra; Mandi, Villaverde, Flotats, Kubala y Manchón. Llama la atención la presencia de Flotats, habitual medio volante, como teórico delantero centro, aunque el técnico magiar lo solía utilizar como refuerzo para sus líneas de contención en algunos desplazamientos comprometidos. El partido va a tener escasa calidad, debido a los nervios y a la tensión, por lo mucho que estaba en juego, pero la victoria local por 1 a 0 será justa con arreglo a su desarrollo. Maguregui marcó el único tanto en el minuto, al rematar una falta botada por el veteranísimo Gainza. Los «leones», a falta de dos jornadas para la finalización del campeonato, superan al Barça por un punto, y tienen el goal average particular a su favor, en caso de producirse un empate a puntos.

El primero de esos dos partidos finales va a dejar las cosas como estaban. El Barça derrota por la mínima al Español en «Les Corts», gracias a un solitario tanto de Villaverde, en un encuentro decepcionante, mientras que los vascos salen triunfadores de su compromiso en Vitoria ante el Alavés. Por cierto,  que este partido tuvo que aplazarse hasta el lunes, al derrumbarse  una tribuna metálica provisional instalada en «Mendizorroza» debido a la enorme expectación levantada por el choque. El Athletic venció con claridad (0 a 3, obra de Marcaida, Gainza y Uribe). 46 puntos del líder  por 45 de su perseguidor, y toda la ventaja para los rojiblancos, que en la última jornada recibirían en «San Mamés» a un Valladolid que no se jugaba nada, mientras que el Barça se desplazaba a León, para enfrentarse a una Cultural ya descendida. Al Athletic le bastaba con el empate para proclamarse campeón y cantar el «Alirón» delante de su parroquia..

Como de hecho así ocurrió. El Barça hizo sus deberes en León, derrotando a los locales mediante un solitario gol de Luisito Suárez, pero el Athletic no falló. 3 a 0 a los blanquivioletas (Arieta, en dos ocasiones, y Marcaida), con lo que vuelve a alzarse con el título de Liga, con un solo punto de ventaja sobre los azulgranas, trece años después de su último triunfo en el Torneo de la Regularidad, allá por la temporada 42-43. La campaña barcelonista había sido magnífica, superando en puntuación lo conseguido en anteriores ediciones donde se proclamó campeón (1951-52 y 1952-53), aunque con el lunar de marcar pocos goles, únicamente 67, el balance más pobre desde que se jugaba la Liga de 16 equipos. Los de Platko vencieron en 22 encuentros, hicieron tablas en 3, y solamente doblaron la rodilla en 5 ocasiones, encajando nada más que 26 goles (a menos de uno por partido), lo que les había valido para sumar 47 puntos y 17 positivos, que a la postre sirvieron de poco ante la extraordinaria campaña despachada por los discípulos de Daucik. Pocos días después, el conjunto blaugrana disputará su segundo encuentro en el torneo ferial, empatando a 1 gol (Villaverde) en tierras danesas y en horario nocturno – toda una novedad , y clasificándose para  la siguiente fase, que ya no se jugaría hasta entrada la temporada 57-58.

«EXPEDIENTE INFORMATIVO» Y RELEVO

Como ha sido habitual durante mucho tiempo en Can Barça,  la Copa – entonces «del Generalísimo»- aparecía a modo de premio de consolación para enjugar el fiasco liguero. La inician  los azulgranas el 6 de mayo de 1956, derrotando al Hércules en «La Viña» por 1 a 2 (con tantos de Villaverde y Bosch), pero a continuación pasan apuros para eliminar a los alicantinos, ya que en el encuentro de vuelta celebrado en «Les Corts» no pueden pasar del empate (1-1, con gol de Sampedro). Su rival en cuartos de final va a ser nada menos que el Español, con el que no se veían  las caras en el Torneo del KO desde hacía bastante años. La visita a «Sarriá» no va a ser fructífera, porque caen derrotados por un claro 3 a 1 ( Villaverde salvó el honor culé), pero las espadas seguían en todo lo alto, y la remontada era posible al calor del público de  «Les Corts». Sin embargo, en ese preciso momento van a precipitarse los acontecimientos…

El martes 22 de mayo, la Junta Directiva del Barça convoca a los representantes de la prensa barcelonesa a una conferencia que se celebra en un céntrico hotel de la Ciudad Condal. Allí, el secretario técnico de la entidad, Josep Samitier, va a exponer lo siguiente: » Desde hace tiempo las relaciones entre el entrenador señor Platko y los jugadores habían dejado de ser lo francas y cordiales que deben ser, para que en un equipo pueda imperar la disciplina, el compañerismo y la moral necesarias. Esta situación se había agudizado de tal manera en estos últimos tiempos, que la Directiva me encargó la redacción de un informe que diera amplia y cumplida información sobre lo que en realidad ocurría entre el entrenador y los jugadores. Este informe constituye un resumen de la amplia información que me fue necesario recoger para que fuera un fiel reflejo de las verdaderas causas que habían planteado la actual situación. Este informe lo entregué a la Junta Directiva, y esta, mientras estudia la solución que crea más conveniente a los intereses del club, tomó el acuerdo de relevar a Platko del cargo de entrenador, encargándome a mí, interinamente, que desempeñe las funciones de tal»

Samitier va a hacer constar con mucho interés que – tal como recoge el diario «El Mundo Deportivo», de cuyas páginas hemos extraído los hechos – «desempeñaré el cargo de entrenador, con carácter de interinidad, o sea, mientras la directiva termina el estudio del expediente abierto, en cuyo momento, sea cual sea el acuerdo que tome, tiene ya asegurado el servicio de un entrenador titular». Y termina diciendo el secretario técnico azulgrana: «que el momento es difícil y que habré de encontrarme con muy serias dificultades, pero pondré en mi labor el mayor interés y todo mi saber para salir airoso de mi cometido». Al final del acto, los representantes de la prensa barcelonesa, con el mítico periodista José Luís Lasplazas a la cabeza, fueron obsequiados con un vino español.

Pero el relevo en el banquillo no va a obrar milagros, y los blanquiazules dejarán por el camino a sus eternos rivales blaugranas merced a un resultado espectacular, empate a 4 (Tejada, 2, Kubala y Manchón hicieron los tantos culés). El partido tendrá la anécdota añadida de la famosa apuesta realizada por el delantero «perico» Julián Arcas con el dueño de un popular bar, y en la que el españolista alardeaba de que le marcaría nada menos que cuatro goles a Ramallets, que fue exactamente la cantidad de veces en la que el almeriense batiría aquella tarde al legendario guardameta azulgrana.

La eliminación en la Copa, aunque ya de hecho relevado de su cargo, va a significar el punto final de la trayectoria de Platko como técnico barcelonista. El equipo se queda de nuevo en blanco por tercer año consecutivo, pero aunque no se habían alcanzado los objetivos propuestos, el balance del húngaro al frente de una plantilla con la que , según sus palabras, nunca llegó a entenderse debido a su dureza y exigencia (y también a la escasa profesionalidad de alguno de sus miembros, tal como asimismo dejaba entrever), era no era en absoluto desdeñable, con un 76,47 % de victorias en los 35 partidos oficiales disputados (en su primera experiencia, en 1934-35, había obtenido un 51,35 de triunfos), superando de este modo los registros de míticos y laureados técnicos como el propio Pep Samitier, Enrique Fernández o Ferdinand Daucik. Evidentemente, lo que había faltado era suerte y acierto en los partidos decisivos. Con posterioridad tan sólo se situaría por encima de ese porcentaje -aparte de Enric Rabassa, que tan sólo dirigió al Barça en 6 encuentros en 1960- un entrenador de la talla de Helenio Herrera (entre los años 1958 y 1960), puesto que los recientes Pep Guardiola, el malogrado Tito Vilanova y Gerardo «Tata» Martino, quedaron por  debajo de sus números, aunque en lo tocante a títulos obtenidos no haya color, sobre todo en el caso del primero, con un «sextete» en su haber..

Platko03TRISTE Y SOLITARIO FINAL

Tras abandonar el Barça, la carrera de Platko como técnico entrará en un franco declive. San Luís de Quillota, un modesto club de una localidad chilena cercana a Valparaíso  fue su última responsabilidad antes de alejarse definitivamente de los banquillos. En 1974, con motivo del 75 Aniversario del Barça («Bodas de Platino») va a visitar por última vez la Ciudad Condal, en compañía de su esposa Olga. Establecido en Santiago de Chile, en el apartamento F del número 0112 de la avenida Santa María, concedió su última entrevista en 1981, y los últimos años de su vida van a ser muy tristes, en un ambiente de enfermedad, pobreza y olvido. Padecía un cáncer, y los gastos derivados de su tratamiento arruinarán su economía, sumiendo al anciano matrimonio en la pobreza.

Con grandes dificultades de movilidad (estaba en silla de ruedas), llegará a enviar varias cartas a las oficinas del Fútbol Club Barcelona, solicitando ayuda (al parecer, una asociación de antiguos jugadores de Chile le entregaba una asignación mensual, así  como también medicinas, pero esta ayuda se interrumpió posteriormente). En sus misivas hacía también mención al frío que ambos pasaban en su domicilio durante el invierno, y proponía diversas fórmulas para conseguir el dinero que tan imperiosamente necesitaban, tales como la colaboración de cada socio culé con una peseta, o la celebración de un partido amistoso en su beneficio. O incluso una colecta entre los socios para auxiliar a quien se definía como «un verdadero héroe de la final de Santander», incluso más viejo que el propio Barça (había nacido casi un año antes de fundarse el club). A cambio, ofrecía las medallas de oro que le acreditaban como Campeón de España.

Va a recibir finalmente ayuda de la entidad blaugrana, pero fallecerá el 2 de septiembre de 1983, a los 84 años de edad. Antes de morir la había dicho a su esposa Olga, su inseparable compañera, las siguientes palabras: «Cuando yo me muera quiero que mandes al F.C. Barcelona todos mis recuerdos que guardo en el viejo arcón. Nunca podré olvidar a este gran club». Sus restos permanecieron durante más de 30 años en el Mausoleo de Antiguos Deportistas Juan Ramsey, en el cementerio General de Santiago de Chile, hasta que hace tan sólo unos meses fueron trasladados, según informó el diario «El Mercurio», al panteón donde reposan los ex-cracks de Colo-Colo.

Nota. Para la confección de este artículo, entre otras fuentes, se han consultado las siguientes obras: «Historia del Campeonato Nacional de Liga» e «Historia de la Copa», ambas escritas por Enrique y Nicolás Fuentes y publicadas por Ibérico Europea de Ediciones S.A. en 1970 y 1971, respectivamente, así como diversos números de los diarios «El Mundo Deportivo» y «El Mercurio»




Sandro Puppo, el único técnico italiano del Barça (1954-1955)

SandroPuppo01Nunca un técnico italiano había dirigido al Barça hasta aquel momento, y ninguno más ha vuelto a hacerlo desde entonces. En su contratación seguramente se valoraron un par de aspectos relevantes. En primer lugar, que procedía de una de las principales culturas futbolísticas del planeta, con dos Campeonatos del Mundo en su haber, y unas competiciones reñidas y espectaculares, con un concepto del Deporte-Rey bastante más adelantado que el nuestro, y en segundo, el hecho de haber clasificado a la floja y prácticamente desconocida selección de Turquía para la cita mundialista de Suiza en el verano del 54, tras eliminar al combinado nacional español en un tercer partido disputado en el Estadio Olímpico de Roma (de nada servía entonces la diferencia de goles: España había vencido por 4-1 en Madrid, y caído derrotada por 1 a 0 en Estambul ), un encuentro desgraciado ya desde antes del pitido inicial, pues un misterioso telegrama alertando sobre la situación burocrática de Kubala (nacionalizado español desde 1951) impidió la alineación de Laszi, y más tarde, al finalizar el tiempo reglamentario con empate a 2 tantos, se procedió a realizar un sorteo para dilucidar cuál de las dos selecciones seguía adelante, y la mano inocente la puso un muchacho italiano, un «bambino» llamado Luigi Franco Gamma, que con los ojos vendados extrajo la papeleta de los otomanos (quienes después tendrían el detalle de invitarle a acompañarles en Suiza)

Pero, ¿ quién era este Sandro Puppo que iba a sentarse en el mismo banquillo que habían ocupado antes Pep Samitier, Enrique Fernández o Ferdinand Daucik ? Su nombre completo era Alessandro Puppo, y había nacido en la localidad transalpina de Piacenza el día 28 de enero de 1918, en plena Primera Guerra Mundial. Su ciudad natal era – y es – la capital de la provincia homónima, y está situada en la región de la Emilia-Romaña, en la llanura del Pó, el principal río de Italia. Entonces contaba con algo más de 50.000 habitantes (hoy tiene casi el doble), y se encuentra a medio camino entre Milán y Parma. La biografía de sus primeros años es curiosa, puesto que su padre era violinista, y Sandro pasará parte de su adolescencia en Shanghai, una ciudad exótica y fascinante en esos años 30. En China va a comenzar a jugar al fútbol, en el equipo del colegio, y en 1934, de regreso a su ciudad natal, ficha por el equipo local, el Piacenza.

El joven Sandro posee una excelente planta  – medía 1,78 – y va a ocupar en el campo la demarcación de medio centro, en aquel fútbol que aun no había asimilado los sistemas de la «WM», que estaba poniendo en práctica por esos mismos años Herbert Chapman, el legendario manager del Arsenal londinense. Su buen rendimiento le lleva a ser convocado para la Selección Italiana que tomará parte en los Juegos Olímpicos de Berlín, en 1936. Será suplente en aquel combinado que va a ganar la Medalla de Oro, pero un año más tarde, en 1937, fichará por uno de los mejores conjuntos italianos, la Ambrosiana-Inter, nombre que ostentaba entonces el Internazionale de Milán, obligado por el régimen fascista a modificar su identidad, italianizándola (San Ambrosio es el patrón de la capital lombarda) . Con los negriazules no jugará mucho, pero se va a proclamar Campeón de Liga, conquistando el scudetto de la temporada 37-38, y también la Copa de Italia del año siguiente, en vísperas del estallido de la Segunda Guerra Mundial. Sus mejores temporadas vendrán cuando pase al Venezia, donde actuará hasta 1945, añadiendo también a su palmarés una nueva Copa de Italia, en 1941.

Finalizado el conflicto regresará brevemente al Piacenza, para militar con posterioridad de nuevo en el Venezia (1946-47), en la A.S. Roma (1947-49), y despedirse de la práctica activa del fútbol en el modesto Thiene (campaña 1949-50), Como técnico ya había hecho sus pinitos en el Piacenza, como entrenador-jugador, y repetirá la experiencia en el Thiene, pasando después a otro club viejo conocido suyo, el Venezia, y más tarde al Roveretto. En 1952 iniciará una nueva aventura en un escenario muy diferente, pues va a hacerse cargo de la preparación de la Selección de Turquía, de cara al Campeonato del Mundo de 1954, a celebrar en Suiza, meta que finalmente conseguirá a costa del combinado nacional español, ofreciendo un decoroso rendimiento en tierras helvéticas, pues cae ante la RFA (4-1) y golea a la débil Corea del Sur (7 a 0), quedando eliminada en partido de desempate ante los germanos (7 a 2 a favor de los futuros Campeones del Mundo)

EL SUSTITUTO DE DAUCIK

Aureolado por el triunfo que suponía haber apeado a España en su camino hacia el Mundial, la Junta Directiva presidida por el joven y dinámico Francesc Miró-Sans, que acababa de poner la primera piedra de lo que tres años más tarde sería uno de los mejores estadios del mundo, el «Camp Nou» (inaugurado en septiembre de 1957), pensó en Puppo para sustituir al cesado Daucik y tomar firmemente las riendas de un equipo que había perdido la hegemonía del fútbol español en favor de un Real Madrid liderado por Alfredo Di Stefano, y del que se rumoreaba que sus principales estrellas estaban demasiado acomodadas. Se esperaba, en una palabra,   que impusiera disciplina y metiese en cintura a los jugadores. Pero antes de poner manos a la obra, su llegada a la Ciudad Condal va a estar rodeada de cierto misterio, pues el Club no le presentará oficialmente a la prensa hasta que apruebe el examen que lo capacitaba para entrenar en España, tal como contó en 1994, en las páginas de la desaparecida revista «Don Balón», el periodista Julián Mir (fundador y director durante muchos años del semanario y posterior diario deportivo «Dicen»)

Sandro Puppo proyectaba una imagen atípica para un entrenador de fútbol, con aquellas gafas suyas que le daban el aspecto de un intelectual o un profesor universitario. Y los que así pensaban no andaban del todo descaminados, pues era un hombre refinado y culto – cualidades que no siempre acostumbraban a darse en su oficio -, y con una exquisita formación musical, ya que tocaba muy bien el violín – de casta le venía…- y el piano, y también va a ser un asiduo a las representaciones operísticas del Liceo barcelonés. Pero le habían contratado para poner orden, y a ello se va a aplicar inmediatamente, contando con los siguientes efectivos humanos para tratar de devolver al Barça a la primera línea del fútbol español: Ramallets, Velasco, Goicolea, Caldentey, Seguer, Biosca, Segarra, Brugué, Gracia, Hanke, Flotats, Bosch, Gonzalvo III, Basora, Villaverde, Kubala, Luís Suárez, Manchón, Mandi, Areta II, Moreno, Tejada, Moll, Navarro II y César.

Causan baja con respecto a la temporada anterior Maristany, Vila (que actuará en el España Industrial, y posteriormente pasará al Valencia), Duró, Aloy y Aldecoa, que ya había jugado en las postrimerías de la campaña 53-54 en el Sporting de Gijón. Las novedades – aparte de Luisito Suárez y Areta II, debutantes en el primer equipo durante el torneo copero de 1954 – son el jugador uruguayo del Deportivo de La Coruña Dagoberto Moll. el extremo oviedista Mandi, el regreso de Alfonso Navarro, Navarro II o Navarrito, y sobre todo el fichaje del también uruguayo Ramón Alberto Villaverde, un delantero de gran calidad, procedente del Millonarios de Bogotá, donde había jugado al lado del mismísimo Alfredo Di Stefano. Sobre el papel era una plantilla excelente, repleta de internacionales absolutos por España, y muy capaz de aspirar a todo.

Puppo va a tomar algunas decisiones sorprendentes, pues prescindirá en la mayoría de partidos de los internacionales Biosca y Basora. Gustáu tan sólo va a jugar un partido de Liga, sustituido en el centro de la zaga por el joven Brugué, y en cuanto a Estanislau, el extremo disputará solamente 9 encuentros ligueros, ocupando su lugar Mandi y Tejada. La temporada 54-55 va a ser testigo igualmente del inexorable declive de dos de las grandes estrellas del equipo, el centrocampista Mariá Gonzalvo, Gonzalvo III (que sólo se alineará en 7 partidos de Liga), y César Rodríguez,  «El Pelucas», con el que Puppo contará nada más que en 4 ocasiones, y como defensa central, aprovechándose de su dominio del juego aéreo. Por el contrario va a depositar su confianza en el checoslovaco Hanke, que firmará su mejor temporada como barcelonista, alineándose en 24 encuentros, mientras que el jovencísimo Luisito Suárez aparece por el equipo titular en 7 ocasiones, jugando también en varias oportunidades con el España Industrial, en Segunda División.

La presentación del Barça ante su público va a tener lugar  el 2 de septiembre de 1954, ante el Stuttgart alemán. En esa noche el Barça inaugura la iluminación artificial de «Les Corts» (a escasos meses del inicio de las obras de su nuevo terreno de juego, el futuro «Camp Nou») y a la vez rinde también un emotivo homenaje a uno de sus más fieles servidores, el «Avi» Manuel Torres, toda una institución en el Club, barraquer del Campo de la Calle Industria y del propio «Les Corts», que cuidaba como si fuera su propia casa (que lo era). Sandro Puppo presentó la siguiente alineación frente al potente conjunto germano: Ramallets; Seguer, Biosca, Segarra; Flotats, Bosch (Gonzalvo III); Basora (Mandi), César (Suárez), Areta II (Moreno), Villaverde y Manchón. Victoria azulgrana por 3 goles a 1, marcados por Manchón, Bosch y Moreno, y ausencia de Kubala, aun  recuperándose de la grave lesión de ligamentos sufrida en «San Mames» en partido de Copa.

TEMPORADA 54-55. PRIMERA VUELTA

El debut liguero se produce también en «Les Corts», el domingo 12 de septiembre, frente a un rival siempre complicado como era el Sevilla. Sin embargo los de Puppo van a triunfar con holgura por 4 a 2, marcando los tantos catalanes Villaverde, Manchón, Seguer (de penalti) y Mandi, y con esta formación: Ramallets; Seguer, Brugué, Hanke; Gonzalvo III, Segarra; Mandi, Villaverde, Areta II, Suárez y Manchón. Cuatro novedades en la delantera con respecto al torneo anterior. Pero en la segunda jornada el equipo no pasa del empate (2-2) en su visita a Vitoria para enfrentarse al recién ascendido deportivo Alavés. El Athletic de Bilbao, dirigido por Daucik, comanda la clasificación.

SandroPuppo02En la tercera jornada el Barça se impone por la mínima al Español en «Les Corts» merced a un solitario gol de Areta II conseguido en los compases finales del encuentro. En ese momento ocupa el liderato, empatado a puntos con Valencia y Athletic, pero en la cuarta fecha su empate en Vigo (1-1) le deja a un punto de levantinos y vascos. Para la quinta jornada hay buenas noticias: reaparece Kubala, y un Atlético de Madrid muy venido a menos sucumbe en «Les Corts», fuertemente goleado por 4 a 0, con tantos de Tejada (3) y Manchón. En la sexta los azulgranas encajan su primera derrota de la temporada, al caer contundentemente en «Mestalla» ante el Valencia (4 a 1), con goles del catalán Buqué (3) y Seguí para los «ches», mientras que Manchón salva el honor blaugrana en un encuentro donde Kubala demostró hallarse aun lejos de su antigua forma. Los bilbaínos continuaban como líderes.

Victoria mínima en «Les Corts» ante el Las Palmas siete días más tarde, con un tanto de Moreno cuando ya el partido finalizaba, e importante triunfo a domicilio en «La Rosaleda» al domingo siguiente (1 a 2, con goles de Manchón y Moreno). Los azulgranas son segundos, a 2 puntos del Athletic. Aplastan al débil Racing de Santander en «Les Corts» en la novena jornada, con un Kubala ya muy mejorado, y alcanzan a los «leones» en la cabeza de la clasificación, a la que también se acerca el Real Madrid, vigente campeón. Y en la décima fecha, lucha por el liderato en «San Mames» entre los dos gallitos, que acaba en tablas, 1 a 1, con goles de Arteche y Villaverde, en el que constituye el primer partido de Ferdinand Daucik frente a sus antiguos pupilos.

Finaliza el primer tercio de la competición encabezando la tabla el Real Madrid, empatado a puntos con blaugranas y rojiblancos, pero los merengues van a consolidar su privilegiada posición siete días más tarde, en la undécima jornada, al derrotar contundentemente al propio Barça en «Chamartín» por 3 a 0, con goles de Di Stefano (de penalti muy discutido), Rial y Joseíto. Como tropiezan también los bilbaínos (que no pueden pasar del empate en «Riazor», frente al Deportivo de La Coruña), los madrileños son líderes con un punto de ventaja sobre los rojiblancos y dos sobre el conjunto catalán.

Las posiciones se estrechan un poco en la jornada número 12, pues mientras los merengues empatan en Vigo frente al Celta, el Barça gana al Deportivo en un gris partido disputado en «Les Corts» (3-1), y los de Bilbao se deshacen del siempre correoso Real Valladolid por un mínimo pero suficiente 1-0, compartiendo el liderato con los blancos, pero perdiéndolo a la semana siguiente al empatar en «Atocha» a 3 tantos, en el derbi regional vasco, mientras Real Madrid y Barça sacan adelante sus respectivos compromisos (5 a 1 del Real a los coruñeses en la capital, y 1-2 del Barça en «Zorrilla» ante los blanquivioletas)

Todo sigue igual en la jornada decimocuarta (El Real Madrid derrota al Atlético por 1-0 en el derbi madrileño, el Athletic se impone con claridad al Hércules en «San Mamés» por 3 a 0, y el Barça hace lo propio con la Real Sociedad en «Les Corts», por 4 a 1). Y concluye la primera vuelta del torneo el 19 de diciembre de 1954, con un mal resultado para los de Puppo, que caen por 1-0 en «La Viña» ante el Hércules, uno discreto para el Athletic (1 a 1 en Sevilla) y otro excelente para el Real Madrid (0-1 en «Zorrilla»). Los merengues son líderes en el ecuador del campeonato, aventajando al Athletic en 2 puntos y al Barça en 3.

SandroPuppo03UNA REÑIDA SEGUNDA VUELTA

Con su importante victoria en Valencia al iniciarse la segunda ronda (1-3), los de Bernabeu mantienen a la misma distancia al Barça (no obstante su buen triunfo en «Nervión» ante el Sevilla por 0 a 2, obra de Villaverde y Moreno), mientras que el Bilbao no pasa del empate en otro duelo regional, esta vez en «Mendizorroza» y frente al animoso Alavés (2.2). Sin embargo la jornada 17 va a suponer un ligero frenazo para las aspiraciones  madridistas, sorprendentemente igualados en su propio feudo por una excelente Real Sociedad, aunque lo compensen con la también inesperada derrota rojiblanca en «San Mames» frente al Español (1-2). El Barça, por su parte, se deshace con claridad del Alavés (5-2, con dos dianas de Kubala). Estas son las posiciones: Real Madrid 27 puntos, Barça 25, y Athletic 23.

Y en la jornada 18 el Athletic va a quedar ya muy descolgado de la cabeza, al perder en «Balaídos» ante el Celta por 1-0. El Real Madrid tan sólo empata (1 a 1) en su visita a Las Palmas, en el transcurso de un accidentado encuentro, mientras que el Barça solventará con cierta holgura su derbi en «Sarriá» (2-4, con «hat-trick» de Manchón), en un encuentro en el que los periquitos merecieron mejor suerte. Se colocan los de Puppo a sólo un punto del líder Real Madrid, que ya aventaja en cinco a los bilbaínos. Y siguen las cosas prácticamente igual tras la fecha 19. Victoria clara de los blancos sobre el Hércules (3-0) en el recién bautizado Estadio «Santiago Bernabéu», y del Barça sobre el Celta (5 a 2, con «hat-trick» de Kubala) en «Les Corts», y la cosa aun se pone más emocionante al término de la vigésima jornada, pues si bien el Barça empata en el «Metropolitano» (2-2) ante el Atlético, con goles de Moll y Manchón, el Madrid cae derrotado contra todo pronóstico en «La Rosaleda» (3-1), frente a un Málaga que se debatía en la cola de la clasificación. Ambos equipos ocupan ahora el liderato, empatados a 30 puntos, aunque los de la capital  encabezan la tabla gracias a su mejor goal average particular con los blaugranas.

La vigesimoprimera  jornada no produce ningún cambio, pues ambos conjuntos despachan sus respectivos compromisos con victoria: 3-1 del Real Madrid ante el Sevilla en el «Bernabéu», con tres goles de Héctor Rial, y 4 a 1 del Barça en «Les Corts» al Valencia, con tantos de Bosch, Areta II, Mandi y Kubala, aunque les costó mucho trabajo «abrir la lata», no lográndolo hasta el minuto 71. Pero al domingo siguiente el Barça va a sufrir un grave tropiezo en su visita a Canarias, al pinchar ante la Unión Deportiva por 2 a 0, mientras que los blancos se paseaban en «El Sardinero» ante el Racing (0 a 4). 2 puntos de diferencia, pero con la perspectiva  de que el Real Madrid rindiese visita muy pronto a «Les Corts»

La vigesimotercera jornada va a dejar las cosas como estaban, pues el Real se deshace fácilmente del Alavés, y el Barça golea al Málaga en la Ciudad Condal, con un nuevo triple de Kubala, que parecía volver por sus fueros. Y continuarán también igual en la siguiente jornada, porque ambos equipos vuelven de vacío de sus respectivos desplazamientos. Lógica la derrota madridista por 2 a 0 en «San Mamés», que metía de nuevo a los rojiblancos en la lucha por el título, aunque con escasas probabilidades, pero absolutamente inesperada la del Barça en Santander (2-1) ante el colista, donde no sólo perdieron el partido en el último minuto de juego, sino también a su gran estrella, Laszi Kubala, lesionado para varias semanas con fractura de clavícula. Al finalizar esta jornada la situación en la cabeza de la general  era la siguiente: Real Madrid 36 puntos, Barcelona 34, y Athletic de Bilbao 32. Y siete días más tarde los «leones» visitarían «Les Corts», en un choque que se antojaba trascendental.

Y en esa vigesimoquinta jornada el Barça va a perder ya casi todas sus opciones de aspirar al título, al caer en su propio feudo ante los rojiblancos por 2 a 3. Los de Puppo acusaron  enormemente la ausencia de Kubala, y fueron superados con claridad por los vascos, para los que marcaron Uribe, Marcaida y Arieta, mientras que Areta II y Villaverde hacían los goles locales. El Real Madrid, por su parte, derrotó en el «Bernabéu» con claridad al Español (5 a 1), en un partido en el que Di Stefano anotó cuatro goles. Los blancos eran ahora líderes destacados, con cuatro puntos de ventaja sobre Athletic y Barça, aunque en la siguiente jornada tendrían que visitar también «Les Corts»

Y van a salir vivos de allí (2-2), mientras que el Barça  enterraba casi definitivamente todas sus esperanzas. El Madrid jugó a la contra ante un equipo  que seguía acusando en demasía la falta del lesionado Kubala. Gento logró los dos goles merengues, y Basora y Moll los azulgranas. El Madrid sacaba 3 puntos al Athletic y 4 al Barça, cuando restaban únicamente cuatro jornadas, con lo que las cosas les pintaban fenomenal de cara a revalidar el título. Y en la jornada 27 les van a pintar aun mejor, pues los resultados les alejarán ya a 5 puntos de sus dos perseguidores, pues mientras que los blancos goleaban al Celta en el «Bernabéu» (5-1), el Athletic doblaba la rodilla en Valladolid (1-0), y el Barça no podía pasar del empate (2-2) en «Riazor» ante el Deportivo,

Tras la jornada 28 el Real Madrid podía considerarse ya virtualmente Campeón, tras empatar en La Coruña (3-3). El Athletic vencía a la Real Sociedad (1-0), y el Barça goleaba al Valladolid (5-0), pero a falta de dos jornadas por disputarse, los blancos aventajaban ya a vascos y catalanes en 4 puntos. Y van a cantar el «Alirón» por segundo año consecutivo precisamente en el feudo de su eterno rival madrileño, el «Estadio Metropolitano», al derrotar al Atlético por 2-4. El Athletic, por su parte, perdía en Alicante ante el Hércules (3 a 2), y de nada le servía al Barça su victoria en «Atocha» ante la Real, 0 a 2, con tantos de Moll de penalti y Villaverde.

Se van a despedir tristemente de la competición ante su propio público, en «Les Corts», consiguiendo un raquítico empate ante un Hércules que iba a ser sorprendentemente sexto clasificado. El Barça ocupará finalmente la segunda plaza con 41 puntos y 11 positivos, a 5 del Real Madrid. Había ganado 17 partidos, igualado 7 y perdido 6, con un bagaje de 75 goles a favor y 39 en contra. El Athletic de Bilbao de Daucik, por su parte, obtenía un meritorio tercer puesto, tras presentar batalla durante buena parte del Campeonato. Y si se albergaban esperanzas de alcanzar la revancha en la Copa, estas también van a disiparse pronto…

Exento en octavos, de final – al igual que el Real Madrid – , el Barça va a enfrentarse en cuartos nuevamente al Deportivo de La Coruña, igual que el año anterior, pero esta vez sin sobresaltos: 7 a 0 en la ida en «Les Corts»  (con tres dianas del reaparecido Kubala) y 1-1 en «Riazor». Ya en semifinales, el sorteo le enfrenta al Athletic de Bilbao de Daucik. El primer partido se disputa en el feudo azulgrana, y allí los «leones» van a dejar prácticamente sentenciada la eliminatoria, imponiéndose por 0 a 2 en un partido en el que el meta internacional Carmelo Cedrún le detuvo un penalti a Kubala, desviando el balón a córner. En «San Mamés» ambos equipos harán tablas, marcando Laszi los dos goles catalanes. Pocos días después Sandro Puppo va a despedirse del Club, dado que los objetivos que este se marcó al contratarle no van a alcanzarse, pero al menos se fue con buen sabor de boca, tras un amistoso contra el Niza que cerraba la temporada, y recibiendo una gran ovación al salir a saludar desde el centro del campo, obligado por sus pupilos, con quienes finalmente había conseguido sintonizar este hombre, correctísimo caballero y estudioso del fútbol. En total había dirigido al Barça en 34 encuentros oficiales, con un balance de 18 victorias, 9 empates y 7 derrotas, con 85 goles a favor y 44 en contra (52,94 % de triunfos)

DE REGRESO A CASA: TURÍN-TURQUÍA-PIACENZA

Puppo continuará ejerciendo la agitada profesión del banquillo durante más de una década. Después de abandonar el Barça, su experiencia española  dirigiendo a una escuadra tan importante,  será una excelente carta de presentación para que nada menos que la Juventus de Turín, la Vecchia Signora, se fije en él, permaneciendo allí por espacio de dos temporadas. Con posterioridad entrenará a la Mestrina y a la Selección «B» de Italia, antes de regresar a Turquía, donde se hará cargo de nuevo del Besiktas y de la selección otomana, entre los años 1960 y 1962. En esta última fecha retorna a su país natal, donde trabajará en el Siracusa, Venezia y Triestina, antes de partir por tercera vez hacia Turquía – una constante en su carrera – para dirigir nuevamente al combinado de dicho país entre 1965 y 1966. Va a cerrar definitivamente el ciclo volviendo a sus orígenes, el Piacenza, donde ocupará el banquillo hasta su dimisión en octubre de 1967, cuando – sin haber cumplido aún los 50 – pondrá punto final a su trayectoria como técnico.

En 1968 va a aceptar un importante cargo en la principal empresa de su ciudad natal, Astra, fabricante de vehículos industriales y a la sazón dirigida por un antiguo presidente del Piacenza, trabajo donde le será muy útil su amplio dominio de varias lenguas extranjeras. En 1970 formará parte de un grupo de estudios técnicos de la FIFA, y en 1974 publica el libro «Calcio: quo vados», un ensayo en el que expone la evolución técnica y táctica del fútbol desde sus inicios hasta la década de los años 70. El 16 de octubre de 1986, a los 68 años de edad, fallece en Piacenza. Actualmente dos campos de fútbol de la localidad que le vio nacer llevan su nombre.

El Fútbol Club Barcelona, aunque en época reciente,  ha tenido ya algunos jugadores italianos en sus filas (Coco, Albertini y Zambrotta, los tres con más pena que gloria), e incluso en la actualidad cuenta como responsable de fútbol internacional, formando parte de la Comisión Técnica del Club, con otro ciudadano transalpino, Ariedo Braida, que desempeñó el cargo de Director Deportivo del A.C. Milan entre los años 1986 y 2013, el período de máxima brillantez del conjunto rossonero, pero el refinado y cosmopolita Sandro Puppo sigue siendo hasta la fecha el único inquilino del banquillo culé de dicha nacionalidad, y a pesar de la brevedad de su paso por Can Barça, bien se merece que le dediquemos este pequeño recuerdo.




Fernando Daucik, el técnico de las cinco copas (1950-1954). Segunda parte

Daucik201Como suele decirse vulgarmente, Daucik había dejado muy alto el listón tras la triunfal campaña 1951-52, cuya brillantez tardaría más de medio siglo en reeditarse en Can Barça. Cierto también que contaba con un capital deportivo y humano excepcional, que para la temporada 52-53 va a presentar los siguientes efectivos a sus órdenes: Ramallets, Velasco, Caldentey, Roselló, Martín, Biosca, Brugué, Curta, Seguer, Segarra, Gonzalvo III, Bosch, Maristany, Flotats, Basora, Hanke, César, Aloy, Kubala, Vila, Escudero, Aldecoa, Moreno, Manchón, Gracia y Boada. Son novedad respecto al curso anterior los guardametas Caldentey y Roselló, el central Brugué, los volantes Maristany y Flotats (este último procedente del Español), y los delanteros Hanke (un jugador de origen checoslovaco que militaba en el fútbol colombiano), Gracia y Boada, mientras que causan baja Calvet, Szegedi, Ferrer y Nicolau. También hay una importante novedad sentada en el palco, pues Agustí Montal i Galobart ha cedido la máxima magistratura barcelonista el 16 de julio de 1952  a su vicepresidente Enrique Martí  Carreto, otro importante empresario del gremio textil.

La Liga 52-53 va a dar comienzo el 14 de septiembre de 1952. El telón se levanta en «Les Corts», con un partido teóricamente fácil ante el Deportivo de La Coruña, presentando Daucik la siguiente alineación: Ramallets; Martín, Brugué, Seguer; Gonzalvo III, Bosch; Basora, César, Kubala, Moreno y Gracia. Los azulgranas van a pasar muchos apuros para ganar por la mínima (4-3), en un encuentro en el que el contraataque gallego causó estragos en su defensa, y Kubala falló un penalti. Y al domingo siguiente regresarán de vacío de Oviedo, donde los locales les derrotan por 2 a 1, pero lo peor va a llegar unos días después, cuando en un reconocimiento médico a Kubala se le descubra un grave proceso tuberculoso.

La noticia conmoverá a la Ciudad Condal y a todo el barcelonismo. Se llega incluso a especular con la posibilidad de que el as centroeuropeo – ya nacionalizado español – tenga que abandonar la práctica del fútbol. Afortunadamente no va a ser así, y entre la recia constitución física de Laszi y un sabio tratamiento, aderezado por una larga estancia en plena naturaleza en Monistrol de Calders, con descanso, aire puro y buenos alimentos, se va a obrar el milagro de recuperar a Kubala, la gran estrella del Barça, para el deporte de élite, aunque tendrá que estar ausente de los terrenos de juego desde finales de septiembre de 1952 hasta los últimos días de febrero de 1953, en total 18 jornadas consecutivas fuera del equipo.

Durante todo ese tiempo la sensación del campeonato la va a constituir el RCD. Español, que de la mano del técnico argentino Alejandro Scopelli pondrá en práctica un novedoso método de recuperación física, consistente en que los once jugadores blanquiazules de turno inhalen oxígeno mediante unas mascarillas  durante el descanso de los partidos. La cosa parece milagrosa, puesto que el Español va a tomar el liderato de la Liga al finalizar la tercera jornada, se mantendrá invicto hasta la número 12 (cayendo precisamente ante el propio Barça, en «Les Corts», en el transcurso de un accidentado derbi en el que se produjo una avalancha en las gradas, con numerosos heridos -llegó a hablarse incluso de un muerto, que habría sido ocultado por la férrea censura de la época – y la intervención de la Policía Armada ante lo que consideraban una «alteración del orden»), comandando la tabla hasta la decimoctava fecha, y manteniendo opciones de alzarse con su primer título de Liga hasta la jornada 27.

El Barça, sin Kubala, realizará una discreta primera vuelta, que se va a saldar con un provisional quinto puesto, a 6 puntos de su eterno rival ciudadano, pero paulatinamente irá acercándose a la cabeza de la clasificación, a medida de que el Español vaya perdiendo fuelle. . El 22 de febrero, en la jornada número 21, Kubala va a reaparecer en los Campos de Sport de El Sardinero, y a partir de ahí el equipo postulará su candidatura para revalidar el título. En la vigesimosegunda, tras aplastar al Zaragoza por 8 a 0 en «Les Corts», ya es cuarto, a dos puntos del Español, y en la jornada 24 se sitúa tercero, a un solo punto del nuevo líder, el Valencia. Sufre un frenazo en la siguiente, al caer derrotado en «Nervión» frente al Sevilla, pero a partir de ese momento ya no volverá a ceder ningún punto.

De ese modo, el 5 de abril de 1953, en la jornada número 26, vence a un Real Madrid que también tenía serias aspiraciones. 1-0 fue el resultado, obra de Moreno, en un partido tenso e igualado donde fueron expulsados Kubala y el jugador catalán del Real Madrid Oliva. Siete días más tarde, al derrotar al Español en «Sarriá» por  0 a 2 (con tantos de Manchón y Moreno) se sitúa como líder, empatado a puntos con el Valencia, posición que consolida al domingo siguiente en «Les Corts», superando precisamente a los valencianistas por 2 a 1, en un partido que puede considerarse como la auténtica «final» del campeonato, con goles de Manchón y Kubala.  Al final de dicha jornada el Barça aventajaba al Real Madrid en un punto, y a los «Chés» en dos.

La victoria azulgrana en Valladolid en la penúltima jornada , merced a un solitario tanto de Kubala, le daba prácticamente el título a los catalanes, si al menos lograban un empate en el último compromiso, frente a un discreto Athletic de Bilbao en «Les Corts», con Real Madrid y Valencia a la expectativa de un posible fallo. Fallo que no se va producir, porque – aunque con apuros – los pupilos de Daucik van a imponerse a los «leones» por 3 a 2, consiguiendo así su sexto título liguero. Mucho dominio azulgrana, llegando a botar hasta 16 saques de esquina. Moreno se adelantó en el marcador, empató Venancio antes del descanso, y en la segunda mitad Kubala (de riguroso penalti) y Bosch pusieron el 3-1 en el marcador, reduciendo distancias al final Gaínza.

El Barça sumaba 42 puntos y 12 positivos, aventajando en dos al Valencia y en tres al Real Madrid. Los de Daucik habían conseguido 19 victorias y 4 empates, totalizando 7 derrotas. Marcaron 82 goles (con el aragonés Moreno como máximo artillero) y encajaron 43, unos registros bastante similares a los del torneo anterior, salvo en el apartado anotador, donde se notaba claramente la ausencia de Kubala prácticamente en las dos terceras partes de la campaña.

Y esa racha victoriosa va a proseguir en la Copa del Generalísimo, donde los azulgranas van a ir eliminando sucesivamente a Valencia (5 a 0 y 1 a 1), Racing de Santander (la ronda más equilibrada, con victoria local montañesa por 1 a 0 , y remontada catalana en «Les Corts»: 3-0) y Atlético de Madrid (con estrépito: 8-1 en la Ciudad Condal y derrota mínima, 2 a 1, en el «Metropolitano»), hasta llegar a la gran final, que se celebraría nuevamente en el escenario habitual por aquellos años, el Estadio madrileño y madridista de «Chamartín». Allí, el 21 de junio de 1953, y a las órdenes del señor García Fernández, van a encontrarse los dos grandes clásicos del «Torneo del KO», Barça y Athletic de Bilbao.

Daucik presenta el siguiente equipo, en el que destaca la ausencia del veterano César: Ramallets; Seguer, Biosca, Segarra; Flotats, Gonzalvo III; Basora, Bosch, Kubala, Moreno y Manchón. Se impondrán los catalanes sin demasiados apuros por 2 a 1. Marcó Kubala en el minuto 46, y remachó el resultado Manchón en el 57, acortando distancias Venancio en el 61, con casi media hora por delante, pero ya no volvería a moverse el marcador, y el Barça haría historia, conquistando la Copa por tercer año consecutivo.

Los prolongados éxitos barcelonistas traen aparejada su invitación a un prestigioso torneo que entonces se celebraba anualmente en Caracas, la capital venezolana. Se trata de la denominada «Pequeña Copa del Mundo», y en esa edición se enfrentarán al Barça una selección local y los potentes cuadros de «la» Roma y el Corinthians brasileño. Lamentablemente los azulgranas no van  a mostrarse  a su altura habitual, tal vez por el cansancio acumulado en toda la temporada, y de ese modo su participación, que tuvo lugar entre los días 16 de julio y 1 de agosto de 1953, arrojará un muy discreto balance de cuatro derrotas y tan sólo dos victorias. También se habló por entonces de cierta «relajación» de los jugadores desplazados a Sudamérica…

Daucik2021953-54: UN AÑO SIN TÍTULOS, Y ADIOS A CAN BARÇA

La cuarta temporada de Daucik como técnico barcelonista, todo un récord desde los ya muy lejanos tiempos del inglés Jack Greenwell (1917-1923), cuando el fútbol español no era aun profesional, la encara el club azulgrana con los siguientes efectivos humanos: Ramallets, Velasco, Goicolea, Caldentey, Seguer, Biosca, Brugué, Segarra, Gracia, Gonzalvo III, Bosch, Maristany, Flotats, Basora, Tejada, Kubala, Aloy, Aldecoa, Hanke, César, Vila, Moreno, Manchón y Duró. Causan baja Roselló, Martín, Curta, Escudero y Boada, mientras que se incorpora el arquero del Real Valladolid Goicolea, así como los canteranos Tejada y Duró. La Liga va a comenzar en pleno «Caso Di Stefano», pretendido por Barça y Real Madrid, y su desenlace marcará profundamente el rumbo futuro de ambos clubes, teniendo también una gran repercusión sobre el devenir institucional de la entidad blaugrana, pues el presidente Martí Carreto dimitirá, y se convocarán elecciones para noviembre de 1953, que aprovechando un vacío legal se van a celebrar por sufragio universal de los socios varones y mayores de edad (algo insólito en la España de entonces), logrando la victoria el joven candidato – de tan sólo 35 años de edad – Francesc Miró-Sans sobre el veterano Amat Casajuana, y llevando como bandera electoral la construcción de un nuevo campo, un ambicioso proyecto que se materializaría en septiembre de 1957 con la inauguración del «Camp Nou».

La Liga 53-54 da comienzo el 13 de septiembre de 1953, y con muy buenas vibraciones para el Barça, ya que se impone a domicilio a la Real Sociedad en «Atocha» por 0 a 3, con dos goles de un Kubala que parece haber vuelto por sus fueros tras la grave enfermedad pulmonar que sufriese la temporada anterior. Azulgranas y merengues van a ir turnándose en el liderato durante las primeras jornadas, hasta llegar a la fecha séptima, el domingo 25 de octubre de 1953, que coincide con la renuncia barcelonista a todo posible derecho sobre Di Stefano, que ya había debutado en las filas del Real Madrid en la tercera jornada, y que en esta realiza un gran encuentro frente al que pudo ser su equipo (y el club que le trajo a España, tras su «exilio» deportivo en Colombia). Por 5 a 0 se imponen los blancos en «Chamartín», y el «Efecto Di Stefano» comienza ya a hacerse patente.

El Real Madrid continuará al frente de la clasificación, seguido de cerca por el Barça. Al llegar al ecuador de la competición los madridistas son primeros, con 23 puntos, seguidos por el Sevilla con 20 y el Barça con 19 (empatado con Athletic de Bilbao y un sorprendente Racing de Santander). La distancia entre ambos va a ir estrechándose (en la jornada decimoséptima es de sólo 2 puntos), a la espera de que los blancos rindan visita a «Les Corts». Pero en la jornada número 20 el Barça consigue alcanzar a su gran rival, y ponerse incluso por delante gracias a su mejor cociente general de goles (con ambos empatados a 28 puntos). Al domingo siguiente cambian las tornas, pues mientras que el Madrid se impone al Sevilla en «Chamartín» por un corto pero suficiente 1 a 0, el Barcelona va a caer derrotado en «Mestalla», ante el Valencia y por idéntico resultado.

Llega por fin el encuentro tan esperado, esta vez en la Ciudad Condal. El Barça parte con dos puntos de desventaja, y también se antoja muy difícil que pueda igualar o superar el marcador de la primera vuelta, aquel concluyente 5 a 0. Pero está a punto de conseguido, aunque se va a quedar a un solo gol de igualar su tanteo particular con el Real Madrid. Que fue paradójicamente el equipo que se puso por delante, por mediación del inevitable don Alfredo, aunque el Barça conseguirá empatar antes del descanso gracias al joven Tejada, y la segunda parte ya será suya por entero, añadiendo otros cuatro goles a su cuenta, obra de Tejada, César, Moreno y Manchón. Las crónicas de la época nos hablan también del estrecho y excelente marcaje que el menudo pero rapidísimo Flotats realizó sobre la «Saeta Rubia», anulando por completo a la estrella merengue.

Real Madrid y Barça están ya empatados a puntos, aunque los de la Capital cuentan con la ventaja del «goal average» particular. Pero esa situación tan sólo va a durar una semana, porque mientras que los azulgranas pinchan ante Osasuna en su visita a «San Juán», doblando la rodilla por 1 a 0 frente los navarros, los madrileños se imponen en el derbi frente al Atlético por la mínima (2 a 1), con dos tantos de Di Stefano. Y esa ventaja de dos puntos va a incrementarse a cuatro tras la jornada número 25, con la derrota del Barça en Santander  (4-3), y la goleada del Real Madrid sobre el Jaén (6 a 0). Sin embargo la cabeza de la tabla volverá a estrecharse a la semana siguiente, cuando los merengues pierdan en Valladolid un partido que ya parecían tener ganado a un cuarto de hora de su finalización (4 a 3 también), y los catalanes destrocen al Oviedo en «Les Corts» con un inapelable 9 a 0.

Llega la jornada 27, y la ventaja madridista aumenta de nuevo a cuatro puntos, porque mientras el Barça cae ante el Deportivo de La Coruña en su visita a «Riazor» (1 a 0), los blancos se deshacen con facilidad del Sporting de Gijón, goleándole por 4 a 0 (con tres dianas de Di Stefano) y enviando a los asturianos a Segunda División. Pero una vez más, siete días después, el que juega fuera falla, y el que lo hace en su casa no perdona. Ahora le toca al Real Madrid  salir derrotado de su visita a «Balaídos» (1 a 0 frente al Celta), y al Barça superar sin muchos apuros al Sevilla en «Les Corts», por 4 a 1. Quedan dos jornadas por disputarse, y el título está todavía por decidir, aunque la ventaja del cuadro madridista – dirigido por un ilustre «ex» del Barça, el uruguayo Enrique Fernández – parece clara, dependiendo únicamente de sí mismo. Los blancos reciben en «Chamartín» al Valencia y después se desplazarán a «Sarriá», para vérselas con el Español, mientras que los blaugranas recibirán precisamente a los pericos, y finalizarán el campeonato rindiendo visita a un Atlético de Madrid muy venido a menos esa temporada.

Y el suspense va a durar poco, porque la sorprendente derrota – y por goleada: 1 a 4 –  del Barça en «Les Corts» ante los blanquiazules, tras un partido calamitoso, le brinda en bandeja de plata su tercer título de Liga al Real Madrid, el primero desde 1933, veinte años atrás, pues los merengues no desaprovechan la ocasión, y derrotan claramente al Valencia por 4 goles a 0, tres de ellos obra de Alfredo Di Stefano, que al final va a proclamarse máximo realizador del Campeonato con 29 tantos, aventajando a Kubala en seis dianas. La última jornada ya es meramente anecdótica, y ambos equipos caen derrotados en sus respectivos desplazamientos a «Sarriá» y el «Metropolitano». El balance final del Barça en esta reñida competición no es demasiado bueno, pese al subcampeonato. Tan sólo va a conseguir 36 puntos y 6 positivos, que se desglosan en 16 victorias, 4 empates y 10 derrotas, demasiadas para un club de su categoría. Va a marcar 73 goles, una cifra discreta comparada con las de las últimas temporadas, encajando 39.

Y llega la Copa, con la posibilidad de resarcirse del fiasco liguero. Para este torneo el Barça va a reforzarse con dos jugadores, el jovencísimo Luisito Suárez, procedente del Deportivo de La Coruña (club del que se ficha también al uruguayo Dagoberto Moll, aunque este no puede jugar la Copa por su condición de extranjero, dado que la normativa entonces vigente lo prohibía), y el delantero del Real Oviedo Esteban Areta. Y precisamente en octavos se enfrentan Barça y Deportivo. Victoria contundente de los azulgranas en «Les Corts», por 4 a 0, pero un buen susto en «Riazor», donde los gallegos se imponen por 3 a 0 y están a punto de igualar la eliminatoria.

La siguiente ronda, cuartos de final, enfrenta de nuevo a los dos grandes clásicos  del «Torneo del KO», Barça y Athletic de Bilbao. En la Ciudad Condal vencen los catalanes por 4 a 2, y consiguen su pase a semifinales en «San Mamés», donde se produce un empate a un gol, en el transcurso de un partido marcado por la gravísima lesión de rodilla sufrida por Kubala, que le mantendrá en el dique seco durante varios meses, y que de algún modo va a significar el inicio de un largo y casi imperceptible declive. En semifinales va a vivirse un emocionante duelo en la cumbre Barça-Real Madrid, en el que los de Daucik van a tomarse la revancha de la derrota en Liga. Vencen los blancos por 1 a 0 en «Chamartín», – sin el concurso de Di Stefano, que tampoco podía alinearse por la citada normativa sobre jugadores extranjeros –  y caen en «Les Corts» por 3 a 1, con dos tantos del veterano César.

La final, repetición de la de 1952, va a enfrentar en el flamante coliseo madridista, recientemente concluido, a Barça – que la afronta por cuarto año consecutivo, habiendo ganado las tres anteriores – y Valencia. Tiene lugar el 20 de junio de 1954, y a las órdenes del árbitro señor González Echevarría, del Colegio Guipuzcoano, ambos equipos saltan al césped con las siguientes formaciones: por los azulgranas, Velasco – Ramallets fue aquella tarde suplente -; Seguer, Biosca, Segarra; Flotats, Bosch; Basora, Suárez, César, Moreno y Manchón, y por los levantinos, entrenados por el mítico Jacinto Quincoces, Quique; Quincoces II, Monzó, Sócrates; Pasieguito, Puchades; Mañó, Fuertes, Badenes, Buqué y Seguí. Está ausente también la gran estrella valencianista, el delantero holandés Faas Wilkes, por los motivos ya mencionados.

El Valencia va a imponerse, contra todo pronóstico pero con claridad, merced a un concluyente 3 a 0, con tantos marcados por Fuertes y el ex-azulgrana Badenes, este en dos ocasiones. En su momento se habló de un posible «plante» de los jugadores barcelonistas contra Daucik, pero eso es algo imposible de probar, y que pertenece a la eterna leyenda que se teje en torno al fútbol. Lo cierto es que los «Chés», que contaban también con un magnífico equipo a pesar de la baja ya comentada, cuajaron un gran partido, y borraron por completo a un Barça que sin Kubala perdía bastantes enteros, con un Suárez todavía demasiado tierno, un César ya muy veterano, y un Basora que tampoco atravesaba por sus mejores momentos.

Pero llegados a ese punto, la directiva presidida por Miró-Sans considerará que ya se había cerrado un ciclo triunfal (aunque de hecho era el primer año de Daucik sin conquistar al menos un título), y que era conveniente entregar la responsabilidad de la dirección del equipo a un nuevo técnico, alguien que pudiera insuflarle nuevos aires. El elegido va a ser el italiano Sandro Puppo, a la sazón seleccionador de Turquía, que había eliminado sorprendentemente a España en la fase de clasificación para el Mundial de Suiza, aunque con la inestimable ayuda de un muchacho italiano, el famoso «bambino», quien tras finalizar en tablas el partido de desempate celebrado en el Estadio Olímpico de Roma, había extraído la papeleta de los otomanos, facilitándoles el pasaporte para tierras helvéticas.

UNA LARGA TRAYECTORIA PROFESIONAL ( 1954-1977 )

El Athletic de Bilbao (entonces oficialmente «Atlético») llevaba cuatro temporadas de sequía, desde su último triunfo en la Copa del Generalísimo de 1950 ante el Real Valladolid (4-1), y sus rectores pensaron que nadie mejor que Daucik para revertir esa situación. Ya en «San Mamés», el técnico eslovaco va a ir «jubilando» paulatinamente a la mítica delantera de los Iriondo, Venancio, Zarra y Panizo, conservando únicamente al veterano «Piru» Gaínza como gran referencia de un pasado glorioso, y promoviendo a las filas del primer equipo a toda una nueva generación de «leones»

Los frutos comenzarán a cosecharse muy pronto. En esa temporada 1954-55 el Athletic es tercero en la Liga, y se alza con el título de Copa, tras eliminar al propio Barça (venciendo en «Les Corts», en un partido donde se produjo el hecho insólito de que el gran especialista Kubala fallase un penalti, desviado a córner por Carmelo), y derrotar en la final al Sevilla, entrenado por Helenio Herrera, merced a un solitario gol marcado por el joven Uribe. Y en el curso siguiente, el 55-56, los rojiblancos, superando al Barça y a un Real Madrid que, con Di Stefano en sus filas, había ganado los últimos dos Campeonatos de la Regularidad y que en esa misma campaña conquistaría la primera Copa de Europa, se alzan con el «doblete» (algo que no conseguían desde 1943), tras un emocionante pulso liguero con los azulgranas, y venciendo al Atlético de Madrid en la final copera (3 a 1), con una alineación que todo el mundo se sabía de carrerilla: Carmelo; Orúe, Garay, Canito; Mauri, Maguregui; Arteche, Marcaida, Arieta, Uribe y Gainza.

La victoria en Liga da derecho a los bilbaínos a tomar parte en la II edición de la Copa de Europa, donde eliminan al Oporto portugués y al Honved húngaro (en plena revuelta del país magiar), para caer  finalmente ante el Manchester United, que un año más tarde sufrirá un terrible accidente de aviación en el aeropuerto de Munich, pereciendo varios de sus componentes. Y tal como había ocurrido antes en Barcelona, al parecer público y directiva no van a digerir bien un año sin títulos, y Daucik tendrá que abandonar el banquillo de «San Mamés», pero no sin antes dejar para la posteridad otra jugosa anécdota: haber alineado como extremo izquierda en sustitución de un lesionado Gaínza al guardameta internacional Carmelo Cedrún – aquel día portero suplente – , en el transcurso de un amistoso frente al Burnley inglés, lo cual le costará no pocas críticas. El experimento, lógicamente, no se volvería a repetir, pero a Daucik le cabe el mérito de haber forjado también una legendaria medular, la compuesta por Mauri y Maguregui, así como haber reconvertido a Jesús Garay en uno de los mejores centrales del mundo.

La siguiente etapa en su carrera profesional la cumplirá en el Estadio «Metropolitano», dirigiendo al otro Atlético, el de Madrid. No obtendrá títulos con él, pero le llevará hasta el subcampeonato liguero en la temporada 57-58, lo cual le va a brindar también la posibilidad de disputar la Copa de Europa en la campaña siguiente – al resultar ese año el Real Madrid campeón en ambas competiciones – , llegando hasta las semifinales, donde los «colchoneros» serán eliminados por los intratables  «merengues» tras un partido de desempate en Zaragoza, en el flamante recinto de «La Romareda». Allí también pondrá en liza una excelente y casi juvenil línea media, la formada por el antequerano Chuzo y el húngaro Peter Ilku, un jugador realmente desafortunado, malogrado por un gravísimo accidente de tráfico cuando se encontraba en su mejor momento. El Atlético de Madrid de Daucik, con jugadores de la talla de Rivilla, Calleja, Alvarito, Mendonça, Adelardo, Vavá, Peiró o Enrique Collar, sentará las bases para la escuadra triunfante de principios de los años 60 (ganadora de las Copas del Generalísimo de 1960 y 1961, y de la «Recopa» de 1962). Sin embargo va a ser destituido a principios de la temporada 59-60, tras el sexto encuentro de Liga, y se marchará al vecino país, a dirigir al Oporto.

No obstante regresa a España al año siguiente, para hacerse cargo de la preparación del Real Betis Balompié, que había retornado a la élite del fútbol español un par de años antes, después de una prolongada «travesía del desierto» que había durado tres largos lustros. Con el industrial gallego Benito Villamarín dirigiendo los destinos del club verdiblanco, Daucik va a consolidarlo en Primera División. Allí tendrá a sus órdenes a su propio hijo, el altísimo y prometedor Yanko (que terminaría fichando por el Real Madrid), y junto al que trabajará en algunos clubes más, así como también a un par de delanteros que pronto serían figuras: Luís Aragonés y Fernando Ansola.

Reemplazado nuevamente durante la campaña 62-63 (en la décima jornada), se tomará una especie de año sabático hasta ser contratado por un Real Murcia recién ascendido a Primera, también después de muchos años de transitar por la Categoría de Plata. Logrará la permanencia para los de «La Condomina», con una plantilla cuajada de ilustres veteranos: Marquitos, Alvarito, Dauder, Lalo, Miguel, Marsal, Merodio, Paz o Szalay….Su buen desempeño con los «pimentoneros» le llevará de nuevo a Sevilla, pero en esta ocasión a la «otra acera», al «Sánchez Pizjuán», para dirigir al conjunto blanco de la capital hispalense, un club que navegaba por la zona media de la clasificación, también muy alejado de sus mejores tiempos. No van a pasar demasiados apuros, y allí va a tener a sus órdenes a jugadores como Oliveros o Gallego, que inmediatamente firmará por el Barça, convirtiéndose en uno de los mejores centrales del Viejo Continente.

La temporada 65-66 Daucik va a afrontar un nuevo reto. Por primera vez en España toma las riendas de un equipo de Segunda División, la Sociedad Deportiva Indauchu, el simpático cuadro de barrio bilbaíno que militaba en el Grupo Norte. Lo hace en calidad de «director técnico» y por su amistad con el presidente del club. Va a dirigirlo durante casi toda la campaña, hasta la jornada 23, cuando es reclamado por el Real Zaragoza, uno de los primates de la División de Honor, al que va a dirigir en las últimas siete jornadas de Liga. Por sus manos, en las filas indauchutarras, pasará otra gran promesa, el delantero hispanoargentino (nacido en Sarandí, provincia de Buenos Aires) José Eulogio Gárate, también muy pronto militando en un grande, en este caso el Atlético de Madrid, aunque según contaba el propio Daucik en una entrevista concedida a la revista «RB» en junio de 1969, él mismo se lo ofreció al presidente blaugrana Enric Llaudet prácticamente «regalado»….

Instalado ahora a orillas del Ebro, dirige a los maños en lo que resta de temporada 65-66, y el equipo de los «Magníficos» resulta vencedor del Torneo del KO por segunda vez en su historia, derrotando al Athletic de Bilbao por 2 a 0, y clasificándose también para la final a doble partido de la Copa de Ciudades en Feria, que le enfrentaría al Barcelona, siendo aplazados ambos encuentros hasta comienzos de la temporada siguiente, debido a la celebración del Campeonato Mundial de Fútbol en Inglaterra ese verano del 66.

El curso 66-67 lo consume íntegramente en Zaragoza, donde no consigue ganar la Copa de Ferias, tras traerse un excelente resultado del «Camp Nou» (0 a 1), por culpa de la gran noche del jovencito Lluís Pujol, autor de un «hat-trick» (2 a 4 en «La Romareda», favorable a los catalanes). En la Liga se clasifica en una decorosa quinta posición, pero en la Copa da la gran campanada al ser eliminado a las primeras de cambio por un Segunda, el Europa graciense, en partido de desempate disputado en Valencia. La mejor época de «los Magníficos» parece ya haber pasado…No se le renueva para la campaña siguiente, y otra vez se queda en expectativa de destino, hasta que a principios de 1968 se le va a brindar la oportunidad de salvar del descenso a un cuadro que ya parecía consolidado en Primera, el Elche. El conjunto de la ciudad de las palmeras había arrancado la temporada bajo la batuta de Alfredo Di Stefano, en el debut de la «Saeta Rubia» como técnico con una plantilla en la que figuraban futbolistas de la talla de Ballester, Canós, Lico, Llompart, Vavá o Asensi, pero al finalizar la primera vuelta del campeonato presenta unos números de lo más peligroso, ya que es colista con tan sólo 9 puntos y 5 negativos, con un balance de 3 partidos ganados, otros 3 empatados y 9 derrotas, únicamente 10 goles a favor y 24 en contra. Daucik se estrena en el banquillo ilicitano en la jornada 16, consiguiendo dos puntos de oro frente al Español en «Altabix» (1-0), y a partir de ahí su equipo iniciará una brillante escalada que le lleva a ser uno de los mejores conjuntos de la segunda ronda, consiguiendo 18 puntos más, que se desglosan en 8 victorias, 2 igualadas y solamente 5 derrotas, con 20 goles a su favor, y sólo 15 en contra. El Elche finaliza en undécima posición, con 27 puntos y 3 negativos, sin agobios.

Pero no se le renueva la confianza y el eslovaco decide coger las maletas e irse a hacer las Américas, enrolándose como entrenador del conjunto canadiense de los Toronto Falcons, que participa en la «North American Soccer League», torneo donde se encuentra con numerosos jugadores y técnicos españoles, entre ellos su cuñado Ladislao Kubala y el hijo de este, su sobrino Branko, amén de su propio vástago. De regreso en España  va a sustituir a Sabino Barinaga como responsable nuevamente de un Betis recién descendido donde brillan Rogelio y Quino, pero tampoco alcanzará a terminar la temporada. Sin embargo en la siguiente campaña, la 69-70, logrará otro de sus grandes éxitos al salvar a un casi desahuciado San Andrés, frenando en seco la caída libre de un club que parecía irse a Tercera sin remedio, mediante una segunda vuelta extraordinaria desde la jornada número 20. Su hijo Yanko le acompaña también en esta aventura.

Su buen hacer en la entidad andresense posibilitará que, sin tener que salir de Barcelona, se incorporé – nuevamente con Yanko de la mano – al RCD. Español, que acababa de recuperar la categoría. Lo va a mantener en Primera, y después se marchará al Cádiz, otra vez en Segunda, donde será uno de los cinco entrenadores que esa temporada 71-72 se turnarán en el banquillo del club más representativo de la «Tacita de Plata». Volverá a dirigir al San Andrés en un par de ocasiones más (1973-74 y 1976-77, temporada en la que el conjunto cuatribarrado desciende, poniendo así fin a su «edad de oro»), y también tendrá un paso por Tercera, dirigiendo al Levante UD en la campaña 74-75, contando con un delantero de auténtico lujo, el chileno Carlos Caszely, que de los «granotas» pasará al Español.

Con 67 años cumplidos se va a jubilar por fin de los banquillos, dejando tras de sí un registro fabuloso: 614 partidos dirigidos (la mayoría de ellos en Primera División) a lo largo de una carrera profesional de 27 años en nuestro país, con un balance de 285 victorias, 123 empates y 206 derrotas. Como técnico va a  conquistar 3  Campeonatos de Liga (1951-52, 1952-53 y 1955-56), 6 de Copa (1951, 1952, 1953, 1955, 1956 y 1966), una Copa Latina (1952) y dos Copas «Eva Duarte» (las correspondientes a las temporadas 51-52 y 52-53), erigiéndose, en resumen, como uno de los técnicos más laureados de la historia de nuestro fútbol. Va a fallecer el 14 de noviembre de 1986, a los 76 años de edad, en la localidad madrileña de Alcalá de Henares, a consecuencia de una embolia cerebral.




Fernando Daucik, el técnico de las cinco copas (1950-1954). Primera parte

Daucik01Una teoría bastante extendida sostiene que el motivo que convenció a Kubala para fichar por el Barça en detrimento del Real Madrid, fue el hecho de que el club catalán accediese a contratar también a su cuñado Ferdinand Daucik como entrenador. Es posible, y también plausible, pero igualmente es preciso tener en cuenta que Daucik tampoco venía «de paquete», pues era ya un valor en sí mismo, y el Barça necesitaba entonces un técnico con garantías, tras la interinidad del animoso Ramón Llorens, que había sustituido provisionalmente, asesorado por Samitier, a un cuestionado Enrique Fernández.

Y es que Daucik no era precisamente un don nadie… Su equipo de «apátridas», el Hungaria, jugaba muy bien, y mostraba unas hechuras técnicas insólitas en nuestros lares, donde los aficionados todavía estaban boquiabiertos recordando la mítica gira del San Lorenzo de Almagro en el invierno 46-47, en pleno aislamiento español, tanto político como deportivo. «Don Fernando» era un magnífico representante de la rica escuela de fútbol centroeuropea, que entonces gozaba de un gran prestigio, pues Austria y Checoeslovaquia habían vivido un gran momento en la década de los 30, únicamente abortado por la Segunda Guerra Mundial, siendo saludadas como auténticas potencias, mientras que Hungría, ahora bajo su nueva administración comunista, lo iba a ser en la primera mitad de los años 50.

Daucik era un «zorro plateado». Apenas tenía 40 años, pero su creciente mechón de pelo blanco le hacía aparentar bastantes más. Y a sus innegables conocimientos técnicos y tácticos, iba a unir ahora una excelente plantilla a sus órdenes. Una plantilla donde figuraban talentos ya contrastados como Ramallets, Seguer, Gonzalvo III, Basora, Cesar o los argentinos Marcos Aurelio y Nicolau, al lado de jóvenes con un gran futuro por delante -Biosca, Segarra o Manchón -, y con su propio cuñado Laszi Kubala como gran estrella, aunque la suspensión federativa emanada de los organismos internacionales le dejaría fuera de juego durante toda la Liga 50-51. Además, Daucik no tardaría en promocionar a otros notables jugadores surgidos de la fértil cantera catalana  (Brugué, Aloy, Vila, Bosch, Gracia o Tejada), incorporando también a fichajes interesantes («Cheché» Martín, debutante en la malhadada Copa del 50, el internacional Aldecoa, el aragonés Moreno, el españolista  Flotats o el checoslovaco Hanke). Todos ellos van a configurar una plantilla de ensueño, un verdadero «Dream Team», mucho antes de que se acuñase la expresión, que dominará el fútbol español con autoridad durante dos temporadas, ganándolo todo, hasta que reaparezca el Real Madrid de la mano de Alfredo Di Stefano.

Al igual que todos los grandes técnicos, Daucik aportaba novedades, unas positivas, otras no tanto…Entre las segundas estaría la innovadora táctica del fuera de juego, que puso en práctica en un partido intrascendente para la clasificación final, pero que no dejaba de ser un «derbi». Aquel Español-Barça disputado en «Sarriá» la tarde del 15 de abril de 1951, pasaría a la historia como la victoria más amplia de los «pericos» sobre sus eternos rivales , desconcertados y pillados por sorpresa con el dichoso «off-side» («orsay», para los castizos). Resultado: 6 a 0

Pero el fiasco no volvería a repetirse, al menos por esa misma causa. Y Daucik iba a brillar poco después gracias a otra de sus genialidades, la osadía de hacer debutar a un joven Andreu Bosch, con 20 sólo años, precisamente en otro «derbi», y conseguir que le saliese bien el experimento, tanto,  que el chico se convertiría inmediatamente en titular y un fijo en las alineaciones, y llegaría pronto a internacional, cuando ser internacional era verdaderamente difícil, pues se disputaban muchos menos partidos entre selecciones que ahora, y no se estilaba la posibilidad de efectuar cambios.

Y luego estaba aquella  otra característica de la que Daucik -que tenía la dosis suficiente de egolatría para triunfar en un negocio tan complicado y competitivo como este- siempre se vanagloriaba: la agudeza y el instinto para cambiar de sitio a un jugador, y sacar de él lo máximo en su nueva demarcación. En el Barça eso ocurriría, sin ir más lejos,  con el canterano Sigfrid Gracia, al que hizo debutar como extremo izquierdo, para  posteriormente  revelarse como un magnífico lateral zurdo (en esa gran tradición de los «3» del Barça, que seguirían los Eladio, Julio Alberto, Sergi Barjuán,  o el actual Jordi Alba), aunque cuando el de Gavá se hizo con el puesto, Daucik ya no ocupaba el banquillo de «Les Corts», y sí el de «San Mamés», donde daría rienda suelta a sus veleidades experimentales

FUTBOLISTA DE ÉLITE

Ferdinand Daucik vino al mundo en la localidad de Sahy, el 30 de mayo de 1910. Sahy era una pequeña población situada en el sur de Eslovaquia, perteneciente entonces al Imperio Austrohúngaro. En la actualidad cuenta con algo más de 8000 habitantes, muchos de ellos de origen magiar, puesto que se encuentra muy cerca de la frontera con Hungría, más cercana a Budapest que a Bratislava. Fue el sexto de ocho hermanos (cuatro varones y cuatro mujeres, una de las cuales, Ana Viola, conocida familiarmente como «Ibi», contraería matrimonio con Ladislao Kubala). Su padre y sus tres hermanos mayores practicaban el fútbol, y le transmitieron su afición por ese deporte. En vísperas de la Primera Guerra Mundial ya tenía auténticas pelotas de cuero, traídas por su progenitor de Viena o Budapest, a dónde le llevaban sus negocios. Apenas levantaba dos palmos del suelo, y ya el balón era su juguete favorito. Sus vecinos, al verle pasar, solían preguntarle: «¿Pelota, dónde vas con el niño?»

Va a comenzar a jugar en un conjunto local, el FK. Slovan Sahy, pasando más tarde al KFC. Majorka Komarno. En 1928, con tan solo 18 años, ficha por el Slovan de Bratislava, donde permanecería por espacio de cinco temporadas, pasando a continuación al SK. Slavia de Praga, el que sin duda era entonces el mejor equipo de Checoeslovaquia, el nuevo país surgido tras la derrota en la Gran Guerra de las Potencias Centrales, y el desmembramiento del Imperio de los Habsburgo. Con el club de la estrella roja de cinco puntas estuvo entre 1933 y 1942. Como futbolista,  Daucik se inició en el ataque, ocupando preferentemente la demarcación de extremo izquierda, pero más adelante se convirtió en un gran defensa lateral, e incluso central, según la novedosa «WM». Con el Slavia va a conquistar 4 ligas checoslovacas, y será también internacional en numerosas ocasiones, tomando parte en los Campeonatos Mundiales de 1934 y 1938. Ya veterano, en 1942 y en plena Segunda Guerra Mundial, defenderá asimismo la camiseta de su país de origen, Eslovaquia, que va a tener una breve existencia como nación teóricamente independiente tras la anexión al Reich de la zona de los Sudetes, habitada mayoritariamente por población de lengua alemana, la ocupación del resto de Checoeslovaquia por los Nazis, y su posterior partición en dos entidades: el Protectorado de Bohemia y Moravia, y el Estado títere de Eslovaquia, al frente del cual se situará como presidente un sacerdote católico, Monseñor Josef Tiso (1887-1947), que sería ejecutado al finalizar la contienda a causa de su colaboración con el Tercer Reich.

UN MAESTRO EN EL BANQUILLO

Su carrera como entrenador comienza en 1942, dirigiendo al Slovan de Bratislava. Va a ser seleccionador eslovaco a continuación, hasta 1944, y una vez finalizado el conflicto será también el responsable del combinado de la nuevamente unificada Checoeslovaquia, hasta que problemas de índole política con las flamantes autoridades comunistas, que se habían hecho con el control absoluto en Praga a principios de 1948, le impulsen a abandonar el país. Es entonces cuando se crea el Hungaria, un equipo formado por futbolistas procedentes de países que habían quedado al otro lado del «Telón de Acero»: checoslovacos, húngaros, rumanos o yugoeslavos. Tomó ese nombre debido a que la mayoría de sus componentes eran de origen magiar.

El Hungaria se formó en Italia, donde sus miembros se establecieron  como refugiados. Forzados por la imperiosa necesidad de sobrevivir, decidieron  sacar algo de provecho de sus habilidades, alquilándose allá dónde quisieran verles jugar. Debido a su huida, estos deportistas habían sido sancionados por la FIFA, y no podían tomar parte en competiciones oficiales, pero sí en partidos amistosos. En 1950 el equipo va a ser contratado para disputar varios partidos en España, contra clubes de Primera División y la propia Selección Nacional, que se preparaba para tomar parte en el Campeonato del Mundo que se celebraría en Brasil, tras doce años de parón como consecuencia de la guerra. Según declaraciones del propio Daucik, «aquel equipo convenció por su juego, sistema y poderío», y en sus filas destacaba su  cuñado, Ladislao Kubala. El Real Madrid, que entonces atravesaba por una fase bastante gris, va a interesarse por ambos -según al propio Daucik-, pero finalmente no van a llegar a un acuerdo, y el astuto Pep Samitier, secretario técnico blaugrana, conseguirá llevarse a los dos al Barcelona, que tampoco pasaba precisamente por su mejor momento. Seguramente a los dirigentes «culés» les seducía más el rubio futbolista que aquel técnico que a sus 40 años lucía ya una canosa cabellera, pero Daucik también les solucionaba la papeleta de un banquillo vacío, aparte de ser un técnico de contrastada valía y gran prestigio.

El fichaje de la pareja centroeuropea va a tener lugar en junio de 1950, pero Laszi no podrá alinearse en competición oficial con el Barça hasta abril del año siguiente, ya en el torneo de Copa de 1951, debido a los problemas burocráticos inherentes a su suspensión por la FIFA, al haber huido de Hungría, donde tampoco hacía muy buenas migas con las nuevas autoridades comunistas. Daucik, por el contrario, tomará inmediatamente las riendas deportivas del equipo. El Barça había quedado quinto en la Liga anterior, la 49-50, siendo escandalosamente eliminado de la Copa por un club de segunda División, el Racing de Santander. En «Les Corts» va a encontrarse con la siguiente plantilla a sus órdenes: Ramallets, Velasco, Martín, Curta, Calvet, Segarra, Biosca, Gonzalvo III, Szegedi, Basora, Marcos Aurelio, Cesar, Aloy, Nicolau, Seguer, Manchón, Escudero, Vila Escuer, Torra, Peiró, Tejedor y Canal, más al suspendido Kubala, al que sólo va a poder utilizar en encuentros amistosos.

TEMPORADA 1950-51: RECUPERACIÓN

El Campeonato Nacional de Liga de la temporada 1950-51 arranca el 10 de septiembre de 1950 en «Les Corts». El Barça derrota contundentemente a la Real Sociedad por 8 a 2, con cuatro tantos de Cesar y el siguiente equipo: Ramallets; Calvet, Curta, Martín; Gonzalvo III, Szegedi; Basora, Marcos Aurelio, César, Aloy y Nicolau. En la segunda jornada cae ante el Atlético de Madrid en el «Metropolitano» por un resultado de escándalo, 6 a 4, y en la tercera le endosa un histórico 7 a 2 al Real Madrid en la Ciudad Condal, con tres dianas del argentino Nicolau, para volver a tropezar sorprendentemente en Murcia al domingo siguiente, donde los pimentoneros le superan por 3 a 2.

La irregularidad va a ser la tónica azulgrana en esta campaña, en la que desde muy pronto el equipo se descolgará de los puestos de cabeza, primero liderados por el Real Valladolid, y más tarde por el Sevilla y el Atlético de Madrid, que a la postre serán los dos equipos que se van a jugar el campeonato en la última jornada. Tan sólo en el postrer tramo liguero el Barça se acercará a esas posiciones de cabeza, colocándose únicamente a 2 puntos del líder, el conjunto «colchonero»,  en la fecha 24, pero una derrota en «Nervión» frente al Sevlla, en la jornada número 28, significará su adiós matemático a toda aspiración. Y al domingo siguiente, 15 de abril de 1951, encajará su peor derrota ante el rival ciudadano, el RCD. Español, en el famoso partido en el que Daucik tuvo la «genialidad» ya mencionada de alinear al defensa Calvet como delantero centro (aunque en un reciente partido frente al Málaga había anotado un par de goles), y poner en práctica la táctica del fuera de juego, dispositivo aun no perfeccionado, y que les brindó a los delanteros blanquizales la posibilidad de golear a su histórico contrincante, poniendo en el marcador del viejo «Sarriá», unos guarismos infamantes: 6 a 0. Al final el Barça va a clasificarse en cuarto puesto en aquel torneo, el primero disputado por 16 equipos. Su balance fue de 16 victorias, 3 empates y 11 derrotas, con 83 goles a favor y 61 en contra, una cifra bastante elevada, logrando 35 puntos y 5 positivos.

Sin embargo las cosas van a ser muy diferentes en la Copa, para la cual el Barça va a contar con dos importantes refuerzos: el internacional vasco -y antiguo «niño de la Guerra»- Emilio Aldecoa, procedente del Real Valladolid, y sobre todo el concurso de Ladislao Kubala, una vez superados ya todos los obstáculos burocráticos que se oponían a su participación en encuentros oficiales. Laszi va a debutar  en «Nervión» frente al Sevilla, y el Barça va a poner ya en franquicia la eliminatoria al vencer en el terreno hispalense por 1 a 2, con sendos tantos de Nicolau, refrendando su clasificación en «Les Corts», donde bate ampliamente a los andaluces por 3 a 0, marcando Kubala su primer gol como azulgrana al transformar un penalti con su insólita técnica, claro precedente de la célebre «paradinha.

La siguiente eliminatoria parece bastante más sencilla sobre el papel, pues el rival es el Atlético de Tetuán, recién ascendido aquella misma temporada a Primera División. En la ciudad norteafricana -entonces aun perteneciente a España- todo va a quedar ya visto para sentencia, al triunfar el Barça por 1 a 3, y en el encuentro de vuelta celebrado en «Les Corts» los blaugranas triunfan de nuevo holgadamente, 4 a 1, con el primer «hat-trick» de Kubala como jugador barcelonista. Sin embargo, en las semifinales ya espera un auténtico «hueso», el Athletic de Bilbao, entonces vigente campeón de Copa, y el equipo con mejor palmarés en el «Torneo del KO», con su mítica delantera compuesta por Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gainza.

En Barcelona los «leones» van a conseguir un excelente resultado, 0 a 0, que les hace concebir grandes esperanzas de proclamarse finalistas ante su propio público en «San Mamés». Llevados por el entusiasmo y la euforia, incluso sus incondicionales van a encargar miles de corbatas con los colores rojiblancos, para lucirlas en una final que se antojaba al alcance de la mano. Pero va a salirles el tiro por la culata, puesto que los azulgranas les dejarán con un palmo de narices -y con las corbatas de regreso al almacén- , al batirles por 1 a 2, con tantos de Nicolau y César. Nueve años después de su última experiencia, el Barça vuelve a clasificarse para el partido decisivo, el que puede coronarle nuevamente como Campeón de España.

El contrincante, teóricamente, tampoco es como para meter mucho miedo: la Real Sociedad de San Sebastián, la misma a la que derrotara el conjunto catalán en la mítica y épica final por triplicado de 1928, en Santander. Los donostiarras cuentan con un buen equipo, en cuyas filas destacan jugadores como Ignacio Eizaguirre, Ontoria, Epi, Barinaga o Alsúa II, dirigidos desde la banda por Benito Díaz, el «Tío Benito». Y efectivamente el partido, disputado en Madrid el 27 de mayo de 1951,  va a discurrir por los cauces esperados, y el Barça vencerá con relativa facilidad por 3 goles a 0, marcados por César  (en dos ocasiones) y Gonzalvo III. Este fue el once campeón, con la notable ausencia de Basora, lesionado en la semifinal: Ramallets (sustituido por  Velasco en el minuto 87); Calvet, Biosca, Segarra; Gonzalvo III, Martín; Seguer, Kubala, César, Aldecoa y Nicolau.

Bajo la sabia batuta de Daucik, el Barça había vuelto a obtener un título -el décimo de su historial copero- , y con Kubala en sus filas, bien secundado por Ramallets, Gonzalvo III, Basora o César, y jóvenes tan prometedores como Biosca, Segarra o Manchón, el club parece haber retornado a la senda de los triunfos. Buen balance, pues, en este primer año del eslovaco  como técnico del conjunto catalán.

1951-52: UNA TEMPORADA PARA ENMARCAR

Para el curso 51-52 se van a producir algunas novedades en la plantilla barcelonista. Causan baja el veterano defensa Curta, Marcos Aurelio, Canal y Peiró, mientras que se incorporan el aragonés Tomás Hernández Burillo conocido futbolísticamente como «Moreno», procedente de la S.D.  Huesca, y los catalanes Bosch, Brugué, Ferrer y Vila Soler. El debut liguero se produce el 9 de septiembre de 1951, nada menos que con un Español-Barça en «Sarriá», aun bajo el recuerdo de la goleada de hacía sólo cinco meses. En esta ocasión el marcador seguirá siendo esquivo para los colores azulgranas, pero tan sólo reflejará un tanto, el conseguido por el españolista Celma al transformar un máximo castigo. Estos fueron los once hombres que puso en liza Daucik para el primer compromiso oficial de la nueva campaña: Ramallets; Calvet, Biosca, Segarra; Gonzalvo III, Martín; Basora, César, Kubala, Tejedor y Nicolau.

Los primeros partidos no se van a desarrollar de forma brillante, con un Barça muy irregular, que vence por la mínima en «Les Corts» al Athletic de Bilbao (1-0), empata a uno en el «Metropolitano» con el vigente campeón, pero cae en su propio feudo ante un buen Valencia (1 a 3), que encabeza la clasificación. Luego el liderato pasará a manos del Atlético de Madrid, pero el Barça continúa dando una de cal y otra de arena, hasta el extremo de que al finalizar la séptima jornada, tras caer derrotado en «El Molinón» por el Sporting de Gijón, los pupilos de Daucik se encuentran en décimo lugar, a nada menos que siete puntos de los «colchoneros», que encabezan la tabla.

Pero a partir de dicho momento, los azulgranas comenzarán a remontar posiciones, aumentando sensiblemente su producción goleadora de la mano de un inspirado Kubala, que cuenta sus partidos por verdaderas exhibiciones de un fútbol nunca visto hasta entonces en nuestras latitudes, con un alarde de técnica y fortaleza física sin precedentes (ante el Celta, por ejemplo, conseguirá marcar cinco goles). La primera vuelta finaliza con los catalanes en cuarta posición, a tan sólo un punto del equipo que entonces lideraba la tabla, el Athletic de Bilbao. En el primer encuentro de la segunda ronda, con el Español como visitante en «Les Corts», Daucik va a dar otro de sus golpes de efecto, propiciando el debut del joven medio volante Andreu Bosch, con tan sólo 20 años. El muchacho, en quien el técnico eslovaco tenía plena confianza, no le va a decepcionar, convirtiéndose desde entonces en titular indiscutible.

Al domingo siguiente el Barça alcanza el liderato tras derrotar claramente al Athletic de Bilbao en el propio «San Mames» (0 a 3), aunque empatado a puntos con el Real Madrid. Lo perderá una semana más tarde, pero ya no se despegará de la cabeza. En la jornada 22 aplasta al Sporting de Gijón en «Les Corts» por 9 a 0, con un registro espectacular de Kubala: siete goles. En la siguiente se encarama de nuevo a la primera posición, tras empatar en «Riazor» con el Deportivo de La Coruña, y en la 25 recibe en la Ciudad Condal al Real Madrid, en un partido que puede decidir el título. Como de hecho así sucedió. Una gran tarde realizadora del veterano César (3 goles y una asistencia) hacen morder el polvo a los blancos, y el Barça se afianza en la clasificación, aunque no logra igualar el «goal average» particular con el cuadro merengue, que le había vencido en la primera vuelta por 5 a 1.

Los de Daucik abren ya brecha siete días más tarde, con su triunfo en «Balaídos» (1 a 2), aventajando en dos puntos a los de Chamartín y en tres a los «colchoneros». Una nueva goleada -7-0 en «Les Corts» al Racing de Santander- deja a los blancos ya a tres puntos, aunque el tropiezo en «Nervión» ante el Sevilla (3 a 0), sitúa ahora a un nuevo pretendiente al trono liguero, el Athletic de Bilbao, a 2 puntos. Pero en la jornada 29 el Barça va a proclamarse ya matemáticamente como nuevo campeón – su quinto entorchado -, al hacerle otro «siete» a la Unión Deportiva Las palmas. Y en la última fecha, se pasea triunfalmente a domicilio en Tetuán, derrotando a los norteafricanos por 2 a 5.

En total, los nuevos campeones han conseguido 43 puntos y 13 positivos, dejando al Athletic de Bilbao, segundo, a tres puntos. El balance es excelente: 19 victorias, 5 empates y 6 derrotas, con la friolera de 92 goles a favor ( a una media de 3 dianas por partido ), y encajando solamente 43 tantos. Pero este triunfo, con ser importante, sólo será el primero de una campaña gloriosa como no se conocía hasta entonces, que tan sólo podrá ser superada casi sesenta años más tarde, en la primera temporada de Pep Guardiola como técnico blaugrana

Tras la Liga, llega en seguida la Copa del Generalísimo, con un adversario de cuidado en octavos, el Atlético de Madrid. Pero sólo lo va a ser teóricamente, puesto que la superioridad blaugrana resultará aplastante: 2 a 4 en  la capital, y 5 a 1 en Barcelona. El siguiente en pasar por el aro será el modesto Málaga, que en la Costa del Sol ya resulta ejecutado con un 0 a 7 sin paliativos, refrendado a continuación por un amplio 6-1 en «Les Corts». El Valladolid, ya en semifinales, tampoco parece un obstáculo insalvable. Sale goleado en su visita a Barcelona, 5-0, aunque pone su honor a buen recaudo en «Zorrilla», al doblegar a los blaugranas por un insuficiente 3 a 1.

La final, celebrada en el nuevo estadio del Real Madrid (un escenario que estaba ya haciéndose habitual),  el 25 de mayo de 1952, enfrenta a los dos grandes conjuntos de la zona mediterránea, Barcelona y Valencia. Los azulgranas forman con Ramallets; Martín, Biosca, Seguer; Gonzalvo III, Bosch; Basora, César, Vila, Kubala y Manchón, mientras que los levantinos – dirigidos por el mítico Jacinto Quincoces – presentan a: Quique; Suñer, Monzó, Asensi; Mir, Puchades; Gago, Pasieguito, Badenes, Buqué y Seguí. Se van a adelantar los «ches» con un inquietante 2 a 0, ambos tantos obra del ex-azulgrana Badenes, pero en el minuto 40 Basora va a hacer el 1-2, y en el 72 Vila equilibra la contienda. Con empate a 2 se llega a la prórroga, donde el Barça va a terminar imponiendo su superioridad física con dos nuevos tantos, marcados por Kubala (en el 96) y César (a un minuto de la finalización del tiempo extra). El Barça se alza de este modo con su undécimo título de Campeón de España.

Pero no hay dos sin tres…Como vigente Campeón de la Liga española, al Barça le corresponde disputar de nuevo la Copa Latina, frente a sus homólogos de Francia, Italia y Portugal. En esta ocasión el torneo se celebra en París, y en el primer partido los blaugranas se deshacen sin demasiados problemas de la Juventus de Turín por 4 a 2. La gran final, disputada el 29 de junio de 1952, les enfrenta al campeón galo, el O.G.C. Niza, un conjunto que venderá cara su piel, aunque a la postre es derrotado por un solitario gol de César. El recibimiento a la expedición barcelonista, desde el momento que esta cruzó la frontera española, va a ser de los que hacen época, agasajados como auténticos héroes en todas las localidades catalanas por las que atraviesa la comitiva.

Aparte de estos tres títulos, el Barça va a conquistar también el Trofeo Duward, que premiaba al equipo más goleador del campeonato liguero, así como la Copa Martini Rossi, galardón que distinguía al conjunto menos goleado. Cinco copas, a las que podría sumarse en teoría una sexta, la «Eva Duarte», que desde hacía unos años venían disputándose los campeones de Liga y Copa, y que en esta edición no tuvo lugar, al obtener el Barça el «doblete». En resumidas cuentas: a falta de otros torneos continentales más enjundiosos, bien podía decirse que el Barça era entonces el mejor equipo de Europa. El binomio centroeuropeo Daucik-Kubala, junto a un plantel de excelentes futbolistas – desde el guardameta Ramallets al extremo izquierdo Manchón -funcionaba ya a pleno rendimiento, y aquel maravilloso Barcelona parecía no tener límites…

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Ramón Llorens, un hombre de la casa (1950)

RamonLlorens01En el protocolo del fútbol profesional, establecido ya hace bastantes décadas, la destitución, cese o dimisión de un entrenador en plena campaña acostumbra ser seguida por el nombramiento de un técnico-puente, hasta que un nuevo responsable es entronizado en el banquillo, con la esperanza de que la situación de crisis se reconduzca de manera positiva, regresen los buenos resultados y el equipo remonte puestos en la clasificación. No siempre se produce esa situación, claro está, y a veces los clubes ya tienen una nueva bala preparada en la recámara para ser disparada, y el relevo se produce de forma automática,  pero es bastante habitual que durante una o incluso varias semanas se mantenga dicha interinidad, y todas las partes implicadas sean conscientes de ello, así como de que tampoco se pueden esperar milagros, sino lo que en términos taurinos se conoce como «una faena de aliño»         En la larga historia del Barça esa circunstancia ha ocurrido en varias ocasiones, una de ellas a mediados de la temporada 1949-50, cuando el uruguayo Enrique Fernández, a cuyas órdenes el club había conquistado las ligas 47-48 y 48-49, así como la primera edición de la «Copa Latina», disputada en 1949, va a soltar las riendas del equipo, debido a los malos resultados y a una serie de puntuales desencuentros con sectores de la afición, la prensa y el propio club (se hablaba de enfrentamientos con varios destacados jugadores de la plantilla, y también con el secretario técnico Josep Samitier, predecesor suyo en el banquillo) Tras la decimoséptima jornada, y dos dolorosas derrotas consecutivas ante Real Madrid y Sevilla, Fernández va a presentar la dimisión, y la Junta Directiva presidida por Agustí Montal i Galobart nombrará en su lugar a Ramón Llorens, antiguo guardameta azulgrana y que entonces se hallaba al frente del equipo de Aficionados, desempeñando una magnífica labor y promocionando excelentes jugadores para la primera plantilla.

PEQUEÑO GRAN PORTERO

Ramón Llorens i Pujadas había nacido en la misma Barcelona, concretamente en el barrio del Poble Sec, en las faldas de la montaña de Montjuich -al igual que lo harían el futuro capitán del Barça y la Selección Española Ferrán Olivella, y el famoso cantautor Joan Manuel Serrat -, el Día de Todos los Santos de 1906. Había ingresado en el club a edad temprana, forjándose en sus categorías inferiores en la posición de portero. A despecho de su escasa estatura, demostró pronto tener grandes cualidades para el puesto. En los años 20 no era tan habitual como hoy en día que los arqueros poseyeran una aventajada estatura, pero ya en el Barça de dicha década actuaban dos míticos guardametas de considerable talla y envergadura, el catalán Ricardo Zamora y el húngaro Frantz Platko. Llorens, para destacar, demostraba cualidades tales como agilidad, reflejos, decisión y valentía. Su debut en la meta azulgrana va a producirse en un partido amistoso celebrado en «Les Corts» el 9 de mayo de 1926, con el Daring de Bruselas como rival. Perdieron los catalanes por 1 a 2, y esta fue su alineación: Llorens; Coma, Borrás; Elías, Ollé, Peiró; Vinyals, Scarone, Casanovas, García y Parera. Se trataba de un equipo cuajado de suplentes, pero en el que llamaba la atención la presencia del gran jugador uruguayo Héctor Scarone, futuro Campeón del Mundo con «la Celeste» en 1930, y que entonces había sido fichado por el Barça, aunque no rindió lo que se esperaba de él, pues nunca llegó a integrarse en el equipo, y abandonaría pronto la disciplina barcelonista.

En las campañas 26-27 y 27-28 el joven Llorens iría entrando poco a poco en la dinámica del equipo, jugando ya con cierta asiduidad. Su momento de gloria llegaría en el Campeonato de España de 1928, en la final disputada en los Campos de Sport de El Sardinero, en Santander, frente a la Real Sociedad de San Sebastián. Una final que va a durar más de un mes, 40 días para ser exactos, pues necesitó de tres encuentros para arrojar un vencedor. El primer partido, celebrado el 20 de mayo, ante unos 18.000 espectadores y bajo una lluvia típicamente norteña, se caracterizará por una gran dureza, siendo incluso calificado de «violento» por la prensa de la época. La primera parte terminó sin goles, y en la reanudación se adelantó el Barça, al marcar Samitier en el minuto 53, empatando los donostiarras cuando faltaban ya pocos minutos para concluir el encuentro, por mediación de Mariscal, en el minuto 83. Fue una auténtica batalla campal, dejando varias bajas en el bando catalán, entre ellas la del guardameta magiar Platko, herido en la cabeza, circunstancia que inspiró el famoso poema de Rafael Alberti, presente en el campo, la «Oda a Platko», en la que, entre otras cosas, se refiere al arquero blaugrana llamándole «oso rubio de Hungría». La lesión le incapacitará para jugar el encuentro de desempate, 48 horas después y en el mismo escenario, y allí va a tener Llorens  su gran oportunidad .

El segundo encuentro, disputado ya con buen tiempo, aunque soplara algo de viento,  va a ser también muy duro, expulsando el árbitro, el mítico Pedro Escartín, al azulgrana Guzmán y al blanquiazul Cholín. Nuestro hombre tan sólo va a encajar un gol, el conseguido por el realista Kiriki en el minuto 32, igualando la contienda Piera en el 69. La nueva igualada obligó a celebrar un tercer partido, de nuevo  en idéntico  escenario, aunque bastantes días más tarde, el 29 de junio de 1928, ya entrado el verano. Tarde soleada y casi lleno (17.000 espectadores), y en esta ocasión  el Barça va a imponerse con cierta claridad, por 3 goles a 1 – resultado con el que se llegó al descanso – , marcados por Samitier (minuto 8), Arocha (minuto 21) y Sastre (minuto 25), mientras que Zaldúa hacía el tanto vasco, que fue el de la momentánea igualada, a los 16 minutos. El partido ya discurrió por cauces más deportivos, aunque el colegiado, señor Pablo Saracho, tuvo que expulsar del terreno de juego a Carulla y a Mariscal por mutua agresión. Así formaron los campeones, que lo fueron por octava vez en su historia, conquistando su primer trofeo en propiedad: Llorens; Walter. Más; Guzmán, Castillo, Carulla; Piera, Sastre, Samitier (capitán), Arocha y Sagi-Barba

El pequeño guardameta barcelonés va a figurar en la expedición que cruzaría «el Charco», en la primera gira azulgrana por Sudamérica celebrada en ese mismo año 28, disputando varios partidos, y algunos meses después, cuando arranca el Campeonato Nacional de Liga, en febrero de 1929, se sentará en el banquillo, aunque no llega a jugar un solo encuentro. Platko primero, y más tarde Nogués, van a cerrarle el acceso a la portería, pero siempre que eran reclamados sus servicios, cumplía como los buenos. En la Liga 30-31, sin embargo, le tocó ser protagonista de la más dura derrota cosechada por el Barça en toda la historia del Torneo de la Regularidad, 12 a 1 en San Mamés ante el Athletic de Bilbao, el 8 de febrero de 1931. Se habló entonces de «huelga de piernas caídas» por parte de los jugadores, deseosos ya de cobrar más dinero en aquellos primeros compases del profesionalismo, pero si hubo algo así, el propio Llorens lo desconocía. El caso es que por primera vez en la Liga un equipo subía dos guarismos al marcador,, con nada menos que siete tantos obra del rojiblanco Bata,  y esta fue la alineación damnificada: Llorens; Zabalo, Portas; Martí, Roig, Castillo; Piera Goiburu (el autor del «gol del honor» azulgrana), Sastre, Arnau y Parera. En 1933, empero, va a causar baja en el club, tras recibir la carta de libertad, pero pronto retornará a él en calidad de jugador «amateur» (en el más genuino sentido del término), sin cobrar un céntimo y como suplente del internacional Nogués, manteniéndose ahí hasta 1936. Su último partido oficial lo jugará el 8 de diciembre de 1935, precisamente en los viejos «Campos de Sport de El Sardinero», escenario de sus momentos de gloria, y ante el Racing de Santander, que derrotó claramente por 4 goles 0 a un Barça que aquel día formó con él en la puerta, más Areso, Zabalo, Raich, Balmanya, Berkessy, Ventolrá, Bardina, Escolá, Enrique Fernández y Pagés. En total, en esas once temporadas, va a disputar 108 partidos.

Cuando estalla la Guerra Civil, colaborar como asesor deportivo con el Comité de Trabajadores que se hace cargo del club tras la trágica muerte del presidente Josep Sunyol en el frente de Guadarrama, fusilado por las fuerzas sublevadas contra el gobierno del Frente Popular, y para evitar que la CNT confisque la entidad. Pero no se va a contentar con dar buenos consejos, sino que volverá a calzarse los guantes de nuevo a partir de 1937. No toma parte en la famosa gira por México y Nueva York, cuyos beneficios apuntalarían la maltrecha economía barcelonista en momentos muy difíciles, pero después llegará a actuar en más de 30 encuentros, tanto de carácter amistoso como   enmarcados en algunas de las competiciones que se disputan en la zona republicana (Campeonato de Cataluña 1937-38  o Liga Catalana de 1938) . Y va a darse la circunstancia de que será herido en dos ocasiones en el curso de los bombardeos que sufre la ciudad de Barcelona por parte de la aviación fascista italiana, una vez en el vientre y la otra en el hombro, según cuentan Josep M. Solé i Sabaté y Jordi Finestres en el libro El Barça en guerra (1936-1939)

DESCUBRIDOR DE TALENTOS Y ENTRENADOR DE EMERGENCIA

Una vez finalizada nuestra contienda fratricida, Ramón Llorens va a permanecer al servicio del Barcelona, haciéndose cargo durante décadas de diversos equipos de las categorías inferiores (infantiles, juveniles, «amateur», filiales…).

Su fructífero trabajo de cantera descubrirá a numerosos jugadores que luego rendirían señalados servicios al Barça. Bajo su sabia dirección el equipo de Aficionados se proclamó Campeón de España el 21 de mayo de 1949, en «Les Corts», al derrotar al Indauchu por 3 a 2, con el siguiente once: Garriga; Roma, Biosca, Blanch; Llabaría, Pintanell; Vallés, Bosch, Aloy, Ferrer y Manchón, con dos goles de Manchón y uno de Ferrer. Muy poco después medio equipo pasaría a formar parte de la primera plantilla del Barça, y concretamente Biosca, Bosch y Manchón no tardarían en ser internacionales. Fue este un partido curioso, pues – tal como contó nuestro compañero José Ignacio Corcuera en un interesante artículo publicado aquí mismo, en el número 46 de Cuadernos de Fútbol -, el Barcelona trató de llevar la final a su propio feudo, para enmarcarla dentro de la celebración de su 50 Aniversario, y para ello ofreció compensar a su rival, la S.D. Indauchu de Bilbao, con la muy respetable suma de 100.000 pesetas de la época, algo a lo que en concreto se opusieron dos destacados miembros del equipo vizcaíno, los hermanos Rafael y Jaime Escudero -más tarde él mismo jugador del Barça-, argumentando que ese hecho contravenía flagrantemente el espíritu «amateur», y negándose ambos en consecuencia a participar en la final.

El 29 de enero de 1950 Llorens va a debutar en el banquillo como entrenador del primer equipo, contando con la ayuda en la sombra del mismísimo Pep Samitier en calidad de «asesor técnico», y formando de hecho un tándem. Y en este caso, va a cumplirse una vez más esa ley no escrita que dice que a nuevo entrenador, partido ganado. 2 a 0 en «Les Corts» al Deportivo de La Coruña, que aquella temporada figuraba en los primeros lugares de la clasificación, con goles del argentino Marcos Aurelio y el gallego Guimerans en propia meta. Formaron ese día: Ramallets; Calvet, Corró, Curta; Gonzalvo III, Gonzalvo II; Basora, Marcos Aurelio, César, Aretio y Nicolau. Sin embargo, a la semana siguiente sufre su primer revés como técnico del Barça. El Valladolid le derrota por 2 a 1 en «Zorrilla» (con gol de Seguer), aunque se trata también de un excelente cuadro blanquivioleta, que esa misma temporada llegará hasta la final de Copa – que perdería ante el Athlertic de Bilbao por 4-1 -, con un magnífico equipo en el que destacaban el guardameta Saso, los hermanos Lesmes en defensa, la línea media Ortega-Lasala, y en el ataque los internacionales Coque y Aldecoa.

Pero en el siguiente desplazamiento se resarce con un excelente resultado logrado en «Atocha» ante la Real Sociedad, 2-4, con tantos de César, Basora, Aretio y Seguer. Y al otro domingo golea al Real Oviedo en «Les Corts», 5 a 0, con un «póker» de César y el tanto restante obra de Nicolau. Aunque la irregularidad del equipo se pone de manifiesto una vez más siete días más tarde, al caer en «Mestalla» ante el Valencia por un claro 4 a 0. Y sin embargo el 5 de marzo es capaz de imponerse en Barcelona al Atlético de Madrid – que a la postre sería el campeón -, con un solitario gol del argentino Humberto Giménez. Al domingo siguiente obtiene un gris empate a cero en Málaga, antes de que el campeonato se detenga para que la Selección Española prepare y dispute la eliminatoria contra su homóloga de Portugal, valedera para la clasificación con vistas al Mundial que ese verano se celebra en Brasil, y en la que el combinado nacional conquistará plaza para un certamen en el que obtendrá un brillante cuarto puesto.

Tras más de un mes de parón, la Liga se reanuda el 16 de abril, con victoria mínima azulgrana en «Les Corts» – 2 a 1 – sobre el Celta de Vigo, otro de los equipos-revelación de la campaña, gracias a los goles de César y Navarro II, finalizando el torneo con un descafeinado «verbi» frente al Español  en «Sarriá», que termina con empate a 2 (César y Gonzalvo III). Llorens había cogido al Barça en octava posición,  con 17 puntos y un negativo, y concluye el campeonato con el equipo ocupando la quinta plaza, con 29 puntos y tres positivos.

Para la Copa del Generalísimo el Barça va a contar con un par de importantes refuerzos, el delantero del Athletic de Bilbao Jaime Escudero, y el defensa del Deportivo de La Coruña José María Martín, un jugador con inquietudes artísticas, y que pronto llegaría a internacional. El sorteo empareja a los catalanes con el Racing cántabro (a la sazón «Real» Santander), que acababa de ascender de nuevo a Primera División tras una excelente temporada, y que contaba con una delantera muy goleadora. El primer partido se celebra en «Les Corts», y el Barça se impone con claridad por 4 a 1, con goles de César y el recién llegado Escudero, ambos por partida doble. La eliminatoria parece en franquía, pero en los «Campos de Sport de El  Sardinero», la tarde del 7 de mayo de 1950, va a saltar la gran sorpresa, y los montañeses conseguirán remontar la desventaja que se traían de la Ciudad Condal, superándola con un concluyente 5 a 1, con goles de Joseíto (2), Nemes, Alsúa II y Echeveste, mientras que Navarro II, ya al filo del tiempo reglamentario, hacía el tanto del honor para los azulgranas, que en esa tarde aciaga, la última de Ramón Llorens como responsable del primer equipo, presentaron la siguiente formación: Ramallets; Calo, José María Martín, Gonzalvo II; Gonzalvo III, Seguer; Basora, Escudero, César, Aretio y Navarro II

Un mes más tarde, el Barça va a descubrir en «Sarriá», el feudo españolista, a un extraordinario jugador que militaba en un equipo de expatriados, el Hungaria, donde actuaban futbolistas huidos de varios países del otro lado del «Telón de Acero» (Hungría, Checoeslovaquia, Rumanía, Yugoslavia…) . El delantero, rubio y fornido, poseedor de una calidad y un físico extraordinarios, se llama Ladislao Kubala, y el conjunto está entrenado por su cuñado, el técnico eslovaco Ferdinand Daucik, antiguo defensa internacional. Tras un corto pero azaroso proceso de negociación, Kubala – que no obstante estaba suspendido por la FIFA, a causa de su huida de Hungría por motivos políticos – suscribe contrato con el Barça, y con él también lo hace su cuñado Daucik, que será  el nuevo inquilino del banquillo barcelonista. Llorens, disciplinadamente, retorna a sus anteriores ocupaciones. En total había dirigido al Barça durante algo menos de cuatro meses, en 11 partidos, con un balance de 6 victorias, 2  empates y 3 derrotas, con 22 goles a favor y 17 en contra, y un porcentaje de triunfos del 54,55%

El 15 de junio de 1952 recibirá en «Les Corts» un merecidísimo homenaje, en un partido en el que el Barça derrotó al Olympique de Niza por 8 a 2, con Marcel Domingo defendiendo la meta del equipo galo. A principios de los años 70 cumplirá sus Bodas de Oro al servicio del Barça, en uno u otro puesto, siempre allá donde le necesitasen. Una peña blaugrana de la localidad vallesana de Rubí, llevará su nombre, y él viajará a menudo acompañando al equipo, en unos tiempos muy diferentes a los actuales, cuando los reveses eran más frecuentes que los triunfos, claro que estos, cuando se producían,  sabían a gloria bendita. Va a fallecer en Barcelona, la ciudad que le vio nacer, el 4 de febrero de 1985, a los 78 años de edad. Algunos años antes, con motivo del 75 Aniversario del club blaugrana, había declarado cosas como las siguientes:  «A mí me ha dado el Barcelona mucho más de lo que yo le di. Yo le presté mi servicio, mi fidelidad y mi apasionamiento, pero él me ha dado la vida». Y añadiría: «el Barça no me debe nada, pero me gustaría que cuando muriera, me envolviesen en su bandera que es la mía. Me gustaría que, una vez muerto, los barcelonistas dijeran que de algo he servido en el Barça y que los jugadores, sean quienes sean, me dediquen el primer gol del siguiente partido». Palabras suficientemente elocuentes y definitorias de lo que es  amor a unos colores, y que no necesitan de ningún comentario.




Enrique Fernández: dos ligas consecutivas, una copa latina … y a la calle (1947-1950)

EnriqueFernandez01En los años 40 el Barça ya tenía una larga tradición en eso de utilizar como entrenadores a antiguos jugadores azulgranas. Así, Greenwell, Forns, Platko, Planas, Guzmán, Nogués, Samitier y quien hoy nos ocupa, Enrique Fernández, van a ocupar su banquillo, buscando tal vez unos mejores resultados deportivos bajo la batuta de profesionales que ya conocían la casa, en mayor o menor grado, una política que se prolongaría en las décadas siguientes hasta llegar a la actualidad, con un ex-futbolísta culé tan carismático como el asturiano Luís Enrique Martínez al frente del equipo.

Después de tres años confiando en Josep Samitier, en los que el Barça había ido claramente de más a menos, la Junta Directiva presidida por Agustí Montal i Galobart, tal vez con la vista puesta ya en la cercana celebración del 50 Aniversario de la entidad blaugrana, decidió la contratación de otro antiguo jugador del club para dirigir al equipo, el uruguayo Enrique Fernández, que había militado en el conjunto barcelonista durante la temporada inmediatamente anterior al estallido de nuestra Guerra Civil, la 35-36, dejando muy buen sabor de boca entre los aficionados catalanes por su gran clase futbolística sobre el césped.

Enrique Fernández Viola era natural de Montevideo, la capital de la República Oriental del Uruguay, donde va a nacer el 10 de junio de 1912. Debuta profesionalmente como futbolista en 1931, en las filas de Nacional, uno de los dos grandes cuadros charrúas, pasando más tarde por otros dos conjuntos de la vecina Argentina, Talleres e Independiente de Avellaneda, para regresar a Nacional y cruzar «el Charco» en 1935, enrolándose en la plantilla del Barça. Internacional en 8 ocasiones con la «Celeste» ( con la que gana la «Copa América» de 1935 ), ocupaba la posición de interior izquierdo, desempeñándose con una gran calidad técnica y una más que notable capacidad de trabajo, y se va a insertar en un plantel azulgrana que ya iba mostrando evidentes signos de recuperación , acercándose al nivel de la década anterior después de varios años dando tumbos por las competiciones debido a la retirada o a la marcha de sus mejores futbolistas. En ese Barça de la temporada 35-36, va a encontrarse con jugadores tan destacados como los guardametas Iborra y Nogués, los defensas Areso y Zabalo, los medios Raich y Balmanya, y los delanteros Ventolrá, Escolá y Munlloch.

Esto es lo que escribe acerca de  Enrique Fernández el historiador barcelonista Jaume Ramón en un artículo publicado el 18 de diciembre de 1968 en el «Extra» navideño de la revista «Barça», que hacia el numero 683 de dicha publicación: «Ficha por el Barcelona en la temporada 1934-35, a las postrimerías de la misma, jugando el Campeonato de España en el que somos eliminado por el Levante en tercer partido jugado en «Torrero» (Zaragoza). En la temporada 1935-36 es donde el uruguayo nos demuestra su gran clase formando ala con el joven Munlloch. Su infiltración en el área es prodigiosa, así como sus lanzamientos al extremo. Fernández se convierte en la estrella del Barcelona y es hombre base del equipo. La Guerra Civil le devuelve a su país de origen, retornando de él para ser entrenador del equipo en las temporadas 1947-48 y 1948-49…»

Fernández va a jugar vestido de azul y grana un total de 39 partidos, marcando 22 goles. El Barça se clasifica en la Liga en quinta posición, pero en la Copa de España llega hasta la final, en lo que va a ser el último Madrid-Barça antes de la Guerra Civil, disputado el 21 de junio de 1936 en el campo valenciano de «Mestalla», y que terminó con el resultado de 2 goles a 1 favorable a los blancos, dejando para la posteridad la famosa imagen de la postrer parada de Ricardo Zamora a disparo del azulgrana Escolá, atenazando el balón entre una nube de polvo a falta de unos pocos minutos para la conclusión del choque. Así formó el Barça aquella tarde: Iborra; Areso, Bayo; Argemí, Franco, Balmanya; Ventolrá, Raich, Escolá, Fernández y Munlloch. El estallido del conflicto fratricida va a pillar a Enrique Fernández fuera de España, de vacaciones en su país, y aunque tenía contrato en vigor ya no regresará, por razones obvias. Vuelve a enrolarse en Nacional, con expreso permiso del Barcelona, pero una grave lesión de menisco en la rodilla derecha le retira de la práctica activa del fútbol prematuramente, con tan sólo 24 años. Pero continuará ligado al «Deporte-Rey» como entrenador, faceta en la que va a destacar tanto o más que como jugador, y así a mediados de la década de los años 40 nos lo encontramos ya dirigiendo precisamente a Nacional, uno de los equipos de su vida

Va a ser Rossend Calvet, un personaje clave en el Barça de esos años, una especie de «superfuncionario» que no sólo se ocupaba de aspectos jurídicos  – su especialidad, ya que era abogado -, quien recomiende encarecidamente su fichaje. Se va a desplazar a Barcelona en barco – no olvidemos que estamos en 1947, con la aviación comercial aun en mantillas -, arribando a la Ciudad Condal tras un largo y tedioso periplo, y el club  rodea su llegada de un insólito secretísimo, ordenándole que no haga declaraciones a la prensa, algo por lo que después los propios dirigentes blaugranas van a pedir disculpas a los medios informativos.

En lo humano, se le recuerda como un hombre sumamente educado y correcto – aunque también se le atribuye algún enfrentamiento sonado con determinado periodista barcelonés – , mientras que en lo profesional fue un entrenador muy competente en los aspectos técnicos. Hoy diríamos de él que sabía leer perfectamente los partidos, y era capaz de improvisar sobre la marcha, cambiar de táctica según iba el encuentro. No se trataba de un hombre excesivamente  versado en materia de preparación física, al igual que ocurría con su predecesor Samitier. Lo suyo era la motivación psicológica de los jugadores, y el planteamiento del partido y sus oportunas variaciones, pero conocía muy bien sus limitaciones y carencias, e intentaba  ponerles remedio. De ese modo, en sus primeros tiempos como responsable del Barça se hacía asesorar en dicho apartado por alguien más capacitado, y recibía lecciones por parte de un profesor de Educación Física, para luego poder llevar  a la práctica esos conocimientos en las sesiones de entrenamiento. Fernández en un principio va a mostrarse también reticente ante las nuevas tácticas, concretamente la famosa «WM», que ya había esbozado su antecesor en el cargo, retrasando a tal efecto al medio centro, e incrustándolo entre los dos zagueros y encomendándole la misión de salvaguardar la parcela central de la línea defensiva, pero finalmente acabará asimilando esta novedad, que ya se aplicaba en el resto de Europa y en otros clubes españoles.

EnriqueFernandez02PRIMER ACTO: 1947-48

Estos son los efectivos humanos con los que el técnico nacido en Montevideo va a contar para su primer curso en «Les Corts»: Velasco, Quique, Elías, Curta, Sans, Gonzalvo II, Gonzalvo III, Calvet, Navarro II, Basora, Seguer, Colino, Cesar, Periche, Bravo, Badenes, Escolá, Canal, Rueda, Amorós, Da Silva, Valle, Noguera y Florencio. Destaca la presencia de dos «ases» de importación llegados con la temporada ya iniciada: el brasileño Lucidio Batista Da Silva, que no cuajaría (las malas lenguas hablaban de su intensa vida nocturna…), y el argentino Florencio Cafferatti, un jugador de extraordinaria clase al que una grave lesión cortó de raíz la que podía haber sido una brillantísima carrera en el Barça. En esa excelente plantilla los hombres clave van a ser el guardameta Velasco, los dos hermanos Gonzalvo, y la fructífera sociedad atacante Basora-César.

El equipo arranca el Campeonato Nacional de Liga 47-48 rondando los primeros lugares de la clasificación. En la octava jornada, tras golear por 4 a 0 al Sporting de Gijón, se sitúa como líder, empatado a puntos con Valencia y Celta, pero pierde dicha posición a domingo siguiente, al salir fuertemente derrotado por el Sevilla en «Nervion», donde se deja también la imbatibilidad de la que disfrutaba hasta entonces. Se va a alejar de la cabeza al perder de nuevo en «Sarriá» en la jornada undécima ( 2 a 1 ), y empatar al domingo siguiente con el Valencia en «Les Corts» ( 1-1 ). La derrota en «San Mamés» ( 3-2 ) en la fecha 13 le aleja ya de la cabeza en cuatro puntos. El Valencia lidera la tabla con cinco puntos de ventaja en la jornada 16, una vez rebasado el ecuador de la competición, pero a partir de ese momento los levantinos irán aflojando, mientras que el Barça esprintará : 4 a 2 al Real Madrid en «Les Corts» (jornada 17), 2-1 al Sabadell también en su feudo (jornada 18), colocándose segundo, a tres puntos de los «Chés».

En la fecha 19 todo sigue igual, pues ambos «gallitos» caen en sus respectivas salidas a Sabadell y Vigo, y por el mismo resultado, 3 a 2, mientras que Atlético de Madrid y Sevilla presentan su candidatura al título. En la jornada 20 el Valencia cae en Bilbao ante el Athletic, y el Barça golea en casa a la Real Sociedad, situándose a sólo un punto de los levantinos, mientras que el Atlético de Madrid pierde 1 a 0 en Alcoy, y el Sevilla cae por 2-0 en Tarragona frente al Nástic. En la 21, el Valencia aplasta al Oviedo en «Mestalla» ( 6-1 ), el Barça triunfa 1-4 en Gijón, y el Atlético de Madrid aguanta el tirón (5-2 al Nàstic en el «Metropolitano»), mientras que el Sevilla se deshincha (cae 2-3 en «Nervion» ante el Real Madrid). Valencia es primero, segundo el Barça a un punto, y terceros los «colchoneros» a 2.. En la siguiente jornada, la que hace el número 22 de la competición, el Valencia gana 0-2 en «El Collao» al siempre animoso Alcoyano, el Barça aplasta al Sevilla en «Les Corts» ( 6-0 ), y los eternos rivales madrileños hacen tablas. El título parece ya un mano a mano entre valencianos y catalanes.

Jornada 23. Respiro del Valencia, que derrota por 3 a 1 al Nástic en «Mestalla», mientras que el Barça no pasa del empate ( 2 a 2 ) en el «Metropolitano». Dos puntos arriba los «Chés», con la perspectiva de recibir al Barça en la Ciudad del Turia en la penúltima jornada. Parecían claros favoritos para revalidar el título… Pero en la jornada 24 no pasan del empate en Madrid, frente a los merengues, mientras que el Barça golea al Español en «Les Corts»  y se sitúa a un solo punto. Y por fin, en la jornada número 25, disputada el 4 de abril de 1948, esto es lo que nos cuenta la estupenda  «Historia de la Liga» de Enrique y Nicolás Fuentes, publicada en 1969-70: «En Mestalla gran expectación por un partido que iba a decidir el título en la temporada que se estaba acabando. Una mala tarde de la defensa valenciana, en especial de su guardameta, facilitó la victoria del Barcelona y con ello las máximas, casi absolutas posibilidades, de lograr el triunfo final por parte de los azulgranas. Se adelantó Seguer para los catalanes en la primera parte, y luego empató Igoa, pero el segundo tiempo ya tuvo neto color blaugrana, con dos nuevos tantos obra de César y Badenes, ante el entusiasmo de miles de hinchas culés desplazados a Valencia». Así formaron ambos equipos, a las órdenes del árbitro señor Galende: por el Valencia, Ignacio Eizaguirre, Díaz, Juan Ramón, Pomar, Puchades, Asensi, Seguí, Rubio, Morera, Igoa y Epi, y por el Barça, Velasco, Elías, Curta, Gonzalvo III, Calvet, Gonzalvo II, Basora, Seguer, César, Badenes y Valle. Siete días más tarde, el  11 de abril de 1948, en la jornada 26 y última, el Barça remacha su éxito de la semana anterior venciendo con claridad al Athletic de Bilbao, 3 a 0 (Seguer, Badenes y Valle). Se proclama Campeón de Liga por tercera vez en su historia, con 37 puntos y 11 positivos. Había ganado 15 partidos, empatado 7 y perdido solamente 4, con 65 goles a favor y 31 en contra.

En la Copa del Generalísimo, sin embargo, no va a poder revalidar ese éxito, pues en la primera ronda en la que interviene, octavos de final, el Atlético de Madrid se muestra como un rival insuperable: 2-0 en el «Metropolitano» y 0 a 0 en la vuelta en «Les Corts». Cerrará la temporada brillantemente, no obstante,  conquistando el llamado «Torneo de Históricos», una competición que la Federación improvisó al ser rápidamente eliminados de la Copa Barcelona, Real Madrid y Athletic de Bilbao, disputándose en formato de liguilla a doble vuelta, y alzándose los blaugranas con el triunfo, al igual que hacen en La Coruña, llevándose  el trofeo «Teresa Herrera» al derrotar al Oporto por 2 a 1, con goles de Seguer y Noguera.

EnriqueFernandez03SEGUNDO ACTO: 1948-49

De cara a la temporada 48-49 estas van a ser las principales novedades que se producen en la plantilla azulgrana: causan baja Sans, Colino, Periche, Badenes, Rueda, Amorós, Escolá, Da Silva, Valle y tres futbolistas internacionales y muy importantes en el Barça de los años 40: Escolá, Bravo y Mariano Martín, minado este último por numerosas lesiones, mientras que son alta el guardameta Ramallets, tras su cesión al Valladolid, el defensa leonés Ricardo Rodríguez «Calo (hermano de César), los catalanes Cerveró, Virgós, Sagrera, Torra, y Serratusell,  y los argentinos  Nicolau y Marcos Aurelio, este ya avanzado el campeonato.. La Liga comienza el 12 de septiembre de 1948, y el Barça arranca con mucha fuerza ( 5 a 2 en «Les Corts» al Real Oviedo, con cuatro goles de César). Al domingo siguiente logra un gran triunfo en el nuevo estadio de «Chamartin» ante el Real Madrid, 1 a 2, y los azulgranas se convierten en líderes. Nueva goleada en la tercera cita liguera (5 a 1 al Coruña en la Ciudad Condal), y primer punto perdido en la cuarta (empate a dos en Tarragona), pero el Barça continúa en cabeza, aunque en la sexta fecha, al perder 1-0 en Sabadell, el Valencia le alcanza en la cabeza de la tabla, superándole al domingo siguiente, donde el Barça tan sólo consigue un empate en «Balaídos» frente al Celta ( 2-2 )

Recupera la primera posición en la octava jornada, tras vencer precisamente al Valencia en «Les Corts», en un encuentro trepidante en el que se pone 4 a 0 en el descanso (con «hat-trick» de Cesar), pero en la segunda mitad casi ve como los «Chés»  le empatan el partido que finaliza 4 a 3, después de otro «triple» del levantino Seguí. Pero en la novena jornada es derrotado 2 a 0 en el «Metropolitano», y el Atlético de Madrid le rebasa por un punto. Luego sería el Real Madrid  quien comandase la tabla durante varias jornadas de la 10 a la 14, siempre entre una gran igualdad, seguido por Atlético de Madrid, Barça y Valencia, hasta que en la fecha 15 los azulgranas derrotan nuevamente a los merengues, esta vez en «Les Corts» por 3 a 1, y son los colchoneros quienes se ponen en cabeza. Vuelve el Real Madrid a situarse arriba entre la 16 y la 18, pero en la 19 el Barça le iguala al ganar al Sabadell (1 a 4), y perder los blancos en Valladolid.

Siguen ambos conjuntos empatados en la jornada 20, con Atlético y Valencia ya distanciados a 4 puntos, pero se estrecha la cabeza al domingo siguiente, pues pierden ambos líderes, y la derrota catalana, precisamente en «Mestalla» ( 4-2 ), da nuevamente alas a los valencianistas, mientras que los rojiblancos se acercan también. Pero en la jornada 22 el Barça se pone de nuevo líder, aprovechando varios tropiezos (caen el Real Madrid en su propio feudo ante el Oviedo, y el Atlético Madrid sale goleado de «Les Corts», 4 a 0). Se aprieta de nuevo la clasificación en la jornada 23, pues el Barça pierde 2 a 0 en «San Mamés». El Valencia se sitúa a un punto, el Real Madrid a 2, y el Atlético a 3. En la jornada vigesimocuarta el Madrid vence en La Coruña ( 0 a 3 ), el Barça golea al Valladolid en «Les Corts» ( 6-0 ), y el Valencia aplasta al Athletic de Bibao en «Mestalla» (5 a 0), con lo que todo queda igual a falta sólo de dos encuentros.

El Barça tiene que visitar el siempre difícil terreno de «Nervión», pero allí va a superar claramente a los locales, pese al apretado 1 a 2 final. El Real Madrid, por su parte, saca adelante su compromiso ante el Nàstic de Tarragona, pero al hallarse a dos puntos del Barça, y con el «goal average» particular a favor de los catalanes, pierde ya todas sus opciones, al igual que el Atlético, a tres puntos. De modo que el único que podía arrebatarle el título al Barça era el Valencia. Si los de Enrique Fernández perdían el último partido ante su eterno rival ciudadano, el RCD. Español, en «Les Corts», y el Valencia lograba derrotar al Sevilla en «Mestalla», sería campeón, pues tenía un mejor registro que el Barça en sus dos confrontaciones entre ambos. Pero no se va a dar el caso.

Ambos equipos sacaron adelante su partido. El Valencia venció a los hispalenses  por 2 a 0, y aunque el Barça pasó por más apuros (se adelantaron los «pericos», pero luego dos tantos de Cesar le dieron la vuelta al marcador), finalmente pudo revalidar su título por primera vez (era su cuarto entorchado liguero). Tras 26 jornadas había obtenido 37 puntos y 11 positivos, sin perder un solo punto en «Les Corts», con 16 victorias, 5 empates y otras tantas derrotas, habiendo marcado 66 tantos, y encajado solamente 36. Además, César Rodríguez se proclamaba también máximo goleador del campeonato, con 28 dianas. La celebración, ante su propio público, no pudo ser más entusiasta, justo en puertas de conmemorar las Bodas de Oro de la entidad.

Esta temporada va a ser testigo también del primer gran triunfo internacional del Barça. Se disputa la primera edición de  la «Copa Latina», participando los campeones de Liga de España, Portugal, Francia e Italia, preludio de las competiciones internacionales que van a aparecer a mediados de la década siguiente (Copa de Europa y Copa de Ciudades en Feria). Los partidos se celebran en terrenos españoles, y el Barça se deshace primeramente del campeón galo, el Stade de Reims, venciéndole en «Les Corts» por 5 a 0, y consigue el trofeo al derrotar en la final, disputada en Madrid el 3 de julio de 1949, en el flamante e inconcluso  estadio de Chamartín, al Sporting de Lisboa por 2 a 1, con goles de Seguer y Basora   y la siguiente alineación: Velasco; Calvet, Curta, Calo; Gonzalvo III, Gonzalvo II; Basora, Seguer, Canal, César y Navarro II

Con anterioridad el Barça había conquistado también la Copa «Eva Duarte», lejano precedente de la actual «Supercopa de España», que enfrentaba al Campeón de Liga y al de Copa, al derrotar al Sevilla por 1 a 0 en Valencia, con un gol de César (19 de diciembre de 1948). No le va a ir tan bien, sin embargo, en la Copa del Generalísimo de 1949. Elimina a partido único al Girona ( 9 a 0 ), y luego al Granada (2 a 2 en la ciudad de La Alhambra y 5 a 2 en Barcelona), pero cae ante el Valencia, pues no consigue remontar el 3-1 adverso encajado en «Mestalla», al vencer únicamente por 3-2 en «Les Corts». No obstante, el balance final de la temporada es magnífico

TERCER ACTO Y TELÓN: 1949-50

La tercera temporada de Enrique Fernández al frente del Barça, la 1949-50, presenta las naturales novedades. En la lista de bajas figuran Quique, Noguera y Florencio, mientras que se incorporan Isal, Corró, los sudamericanos Prais y Salaberry – ambos compatriotas del técnico charrúa – , Matamala, el argentino Giménez,  y Areitio ( estos dos últimos, una vez iniciada la campaña ). La Liga da comienzo el 4 de septiembre de 1949, con mal pie. El Barça es derrotado por 3 a 1 en «San Mamés», pero a la semana siguiente consigue una goleada histórica sobre el Nástic de Tarragona en «Les Corts», 10 a 1. Sin embargo su irregularidad – que va a ser la tónica de toda la temporada – se pone una vez más de manifiesto al ser vapuleado en el nuevo «Chamartín» por el Real Madrid ( 6-1 ). En la cuarta jornada, no obstante, logra otro marcador asombroso, 7 a 0 sobre el Sevilla en la Ciudad Condal, para proseguir con sus altibajos cayendo en la quinta fecha en «Riazor» , ante el Coruña, con una derrota sin paliativos, 3 -0.

Pierde la   Copa «Eva Duarte»  ante el Valencia, vigente campeón copero, por un marcador estratosférico, 7 a 4, aunque muy pronto el club va a celebrar con brillantez sus Bodas de Oro. La Junta Directiva que preside Agustí Montal i Galobart le dará el mayor realce a la efeméride, y entre un aluvión de actos de tipo deportivo, cultural y social, programa un torneo triangular donde el Barça se enfrenta al Boldklubben de Copenhague danés y al Palmeiras de Sao Paulo brasileño y del que sale vencedor, entre vibrantes sardanas, emotivos homenajes y espectaculares sueltas de palomas. Pero una vez reanudado el campeonato liguero, la situación no mejora un ápice.

El Barça se mantendrá siempre alejado de la cabeza de la clasificación, en una temporada muy igualada y abierta, marcando muchos goles, pero también encajando bastantes. Y dos derrotas consecutivas ante el Real Madrid en «Les Corts» ( 2-3 ) y Sevilla en «Nervión» – 5 a 2 –  van a suponer,  tras la disputa de la jornada 17 (22 de enero de 1950), la dimisión de un Enrique Fernández que además estaba abiertamente enfrentado a varios miembros de la plantilla (en concreto, se hablaba de César y los hermanos Gonzalvo, y se especulaba con la posibilidad de que los jugadores le hubiesen hecho «la cama»). En ese momento el equipo era octavo, a 6 puntos del líder, el Real Madrid, con un negativo y un balance provisional de 8 victorias, 1 empate y 8 derrotas. Le va a sustituir un hombre de la casa, Ramón Lloréns, antiguo guardameta de los años 20 y primeros 30, y a la sazón responsable del equipo de Aficionados. Con él en el banquillo, el Barça acabará la Liga en quinta posición, con 29 puntos, a cuatro del campeón, el Atlético de Madrid.

El balance de Enrique Fernández como entrenador barcelonista se va a resumir  en un total de 81 partidos oficiales dirigidos, con 46 victorias, 15 empates y 20 derrotas, 211 goles a favor y 121 en contra. El tanto por ciento de partidos ganados va a ser del 56,79 %. No obstante, y pese al excelente bagaje deportivo ( 2 Ligas y una Copa Latina como principales conquistas ), la estancia de Fernández en el banquillo del Barça no fue precisamente un lecho de rosas. Tendrá enfrentamientos puntuales con algunos miembros relevantes de la plantilla – aparte de los ya mencionados, el más grave se producirá con el defensor Jaume Elías, quien tras chocar con él no volverá a ser alineado -, y sus relaciones con Samitier, secretario técnico del club, no van a ser precisamente idílicas, sino un claro motivo de fricción, especialmente en sus últimos meses como blaugrana, cuando va a tener que soportar además varias pañoladas en el estadio a causa de la mala marcha deportiva del equipo – el público nunca acaba de  comprender que no siempre se puede ganar – y abundantes críticas por parte de la prensa.

Una vez fuera del Barça, el buen técnico uruguayo regresará a su país para dirigir a Nacional, entre 1950 y 1952, pero al año siguiente volverá a España, para ocupar el banquillo de un Real Madrid que llevaba 20 años sin ganar la Liga. Claro que los blancos, tras rocambolescas vicisitudes, se van a hacer con los servicios de un jugador argentino de ralos cabellos rubios y vocación todoterreno, Alfredo Di Stefano, y con él omnipresente sobre el campo, Enrique Fernández se apuntará su tercera Liga española, en la temporada 53-54, rompiendo así con la larguísima sequía merengue en el Torneo de la Regularidad.

No obstante abandonará la entidad presidida por Santiago Bernabéu a mediados del curso siguiente, concretamente tras la jornada 14 y con el equipo situado como líder. Rescinde su contrato de mutuo acuerdo con el club, y el militar cordobés José Villalonga, futuro seleccionador español, toma las riendas del equipo blanco, volviendo a revalidar el título. Fernández dirigirá con posterioridad al Colo-Colo chileno ( con el cual vuelve a ganar un campeonato liguero ), al Sporting de Lisboa, al Real Betis Balompié ( en la campaña 59-60, hasta su cese tras la décima jornada, con los verdiblancos en zona de promoción, siendo sustituido por Sabino Barinaga), a Gimnasia y Esgrima de La Plata – en dos períodos diferentes -, al River Plate bonaerense, al Palestino chileno, y a la Selección de Uruguay entre 1967 y 1969. Va a fallecer en la misma ciudad que le vió nacer, Montevideo, el 6 de octubre de 1985, a los 73 años de edad, dejando tras de sí el recuerdo de un excelente profesional, tanto dentro como fuera del terreno de juego, aunque en una plaza tan difícil como siempre ha sido Barcelona le tocase también recibir críticas, no siempre del todo justificadas.




Josep Samitier, el primer entrenador “moderno” del Barça (1944-1947)

Samitier01Para jugar al fútbol como diversión tan sólo hacen falta un grupo de personas – a ser posible número par – un balón que ruede (o algo semejante), y un terreno mínimamente practicable, así como la aceptación tácita de algunas sencillas reglas a las que atenerse. Cuando del juego se pasa al deporte, y para que esas normas se cumplan siempre a rajatabla, van a aparecer unos jueces teóricamente imparciales, el árbitro, y sus auxiliares. Las dimensiones del terreno de juego, de las áreas y de las porterías, se reglamentarán también, y lo que empezó siendo un mero pasatiempo, con los años devendrá en espectáculo de masas, con sus participantes activos convertidos en profesionales, mejor o peor pagados. Y para gestionar esos grupos humanos, mantenerlos en las mejores condiciones físicas y técnicas,  y situarlos sobre el campo con la óptima disposición táctica para vencer al adversario, surgirá la figura del entrenador, que con el paso de los años comenzará a ganar una dimensión mediática, semejante o superior a veces a la de un artista o incluso un político.

En los próximos meses recordaremos la peripecia de distintos técnicos que se han sentado en el siempre difícil y problemático banquillo del Barça. Y para arrancar – y siguiendo un estricto orden cronológico – nada mejor que empezar glosando la personalidad de Josep Samitier, que – con el permiso del hispanofilipino Paulino Alcántara – fue el primer crack «mediático» vestido de azulgrana, y también va a ser el primer entrenador en plantearse su trabajo según unos postulados que luego serían moneda común en el cargo, dejando atrás el amateurismo voluntarista para profundizar en una tarea plenamente profesional, que iría evolucionando al mismo ritmo que el fútbol se convertía en universal espectáculo de masas y caldera de pasiones no siempre bien encauzadas.

EL MAGO DEL BALÓN

Josep Samitier i  Vilalta nació en Barcelona el  2 de febrero de 1902. Desde las filas de un conjunto llamado  Internacional, de la barriada de Sants, dio el salto al Football Club Barcelona en 1919, cuando contaba únicamente 17 años (fichado a cambio de un traje con chaleco y un reloj de esfera luminosa). Allí permanecería por espacio de 13 temporadas, convirtiéndose en el futbolista español más popular de los años 20, la década que alumbró el profesionalismo en nuestro país, junto con su paisano Ricardo Zamora, también compañero de equipo en los primeros tramos de su carrera. Samitier sería un hombre clave en la primera «Edad de Oro»  del club azulgrana, esos mismos «Felices 20», que se sustancia en la conquista de 8 Campeonatos de Cataluña, 5 de España y precisamente el primer Torneo de la Regularidad, la Liga 28-29. Internacional con España en 21 ocasiones ( tomó parte en el debut de la Selección, en los Juegos Olímpicos celebrados en Amberes en 1920), acabó abandonando el club en 1932 – tras disputar 454 partidos, marcando la friolera de 326 goles – a consecuencia de un desencuentro con la directiva presidida por Joan Coma, fichando a continuación por un Real Madrid que entonces todavía no era el «eterno rival» de los blaugranas . Con los blancos estuvo un par de temporadas, en las cuales ganó una Liga (1932-33) y la Copa de 1934, cuya final se disputó precisamente en la Ciudad Condal, en el Estadio de Montjuich. Inmediatamente antes del estallido de nuestra Guerra Civil ya hizo sus pinitos como entrenador, dirigiendo al Atlético de Madrid. Luego pasaría a Francia, donde jugó en el O.G.C. Niza hasta 1939, cuando colgó las botas. Se responsabilizó brevemente del conjunto de la Costa Azul en 1942, y dos años más tarde, debidamente «depurado» por las nuevas autoridades españolas, ya estará en disposición de reintegrarse a nuestro fútbol.

Los primeros años 40, como es bien sabido, no fueron demasiado positivos para el Barça, temas políticos aparte. Deportivamente el equipo tan sólo pudo conquistar el último Campeonato de Cataluña (1939-40), y la Copa del Generalísimo de 1942, tras vencer en una vibrante final disputada en Madrid, en el viejo «Chamartín»,  al Atlético de Bilbao (entonces el nombre oficial del conjunto vizcaíno) por 4 a 3. Esa misma temporada se vio obligado a pasar por el traumático trance de tener que disputar la promoción de permanencia en Primera División, pues al final de la campaña había quedado clasificado en duodécima posición, aunque finalmente solventó el compromiso con relativa facilidad, tras golear al Real Murcia por 5 a 1 en el mismo escenario donde una semana antes se había proclamado campeón copero. Luego, aunque las cosas  mejoraron en las dos siguientes campañas (tercero y sexto, respectivamente), el balance tampoco fue satisfactorio, de modo que en la directiva barcelonista, entonces presidida por un militar, el coronel Josep Vendrell i Ferrer, antiguo Jefe de Orden Público en La Coruña, pensaron que «Sami» podía ser el revulsivo, y le pusieron al frente de un equipo que no acababa de carburar, sustituyendo al ex-guardameta azulgrana Joan Josep Nogués.

El hombre que iba a hacerse cargo de la dirección técnica del Barça  no era un tipo corriente. Había sido un futbolista de excepción, imprevisible y genial dentro de los terrenos de juego, y esa genialidad continuaba fuera del campo. Extravertido y mundano, de espíritu cosmopolita, «bon vivant» y elegante, era gran amigo de celebridades como Carlos Gardel – que incluso le dedicó uno de sus tangos – o Maurice Chevalier, y de él siempre se dijo que tenía una habitación permanentemente a su disposición en el Hotel Oriente, en plenas Ramblas, gestionado por la familia Gaspart, uno de cuyos miembros, Joan Gaspart y Solves (1944), acabaría siendo directivo (vicepresidente entre 1978 y 2000) y finalmente presidente del Barça (2000-2003), aunque no pasara precisamente a la historia por la brillantez deportiva de su mandato ni por la buena gestión económica, no obstante su indudable y acendrado barcelonismo.

EN EL BANQUILLO…

El nuevo entrenador, no obstante, va a encontrarse con una magnífica plantilla, llena de excelentes y jóvenes jugadores, y reforzada por un goleador, el castellonense Basilio. Un grupo humano en el que la experiencia la aportaban los internacionales Raich y Escolá,  así como otro jugador que retornaba del pasado, el defensa Ramón Zabalo, uno de los zagueros importantes en nuestro fútbol de antes de la Guerra. Estos son los hombres de que dispuso el antiguo «Mago del Balón» para afrontar la temporada 1944-45: Velasco, Quique, Elías, Curta, Zabalo, Calo, Benito, Raich, Gonzalvo II, Calvet, Sierra, Sans, Sospedra, Valle, Escolá, Martín, Gonzalvo III, Bravo, Rueda, Basilio, Riba, César y Seguer.

Samitier02Samitier va a introducir una serie de novedades en la preparación del equipo, normas que hoy nos parecen básicas pero que entonces no lo eran tanto, ni muchísimo menos, cuando el fútbol – en teoría profesional -, no era tan exigente y aun no había dejado atrás del todo ese amateurismo voluntarista del que más arriba hablábamos. Por ejemplo, controlar lo que comían y bebían sus pupilos, limitando el consumo de alcohol ( o al menos tratando de hacerlo cuando estaba en su mano ), y vigilando también su dieta alimenticia. Igualmente pondrá énfasis en la necesaria disciplina, estableciendo unos horarios de entrenamiento y unos ejercicios no discrecionales, y sobre todo con sesiones conjuntas, nada de adiestramientos personales, por libre, buscando siempre la mejor compenetración del equipo sobre el terreno de juego. Para conocer a los rivales y preparar tácticamente los partidos no contaba, obviamente, con los sofisticados medios técnicos que existen hoy en día, pero trataba de paliarlo  a su manera. Verbigracia, llevándose a sus jugadores a presenciar encuentros de equipos modestos, para que viesen los fallos que acostumbraban a producirse, y escarmentasen en cabeza ajena, ejerciendo su magisterio en la misma grada, como si estuviese impartiendo una clase. Va a mejorar, por supuesto, la preparación física, a la sazón muy deficiente, pero su auténtico punto fuerte será el trabajo psicológico. Ayudado por su enorme carisma ante los futbolistas, se convertirá en un estupendo motivador, con gran ascendiente sobre ellos. Además, las relaciones entre la plantilla van a soldar fuertes lazos de camaradería y amistad, que se traspasarán al terreno de juego. Son cosas que podían ocurrir entonces, cuando las fichas y los egos aun se mantenían bajo un estricto control. También recurrirá a trucos de viejo zorro, como ampliar las dimensiones del campo de «Les Corts» mediante el sencillo expediente de retirar las sillas de pista que circundaban el césped, con lo cual se ganaban algunos metros y se favorecía el juego azulgrana, más técnico que el de la mayoría de sus rivales. Asimismo introdujo una novedad de tipo táctico, retrasando a uno de los medios e incrustándolo entre los dos defensas, como zaguero central, con lo cual inauguraba el esquema del 3-2-5.

Todas esas innovaciones va a ponerlas en práctica en su primera temporada en el banquillo, ofreciendo una imagen que se hizo clásica, ataviado con su sombrero, su elegante gabán y su bufanda,  y el sempiterno habano entre los labios, todo un dandy. El Barça no abandonará en ningún momento los lugares de cabeza de la clasificación, algo a lo que sus socios y seguidores ya no estaban en absoluto acostumbrados, y en la jornada 17 se puso al frente de la tabla, manteniendo un duro pulso con Real Madrid y Atlético (sic) de Bilbao, hasta que en la penúltima fecha se proclamó campeón matemáticamente, 16 años después de su primer triunfo en el torneo inaugural. Van a ser claves las victorias ante los merengues en «Les Corts» por 5 a 0 y en «Mestalla» frente al Valencia (2 a 3). Sin embargo en la Copa, los «Leones» de San Mamés van a dar buena cuenta del Barça derrotándole en ambos partidos.

En la siguiente campaña, la 45-46, el Barça se refuerza con una serie de delanteros (Gamonal, Morera, Tito, Peralta, Colino, incluso el mayor de la saga de los Gonzalvo, Juli) para suplir a Basilio – que no había cuajado y regresa a las filas del C.D. Castellón – , Riba y Rueda. El equipo vuelve a realizar una buena campaña, y llega a la última jornada con serias posibilidades de revalidar el título. Para ello, sólo tiene que derrotar al Sevilla en «Les Corts», y será campeón. Pero sucede que los andaluces son precisamente el rival a batir, porque con el empate o la victoria la Liga se iría para «Nervión», y en efecto consiguen hacer tablas y coronarse en terreno blaugrana (en lo que es hasta ahora su único entorchado liguero). Y en la Copa, los mismos hispalenses vuelven a ser los verdugos de los barcelonistas, venciendo con un apabullante 8 a 0 en su campo, tras un partido muy duro y accidentado, convirtiendo el choque de vuelta en un mero trámite (1 a 0 a favor del Barça). La única alegría de la temporada se produjo el 23 de diciembre de 1945, en vísperas de la Navidad, cuando el Barça conquistó un lejano precedente de la actual Supercopa de España, la Copa de Oro «Argentina», que enfrentó a los campeones de Liga y Copa de la campaña anterior, azulgranas y rojiblancos bilbaínos, en «Les Corts», en un encuentro de marcador espectacular: 5 a 4 a favor de los locales.

Samitier encara su tercer curso en el banquillo con una plantilla en la que es alta Estanislau Basora, un joven exterior derecho de tan sólo 20 años que pronto se convertirá en leyenda, así como los delanteros Amorós, Canal, Navarro II, Periche y Badenes. César Rodríguez, el «Pelucas» es la indiscutible figura del equipo, su gran referencia atacante, Escolá ya enfila la recta final de su carrera, y en cuanto a Mariano Martín, el ariete se encuentra muy mermado por las lesiones, y su concurso es casi testimonial. A la postre la Liga se la llevará el Valencia, cuando el Atlético de Madrid – que en enero de 1947 va a recuperar su nombre originario, abandonando el de «Atlético Aviación» – parecía tener todos los pronunciamientos a su favor para proclamarse campeón (el Barça no pasa de la cuarta posición). Y la Copa también le sigue siendo esquiva a los catalanes, aunque en esta oportunidad no le eliminará un cuadro de su mismo nivel, sino un conjunto de Segunda Division que acababa de ascender a la máxima categoría, el histórico Gimnástico de Tarragona, el «Nàstic», que triunfa sorprendentemente por 0 a 2 en «Les Corts» en el encuentro de ida, siendo insuficiente la victoria mínima azulgrana en la ciudad imperial a la vuelta.

Samitier03…Y ENTRE BASTIDORES

Los fracasos deportivos llevan siempre aparejada la marcha del entrenador (a veces ni siquiera los éxitos garantizan su continuidad), y estaba claro que para Samitier, igual que  tres años antes para Nogués, había sonado la hora de decir adiós al banquillo barcelonista. De modo que va a cesar en el cargo, con un balance de 89 encuentros oficiales dirigidos, con 51 victorias, 16 empates y 22 derrotas, 182 goles a favor y 127 en contra, y un porcentaje de triunfos del 57,3 % . La nueva junta presidida por Agustí Montal i Galobart colocará en su lugar a otro ex-jugador del club, el uruguayo Enrique Fernández, un interior izquierdo de gran calidad técnica al que la Guerra Civil  cortó de raíz su trayectoria blaugrana. Samitier se convertirá a partir de ese momento en secretario técnico de la entidad, y el Barça  va a aprovechar sus amplios conocimientos futbolísticos y el innegable don de gentes de aquel hombre de mundo, un excelente «public relations» antes incluso de que se acuñe el término. Aunque su fuerte personalidad chocará con algunos de sus sucesores en el banquillo azulgrana, comenzando por el mismo Enrique Fernández. Depuesto este a principios de 1950 (tras conquistar dos ligas consecutivas, en 1947-48 y 1948-49), Samitier se convertirá en «asesor técnico» del entrenador provisional, Ramón Llorens, antiguo portero y compañero suyo en las alineaciones de los «Felices Años 20»

Como secretario técnico va a apuntarse grandes tantos. El primero de ellos, arrebatar en 1950 a Ladislao Kubala al Real Madrid, que ya estaba a punto de contratarlo. Samitier consiguió  que Kubala se decantase por el Barça, y con él vendrá también su cuñado, el entrenador de origen eslovaco  Ferdinand Daucik, que ocupará el banquillo blaugrana durante cuatro temporadas. Los buenos oficios de «Sami»  también tendrán algo que ver con el levantamiento de la suspensión federativa que pesaba sobre Laszi, a causa de su huida de Hungría, y ya por fin en abril del 51 el as centroeuropeo puede disputar encuentros oficiales, iniciando – él y el Barça – una trayectoria triunfal. En 1953 se trae para la Ciudad Condal a otro fenómeno, el argentino Alfredo Di Stefano, a la sazón jugando en el Millonarios de Bogotá. Pero este fichaje se frustrará finalmente por una serie de oscuras circunstancias que bien podrían ser el argumento de una excelente película de intriga, y sobre las que la historiografía barcelonista ha mantenido, desde 1980, la tesis de la existencia de una «mano negra» franquista maniobrando a favor de los intereses del Real Madrid. Para desquitarse del fiasco con la «Saeta Rubia», Samitier «pescará»  a otro gran jugador sudamericano, Ramón Alberto Villaverde, y algunos años más tarde al delantero brasileño Evaristo de Macedo. Ambos triunfaron en su paso por el Barça, ofreciendo un fenomenal rendimiento.

Con la llegada de Helenio Herrera al banquillo azulgrana en 1958, Samitier acabará por dejar de nuevo el Barça, ya que el enérgico temperamento de «HH» reclamaba para sí  amplias parcelas de decisión, más allá de la preparación del primer equipo (política de fichajes y de primas, por ejemplo). De modo que se irá de nuevo con su gran amigo Santiago Bernabéu durante algún tiempo, aunque volverá no tardando mucho a la Ciudad Condal, a su equipo de siempre, convertido ya en una especie de relaciones públicas oficioso del club, y derramando su gran magisterio futbolístico y humano en conferencias, coloquios y entrevistas. Va a fallecer en Barcelona el 4 de mayo de 1972, a la edad de 70 años, y sus exequias constituyeron una sincera muestra de dolor ciudadano, convocando en su último adiós a todo el fútbol español.




Toni Torres: sobriedad, eficacia y regularidad en la defensa azulgrana

Torres01Desde que existe el fútbol profesional, -y ya ha llovido…-ha habido grandes estrellas, y también jugadores llamados «de club», que se mueven con tanta discreción como eficacia, sin generar titulares en los medios, pero manteniendo siempre un rendimiento regular, haciéndose merecedores a la calificación de «notable» en cada partido. Son jugadores que no crean nunca conflictos, que se amoldan a los intereses del equipo, que juegan allá dónde les sitúan los técnicos, sin una protesta, adaptándose con total profesionalidad. Llegan a identificarse tanto con la entidad que defienden, que no podrían imaginarse vistiendo otros colores. Son indispensables para el equilibrio de un conjunto, como sólidos e inamovibles referentes en un paisaje tan cambiante como es el del fútbol. El Barça ha tenido varios así a lo largo de su historia. Uno de ellos fue Toni Torres, titular indiscutible durante toda una década, sin hacer ruido, sobrio y eficaz a machamartillo, un fijo para todos los entrenadores, desde Olsen a Michels, hasta que una mala tarde del equipo y una «manita» en el viejo Sarriá puso prácticamente fin a su carrera, y al año siguiente el técnico alemán Hennes Weisweiler decidió «jubilarle», junto a sus compañeros Rifé y Sadurní. No fue un jugador espectacular, como el andaluz Paco Gallego, ni un prodigio de velocidad o contundencia, cualidades que aureolaban al citado Rifé y a Eladio, respectivamente. Tampoco deslumbró con su clase, a imagen del llorado Benítez, pero siempre ofreció un rendimiento seguro. Procedente de la «Cataluña profunda», de una de esas pequeñas localidades que tantos y tan buenos futbolistas le han suministrado al Barça en sus ya 115 años de historia, supo ganarse el cariño de la afición con su trabajo sordo y tenaz, hecho de cientos de tardes cumpliendo satisfactoriamente con su cometido. Esta es su historia.

DE BALAGUER AL «CAMP NOU», VIA ALICANTE

Antonio Torres García nació en Balaguer, capital de la comarca ilerdense de La  Noguera, el 29 de julio de 1943. La localidad -que hoy es un importante centro hortícola e industrial -tenía entonces poco más de 6000 habitantes. Surgido de un entorno modesto y trabajador, destacó pronto en la práctica del fútbol, una de las pocas diversiones que entonces existían para los chavales, y el Barça le enroló en sus categorías inferiores. Se movía preferentemente por el centro de la defensa, en labores de contención, ayudado por un físico apropiado (alrededor de 1,78 de altura y 75 kilos de peso), y quemó etapas con rapidez, primero en el Juvenil azulgrana (1959-61), luego en el equipo de Aficionados (la temporada 61-62), y más tarde con el Condal, el conjunto filial, a la sazón en Tercera División, donde militó durante la campaña 62-63.

Va a debutar con la camiseta del Barça en un partido amistoso celebrado a finales de esa misma temporada en el terreno del Sant Andreu, donde un combinado blaugrana se impuso a los andresenses  por un marcador estratosférico, 4 a 9. Este fue el equipo que presentó el entonces técnico barcelonista José Gonzalvo, «Gonzalvo II», aquel 21 de abril de 1963: Celdrán (Comas); Borrás, Rodri (Torres), Gracia; Silveira (Albert), Fusté; Zaballa, Kocsis (Pacheco), Rojas, Szalay y Pereda. Una formación, como puede observarse, con varios jugadores condalistas en sus filas. Pero hacerse con un puesto en la primera plantilla era muy peliagudo para el joven futbolista de Balaguer, habiendo competidores tan serios como los internacionales Olivella, Garay, Gensana o Rodri, de modo que va a ser cedido, para rodarse y adquirir experiencia, a un equipo de categoría superior a aquella en la que venía actuando. Su destino será Alicante, uno de cuyos conjuntos representativos, el Hércules, militaba entonces en el Grupo Sur de la Segunda División.

Con el conjunto herculano, que por aquellas fechas  disputaba sus partidos como local en el campo de «La Viña», Torres va a permanecer por espacio de dos temporadas. En la primera, la 63-64, actuará ya en 20 partidos de Liga, una cifra muy respetable, disputando la promoción de ascenso contra el Real Oviedo, aunque el club levantino no podrá alcanzar finalmente su propósito. Y en la segunda ya hará pleno, interviniendo en los 30 partidos, y demostrando una de sus principales cualidades, la regularidad. Tan buen rendimiento le lleva a las convocatorias de  la Selección Olímpica, de cara a la clasificación para los Juegos de Tokyo de 1964 -que finalmente no se logró-, donde actuará en 8 ocasiones.

Visto su excelente desempeño por tierras alicantinas, nada más lógico y natural que los técnicos del Barça deseasen repescarlo, considerándole ya suficientemente preparado para dar el gran salto. Acababa de cumplir los 22 años, e inicia la pretemporada a las órdenes de un nuevo técnico, el argentino Roque Olsen. Junto a él son novedades en la plantilla azulgrana el sevillista Gallego, el levantinista Serafín y el jugador alsaciano, internacional por Francia, Lucien Muller, procedente del Real Madrid, y que no había llegado a un acuerdo con el club blanco para la renovación de su contrato, quedando por lo tanto libre. Olsen no va a contar con él en un primer momento, pues utiliza en la defensa al trío Benitez-Olivella-Eladio, y en la medular pone en liza a los recién fichados Muller y Gallego, este último en funciones más retrasadas. Pero tanto los malos resultados -el Barça, sorprendentemente, va a encajar hasta tres derrotas consecutivas en su propio feudo, alejándose de los primeros puestos de la tabla -como la lesión del propio Gallego, van a forzar al entrenador sudamericano  a hacer cambios en la alineación titular. Es la hora de Torres.

Y bien que aprovecha la oportunidad. Va a debutar oficialmente con el Barça en la ciudad belga de Amberes, el 17 de noviembre de 1965, en partido correspondiente a los dieciseisavos de final de la Copa de Ciudades en Feria, la Copa de Ferias, para entendernos. Caen los catalanes por 1 a 2 (el gol lo marcó Quimet Rifé), y este fue el once que presentaron: Pesudo; Benítez, Olivella, Eladio; Montesinos, Torres; Rifé, Pereda, Zaldúa, Vergés y Serafín. Al domingo siguiente, en Elche, Torres repite en el equipo, y ya no se va a mover de él en lo que resta de temporada. El Barça irá remontando posiciones, con una prolongada racha de imbatibilidad, e incluso durante un momento soñará con obtener el título, que finalmente conquista el Atlético de Madrid, dirigido por el gerundense Domingo Balmanya. El de Balaguer va a cuajar una estupenda temporada, alineándose en 20 partidos de Liga, 8 de Copa (1 gol) y 10 de la Copa de Ferias. No podía comenzar con mejor pie.

Ese buen rendimiento va a proseguir en el siguiente curso, el 66-67, que empieza con dos triunfos históricos: la consecución del primer Trofeo Gamper, instituido en ese verano del 66 por el dinámico presidente blaugrana Enric Llaudet, y la conquista de la Copa de Ferias, pendiente desde la campaña anterior y dirimida ahora a doble partido frente  al Real Zaragoza. Torres va a disputar ambos choques, y en el de vuelta será expulsado en el minuto 89, tras un encontronazo con el blanquillo Canario, uno de los «Magníficos». Su balance serán 22 partidos de Liga y 4 en competición europea, aunque no se alineará en la Copa del Generalísimo, donde el Barça -tras eliminar sin ninguna brillantez al Málaga -cae derrotado por el Atlético de Madrid en ambos encuentros.

Salvador Artigas sustituye a Olsen en el difícil banquillo del «Camp Nou», pero el nuevo técnico continúa depositando su confianza en Torres, alineándole en cualquier demarcación de la retaguardia, donde  rendirá siempre de manera satisfactoria. Y la súbita muerte de Julio César Benítez, en vísperas de un crucial Barça-Real Madrid, le va a llevar al lateral derecho de la zaga, donde se mantendrá inamovible durante bastante tiempo. La temporada, que se saldó con el histórico triunfo en la Copa del Generalísimo en el mismísimo «Santiago Bernabeu», en la conocida como «Final de las botellas», arrojó estos números en el haber del ilerdense: 28 encuentros de Liga, 9 de Copa y 2 de Copa de Ferias. Ese verano va a contraer matrimonio con Teresa Pareja Bañón, a la que había conocido durante su estancia en Alicante, sobrina del que fuera guardameta internacional del Real Madrid en los años 40, Bañón.

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INTERNACIONAL E INAMOVIBLE

Toni Torres va a empezar la temporada 68-69 «como una moto», formando parte de un sistema defensivo casi imbatible: Sadurní, Torres, Gallego y Eladio, con el refuerzo del navarro Pedro Zabalza como medio de cierre, aunque el pamplonica también sabía cruzar la línea del centro del campo y sumarse al ataque con peligro. Por eso el flamante seleccionador nacional, el doctor Eduardo Toba, que sustituía precisamente en el cargo a Balmanya -recién reincorporado al Barça, ahora en calidad de secretario técnico – les va a convocar en bloque para el compromiso amistoso internacional que el combinado español disputaría frente al de Francia el 17 de octubre de 1968 en Lyon. Esta fue la formación aquella noche, a orillas del Ródano: Sadurní ( Iribar ); Torres, Gallego ( Germán ), Eladio; Pirri, Castellano ( Tonono ); Ufarte, Amancio, Luís, Marcial y Zabalza. Triunfó España por 1 a 3. Se alinearía también el 27 de octubre en Belgrado contra Yugoslavia (0-0), en partido valedero para la clasificación  con vistas al Campeonato del Mundo de México de 1970, el 11 de noviembre en Madrid ( Estadio «Santiago Bernabéu» ) contra Bélgica – 1 a 1 -, también en encuentro clasificatorio, así como en Lieja, el 23 de febrero de 1969, en la devolución de visita a los «diablos rojos», que al derrotar a la selección española por 2 a 1 en un accidentado partido, la dejarán fuera del Mundial azteca, y finalmente en otro amistoso, celebrado en Valencia, en el campo de «Mestalla», el 26 de marzo del 69, y en el que el equipo español venció al de Suiza por 1 a 0 ( con gol de Bustillo, ariete zaragocista recién fichado por el Barça ), y la siguiente alineación: Sadurní; Torres, Gallego, Vidagañy; Guedes, Zabalza; Claramunt ( Ufarte ), Grosso, Bustillo, Velázquez y Rojo I. En total, cinco veces internacional «A»

En esta misma temporada Torres va a conseguir el que seguramente sería el gol más importante de toda su carrera, en la que va a marcar muy pocos. Fue en el «derbi» ante el Español, disputado en el «Camp Nou» el 24 de noviembre de 1968, y correspondiente a la décima jornada del Campeonato Nacional de Liga. El partido ya  enfilaba hacia su conclusión, sin que ninguno de los dos equipos hubiese inaugurado el marcador, cuando en el minuto 77 Torres acertó a rematar de cabeza desde el borde del área un saque de esquina botado por Rifé, batiendo al cancerbero blanquiazul Coll y convirtiéndose en el único tanto del encuentro. Su balance en esa campaña 68-69 va a resumirse en 29 partidos de Liga, 1 de Copa y 6 de Recopa. Y si no fue aun mejor, se debió a una lesión sufrida en el momento más inoportuno, en el encuentro de ida de los octavos de final de la «Copa de Su Excelencia el Generalísimo», la primera ronda aquel año en el «Torneo del KO», ya que en esa edición sólo participaron los equipos de la máxima categoría de nuestro fútbol, que entonces eran únicamente 16.

Sucedió en el campo de la Real Sociedad, el viejo «Atocha», en una tarde con el terreno muy embarrado, donde Torres iba a sufrir una fractura de clavícula nada más ponerse el balón en juego, aunque se reincorporó en la segunda parte como extremo derecho, en un rasgo de pundonor. El encuentro acabó con un contundente 5 a 1 favorable a los donostiarras, que eliminarían al Barça de la Copa, teniendo Torres que ser intervenido quirúrgicamente, y perdiéndose así la final de la Recopa, donde su baja se unió a la de Gallego, también lesionado unas semana antes, privando al equipo de sus dos puntales en el centro de la defensa, lo cual indudablemente influyó en el sorprendente resultado, adverso a los colores azulgranas por 2 a 3, ante un equipo como el Slovan de Bratislava, absolutamente nuevo en esas lides, con muy poca experiencia internacional.

Y es que la sorda labor de Toni Torres, que pasaba más desapercibida que la de sus compañeros de línea, era vital para el conjunto, y por eso su ausencia, en las contadísimas ocasiones en que esta se producía, la acusaba el equipo. Muy seguro saliendo al cruce, cortaba el avance enemigo, y le entregaba en seguida la pelota al compañero más próximo. A veces se le criticaba eso precisamente, que nunca se proyectase en ataque, que sus pases se limitaran a entregas a cinco metros y no realizase envíos en profundidad, para ganarle la espalda a los contrarios, o incursiones por la banda, acabadas en centros, pero es que en su concepto del fútbol privaba la seguridad por encima de cualquier otra consideración: hacer aquello para lo que estaba capacitado, y hacerlo bien, sin meterse nunca en camisa de once varas, ya fuera arriesgando la posesión del balón o adornándose innecesariamente para perderlo en zonas comprometidas. Él cumplía con su labor a plena satisfacción, ciñéndose a las tareas defensivas, y aunque el Barça cambiase de entrenador con frecuencia, Torres siempre formaba parte del equipo titular.

Comenzará la temporada 69-70 ya restablecido de su lesión de clavícula, de nuevo en el lateral derecho, y va a actuar en esa demarcación durante buena parte de la primera vuelta del campeonato ( también lo hará en la media, cuando ese lugar lo ocupe Franch ). Pero a partir del primer partido de la segunda ronda, con la visita del Real Madrid al «Camp Nou», Josep Seguer – el técnico que había sustituido provisionalmente a Salvador Artigas – decide colocar en dicha demarcación al extremo Rifé, para que con su velocidad pueda neutralizar al veterano Paco Gento, y el del Poble Nou ya se quedará en ese puesto hasta el final de su carrera, pasando Torres a situarse como segundo central, al lado de Gallego.

Ya no se moverá más de esa zona del campo, que defenderá con su acostumbrada eficacia, en una labor nada espectacular pero siempre muy positiva para los intereses del equipo. En esta temporada 69-70 sus números, como ya era habitual, van a ser excelentes ( 30 partidos de Liga, el pleno, 6 de Copa -con un gol marcado, al Celta – y 5 de Copa de Ferias ). Con el inglés Vic Buckingham como nuevo entrenador nada va a cambiar tampoco en la campaña 70-71, un año en el que el Barça lucha hasta el último minuto por conquistar el título de Liga, y conseguirá la Copa tras un vibrante partido frente al Valencia, con Torres en sus filas, naturalmente. Kubala, el seleccionador nacional,no va a contar sin embargo con él en sus convocatorias, pero en el Barça todos tienen claro que la alineación la componen el de Balaguer y diez jugadores más. Su balance esa temporada no puedo ser mejor, ya que no se pierde ningún compromiso oficial: 30 partidos de Liga, 9 de Copa y 4 en el torneo ferial.

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Y va a continuar del mismo modo en el curso siguiente, 71-72, ahora a las órdenes del holandés Rinus Michels. «Mister Marmol» tampoco tiene dudas respecto a su valía, y le hace jugar de nuevo en todos los partidos oficiales ( 34 de Liga, tras la ampliación de la máxima categoría a 18 equipos, 4 de Copa y 5 en las competiciones europeas, que se desglosan en cuatro encuentros de «Recopa» y la «Finalísima» de la Copa de Ferias, torneo que se extinguía en favor de la «Copa de la UEFA», y en la que el Barça derrota al Leeds United por 2 a 1 en el «Camp Nou», en el que iba a ser su único título de la temporada. Problemas físicos le impiden volver a hacer «pleno» en la campaña siguiente, 72-73. Aun así, su balance no es nada malo: 30 partidos de Liga, 4 de Copa y 2 en la flamante «Copa de la UEFA», en la que el Barça va a ser eliminado a las primeras de cambio por el Oporto portugués. Fue un mal año para el club, sin paliativos, y el crédito de Michels, que había aterrizado en la Ciudad Condal avalado de una gran fama, tras haber llevado al Ajax de Amsterdam a la consecución de su primera Copa de Europa en 1971, estaba agotándose rápidamente. Pero afortunadamente para él y para el propio Barça, la Federación Española de Fútbol va a levantar la prohibición de fichar jugadores extranjeros, vigente desde el ya lejano 1962, y los azulgranas podrán reforzar así su línea más floja, el ataque, con dos elementos de auténtico lujo: el peruano Hugo «Cholo» Sotil, y sobre todo el neerlandés Johan Cruyff, en aquellos momentos indiscutiblemente el mejor jugador del mundo.

Gracias a eso, el equipo blaugrana va a lograr por fin coronarse campeón de Liga en la temporada 73-74, tras trece años de larga sequía, con una formación que practica un fútbol arrollador, liderado por Cruyff. Toni Torres es ahora el central titular, en detrimento de Gallego, en un equipo que habitualmente forma así: Sadurní; Rifé, Torres, De La Cruz; Costas, Juan Carlos; Rexach, Asensi, Cruyff, Sotil y Marcial. Se alinea en 31 partidos ligueros, 2 de Copa de la UEFA y 5 de Copa, donde otra inoportuna lesión le impide estar presente en la final del «Vicente Calderón», donde el Real Madrid se tomó cumplida revancha -4 a 0 – de la estrepitosa derrota encajada en el «Bernabéu» ante el Barça unos meses antes, el histórico 0 a 5.

DEL BANQUILLO…AL BANQUILLO

La temporada 74-75 se presenta, por lo tanto, adornada por los mejores presagios, con el equipo disputando después de muchos años la Copa de Europa, como vigente campeón liguero, y con serias aspiraciones a conquistarla, y el club celebrando sus Bodas de Platino, el 75 Aniversario de su fundación. Pero…Pocos días antes de la efemérides, el 24 de noviembre de 1974, en la novena jornada, un Barça irregular visita Sarriá, el feudo de su eterno rival ciudadano, el RCD. Español, y va a recibir allí un duro varapalo. Los «periquitos» les derrotan por 5 a 2, y el revolcón dejará algunos  damnificados. Principalmente Torres, que va a pagar los platos rotos y saldrá del equipo, para ya no volver salvo en contadísimas ocasiones.

Y es que en su  caso, la presencia del joven Migueli y la del hispanobrasileño Mario Marinho le apartan de la titularidad (curiosamente su habitual compañero de tareas, Gallego, va a dejar también el Barça al finalizar esa temporada 74-75, regresando al Sevilla, su equipo de origen antes de fichar por los azulgranas). En esta campaña, pues,  los números de Torres van a bajar considerablemente (15 partidos de Liga, 4 en la Copa de Europa y ninguno en la Copa), pero eso no es nada comparado con la siguiente, la 75-76, en la que el nuevo técnico, el alemán Hennes Weisweiler, no le va a dar cancha en absoluto. El balance de Torres es paupérrimo (tan sólo interviene en un encuentro de Liga), y por eso, justo a punto de cumplir los 33 años de edad, decide colgar las botas.

Va a recibir, junto a Salvador y Quimet, sus compañeros en tantas batallas,  un cariñoso homenaje en el «Camp Nou», el 1 de septiembre de 1976 (al que ya nos hemos referido en anteriores artículos dedicados a Sadurní y Rifé), y al igual que el segundo de ellos, ingresará automáticamente en los servicios técnicos del Barça. En la temporada 78-79 dirige al Barcelona Atlético, el filial azulgrana, Y en abril del 79, ya con Josep Lluís Núñez  empuñando las riendas de la entidad, va a sentarse en el banquillo del primer equipo, como segundo de Rifé, tras el cese del antiguo compañero de ambos, Lucien Muller, el primer entrenador de la «Era Núñez»

Muy poco después, Toni Torres asistirá en directo a la primera gran victoria europea del Barça, la conquista de la Recopa del 79, derrotando en Basilea al Fortuna de Dusseldorf alemán (4 a 3 ), acompañados de un desplazamiento masivo de aficionados culés. Pero las «vacas gordas» no van a durar mucho en Can Barça…Rifé y Torres comienzan la temporada 79-80 en el banquillo, pero el equipo, a pesar de los importantes refuerzos (el más llamativo de ellos, la incorporación del danés Allan Simonsen), no carbura, y el goleador del equipo, el austríaco Hansi Krankl, incluso va a dejar la entidad. De modo que Rifé y Torres toman pronto el camino de tantos y tantos técnicos que les precedieron, siendo destituidos en marzo de 1980, llegando en su lugar una vieja gloria como Helenio Herrera, ya sobradamente sexagenario.

Torres retornará al banquillo del Barcelona Atlético, al cual dirigirá en Segunda B las temporadas 80-81 y 81-82, consiguiendo al final de esta el ascenso a Segunda A. En 1983 firma por el CD. Castellón, permaneciendo en la capital de La Plana hasta mediados de la campaña 84-85, cuando recibe una oferta del otro club en el que había militado como jugador, el Hércules de Alicante, que pasaba por serios apuros para mantenerse entre la élite del fútbol español. Es su debut en Primera División, y consigue asegurar la permanencia. Inicia la campaña siguiente, pero los malos resultados van a volverse contra él, siendo cesado tras ocho jornadas.

Posteriormente encaminará sus pasos hacia el deporte-base, donde había fundado, en 1984, un prestigioso centro de formación, la Escuela TARR, que recibe precisamente ese nombre de las iniciales de los cuatro antiguos jugadores internacionales del Barça que la crearon, Torres, Asensi, Rifé y Rexach. Y no sólo va a continuar ligado al fútbol mediante la enseñanza, sino a través de su propia familia. Su hijo Antonio Torres Pareja, va a seguir sus pasos, y actuando en la misma demarcación de defensa central. Más corpulento (1,83 de altura y 81 kilos de peso) que su padre, durante una carrera profesional de tres lustros, con casi 500 partidos en Segunda B, va a militar en clubes como el Mallorca B, el Nástic de Tarragona, el Benidorm y el Alicante, y tras su retirada será director deportivo del histórico Alcoyano durante varias temporadas. Y en cuanto a su hija Marta, va a contraer matrimonio con el alicantino Guillermo Amor, jugador internacional del Barça durante una década.

Toni Torres va a fallecer el 24 de febrero de 2003, víctima de una cruel enfermedad. Con él se iba uno de los mejores exponentes de la cantera catalana, un gran defensa y un magnífico jugador de club, siempre disciplinado y correcto, dándolo todo en defensa de sus colores, un central mítico dentro de esa extraordinaria tradición blaugrana que parte del recientemente fallecido Gustau Biosca, y llega hasta el ya mítico Carles Puyol, pasando por los Gensana, Olivella, Gallego, Migueli, Olmo, Alexanko, Nadal o Abelardo.




Eladio: el gran lateral izquierdo azulgrana de los años 60

Surgido de la excelente cantera catalana, y forjado en las categorías inferiores del Barça, Eladio Silvestre fue un defensa duro y expeditivo, de los que marcaban el territorio desde el minuto 1, no regalándole nada al delantero que osase aparecer por su parcela. Sucediendo en el lateral izquierdo de la zaga blaugrana a otro futbolista legendario como fue Sigfrid Gracia, durante casi una década – principalmente entre 1963 y 1971 – el dorsal número «3» del club del «Camp Nou» fue suyo en propiedad, asomándose también con cierta frecuencia a la Selección Española. Formó parte de un sistema defensivo tan eficaz como temido por su contundencia, pero no pudo retirarse en el equipo de su vida, prolongando su carrera deportiva en Alicante y Tarragona, hasta los 35 años, edad a la que colgó las botas. Esta es, a grandes rasgos, la peripecia de uno de los mejores zagueros españoles de los años 60.

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UN CHICARRÓN DE SABADELL

La industriosa ciudad vallesana, el principal núcleo lanero del país y una localidad muy vinculada también al deporte, va a ver nacer a Eladio Silvestre Graells, hijo del matrimonio formado por Antonio Silvestre, trabajador del sector textil, y Antonia Graells. El feliz acontecimiento se produjo el día 18 de noviembre de 1940, en un barrio cuyo nombre de algún modo ya prefiguraba la futura profesión del recién nacido, la Creu Alta, donde se encontraba el terreno de juego del Centre d´Esports Sabadell, el club  local que muy poco después ascendería por vez primera a la Division de Honor del fútbol español, para regocijo de una ciudad que entonces contaba sólo con un censo de 47.831 habitantes, pero que iba a experimentar un enorme crecimiento en el transcurso de las tres décadas siguientes, hasta triplicar de largo su población.

Sus primeros contactos con el deporte rey van a producirse acompañando a su padre como espectador de los encuentros que el equipo arlequinado disputaba en su modesto recinto, y como casi todos los niños de la Postguerra, el pequeño Eladio comenzará a obsesionarse con la práctica del fútbol. De recia constitución, destacará muy en el equipo del Colegio Mercantil, al que asistía desde los cinco años, para Ingresar después en el Gimnástico Mercantil de Sabadell. Llegan a oídos de los técnicos azulgranas tanto su fortaleza como sus grandes cualidades, y el mítico Josep Boter se encarga de ficharle con diecisiete años. Jugará en el Juvenil y el Aficionado del Barça, y llega a la Selección Nacional Juvenil, con la que disputará un torneo en la capital búlgara, Sofia, formando parte de un equipo en el que también actuaban otros dos futuros internacionales, su compañero en la cantera del Barça Ernesto Dominguez, y el valenciano Guillot. En la temporada 59-60 va a ser cedido a la U.E. Lleida, para foguearse, y después pasará a las filas del Condal, el filial barcelonista.

Pero con sólo 18 años ya va a debutar en un combinado de jugadores del primer equipo y el Condal. Sucedió el 15 de mayo de 1959, en Vilafranca del Penedés y frente al conjunto local, triunfando los blaugranas por 0 a 5, y Eladio saltará al terreno de juego en la segunda parte, junto con Ribes, Papiol y Casca. Esta fue la alineación de salida: Estrems; Asensi (hermano de Juan Manuel, el famoso internacional alicantino de los años 70 ), Rifé I, Martínez; Vergés, Torrent; Hermes González, García, Suárez, San Pol y Molina. Se presentaría en el «Camp Nou» el día de Navidad de ese mismo año 59, en un amistoso contra el Stade Français ( 5 a 0 para los catalanes ), y con este equipo: Medrano; Not, Brugué ( Pedrín ), Eladio; Salut, Flotats ( Hernández ); Suco, Loayza, Domínguez, Ribelles ( Fusté ) y Coll.

Tras varias temporadas en el Condal, va a pasar a formar parte de la plantilla profesional del Barça de cara a la temporada 62-63, a las órdenes de Ladislao Kubala. Tardará en entrar en el equipo, pues su puesto lo ocupa nada menos que el internacional y reciente mundialista Sigfrid Gracia. pero el Barça va mal clasificado, su juego deja bastante que desear, y se producen continuos cambios en la alineación. De modo  que en la jornada 14, el 30 de diciembre de 1962, y en el viejo terreno pamplonica de San Juan, Kubala va a darle la alternativa en encuentro oficial. Ganó Osasuna por 3 a 1, y el Barça formó de la siguiente manera: Sadurní; Foncho, Rodri, Eladio; Segarra, Gensana; Cubilla, Zaballa, Benítez, Villaverde y Vicente. Un once raro, con Zaballa de teórico interior derecho y Benítez como ariete.

Se va a mantener en el equipo titular durante varios partidos, pero será uno de los jugadores que pagará los platos rotos de la estrepitosa derrota ante el Real Madrid en el «Camp Nou», un 1 a 5 encajado en la noche del 27 de enero de 1963, en la decimoctava jornada. Gracia volvería al lateral izquierdo, y el nuevo entrenador blaugrana, el antiguo internacional Pepe Gonzalvo, apenas contará ya  con él. En total, en su primer curso como jugador del Barça va a actuar en 8 partidos de Liga y 2 de Copa, competición esta que conquistará el club de la Ciudad Condal , pero en la que el de Sabadell nuevamente va a «pagar el pato», pues vuelve a desaparecer del equipo titular tras una vergonzosa derrota en «Altabix» ante el Elche por 4 a 1, aunque luego los catalanes conseguirán igualar la eliminatoria en el «Camp Nou», deshaciéndose finalmente de los franjiverdes tras un partido de desempate celebrado en el «Santiago Bernabéu»

Pero su suerte va a cambiar, y para bien, con la llegada del nuevo técnico, el mítico César. El leonés confiará en sus grandes facultades, y Eladio no le va a defraudar. Se alinea como lateral izquierdo en el gaditano Trofeo Carranza y también en una breve gira por México, y cuando arranca la Liga se convierte en un fijo en las alineaciones, desplazando a un Gracia que entonces contaba sólo con 31 años. El Barça no gana la Liga – tiene que contentaste con el subcampeonato -, pero Eladio va a ser una de las grandes revelaciones del año. Al final va a actuar en 29 partidos ligueros, 7 de Copa y 3 de Recopa. Su juego, duro pero noble, intenso y expeditivo, le sitúa como uno de los zagueros más en forma del fútbol español. y todo el mundo parece tener claro que no tardará en recibir la llamada del seleccionador nacional

Esa llamada no se va a producir todavía en la temporada 64-65, pero en ella Eladio se afirma aun más si cabe en su demarcación- a veces, por necesidades del equipo pasa al otro lateral o incluso al centro de la defensa – , a despecho del pobre papel realizado por el Barcelona en todas las competiciones. Junto al uruguayo Benítez y el catalán Olivella forma un terceto defensivo de mucho peso, aunque en esa campaña reciban demasiados goles. El 25 de octubre de 1964, en el «Sanchez Pizjuán» sevillano, va a sufrir su primera expulsión como jugador del Barça, al repeler la agresión sufrida por su compañero de equipo Seminario en un partido lleno de brusquedades y  que terminó con tres jugadores – los sevillistas Gallego y Diéguez y el vallesano – en la caseta antes de tiempo.  Esta temporada, infructuosa por completo para los colores azulgranas, Eladio la va a despachar con un balance de 28 partidos de Liga, 6 de Copa y 7 de Copa de Ferias. La titularidad de este mocetón de 1,79 de altura y 80 kilos de peso estaba, pues,  ya más que consolidada.

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INTERNACIONAL Y MUNDIALISTA

No sucederá lo mismo en el curso siguiente, el 65-66, donde el equipo está cerca de conseguir el título liguero, cae en las semifinales de Copa ante el futuro campeón, el Real Zaragoza, y se clasifica para la final de la Copa de Ferias, a disputar precisamente contra el conjunto aragonés, en el mejor momento de su historia. Y sí, la llamada acaba por llegar. Y no para un compromiso cualquiera, sino para formar parte de la convocatoria de 22 jugadores que acudirán a Inglaterra en el verano del año 1966, a disputar el Campeonato del Mundo de Fútbol en su VIII edición. Gracias a su excelente rendimiento, Eladio va a figurar en el selecto grupo de jugadores que se concentran en Santiago de Compostela antes de acudir a la gran cita mundialista. Y debutará en un partido celebrado en el estadio coruñés de Riazor, el 23 de junio de 1966, frente al combinado de Uruguay. Españoles y charrúas hicieron tablas ( 1 a 1 ), y José Villalonga, nuestro seleccionador, presentó ese día el siguiente equipo:  Iribar; Sanchís, Zoco, Eladio; Del Sol, Glaría ( Violeta ); Ufarte, Peiró ( Amancio ), Marcelino, Lapetra ( Adelardo ) y Gento, que sería el autor del gol.

Ya en Inglaterra, Eladio sale también en el primer encuentro de la fase de grupos, jugado en Birmingham el 13 de julio de 1966, con derrota ante Argentina por 1 a 2 ( el debutante Pirri hizo el tanto español ). Este fue el once con el que Villalonga abrió nuestra efímera participación en aquel Mundial: Iribar; Sanchís, Gallego  ( que también hacía su presentación ), Eladio; Pirri, Zoco; Ufarte, Del Sol, Peiró, Suárez y Gento. Ya no volvió a jugar en aquella competición, pero había conseguido lo que a muchos futbolistas les está vedado. Por lo demás, su temporada siguió en la línea que ya venía siendo habitual: 29 partidos de Liga ( con 2 goles marcados ), 8 de Copa y nada menos que 11 en la Copa de Ferias, torneo en el que el Barça se clasificó para la final, contra el Real Zaragoza, a disputar al comienzo de la siguiente temporada, precisamente a causa de la cita mundialista en terreno británico.

Final a doble partido en la que va actuar Eladio, y que se desarrollaría con no poco suspense: 0 a 1 en la ida, en el «Camp Nou», un resultado que parecía dejar el título en franquea para los maños, y gran remontada blaugrana en «La Romareda», 2 a 4, el 21 de septiembre de 1966, en la noche feliz del jovencísimo Lluís Pujol, autor de un «hat-trick». Esta fue la alineación del Barça que se proclamó por tercera vez campeón del torneo ferial: Sadurní; Foncho, Gallego, Eladio; Montesinos, Torres; Zaballa, Más, Zaldúa, Fusté y Pujol.

La temporada, con la excepción de este título aplazado del curso anterior, fue mala para el Barça, pero Eladio siguió en sus trece, marcando el territorio, aunque una inoportuna lesión le tuvo varios partidos fuera del equipo titular. Al final completó 21 presencias en Liga ( con la nada desdeñable cifra de 3 goles ), 4 en la «Copa del Generalísimo», y 3 en competición europea. No pudo volver a la Selección, ahora pilotada por el catalán Domingo Balmanya, pues allí tenía dos serios competidores en su puesto, el valenciano del Real Madrid Manuel Sanchís – antiguo compañero suyo en los tiempos del Condal – y el gallego del Real Zaragoza Severino Reija.

Pero en el Barça no había quien le tosiera al mocetón de Sabadell, que incluso salía airoso en sus duelos con jugadores de banda derecha tan peligrosos como Ufarte, Amancio o Canario. En la campaña 67-68, 26 partidos de Liga, 8 de Copa y 1 de la Copa de Ferias son su registro personal. Y se proclama campeón del «Torneo del KO», en la histórica final contra el Real Madrid en el «Bernabéu», la «Final de las botellas», e 11 de julio de 1968. La gran defensa Benítez-Gallego-Eladio ( en la que Gallego había sustituido al veterano Olivella ), se va a truncar a causa del súbito fallecimiento del jugador uruguayo la víspera de un trascendental Barça-Madrid. Le va a reemplazar como lateral derecho el catalán Toni Torres, habitual volante de contención, configurando una nueva zaga casi inexpugnable, protegiendo a un Sadurní en plena forma.

 LA MURALLA DEL CAMP NOU

 Tan bien se va a desempeñar este sistema defensivo del Barça, que el nuevo seleccionador nacional, el doctor Eduardo Toba, les va a convocar en bloque en los albores de la temporada 68-69, junto al medio de cierre azulgrana, el pamplonica Pedro Zabalza. Eladio, por lo tanto, volverá a paladear las mieles de la internacionalidad ante Francia ( 1-3 en Lyon ), Yugoslavia ( 0 a 0 en Belgrado ) y por partida doble ante Bélgica ( 1 a 1 en Madrid y 2-1 en Lieja, resultado que apartó a España del camino hacia el Mundial de México de 1970 ). En este choque, sumamente bronco, se produjeron algunos graves incidentes, con el propio Eladio como principal protagonista. En el minuto 70 va a ser expulsado tras un rifirrafe con un jugador belga, y la policía le retirará del campo de manera harto expeditiva, llegando incluso a agredirle. Sus mismos compañeros, para evitar males mayores, salieron en su defensa, encerrándole con llave en el vestuario hasta que los ánimos se calmasen, aunque posteriormente el zaguero azulgrana fue denunciado ante las autoridades belgas.

Luego, cuando Toba sea reemplazado  provisionalmente por el triunvirato formado por Miguel Muñoz, Luís Molowny y Salvador Artigas, los técnicos de los tres conjuntos – Real Madrid, Unión Deportiva Las Palmas y Barcelona, respectivamente – que comandaban la Primera División, el lateral azulgrana dejará su puesto a su homólogo valencianista Vidagañy. La temporada 68-69, si bien fue positiva en lo individual para Eladio, no lo va a ser tanto a nivel colectivo. Terceros en Liga, eliminados en primera ronda de la Copa por la entonces modesta Real Sociedad, y sorprendentemente derrotados en la final de la Recopa por el Slovan de Bratislava eslovaco, el Barça va a tener que contentarse con ser el equipo menos goleado – tan sólo 18 tantos encajados en 30 partidos – , algo en lo que Eladio tiene no poca responsabilidad. 28 partidos ligueros, 2 de Copa y 6 de Recopa, certifican que seguía en la linea de siempre, cuidándose en extremo, tal como el semanario «Revista Barcelonista», más conocido por las siglas «RB» , informa en un reportaje en el que se ve a Eladio preparándose para la inminente temporada en Monitrol de Calders, en plena montaña, días antes de iniciar los entrenamientos, mientras la mayoría de sus compañeros apuran las vacaciones en la playa.

Va a seguir idéntica trayectoria en el curso siguiente, el 69-70, con la salvedad de que el sólido bloque  defensivo  blaugrana sufre una nueva modificación, ya que el extremo Rifé ocupará a mitad de campaña el lugar de Torres – que vuelve al centro de la zaga, escoltando a Gallego -, para aprovechar la gran velocidad de Quimet. 26 partidos de Liga, 6 de Copa y 5 de Copa de Ferias son su tarjeta de visita, pero el último compromiso oficial de la temporada va a ser de los que hacen época, nada menos que el Barça-Real Madrid del célebre «penalti de Guruceta». Tras su señalización y las subsiguientes protestas por parte de los jugadores del Barça, de los cuales Eladio era el capitán, este va a ser expulsado por el árbitro guipuzcoano, al parecer por decirle «eres un madridista, no tienes vergüenza», mientras le aplaudía. Tuvieron que sacarlo del campo entre su compañero Pujol y el madridista Sanchís, su viejo conocido de los lejanos días del Condal, una década atrás.

Ello va a suponer, lógicamente, una sanción, que Eladio cumplirá en el arranque de la siguiente temporada. Por lo demás, la campaña 69-70 va a ser positiva para el de Sabadell en el terreno personal, puesto que el nuevo seleccionador español, Ladislao Kubala – no en balde el mismo técnico que le había hecho debutar en el Barcelona – volverá a contar con sus servicios, alineándole en los partidos contra Finlandia ( 6 a 0 en La Línea ), República Federal de Alemania ( 2-0 en Sevilla ), Italia ( 2-2 en el «Santiago Bernabéu» ) y Suiza ( con victoria española en Lausana por 0 a 1 ), es decir, en la totalidad de los disputados por el combinado nacional esa temporada.

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BARCELONA-ALICANTE-TARRAGONA

Empieza el curso 70-71, como ya dijimos.  cumpliendo su sanción, y cuando regresa al equipo va a caer lesionado, aunque no de mucha gravedad. Pero, una vez recuperado no tendrá mayores problemas para volver a hacerse con la titularidad. La defensa Rifé-Gallego-Eladio, con el valioso refuerzo de Toni Torres, continúa siendo un baluarte muy difícil de expugnar, responsable en buena parte de los éxitos  blaugranas de esa temporada, en la que el equipo, ahora dirigido por el inglés Vic Buckingham, va a luchar hasta el último minuto por el título de Liga, que finalmente se irá para Valencia, y luego se tomaron la revancha en la Copa, derrotando a los «Chés» por 4 a 3 en una emocionantísima final, plena de alternativas en el marcador e incidencias, que se va a decantar ya en la prórroga a favor de los catalanes merced a un gol de Ramón Alfonseda, hoy presidente de la «Agrupació Barça Jugadors», la asociación de veteranos del Barça. Eladio, naturalmente, formará parte del equipo campeón: Reina; Rifé, Gallego, Eladio; Torres, Costas; Rexach, Marcial ( Fusté ), Dueñas ( Alfonseda ), Zabalza y Asensi. Balance personal del lateral sabadellense: 21 partidos de Liga, 8 de Copa y 2 de Copa de Ferias.

Y llegamos así a la temporada 71-72, la décima de Eladio en la plantilla profesional barcelonista, y también la última en la que va a permanecer bajo la disciplina del club del «Camp Nou». E igual que sucedió bastantes años atrás con Gracia, también ahora Eladio será desplazado del equipo titular por un jugador más joven, en este caso el vigués Quique Costas, a pesar de no tratarse de un lateral zurdo nato, pero Rinus Michels, el prestigioso entrenador holandés  que sustituye a Buckingham en el banquillo culé, parece preferirle al veterano defensor vallesano, por lo cual Eladio tendrá que resignarse a la suplencia. Va a actuar únicamente en 10 partidos de Liga, 4 de Recopa y otros tantos de la Copa del Generalísimo, donde se despedirá del que ha sido su club durante toda una década en el último encuentro oficial de la temporada, en el «Vicente Calderón» contra el Atlético de Madrid, con derrota azulgrana por 1 a 0, que les dejaba fuera del Torneo del KO. Esta fue la alineación  en el adiós de Eladio: Reina; Rifé, Torres, Eladio; Juan Carlos, Zabalza; Rexach ( Pujol ), Marcial, Dueñas ( Alfonseda ), Asensi y Pérez. La competencia aumentaba aun más con el fichaje del lateral internacional del Granada De La Cruz, y la opción era clara: retirarse o cambiar de aires.

Con la carta de libertad en el bolsillo, esos diez años como miembro del primer equipo del Barça le hacen acreedor a un encuentro de homenaje, como va a ocurrir ese mismo verano del 72 – sin ir más lejos – con su compañero Fusté, que también había suscrito ficha profesional en la temporada 62-63, y tomado la decisión de abandonar el fútbol en ese preciso momento ( decisión que luego alteraría, firmando sorprendentemente por el Hércules de Alicante ). Pero como Eladio se sentía aun con fuerzas para seguir jugando algunas temporadas más, va a llegar a un acuerdo para renunciar a ese partido y sus hipotéticos beneficios, recibiendo a cambio una compensación económica. A renglón seguido fichará también por el Hércules, en Segunda División, club que deseaba reforzarse con vistas a retornar a la máxima categoría.

Eladio va a permanecer en tierras alicantinas durante un par de temporadas, en las cuales será titular indiscutible del conjunto herculano ( 36 y 30 partidos, respectivamente, anotando cuatro dianas cada campaña ). En la segunda de ellas consigue el ansiado ascenso, pero no va a continuar en el club levantino, pues regresa a Cataluña, donde se enrola en las filas de otro histórico, el Nástic de Tarragona, a la sazón también militando en la categoría de plata del fútbol español. En la campaña 74-75 se alinea en 17 ocasiones con el cuadro bermellón, pero en la siguiente va a quedar en blanco, siendo ese el momento en el que decide retirarse, con 35 años de edad. Y se da la curiosa circunstancia de que todo un sistema defensivo del Barcelona ( Sadurní, Rifé, Torres y Eladio ) van a colgar las botas al mismo tiempo.

El balance final de Eladio como futbolista es muy notable, con el único lunar de no haber podido conquistar nunca el Campeonato Nacional de Liga. 3 veces Campeón de Copa ( 1963, 1968 y 1971 ), una de la Copa de Ferias ( 1965-66 ) y de la «Finalísima» de dicho torneo ( 1971 ), 10 veces internacional con la Selección Absoluta ( tomando parte en un Mundial ), 428 partidos con el F.C. Barcelona, de ellos 322 oficiales y 226 concretamente en Primera División, habiendo marcado un total de 14 goles vestido de azulgrana.

Pero lamentablemente esos mismos éxitos no le van a acompañar en su reincorporación a la «vida civil», pues no le irá bien en los negocios que emprendió. Sin embargo, con la generosa ayuda de sus antiguos colegas de profesión – que le conocían cariñosamente como «el boinas», debido a su peculiar corte de pelo, a la usanza de los antiguos romanos -, Eladio va a volver a «recuperar la posición», como cuando cubría incansablemente su demarcación, manteniendo a raya a los rivales. Su futuro profesional pasará por el cargo de responsable de unas instalaciones deportivas, dependientes de la Generalitat, donde prestará sus valiosos servicios hasta el momento de su jubilación. Hoy es uno de los referentes de una época del Barça, la llamada «Travesía del desierto» de los años 60, escasa en títulos pero muy importante a nivel histórico, pues en ella se acentuó la significación metafutbolística del club blaugrana.




Sadurní: Un record en la portería del Barça

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Hasta la fecha ningún guardameta ha permanecido tantos años bajo la disciplina del primer equipo azulgrana como Salvador Sadurní. Porteros muy longevos en la defensa del marco culé como Antoni Ramallets o Víctor Valdés no llegan a las 15 temporadas completas del arquero tarraconense como miembro del plantel barcelonista, desde su primera aparición, allá por las postrimerías de la  campaña 60-61, hasta el momento de su retirada, al finalizar la 75-76, aunque a diferencia de Ramallets o Valdés, Salvador no siempre fuera titular, y conociese largas estancias en el banquillo, circunstancia que, sin embargo, no le impidió acumular un excelente registro de 464 partidos – 331 de ellos oficiales – defendiendo los colores blaugranas.

Salvador Sadurní i Urpí nació el 3 de abril de 1941, en la pequeña localidad de L´Arboç (entonces oficialmente «Arbós del Panadés»), en la provincia de Tarragona. Se trataba de un pueblo con mucha historia, y que por aquel entonces contaba con unos 1500 vecinos (en la actualidad su población oscila en torno a los 5500 habitantes). L´Arboç había sido saqueada e incendiada en varias ocasiones a lo largo de los siglos, tanto durante la Edad Media como en 1808 ( en el curso de la Guerra de la Independencia ) o en 1836, con motivo de la Primera Guerra Carlista. Situado a 35 kilómetros de Tarragona y a 53 de Barcelona, ha sido también cuna de Aureli María Escarré i Jané (1908-1968), histórico Abad del monasterio benedictino de Montserrat durante muchos años, y vive principalmente de la agricultura (vid y cereales), así como de  algunas industrias (hilatura, vinícolas, vidrio…), destacando también en la artesanía del encaje de bolillos. A nivel anecdótico, es reseñable que cuenta también con una réplica de la Giralda sevillana, a escala 1: 2, levantada a finales del siglo XIX.

Sadurní comenzó a jugar al fútbol en el patio del Colegio Salesiano, siempre de portero. Como destacaba, no tardaron en enrolarle  en las filas del equipo juvenil del Vendrell, en la temporada 56-57. A la secretaría del Barça llegaron noticias que le definían como poseedor de una planta excepcional. Josep Boter, el hombre clave de las categorías inferiores del Barça en esa época, se desplazó entonces a la localidad tarraconense para observarle «in situ», y emitió un informe muy favorable («El chico tiene facultades, especialmente bajo los palos, estatura, peso y es valiente. Si la ficha es barata, vale la pena obtenerla» ). El Barcelona sólo tuvo que enviar a su equipo de aficionados, para disputar allí un partido de «fiesta mayor». El precio del autocar y la merienda-cena para los jugadores costó 6.000 pesetas de entonces, y este fue el coste  total del fichaje de Sadurní ( según cuenta la revista «BARÇA», en su número  686, correspondiente al 8 de enero de 1969 ). Salvador, pues, se integró en los juveniles del Barça, donde militaría durante las temporadas 57-58 y 58-59, proclamándose campeón de España en esta última campaña, tras dos partidos disputados en Madrid frente al Sevilla, y que finalizaron ambos con empate a dos tantos, alzándose los azulgranas con el título debido a su menor promedio de edad con respecto al rival. Sadurní disputó el primer encuentro, siendo sustituido en el segundo por Andrés Rodríguez Serrano, Rodri II, que sería también portero del Barça, así como de otros equipos ( Levante, Zaragoza, Real Valladolid, Jerez Deportivo…)

EN POCO MÁS DE UN AÑO, DE TERCERA DIVISIÓN AL MUNDIAL

De cara a la temporada 60-61, y con tres porteros como Ramallets, Rodri II y Medrano en la primera plantilla barcelonista Saduní va a ser cedido al Mataró, de la Tercera División, que pasaba grandes apuros para mantener la categoría. Si no había sitio para los más experimentados Celdrán y Piñol, difícilmente iba a haberlo para un muchacho de 19 años, a pesar de las grandes cualidades que apuntaba. Pero antes de que finalizase su campaña con los del Maresme, el Barça va a repescarlo, debido a las lesiones de Rodri II y Medrano. Así, en algún partido de Liga ya va convocado – por ejemplo, en el campo del Español, pero su debut oficial se producirá en 11 de mayo de 1961 en «El Molinón», en un partido de Copa frente al Sporting ( entonces «Real Gijón ). En la ida habían vencido ya los blaugranas por 7-1, y el encuentro se presentaba de este modo como un mero trámite, perfecto banco de pruebas para dar la alternativa a un joven jugador en una demarcación tan importante como la portería. Esta fue la formación barcelonista ese día: Sadurní; Foncho, Olivella, Gracia; Vergés, Segarra; Tejada, Ribelles, Coll, Villaverde y Czibor. Vencieron los catalanes por 2-4, marcando los goles Villaverde (2 ), Coll y Czibor. Enrique Orizaola ocupaba el banquillo del Barça.

Con vistas a la temporada 61-62 van a producirse grandes cambios en la portería azulgrana. Se retira del fútbol el mítico Antoni Ramallets, y para sustituirle el Barça ficha a un prometedor guardameta, el castellonense José Manuel Pesudo, arquero del Valencia. Son también baja en la plantilla Medrano -que vuelve a su Argentina natal – y Rodri II, cedido al Racing de Santander, y por contra regresa de su préstamo a Osasuna Celdrán, con lo cual el trío de cancerberos va a estar formado por el levantino Pesudo y los catalanes Sadurní y Celdrán, entre los que tendría que escoger el nuevo técnico barcelonista, el también catalán Lluís Miró, casualmente antiguo portero del club en los primeros años 40 ( fue el guardameta que encajó el humillante 11 a 1 en partido de Copa frente al Real Madrid, disputado en el viejo campo de Chamartín en 1943 )

Miró va a dar de entrada la titularidad a Pesudo, en una decisión lógica, pues a pesar de su juventud era el más experimentado en Primera División, donde ya había jugado asiduamente durante dos temporadas y media. Pero Sadurní no se desespera ni baja la guardia, sino que sigue trabajando y entrenando con ahínco, consciente de que su oportunidad tiene que llegar. Y efectivamente llega, mediada la temporada y con un Barça ya alejado del liderato y no demasiado satisfecho con el rendimiento de su guardameta titular. Kubala – que ha reemplazado a Miró precisamente a causa de los malos resultados – le da la alternativa al de L´Arboç el 4 de febrero de 1962, en la vigesimosegunda jornada de Liga ante el Real Oviedo en el «Camp Nou», con victoria culé por 4 goles a 1 y la siguiente alineación: Sadurní; Segarra, Gensana, Gracia; Marañón, Garay; Pereda, Kocsis, Eulogio Martínez, Villaverde y Vicente. Sadurní responde a su confianza con una serie de buenas actuaciones, que impresionan también a los responsables del combinado nacional , Pablo Hernández Coronado como seleccionador y Helenio Herrera en el papel de preparador físico, que le van a incluir en la lista de 22 jugadores para el Campeonato del Mundo a disputar en Chile. No va a jugar allí un solo minuto ( Carmelo se alineará en  dos partidos,  y Araquistáin actuó en el otro), pero la convocatoria supondrá un gran espaldarazo  para un futbolista de sólo 21 años que acaba de iniciar su carrera profesional. En esta su auténtica temporada de estreno en el marco blaugrana, Sadurní va a intervenir en un total de 14 encuentros oficiales ( 9 de Liga, 3 de Copa y 2 de Copa de Ferias )

DEBUT COMO  INTERNACIONAL EN EL PROPIO «CAMP NOU»

En la siguiente temporada, la 62-63, Sadurní compartirá  el marco con Pesudo  casi «fifty-fifty» ( pues se va a alinear en 15 partidos de Liga ),  aunque el levantino se convertirá  en el arquero titular en el torneo copero, donde el de L´Arboç no llega ni a estrenarse y el Barça conquista el título, al batir en la final, disputada en el propio «Camp Nou»,  al Real Zaragoza por 3 a 1. No obstante es en esta campaña en la que Sadurní va a paladear por primera vez las mieles de la internacionalizad, y en su mismísima casa. En efecto, el 9 de enero de 1963 el coliseo barcelonista alberga un encuentro amistoso contra la selección de Francia, en el que el técnico español, José Villalonga, pone en liza la siguiente formación: Sadurní; Rivilla, Echeberría, Calleja; Glaría, Paquito; Collar ( Serena ), Adelardo, Morollón, Guillot y Gento. Empate sin goles y debut agridulce: Salvador mantiene su portería a cero, pero el equipo no consigue la victoria. El balance de la campaña, no obstante, es discreto: 19 encuentros oficiales ( los 15 ya mencionados en Liga, más otros 4 en Copa de Ferias )

Con un nuevo técnico en el banquillo azulgrana, el gran delantero leonés de los años 40 y 50 César Rodríguez, Sadurní va a completar su mejor temporada hasta entonces en el curso futbolístico 63-64, en el que paradójicamente comenzó jugando como titular Pesudo. Pero una lesión del castellonense le va a abrir de par en par las puertas del equipo, con el joven Comas como suplente suyo. El Barça está a punto de conquistar el título liguero, aunque en la recta final su rendimiento va a flojear y el título se lo queda nuevamente el Real Madrid, en la última temporada de Alfredo Di Stefano como jugador blanco. Los aficionados culés empiezan a familiarizarse con las grandes cualidades de Salvador, un portero alto -1,83 -, de gran envergadura  y con peso ( en torno a los 87 kilos ), bien colocado generalmente, sobrio en sus movimientos y valiente en las salidas pero al que aun le falta cierta seguridad que irá ganando con el tiempo, a base de partidos. 22 encuentros de Liga, 8 de Copa del Generalísimo y 1 de Recopa hacen un total de 31 compromisos oficiales, su mejor tarjeta de visita hasta la fecha.

Y al año siguiente, 1964-65, hace pleno, ya que consigue jugar todos los partidos oficiales, hasta completar 43 compromisos ( los 30 de Liga, más 6 de Copa y 7 en el torneo ferial ). Pesudo se pasa toda la temporada en blanco, y justo antes de comenzar esta fracasa un intento para fichar al veterano guardameta catalán Vicente, al que el Real Madrid acababa de dejar libre, pero que es descartado por los servicios médicos barcelonistas. Es una buena temporada para Sadurní a nivel personal – al final de la cual contraerá matrimonio -, pero en lo colectivo el equipo decepciona profundamente a todos sus socios y seguidores, no pasando del sexto puesto en la Liga, y sin llegar muy lejos en las dos competiciones restantes.

Sin embargo de cara a la temporada 65-66, con nuevo inquilino en el banquillo barcelonista – un antiguo jugador «merengue», el argentino  Roque Olsen -, un Pesudo ya recuperado va a retornar al marco azulgrana, tras unos primeros partidos jugados por Sadurní. El castellonense protagonizará como titular la gran remontada que llevará al equipo hasta las puerta del título liguero, aunque aflojará justo al final, para verse rebasado por el Atlético de Madrid, que será el campeón, y el Real Madrid. Y no sólo eso, sino que también va a proclamarse como el portero menos goleado de  toda la Primera División, haciéndose acreedor al prestigioso trofeo «Zamora». Y por si eso fuera poco, a Sadurní le crece la nómina de competidores, ya que a principios de 1966 el Barça ficha a un jovencísimo y muy prometedor guardameta cordobés, Miguel Reina, que parece llamado a ocupar la portería del club catalán para muchos años. Además, su estilo está en las antípodas del de Salvador, pues se trata de un arquero muy ágil y espectacular, con grandes reflejos, y que ya se hace con el puesto nada más aterrizar, pues si bien no puede alinearse en la Liga por haberlo hecho ya con el equipo representativo de la Ciudad de los Califas, actuará en los partidos de Copa de Ferias, y más tarde en los de la Copa del Generalísimo.

TRES TEMPORADAS COMO TITULAR INDISCUTIBLE, SU PRIMER «ZAMORA»,  Y DE NUEVO EN LA SELECCIÓN ( 1966-1969 )

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Pero, no obstante un panorama tan sombrío, las cosas acabarán evolucionando favorablemente para los intereses de Sadurní. Pesudo, tras su gran temporada, va a marcharse de vuelta a su club de origen, el Valencia, y Reina – tercer portero en el Mundial de Inglaterra tras su llegada -, si bien comienza jugando como titular en los partidos previos a la temporada 66-67 ( entre ellos, los correspondientes a la primera edición del Trofeo «Joan Gamper», recién creado por el dinámico y polémico presidente barcelonista Enric Llaudet ),  va a sufrir una grave lesión. Ante ello, Olsen no va a tener más remedio que recurrir a los servicios de Sadurní, ya que ni el tercer guardameta Rodés, ni el jovencísimo Mora – que viene pegando muy fuerte desde las categorías inferiores – poseen la experiencia suficiente como para alinearles en un puesto tan delicado y de tanta responsabilidad como es la portería del Barça.

De modo que Sadurní, aunque sea por la fuerza  de las circunstancias, retornará al marco blaugrana. Y a pesar de que el desempeño del equipo en esta temporada 66-67 no va a ser nada bueno, cumplirá su campaña más completa como guardameta barcelonista. Y la va a iniciar con muy buen pie, triunfalmente, ya que se corona campeón de la Copa de Ferias en la final aplazada desde la temporada anterior a causa de la disputa del Mundial inglés. La jugaron Real Zaragoza y Barcelona, y los maños van a imponerse en el choque de ida, en el «Camp Nou», por 0 a 1, con un solitario gol del brasileño Canario. Parecían tener todos los pronunciamientos a su favor para alzarse con el título, pero en la devolución de visita a «La Romareda» el joven Lluís Pujol, 19 añitos, va a hacer el partido de su vida, y con un «hat-trick» llevará al Barça en volandas hasta la consecución de su tercer título ferial, tras los de las dos primeras ediciones del torneo, 1955-58 y 1958-60, al vencer  los blaugranas por 2 a 4 ( el otro tanto lo marcó Zaballa ). Era el primer campeonato en cuya consecución intervenía directamente el guardameta de L´Arboç, y esta fue la formación que presentó el Barça en el feudo aragonés aquel 21 de septiembre de 1966: Sadurní; Foncho, Gallego, Eladio; Montesinos, Torres; Zaballa, Mas, Zaldúa, Fusté y Pujol

Sin embargo, sólo dos meses más tarde, el mismo Barça era sorprendentemente apeado de la siguiente edición de la Copa de Ferias por el modesto conjunto escocés del Dundee United, que le derrota en ambos partidos. La Liga tampoco va a ser favorable para sus intereses, pues el Real Madrid, sin demasiados problemas, se impone de nuevo en el Torneo de la Regularidad, en una campaña que contó con el RCD. Español como animador y auténtico equipo revelación, ya que los blanquizales, con su mítica delantera de «los Cinco Delfines» ( Amas, Rodilla, Re, Marcial y José María ) se clasificaron en un brillante tercer lugar. Y en la Copa continuó la mala racha barcelonista, pues tras eliminar discretamente al Málaga, de Segunda División, los culés van a caer ante el Atlético de Madrid, superados tanto en el flamante estadio de la Ribera del Manzanares como en el propio «Camp Nou».

El curso va a saldarse para Sadurní con 32 partidos oficiales en su haber, 28  de Liga y 4 en la Copa de Ferias, en tanto que en la del Generalísimo Reina, ya recuperado de su grave lesión, regresará a la titularidad. Y como el Barça iba a contar con un nuevo técnico para la siguiente temporada, la 67-68 – el catalán y tocayo suyo Salvador Artigas, antiguo jugador del club en los años 30 y piloto del bando republicano en la Guerra Civil – se abre de nuevo para Sadurní un compás de espera, hasta ver por quien se decanta el entrenador recién llegado para ocupar un puesto de tanta responsabilidad como el de portero.

Y la decisión de Artigas va a ser que el de L´Arboç  se situe en el marco. Apuesta, por consiguiente, a favor de la experiencia, y el tarraconense no le va a defraudar, sino que despachará una gran temporada, a la que el título de Copa le pondrá la guinda. En la Liga 67-68 tampoco consigue el Barça coronarse campeón ( era el octavo año consecutivo en el que fallaba en sus aspiraciones ), pero aun así, le puso las cosas difíciles al Real Madrid, que revalidó su entorchado, con una estupenda Unión Deportiva Las Palmas ( con los Tonono, Martín Marrero, Castellano, Guedes y Germán como grandes figuras ), que bajo la batuta de Luís Molowny conseguirá una muy meritoria tercera posición.

Es también el año de la súbita y llorada muerte de Julio César Benítez, el gran jugador uruguayo que va a fallecer en circunstancias aun hoy no del todo aclaradas, en vísperas de un trascendental Barça-Real Madrid, el sábado 6 de abril de 1968, el mismo día en que Massiel, representando a Televisión Española en el Festival de Eurovisión celebrado en Londres, logró el triunfo cantando el tema «La, la,la», después de que Joan Manuel Serrat hubiese renunciado a defenderlo, al no habérsele permitido interpretarlo en catalán ( aunque pocos meses más tarde el «Noi del poblé Sec» iniciaba una brillantísima carrera artística en castellano )

Aquella temporada también el Barça va a resultar eliminado de la Copa de Ferias a las primeras de cambio, a pies del aun más humilde Zurich suizo, pero en la Copa del Generalísimo se resarcirá por fin con creces de tanto fracaso. Pero antes Sadurní, que estaba cuajando una estupenda campaña, va a llevarse la alegría de retornar a la Selección Española por la puerta grande, algo que el mítico José Ángel Iríbar les estaba impidiendo a él y al resto de guardametas de su generación. El seleccionador nacional, el gerundense Domingo Balmanya, le convoca  para la decisiva eliminatoria de la Eurocopa frente a Inglaterra, entonces vigente Campeona del Mundo. Así, Sadurní va a alinearse en el partido de ida, en el mítico «Wembley» londinense, encajando un solo gol ( vencieron los británicos por 1 a 0, marcado por Bobby  Charlton en las postrimerías del choque ), y dejando de ese modo las espadas en todo lo alto para la vuelta, a disputarse en Madrid.  Ese día, el  8 de mayo de 1968, el de     L´Arboç volvió a defender el marco español, pero tuvo que sacar en dos ocasiones el balón de su portería, porque los ingleses vencieron por 1 a 2, eliminando así al combinado nacional de la Eurocopa 68. Este fue el equipo que presentó Balmanya: Sadurní; Sáez, Gallego, Canós; Pirri, Zoco; Rifé, Amancio, Grosso, Velázquez y Gento

Pero en la Copa Sadurní y el Barça se van a desquitar. Caen sucesivamente eliminados el Sporting ( entonces «Real Gijón», de Segunda División ), la Real Sociedad, el Athletic de Bilbao – con una actuación portentosa de Salvador en San Mamés – y el Atlético de Madrid ( tras una brillante y emotiva remontada en el «Camp Nou» ). La final, sin embargo, se presenta muy difícil y complicada, ya que el rival es nada menos que el Real Madrid, y en su propio feudo del «Santiago Bernabeu» ( entonces las finales no presentaban los desplazamientos masivos de aficiones que se ven ahora, de modo que el Barça iba a estar totalmente en minoría, en territorio «hostil» )

El encuentro, disputado el 11 de julio de 1968, respondió a lo que se esperaba de un choque de esas características, es decir, escaso juego y emoción a raudales. Artigas presentó la siguiente alineación: Sadurní; Torres – que ocupaba la demarcación del fallecido Banítez -, Gallego, Eladio; Zabalza, Fusté; Rifé, Zaldúa, Mendonça, Pereda y Rexach. Arbitró el colegiado balear Antonio Rigo Sureda. Un solitario tanto, marcado en su propia puerta por el central madridista Fernando Zunzunegui, recientemente fallecido, nada más iniciarse el choque, le daría el triunfo al Barça. El partido va a ser muy accidentado, pues parte del público asistente reacciónó de manera incívica y muy poco deportiva, arrojando envases de cristal al terreno de juego, en señal de protesta por lo que ellos entendían como  arbitraje parcial del señor Rigo, que a su juicio había dejado de señalar como penalti alguna falta cometida por los blaugranas en su área. A causa de estos graves incidentes, el partido va a pasar a la historia del fútbol español como «la Final de las botellas», y traerá aparejada la prohibición de servir bebidas dentro de envases de vidrio en los terrenos de juego españoles. Sadurní cuajó una excelente actuación, poniendo  broche de oro a una brillante temporada, la de su definitiva consagración,  en la que se había alineado en 37 encuentros oficiales, desglosados de la siguiente manera: 28 en Liga, 1 en Copa de Ferias y 8 en la Copa del Generalísimo. Seguía viviendo en su pueblo natal, e iba a entrenar a Barcelona y volvía para almorzar, conduciendo su propio coche, sin sufrir nunca un solo percance en la carretera.

Salvador, a sus 27 años, pasaba pues por el mejor momento de forma de toda su carrera, y ello se va a corroborar en la campaña siguiente, la 68-69. Con Artigas  por segundo año consecutivo en el banquillo – algo inusual en el Barça de los 60 -, el club no va a realizar un buen campeonato ( incluso cederá su habitual segundo puesto, en favor de una sensacional U.D. Las Palmas ). El Real Madrid va a estar intratable de principio a fin de la competición – tan sólo perderá un único partido, en Elche, en la jornada 28  ), pero al menos en la faceta defensiva el Barça va a dar la talla, con un bloque compuesto por Sadurní, Torres, Gallego y Eladio, con Zabalza como refuerzo, muy difícil de batir. Tanto, que en los 30 partidos ligueros – Sadurní hará pleno, no perdiéndose ninguno –  tan sólo va a encajar 18 tantos, lo que le valdrá para conquistar por primera vez el trofeo «Ricardo Zamora» al guardameta menos goleado.

Tan brillante rendimiento le llevaría nuevamente a las filas de la Selección, donde competirá por el puesto con un Iribar en horas bajas. Sadurní va a jugar 6 partidos , entre ellos el de Helsinki, donde una España ya desahuciada para el Mundial de México-70, va a hacer no obstante el ridículo al caer ante la modestísima Finlandia por 2 goles a 0, en la que va a suponer  su última presencia en el equipo nacional. En total, Sadurní fue 10 veces internacional, una cifra que si bien es respetable en una época en la que se jugaban pocos partidos a nivel de selección, de no haber coincidido con «el Chopo» a buen seguro que hubiera sido bastante más elevada.

En la Copa, sin embargo, el Barça va a ser eliminado en primera ronda por la Real Sociedad, al caer estrepitosamente derrotado en Atocha por 5 a 1 – en una tarde aciaga donde pierde por lesión a uno de sus bastiones defensivos, Toni Torres ( con anterioridad había perdido también a su central titular, el andaluz Gallego )- y no poder superar o al menos igualar dicho tanteo en el «Camp Nou», con un insuficiente 3 a 0. Mucho mejor, aunque a la postre también decepcionante, sería su andadura por la Recopa, donde va a eliminar sin demasiados problemas al Lugano suizo, al Lyn noruego – este con muchas dificultades pese a lo endeble de los escandinavos –  y con brillantez al potente conjunto alemán del Colonia, para enfrentarse en la final de Basilea a un semidesconocido cuadro centroeuropeo, el Slovan de Bratislava, de Checoeslovaquia, ante el que caerá derrotado contra todo pronóstico por  2 a 3, en una tarde-noche de graves errores, tanto en la zaga como en el ataque. Esta fue la alineación que no pudo ser campeona en Basilea ( aunque el Barça se resarciría diez años más tarde, en el mismo torneo y con el mismo escenario ) : Sadurní; Franch ( Pereda ), Olivella, Eladio; Rifé, Zabalza; Pellicer, Castro ( Mendonça ), Zaldúa, Fusté y Rexach. 38 partidos oficiales constituyen su segunda cifra más elevada hasta entonces ( tras la de 1964-65 ). con 30 en Liga, 2 de Copa y 6 en la Recopa, así como seis internacionalidades. Un año redondo en lo personal, aunque no en lo colectivo.

A LA SOMBRA DE MIGUEL REINA ( 1969-1973 )

1969-70, con Salvador Artigas por tercer año consecutivo en el banquillo catalán, se presenta con los mejores augurios para Sadurní, pero…Lógicamente va a comenzar la Liga defendiendo el marco azulgrana. Y el primer partido no puede ser más interesante : el gran clásico del fútbol español, enfrentando a Barcelona y Real Madrid en el «Bernabeu». Va a ser el encuentro de la tristemente célebre lesión de Miguel Ángel Bustillo, el ariete internacional aragonés que acababa de marcar dos goles en la portería blanca y tiene que ser retirado del terreno de juego tras una dura entrada del central merengue De Felipe. El choque – en el que debutaron Marcial por los blaugranas y Fleitas por los locales – finalizaría con un espectacular empate a tres. Y los tres tantos encajados por Sadurní no van a dejar muy feliz a Artigas, que para el siguiente compromiso liguero frente al Deportivo de La Coruña en el «Camp Nou», prescindirá del de L´Arboç, dándole la alternativa a Miguel Reina, que se va a hacer rápidamente con el puesto, llegando a debutar varias semanas después con la Selección Absoluta, en un partido contra Finlandia celebrado en La Línea de la Concepción, que también fue el primero en el que Ladislao Kubala dirigió al combinado nacional.

Va a ser el comienzo de una etapa muy negativa para Sadurní, en la que se asomará al equipo titular con cuentagotas. Para empezar, en aquella campaña 69-70 tan sólo va a jugar 5 partidos de Liga y 1 de Copa de Ferias, un balance incluso peor que el de la temporada de su debut efectivo, la 61-62. Poco importaba que el Barça quedase nuevamente en blanco ese año. No había debate en la portería. Aunque sí lo habría, curiosamente, en la siguiente, la 70-71.

En la pretemporada Reina continúa como titular indiscutible, gozando de la absoluta confianza del técnico inglés Vic Buckingham, a la sazón ocupando el banquillo barcelonista. Y así llegó el tradicional Trofeo «Joan Gamper», que cumplía su quinta edición, y hasta la fecha siempre se había quedado en las vitrinas del Barça. Entonces se disputaba con formato de cuadrangular, y el primer partido corresponde jugarlo contra un destacado equipo soviético, el Dynamo de Moscú. En 1970 era una absoluta novedad y un gran aliciente para el espectador ver a conjuntos de la URSS actuando en nuestros terrenos de juego, y el choque levantó una gran expectación, porque además en la meta rusa estaba nada más ni nada menos que un arquero legendario donde los haya, el fenomenal Lev Yashin,»la Araña Negra», elegido Mejor Futbolista Europeo, galardonado con el «Balón de Oro», en 1963, siendo hasta el día de hoy el único guardameta en conseguir semejante distinción, a pesar de hallarse ya en la recta final de su portentosa carrera.

Pero aquella noche de agosto los moscovitas, practicando un fútbol abierto y moderno, físico y técnico a la vez, de desmarques a los espacios abiertos, superaron a un Barça ramplón y romo, y le golearon a domicilio con un concluyente 0 a 5 ( y eso que el árbitro, el madrileño Antonio Camacho, les anuló dos tantos ). Todo el Barça estuvo fatal, pero el público la tomó con Reina, injustamente, porque el cordobés no había sido en absoluto el responsable de la debacle. De modo que en el encuentro de consolación para el tercer y cuarto puesto, frente al Schalke 04 alemán,va a ser Sadurní quien de nuevo ocupe la portería azulgrana.

Seguirá haciéndolo en los primeros compromisos ligueros, con un Barça que parte como líder en las jornadas iniciales, pero una derrota en el «Camp Nou» ante el Valencia – equipo que a la postre se haría con el título esa temporada- le apartará nuevamente de la portería, aunque Buckingham utilizará una curiosa fórmula para cubrir el puesto, alineando a Reina en los desplazamientos y utilizando a Sadurní en casa, por considerar que el aficionado culé  recibiría mejor al catalán que al andaluz. Esta curiosa alternancia de guardametas se va a mantener durante unas cuantas jornadas, en el tramo central de la competición, hasta que finalmente Reina vuelva a monopolizar el puesto, en el tramo final del campeonato, que el Barça tampoco conseguirá conquistar al empatar únicamente en el partido decisivo, en el «Manzanares», y ante el otro aspirante al título, el Atlético de Madrid, dándose así el único resultado que beneficiaba a un Valencia que, perdedor en «Sarriá» frente al Español, quedaba a expensas de lo que pasase en Madrid, pues una victoria azulgrana o rojiblanca le pondría la Liga en bandeja al ganador.

En la Copa Sadurní ni siquiera llega a estrenarse, y en cambio Reina va a cuajar excelentes actuaciones. Sucesivamente quedan eliminados Villarreal – entonces un cuadro modestísimo, recién ascendido a Segunda División -, Athletic de Bilbao, Deportivo de La Coruña y Atlético de Madrid, y en una final que ha pasado a la historia por lo emocionante y movido del marcador, el Barça vuelve a proclamarse Campeón de la Copa del Generalísimo al tomarse cumplida revancha sobre los valencianistas, venciéndoles por un épico 4 a 3. Los números de Sadurní van a mejorar algo ( 17 partidos oficiales: 13 en la Liga y 4 en la Copa de Ferias ), pero sigue muy lejos de sus mejores registros. Incluso llega a correr el rumor de que el Real Madrid se interesa por sus servicios, en un momento de indefinición en la meta blanca, con Betancort y Junquera en horas bajas, Miguel Ángel aun bisoño, y el murciano José Luís Borja fichado como solución de emergencia.

Con Rinus Michels ahora en el banquillo del «Camp Nou», la situación de Sadurní incluso empeora. Tan sólo juega 5 partidos de Liga en la campaña 71-72, más otros tres en competición europea. No obstante sigue trabajando para mantenerse a punto, siempre que el equipo requiera de sus servicios. Pero las cosas van de mal en peor, y así en el curso 72-73 tan sólo se alineará en un encuentro oficial, y eso debido a un sonado incidente. Esa temporada, por decimotercer año consecutivo, el Barça había fracasado en su asalto al título liguero. También había caído eliminado en la primera ronda de la Copa de la UEFA ( el torneo europeo que venía a reemplazar a la obsoleta Copa de Ferias ), y a pies del Oporto portugués. Quedaba tan sólo la Copa del Generalísimo como tabla de salvación, que ya lo había sido en algunas ocasiones ( 1963, 1968, 1971…)

El Barça va a deshacerse de su primer oponente, el decano del fútbol español, Recreativo de Huelva, sin  ninguna brillantez, y el sorteo le deparará un nuevo rival andaluz y de Segunda División, el Sevilla, que en aquellos momentos  navegaba por la Categoría de Plata. El encuentro de ida en el «Sánchez Pizjuán» va a ser desastroso, y el Barça cae derrotado por 3 a 1. Aquella noche, en su hotel de la capital hispalense, varios jugadores se reúnen en una habitación, para matar el rato jugando a las cartas, y no se les ocurre nada mejor que solicitar que les suban champán. Su petición llega a oídos de Michels, un técnico duro y amante de la disciplina ( no en balde era conocido como «Mister Mármol» ), que va a presentarse personalmente llevando el pedido en una bandeja, como improvisado camarero. Cuando los jugadores le ven aparecer, se quedan literalmente a cuadros. La violenta escena va a subir de tono, y en un momento dado las botellas y los vasos rodarán por los suelos, con tan mala fortuna que un vidrio va a lastimar en un pie a uno de los jugadores allí presentes, que no es otro que el guardameta Miguel Reina.

El escándalo trae cola. El club sanciona económicamente a todos los jugadores que actuaron en el «Pizjuán», por bajo rendimiento, pero también les impone una multa muy dura a los implicados en el incidente, y para el partido de vuelta – saldado con un insuficiente 1-0 -, Michels prescinde del concurso de Reina, y coloca en su lugar a Sadurní, en la que sería su única actuación oficial en toda la temporada. Poco después el guardameta cordobés abandona el Barcelona, traspasado al Atlético de Madrid. Una puerta a la esperanza parece abrírsele a Salvador, aunque  tendrá que disputarse el puesto con un paisano suyo, el también tarraconense Pere Valentí Mora, quien tras sucesivas cesiones a Mestalla, Real Oviedo y Elche, ya acumula la suficiente experiencia como para debutar en Primera División. Pero una lesión del de Vilaplana en la pretemporada le allanará el camino de la titularidad a Sadurní, teniendo el club que fichar al menorquín Capó de prisa y corriendo, para ejercer de suplente.

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DOS NUEVOS «ZAMORA» Y RETIRADA A LOS 35

La temporada 73-74 va a ser testigo de la «resurrección» deportiva de Sadurní, y también de un hecho histórico: catorce años después de su último título, el Barça vuelve a ganar la Liga. De la mano del astro holandés Johan Cruyff, fichado a golpe de talonario en el verano tras arduas negociaciones con el Ajax de Amsterdam, merced a la apertura de fronteras que permite contratar hasta dos jugadores extranjeros por club –  el otro fue el peruano Hugo «Cholo» Sotil -,  los azulgranas, después de un pésimo arranque liguero ( coincidiendo con el retraso del debut del «Flaco», debido a complicaciones de índole burocrática ), enhebran una gran racha de victorias en cuanto Cruyff puede alinearse por fin, que culminarán con el mítico 0 a 5 en el «Bernabeu» destrozando al Real Madrid a domicilio, y terminan proclamándose campeones matemáticamente en el gijonés estadio de «El Molinón», el 7 de abril de 1974, al derrotar a los locales por 2 a 4. El único «lunar» para Sadurní es no haber podido saltar al campo precisamente la noche del grandioso triunfo sobre los merengues, por culpa de una inoportuna lesión, jugando en su lugar Mora, que hacía de esa forma su debut oficial con el Barça. Pero en la alineación titular de esa gloriosa e inolvidable temporada sí que está Salvador con todo merecimiento: Sadurní; Rifé, Torres, De la Cruz; Costas, Juan Carlos; Rexach, Asensi, Cruyff, Sotil y Marcial.

El de L´Arboç va a jugar 30 partidos de Liga , y con sólo 22 goles encajados conquistará su segundo «Zamora». Y en la Copa sigue como referencia en el once blaugrana, llegando hasta la final, celebrada en el «Vicente Calderón» el 29 de junio de 1974, y donde el Real Madrid se va a tomar cumplida revancha del humillante 0-5 liguero, y goleará a los de Michels por 4 a 0, aunque en honor a la verdad hay que indicar que ni Cruyff ni Sotil pudieron alinearse, al impedir entonces la vigente reglamentación del Torneo del KO la participación de futbolistas extranjeros. En total, Sadurní va a disputar 39 partidos oficiales ( los 30 ya citados, más 2 de la Copa de la UEFA y 7 en la Copa del Generalísimo), su segundo registro más alto desde que era barcelonista.

La temporada 74-75 va a ser la del 75 Aniversario del Barça ( fundado en noviembre de 1899), y también la de su regreso, casi década y media después, a la máxima competición continental, la Copa de Europa, entonces reservada exclusivamente a los campeones de Liga de cada país. El Barça no va a poder revalidar su título liguero, puesto que su rendimiento – y también el de Johan Cruyff – bajará de manera muy sensible lejos del «Camp Nou», mientras que en la Copa de Europa llegará hasta las semifinales, aunque allí el Ledds United inglés ya resultó un obstáculo insalvable. Sadurní no va a empezar jugando el campeonato de Liga, pero una fuerte derrota en «Sarriá» frente al Español ( 5 a2 ), le devolverá a la portería. Al final, con 24 partidos jugados y 19 goles encajados, ganará su tercer y último «Zamora». En total va a alinearse en 33 encuentros oficiales ( los 24 ya mencionados, más 4 en la Copa y 5 en la principal competición continental )

Y llegamos así a la última temporada de Salvador Sadurní como futbolista en activo, la 75-76. Hay novedades en la dirección técnica del equipo, donde el prestigioso entrenador alemán Hennes Weisweiler – el «padre»  del Borussia Monchengladbach – va a reemplazar a un gastado Rinus Michels. Y también en la portería, con el fichaje del meta guipuzcoano «Pello» Artola. Con dos competidores jóvenes y de calidad, las posibilidades de Sadurní para jugar van a ser muy escasas, como de hecho se comprobará a lo largo de la campaña, en la que ni Weisweiler ni tampoco su sucesor a título interino, el cántabro Laureano Ruíz,  van a contar con él en una sola ocasión. De modo que, junto a otros dos ilustres veteranos procedentes también de la cantera, Quimet Rifé y Toni Torres, Salvador Sadurní va a abandonar la disciplina barcelonista  al finalizar  la temporada, retirándose los tres del fútbol. Recibirán el emotivo homenaje de toda la afición culé el día 1 de septiembre de 1976, en el «Camp Nou», en el transcurso de un partido amistoso que enfrenta al Barça con el Stade de Reims francés, y en el cual se imponen los azulgranas por 2 goles a 0.

Una vez colgados definitivamente los guantes, Sadurní – que también explotaba una próspera granja avícola en su localidad natal – orientará su futuro profesional lejos del fútbol, trabajando para una entidad de crédito de su  comarca, el Penedés. Va a pasar a formar parte del elenco de guardametas legendarios que han defendido la portería del Barça, al lado de Antoni  Ramallets – a quien de algún modo sucedió -, el prematuramente malogrado Urruti, Andoni Zubizarreta o el todavía en activo  Víctor Valdés, un futbolista que estaba llamado a superar su récord de permanencia en la meta blaugrana, aunque razones no aclaradas aun le empujaron a abandonar el club al final de la pasada temporada, cuando todavía le quedaba un considerable recorrido como arquero titular barcelonesa. De modo que Salvador Sadurní, conocido cariñosamente como «el Chato», a sus 73 años de edad, continúa siendo, hoy por hoy, el hombre-record bajo los palos blaugranas.

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Fusté: cerebro y motor del Barça de los años 60

Josep María Fusté i Blanch, Fusté a secas en las alineaciones, fue una de las grandes figuras del Barça y el fútbol español durante los años 60, y también uno de los héroes del que hasta hace no mucho era el único título oficial de nuestra selección, la Eurocopa de 1964, conquistada en el «Santiago Bernabéu» frente a la URSS, merced al legendario gol del zaragocista Marcelino. Participó también en el Mundial de Inglaterra de 1966, y se proclamó Campeón de Copa en los años 1963, 1968 y 1971, así como de la Copa de Ferias en la temporada 65-66 y de la Finalísima de dicha competición en 1971, aunque nunca llegó a ganar un título de Liga. Jugó 224 partidos en Primera División, con Osasuna y con el Barcelona, y 57 en Segunda con Osasuna y Hércules de Alicante, el club donde colgó las botas a los 32 años de edad.

Fusté nació en la pequeña localidad de Linyola, perteneciente a la comarca de la Pla d´Urgell, cerca de Lleida, el 15 de abril de 1941, y de no haber mediado su gran destreza en la práctica del fútbol, tal vez  se hubiese convertido en agricultor, en un típico «pagés» catalán, o ayudado a su hermano con el camión que este poseía. Pero el pequeño Josep María le pegaba muy bien al balón en el conjunto local, y muy pronto fue «descubierto» y entró en la órbita blaugrana, de la mano de Josep Boter, un mítico cazatalentos al servicio del club. Como juvenil va a proclamarse Campeón de España en 1959, en un once en el que también figuraba el guardameta Sadurní, tras empatar en la final con el Sevilla a dos tantos, tras dos encuentros, y alzándose con el trofeo debido a que el equipo barcelonista sumaba menos edad que su rival hispalense, un criterio que hoy nos parecería de lo más surrealista. Inmediatamente pasó a los aficionados del Condal, entonces conjunto nodriza blaugrana, y debutó con el primer equipo del Barça  el Día de Reyes de 1960, en el curso de un amistoso internacional que se disputó en el «Camp Nou», con el Rot Weiss de Essen alemán como contrincante, y que finalizó con victoria culé por 5 goles a 2, con la siguiente alineación: Medrano; Pinto, Rodri, Not ( Brugué ); Ribelles ( Salud ), Gensana; Suco, Loayza, Kocsis, Suárez ( Fusté ) y Coll ( Villaverde ). Sustituyendo nada menos que a Luís Suárez, Fusté marcó también uno de los goles azulgranas, en una afortunada presentación. Volvería a disputar algunos minutos en otro amistoso, varios meses más tarde, frente al Mónaco, con nueva victoria culé por 5 a 1.

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FOGUEÁNDOSE EN SAN JUÁN

Pero a pesar de su prometedora calidad, y debido a su juventud e inexperiencia, Fusté no va a tener por el momento un hueco dentro de la plantilla barcelonista, donde la presencia en su puesto de jugadores como Luís Suárez, Evaristo, Kubala, Villaverde, Ribelles o Vergés le cerraba el paso, por lo que, y de cara a la temporada 60-61, se marchará cedido a Osasuna, a la sazón dirigido por el técnico catalán y ex-jugador azulgrana Miquel Gual, junto con el guardameta Celdrán y el defensa Salvador. Con los navarros, recién descendidos a Segunda, va a despachar una gran campaña, jugando como interior izquierdo al lado de hombres como Félix Ruíz, Sabino, Zoco o Recalde, ascendiendo de nuevo a la División de Honor en calidad de campeón del Grupo Norte, tras una estupenda temporada en la que los pamplonicas sumaron 46 puntos de 60 posibles, con un espléndido balance de 21 victorias, 4 empates y sólo 5 derrotas, con 83 goles a favor – de los cuales el joven Fusté se anotó 18, habiendo jugado todos los partidos – y solamente 25 en contra.

Con 20 años el «Noi» de Linyola va a debutar en la máxima categoría, y despachará también una estupenda campaña con los rojillos: 26 partidos y 10 dianas, lo cual no estaba nada mal. Los navarros consiguen la permanencia, y a nivel individual Fusté va a ser convocado para actuar con la Selección Española «B» en un partido que se disputó el 10 de diciembre de 1961 en el estadio zaragozano de «La Romareda», y en el que los españoles derrotaron a sus homólogos de Francia por 3 a 2, con la siguiente alineación: Pesudo; Echeberría, Etura, Reija; Paquito, José Luís; Zaballa, Adelardo, Marcelino, Guillot ( Fusté ) y Manolín Bueno. El lleidatá saltó al terreno de juego a los 15 minutos de la primera parte, para reemplazar al valencianista Guillot, lesionado.

Su gran rendimiento, lógicamente, no va a pasar desapercibido para los servicios técnicos del Barça, que recién finalizadas las competiciones nacionales en ese curso 61-62 lo rescatarán urgentemente. Ya había actuado con el Barça en el «Trofeo Naranja» valenciano  de 1961, mientras permanecía cedido en Osasuna, y ahora va a unirse a la expedición azulgrana que toma parte en una serie consecutiva de giras ( por Grecia, Francia y diversos países de Centro y Sudamérica ), para que la maltrecha economía barcelonista, muy tocada por la onerosa factura de la construcción del «Camp Nou»,  pudiera recortar un poco su enorme déficit. En estos encuentros Ladislao Kubala, entonces entrenador blaugrana, va a retrasar su posición en el campo, alineándole como medio volante izquierdo. Pedro Escartín, árbitro, técnico y crítico, toda una institución en el fútbol español, había dicho de Fusté que «era una auténtica perla». Y muy pronto el de Linyola empezará a demostrar lo acertado de dichas palabras.

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DE VUELTA A CASA

La temporada 62-63, por lo tanto, va a ser la de su alternativa en el primer equipo del Barça. La inicia con un pequeño contratiempo, pues tras formar parte del conjunto que juega el partido de presentación en el «Camp Nou», frente  al AEK de Atenas ( 6 a 1 vencen los catalanes ) y los dos encuentros del «Trofeo Carranza» gaditano ( que el Barca conquista por segundo año consecutivo, derrotando al Real Zaragoza en la que tal vez sea la primera tanda de penaltis de la historia del fútbol español ), una inoportuna gripe le impide participar en el primer compromiso oficial de la campaña, el partido de ida de la final de la Copa de Ferias correspondiente al curso anterior, pero aplazada por falta de fechas a causa de la disputa del Campeonato del Mundo de Fútbol en Chile. La enfermedad le salvó de estar entre los once blaugranas que fueron ampliamente goleados por el Valencia, 6 a 2, en un encuentro nefasto de los pupilos de Kubala. De modo que su debut oficial en las filas barcelonistas va a producirse en el choque de vuelta, el 12 de septiembre de 1962, donde los locales no logran pasar de un muy insuficiente empate a 1, con la siguiente alineación: Pesudo; Benítez, Garay, Gracia; Vergés, Fusté; Cubilla, Villaverde, Kocsis, Goywaerts y Camps.

Fusté va a hacerse con un puesto en el once titular durante la primera vuelta liguera, en la que sólo falta en la tercera y decimocuarta jornadas, actuando también en cinco partidos de la Copa de Ferias además del de su debut, pero en la segunda ronda, con el relevo en el banquillo (Pepe Gonzalvo, «Gonzalvo II»,  sustituye a Kubala debido a los malos resultados el equipo ), tan sólo se va a alinear en un par de partidos, saldados ambos con derrota ( una estrepitosa, en el propio «Camp Nou» y  ante el Real Madrid, por 1-5, y otra mínima en La Coruña,  frente el Deportivo por 1 a 0 ). En la Copa del Generalísimo -que finalmente conquistarán los azulgranas al batir al Real Zaragoza por 3-1 en su propio feudo, salvando así una nefasta temporada- únicamente se alineará en la primera eliminatoria, frente al Real Murcia de Segunda División. En total va a actuar en 15 partidos de Liga ( 3 goles ), 2 de Copa ( 1 gol ) y 6 de Copa de Ferias (1 gol ). No era un mal balance para empezar…

La eclosión de Fusté como un futbolista de muchos quilates va a producirse en el curso siguiente, el 63-64, donde ya triunfará apoteósicamente. Jugador de gran clase, muy técnico y a la vez sumamente trabajador, con un buen físico ( 1,75 de estatura y en torno a los 75 kilos de peso ), cubriendo mucho campo, en posesión  de un excelente disparo a puerta con ambas piernas y también notable en los lanzamientos a balón parado, se va a convertir en el auténtico motor del equipo durante muchas temporadas, aunque en su etapa final cierta intermitencia y algunos problemas físicos vayan apartándole paulatinamente del equipo titular. Pero no adelantemos acontecimientos, porque la brillante carrera de Josep María Fusté i Blanch tan sólo está comenzando. La temporada 1963-64 va a iniciarla jugando como extremo izquierda, pero su labor será ubicua, cortando, subiendo, distribuyendo, y también definiendo. Partido tras partido es el jugador más destacado de un Barça que en esa campaña, bajo la batuta del técnico leonés César Rodríguez, el mítico «Pelucas» de los años 40 y 50, estará muy cerca de conquistar el título, aunque al final este se irá nuevamente -y por cuarto año consecutivo – para las vitrinas del Real Madrid.

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INTERNACIONAL Y CAMPEÓN DE EUROPA

El 11 de marzo de 1964 se produce por fin su esperado debut en la Selección Española Absoluta. El encuentro se disputa en el sevillano Estadio «Sánchez Pizjuán», donde el combinado nacional bate ampliamente al de la Republica de Irlanda por 5 a 1, en partido valedero para la clasificación para la fase final de la Eurocopa, que en esta su segunda edición se celebra en España, a caballo entre Barcelona y Madrid. Fusté, además, tuvo la fortuna de conseguir un gol, el segundo de la noche, en el minuto 15 de la primera parte, siendo así completa su alegría. José Villalonga, el seleccionador español, presentó el siguiente equipo: Iribar; Rivilla, Olivella, Calleja; Zoco, Fusté; Amancio, Pereda, Marcelino, Villa y Lapetra. Al mes siguiente Fusté jugaría su segundo partido internacional, en Dublín, donde España se impondría nuevamente a los irlandeses por 0 a 2, con dos tantos de Peru Zaballa, su compañero de equipo.

El Barça, con Fusté en plan figura, llega hasta las semifinales de la Copa del Generalísimo, pero ahí se va a topar con el Real Zaragoza de los «Cinco Magníficos», quedando finalmente eliminado. Pero aun así, el balance individual del de Linyola es excelente: ha jugado los 30 partidos de Liga, marcando 10 goles, más 7 encuentros del «Torneo del KO» ( con 3 tantos ) y 5 de Recopa ( otras 3 dianas ). Sin embargo, lo mejor quedaba aun por llegar. La Selección Española se clasifica para la fase final de la Eurocopa- entonces denominada «Copa de Europa de Selecciones Nacionales» -, y disputa las semifinales en Madrid (Estadio Santiago Bernebéu ), derrotando en un emocionante choque a Hungría en la prórroga por 2 a 1, con tantos de Pereda y Amancio. La gran final, preñada de connotaciones políticas ( en 1964 el Régimen de Franco conmemoraba los «XXV Años de Paz» ), enfrentaba por primera vez a España con la URSS, un cotejo que no había podido celebrarse cuatro años antes por «órdenes superiores». Pero ahora se trataba de un importante título en disputa, y se dejaron a un lado los escrúpulos de tipo ideológico.

El encuentro, que tuvo lugar el 21 de junio de 1964, en el «Santiago Bernabéu»,  resultó sumamente emocionante, y se resolvió en sus postrimerías – antes habían marcado nuevamente Chús Pereda y el soviético Jusainov – gracias al legendario tanto del ariete zaragocista Marcelino, batiendo al no menos mítico guardameta Yashine  El blaugrana Ferran Olivella, en su condición de capitán del combinado español, recibió el trofeo que acreditaba a España como mejor equipo continental. El equipo nacional, que aquella tarde memorable vistió completamente de azul-la URSS utilizó  su equipación habitual: pantalón blanco y camiseta roja, con los caracteres cirílicos «CCCP» en el pecho-, estuvo formado por los siguientes once jugadores: Iríbar; Rivilla, Olivella, Calleja; Zoco, Fusté; Amancio, Pereda, Marcelino, Luís Suárez y Lapetra.

CAMPEÓN MUNDIAL MILITAR Y MUNDIALISTA

Con el entorchado de campeón europeo todavía fresco, Fusté se dispuso a revalidar su magnífica campaña en las filas azulgranas. Pero la temporada 64-65 iba a suponer un ligero retroceso en su progresión futbolística, y tampoco arrojaría buenos resultados en el haber de su equipo. De hecho, el Barça no va a poder pasar del sexto puesto en el Campeonato Nacional de Liga, un lugar indigno de su brillante historial ( con cambio de entrenador incluido: Sasot por César ). Y tampoco le van a marchar mucho mejor las cosas en los otros dos torneos en los que participa, pues en la Copa, tras eliminar al Racing de Santander -entonces oficialmente conocido como «Real Santander»- y al Real Murcia, va a caer nuevamente ante el Real Zaragoza, mientras que en la Copa de Ferias la moneda le deja fuera de combate, al no poder superar en tres partidos al Racing de Estrasburgo. El de Linyola se alineó en 25 partidos ligueros ( 5 goles ), 4 de Copa ( 2 tantos ) y 5 de Copa de Ferias.

No obstante Fusté va a coronarse nada menos que campeón mundial en una curiosa competición, el Campeonato del Mundo de Selecciones Militares. España va a presentar un combinado formado por destacados futbolistas que en aquel momento se hallaban prestando el Servicio Militar, a las órdenes de un teniente coronel del Ejército del Aire, Luís Alfonso Villalaín, haciendo las veces de seleccionador. La fase final va a disputarse en el formato de liguilla, y el último partido le corresponde disputarlo a España frente a la selección de Marruecos Si vence, y Turquía no golea a Bélgica – será campeona. El encuentro tuvo lugar en el terreno gijonés de «El Molinón», el 7 de julio de 1965, festividad de San Fermín. España derrotó a los «soldados» marroquíes por 3 goles a 0, marcados por Ufarte ( 9´), Gallego ( 30´) y el propio Fusté ( 63´), y presentó el siguiente once: Rodri; Echarri, De Felipe, Rebellón; Martínez Jayo, Gallego; Ufarte, Oliveros ( Poli ), Grosso, Fusté y José María.

Tardará en entrar en el equipo titular en la siguiente campaña, la 65-66, con el antiguo jugador madridista Roque Olsen ocupando el banquillo azulgrana. Pero cuando se asiente en el once, será uno de los puntales de la espectacular remontada que va a llevar al Barça desde los últimos lugares de la tabla – el inicio liguero fue lamentable, sumando hasta tres derrotas consecutivas en el «Camp Nou», lo nunca visto – a luchar por el título, aunque finalmente hubo de contentarse con la tercera posición , tras Atlético de Madrid y Real Madrid. En la Copa avanza hasta las semifinales, donde – por tercera vez consecutiva – cae ante el Real Zaragoza que se proclamaría campeón del «Torneo del KO» por segunda vez en su historia. Pero va a ser en la Copa de Ferias donde los blaugranas darán lo mejor de sí mismos esa temporada, clasificándose para la final, a doble partido, donde les aguardaba como rival…el Real Zaragoza.

Sin embargo, y al igual que ocurrió en la temporada 61-62, la resolución del torneo ferial se aplazaría hasta el comienzo de la siguiente campaña, debido a la disputa del Campeonato Mundial de Fútbol en Inglaterra aquel verano. Y Fusté, tras acumular sobrados méritos, va a formar parte de la lista definitiva de convocados por el seleccionador nacional José Villalonga para tan trascendental cita, junto con sus compañeros de equipo Reina, Gallego, Olivella y Eladio ( también estará otro blaugrana, Lucien Muller, pero este en las filas de Francia ). No actuará en el primer partido de la fase de grupos, en el que España sucumbe frente a Argentina por 1 a 2, ni tampoco en el segundo, donde se vence con muchos apuros al flojo conjunto de Suiza por 2 a 1, pero sí que intervendrá en el choque decisivo ante la República Federal de Alemania, donde España se juega el ser o no ser en el campeonato.

Ese día, el 20 de julio de 1966, en el «Villa Park» de Birmingham, España va a formar con Iribar; Sanchís, Gallego, Reija; Zoco, Glaría; Amancio, Adelardo, Marcelino, Fusté y Lapetra ( cinco cambios con respecto al partido anterior ). Los pupilos de Villalonga se adelantarán  en el marcador mediada la primera parte, merced precisamente a un tanto de Fusté, pero los germanos no van a tardar demasiado en equilibrar la contienda, gracias a un gol marcado por el extremo Emmerich desde un difícil ángulo, para decantar definitivamente el partido a su favor a tan sólo 6 minutos del final, cuando su delantero centro Uwe Seeler consiga batir de nuevo a Iribar, dejando a España ya fuera del campeonato. El balance personal de Fusté como jugador blaugrana esa temporada va a ser el siguiente:  20 partidos de Liga ( 8 goles ), 7 de Copa ( 1 gol ) y 6 de Copa de Europa ( 4 goles ). Será su  segunda campaña más realizadora como culé

EL BARÓMETRO DEL BARÇA

Olsen continúa como entrenador barcelonista para la temporada 66-67, en cuyos albores el club blaugrana va a conquistar su tercera Copa de Ferias, al derrotar al Zaragoza en la final aplazada. Perdió el partido de ida en la Ciudad Condal por 0 a 1, pero remontó en «La Romareda» por 2 a 4, en una noche afortunadísima del joven Lluís Pujol, autor nada menos que de tres goles( el otro va a ser obra de Zaballa ). Fusté formó parte del once que se proclamó brillantemente campeón, y que presentó la siguiente alineación: Sadurní;  Foncho, Gallego, Eladio; Montesinos, Torres; Zaballa, Mas, Zaldúa, Fusté y Pujol. Pero este no va a ser el signo de la nueva temporada, donde una vez más el Barça se va a quedar en blanco: segundo en la Liga ( tras un Real Madrid que vuelve a obtener el Torneo de la Regularidad ), y eliminado a las primeras de cambio en Copa de Ferias ( ante el modesto Dundee United escocés ) y prácticamente lo mismo en la Copa, donde cae en segunda ronda ante el Atlético de Madrid. Fusté actuó en 26 partidos de Liga, marcando la muy respetable cifra de 10 goles ( siendo el héroe del partido contra el Real Madrid en el «Camp Nou», remontando un marcador adverso con dos tantos suyos ), 3 encuentros de Copa y 4 en la Copa de Ferias, consiguiendo 1 gol.

Mejor van a pintarle deportivamente las cosas al Barça en el curso futbolístico 67-68, por lo demás bastante traumático en lo institucional y humano. Porque es la temporada en la que Enric Llaudet deja por decisión propia la presidencia  – aunque muy presionado por sus opositores -, haciéndose cargo de la primera magistratura blaugrana el prohombre barcelonista Narcís de Carreras, antiguo directivo y también destacado  empresario textil, sector que controlaba el club desde hacía más de dos décadas. Y en el plano humano, va a producirse un luctuoso suceso: la muerte, en plena juventud, del futbolista uruguayo Julio César Benítez, que cae súbitamente enfermo de extrema gravedad, y fallece en vísperas de un trascendental encuentro liguero entre el Barça y el Real Madrid, decisivo para el título de Liga. Pero es también la temporada en la que el Barça va a proclamarse Campeón de la Copa del Generalísimo, derrotando a su gran rival blanco en la final disputada en el mismísimo «Santiago Bernabeu», meced a un solitario gol marcado en propia puerta por el defensa merengue Fernando Zunzunegui, recientemente fallecido.

Un nuevo técnico se sienta en el banquillo blaugrana, el catalán Salvador Artigas, quien -a igual que sus predecesores en el cargo – va a confiar ciegamente en Fusté, entregándole la manija del equipo. Así, el de Linyola va a alinearse en 24 partidos de Liga ( 5 goles ), 6 de Copa ( 1 gol ), y 1 de Copa de Ferias, no siendo mayor su aportación en este torneo debido a una nueva y sorpresiva eliminación de los culis por otro rival de potencial muy inferior, el Zurich helvética. Pero el histórico triunfo conseguido en Madrid, en un accidentadísimo partido que pasó a los anales de nuestro fútbol como «La final de las botellas», va a hacer que la moral de la «Gent blaugrana» suba muchos enteros. Ese día, el 11 de julio de 1968, el Barça formó con: Sadurní; Torres, Gallego, Eladio; Zabalza, Fusté; Rifé, Zaldúa, Mendonça, Fusté y Rexach.

SU GRAN NOCHE ANTE EL COLONIA

Lamentablemente dicho triunfo no va a tener continuidad, porque el Barça de la campaña 68-69  volverá a las andadas, esto es, a su proverbial irregularidad. En la Liga ni siquiera va a poder lograr su habitual subcampeonato, que irá a parar a la gran Unión Deportiva Las Palmas de los Tonono, Martín Marrero, Castellano, Guedes o Germán, mientras que en la Copa caerá sorprendentemente a las primeras de cambio ante una Real Sociedad que le golea en el viejo «Atocha», y consigue salir viva del «Camp Nou». Lo más positivo de la temporada es su actuación en la Recopa, donde tras eliminar sin demasiados apuros al Lugano Suizo, y con enormes dificultades al modestísimo Lyn de Oslo, le toca enfrentarse en semifinales a un duro rival como era el Colonia alemán. En el partido de ida, disputado en la ciudad renana, los blaugranas obtienen un esperanzador marcador, 2 a 2, con un gol de Fusté al transformar una falta, y un excelente marcaje sobre la gran estrella germana, Overath, a cargo de un reconvertido Quimet Rifé. Pero va a ser el partido de vuelta el que pasará al historial particular de Josep María Fusté con letras de oro.

Aquella noche, la del sábado 19 de abril de 1969, el Barça jugará sin duda el mejor partido de la temporada, y Fusté cuajará una de las actuaciones más brillantes – si no la que más – de su carrera como azulgrana. Con la contienda igualada a un tanto, va a marcar tres magníficos goles que conducirán en volandas al Barça a la final. Al descanso se había llegado con la eliminatoria empatada, pero en la segunda parte Fuste se va a destapar. En el minuto 53 recupera con tenacidad un balón, combina con su compañero Rifé, que se lo devuelve, y empalma un tiro raso que bate al portero alemán, mientras que en las gradas flamean pañuelos saludando su sensacional jugada. Y en el minuto 66 aprovecha una indecisión defensiva para rematar de imparable volea y conseguir el 3 a 1. Finalmente, en el minuto 78, Rexach bota un saque de esquina, Martí Filosía mata el balón de cabeza, y Fusté empalma una nueva volea que desata el entusiasmo en todo el campo y pone el 4 a 1 definitivo en el marcador.

Su extraordinaria actuación no pasará desapercibida para el triunvirato de seleccionadores – Miguel Muñoz, Luís Molowny y Salvador Artigas, los técnicos de los tres equipos que comandaban la tabla en Primera Division en aquel momento – que habían reemplazado interinamente al dimitido Doctor Toba tras el fracaso del combinado nacional, que no consiguió clasificarse para el Campeonato del Mundo de Fútbol que se celebraría en México en 1970. Fusté va a intervenir en los ya intrascendentes partidos contra Yugoslavia – en el propio «Camp Nou» – y Finlandia, donde la Selección Española cosechará una humillante derrota ante un cuadro entonces muy inferior, y cuyos integrantes ni siquiera eran profesionales. Reseñemos la alineación de este encuentro, celebrado en Helsinki el 25 de junio de 1969, el octavo y último de Fusté como internacional: Sadurní; Martín II, Tonono, Vidagany; Glaría, Zabalza ( Fusté ); Amancio ( Ballester ), Grosso, Bustillo, Velázquez y Asensi.

Triste fue también la suerte del Barça en la final de la Recopa, a donde llegó en buena medida gracias a los buenos oficios de Fusté. El partido se celebró en el Estadio «St. Jakob Park» de Basilea, el 21 de mayo de 1969, con un semidesconocido equipo centroeuropeo, el Slovan de Bratislava eslovaco ( entonces perteneciente a Checoeslovaquia ) como rival. Salvador Artigas, el técnico blaugrana, va a presentar la siguiente alineación: Sadurní; Franch ( Pereda ), Olivella, Eladio; Rifé, Zabalza; Pellicer, Castro ( Mendonça ), Zaldúa, Fusté y Rexach. Eran bajas muy sensibles Gallego y Torres, dos puntales defensivos y ambos lesionados. Eso va a condicionar de manera muy notable el encuentro, ya que la zaga azulgrana se mostrará muy endeble, y arriba tampoco va a acompañar la suerte, saldándose el choque con la sorprendente derrota del equipo catalán por 3 goles a 2. 23 partidos de liga ( 3 goles ), 2 de Copa y 5 de Recopa ( marcando 4 tantos ) son el bagaje personal de Fusté en una temporada gris y decepcionante para el equipo, y que sólo se animó para el de Linyola con motivo de la eliminatoria contra el Colonia, cuando su gran rendimiento le devolverá efímeramente a la internacionalidad.

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LA FINAL DE COPA DEL 71:  EL CANTO DEL CISNE

La temporada 69-70 va a suponer un retroceso en la trayectoria personal de Fusté, porque puede decirse de algún modo que por primera vez pierde la titularidad, aunque las lesiones tengan algo de culpa en ello. Se va a perder casi toda la primera vuelta, muy negativa para el equipo, que será testigo no sólo del cese del entrenador Salvador Artigas ( sustituido provisionalmente por el antiguo jugador blaugrana Josep Seguer ), sino también por la dimisión de la Junta Directiva de Narcís de Carreras, abriéndose un proceso electoral que va a llevar a la presidencia del club a un nuevo empresario textil, Agustí Montal i Costa, hijo del presidente de las «Bodas de Oro», Agustí Montal i Galobart. En la segunda ronda, ya con el técnico inglés Vic Buckingham al frente del equipo, este va a levantar ligeramente el vuelo en la clasificación, y un recuperado Fusté jugará los últimos 9 encuentros del campeonato, donde el Barça se clasificó finalmente en cuarto lugar. En total, va a tomar parte en 15 partidos de Liga ( algunos incompletos, ya que a partir de esta temporada la reglamentación permite efectuar hasta dos cambios por partido ), marcando un único gol. . Disputaría tan sólo un partido de Copa,  y 4 de Copa de Ferias ( 1 tanto ). Estos números reflejan, sin lugar a dudas, que se trata de su campaña más floja desde que es jugador azulgrana. Es evidente que los fichajes del santanderino Juan Carlos y sobre todo el del españolita  Marcial, le restan protagonismo en el equipo, y rebajan considerablemente su peso específico y su aportación.

Y sus estadísticas no mejorarán precisamente en la temporada siguiente, la 70-71, aunque ese curso terminará para él mucho mejor de lo que empezó. Va a actuar en los cuatro primeros partidos ligueros, y también en la jornada número 13, pero tendrá que esperar hasta la fecha 23 para volver a ocupar un lugar en la formación titular de un Barça que a punto estuvo de conseguir el título, perdido en la última jornada al no ser capaz de derrotar al Atlético de Madrid en el «Vicente Calderón», permitiendo que el Valencia, dirigido por Alfredo Di Stefano,  conquiste la Liga por cuarta vez, algo que no lograba desde el lejano año 1947. En la Copa, donde el Barça llega a la final contra los «Chés», con la posibilidad de tomarse la revancha, no será  titular – también la llegada del ilimitado  Asensi al equipo le resta oportunidades – , pero las circunstancias van a jugar a su favor.

El 4 de julio de 1971 el Barça saltó al césped del «Santiago Bernabéu» para enfrentarse al Valencia con el siguiente equipo: Reina; Rifé, Gallego, Eladio; Torres, Costas; Rexach, Marcial, Dueñas, Zabalza y Asensi. La primera mitad no va a pintar bien, pues los levantinos se adelantarán en el marcador mediante un discutido penalti que Pepe Claramunt va a transformar batiendo a Reina. Además, Marcial tendrá que abandonar el rectángulo de juego debido a problemas físicos. De modo que Fusté, que últimamente no contaba mucho en los planes de Buckingham, va a reemplazarle. Y se inicia la segunda mitad con un nuevo mazazo para el equipo azulgrana, pues nada más reanudarse el encuentro Paquito va a la conseguir el segundo gol valencianista en un fallo defensivo, una ventaja que parecía ya insalvable. Pero entonces sale a relucir el talento de Fusté, que de certero golpe franco va a acortar distancias, con un zurdazo que se cuela pegado a la cepa del poste de la meta defendida por  Abelardo, volviendo a meter a los catalanes en el partido. Minutos después saltará al campo Alfonseda, en sustitución de Dueñas, y empatará Zabalza, en un tiro lejano, siendo expulsado Sol por protestar, aunque la posterior lesión de Gallego, con los dos cambios reglamentarios ya agotados por el entrenador británico, obligará al central andaluz a  permanecer en el campo, aunque muy mermado de facultades. El partido se va a la prórroga, y en ella nuevamente Zabalza pone por delante al Barça, aunque Valdez establecerá una nueva igualada. Y cuando faltaban sólo 8 minutos para completar el tiempo extra, con la cercana perspectiva de un segundo partido, otra genialidad de Fusté desequilibrará la balanza para el lado blaugrana, pues un pase suyo en profundidad va a aprovecharlo Alfonseda para burlar al guardameta valencianista y marcar el definitivo 4 a 3, que dará la Copa a los catalanes. 12 partidos de Liga ( 2 goles ), 3 de Copa ( 1 gol )  y 2 de Copa de Ferias fueron la aportación de Fusté al equipo en una temporada que puede calificarse globalmente de buena para los colores azul y grana.

Sin embargo, el excelente sabor de boca dejado por Fusté en la final no va a servirle para ganarse la confianza del nuevo técnico barcelonista, el holandés Rinus Michels, procedente del Ajax de Amsterdam, flamante ganador de la Copa de Europa. El de Linyola va a jugar el trofeo «Ciudad de Palma»  ( donde marcará dos goles ) y también el «Gamper», y aparecerá con cierta asiduidad en los primeros compases de la  Liga, donde el Barça cosechará malos resultados, pero después, cuando el equipo empiece a remontar posiciones,  apenas se va a contar con él. Al final el Barça perderá un año más el Campeonato Nacional de Liga, al caer sorprendentemente derrotado en Córdoba ante el cuadro de la Ciudad de los Califas, ya descendido a Segunda, cuando lo tenía todo a su favor para conseguir un título que no llevaba a sus vitrinas desde el ya lejano año de 1960. Tampoco las cosas marcharon mucho mejor en la Recopa y la Copa del Generalísimo. En resumen, un año para olvidar, con la excepción de la «Finalísima» de la Copa de Ferias, disputada el 22 de septiembre de 1971 entre el Barça y el Leeds United para dar paso a un nuevo formato de competición europea, la Copa de la UEFA, y que se saldó con triunfo azulgrana por 2 a 1 en el «Camp Nou», actuando el de Linyola durante los últimos once minutos del choque. Y en lo referente a Fusté, este curso arrojará las peores estadísticas de toda su carrera: 8 encuentros  ligueros, 2 de Copa y 4 a nivel continental, sin lograr un solo gol. Lo suficiente para tomar la decisión de retirarse, tras recibir el aplauso de una afición que le había sido siempre fiel. Atrás quedaban 389 partidos con el primer equipo del Barça, entre oficiales y amistosos, consiguiendo la nada desdeñable cifra de 108 goles.

HOMENAJE Y SORPRENDENTE REPESCA EN ALICANTE

El partido de homenaje a Fusté se va a celebrar el 30 de agosto  de 1972 en el «Camp Nou», con el Ferencvaros húngaro como rival. Este va a ser el último equipo barcelonista  en el que se alinee el «Noi de Linyola», visiblemente emocionado ante las sinceras muestras de cariño que la parroquia blaugrana le va a dispensar: Reina; Rifé, Gallego, De la Cruz; Cortés ( Torres ), Zabalza; Alfonseda ( Juanito ), Martí Filosía, Barrios, Fusté ( Asensi ) y Pérez ( Alfonseda ). El resultado fue de empate a dos ( marcando por los azulgranas Barrios y Juanito ). Todo parecía indicar que con aquel encuentro se ponía punto y final a la brillante trayectoria de Fusté como futbolista en activo, pero algunos días más tarde va a sorprender a propios y a extraños aceptando una oferta del Hércules de Alicante, que a la sazón militaba en Segunda División, y donde se reunirá con su compañero de tantos años en las filas blaugranas Eladio Silvestre. Con los herculanos va a disputar un total de 27 encuentros, marcando 2 goles, y allí sí que dirá adiós definitivamente a la práctica del fútbol a nivel profesional, aunque seguidamente comenzará a alinearse con asiduidad en el equipo de veteranos del Barça ( según la base de datos de la «Agrupación Barça Jugadors», como se denomina ahora, hasta en 565 ocasiones )

Fusté será el presidente de la Agrupación de Veteranos del Barça desde 1976 hasta 1989. En este año va a dejar el cargo para presentar su candidatura a las elecciones a la presidencia del Barça. Era la primera vez que Josep Luís Núñez se encontraba con oposición ( había sido reelegido sin lucha los años 1981 y 1985 ). Pero Fusté acabará por fusionar su candidatura con la del economista  Sixte Cambra, que será el rival del constructor en los comicios celebrados el 1 de abril de 1989. Nuñez obtendrá 25.441 votos ( el 59,1 % ), mientras que Cambra se quedará en 17.609 ( el 40,9 % ). Cuatro años más tarde  el vencedor le ofrece a su derrotado rival entrar en su junta directiva, en calidad de vicepresidente, y Cambra acepta la propuesta.

Como también aceptará Josep María Fusté,  pero mucho más adelante, tras el arrollador triunfo de Sandro Rosell en las presidenciales de 2010, convertirse en asesor deportivo del máximo mandatario blaugrana, junto con otros dos famosos ex-jugadores del club, Carles Rexach y Migueli. Desde entonces su presencia se ha hecho habitual en el palco del «Camp Nou», y su gran experiencia y amplios conocimientos sobre la materia aportan valiosos consejos a quienes toman las decisiones en Can Barça, primero Rosell, y ahora su «tocayo» Josep María Bartomeu. Y esta es, a grandes rasgos, la trayectoria de uno de los inmortales de nuestro fútbol, del fútbol catalán y del fútbol español, que no dejan de ser la misma cosa, pues el uno no se podría entender sin el otro, y viceversa.

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Las tres vidas de Quimet Rifé

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Ganó títulos con el Barça, como jugador y como entrenador. Sobre el césped pasó por diversas posiciones. Comenzó como interior en punta, marcando bastantes goles, luego se desplazó a la banda derecha, aprovechando su gran velocidad, y allí paladeó las mieles de la internacionalizad. Y cuando su rendimiento descendió, tras un breve paso por la línea medular, para aprovechar su rapidez en labores de marcador, se reconvirtió en un magnífico lateral derecho, donde esas mismas condiciones físicas le brindaron una especie de segunda juventud, regresando efímeramente al combinado nacional español. También le cupo el honor de capitanear al Barça y recoger en sus manos algunos valiosos trofeos, y después de recibir un muy merecido homenaje junto a otros dos históricos del fútbol catalán, Salvador Sadurni y Antoni Torres, ingresó en el «staff» técnico azulgrana, donde los avatares del fútbol le llevaron al banquillo, como máximo responsable del equipo que conquistaría la primera Recopa en Basilea, en mayo de 1979. Luego, esa máquina de triturar carne que casi siempre ha sido el club blaugrana le pasó factura, expulsándole del paraíso. Junto a varios antiguos compañeros de fatigas fundó una escuela de fútbol que se convertiría en una prestigiosa academia, y él mismo pasó a ser memoria viva de una entidad a la que entregó los mejores años de carrera profesional, aunque sus relaciones con ella no siempre hayan sido idílicas. Esta es su vida. O mejor dicho,  sus tres vidas…

Joaquim, conocido familiarmente como «Quimet», va a ser el segundo de la zaga de los Rifé. Su hermano mayor, Llorenç (Sant Celoni, 1938), jugó también en el Barça entre los años 1958 y 1962, alineándose en un total de 24 partidos, aunque al estar su puesto, el de defensa central, muy bien cubierto por jugadores de la talla de Rodri, Gensana o Garay, finalmente tuvo que cambiar de aires. Quimet nació en Barcelona, el 4 de febrero de 1942, en el barrio fabril y obrero del Poble Nou. Su casa estaba muy cerca del campo del histórico y modesto «Júpiter», equipo en el que haría sus primeras armas  y desde el que pasaría al Condal, el filial barcelonista, la temporada 61-62. Se desempeñaba entonces como interior en punta, preferentemente con el número «8» a la espalda, destacando tanto por su velocidad como por su olfato de gol. Por estas fechas va a compaginar el fútbol con su oficio de escayolista, en el sector de la construcción.

Va a debutar muy pronto con el primer equipo del Barça, aun con 19 años. Sucederá el 8 de noviembre de 1961, en el feudo azulgrana y en un amistoso internacional frente a un buen equipo francés, el Niza. Empate a dos ( con tantos de Páis y Benítez ), y esta fue la alineación azulgrana en un  día tan señalado para el joven Quimet: Sadurní ( Celdrán ); Olivella, Rifé I, Gracia; Páis, Segarra; Pereda, Rifé II, Zaldúa, Benítez y Vicente. Como puede verse, los dos hermanos Rifé compartiendo alineación, Mientras sigue actuando y marcando goles con el Condal, en Tercera División, volverá a asomarse al Barça en algunos amistosos, y también formará parte de la expedición que a finales de dicha temporada, mientras se disputa el Campeonato del Mundo en Chile, realiza una una gira por diversos países hispanoamericanos, alineándose en un par de ellos.

El Barça, para que prosiga con su progresión,  va a cederle al Racing de Santander ( entonces denominado oficialmente «Real Santander» ) la temporada 62-63, y para la capital cántabra se marchará el joven Joaquim Rifé, junto con otros barcelonistas a préstamo (Montesinos, Gasull y Balcells). El entrenador de los montañeses era el técnico catalán Miquel Gual, antiguo jugador barcelonesa, que confía ciegamente en él y le utiliza repetidamente como titular en el puesto de interior derecho. Sus números en «El Sardinero» son excelentes: 24 partidos y 10 goles. Parece que ha llegado su momento en el Barça.

Pero no. Jugará unos pocos amistosos más con el primer equipo, y se marchará nuevamente cedido, y esta vez incluso descendiendo de categoría, al Gimnástico de Tarragona, el histórico «Nástic», y en Tercera División. Con los bermellones va a despachar una excelente temporada – faltaría más -, y avanzada la campaña se le unirán otros dos jugadores barcelonistas que tampoco parecían tener sitio, el defensa internacional Rodri y el mediocampista Marañón. Los tres juntos, al lado de buenos futbolistas como Durán, Peter, López o Valero Serer, disputarán la fase de promoción a Segunda, pero el Nástic no conseguirá finalmente su anhelado propósito.

PRIMERA VIDA: VELOZ EXTREMO

Y cuando ya casi desesperaba de hacerse un hueco en la plantilla azulgrana, el entrenador César Rodríguez le va a rescatar para el primer equipo de cara a la siguiente campaña, la 64-65, haciéndole debutar oficialmente el 23 de septiembre de 1964 en un partido de Copa de Ferias contra la Fiorentina, en el «Camp Nou», con victoria para los toscanos por 0 a 1, y este once azulgrana: Sadurní; Eladio, Olivella, Gracia; Vergés, Fusté; Rifé, Pereda, Seminario, Benítez y Re. No volverá a asomarse a la alineación titular hasta el 1 de noviembre, cuando Vicenç Sasot, sustituto del «Pelucas» tras la debacle sufrida en «Vallejo» por los culés ( (Levante UD 5- Barça 1 ), le va a dar la alternativa en partido de Liga y de máxima rivalidad frente al Español, en el feudo blaugrana. Rifé tendrá además la suerte de ser el autor del único tanto del encuentro.

A partir de ese momento «Rifé II» – como entonces era conocido – va a hacerse con un puesto en el equipo como exterior derecho, desplazando al habitual titular, el cántabro Peru Zaballa, que tendrá que irse desterrado a la banda izquierda. Saludado entusiásticamente como un nuevo Basora, el rapidísimo Quimet va a ser convocado para la Selección Nacional Absoluta aun antes de terminar su primera temporada barcelonista, que se va a saldar con un balance de 28 partidos y 2 goles, entre las tres competiciones, Liga, Copa y Copa de Ferias.

En su segunda campaña como blaugrana ya será titular indiscutible en la banda derecha. En la Liga juega 29 partidos ( sólo falla en uno ) y consigue 9 goles, mientras que en la Copa va a alinearse en 7 ocasiones ( 3 tantos ) y en la Copa de Ferias lo hace en 11 encuentros, obteniendo 4 dianas. Será preseleccionado para el Mundial de 1966, aunque finalmente no llegará a viajar a Inglaterra con los 22 elegidos (fue descartado junto a su compañero Zaldúa y los zaragocistas Violeta y Villa). Actúa también en el primer trofeo «Joan Gamper», en los albores de la temporada 66-67, pero una lesión sufrida frente al Colonia alemán, le va a tener unas cuantas semanas en el dique seco, impidiéndole jugar la final  a doble partido de la competición ferial, aplazada de la anterior campaña debido a la disputa del Campeonato del Mundo, y en la que el Barça se corona campeón tras vencer al Real Zaragoza en «La Romareda» por 2-4, con un «hat-trick» del jovencísimo Luís Pujol, remontando el 0-1 adverso que traía de la ida.

Quimet va a seguir a un gran nivel en las temporadas 66-67 y 67-68. En la primera actúa en 23 encuentros ligueros ( 9 goles ), 4 de Copa ( un tanto ) y 2 de Copa de Ferias, donde el Barça es sorprendentemente eliminado a las primeras de cambio por el modesto conjunto escocés del Dundee United, mientras que en la segunda su trayectoria se sustancia en 24 partidos de Liga ( 3 goles ), 9 de Copa ( también logrando tres tantos ) y 1 de Copa de Ferias, donde de nuevo un cuadro poco conocido, el Zurich suizo, deja fuera de la competición al Barça en la primera ronda. Y en lo personal, en el verano de 1967 va a contraer matrimonio, y unos meses después consigue debutar por fin con la Selección Española Absoluta en un amistoso ante Suecia ( 3-1 ), el 28 de febrero del 68, en el «Sanchez Pizjuán» sevillano, marcando incluso un tanto, el tercero del combinado nacional, que formó esa noche de la siguiente manera: Iribar; Osorio, Tonono, Canós; Pirri ( Claramunt ), Gallego; Rifé, Amancio ( Luís ), Ansola, Uriarte ( Velázquez ) y Gento. Actuaría también en dos encuentros internacionales más: la devolución de visita a los escandinavos en Malmoe ( 1-1 ), y el encuentro de vuelta valedero para la clasificación para la fase final de la Eurocopa de Italia, disputado en el «Santiago Bernabéu» y en el que Inglaterra derrotó a España por 1 a 2, apeándola de la competición. Rifé culminó su espléndida temporada 67-68 proclamándose Campeón de Copa en el mismísimo feudo madridista, con los merengues del Real Madrid – y unas cuantas botellas – como adversarios, merced al solitario gol marcado en propia puerta por el defensa blanco Zunzunegui, precisamente al intentar despejar un peligroso centro del propio Rifé, nada más comenzar el partido.

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SEGUNDA VIDA: EXPERIMENTADO LATERAL Y CARRILERO

Sin embargo en el siguiente curso, el 68-69, su rendimiento bajó muchos enteros. Jugaba indistintamente en la banda derecha y en la izquierda, y tan sólo destacaba por su endiablada velocidad, pero sus acciones carecían de la menor efectividad, y ya ni siquiera marcaba goles. El técnico blaugrana Salvador Artigas va a ensayar con él en una nueva posición, como marcador en el centro del campo, para aprovechar su gran despliegue físico, y le va a colocar en la línea medular en Colonia, en una semifinal de la Recopa, con la misión de «secar»  a la gran figura del equipo rebano, el legendario Wolfgang Overath, y Quimet cumple a plena satisfacción. A la postre el Barça no pudo ganar la Recopa, al caer en Basilea ante el Slovan de Bratislava por 2 a 3. Una mala temporada, pues, en la que los números de Rifé fueron los siguientes: 22 partidos de Liga,  2 de Copa y 5 de competición europea, con el escasísimo bagaje de un único tanto, anotado en encuentro liguero ante el Elche, en «Altabix»

Pero también había nacido un nuevo Rifé, destinado ahora a labores de contención, y ese desplazamiento en el campo va a tener su confirmación unos meses más tarde, el 28 de diciembre de 1969, cuando el sustituto de Artigas en el banquillo azulgrana, el ex jugador catalán Josep Seguer, le ponga de lateral derecho ante el Real Madrid, en el «Camp Nou», marcando a un veteranísimo Gento. El experimento salé bien, y un Barça hasta la fecha renqueante en la clasificación vence a los madridistas por 1 a 0 ( gol del defensa central Gallego ) e inicia la remontada en la tabla. Esa temporada 69-70 Rifé se alineó en 17 partidos de Liga, 6 de Copa y 2 de la Copa de Ferias, y hay que reseñar que en encuentro copero de cuartos de final contra el Real Madrid, disputado en el «Camp Nou» la noche del 6 de junio de 1970, Quimet  va a ser el autor de la falta sobre el  madridista Velazquez, cometida más de un metro fuera del área, que el colegiado guipuzcoano José Emilio Guruceta Muro señaló como penalti a favor del equipo blanco, provocando uno de los mayores escándalos futbolísticos que ha conocido este país, con lanzamiento masivo de almohadillas e invasión del terreno de juego por parte de millares de socios y seguidores barcelonistas, lo cual obligó al malogrado árbitro vasco ( que perdería la vida en un accidente de tráfico ocurrido en 1987 ) a suspender el encuentro faltando aun varios minutos para su finalización con el resultado de 1-1, un marcador que dejaba a los azulgranas fuera del «Torneo del KO»

A partir de ese momento Quimet va a vivir una segunda juventud, que le lleva de nuevo a la Selección Nacional, el  11 de noviembre de 1970, esta vez de la mano de Ladislao Kubala. El partido, valedero para la clasificación con vistas a la Eurocopa de 1972, a celebrar en Bélgica, enfrentará a España con la selección de Irlanda del Norte, donde brillaba el fenomenal pero excéntrico George Best. Venció el combinado español por 3 goles a 0, marcados por Rexach, Pirri y Luís Aragonés, y Kubala va a presentar el siguiente equipo: Iribar; Rifé, Gallego, Sol ( Hita ); Violeta, Costas; Arieta II, Luís, Quini ( Lora ), Pirri y Rexach.

Esa temporada 70-71 actuará en 29 encuentros de Liga, 4 de Copa de Ferias y 9 de Copa, competición en la que el Barça vuelve a proclamarse campeón, derrotando en una de las finales más emocionantes y vibrantes que se recuerdan al Valencia por 4 goles a 3 en la prórroga, consiguiendo Ramón Alfonseda el tanto de la victoria. A Quimet Rifé, en calidad de capitán azulgrana, le va a corresponder recibir el trofeo de manos del general Franco, siendo esta la última ocasión en la que el dictador entregó la copa que entonces llevaba su nombre al Barça. En el curso siguiente, 71-72, y con el técnico holandés Rinus Michels en el banquillo, Rifé sigue firmemente instalado en la titularidad como lateral derecho, utilizando su gran velocidad para cortar internadas contrarias y proyectarse a su vez en ataque. 32 partidos de Liga, 3 de Copa y 4 de Recopa constituyen su positivo bagaje.

Con 30 años cumplidos continúa inamovible en la campaña 72_73 (33 partidos de Liga, 2 de Copa y 2 de la nueva Copa de la UEFA, que viene a sustituir de algún modo a la antigua competición ferial ). Pero en  su palmarés sigue faltando el tan ansiado título liguero, aunque el fichaje del astro holandés Johan Cruyff, en el verano de 1973, va a hacer posible que se cumpla tan anhelado sueño. Tras unos comienzos dubitativos, el equipo blaugrana va a tomar velocidad de crucero desde el momento del debut de Cruyff,  contando prácticamente sus partidos por victorias. Una senda triunfal cuyo principal jalón será el histórico 0-5 conseguido en el «Bernabéu» frente al Real Madrid, prólogo del «alirón» cantado pocas semanas más tarde, tras una nueva y resonante victoria a domicilio, esta vez en «El Molinón», el feudo del Sporting de Gijón, donde el Barça va a proclamarse ya Campeón de Liga de forma matemática, algo que se le venía resistiendo desde el ya lejano año 1960. Rifé será uno de los puntales de esta temporada gloriosa, participando en 32 compromisos ligueros. 1 partido de Copa de la UEFA y 7 de Copa,  completando una campaña en la que el Barça llega también a la final copera, pero en esa ocasión, y privado de sus dos extranjeros, Cruyff y Sotil, debido a la normativa vigente, va a tener que doblar la rodilla en el partido definitivo, encajando un severo correctivo – 4 a 0 – a pies precisamente del Real Madrid, que de esa forma va a tomarse la revancha de la humillante «manita» encajada en la Liga.

La temporada 74-75, en la que el Barça celebra su 75 Aniversario, le brinda también a Quimet Rifé la oportunidad de participar por vez primera en el principal torneo continental, la Copa de Europa. Había muchas esperanzas depositadas en ella, pero el Barça no va a poder superar al Leeds United inglés en semifinales. Tampoco conseguirá revalidar el título liguero, ni llegar demasiado lejos en la Copa. Una campaña decepcionante, en resumen, que va a suponer la marcha del entrenador Rinus Michels, quien será sustituido por el alemán Hennes Weisweiler. 27 partidos de Liga – un ligero descenso respecto a sus registros habituales -, 4 de Copa y 8 de Copa de Europa (ahí si lo jugó todo) fueron el balance del futbolista oriundo del Poble Nou.

Y llegamos así a la última temporada de Quimet Rifé como jugador en activo, la 75-76. Y si al comenzarla todavía no había tomado la decisión de retirarse, la absoluta falta de confianza en su capacidad que va a mostrar el técnico germano, le convencerá del todo para colgar las botas, pues ni se planteaba la posibilidad de proseguir su carrera deportiva en otro club que no fuera el Barça. Weisweiler, un entrenador caracterizado por su política de cantera,  apostará por el joven Corominas como lateral izquierdo, lo cual desplaza al habitual titular de esa demarcación, Toño De la Cruz, a la banda derecha -en la que también se alineará el gallego Tomé -, dejando sin sitio a Rifé. Pero el teutón, enfrentado abiertamente a la gran estrella barcelonista, Johan Cruyff, no logrará terminar la temporada en el banquillo del «Camp Nou», siendo reemplazado por el responsable del conjunto juvenil, el cántabro Laureano Ruíz, quien si volvió a confiar en Rifé para los últimos partidos, obteniendo el subcampeonato tras derrotar al Real Madrid en el mismísimo «Santiago Bernabéu» ( 0 a 2 ). Esta temporada del adiós va a ser, por lo tanto, la más parca de Rifé en lo tocante a rendimiento, con solamente 6 partidos de Liga, 3 de Copa y 2 de Copa de la UEFA. En total, y a lo largo de sus doce campañas en la primera plantilla del Barça, Rifé va a alinearse en 291 partidos de Liga, consiguiendo 23 goles, cifras que se elevan a 527 encuentros y 47 tantos sumando todos los compromisos oficiales y amistosos en los que tomó parte vestido de blaugrana.

El club le va a rendir un merecidísimo homenaje en el «Camp Nou», el 1 de septiembre de 1976, junto a sus paisanos y compañeros Salvador Sadurní y Toni Torres, que también se despedían del fútbol activo. El rival será el Stade de Reims francés, que sucumbe por 2 goles a 0, marcados por Neeskens y Olmo. Esta fue la última alineación de Quimet Rifé como futbolista profesional: Sadurní ( Mora ); Rifé ( Ramos ), Torres ( Costas ), Migueli, De la Cruz, Olmo, Neeskens, Rexach, Cruyff ( Sotil ), Asensi y Clares ( Amarillo ). A continuación pasará a integrarse en el  «staff» técnico blaugrana, nuevamente a las órdenes de Rinus Michels, que regresa para hacerse cargo del equipo tras la frustrada experiencia con Weisweiler ( decisión tomada por la directiva de Agustí Montal hijo, y en la que seguramente algo tuvo que ver la renovación de Johan Cruyff para las siguientes dos temporadas )

TERCERA VIDA: TÉCNICO Y MAESTRO

Muy avanzada ya  la temporada 78-79, Rifé  va a relevar a su antiguo camarada Lucien Muller -el primer técnico de la larguísima «Era Núñez» – como entrenador del primer equipo. Sucedió en la jornada 28 del Campeonato Nacional de Liga, y va a debutar en el banquillo con una contundente victoria ante el Sporting de Gijón, uno de los cuadros-revelación de aquel torneo -, al que el Barça golea por 6 a 0 en el «Camp Nou», el 21 de abril de 1979. Con su antiguo compañero de tantos años Toni Torres como ayudante, va a conquistar la Recopa a las pocas semanas, en la histórica final de Basilea contra el Fortuna de Dusseldorf, el 16 mayo de 1979, con victoria catalana por 4 a 3, lograda delante de 30.000 enfervorizados «culés». pero a la temporada siguiente una eliminación europea a pies del Valencia le cuesta también el puesto. Sustituido por el mítico y veterano Helenio Herrera, Rifé continúa no obstante formando parte del «staff» blaugrana, en calidad de Jefe de los Servicios Técnicos, hasta que otra de las crisis que periódicamente azotan Can Barça le defenestra de manera definitiva, tras un incidente con ciertas cintas magnetofónicas de por medio, lo cual dio pie a la prensa para hablar de un «Watergate barcelonista». En 1981, y durante unos meses,  dirigirá al Levante UD, en Segunda A, reemplazando al ex-madridista Pachín, y nada menos que con Johan Cruyff en las filas granotas. El sorprendente fichaje del astro holandés, ya en el ocaso de su fulgurante carrera, buscaba empujar al club valenciano hacia la División de Honor, pero no consiguió su propósito, aunque sí logró buenas taquillas allá donde «el Flaco» se presentaba.

Junto con sus antiguos compañeros Torres, Asensi y Rexach, Quimet Rifé va a fundar en los primeros años 80 la prestigiosa escuela de fútbol TARR ( llamada así por las iniciales de los apellidos de sus cuatro creadores ). Con la llegada de Joan Gaspart a la presidencia del Barça dirigirá el fútbol base barcelonista entre los años 2000 y 2003 ( siendo relevado con el advenimiento de la «Era Laporta» ), y encauzará también su actividad profesional a través de una empresa de equipamientos deportivos -entre otras cosas sirviendo césped sintético para terrenos de juego -, y trabajando con preferencia por la zona catalanobalear. Hoy está ya felizmente jubilado, y su autorizada opinión es recabada por los medios cuando se trata de hablar del Barca, el club al que ha consagrado buena parte de su vida este veloz extremo reconvertido en carrilero, y pionero de una forma de entender dicha misión entonces absolutamente adelantada a su tiempo.