Mingorance, leyenda cordobesista

En Granada, en cuyo equipo representativo se dio a conocer, falleció el pasado día 5 de enero José Mingorance Chimeno, conocido futbolísticamente por su primer apellido. Había nacido en Castro de Sanabría (Zamora), el 10 de abril de 1938, siendo -junto a Joseíto- uno de los dos únicos futbolistas zamoranos que han vestido hasta la fecha los colores de la Selección Absoluta. Defensa central alto y corpulento, duro y expeditivo, de los de antes, vamos, fue uno de los más destacados de la decada de 1960, brillando en las filas de un recién ascendido Córdoba CF, lo que le llevó a debutar con el combinado nacional ante Escocia en Madrid -aunque en una tarde muy desafortunada, tanto a nivel individual como colectivo-, lo cual no es óbice para que se le recuerde como uno de los mejores zagueros que se han visto en El Arcángel. Luego pasaría al Español, formando parte del equipo de Los Cinco Delfines, para volver al Cordoba, ascender con el cuadro andaluz a Primera División, y retirarse en las filas del modesto Calella catalán.

Estreno en primera con el Granada
Mingorance se asomó al fútbol de élite en un Granada que había sido sorprendente finalista en la Copa del Generalísimo de 1959, aunque esa tarde el intratable Barça de Helenio Herrera le paso por encima (4 a 1). Se había forjado en la Agrupación Deportiva Ferroviaria, la entrañable “Ferro”, un histórico del fútbol modesto madrileño fundado por trabajadores del ferrocarril, y que en la inmediata Posguerra había llegado a disputar incluso algunas temporadas en Segunda División. Antes de que el defensor zamorano vistiera sus colores, por sus filas había pasado uno de los grandes ases de los años 50 y 60, Joaquin Peiró.
Entre 1957 y 1959 Mingorance va a formar parte del filial nazarí, el Recreativo de Granada, y ya iniciada la campaña 59-60 el técnico húngaro Janos Kalmar, a la sazón ocupante del banquillo rojiblanco, va a darle la alternativa, en el propio Los Carmenes y nada menos que frente todo un Barcelona, vigente campeón de Liga y Copa y reciente verdugo de los andaluces en la última final copera. Era el 8 de noviembre de 1959, novena jornada de Liga, y esa tarde el conjunto granadinista presentó la siguiente alineación: Piris; Mingorance -entonces actuaba como lateral derecho-, Méndez, Larrabeiti; Forneris, Pellejero; Martínez, Carranza, Mauri, Ramírez y Arsenio. Los azulgranas no pudieron marcar, y el resultado fue de empate a cero, de modo que el debutante no debió hacerlo mal del todo, máxime teniendo en cuenta lo que había delante…

De la Alhambra a la Mezquita
Ese curso Mingorance intervendría en 11 partidos, 18 en el siguiente, y hasta un total de 29 en la temporada 61-62, con el cuadro nazarí de vuelta a Segunda. Pero al concluir esa campaña cambiará de aires, aunque no se iría muy lejos…El Córdoba acababa de ascender a Primera División, y para que su debut en la élite no fuera un visto y no visto su directiva se dispuso a reforzar la plantilla verdiblanca, y una de esas novedades fue el fichaje de Mingorance, que para entonces ocupaba ya el eje de la zaga.
Su rendimiento en el conjunto cordobesista -titular indiscutible con 30 partidos en su haber y el club de la Ciudad de los Califas manteniendo la categoría- no va a pasar desapercibido para el nuevo seleccionador nacional, precisamente cordobés, el militar José Villalonga (1919-1973), que había dirigido con anterioridad a Real Madrid y Atlético de Madrid, conquistando con ambos clubes títulos domésticos y europeos (2 Ligas y 2 Copas de Europa con los merengues, y 2 Copas del Generalísimo y una Recopa con los colchoneros). El combinado español, tras su fracaso en el Mundial chileno del 62 -fracaso relativo, pues en la fase de grupos había perdido por la mínima ante quienes serían los dos finalistas del torneo, Brasil y Checoeslovaquia- se encontraba en un proceso de renovación generacional ante la Eurocopa de 1964, cuya fase final se disputaría en España.
La debacle del Corpus
Mingorance va a debutar con la Selección en un partido amistoso ante su homóloga de Escocia, que se disputaría en el estadio Santiago Bernabéu el jueves 13 de junio de 1963, festividad del Corpus Christi, uno de los tres jueves que “relucían más que el sol”. En aquellos momentos, en el Vaticano se estaba celebrando el Cónclave, pues la sede estaba vacante desde el 3 de junio, fecha del fallecimiento del Papa Juan XXIII, y Pablo VI no sería elegido por los cardenales hasta el día 21. El encuentro comenzó a las 6 y media de la tarde, y no había levantado demasiada expectación, pues en el coliseo madridista van a congregarse únicamente unas 40.000 personas, lo cual constituía poco más de la tercera parte de su aforo. Villalonga presentaría la siguiente alineación, cuajada de jóvenes valores: Vicente; Rivilla, Mingorance, Reija; Aguirre, Glaría; Amancio, Adelardo, Veloso, Guillot y Carlos Lapetra. Muchos jugadores por debajo de los 25 años, y con escasa o nula experiencia internacional.


El choque va a comenzar, no obstante, de manera favorable, con Adelardo abriendo el marcador en el minuto 8, pero los escoceses no tardarán en imponer su ritmo y su juego, más físico y mejor trenzado, con la presencia de un Denis Law que tras su breve etapa italiana había recalado en el Manchester United y conquistaría al año siguiente el “Balón de Oro”, y en tan sólo cuatro minutos le marcaron tres goles a un Vicente que no estuvo muy afortunado, aunque su defensa le dejó literalmente vendido. Tampoco fue muy brillante el desempeño del propio Mingorance, y en el minuto 35, con 1 a 3 favorable a los británicos, el zamorano va a dejar su puesto a Zoco, aunque su posición la ocuparía Glaría, pasando el navarro al centro del campo. Inmediatamente llegará el cuarto gol escocés, descontado luego por Veloso, y con ese 2 a 4 se fueron ambos equipos al descanso, quedándose fuera en la reanudación Vicente -cuatro goles encajados de cuatro tiros-, a quien reemplazaría un Carmelo que tendría que sacar dos nuevos balones de su portería. 2 a 6 finalmente, en la que todavía sigue siendo la más severa derrota de la Selección Española en suelo patrio. En el vestuario, al concluir el encuentro y según informó “Marca”, Mingorance repartió vasos de limonada a sus contritos compañeros, y encogiéndose de hombros, balbuceante, se limitó a declarar que “había salido con toda la ilusión del mundo, pero parece ser que en la Selección es muy difícil jugar”. Añadió que sencillamente no habían salido las cosas cómo él quería, que era el único responsable de sus actos, y que no tenía nada más que decir.
Un magnífico quinto puesto
Pero en su equipo le va a ir mucho mejor que esa aciaga tarde. Afianzado como indiscutible en el centro de la zaga, contribuirá a la excelente clasificación del conjunto cordobesista en la temporada 64-65. En el banquillo se sentaba Ignacio Eizaguirre, el que fuera gran portero internacional, y los verdiblancos van a despachar una estupenda campaña, clasificándose en quinta posición, su mejor registro histórico, por delante de clubes como Barcelona, Athletic de Bilbao, Sevilla o Español, sumando 35 puntos y 5 positivos, con un balance de 16 victorias, 3 empates y 11 derrotas, habiendo marcado 36 goles y encajado solamente 34. Convirtieron su feudo de El Arcángel en un auténtico fortín, puesto que de allí tan solo se llevaron puntos, gracias a tres igualadas, Atlético de Madrid, Murcia y Unión Deportiva Las Palmas, saliendo derrotados todos los demás visitantes, muchos de ellos por un exiguo pero suficiente 1 a 0 (Valencia, Betis, Athletic de Bilbao, Sevilla, Real Madrid, Oviedo y Barça). Solamente Español y Zaragoza consiguieron mojar en El Arcángel. Y un sistema defensivo formado habitualmente por el jovencísimo cancerbero Miguel Reina y los zagueros Simonet, Navarro, López, Ricardo Costa y el propio Mingorance -que disputó los 30 partidos de Liga- tuvieron mucha culpa de ello, en un conjunto donde también destacaban futbolistas como Ramón Tejada, Luís Costa, Juanín o Miralles.
Fichaje por el Español
Por consiguiente no fue nada extraño que tras concluir tan brillante campaña Mingorance cambiase de aires. Su destino va a ser la Ciudad Condal, y más concretamente el R.C.D. Español. Con el joven y dinámico empresario del sector de la maquinaria textil Juan Vilá Reyes al frente como verdadero hombre fuerte de la entidad, aun sin ostentar todavía la presidencia, el club perico estaba empeñado en tratar de evitar los apuros que le habían llevado al descenso a Segunda en 1962 y, una vez reintegrado a la élite en 1963-64, a tener que defender su permanencia en la promoción. Tras salvar ese siempre incierto trance ante el entonces oficialmente denominado ”Real Gijón” (el Sporting de toda la vida), en Sarriá van a tirar la casa por la ventana contratando prácticamente a un equipo entero, siendo el fichaje más impactante el de un tal Alfredo Di Stefano, al que tanto Santiago Bernabéu como Miguel Muñoz ya consideraban demasiado viejo como para seguir pilotando la nave blanca en el terreno de juego. Carmelo, Osorio, Kuszmann, Juan Manuel, Bergara, Ramírez, Vall, Riahi, Kaszas o Rodilla fueron otros de los refuerzos para ese curso 64-65, que sin embargo tampoco será tranquilo clasificatoriamente hablando.

Comparado con eso, el 65-66 contemplará menos novedades, aunque tampoco el conjunto blanquiazul se verá libre de problemas, salvando la categoría por los pelos. Con Mingorance había llegado también su compañero de equipo Miralles, así como Amas, de la Real Sociedad, y José María, procedente del Oviedo. Y ya avanzada la campaña se incorporaría un marginado en Can Barça, Cayetano Re, y al finalizar esta, una de las grandes promesas de fútbol español, Marcial Pina, del Elche, pretendido nada menos que por Barça, Real Madrid e Inter de Milán. A golpe de talonario se estaba formando un gran equipo, que por fin va a deparar a sus aficionados una temporada para disfrutar.
Guardando las espaldas a los Cinco Delfines
1966-67 es el gran momento de los que un periodista barcelonés bautizaría como “Los Cinco Delfines” -Amas, Marcial, Re, Rodilla y José Maria-. Y cubriéndoles las espaldas, como central contundente debido a su privilegiado físico, estará Mingorance, flanqueado por un puñado de eficaces elementos (Osorio, Riera, Juan Manuel, Ramoní, Bergara…). Si en su primera campaña como españolista -que a la postre sería la mejor en lo individual, con 38 partidos jugados entre todas las competiciones, incluyendo la Copa de Ferias- se pasaron apuros, ahora el equipo logrará un magnífico tercer lugar, tras Real Madrid y Barça, igualando su mejor clasificación histórica. Y el zamorano va a reencontrarse con Kalmar, el técnico que le había hecho debutar a finales de la década anterior en las filas del Granada.
Sin embargo la temporada siguiente no podrán reeditar el mismo rendimiento, en un curso caracterizado por la irregularidad. Pero no saltan la alarmas, y Vilá Reyes, ya en el cargo de presidente, vuelve a realizar un fuerte desembolso contratando al internacional navarro del Atlético de Madrid Jesús Glaría y al centrocampista del Elche Lico, uno de los futbolistas más cotizados del panorama nacional. De ese modo el Español reúne una defensa en la que están los internacionales Osorio y Mingorance y el rocoso y contundente Riera, una medular millonaria, y una de las mejores delanteras de nuestro fútbol. Soñar con el título, por lo tanto, no parecía una quimera, en un club que no había ganado para sustos en los últimos tiempos.
Pero todo va a salir mal desde el primer momento. El arranque de la Liga 68-69 es desastroso, y el equipo se mete muy pronto en negativos -Kalmar es sustituido en el banquillo por el legendario Argilés-, y ya no abandonará los últimos lugares de la tabla, sorprendiendo a todos. Y para colmo problemas físicos dejarán en el dique seco a Mingorance durante buena parte de esa nefasta temporada, que se cierra con el segundo descenso españolista. En el verano del 69, para mayor inri, estalla el llamado “Caso MATESA”, la empresa del mandatario blanquiazul, que dimitirá de su cargo y poco después será incluso encarcelado. El club, atravesando por una grave situación económica, se verá incluso obligado a desprenderse de su gran estrella, el centrocampista Marcial Pina, que cruza la Diagonal, traspasado al Barça.
Retorno a El Arcángel y retirada
Los pericos van a recuperar la categoría al finalizar la campaña siguiente, en compañía de Sporting y Málaga, pero Mingorance ya se pierde la mayoría de partidos, y tras cinco años en Sarriá abandona la entidad, regresando al Córdoba. Allí vuelve a ser titular indiscutible, y acompañando a los Verdugo, López Prieto, Torres, Escalante, Rivera, Rojas, Diego, Crispi, Manolín Cuesta o Cruz Carrasposa, colabora en el ascenso del cuadro andaluz, pero ya no estará presente en su reingreso en la Primera División, sino que regresa a Cataluña. Enrolado en el Calella, de Tercera, apurará sus dos últimas temporadas como futbolista, retirándose del deporte activo en 1973, aunque con posterioridad seguirá en algún momento vinculado al fútbol en la faceta de entrenador, dirigiendo al Granada en la temporada 81-82, en Segunda B, aunque un solo partido. Un hijo suyo, José Miguel Mingorance Pérez, fue también futbolista, pero moviéndose preferentemente por el centro del campo, en equipos como Granada, Antequerano o Atlético Marbella, en la década de los años 80.












































No son frecuentes los casos de hermanos que juegan en la misma posición, pero los Machado da Silva brasileños lo hacían, en el eje de la delantera, y ambos muy bien, manteniendo un tórrido idilio con el gol. Y durante varios años capitanearon las vanguardias de sendos equipos de la misma ciudad, Valencia CF y Levante UD, que llegaron a enfrentarse en unas cuantas ocasiones durante la primera y breve etapa del cuadro granota en la máxima categoría, aunque precisamente a causa de la demarcación que ocupaban los duelos personales durante el partido entre los dos hermanos eran prácticamente imposibles, pues cada uno miraba hacia la portería contraria, y eran los defensores quienes se encargaban de frenar sus ímpetus. Pero, por esas ironías que a veces tiene el destino futbolístico, ya en el ocaso de su carrera compartieron vestuario, el del Hércules de Alicante, y hasta en algunos encuentros formaron parte del mismo once, en su línea atacante.
Y para Vallejo, desplazado igual que una maleta, se fue el bueno de Wanderley, debutando ya en la segunda vuelta de la temporada 62-63. El Levante era un clásico aspirante al ascenso, pero siempre se quedaba en puertas. Sin embargo en aquella ocasión había formado un gran equipo –Rodri, Calpe, Pedreño, Alustiza, Castelló, Currucale, Vall, Domínguez, Gento III, Haro, Serafín, Torrents…- y finalmente lo logró, aunque con muchos sudores, derrotando al Deportivo de La Coruña en una promoción a cara de perro, y los goles de Wanderley -consiguió 11 en 14 partidos, comenzando por el del día de su presentación, que supuso los dos puntos- tuvieron bastante que ver con la hazaña. Pero marcar en Primera estaba bastante más caro, como pronto iba a comprobar. Y aunque se dio el gustazo de mojar en su primer derbi valenciano. mientras que su hermano -con quien vivía, pues no estaba casado- se quedaba aquella noche en blanco, tan sólo levantó los brazos en señal de júbilo en siete oportunidades, habiendo participado en 22 encuentros.
De nuevo en Segunda, Wanderley no va a cuajar una buena campaña 65-66, pero al año siguiente alcanzará sus mejores registros goleadores: 19 tantos en 28 partidos. Es una de las estrellas del equipo, y al finalizar el curso será traspasado junto con su compañero de ataque Pons y el guardameta Catalá al C.D. Málaga, que después de perder la categoría que había ganado precisamente frente al Levante, había vuelto a recuperarla al año siguiente, configurándose como el gran equipo-ascensor de los años 60 junto con el Deportivo de La Coruña, en lo que parecía ser el sino de los conjuntos vestidos de blanco y azul.
En la Costa del Sol el papel de Wanderley, de entrada, no iba a ser tan lucido como en Valencia. En sus dos primeras campañas no puede decirse que fuera titular indiscutible, pues interviene solamente en la mitad del campeonato, con una dura competencia por parte de los paraguayos Cabral y Fleitas, que se movían también como hombres en punta. Va a ser de nuevo tras otro descenso cuando se convierta en asiduo. En esa Liga 69-70, en la cual los malacitanos ascendieron una vez más, y en el último partido, tras Sporting de Gijón y Español -un ilustre trío-, jugará con asiduidad gracias a la marcha de Sebastián Fleitas al Real Madrid. 28 presencias y 13 goles, destacando el póker que le endosó al Español en La Rosaleda el 30 de noviembre de1969, la tarde del debut del legendario Sebastián Humberto Viberti, que fue el autor del tanto restante.
Los dos, visto lo visto, deciden cortar por lo sano. Waldo se establecerá en Valencia capital hasta su fallecimiento en 2019, mientras que Wanderley lo hará muy cerca, en la localidad de Massanassa. Allí se casará con una chica que regentaba una farmacia, y va a vivir completamente al margen de su antigua profesión deportiva hasta el momento de su muerte, acaecida el 5 de marzo de 2020. Cuentan los que le conocieron, y reconocieron, que no quería ni acordarse de lo que había sido en sus años mozos. Pero nosotros sí que le recordamos, como uno de esos escasos jugadores que animaron con sus destellos de genialidad un tiempo tan anodino para el fútbol español como fueron los años 60. Y es que 71 tantos en 180 partidos no estaba pero que nada mal para esa época de secano goleador,..
El Zaragoza estaba construyendo un gran equipo, y tenía vacante precisamente la banda derecha, pues el veterano jugador canario Miguel dejaba por esas fechas “La Romareda” para unirse al Real Murcia. De manera que otro ”Canario” -aunque este soló de sobrenombre- va a ocupar su plaza.
Pronto nacerán los Magníficos, en cuanto el tinerfeño Santos desplace al también brasileño Duca y se una a los Marcelino, Villa y Lapetra, completando una de las delanteras más legendarias de toda la historia del fútbol español. Estaba aun reciente el estreno de “Los Siete Magníficos”, un popular western dirigido en 1960 por John Sturges y protagonizado, entre otros, por Yul Brynner, Steve McQueen y Charles Bronson, con una vibrante banda sonora compuesta por Elmer Bernstein. Aquellos Magníficos del Lejano Oeste eran unos grandes profesionales con las armas en la mano, y a la nueva vanguardia zaragocista, -igualmente muy diestra, pero en su caso manejando el balón, mucho más incruento que el “Colt” o el “Winchester”- se la conocerá también por dicho adjetivo laudatorio, aunque cambiando la cifra.
Cada uno de sus miembros aportaba prestaciones superlativas: Canario era la velocidad en el desborde, con mucho gol, Santos ejercía de incansable trabajador, pero aun con más eficacia realizadora, Marcelino tenía una gran capacidad de remate, sobre todo con la cabeza, Villa era el artista depurado, un jugador de lujo, también con mucha pólvora en sus borceguíes, mientras que Carlos Lapetra, el cerebro organizador, eran la inteligencia y la visión de la jugada hechas futbolista. No hay mejor quinteto entonces en España, ni en parte del Extranjero…
Los cinco años que Darcy Silveira va a pasar a orillas del Ebro serán sin duda alguna los más brillantes de su carrera. Es aquel un Zaragoza unánimemente aclamado por la calidad de su juego, que llega a finales y gana títulos con asiduidad (63-64: Copa del Generalísimo -torneo que el extremo carioca ya puede jugar- y Copa de Ferias, su mejor año; 64-65: finalista de Copa; 65-66: campeones de Copa y finalistas de la Copa de Ferias). En la Liga el club aragonés consigue siempre buenas clasificaciones -tercero, cuarto o quinto-, pero les va a faltar algo imprescindible, lo que hoy llamaríamos “fondo de armario”. El equipo tiene 13 o 14 jugadores de muy buen nivel, pero los suplentes no dan la talla necesaria para compactar un conjunto capaz de proclamarse campeón del Torneo de la Regularidad, así que el Zaragoza brillará básicamente en las distancias cortas.
Y el cuadro bermellón consigue su objetivo al finalizar la temporada 68-69. Canario jugó bastante en la que sería su última campaña como futbolista (24 partidos y 3 goles), formando parte de una vanguardia cuajada de “ces”, junto a Cano, Domínguez, Conesa y Camps. Después va a volver a Zaragoza, donde explotará diversos negocios de hostelería. Establecido últimamente en la localidad oscense de Fraga, confiesa que le aburre el fútbol actual, y deplora que los jugadores de hoy en día exageren las caídas, traten de engañar a los árbitros por sistema, y saquen a pasear los codos con demasiada frecuencia…



Era la Juve de Luís Del Sol, y también, por supuesto, del crack argentino Enrique Omar Sivori, el Cabezón, que venía a ser algo así como el Maradona o el Messi de los años 50 y 60. Era la gran estrella del conjunto piamontés, ganador del “Balón de Oro” en 1961, pero no tardó en chocar con la espartana personalidad de un Heriberto Herrera que ya estaba empezando a ganarse a pulso el apelativo con el que habría de pasar a la posteridad futbolística. Sivori se marcharía pronto con viento fresco a Nápoles, en busca de aires menos exigentes, pero los bianconeri volvieron a entrar en la senda del éxito, y la Copa de Italia de 1965 fue suya. HH II preparaba férrea y concienzudamente a sus pupilos, implantando una fuerte presión y una constante permuta de posiciones, preludiando el “Fútbol Total” de la década siguiente, y hasta les convencía de las ventajas de evitar salidas nocturnas y dejar de fumar, lo cual podría alargar su vida como deportistas algún que otro año más. Coincidiendo con il Grande Inter, también conquistó el scudetto del curso 66-67, con un conjunto muy solidario y sin grandes figuras, al que se conoció como la Juve Operaia (“Obrera”), aunque después le surgió otro duro competidor en el A.C. Milan de Nereo Rocco.
El Barça se hará con sus servicios, avalado por Kubala, y pronto se les unirá otro ilustre magiar, Sandor Kocsis, también fugitivo del terror rojo.
El club blaugrana que se encuentra Czibor está dirigido por Helenio Herrera, que ha regresado a España tras una breve experiencia en los banquillos en Portugal. Y de mano va a contar con el exterior húngaro. Su presentación en partido oficial se produce en la primera jornada de la Liga 58-59, marcando un tanto en la contundente victoria sobre el Valencia por 6 a 0. A partir de ahí será titular cada domingo, hasta llegar al Barça-Real Madrid de la séptima jornada, en el que los catalanes golearán a los blancos por 4 a 0, en una gran tarde del brasileño Evaristo, que consiguió tres goles (el otro fue marcado por Tejada), aunque Czibor es expulsado a causa de un incidente con el madridista Santamaría, que también iba a tomar el camino de las duchas antes de tiempo. Pero una vez cumplida la sanción de cuatro partidos retorna al equipo titular, de donde ya no va a salir prácticamente en todo el resto del campeonato, que se lleva el Barça a sus vitrinas batiendo todos los récords existentes hasta el momento (puntos, victorias, goles a favor…). En total intervendrá en 20 encuentros, con un balance personal de 7 tantos. En la Copa, sin embargo, actuará en una única ocasión.
Su segunda temporada como azulgrana será más floja (18 partidos, repartidos entre cuatro competiciones: Liga, Copa, Copa de Europa -en la que debuta el Barça- y Copa de Ferias), aunque continúa viendo puerta con cierta facilidad, logrando once dianas. Y ya sin Herrera al frente del equipo, su presencia sigue siendo intermitente, aunque alcanza a participar en la final de la Copa de Europa frente al Benfica, un choque que podía salvar la irregular temporada 60-61 y coronar al Barça como nuevo monarca continental, sucediendo al pentacampeón Real Madrid, al que los azulgranas habían eliminado en octavos de final.
El encuentro se disputa el 31 de mayo de 1961 en el Wankdorfstadion de Berna, el mismo escenario donde siete años antes la selección húngara había caído derrotada ante la RFA. Ese dato no les da buena espina a Czibor y a su compañero Kocsis, y menos aun cuando les toca ocupar el mismo vestuario de entonces. Y efectivamente, se va a repetir el resultado adverso, 2 a 3, aunque en esta oportunidad con una increíble mala suerte en forma de goles tontos encajados y numerosos tiros escupidos por la madera del marco lisboeta -aquellos malditos postes de sección cuadrada-. Y al igual que sucediera en el 54, Czibor va a volver a marcar, pero su gol será inútil a la postre. La derrota supondrá, asimismo, el desmantelamiento del equipo, y Czibor va a ser uno de los futbolistas a los que se les enseñe la puerta de salida.
Pero Zoltan tiene solamente 32 años, y conserva las ganas de seguir jugando al fútbol, ese fútbol anárquico e intuitivo, hecho de quiebros imposibles y diabólicos disparos marca de la casa. De modo que cruza la Diagonal y se enrola en el rival ciudadano del Barça, el Español, que se estaba reforzando con jugadores veteranos como el madridista Rial, el argentino del Granada Carranza o el donostiarra Gordejuela, puesto que iba a estrenar también nueva competición: la Copa de Ferias. Pero su temporada 61-62 va ser un verdadero desastre, y se saldará con el primer descenso blanquiazul a Segunda, de manera que Czibor pasará por Sarriá con más pena que gloria. Acto seguido malbarata su fama en equipos del entorno e inferior categoría (Europa en Tercera, Hospitalet en Segunda), para acabar cambiando de aires, estableciéndose en ligas menores -Basel suizo, Austria de Viena…-, y recalando finalmente en el soccer norteamericano, jugando para el Primo Hamilton FC de Canadá.










En el curso siguiente es campeón de la primera edición de la Copa de Ferias (disputada entre 1955 y 1958), y con la llegada de Helenio Herrera al banquillo de un recién inaugurado Camp Nou logra el doblete en la temporada 58-59, formando parte de un Barça que pulveriza todos los récords ligueros. Otra Liga a la butxaca en la 59-60, así como la segunda edición del torneo ferial (1958-1960), y debut en la Copa de Europa, donde únicamente un intratable Real Madrid puede apartar al Barça de la final, aunque en la campaña siguiente los azulgranas se tomarán la revancha siendo el primer club capaz de eliminar de la máxima competición continental a los merengues, hasta entonces vencedores de las primeras cinco ediciones. Es la noche del gran gol del brasileño Evaristo de Macedo, lanzándose en plancha a por un balón imposible y batiendo al guardameta catalán -y ex-españolista- Vicente.
De ese modo va a jugar muy poco en las campañas 61-62 y 62-63, la última de las cuales resulta desastrosa para los colores blaugranas en lo relativo al Campeonato Nacional de Liga, finalizado en una indecorosa sexta plaza. Cambios frecuentes de entrenador, fichajes fallidos, falta de continuidad en las alineaciones, ausencia de un patrón de juego definido…Todos esos males atenazaban a un Barça lejos ya de los años gloriosos de la década de los 50. Pero en medio de tantos nubarrones, va a abrirse al menos un portillo a la esperanza….La Copa del Generalísimo de 1963 terminará en las vitrinas barcelonistas tras derrotar en el propio Camp Nou a un todavía bisoño Real Zaragoza, carente aun de algún magnífico. Y Olivella va a ser de la partida, aunque ahora actuando como defensa central, a causa de los graves problemas físicos que arrastraba Enric Gensana, y que pronto le iban a excluir del fútbol de élite.
Y aquella tarde del 21 de junio del 64 todo sale a pedir de boca. Un gol del delantero gallego del Real Zaragoza Marcelino, batiendo con una testarazo en escorzo al mítico Yashin, la Araña Negra –en aquellos momentos el mejor arquero del mundo-, le proporciona a España su primer título a nivel de selecciones, aunque tendría que esperar nada menos que 44 años, hasta la Eurocopa de 2008, para poder acompañarlo con otro trofeo. Olivella va a ser el encargado de recibirlo, en lo que sin duda supone el cenit de su carrera deportiva, justo al cumplir los 28. Continuaría un par de temporadas más jugando a buen nivel, teniendo como compañeros de línea al malogrado jugador uruguayo Julio César Benítez y al rocoso lateral izquierdo vallesano Eladio Silvestre, con el canterano Toni Torres de refuerzo, y bajo los palos Sadurní o Pesudo. Formará parte también del grupo de 22 convocados para el Mundial de Inglaterra de 1966, aunque no va a jugar ni un solo minuto de los tres encuentros que España disputa en tierras británicas, pues su puesto lo ocupa un joven central andaluz de su mismo equipo, recién llegado al Barça, Francisco Fernández Rodríguez, más conocido como Gallego.
Atrás quedaban 16 años perteneciendo a la disciplina barcelonista, trece de ellos en el primer equipo con 334 encuentros oficiales para un total de 513 partidos disputados, que le sitúan dentro del Top Ten de los jugadores azulgranas, con un palmarés que suma 2 campeonatos de Liga, 4 de Copa y 3 Copas de Ferias, habiendo sido internacional con la Selección Absoluta en 18 ocasiones. Pese a actuar como defensa, nunca fue expulsado de un terreno de juego, y su seriedad y corrección le condujeron también durante un tiempo a la capitanía del equipo.
En septiembre de 1969 el club va a organizar un partido de homenaje en su beneficio, con el Palmeiras brasileño midiéndose al Barcelona, en cuyas filas Olivella disputará sus últimos minutos vestido de corto. A continuación comenzará a trabajar como profesor de Educación Física -para lo cual tendrá que sacarse el título de entrenador- en un centro docente de Sant Cugat del Vallés vinculado al Opus Dei, donde prestará sus servicios durante 34 años hasta el momento de su jubilación. Residente en Castelldefels, falleció en dicha localidad barcelonesa el 14 de mayo de 2023, en un año auténticamente aciago para los eurocampeones del 64, en el que nos dejaron también Amancio, Luís Suarez y Fusté. ¡Casi nada!
Era aquel un Elche que había subido de Tercera a Primera en dos fulgurantes campañas, con José Esquitino como presidente y el legendario César Rodríguez, el Pelucas, como jugador-entrenador. Re va a debutar en la máxima categoría junto a un montón de ilustres compañeros, aparte del divino calvo leonés: su compatriota Laguardia, el charrúa Dagoberto Moll, el hondureño Cardona, o los levantinos Fuertes y Pahuet, y en su segundo partido en la División de Honor ya van a derrotar a todo un Barcelona, campeón de Liga y Copa la anterior temporada.
En 1962 el Barça va a pensar en él para encargarle la siempre difícil misión de conseguir goles. Evaristo y su compatriota Eulogio Martínez abandonan la entidad blaugrana, Kocsis ya está mayor, y Zaldúa es todavía demasiado bisoño, de manera que 6 millones de pesetas -un buen pellizco para la época- convencen al Elche para que suelte a una de sus perlas. Conservaban a Romero, la gran estrella del conjunto, y se trajeron a otro paraguayo, Juan Carlos Lezcano, formando una tripleta central con total acento guaraní, porque el propio Eulogio va a dejarse caer también por entre los palmerales…
Su eclosión definitiva llegará en el curso siguiente, el 64-65, donde el Barça volverá a reincidir en una indecorosa sexta posición final. Re va a ser lo único destacable en una temporada tan gris, y se corona como máximo goleador del campeonato con 25 tantos, haciéndose acreedor al Trofeo “Pichichi”. Su gran estado de forma obligará a que su teórico competidor para el puesto de ariete, Zaldúa, sea cedido ya avanzada la campaña a Osasuna, el cuadro más representativo de su tierra navarra. Pero en ese éxito personal estaría precisamente el motivo de su pronta e inesperada marcha del “Camp Nou”. Re no llegará a un acuerdo con la directiva barcelonista acerca de la renovación de su contrato -el Vil Metal, ya se sabe…-, y eso va a agriar las relaciones entre ambas partas, pese a que finalmente estampa su firma.
Re, por consiguiente, va a cruzar la Diagonal, y si bien ya no puede alinearse en la Liga por cuestiones reglamentarias, si lo hará con su nuevo equipo en la Copa de Ferias y en la Copa del Generalísimo de aquella temporada 65-66, dándose la curiosa circunstancia de que en el torneo ferial se enfrentará a los que tan sólo unos pocos meses antes eran sus compañeros. En aquel Español de mediados de los 60 el auténtico hombre fuerte era el dinámico empresario del sector de la maquinaria textil Juan Vilá Reyes -posterior protagonista del sonado “Caso MATESA”-, que estaba empeñado en convertir al club perico en una alternativa de poder respecto a los principales conjuntos del país: su gran rival ciudadano azulgrana, los dos clubes de la capital, o el Zaragoza de Los Magníficos, sin olvidarnos de Valencia o Athletic de Bilbao. Le cambia incluso el diseño de la camiseta, recuperando las franjas anchas anteriores a la Guerra Civil. Ya había llevado a “Sarria” a Kubala y a Di Stefano, si bien en sus últimos compases, y ahora va a formar una delantera de ensueño, acompañando a Re con el donostiarra Amas, el ilicitano Marcial, el castellano Rodilla y el asturiano José María, bautizados por un periodista como los Cinco Delfines
Y por una de esas cosas raras que a veces ocurren en el fútbol, un superclase recientemente coronado con la Canarinha en Suecia-58 no pudo triunfar en el que sin duda era el mejor equipo de club de su época. Didí y el Real Madrid unieron sus destinos en el verano de 1959, y se divorciaron sorprendentemente tan sólo un año más tarde. Waldir Pereira era uno de los mejores futbolistas brasileños de los últimos años 50, lo que equivalía a decir que se trataba de una de las estrellas más rutilantes del panorama internacional en aquel preciso momento. Interior derecho fino y elegante, dotado de una técnica exquisita, sobre él pivotaba el juego de aquel fabuloso Brasil que acababa de conseguir su primera “Jules Rimet” en tierras escandinavas. El imberbe Pelé ponía la magia, Vavá los goles, Garrincha el desborde, y Zagalo completaba tácticamente un quinteto de ensueño donde Didí manejaba el metrónomo como nadie. Era una de las figuras del Botafogo carioca, el club albinegro de la estrella solitaria, y ya tenía muchísimo fútbol en sus botas.
Se habló y escribió mucho acerca de las razones que impidieron que un fenomenal jugador como Didí triunfase en un Real Madrid donde le acompañaban al menos media docena de cracks mundiales. Se argumentó que Di Stefano tenía celos y le hizo el vacío, así como que le molestaba que Didí no trabajase en el campo igual que él, que estaba en todas partes, y que se limitase a labores creativas, y también llegó a decirse que su mujer -que colaboraba en la prensa brasileña- algo tuvo que ver en la generación de cierto mal ambiente en el seno del equipo. Pero tal vez la verdadera razón sea mucho más simple, y se atrevió a aventurarla Darcy Silveira, Canario, un compatriota suyo que compartió con él vestuario en aquel Madrid multiestelar: el clima.
El puesto de interior derecho, al lado de Don Alfredo, había pasado a ocuparlo Pepillo, un jugador muy fino y goleador, pero también con mayor capacidad de trabajo. Y a quien, desde luego, el frío no le afectaba tanto a pesar de ser natural de Melilla y haberse hecho futbolísticamente en Andalucía, en las filas sevillistas. Y en esos 19 partidos Didí marcó 6 goles, cinco de ellos en el “Bernabéu” (Español, Osasuna, Sevilla, Las Palmas y Valencia fueron las víctimas ), y solamente uno a domicilio, a la Real Sociedad en “Atocha”. De modo que, con más pena que gloria, rescinde su contrato y regresa a Botafogo. Y dos años más tarde, en 1962 y en tierras chilenas, vuelve a proclamarse nuevamente campeón del Mundo por segunda vez, junto a los Garrincha, Vavá, Zagalo y Amarildo, sustituto por lesión de un Pelé ya aclamado como O Rei. En total disputaría 74 partidos con Brasil, consiguiendo 21 goles.
Wilkes va a debutar oficialmente en la segunda jornada de la Liga 53-54, en los viejos Campos de Sport de El Sardinero. Aquella tarde el Racing de Santander derrotó al Valencia por 3 a 1, y el futbolista se presentaría ante su público al domingo siguiente, frente al Real Oviedo. Va a marcar su primer gol en la cuarta fecha, en el propio Mestalla y con el Sevilla como rival. El tanto, que fue el del momentáneo empate a uno, no pudo impedir la victoria andaluza por 2 a 3. Y en la jornada número 7, de nuevo al amparo de su parroquia, conseguirá su primer hat-trick como valencianista, en el triunfo sobre el Atlético de Madrid por 4 a 1. La afición va a flipar literalmente con Wilkes. Se trataba de un jugador diferente, espectacular, con un regate como nunca antes se había visto. Algunos de sus goles, por su extraordinaria belleza, van a ser saludados con flamear de pañuelos, algo que hasta entonces parecía privativo de las corridas de toros. Sus compañeros contaban que Wilkes era el único jugador capaz de hacer paredes consigo mismo, pasándose el balón de un pie a otro, e iniciando una vertiginosa carrera hacia el marco contrario, con un cambio de ritmo demoledor que un par de décadas después va a ser la más recordada seña de identidad de otro ilustre compatriota suyo, un tal Johan Cruyff. Aunque a veces su genialidad desconcertaba a sus propios compañeros, de ahí el dicho valenciano que se hizo muy popular: Faas, ¿qué fas?
En la siguiente campaña, la 54-55, su rendimiento va a descender sensiblemente, tanto en número de partidos disputados como en goles marcados (15 choques y 9 tantos), pues va a sufrir una enfermedad. En concreto, tuvo que ser intervenido quirúrgicamente de bocio, un problema endocrinológico caracterizado por el aumento de tamaño de la glándula tiroides, y que se visualiza por un abultamiento anormal bajo la laringe. Le suplió con muy buenos registros anotadores Badenes, que era un gran rematador, pero sin la magia del holandés. Por aquellos mismos días el Valencia se encontraba inmerso en la ampliación del campo de Mestalla, y llegó a decirse que la presencia en el equipo de Wilkes fue la que pagó las obras de la nueva tribuna. Una afirmación tal vez algo exagerada, pero en todo caso no demasiado alejada de la realidad.
Solventados algunos problemas de índole burocrática relacionados con la edad del futbolista -35 años-, este podrá debutar vestido de azulgrana. Va a despachar una campaña más que decorosa, muy notable, pues jugará 25 encuentros, marcando la cifra de 13 goles -su segundo mejor registro en España-, con un hat-trick y tres dobletes, al lado de un joven delantero de la tierra que pronto pasaría al Valencia, Paredes. Sin embargo el Levante pincharía en el sprint final, perdiendo la posibilidad de ascenso directo al fallar en las dos últimas jornadas (una derrota en Málaga y un empate en Vallejo frente al Ceuta). De modo que quien sube a Primera por la vía rápida es el Elche, y los granotas tuvieron que conformarse con intentarlo en la promoción.
WILKES, EL PRIMER GRAN HOLANDÉS EN ESPAÑA
España se va a clasificar para la fase final de esa Eurocopa de 1964, a celebrar en nuestro país. En las semifinales se enfrente a Hungría en Madrid. Pereda abre el marcador, pero luego igualan los magiares, hasta que Amancio, en la prórroga, nos da el pase a la final. Y en el partido decisivo, disputado frente a la selección de la URSS en un “Bernabéu” lleno a rebosar, y con la presencia en el palco del Generalísimo Franco, el de Medina de Pomar va ser de nuevo determinante. Otra vez el primer gol llevará su firma, de fuerte disparo. Y tras el empate soviético, un pase suyo va a ser rematado de cabeza en escorzo por el zaragocista Marcelino, desconcertando al mítico Yashin, la Araña Negra, y dándole la victoria a España, un triunfo que fue más que una hazaña deportiva por sus evidentes connotaciones políticas -el régimen franquista celebraba los “XXV Años de Paz”, un cuarto de siglo después del final de la Guerra Civil-, con los siguientes once héroes nacionales como protagonistas: Iribar; Rivilla, Olivella, Calleja; Zoco, Fusté; Amancio, Pereda, Marcelino, Luís Suárez y Lapetra. Como anécdota, reseñar que en el reportaje de No-Do que se exhibió entonces en los cines españoles, la asistencia de Pereda no aparecía, siendo sustituida en el montaje por un centro de Amancio, desfaciéndose el entuerto muchos años después. A cada uno lo suyo.
Nunca más recuperaría Pereda ese gran nivel, pues las lesiones comenzarán a hacer mella de él, sacándole del equipo culé y de la Selección. De manera que entre 1964 y 1968 faltará a la cita con su club en más de la mitad de las ocasiones. Para entonces ya no le alinean de extremo, sino de interior de ambos lados, con preferencia por la derecha, formando con su compañero Fusté un centro del campo intermitente, pero de gran calidad y con gol. En esa etapa de su carrera contraerá matrimonio con una joven de la buena sociedad barcelonesa, Teresa Soler Cabot, tendrá hijos, y pondrá en marcha algunos negocios, como por ejemplo un restaurante especializado en carne -de casta le venía al galgo-, pero en la primavera de 1968 parece ya definitivamente desahuciado del Barça, y con su futuro en algún otro club. Entonces es cuando, contra todo pronóstico, se va a producir su resurrección deportiva.
Tras mucho tiempo apartado del equipo, el entrenador Salvador Artigas le saca en “Atocha”, en partido de Copa contra la Real Sociedad, y con el terreno de juego húmedo y pesado, y Pereda va a responder a su confianza con un gran partido y un gol. Ya no se apeará de la alineación titular durante el resto del campeonato, en el que el Barça resulta vencedor tras derrotar en la final del “Bernabéu” al Real Madrid gracias a un gol en propia puerta del merengue Zunzunegui, con un arbitraje del balear Antonio Rigo muy protestado por el público local, parte del cual exteriorizó su descontento con el lanzamiento de envases de cristal al campo, en la que ha pasado a la historia como la Final de las Botellas. Ese buen momento de juego lo refrendará en los albores la temporada siguiente, 68-69, hasta el punto de que el seleccionador nacional, el efímero Doctor Toba, vuelve a contar con él, y le alinea en Belgrado frente a Yugoslavia. Pereda mueve al Barça, en compañía de Fusté, y marca goles aprovechando su fuerte disparo, pero a medida que va avanzando la campaña se queda sin gasolina, e incluso pierde su puesto en el once titular. Reaparecerá en un momento muy comprometido, en la final de la Recopa de Basilea, ante el Slovan de Bratislava, saltando al campo en sustitución de un compañero lesionado, el lateral derecho Franch. El Barça, contra todo pronóstico, resulta derrotado por los semidesconocidos eslovacos (2 a 3)
Ese va a ser su último partido con la zamarra azulgrana. El club, en una sorprendente decisión -tal vez deseaba eliminar una ficha elevada-, va a prescindir de sus servicios, concediéndole la carta de libertad, y Pereda se marcha inmediatamente al Sabadell, entonces habitual cementerio de elefantes barcelonista, reuniéndose con los Comas, Torrent, Marañón, Montesinos, Vidal y Zabala, todos antiguos compañeros suyos.
Pero por una u otra razón, jugará muy poco en la “Nova Creu Alta”, y en 1970 suscribe contrato con el Mallorca, que militaba en Segunda División, donde apurará sus dos últimas temporadas como profesional hasta el momento de la retirada. con 424 partidos y 127 goles en las alforjas. Internacional “A” en 15 ocasiones entre 1960 y 1968 (6 goles), reunió un estupendo palmares donde cabían 1 Liga (1957-58), 2 Copas (1963 y 1968), 1 Copa de Europa (1957-58) y otra de Ferias (1965-66).
Chus Pereda va a fallecer víctima de un implacable cáncer en Barcelona, a la edad de 73 años, el 27 de septiembre de 2011. Desaparecía así uno de los Héroes del 64, un futbolista de raza, brillante y temperamental -le apodaban “Polvorilla”-, gran referencia de aquel Barça que atravesó por un auténtico desierto deportivo durante la estéril década de los 60.